Historically, Australian medical schools have followed the British tradition by conferring the degrees of Bachelor of Medicine and Bachelor of Surgery (MBBS) to its graduates whilst reserving the title of Doctor of Medicine (MD) for their research training degree, analogous to the PhD, or for their honorary doctorates. A notable exception is the Bachelor of Medicine (BMed) joint program of the University of Newcastle and the University of New England. Although the majority of Australian MBBS degrees have been graduate programs since the 1990s, under the previous Australian Qualifications Framework (AQF) they remained categorised as Level 7 Bachelor degrees together with other undergraduate programs. The latest version of the AQF includes the new kamagra ireland buy kamagra category of Level 9 Master's degrees (Extended) which permits the use of the term 'Doctor' in the styling of the degree title of relevant professional programs.





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Una iniciativa ciudadana contra la guerra en Siria impulsa concentraciones en 24 ciudades

6 December, 2016 - 00:04

Personas que no se conocían, coordinándose a través de las redes sociales, han conseguido en menos de 10 días, mediante unos sencillos consejos agrupados, movilizar y coordinar a 24 ciudades por el «No a la guerra» en Siria, mediante diferentes eventos de facebook de cada ciudad. A esta inciativa, que se ha adelantado espontáneamente a las que estaban preparando, también para mediados de diciembre, diferentes grupos pacifistas y antimilitaristas, se han sumado finalmente una serie de entidades de todo tipo. Esta convocatoria cuenta con un manifiesto consensuado por las diferentes ciudades participantes, que reproducimos a continuación.

SIRIA. NO A LA GUERRA. STOP WAR

Formamos parte de la multitud avergonzada de esta Europa Fortaleza que se amuralla y que vulnera la legislación internacional sobre derechos humanos.

Y es que no sufrimos de ceguera ante lo que está ocurriendo y por eso hoy nos hemos convocado de nuevo simultáneamente en las plazas de las ciudades para unir nuestras voces en un solo grito: NO A LA GUERRA.

En el marco de las revueltas árabes y de las posteriores contrarrevoluciones, Siria sufre, desde hace más de 5 años, una cruel guerra, en la que ya han muerto más de 470.000 personas y que ha causado más de 11 millones de personas desplazadas y refugiadas en el interior del país, en los países vecinos y miles de muertes en el mar Mediterráneo.

La guerra en Siria ha provocado una de las mayores crisis humanitarias, la mayor después de la II Guerra Mundial, de tal manera que tanto organismos internacionales como ONG's y personas voluntarias han condenado no sólo la escasa implicación de Europa en las ayudas, sino también las devoluciones en las fronteras terrestres y marítimas, el lento acceso a procedimientos de asilo efectivos y las inadecuadas condiciones de acogida.

Las causas del conflicto son diversas: la represión de las iniciales protestas pacíficas que desencadenó luego enfrentamientos armados, la irrupción de grupos yihadistas, y la injerencia de potencias extranjeras que, lejos de dirigir sus acciones hacia la paz, provocan aún más muertes, más destrucción y dificultan aún más la posibilidad de una salida democrática al conflicto, convirtiéndolo en una nueva guerra de poder mundial entre EEUU y Rusia (y sus aliados respectivos) que amenaza la seguridad de toda la humanidad y del planeta.

Cualquier solución debe pasar por el respeto de los derechos y libertades de los diversos pueblos y habitantes de la región.

Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo de Siria y la voluntad de presionar para que se produzca una salida de la guerra a través del diálogo, empezando por un alto el fuego real que sea respetado para que se detengan las matanzas, provocadas muy masivamente por bombardeos aéreos sobre ciudades sitiadas donde malviven actualmente más de 970.000 personas, y para que se inicie el retorno de la población desplazada y refugiada, y la reconstrucción del país.

Condenamos la dramática situación que se vive a día de hoy en Alepo este, donde ya sólo subsisten 200.000 habitantes y ningún hospital sigue en pie. Exigimos el fin inmediato de los bombardeos de la aviación rusa, del gobierno sirio, y de cualquier otro contendiente, sobre la población civil de Alepo.

No puede haber ninguna razón o justificación por parte de ninguno de los bandos armados, ninguna explicación o excusa, para no poner fin a los bombardeos a instalaciones médicas y a otras infraestructuras civiles, ni para impedir la llegada de ayuda, medicinas y alimentos, a la población civil.

Denunciamos el suministro de armas a la zona, en el que está implicada España, que sólo alarga el conflicto y aumenta el sufrimiento de la población. Las potencias que aportan armas son cómplices de la matanza.

Por todo lo expuesto, queremos manifestar que:

1.-Nos solidarizamos con las fuerzas democráticas del conjunto de Siria, atendiendo a su diversidad de pueblos y religiones

2- Rechazamos el uso interesado del conflicto sirio para intentar justificar actitudes y medidas xenófobas en nuestro país y en el resto de Europa

3- Exigimos un cambio fundamental en las políticas del Estado español y de la UE en cuanto a las personas refugiadas y pedimos que se cumplan el derecho internacional, los derechos humanos, y las recomendaciones de las agencias competentes de la ONU: denunciamos el acuerdo de la vergüenza entre la UE y Turquía.

4- Consideramos que hay que cambiar las políticas de asilo, de atención a la población refugiada, y de rescate marítimo. La Unión Europea y los estados deben establecer vías seguras y legales a potenciales solicitantes de asilo con el fin de garantizar el derecho a la vida y la dignidad humana en las diferentes etapas de su desplazamiento forzado, desde su país de origen, en los de tránsito y en los de su acogida.

5-Instamos a la Europa Fortaleza a que en lugar de enviar buques de guerra de la OTAN al Egeo de más de 5 metros de altura con los que no va a realizar ningún rescate en el mar, destine recursos del gasto militar para políticas civiles de acogida.

6- Exigimos un alto el fuego inmediato en Siria y el establecimiento de corredores humanitarios supervisados por organismos civiles internacionales independientes para ayudar a las poblaciones sitiadas. Abogamos por el cese definitivo del conflicto armado y la denuncia del sistema internacional que lo ha hecho posible y alentado.

Además, manifestamos nuestro rechazo total a cualquier conflicto armado, sea cual sea su origen, ya que siempre generan consecuencias terribles en la población civil. Por ello no queremos olvidar otras guerras como la de Irak, Yemen, Sudán del Sur, Nigeria, Pakistán y tantas otras olvidadas, y a los millones de personas inocentes que sufren su barbarie.

Esto es sólo un primer paso en una nueva movilización por la paz. Miramos hacia el 15 de febrero, aniversario de las protestas globales contra la guerra que tuvieron lugar en 2003.

¡No nos cansaremos de gritarlo por todos los medios al alcance de los hombres y mujeres de a pie!

¡NO A LA GUERRA!

Categorías: antimilitar

Declaración de la Internacional de Resistentes a la Guerra sobre el conflicto en Siria

1 December, 2016 - 16:09

Desde la ruptura de la tregua pactada entre Rusia y EEUU en septiembre de 2016, y después de más de un año de intervención militar rusa en apoyo del régimen sirio, las atrocidades de las acciones militares de las fuerzas sirias y rusas durante octubre y noviembre de 2016 han alcanzado una gravedad sin precedentes en el país en estos 5 años de guerra. Varias ciudades han estado sitiadas durante meses, sobre todo en barrios orientales de Alepo. Como narran activistas y organizaciones humanitarias y de defensa de los derechos humanos sobre el terreno, el ataque contra Alepo se trata de una estrategia militar consciente, deliberada y sistemática de bombardeos indiscriminados, y el uso de armamento especialmente dañino, están causando centenares de fallecidos y miles de heridos. También se está produciendo la destrucción total de la infraestructura sanitaria y de protección civil, de la que dependen más de 250.000 personas (100.000 de ellas, niños y niñas). Además de los tristemente habituales barriles de TNT, la fuerzas aéreas siria y rusa están lanzando varias clases de bombas cuyo uso está prohibido (de fragmentación, incendiarias, termobáricas y revientabúnqueres) contra barrios residenciales e instalaciones básicas para la vida, especialmente hospitales. Más de 300 civiles han sido asesinados, más de 1000 heridos y todos los hospitales han quedado ya fuera de servicio a causa de los bombardeos solamente en la última semana de intensificación de los ataques.

La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) quiere mostrar su rechazo ante el horror que está suponiendo la intensificación de los ataques aéreos continuados contra población civil en Siria. La IRG condena enérgicamente estas acciones: el gobierno sirio y su aliadaRusiaestán causando sufrimiento de forma premeditada a la población civil. Estos ataques contra población civil, así como todos los que llevan a cabo el resto de ejércitos y milicias que operan en suelo sirio, deben cesar de inmediato.

La IRG condena también los ataques de la Coalición Internacional en el norte de Siria y de Iraq. En el norte de Siria solamente, estos ataques han matado al menos a 900 civiles en los 26 meses transcurridos desde el comienzo de la intervención militar de la Coalición.

El final de la tregua en Alepo es el último capítulo de un complejo conflicto bélico sin solución militar de más de cinco años de duración en el que intervienen cada vez más actores armados. Más de 250 milicias diferentes, entre ellas Daesh/EI, la antigua al-Nusra y la lealista Shabiha, combaten en Siria en contra o del lado del régimen sirio. La guerra se ha internacionalizado enormemente; entre los actores externos están Rusia, Irán, la milicia libanesa Hizbullah, milicias chiíes iraquíes, EEUU, Francia y el resto de la llamada Coalición Internacional y Turquía, que está aprovechándose de la situación para extender al norte de Siria sus ataques contra los kurdos, así como los miles de mercenarios que combaten con Daesh/EI y otra milicias. Muchos Estados apoyan económica y militarmente en diferente grado a grupos armados afines. Por ejemplo, las petromonarquías del Golfo dan apoyo a las milicias islamistas como la antigua al-Nusra, Rusia, Irán y China apoyan el régimen sirio y sus múltiples milicias irregulares asociadas, y EEUU apoya algunas milicias del Ejército Libre Sirio y los kurdos del YPG. Siria se ha convertido en el escenario en el que las potencias globales y regionales dirimen sus intereses con la coartada de la “guerra contra el terrorismo” a costa de la vida de la población siria.

La venta de armas también ha tenido un efecto multiplicador de la guerra. Frente al constante flujo de armamento y munición desde Rusia, Irán y China hacia el gobierno sirio, se ha producido la llegada de armamento producido principalmente en plantas de países de Europa del Este hacia los países del Golfo y finalmente hacia manos de algunas milicias sectarias. Por su parte, el Daesh/EI se ha servido principalmente del armamento de EEUU abandonado durante la desbandada del ejército iraquí en 2014, y del capturado en su rápido avance en posterior en Siria. Además, según informaciones, el armamento entregado por la Coalición Internacional a los Peshmergas (las fuerzas militareas de la región autónoma del Kurdistán iraquí) y a otros aliados occidentales, ha acabado en el mercado negro o en manos de grupos extremistas.

La magnitud de la tragedia humana causada por estos cincos años de guerra tiene pocos precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Siria es hoy un país donde ya han muerto al menos 250.000 personas víctimas de la guerra; la mitad de su población se ha visto desplazada; trece millones de personas necesitan ayuda humanitaria; cinco millones de refugiados han abandonado el país, buena parte de ellos jugándose la vida o perdiéndola cruzando el Mediterráneo para acabar chocando con los muros de la Europa Fortaleza, recluidos en campos de refugiados o campos de deportación y expuestos a la creciente islamofobia de las sociedades europeas. Entre seis y ocho millones de personas se han visto forzada a abandonar su hogar desplazándose en el propio país; ciudades enteras han sido destruidas, otras asediadas o/y con bombardeos constantes sobre instalaciones civiles, etc.

Toda la multitud de actores armados que operan en Siria han contribuido en diferentes grados a esta gravísima situación, pero tanto la ONU como distintas organizaciones locales e internacionales humanitarias y de derechos humanos resaltan una y otra vez en sus informes sobre Siria que el gobierno presidido por Bashar al-Assad es responsable de la inmensa mayoría de las víctimas. La lista de atrocidades perpetradas por el gobierno sirio es larga. Entre ellas está el empleo de misiles de crucero y el bombardeo aéreo indiscriminado de barriles de TNT (cerca de 40.000 contabilizados desde 2012) sobre áreas residenciales e infraestructuras vitales; el ataque químico con gas sarín en Ghouta en 2013 que dejó cientos de muertos; bombardeos químicos con cloro; la estrategia militar de “rendición o inanición”, con la que el gobierno sirio ha mantenido a lo largo del conflicto un cerco total o parcial sobre unos dos millones de personas en diferentes ciudades y localidades sirias que no pueden recibir comida ni medicinas, o las decenas de miles de detenidos en condiciones infrahumanas que han sufrido tortura en las cárceles del régimen.

La revolución pacífica que ocupó las calles de Siria en febrero de 2011 exigiendo justicia y democracia y que obtuvo como respuesta una represión despiadada por medios militares por parte del régimen sirio al grito de “Assad o quemamos el país”, cristalizó a pesar de ello en una miríada de activismos, proyectos, medios e instituciones alternativas. Con el paso de los años esta oposición se ha visto progresivamente diezmada por la intensificación de la violencia, por las desapariciones forzadas, los bombardeos o el exilio y por la entrada en escena de nuevos actores armados que tratan de imponer su propia agenda, que no tiene nada que ver con la democracia y el autogobierno de Siria. Pero todavía son miles los activistas noviolentos que resisten tanto la dictadura de Assad como la deriva militarista y la sectaria. Bastó una pequeña tregua en febrero para que salieran de nuevo a las calles, a manifestarse contra el régimen y contra el Daesh/Estado Islámico; también contra Yahbat Al-Nusra en la provincia de Idlib, dando lugar a un movimiento que aún perdura.

Siria ya no es un conflicto regional, sino un problema de la Humanidad. No sólo por la internacionalización del conflicto, la aparición de acciones terroristas de inspiración yihadista en Europa y EEUU, por los millones de personas que huyen de la guerra fuera del país, o por la dimensión de la catástrofe. Como decía un manifiesto firmado a mediados de septiembre por 150 artistas y escritores sirios, “el mundo hoy es una cuestión siria, como Siria es hoy una cuestión mundial”.

Por todo lo anterior, la Internacional de Resistentes a la Guerra:

se solidariza con la población civil siria víctima de la guerra.

hace un llamamiento a la movilización internacional para romper el silencio y exigir el cese de los bombardeos sobre población civil y un alto el fuego inmediato. Aunque en el movimiento por la paz no existe un consenso acerca del grado de responsabilidad de los distintos actores implicados en la guerra, sí que hay un acuerdo en que solamente una tregua y negociaciones pueden detener el sufrimiento de la población civil. En Siria nos encontramos con los mismos motivos, si no mayores, que los que llevaron a millones de personas a protestar contra la guerra de Iraq.

rechaza todas las acciones militares en marcha actualmente en Siria, cuenten o no con el acuerdo del gobierno sirio: Rusia, Irán, Hizbullah, EEUU y la Coalición Internacional, Turquía Daesh/EI y las milicias iraquíes y srias deben abandonar el uso de las armas y emplear medios noviolentos de transformación de conflictos, es decir, sentarse en una mesa de negociación. La IRG también rechaza la posibilidad de nuevas intervenciones militares que solamente intensificarían la violencia armada y aumentarían el caos en la región, provocado en gran parte por las intervenciones militares de EEUU en Iraq y Afganistán.

exige la puesta en libertad de las decenas de miles de detenidos en condiciones infrahumanas en las cárceles del régimen sirio.

demanda que los autores de los crímenes de guerra y contra la Humanidad cometidos en Siria respondan por ellos, como parte de un proceso de paz, justicia, reconciliación y reparación de las víctimas.

se compromete a apoyar a las personas activistas y grupos de base que en medio de la violencia resisten a la militarización y la guerra, persisten en su lucha noviolenta contra la dictadura y por la democracia en Siria, y señalan el camino de la paz.

La Internacional de Resistentes a la Guerra es una red de personas y grupos de todo el mundo fundada en 1921 alrededor de la declaración: “la guerra es un crimen contra la Humanidad. Por ello me comprometo a no apoyar ninguna guerra y a luchar por la desaparición de todas sus causas”. La IRG promueve la resistencia a la guerra y sus preparativos, y la noviolencia como forma lucha por la transformación social radical.

Publicado originalmente en el sitio web de la IRG: http://www.wri-irg.org/en/node/26927

Categorías: antimilitar

Una nueva mayoría política siria

13 November, 2016 - 19:30

Celebrando en Alepo el quinto aniversario de la Revolución siria (Reuters)

Yassin Al-Haj Saleh

Al-Jumhuriya English [Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.]

Este artículo va dirigido a un lector anónimo, bienintencionado y moderadamente informado para sugerirle una visión de resolución justa de la cuestión siria y examinar los potenciales problemas y obstáculos que pueden presentarse en el camino.

Yassin al-Haj Saleh (nacido en Raqqa en 1961) es un destacado escritor e intelectual sirio. En 1980, cuando estudiaba Medicina en Alepo fue encarcelado por sus actividades políticas permaneciendo tras las rejas hasta 1996. Escribe sobre temas políticos, sociales y culturales relacionados con Siria y el mundo árabe para varios periódicos y revistas árabes fuera de Siria, colaborando de forma regular con el periódico Al-Hayat, editado en Londres, la revista egipcia de izquierdas Al-Bosla y el periódico sirio online The Republic.

