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Actualizado: hace 2 horas 24 min

Un remedio chino para la OTAN

24 December, 2019 - 00:00

En su reciente cumbre de Londres, la OTAN, en muerte cerebral según el presidente galo Emmanuel Macron, ha señalado a China como un riesgo cada vez mayor para la seguridad, apelando a los países miembros a cerrar filas frente al gigante asiático.

El pronunciamiento de la OTAN está en línea con la doctrina de la Administración Trump que desde 2017 ha pasado a la ofensiva contra China en todos los frentes en aras de impedir a toda costa su destronamiento de la hegemonía global, un temor que le quita el sueño. La UE, por su parte, aun calificando a China de “rival sistémico” mantiene una posición ambigua si bien en los próximos meses probablemente deberá decantarse en asuntos clave (como el sustancial papel de Beijing en la implantación de la red 5G en el continente).

A primera vista, la inclusión de China en el radio de vigilancia de la OTAN parece responder a la sempiterna necesidad de construir un enemigo que aporte cohesión (tan necesaria en estos tiempos) a la alianza. Sin embargo, muy al contrario, las fracturas y divergencias existentes en su seno podrían agrandarse en la medida en que se bifurquen los respectivos intereses comerciales y estratégicos de los países miembros. El consenso transatlántico antichino podría no solo no ser viable sino confirmarse como el tiro de gracia para un bloque que presenta signos de preocupante agrietamiento. China lo sabe y es por ello previsible que mueva sus peones activamente para seducir y fortalecer sus relaciones con Reino Unido, los PECO y otros países europeos, al tiempo que las relaciones con Rusia seguirán incrementándose en proximidad y profundidad en paralelo a su consolidación como polo alternativo y de contención a la presión occidental.

La decisión de la OTAN parece abundar en el criterio de que cuanto haga China debe ser interpretado en clave de amenaza. Ya hablemos del ámbito tecnológico o de la seguridad, de su presencia inversora global o sus asociaciones energéticas con determinados países, sus prácticas comerciales o cibernéticas, las rigideces de su sistema político o su espionaje. China es un caso perdido para Occidente, así que debiéramos prepararnos para lo peor. Pero este discurso, que avanza con calzador, no es unánime.

Mientras Washington apela desde hace casi dos años al boicot a China, lo cierto es que esta lo va sorteando, ganando presencia y proyección en cada vez más países, incluso entre aliados de EEUU. Tras el Brexit, pronto podríamos tener noticias de alcance en la relación Beijing-Londres.

Probablemente, el eco de la declaración de la OTAN animará a China a acelerar el paso para asegurar sus intereses clave. China es aun un país en desarrollo, nos recordaba el ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi al participar en Madrid en la cumbre ASEM. Su PIB per cápita representa la sexta parte del de EEUU y un cuarto del de la UE. De los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China tiene el menor gasto en defensa per cápita, equivalente a una decimoctava parte del de EEUU. Puede China aseverar su falta de interés en competir ideológicamente con Occidente o su nulo empeño en exportar su modelo de desarrollo que eso da igual; no obstante, los datos hablan por sí solos. Aun le falta un trecho y bien complejo para alcanzar a los países más desarrollados y asegurar su estabilidad. Aun así, lo importante a ojos de la OTAN es que en 2025 podrá disponer de una flota de siete portaaviones.

La sombra de una nueva guerra fría a través de la conversión de China en un enemigo de Occidente, capaz por tanto de amenazar su hegemonía y su existencia, es la peor opción posible. El desafío más importante del presente es la construcción de un nuevo orden mundial. Ese proceso en curso está originando nuevas redes de alianzas llamadas a suplir el vacío provocado por el inevitable cuarteo de los acrónimos surgidos en el marco de la posguerra y la guerra fría. Los riesgos son inevitables y para afrontarlos la mejor vía es el entendimiento y la cooperación. Las afirmaciones unilaterales de dominio y de poder sirven de bien poco en estas circunstancias.

