Historically, Australian medical schools have followed the British tradition by conferring the degrees of Bachelor of Medicine and Bachelor of Surgery (MBBS) to its graduates whilst reserving the title of Doctor of Medicine (MD) for their research training degree, analogous to the PhD, or for their honorary doctorates. A notable exception is the Bachelor of Medicine (BMed) joint program of the University of Newcastle and the University of New England. Although the majority of Australian MBBS degrees have been graduate programs since the 1990s, under the previous Australian Qualifications Framework (AQF) they remained categorised as Level 7 Bachelor degrees together with other undergraduate programs. The latest version of the AQF includes the new kamagra ireland buy kamagra category of Level 9 Master's degrees (Extended) which permits the use of the term 'Doctor' in the styling of the degree title of relevant professional programs.





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Declaración de la red anarquista Black Rose contra la conquista de Alepo Oriental por el régimen de Assad

28 December, 2016 - 17:48

Publicado orginalmente en inglés el 26 de diciembre de 2016 en http://www.blackrosefed.org/assad-regimes-conquest-eastern-aleppo/

Los miembros del Comité de Solidaridad Rojava-Siria de Rosa Negra (BRRN-RSSC) condenan con la máxima contundencia al régimen de Bashar al-Assad y a sus aliados rusos e iraníes por su reciente conquista de Alepo Oriental. Esta brutal derrota de los rebeldes de Alepo, tanto seculares como islámicos, ha sido el resultado de un bombardeo y un asedio masivos indiscriminados por parte del régimen sirio y las fuerzas rusas e iraníes aliadas contra una población civil de 250.000 personas en los últimos meses. El 12 de diciembre de 2016, esta despiadada política de «tierra quemada» dirigida contra Alepo Oriental produjo una derrota final de los rebeldes, además de un «acuerdo» estipulando supuestamente su evacuación con las familias hacia áreas seguras. Informes fidedignos, sin embargo, advierten que, en numerosos casos, las fuerzas victoriosas de Assad y sus aliados no han observado estas anunciadas treguas desde la captura del resto de la ciudad: se les acusa de hacer desaparecer por la fuerza a cientos de hombres y niños desde que retomaron las restantes áreas donde había presencia rebelde dentro de la milenaria ciudadela. La derrota de los defensores de lo que antes se conocía como «Alepo Libre» ha sido alcanzada por los métodos más crueles, que incluían la destrucción ilícita de vidas humanas, especialmente las de niños, mediante el bombardeo aéreo masivo del régimen y ruso, y los ataques de artillería a los distritos rebeldes. Las extensas atrocidades de las que están acusadas las fuerzas militares y paramilitares sirias que han tomado Alepo Este coinciden con el modus operandi general de terror despótico del régimen de Assad, que ha dado lugar a una cifra estimada de 60.000 desapariciones forzadas desde el comienzo de la Revolución Siria en marzo de 2011.

El RSSC reconoce claramente que la Revolución Siria existe y continúa, incluso en medio de la pérdida de Alepo a manos de las fuerzas del régimen. La devastadora caída de Alepo y el enorme sufrimiento humano que ha sufrido representan tragedias de inmensas proporciones que no pueden ser ignoradas por los revolucionarios y revolucionarias o la humanidad en general. Esta «victoria» para el régimen de Assad y sus crímenes contra la humanidad también anticipan consecuencias en general negativas para la revolución siria. Con la reciente captura por parte del Estado de Alepo y de Daraya hace cuatro meses, quedan pocas ciudades importantes de Siria que permanezcan fuera del alcance dictatorial de Assad. Salvo Rojava y el territorio todavía ocupado por el Estado Islámico, solamente Idlib y otras ciudades más pequeñas siguen bajo control rebelde. Desde los espacios saqueados, la destrucción de las necesidades básicas y el resurgimiento de las enfermedades raras hasta las desapariciones, las ejecuciones en masa, el enterramiento bajo los escombros de los edificios derrumbado, o el hecho de que sólo un hospital funcione en una ciudad de casi 2 millones... La gente se enfrenta a dos opciones posibles; o escapar de la guerra o luchar en ella. En cuanto a la lucha armada, deseamos aclarar que la tan denostada y ultraderechista Fatah al-Sham (anteriormente Jabhat al-Nusra o JAN) mantuvo una clara minoría dentro de las fuerzas rebeldes de Alepo Este, y que de hecho había sido expulsada del área por los revolucionarios organizados durante casi un año hasta el verano pasado, cuando se reagrupó para ayudar a romper el asedio mantenido por Assad y sus aliados, lo que lleva al resultado final que ahora observamos. En paralelo, los rebeldes del este de Alepo expulsaron a las fuerzas del Estado islámicos de la zona ya en 2014. En virtud de las circunstancias creadas por líderes autoritarios como Assad y los estados imperialistas como EEUU y Rusia, hay que apoyar a los refugiados a toda costa, y de todas las maneras que podamos. Es de esperar que Assad y sus aliados militares rusos e iraníes ahora repetirán el terror ejercido contra la población civil de Alepo Este, bombardeando de manera similar el resto de ciudades de mayoría suní y a la población hasta su sometimiento y llevando a cabo desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias en masa.


Refugiados de Alepo - crédito Abdalrhman Ismail / Reuters

Al reflexionar sobre la caída de Alepo, debemos criticar el papel que el Partido de la Unión Democrática Kurda (PYD) y sus mundialmente conocidas milicias YPG e YPJ, jugaron en este proceso. Mientras que la izquierda antiautoritaria internacional ha aclamado acertadamente a la Revolución de Rojava (2012-presente) como un proceso emancipador que recuerda a la Revolución española de 1936-1939, se ha prestado menos atención a la relación entre Rojava y el régimen sirio. La verdad es que los innegables logros de la Revolución del Kurdistán sirio fueron posibles gracias a la retirada de las fuerzas de Assad de la región noreste de Siria en 2012.Todo lo contrario por desgracia que la situación de la Revolución Siria, con las pérdidas masivas durante estos mismos años de los movimientos de la mayoría árabe suní en las regiones del país levantadas contra Assad. De hecho, algunos comentaristas críticos han acusado al PYD, ya sea por permanecer «neutral» o incluso ponerse abiertamente del lado del régimen desde 2012. En lo que respecta a Alepo, se acusa a las milicias del PYD de haber conspirado con Assad y sus diversos aliados internacionales reaccionarios para el desmantelamiento de sistema del consejos de Alepo Este y de ayudar a llevar el distrito de la ciudad de nuevo bajo el control del estado. Deseamos investigar más estas afirmaciones sobre las acciones de las milicias del PYD en Alepo, expresando nuestra preocupación, y declaramos nuestro apoyo -salvo en algunos de los aspectos militares del PYD- al movimiento TEV-DEM que lucha para implementar el confederalismo democrática mediante la construcción de poder popular basado en las comunas y concejos de la región, así como a los elementos específicamente feministas de la Revolución de Rojava.

En medio de este giro negativo de los acontecimientos posteriores a la caída de Alepo -el silenciamiento de las revoluciones árabes, tal vez, al menos en este momento- reconocemos la dignidad de la resistencia de la defensa civil de Siria a las atrocidades de Assad, Rusia, Irán y sus milicias aliadas. Declaramos nuestro apoyo a la revolución siria que se mantiene viva en los restantes Comités Locales de Coordinación (LCC) y en los esfuerzos paralelos de autoorganización, así como en el martirio de las personas muertas desde el inicio de la revolución y su desarrollo en una guerra civil regional/mundial . Denunciamos el terrible desprecio por la vida humana demostrado por el Estado contrarrevolucionario y las fuerzas militares internacionales en Alepo y en gran parte de Siria. Exigimos el cese inmediato de las ventas y transferencias de armas al régimen de Assad y la retirada de los militares rusos e iraníes y las milicias chiítas iraquíes, libanesas y afganas que están sosteniendo una dictadura que se tambalea, además de la cancelación del apoyo de EE.UU y la OTAN a las milicias kurdas y el apoyo económico y militar a los rebeldes islámicos de derecha por parte de Turquía, Arabia Saudí, Qatar y el resto de monarquías reaccionarios del Golfo. Creemos que sólo despejando Siria de todas las intervenciones imperialistas se logrará avanzar hacia la justicia y la liberación, ya que estas fuerzas imperialistas inevitablemente sólo causarán una degradación de las estrategias emancipadoras, y contribuirán a un aumento de la guerra entre potencias. Apoyamos además la investigación inmediata y el enjuiciamiento de Assad y sus aliados por sus violaciones del derecho internacional y natural. Animamos a nuestros camaradas y lectores en todas partes a que se organicen a favor de los refugiados sirios y de la revolución amenazada, contra la intervención extranjera y el militarismo en Siria, así como contra el resurgimiento fascista de Assad.


Alepo Este - crédito Omar Sanadiki / Reuters

الشعب يريد إسقاط النظام ¡Al-sha'ab yourid isqat al-nizam! «¡El pueblo quiere la caída del régimen!»

El Comité de Solidaridad Rojava-Siria de Rosa Negra / Black Rose

Categorías: antimilitar

Declaración de la red anarquista Black Rose contra la conquista de Alepo Oriental por el régimen de Assad

28 December, 2016 - 17:48

Publicado orginalmente en inglés el 26 de diciembre de 2016 en http://www.blackrosefed.org/assad-regimes-conquest-eastern-aleppo/

Los miembros del Comité de Solidaridad Rojava-Siria de Rosa Negra (BRRN-RSSC) condenan con la máxima contundencia al régimen de Bashar al-Assad y a sus aliados rusos e iraníes por su reciente conquista de Alepo Oriental. Esta brutal derrota de los rebeldes de Alepo, tanto seculares como islámicos, ha sido el resultado de un bombardeo y un asedio masivos indiscriminados por parte del régimen sirio y las fuerzas rusas e iraníes aliadas contra una población civil de 250.000 personas en los últimos meses. El 12 de diciembre de 2016, esta despiadada política de «tierra quemada» dirigida contra Alepo Oriental produjo una derrota final de los rebeldes, además de un «acuerdo» estipulando supuestamente su evacuación con las familias hacia áreas seguras. Informes fidedignos, sin embargo, advierten que, en numerosos casos, las fuerzas victoriosas de Assad y sus aliados no han observado estas anunciadas treguas desde la captura del resto de la ciudad: se les acusa de hacer desaparecer por la fuerza a cientos de hombres y niños desde que retomaron las restantes áreas donde había presencia rebelde dentro de la milenaria ciudadela. La derrota de los defensores de lo que antes se conocía como «Alepo Libre» ha sido alcanzada por los métodos más crueles, que incluían la destrucción ilícita de vidas humanas, especialmente las de niños, mediante el bombardeo aéreo masivo del régimen y ruso, y los ataques de artillería a los distritos rebeldes. Las extensas atrocidades de las que están acusadas las fuerzas militares y paramilitares sirias que han tomado Alepo Este coinciden con el modus operandi general de terror despótico del régimen de Assad, que ha dado lugar a una cifra estimada de 60.000 desapariciones forzadas desde el comienzo de la Revolución Siria en marzo de 2011.

El RSSC reconoce claramente que la Revolución Siria existe y continúa, incluso en medio de la pérdida de Alepo a manos de las fuerzas del régimen. La devastadora caída de Alepo y el enorme sufrimiento humano que ha sufrido representan tragedias de inmensas proporciones que no pueden ser ignoradas por los revolucionarios y revolucionarias o la humanidad en general. Esta «victoria» para el régimen de Assad y sus crímenes contra la humanidad también anticipan consecuencias en general negativas para la revolución siria. Con la reciente captura por parte del Estado de Alepo y de Daraya hace cuatro meses, quedan pocas ciudades importantes de Siria que permanezcan fuera del alcance dictatorial de Assad. Salvo Rojava y el territorio todavía ocupado por el Estado Islámico, solamente Idlib y otras ciudades más pequeñas siguen bajo control rebelde. Desde los espacios saqueados, la destrucción de las necesidades básicas y el resurgimiento de las enfermedades raras hasta las desapariciones, las ejecuciones en masa, el enterramiento bajo los escombros de los edificios derrumbado, o el hecho de que sólo un hospital funcione en una ciudad de casi 2 millones... La gente se enfrenta a dos opciones posibles; o escapar de la guerra o luchar en ella. En cuanto a la lucha armada, deseamos aclarar que la tan denostada y ultraderechista Fatah al-Sham (anteriormente Jabhat al-Nusra o JAN) mantuvo una clara minoría dentro de las fuerzas rebeldes de Alepo Este, y que de hecho había sido expulsada del área por los revolucionarios organizados durante casi un año hasta el verano pasado, cuando se reagrupó para ayudar a romper el asedio mantenido por Assad y sus aliados, lo que lleva al resultado final que ahora observamos. En paralelo, los rebeldes del este de Alepo expulsaron a las fuerzas del Estado islámicos de la zona ya en 2014. En virtud de las circunstancias creadas por líderes autoritarios como Assad y los estados imperialistas como EEUU y Rusia, hay que apoyar a los refugiados a toda costa, y de todas las maneras que podamos. Es de esperar que Assad y sus aliados militares rusos e iraníes ahora repetirán el terror ejercido contra la población civil de Alepo Este, bombardeando de manera similar el resto de ciudades de mayoría suní y a la población hasta su sometimiento y llevando a cabo desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias en masa.


Refugiados de Alepo - crédito Abdalrhman Ismail / Reuters

Al reflexionar sobre la caída de Alepo, debemos criticar el papel que el Partido de la Unión Democrática Kurda (PYD) y sus mundialmente conocidas milicias YPG e YPJ, jugaron en este proceso. Mientras que la izquierda antiautoritaria internacional ha aclamado acertadamente a la Revolución de Rojava (2012-presente) como un proceso emancipador que recuerda a la Revolución española de 1936-1939, se ha prestado menos atención a la relación entre Rojava y el régimen sirio. La verdad es que los innegables logros de la Revolución del Kurdistán sirio fueron posibles gracias a la retirada de las fuerzas de Assad de la región noreste de Siria en 2012.Todo lo contrario por desgracia que la situación de la Revolución Siria, con las pérdidas masivas durante estos mismos años de los movimientos de la mayoría árabe suní en las regiones del país levantadas contra Assad. De hecho, algunos comentaristas críticos han acusado al PYD, ya sea por permanecer «neutral» o incluso ponerse abiertamente del lado del régimen desde 2012. En lo que respecta a Alepo, se acusa a las milicias del PYD de haber conspirado con Assad y sus diversos aliados internacionales reaccionarios para el desmantelamiento de sistema del consejos de Alepo Este y de ayudar a llevar el distrito de la ciudad de nuevo bajo el control del estado. Deseamos investigar más estas afirmaciones sobre las acciones de las milicias del PYD en Alepo, expresando nuestra preocupación, y declaramos nuestro apoyo -salvo en algunos de los aspectos militares del PYD- al movimiento TEV-DEM que lucha para implementar el confederalismo democrática mediante la construcción de poder popular basado en las comunas y concejos de la región, así como a los elementos específicamente feministas de la Revolución de Rojava.

En medio de este giro negativo de los acontecimientos posteriores a la caída de Alepo -el silenciamiento de las revoluciones árabes, tal vez, al menos en este momento- reconocemos la dignidad de la resistencia de la defensa civil de Siria a las atrocidades de Assad, Rusia, Irán y sus milicias aliadas. Declaramos nuestro apoyo a la revolución siria que se mantiene viva en los restantes Comités Locales de Coordinación (LCC) y en los esfuerzos paralelos de autoorganización, así como en el martirio de las personas muertas desde el inicio de la revolución y su desarrollo en una guerra civil regional/mundial . Denunciamos el terrible desprecio por la vida humana demostrado por el Estado contrarrevolucionario y las fuerzas militares internacionales en Alepo y en gran parte de Siria. Exigimos el cese inmediato de las ventas y transferencias de armas al régimen de Assad y la retirada de los militares rusos e iraníes y las milicias chiítas iraquíes, libanesas y afganas que están sosteniendo una dictadura que se tambalea, además de la cancelación del apoyo de EE.UU y la OTAN a las milicias kurdas y el apoyo económico y militar a los rebeldes islámicos de derecha por parte de Turquía, Arabia Saudí, Qatar y el resto de monarquías reaccionarios del Golfo. Creemos que sólo despejando Siria de todas las intervenciones imperialistas se logrará avanzar hacia la justicia y la liberación, ya que estas fuerzas imperialistas inevitablemente sólo causarán una degradación de las estrategias emancipadoras, y contribuirán a un aumento de la guerra entre potencias. Apoyamos además la investigación inmediata y el enjuiciamiento de Assad y sus aliados por sus violaciones del derecho internacional y natural. Animamos a nuestros camaradas y lectores en todas partes a que se organicen a favor de los refugiados sirios y de la revolución amenazada, contra la intervención extranjera y el militarismo en Siria, así como contra el resurgimiento fascista de Assad.


Alepo Este - crédito Omar Sanadiki / Reuters

الشعب يريد إسقاط النظام ¡Al-sha'ab yourid isqat al-nizam! «¡El pueblo quiere la caída del régimen!»

El Comité de Solidaridad Rojava-Siria de Rosa Negra / Black Rose

Categorías: antimilitar

Desplazamiento forzoso: el menor de dos crímenes en Alepo (Mansour Omari)

23 December, 2016 - 18:32

Mansour Omari, Enab Baladi in English, 16/12/2016

Después de un largo silencio ensordecedor y la inacción del mundo hacia los horrendos crímenes de Assad y Putin en la ciudad de Alepo, la comunidad internacional habló, exigiendo un crimen adicional.

Hoy empezó la puesta en práctica del acuerdo para permitir que se marche la poblacion de Alepo. Aunque este acuerdo salva de una masacre inminente a los que quedaron en las zonas controladas por la oposición en la ciudad de Alepo, refleja el acuerdo internacional sobre un crimen.

Salvar vidas es una prioridad urgente, por supuesto, pero la evacuación de la población de Alepo supone un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad de desplazamiento forzoso, y la comunidad internacional y las Naciones Unidas lo están viendo. Este delito está prohibido por el «Derecho Internacional Humanitario», 7 resoluciones del Consejo de Seguridad y otros acuerdos internacionales. Estos principios teóricos de las Naciones Unidas e internacionales de protección resultaron inútiles para ayudar a las personas de Alepo a evitar ser desplazados forzosamente de sus tierras. Todos esos principios fueron reemplazados por un solo principio: «Assad, o quemamos el país», que fue lanzado por el régimen sirio en los primeros días del inicio de las reivindicaciones populares legítimas en Siria en marzo de 2011.

El régimen sirio y sus aliados impusieron un estrecho bloqueo en las zonas de la oposición en Alepo, y lanzaron una violenta ofensiva militar contra ellos. La Fuerza Aérea de Rusia y su experiencia, así como grupos militantes sectarios, entre ellos el «Hezbollah» libanés y el «Movimiento Nujabaa» iraquí dirigido por un oficial iraní, contribuyeron a esta campaña de terror contra los sirios en Alepo.

El asedio, los bombardeos de artillería indiscriminados y los intensos ataques aéreos rusos mataron y desplazaron a miles de civiles, incluidos niños y mujeres. El bombardeo destruyó la infraestructura de la zona y se dirigió a escuelas, hospitales y estructuras civiles.

El régimen y sus aliados siguieron la política de tierra quemada y bombardeos indiscriminados, con el propósito de destruir la infraestructura en las áreas controladas por la oposición y aterrorizar a los civiles. Esta campaña de terror llevó al desplazamiento de decenas de miles de personas que huyeron hacia las zonas del régimen para escapar de su bombardeo y el resto de alrededor de 70 mil civiles quedaron atrapados en un lugar muy pequeño y sometidos a bombardeos bárbaros sin descanso, que incluso utilizan armas prohibidas internacionalmente.

El silencio de la comunidad internacional contra este horrible crimen suscita la sospecha de la existencia de un acuerdo previo sobre la decisión de permitir que el régimen sirio tome la ciudad de Alepo. Las facciones armadas de oposición y grupos alrededor de Alepo, también guardaron silencio y no hicieron nada para salvar a los civiles atrapados ni siquiera para atacar a las tropas que los sitiaban. Las poblaciones árabes, islámicos y occidentales también guardaban silencio.

Los civiles que permanecían en el sitiado Alepo perdieron la esperanza de ser rescatados de una eminente masacre y llegaron al convencimiento de que nadie en el mundo haría nada para protegerlos de la máquina asesina sirio-rusa.

