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El ejército y la pandemia

antimilitaristas.org - fai 9 horas 37 min

Llevamos un mes que estamos asistiendo a bastantes hechos anómalos, y parece que lo extremo de la situación hace que miremos esta anomalía sin sorprendernos, o al menos sin denunciarla.

Desde que empezó la pandemia, el ejército está asumiendo un papel, no ya activo, pero sí al menos presencial. Como si de las guerras del Golfo se trataran, las ruedas de prensa están siendo escoltadas por policías, guardias civiles, la ministra de defensa, etc. El lenguaje de la guerra es de uso normalizado. Su semántica militar es un arma de peligroso calado, pues más que mil palabras inútiles vale una que nos otorgue la paz. Como si se tratase de matar el virus a cañonazos se habla de enemigos a destruir, pero se olvidan de comentar que, para defender la salud, al igual que el trabajo, etc., los cañones y las armas lo único que hacen es restar el dinero que se debería haber dedicado a la sanidad, trabajo, etc.

El gasto público en defensa en España es de 30.000 M€ anuales, equivalente a construir 100 hospitales al año (todo ello sin contar el gasto privado).

Esto llama aún más la atención si tenemos en cuenta que en las calles no hay casi gente, y ésta va de lo más ordenada, aislada y hasta silenciosa, por lo cual los grupos de peligrosos pueden ser periodistas, algún funcionario o funcionaria, así como cualquier persona trabajadora derrengada del trabajo contra la pandemia.

La realidad que se impone es que para defender a la sociedad, el supuesto Ministerio de Defensa no sirve, y por lo tanto su presupuesto (desorbitado y creciente de año en año) es un despilfarro y es mejor destinarlo a otros ministerios que están más en sintonía con el concepto de defensa social.

Como consecuencia de la situación de alarma generado por el virus, el Ejercito y sus defensores han decidido tomar las calles, ahora que están vacías y nadie les puede afear su inutilidad. Y es por esto que los vemos en paradas militares absurdas, suplantando a la policía municipal, bomberos/as, sanitarios/as, etc.

¿Será ésta la causa o quizá solo se trate de que al no ser una actividad de primer orden y para no tener que quedarse en los cuarteles con el riesgo que ello conlleva de confinamiento con tanto poder de destrucción y sin consumo ordinario?

¿Qué sentido tiene militarizar los servicios de protección civil y de limpieza cuando la propia sociedad ha dado un ejemplo de organización, solidaridad y respuesta social ante la escasez de recursos sanitarios?

Creemos que socialmente estamos en una encrucijada que debería servirnos para abrir un debate sobre los valores a defender y los modelos de defensa que la sociedad requiere. No creemos que llenar las calles de soldados cuando la sociedad está mostrando una cultura de responsabilidad, sea lo adecuado, sino reconocer que la defensa a través del ejercito es un anacronismo y sobre todo un despilfarro peligroso que solo tiene sentido cuando pensamos en como apropiarnos de los recursos de los países empobrecidos

El bochornoso espectáculo del despliegue por Pamplona del viernes, o el de la semana pasada en Tudela, como si de ciudades ocupadas se tratara, solo responde a la vuelta de gobiernos con ideologías totalitarias, que, en caso de vencer la pandemia, justificará su modelo de control y vigilancia y que en caso de fallar les servirá de excusa para que en la próxima no nos pille de sorpresa. ¿Esta es la salida de la crisis que queremos?

BARDENAS LIBRES, AA-MOC-KEM

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Efectos secundarios del uso de la metáfora bélica en la crisis del coronavirus

antimilitaristas.org - 5 April, 2020 - 00:00

Estos discursos grandilocuentes llevan implícita una lógica sacrificial característica de los héroes. Dispuestos a todo, con tal de servir a esa causa superior los héroes deben estar dispuestos a arriesgar su propia vida para vencer en una batalla.

Nantu Arroyo
Personal Docente e Investigador en Formación en Filosofía (Universidad Autónoma de Madrid)

Las metáforas bélicas se han convertido en el leitmotiv durante la crisis del coronavirus. Con discursos cargados de épica diversos gobernantes resaltan la necesidad de una unión de toda la ciudadanía ante un enemigo común. En esta contienda, nos dicen, el personal sanitario, el personal de cuidados, el personal de limpieza, pero también el personal de reposición o del servicio de caja de los supermercados, ente otras personas profesionales vinculadas a sectores denominados esenciales, están en primera línea de batalla. A todas estas personas se les atribuye valentía, una virtud propia de los héroes que hunde sus raíces en la virilidad.

Estos discursos grandilocuentes llevan implícita una lógica sacrificial característica de los héroes, en muchas ocasiones llaneros solitarios que, la mayoría de las veces por falta de lazos sociales y familiares, hacen gala de una independencia inmunitaria. Si no fuera por la Causa del sacrificio, que engrandece la figura de los héroes, el sacrificio y los sacrificados caerían del lado del martirio, por no poseer, en última instancia, un excesivo aprecio por su propia vida. Dispuestos a todo, con tal de servir a esa causa superior, los héroes deben estar dispuestos a arriesgar su propia vida para vencer en una batalla, que estamos librando, según nos dicen, contra un enemigo común que nos supera.

Sin embargo, algunas personas, como Yayo Herrero y Santiago Alba Rico, ya advirtieron de que no se trata de una guerra, sino de una catástrofe natural en condiciones de globalización planetaria.

Después de ellos, han sido muchas las personas, incluidas algunas portavoces de la cámara baja durante el pleno en el que se aprobó la prórroga del estado de alarma, las que han insistido en esta misma idea: “No es una guerra, sino una catástrofe”, como señaló Mertxe Aizpurua; o, como apuntó Mireia Vehí, “ni esto es una guerra, ni nosotros somos sus soldados”.

