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Actualizado: hace 39 min 59 seg

Las sombras de la Legión, “lo mejor de la historia de España”

25 September, 2020 - 00:00

Luis Gonzalo Segura

“La Legión representa lo mejor de la historia de España” y sin ella “no se puede entender el mundo libre, nuestra Europa”. Esas fueron las palabras de Margarita Robles, actual ministra de Defensa designada por el PSOE, cuando hace un año presentó los actos del Centenario de la Legión (1920-2020). Un centenario presidido por Felipe VI, no menos orgulloso de la Legión española. Y si la Legión representa lo mejor de la historia de España, parece aconsejable repasar los logros históricos más destacables de esta unidad fundada por el célebre fascista Millán Astray en un período de ascenso de esta ideología, los años veinte del siglo pasado.

Torturas, decapitaciones, armas químicas en la Guerra del Rif

Un par de sucesos atroces los encontramos en la ornamentación con cabezas cortadas de enemigos, algo que disgustó a un nada refinado Miguel Primo de Rivera. Constan –en El País en 2017 o en El Correo en 2011– al menos dos protestas por esta macabra costumbre legionaria: 1) por la revista realizada a un batallón de la Legión que portaba diez cabezas clavadas en bayonetas; y 2) con motivo de la visita de la Duquesa de la Victoria se le entregó, como obsequio, una cesta con dos cabezas cortadas en un centro floral.

La esencia de este comportamiento no puede en ningún caso catalogarse como espontánea, sino que debe entenderse como una costumbre inducida por los mandos militares, entonces fascistas y, posteriormente, franquistas, como Sanjurjo, Millán Astray, Queipo de Llano, Yagüe o el propio Franco. Un episodio sobre la inducción de este comportamiento bárbaro lo encontramos en una anécdota relatada por Arturo Barea en 1926, entonces periodista y después autor de la magnífica –y muy reseñable en este caso– La forja de un rebelde, en la que afirma que Millán Astray peleó cuerpo a cuerpo con un legionario para hacerse respetar.

Pudiera parecer anecdótico reseñar los comienzos africanos de la Legión, pero no es así. Por un lado, el prestigioso hispanista Sebastian Balfour señala en su obra Abrazo mortal –reeditada recientemente, en 2018– cómo los métodos y las estrategias utilizadas en el Rif fueron puestas en práctica tiempo después durante la guerra entre 1936 y 1939. Y, por otro lado, se cifran en unos 80.000 los marroquíes que acudieron al conflicto militar en la Península, donde fueron empleados como carne de cañón en vanguardia y donde, además, exhibieron una crueldad a la altura de los deseos más íntimos de sus mandos militares. Unos mandos que dejaron, además de cabezas de rifeños cortadas, una maldición que todavía hoy envenena el Rif: el bombardeo con armas químicas. Un bombardeo que sitúa hoy al Rif como una región con una tasa de enfermos de cáncer muy por encima del resto de Marruecos –gracias también al napalm arrojado entre 1957 y 1958 por las tropas del general Mizzian, recién reincorporado en el Ejército marroquí tras abandonar el español con consentimiento de Franco. Otro acto que bebe directamente del Ejército español africanista, aunque ya no se protagonizara en su nombre.

Represión en Asturias

Pero antes de la guerra asimétrica acaecida en España, la Legión tuvo un último entrenamiento en 1934: Asturias. Allí, la Legión tuvo un comportamiento brutal, tal y como relata Paul Preston en su obra El Holocausto español: Odio y exterminio en la Guerra Civil y después, en la que se puede encontrar el siguiente fragmento, producto de la conversación entre el general Eduardo López Ochoa y Juan Simeón Vidarte, entonces vicesecretario general del PSOE:

“Una noche, los legionarios se llevaron en una camioneta a veintisiete trabajadores, sacados de la cárcel de Sama. Sólo fusilaron a tres o cuatro porque, como resonaban los tiros en la montaña, pensaron que iban a salir guerrilleros de todos aquellos parajes y ellos correrían peligro. Entonces procedieron más cruelmente, decapitaron o ahorcaron a los presos, y les cortaron los pies, manos, orejas, lenguas, ¡hasta los órganos genitales! A los pocos días, uno de mis oficiales, hombre de toda mi confianza, me comunicó que unos legionarios se paseaban luciendo orejas ensartadas en alambres, a manera de collar, que serían de las víctimas de Carbayín”.

Cabe señalar, además, que en Asturias las ejecuciones organizadas de civiles se convirtieron en un método más del Ejército español y, obviamente, de la Legión. Pablo Gil Vico explica en Verdugos de Asturias que “si en la violencia revolucionaria con resultado de muerte hubo en torno a cuarenta escenarios diferentes, las fuerzas gubernamentales ejecutaron a sus víctimas en 17 lugares, pero en solo dos de ellos –Carbayín y el Cuartel de Pelayo– tuvo lugar casi el 50% de las muertes computadas. No se trata, como en el caso revolucionario, de acciones dispersas y no siempre predecibles, sino de un ejercicio de la violencia concentrado, materializado en oleadas y organizado en –o desde– centros de detención”. Es decir, la violencia del Ejército español y de la Legión española fue en la mayoría de los casos organizada y solo en ocasiones más infrecuentes producto de arrebatos. Aunque episodios impulsivos también acontecieron. Valga como ejemplo el siguiente relato también extraído de Verdugos de Asturias:

“Un oficial ordenó lanzar una bomba dentro. Seis personas, entre ellas tres mujeres y una niña de doce años, cayeron mientras trataban de protegerse; otros seis intentaron salir y fueron ejecutados en la puerta o por la parte de atrás y Casimiro Álvarez, un hombre de sesenta y un años, fue acuchillado en el piso de arriba por un soldado moro que lo persiguió hasta acabar con él”.

En total, según la mencionada obra, dos tercios de las víctimas asturianas fueron fusiladas; más de una quinta parte fue asesinada de forma salvaje, a veces acuchillados; el resto falleció en el combate o debido a los malos tratos.

En definitiva, la represión en Asturias, en la que perecieron unos 2.000 asturianos, demuestra que la brutalidad en la guerra española por parte del bando fascista, y de la Legión, fue organizada y, ante todo, predecible. Y, por tanto, evitable. De hecho, los fascistas españoles, como el resto de totalitarios, lo único que hicieron fue trasladar las prácticas coloniales a Europa. Unas prácticas que incluyeron, en todas sus formas, a la mujer.