La gente de Alepo aceptó ser desplazada por la fuerza. Acepto un crimen adicional contra ellos, y aceptó el menor de los dos crímenes. En ese momento, comenzó a llamar a quienes les escuchaban para asegurar corredores seguros para poder escapar de la masacre.

Los países árabes y europeos han sido testigos de protestas y eventos en defensa de la población de Alepo. Religiosos, parlamentarios, organizaciones internacionales y gobiernos y jefes de Estado condenaron los crímenes rusos y sirios y exigieron que se detuvieran y proteger a los civiles o asegurar la salida a donde quisieran.

Turquía y Rusia han llegado a un acuerdo para asegurar un corredor seguro para la población de Alepo, después de que Rusia también recibiera exigencias de los gobiernos europeos y estadounidense para que asumiera la responsabilidad de proteger a los civiles.

El régimen sirio y el gobierno ruso son los únicos que supervisaron el desplazamiento. Ni las organizaciones internacionales, ni otros gobiernos, ni siquiera las Naciones Unidas interfirieron en los procedimientos del desplazamiento. Aunque Rusia pidió a la ONU que ayudara en la evacuación de civiles. Rusia y el régimen sirio serán los responsables de este crimen.

Después de que el régimen de Assad complete su control en las áreas de oposición en Alepo, las víctimas podrían perder una cantidad tremenda de evidencia tangible de los crímenes cometidos por el régimen y sus aliados en su contra. Assad enterrará la evidencia con los restos de las víctimas de sus crímenes.

Lo que queda es un llamamiento para recopilar y preservar las pruebas disponibles y documentar este crimen, hasta el momento en que Siria sea remitida a la Corte Penal Internacional. La impunidad causada por la falta de pruebas, equivale a otro delito contra las víctimas.

Fotografías aéreas de los convoyes para evacuar a los heridos de la sitiada ciudad de Alepo a la campiña occidental de Alepo, 15 de diciembre de 2016 (Aleppo media center)

Categorías: antimilitar

Desplazamiento forzoso: el menor de dos crímenes en Alepo (Mansour Omari)

23 December, 2016 - 18:32

Mansour Omari, Enab Baladi in English, 16/12/2016

Después de un largo silencio ensordecedor y la inacción del mundo hacia los horrendos crímenes de Assad y Putin en la ciudad de Alepo, la comunidad internacional habló, exigiendo un crimen adicional.

Hoy empezó la puesta en práctica del acuerdo para permitir que se marche la poblacion de Alepo. Aunque este acuerdo salva de una masacre inminente a los que quedaron en las zonas controladas por la oposición en la ciudad de Alepo, refleja el acuerdo internacional sobre un crimen.

Salvar vidas es una prioridad urgente, por supuesto, pero la evacuación de la población de Alepo supone un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad de desplazamiento forzoso, y la comunidad internacional y las Naciones Unidas lo están viendo. Este delito está prohibido por el «Derecho Internacional Humanitario», 7 resoluciones del Consejo de Seguridad y otros acuerdos internacionales. Estos principios teóricos de las Naciones Unidas e internacionales de protección resultaron inútiles para ayudar a las personas de Alepo a evitar ser desplazados forzosamente de sus tierras. Todos esos principios fueron reemplazados por un solo principio: «Assad, o quemamos el país», que fue lanzado por el régimen sirio en los primeros días del inicio de las reivindicaciones populares legítimas en Siria en marzo de 2011.

El régimen sirio y sus aliados impusieron un estrecho bloqueo en las zonas de la oposición en Alepo, y lanzaron una violenta ofensiva militar contra ellos. La Fuerza Aérea de Rusia y su experiencia, así como grupos militantes sectarios, entre ellos el «Hezbollah» libanés y el «Movimiento Nujabaa» iraquí dirigido por un oficial iraní, contribuyeron a esta campaña de terror contra los sirios en Alepo.

El asedio, los bombardeos de artillería indiscriminados y los intensos ataques aéreos rusos mataron y desplazaron a miles de civiles, incluidos niños y mujeres. El bombardeo destruyó la infraestructura de la zona y se dirigió a escuelas, hospitales y estructuras civiles.

El régimen y sus aliados siguieron la política de tierra quemada y bombardeos indiscriminados, con el propósito de destruir la infraestructura en las áreas controladas por la oposición y aterrorizar a los civiles. Esta campaña de terror llevó al desplazamiento de decenas de miles de personas que huyeron hacia las zonas del régimen para escapar de su bombardeo y el resto de alrededor de 70 mil civiles quedaron atrapados en un lugar muy pequeño y sometidos a bombardeos bárbaros sin descanso, que incluso utilizan armas prohibidas internacionalmente.

El silencio de la comunidad internacional contra este horrible crimen suscita la sospecha de la existencia de un acuerdo previo sobre la decisión de permitir que el régimen sirio tome la ciudad de Alepo. Las facciones armadas de oposición y grupos alrededor de Alepo, también guardaron silencio y no hicieron nada para salvar a los civiles atrapados ni siquiera para atacar a las tropas que los sitiaban. Las poblaciones árabes, islámicos y occidentales también guardaban silencio.

Los civiles que permanecían en el sitiado Alepo perdieron la esperanza de ser rescatados de una eminente masacre y llegaron al convencimiento de que nadie en el mundo haría nada para protegerlos de la máquina asesina sirio-rusa.

La gente de Alepo aceptó ser desplazada por la fuerza. Acepto un crimen adicional contra ellos, y aceptó el menor de los dos crímenes. En ese momento, comenzó a llamar a quienes les escuchaban para asegurar corredores seguros para poder escapar de la masacre.

Los países árabes y europeos han sido testigos de protestas y eventos en defensa de la población de Alepo. Religiosos, parlamentarios, organizaciones internacionales y gobiernos y jefes de Estado condenaron los crímenes rusos y sirios y exigieron que se detuvieran y proteger a los civiles o asegurar la salida a donde quisieran.

Turquía y Rusia han llegado a un acuerdo para asegurar un corredor seguro para la población de Alepo, después de que Rusia también recibiera exigencias de los gobiernos europeos y estadounidense para que asumiera la responsabilidad de proteger a los civiles.

El régimen sirio y el gobierno ruso son los únicos que supervisaron el desplazamiento. Ni las organizaciones internacionales, ni otros gobiernos, ni siquiera las Naciones Unidas interfirieron en los procedimientos del desplazamiento. Aunque Rusia pidió a la ONU que ayudara en la evacuación de civiles. Rusia y el régimen sirio serán los responsables de este crimen.

Después de que el régimen de Assad complete su control en las áreas de oposición en Alepo, las víctimas podrían perder una cantidad tremenda de evidencia tangible de los crímenes cometidos por el régimen y sus aliados en su contra. Assad enterrará la evidencia con los restos de las víctimas de sus crímenes.

Lo que queda es un llamamiento para recopilar y preservar las pruebas disponibles y documentar este crimen, hasta el momento en que Siria sea remitida a la Corte Penal Internacional. La impunidad causada por la falta de pruebas, equivale a otro delito contra las víctimas.

Fotografías aéreas de los convoyes para evacuar a los heridos de la sitiada ciudad de Alepo a la campiña occidental de Alepo, 15 de diciembre de 2016 (Aleppo media center)

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Declaración de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad: Alepo está diciendo adiós a la Humanidad

15 December, 2016 - 01:08

Si usted es una persona activa en Twitter o Facebook y sigue las noticias mundiales, éste no será probablemente el primer texto que haya leído sobre lo que está sucediendo actualmente en Alepo. Pero si lo es, entonces prepárese para lo peor antes de leer lo que sigue.

La ciudad siria septentrional de Alepo ha sido una zona clave de la guerra en Siria durante los últimos cuatro años. Sin embargo, el desarrollo de la guerra desde julio del año 2016 ha provocado una serie de puntos de inflexión consecutivos en la historia de la ciudad que le han conducido a su catástrófica destrucción esta semana. Desde que el dictador sirio y sus aliados extranjeros, incluyendo a Rusia e Irán, rodearon definitivamente la parte oriental de la ciudad en septiembre pasado, Alepo ha sido testigo de los bombardeos aéreos más implacables e indiscriminados desde que la revolución pacífica se transformó en un conflicto sangriento.

Fuentes locales e informes internacionales han dibujado un patrón sistemático de atentados con armas explosivas por el régimen sirio y sus aliados que han tenido como objetivo especialmente las instalaciones médicas y escuelas, lo que ha traído consigo un número extremadamente alto en las cifras de muertes civiles. El uso de armas explosivas en Alepo, incluyendo dispositivos explosivos improvisados, como bombas de barril, así como armas prohibidas como las armas químicas, bombas de racimo e incendiarias, han destruido la infraestructura civil y han provocado una crisis humanitaria. Mientras más de 250.000 civiles han quedado atrapados bajo el asedio impuesto por el régimen desde julio de 2016, las necesidades básicas como alimentos, combustible y medicamentos han sido negadas y la privación de las mismas se ha utilizado como arma de guerra, obligando a los civiles a confiar en el mercado negro para sobrevivir.

TODAVÍA, OTRO PUNTO DE INFLEXIÓN

Los acontecimientos de esta semana constituyen otro punto de inflexión para Alepo. Medios de comunicación locales han informado acerca de ejecuciones masivas de civiles en las calles de Alepo, incluyendo la inmolación de varias mujeres. Naciones Unidas ha informado de que las fuerzas progubernamentales sirias han estado entrando en casas de Alepo oriental matando a quienes estaban dentro. También han informado de que tenía «pruebas fiables de que en cuatro zonas, 82 civiles fueron ejecutados en el acto.» También hay informes del reclutamiento forzoso de varones para el ejército sirio, lo que es normal aunque a menudo se pasa por alto como una forma de violencia de género. Un portavoz de Naciones Unidas ha descrito la situación como un «colapso total de la humanidad».

A pesar de que muchos informes y fuentes están por confirmar, cabe pensar que la persecución y las represalias, por medio de violaciones, arrestos, detenciones, desapariciones forzosas, torturas y asesinatos puedan ser reales, conociendo la historia del régimen de Assad de violaciones de los derechos de los civiles y prisioneros de guerra.

LAS MUJERES SIGUE SIENDO AFECTADAS EXAGERADAMENTE EN ALEPO

Una vez más, las mujeres sufren de manera desproporcionada y están en grave peligro. Según fuentes locales no confirmadas, varias mujeres se suicidaron por temor a ser violadas u otras formas de abuso sexual por las fuerzas progubernamentales. Además, y en medio de la escasez de alimentos, las mujeres embarazadas y lactantes se enfrentan a consecuencias sobre su salud que amenazan su vida. Algunas mujeres han muerto de hambre. Mientras que muchas mujeres se han convertido en el único sostén de sus familias, la escasez de alimentos y medicamentos está haciendo que sea difícil para ellas asegurar las necesidades básicas de su entorno. Sin toallas sanitarias o agua limpia, las mujeres también se ven obligadas a tomar medidas insalubres durante sus ciclos menstruales, causando complicaciones de salud graves e infecciones.

EL FRACASO DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Una no puede sino preguntarse: ¿dónde ha estado la comunidad internacional a lo largo de este tiempo? La respuesta es evidente. La comunidad internacional ha estado allí todo el tiempo; organizaciones humanitarias impotentes frente a la intransigencia del Estado; líderes mundiales mirando con insolencia y siendo testigos de las peores atrocidades que se convierten en crímenes de guerra y contra la humanidad, mientras están demasiado ocupados, redactando condenas que expresen su preocupación.

La crisis en Alepo no ha salido a la luz esta semana; se trata de una crisis prolongada, manifestación de la incapacidad colectiva y la falta de acción de la comunidad internacional. Los líderes mundiales han hecho poco, por no decir más, para poner fin a la masacre y el desplazamiento de civiles sirios. La mayoría de ellos han estado involucrados en el empeoramiento de la situación, ya sea mediante el apoyo a los criminales de guerra o por la participación en el comercio de armas con Siria.

Esta crisis no es más que un microcosmos de cómo las potencias mundiales están dando forma a la dinámica del sistema multilateral contemporáneo: grandes potencias militarizadas adoptan una diplomacia poco ética e inhumana que tolera violaciones graves de los derechos humanos con el fin de recoger los beneficios de la guerra y la violencia o para lograr algún objetivo geoestratégico o militar. Alepo no será la única víctima de esta política, al igual que en 1995 y 1982 Srebrenica o Hama no fueron las últimas ciudades en ser aplastadas por la violencia estatal y la indiferencia internacional. Mientras los criminales de guerra sigan impunes por sus crímenes contra la humanidad, la esperanza de la justicia, de la exigencia de responsabilidades y la compensación a las víctimas sigue siendo tenue.

REDISEÑAR LAS ESTRATEGIAS DEL MOVIMIENTO FEMINISTA ES UN DEBER

La Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad cree firmemente que la comunidad internacional tiene que revisar su postura, para luchar contra la total impunidad por las graves violaciones de los derechos de los civiles en Siria. Llamamos a las organizaciones por los derechos humanos internacionales y los sistemas multilaterales para que vayan más allá de la condena y la presentación de informes y se adopten medidas eficaces y sostenibles para salvar las vidas de millones de civiles sirios. La ONU tiene un plan de evacuación de Alepo. La comunidad internacional debe ayudar a proporcionar un pasaje seguro para las personas atrapadas en Alepo.

También creemos que el movimiento pacifista y feminista tienen el deber de reagruparse y desarrollar estrategias para cambiar estas horribles realidades. No debemos ser observadoras pasivas,mientras el mundo está en llamas. Entendemos que hay maneras de prevenir este conflicto, a través de la cooperación, la conciliación, la construcción de la paz y el desarme y el control de armas. Ahora nos enfrentamos con la destrucción total de una ciudad antigua, la muy grave violación de los derechos humanos y una catástrofe humanitaria de proporciones casi sin precedentes. No podemos seguir diciendo «nunca más». Tenemos que trabajar para garantizar ese “nunca más”, ahora.

14 de diciembre de 2016

Publicado originalmente en el sitio web de Women International League for Peace and Freedom

La Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad (LIMPAL; WILPF en inglés) es una organización no gubernamental, pacifista y feminista, fundada en La Haya en abril de 1915. Tiene dos oficinas internacionales —su sede central en Ginebra y la oficina en las Naciones Unidas, en Nueva York— y secciones nacionales en 32 países. Es la organización femenina pacifista más antigua del mundo. Dos de sus miembros fundadoras, las sufragistas Jane Addams y Emily Greene Balch recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1931 y 1946, respectivamente.

Entre sus objetivos está «unir a mujeres de diferentes opiniones políticas y diversos puntos de vista filosóficos y religiosos dispuestas a estudiar y difundir las causas de la guerra y a trabajar por la paz permanente» y a quienes se oponen a la opresión y la explotación.

Categorías: antimilitar

Declaración de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad: Alepo está diciendo adiós a la Humanidad

15 December, 2016 - 01:08

Si usted es una persona activa en Twitter o Facebook y sigue las noticias mundiales, éste no será probablemente el primer texto que haya leído sobre lo que está sucediendo actualmente en Alepo. Pero si lo es, entonces prepárese para lo peor antes de leer lo que sigue.

La ciudad siria septentrional de Alepo ha sido una zona clave de la guerra en Siria durante los últimos cuatro años. Sin embargo, el desarrollo de la guerra desde julio del año 2016 ha provocado una serie de puntos de inflexión consecutivos en la historia de la ciudad que le han conducido a su catástrófica destrucción esta semana. Desde que el dictador sirio y sus aliados extranjeros, incluyendo a Rusia e Irán, rodearon definitivamente la parte oriental de la ciudad en septiembre pasado, Alepo ha sido testigo de los bombardeos aéreos más implacables e indiscriminados desde que la revolución pacífica se transformó en un conflicto sangriento.

Fuentes locales e informes internacionales han dibujado un patrón sistemático de atentados con armas explosivas por el régimen sirio y sus aliados que han tenido como objetivo especialmente las instalaciones médicas y escuelas, lo que ha traído consigo un número extremadamente alto en las cifras de muertes civiles. El uso de armas explosivas en Alepo, incluyendo dispositivos explosivos improvisados, como bombas de barril, así como armas prohibidas como las armas químicas, bombas de racimo e incendiarias, han destruido la infraestructura civil y han provocado una crisis humanitaria. Mientras más de 250.000 civiles han quedado atrapados bajo el asedio impuesto por el régimen desde julio de 2016, las necesidades básicas como alimentos, combustible y medicamentos han sido negadas y la privación de las mismas se ha utilizado como arma de guerra, obligando a los civiles a confiar en el mercado negro para sobrevivir.

TODAVÍA, OTRO PUNTO DE INFLEXIÓN

Los acontecimientos de esta semana constituyen otro punto de inflexión para Alepo. Medios de comunicación locales han informado acerca de ejecuciones masivas de civiles en las calles de Alepo, incluyendo la inmolación de varias mujeres. Naciones Unidas ha informado de que las fuerzas progubernamentales sirias han estado entrando en casas de Alepo oriental matando a quienes estaban dentro. También han informado de que tenía «pruebas fiables de que en cuatro zonas, 82 civiles fueron ejecutados en el acto.» También hay informes del reclutamiento forzoso de varones para el ejército sirio, lo que es normal aunque a menudo se pasa por alto como una forma de violencia de género. Un portavoz de Naciones Unidas ha descrito la situación como un «colapso total de la humanidad».

A pesar de que muchos informes y fuentes están por confirmar, cabe pensar que la persecución y las represalias, por medio de violaciones, arrestos, detenciones, desapariciones forzosas, torturas y asesinatos puedan ser reales, conociendo la historia del régimen de Assad de violaciones de los derechos de los civiles y prisioneros de guerra.

LAS MUJERES SIGUE SIENDO AFECTADAS EXAGERADAMENTE EN ALEPO

Una vez más, las mujeres sufren de manera desproporcionada y están en grave peligro. Según fuentes locales no confirmadas, varias mujeres se suicidaron por temor a ser violadas u otras formas de abuso sexual por las fuerzas progubernamentales. Además, y en medio de la escasez de alimentos, las mujeres embarazadas y lactantes se enfrentan a consecuencias sobre su salud que amenazan su vida. Algunas mujeres han muerto de hambre. Mientras que muchas mujeres se han convertido en el único sostén de sus familias, la escasez de alimentos y medicamentos está haciendo que sea difícil para ellas asegurar las necesidades básicas de su entorno. Sin toallas sanitarias o agua limpia, las mujeres también se ven obligadas a tomar medidas insalubres durante sus ciclos menstruales, causando complicaciones de salud graves e infecciones.

EL FRACASO DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Una no puede sino preguntarse: ¿dónde ha estado la comunidad internacional a lo largo de este tiempo? La respuesta es evidente. La comunidad internacional ha estado allí todo el tiempo; organizaciones humanitarias impotentes frente a la intransigencia del Estado; líderes mundiales mirando con insolencia y siendo testigos de las peores atrocidades que se convierten en crímenes de guerra y contra la humanidad, mientras están demasiado ocupados, redactando condenas que expresen su preocupación.

La crisis en Alepo no ha salido a la luz esta semana; se trata de una crisis prolongada, manifestación de la incapacidad colectiva y la falta de acción de la comunidad internacional. Los líderes mundiales han hecho poco, por no decir más, para poner fin a la masacre y el desplazamiento de civiles sirios. La mayoría de ellos han estado involucrados en el empeoramiento de la situación, ya sea mediante el apoyo a los criminales de guerra o por la participación en el comercio de armas con Siria.

Esta crisis no es más que un microcosmos de cómo las potencias mundiales están dando forma a la dinámica del sistema multilateral contemporáneo: grandes potencias militarizadas adoptan una diplomacia poco ética e inhumana que tolera violaciones graves de los derechos humanos con el fin de recoger los beneficios de la guerra y la violencia o para lograr algún objetivo geoestratégico o militar. Alepo no será la única víctima de esta política, al igual que en 1995 y 1982 Srebrenica o Hama no fueron las últimas ciudades en ser aplastadas por la violencia estatal y la indiferencia internacional. Mientras los criminales de guerra sigan impunes por sus crímenes contra la humanidad, la esperanza de la justicia, de la exigencia de responsabilidades y la compensación a las víctimas sigue siendo tenue.