¿Qué significa una solución para Siria?

A los sirios implicados en los asuntos públicos siempre se nos está preguntando por nuestra idea para solucionar el conflicto sirio. Pocas veces la pregunta pretende indagar cuáles podrían ser las soluciones justas. En cambio, se concede normalmente que la cuestión es “complicada”, que la resolución escapa al ámbito de lo posible, o quizás que no puede llegarse a una solución sin hacer retroceder los relojes a una época anterior a marzo de 2011. Aparte de todo esto, la pregunta se deriva también a menudo de una supina ignorancia respecto a la historia de la disidencia política en Siria y de las luchas aplastadas a favor de una transición democrática de toda una anterior generación de sirios. Esta línea de preguntas está también divorciada, desde cualquier punto de vista, de las diferentes fases de nuestra lucha que condujeron a la actual coyuntura.

No obstante, este artículo aborda directamente esa pregunta acerca de la resolución de la crisis imaginando a un lector serio anónimo que aspira sinceramente a una solución justa del prolongado desastre sirio o a una solución que al menos se sitúe en las proximidades de la justicia.

Vayamos al núcleo de la cuestión. Una solución justa en Siria debería basarse en el establecimiento de una nueva mayoría política en el país en la que una mayoría creciente de sirios se sientan representados políticamente, que ponga fin a un gobierno minoritario y oligárquico, a la vez que siente las bases para una nueva Siria y un régimen político sirio de integración. Esto requiere el fin del gobierno asadista, del Daesh y de cualquier grupo yihadista-salafista, además de instituir la igualdad política y cultural para los kurdos sin hegemonías nacionalistas. Es necesario que se establezcan los cimientos de una Siria democrática basada en la ciudadanía.

Esto cumpliría las demandas de justicia política, ampliando la base de gobierno, augurando horizontes menos sombríos para la evolución política en el país y, a largo plazo, limitaría las posibilidades de una erupción política violenta.

Con el cambio de siglo, una autoridad legada dentro de la dinastía asadista institucionalizó el carácter minoritario del gobierno en Siria. En efecto, ese hecho implicó una transformación sultánica que dio la puntilla final a la república siria, requiriendo de una enmienda constitucional a fin de que el Estado profundo sirio pudiera sostener a la dinastía de los Asad. La liberalización económica orientada hacia el neoliberalismo reforzó los aspectos minoritarios del gobierno y, por tanto, una interconexión sin precedentes entre la retención excluyente del poder y el acceso privilegiado a los recursos nacionales por parte de una nueva clase burguesa, compuesta principalmente por parientes, compinches y asociados. Además, durante los años tanto del Padre como del Hijo, el Estado asadista ha echado mano del sectarismo como herramienta fundamental de gobierno, fomentando la escisión entre sus gobernados, el temor de los unos hacia los otros y ofreciendo a un sector de la población, los alauíes, que constituyen fundamentalmente el escudo de seguridad estatal, una identificación discriminatoria con el Estado.

Este carácter minoritario multifacético, en el cual se solapan tanto el sentido social como sectario de “minoría”, ha sido fuente de descontento y de guerra civil fría que ha hecho erupción en dos ocasiones en el curso de tres décadas. Una estructura tal no permite más que estallidos de violencia. Se basa esencialmente en colocar a la población en cuarentena política, alimentando la desconfianza y el temor entre ellos, mientras el centro sultánico y la clase neoburguesa (que en otro artículo describí como “burguesía externa” o “central”) va excluyéndolos gradualmente del uso de los recursos públicos.

Para poner fin a esta historia cíclica es necesario romper con el gobierno minoritario y formar una nueva mayoría política.

¿Qué tipo de mayoría política?

La nueva mayoría en Siria no se refiere a la mayoría árabe sunní sino a una mayoría social que es intercomunitaria. En Siria, no sólo los sunníes carecen de unidad o convergencia política sino que las divisiones de clase y regionales que les separan son iguales, cuando no superiores, a las divisiones existentes entre ellos y otros grupos. Y más importante, el carácter sunní no evitaría el gobierno minoritario en mayor proporción que lo haría el carácter árabe. Aunque los árabes constituyen una gran mayoría de sirios, el nacionalismo árabe ha fracasado sin lugar a dudas a la hora de impedir un gobierno minoritario o de conseguir una mayoría política.

Desde luego, lo más probable es que la mayoría de esta nueva mayoría siria fuera sunní. Sin embargo, el mero hecho de que pertenezcan a la secta sunní no socava inherentemente la posibilidad de establecer una mayoría política estable, a menos que los sunníes árabes estuvieran unificados o se comportaran como grupo homogéneo y distintivo. En mi opinión, eso es insostenible, como se ha puesto en evidencia en el curso de los cinco años y medio de la Revolución siria. Si la homogeneidad entre los sunníes llegara alguna vez a materializarse, necesitaría de una amplia coerción que debería centrarse mucho más en el entorno sunní que en otros, llegándose así a un gobierno minoritario complejo: una minoría entre los sunníes y una minoría entre los sirios.

A pesar del hecho de que uno podría definir a los islamistas en función de su voluntad de sectarizar y unificar a los sunníes, es cierto que si el gobierno llegara a consolidarse en sus manos, no iban a sentirse muy cómodos si las dos terceras partes de la población se mantuvieran unidas y públicamente activas. Por razones islamistas, se dedicarían a dividirles y devolverles a la pasividad, a saber, imponiendo un “gobierno minoritario sunní” y renovando el despotismo. Sin embargo, si los sunníes se mantuvieran políticamente activos, entonces algunos islamistas buscarían socios y aliados entre otras comunidades. Es probable que el resultado de todo esto fuera una mayoría política del tipo de la que surgió en los primeros años de la década de 1930 contra los franceses, o contra al-Shishakli a raíz de la conferencia de Homs de 1954.

Esa mayoría política siria sería una mayoría social e intercomunitaria que sólo excluiría a aquéllos que fueran activamente leales al Estado de Asad (la justicia predetermina que algunos sean juzgados y otros puestos políticamente en cuarentena a partir de sus hechos, no de sus orígenes). La mayoría de la nueva Siria se esforzaría en aglutinar a los sectores más amplios de la población de todas las diferentes comunidades que no hayan sido cómplices de la oligarquía de los Asad.

Una retórica tal no es especialmente novedosa. Es la sustancia misma de las aspiraciones democráticas que han sido repetidamente puestas de manifiesto desde antes de la primera oleada de resistencia al gobierno asadista en la última mitad de la década de 1970, un período en el que la opresión de Asad se intensificó y apareció una nueva clase burguesa. Sin embargo, para lidiar con la cuestión de la democracia en Siria se necesita de una especificidad particular, debido al aumento de la influencia de las formaciones comunitarias en la vida pública actual, así como para abordar las preocupaciones de las minorías y sus derechos.

Es sabido que en la genealogía del paradigma de la “protección de las minorías” está el ascenso del imperialismo en Europa y la aparición de la “cuestión oriental” (que, en realidad, es una “cuestión occidental”, según Arnold Toynbee). Desde esta genealogía se plantea la noción de que las minorías corren peligro, específica y exclusivamente, ante la mayoría musulmana. Nos aventuramos en un drama romántico en el que los racionales europeos son responsables de proteger a las pobres y débiles minorías de los malvados y agresivos musulmanes. El contexto de tal protección no ha sido nunca el de la justicia y la libertad, ni siquiera el de la “racionalización” (Por un lado, las organizaciones “racionales” se impusieron desde arriba y, por otro, iban acompañadas inmediatamente de excepciones, protecciones y privilegios reservados para los íntimos de las potencias europeas.) El contexto fue precisamente el de la expansión y saqueo armado y colusión con los “depredadores imperiales” durante el Imperio otomano. Esto resulta suficiente para ejercer una extrema cautela al utilizar la cláusula de “protección de las minorías”, que ha ido resurgiendo en contextos internacionales similares. Si bien los enclaves de mayoría sunní de la Revolución siria han buscado abiertamente la protección internacional, desde el verano de 2011 han venido sufriendo exposición, ausencia de protección y obstáculos a su empoderamiento, dificultando que pudieran protegerse a sí mismos.

Lo que resulta novedoso en los llamamientos contemporáneos a la “protección de las minorías” es la expansión de las minorías patrocinadas a fin de incluir a los kurdos. Esta maniobra surge al considerar que la amenazante mayoría está compuesta exclusivamente de musulmanes árabes sunníes y que, al contrario, las potencias occidentales y Rusia actúan como “protectores”, dando la impresión de que sólo les motiva el afán de justicia. Estos sistemas de protección habían precedido al colonialismo tradicional en muchos de nuestros países y contribuido en forma grave a la creación del problema sectario. El sistema se convirtió entonces en un aspecto de la administración colonial y de las políticas abiertamente sectarias en Siria, Líbano y Palestina. Siempre hubo agentes locales para los protectores (anteriormente franceses, británicos y rusos y, en la actualidad, estadounidenses y rusos, entre otros) que propagaron la amenaza y brutalidad de la mayoría étnica y religiosa.

¿Por qué no un sistema de cuotas?

¿No es posible construir una mayoría política siria mediante un sistema de cuotas sectarias que provea de “protección” a las minorías y garantice sus derechos? (Abordaré la dimensión kurda de la resolución siria en otro párrafo.) Lo extraño es que nadie de entre los defensores de las minorías y los que se preocupan por sus derechos haya pedido antes esto. No resulta difícil comprender la razón, porque las cuotas deben tener en cuenta las ratios de población. Esto podría colocar las dos terceras partes del poder político en manos de los representantes de la mayoría árabe sunní, aunque garantice la participación de los representantes de las minorías. Pero eso no es lo que desean las amorosas madres de las minorías, como Rusia, EEUU e Irán. También puede imaginarse un sistema basado en la “bisección” entre la mayoría y la totalidad de las poblaciones minoritarias, con sus intereses “garantizados”. Esto es lo que Kamal Dib, el canadiense-libanés leal a Bashar al-Asad, pide en A Crisis in Syria, sólo después de haber hecho gran hincapié en la necesidad del laicismo. Esa “bisección” entre un cuarto y los tres cuartos de la población, que son las proporciones que el mismo Dib ofrece, no es sino un paso hacia la discriminación, no hacia el laicismo. Y no es verdaderamente democrático. El actual modelo libanés, basado en compartir el poder al cincuenta por cien entre un tercio y dos tercios de la población, no es algo muy a emular.

No sólo la demografía siria ha obstaculizado los llamamientos a un sistema de cuotas sectarias por quienes protegen fervientemente a las minorías. La imposibilidad de unidad entre los sunníes sirios es otra de las razones. Discutí este tema de los sunníes perpetuamente fracturados en un artículo de hace unos pocos años. Si bien esto provoca consternación entre los sectarios sunníes de línea dura, esta realidad podría realmente ser una fuente de actividad y flexibilidad en cualquier régimen pos-Asad que se base en una nueva mayoría política. Puede decirse que los sunníes árabes encarnan a tantas “sectas” distintas, debido a manifiestas diferencias regionales u opciones ideológicas o de estilos de vida que no son menos concretos, que anulan la realidad estadística de constituir el grupo mayoritario de población. En consecuencia, un régimen mayoritario debería basarse más probablemente en coaliciones entre los representantes de grupos de origen sunní y comunidades no sunníes y no musulmanas, además de individuos independientes y “no comunidades” (es decir, comunidades que no se definen a sí mismas según sus orígenes comunitarios.). Esto rompería también la dinámica de la sectarización, limitando tanto la homogeneidad interna de los grupos comunitarios como su aislamiento externo y desapego entre sí, permitiendo así perspectivas no sectarias.

Estos tres procesos, homogeneidad interna, aislamiento mutuo externo y erradicación de perspectivas no sectarias en la sociedad y en el espacio público son aspectos dinámicos de la sectarización que hemos experimentado en Siria durante la era de Asad. Una ruptura de esta dinámica no va a llevar a la desaparición de sunníes, cristianos, drusos, ismaelíes y chiíes, sino que servirá para contrarrestar sus formulaciones sectarias, homogéneas y aisladas.

En tal régimen mayoritario, el motivo de preocupación no será una hegemonía sunní que excluya a las minorías o las someta por inferiores y dhimmis [protegidas por la ley islámica], sino la posibilidad de que las coaliciones regionales-sectarias-clasistas se consoliden de forma que se margine a las formaciones políticas no sectarias que pudieran emerger o regenerarse. Lamentablemente, no hay garantías de que esto no vaya a ocurrir. Pero el tema de esta apuesta de desectarización de la esfera pública es que lo independiente y no sectario dé espacio a un régimen mayoritario viable donde izquierdistas, liberales, feministas, jóvenes y organizaciones culturales puedan ser activos. En la historia siria anterior al Baaz tuvimos un atisbo de esto. En aquel entonces, el eje de las divisiones en la esfera pública fue más regional que sectario (damasceno-alepino en particular) y no impidió la aparición de tendencias y organizaciones no sectarias tales como el Partido Comunista y el mismo Partido Baaz.

El hecho es que la Revolución siria sólo ha hecho visibles las divisiones religiosas, que habían quedado ocultas por la cuarentena política pública y la abrumadora presencia de la división sectaria en la conciencia pública. La Revolución ha hecho también visibles las divisiones regionales y de clase a lo largo del eje ciudad-país, al igual que en la relación de Damasco con sus zonas rurales y barriadas periféricas, que son fundamentales para entender la dinámica del conflicto alrededor de la capital (lo mismo puede decirse respecto a la división en Alepo). Por no mencionar las divisiones étnicas, especialmente en el eje árabe-kurdo. El contraste sectario sunní-alauí es en gran medida de carácter social-político-regional, para cuya superación y solución se necesita volver a pensar las estructuras de distribución del poder y de los recursos públicos en Siria.

Estos ejes de división superan de lejos las escisiones sectarias, así como el dogma de la “protección de las minorías”, que no puede solucionar la división sectaria (de hecho, está avivando las llamas) ni diversas otras divisiones sociales sirias. La multiplicidad de ejes de polarización complicará realmente la vida política en la Siria pos-Asad. Sin embargo, puede también perturbar la polarización sectaria y limitar la inflamación oculta y continua de la vida pública en el país con inclinaciones, temores y divisiones sectarias.

Un replanteamiento radical de la política siria, más allá de la era baazista y asadista, y ciertamente más allá de la era anterior a la posindependencia, debería incluir una mayor descentralización e implicación de las poblaciones locales en los gobiernos de sus zonas y en la vida política pública, así como un compromiso público más abierto. El carácter discrecional inherente a la génesis del Estado asadista envenenó la vida pública con dudas, temores y mitos, e impidió que los sirios consideraran sus situaciones y elaboraran información, análisis y soluciones prácticas sobre las mismas.

Lo que queda por decir es que la prolongada era asadista, y los largos años de la segunda guerra asadista, han tenido un profundo efecto transformador sobre la sociedad siria que justifica las reservas contra las analogías con los precedentes o las añoranzas de un tiempo pasado. Sin embargo, no parece que este efecto transformador haya favorecido la unidad sunní, como los años de Revolución han dejado en evidencia; por tanto, el miedo de las minorías a un consenso sunní en su contra es absurdo.

¿Qué hay de la amenaza yihadista-salafista?

Podría decirse: Pero los salafíes y los yihadistas salafíes están diciendo que los nusayríes [término clásico, aunque ahora se utiliza de forma despectiva, de “alauíes”], el ejército nusayrí y el régimen nusayrí y su sistema ideológico de creencias menosprecian, cuando menos, a las minorías. Todo esto es cierto y es motivo de gran preocupación entre “nusayríes” y “no nusayríes” por igual, incluyendo a quienes son sunníes. Pero el hecho es que la angustia más fuerte desencadenada por estos grupos, hasta ahora, se le ha infligido a los sunníes en las zonas de Yasira, el norte sirio y el este de Ghuta, en Damasco.

Lo que de verdad nos preocupa es la protección de las vidas sirias, con independencia de sus orígenes y de sus agresores, ya sean asadistas o salafíes. Si este fuera nuestro punto de partida, la seguridad significaría la protección y seguridad de todos los sirios. Lo que los grupos salafíes sectarios infligieron a los pueblos de orígenes minoritarios (como hicieron con los alauíes en zonas del norte de Latakia, en Adr, con el pueblo druso y con los cristianos en Idlib) plantea la cuestión de la igualdad de derechos, incluyendo el derecho a la seguridad. La seguridad pública se debe fundamentar en un pacto nacional que estipule que Siria es para todos los sirios, que ninguno de ellos es huésped de nadie y que ninguno de ellos es dhimmi para nadie.

Lamentablemente, en Siria no hay discusión sobre estos aspectos. Esto complementa la confiscación asadista de la esfera pública y la autocensura extrema ejercida por la mayor parte de los intelectuales sirios en esta cuestión, con algunos de ellos incluso ofreciéndose voluntarios como guardianes de los tabúes sectarios, abalanzándose sobre todo aquel que se atreve a desafiarlos.

En estos momentos estamos pagando un precio muy duro por ese silencio mientras nos preguntamos a nosotros mismos, una y otra vez, ¿cuál es la solución?

En las condiciones actuales, ¿cómo puede formarse una nueva mayoría siria?

Lo primero de todo, pasar página sobre el gobierno asadista.

No hay solución para Siria sin tal condición, porque no sólo estamos hablando de un gobierno fundamentalmente minoritario, sino de un gobierno que ha estado sometiendo a los gobernados, de forma incesante y a amplios niveles, por la fuerza de las armas.