Porque la mujer durante la guerra fue violada de forma salvaje por las tropas fascistas y, muy especialmente, por las compuestas por legionarios. De ello tenemos constancia por múltiples referencias, entre las que podemos reseñar la que ofrece el periodista John Whitaker, que relata una violación múltiple de dos muchachas en Navalcarnero en 1936 en un texto en la revista Foreign Affairs en octubre de 1942. Herbert Southworth señala en El mito de la Cruzada de Franco que a las tropas de marroquíes reclutadas por Franco se les incentivaba con la promesa de “mujeres blancas”.

Brutalidad durante la guerra

De las salvajadas acaecidas durante la guerra provocada por la sublevación fascista se podrían, y se pueden, escribir libros, pero hay una matanza que queda, tristemente, por encima de todas: Badajoz. Una masacre en la que fallecieron entre 1.500 y 4.000 personas, según las distintas versiones, incluyendo mujeres, ancianos y niños y que inundó, literalmente, las calles de sangre y, peor aún, de horrorosas mutilaciones. De las mismas mutilaciones que se habían producido en Asturias. Fueron seccionados senos, penes, genitales, narices, orejas...

Prostitutas para la Legión en la Guerra de Ifni

David Torres afirmaba en la presentación de la novela Todos los buenos soldados que “la historia del legionario que pegó fuego a un burdel con las putas y los clientes dentro es verídica”, que no se trata de una leyenda urbana. Además, relataba que la corrupción siempre acompañó al Ejército español, algo obvio por otra parte. Corrupción que ha sido especialmente consentida en la Legión, una unidad que siempre contó con una licencia especial para el consumo de drogas, la desmemoria de los antecedentes penales y los desmanes más inimaginables a cambio de sus servicios.

Quizás, por este motivo, uno de los episodios más singulares que acontecieron durante la Guerra de Ifni consistió en el traslado de prostitutas desde Canarias hasta la colonia española en la costa africana. Todo un reto logístico para el Ejército español con el objetivo de cubrir el asueto de la Legión.

Refugio de nazis durante la dictadura

Joachim Fiebelkorn (Leipzig, 5 de abril de 1947), conocido como el legionario nazi, guarda excelentes relaciones con los legionarios retirados y con altos mandos militares de la Guardia Civil y de las Fuerzas Armadas todavía en servicio o retirados, con los que comparte paellas y cervezas en su finca-castillo en Rojales (Alicante) repleta de simbología nazi y franquista. Estos eventos son exhibidos en redes sociales sin ningún pudor. No es una casualidad que Joachim, compañero de aventuras de Klaus Barbie, conocido como el Carnicero de Lyon, y relacionado con multitud de atentados sangrientos en Europa y América Latina acontecidos durante el siglo pasado y vinculados a la extrema derecha, cuente en su hoja de servicio con el honor de haber jurado bandera en la Legión española en 1966. La unidad se convirtió en refugio de nazis. Joachim juró bandera en la Legión junto a Herbert Kopplin, miembro de las Waffen SS durante la II Guerra Mundial.

Guerra de Irak: torturas y denuncias de crímenes de guerra

4 de abril de 2004, Nayaf (Irak). La guerra a la que España oficialmente no acudió también supo de la Legión. Durante esta contienda se produjo la batalla bélica más importante de España desde la Guerra de Ifni y, claro, la Legión española también estaba allí. Existe el rumor no confirmado de disparos sobre niños iraquíes, ya que estos ayudaban a municionar al Ejército de Mahdi, que atacó la base española en Nayaf. Los españoles confirman que hubo niños y que estuvieron bajo su mira, pero niegan que les dispararan. Imposible saberlo, pero de haberlo hecho resulta improbable que lo confesaran. Como no se confesaron jamás, ni se investigaron, las torturas que durante años fueron denunciadas por iraquíes. No se confesaron, hasta que años después nos estallaron en la cara.

17 de marzo de 2013, Madrid. Un vídeo publicado en El País demuestra que los legionarios torturaron y maltrataron a prisioneros en Irak en 2004 bajo el mando del general Fulgencio Coll y el coronel Alberto Asarta, ambos integrantes en la actualidad del partido ultraderechista Vox. El vídeo, grabado con un móvil, tras casi un minuto de brutales golpes, termina con una expresión lapidaria: “A este se lo han cargado”. Cinco militares fueron procesados y exonerados en 2015, según denunció Amnistía Internacional, de forma irregular. Entre otras cuestiones porque nunca se investigó el acoso salvaje que sufrió el único testigo del caso, cuyo cambio de versión fue esencial para el cierre del asunto.

26 de abril de 2004, Diwaniya (Irak). Retrocedamos en el tiempo y volvamos de nuevo a la guerra de Irak. Tras la batalla de Nayaf se produjo una carnicería en Diwaniya cuando la Legión abatió a once iraquíes. Más allá de la escaramuza bélica, quedan, de nuevo, huellas de las torturas a las que sometieron a los prisioneros y unas fotografías de militares españoles con prisioneros desnudos y abatidos fueron publicadas en Interviú y sirvieron para un documento titulado ‘Los muertos que dejó la Legión'.

De aquella guerra quedan incluso confesiones públicas sin investigar de exmilitares que afirmaron disparar contra civiles en una boda. “Era un boda. Y ya se sabe cómo es una boda allí [Irak], o por lo menos cómo era hace 13 años [en 2003]. Los invitados se pusieron a celebrar disparando al aire sus AK-47 y varias ráfagas fueron a parar a nuestro puesto. Mi compañero y yo nos miramos y abrimos fuego. Y, claro, yo tiré a dar”. Un exmilitar que, por cierto, después de su confesión fue recibido por la propia ministra de Defensa, Margarita Robles, y apareció en varios programas de televisión de Risto Mejide.

Machismo y discriminación

8 de diciembre de 2017, Viator (Almería). “¿Prefieres que te arreste a que tu hija pase frío?”. Esta fue la disyuntiva a la que se tuvo que enfrentar una legionaria que denunció cómo su vida cambió tras ser madre: “Siempre fui buena militar hasta que fui madre”. Era el 8 de diciembre de 2017, fiesta de la Inmaculada Concepción, patrona de la Infantería española, y tanto la madre como el padre fueron obligados a desfilar y les exigieron dejar a su bebé de ocho meses enrollado en una manta con un desconocido en las gradas mientras ambos desfilaban. Se negaron. Hoy, ambos han abandonado las Fuerzas Armadas y sus jefes han quedado impunes a pesar de las represalias que se sucedieron a posteriori y del relevo en el ministerio de Defensa. Nada cambió para ellos con la llegada de Margarita Robles.