Pero no han sido las únicas. Algunas de las niñas de la guerra civil española, hoy ancianas que viven solas o con sus familias, a la pregunta de si esto una guerra, han respondido, rotundamente, que no. Esto no es una guerra, dicen ellas, porque no hay obuses cayendo del cielo, ni una prohibición absoluta de salir a la calle, sino un confinamiento que las personas con problemas de salud o de movilidad previos están paliando con la ayuda de los servicios públicos para la dependencia y con la ayuda de los servicios de asistencia sanitaria a domicilio y, en su ausencia, o por su saturación, con gestos diarios de solidaridad de otras personas cercanas. Ahora, quizá, nos pongamos un poco más en su piel.

Por ese motivo, no es de extrañar que buena parte del personal sanitario no se sienta representado por la narrativa belicista e intente sacarse de encima la etiqueta de “héroes”. Estas personas, cuyo trabajo es curar, atender y cuidar a otras, no son ajenas a la preocupación por el cuidado propio, no son ajenas a la preocupación por el mantenimiento de su propia vida y las de su gente. Por eso es comprensible que no quieran convertirse en héroes ni en heroínas, ni mucho menos en mártires. Todas ellas son lo que son: profesionales sanitarios desbordados que necesitan y merecen los mismos derechos laborales y los mismos cuidados que el resto de la población, personas que exigen condiciones de trabajo dignas y equipos de protección para desempeñar su labor sin sobre-exponerse a la enfermedad. Este es el tipo de unidad social que necesitamos.

Es cierto que existe una lucha diaria por unas condiciones de trabajo dignas que, en este caso, implican disponer de personal suficiente y de los medios materiales adecuados para atender a todos los pacientes. Pero el colapso de la sanidad, dado el elevado número de casos positivos que requieren tratamiento, es un hecho, incluso en un sistema de sanidad público como el español, que hace unos cuantos años, antes de la crisis de 2008, apuntaba maneras para convertirse en uno de los más robustos y eficaces del mundo. Las políticas de austeridad a las que se obligó entonces al Sur de Europa redujeron el número de camas en los hospitales, degradaron las condiciones laborales de prácticamente todo el personal asalariado público. Al mismo tiempo que se reducía el gasto en sanidad, educación e investigación corrían la misma suerte. Ahora, en marzo de 2020, en la comunidad con mayor número de casos, la Comunidad de Madrid, proliferan hospitales de campaña, como el instalado en IFEMA, centros de atención improvisados para personas sin hogar, morgues como la instalada en el Palacio de Hielo, y próximamente las instalaciones de la frustrada Ciudad de la Justicia.

Todos esos hospitales y centros de campaña, habilitados por las comunidades autónomas y por el Estado español tratan de paliar los colapsos de los hospitales, pero todavía faltan medios y la protección del personal es insuficiente. Por este motivo, no es de extrañar que España se encuentre entre los países con más personal sanitario contagiado, entre los cuales se cuentan ya, al menos, 5 muertes por los efectos del virus. El pabellón número 5 de IFEMA parece la guerra, pero las enfermeras no paran de repetir: “Esto no, así no…Aquí están los pacientes hacinados… Esto parece la guerra, entre las camas apenas hay dos pasos…”.

Parece la guerra, pero no lo es. Todas las crisis, por su excepcionalidad, sacan a relucir las deficiencias más profundas de los sistemas, la normalidad olvidada e invisibilizada para una gran mayoría. En este caso, estas deficiencias asumidas como “normales” se han hecho insoportables e insostenibles en el sistema sanitario, a nivel mundial, no sólo debido a la naturaleza sanitaria de esta emergencia, sino porque la muerte de más de 34.000 personas contabilizadas en 192 países, pone de repente de acuerdo, al menos en España, a todos los partidos en no escatimar en medios para reforzar el sistema sanitario y dar respuesta a esta crisis. Solo pedimos que estos medios sean para todas las personas, que se tenga en cuenta a todos los sectores de la población y que no se deje de lado a las personas ancianas que ayudaron a construir ese mismo sistema público que ahora, por falta de medios, se ve obligado a hacer frente, como puede, a la situación de colapso de los servicios de urgencias, como ha ocurrido en algunos hospitales madrileños, epicentro de la infección en España, como el hospital Infanta Leonor donde según esta noticia, “los pacientes se acuestan en el suelo, sobre una sábana, dos con mascarillas, uno con respirador”. “Otros se encorvan en las sillas, [mientras] los sanitarios con trajes de protección los sortean como pueden”.

Otras actividades, denominadas en estos días como “esenciales”, están inmersas, desde antes del estallido de esta crisis, en una enorme precariedad. Un ejemplo es el de las empleadas del hogar, que pertenecen a un régimen especial de la seguridad social y no gozan de derechos tan básicos como el derecho a paro, a bajas médicas o a la indemnización por despido. En este sector, como en el de la agricultura, trabajan muchas personas mal llamadas “ilegales” que, pese a realizar trabajos indispensables para el sostenimiento de nuestra sociedad, no figuran en los registros de la seguridad social, no cotizan y, por lo tanto, no tienen acceso a derechos laborales ni a una pensión justa.