Sin embargo, desde 2013 ha quedado claro, y especialmente desde el surgimiento del Daesh, que es insostenible crear una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista. El Daesh suscita la repulsa de todas las minorías y también de la mayoría de los sunníes sirios. No sólo es una fuerza sectaria radical sino también una fuerza exterior de ocupación. Es una formación singular en la que una organización terrorista que ejerce actos arbitrarios de violencia, que es indiferente a las vidas de los civiles, exhibe un colonialismo de asentamientos a la vez que actúa como una trituradora humana de autoridad fascista. No es sólo un peligro político y social para Siria, sino un peligro para la propia entidad siria.

La nueva mayoría siria no puede lograrse sin enfrentar al Daesh.

Pero no sólo al Daesh, como la política estadounidense ha venido haciendo desde su intervención en Siria e Iraq en septiembre de 2014. Tiene que enfrentarse tanto al Daesh como al régimen de Asad. Este último no es sólo un peligro político y social, a partir de la Revolución se ha convertido en una autoridad sultánica no nacional en posesión del país y de su población. Y a lo largo de la Revolución se ha convertido en un peligro estructural para la entidad siria, dependiendo de ocupantes extranjeros que no tienen compasión con la mayoría de los sirios ni con la historia de Siria.

Casi nadie de entre los revolucionarios sirios está dispuesto a entrar en conflicto con el Daesh hasta no haberse librado del Estado asadista, a menos que se hallen en un contexto que conduzca definitivamente a su desaparición. Este es un punto central que todo el mundo debería tener claro. Explica los repetidos fracasos de los estadounidenses a la hora de preparar una fuerza siria árabe sólida que luche sólo contra el Daesh. Las personas como nosotros, izquierdistas, laicos y liberales, no deberíamos unirnos a nadie que sólo combata al Daesh, o que dependa de los estadounidenses o los rusos, para ver al final restaurado el asadismo con una vileza sectaria más grave y una delincuencia criminal más amplia. Esto no sólo traicionaría a la Revolución y a las almas de innumerables víctimas, sino que además requería comprometerse con los planes presentados por unos poderes en los que la justicia hacia los sirios no alcanza siquiera una prioridad secundaria.

La valoración de que un renovado asadismo sería más brutal que el asadismo previo a la Revolución no es algo subjetivo, sino más bien una “ley natural objetiva” en el caso de que los asadistas salgan victoriosos. Los vencedores se habrán liberado de cualquier obstáculo que les impide seguir robando y masacrando y estarán ansiosos de vengarse de cualquiera que se haya atrevido a desafiarles, rompiendo sus largas décadas de monopolio del poder o causado pérdidas humanas sustanciales en el campo asadista. Tenemos en nuestra historia siria reciente un precedente ilustrativo. Después de 1982, tras asesinar a decenas de miles de seres en Hama y arrasar un tercio de la ciudad, y cuando otras decenas de miles de seres, incluidos izquierdistas, unionistas e innumerables “casos individuales”, estaban aún en prisión, se produjo una “revolución” en las detenciones, torturas, actuaciones de la policía secreta, saqueos y robos, así como en las mentiras y en la idolatría de Hafez al-Asad. La situación será cien veces peor si los asadistas de Bashar salen victoriosos. Ya están bajo la protección de brutales invasores extranjeros: los chiíes libaneses, iraquíes e iraníes, por no mencionar a los rusos.

Resumiendo, desde la aparición del Daesh ha sido imposible construir una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista, pero tampoco ha podido construirse sólo contra el Daesh. Lo que puede construirse sólo contra el Daesh es un gobierno minoritario renovado bajo protección extranjera y con garantía internacional.

Además del Daesh, ¿qué pasa con el resto?

Cuando se discute sobre el futuro de Siria es necesario plantear una serie de preguntas sobre los grupos islamistas beligerantes. Algunos de ellos son grupos yihadistas, como el Frente Nusra, en la actualidad “Fateh Al-Sham” (integrado al menos por un 10% de combatientes que no son sirios) u otros grupos que son una variante del paradigma yihadista-salafista (como Ahrar al-Sham y Yaish al-Islam). En el contexto sirio actual, estos grupos combinan el enfrentamiento con el Estado asadista con la extensión de su control sobre las comunidades locales. Su autoritarismo ha desencadenado varias resistencias y esos grupos han perpetrado diversos delitos durante este tipo de confrontaciones. Durante la batalla del asedio a Alepo a finales de julio de 2016, la mayoría de los partidarios de la Revolución se situaron con la resistencia de estos grupos ante los asadistas y sus aliados, incluyendo el Movimiento Al-Zenki, que había provocado recientemente una gran repulsión al celebrar la matanza de un joven prisionero de guerra a principios del mismo mes. Esto sucedió porque estaba en juego el destino de 300.000 personas en Alepo y, de hecho, el destino de toda la Revolución.

Estos grupos llevaron a cabo una función de resistencia pública, pero los grupos principales entre ellos tienen una formación ideológica extremadamente estrecha y sectaria. Esta es la contradicción fundacional en su naturaleza: una resistencia pública contra una alianza sectaria agresiva, pero ellos mismos se estructuran siguiendo estrechas líneas sectarias. Esta contradicción no puede resolverse fuera del marco de un cambio profundo en el entorno político sirio que se extiende al Estado asadista.

Es comprensible que la base de partidarios de estos grupos se amplíe cuando llevan a cabo funciones de defensa, o cuando luchan exclusivamente contra el agresivo Estado asadista. Esa base disminuye cuando estos grupos intentan imponer su modelo social a los residentes locales, o cuando se enfrentan a adversarios no asadistas. Entonces aparecen como grupos elitistas investidos de su propia ideología y proyecto autoritario, y no en un entorno social vívido, como se demostró en la resistencia local contra el Frente Al-Nusra en Maarat al-Nu'man y en otros lugares, y contra Yaish al-Islam en el este de Ghuta y en Duma. Yaish al-Islam ha extendido su autoridad mediante asesinatos, secuestros y acciones bélicas, de forma no muy diferente a lo que Al-Nusra ha hecho en Idlib. Pero no hay un camino para construir una oposición social fuerte contra estas milicias mientras se estén enfrentando a la alianza hostil Asad-Irán-Rusia.

Si se pudiera liberar a Siria de asadistas y daeshistas quedaría clara la formación minoritaria y elitista de estos grupos, y eso ayudaría a aislarlos. Las protestas anti-Nusra de los vecinos de Maarat al-Nu'man, que son por lo general musulmanes sunníes conservadores, tras el acuerdo de alto el fuego del pasado febrero, sugiere que si se hubiera eliminado a los asadistas y daeshitas, sectores más amplios de sirios estarían en mejor situación para resistir a estos grupos. Preveo que otros grupos, más parecidos a la formación original del Ejército Libre, optarían por implicarse en la nueva vida política de la Siria post-Asad; pero si causaran un dilema molesto para la seguridad, entonces las condiciones favorecerían que se pudiera enfrentarlos.

¿Qué hay de los kurdos sirios?

Hasta ahora hemos debatido sobre la deseada mayoría siria considerando el tema de las sectas. Pero en Siria existe la cuestión kurda, y no habrá una solución justa si no se aborda. Por tanto, ¿cómo puede abordarse esta cuestión?

El principio sigue siendo el mismo: los kurdos son parte de la nueva mayoría siria, con sus derechos culturales y lingüísticos como grupo étnico constituyentemente igual a los otros, además de un estatus especial para las zonas de mayoría kurda en Afrin, Kobani y partes del gobernorado de Hasakah.

Esta visión preliminar se contradice de tres maneras:

La primera, naturalmente, es el Estado prerrevolucionario que ha negado a los kurdos cualquier existencia pública (Todos son “árabes sirios”) pero que ha tratado con ellos de forma pragmática, asegurando su división y debilitando sus manifestaciones políticas.

La segunda es la situación actual desde la Revolución, que incluye la colaboración entre el PYD (siglas en kurdo de Partido de la Unión Democrática) y el régimen, Irán, Rusia y EEUU, mientras imponen un sistema de partido único en los territorios que están bajo su control, así como una tendencia a extenderse por zonas de mayoría árabe.

Finalmente, la tercera contradice un proyecto nacional especial al que los kurdos se refieren como “Kurdistán Occidental”.

No hay forma de abordar una entidad kurda independiente que incluya partes de Siria a menos que sea en el marco del establecimiento de un Estado kurdo formado con el Kurdistán iraquí, partes de Turquía y partes de Irán. Quizá entonces habría una continuación territorial y demográfica de las zonas kurdas con las áreas sirias de mayoría kurda. Es posible también que esta entidad kurda pueda incluir minorías árabes y no árabes. Sin embargo, dentro de la actual esfera siria, esa continuación no existe. Esta es una realidad geográfica y demográfica concreta que a menudo ignoran quienes fantasean acerca del “Kurdistán Occidental” o “Rojava” y esto es algo que no puede ignorar ningún proceso político y legal justo de la cuestión kurda.

Aquí encontramos también una contradicción entre la función de resistencia popular contra el Daesh, o cualquier otro atacante de las comunidades kurdas, y los frecuentes y conocidos actos de agresión contra árabes y otros. Esta agenda deriva su fortaleza de partidarios poderosos. También aquí estaremos en mejor posición para resolver la contradicción si eliminamos a los daeshistas y a los asadistas.

Nosotros, en Siria y en la región, defendemos una causa kurda justa y emancipadora, pero de ese significado emancipador se ha apropiado la organización kurda más obsesiva, excluyente y miope, que es también la mejor preparada y equipada a nivel militar como resultado de su relación formativa con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía. De esta forma, ocurre lo mismo que con los salafíes en el contexto árabe sirio, que son el grupo mejor equipado y preparado a nivel militar. De manera similar, tanto los nacionalistas kurdos como los salafíes integran a miembros no sirios; parece que el centro de control y mando kurdo es completamente no sirio. El PYD se ha colocado a sí mismo dentro de las estrategias injustas y miopes estadounidenses y rusas, y al hacerlo así se ha enfrentado a las comunidades árabes y no árabes en Siria. La organización también había establecido con anterioridad relaciones sospechosas con el Estado asadista y con Irán, lo que hizo que se volviera intolerante con la Revolución o los grupos revolucionarios kurdos. Esta ha sido una postura consistente que alcanzó un pico simbólico y vergonzoso cuando Saleh Muslim –el rostro sirio del PYD- promovió la negación de la responsabilidad del régimen en la masacre de armas químicas de hace tres años.

Durante los últimos tres años se ha ido desarrollando una narrativa nacionalista sobre la supremacía kurda que ha creado una convergencia con la clase media occidental, al mismo tiempo que encubre las similitudes políticas y sociales de los kurdos con sus comunidades vecinas en Siria. Estas similitudes se han reemplazado con un discurso agresivo, ofensivo por su tono y violencia.

Esta narrativa se basa en la experiencia del PKK en Turquía al afrontar la opinión pública internacional y, a su vez, adherirse a sus expectativas. En Siria, esta narrativa ha jugado el papel de promocionar a bombo y platillo a un colectivo basado en una identidad que carece de cualquier dimensión emancipadora o profundidad social. Tampoco tiene, en absoluto, ninguna base intelectual ni racional y no integra la causa kurda en ninguna causa pública siria. La propaganda partidista ha sustituido al debate en su peor forma, y las narrativas de superioridad carentes de apoyo social sustituyeron a los actos de justicia y emancipación.

Los medios de comunicación y las redes sociales de Occidente han encontrado sin embargo una traducción práctica en el apoyo militar estadounidense a la organización nacionalista kurda en el norte y este de Siria a cambio de combatir al Daesh, por no mencionar el apoyo ruso a cambio de combatir a los grupos de la oposición. Es evidente que la justicia no figura entre las motivaciones de los apoyos de las dos potencias. Si así fuera, habrían ayudado a los rebeldes antiasadistas, habrían castigado a Asad por la masacre química o por su historial criminal meticulosamente documentado. El motivo es que las potencias internacionales encuentran en ellos una base fiable en una región, por la que la mayoría de sus habitantes sólo siente desconfianza.

Pero, ¿acaso no se trata de un método colonial convencional?

Luchar contra el Daesh no justifica las aspiraciones discriminatorias puestas de manifiesto en fórmulas alocadas y con poca visión basadas en teorías esencialistas sobre derechos históricos que se han entrelazado históricamente con la expansión nacionalista.

Por tanto, si intentamos mirar un poco más allá de la neblina de la propaganda e información engañosa, está justificado el temor a que este proyecto pueda presagiar conflictos sangrientos en una región que no había sido testigo previamente de conflictos violentos entre sus poblaciones.

¿Por qué la propuesta que hacemos es mejor que las otras?

Ante todo, porque es democrática: Constituye la continuación de fases anteriores de la lucha de los sirios contra la tiranía. También responde a lo que se supone es un consenso universal respecto a la democracia.

En segundo lugar, porque es justa y tiene en cuenta a todas las comunidades sirias. No es una expresión de hegemonía comunitaria que sólo puede llevar a guerras renovadas y a la subordinación regional e internacional, como ilustra el ejemplo iraquí.

En tercer lugar, porque es sostenible. La situación actual es explosiva. La supervivencia asadista significa el sometimiento del país a la ocupación extranjera. Los rusos y los iraníes, que han venido protegido a los asadistas, no se volverán a sus asuntos hasta haber conseguido sus objetivos y los de Asad. Los asadistas serán el rostro de la influencia de los patrocinadores, quienes a su vez podrían estar de acuerdo o en conflicto. Sin embargo, los esfuerzos para establecer una nueva mayoría siria deben crear una base sólida para una solución sostenible que pueda consolidarse después a través de libres elecciones y mediante una constitución que penalice la discriminación sectaria y étnica.

Las ventajas de una visión integral de ese tipo se ven cada vez más claras cuando las comparamos con las tres visiones excluyentes que se presentan en Siria hoy en día:

La primera, naturalmente, es la Siria de Asad, una Siria como base de un gobierno dinástico y minoritario. Al contrario, una Siria establecida alrededor de una mayoría política que traspase las fronteras de los grupos comunitarios, puede volver página de los asadistas sin enfrentarse a los alauíes. De hecho, es la más adecuada para asegurar su seguridad, derechos y dignidad a largo plazo.

La segunda visión excluyente es el concepto nacionalista de Siria como entidad árabe y el de sus ciudadanos como “árabes sirios”. Concebir a Siria como república democrática, un Estado para su población corpórea no implica injusticia alguna para los árabes y nada les impide involucrarse en las causas de sus vecinos árabes. También les ofrece a los kurdos igualdad política y constituyente, sin impedirles que les preocupen las causas kurdas más allá de Siria.

La tercera visión excluyente es el Estado islámico en Siria, que es a lo que los yihadistas-saladistas y sus aliados aspiran. Un compromiso histórico en Siria podría basarse en una mutua exclusión del asadismo y del islamismo. Excluir el proyecto del Estado islámico no implica injusticia alguna para los musulmanes sunníes como tales. El proyecto islamista en un país fundamentalmente complicado es una receta para la destrucción de la sociedad siria a manos de una elite gobernante que no puede ser una minoría y cuyo gobierno no puede ser tiránico y brutal. La dignidad de los creyentes musulmanes queda preservada en una sociedad libre y justa más que en una sociedad en la que los islamistas prevalezcan.

A nivel de procedimiento, ¿cómo es posible crear un sistema mayoritario?

La nueva mayoría siria, que es intersectaria, puede formarse dentro del marco de un compromiso histórico importante que podría formularse en una conferencia nacional siria internacionalmente patrocinada, que pase página sobre el Estado asadista y los aparatos criminales a su disposición. Esto sería coherente con los deseos de la abrumadora mayoría de sirios contra el Daesh y sus asociados y se ganaría el favor del mundo entero.

Es posible que la conferencia pueda tener como consecuencia el establecimiento de una institución gubernamental superior que encarne la igualdad constituyente de los grupos comunitarios sirios, incluidos los kurdos, e impida el gobierno dinástico o autocrático. No estamos comprometidos con la idea de un Estado centralizado, basado en la homogeneidad, ni con el sistema consensual de cuotas. Con lo que estamos comprometidos es con proporcionar la máxima justicia al mayor número posible de sirios. Si nada de esto se consigue, es probable entonces que estallen pronto guerras, conflictos y actos de venganza, una y otra vez, con gravedad creciente.

Pregunta: ¿Por qué los Estados importantes y las Naciones Unidas tienen que apoyar una transformación siria en esta dirección?

Respuesta: Precisamente porque es lo más democrático, justo y sostenible.

Pregunta: Pero, ¿a los Estados les interesan las soluciones justas que tienen en cuenta los intereses de las poblaciones locales?

Respuesta: Bien, todo lo que se ha mencionado aquí responde a un intento sirio de expresar una solución para Siria que pueda ser justa. Si lo que se busca no es una solución justa, entonces a los sirios que luchan por la justicia no puede responsabilizárseles de nada.

Pero el “mundo” es también parte del problema sirio, ¿no es verdad?