Además, en el diario Público, el marido de la legionaria arrestada denunció discriminación al afirmar que de “un total de 400 miembros que integran las dos banderas del Tercio no hay ninguna mujer combatiente, sino que de las 15 que se encuentran en la unidad –cifra muy baja, pues representan menos del 4% cuando la media en el Ejército se sitúa en el 12%– están en la cocina, dándonos de comer en las maniobras, o en la oficina”.

Muerte y ocultación de un crimen

25 de agosto de 2019, Agost (Alicante). El último relato legionario relevante del que tenemos constancia versa sobre la ocultación de un homicidio negligente en unas maniobras. En las mismas, un sargento disparó contra un legionario, Alejandro Jiménez Cruz, algo que se intentó ocultar con una gran mentira de la que, incluso, participó Margarita Robles. No fue una bala perdida de un disparo accidental en otro ejercicio cercano ni el proyectil entró rebotado en la axila: el proyectil entró en el pecho. Si no hubiera sido por un legionario, uno solo, honesto, el caso habría quedado impune, como ocurre en la mayoría de los casos. De hecho, la presión y el acoso al que sometieron al testigo recuerdan mucho al caso del legionario que confesó las torturas en Irak y después se retractó. Hoy hay cinco militares imputados por este caso, pero la historia demuestra que la Justicia militar siempre guarda un as en la manga. Trabajarán para exonerar, no para condenar.

Pero recuerden la frase de Robles con la que comenzamos estas líneas: “La Legión representa lo mejor de la historia de España” y sin ella “no se puede entender el mundo libre, nuestra Europa”.

Fuente: https://ctxt.es/es/20200901/Firmas/...

Categorías: antimilitar

La pandemia empodera a las Fuerzas Armadas en América Latina

15 September, 2020 - 00:00

Federico Rivas Molina

Javier Lafuente

Beatriz Jucá
|
Rocío Montes
Buenos Aires / México / São Paulo / Santiago de Chile

Un general está al frente del Ministerio de Salud en Brasil. Rige el estado de excepción en Ecuador, Perú y Chile. La policía de Buenos Aires se subleva por mejoras salariales. La muerte en manos de la policía de un abogado enciende la ira ciudadana en Bogotá. Un operativo contra una fiesta clandestina termina con 13 muertos en Lima. En México, el Gobierno se apoya en el Ejército para casi todo. Las medidas extraordinarias contra la propagación de la covid-19 han dado un inesperado protagonismo a policías y militares. Frente a la memoria aún fresca de las dictaduras de los setenta y ochenta, las fuerzas de seguridad se presentan ahora como garantes del orden y, sobre todo, eficientes. El papel protagónico de los uniformados, sin embargo, levanta muchas suspicacias por las consecuencias a futuro que pueda tener haberles otorgado tanto poder.

Las necesidades de control social han empoderado a las armas. El fenómeno no es homogéneo en la región, pero sigue como patrón que los uniformados han tomado el control de las calles. “En los países donde las Fuerzas Armadas ya tenían un rol importante, como Brasil, México, Perú, Bolivia y Colombia el coronavirus acentuó ese rol. En el caso de México, por ejemplo, hasta se les cedieron puertos y autopistas”, dice el politólogo argentino y experto en seguridad Fabián Calle. Los uniformados han sumado protagonismo sin ruido, como si la gente considerase el nuevo statu quo una consecuencia natural e inevitable de la pandemia.

El caso más paradigmático de este creciente poder ha sido Brasil. El coqueteo del presidente Jair Bolsonaro con los uniformados les ha dado una visibilidad sin precedentes en democracia. Su vicepresidente, Hamilton Mourão, es un general en retiro y 10 de sus 23 ministros han pasado por los cuarteles. En el gabinete castrense destaca el ministro de Salud, Eduardo Pazuello, un militar experto en logística que poco sabe de política sanitaria. La relación de Bolsonaro con los cuarteles viene de sus años de juventud. Al inicio de su carrera militar (se retiró como capitán), encabezó un motín. Fue así como consiguió el apoyo político de las fuerzas de seguridad y creó una base que lo ayudó a mantenerse en el Congreso durante 30 años.

En las elecciones de 2018, cuando Bolsonaro fue elegido para ocupar el palacio de Planalto, el número de militares y policías electos se cuadruplicó en relación con 2014. El sector más radicalizado, formado principalmente por jóvenes soldados, no deja de crecer. Solo en São Paulo, el número de policías y militares en servicio activo con licencia para disputar elecciones municipales ha aumentado en un 62% en comparación con 2016. Mientras avanza la politización de los cuarteles, expertos alertan sobre los posibles riesgos de que los uniformados se conviertan en un vector de ruptura democrática.

Fabián Calle no cree que estemos ante semejante posibilidad, pero reconoce que las cosas ya no serán como antes de la pandemia. “Hay Estados débiles, burocracias poco eficientes y crecientes problemas. Todos los Gobiernos terminan recurriendo a una de las pocas burocracias ordenadas y con cadena de mando que, además, funciona. Pero no hay ningún salto al poder. Lo que habrá serán más recursos económicos y más influencia, porque esto no será gratis”, advierte.

Otro país donde sin duda han adquirido más preponderancia las Fuerzas Armadas es México, donde los uniformados nunca tuvieron el peso de otros lugares de la región. El presidente, Andrés Manuel López Obrador, pasó de defender en campaña que volviesen a los cuarteles ante el fracaso de la conocida como guerra contra el narcotráfico, a otorgarle el control de diversas instancias de la Administración, como las aduanas y los puertos. Durante la pandemia, las Fuerzas Armadas han sido las encargadas de desarrollar hospitales de campaña y distribuir los suministros necesarios por todo el país. A ello se suma una mayor presencia en las calles, con la Guardia Nacional, el cuerpo creado y con un cambio en la legislación que les permite actuar en asuntos de seguridad pública.

La policía de la provincia de Buenos Aires, en Argentina, ya ha cobrado la cuenta. Durante tres días, policías armados realizaron una huelga sin precedentes que terminó con una subida de salarios. La “bonaerense”, como se la conoce, es una fuerza de 90.000 hombres en activo con un largo historial de excesos y corrupción que ningún Gobierno ha logrado controlar. Desde el regreso a la democracia, en 1983, las distintas administraciones han desfinanciado progresivamente a las Fuerzas Armadas, que pagaron así su pasado dictatorial, y transfirieron recursos a las policías. La de Buenos Aires se levantó ahora con el argumento de que la pandemia había limado sus ingresos (sin fútbol y espectáculos terminaron las horas extras), mientras que su trabajo se había multiplicado por el control de la cuarentena.