REDISEÑAR LAS ESTRATEGIAS DEL MOVIMIENTO FEMINISTA ES UN DEBER

La Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad cree firmemente que la comunidad internacional tiene que revisar su postura, para luchar contra la total impunidad por las graves violaciones de los derechos de los civiles en Siria. Llamamos a las organizaciones por los derechos humanos internacionales y los sistemas multilaterales para que vayan más allá de la condena y la presentación de informes y se adopten medidas eficaces y sostenibles para salvar las vidas de millones de civiles sirios. La ONU tiene un plan de evacuación de Alepo. La comunidad internacional debe ayudar a proporcionar un pasaje seguro para las personas atrapadas en Alepo.

También creemos que el movimiento pacifista y feminista tienen el deber de reagruparse y desarrollar estrategias para cambiar estas horribles realidades. No debemos ser observadoras pasivas,mientras el mundo está en llamas. Entendemos que hay maneras de prevenir este conflicto, a través de la cooperación, la conciliación, la construcción de la paz y el desarme y el control de armas. Ahora nos enfrentamos con la destrucción total de una ciudad antigua, la muy grave violación de los derechos humanos y una catástrofe humanitaria de proporciones casi sin precedentes. No podemos seguir diciendo «nunca más». Tenemos que trabajar para garantizar ese “nunca más”, ahora.

14 de diciembre de 2016

Publicado originalmente en el sitio web de Women International League for Peace and Freedom

La Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad (LIMPAL; WILPF en inglés) es una organización no gubernamental, pacifista y feminista, fundada en La Haya en abril de 1915. Tiene dos oficinas internacionales —su sede central en Ginebra y la oficina en las Naciones Unidas, en Nueva York— y secciones nacionales en 32 países. Es la organización femenina pacifista más antigua del mundo. Dos de sus miembros fundadoras, las sufragistas Jane Addams y Emily Greene Balch recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1931 y 1946, respectivamente.

Entre sus objetivos está «unir a mujeres de diferentes opiniones políticas y diversos puntos de vista filosóficos y religiosos dispuestas a estudiar y difundir las causas de la guerra y a trabajar por la paz permanente» y a quienes se oponen a la opresión y la explotación.

Categorías: antimilitar

Una iniciativa ciudadana contra la guerra en Siria impulsa concentraciones en 34 ciudades

6 December, 2016 - 00:04

Personas que no se conocían, coordinándose a través de las redes sociales, han conseguido en menos de 10 días, mediante unos sencillos consejos agrupados, movilizar y coordinar a 34 ciudades por el «No a la guerra» en Siria, mediante diferentes eventos de facebook de cada ciudad. A esta inciativa, que se ha adelantado espontáneamente a las que estaban preparando, también para mediados de diciembre, diferentes grupos pacifistas y antimilitaristas, se han sumado finalmente una serie de entidades de todo tipo. Esta convocatoria cuenta con un manifiesto consensuado por las diferentes ciudades participantes, que reproducimos a continuación.

SIRIA. NO A LA GUERRA. STOP WAR

Formamos parte de la multitud avergonzada de esta Europa Fortaleza que se amuralla y que vulnera la legislación internacional sobre derechos humanos.

Y es que no sufrimos de ceguera ante lo que está ocurriendo y por eso hoy nos hemos convocado de nuevo simultáneamente en las plazas de las ciudades para unir nuestras voces en un solo grito: NO A LA GUERRA.

En el marco de las revueltas árabes y de las posteriores contrarrevoluciones, Siria sufre, desde hace más de 5 años, una cruel guerra, en la que ya han muerto más de 470.000 personas y que ha causado más de 11 millones de personas desplazadas y refugiadas en el interior del país, en los países vecinos y miles de muertes en el mar Mediterráneo.

La guerra en Siria ha provocado una de las mayores crisis humanitarias, la mayor después de la II Guerra Mundial, de tal manera que tanto organismos internacionales como ONG's y personas voluntarias han condenado no sólo la escasa implicación de Europa en las ayudas, sino también las devoluciones en las fronteras terrestres y marítimas, el lento acceso a procedimientos de asilo efectivos y las inadecuadas condiciones de acogida.

Las causas del conflicto son diversas: la represión de las iniciales protestas pacíficas que desencadenó luego enfrentamientos armados, la irrupción de grupos yihadistas, y la injerencia de potencias extranjeras que, lejos de dirigir sus acciones hacia la paz, provocan aún más muertes, más destrucción y dificultan aún más la posibilidad de una salida democrática al conflicto, convirtiéndolo en una nueva guerra de poder mundial entre EEUU y Rusia (y sus aliados respectivos) que amenaza la seguridad de toda la humanidad y del planeta.

Cualquier solución debe pasar por el respeto de los derechos y libertades de los diversos pueblos y habitantes de la región.

Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo de Siria y la voluntad de presionar para que se produzca una salida de la guerra a través del diálogo, empezando por un alto el fuego real que sea respetado para que se detengan las matanzas, provocadas muy masivamente por bombardeos aéreos sobre ciudades sitiadas donde malviven actualmente más de 970.000 personas, y para que se inicie el retorno de la población desplazada y refugiada, y la reconstrucción del país.

Condenamos la dramática situación que se vive a día de hoy en Alepo este, donde ya sólo subsisten 200.000 habitantes y ningún hospital sigue en pie. Exigimos el fin inmediato de los bombardeos de la aviación rusa, del gobierno sirio, y de cualquier otro contendiente, sobre la población civil de Alepo.

No puede haber ninguna razón o justificación por parte de ninguno de los bandos armados, ninguna explicación o excusa, para no poner fin a los bombardeos a instalaciones médicas y a otras infraestructuras civiles, ni para impedir la llegada de ayuda, medicinas y alimentos, a la población civil.

Denunciamos el suministro de armas a la zona, en el que está implicada España, que sólo alarga el conflicto y aumenta el sufrimiento de la población. Las potencias que aportan armas son cómplices de la matanza.

Por todo lo expuesto, queremos manifestar que:

1.-Nos solidarizamos con las fuerzas democráticas del conjunto de Siria, atendiendo a su diversidad de pueblos y religiones

2- Rechazamos el uso interesado del conflicto sirio para intentar justificar actitudes y medidas xenófobas en nuestro país y en el resto de Europa

3- Exigimos un cambio fundamental en las políticas del Estado español y de la UE en cuanto a las personas refugiadas y pedimos que se cumplan el derecho internacional, los derechos humanos, y las recomendaciones de las agencias competentes de la ONU: denunciamos el acuerdo de la vergüenza entre la UE y Turquía.

4- Consideramos que hay que cambiar las políticas de asilo, de atención a la población refugiada, y de rescate marítimo. La Unión Europea y los estados deben establecer vías seguras y legales a potenciales solicitantes de asilo con el fin de garantizar el derecho a la vida y la dignidad humana en las diferentes etapas de su desplazamiento forzado, desde su país de origen, en los de tránsito y en los de su acogida.

5-Instamos a la Europa Fortaleza a que en lugar de enviar buques de guerra de la OTAN al Egeo de más de 5 metros de altura con los que no va a realizar ningún rescate en el mar, destine recursos del gasto militar para políticas civiles de acogida.

6- Exigimos un alto el fuego inmediato en Siria y el establecimiento de corredores humanitarios supervisados por organismos civiles internacionales independientes para ayudar a las poblaciones sitiadas. Abogamos por el cese definitivo del conflicto armado y la denuncia del sistema internacional que lo ha hecho posible y alentado.

Además, manifestamos nuestro rechazo total a cualquier conflicto armado, sea cual sea su origen, ya que siempre generan consecuencias terribles en la población civil. Por ello no queremos olvidar otras guerras como la de Irak, Yemen, Sudán del Sur, Nigeria, Pakistán y tantas otras olvidadas, y a los millones de personas inocentes que sufren su barbarie.

Esto es sólo un primer paso en una nueva movilización por la paz. Miramos hacia el 15 de febrero, aniversario de las protestas globales contra la guerra que tuvieron lugar en 2003.

¡No nos cansaremos de gritarlo por todos los medios al alcance de los hombres y mujeres de a pie!

¡NO A LA GUERRA!

ACTUALIZACIÓN A 27 DE DICIEMBRE

Reproducimos a continuación un texto extraido de uno de los eventos en las redes sociales empleados para la convocatoria de las concentraciones, publicado una semana despué de la mismas:

«Esto nuestro en cada ciudad no fue sólo exclusivamente una decisión individual contra la guerra: ciudadanía de a pie tomó la iniciativa, ciertamente, pero luego nos coordinamos, consensuamos, y, más tarde, finalmente, apoyaron diversas entidades tanto a nivel estatal como local. Una semana después hacemos aquí una recopilación con esa parte de los apoyos a las concentraciones»Siria. No a la Guerra. Stop War«que el pasado lunes 12 de diciembre enviamos a la prensa, tras una acelerada y estresante semana semi-festiva que no dió para mucho más. Relación de apoyos de los que no se hizo eco al completo ningún medio, que tengamos noticia.»

APOYO DE ENTIDADES DE CARACTER ESTATAL A LAS MOVILIZACIONES «SIRIA. NO A LA GUERRA. STOP WAR» DEL 12-D:

CGT, CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado)

APOYOS LOCALES:

APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía)

ZARAGOZA

Zaragoza Acoge - Bienvenidxs Refugiadxs
Grupo de apoyo a Refugiad@s Zaragoza
Centro Social Librería «La Pantera Rossa»
Mambrú / Alternativa Antimilitarista.MOC

SANTANDER

Asociación Transformando Futuros
Pasaje Seguro Cantabria
Cantabria Actúa
Libreria La Vorágine

SALAMANCA

Asamblea de Apoyo a Personas migrantes
CGT
ONG Pangea
Acción Antifascista
CSA Villafría
Amnistia Internacional

IBIZA / EIVISSA

Ajuntament de Sant Antoni
Amics de la Terra
Associació de Dones Progressistes
Associació Amics del Poble Saharaui
Biocam
CCOO
Consell d'Eivissa
Cruz Roja
Eivissa Antipetrolifera
Eivissa Diu No
El Xiringuito Teatre i Comunitat
Ensenyants Solidaris
Fons Pitius de Cooperació
Fòrum per sa Memoria
GEN-GOB
Guanyem Eivissa
Ibiza Conciencia
Mal del Cap
Metges del Món Balears
PAH Eivissa
Plataforma por la Convivencia
Plataforma Sociosanitaria
Podem Eivissa
Podem Balears
Reinicia Sant Antoni
Sindicat d'Estudiants
Sindicat Alternativa
SOS Yoga Ibiza
SOS Refugiados Ibiza
STEI

BARCELONA

Comitè de Solidaritat amb el Poble Sirià
Fundipau (Fundaçió per la Pau)
STOP MARE MORTUM
Sodepau
EREC Equip de rescat i emergencies de Catalunya
Acció Solidària i Logística
Desde Abajo
Associació Sirio Catalana
Socialismo Libertario
Lucha Internacionalista
Refugees Aid Barcdelona
Cuidando
CEAR-CCAR

A CORUÑA

Coruña contra a Guerra (más de 30 endidades locales)
Foro galego de inmigración
La ceguera es voluntaria

MENORCA

PAH Menorca
Fòrum 3r Mil·lenni d'Alaior. Associació UNESCO i de l'Associació Cultural S'Ull de Sol, d'Alaior.
Agrupació d'electors d'Ara Maó
PSM – Més per Menorca
Plataforma antipetrolífera MenorcaDiuNo
Maria Antonia López López
Port Addaia-Es Mercadal
Plataforma en defensa del territorio Menorca Reserva de la Billetera
Associació d'Amics del Poble Sahrauí de les Illes Balears
Podem Menorca
Fons Menorquí de Cooperació

ELCHE

Plataforma de Ayuda a Personas Refugiadas Sirias de Elche

MALAGA

Asociación Palmira de apoyo al pueblo sirio

TOLEDO

Colectivo para la Paz Toledo
Bienvenidxs Refugiadxs Toledo
Mujeres de negro contra la guerra
Grupo Nedjma
Asociación Farandulandia
Coordinadora ONGD
Círculo Podemos Toledo
Ganemos Toledo

MADRID

Bienvenidos Refugiados España
Última Parada: libertad
Dignitis: productora solidaria
ONG PROEM-AID
Colectivo Voluntad

VALÈNCIA:

Antimilitaristes-moc
Ràdio Malva 104.9FM
Bienvenidos Refugiados
Asociación ARENA
FAMPA-València

GIJON Llanes con los Refugiados
Red de Madres sin Red
Brazos Abiertos Asturias

ZAMORA

Colectivo de Solidaridad con Palestina Al'Madafa
Colectivo Libre de Acogida al Refugiado en Aliste
Plataforma por los Derechos de los Refugiados de Zamora

HUESCA

Plataforma Oscense por los Derechos Humanos

REGIÓN DE MURCIA

Coordinadora de ONGD Región de Murcia
Asociación Amigos de Ritsona

TARRAGONA

Stop Mare Mortum Tarragona
La Conca amb els Refugiats
Tarragona Patrimoni per la Pau
Vivim la Pau
BDS Tarragona
URV Solidària
Voluntaris pels refugiats
Comité Oscar Romero
La Cuculmeca - Tarragona

LA VALL D'UIXÓ

Centre Cultural Islàmic
Associació Rumana
Cáritas
Creu Roja
Tupay
Smara La Vall-Vilavella Protecció Civil

BILBAO

Ongi Etorri Errefuxiatuak-Bizkaia


33 ciudades reflejadas finalmente en el cartel
Categorías: antimilitar

Una iniciativa ciudadana contra la guerra en Siria impulsa concentraciones en 34 ciudades

6 December, 2016 - 00:04

Personas que no se conocían, coordinándose a través de las redes sociales, han conseguido en menos de 10 días, mediante unos sencillos consejos agrupados, movilizar y coordinar a 34 ciudades por el «No a la guerra» en Siria, mediante diferentes eventos de facebook de cada ciudad. A esta inciativa, que se ha adelantado espontáneamente a las que estaban preparando, también para mediados de diciembre, diferentes grupos pacifistas y antimilitaristas, se han sumado finalmente una serie de entidades de todo tipo. Esta convocatoria cuenta con un manifiesto consensuado por las diferentes ciudades participantes, que reproducimos a continuación.

SIRIA. NO A LA GUERRA. STOP WAR

Formamos parte de la multitud avergonzada de esta Europa Fortaleza que se amuralla y que vulnera la legislación internacional sobre derechos humanos.

Y es que no sufrimos de ceguera ante lo que está ocurriendo y por eso hoy nos hemos convocado de nuevo simultáneamente en las plazas de las ciudades para unir nuestras voces en un solo grito: NO A LA GUERRA.

En el marco de las revueltas árabes y de las posteriores contrarrevoluciones, Siria sufre, desde hace más de 5 años, una cruel guerra, en la que ya han muerto más de 470.000 personas y que ha causado más de 11 millones de personas desplazadas y refugiadas en el interior del país, en los países vecinos y miles de muertes en el mar Mediterráneo.

La guerra en Siria ha provocado una de las mayores crisis humanitarias, la mayor después de la II Guerra Mundial, de tal manera que tanto organismos internacionales como ONG's y personas voluntarias han condenado no sólo la escasa implicación de Europa en las ayudas, sino también las devoluciones en las fronteras terrestres y marítimas, el lento acceso a procedimientos de asilo efectivos y las inadecuadas condiciones de acogida.

Las causas del conflicto son diversas: la represión de las iniciales protestas pacíficas que desencadenó luego enfrentamientos armados, la irrupción de grupos yihadistas, y la injerencia de potencias extranjeras que, lejos de dirigir sus acciones hacia la paz, provocan aún más muertes, más destrucción y dificultan aún más la posibilidad de una salida democrática al conflicto, convirtiéndolo en una nueva guerra de poder mundial entre EEUU y Rusia (y sus aliados respectivos) que amenaza la seguridad de toda la humanidad y del planeta.

Cualquier solución debe pasar por el respeto de los derechos y libertades de los diversos pueblos y habitantes de la región.

Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo de Siria y la voluntad de presionar para que se produzca una salida de la guerra a través del diálogo, empezando por un alto el fuego real que sea respetado para que se detengan las matanzas, provocadas muy masivamente por bombardeos aéreos sobre ciudades sitiadas donde malviven actualmente más de 970.000 personas, y para que se inicie el retorno de la población desplazada y refugiada, y la reconstrucción del país.

Condenamos la dramática situación que se vive a día de hoy en Alepo este, donde ya sólo subsisten 200.000 habitantes y ningún hospital sigue en pie. Exigimos el fin inmediato de los bombardeos de la aviación rusa, del gobierno sirio, y de cualquier otro contendiente, sobre la población civil de Alepo.

No puede haber ninguna razón o justificación por parte de ninguno de los bandos armados, ninguna explicación o excusa, para no poner fin a los bombardeos a instalaciones médicas y a otras infraestructuras civiles, ni para impedir la llegada de ayuda, medicinas y alimentos, a la población civil.

Denunciamos el suministro de armas a la zona, en el que está implicada España, que sólo alarga el conflicto y aumenta el sufrimiento de la población. Las potencias que aportan armas son cómplices de la matanza.

Por todo lo expuesto, queremos manifestar que:

1.-Nos solidarizamos con las fuerzas democráticas del conjunto de Siria, atendiendo a su diversidad de pueblos y religiones

2- Rechazamos el uso interesado del conflicto sirio para intentar justificar actitudes y medidas xenófobas en nuestro país y en el resto de Europa

3- Exigimos un cambio fundamental en las políticas del Estado español y de la UE en cuanto a las personas refugiadas y pedimos que se cumplan el derecho internacional, los derechos humanos, y las recomendaciones de las agencias competentes de la ONU: denunciamos el acuerdo de la vergüenza entre la UE y Turquía.

4- Consideramos que hay que cambiar las políticas de asilo, de atención a la población refugiada, y de rescate marítimo. La Unión Europea y los estados deben establecer vías seguras y legales a potenciales solicitantes de asilo con el fin de garantizar el derecho a la vida y la dignidad humana en las diferentes etapas de su desplazamiento forzado, desde su país de origen, en los de tránsito y en los de su acogida.

5-Instamos a la Europa Fortaleza a que en lugar de enviar buques de guerra de la OTAN al Egeo de más de 5 metros de altura con los que no va a realizar ningún rescate en el mar, destine recursos del gasto militar para políticas civiles de acogida.

6- Exigimos un alto el fuego inmediato en Siria y el establecimiento de corredores humanitarios supervisados por organismos civiles internacionales independientes para ayudar a las poblaciones sitiadas. Abogamos por el cese definitivo del conflicto armado y la denuncia del sistema internacional que lo ha hecho posible y alentado.

Además, manifestamos nuestro rechazo total a cualquier conflicto armado, sea cual sea su origen, ya que siempre generan consecuencias terribles en la población civil. Por ello no queremos olvidar otras guerras como la de Irak, Yemen, Sudán del Sur, Nigeria, Pakistán y tantas otras olvidadas, y a los millones de personas inocentes que sufren su barbarie.

Esto es sólo un primer paso en una nueva movilización por la paz. Miramos hacia el 15 de febrero, aniversario de las protestas globales contra la guerra que tuvieron lugar en 2003.

¡No nos cansaremos de gritarlo por todos los medios al alcance de los hombres y mujeres de a pie!

¡NO A LA GUERRA!

ACTUALIZACIÓN A 27 DE DICIEMBRE

Reproducimos a continuación un texto extraido de uno de los eventos en las redes sociales empleados para la convocatoria de las concentraciones, publicado una semana despué de la mismas:

«Esto nuestro en cada ciudad no fue sólo exclusivamente una decisión individual contra la guerra: ciudadanía de a pie tomó la iniciativa, ciertamente, pero luego nos coordinamos, consensuamos, y, más tarde, finalmente, apoyaron diversas entidades tanto a nivel estatal como local. Una semana después hacemos aquí una recopilación con esa parte de los apoyos a las concentraciones»Siria. No a la Guerra. Stop War«que el pasado lunes 12 de diciembre enviamos a la prensa, tras una acelerada y estresante semana semi-festiva que no dió para mucho más. Relación de apoyos de los que no se hizo eco al completo ningún medio, que tengamos noticia.»