En beneficio del lector anónimo, debe afirmarse claramente que el problema de Siria en estos momentos no es sólo el régimen, el Daesh, el Frente Nusra y la organización nacionalista kurda del PYD. Hay una inmensa tercera parte, que son las potencias internacionales, a saber, EEUU y Rusia. Sus posiciones a partir de 2013 han registrado un notable acercamiento que culminó en la coordinación directa política y militar desde septiembre de 2015. Quienes apoyan abiertamente el asadismo, como los rusos, o los que se oponen a su caída, como los estadounidenses, no son los únicos poderes ineludibles necesarios para encontrar una solución en Siria, pero son los poderes que deberían ser responsables de la solución y del puesto que la justicia ocupe en la misma. Estas dos partes no han expresado interés alguno en las cuestiones de justicia, democracia y sostenibilidad.

Los estadounidenses y los rusos controlan el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas y los medios de comunicación más poderosos, estableciendo también las agendas de los foros internacionales en los que participan, algo de lo que Barack Obama se jactó hace pocos meses.

Por tanto, si tenemos en cuenta esta dimensión internacional como componente fundamental del problema, es necesario interrogar directamente a las potencias internacionales intervinientes, que son inmensamente más poderosas que el Estado asadista o sus aliados, y desde luego mucho más poderosas que cualquier grupo de resistencia sirio, o el Daesh o el “PYD”.

Y sin embargo, desde una perspectiva siria, la solución por la que estas potencias están presionando parece ir, por un lado, desde reclamar las tierras que están fuera del control de Asad para restaurar en definitiva la “Siria de Asad” a, por otro, rendirse ante la abismal situación actual, caracterizada por la guerra perpetua y una división de facto del país. La segunda opción, que parece ser la preferida hoy por los estadounidenses, significa sacrificar Siria para que el régimen asadista sobreviva y ni siquiera asegurar la destrucción del Daesh.

En cualquier caso, aquí estamos, en el mundo del poder absoluto, que impone su lógica hasta que llegue el momento en que de nuevo nos preguntemos: ¿Cuál es la próxima explosión?

Entonces, ¿de dónde puede venir la solución?

No hay solución para Siria, querido lector desconocido, porque los poderes que controlan el mundo son parte del problema, cuando no el problema mismo. Esos poderes no son justos. El mundo entero, no sólo Siria, se deteriora gravemente como consecuencia de sus políticas. Esta realidad no deja espacio para una propuesta con soluciones racionales y justas, y además contribuye a la explosión total en Siria y a las tensiones alrededor de Siria.

Hemos llegado a un punto muerto: Quienes se preocupan por la justicia carecen de poder y quienes tienen poder no se preocupan por la justicia.

De todas formas, sentimos que es necesario ser claros. Damos testimonio, ante nosotros mismos y ante nuestra época y, a través suyo, lector anónimo nuestro, nos dirigimos también a otros lectores objetivos que pudieran no estar de acuerdo con todos los elementos de esta propuesta. Puede que consideren la necesidad de que nos centremos en algunos de sus elementos o de añadir otras consideraciones. Sin embargo, están motivados, al igual que nosotros, por la búsqueda de la justicia, la mayor cantidad de justicia para el mayor número de personas.

Al fin y al cabo, el objetivo del autor es que los problemas puedan verse con claridad, al igual que las responsabilidades. Los rostros de la injusticia están claros, al igual que los horizontes de la justicia. Necesitamos poner mucha atención y trabajar duro en los matices, en ideas prácticas innovadoras y, antes de eso, necesitamos la participación del mayor número posible de personas en la reflexión y en la puesta en marcha. De lo que estamos hablando no es sólo de una solución a una crisis política en Siria; hay que restablecer también la estructura estatal, las relaciones dentro de la sociedad y la concepción de la identidad, con un espíritu de moderación, pragmatismo e imparcialidad.

Lo que no necesitamos es la desaparición de otra generación y que sobrevengan más catástrofes colosales, sólo para que alguien diga: “Yo no sabía…” Todo el mundo sabe. Aunque quienes se dirigen de cabeza hacia el abismo con los ojos bien abiertos no sean tan pocos.

[Este artículo fue traducido del árabe al inglés por Yasser EzZayyat.]

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/syrian-re...

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

Categorías: antimilitar

Una nueva mayoría política siria

13 November, 2016 - 19:30

Celebrando en Alepo el quinto aniversario de la Revolución siria (Reuters)

Yassin Al-Haj Saleh

Al-Jumhuriya English [Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.]

Este artículo va dirigido a un lector anónimo, bienintencionado y moderadamente informado para sugerirle una visión de resolución justa de la cuestión siria y examinar los potenciales problemas y obstáculos que pueden presentarse en el camino.

Yassin al-Haj Saleh (nacido en Raqqa en 1961) es un destacado escritor e intelectual sirio. En 1980, cuando estudiaba Medicina en Alepo fue encarcelado por sus actividades políticas permaneciendo tras las rejas hasta 1996. Escribe sobre temas políticos, sociales y culturales relacionados con Siria y el mundo árabe para varios periódicos y revistas árabes fuera de Siria, colaborando de forma regular con el periódico Al-Hayat, editado en Londres, la revista egipcia de izquierdas Al-Bosla y el periódico sirio online The Republic.

¿Qué significa una solución para Siria?

A los sirios implicados en los asuntos públicos siempre se nos está preguntando por nuestra idea para solucionar el conflicto sirio. Pocas veces la pregunta pretende indagar cuáles podrían ser las soluciones justas. En cambio, se concede normalmente que la cuestión es “complicada”, que la resolución escapa al ámbito de lo posible, o quizás que no puede llegarse a una solución sin hacer retroceder los relojes a una época anterior a marzo de 2011. Aparte de todo esto, la pregunta se deriva también a menudo de una supina ignorancia respecto a la historia de la disidencia política en Siria y de las luchas aplastadas a favor de una transición democrática de toda una anterior generación de sirios. Esta línea de preguntas está también divorciada, desde cualquier punto de vista, de las diferentes fases de nuestra lucha que condujeron a la actual coyuntura.

No obstante, este artículo aborda directamente esa pregunta acerca de la resolución de la crisis imaginando a un lector serio anónimo que aspira sinceramente a una solución justa del prolongado desastre sirio o a una solución que al menos se sitúe en las proximidades de la justicia.

Vayamos al núcleo de la cuestión. Una solución justa en Siria debería basarse en el establecimiento de una nueva mayoría política en el país en la que una mayoría creciente de sirios se sientan representados políticamente, que ponga fin a un gobierno minoritario y oligárquico, a la vez que siente las bases para una nueva Siria y un régimen político sirio de integración. Esto requiere el fin del gobierno asadista, del Daesh y de cualquier grupo yihadista-salafista, además de instituir la igualdad política y cultural para los kurdos sin hegemonías nacionalistas. Es necesario que se establezcan los cimientos de una Siria democrática basada en la ciudadanía.

Esto cumpliría las demandas de justicia política, ampliando la base de gobierno, augurando horizontes menos sombríos para la evolución política en el país y, a largo plazo, limitaría las posibilidades de una erupción política violenta.

Con el cambio de siglo, una autoridad legada dentro de la dinastía asadista institucionalizó el carácter minoritario del gobierno en Siria. En efecto, ese hecho implicó una transformación sultánica que dio la puntilla final a la república siria, requiriendo de una enmienda constitucional a fin de que el Estado profundo sirio pudiera sostener a la dinastía de los Asad. La liberalización económica orientada hacia el neoliberalismo reforzó los aspectos minoritarios del gobierno y, por tanto, una interconexión sin precedentes entre la retención excluyente del poder y el acceso privilegiado a los recursos nacionales por parte de una nueva clase burguesa, compuesta principalmente por parientes, compinches y asociados. Además, durante los años tanto del Padre como del Hijo, el Estado asadista ha echado mano del sectarismo como herramienta fundamental de gobierno, fomentando la escisión entre sus gobernados, el temor de los unos hacia los otros y ofreciendo a un sector de la población, los alauíes, que constituyen fundamentalmente el escudo de seguridad estatal, una identificación discriminatoria con el Estado.

Este carácter minoritario multifacético, en el cual se solapan tanto el sentido social como sectario de “minoría”, ha sido fuente de descontento y de guerra civil fría que ha hecho erupción en dos ocasiones en el curso de tres décadas. Una estructura tal no permite más que estallidos de violencia. Se basa esencialmente en colocar a la población en cuarentena política, alimentando la desconfianza y el temor entre ellos, mientras el centro sultánico y la clase neoburguesa (que en otro artículo describí como “burguesía externa” o “central”) va excluyéndolos gradualmente del uso de los recursos públicos.

Para poner fin a esta historia cíclica es necesario romper con el gobierno minoritario y formar una nueva mayoría política.

¿Qué tipo de mayoría política?

La nueva mayoría en Siria no se refiere a la mayoría árabe sunní sino a una mayoría social que es intercomunitaria. En Siria, no sólo los sunníes carecen de unidad o convergencia política sino que las divisiones de clase y regionales que les separan son iguales, cuando no superiores, a las divisiones existentes entre ellos y otros grupos. Y más importante, el carácter sunní no evitaría el gobierno minoritario en mayor proporción que lo haría el carácter árabe. Aunque los árabes constituyen una gran mayoría de sirios, el nacionalismo árabe ha fracasado sin lugar a dudas a la hora de impedir un gobierno minoritario o de conseguir una mayoría política.

Desde luego, lo más probable es que la mayoría de esta nueva mayoría siria fuera sunní. Sin embargo, el mero hecho de que pertenezcan a la secta sunní no socava inherentemente la posibilidad de establecer una mayoría política estable, a menos que los sunníes árabes estuvieran unificados o se comportaran como grupo homogéneo y distintivo. En mi opinión, eso es insostenible, como se ha puesto en evidencia en el curso de los cinco años y medio de la Revolución siria. Si la homogeneidad entre los sunníes llegara alguna vez a materializarse, necesitaría de una amplia coerción que debería centrarse mucho más en el entorno sunní que en otros, llegándose así a un gobierno minoritario complejo: una minoría entre los sunníes y una minoría entre los sirios.

A pesar del hecho de que uno podría definir a los islamistas en función de su voluntad de sectarizar y unificar a los sunníes, es cierto que si el gobierno llegara a consolidarse en sus manos, no iban a sentirse muy cómodos si las dos terceras partes de la población se mantuvieran unidas y públicamente activas. Por razones islamistas, se dedicarían a dividirles y devolverles a la pasividad, a saber, imponiendo un “gobierno minoritario sunní” y renovando el despotismo. Sin embargo, si los sunníes se mantuvieran políticamente activos, entonces algunos islamistas buscarían socios y aliados entre otras comunidades. Es probable que el resultado de todo esto fuera una mayoría política del tipo de la que surgió en los primeros años de la década de 1930 contra los franceses, o contra al-Shishakli a raíz de la conferencia de Homs de 1954.

Esa mayoría política siria sería una mayoría social e intercomunitaria que sólo excluiría a aquéllos que fueran activamente leales al Estado de Asad (la justicia predetermina que algunos sean juzgados y otros puestos políticamente en cuarentena a partir de sus hechos, no de sus orígenes). La mayoría de la nueva Siria se esforzaría en aglutinar a los sectores más amplios de la población de todas las diferentes comunidades que no hayan sido cómplices de la oligarquía de los Asad.

Una retórica tal no es especialmente novedosa. Es la sustancia misma de las aspiraciones democráticas que han sido repetidamente puestas de manifiesto desde antes de la primera oleada de resistencia al gobierno asadista en la última mitad de la década de 1970, un período en el que la opresión de Asad se intensificó y apareció una nueva clase burguesa. Sin embargo, para lidiar con la cuestión de la democracia en Siria se necesita de una especificidad particular, debido al aumento de la influencia de las formaciones comunitarias en la vida pública actual, así como para abordar las preocupaciones de las minorías y sus derechos.

Es sabido que en la genealogía del paradigma de la “protección de las minorías” está el ascenso del imperialismo en Europa y la aparición de la “cuestión oriental” (que, en realidad, es una “cuestión occidental”, según Arnold Toynbee). Desde esta genealogía se plantea la noción de que las minorías corren peligro, específica y exclusivamente, ante la mayoría musulmana. Nos aventuramos en un drama romántico en el que los racionales europeos son responsables de proteger a las pobres y débiles minorías de los malvados y agresivos musulmanes. El contexto de tal protección no ha sido nunca el de la justicia y la libertad, ni siquiera el de la “racionalización” (Por un lado, las organizaciones “racionales” se impusieron desde arriba y, por otro, iban acompañadas inmediatamente de excepciones, protecciones y privilegios reservados para los íntimos de las potencias europeas.) El contexto fue precisamente el de la expansión y saqueo armado y colusión con los “depredadores imperiales” durante el Imperio otomano. Esto resulta suficiente para ejercer una extrema cautela al utilizar la cláusula de “protección de las minorías”, que ha ido resurgiendo en contextos internacionales similares. Si bien los enclaves de mayoría sunní de la Revolución siria han buscado abiertamente la protección internacional, desde el verano de 2011 han venido sufriendo exposición, ausencia de protección y obstáculos a su empoderamiento, dificultando que pudieran protegerse a sí mismos.

Lo que resulta novedoso en los llamamientos contemporáneos a la “protección de las minorías” es la expansión de las minorías patrocinadas a fin de incluir a los kurdos. Esta maniobra surge al considerar que la amenazante mayoría está compuesta exclusivamente de musulmanes árabes sunníes y que, al contrario, las potencias occidentales y Rusia actúan como “protectores”, dando la impresión de que sólo les motiva el afán de justicia. Estos sistemas de protección habían precedido al colonialismo tradicional en muchos de nuestros países y contribuido en forma grave a la creación del problema sectario. El sistema se convirtió entonces en un aspecto de la administración colonial y de las políticas abiertamente sectarias en Siria, Líbano y Palestina. Siempre hubo agentes locales para los protectores (anteriormente franceses, británicos y rusos y, en la actualidad, estadounidenses y rusos, entre otros) que propagaron la amenaza y brutalidad de la mayoría étnica y religiosa.

¿Por qué no un sistema de cuotas?

¿No es posible construir una mayoría política siria mediante un sistema de cuotas sectarias que provea de “protección” a las minorías y garantice sus derechos? (Abordaré la dimensión kurda de la resolución siria en otro párrafo.) Lo extraño es que nadie de entre los defensores de las minorías y los que se preocupan por sus derechos haya pedido antes esto. No resulta difícil comprender la razón, porque las cuotas deben tener en cuenta las ratios de población. Esto podría colocar las dos terceras partes del poder político en manos de los representantes de la mayoría árabe sunní, aunque garantice la participación de los representantes de las minorías. Pero eso no es lo que desean las amorosas madres de las minorías, como Rusia, EEUU e Irán. También puede imaginarse un sistema basado en la “bisección” entre la mayoría y la totalidad de las poblaciones minoritarias, con sus intereses “garantizados”. Esto es lo que Kamal Dib, el canadiense-libanés leal a Bashar al-Asad, pide en A Crisis in Syria, sólo después de haber hecho gran hincapié en la necesidad del laicismo. Esa “bisección” entre un cuarto y los tres cuartos de la población, que son las proporciones que el mismo Dib ofrece, no es sino un paso hacia la discriminación, no hacia el laicismo. Y no es verdaderamente democrático. El actual modelo libanés, basado en compartir el poder al cincuenta por cien entre un tercio y dos tercios de la población, no es algo muy a emular.

No sólo la demografía siria ha obstaculizado los llamamientos a un sistema de cuotas sectarias por quienes protegen fervientemente a las minorías. La imposibilidad de unidad entre los sunníes sirios es otra de las razones. Discutí este tema de los sunníes perpetuamente fracturados en un artículo de hace unos pocos años. Si bien esto provoca consternación entre los sectarios sunníes de línea dura, esta realidad podría realmente ser una fuente de actividad y flexibilidad en cualquier régimen pos-Asad que se base en una nueva mayoría política. Puede decirse que los sunníes árabes encarnan a tantas “sectas” distintas, debido a manifiestas diferencias regionales u opciones ideológicas o de estilos de vida que no son menos concretos, que anulan la realidad estadística de constituir el grupo mayoritario de población. En consecuencia, un régimen mayoritario debería basarse más probablemente en coaliciones entre los representantes de grupos de origen sunní y comunidades no sunníes y no musulmanas, además de individuos independientes y “no comunidades” (es decir, comunidades que no se definen a sí mismas según sus orígenes comunitarios.). Esto rompería también la dinámica de la sectarización, limitando tanto la homogeneidad interna de los grupos comunitarios como su aislamiento externo y desapego entre sí, permitiendo así perspectivas no sectarias.

Estos tres procesos, homogeneidad interna, aislamiento mutuo externo y erradicación de perspectivas no sectarias en la sociedad y en el espacio público son aspectos dinámicos de la sectarización que hemos experimentado en Siria durante la era de Asad. Una ruptura de esta dinámica no va a llevar a la desaparición de sunníes, cristianos, drusos, ismaelíes y chiíes, sino que servirá para contrarrestar sus formulaciones sectarias, homogéneas y aisladas.

En tal régimen mayoritario, el motivo de preocupación no será una hegemonía sunní que excluya a las minorías o las someta por inferiores y dhimmis [protegidas por la ley islámica], sino la posibilidad de que las coaliciones regionales-sectarias-clasistas se consoliden de forma que se margine a las formaciones políticas no sectarias que pudieran emerger o regenerarse. Lamentablemente, no hay garantías de que esto no vaya a ocurrir. Pero el tema de esta apuesta de desectarización de la esfera pública es que lo independiente y no sectario dé espacio a un régimen mayoritario viable donde izquierdistas, liberales, feministas, jóvenes y organizaciones culturales puedan ser activos. En la historia siria anterior al Baaz tuvimos un atisbo de esto. En aquel entonces, el eje de las divisiones en la esfera pública fue más regional que sectario (damasceno-alepino en particular) y no impidió la aparición de tendencias y organizaciones no sectarias tales como el Partido Comunista y el mismo Partido Baaz.