El coronavirus no es lo único que ha dado un papel protagónico a las fuerzas de seguridad en el último año. En Bolivia, la presión de la policía fue el detonante para forzar la salida del entonces presidente Evo Morales. En Colombia, el asesinato de un joven tras un disparo de los antidisturbios volvió a poner de manifiesto los excesos policiales. En el país sudamericano las alarmas se volvieron a encender esta semana, tras la muerte bajo custodia policial de un abogado. El desencanto de la población con la policía no hace si no ir en aumento y la necesidad de una reforma se antoja inevitable.

La policía militar chilena también está en la calle, pero por orden del Gobierno. Este viernes, el presidente Sebastián Piñera decidió extender por otros 90 días el estado de excepción en todo el territorio. La medida empezó a regir en Chile tan pronto comenzó la pandemia, por lo que el país estará nueve meses con los militares haciendo cumplir las restricciones de tránsito y reunión. El Ejecutivo justificó la decisión por la covid-19, pero sobrevuela el fantasma del desorden público. El 18 de octubre se cumple un año de las revueltas sociales en Chile y el 25 del mismo mes se celebrará el plebiscito constitucional, con más de 14 millones de personas convocadas a las urnas. Será un referéndum bajo condiciones inéditas, como el toque de queda, que rige entre las 11 de la noche y cinco de la mañana.

“La crisis sanitaria no se resuelve con militares en las calles. Es un exceso y, al mismo tiempo, desvela la incapacidad de las autoridades para establecer normas básicas de seguridad ciudadana”, señala el chileno Gabriel Gaspar, analista político y exsubsecretario de Fuerzas Armadas del segundo Gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018). Para el diplomático, en su país se ha empujado a los militares “a patrullar a los chilenos, cuando las Fuerzas Armadas están diseñadas más bien para defenderlos”. ¿Pueden los militares tentarse con el poder? Fabián Calle opina que es poco probable que alcancen el protagonismo de los años de Pinochet, pero no descarta que “levanten el perfil” si la violencia crece. “No será para tomar el poder”, dice, “pero marcarán el terreno”.

El País

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Militarizando la pandemia: Cómo los estados de todo el mundo eligieron respuestas militarizadas

13 September, 2020 - 00:00

Andrew Metheven
Translated by
Natalia García (ES)

“Dispárenles hasta que estén muertos”

Estas fueron las órdenes del presidente filipino Rodrigo Duterte, sobre la forma en la que los soldados y el gobierno de los países deberían utilizar un enfoque «similar al de la ley marcial» para hacer cumplir el estricto confinamiento impuesto para limitar el impacto de la pandemia de coronavirus. Pronto se produjeron historias de abusos y asesinatos policiales por infracciones del confinamiento por cuarentena, entre ellas el tiroteo de un hombre en estado de embriaguez, jóvenes encerrados en una jaula para perros y presuntos infractores del toque de queda detenidos sin comida ni agua. Más de 1.000 personas en Filipinas han sido detenidas por infringir las condiciones del confinamiento, y Human Rights Watch ha criticado al Gobierno por utilizar tácticas similares a las de su «guerra contra las drogas», en la que la policía ha matado a miles de personas, incluyendo registros casa por casa, alentando a los vecinos a denunciar a otros en su comunidad de los que sospechen que tienen síntomas de Covid-19.

Estos prácticas no se limitan a Filipinas - varios gobiernos han sido criticados por Michelle Bachelete, representante al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos quien dijo que «los poderes de emergencia no deberían ser un arma que los gobiernos puedan esgrimir para reprimir la disidencia, controlar a la población e incluso perpetuar su tiempo en el poder». Comprender la naturaleza militarizada de estos confinamientos y cierres nos ayuda a entender la naturaleza de la policía militarizada y la amenaza que supone para el bienestar y la libertad de nuestras comunidades, y por qué hay que resistirla y desafiarla. Fuera de las zonas de guerra reales, los encuentros con las fuerzas policiales pueden ser la experiencia más directa de la militarización para muchas personas, que están afectando a la vida de un gran número de personas. Antes de que se produjera la pandemia estaba claro que el militarismo se estaba normalizando cada vez más; ahora, teniendo en cuenta las enormes amenazas de la pandemia, los riesgos de una violencia extrema a manos de las fuerzas policiales militarizadas de todo el mundo se vuelven aún más extremos.

Cuando hablamos de «militarización», nos referimos a los estados que utilizan prácticas, sistemas, estrategias y mentalidades similares a las utilizadas por los ejércitos que participan en la guerra. La «mentalidad guerrerista» ha sido un tema impulsado por instructores que imparten talleres para las fuerzas policiales en los Estados Unidos, en los que se describe un enfoque de la labor policial que considera que los miembros de las comunidades son una amenaza que hay que contrarrestar y controlar, dando prioridad a los métodos violentos -incluso letales- para gestionar los conflictos y creando una mentalidad de «nosotros contra ellos». Este enfoque, unido a las armas de uso militar y a menudo a una deficiente rendición de cuentas, es una mezcla tóxica en cualquier situación, y muchos gobiernos de todo el mundo han respondido a la pandemia del coronavirus con bloqueos impuestos por las fuerzas policiales militarizadas.

La militarización va más allá de los actos individuales de violencia; se basa en una compleja e intrincada red de sistemas y estructuras. La violencia militarizada es organizada, deliberada y despersonalizada, impulsada por valores patriarcales y racistas, y la mayoría de las veces se dirige a los sectores más pobres y desfavorecidos de nuestras sociedades.

Más allá de la violenta imposición de toques de queda y cierres, la militarización también se produce cuando los militares gestionan la respuesta de los estados a la pandemia. Entre los ejemplos de países en los que esto está ocurriendo se encuentra Indonesia, donde varios generales retirados ocupan puestos clave en la toma de decisiones, incluyendo el ministro de sanidad y el jefe del grupo de trabajo que coordina la respuesta del gobierno. Por lo tanto, no es de extrañar que el gobierno esté utilizando cientos de miles de efectivos para hacer cumplir las normas sobre el distanciamiento social y el uso de máscaras.

La militarización que vemos que se está llevando a cabo a través de la pandemia no salió de la nada, es un síntoma de mentalidades militarizadas profundamente arraigadas. Podemos verlo en el lenguaje empleado en la respuesta de los estados al virus: «pie de fuerza», «reunir a las tropas». Los valores del militarismo impulsan la retórica en la respuesta, que a su vez apoya las respuestas militarizadas y, en última instancia, permite la violencia y la opresión.