APOYO DE ENTIDADES DE CARACTER ESTATAL A LAS MOVILIZACIONES «SIRIA. NO A LA GUERRA. STOP WAR» DEL 12-D:

CGT, CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado)

APOYOS LOCALES:

APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía)

ZARAGOZA

Zaragoza Acoge - Bienvenidxs Refugiadxs
Grupo de apoyo a Refugiad@s Zaragoza
Centro Social Librería «La Pantera Rossa»
Mambrú / Alternativa Antimilitarista.MOC

SANTANDER

Asociación Transformando Futuros
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SALAMANCA

Asamblea de Apoyo a Personas migrantes
CGT
ONG Pangea
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CSA Villafría
Amnistia Internacional

IBIZA / EIVISSA

Ajuntament de Sant Antoni
Amics de la Terra
Associació de Dones Progressistes
Associació Amics del Poble Saharaui
Biocam
CCOO
Consell d'Eivissa
Cruz Roja
Eivissa Antipetrolifera
Eivissa Diu No
El Xiringuito Teatre i Comunitat
Ensenyants Solidaris
Fons Pitius de Cooperació
Fòrum per sa Memoria
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Guanyem Eivissa
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Metges del Món Balears
PAH Eivissa
Plataforma por la Convivencia
Plataforma Sociosanitaria
Podem Eivissa
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Reinicia Sant Antoni
Sindicat d'Estudiants
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SOS Refugiados Ibiza
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STOP MARE MORTUM
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Socialismo Libertario
Lucha Internacionalista
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Cuidando
CEAR-CCAR

A CORUÑA

Coruña contra a Guerra (más de 30 endidades locales)
Foro galego de inmigración
La ceguera es voluntaria

MENORCA

PAH Menorca
Fòrum 3r Mil·lenni d'Alaior. Associació UNESCO i de l'Associació Cultural S'Ull de Sol, d'Alaior.
Agrupació d'electors d'Ara Maó
PSM – Més per Menorca
Plataforma antipetrolífera MenorcaDiuNo
Maria Antonia López López
Port Addaia-Es Mercadal
Plataforma en defensa del territorio Menorca Reserva de la Billetera
Associació d'Amics del Poble Sahrauí de les Illes Balears
Podem Menorca
Fons Menorquí de Cooperació

ELCHE

Plataforma de Ayuda a Personas Refugiadas Sirias de Elche

MALAGA

Asociación Palmira de apoyo al pueblo sirio

TOLEDO

Colectivo para la Paz Toledo
Bienvenidxs Refugiadxs Toledo
Mujeres de negro contra la guerra
Grupo Nedjma
Asociación Farandulandia
Coordinadora ONGD
Círculo Podemos Toledo
Ganemos Toledo

MADRID

Bienvenidos Refugiados España
Última Parada: libertad
Dignitis: productora solidaria
ONG PROEM-AID
Colectivo Voluntad

VALÈNCIA:

Antimilitaristes-moc
Ràdio Malva 104.9FM
Bienvenidos Refugiados
Asociación ARENA
FAMPA-València

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REGIÓN DE MURCIA

Coordinadora de ONGD Región de Murcia
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TARRAGONA

Stop Mare Mortum Tarragona
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Tarragona Patrimoni per la Pau
Vivim la Pau
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Centre Cultural Islàmic
Associació Rumana
Cáritas
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BILBAO

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33 ciudades reflejadas finalmente en el cartel
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Declaración de la Internacional de Resistentes a la Guerra sobre el conflicto en Siria

1 December, 2016 - 16:09

Desde la ruptura de la tregua pactada entre Rusia y EEUU en septiembre de 2016, y después de más de un año de intervención militar rusa en apoyo del régimen sirio, las atrocidades de las acciones militares de las fuerzas sirias y rusas durante octubre y noviembre de 2016 han alcanzado una gravedad sin precedentes en el país en estos 5 años de guerra. Varias ciudades han estado sitiadas durante meses, sobre todo en barrios orientales de Alepo. Como narran activistas y organizaciones humanitarias y de defensa de los derechos humanos sobre el terreno, el ataque contra Alepo se trata de una estrategia militar consciente, deliberada y sistemática de bombardeos indiscriminados, y el uso de armamento especialmente dañino, están causando centenares de fallecidos y miles de heridos. También se está produciendo la destrucción total de la infraestructura sanitaria y de protección civil, de la que dependen más de 250.000 personas (100.000 de ellas, niños y niñas). Además de los tristemente habituales barriles de TNT, la fuerzas aéreas siria y rusa están lanzando varias clases de bombas cuyo uso está prohibido (de fragmentación, incendiarias, termobáricas y revientabúnqueres) contra barrios residenciales e instalaciones básicas para la vida, especialmente hospitales. Más de 300 civiles han sido asesinados, más de 1000 heridos y todos los hospitales han quedado ya fuera de servicio a causa de los bombardeos solamente en la última semana de intensificación de los ataques.

La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) quiere mostrar su rechazo ante el horror que está suponiendo la intensificación de los ataques aéreos continuados contra población civil en Siria. La IRG condena enérgicamente estas acciones: el gobierno sirio y su aliadaRusiaestán causando sufrimiento de forma premeditada a la población civil. Estos ataques contra población civil, así como todos los que llevan a cabo el resto de ejércitos y milicias que operan en suelo sirio, deben cesar de inmediato.

La IRG condena también los ataques de la Coalición Internacional en el norte de Siria y de Iraq. En el norte de Siria solamente, estos ataques han matado al menos a 900 civiles en los 26 meses transcurridos desde el comienzo de la intervención militar de la Coalición.

El final de la tregua en Alepo es el último capítulo de un complejo conflicto bélico sin solución militar de más de cinco años de duración en el que intervienen cada vez más actores armados. Más de 250 milicias diferentes, entre ellas Daesh/EI, la antigua al-Nusra y la lealista Shabiha, combaten en Siria en contra o del lado del régimen sirio. La guerra se ha internacionalizado enormemente; entre los actores externos están Rusia, Irán, la milicia libanesa Hizbullah, milicias chiíes iraquíes, EEUU, Francia y el resto de la llamada Coalición Internacional y Turquía, que está aprovechándose de la situación para extender al norte de Siria sus ataques contra los kurdos, así como los miles de mercenarios que combaten con Daesh/EI y otra milicias. Muchos Estados apoyan económica y militarmente en diferente grado a grupos armados afines. Por ejemplo, las petromonarquías del Golfo dan apoyo a las milicias islamistas como la antigua al-Nusra, Rusia, Irán y China apoyan el régimen sirio y sus múltiples milicias irregulares asociadas, y EEUU apoya algunas milicias del Ejército Libre Sirio y los kurdos del YPG. Siria se ha convertido en el escenario en el que las potencias globales y regionales dirimen sus intereses con la coartada de la “guerra contra el terrorismo” a costa de la vida de la población siria.

La venta de armas también ha tenido un efecto multiplicador de la guerra. Frente al constante flujo de armamento y munición desde Rusia, Irán y China hacia el gobierno sirio, se ha producido la llegada de armamento producido principalmente en plantas de países de Europa del Este hacia los países del Golfo y finalmente hacia manos de algunas milicias sectarias. Por su parte, el Daesh/EI se ha servido principalmente del armamento de EEUU abandonado durante la desbandada del ejército iraquí en 2014, y del capturado en su rápido avance en posterior en Siria. Además, según informaciones, el armamento entregado por la Coalición Internacional a los Peshmergas (las fuerzas militareas de la región autónoma del Kurdistán iraquí) y a otros aliados occidentales, ha acabado en el mercado negro o en manos de grupos extremistas.

La magnitud de la tragedia humana causada por estos cincos años de guerra tiene pocos precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Siria es hoy un país donde ya han muerto al menos 250.000 personas víctimas de la guerra; la mitad de su población se ha visto desplazada; trece millones de personas necesitan ayuda humanitaria; cinco millones de refugiados han abandonado el país, buena parte de ellos jugándose la vida o perdiéndola cruzando el Mediterráneo para acabar chocando con los muros de la Europa Fortaleza, recluidos en campos de refugiados o campos de deportación y expuestos a la creciente islamofobia de las sociedades europeas. Entre seis y ocho millones de personas se han visto forzada a abandonar su hogar desplazándose en el propio país; ciudades enteras han sido destruidas, otras asediadas o/y con bombardeos constantes sobre instalaciones civiles, etc.

Toda la multitud de actores armados que operan en Siria han contribuido en diferentes grados a esta gravísima situación, pero tanto la ONU como distintas organizaciones locales e internacionales humanitarias y de derechos humanos resaltan una y otra vez en sus informes sobre Siria que el gobierno presidido por Bashar al-Assad es responsable de la inmensa mayoría de las víctimas. La lista de atrocidades perpetradas por el gobierno sirio es larga. Entre ellas está el empleo de misiles de crucero y el bombardeo aéreo indiscriminado de barriles de TNT (cerca de 40.000 contabilizados desde 2012) sobre áreas residenciales e infraestructuras vitales; el ataque químico con gas sarín en Ghouta en 2013 que dejó cientos de muertos; bombardeos químicos con cloro; la estrategia militar de “rendición o inanición”, con la que el gobierno sirio ha mantenido a lo largo del conflicto un cerco total o parcial sobre unos dos millones de personas en diferentes ciudades y localidades sirias que no pueden recibir comida ni medicinas, o las decenas de miles de detenidos en condiciones infrahumanas que han sufrido tortura en las cárceles del régimen.

La revolución pacífica que ocupó las calles de Siria en febrero de 2011 exigiendo justicia y democracia y que obtuvo como respuesta una represión despiadada por medios militares por parte del régimen sirio al grito de “Assad o quemamos el país”, cristalizó a pesar de ello en una miríada de activismos, proyectos, medios e instituciones alternativas. Con el paso de los años esta oposición se ha visto progresivamente diezmada por la intensificación de la violencia, por las desapariciones forzadas, los bombardeos o el exilio y por la entrada en escena de nuevos actores armados que tratan de imponer su propia agenda, que no tiene nada que ver con la democracia y el autogobierno de Siria. Pero todavía son miles los activistas noviolentos que resisten tanto la dictadura de Assad como la deriva militarista y la sectaria. Bastó una pequeña tregua en febrero para que salieran de nuevo a las calles, a manifestarse contra el régimen y contra el Daesh/Estado Islámico; también contra Yahbat Al-Nusra en la provincia de Idlib, dando lugar a un movimiento que aún perdura.

Siria ya no es un conflicto regional, sino un problema de la Humanidad. No sólo por la internacionalización del conflicto, la aparición de acciones terroristas de inspiración yihadista en Europa y EEUU, por los millones de personas que huyen de la guerra fuera del país, o por la dimensión de la catástrofe. Como decía un manifiesto firmado a mediados de septiembre por 150 artistas y escritores sirios, “el mundo hoy es una cuestión siria, como Siria es hoy una cuestión mundial”.

Por todo lo anterior, la Internacional de Resistentes a la Guerra:

se solidariza con la población civil siria víctima de la guerra.

hace un llamamiento a la movilización internacional para romper el silencio y exigir el cese de los bombardeos sobre población civil y un alto el fuego inmediato. Aunque en el movimiento por la paz no existe un consenso acerca del grado de responsabilidad de los distintos actores implicados en la guerra, sí que hay un acuerdo en que solamente una tregua y negociaciones pueden detener el sufrimiento de la población civil. En Siria nos encontramos con los mismos motivos, si no mayores, que los que llevaron a millones de personas a protestar contra la guerra de Iraq.

rechaza todas las acciones militares en marcha actualmente en Siria, cuenten o no con el acuerdo del gobierno sirio: Rusia, Irán, Hizbullah, EEUU y la Coalición Internacional, Turquía Daesh/EI y las milicias iraquíes y srias deben abandonar el uso de las armas y emplear medios noviolentos de transformación de conflictos, es decir, sentarse en una mesa de negociación. La IRG también rechaza la posibilidad de nuevas intervenciones militares que solamente intensificarían la violencia armada y aumentarían el caos en la región, provocado en gran parte por las intervenciones militares de EEUU en Iraq y Afganistán.

exige la puesta en libertad de las decenas de miles de detenidos en condiciones infrahumanas en las cárceles del régimen sirio.

demanda que los autores de los crímenes de guerra y contra la Humanidad cometidos en Siria respondan por ellos, como parte de un proceso de paz, justicia, reconciliación y reparación de las víctimas.

se compromete a apoyar a las personas activistas y grupos de base que en medio de la violencia resisten a la militarización y la guerra, persisten en su lucha noviolenta contra la dictadura y por la democracia en Siria, y señalan el camino de la paz.

La Internacional de Resistentes a la Guerra es una red de personas y grupos de todo el mundo fundada en 1921 alrededor de la declaración: “la guerra es un crimen contra la Humanidad. Por ello me comprometo a no apoyar ninguna guerra y a luchar por la desaparición de todas sus causas”. La IRG promueve la resistencia a la guerra y sus preparativos, y la noviolencia como forma lucha por la transformación social radical.

Publicado originalmente en el sitio web de la IRG: http://www.wri-irg.org/en/node/26927

Categorías: antimilitar

Declaración de la Internacional de Resistentes a la Guerra sobre el conflicto en Siria

1 December, 2016 - 16:09

Desde la ruptura de la tregua pactada entre Rusia y EEUU en septiembre de 2016, y después de más de un año de intervención militar rusa en apoyo del régimen sirio, las atrocidades de las acciones militares de las fuerzas sirias y rusas durante octubre y noviembre de 2016 han alcanzado una gravedad sin precedentes en el país en estos 5 años de guerra. Varias ciudades han estado sitiadas durante meses, sobre todo en barrios orientales de Alepo. Como narran activistas y organizaciones humanitarias y de defensa de los derechos humanos sobre el terreno, el ataque contra Alepo se trata de una estrategia militar consciente, deliberada y sistemática de bombardeos indiscriminados, y el uso de armamento especialmente dañino, están causando centenares de fallecidos y miles de heridos. También se está produciendo la destrucción total de la infraestructura sanitaria y de protección civil, de la que dependen más de 250.000 personas (100.000 de ellas, niños y niñas). Además de los tristemente habituales barriles de TNT, la fuerzas aéreas siria y rusa están lanzando varias clases de bombas cuyo uso está prohibido (de fragmentación, incendiarias, termobáricas y revientabúnqueres) contra barrios residenciales e instalaciones básicas para la vida, especialmente hospitales. Más de 300 civiles han sido asesinados, más de 1000 heridos y todos los hospitales han quedado ya fuera de servicio a causa de los bombardeos solamente en la última semana de intensificación de los ataques.

La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) quiere mostrar su rechazo ante el horror que está suponiendo la intensificación de los ataques aéreos continuados contra población civil en Siria. La IRG condena enérgicamente estas acciones: el gobierno sirio y su aliadaRusiaestán causando sufrimiento de forma premeditada a la población civil. Estos ataques contra población civil, así como todos los que llevan a cabo el resto de ejércitos y milicias que operan en suelo sirio, deben cesar de inmediato.

La IRG condena también los ataques de la Coalición Internacional en el norte de Siria y de Iraq. En el norte de Siria solamente, estos ataques han matado al menos a 900 civiles en los 26 meses transcurridos desde el comienzo de la intervención militar de la Coalición.

El final de la tregua en Alepo es el último capítulo de un complejo conflicto bélico sin solución militar de más de cinco años de duración en el que intervienen cada vez más actores armados. Más de 250 milicias diferentes, entre ellas Daesh/EI, la antigua al-Nusra y la lealista Shabiha, combaten en Siria en contra o del lado del régimen sirio. La guerra se ha internacionalizado enormemente; entre los actores externos están Rusia, Irán, la milicia libanesa Hizbullah, milicias chiíes iraquíes, EEUU, Francia y el resto de la llamada Coalición Internacional y Turquía, que está aprovechándose de la situación para extender al norte de Siria sus ataques contra los kurdos, así como los miles de mercenarios que combaten con Daesh/EI y otra milicias. Muchos Estados apoyan económica y militarmente en diferente grado a grupos armados afines. Por ejemplo, las petromonarquías del Golfo dan apoyo a las milicias islamistas como la antigua al-Nusra, Rusia, Irán y China apoyan el régimen sirio y sus múltiples milicias irregulares asociadas, y EEUU apoya algunas milicias del Ejército Libre Sirio y los kurdos del YPG. Siria se ha convertido en el escenario en el que las potencias globales y regionales dirimen sus intereses con la coartada de la “guerra contra el terrorismo” a costa de la vida de la población siria.

La venta de armas también ha tenido un efecto multiplicador de la guerra. Frente al constante flujo de armamento y munición desde Rusia, Irán y China hacia el gobierno sirio, se ha producido la llegada de armamento producido principalmente en plantas de países de Europa del Este hacia los países del Golfo y finalmente hacia manos de algunas milicias sectarias. Por su parte, el Daesh/EI se ha servido principalmente del armamento de EEUU abandonado durante la desbandada del ejército iraquí en 2014, y del capturado en su rápido avance en posterior en Siria. Además, según informaciones, el armamento entregado por la Coalición Internacional a los Peshmergas (las fuerzas militareas de la región autónoma del Kurdistán iraquí) y a otros aliados occidentales, ha acabado en el mercado negro o en manos de grupos extremistas.

La magnitud de la tragedia humana causada por estos cincos años de guerra tiene pocos precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Siria es hoy un país donde ya han muerto al menos 250.000 personas víctimas de la guerra; la mitad de su población se ha visto desplazada; trece millones de personas necesitan ayuda humanitaria; cinco millones de refugiados han abandonado el país, buena parte de ellos jugándose la vida o perdiéndola cruzando el Mediterráneo para acabar chocando con los muros de la Europa Fortaleza, recluidos en campos de refugiados o campos de deportación y expuestos a la creciente islamofobia de las sociedades europeas. Entre seis y ocho millones de personas se han visto forzada a abandonar su hogar desplazándose en el propio país; ciudades enteras han sido destruidas, otras asediadas o/y con bombardeos constantes sobre instalaciones civiles, etc.

Toda la multitud de actores armados que operan en Siria han contribuido en diferentes grados a esta gravísima situación, pero tanto la ONU como distintas organizaciones locales e internacionales humanitarias y de derechos humanos resaltan una y otra vez en sus informes sobre Siria que el gobierno presidido por Bashar al-Assad es responsable de la inmensa mayoría de las víctimas. La lista de atrocidades perpetradas por el gobierno sirio es larga. Entre ellas está el empleo de misiles de crucero y el bombardeo aéreo indiscriminado de barriles de TNT (cerca de 40.000 contabilizados desde 2012) sobre áreas residenciales e infraestructuras vitales; el ataque químico con gas sarín en Ghouta en 2013 que dejó cientos de muertos; bombardeos químicos con cloro; la estrategia militar de “rendición o inanición”, con la que el gobierno sirio ha mantenido a lo largo del conflicto un cerco total o parcial sobre unos dos millones de personas en diferentes ciudades y localidades sirias que no pueden recibir comida ni medicinas, o las decenas de miles de detenidos en condiciones infrahumanas que han sufrido tortura en las cárceles del régimen.

La revolución pacífica que ocupó las calles de Siria en febrero de 2011 exigiendo justicia y democracia y que obtuvo como respuesta una represión despiadada por medios militares por parte del régimen sirio al grito de “Assad o quemamos el país”, cristalizó a pesar de ello en una miríada de activismos, proyectos, medios e instituciones alternativas. Con el paso de los años esta oposición se ha visto progresivamente diezmada por la intensificación de la violencia, por las desapariciones forzadas, los bombardeos o el exilio y por la entrada en escena de nuevos actores armados que tratan de imponer su propia agenda, que no tiene nada que ver con la democracia y el autogobierno de Siria. Pero todavía son miles los activistas noviolentos que resisten tanto la dictadura de Assad como la deriva militarista y la sectaria. Bastó una pequeña tregua en febrero para que salieran de nuevo a las calles, a manifestarse contra el régimen y contra el Daesh/Estado Islámico; también contra Yahbat Al-Nusra en la provincia de Idlib, dando lugar a un movimiento que aún perdura.

Siria ya no es un conflicto regional, sino un problema de la Humanidad. No sólo por la internacionalización del conflicto, la aparición de acciones terroristas de inspiración yihadista en Europa y EEUU, por los millones de personas que huyen de la guerra fuera del país, o por la dimensión de la catástrofe. Como decía un manifiesto firmado a mediados de septiembre por 150 artistas y escritores sirios, “el mundo hoy es una cuestión siria, como Siria es hoy una cuestión mundial”.