Lo que esta crisis pone de relieve es una situación sanitaria insostenible, pero también la profunda crisis laboral, especialmente de todo el sector de los cuidados. Una crisis en la que se encuentra España desde hace décadas y que empeoró, notablemente, a partir de la crisis económica de 2008. Estamos ante una crisis de cuidados de inmensas proporciones, cuya respuesta no puede ser la de ponernos en una situación de guerra. La ciudadanía, ante esta situación, no deberíamos actuar como soldadesca, sino cuidarnos los unos a los otros. Por eso no es de extrañar que algunas de las intervenciones que mayor consenso social han generado en cuanto a la acción de la Unidad Militar de Emergencias (UME), hayan sido la limpieza y desinfección de las calles y estaciones, y no los casos de ejercicio de una violencia policial desproporcionada. Aplaudimos a las y los guardias civiles, como un cuerpo más de seguridad del Estado, que acercan provisiones a las personas de (por qué no decir en) riesgo, confinadas y aisladas en sus casas porque esta crisis no se resuelve a cañonazos sino reforzando el sistema público, priorizando los bienes preferentes e intangibles, como la sanidad, la educación, el derecho a la vivienda y a la energía. Como se puede ver en esta noticia publicada el 28 de marzo de 2020, en la página web del gobierno de España, en la que se aporta una fotografía de cómo la Guardia Civil entrega comida a un vecino de un pequeño pueblo de Cabrales en Asturias.

La guerra nada tiene que ver con salvar vidas, cuidarlas y mantenerlas, que es precisamente el principal objetivo de esta emergencia sanitaria global. Hoy necesitamos más que nunca poner de relieve que somos seres sociales dentro de un sistema global tejido por múltiples redes de interdependencia, en un sistema de acción recíproca construido socialmente dentro de un entorno natural que, a veces, tiende a recordarnos que los cuerpos tienen un límite de aguante y que la enfermedad forma parte de la vida. ¿Qué pasará después de la crisis con los próximos presupuestos? ¿Cuál será el futuro de nuestra Sanidad, nuestra Educación, nuestra Investigación? Nuestro bienestar depende de un sistema social a la altura de los tiempos.

Decía Pedro Sánchez, apelando a una cooperación real europea, que un país no puede (o no debería) salir de una crisis sobrevenida (ya sea sanitaria o económica) más endeudado de lo que entró en ella. Creo que estamos de acuerdo. Vivimos tiempos de excepción, tiempos de necesidad, tiempos de emergencia, de alarma, y no es la primera vez. Hemos vivido, en efecto, otros estados de emergencia. El primero, en 2010, cuando el enemigo común eran los controladores aéreos. Después presenciamos el estado de alarma declarado en Francia para hacer frente al terrorismo internacional. Ahora, en 2020, países de distintos continentes, actores contemporáneos de un mundo globalizado e interconectado, no sólo virtualmente sino también físicamente, declaran un estado de alarma que va produciendo réplicas, como los terremotos, y va extendiéndose con motivo de la propagación y el contagio de un virus aún más internacional que la peste negra o la gripe española, que hace avanzar como la pólvora diversas declaraciones del estado de emergencia.

Por este lado, algunos de los efectos secundarios, lógicos, que se deslizan por el hecho de utilizar la metáfora bélica son, por ejemplo, la articulación involuntaria de los problemas concretos que plantea la crisis desde una lógica inmunitaria ante el virus (algo en absoluto deseable, siempre que no sea mediante la creación de una vacuna). Esta tendencia está degenerando en episodios de “racismo vírico” o “racismo epidemiológico”, con reacciones como las que hemos podido ver en el sur de Italia con la gente que vuelve a casa para el confinamiento. Por muy estricta que sea la cuarentena individual, el miedo al contagio provoca situaciones de señalamiento y acusación pública entre los habitantes del resto de Italia. En este caso, el Sur señala al Norte, considerado como centro de propagación y contagio del virus, por falta de responsabilidad civil.

Que no nos pase como en la crisis económica de 2008, en la que por falta de objetivo común se produjo una brecha, aún más acuciada, entre el Norte y el Sur. A esta crisis no se la vence con heroicidad, dejando a las personas débiles o lentas atrás, que es hacia lo que apunta implícitamente la propia metáfora bélica; se la vence de manera colectiva, con solidaridad y cooperación real.

Algunas personas del sector sanitario, al no reivindicar sino unas condiciones de trabajo dignas, adecuadas a su puesto de trabajo, se aúnan así con toda la población activa, construyendo “sociedad”, eso que Margaret Thatcher afirmaba que no existía, y que quizá, como el resto de universales, como decía Foucault, efectivamente “no existen”, porque los universales “hay que construirlos”. La cuestión es: ¿desde dónde? ¿Desde la lógica de la unidad nacional? ¿Desde la lógica de la unidad frente a un enemigo común? ¿Desde la cooperación real en un mundo global?

Vivimos en un ecosistema planetario que es muy difícil de controlar. Día a día, todos los medios de comunicación, toda la clase política, nos piden esfuerzo y sacrificio, en lugar de compromiso, solidaridad y cooperación. Lo mismo ocurre con los poderes especiales concedidos por la situación de excepción a las fuerzas de seguridad. Toda capacidad especial ha de ser utilizada como un súper poder, es decir, con una gran responsabilidad, y creo que cualquier uso desproporcionado de violencia que aplaudimos nos convierte en cómplices de una especie de “comunitarismo autoritario” que crea escuela y deja secuelas. Porque, como decía César Rendueles este domingo 29 de marzo, “con frecuencia las pérdidas en libertades no son transitorias, sino que dejan secuelas en las instituciones y la cultura política de un país”.

Por eso, algunas creemos que las medidas de distanciamiento social no deberían de interpretarse como un ejercicio de disciplina militar. Más bien deberían adoptarse como un ejercicio de cuidado mutuo. Precaución, por tanto, ante argumentaciones reduccionistas que insisten, en términos bélicos, en que cualquier medio es bueno para ganar la batalla o lograr la victoria. El cómo salgamos de esta crisis importa y mucho, pero también importa el cómo la afrontemos. Nadie quiere salir de esta crisis convertido en un mártir de la causa; todos y todas queremos un trato justo.