Hay una variedad de formas en que los gobiernos militarizaron su respuesta a la pandemia. Comprenderlas nos ayuda a construir una imagen de cómo opera el militarismo, e identificar las oportunidades para desafiarlo.

El Salvador

Human Rights Watch ha informado de que las fuerzas policiales de El Salvador han «detenido arbitrariamente a cientos de personas en nombre de la aplicación de restricciones» y que el presidente del país, Nayib Bukele, ha utilizado Twitter y los discursos difundidos a nivel nacional para alentar "el uso excesivo de la fuerza y la aplicación tapabocas, aunque esto no era un mandato del gobierno, o por salir a comprar comida o medicinas.

Sudáfrica

En marzo, las fuerzas policiales de Sudáfrica dispararon balas de goma a los compradores que hacían fila frente a un supermercado de Johannesburgo cuando entró en vigor el confinamiento allí. En los vídeos se veía a policías y soldados fuertemente armados patrullando los barrios muy pobres donde los residentes tienen una capacidad limitada para aislarse, golpeando a las personas con látigos. En abril, los servicios de seguridad fueron acusados de matar a tantas personas por no cumplir el confinamiento como las que el propio virus había matado. Collins Khosa fue asesinado por las fuerzas de seguridad en su propia casa el 10 de abril después de que los soldados descubrieron lo que creían que era un vaso de alcohol en su patio (Sudáfrica prohibió la venta de alcohol durante el confinamiento).

Thato Masiangoako, investigador del Instituto de Derechos Socio-Económicos de Sudáfrica, dijo a Reuters que «Esta brutalidad y violencia no es nada nuevo. Lo que es nuevo es que durante este encierro, se ha puesto más énfasis en estos abusos... Las fuerzas de seguridad se desplegaron principalmente en las zonas negras pobres como los municipios de alta densidad. Las áreas más ricas han sido protegidas de la violencia.»

Sri Lanka

A mediados de mayo, más de 60.000 personas en Sri Lanka habían sido arrestadas por romper las restricciones del país. El inspector general ha restringido los derechos de los ciudadanos a la libertad de expresión, ordenando a la policía que detenga a quienes critican la respuesta del gobierno al coronavirus, incluyendo a los funcionarios que «regañan» y señalan «cuestiones menores». El grupo de trabajo del gobierno encargado de gestionar la respuesta a la pandemia está dirigido por el General Shavendra Silva, un comandante militar que, según Human Rights Watch, «se enfrenta a acusaciones creíbles de crímenes de guerra durante los últimos meses de la larga guerra civil de Sri Lanka».

Serbia

Además de utilizar el ejército y las fuerzas policiales militarizadas para imponer violentamente las restricciones, los estados han utilizado una violencia similar para responder a las protestas contra su manejo de la crisis. En Serbia, el «hombre fuerte» Aleksandar Vucic fue criticado por haber celebrado elecciones el 21 de junio -en las que su Partido Progresista Serbio obtuvo una victoria aplastante pero fue boicoteado por los partidos de la oposición- y por haber agravado la crisis al flexibilizar las normas sobre las grandes reuniones, antes de imponer un estricto toque de queda tras ganar las elecciones. Los manifestantes que exigían su dimisión intentaron asaltar el edificio del Parlamento, pero fueron golpeados y gaseados por la policía antidisturbios, que tomó como objetivo a los periodistas y atacó indiscriminadamente a las personas que no representaban ninguna amenaza y que estaban muy lejos de la protesta. La policía disparó bengalas a corta distancia desde vehículos y golpeó personas sentadas en bancos de un parque.

Si no es militarismo, ¿entonces qué?

Los Estados optan por respuestas militarizadas debido a un amplio número de razones: porque otros sistemas y estructuras se ven privados de recursos; muchos consideran que los militares son ingeniosos, decisivos y eficaces en formas que los sistemas civiles/no militares nunca podrán ser; la violencia y la amenaza de violencia es una forma eficaz de crear miedo manteniendo el control; por la creencia de que, en una emergencia, la única opción de los Estados es utilizar medios coercitivos y autorizados para hacer cumplir las medidas que, en última instancia, beneficiarán a sus ciudadanos...

A medida que los movimientos de todo el mundo presionan para lograr una recuperación ecológica al enorme impacto económico, también deberíamos aprovechar la oportunidad para considerar cómo y por qué muchos estados recurrieron a esas respuestas militarizadas a la pandemia, y cuáles serían nuestras alternativas. Los militares despilfarran enormes cantidades de recursos que podrían haberse utilizado, durante muchos años, para construir sistemas de atención sanitaria y social más sólidos. El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo estima que el gasto mundial en el sector militar en 2019 ha sido de 1.917.000 millones de dólares, el nivel más alto desde 1988 y un aumento del 3,6% respecto a los niveles de 2018. Cuando se inyectan cantidades tan enormes de recursos en los ejércitos no es sorprendente que dominen los enfoques y las narrativas militarizadas, pero debemos ser claros: el militarismo no es la única opción, los enfoques militarizados no son alternativas neutrales a los sistemas que deberían ser gestionados y administrados por civiles, y debemos seguir impulsando enfoques para la gestión de emergencias que sean equitativos y justos.

Fuente: https://wri-irg.org/es/story/2020/m...

Categorías: antimilitar

¡Socorro, que vienen los negacionistas!

6 September, 2020 - 00:00
Categorías: antimilitar

Bardenas: Dos décadas de bombardeos del ejército en el corazón de una reserva de la biosfera

3 September, 2020 - 00:00

EDUARDO BAYONA

Las bombas del Ejército del Aire llevan veinte años cayendo en el corazón de la reserva de la biosfera de Bardenas Reales, una estepa semidesértica cuyas características ambientales y paisajísticas la convierten en un paraje único en Europa y que en noviembre de 2000 fue protegida por la Unesco.

Esa declaración, no obstante, llegaba casi medo siglo después de que, en 1951, la dictadura franquista hubiera decidido instalar allí, en una zona del sureste de Navarra limítrofe con Aragón, un campo de tiro aéreo que hoy es el único de España y el de mayor extensión de Europa: alrededor de 2.000 hectáreas de uso militar en un área de interés excepcional de 39.000 en la que la OTAN ha preparado su intervención en las principales guerras de las últimas décadas, desde los Balcanes hasta Siria.

«Es absurdo que haya un campo de tiro en una reserva de la biosfera», señala el biólogo Josu Erce, que pone sobre la mesa una de las paradojas que sufre la zona: en algunas fases del año «se prohíbe el acceso de personas para no molestar a las aves pero se permite que vayan aviones a bombardear».