Por todo lo anterior, la Internacional de Resistentes a la Guerra:

se solidariza con la población civil siria víctima de la guerra.

hace un llamamiento a la movilización internacional para romper el silencio y exigir el cese de los bombardeos sobre población civil y un alto el fuego inmediato. Aunque en el movimiento por la paz no existe un consenso acerca del grado de responsabilidad de los distintos actores implicados en la guerra, sí que hay un acuerdo en que solamente una tregua y negociaciones pueden detener el sufrimiento de la población civil. En Siria nos encontramos con los mismos motivos, si no mayores, que los que llevaron a millones de personas a protestar contra la guerra de Iraq.

rechaza todas las acciones militares en marcha actualmente en Siria, cuenten o no con el acuerdo del gobierno sirio: Rusia, Irán, Hizbullah, EEUU y la Coalición Internacional, Turquía Daesh/EI y las milicias iraquíes y srias deben abandonar el uso de las armas y emplear medios noviolentos de transformación de conflictos, es decir, sentarse en una mesa de negociación. La IRG también rechaza la posibilidad de nuevas intervenciones militares que solamente intensificarían la violencia armada y aumentarían el caos en la región, provocado en gran parte por las intervenciones militares de EEUU en Iraq y Afganistán.

exige la puesta en libertad de las decenas de miles de detenidos en condiciones infrahumanas en las cárceles del régimen sirio.

demanda que los autores de los crímenes de guerra y contra la Humanidad cometidos en Siria respondan por ellos, como parte de un proceso de paz, justicia, reconciliación y reparación de las víctimas.

se compromete a apoyar a las personas activistas y grupos de base que en medio de la violencia resisten a la militarización y la guerra, persisten en su lucha noviolenta contra la dictadura y por la democracia en Siria, y señalan el camino de la paz.

La Internacional de Resistentes a la Guerra es una red de personas y grupos de todo el mundo fundada en 1921 alrededor de la declaración: “la guerra es un crimen contra la Humanidad. Por ello me comprometo a no apoyar ninguna guerra y a luchar por la desaparición de todas sus causas”. La IRG promueve la resistencia a la guerra y sus preparativos, y la noviolencia como forma lucha por la transformación social radical.

Publicado originalmente en el sitio web de la IRG: http://www.wri-irg.org/en/node/26927

Categorías: antimilitar

Una nueva mayoría política siria

13 November, 2016 - 19:30

Celebrando en Alepo el quinto aniversario de la Revolución siria (Reuters)

Yassin Al-Haj Saleh

Al-Jumhuriya English [Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.]

Este artículo va dirigido a un lector anónimo, bienintencionado y moderadamente informado para sugerirle una visión de resolución justa de la cuestión siria y examinar los potenciales problemas y obstáculos que pueden presentarse en el camino.

Yassin al-Haj Saleh (nacido en Raqqa en 1961) es un destacado escritor e intelectual sirio. En 1980, cuando estudiaba Medicina en Alepo fue encarcelado por sus actividades políticas permaneciendo tras las rejas hasta 1996. Escribe sobre temas políticos, sociales y culturales relacionados con Siria y el mundo árabe para varios periódicos y revistas árabes fuera de Siria, colaborando de forma regular con el periódico Al-Hayat, editado en Londres, la revista egipcia de izquierdas Al-Bosla y el periódico sirio online The Republic.

¿Qué significa una solución para Siria?

A los sirios implicados en los asuntos públicos siempre se nos está preguntando por nuestra idea para solucionar el conflicto sirio. Pocas veces la pregunta pretende indagar cuáles podrían ser las soluciones justas. En cambio, se concede normalmente que la cuestión es “complicada”, que la resolución escapa al ámbito de lo posible, o quizás que no puede llegarse a una solución sin hacer retroceder los relojes a una época anterior a marzo de 2011. Aparte de todo esto, la pregunta se deriva también a menudo de una supina ignorancia respecto a la historia de la disidencia política en Siria y de las luchas aplastadas a favor de una transición democrática de toda una anterior generación de sirios. Esta línea de preguntas está también divorciada, desde cualquier punto de vista, de las diferentes fases de nuestra lucha que condujeron a la actual coyuntura.

No obstante, este artículo aborda directamente esa pregunta acerca de la resolución de la crisis imaginando a un lector serio anónimo que aspira sinceramente a una solución justa del prolongado desastre sirio o a una solución que al menos se sitúe en las proximidades de la justicia.

Vayamos al núcleo de la cuestión. Una solución justa en Siria debería basarse en el establecimiento de una nueva mayoría política en el país en la que una mayoría creciente de sirios se sientan representados políticamente, que ponga fin a un gobierno minoritario y oligárquico, a la vez que siente las bases para una nueva Siria y un régimen político sirio de integración. Esto requiere el fin del gobierno asadista, del Daesh y de cualquier grupo yihadista-salafista, además de instituir la igualdad política y cultural para los kurdos sin hegemonías nacionalistas. Es necesario que se establezcan los cimientos de una Siria democrática basada en la ciudadanía.

Esto cumpliría las demandas de justicia política, ampliando la base de gobierno, augurando horizontes menos sombríos para la evolución política en el país y, a largo plazo, limitaría las posibilidades de una erupción política violenta.

Con el cambio de siglo, una autoridad legada dentro de la dinastía asadista institucionalizó el carácter minoritario del gobierno en Siria. En efecto, ese hecho implicó una transformación sultánica que dio la puntilla final a la república siria, requiriendo de una enmienda constitucional a fin de que el Estado profundo sirio pudiera sostener a la dinastía de los Asad. La liberalización económica orientada hacia el neoliberalismo reforzó los aspectos minoritarios del gobierno y, por tanto, una interconexión sin precedentes entre la retención excluyente del poder y el acceso privilegiado a los recursos nacionales por parte de una nueva clase burguesa, compuesta principalmente por parientes, compinches y asociados. Además, durante los años tanto del Padre como del Hijo, el Estado asadista ha echado mano del sectarismo como herramienta fundamental de gobierno, fomentando la escisión entre sus gobernados, el temor de los unos hacia los otros y ofreciendo a un sector de la población, los alauíes, que constituyen fundamentalmente el escudo de seguridad estatal, una identificación discriminatoria con el Estado.

Este carácter minoritario multifacético, en el cual se solapan tanto el sentido social como sectario de “minoría”, ha sido fuente de descontento y de guerra civil fría que ha hecho erupción en dos ocasiones en el curso de tres décadas. Una estructura tal no permite más que estallidos de violencia. Se basa esencialmente en colocar a la población en cuarentena política, alimentando la desconfianza y el temor entre ellos, mientras el centro sultánico y la clase neoburguesa (que en otro artículo describí como “burguesía externa” o “central”) va excluyéndolos gradualmente del uso de los recursos públicos.

Para poner fin a esta historia cíclica es necesario romper con el gobierno minoritario y formar una nueva mayoría política.

¿Qué tipo de mayoría política?

La nueva mayoría en Siria no se refiere a la mayoría árabe sunní sino a una mayoría social que es intercomunitaria. En Siria, no sólo los sunníes carecen de unidad o convergencia política sino que las divisiones de clase y regionales que les separan son iguales, cuando no superiores, a las divisiones existentes entre ellos y otros grupos. Y más importante, el carácter sunní no evitaría el gobierno minoritario en mayor proporción que lo haría el carácter árabe. Aunque los árabes constituyen una gran mayoría de sirios, el nacionalismo árabe ha fracasado sin lugar a dudas a la hora de impedir un gobierno minoritario o de conseguir una mayoría política.

Desde luego, lo más probable es que la mayoría de esta nueva mayoría siria fuera sunní. Sin embargo, el mero hecho de que pertenezcan a la secta sunní no socava inherentemente la posibilidad de establecer una mayoría política estable, a menos que los sunníes árabes estuvieran unificados o se comportaran como grupo homogéneo y distintivo. En mi opinión, eso es insostenible, como se ha puesto en evidencia en el curso de los cinco años y medio de la Revolución siria. Si la homogeneidad entre los sunníes llegara alguna vez a materializarse, necesitaría de una amplia coerción que debería centrarse mucho más en el entorno sunní que en otros, llegándose así a un gobierno minoritario complejo: una minoría entre los sunníes y una minoría entre los sirios.

A pesar del hecho de que uno podría definir a los islamistas en función de su voluntad de sectarizar y unificar a los sunníes, es cierto que si el gobierno llegara a consolidarse en sus manos, no iban a sentirse muy cómodos si las dos terceras partes de la población se mantuvieran unidas y públicamente activas. Por razones islamistas, se dedicarían a dividirles y devolverles a la pasividad, a saber, imponiendo un “gobierno minoritario sunní” y renovando el despotismo. Sin embargo, si los sunníes se mantuvieran políticamente activos, entonces algunos islamistas buscarían socios y aliados entre otras comunidades. Es probable que el resultado de todo esto fuera una mayoría política del tipo de la que surgió en los primeros años de la década de 1930 contra los franceses, o contra al-Shishakli a raíz de la conferencia de Homs de 1954.

Esa mayoría política siria sería una mayoría social e intercomunitaria que sólo excluiría a aquéllos que fueran activamente leales al Estado de Asad (la justicia predetermina que algunos sean juzgados y otros puestos políticamente en cuarentena a partir de sus hechos, no de sus orígenes). La mayoría de la nueva Siria se esforzaría en aglutinar a los sectores más amplios de la población de todas las diferentes comunidades que no hayan sido cómplices de la oligarquía de los Asad.

Una retórica tal no es especialmente novedosa. Es la sustancia misma de las aspiraciones democráticas que han sido repetidamente puestas de manifiesto desde antes de la primera oleada de resistencia al gobierno asadista en la última mitad de la década de 1970, un período en el que la opresión de Asad se intensificó y apareció una nueva clase burguesa. Sin embargo, para lidiar con la cuestión de la democracia en Siria se necesita de una especificidad particular, debido al aumento de la influencia de las formaciones comunitarias en la vida pública actual, así como para abordar las preocupaciones de las minorías y sus derechos.

Es sabido que en la genealogía del paradigma de la “protección de las minorías” está el ascenso del imperialismo en Europa y la aparición de la “cuestión oriental” (que, en realidad, es una “cuestión occidental”, según Arnold Toynbee). Desde esta genealogía se plantea la noción de que las minorías corren peligro, específica y exclusivamente, ante la mayoría musulmana. Nos aventuramos en un drama romántico en el que los racionales europeos son responsables de proteger a las pobres y débiles minorías de los malvados y agresivos musulmanes. El contexto de tal protección no ha sido nunca el de la justicia y la libertad, ni siquiera el de la “racionalización” (Por un lado, las organizaciones “racionales” se impusieron desde arriba y, por otro, iban acompañadas inmediatamente de excepciones, protecciones y privilegios reservados para los íntimos de las potencias europeas.) El contexto fue precisamente el de la expansión y saqueo armado y colusión con los “depredadores imperiales” durante el Imperio otomano. Esto resulta suficiente para ejercer una extrema cautela al utilizar la cláusula de “protección de las minorías”, que ha ido resurgiendo en contextos internacionales similares. Si bien los enclaves de mayoría sunní de la Revolución siria han buscado abiertamente la protección internacional, desde el verano de 2011 han venido sufriendo exposición, ausencia de protección y obstáculos a su empoderamiento, dificultando que pudieran protegerse a sí mismos.

Lo que resulta novedoso en los llamamientos contemporáneos a la “protección de las minorías” es la expansión de las minorías patrocinadas a fin de incluir a los kurdos. Esta maniobra surge al considerar que la amenazante mayoría está compuesta exclusivamente de musulmanes árabes sunníes y que, al contrario, las potencias occidentales y Rusia actúan como “protectores”, dando la impresión de que sólo les motiva el afán de justicia. Estos sistemas de protección habían precedido al colonialismo tradicional en muchos de nuestros países y contribuido en forma grave a la creación del problema sectario. El sistema se convirtió entonces en un aspecto de la administración colonial y de las políticas abiertamente sectarias en Siria, Líbano y Palestina. Siempre hubo agentes locales para los protectores (anteriormente franceses, británicos y rusos y, en la actualidad, estadounidenses y rusos, entre otros) que propagaron la amenaza y brutalidad de la mayoría étnica y religiosa.

¿Por qué no un sistema de cuotas?

¿No es posible construir una mayoría política siria mediante un sistema de cuotas sectarias que provea de “protección” a las minorías y garantice sus derechos? (Abordaré la dimensión kurda de la resolución siria en otro párrafo.) Lo extraño es que nadie de entre los defensores de las minorías y los que se preocupan por sus derechos haya pedido antes esto. No resulta difícil comprender la razón, porque las cuotas deben tener en cuenta las ratios de población. Esto podría colocar las dos terceras partes del poder político en manos de los representantes de la mayoría árabe sunní, aunque garantice la participación de los representantes de las minorías. Pero eso no es lo que desean las amorosas madres de las minorías, como Rusia, EEUU e Irán. También puede imaginarse un sistema basado en la “bisección” entre la mayoría y la totalidad de las poblaciones minoritarias, con sus intereses “garantizados”. Esto es lo que Kamal Dib, el canadiense-libanés leal a Bashar al-Asad, pide en A Crisis in Syria, sólo después de haber hecho gran hincapié en la necesidad del laicismo. Esa “bisección” entre un cuarto y los tres cuartos de la población, que son las proporciones que el mismo Dib ofrece, no es sino un paso hacia la discriminación, no hacia el laicismo. Y no es verdaderamente democrático. El actual modelo libanés, basado en compartir el poder al cincuenta por cien entre un tercio y dos tercios de la población, no es algo muy a emular.

No sólo la demografía siria ha obstaculizado los llamamientos a un sistema de cuotas sectarias por quienes protegen fervientemente a las minorías. La imposibilidad de unidad entre los sunníes sirios es otra de las razones. Discutí este tema de los sunníes perpetuamente fracturados en un artículo de hace unos pocos años. Si bien esto provoca consternación entre los sectarios sunníes de línea dura, esta realidad podría realmente ser una fuente de actividad y flexibilidad en cualquier régimen pos-Asad que se base en una nueva mayoría política. Puede decirse que los sunníes árabes encarnan a tantas “sectas” distintas, debido a manifiestas diferencias regionales u opciones ideológicas o de estilos de vida que no son menos concretos, que anulan la realidad estadística de constituir el grupo mayoritario de población. En consecuencia, un régimen mayoritario debería basarse más probablemente en coaliciones entre los representantes de grupos de origen sunní y comunidades no sunníes y no musulmanas, además de individuos independientes y “no comunidades” (es decir, comunidades que no se definen a sí mismas según sus orígenes comunitarios.). Esto rompería también la dinámica de la sectarización, limitando tanto la homogeneidad interna de los grupos comunitarios como su aislamiento externo y desapego entre sí, permitiendo así perspectivas no sectarias.

Estos tres procesos, homogeneidad interna, aislamiento mutuo externo y erradicación de perspectivas no sectarias en la sociedad y en el espacio público son aspectos dinámicos de la sectarización que hemos experimentado en Siria durante la era de Asad. Una ruptura de esta dinámica no va a llevar a la desaparición de sunníes, cristianos, drusos, ismaelíes y chiíes, sino que servirá para contrarrestar sus formulaciones sectarias, homogéneas y aisladas.

En tal régimen mayoritario, el motivo de preocupación no será una hegemonía sunní que excluya a las minorías o las someta por inferiores y dhimmis [protegidas por la ley islámica], sino la posibilidad de que las coaliciones regionales-sectarias-clasistas se consoliden de forma que se margine a las formaciones políticas no sectarias que pudieran emerger o regenerarse. Lamentablemente, no hay garantías de que esto no vaya a ocurrir. Pero el tema de esta apuesta de desectarización de la esfera pública es que lo independiente y no sectario dé espacio a un régimen mayoritario viable donde izquierdistas, liberales, feministas, jóvenes y organizaciones culturales puedan ser activos. En la historia siria anterior al Baaz tuvimos un atisbo de esto. En aquel entonces, el eje de las divisiones en la esfera pública fue más regional que sectario (damasceno-alepino en particular) y no impidió la aparición de tendencias y organizaciones no sectarias tales como el Partido Comunista y el mismo Partido Baaz.

El hecho es que la Revolución siria sólo ha hecho visibles las divisiones religiosas, que habían quedado ocultas por la cuarentena política pública y la abrumadora presencia de la división sectaria en la conciencia pública. La Revolución ha hecho también visibles las divisiones regionales y de clase a lo largo del eje ciudad-país, al igual que en la relación de Damasco con sus zonas rurales y barriadas periféricas, que son fundamentales para entender la dinámica del conflicto alrededor de la capital (lo mismo puede decirse respecto a la división en Alepo). Por no mencionar las divisiones étnicas, especialmente en el eje árabe-kurdo. El contraste sectario sunní-alauí es en gran medida de carácter social-político-regional, para cuya superación y solución se necesita volver a pensar las estructuras de distribución del poder y de los recursos públicos en Siria.

Estos ejes de división superan de lejos las escisiones sectarias, así como el dogma de la “protección de las minorías”, que no puede solucionar la división sectaria (de hecho, está avivando las llamas) ni diversas otras divisiones sociales sirias. La multiplicidad de ejes de polarización complicará realmente la vida política en la Siria pos-Asad. Sin embargo, puede también perturbar la polarización sectaria y limitar la inflamación oculta y continua de la vida pública en el país con inclinaciones, temores y divisiones sectarias.

Un replanteamiento radical de la política siria, más allá de la era baazista y asadista, y ciertamente más allá de la era anterior a la posindependencia, debería incluir una mayor descentralización e implicación de las poblaciones locales en los gobiernos de sus zonas y en la vida política pública, así como un compromiso público más abierto. El carácter discrecional inherente a la génesis del Estado asadista envenenó la vida pública con dudas, temores y mitos, e impidió que los sirios consideraran sus situaciones y elaboraran información, análisis y soluciones prácticas sobre las mismas.

Lo que queda por decir es que la prolongada era asadista, y los largos años de la segunda guerra asadista, han tenido un profundo efecto transformador sobre la sociedad siria que justifica las reservas contra las analogías con los precedentes o las añoranzas de un tiempo pasado. Sin embargo, no parece que este efecto transformador haya favorecido la unidad sunní, como los años de Revolución han dejado en evidencia; por tanto, el miedo de las minorías a un consenso sunní en su contra es absurdo.

¿Qué hay de la amenaza yihadista-salafista?

Podría decirse: Pero los salafíes y los yihadistas salafíes están diciendo que los nusayríes [término clásico, aunque ahora se utiliza de forma despectiva, de “alauíes”], el ejército nusayrí y el régimen nusayrí y su sistema ideológico de creencias menosprecian, cuando menos, a las minorías. Todo esto es cierto y es motivo de gran preocupación entre “nusayríes” y “no nusayríes” por igual, incluyendo a quienes son sunníes. Pero el hecho es que la angustia más fuerte desencadenada por estos grupos, hasta ahora, se le ha infligido a los sunníes en las zonas de Yasira, el norte sirio y el este de Ghuta, en Damasco.

Lo que de verdad nos preocupa es la protección de las vidas sirias, con independencia de sus orígenes y de sus agresores, ya sean asadistas o salafíes. Si este fuera nuestro punto de partida, la seguridad significaría la protección y seguridad de todos los sirios. Lo que los grupos salafíes sectarios infligieron a los pueblos de orígenes minoritarios (como hicieron con los alauíes en zonas del norte de Latakia, en Adr, con el pueblo druso y con los cristianos en Idlib) plantea la cuestión de la igualdad de derechos, incluyendo el derecho a la seguridad. La seguridad pública se debe fundamentar en un pacto nacional que estipule que Siria es para todos los sirios, que ninguno de ellos es huésped de nadie y que ninguno de ellos es dhimmi para nadie.

Lamentablemente, en Siria no hay discusión sobre estos aspectos. Esto complementa la confiscación asadista de la esfera pública y la autocensura extrema ejercida por la mayor parte de los intelectuales sirios en esta cuestión, con algunos de ellos incluso ofreciéndose voluntarios como guardianes de los tabúes sectarios, abalanzándose sobre todo aquel que se atreve a desafiarlos.

En estos momentos estamos pagando un precio muy duro por ese silencio mientras nos preguntamos a nosotros mismos, una y otra vez, ¿cuál es la solución?