Fuente: https://blogs.publico.es/otrasmirad...

Categorías: antimilitar

Un estudio denuncia que cascos azules de la ONU abusaron sexualmente de 2.000 mujeres en Haití

20 December, 2019 - 00:00

EUROPA PRESS

Más de 2.000 mujeres en Haití, muchas de ellas menores, han sufrido abusos sexuales por parte de las fuerzas de paz desplegadas por Naciones Unidas en la pequeña isla desde 2004 hasta 2017, según un estudio.

De acuerdo con los testimonios de las denuncias, los militares y otros funcionarios de las delegaciones de Naciones Unidos encargados de restablecer la paz en la zona habrían mantenido encuentros sexuales con incluso niñas de once años, aprovechándose de la pobreza y miseria que varios años de guerra civil y catástrofes meteorológicas han provocado entre la población.

Fruto de estos abusos, muchas de las mujeres han concebido niños que han pasado ser conocidos como los Petit MINUSTAH, en referencia al acrónimo de la misión de paz de la ONU en Haití. Algunas fuentes hablan de que cerca de un centenar de niños habría sido concebidos.

Los entrevistados denuncian que ofrecían moneda y comida a las niñas a cambio de otros favores

Las cifras y las conclusiones han sido facilitadas por la profesor de la Universidad de Birmingham, Sabine Lee, quien dirigió un estudio de la revista International Peacekeeping, del que se ha hecho eco la agencia Reuters.

«Está bastante claro que se aprovecharon de niñas menores de edad», ha denunciado Lee, cuyo estudio ha recogido unas 2.000 entrevistas a la población local que residía cerca de las bases militares que Naciones Unidos asentó en la isla desde 2004.

Cerca de un diez por ciento de los entrevistados han mencionado la existencia de niños concebidos después de los encuentros sexuales que se habrían producido, mientras que otro tantos hablan de como algunos funcionarios de la delegación de la ONU «ponían monedas en las manos de las niñas», o les daban comida a cambio de estos favores.

Por su parte, un portavoz de Naciones Unidas ha asegurado que desde la organización se toman muy en serio estos problemas y reconocen que al menos hay 29 víctimas y 32 niños nacidos de estos abusos sexuales. En ese sentido, ha informado de que la ONU está «activamente involucrada» y actualmente garantiza que los pequeños y sus madres están recibiendo la manutención y cuidados adecuados.

La portavoz de la ONU reconoce que hay al menos 29 víctimas y 32 niños nacidos de abusos sexuales

El estudio ha denunciado que la política de actuación de la ONU es «ineficaz», puesto que de acuerdo con el sistema actual, la organización internacional no puede procesar a sus trabajadores por los atropellos cometidos durante el cumplimiento de sus labores en el extranjero.

«El entrenamiento debe ir más allá, no puede ser que vengan a un sitio, violen a una mujer y se vayan», ha denunciado Lee, para quien la ONU debería plantear medidas disciplinarias más duras contra aquellos trabajadores que lleven a cabo este tipo de abusos y conductas sexuales.

Público

Categorías: antimilitar

El enemigo más letal del ejército de EEUU en las últimas guerras es el suicidio

19 December, 2019 - 00:00

AMADO HERRERO

Más de 45.000 miembros del Ejército de Estados Unidos se han quitado la vida en los últimos seis años. Eso significa que cada año mueren por su propia mano más militares de los que caen en combate en Irak o Afganistán. Además, las estadísticas acumuladas en la última década reflejan una preocupante tendencia al alza, tanto entre soldados en activo como en veteranos. Parte del esfuerzo que las autoridades han iniciado para atajar el problema pasa por comprender su naturaleza. Por eso recientemente investigadores de la Universidad de Hawaii -en colaboración con el departamento de Defensa- han publicado una investigación que repasa casi 200 años de datos sobre suicidios en el ejército norteamericano.