Eso iba a ocurrir los pasados jueves y viernes, aunque la Mancomunidad de Bardenas Reales, el consorcio de 32 ayuntamientos que desde los años 50 alquila esas tierras al Ministerio de Defensa, anunció a última hora del miércoles la «cancelación de la actividad: prácticas de vuelo real prevista para las fechas 27 y 28 de agosto en el Polígono por parte del Acuartelamiento de Bardenas».

Esos ejercicios, en los que los aviones iban a lanzar proyectiles reales, habían sido inicialmente señaladas para primeros de mes, del 3 al 6, coincidiendo con la fase de nidificación de varias especies de aves esteparias protegidas que habitan la zona y, también, con el tramo final de veto a la presencia humana entre febrero y agosto que la mancomunidad aplica de febrero a agosto en cinco parajes de la reserva, que también es parque natural autonómico desde 1999, precisamente para no perturbar esa fase del ciclo de los pájaros. Ni entonces ni ahora Defensa ha difundido los motivos de sus decisiones.

«Pasan toneladas de explosivos sobre nuestros pueblos»

El polígono fue declarado en 2014 Zona de Interés para la Defensa, lo que permitiría al Gobierno expropiar los terrenos si los ayuntamientos optaran en diciembre de 2028 por renunciar al contrato de arrendamiento que ahora les proporciona algo más de siete millones de euros anuales.

Aunque lo cierto es que nada apunta a que los tiros vayan a ir por ahí por parte del arrendatario, por más que la zona haya sonado en repetidas ocasiones para convertirse en parque nacional. Eso resulta incompatible con los usos militares en sus inmediaciones, sobre los que el propio Ministerio de Transición Ecológica pasa de puntillas: «Aunque está fuera de la reserva, no puede obviarse la presencia de un polígono militar dentro de Bardenas. El Ejército del Aire inició aquí la actividad de entrenamiento de sus pilotos en 1951 y hoy es su único campo de entrenamiento en territorio español», señala en su descripción.

Al Gobierno central le van bien las cosas como están, y los de Navarra y Aragón no cuestionan esa situación pese al rechazo que lleva décadas generando el polígono de tiro en la zona, en la que el coronavirus impidió que esta primavera se celebrara la trigesimoprimera marcha de protesta consecutiva.

«Desde la Asamblea Antipolígono hemos solicitado siempre al Gobierno de Navarra que ofrezca alternativas a los pueblos, un plan de reactivación económica con el mismo dinero que genera el arriendo», explica Milagros Rubio, miembro de esa plataforma ciudadana y vecina de Tudela, que reclama el apoyo de las instituciones para eliminar el uso militar, algo que, «en caso de conflicto bélico, situaría como objetivo el campo de tiro».

Rubio lleva toda la vida conviviendo con el polígono y con los bombardeos. «Lo que más se nota durante las maniobras es cuando los aviones rompen la barrera del sonido, eso es un estruendo que hace vibrar los cristales» de las casas, señala. Las explosiones se oyen más lejanas, anota, aunque, más que en el ruido, añade, «el riesgo se encuentra en que cuando hay maniobras con fuego real pasan toneladas de explosivos sobre nuestros pueblos».

«Llevamos décadas reivindicando el desmantelamiento»

El ruido de las explosiones, no obstante, es habitual en la primavera, cuando, como cada año, la OTAN celebra los ejercicios Sirio en Bardenas, normalmente coordinadas con maniobras terrestres en otros polígonos como el de San Gregorio, en Zaragoza, un complejo en el que la actividad militar provoca incendios forestales con relativa frecuencia. Las aéreas, por su parte, han incluido al menos 37 accidentes hasta la fecha.

Las maniobras con fuego real tenían lugar una vez al año. «Ahora hay cuatro, cinco y hasta seis, cada vez más», apunta Eduardo Navascués, de Ecologistas en Acción, que critica que «el uso militar del parque queda por encima del resto de usos».

Se refiere a las alteraciones que las maniobras, sean con fuego real o simulado, causan a las cada vez más numerosas pequeñas empresas de turismo activo que operan en la zona. «¿Cómo se les compensa por las actividades que tengan que suspender? Tener una instalación militar es un hándicap en Bardenas, es algo incompatible con el objetivo de poner en valor el parque natural», anota, para añadir, en relación con los anuncios y suspensiones de las últimas semanas, que «es un disparate. No podemos estar jugando al gato y el ratón».

También recuerda que las perturbaciones relacionadas con los ejercicios aéreos no quedan circunscritas a las 2.000 hectáreas en las que se concentran los bombardeos: «Los aviones utilizan para las maniobras media Navarra y parte de Aragón».

«Las vecinas y vecinos de la zona llevamos décadas reivindicando el desmantelamiento de este espacio natural tan valioso, que está al servicio de los intereses de la OTAN y no de la cultura de paz», explica Yolanda Roldán, concejal en Ejea (Zaragoza) de IU, organización integrada en la Plataforma No a las Guerras de esta localidad.

La edil reclamó esta semana la suspensión de las maniobras «por el derroche de dinero público [que conllevan], por el riesgo de incendios y para priorizar sobre los juegos de guerra otros asuntos más importantes como la lucha contra la covid-19».
Tres especies vulnerables de aves anidan en la zona

De haber llevado a cabo los bombardeos, estos habrían tenido lugar cuando todavía no ha terminado la fase de crianza de algunas de las poblaciones de aves esteparias protegidas que habitan el polígono de tiro, como el rocín (alondra Dupont o Ricoti), la ganga y la ortega. Las crías de estas últimas «no comienzan a emanciparse hasta mediados de septiembre, mientras que los rocines lo hacen un poco antes», explica Luis Tirado, ornitólogo de SEO-Birdlife, que añade que «lo ideal es que no hubiera ningún tipo de intervención entre el 1 de abril y el 1 de septiembre al menos».

«Los pollos de las gangas y las ortegas pueden comenzar a volar a mediados de agosto, pero ahora son todavía muy frágiles», señala. Lo normal, como entre los rocines, es que se muevan en grupo y que no salgan de las zonas con vegetación. Las tres figuran como «vulnerables» en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

El polígono de tiro de Bardenas es, junto con El Castellar, una ZEPA incluida en el complejo de San Gregorio, una de las dos instalaciones militares aragonesas en las que se da la paradójica situación ambiental de albergar, respectivamente, una y dos de las seis poblaciones de rocín viables por sí solas del valle del Ebro, explica Tirado, que se refiere a esta circunstancia como «la octava maravilla».