En las condiciones actuales, ¿cómo puede formarse una nueva mayoría siria?

Lo primero de todo, pasar página sobre el gobierno asadista.

No hay solución para Siria sin tal condición, porque no sólo estamos hablando de un gobierno fundamentalmente minoritario, sino de un gobierno que ha estado sometiendo a los gobernados, de forma incesante y a amplios niveles, por la fuerza de las armas.

Sin embargo, desde 2013 ha quedado claro, y especialmente desde el surgimiento del Daesh, que es insostenible crear una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista. El Daesh suscita la repulsa de todas las minorías y también de la mayoría de los sunníes sirios. No sólo es una fuerza sectaria radical sino también una fuerza exterior de ocupación. Es una formación singular en la que una organización terrorista que ejerce actos arbitrarios de violencia, que es indiferente a las vidas de los civiles, exhibe un colonialismo de asentamientos a la vez que actúa como una trituradora humana de autoridad fascista. No es sólo un peligro político y social para Siria, sino un peligro para la propia entidad siria.

La nueva mayoría siria no puede lograrse sin enfrentar al Daesh.

Pero no sólo al Daesh, como la política estadounidense ha venido haciendo desde su intervención en Siria e Iraq en septiembre de 2014. Tiene que enfrentarse tanto al Daesh como al régimen de Asad. Este último no es sólo un peligro político y social, a partir de la Revolución se ha convertido en una autoridad sultánica no nacional en posesión del país y de su población. Y a lo largo de la Revolución se ha convertido en un peligro estructural para la entidad siria, dependiendo de ocupantes extranjeros que no tienen compasión con la mayoría de los sirios ni con la historia de Siria.

Casi nadie de entre los revolucionarios sirios está dispuesto a entrar en conflicto con el Daesh hasta no haberse librado del Estado asadista, a menos que se hallen en un contexto que conduzca definitivamente a su desaparición. Este es un punto central que todo el mundo debería tener claro. Explica los repetidos fracasos de los estadounidenses a la hora de preparar una fuerza siria árabe sólida que luche sólo contra el Daesh. Las personas como nosotros, izquierdistas, laicos y liberales, no deberíamos unirnos a nadie que sólo combata al Daesh, o que dependa de los estadounidenses o los rusos, para ver al final restaurado el asadismo con una vileza sectaria más grave y una delincuencia criminal más amplia. Esto no sólo traicionaría a la Revolución y a las almas de innumerables víctimas, sino que además requería comprometerse con los planes presentados por unos poderes en los que la justicia hacia los sirios no alcanza siquiera una prioridad secundaria.

La valoración de que un renovado asadismo sería más brutal que el asadismo previo a la Revolución no es algo subjetivo, sino más bien una “ley natural objetiva” en el caso de que los asadistas salgan victoriosos. Los vencedores se habrán liberado de cualquier obstáculo que les impide seguir robando y masacrando y estarán ansiosos de vengarse de cualquiera que se haya atrevido a desafiarles, rompiendo sus largas décadas de monopolio del poder o causado pérdidas humanas sustanciales en el campo asadista. Tenemos en nuestra historia siria reciente un precedente ilustrativo. Después de 1982, tras asesinar a decenas de miles de seres en Hama y arrasar un tercio de la ciudad, y cuando otras decenas de miles de seres, incluidos izquierdistas, unionistas e innumerables “casos individuales”, estaban aún en prisión, se produjo una “revolución” en las detenciones, torturas, actuaciones de la policía secreta, saqueos y robos, así como en las mentiras y en la idolatría de Hafez al-Asad. La situación será cien veces peor si los asadistas de Bashar salen victoriosos. Ya están bajo la protección de brutales invasores extranjeros: los chiíes libaneses, iraquíes e iraníes, por no mencionar a los rusos.

Resumiendo, desde la aparición del Daesh ha sido imposible construir una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista, pero tampoco ha podido construirse sólo contra el Daesh. Lo que puede construirse sólo contra el Daesh es un gobierno minoritario renovado bajo protección extranjera y con garantía internacional.

Además del Daesh, ¿qué pasa con el resto?

Cuando se discute sobre el futuro de Siria es necesario plantear una serie de preguntas sobre los grupos islamistas beligerantes. Algunos de ellos son grupos yihadistas, como el Frente Nusra, en la actualidad “Fateh Al-Sham” (integrado al menos por un 10% de combatientes que no son sirios) u otros grupos que son una variante del paradigma yihadista-salafista (como Ahrar al-Sham y Yaish al-Islam). En el contexto sirio actual, estos grupos combinan el enfrentamiento con el Estado asadista con la extensión de su control sobre las comunidades locales. Su autoritarismo ha desencadenado varias resistencias y esos grupos han perpetrado diversos delitos durante este tipo de confrontaciones. Durante la batalla del asedio a Alepo a finales de julio de 2016, la mayoría de los partidarios de la Revolución se situaron con la resistencia de estos grupos ante los asadistas y sus aliados, incluyendo el Movimiento Al-Zenki, que había provocado recientemente una gran repulsión al celebrar la matanza de un joven prisionero de guerra a principios del mismo mes. Esto sucedió porque estaba en juego el destino de 300.000 personas en Alepo y, de hecho, el destino de toda la Revolución.

Estos grupos llevaron a cabo una función de resistencia pública, pero los grupos principales entre ellos tienen una formación ideológica extremadamente estrecha y sectaria. Esta es la contradicción fundacional en su naturaleza: una resistencia pública contra una alianza sectaria agresiva, pero ellos mismos se estructuran siguiendo estrechas líneas sectarias. Esta contradicción no puede resolverse fuera del marco de un cambio profundo en el entorno político sirio que se extiende al Estado asadista.

Es comprensible que la base de partidarios de estos grupos se amplíe cuando llevan a cabo funciones de defensa, o cuando luchan exclusivamente contra el agresivo Estado asadista. Esa base disminuye cuando estos grupos intentan imponer su modelo social a los residentes locales, o cuando se enfrentan a adversarios no asadistas. Entonces aparecen como grupos elitistas investidos de su propia ideología y proyecto autoritario, y no en un entorno social vívido, como se demostró en la resistencia local contra el Frente Al-Nusra en Maarat al-Nu'man y en otros lugares, y contra Yaish al-Islam en el este de Ghuta y en Duma. Yaish al-Islam ha extendido su autoridad mediante asesinatos, secuestros y acciones bélicas, de forma no muy diferente a lo que Al-Nusra ha hecho en Idlib. Pero no hay un camino para construir una oposición social fuerte contra estas milicias mientras se estén enfrentando a la alianza hostil Asad-Irán-Rusia.

Si se pudiera liberar a Siria de asadistas y daeshistas quedaría clara la formación minoritaria y elitista de estos grupos, y eso ayudaría a aislarlos. Las protestas anti-Nusra de los vecinos de Maarat al-Nu'man, que son por lo general musulmanes sunníes conservadores, tras el acuerdo de alto el fuego del pasado febrero, sugiere que si se hubiera eliminado a los asadistas y daeshitas, sectores más amplios de sirios estarían en mejor situación para resistir a estos grupos. Preveo que otros grupos, más parecidos a la formación original del Ejército Libre, optarían por implicarse en la nueva vida política de la Siria post-Asad; pero si causaran un dilema molesto para la seguridad, entonces las condiciones favorecerían que se pudiera enfrentarlos.

¿Qué hay de los kurdos sirios?

Hasta ahora hemos debatido sobre la deseada mayoría siria considerando el tema de las sectas. Pero en Siria existe la cuestión kurda, y no habrá una solución justa si no se aborda. Por tanto, ¿cómo puede abordarse esta cuestión?

El principio sigue siendo el mismo: los kurdos son parte de la nueva mayoría siria, con sus derechos culturales y lingüísticos como grupo étnico constituyentemente igual a los otros, además de un estatus especial para las zonas de mayoría kurda en Afrin, Kobani y partes del gobernorado de Hasakah.

Esta visión preliminar se contradice de tres maneras:

La primera, naturalmente, es el Estado prerrevolucionario que ha negado a los kurdos cualquier existencia pública (Todos son “árabes sirios”) pero que ha tratado con ellos de forma pragmática, asegurando su división y debilitando sus manifestaciones políticas.

La segunda es la situación actual desde la Revolución, que incluye la colaboración entre el PYD (siglas en kurdo de Partido de la Unión Democrática) y el régimen, Irán, Rusia y EEUU, mientras imponen un sistema de partido único en los territorios que están bajo su control, así como una tendencia a extenderse por zonas de mayoría árabe.

Finalmente, la tercera contradice un proyecto nacional especial al que los kurdos se refieren como “Kurdistán Occidental”.

No hay forma de abordar una entidad kurda independiente que incluya partes de Siria a menos que sea en el marco del establecimiento de un Estado kurdo formado con el Kurdistán iraquí, partes de Turquía y partes de Irán. Quizá entonces habría una continuación territorial y demográfica de las zonas kurdas con las áreas sirias de mayoría kurda. Es posible también que esta entidad kurda pueda incluir minorías árabes y no árabes. Sin embargo, dentro de la actual esfera siria, esa continuación no existe. Esta es una realidad geográfica y demográfica concreta que a menudo ignoran quienes fantasean acerca del “Kurdistán Occidental” o “Rojava” y esto es algo que no puede ignorar ningún proceso político y legal justo de la cuestión kurda.

Aquí encontramos también una contradicción entre la función de resistencia popular contra el Daesh, o cualquier otro atacante de las comunidades kurdas, y los frecuentes y conocidos actos de agresión contra árabes y otros. Esta agenda deriva su fortaleza de partidarios poderosos. También aquí estaremos en mejor posición para resolver la contradicción si eliminamos a los daeshistas y a los asadistas.

Nosotros, en Siria y en la región, defendemos una causa kurda justa y emancipadora, pero de ese significado emancipador se ha apropiado la organización kurda más obsesiva, excluyente y miope, que es también la mejor preparada y equipada a nivel militar como resultado de su relación formativa con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía. De esta forma, ocurre lo mismo que con los salafíes en el contexto árabe sirio, que son el grupo mejor equipado y preparado a nivel militar. De manera similar, tanto los nacionalistas kurdos como los salafíes integran a miembros no sirios; parece que el centro de control y mando kurdo es completamente no sirio. El PYD se ha colocado a sí mismo dentro de las estrategias injustas y miopes estadounidenses y rusas, y al hacerlo así se ha enfrentado a las comunidades árabes y no árabes en Siria. La organización también había establecido con anterioridad relaciones sospechosas con el Estado asadista y con Irán, lo que hizo que se volviera intolerante con la Revolución o los grupos revolucionarios kurdos. Esta ha sido una postura consistente que alcanzó un pico simbólico y vergonzoso cuando Saleh Muslim –el rostro sirio del PYD- promovió la negación de la responsabilidad del régimen en la masacre de armas químicas de hace tres años.

Durante los últimos tres años se ha ido desarrollando una narrativa nacionalista sobre la supremacía kurda que ha creado una convergencia con la clase media occidental, al mismo tiempo que encubre las similitudes políticas y sociales de los kurdos con sus comunidades vecinas en Siria. Estas similitudes se han reemplazado con un discurso agresivo, ofensivo por su tono y violencia.

Esta narrativa se basa en la experiencia del PKK en Turquía al afrontar la opinión pública internacional y, a su vez, adherirse a sus expectativas. En Siria, esta narrativa ha jugado el papel de promocionar a bombo y platillo a un colectivo basado en una identidad que carece de cualquier dimensión emancipadora o profundidad social. Tampoco tiene, en absoluto, ninguna base intelectual ni racional y no integra la causa kurda en ninguna causa pública siria. La propaganda partidista ha sustituido al debate en su peor forma, y las narrativas de superioridad carentes de apoyo social sustituyeron a los actos de justicia y emancipación.

Los medios de comunicación y las redes sociales de Occidente han encontrado sin embargo una traducción práctica en el apoyo militar estadounidense a la organización nacionalista kurda en el norte y este de Siria a cambio de combatir al Daesh, por no mencionar el apoyo ruso a cambio de combatir a los grupos de la oposición. Es evidente que la justicia no figura entre las motivaciones de los apoyos de las dos potencias. Si así fuera, habrían ayudado a los rebeldes antiasadistas, habrían castigado a Asad por la masacre química o por su historial criminal meticulosamente documentado. El motivo es que las potencias internacionales encuentran en ellos una base fiable en una región, por la que la mayoría de sus habitantes sólo siente desconfianza.

Pero, ¿acaso no se trata de un método colonial convencional?

Luchar contra el Daesh no justifica las aspiraciones discriminatorias puestas de manifiesto en fórmulas alocadas y con poca visión basadas en teorías esencialistas sobre derechos históricos que se han entrelazado históricamente con la expansión nacionalista.

Por tanto, si intentamos mirar un poco más allá de la neblina de la propaganda e información engañosa, está justificado el temor a que este proyecto pueda presagiar conflictos sangrientos en una región que no había sido testigo previamente de conflictos violentos entre sus poblaciones.

¿Por qué la propuesta que hacemos es mejor que las otras?

Ante todo, porque es democrática: Constituye la continuación de fases anteriores de la lucha de los sirios contra la tiranía. También responde a lo que se supone es un consenso universal respecto a la democracia.

En segundo lugar, porque es justa y tiene en cuenta a todas las comunidades sirias. No es una expresión de hegemonía comunitaria que sólo puede llevar a guerras renovadas y a la subordinación regional e internacional, como ilustra el ejemplo iraquí.

En tercer lugar, porque es sostenible. La situación actual es explosiva. La supervivencia asadista significa el sometimiento del país a la ocupación extranjera. Los rusos y los iraníes, que han venido protegido a los asadistas, no se volverán a sus asuntos hasta haber conseguido sus objetivos y los de Asad. Los asadistas serán el rostro de la influencia de los patrocinadores, quienes a su vez podrían estar de acuerdo o en conflicto. Sin embargo, los esfuerzos para establecer una nueva mayoría siria deben crear una base sólida para una solución sostenible que pueda consolidarse después a través de libres elecciones y mediante una constitución que penalice la discriminación sectaria y étnica.

Las ventajas de una visión integral de ese tipo se ven cada vez más claras cuando las comparamos con las tres visiones excluyentes que se presentan en Siria hoy en día:

La primera, naturalmente, es la Siria de Asad, una Siria como base de un gobierno dinástico y minoritario. Al contrario, una Siria establecida alrededor de una mayoría política que traspase las fronteras de los grupos comunitarios, puede volver página de los asadistas sin enfrentarse a los alauíes. De hecho, es la más adecuada para asegurar su seguridad, derechos y dignidad a largo plazo.

La segunda visión excluyente es el concepto nacionalista de Siria como entidad árabe y el de sus ciudadanos como “árabes sirios”. Concebir a Siria como república democrática, un Estado para su población corpórea no implica injusticia alguna para los árabes y nada les impide involucrarse en las causas de sus vecinos árabes. También les ofrece a los kurdos igualdad política y constituyente, sin impedirles que les preocupen las causas kurdas más allá de Siria.

La tercera visión excluyente es el Estado islámico en Siria, que es a lo que los yihadistas-saladistas y sus aliados aspiran. Un compromiso histórico en Siria podría basarse en una mutua exclusión del asadismo y del islamismo. Excluir el proyecto del Estado islámico no implica injusticia alguna para los musulmanes sunníes como tales. El proyecto islamista en un país fundamentalmente complicado es una receta para la destrucción de la sociedad siria a manos de una elite gobernante que no puede ser una minoría y cuyo gobierno no puede ser tiránico y brutal. La dignidad de los creyentes musulmanes queda preservada en una sociedad libre y justa más que en una sociedad en la que los islamistas prevalezcan.

A nivel de procedimiento, ¿cómo es posible crear un sistema mayoritario?

La nueva mayoría siria, que es intersectaria, puede formarse dentro del marco de un compromiso histórico importante que podría formularse en una conferencia nacional siria internacionalmente patrocinada, que pase página sobre el Estado asadista y los aparatos criminales a su disposición. Esto sería coherente con los deseos de la abrumadora mayoría de sirios contra el Daesh y sus asociados y se ganaría el favor del mundo entero.

Es posible que la conferencia pueda tener como consecuencia el establecimiento de una institución gubernamental superior que encarne la igualdad constituyente de los grupos comunitarios sirios, incluidos los kurdos, e impida el gobierno dinástico o autocrático. No estamos comprometidos con la idea de un Estado centralizado, basado en la homogeneidad, ni con el sistema consensual de cuotas. Con lo que estamos comprometidos es con proporcionar la máxima justicia al mayor número posible de sirios. Si nada de esto se consigue, es probable entonces que estallen pronto guerras, conflictos y actos de venganza, una y otra vez, con gravedad creciente.

Pregunta: ¿Por qué los Estados importantes y las Naciones Unidas tienen que apoyar una transformación siria en esta dirección?

Respuesta: Precisamente porque es lo más democrático, justo y sostenible.

Pregunta: Pero, ¿a los Estados les interesan las soluciones justas que tienen en cuenta los intereses de las poblaciones locales?

Respuesta: Bien, todo lo que se ha mencionado aquí responde a un intento sirio de expresar una solución para Siria que pueda ser justa. Si lo que se busca no es una solución justa, entonces a los sirios que luchan por la justicia no puede responsabilizárseles de nada.

Pero el “mundo” es también parte del problema sirio, ¿no es verdad?

En beneficio del lector anónimo, debe afirmarse claramente que el problema de Siria en estos momentos no es sólo el régimen, el Daesh, el Frente Nusra y la organización nacionalista kurda del PYD. Hay una inmensa tercera parte, que son las potencias internacionales, a saber, EEUU y Rusia. Sus posiciones a partir de 2013 han registrado un notable acercamiento que culminó en la coordinación directa política y militar desde septiembre de 2015. Quienes apoyan abiertamente el asadismo, como los rusos, o los que se oponen a su caída, como los estadounidenses, no son los únicos poderes ineludibles necesarios para encontrar una solución en Siria, pero son los poderes que deberían ser responsables de la solución y del puesto que la justicia ocupe en la misma. Estas dos partes no han expresado interés alguno en las cuestiones de justicia, democracia y sostenibilidad.

Los estadounidenses y los rusos controlan el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas y los medios de comunicación más poderosos, estableciendo también las agendas de los foros internacionales en los que participan, algo de lo que Barack Obama se jactó hace pocos meses.

Por tanto, si tenemos en cuenta esta dimensión internacional como componente fundamental del problema, es necesario interrogar directamente a las potencias internacionales intervinientes, que son inmensamente más poderosas que el Estado asadista o sus aliados, y desde luego mucho más poderosas que cualquier grupo de resistencia sirio, o el Daesh o el “PYD”.

Y sin embargo, desde una perspectiva siria, la solución por la que estas potencias están presionando parece ir, por un lado, desde reclamar las tierras que están fuera del control de Asad para restaurar en definitiva la “Siria de Asad” a, por otro, rendirse ante la abismal situación actual, caracterizada por la guerra perpetua y una división de facto del país. La segunda opción, que parece ser la preferida hoy por los estadounidenses, significa sacrificar Siria para que el régimen asadista sobreviva y ni siquiera asegurar la destrucción del Daesh.

En cualquier caso, aquí estamos, en el mundo del poder absoluto, que impone su lógica hasta que llegue el momento en que de nuevo nos preguntemos: ¿Cuál es la próxima explosión?

Entonces, ¿de dónde puede venir la solución?

No hay solución para Siria, querido lector desconocido, porque los poderes que controlan el mundo son parte del problema, cuando no el problema mismo. Esos poderes no son justos. El mundo entero, no sólo Siria, se deteriora gravemente como consecuencia de sus políticas. Esta realidad no deja espacio para una propuesta con soluciones racionales y justas, y además contribuye a la explosión total en Siria y a las tensiones alrededor de Siria.

Hemos llegado a un punto muerto: Quienes se preocupan por la justicia carecen de poder y quienes tienen poder no se preocupan por la justicia.

De todas formas, sentimos que es necesario ser claros. Damos testimonio, ante nosotros mismos y ante nuestra época y, a través suyo, lector anónimo nuestro, nos dirigimos también a otros lectores objetivos que pudieran no estar de acuerdo con todos los elementos de esta propuesta. Puede que consideren la necesidad de que nos centremos en algunos de sus elementos o de añadir otras consideraciones. Sin embargo, están motivados, al igual que nosotros, por la búsqueda de la justicia, la mayor cantidad de justicia para el mayor número de personas.