El hecho es que la Revolución siria sólo ha hecho visibles las divisiones religiosas, que habían quedado ocultas por la cuarentena política pública y la abrumadora presencia de la división sectaria en la conciencia pública. La Revolución ha hecho también visibles las divisiones regionales y de clase a lo largo del eje ciudad-país, al igual que en la relación de Damasco con sus zonas rurales y barriadas periféricas, que son fundamentales para entender la dinámica del conflicto alrededor de la capital (lo mismo puede decirse respecto a la división en Alepo). Por no mencionar las divisiones étnicas, especialmente en el eje árabe-kurdo. El contraste sectario sunní-alauí es en gran medida de carácter social-político-regional, para cuya superación y solución se necesita volver a pensar las estructuras de distribución del poder y de los recursos públicos en Siria.

Estos ejes de división superan de lejos las escisiones sectarias, así como el dogma de la “protección de las minorías”, que no puede solucionar la división sectaria (de hecho, está avivando las llamas) ni diversas otras divisiones sociales sirias. La multiplicidad de ejes de polarización complicará realmente la vida política en la Siria pos-Asad. Sin embargo, puede también perturbar la polarización sectaria y limitar la inflamación oculta y continua de la vida pública en el país con inclinaciones, temores y divisiones sectarias.

Un replanteamiento radical de la política siria, más allá de la era baazista y asadista, y ciertamente más allá de la era anterior a la posindependencia, debería incluir una mayor descentralización e implicación de las poblaciones locales en los gobiernos de sus zonas y en la vida política pública, así como un compromiso público más abierto. El carácter discrecional inherente a la génesis del Estado asadista envenenó la vida pública con dudas, temores y mitos, e impidió que los sirios consideraran sus situaciones y elaboraran información, análisis y soluciones prácticas sobre las mismas.

Lo que queda por decir es que la prolongada era asadista, y los largos años de la segunda guerra asadista, han tenido un profundo efecto transformador sobre la sociedad siria que justifica las reservas contra las analogías con los precedentes o las añoranzas de un tiempo pasado. Sin embargo, no parece que este efecto transformador haya favorecido la unidad sunní, como los años de Revolución han dejado en evidencia; por tanto, el miedo de las minorías a un consenso sunní en su contra es absurdo.

¿Qué hay de la amenaza yihadista-salafista?

Podría decirse: Pero los salafíes y los yihadistas salafíes están diciendo que los nusayríes [término clásico, aunque ahora se utiliza de forma despectiva, de “alauíes”], el ejército nusayrí y el régimen nusayrí y su sistema ideológico de creencias menosprecian, cuando menos, a las minorías. Todo esto es cierto y es motivo de gran preocupación entre “nusayríes” y “no nusayríes” por igual, incluyendo a quienes son sunníes. Pero el hecho es que la angustia más fuerte desencadenada por estos grupos, hasta ahora, se le ha infligido a los sunníes en las zonas de Yasira, el norte sirio y el este de Ghuta, en Damasco.

Lo que de verdad nos preocupa es la protección de las vidas sirias, con independencia de sus orígenes y de sus agresores, ya sean asadistas o salafíes. Si este fuera nuestro punto de partida, la seguridad significaría la protección y seguridad de todos los sirios. Lo que los grupos salafíes sectarios infligieron a los pueblos de orígenes minoritarios (como hicieron con los alauíes en zonas del norte de Latakia, en Adr, con el pueblo druso y con los cristianos en Idlib) plantea la cuestión de la igualdad de derechos, incluyendo el derecho a la seguridad. La seguridad pública se debe fundamentar en un pacto nacional que estipule que Siria es para todos los sirios, que ninguno de ellos es huésped de nadie y que ninguno de ellos es dhimmi para nadie.

Lamentablemente, en Siria no hay discusión sobre estos aspectos. Esto complementa la confiscación asadista de la esfera pública y la autocensura extrema ejercida por la mayor parte de los intelectuales sirios en esta cuestión, con algunos de ellos incluso ofreciéndose voluntarios como guardianes de los tabúes sectarios, abalanzándose sobre todo aquel que se atreve a desafiarlos.

En estos momentos estamos pagando un precio muy duro por ese silencio mientras nos preguntamos a nosotros mismos, una y otra vez, ¿cuál es la solución?

En las condiciones actuales, ¿cómo puede formarse una nueva mayoría siria?

Lo primero de todo, pasar página sobre el gobierno asadista.

No hay solución para Siria sin tal condición, porque no sólo estamos hablando de un gobierno fundamentalmente minoritario, sino de un gobierno que ha estado sometiendo a los gobernados, de forma incesante y a amplios niveles, por la fuerza de las armas.

Sin embargo, desde 2013 ha quedado claro, y especialmente desde el surgimiento del Daesh, que es insostenible crear una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista. El Daesh suscita la repulsa de todas las minorías y también de la mayoría de los sunníes sirios. No sólo es una fuerza sectaria radical sino también una fuerza exterior de ocupación. Es una formación singular en la que una organización terrorista que ejerce actos arbitrarios de violencia, que es indiferente a las vidas de los civiles, exhibe un colonialismo de asentamientos a la vez que actúa como una trituradora humana de autoridad fascista. No es sólo un peligro político y social para Siria, sino un peligro para la propia entidad siria.

La nueva mayoría siria no puede lograrse sin enfrentar al Daesh.

Pero no sólo al Daesh, como la política estadounidense ha venido haciendo desde su intervención en Siria e Iraq en septiembre de 2014. Tiene que enfrentarse tanto al Daesh como al régimen de Asad. Este último no es sólo un peligro político y social, a partir de la Revolución se ha convertido en una autoridad sultánica no nacional en posesión del país y de su población. Y a lo largo de la Revolución se ha convertido en un peligro estructural para la entidad siria, dependiendo de ocupantes extranjeros que no tienen compasión con la mayoría de los sirios ni con la historia de Siria.

Casi nadie de entre los revolucionarios sirios está dispuesto a entrar en conflicto con el Daesh hasta no haberse librado del Estado asadista, a menos que se hallen en un contexto que conduzca definitivamente a su desaparición. Este es un punto central que todo el mundo debería tener claro. Explica los repetidos fracasos de los estadounidenses a la hora de preparar una fuerza siria árabe sólida que luche sólo contra el Daesh. Las personas como nosotros, izquierdistas, laicos y liberales, no deberíamos unirnos a nadie que sólo combata al Daesh, o que dependa de los estadounidenses o los rusos, para ver al final restaurado el asadismo con una vileza sectaria más grave y una delincuencia criminal más amplia. Esto no sólo traicionaría a la Revolución y a las almas de innumerables víctimas, sino que además requería comprometerse con los planes presentados por unos poderes en los que la justicia hacia los sirios no alcanza siquiera una prioridad secundaria.

La valoración de que un renovado asadismo sería más brutal que el asadismo previo a la Revolución no es algo subjetivo, sino más bien una “ley natural objetiva” en el caso de que los asadistas salgan victoriosos. Los vencedores se habrán liberado de cualquier obstáculo que les impide seguir robando y masacrando y estarán ansiosos de vengarse de cualquiera que se haya atrevido a desafiarles, rompiendo sus largas décadas de monopolio del poder o causado pérdidas humanas sustanciales en el campo asadista. Tenemos en nuestra historia siria reciente un precedente ilustrativo. Después de 1982, tras asesinar a decenas de miles de seres en Hama y arrasar un tercio de la ciudad, y cuando otras decenas de miles de seres, incluidos izquierdistas, unionistas e innumerables “casos individuales”, estaban aún en prisión, se produjo una “revolución” en las detenciones, torturas, actuaciones de la policía secreta, saqueos y robos, así como en las mentiras y en la idolatría de Hafez al-Asad. La situación será cien veces peor si los asadistas de Bashar salen victoriosos. Ya están bajo la protección de brutales invasores extranjeros: los chiíes libaneses, iraquíes e iraníes, por no mencionar a los rusos.

Resumiendo, desde la aparición del Daesh ha sido imposible construir una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista, pero tampoco ha podido construirse sólo contra el Daesh. Lo que puede construirse sólo contra el Daesh es un gobierno minoritario renovado bajo protección extranjera y con garantía internacional.

Además del Daesh, ¿qué pasa con el resto?

Cuando se discute sobre el futuro de Siria es necesario plantear una serie de preguntas sobre los grupos islamistas beligerantes. Algunos de ellos son grupos yihadistas, como el Frente Nusra, en la actualidad “Fateh Al-Sham” (integrado al menos por un 10% de combatientes que no son sirios) u otros grupos que son una variante del paradigma yihadista-salafista (como Ahrar al-Sham y Yaish al-Islam). En el contexto sirio actual, estos grupos combinan el enfrentamiento con el Estado asadista con la extensión de su control sobre las comunidades locales. Su autoritarismo ha desencadenado varias resistencias y esos grupos han perpetrado diversos delitos durante este tipo de confrontaciones. Durante la batalla del asedio a Alepo a finales de julio de 2016, la mayoría de los partidarios de la Revolución se situaron con la resistencia de estos grupos ante los asadistas y sus aliados, incluyendo el Movimiento Al-Zenki, que había provocado recientemente una gran repulsión al celebrar la matanza de un joven prisionero de guerra a principios del mismo mes. Esto sucedió porque estaba en juego el destino de 300.000 personas en Alepo y, de hecho, el destino de toda la Revolución.

Estos grupos llevaron a cabo una función de resistencia pública, pero los grupos principales entre ellos tienen una formación ideológica extremadamente estrecha y sectaria. Esta es la contradicción fundacional en su naturaleza: una resistencia pública contra una alianza sectaria agresiva, pero ellos mismos se estructuran siguiendo estrechas líneas sectarias. Esta contradicción no puede resolverse fuera del marco de un cambio profundo en el entorno político sirio que se extiende al Estado asadista.

Es comprensible que la base de partidarios de estos grupos se amplíe cuando llevan a cabo funciones de defensa, o cuando luchan exclusivamente contra el agresivo Estado asadista. Esa base disminuye cuando estos grupos intentan imponer su modelo social a los residentes locales, o cuando se enfrentan a adversarios no asadistas. Entonces aparecen como grupos elitistas investidos de su propia ideología y proyecto autoritario, y no en un entorno social vívido, como se demostró en la resistencia local contra el Frente Al-Nusra en Maarat al-Nu'man y en otros lugares, y contra Yaish al-Islam en el este de Ghuta y en Duma. Yaish al-Islam ha extendido su autoridad mediante asesinatos, secuestros y acciones bélicas, de forma no muy diferente a lo que Al-Nusra ha hecho en Idlib. Pero no hay un camino para construir una oposición social fuerte contra estas milicias mientras se estén enfrentando a la alianza hostil Asad-Irán-Rusia.

Si se pudiera liberar a Siria de asadistas y daeshistas quedaría clara la formación minoritaria y elitista de estos grupos, y eso ayudaría a aislarlos. Las protestas anti-Nusra de los vecinos de Maarat al-Nu'man, que son por lo general musulmanes sunníes conservadores, tras el acuerdo de alto el fuego del pasado febrero, sugiere que si se hubiera eliminado a los asadistas y daeshitas, sectores más amplios de sirios estarían en mejor situación para resistir a estos grupos. Preveo que otros grupos, más parecidos a la formación original del Ejército Libre, optarían por implicarse en la nueva vida política de la Siria post-Asad; pero si causaran un dilema molesto para la seguridad, entonces las condiciones favorecerían que se pudiera enfrentarlos.

¿Qué hay de los kurdos sirios?

Hasta ahora hemos debatido sobre la deseada mayoría siria considerando el tema de las sectas. Pero en Siria existe la cuestión kurda, y no habrá una solución justa si no se aborda. Por tanto, ¿cómo puede abordarse esta cuestión?

El principio sigue siendo el mismo: los kurdos son parte de la nueva mayoría siria, con sus derechos culturales y lingüísticos como grupo étnico constituyentemente igual a los otros, además de un estatus especial para las zonas de mayoría kurda en Afrin, Kobani y partes del gobernorado de Hasakah.

Esta visión preliminar se contradice de tres maneras:

La primera, naturalmente, es el Estado prerrevolucionario que ha negado a los kurdos cualquier existencia pública (Todos son “árabes sirios”) pero que ha tratado con ellos de forma pragmática, asegurando su división y debilitando sus manifestaciones políticas.

La segunda es la situación actual desde la Revolución, que incluye la colaboración entre el PYD (siglas en kurdo de Partido de la Unión Democrática) y el régimen, Irán, Rusia y EEUU, mientras imponen un sistema de partido único en los territorios que están bajo su control, así como una tendencia a extenderse por zonas de mayoría árabe.

Finalmente, la tercera contradice un proyecto nacional especial al que los kurdos se refieren como “Kurdistán Occidental”.

No hay forma de abordar una entidad kurda independiente que incluya partes de Siria a menos que sea en el marco del establecimiento de un Estado kurdo formado con el Kurdistán iraquí, partes de Turquía y partes de Irán. Quizá entonces habría una continuación territorial y demográfica de las zonas kurdas con las áreas sirias de mayoría kurda. Es posible también que esta entidad kurda pueda incluir minorías árabes y no árabes. Sin embargo, dentro de la actual esfera siria, esa continuación no existe. Esta es una realidad geográfica y demográfica concreta que a menudo ignoran quienes fantasean acerca del “Kurdistán Occidental” o “Rojava” y esto es algo que no puede ignorar ningún proceso político y legal justo de la cuestión kurda.

Aquí encontramos también una contradicción entre la función de resistencia popular contra el Daesh, o cualquier otro atacante de las comunidades kurdas, y los frecuentes y conocidos actos de agresión contra árabes y otros. Esta agenda deriva su fortaleza de partidarios poderosos. También aquí estaremos en mejor posición para resolver la contradicción si eliminamos a los daeshistas y a los asadistas.

Nosotros, en Siria y en la región, defendemos una causa kurda justa y emancipadora, pero de ese significado emancipador se ha apropiado la organización kurda más obsesiva, excluyente y miope, que es también la mejor preparada y equipada a nivel militar como resultado de su relación formativa con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía. De esta forma, ocurre lo mismo que con los salafíes en el contexto árabe sirio, que son el grupo mejor equipado y preparado a nivel militar. De manera similar, tanto los nacionalistas kurdos como los salafíes integran a miembros no sirios; parece que el centro de control y mando kurdo es completamente no sirio. El PYD se ha colocado a sí mismo dentro de las estrategias injustas y miopes estadounidenses y rusas, y al hacerlo así se ha enfrentado a las comunidades árabes y no árabes en Siria. La organización también había establecido con anterioridad relaciones sospechosas con el Estado asadista y con Irán, lo que hizo que se volviera intolerante con la Revolución o los grupos revolucionarios kurdos. Esta ha sido una postura consistente que alcanzó un pico simbólico y vergonzoso cuando Saleh Muslim –el rostro sirio del PYD- promovió la negación de la responsabilidad del régimen en la masacre de armas químicas de hace tres años.

Durante los últimos tres años se ha ido desarrollando una narrativa nacionalista sobre la supremacía kurda que ha creado una convergencia con la clase media occidental, al mismo tiempo que encubre las similitudes políticas y sociales de los kurdos con sus comunidades vecinas en Siria. Estas similitudes se han reemplazado con un discurso agresivo, ofensivo por su tono y violencia.

Esta narrativa se basa en la experiencia del PKK en Turquía al afrontar la opinión pública internacional y, a su vez, adherirse a sus expectativas. En Siria, esta narrativa ha jugado el papel de promocionar a bombo y platillo a un colectivo basado en una identidad que carece de cualquier dimensión emancipadora o profundidad social. Tampoco tiene, en absoluto, ninguna base intelectual ni racional y no integra la causa kurda en ninguna causa pública siria. La propaganda partidista ha sustituido al debate en su peor forma, y las narrativas de superioridad carentes de apoyo social sustituyeron a los actos de justicia y emancipación.

Los medios de comunicación y las redes sociales de Occidente han encontrado sin embargo una traducción práctica en el apoyo militar estadounidense a la organización nacionalista kurda en el norte y este de Siria a cambio de combatir al Daesh, por no mencionar el apoyo ruso a cambio de combatir a los grupos de la oposición. Es evidente que la justicia no figura entre las motivaciones de los apoyos de las dos potencias. Si así fuera, habrían ayudado a los rebeldes antiasadistas, habrían castigado a Asad por la masacre química o por su historial criminal meticulosamente documentado. El motivo es que las potencias internacionales encuentran en ellos una base fiable en una región, por la que la mayoría de sus habitantes sólo siente desconfianza.

Pero, ¿acaso no se trata de un método colonial convencional?

Luchar contra el Daesh no justifica las aspiraciones discriminatorias puestas de manifiesto en fórmulas alocadas y con poca visión basadas en teorías esencialistas sobre derechos históricos que se han entrelazado históricamente con la expansión nacionalista.

Por tanto, si intentamos mirar un poco más allá de la neblina de la propaganda e información engañosa, está justificado el temor a que este proyecto pueda presagiar conflictos sangrientos en una región que no había sido testigo previamente de conflictos violentos entre sus poblaciones.