El análisis, que aparece en la revista médica JAMA Network Open, revela que ese aumento es un fenómeno reciente, especialmente en tiempo de guerra. En el periodo 1840-1940 los suicidios entre las tropas en activo siempre disminuyeron durante los periodos de conflicto (Guerra de Secesión, Guerra de Cuba y Primera Guerra Mundial) y la tasa cayó a su nivel más bajo al final de la Segunda Guerra Mundial, 5 muertes por cada 100.000 miembros del servicio. Sin embargo, la tendencia comenzó a cambiar en Vietnam y ha empeorado sensiblemente desde 2004, con un fuerte repunte «que supera las tasas anteriores a la Segunda Guerra Mundial y las actuales entre la población civil», según el estudio. En 2017, la cifra alcanzó los 24,3 fallecimientos por cada 1.000 soldados.

«Los datos sugieren que los periodos de guerra han tenido un efecto de supresión en los índices de suicidio, en lugar de aumentarlos», explica Jeffrey Smith, profesor asociado del departamento de Historia de la Universidad de Hawaii y autor principal del estudio. «Esa tendencia negativa que asocia combate con el aumento de los suicidios en nuestro ejército es reciente». El hecho de que ese cambio de tendencia aparezca en dos de las guerras más largas de la historia de Estados Unidos apunta a la duración de los conflictos como posible factor, aunque según este investigador «esa asociación deberá ser un tema de investigación en el futuro».

Por otro lado, los autores reconocen que la antigüedad de algunas estadísticas puede hacer que sean algo imprecisas. Los datos más viejos proceden de informes del Cirujano General de EEUU, aunque los investigadores han optado por incluir sólo las muertes directamente clasificadas como suicidio; lo que implica excluir causas relacionadas, descritas en los diarios médicos con términos como «espíritu roto». «Es fácil imaginar que haya una infrarrepresentación del problema, pero eso no impide un análisis útil», matiza David Jones, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Harvard y autor de un comentario que acompaña al artículo. «Un modelo que explique tendencias pasadas puede ayudar a prevenir futuras muertes», añade Jones, «y a desvelar factores de estrés a corto y largo plazo asociados con el suicidio».

Hombres jóvenes, los más afectados

El informe se enmarca en un esfuerzo emprendido por el departamento de Defensa para atajar el preocupante aumento de las cifras de suicidio entre miembros del ejército, que incluye una inversión de 1.000 millones de dólares en la búsqueda de soluciones. No obstante, las autoridades son conscientes de que estudios similares -como uno realizado en Israel- apuntan a que el problema no es exclusivo de las fuerzas armadas norteamericanas. De hecho, ni siquiera se trata de un problema exclusivo del ejército.

En este sentido el Pentágono señalaba en un informe publicado el pasado septiembre que, una vez ajustados la edad y el género, la tasa entre los soldados es, más o menos, la misma que la del resto de la sociedad. Todos los estudios coinciden en que la población de mayor riesgo son los hombres jóvenes (principal segmento demográfico en los ejércitos) que en su mayoría eligen un arma como método para acabar con su vida. Pero más allá del estrés relacionado con los despliegues y el combate, «el Ejército no está aislado de los cambios sociales, culturales y económicos», explicaba el informe.

«Las cifras que tenemos no van en la dirección correcta», reconoció entonces Elizabeth Van Winkle, directora de la Oficina de Resiliencia en las Fuerzas Armadas norteamericanas. «En general las tasas entre nuestros militares son comparables a la de los civiles, pero eso no es ningún consuelo». Los expertos recuerdan que cualquier estudio relacionado con el suicidio es complejo, dado que es una decisión que resulta de muchos factores, personales y ambientales. No obstante los funcionarios del Pentágono han extraído algunas conclusiones. Por ejemplo, que la mayoría de los miembros del servicio que se quitan la vida no sufren enfermedades mentales previas. Además, los estudios sí demuestran que mejorar la atención médica y limitar el acceso a medios letales (como un mejor almacenamiento y control de las armerías) marca una diferencia positiva.

El Mundo

Categorías: antimilitar

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