Al fin y al cabo, el objetivo del autor es que los problemas puedan verse con claridad, al igual que las responsabilidades. Los rostros de la injusticia están claros, al igual que los horizontes de la justicia. Necesitamos poner mucha atención y trabajar duro en los matices, en ideas prácticas innovadoras y, antes de eso, necesitamos la participación del mayor número posible de personas en la reflexión y en la puesta en marcha. De lo que estamos hablando no es sólo de una solución a una crisis política en Siria; hay que restablecer también la estructura estatal, las relaciones dentro de la sociedad y la concepción de la identidad, con un espíritu de moderación, pragmatismo e imparcialidad.

Lo que no necesitamos es la desaparición de otra generación y que sobrevengan más catástrofes colosales, sólo para que alguien diga: “Yo no sabía…” Todo el mundo sabe. Aunque quienes se dirigen de cabeza hacia el abismo con los ojos bien abiertos no sean tan pocos.

[Este artículo fue traducido del árabe al inglés por Yasser EzZayyat.]

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/syrian-re...

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

Categorías: antimilitar

Una nueva mayoría política siria

13 November, 2016 - 19:30

Celebrando en Alepo el quinto aniversario de la Revolución siria (Reuters)

Yassin Al-Haj Saleh

Al-Jumhuriya English [Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.]

Este artículo va dirigido a un lector anónimo, bienintencionado y moderadamente informado para sugerirle una visión de resolución justa de la cuestión siria y examinar los potenciales problemas y obstáculos que pueden presentarse en el camino.

Yassin al-Haj Saleh (nacido en Raqqa en 1961) es un destacado escritor e intelectual sirio. En 1980, cuando estudiaba Medicina en Alepo fue encarcelado por sus actividades políticas permaneciendo tras las rejas hasta 1996. Escribe sobre temas políticos, sociales y culturales relacionados con Siria y el mundo árabe para varios periódicos y revistas árabes fuera de Siria, colaborando de forma regular con el periódico Al-Hayat, editado en Londres, la revista egipcia de izquierdas Al-Bosla y el periódico sirio online The Republic.

¿Qué significa una solución para Siria?

A los sirios implicados en los asuntos públicos siempre se nos está preguntando por nuestra idea para solucionar el conflicto sirio. Pocas veces la pregunta pretende indagar cuáles podrían ser las soluciones justas. En cambio, se concede normalmente que la cuestión es “complicada”, que la resolución escapa al ámbito de lo posible, o quizás que no puede llegarse a una solución sin hacer retroceder los relojes a una época anterior a marzo de 2011. Aparte de todo esto, la pregunta se deriva también a menudo de una supina ignorancia respecto a la historia de la disidencia política en Siria y de las luchas aplastadas a favor de una transición democrática de toda una anterior generación de sirios. Esta línea de preguntas está también divorciada, desde cualquier punto de vista, de las diferentes fases de nuestra lucha que condujeron a la actual coyuntura.

No obstante, este artículo aborda directamente esa pregunta acerca de la resolución de la crisis imaginando a un lector serio anónimo que aspira sinceramente a una solución justa del prolongado desastre sirio o a una solución que al menos se sitúe en las proximidades de la justicia.

Vayamos al núcleo de la cuestión. Una solución justa en Siria debería basarse en el establecimiento de una nueva mayoría política en el país en la que una mayoría creciente de sirios se sientan representados políticamente, que ponga fin a un gobierno minoritario y oligárquico, a la vez que siente las bases para una nueva Siria y un régimen político sirio de integración. Esto requiere el fin del gobierno asadista, del Daesh y de cualquier grupo yihadista-salafista, además de instituir la igualdad política y cultural para los kurdos sin hegemonías nacionalistas. Es necesario que se establezcan los cimientos de una Siria democrática basada en la ciudadanía.

Esto cumpliría las demandas de justicia política, ampliando la base de gobierno, augurando horizontes menos sombríos para la evolución política en el país y, a largo plazo, limitaría las posibilidades de una erupción política violenta.

Con el cambio de siglo, una autoridad legada dentro de la dinastía asadista institucionalizó el carácter minoritario del gobierno en Siria. En efecto, ese hecho implicó una transformación sultánica que dio la puntilla final a la república siria, requiriendo de una enmienda constitucional a fin de que el Estado profundo sirio pudiera sostener a la dinastía de los Asad. La liberalización económica orientada hacia el neoliberalismo reforzó los aspectos minoritarios del gobierno y, por tanto, una interconexión sin precedentes entre la retención excluyente del poder y el acceso privilegiado a los recursos nacionales por parte de una nueva clase burguesa, compuesta principalmente por parientes, compinches y asociados. Además, durante los años tanto del Padre como del Hijo, el Estado asadista ha echado mano del sectarismo como herramienta fundamental de gobierno, fomentando la escisión entre sus gobernados, el temor de los unos hacia los otros y ofreciendo a un sector de la población, los alauíes, que constituyen fundamentalmente el escudo de seguridad estatal, una identificación discriminatoria con el Estado.

Este carácter minoritario multifacético, en el cual se solapan tanto el sentido social como sectario de “minoría”, ha sido fuente de descontento y de guerra civil fría que ha hecho erupción en dos ocasiones en el curso de tres décadas. Una estructura tal no permite más que estallidos de violencia. Se basa esencialmente en colocar a la población en cuarentena política, alimentando la desconfianza y el temor entre ellos, mientras el centro sultánico y la clase neoburguesa (que en otro artículo describí como “burguesía externa” o “central”) va excluyéndolos gradualmente del uso de los recursos públicos.

Para poner fin a esta historia cíclica es necesario romper con el gobierno minoritario y formar una nueva mayoría política.

¿Qué tipo de mayoría política?

La nueva mayoría en Siria no se refiere a la mayoría árabe sunní sino a una mayoría social que es intercomunitaria. En Siria, no sólo los sunníes carecen de unidad o convergencia política sino que las divisiones de clase y regionales que les separan son iguales, cuando no superiores, a las divisiones existentes entre ellos y otros grupos. Y más importante, el carácter sunní no evitaría el gobierno minoritario en mayor proporción que lo haría el carácter árabe. Aunque los árabes constituyen una gran mayoría de sirios, el nacionalismo árabe ha fracasado sin lugar a dudas a la hora de impedir un gobierno minoritario o de conseguir una mayoría política.

Desde luego, lo más probable es que la mayoría de esta nueva mayoría siria fuera sunní. Sin embargo, el mero hecho de que pertenezcan a la secta sunní no socava inherentemente la posibilidad de establecer una mayoría política estable, a menos que los sunníes árabes estuvieran unificados o se comportaran como grupo homogéneo y distintivo. En mi opinión, eso es insostenible, como se ha puesto en evidencia en el curso de los cinco años y medio de la Revolución siria. Si la homogeneidad entre los sunníes llegara alguna vez a materializarse, necesitaría de una amplia coerción que debería centrarse mucho más en el entorno sunní que en otros, llegándose así a un gobierno minoritario complejo: una minoría entre los sunníes y una minoría entre los sirios.

A pesar del hecho de que uno podría definir a los islamistas en función de su voluntad de sectarizar y unificar a los sunníes, es cierto que si el gobierno llegara a consolidarse en sus manos, no iban a sentirse muy cómodos si las dos terceras partes de la población se mantuvieran unidas y públicamente activas. Por razones islamistas, se dedicarían a dividirles y devolverles a la pasividad, a saber, imponiendo un “gobierno minoritario sunní” y renovando el despotismo. Sin embargo, si los sunníes se mantuvieran políticamente activos, entonces algunos islamistas buscarían socios y aliados entre otras comunidades. Es probable que el resultado de todo esto fuera una mayoría política del tipo de la que surgió en los primeros años de la década de 1930 contra los franceses, o contra al-Shishakli a raíz de la conferencia de Homs de 1954.

Esa mayoría política siria sería una mayoría social e intercomunitaria que sólo excluiría a aquéllos que fueran activamente leales al Estado de Asad (la justicia predetermina que algunos sean juzgados y otros puestos políticamente en cuarentena a partir de sus hechos, no de sus orígenes). La mayoría de la nueva Siria se esforzaría en aglutinar a los sectores más amplios de la población de todas las diferentes comunidades que no hayan sido cómplices de la oligarquía de los Asad.

Una retórica tal no es especialmente novedosa. Es la sustancia misma de las aspiraciones democráticas que han sido repetidamente puestas de manifiesto desde antes de la primera oleada de resistencia al gobierno asadista en la última mitad de la década de 1970, un período en el que la opresión de Asad se intensificó y apareció una nueva clase burguesa. Sin embargo, para lidiar con la cuestión de la democracia en Siria se necesita de una especificidad particular, debido al aumento de la influencia de las formaciones comunitarias en la vida pública actual, así como para abordar las preocupaciones de las minorías y sus derechos.

Es sabido que en la genealogía del paradigma de la “protección de las minorías” está el ascenso del imperialismo en Europa y la aparición de la “cuestión oriental” (que, en realidad, es una “cuestión occidental”, según Arnold Toynbee). Desde esta genealogía se plantea la noción de que las minorías corren peligro, específica y exclusivamente, ante la mayoría musulmana. Nos aventuramos en un drama romántico en el que los racionales europeos son responsables de proteger a las pobres y débiles minorías de los malvados y agresivos musulmanes. El contexto de tal protección no ha sido nunca el de la justicia y la libertad, ni siquiera el de la “racionalización” (Por un lado, las organizaciones “racionales” se impusieron desde arriba y, por otro, iban acompañadas inmediatamente de excepciones, protecciones y privilegios reservados para los íntimos de las potencias europeas.) El contexto fue precisamente el de la expansión y saqueo armado y colusión con los “depredadores imperiales” durante el Imperio otomano. Esto resulta suficiente para ejercer una extrema cautela al utilizar la cláusula de “protección de las minorías”, que ha ido resurgiendo en contextos internacionales similares. Si bien los enclaves de mayoría sunní de la Revolución siria han buscado abiertamente la protección internacional, desde el verano de 2011 han venido sufriendo exposición, ausencia de protección y obstáculos a su empoderamiento, dificultando que pudieran protegerse a sí mismos.

Lo que resulta novedoso en los llamamientos contemporáneos a la “protección de las minorías” es la expansión de las minorías patrocinadas a fin de incluir a los kurdos. Esta maniobra surge al considerar que la amenazante mayoría está compuesta exclusivamente de musulmanes árabes sunníes y que, al contrario, las potencias occidentales y Rusia actúan como “protectores”, dando la impresión de que sólo les motiva el afán de justicia. Estos sistemas de protección habían precedido al colonialismo tradicional en muchos de nuestros países y contribuido en forma grave a la creación del problema sectario. El sistema se convirtió entonces en un aspecto de la administración colonial y de las políticas abiertamente sectarias en Siria, Líbano y Palestina. Siempre hubo agentes locales para los protectores (anteriormente franceses, británicos y rusos y, en la actualidad, estadounidenses y rusos, entre otros) que propagaron la amenaza y brutalidad de la mayoría étnica y religiosa.

¿Por qué no un sistema de cuotas?

¿No es posible construir una mayoría política siria mediante un sistema de cuotas sectarias que provea de “protección” a las minorías y garantice sus derechos? (Abordaré la dimensión kurda de la resolución siria en otro párrafo.) Lo extraño es que nadie de entre los defensores de las minorías y los que se preocupan por sus derechos haya pedido antes esto. No resulta difícil comprender la razón, porque las cuotas deben tener en cuenta las ratios de población. Esto podría colocar las dos terceras partes del poder político en manos de los representantes de la mayoría árabe sunní, aunque garantice la participación de los representantes de las minorías. Pero eso no es lo que desean las amorosas madres de las minorías, como Rusia, EEUU e Irán. También puede imaginarse un sistema basado en la “bisección” entre la mayoría y la totalidad de las poblaciones minoritarias, con sus intereses “garantizados”. Esto es lo que Kamal Dib, el canadiense-libanés leal a Bashar al-Asad, pide en A Crisis in Syria, sólo después de haber hecho gran hincapié en la necesidad del laicismo. Esa “bisección” entre un cuarto y los tres cuartos de la población, que son las proporciones que el mismo Dib ofrece, no es sino un paso hacia la discriminación, no hacia el laicismo. Y no es verdaderamente democrático. El actual modelo libanés, basado en compartir el poder al cincuenta por cien entre un tercio y dos tercios de la población, no es algo muy a emular.

No sólo la demografía siria ha obstaculizado los llamamientos a un sistema de cuotas sectarias por quienes protegen fervientemente a las minorías. La imposibilidad de unidad entre los sunníes sirios es otra de las razones. Discutí este tema de los sunníes perpetuamente fracturados en un artículo de hace unos pocos años. Si bien esto provoca consternación entre los sectarios sunníes de línea dura, esta realidad podría realmente ser una fuente de actividad y flexibilidad en cualquier régimen pos-Asad que se base en una nueva mayoría política. Puede decirse que los sunníes árabes encarnan a tantas “sectas” distintas, debido a manifiestas diferencias regionales u opciones ideológicas o de estilos de vida que no son menos concretos, que anulan la realidad estadística de constituir el grupo mayoritario de población. En consecuencia, un régimen mayoritario debería basarse más probablemente en coaliciones entre los representantes de grupos de origen sunní y comunidades no sunníes y no musulmanas, además de individuos independientes y “no comunidades” (es decir, comunidades que no se definen a sí mismas según sus orígenes comunitarios.). Esto rompería también la dinámica de la sectarización, limitando tanto la homogeneidad interna de los grupos comunitarios como su aislamiento externo y desapego entre sí, permitiendo así perspectivas no sectarias.

Estos tres procesos, homogeneidad interna, aislamiento mutuo externo y erradicación de perspectivas no sectarias en la sociedad y en el espacio público son aspectos dinámicos de la sectarización que hemos experimentado en Siria durante la era de Asad. Una ruptura de esta dinámica no va a llevar a la desaparición de sunníes, cristianos, drusos, ismaelíes y chiíes, sino que servirá para contrarrestar sus formulaciones sectarias, homogéneas y aisladas.

En tal régimen mayoritario, el motivo de preocupación no será una hegemonía sunní que excluya a las minorías o las someta por inferiores y dhimmis [protegidas por la ley islámica], sino la posibilidad de que las coaliciones regionales-sectarias-clasistas se consoliden de forma que se margine a las formaciones políticas no sectarias que pudieran emerger o regenerarse. Lamentablemente, no hay garantías de que esto no vaya a ocurrir. Pero el tema de esta apuesta de desectarización de la esfera pública es que lo independiente y no sectario dé espacio a un régimen mayoritario viable donde izquierdistas, liberales, feministas, jóvenes y organizaciones culturales puedan ser activos. En la historia siria anterior al Baaz tuvimos un atisbo de esto. En aquel entonces, el eje de las divisiones en la esfera pública fue más regional que sectario (damasceno-alepino en particular) y no impidió la aparición de tendencias y organizaciones no sectarias tales como el Partido Comunista y el mismo Partido Baaz.

El hecho es que la Revolución siria sólo ha hecho visibles las divisiones religiosas, que habían quedado ocultas por la cuarentena política pública y la abrumadora presencia de la división sectaria en la conciencia pública. La Revolución ha hecho también visibles las divisiones regionales y de clase a lo largo del eje ciudad-país, al igual que en la relación de Damasco con sus zonas rurales y barriadas periféricas, que son fundamentales para entender la dinámica del conflicto alrededor de la capital (lo mismo puede decirse respecto a la división en Alepo). Por no mencionar las divisiones étnicas, especialmente en el eje árabe-kurdo. El contraste sectario sunní-alauí es en gran medida de carácter social-político-regional, para cuya superación y solución se necesita volver a pensar las estructuras de distribución del poder y de los recursos públicos en Siria.

Estos ejes de división superan de lejos las escisiones sectarias, así como el dogma de la “protección de las minorías”, que no puede solucionar la división sectaria (de hecho, está avivando las llamas) ni diversas otras divisiones sociales sirias. La multiplicidad de ejes de polarización complicará realmente la vida política en la Siria pos-Asad. Sin embargo, puede también perturbar la polarización sectaria y limitar la inflamación oculta y continua de la vida pública en el país con inclinaciones, temores y divisiones sectarias.

Un replanteamiento radical de la política siria, más allá de la era baazista y asadista, y ciertamente más allá de la era anterior a la posindependencia, debería incluir una mayor descentralización e implicación de las poblaciones locales en los gobiernos de sus zonas y en la vida política pública, así como un compromiso público más abierto. El carácter discrecional inherente a la génesis del Estado asadista envenenó la vida pública con dudas, temores y mitos, e impidió que los sirios consideraran sus situaciones y elaboraran información, análisis y soluciones prácticas sobre las mismas.

Lo que queda por decir es que la prolongada era asadista, y los largos años de la segunda guerra asadista, han tenido un profundo efecto transformador sobre la sociedad siria que justifica las reservas contra las analogías con los precedentes o las añoranzas de un tiempo pasado. Sin embargo, no parece que este efecto transformador haya favorecido la unidad sunní, como los años de Revolución han dejado en evidencia; por tanto, el miedo de las minorías a un consenso sunní en su contra es absurdo.

¿Qué hay de la amenaza yihadista-salafista?

Podría decirse: Pero los salafíes y los yihadistas salafíes están diciendo que los nusayríes [término clásico, aunque ahora se utiliza de forma despectiva, de “alauíes”], el ejército nusayrí y el régimen nusayrí y su sistema ideológico de creencias menosprecian, cuando menos, a las minorías. Todo esto es cierto y es motivo de gran preocupación entre “nusayríes” y “no nusayríes” por igual, incluyendo a quienes son sunníes. Pero el hecho es que la angustia más fuerte desencadenada por estos grupos, hasta ahora, se le ha infligido a los sunníes en las zonas de Yasira, el norte sirio y el este de Ghuta, en Damasco.

Lo que de verdad nos preocupa es la protección de las vidas sirias, con independencia de sus orígenes y de sus agresores, ya sean asadistas o salafíes. Si este fuera nuestro punto de partida, la seguridad significaría la protección y seguridad de todos los sirios. Lo que los grupos salafíes sectarios infligieron a los pueblos de orígenes minoritarios (como hicieron con los alauíes en zonas del norte de Latakia, en Adr, con el pueblo druso y con los cristianos en Idlib) plantea la cuestión de la igualdad de derechos, incluyendo el derecho a la seguridad. La seguridad pública se debe fundamentar en un pacto nacional que estipule que Siria es para todos los sirios, que ninguno de ellos es huésped de nadie y que ninguno de ellos es dhimmi para nadie.

Lamentablemente, en Siria no hay discusión sobre estos aspectos. Esto complementa la confiscación asadista de la esfera pública y la autocensura extrema ejercida por la mayor parte de los intelectuales sirios en esta cuestión, con algunos de ellos incluso ofreciéndose voluntarios como guardianes de los tabúes sectarios, abalanzándose sobre todo aquel que se atreve a desafiarlos.

En estos momentos estamos pagando un precio muy duro por ese silencio mientras nos preguntamos a nosotros mismos, una y otra vez, ¿cuál es la solución?

En las condiciones actuales, ¿cómo puede formarse una nueva mayoría siria?

Lo primero de todo, pasar página sobre el gobierno asadista.

No hay solución para Siria sin tal condición, porque no sólo estamos hablando de un gobierno fundamentalmente minoritario, sino de un gobierno que ha estado sometiendo a los gobernados, de forma incesante y a amplios niveles, por la fuerza de las armas.

Sin embargo, desde 2013 ha quedado claro, y especialmente desde el surgimiento del Daesh, que es insostenible crear una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista. El Daesh suscita la repulsa de todas las minorías y también de la mayoría de los sunníes sirios. No sólo es una fuerza sectaria radical sino también una fuerza exterior de ocupación. Es una formación singular en la que una organización terrorista que ejerce actos arbitrarios de violencia, que es indiferente a las vidas de los civiles, exhibe un colonialismo de asentamientos a la vez que actúa como una trituradora humana de autoridad fascista. No es sólo un peligro político y social para Siria, sino un peligro para la propia entidad siria.

La nueva mayoría siria no puede lograrse sin enfrentar al Daesh.