«Obviamente, no viven donde pegan los tiros ni donde lanzan las bombas, sino en otras, porque en esas no habrá fauna de ningún tipo», señala. También es elevado el número de ejemplares de ganga y de sisón, conocidos como «palomas del desierto».

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Denuncian «el virus militarista» en Canarias

2 September, 2020 - 00:00
Categorías: antimilitar

La conexión española de Airbus con los vuelos del ejército turco a la guerra de Libia

30 August, 2020 - 00:00

Pol Pareja

El grupo Airbus presta apoyo logístico a los continuos vuelos que las fuerzas aéreas turcas realizan entre sus bases y el territorio libio, inmerso en una cruenta guerra civil desde hace más de un lustro. Una investigación de elDiario.es coordinada por Lighthouse Reports, en la que han participado cuatro medios europeos e investigadores independientes, pone al descubierto el apoyo de esta y otras compañías continentales, con el beneplácito de los Gobiernos de la UE, a los vuelos presuntamente ilegales que el ejército turco lleva a cabo entre distintas bases de su territorio y aeropuertos en Libia.

Según ha denunciado la ONU, organizaciones humanitarias y gobiernos europeos como el de Francia, Turquía viola sistemáticamente el embargo de las Naciones Unidas en Libia mandando a través de barcos y aviones armamento y mercenarios islamistas reclutados en la guerra de Siria. Solo entre el 24 de junio y el 16 de agosto, este periódico ha podido confirmar 11 vuelos entre ambos países del avión de transporte militar A400M.

Los vuelos del avión A400M, una aeronave ensamblada en España, son pilotados por soldados turcos entrenados asiduamente en las dependencias de Airbus en Sevilla. Los mismos aviones turcos son reparados y mejorados en las plantas que Airbus tiene en Sevilla y Getafe, y mecánicos de Airbus se desplazan habitualmente a las bases militares turcas para realizar tareas de mantenimiento y mejora de estos aviones.

La investigación, iniciada el pasado abril, se basa en el análisis de decenas de documentos, entrevistas con trabajadores de Airbus y milicianos libios así como la revisión de radares de vuelo, imágenes de satélite y otras fuentes de código abierto. Los medios que han participado junto a elDiario.es son ARD (TV y radio públicas de Alemania), Arte (Alemania y Francia) y Stern Magazine (Alemania).

Las pruebas obtenidas ponen de relieve el doble rasero europeo a la hora de hacer negocio con la venta de material militar: mientras el pasado febrero la UE lanzó un programa para evitar que llegasen armas a Libia y distintos estados miembro amenazan con sanciones a quien viole ese embargo, al mismo tiempo los gobiernos español, francés y alemán forman parte de un consorcio internacional que presta apoyo logístico a los vuelos turcos que llegan a Libia presuntamente cargados de mercenarios y/o armamento.

Un portavoz de la división de defensa de Airbus ha respondido a este grupo de medios que todas las entregas de la aeronave A400M se han realizado «de acuerdo a las leyes aplicables» y ha rechazado comentar las «misiones individuales» de sus clientes. El mismo portavoz confirma que las actividades de mantenimiento de la empresa seguirán llevándose a cabo en la base de Kayseri (Turquía) y que la compañía entregará próximamente el décimo A400M al Gobierno de Ankara.

Los servicios que Airbus presta para el ejército turco en España en relación a esta aeronave así como la asistencia técnica en Turquía y suelo español cuentan con el beneplácito del Gobierno en lo que supone, según los expertos en derecho internacional consultados, una clara violación de la normativa española y europea de exportación de armamento, que prohíbe exportar productos o asistencia técnica que puedan facilitar la violación de acuerdos internacionales en los que participa España -como el mencionado embargo de Naciones Unidas.

Desde la Secretaría de Estado de Comercio, departamento del que depende el organismo donde se decide de manera secreta qué armamento y servicios de asistencia técnica pueden exportarse, señalan que España «cumple escrupulosamente» con las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y rechazan comentar los vuelos desvelados en este reportaje porque las autoridades españolas «no tienen constancia de ellos». Aseguran que si el Gobierno tuviese «conocimiento firme» de «actos que violasen el marco jurídico» de las normas de exportación de armas, se «plantearía» la «revocación o suspensión» de las licencias concedidas.

Vuelos semanales a la guerra de Libia

El análisis de los radares de vuelo muestra un trajín constante de estos aviones entre Libia y Turquía. La mayoría de trayectos son entre Misrata y Trípoli y las ciudades turcas de Gaziantep, Kayseri, Estanbul y Ankara. Solo durante los últimos dos meses hay vuelos el 24 y el 25 de junio; el 4, el 8, el 9, el 16, el 18, el 25 y el 29 de julio; el 16 de agosto… en muchos de estos vuelos se ha podido contrastar la presencia de los aviones turcos en Libia indicada en los los radares con imágenes de satélite.

En algunas publicaciones en redes sociales subidas en los mismos lugares y los mismos días en que esta investigación ha localizado los aviones, se ven tropas subiendo a los A400M a punto de despegar desde Gaziantep (Turquía). También el 6 de julio se subió un vídeo en Twitter de supuestos mercenarios sirios dentro de estos aviones a punto de despegar desde Gaziantep.

Un extenso informe de la ONG Syrians for Truth & Justice identificó el avión de Airbus A400M como la aeronave utilizada por Turquía para transportar mercenarios islamistas desde Gaziantep –cerca de la frontera con Siria– y Estambul. Posteriormente los soldados son enviados a Libia mediante vuelos comerciales desde la capital turca, según afirma esta ONG basándose en información sobre el terreno, fuentes de código abierto y entrevistas con mercenarios sirios capturados en Libia durante los últimos meses. También milicianos libios entrevistados para este reportaje bajo petición de anonimato confirman relatos similares.
Presuntos mercenarios sirios frente a un avión A400M turco en el aeropuerto de Gaziantep (Turquía), en su camino hacia Libia. Syrians for Truth & Justice (STJ).

También la BBC documentó en mayo cómo Turquía viola el embargo de Naciones Unidas enviando armamento y carros de combate a Libia mediante «barcos fantasma» que desaparecen de los radares justo cuando navegan frente a costas libias. La agencia Reuters identificó el pasado 15 de junio Misrata -donde se dirigen los vuelos identificados en esta investigación- como el principal punto de apoyo militar turco en el conflicto.

El avión A400M que viaja periódicamente entre Libia y Turquía puede transportar hasta 37 toneladas de material, incluyendo vehículos, helicópteros o vehículos de combate de infantería pesada. El avión también está pensado para transportar soldados y paracaidistas. El propio Ministerio de Defensa turco colgó el pasado julio unas imágenes en las que se veían a algunos de los 192 soldados libios recién llegados a Turquía para recibir entrenamiento. Frente a ellos, el avión de Airbus A400M.