Los hospitales de campaña, como el de IFEMA, son, a todos los efectos, hospitales que pasan a gestionarse dentro de la red de hospitales de la comunidad de Madrid. Sin embargo, por su condición de excepcionalidad, este hospital en concreto ha recibido una ayuda desinteresada de empresas y particulares. Está habiendo una gran ola de solidaridad y obra social. Esto sólo habla bien de unos pocos, que potencialmente podemos ser todas las personas. Lo que habla bien de todos los españoles y todas las españolas es un sistema público a la altura de las circunstancias. Por todo ello, la sanidad no debería depender de la heroicidad del personal médico y de limpieza, tampoco de la solidaridad o de la obra social de ciertas entidades, sino de un estado social a la altura de las circunstancias, pero entonces, quizá, igual de necesaria será, en el futuro, una reforma fiscal que permita redistribuir mejor la riqueza del país, que en estos momentos es absolutamente irreal. De hecho, ¿cuántas de las entidades que están donando dinero se benefician de privilegios y de paraísos fiscales?

Actuemos en conciencia. Vaya por delante mi absoluto e incondicional agradecimiento a todas las personas que voluntariamente están ayudado a que superemos esta situación lo antes posible. Pero que esto no vuelva a pasar implica un ejercicio de memoria histórica. No olvidemos, el año que viene, en los próximos presupuestos, que si la red de hospitales hubiese sido suficiente en personal y recursos no necesitaríamos caridad y buena voluntad.

Gracias a mis amigas y compañeras, ellas, con las que pienso y que me hacen pensar.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/el-ru...

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Yo no soy soldado, me niego a serlo

antimilitaristas.org - 23 March, 2020 - 08:44

En muchos casos, estas situaciones de crisis a gran escala son aprovechadas para impulsar normas, políticas económicas que profundizan la desigualdad, enriquecen a las élites y hunden aún más a las personas más precarias. Y esto puede ser muy difícil cambiarlo una vez pasada dicha situación.

Gloria Sosa Sánchez-Cortés
Educadora social y licenciada en antropología social y cultural.

Cuando una ya está empezando a tener urticaria por el lenguaje bélico, de los medios de comunicación y del gobierno, de los últimos días, de repente escucha: “Hoy es viernes en el calendario, pero en estos tiempos de guerra o crisis, todos los días son lunes”, ”En esta guerra irregular y rara que nos ha tocado vivir o luchar, todos somos soldados" y otras lindezas que prefiero no volver a escuchar ni reproducir…

Y creo que es momento de decir, de recalcar, que: no, esto no es una guerra.

La guerra está orientada a provocar daños materiales y a otras personas. Significa crueldad, asesinatos, violaciones, impunidad, polarización social, tortura, deshumanización de quien se considera enemigo, utilización del cuerpo femenino como territorio de batalla, huida, desplazamientos tanto internos como externos, los cuales, por cierto, ahora ni aparecen en los medios de comunicación. Las guerras significan muertes, pero no por una enfermedad que no tenemos la capacidad de controlar, significan muertes porque los gobiernos lo han planificado y ejecutado.

Yo no soy soldado, me niego a serlo y solicito que no tratéis a la población civil como militar.

Como ya es sabido, lenguaje y pensamiento van unidos, las metáforas son más que figuras retóricas, nos revelan actitudes y posicionamientos ideológicos que merece la pena examinar desde un punto de vista crítico. El lenguaje que escuchamos y que utilizamos ayuda a reforzar nuestra visión del mundo.

Estamos ante una “emergencia de salud pública internacional” según la Organización Mundial de la Salud, inmersa en una crisis sistémica ecosocial más amplia. En este contexto, la utilización del simbolismo de la guerra no hace sino afianzar la guerra como institución. A pesar de que la manifestación explícita de la guerra se da solo, afortunadamente, cada cierto tiempo y en lugares diferentes, los elementos centrales que justifican la institución como tal, están vivos y se transmiten de generación en generación. Es muy probable que no sepamos qué hacer ante un incendio o una inundación, pero en el momento en que nuestro grupo entra en guerra, todo encuentra rápidamente su acomodo, todo está preparado en su manifestación física, social, emocional y psíquica. A través de cuentos, juegos infantiles, cine, series, videojuegos, creemos saber qué es la guerra.

La crisis del Covid-19 es tremenda, 257.000 casos confirmados como positivos a la hora de escribir el artículo y 10.000 personas muertas a nivel mundial. En España 20.410 positivos y 1.041 personas fallecidas. Pero conviene recordar las cifras de Siria, que en nueve años de guerra, según el recuento del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos acumula ya 384.000 personas muertas, de ellas 116.000 civiles, y da cuenta del desarraigo de la mitad de la población: 5,7 millones de personas refugiadas en el exilio y más de seis millones de desplazadas internas por los combates. Y las de un país como Colombia, que después del acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP hasta el 20 de febrero de 2020 suma 817 personas, líderes sociales y defensoras de Derechos Humanos asesinadas, según informes de Indepaz. Personas muertas, asesinadas por otras personas organizadas políticamente. Igualmente parece razonable resaltar que el gobierno español dedica aproximadamente el doble de presupuesto al Ministerio de Defensa (8.500 millones de euros en 2019) que al Ministerio de Sanidad (4.292 millones de euros en 2019).

La guerra, como bien explican Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes en el libro de La Espiral de la energía, “es un conflicto armado llevado a cabo de forma colectiva por dos unidades políticas distintas tras una preparación previa”. En ella, un elemento fundamental es el principio de “sustitución social”; es decir, el mal hecho a un individuo del grupo afecta al conjunto del grupo y puede repararse legítimamente mediante un acto de violencia contra cualquier individuo del otro grupo. Como se puede observar en la situación actual no existen dos unidades políticas distintas ni el principio de sustitución social, existe un virus, al que no deberíamos humanizar para hablar de él, porque evidentemente su funcionamiento no es semejante.