¿Por qué la propuesta que hacemos es mejor que las otras?

Ante todo, porque es democrática: Constituye la continuación de fases anteriores de la lucha de los sirios contra la tiranía. También responde a lo que se supone es un consenso universal respecto a la democracia.

En segundo lugar, porque es justa y tiene en cuenta a todas las comunidades sirias. No es una expresión de hegemonía comunitaria que sólo puede llevar a guerras renovadas y a la subordinación regional e internacional, como ilustra el ejemplo iraquí.

En tercer lugar, porque es sostenible. La situación actual es explosiva. La supervivencia asadista significa el sometimiento del país a la ocupación extranjera. Los rusos y los iraníes, que han venido protegido a los asadistas, no se volverán a sus asuntos hasta haber conseguido sus objetivos y los de Asad. Los asadistas serán el rostro de la influencia de los patrocinadores, quienes a su vez podrían estar de acuerdo o en conflicto. Sin embargo, los esfuerzos para establecer una nueva mayoría siria deben crear una base sólida para una solución sostenible que pueda consolidarse después a través de libres elecciones y mediante una constitución que penalice la discriminación sectaria y étnica.

Las ventajas de una visión integral de ese tipo se ven cada vez más claras cuando las comparamos con las tres visiones excluyentes que se presentan en Siria hoy en día:

La primera, naturalmente, es la Siria de Asad, una Siria como base de un gobierno dinástico y minoritario. Al contrario, una Siria establecida alrededor de una mayoría política que traspase las fronteras de los grupos comunitarios, puede volver página de los asadistas sin enfrentarse a los alauíes. De hecho, es la más adecuada para asegurar su seguridad, derechos y dignidad a largo plazo.

La segunda visión excluyente es el concepto nacionalista de Siria como entidad árabe y el de sus ciudadanos como “árabes sirios”. Concebir a Siria como república democrática, un Estado para su población corpórea no implica injusticia alguna para los árabes y nada les impide involucrarse en las causas de sus vecinos árabes. También les ofrece a los kurdos igualdad política y constituyente, sin impedirles que les preocupen las causas kurdas más allá de Siria.

La tercera visión excluyente es el Estado islámico en Siria, que es a lo que los yihadistas-saladistas y sus aliados aspiran. Un compromiso histórico en Siria podría basarse en una mutua exclusión del asadismo y del islamismo. Excluir el proyecto del Estado islámico no implica injusticia alguna para los musulmanes sunníes como tales. El proyecto islamista en un país fundamentalmente complicado es una receta para la destrucción de la sociedad siria a manos de una elite gobernante que no puede ser una minoría y cuyo gobierno no puede ser tiránico y brutal. La dignidad de los creyentes musulmanes queda preservada en una sociedad libre y justa más que en una sociedad en la que los islamistas prevalezcan.

A nivel de procedimiento, ¿cómo es posible crear un sistema mayoritario?

La nueva mayoría siria, que es intersectaria, puede formarse dentro del marco de un compromiso histórico importante que podría formularse en una conferencia nacional siria internacionalmente patrocinada, que pase página sobre el Estado asadista y los aparatos criminales a su disposición. Esto sería coherente con los deseos de la abrumadora mayoría de sirios contra el Daesh y sus asociados y se ganaría el favor del mundo entero.

Es posible que la conferencia pueda tener como consecuencia el establecimiento de una institución gubernamental superior que encarne la igualdad constituyente de los grupos comunitarios sirios, incluidos los kurdos, e impida el gobierno dinástico o autocrático. No estamos comprometidos con la idea de un Estado centralizado, basado en la homogeneidad, ni con el sistema consensual de cuotas. Con lo que estamos comprometidos es con proporcionar la máxima justicia al mayor número posible de sirios. Si nada de esto se consigue, es probable entonces que estallen pronto guerras, conflictos y actos de venganza, una y otra vez, con gravedad creciente.

Pregunta: ¿Por qué los Estados importantes y las Naciones Unidas tienen que apoyar una transformación siria en esta dirección?

Respuesta: Precisamente porque es lo más democrático, justo y sostenible.

Pregunta: Pero, ¿a los Estados les interesan las soluciones justas que tienen en cuenta los intereses de las poblaciones locales?

Respuesta: Bien, todo lo que se ha mencionado aquí responde a un intento sirio de expresar una solución para Siria que pueda ser justa. Si lo que se busca no es una solución justa, entonces a los sirios que luchan por la justicia no puede responsabilizárseles de nada.

Pero el “mundo” es también parte del problema sirio, ¿no es verdad?

En beneficio del lector anónimo, debe afirmarse claramente que el problema de Siria en estos momentos no es sólo el régimen, el Daesh, el Frente Nusra y la organización nacionalista kurda del PYD. Hay una inmensa tercera parte, que son las potencias internacionales, a saber, EEUU y Rusia. Sus posiciones a partir de 2013 han registrado un notable acercamiento que culminó en la coordinación directa política y militar desde septiembre de 2015. Quienes apoyan abiertamente el asadismo, como los rusos, o los que se oponen a su caída, como los estadounidenses, no son los únicos poderes ineludibles necesarios para encontrar una solución en Siria, pero son los poderes que deberían ser responsables de la solución y del puesto que la justicia ocupe en la misma. Estas dos partes no han expresado interés alguno en las cuestiones de justicia, democracia y sostenibilidad.

Los estadounidenses y los rusos controlan el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas y los medios de comunicación más poderosos, estableciendo también las agendas de los foros internacionales en los que participan, algo de lo que Barack Obama se jactó hace pocos meses.

Por tanto, si tenemos en cuenta esta dimensión internacional como componente fundamental del problema, es necesario interrogar directamente a las potencias internacionales intervinientes, que son inmensamente más poderosas que el Estado asadista o sus aliados, y desde luego mucho más poderosas que cualquier grupo de resistencia sirio, o el Daesh o el “PYD”.

Y sin embargo, desde una perspectiva siria, la solución por la que estas potencias están presionando parece ir, por un lado, desde reclamar las tierras que están fuera del control de Asad para restaurar en definitiva la “Siria de Asad” a, por otro, rendirse ante la abismal situación actual, caracterizada por la guerra perpetua y una división de facto del país. La segunda opción, que parece ser la preferida hoy por los estadounidenses, significa sacrificar Siria para que el régimen asadista sobreviva y ni siquiera asegurar la destrucción del Daesh.

En cualquier caso, aquí estamos, en el mundo del poder absoluto, que impone su lógica hasta que llegue el momento en que de nuevo nos preguntemos: ¿Cuál es la próxima explosión?

Entonces, ¿de dónde puede venir la solución?

No hay solución para Siria, querido lector desconocido, porque los poderes que controlan el mundo son parte del problema, cuando no el problema mismo. Esos poderes no son justos. El mundo entero, no sólo Siria, se deteriora gravemente como consecuencia de sus políticas. Esta realidad no deja espacio para una propuesta con soluciones racionales y justas, y además contribuye a la explosión total en Siria y a las tensiones alrededor de Siria.

Hemos llegado a un punto muerto: Quienes se preocupan por la justicia carecen de poder y quienes tienen poder no se preocupan por la justicia.

De todas formas, sentimos que es necesario ser claros. Damos testimonio, ante nosotros mismos y ante nuestra época y, a través suyo, lector anónimo nuestro, nos dirigimos también a otros lectores objetivos que pudieran no estar de acuerdo con todos los elementos de esta propuesta. Puede que consideren la necesidad de que nos centremos en algunos de sus elementos o de añadir otras consideraciones. Sin embargo, están motivados, al igual que nosotros, por la búsqueda de la justicia, la mayor cantidad de justicia para el mayor número de personas.

Al fin y al cabo, el objetivo del autor es que los problemas puedan verse con claridad, al igual que las responsabilidades. Los rostros de la injusticia están claros, al igual que los horizontes de la justicia. Necesitamos poner mucha atención y trabajar duro en los matices, en ideas prácticas innovadoras y, antes de eso, necesitamos la participación del mayor número posible de personas en la reflexión y en la puesta en marcha. De lo que estamos hablando no es sólo de una solución a una crisis política en Siria; hay que restablecer también la estructura estatal, las relaciones dentro de la sociedad y la concepción de la identidad, con un espíritu de moderación, pragmatismo e imparcialidad.

Lo que no necesitamos es la desaparición de otra generación y que sobrevengan más catástrofes colosales, sólo para que alguien diga: “Yo no sabía…” Todo el mundo sabe. Aunque quienes se dirigen de cabeza hacia el abismo con los ojos bien abiertos no sean tan pocos.

[Este artículo fue traducido del árabe al inglés por Yasser EzZayyat.]

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/syrian-re...

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

Categorías: antimilitar

¿Cómo conocer lo que pasa realmente en Siria?

30 October, 2016 - 23:20

Reproducimos hoy en insumissia un artículo que, pese a provenir de una página muy definida ideológicamente, sin embargo, apunta a «informar de como informarse» de una manera que entendemos muy válida para todo el mundo que quiera acercarse a la situación siria sin la interesada intermediación de los grandes medios de comunicación empresariales occidentales o del neoliberalismo de estado ruso. Simplemente se trataría, en la mayoría de los casos, de escuchar directamente a la propia gente siria.

Más enlaces informativos en un artículo de un autor especializado en la «guerra de narrativas» sobre Siria:

Alepo es nuestra Guernica (y son demasiados los que aplauden a la Luftwaffe)

Artículo relacionado:

De la revolución a la guerra global: daeshización y multi-colonialismo



¿Cómo conocer lo que pasa realmente en Siria?

Los acontecimientos en Siria han sido los que más controversias han levantado en los últimos años. ¿Hubo una revolución? ¿Es el régimen de Assad anti-imperialista? ¿De dónde surgió el Estado Islámico? Es paradójico que en la era de las telecomunicaciones parezca que la confusión y la intoxicación alcance a su vez sus mayores cotas.

Por Juan P.

Con este artículo intentamos arrojar algo de luz y dar algunos recursos para que cada persona pueda buscar la información de lo que ocurre en Siria de la manera más directa posible.

En primer lugar, nuestro principal consejo es: conoce a los refugiados. Ninguna comunicación cibernética puede sustituir el contacto humano con las personas que han tenido que huir de de su país. Hay millones de refugiados sirios por el mundo. En general están encantados de contar lo que ha sucedido en su país. Involúcrate en los movimientos de apoyo a los refugiados de tu ciudad, y aprovecha para escuchar lo que tienen que decir.

En segundo lugar, los sirios, como la mayor parte del mundo hoy en día, vuelcan lo que les pasa en redes sociales. En Facebook, youtube… Este canal de youtube por ejemplo traduce cotidianamente a distintos idiomas vídeos grabados en Siria para que sean comprensibles en todo el mundo En facebook puedes seguir la cuenta “Revolución Siria 2011. España” que actualiza constantemente con los nuevos acontecimientos allí.

También existen diversas iniciativas de información directamente desde dentro de Siria. Un buen ejemplo es el periodista “Hadi Abdullah” que siempre está en primera línea de noticia, muchas veces escribiendo en inglés.

Numerosos periodistas españoles también han estado dentro y han reflejado sus experiencias en numerosos artículos o libros. Un ejemplo es el libro “Siria, el país de las almas rotas”, de Javier Espinosa (quien estuvo secuestrado por el Estado Islámico) y Mónica Prieto. Otro libro recomendable es “Siria, la primavera marchita”, coordinado por Antonio Pampliega (también estuvo secuestrado, esta vez por Al Nusra) Un último libro sería “Cuando la Revolución termine”, de la hispano-siria Leila Nachawati una novela de ficción ambientada en la realidad siria.

Hay varios blogs interesantes mantenidos por otros hispano-sirios o por gente que ha vivido allí y mantiene un vínculo estrecho con Siria y los sirios. Un par de ejemplos pueden ser “El cofre damasquino” o “Traducciones de la Revolución Siria”.

Tampoco podemos olvidar a los movimientos ciudadanos que se dan en Siria. Podemos mencionar a los “cascos blancos” de Aleppo, que buscan supervivientes en los escombros de los bombardeos, a “The syrian campaing” , a los revolucionarios de Kafranbel, famosos por sus pancartas semanales o desde una óptica más política, el recomendadísimo blog “Syria Freedom Forever”.

Por último, no podemos dejar de recomendar repasar la sección sobre “Siria” en nuestra página web.

Los acontecimientos en Siria son a la vez los mejor documentados y peor conocidos. Esto no es casualidad. La Revolución que estalló en 2011, que aunque martirizada aún sobrevive, era inconveniente. Obviamente inconveniente para la dictadura de Assad, pero también para las grandes potencias que veían peligrar la estabilidad regional que tan funcional había sido para sus intereses, inconveniente para los yihadistas enemigos de cualquier tipo de libertad… todos estos actores se unieron, de una manera u otra, para deformar y acabar con la revolución. Y la primera tarea para ello era ocultar la verdad sobre lo que ocurría en Siria.

Categorías: antimilitar

¿Cómo conocer lo que pasa realmente en Siria?

30 October, 2016 - 23:20

Reproducimos hoy en insumissia un artículo que, pese a provenir de una página muy definida ideológicamente, sin embargo, apunta a «informar de como informarse» de una manera que entendemos muy válida para todo el mundo que quiera acercarse a la situación siria sin la interesada intermediación de los grandes medios de comunicación empresariales occidentales o del neoliberalismo de estado ruso. Simplemente se trataría, en la mayoría de los casos, de escuchar directamente a la propia gente siria.

Más enlaces informativos en un artículo de un autor especializado en la «guerra de narrativas» sobre Siria:

Alepo es nuestra Guernica (y son demasiados los que aplauden a la Luftwaffe)

Artículo relacionado:

De la revolución a la guerra global: daeshización y multi-colonialismo



¿Cómo conocer lo que pasa realmente en Siria?

Los acontecimientos en Siria han sido los que más controversias han levantado en los últimos años. ¿Hubo una revolución? ¿Es el régimen de Assad anti-imperialista? ¿De dónde surgió el Estado Islámico? Es paradójico que en la era de las telecomunicaciones parezca que la confusión y la intoxicación alcance a su vez sus mayores cotas.

Por Juan P.

Con este artículo intentamos arrojar algo de luz y dar algunos recursos para que cada persona pueda buscar la información de lo que ocurre en Siria de la manera más directa posible.

En primer lugar, nuestro principal consejo es: conoce a los refugiados. Ninguna comunicación cibernética puede sustituir el contacto humano con las personas que han tenido que huir de de su país. Hay millones de refugiados sirios por el mundo. En general están encantados de contar lo que ha sucedido en su país. Involúcrate en los movimientos de apoyo a los refugiados de tu ciudad, y aprovecha para escuchar lo que tienen que decir.

En segundo lugar, los sirios, como la mayor parte del mundo hoy en día, vuelcan lo que les pasa en redes sociales. En Facebook, youtube… Este canal de youtube por ejemplo traduce cotidianamente a distintos idiomas vídeos grabados en Siria para que sean comprensibles en todo el mundo En facebook puedes seguir la cuenta “Revolución Siria 2011. España” que actualiza constantemente con los nuevos acontecimientos allí.

También existen diversas iniciativas de información directamente desde dentro de Siria. Un buen ejemplo es el periodista “Hadi Abdullah” que siempre está en primera línea de noticia, muchas veces escribiendo en inglés.

Numerosos periodistas españoles también han estado dentro y han reflejado sus experiencias en numerosos artículos o libros. Un ejemplo es el libro “Siria, el país de las almas rotas”, de Javier Espinosa (quien estuvo secuestrado por el Estado Islámico) y Mónica Prieto. Otro libro recomendable es “Siria, la primavera marchita”, coordinado por Antonio Pampliega (también estuvo secuestrado, esta vez por Al Nusra) Un último libro sería “Cuando la Revolución termine”, de la hispano-siria Leila Nachawati una novela de ficción ambientada en la realidad siria.

Hay varios blogs interesantes mantenidos por otros hispano-sirios o por gente que ha vivido allí y mantiene un vínculo estrecho con Siria y los sirios. Un par de ejemplos pueden ser “El cofre damasquino” o “Traducciones de la Revolución Siria”.

Tampoco podemos olvidar a los movimientos ciudadanos que se dan en Siria. Podemos mencionar a los “cascos blancos” de Aleppo, que buscan supervivientes en los escombros de los bombardeos, a “The syrian campaing” , a los revolucionarios de Kafranbel, famosos por sus pancartas semanales o desde una óptica más política, el recomendadísimo blog “Syria Freedom Forever”.

Por último, no podemos dejar de recomendar repasar la sección sobre “Siria” en nuestra página web.

Los acontecimientos en Siria son a la vez los mejor documentados y peor conocidos. Esto no es casualidad. La Revolución que estalló en 2011, que aunque martirizada aún sobrevive, era inconveniente. Obviamente inconveniente para la dictadura de Assad, pero también para las grandes potencias que veían peligrar la estabilidad regional que tan funcional había sido para sus intereses, inconveniente para los yihadistas enemigos de cualquier tipo de libertad… todos estos actores se unieron, de una manera u otra, para deformar y acabar con la revolución. Y la primera tarea para ello era ocultar la verdad sobre lo que ocurría en Siria.