Pero no sólo al Daesh, como la política estadounidense ha venido haciendo desde su intervención en Siria e Iraq en septiembre de 2014. Tiene que enfrentarse tanto al Daesh como al régimen de Asad. Este último no es sólo un peligro político y social, a partir de la Revolución se ha convertido en una autoridad sultánica no nacional en posesión del país y de su población. Y a lo largo de la Revolución se ha convertido en un peligro estructural para la entidad siria, dependiendo de ocupantes extranjeros que no tienen compasión con la mayoría de los sirios ni con la historia de Siria.

Casi nadie de entre los revolucionarios sirios está dispuesto a entrar en conflicto con el Daesh hasta no haberse librado del Estado asadista, a menos que se hallen en un contexto que conduzca definitivamente a su desaparición. Este es un punto central que todo el mundo debería tener claro. Explica los repetidos fracasos de los estadounidenses a la hora de preparar una fuerza siria árabe sólida que luche sólo contra el Daesh. Las personas como nosotros, izquierdistas, laicos y liberales, no deberíamos unirnos a nadie que sólo combata al Daesh, o que dependa de los estadounidenses o los rusos, para ver al final restaurado el asadismo con una vileza sectaria más grave y una delincuencia criminal más amplia. Esto no sólo traicionaría a la Revolución y a las almas de innumerables víctimas, sino que además requería comprometerse con los planes presentados por unos poderes en los que la justicia hacia los sirios no alcanza siquiera una prioridad secundaria.

La valoración de que un renovado asadismo sería más brutal que el asadismo previo a la Revolución no es algo subjetivo, sino más bien una “ley natural objetiva” en el caso de que los asadistas salgan victoriosos. Los vencedores se habrán liberado de cualquier obstáculo que les impide seguir robando y masacrando y estarán ansiosos de vengarse de cualquiera que se haya atrevido a desafiarles, rompiendo sus largas décadas de monopolio del poder o causado pérdidas humanas sustanciales en el campo asadista. Tenemos en nuestra historia siria reciente un precedente ilustrativo. Después de 1982, tras asesinar a decenas de miles de seres en Hama y arrasar un tercio de la ciudad, y cuando otras decenas de miles de seres, incluidos izquierdistas, unionistas e innumerables “casos individuales”, estaban aún en prisión, se produjo una “revolución” en las detenciones, torturas, actuaciones de la policía secreta, saqueos y robos, así como en las mentiras y en la idolatría de Hafez al-Asad. La situación será cien veces peor si los asadistas de Bashar salen victoriosos. Ya están bajo la protección de brutales invasores extranjeros: los chiíes libaneses, iraquíes e iraníes, por no mencionar a los rusos.

Resumiendo, desde la aparición del Daesh ha sido imposible construir una nueva mayoría siria sólo contra el Estado asadista, pero tampoco ha podido construirse sólo contra el Daesh. Lo que puede construirse sólo contra el Daesh es un gobierno minoritario renovado bajo protección extranjera y con garantía internacional.

Además del Daesh, ¿qué pasa con el resto?

Cuando se discute sobre el futuro de Siria es necesario plantear una serie de preguntas sobre los grupos islamistas beligerantes. Algunos de ellos son grupos yihadistas, como el Frente Nusra, en la actualidad “Fateh Al-Sham” (integrado al menos por un 10% de combatientes que no son sirios) u otros grupos que son una variante del paradigma yihadista-salafista (como Ahrar al-Sham y Yaish al-Islam). En el contexto sirio actual, estos grupos combinan el enfrentamiento con el Estado asadista con la extensión de su control sobre las comunidades locales. Su autoritarismo ha desencadenado varias resistencias y esos grupos han perpetrado diversos delitos durante este tipo de confrontaciones. Durante la batalla del asedio a Alepo a finales de julio de 2016, la mayoría de los partidarios de la Revolución se situaron con la resistencia de estos grupos ante los asadistas y sus aliados, incluyendo el Movimiento Al-Zenki, que había provocado recientemente una gran repulsión al celebrar la matanza de un joven prisionero de guerra a principios del mismo mes. Esto sucedió porque estaba en juego el destino de 300.000 personas en Alepo y, de hecho, el destino de toda la Revolución.

Estos grupos llevaron a cabo una función de resistencia pública, pero los grupos principales entre ellos tienen una formación ideológica extremadamente estrecha y sectaria. Esta es la contradicción fundacional en su naturaleza: una resistencia pública contra una alianza sectaria agresiva, pero ellos mismos se estructuran siguiendo estrechas líneas sectarias. Esta contradicción no puede resolverse fuera del marco de un cambio profundo en el entorno político sirio que se extiende al Estado asadista.

Es comprensible que la base de partidarios de estos grupos se amplíe cuando llevan a cabo funciones de defensa, o cuando luchan exclusivamente contra el agresivo Estado asadista. Esa base disminuye cuando estos grupos intentan imponer su modelo social a los residentes locales, o cuando se enfrentan a adversarios no asadistas. Entonces aparecen como grupos elitistas investidos de su propia ideología y proyecto autoritario, y no en un entorno social vívido, como se demostró en la resistencia local contra el Frente Al-Nusra en Maarat al-Nu'man y en otros lugares, y contra Yaish al-Islam en el este de Ghuta y en Duma. Yaish al-Islam ha extendido su autoridad mediante asesinatos, secuestros y acciones bélicas, de forma no muy diferente a lo que Al-Nusra ha hecho en Idlib. Pero no hay un camino para construir una oposición social fuerte contra estas milicias mientras se estén enfrentando a la alianza hostil Asad-Irán-Rusia.

Si se pudiera liberar a Siria de asadistas y daeshistas quedaría clara la formación minoritaria y elitista de estos grupos, y eso ayudaría a aislarlos. Las protestas anti-Nusra de los vecinos de Maarat al-Nu'man, que son por lo general musulmanes sunníes conservadores, tras el acuerdo de alto el fuego del pasado febrero, sugiere que si se hubiera eliminado a los asadistas y daeshitas, sectores más amplios de sirios estarían en mejor situación para resistir a estos grupos. Preveo que otros grupos, más parecidos a la formación original del Ejército Libre, optarían por implicarse en la nueva vida política de la Siria post-Asad; pero si causaran un dilema molesto para la seguridad, entonces las condiciones favorecerían que se pudiera enfrentarlos.

¿Qué hay de los kurdos sirios?

Hasta ahora hemos debatido sobre la deseada mayoría siria considerando el tema de las sectas. Pero en Siria existe la cuestión kurda, y no habrá una solución justa si no se aborda. Por tanto, ¿cómo puede abordarse esta cuestión?

El principio sigue siendo el mismo: los kurdos son parte de la nueva mayoría siria, con sus derechos culturales y lingüísticos como grupo étnico constituyentemente igual a los otros, además de un estatus especial para las zonas de mayoría kurda en Afrin, Kobani y partes del gobernorado de Hasakah.

Esta visión preliminar se contradice de tres maneras:

La primera, naturalmente, es el Estado prerrevolucionario que ha negado a los kurdos cualquier existencia pública (Todos son “árabes sirios”) pero que ha tratado con ellos de forma pragmática, asegurando su división y debilitando sus manifestaciones políticas.

La segunda es la situación actual desde la Revolución, que incluye la colaboración entre el PYD (siglas en kurdo de Partido de la Unión Democrática) y el régimen, Irán, Rusia y EEUU, mientras imponen un sistema de partido único en los territorios que están bajo su control, así como una tendencia a extenderse por zonas de mayoría árabe.

Finalmente, la tercera contradice un proyecto nacional especial al que los kurdos se refieren como “Kurdistán Occidental”.

No hay forma de abordar una entidad kurda independiente que incluya partes de Siria a menos que sea en el marco del establecimiento de un Estado kurdo formado con el Kurdistán iraquí, partes de Turquía y partes de Irán. Quizá entonces habría una continuación territorial y demográfica de las zonas kurdas con las áreas sirias de mayoría kurda. Es posible también que esta entidad kurda pueda incluir minorías árabes y no árabes. Sin embargo, dentro de la actual esfera siria, esa continuación no existe. Esta es una realidad geográfica y demográfica concreta que a menudo ignoran quienes fantasean acerca del “Kurdistán Occidental” o “Rojava” y esto es algo que no puede ignorar ningún proceso político y legal justo de la cuestión kurda.

Aquí encontramos también una contradicción entre la función de resistencia popular contra el Daesh, o cualquier otro atacante de las comunidades kurdas, y los frecuentes y conocidos actos de agresión contra árabes y otros. Esta agenda deriva su fortaleza de partidarios poderosos. También aquí estaremos en mejor posición para resolver la contradicción si eliminamos a los daeshistas y a los asadistas.

Nosotros, en Siria y en la región, defendemos una causa kurda justa y emancipadora, pero de ese significado emancipador se ha apropiado la organización kurda más obsesiva, excluyente y miope, que es también la mejor preparada y equipada a nivel militar como resultado de su relación formativa con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía. De esta forma, ocurre lo mismo que con los salafíes en el contexto árabe sirio, que son el grupo mejor equipado y preparado a nivel militar. De manera similar, tanto los nacionalistas kurdos como los salafíes integran a miembros no sirios; parece que el centro de control y mando kurdo es completamente no sirio. El PYD se ha colocado a sí mismo dentro de las estrategias injustas y miopes estadounidenses y rusas, y al hacerlo así se ha enfrentado a las comunidades árabes y no árabes en Siria. La organización también había establecido con anterioridad relaciones sospechosas con el Estado asadista y con Irán, lo que hizo que se volviera intolerante con la Revolución o los grupos revolucionarios kurdos. Esta ha sido una postura consistente que alcanzó un pico simbólico y vergonzoso cuando Saleh Muslim –el rostro sirio del PYD- promovió la negación de la responsabilidad del régimen en la masacre de armas químicas de hace tres años.

Durante los últimos tres años se ha ido desarrollando una narrativa nacionalista sobre la supremacía kurda que ha creado una convergencia con la clase media occidental, al mismo tiempo que encubre las similitudes políticas y sociales de los kurdos con sus comunidades vecinas en Siria. Estas similitudes se han reemplazado con un discurso agresivo, ofensivo por su tono y violencia.

Esta narrativa se basa en la experiencia del PKK en Turquía al afrontar la opinión pública internacional y, a su vez, adherirse a sus expectativas. En Siria, esta narrativa ha jugado el papel de promocionar a bombo y platillo a un colectivo basado en una identidad que carece de cualquier dimensión emancipadora o profundidad social. Tampoco tiene, en absoluto, ninguna base intelectual ni racional y no integra la causa kurda en ninguna causa pública siria. La propaganda partidista ha sustituido al debate en su peor forma, y las narrativas de superioridad carentes de apoyo social sustituyeron a los actos de justicia y emancipación.

Los medios de comunicación y las redes sociales de Occidente han encontrado sin embargo una traducción práctica en el apoyo militar estadounidense a la organización nacionalista kurda en el norte y este de Siria a cambio de combatir al Daesh, por no mencionar el apoyo ruso a cambio de combatir a los grupos de la oposición. Es evidente que la justicia no figura entre las motivaciones de los apoyos de las dos potencias. Si así fuera, habrían ayudado a los rebeldes antiasadistas, habrían castigado a Asad por la masacre química o por su historial criminal meticulosamente documentado. El motivo es que las potencias internacionales encuentran en ellos una base fiable en una región, por la que la mayoría de sus habitantes sólo siente desconfianza.

Pero, ¿acaso no se trata de un método colonial convencional?

Luchar contra el Daesh no justifica las aspiraciones discriminatorias puestas de manifiesto en fórmulas alocadas y con poca visión basadas en teorías esencialistas sobre derechos históricos que se han entrelazado históricamente con la expansión nacionalista.

Por tanto, si intentamos mirar un poco más allá de la neblina de la propaganda e información engañosa, está justificado el temor a que este proyecto pueda presagiar conflictos sangrientos en una región que no había sido testigo previamente de conflictos violentos entre sus poblaciones.

¿Por qué la propuesta que hacemos es mejor que las otras?

Ante todo, porque es democrática: Constituye la continuación de fases anteriores de la lucha de los sirios contra la tiranía. También responde a lo que se supone es un consenso universal respecto a la democracia.

En segundo lugar, porque es justa y tiene en cuenta a todas las comunidades sirias. No es una expresión de hegemonía comunitaria que sólo puede llevar a guerras renovadas y a la subordinación regional e internacional, como ilustra el ejemplo iraquí.

En tercer lugar, porque es sostenible. La situación actual es explosiva. La supervivencia asadista significa el sometimiento del país a la ocupación extranjera. Los rusos y los iraníes, que han venido protegido a los asadistas, no se volverán a sus asuntos hasta haber conseguido sus objetivos y los de Asad. Los asadistas serán el rostro de la influencia de los patrocinadores, quienes a su vez podrían estar de acuerdo o en conflicto. Sin embargo, los esfuerzos para establecer una nueva mayoría siria deben crear una base sólida para una solución sostenible que pueda consolidarse después a través de libres elecciones y mediante una constitución que penalice la discriminación sectaria y étnica.

Las ventajas de una visión integral de ese tipo se ven cada vez más claras cuando las comparamos con las tres visiones excluyentes que se presentan en Siria hoy en día:

La primera, naturalmente, es la Siria de Asad, una Siria como base de un gobierno dinástico y minoritario. Al contrario, una Siria establecida alrededor de una mayoría política que traspase las fronteras de los grupos comunitarios, puede volver página de los asadistas sin enfrentarse a los alauíes. De hecho, es la más adecuada para asegurar su seguridad, derechos y dignidad a largo plazo.

La segunda visión excluyente es el concepto nacionalista de Siria como entidad árabe y el de sus ciudadanos como “árabes sirios”. Concebir a Siria como república democrática, un Estado para su población corpórea no implica injusticia alguna para los árabes y nada les impide involucrarse en las causas de sus vecinos árabes. También les ofrece a los kurdos igualdad política y constituyente, sin impedirles que les preocupen las causas kurdas más allá de Siria.

La tercera visión excluyente es el Estado islámico en Siria, que es a lo que los yihadistas-saladistas y sus aliados aspiran. Un compromiso histórico en Siria podría basarse en una mutua exclusión del asadismo y del islamismo. Excluir el proyecto del Estado islámico no implica injusticia alguna para los musulmanes sunníes como tales. El proyecto islamista en un país fundamentalmente complicado es una receta para la destrucción de la sociedad siria a manos de una elite gobernante que no puede ser una minoría y cuyo gobierno no puede ser tiránico y brutal. La dignidad de los creyentes musulmanes queda preservada en una sociedad libre y justa más que en una sociedad en la que los islamistas prevalezcan.

A nivel de procedimiento, ¿cómo es posible crear un sistema mayoritario?

La nueva mayoría siria, que es intersectaria, puede formarse dentro del marco de un compromiso histórico importante que podría formularse en una conferencia nacional siria internacionalmente patrocinada, que pase página sobre el Estado asadista y los aparatos criminales a su disposición. Esto sería coherente con los deseos de la abrumadora mayoría de sirios contra el Daesh y sus asociados y se ganaría el favor del mundo entero.

Es posible que la conferencia pueda tener como consecuencia el establecimiento de una institución gubernamental superior que encarne la igualdad constituyente de los grupos comunitarios sirios, incluidos los kurdos, e impida el gobierno dinástico o autocrático. No estamos comprometidos con la idea de un Estado centralizado, basado en la homogeneidad, ni con el sistema consensual de cuotas. Con lo que estamos comprometidos es con proporcionar la máxima justicia al mayor número posible de sirios. Si nada de esto se consigue, es probable entonces que estallen pronto guerras, conflictos y actos de venganza, una y otra vez, con gravedad creciente.

Pregunta: ¿Por qué los Estados importantes y las Naciones Unidas tienen que apoyar una transformación siria en esta dirección?

Respuesta: Precisamente porque es lo más democrático, justo y sostenible.

Pregunta: Pero, ¿a los Estados les interesan las soluciones justas que tienen en cuenta los intereses de las poblaciones locales?

Respuesta: Bien, todo lo que se ha mencionado aquí responde a un intento sirio de expresar una solución para Siria que pueda ser justa. Si lo que se busca no es una solución justa, entonces a los sirios que luchan por la justicia no puede responsabilizárseles de nada.

Pero el “mundo” es también parte del problema sirio, ¿no es verdad?

En beneficio del lector anónimo, debe afirmarse claramente que el problema de Siria en estos momentos no es sólo el régimen, el Daesh, el Frente Nusra y la organización nacionalista kurda del PYD. Hay una inmensa tercera parte, que son las potencias internacionales, a saber, EEUU y Rusia. Sus posiciones a partir de 2013 han registrado un notable acercamiento que culminó en la coordinación directa política y militar desde septiembre de 2015. Quienes apoyan abiertamente el asadismo, como los rusos, o los que se oponen a su caída, como los estadounidenses, no son los únicos poderes ineludibles necesarios para encontrar una solución en Siria, pero son los poderes que deberían ser responsables de la solución y del puesto que la justicia ocupe en la misma. Estas dos partes no han expresado interés alguno en las cuestiones de justicia, democracia y sostenibilidad.

Los estadounidenses y los rusos controlan el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas y los medios de comunicación más poderosos, estableciendo también las agendas de los foros internacionales en los que participan, algo de lo que Barack Obama se jactó hace pocos meses.

Por tanto, si tenemos en cuenta esta dimensión internacional como componente fundamental del problema, es necesario interrogar directamente a las potencias internacionales intervinientes, que son inmensamente más poderosas que el Estado asadista o sus aliados, y desde luego mucho más poderosas que cualquier grupo de resistencia sirio, o el Daesh o el “PYD”.

Y sin embargo, desde una perspectiva siria, la solución por la que estas potencias están presionando parece ir, por un lado, desde reclamar las tierras que están fuera del control de Asad para restaurar en definitiva la “Siria de Asad” a, por otro, rendirse ante la abismal situación actual, caracterizada por la guerra perpetua y una división de facto del país. La segunda opción, que parece ser la preferida hoy por los estadounidenses, significa sacrificar Siria para que el régimen asadista sobreviva y ni siquiera asegurar la destrucción del Daesh.

En cualquier caso, aquí estamos, en el mundo del poder absoluto, que impone su lógica hasta que llegue el momento en que de nuevo nos preguntemos: ¿Cuál es la próxima explosión?

Entonces, ¿de dónde puede venir la solución?

No hay solución para Siria, querido lector desconocido, porque los poderes que controlan el mundo son parte del problema, cuando no el problema mismo. Esos poderes no son justos. El mundo entero, no sólo Siria, se deteriora gravemente como consecuencia de sus políticas. Esta realidad no deja espacio para una propuesta con soluciones racionales y justas, y además contribuye a la explosión total en Siria y a las tensiones alrededor de Siria.

Hemos llegado a un punto muerto: Quienes se preocupan por la justicia carecen de poder y quienes tienen poder no se preocupan por la justicia.

De todas formas, sentimos que es necesario ser claros. Damos testimonio, ante nosotros mismos y ante nuestra época y, a través suyo, lector anónimo nuestro, nos dirigimos también a otros lectores objetivos que pudieran no estar de acuerdo con todos los elementos de esta propuesta. Puede que consideren la necesidad de que nos centremos en algunos de sus elementos o de añadir otras consideraciones. Sin embargo, están motivados, al igual que nosotros, por la búsqueda de la justicia, la mayor cantidad de justicia para el mayor número de personas.

Al fin y al cabo, el objetivo del autor es que los problemas puedan verse con claridad, al igual que las responsabilidades. Los rostros de la injusticia están claros, al igual que los horizontes de la justicia. Necesitamos poner mucha atención y trabajar duro en los matices, en ideas prácticas innovadoras y, antes de eso, necesitamos la participación del mayor número posible de personas en la reflexión y en la puesta en marcha. De lo que estamos hablando no es sólo de una solución a una crisis política en Siria; hay que restablecer también la estructura estatal, las relaciones dentro de la sociedad y la concepción de la identidad, con un espíritu de moderación, pragmatismo e imparcialidad.

Lo que no necesitamos es la desaparición de otra generación y que sobrevengan más catástrofes colosales, sólo para que alguien diga: “Yo no sabía…” Todo el mundo sabe. Aunque quienes se dirigen de cabeza hacia el abismo con los ojos bien abiertos no sean tan pocos.

[Este artículo fue traducido del árabe al inglés por Yasser EzZayyat.]

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/syrian-re...

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

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