En la guerra, el uso de la violencia está legitimado y alentado socialmente. Estamos hablando de un uso de la violencia contra el “enemigo”, aunque también existe un control social interno fuerte. Se exige a la sociedad que está en guerra que se posicione y que se adapte a la maquinaria social, económica y militar de la guerra. Y quienes no siguen este mandato social, sufren persecución, marginación… nos convertimos en héroes, víctimas y también en traidores. En nuestra situación actual, vemos muchos vídeos, textos, noticias, que critican, en muchos casos con acritud y falta de respeto, a quienes no obedecen a ciegas las medidas impuestas. Los medios nos enseñan imágenes de “personas irracionales” que lo hacen sin motivo alguno, aparentemente sin importarles poner en riesgo nuestra vida, botellones, bares clandestinos, encuentros furtivos…

No se nos presentan a personas con razones con las que podríamos empatizar: familias que van al campo y sin encontrarse a nadie pasean porque ven cómo les está afectando psicológicamente o porque sus casas son muy pequeñas; personas que adquieren comida, combustible de forma no monetarizada (recoger leña o ir a la huerta a recoger verduras o plantarlas no está contemplado en el decreto); a quienes van en bici al trabajo porque les parece más sano que ir en transporte público o privado individualmente, porque tienen menos contactos y contaminan menos; amigas que van a apoyar a otras porque han perdido a un ser querido y no son población de riesgo; familias que se salen de lo normativo (familia nuclear monógama) y necesitan apoyo o quieren estar juntas; personas que salen de sus hogares porque no son seguros, porque tienen adicciones…

Dejarnos llevar por el imaginario de la guerra en un momento como el actual puede desembocar en una polarización social en la que solo concebimos personas buenas y malas, sin ver ni hacer un esfuerzo por comprender las diversas necesidades en un paquete de medidas en el que hay muchas que no se tienen en cuenta. Pareciera que todas las personas estamos sanas, tenemos casas amplias con espacios abiertos, familias seguras, acceso a la cultura… Dejarnos llevar por la institución de la guerra, puede conllevar justificar el uso de tecnologías invasivas de vigilancia y control social como las implantadas por el gobierno israelí y ceder nuestra privacidad al estado. Ya nos mostraba Noami Klein en La doctrina del shock (2007) que, en momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir a esa crisis, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en quienes están en el poder. En muchos casos, estas situaciones de crisis a gran escala son aprovechadas para impulsar normas, políticas económicas que profundizan la desigualdad, enriquecen a las élites y hunden aún más a las personas más precarias. Y esto puede ser muy difícil cambiarlo una vez pasada dicha situación.

Por eso no nos cansemos de repetirlo: no, no estamos en guerra. Ninguna guerra defiende la paz.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/coronavirus-soldado-guerra-extremadura-crisis

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Estamos en guerra, pero yo no soy su soldado

antimilitaristas.org - 21 March, 2020 - 19:58

Desde la declaración del estado de alarma no dejan de suceder acontecimientos que animan a la reflexión, empezando por la utilización del miedo como método de amordazamiento hasta el análisis de nuestro propio comportamiento personal y colectivo. Pero hay algo que llama poderosamente la atención: las ruedas de prensa que, diariamente, ofrece el llamado Equipo técnico del comité de gestión de la crisis del Gobierno.

Endika Zulueta

La puesta en escena es brutal: un médico, Fernando Simón, rodeado —con apariencia de secuestrado— de un general del ejército —al que el médico le da la palabra el primero—, un alto mando de la guardia civil (otro militar), y otro alto mando de la policía nacional, junto a una sola mujer —María José Rayo, a la que le dan la palabra la última para hablar de los transportes—. Tampoco es gratuita. Tras una breve e insulsa —se intuye que muy a su pesar— intervención del médico, llegan los que parecen formar el núcleo duro del equipo. Y así todos los días de esta crisis/guerra.

El pasado viernes 20 de marzo, el jefe del Estado Mayor de la Defensa, general del aire Miguel Ángel Villarroya, comenzó su intervención —no improvisada, previamente escrita— diciendo crípticamente, mientras tuteaba a los televidentes, que “hoy es viernes en el calendario, pero en estos tiempos de guerra, o crisis, como queráis llamarlo, todos los días son lunes”. En su discurso declara que estamos en guerra y formamos parte del ejército bélico, “en esta guerra irregular y rara que nos ha tocado luchar, todos somos soldados”, y se muestra positivo con que la sociedad vaya acogiendo valores que entiende que son patrimonio del mundo militar. Aplaude la “disciplina” que estamos mostrando, “todos comportándose como soldados en este difícil momento”, afirma que “el espíritu de servicio no es exclusivo de los militares”, animando a que les copiemos, y “que todos nos comportemos como soldados”.

Informa, con la finalidad de ¿tranquilizarnos?, que el ejército continúa su despliegue por todo el territorio español. Nos cuenta que ayer en un pueblo de Zaragoza aplaudieron al ejército desde los balcones y sugiere que “ese es el espíritu que hay que demostrar”. Es de esperar que mañana se congratule de que, por fin, la sociedad española asuma también como propio el concepto, igualmente militar, de obediencia ciega. El médico dice “muchas gracias (mi) general”, y continúa dando la palabra al resto de uniformados.