Desde 2014 dos gobiernos se disputan el poder en Libia: uno en Trípoli, reconocido por la ONU, y otro en Tobruk, en el este del país. Cada bando cuenta con distintos apoyos internacionales que se disputan su influencia en la zona, que cuenta con una de las mayores reservas de petróleo de África. El Gobierno del este tiene el respaldo de Francia, Rusia, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos. El Gobierno de Trípoli, por su parte, cuenta con Turquía y Qatar como aliados más sólidos. Ambas partes anunciaron el pasado sábado un frágil acuerdo de alto al fuego y la intención de convocar elecciones en 2021.

«El primer actor externo en Libia hoy es Turquía, (...)», señaló el pasado 29 de junio el presidente francés, Emmanuel Macron, que acusó a este aliado de la OTAN de «responsabilidad criminal» en el conflicto. «Ha incrementado su presencia militar en Libia (...) y ha reimportado masivamente a los combatientes yihadistas desde Siria», remachó.

El apoyo europeo a los vuelos

No sólo España, con sus autorizaciones de vender el avión A400M y su falta de control de lo que se hace con él, respalda de manera indirecta los vuelos turcos a la guerra de Libia. Hasta cinco estados miembro de la UE prestan apoyo logístico a este avión en Turquía a través de una organización internacional llamada OCCAR (Organización Conjunta de Cooperación en Materia de Armamento) en la que participan representantes de los Gobiernos de España, Alemania, Bélgica, Francia e Italia, entre otros.

Fundada en 2001 con la intención de manejar de manera cooperativa los programas europeos de venta de armamento, en el consejo de OCCAR, órgano de máxima decisión, participan los ministros de defensa o sus delegados de todos los países europeos mencionados. Turquía no es un miembro de pleno derecho de OCCAR, pero participa de manera indirecta en el organismo al formar parte de la alianza de estados que elabora componentes del avión A400M.

En verano de 2019 Airbus firmó un contrato con los estados miembros de OCCAR para proporcionar «una gama completa de servicios adaptados» para los clientes del A400M, incluido Turquía, que incluyen desde «el apoyo en tierra hasta la aeronavegabilidad» así como el «mantenimiento» y el «apoyo material». Todo ello «bajo la dirección de Airbus». El acuerdo, que se alargará hasta 2023, significaba una prórroga y ampliación de un pacto previo firmado en 2016.

Gracias a este acuerdo, mecánicos, técnicos y entrenadores de distintos estados miembros europeos se desplazan a bases turcas, especialmente a la de Kayseri, para proporcionar apoyo logístico a los vuelos del A400M a pesar de que se utilizan presuntamente en contra de la posición comunitaria en la guerra de Libia.

Esta investigación ha identificado a casi una veintena de empleados que trabajan en Turquía para Airbus prestando apoyo logístico al avión A400M. Técnicos de mantenimiento, ingenieros que prestan apoyo en operaciones de vuelo… Muchos señalan trabajar tanto en España como en bases turcas. Algunos empleados incluso aseguran en sus cuentas de LinkedIn tener responsabilidades que van más allá del apoyo logístico e indican que el soporte también podría ser operacional. Un empleado de Airbus en Kayseri sostiene en su perfil que sus tareas con el A400M incluyen la preparación de mapas digitales, la planificación de la carga y cálculos de aterrizaje de los vuelos turcos de esta aeronave.

Contactada por este grupo de medios, OCCAR ha rechazado comentar la situación debido a la «naturaleza comercial sensible» de las preguntas y se ha limitado a afirmar que la organización «no está al corriente del uso operacional» por parte de Turquía de los aviones A400M.

Los ministerios de Economía, Asuntos Exteriores y Defensa de Alemania han respondido en un sentido similar y señalan que el Gobierno federal alemán «no tiene conocimiento de los vuelos del A400M turco a Libia más allá de la información pública» aparecida en los medios. El Gobierno francés no ha respondido a las peticiones de comentario para este reportaje.

España, epicentro del negocio militar de Airbus

Las dos plantas que Airbus tiene en Sevilla se han convertido durante la última década en el epicentro del negocio militar de la compañía. En esas dependencias se ensamblan todos los aviones A400M y se realizan tareas de mantenimiento para clientes de todo el mundo en un gigantesco hangar de más de 6.000 m2.

También en Sevilla se puso en marcha en 2010 el centro internacional de entrenamiento de Airbus. Al menos desde 2013, todos los soldados turcos del escuadrón 221 de las fuerzas aéreas, que actualmente pilotan los A400M entre Turquía y Libia, son entrenados en tierras españolas. Los entrenamientos duran una media de 52 días y los pilotos suelen regresar asiduamente al centro de entrenamiento para realizar entrenamientos «recurrentes» o de «refresco».

Airbus cuenta con cerca de 12.600 empleados en España, de los que 7.560 trabajan en la división de Defensa y Espacio (el 60% del total); otros 4.410 figuran en la división de aviones comerciales, y los 630 restantes, en la división de helicópteros.

También en la planta que la compañía tiene en Getafe están acostumbrados a recibir aviones del ejército turco. Entre mayo de 2018 y diciembre de ese año se pudo ver un A400M turco con el número de serie 13-0009 en los aledaños de la planta de Airbus, donde decenas de trabajadores se dedican a tareas relacionadas con ese avión.

Según fuentes de los trabajadores de la planta de Getafe, el avión que visitó la planta en 2018 se sometió a una operación de modernización y desde entonces han visitado la planta otros A400M del ejército turco.

«España debería estar al corriente de las circunstancias en las que Turquía utiliza los aviones A400M y su contribución a las importantes violaciones del derecho internacional», apunta Valentina Azarova, experta y doctora en derecho internacional. «Existe abundante información pública sobre las violaciones turcas del embargo de la ONU en Libia y sobre las operaciones turcas en el Norte de Siria con este mismo avión [reveladas por este periódico en noviembre de 2019]».

Según esta jurista, España debería haber suspendido las autorizaciones para exportar tanto recambios del A400M como asistencia técnica para el ejército turco teniendo en cuenta las múltiples evidencias de que el país lo utiliza para violar embargos internacionales tanto en Siria com en Libia. El Ejecutivo español, sin embargo, ha seguido exportando piezas y componentes para estos aviones turcos hasta este mismo 2019, último año con datos disponibles.

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Navantia en pérdidas y nosotros tan contentos

26 August, 2020 - 20:17
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