Categorías: antimilitar

Los movimientos de la sociedad civil hacen un llamamiento a la acción inmediata para detener la guerra siria

24 October, 2016 - 10:14

Fuente: International Peace Bureau (IPB)

«19 de octubre de 2016. La masacre en masa y crímenes de guerra de los que hoy somos testigxs en Siria merecen el más alto nivel de compromiso de la ciudadanía: exigen un compromiso a nivel mundial para lograr un alto el fuego y la apertura de un proceso para llegar a una solución política. El asunto no puede ser más urgente.»

Como consecuencia de las discusiones en su congreso de Berlín (principios de octubre), IPB* propone los siguientes 6 elementos de un plan de paz.

«No es una estrategia exhaustiva, pero ofrece una orientación para la acción internacional de la sociedad civil en las próximas semanas y meses, especialmente para quienes estamos en países occidentales...»

Para la declaración completa, echa un vistazo aquí.

Si prefieres la traducción original de IPB al español, la puedes consultar aquí.

*La Oficina Internacional por la Paz o IPB (en inglés: Permanent International Peace Bureau y en francés: Bureau International Permanent de la Paix) es la organización internacional más antigua dedicada a buscar soluciones a los conflictos mediante la paz. En 1910 fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

El Congreso Mundial «Disarm! For a Climate of Peace» (¡Desarme!, Hacia la construcción de un Clima de Paz), organizado por el International Peace Bureau se celebró del 30 de septiembre al 3 de octubre de 2016 en la Universidad Técnica de Berlín, y tenía como objetivo principal trasladar la problemática del gasto militar en un debate público más amplio sobre el futuro de la humanidad y del planeta. A través de los diferentes talleres y conferencias, el Congreso buscaba también fortalecer la comunidad global del activismo y la colaboración para trabajar por un mundo sin guerra.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES HACEN UN LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN INMEDIATA PARA DETENER LA GUERRA SIRIA

19 de octubre de 2016. La masacre en masa y crímenes de guerra de los que hoy somos testigos en Siria merecen el más alto nivel de compromiso de los ciudadanos: exigen un compromiso mundial para lograr un alto el fuego y la apertura de un proceso para llegar a una solución política. El asunto no puede ser más urgente.

Como consecuencia de las discusiones en el congreso de Berlín (principios de octubre), el IPB propone los siguientes 6 elementos para un plan de paz. No es una estrategia exhaustiva, pero ofrece una orientación para la acción internacional de la sociedad civil en las próximas semanas y meses, especialmente en los países occidentales.

1. No hacer daño (Do no harm). Hay límites que cualquier gobierno - incluyendo los EE.UU., el más poderoso - es realmente capaz de plantear. Pero cuando las acciones emprendidas por ellos sobre el terreno empeoran la situación, la respuesta a esas acciones debe basarse en el juramento hipocrático: en primer lugar, no hacer daño.

Esto significa detener los ataques aéreos en cualquier lugar, detener la destrucción de las personas y ciudades. Atacar hospitales y escuelas es un crimen de guerra.

En este momento, en Alepo los principales culpables parecen ser el régimen de Assad y Rusia. Sin embargo los EE.UU. y algunos de sus aliados también tienen un largo historial de ataques aéreos sobre la población civil - en su caso, en otras partes de Siria y en países que van desde Afganistán a Libia o Yemen.

Cada bomba es un exceso, especialmente porque, de hecho, tienden a fortalecer a las organizaciones extremistas. Por otra parte, no es sólo por los los ataques aéreos.

Cualquier tipo de apoyo a las partes contendientes desde el exterior, también debe cesar (en la traducción remitida por IPB: «Los espacios de lucha, la formación, y los suministros de las fuerzas militares externas también deben cesar»).

2. Hacer realidad la desmilitarización sobre el terreno (“no boots on the ground”). Hacemos un llamamiento para la retirada de todas las tropas, incluyendo fuerzas especiales, así como de los aviones extranjeros y drones del espacio aéreo sirio. Sin embargo, no apoyamos la creación de una zona de exclusión aérea, lo que requeriría patrullas aéreas de los miembros del Consejo de Seguridad, lo que, a su vez, significa un riesgo de conflicto directo entre los EE.UU. y Rusia. Esto es especialmente peligroso cuando las tensiones entre ellos están aumentando, y también podría intensificar aún más la lucha sobre el terreno. La presencia de tropas de Estados Unidos ofrece exactamente lo que ISIS y otras organizaciones extremistas quieren: tropas extranjeras en su territorio, suministrando potenciales reclutas ante la renovada evidencia de la intromisión occidental en los países musulmanes, así como proporcionando miles de nuevos objetivos. Esto es idéntico al objetivo de Al Qaeda, de hace 15 años, que consistía en provocar a los EE.UU. para enviar tropas a su territorio con el fin de luchar contra ellos allí.

Esto no quiere decir que nuestro objetivo sea dejar el territorio libre a las fuerzas del Gobierno. La intención de retirar las fuerzas extranjeras es apaciguar el conflicto y abrir rápidamente las conversaciones sobre un acuerdo político. Si bien esto, por supuesto, contiene un elemento de riesgo para la población civil, también lo hacen las políticas actuales que permiten la masacre en masa para poder continuar.

3. Detener el envío de armas. El IPB cree que se deben tomar medidas en la dirección de un embargo de armas completo y absoluto. Los sirios «moderados» abastecidos por Estados Unidos a menudo son captados (o sus combatientes desertan) por ISIS, por la franquicia siria de Al-Qaeda, o por otras milicias no tan moderadas. La acción armada tanto de los extremistas o de los gobiernos o milicias «moderados», supuestamente apoyados por Estados Unidos, trae como resultado más y más violencia contra la población civil. Los gobiernos occidentales deben poner fin a su práctica de ignorar las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional cometidos con sus armas y por sus aliados. Sólo entonces podrán tener la credibilidad para instar a Irán y Rusia para poner fin al suministro de armamento al régimen sirio. Los EE.UU. podrían, si quisieran, poner fin de inmediato a los envíos de armas de Arabia, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y otros, dirigidos a Siria mediante la aplicación de restricciones de usuario final, con la consecuencia de perder todo acceso futuro a las armas norteamericanas. Si bien es cierto que una votación del Consejo de Seguridad para prohibir la venta de armas es casi seguro que sería vetada por uno u otro lado, se ha abierto una importante vía con la entrada en vigor del Tratado de Comercio de Armas. Además, las prohibiciones unilaterales de armas pueden y deben ser puestas en funcionamiento inmediatamente.

4. Construir relaciones diplomáticas, no militares. Es el momento de que la diplomacia pase al centro del escenario, no sólo como una actividad complementaria a las acciones militares. La diplomacia de los superpoderes que vemos constantemente en nuestras pantallas de televisión debe ir acompañada de la diplomacia siria. Ello significa que todas las partes involucradas deben sentarse en la mesa: el régimen sirio; la sociedad civil dentro de Siria incluyendo a activistas no violentos, mujeres, jóvenes, desplazados internos y refugiados obligados a huir de Siria (Siria, Irak y Palestina); los kurdos sirios, cristianos, drusos y otras minorías, así como sunitas, chiitas y alauitas; los rebeldes armados; la oposición externa y los actores regionales y mundiales - Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía, Jordania, Líbano y más allá. Una tarea difícil quizá; pero en el largo plazo la inclusión será más eficaz que la exclusión.

Mientras tanto, Kerry y Lavrov, harían bien en poner sobre la mesa planes inmediatos para retirar sus propias fuerzas militares. Las tensiones entre los dos gigantes con armas nucleares ya son demasiado fuertes. Siria podría convertirse - sólo posiblemente, - en un proyecto que podría enseñarse como una lección de paz.

No hay una solución militar. Rusia, al igual que otros actores, tiene claros intereses geoestratégicos. Y apunta a la doble moral de los políticos occidentales y los medios de comunicación que los apoyan, que son evidentes cuando nos fijamos en sus acciones (directas o indirectas) en el fomento de las hostilidades en toda la región. Sin embargo, Rusia también tiene las manos manchadas de sangre civil y no puede ser considerado como un promotor de la paz desinteresado. Esta es la razón por la que un grupo más amplio de estados debe reunirse.

La búsqueda de soluciones diplomáticas más amplias en Naciones Unidas que alcancen tanto a ISIS como la guerra civil en Siria significa, en el corto plazo, un mayor apoyo a los esfuerzos para negociar el alto al fuego local, para permitir la ayuda humanitaria y la evacuación de civiles en zonas sitiadas. Lo que no se necesita es otra Coalición de (Buena) Voluntad; en vez de eso deberíamos dar comienzo a una Coalición de Reconstrucción.

5. Aumentar la presión económica sobre ISIS - y todos los demás grupos armados. El Estado Islámico es un caso especial y representa una amenaza especialmente letal. En efecto, debe desaparecer; pero es poco probable que los brutales ataques, tal como vemos ahora en el asalto a Mosul, proporcionen una solución satisfactoria a largo plazo. De este modo no se llegará a las raíces del problema, por eso compartimos los temores de los funcionarios de la ONU de que podría provocar un enorme desastre humanitario. Occidente tiene que trabajar más duro para reducir los flujos de financiación a ISIS, en particular mediante la prohibición a las compañías petroleras, y especialmente a los intermediarios turcos, de comerciar con el “petróleo de la sangre”. Bombardear los convoyes de camiones de petróleo tiene graves impactos ambientales, así como humanos; sería más eficaz imposibilitar la venta del petróleo de ISIS. Por otra parte, Washington debe acabar con el apoyo de sus aliados a de las facciones armadas, incluidos Al Qaeda e ISIS. La mayoría de los analistas coinciden en que una parte importante de los fondos de ISIS y otros grupos armados provienen de Arabia Saudita; tanto si se trata de fuentes oficiales o no oficiales, el reino ciertamente tiene suficiente control sobre su población para poner fin a esta práctica.

6. Aumentar la ayuda humanitaria para los refugiados y ampliar los compromisos de reasentamiento. Las potencias occidentales deben aumentar de manera considerable sus contribuciones humanitarias a los organismos de las Naciones Unidas para los millones de refugiados y desplazados tanto internos como los que huyen de Siria e Irak. El dinero se necesita desesperadamente tanto dentro de Siria como en los países vecinos. Los EE.UU. y la UE han prometido fondos significativos, pero en su mayoría no han sido puestos a disposición de las agencias, ni entregados en su destino. Pero la crisis no es solamente financiera. IPB sostiene que los países occidentales deben abrir sus puertas de par en par para los refugiados. Es inaceptable que Alemania acoja 800.000 refugiados, mientras que otros países, incluyendo aquellos que promovieron la guerra de Irak en primer lugar, acepten sólo a unos pocos miles, y algunos que, como Hungría, niegan totalmente el concepto intereuropeo de solidaridad y de reparto de responsabilidades. La acción que proponemos no es simplemente aquella propia de una respuesta de solidaridad humana. Es nuestra obligación como firmantes de la Convención de Refugiados. Si bien reconocemos la dificultad política de esta posición, dado el actual estado de la opinión pública, las respuestas de los países occidentales ricos están siendo son simplemente inadecuadas. Las medidas específicas que se pueden tomar, por ejemplo, son corredores humanitarios con transporte organizado para que las personas que huyen de la guerra no tengan que arriesgar sus vidas de nuevo en el Mediterráneo. El invierno se acerca rápidamente y veremos muchas más muertes trágicas salvo que se adopte una nueva política con celeridad.

CONCLUSIÓN: Siria es difícil. Todo el mundo sabe que la solución política es extremadamente difícil y llevará mucho tiempo conseguirla. Sin embargo, es precisamente cuando la situación es más grave cuando las negociaciones deben proseguir. El hecho de que algunos de los interlocutores hayan cometido actos inaceptables no es razón para abandonar las conversaciones.

Hacemos un llamamiento para un alto al fuego local y regional, altos el fuego humanitarios y cualquier otro medio que permita a los servicios de rescate llegar a la población civil. Mientras tanto instamos a un cambio inmediato en políticas clave, como la puesta en marcha de un embargo de armas absoluto, y la eliminación de las fuerzas extranjeras de la zona de batalla. También hacemos un llamamiento a una revisión de todas las sanciones contra Siria, algunas de las cuales tienden a penalizar a la población civil.

Por último, instamos a nuestros compañeros de los movimientos sociales en todos los continentes para mantener y reforzar sus movilizaciones. Los políticos y los diplomáticos tienen que saber que la opinión mundial quiere acción y no tolerará ninguna prolongación de esta carnicería atroz. Ganar la guerra, por cualquier bando, no es una opción. Lo que importa es acabar con ella.

Categorías: antimilitar

Los movimientos de la sociedad civil hacen un llamamiento a la acción inmediata para detener la guerra siria

24 October, 2016 - 10:14

Fuente: International Peace Bureau (IPB)

«19 de octubre de 2016. La masacre en masa y crímenes de guerra de los que hoy somos testigxs en Siria merecen el más alto nivel de compromiso de la ciudadanía: exigen un compromiso a nivel mundial para lograr un alto el fuego y la apertura de un proceso para llegar a una solución política. El asunto no puede ser más urgente.»

Como consecuencia de las discusiones en su congreso de Berlín (principios de octubre), IPB* propone los siguientes 6 elementos de un plan de paz.

«No es una estrategia exhaustiva, pero ofrece una orientación para la acción internacional de la sociedad civil en las próximas semanas y meses, especialmente para quienes estamos en países occidentales...»

Para la declaración completa, echa un vistazo aquí.

Si prefieres la traducción original de IPB al español, la puedes consultar aquí.

*La Oficina Internacional por la Paz o IPB (en inglés: Permanent International Peace Bureau y en francés: Bureau International Permanent de la Paix) es la organización internacional más antigua dedicada a buscar soluciones a los conflictos mediante la paz. En 1910 fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

El Congreso Mundial «Disarm! For a Climate of Peace» (¡Desarme!, Hacia la construcción de un Clima de Paz), organizado por el International Peace Bureau se celebró del 30 de septiembre al 3 de octubre de 2016 en la Universidad Técnica de Berlín, y tenía como objetivo principal trasladar la problemática del gasto militar en un debate público más amplio sobre el futuro de la humanidad y del planeta. A través de los diferentes talleres y conferencias, el Congreso buscaba también fortalecer la comunidad global del activismo y la colaboración para trabajar por un mundo sin guerra.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES HACEN UN LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN INMEDIATA PARA DETENER LA GUERRA SIRIA

19 de octubre de 2016. La masacre en masa y crímenes de guerra de los que hoy somos testigos en Siria merecen el más alto nivel de compromiso de los ciudadanos: exigen un compromiso mundial para lograr un alto el fuego y la apertura de un proceso para llegar a una solución política. El asunto no puede ser más urgente.

Como consecuencia de las discusiones en el congreso de Berlín (principios de octubre), el IPB propone los siguientes 6 elementos para un plan de paz. No es una estrategia exhaustiva, pero ofrece una orientación para la acción internacional de la sociedad civil en las próximas semanas y meses, especialmente en los países occidentales.

1. No hacer daño (Do no harm). Hay límites que cualquier gobierno - incluyendo los EE.UU., el más poderoso - es realmente capaz de plantear. Pero cuando las acciones emprendidas por ellos sobre el terreno empeoran la situación, la respuesta a esas acciones debe basarse en el juramento hipocrático: en primer lugar, no hacer daño.

Esto significa detener los ataques aéreos en cualquier lugar, detener la destrucción de las personas y ciudades. Atacar hospitales y escuelas es un crimen de guerra.

En este momento, en Alepo los principales culpables parecen ser el régimen de Assad y Rusia. Sin embargo los EE.UU. y algunos de sus aliados también tienen un largo historial de ataques aéreos sobre la población civil - en su caso, en otras partes de Siria y en países que van desde Afganistán a Libia o Yemen.

Cada bomba es un exceso, especialmente porque, de hecho, tienden a fortalecer a las organizaciones extremistas. Por otra parte, no es sólo por los los ataques aéreos.

Cualquier tipo de apoyo a las partes contendientes desde el exterior, también debe cesar (en la traducción remitida por IPB: «Los espacios de lucha, la formación, y los suministros de las fuerzas militares externas también deben cesar»).

2. Hacer realidad la desmilitarización sobre el terreno (“no boots on the ground”). Hacemos un llamamiento para la retirada de todas las tropas, incluyendo fuerzas especiales, así como de los aviones extranjeros y drones del espacio aéreo sirio. Sin embargo, no apoyamos la creación de una zona de exclusión aérea, lo que requeriría patrullas aéreas de los miembros del Consejo de Seguridad, lo que, a su vez, significa un riesgo de conflicto directo entre los EE.UU. y Rusia. Esto es especialmente peligroso cuando las tensiones entre ellos están aumentando, y también podría intensificar aún más la lucha sobre el terreno. La presencia de tropas de Estados Unidos ofrece exactamente lo que ISIS y otras organizaciones extremistas quieren: tropas extranjeras en su territorio, suministrando potenciales reclutas ante la renovada evidencia de la intromisión occidental en los países musulmanes, así como proporcionando miles de nuevos objetivos. Esto es idéntico al objetivo de Al Qaeda, de hace 15 años, que consistía en provocar a los EE.UU. para enviar tropas a su territorio con el fin de luchar contra ellos allí.

Esto no quiere decir que nuestro objetivo sea dejar el territorio libre a las fuerzas del Gobierno. La intención de retirar las fuerzas extranjeras es apaciguar el conflicto y abrir rápidamente las conversaciones sobre un acuerdo político. Si bien esto, por supuesto, contiene un elemento de riesgo para la población civil, también lo hacen las políticas actuales que permiten la masacre en masa para poder continuar.