Más inquietante si cabe fue la intervención del mando policial, José Ángel González al comenzarla afirmando que “la normalidad sigue siendo absoluta”. Ahora resulta que el estado de alarma ya es la situación normal. La excepción convertida en norma. Afirma que hay una “tendencia alcista” en número de personas detenidas, y avisa que, “en los incumplimientos, tolerancia cero” (¿incumplimientos de qué órdenes?, debemos recordar que por incumplir las normas previstas en el estado de alarma se prevén multas, no detenciones).

El teniente general de la Benemérita, Laurentino Ceña, tranquiliza a la población comunicando que desde un helicóptero se ha observado una fiesta “en un lugar inhóspito con difícil visión”, y que, en colaboración con otras fuerzas policiales han conseguido paralizarla y multar a sus intervinientes —realmente 4 personas en un hotel en Leganés— demostrando que “tienen vigilancia por mar, tierra y aire” —el Rey emérito debió llevarse los 100 millones a través de un agüero cósmico hacia otra dimensión—. Después nos cuenta que, durante el estado de alarma, la delincuencia se ha reducido en más de un 50% (entonces, ¿cómo se explica la “tendencia al alza” de las detenciones?).

La sra. Rayo, teóricamente personal civil, finaliza su intervención de forma sorprendente (no perdamos la capacidad de sorpresa) nuevamente con lenguaje militar, avisando que “es importante mantener esta guerra” y se permite “parafrasear a mi compañero, General Villarroya en sus tres cualidades del mundo militar que podemos aplicar en esta época que son ”la disciplina, el espíritu de servicio y la moral de victoria” —¿volverá otra vez el franquista desfile de la Victoria?—, mientras ambos sonríen con adolescente complicidad.

El médico finalmente comparte una intimidad: que él es “un tipo muy afectuoso”, pero que ahora, al llegar a su casa no tiene oportunidad de contacto “porque llega rendido” (que el médico hable de rendición en este contexto de lenguaje bélico quizá cobre todo el sentido después de escuchar a sus “compañeros”).

Hace ya unos años me declaré insumiso a la realización del servicio militar, entre otros motivos, porque consideraba que el ejército utilizaba a los jóvenes que se veían obligados a compartir un año de su vida en dicha institución, para trasladar a la sociedad civil sus principios rectores: disciplina, espíritu de servicio… obediencia ciega, y luchaba (y lucho) por una sociedad en la que podamos relacionarnos a través de otros valores: confianza, solidaridad, empatía, apoyo mutuo, reflexión colectiva…

Siempre pensé que solo tras un golpe de Estado podría ver un militar en TV arengando a la sociedad en defensa de sus valores, nunca imaginé verlo en un estado formalmente democrático, y teóricamente gestionado por una coalición de izquierdas.

No pretendo llegar a conclusión alguna con esto, pero sé que nada es neutro, y menos ahora que vuelven los tiempos de venta de (nuestra) libertad a cambio de (supuesta) seguridad. Son muchos datos, en muy poco tiempo, y procedentes de muchas fuentes.

Pero sí sé un par de cosas: que debemos cuidar nuestra salud individual y colectiva, con la misma intensidad que debemos defender los derechos fundamentales, entre ellos la dignidad; que el miedo y la rapidez de los acontecimientos no nos debe hacer olvidar que tenemos que pensar, de sentipensar y de reflexionar sobre lo que está sucediendo, porque eso es lo que nos ayudará a crecer; y que no debe haber pandemia alguna que nos haga perder nuestra conciencia crítica. Al contrario, estoy convencido que nos va a hacer mucho más fuertes.

Ah, por cierto, general, no se confunda: ni yo ni creo que muchas personas vayamos a ser nunca sus soldados: debe saber que, por supuesto que nos quedamos en casa, pero no por espíritu militar, ni por disciplina, ni por obediencia ciega (pues sepa que somos gente que piensa); lo hacemos por solidaridad, por el cuidado personal y colectivo, porque de ésta, o salimos juntxs o no salimos, y, por supuesto, por la defensa de la sanidad pública; y, en ese contexto, general, nuestra guerra no tiene nada que ver con la suya.

Desde el aislamiento físico, pero no emocional. Endika Zulueta San Sebastián, abogado. 20 de marzo de 2020.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/coron...

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«Cuestiones de ante-guerra»

antimilitaristas.org - 21 March, 2020 - 00:00
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LA DESOBEDIENCIA AL GASTO MILITAR CONTRIBUYÓ A FINANCIAR MÁS DE 90 PROYECTOS SOCIALES EN 2019

antimilitaristas.org - 18 March, 2020 - 06:39

Según el “Informe de resultados de la campaña de Objeción Fiscal 2019” elaborado por Alternativa Antimilitarista.MOC”, la desobediencia al gasto militar realizada a través de la campaña de objeción fiscal al gasto militar, en la que participaron varios cientos de personas en el conjunto del Estado español el pasado año, contribuyó a financiar al menos 93 proyectos que trabajan por la construcción de una sociedad más justa, solidaria y en paz.

A pesar de que en los últimos ejercicios se ha incrementado el número de objeciones fiscales detectadas por los diferentes organismos, este año, al igual que viene produciéndose desde 1983, año en que se puso en marcha esta campaña, un gran número de personas se han negado de manera colectiva, pública y organizada a contribuir con sus impuestos a financiar los ejércitos y sus guerras a la hora de hacer la declaración de la renta.

Como novedad de este pasado año, destacar que para hacer frente a este incremento de la represión de la Objeción Fiscal al Gasto Militar, el movimiento antimilitarista ha propuesto a aquellas personas cuya objeción fiscal ha sido detectada en años anteriores la posibilidad de realizar la objeción por una cuantía reducida, incluso de 1 euro, con el fin de evitar que la posibilidad de la represión pueda disuadir de sumarse a esta campaña. Así mismo, en los últimos meses se han dado a conocer las victorias en diferentes instancias judiciales que obligaban a la Administración a retirar las sanciones y multas impuestas a las objetoras fiscales por sumarse a esta práctica.

Por último, y dado que el Gobierno, lejos de reducir el gasto militar, continúa en la senda de incrementarlo con el objetivo de que el presupuesto del Ministerio de Defensa alcance el 2% del PIB y ha comprometido más de 12.000 millones de euros en nuevos planes para adquisición de armamento, las antimilitaristas hacemos un llamamiento a desobedecer y practicar la objeción fiscal.

Seguimos desobedeciendo
¡La guerra empieza aquí, parémosla aquí!

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Las consecuencias de los contratos temporales en Defensa: 2.000 militares fuera al cumplir 45 años

antimilitaristas.org - 16 March, 2020 - 00:00

Unidas Podemos, que estando en la oposición defendió el fin de la temporalidad, reconoce que actualmente este conflicto «no está sobre la mesa» del Gobierno.

Laura Galaup

Más de dos millares de soldados y marineros (2.078) han colgado ya el uniforme al cumplir 45 años y decenas de miles lo harán en las próximas décadas. Solo en 2019 se han registrado 926 bajas. El de la temporalidad de los militares es uno de los desafíos que el Gobierno de Pedro Sánchez tiene por delante y uno de los asuntos relacionados con la cartera de Defensa en el que Unidas Podemos ha tenido un posicionamiento firme siempre que ha estado en la oposición.

La ley de tropa y marinería establece que, alcanzados los 45 años, los militares que no hayan obtenido «la condición de soldado permanente» cesarán su relación con las Fuerzas Armadas. Los colectivos de afectados denuncian que la temporalidad les aboca a un futuro laboral complejo. Según explican estos colectivos, más allá de salir al mercado laboral a una edad complicada, no reciben una homologación de su formación educativa, a pesar de que la ley establecía que se les facilitará una titulación equiparada con el «sistema educativo general» para poder adaptarse al mundo civil antes de abandonar la disciplina castrense.

Sin embargo, Defensa reconocía a finales de noviembre que «no ha habido ningún programa específico para la obtención de títulos de formación profesional de grado medio». La Dirección General de Reclutamiento y Enseñanza Militar aseguraba en una respuesta emitida a la plataforma 45 Sin Despidos que «ningún miembro de la escala de tropa y marinería ha obtenido» esta titulación. Aunque este organismo sí destacaba que «ha habido convalidaciones tanto genéricas como específicos de títulos de técnico militar» por titulaciones de FP.

«¿A qué se va a dedicar un conductor que lleva 20 años dirigiendo un tanque Leopard en la base de El Goloso si no tiene una titulación?», se pregunta Juan Carlos Tamame, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME). Su homólogo en la Asociación de Reservistas de Especial Disponibilidad (ARRED), Javier del Canto, vivió una situación similar al marcharse del Ejército del Aire cuando cumplió 45 años tras décadas trabajando como como mecánico de aviones. «Ahora me veo con una experiencia tremenda, pero sin ningún título que lo avale», asegura.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, defendía en el pleno del Congreso el pasado miércoles que el Gobierno no está «dejando abandonados» a estos militares, que han pasado a una situación denominada Reservistas de Especial Disponibilidad (RED). En una interpelación promovida por Vox, Robles reseñó que estos profesionales están cobrando una prestación de 658 euros al mes, compatible con cualquier otra.

Robles aseguró que su departamento está apostando por «una estrategia de orientación integral laboral» centrada en la formación para que estos profesionales «puedan salir con un título de FP de Grado Medio». También destacó que están trabajando en su incorporación laboral en instituciones privadas y públicas, como las policías locales. «Hemos visto cómo Adif y Renfe van a incorporar personas que proceden de los RED», apuntó la ministra, aunque no aportó cifras sobre el número de militares que han conseguido un nuevo trabajo en los citados organismos.

El partido de Pablo Iglesias incluyó este conflicto laboral entre los ejes de su agenda social. De hecho, el líder de Unidas Podemos citó a los afectados por la ley de tropa y marinería en el último debate electoral y aseguró que estos profesionales reciben en las Fuerzas Armadas «una patada en el culo» al cumplir 45 años. La situación de estos militares llegó a ser incluida en el programa que presentaron a las elecciones del 10N, asegurando que se está cometiendo un «ERE encubierto del Ministerio de Defensa» y apostando por ponerle fin con una reforma de la ley para suprimir los compromisos temporales.

Cuando ocupaba la bancada de la oposición en el Congreso, Unidas Podemos llegó a plantear la paralización temporal de esta medida, aunque no consiguieron el apoyo para que fuese aprobada. Desde Defensa llegaron a realizar una estimación económica de este asunto, en octubre del 2018 el subsecretario del Ministerio, Alejo de la Torre, explicó en el Congreso que una moratoria de tres años tendría un coste para las arcas públicas de unos 36 millones de euros hasta 2021 y afectaría a alrededor de 4.000 militares, tal y como publicó la Revista Española de la Defensa, editada por el Ministerio.

Una vez que Unidas Podemos ha llegado al Gobierno, fuentes de esta coalición reconocen que la supresión de la temporalidad «no es un punto» que esté en el acuerdo con el PSOE y que actualmente «no está sobre la mesa». «Se pondrá a disposición de un diálogo con ellos», apuntan estas fuentes oficiales.

En septiembre de 2018 la Comisión de Defensa del Congreso aprobó 40 medidas para mejorar la formación y las salidas laborales de estos militares. Entre las medidas ratificadas apostaban por que estos profesionales se marchasen de las FAS con una formación homologada como una Formación Profesional, pasarelas para acceder a puestos de funcionario del Ministerio de Defensa, así como aumentar de forma gradual el porcentaje de soldados y marineros que pueden convertirse en permanentes, actualmente estos solo suponen el 15% de toda la plantilla.