3. Detener el envío de armas. El IPB cree que se deben tomar medidas en la dirección de un embargo de armas completo y absoluto. Los sirios «moderados» abastecidos por Estados Unidos a menudo son captados (o sus combatientes desertan) por ISIS, por la franquicia siria de Al-Qaeda, o por otras milicias no tan moderadas. La acción armada tanto de los extremistas o de los gobiernos o milicias «moderados», supuestamente apoyados por Estados Unidos, trae como resultado más y más violencia contra la población civil. Los gobiernos occidentales deben poner fin a su práctica de ignorar las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional cometidos con sus armas y por sus aliados. Sólo entonces podrán tener la credibilidad para instar a Irán y Rusia para poner fin al suministro de armamento al régimen sirio. Los EE.UU. podrían, si quisieran, poner fin de inmediato a los envíos de armas de Arabia, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y otros, dirigidos a Siria mediante la aplicación de restricciones de usuario final, con la consecuencia de perder todo acceso futuro a las armas norteamericanas. Si bien es cierto que una votación del Consejo de Seguridad para prohibir la venta de armas es casi seguro que sería vetada por uno u otro lado, se ha abierto una importante vía con la entrada en vigor del Tratado de Comercio de Armas. Además, las prohibiciones unilaterales de armas pueden y deben ser puestas en funcionamiento inmediatamente.

4. Construir relaciones diplomáticas, no militares. Es el momento de que la diplomacia pase al centro del escenario, no sólo como una actividad complementaria a las acciones militares. La diplomacia de los superpoderes que vemos constantemente en nuestras pantallas de televisión debe ir acompañada de la diplomacia siria. Ello significa que todas las partes involucradas deben sentarse en la mesa: el régimen sirio; la sociedad civil dentro de Siria incluyendo a activistas no violentos, mujeres, jóvenes, desplazados internos y refugiados obligados a huir de Siria (Siria, Irak y Palestina); los kurdos sirios, cristianos, drusos y otras minorías, así como sunitas, chiitas y alauitas; los rebeldes armados; la oposición externa y los actores regionales y mundiales - Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía, Jordania, Líbano y más allá. Una tarea difícil quizá; pero en el largo plazo la inclusión será más eficaz que la exclusión.

Mientras tanto, Kerry y Lavrov, harían bien en poner sobre la mesa planes inmediatos para retirar sus propias fuerzas militares. Las tensiones entre los dos gigantes con armas nucleares ya son demasiado fuertes. Siria podría convertirse - sólo posiblemente, - en un proyecto que podría enseñarse como una lección de paz.

No hay una solución militar. Rusia, al igual que otros actores, tiene claros intereses geoestratégicos. Y apunta a la doble moral de los políticos occidentales y los medios de comunicación que los apoyan, que son evidentes cuando nos fijamos en sus acciones (directas o indirectas) en el fomento de las hostilidades en toda la región. Sin embargo, Rusia también tiene las manos manchadas de sangre civil y no puede ser considerado como un promotor de la paz desinteresado. Esta es la razón por la que un grupo más amplio de estados debe reunirse.

La búsqueda de soluciones diplomáticas más amplias en Naciones Unidas que alcancen tanto a ISIS como la guerra civil en Siria significa, en el corto plazo, un mayor apoyo a los esfuerzos para negociar el alto al fuego local, para permitir la ayuda humanitaria y la evacuación de civiles en zonas sitiadas. Lo que no se necesita es otra Coalición de (Buena) Voluntad; en vez de eso deberíamos dar comienzo a una Coalición de Reconstrucción.

5. Aumentar la presión económica sobre ISIS - y todos los demás grupos armados. El Estado Islámico es un caso especial y representa una amenaza especialmente letal. En efecto, debe desaparecer; pero es poco probable que los brutales ataques, tal como vemos ahora en el asalto a Mosul, proporcionen una solución satisfactoria a largo plazo. De este modo no se llegará a las raíces del problema, por eso compartimos los temores de los funcionarios de la ONU de que podría provocar un enorme desastre humanitario. Occidente tiene que trabajar más duro para reducir los flujos de financiación a ISIS, en particular mediante la prohibición a las compañías petroleras, y especialmente a los intermediarios turcos, de comerciar con el “petróleo de la sangre”. Bombardear los convoyes de camiones de petróleo tiene graves impactos ambientales, así como humanos; sería más eficaz imposibilitar la venta del petróleo de ISIS. Por otra parte, Washington debe acabar con el apoyo de sus aliados a de las facciones armadas, incluidos Al Qaeda e ISIS. La mayoría de los analistas coinciden en que una parte importante de los fondos de ISIS y otros grupos armados provienen de Arabia Saudita; tanto si se trata de fuentes oficiales o no oficiales, el reino ciertamente tiene suficiente control sobre su población para poner fin a esta práctica.

6. Aumentar la ayuda humanitaria para los refugiados y ampliar los compromisos de reasentamiento. Las potencias occidentales deben aumentar de manera considerable sus contribuciones humanitarias a los organismos de las Naciones Unidas para los millones de refugiados y desplazados tanto internos como los que huyen de Siria e Irak. El dinero se necesita desesperadamente tanto dentro de Siria como en los países vecinos. Los EE.UU. y la UE han prometido fondos significativos, pero en su mayoría no han sido puestos a disposición de las agencias, ni entregados en su destino. Pero la crisis no es solamente financiera. IPB sostiene que los países occidentales deben abrir sus puertas de par en par para los refugiados. Es inaceptable que Alemania acoja 800.000 refugiados, mientras que otros países, incluyendo aquellos que promovieron la guerra de Irak en primer lugar, acepten sólo a unos pocos miles, y algunos que, como Hungría, niegan totalmente el concepto intereuropeo de solidaridad y de reparto de responsabilidades. La acción que proponemos no es simplemente aquella propia de una respuesta de solidaridad humana. Es nuestra obligación como firmantes de la Convención de Refugiados. Si bien reconocemos la dificultad política de esta posición, dado el actual estado de la opinión pública, las respuestas de los países occidentales ricos están siendo son simplemente inadecuadas. Las medidas específicas que se pueden tomar, por ejemplo, son corredores humanitarios con transporte organizado para que las personas que huyen de la guerra no tengan que arriesgar sus vidas de nuevo en el Mediterráneo. El invierno se acerca rápidamente y veremos muchas más muertes trágicas salvo que se adopte una nueva política con celeridad.

CONCLUSIÓN: Siria es difícil. Todo el mundo sabe que la solución política es extremadamente difícil y llevará mucho tiempo conseguirla. Sin embargo, es precisamente cuando la situación es más grave cuando las negociaciones deben proseguir. El hecho de que algunos de los interlocutores hayan cometido actos inaceptables no es razón para abandonar las conversaciones.

Hacemos un llamamiento para un alto al fuego local y regional, altos el fuego humanitarios y cualquier otro medio que permita a los servicios de rescate llegar a la población civil. Mientras tanto instamos a un cambio inmediato en políticas clave, como la puesta en marcha de un embargo de armas absoluto, y la eliminación de las fuerzas extranjeras de la zona de batalla. También hacemos un llamamiento a una revisión de todas las sanciones contra Siria, algunas de las cuales tienden a penalizar a la población civil.

Por último, instamos a nuestros compañeros de los movimientos sociales en todos los continentes para mantener y reforzar sus movilizaciones. Los políticos y los diplomáticos tienen que saber que la opinión mundial quiere acción y no tolerará ninguna prolongación de esta carnicería atroz. Ganar la guerra, por cualquier bando, no es una opción. Lo que importa es acabar con ella.

Categorías: antimilitar

Sobre los aliados de los que no nos sentimos orgullosos: una respuesta palestina a los inquietantes discursos sobre Siria

24 October, 2016 - 02:24

Declaración de activistas palestinos en apoyo a la revolución siria

Nosotros, los palestinos abajo firmantes, escribimos para afirmar nuestro compromiso de amplificar las voces sirias, puesto que sufren la masacre y el desplazamiento de la mano del régimen de Bashar Al-Assad. Nos motiva nuestra profunda convicción de que la opresión, en todas sus manifestaciones, debe ser la principal preocupación de cualquier persona comprometida con nuestra liberación colectiva. Nuestra visión de la liberación incluye la emancipación de todos los pueblos oprimidos, independientemente de si sus luchas se ajustan o no correctamente a marcos geopolíticos obsoletos.

Estamos preocupados por algunos de los debates que han surgido de los círculos progresistas en lo que respecta a la actual crisis en Siria. En particular, estamos avergonzados por la forma en que algunos individuos conocidos por su trabajo sobre Palestina no han podido dar cuenta de alguna forma del contexto crucial en su análisis de Siria.

La revolución siria era de hecho una respuesta natural a 40 años de un gobierno autoritario. El régimen de Assad, con el apoyo de sus patrocinadores financieros y militares extranjeros, está tratando de preservar su poder a expensas de los millones de sirios que el régimen ha exiliado, encarcelado y masacrado. Creemos que minimizar este contexto en cualquier discusión sobre Siria desprecia el valor de la autodeterminación siria y socava la legitimidad de su levantamiento.

También creemos que una consecuencia importante de todas las intervenciones extranjeras, incluidas las que supuestamente se han hecho en nombre del levantamiento, ha sido el retroceso de las demandas originales de la revolución. La revolución es una víctima, no un producto, de estas intervenciones. Es imprescindible para cualquier análisis de Siria reconocer esta premisa fundamental. No podemos borrar la capacidad de agencia de los sirios en su lucha por la liberación, no importa cuántos actores estén trabajando activamente en contra de esto.

Aunque mantenemos que el fenómeno de la ayuda exterior exige una crítica profunda, nos preocupa la forma en que la ayuda exterior ha manipulada para sembrar sospechas sobre los esfuerzos humanitarios sirios. La ayuda externa no es aplicable sólo a Siria; es frecuente en Palestina también. Rechazamos la idea de que sólo porque una organización está recibiendo ayuda externa, se debe concluir que esa organización está participando en una oscura conspiración apoyada por Occidente. Tal disparate tiene el efecto de por un lado socavar los esfuerzos humanitarios, y a la vez encubrir esos mismos crímenes contra la humanidad que hicieron necesaria la ayuda en un primer lugar.

Además, nos oponemos a la adopción del lenguaje de la «guerra contra el terrorismo». Los enemigos de la liberación han utilizado históricamente esta retórica para apuntar contra trabajadores humanitarios, organizadores y miembros de la comunidad. Desde Muhammad Salah hasta Midwest 23 y los Holy Land Five, nuestra comunidad está muy familiarizada con las consecuencias reales de emplear el esquema de la «guerra contra el terrorismo». Por lo tanto, rechazamos un discurso que perpetúa estas viejas tácticas y fomenta sospechas perjudiciales e injustificadas contra los sirios.

En esta línea, nuestra posición es que cualquier discusión sobre Siria que no tenda en cuenta el papel central de Bashar Al-Assad y su régimen en la destrucción de Siria, contradice directamente los principios de solidaridad, el que respetamos. Hemos reflexionado sobre nuestra propia tendencia a heroificar a los que defienden la lucha palestina, y tememos que algunos miembros de la comunidad pueden haber dado prioridad a la condición de celebridad de estos individuos por encima del respeto y el apoyo que le debemos a los sirios afectados más directamente por la guerra, así como a los que viven en la diáspora, cuyas voces han sido ignoradas mientras veían cómo su tierra era destruida.

Ya no vamos a atender a las personas que no reconocen en sus análisis las preocupaciones inmediatas de sirios sitiados. Cuando hemos contactado con algunos de estos individuos, han demostrado una falta de voluntad para reflexionar sobre el impacto de su análisis. Lamentamos no tener otra opción que dejar de trabajar con estos activistas a los que un día respetamos.

Nos gustaría animar a los que estén guiados por principios similares a hacer lo mismo.

Firmas:

Abdul-Wahab Kayyali
Abdullah M
Abed Abou Shhadeh
Abir Kopty
Adam Akkad
Adnan abd alrahman
Ahmad
Ahmad Al-Sholi
Ahmad Kaki
Ahmad N
Ahmed
Ahmed A
Aiman Abdelmajid
AJ N
Ala K
Ala'a Salem
Ali A. Omar
Ali Mohammad Kabli
Amal A.
Amal Ayesh
Amanda Batarseh
Amanda Michelle
Amanda N
Amani Alkowni
Ameen M
Ameen Q.
Amena Elmashni
Amera AK.
Amir Bey
Amira S
Amjad Hajyassin
Amr Khalifa
Anass
Andrew Kadi
Areej
Aref Nammari
Arwa Alkhawaja
Atef Khalaf
Aya Khalifeh
Aziz F Ammoura
Aziz Jamous
Bashar Subeh
Beesan Ramadan
Bilal Shreidi
Dalal Hillou
Dalia
Dalia
Dana Itayem
Dana M
Dania Barakat
Dania Mukahhal
Danielle Rabie
Dareen Mohamad
Dena E.
Diana J.A.
Diana Naoum
Dina A.
Dina Moumin
Dina Sayedahmed
Diyala Shihadih
Dorgham Abusalim
Dr. Isam Abu Qasmieh
Ebaa Rezeq
Eman Abdelhadi
Eyad Hamid
Eyad Mohamed Alkurabi
Fadi Amireh
Farah Saeed
Faran Kharal
Faris G
Faten Awwad
Fatima El-ghazali
Fouad Halbouni
George Abraham
GMU Students Against Israeli Apartheid
Gorbah Hamed
Grace Ghunaim
Hadeel Hejja
Haitham Omar
Haleemah A
Hana Khalil
Haneen Al-Ghabra
Haneen Amra
Hani Barghouthi
Hani Kharufeh
Hani Khatib
Hanin Shakrah
Hanna Alshaikh
Hareth Yousef
Hasan H.
Hashem Asfour
Hassan Aboud
Hatem Hammad
Hazem Jamjoum
Heba Nimr
Helal Jwayyed
Husam El-Qoulaq
Ibraheem Sumaira
Ibtihal Mahmood
Ida A.
Imran Salha
Iskandar Abbasi
Ism Mustaar
Iyad El-Baghdadi
Izzaddine M.
Jackie Husary
Jane Tannous
Janeen Obeid
Jannine M
Jehad Abusalim
Jenien B
Jennifer Mogannam
Jennine K
Jihad Ashkar
Joey Husseini Ayoub
Jomana Abdallah
Jumana Al-Qawasmi
Kareana Kee
Kareem El-Hosseiny
Kareem Samara
Karmel Sabri
Kefah Elabed
Khalid Hijazi
Kowther Qashou
Laith H
Lama Abu Odeh
Lamees Mekkaoui
Lana Barkawi
Lara Abu Ghannam
Lara Kollab
Layan Jaber
Layanne H.
Laymoor Saadat
Leena Aboutaleb
Leila Abdelrazaq
Lila Suboh
Lina Barkawi
Lina Eid
Linah Alsaafin
Lojain Saadat
Lojayn Ottman
Loubna Qutami
Lubna H
Lubna Morrar
Magda Magdy
Mahmoud Elsheikh
Mahmoud Khalil
Mahmoud Qudaih
Mai Anwar
Maisa Morrar
Majed A. of Jerusalem
Majed Abuzahriyeh
Manal Abokwidir
Manal El Haj
Manal H
Maram Kamal
Mariam Barghouti
Mariam Rimawi
Mariam Saleh
Marwa Fatafta
Maura Yasin
Maxine Anwaar
Mekarem E.
Menat Elattma
Minem Marouf
Mira Shihadeh
Mjriam Abu Samra
Mohamad Batrawi
Mohamad Sabbah
Mohamed hassan
Mohamed Taleb
Mohammad Abou-Ghazala
Mohammad Al-Ashqar
Mohammad Horreya
Mohammed Sulaiman
Mohsin S
Mona Bibi
Mona Naser
Moureen Kaki
Muna Sharif
Muniba Hassan
Musaab Balchi
Nadeen Shaker
Nader Ihmoud
Nadia Z. Ismail
Nadia Ziadat
Nadine D
Nadine H
Naeem
Nawal Musleh
Nayef Al Smadi
Nida Khalil
Nidal Bitari
Nihal Q
Noor Gaith
Noor Qutami
Nora Abushaaban
Nour Azzouz
Nour Hamida
Nour Salman
Nusayba Hammad
Omar Coolaq
Omar Jamal
Omar Masood
Omar Zahzah
Osama Aburumuh
Osama Khawaja
Osama Mor
Raed Khartabel
Raef zreik
Rami Okasha
Ramsey K
Ramzi I
Rana Asad
Randa MKW
Rani Allan
Rania Salem
Rasha A.
Rawan A.
Rawan Eewshah
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Reem S
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Rena Zuabi
Renad Saadat
Riad Alarian
Riya Al-sanah
Ryah A
Sabreen Ettaher
Saeed U
Salim Salamah
Samar Azzaidani
Samar Batrawi
Sameeha Elwan
Sami J.
Sami Mubarak
Sami Shahin
Samia S.
Samir Hazboun
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Sarah Abu.
Sarah Ali
Sarah Aly
Sarah Ghouleh
Sarah Shahin
Sarah Z
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Seham Alyan
Serena Umer Khan
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Shady Zarka
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Shahrazad Odeh
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Shirien D
Sima Dajani
SOAS Palestine Society
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