El presidente de la plataforma 45 Sin Despidos, Jenner Escudero, asegura que los profesionales que abandonan las FAS a esa edad están «abocados al fracaso laboral absoluto», destacando las altas tasas de desempleo a las que se hace frente en ciudades con bases militares como Cádiz. «Si no privatizaran servicios en las FAS habría una oportunidad de segundo empleo, pero prefieren subcontratar», reseña.

Algunas asociaciones de militares aseguran que el Ministerio está tratando de implementar las medidas aprobadas en el Congreso, aunque aseguran que su desarrollo «llega tarde» para aquellos soldados y marineros que ya se han marchado o los que están a punto. Juan Carlos Tamame de ATME explica que Defensa «tardará dos o tres años en homologar» las titulaciones militares con una FP de grado medio.

Por su parte, Jorge Bravo, secretario de organización de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), destaca que han aumentado las plazas para pasar de un compromiso temporal a permanente. «Durante los últimos cinco o seis años se ofrecían prácticamente 100 plazas, el año pasado aumentó a 400 y la ministra se ha comprometido a que este año serán 700», ha planteado.

La ley recoge una reserva de plazas de estos profesionales en la Guardia Civil y la Policía Nacional. Según los datos de ATME, en la Guardia Civil esas plazas se han cubierto entre el 50% y el 100%, dependiendo del año. Sin embargo, esta asociación denuncia que en la Policía Nacional ese porcentaje es mucho más reducido, llegando a quedar vacante varios años.

En una escala en la que solo el 15% de los militares son permanentes, este problema se irá visibilizando conforme pasen los años, siempre que se mantenga esa tasa de temporalidad. Por ahora, se han registrado 2.000 bajas amparadas por la la ley de tropa. Sin embargo, las estimaciones facilitadas por el Ministerio plantean que en los próximos quince años el número de afectados por estas contrataciones laborales podría ascender a 50.000. Los picos más elevados se alcanzarán en menos de una de década, ya que en 2027 está previsto que 4.024 militares de tropa y marinería cumplan 45 años; en 2029, 4.055 y en 2030, 3.958.

El Diario

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Los beneficios del BBVA están manchados de sangre

antimilitaristas.org - 13 March, 2020 - 18:41

Esta mañana, como ya viene siendo habitual desde 2008, con motivo de la celebración de la Junta de Accionistas del BBVA, que anualmente tiene lugar en el Palacio Euskalduna de Bilbao, un grupo de activistas pertenecientes a la Plataforma contra el BBVA ha llevado a cabo una acción para denunciar algunas de las actividades mediante las que esta entidad logra sus beneficios.

Por ello, y simbolizando que los beneficios del BBVA están manchados de sangre, varias activistas han arrojado pintura roja sobre sus cabezas a la entrada del evento, pintura que representa las dramáticas consecuencias que para numerosas personas tienen muchas de las actividades en las que este banco está involucrado.

Portavoces de la Plataforma afirman que los motivos que la llevaron a empezar a protestar ante la Junta de Accionistas del BBVA hace doce años siguen vigentes, entre las que se pueden destacar las siguientes:

• El BBVA es el banco español que lidera las inversiones en industria armamentística, habiendo destinado más de 4.200 millones de euros entre 2013 y 2018 a financiar a empresas, entre las que destacan Maxam, Navantia, General Dynamics, Airbus o Boeing, productoras de armamento utilizado en diversas guerras a lo largo y ancho del mundo, provocando la muerte y el desplazamiento forzoso de millones de personas.

• Este banco financia macroproyectos con gran impacto social y medioambiental por todo el planeta, entre los que podemos destacar el megaproyecto de Hidroituango en Colombia, que ha desplazado a 13.000 personas y que ha supuesto el asesinato o la desaparición forzada de activistas , y el embalse de Ilisu, en el Kurdistán turco que acaba de ser llenado y ha sumergido a la ciudad ancestral de Hasankeyf. Además es uno de los principales responsables del cambio climático al financiar casi todas las empresas y proyectos que lo provocan.

• Además de haberse beneficiado de más de 13.000 millones de euros del rescate bancario, la entidad es responsable miles de desahucios que han afectado y afectan a los sectores de población más dañados por la crisis económica.

• Forma parte del lobby bancario que presiona para profundizar en la privatización de las pensiones a costa del modelo público que protege actualmente a la inmensa mayoría de las personas jubiladas.

Plataforma contra el BBVA

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RNtv 48. Antimilitarismo

antimilitaristas.org - 12 March, 2020 - 00:00

Bienvenidas a un nuevo programa de Rojo y Negro en el que vamos a hablar de anti militarismo y de cómo el movimiento de insumisión consiguió en el Estado español que se suspendiera el servicio militar obligatorio. Para ello hoy tenemos con nosotras a:

· Nacho Gómez, de la Asamblea Antimilitarista de Madrid, Insumiso a la Prestación Social Sustitutoria por lo que paso unos días en prisión
· Almudena Izquierdo Olmo, de Mujeres de Negro Contra la Guerra y perteneció al MOC (Movimiento de Objetores de Conciencia)
· Santiago de la Iglesia, Insumiso a la Prestación Social Sustitutoria, pertenencia a la colectivo MiliKK
· Pedro Oliver, Profesor de Historia Contemporánea, milito en el MOC y estuvo preso entre 1993 y 1994

Presenta: Rut Garrido

Enlace a páginas oficiales del programa RNtv:
Web: http://rojoynegrotv.org/

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