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Actualizado: hace 1 hora 19 min

México: La Guardia Nacional y la militarización del país

fai 7 horas 12 min

Por Florentino López Martínez

Este 30 de junio se cumplieron dos años en que se creó la Guardia Nacional, que se convertirá, más que cualquier otra institución en uno de las instituciones emblemáticas de la autodenominada Cuarta Transformación que encabeza el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

No sólo por ser una de las “nuevas” instituciones, creadas con la llegada del actual Presidente, sino porque es una de las que está absorbiendo una de las partidas presupuestales más altas de la actual administración.

La polémica sobre las funciones y las características que tendría la ahora Guardia Nacional, inició con los primeros anuncios que se hizo desde la Presidencia; desde un inicio se denunció por diversas organizaciones defensoras de derechos humanos nacionales e internacionales, intelectuales, organizaciones sociales y populares, sobre la naturaleza militarizada que iba a tener la Guardia Nacional, así como el mando subordinado del Ejército Mexicano, denuncias que forzaron al nombramiento de civiles para encabezar a este cuerpo policíaco.

Esto fue sólo una maniobra política, porque de ahí, los mandos operativos son todos militares activos, la tropa, en su gran mayoría proviene de la extinta Policía Federal, también militarizada en su tiempo principalmente en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. De tal modo que las denuncias sobre la institución militarizada que representa la Guardia Nacional, a dos años de distancia se confirman enteramente.

En la conferencia mañanera de este 30 de junio del 2021, en voz del propio Presidente de la República, se ha confirmado que la Guardia Nacional lo conforman 100 mil elementos, formados, capacitados, disciplinados y conducidos por la Secretaría de Marina y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA); es decir, es una institución militar. Los mandos civiles nombrados para dirigirlos son meros monigotes, y la burla para el pueblo mexicano, de que sería una institución civil para la seguridad ciudadana, no tiene nada, la Guardia Nacional es un instrumento de guerra.

Presupuestalmente, durante los tres primeros años de la 4T, el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, es decir todos los cuerpos represivos del Estado mexicano, han mantenido un continuo aumento del presupuesto, mientras qué, en otras áreas, principalmente para la Investigación, Ciencia y Tecnología, Educación Superior, Cultura, Pueblos Indígenas, han disminuido en algunos casos hasta más del 70% de su presupuesto.

En el 2020, el presupuesto aprobado para la Guardia Nacional fue de 29 mil 286 millones de pesos y en el 2021, fue de 133 mil 938 millones de pesos; mientras que, para las 100 universidades del Programa de Universidades para el Bienestar Benito Juárez sólo se destinó 1000 millones de pesos, e incluso en el 2019, se le recortó hasta 750 millones de pesos. En la misma mañanera que hemos hecho referencia, el Presidente de la República presumió que se han inaugurado 165 cuarteles de la Guardia Nacional, mientras que las mismas 100 Universidades para el Bienestar, operan en instalaciones provisionales y en muy malas condiciones, falta de personal académico y equipamiento apropiado.

La cereza en el pastel para confirmar que la Guardia Nacional no hace más que profundizar la militarización en el país, es el anuncio que ha hecho AMLO, de proponer que ya en breve, mediante una reforma constitucional, la Guardia Nacional pase de manera directa, administrativa, logística y estructuralmente bajo el mando de la SEDENA.

Para rematar: durante estos tres años a las fuerzas castrenses del país se les ha entregado, no sólo el resguardo de todas las áreas estratégicas del país, ellos ya está administrando los puertos, las aduanas, administrarán el aeropuerto Felipe Ángeles, y parte importante del Tren Maya, obras en las que también están interviniendo como empresa constructora; es decir estarán usufructuando de manera directa cuantiosos ingresos económicos que dejarán de entrar al erario público, con ello tendrán no sólo el monopolio de la violencia, sino que además dejarán de depender del presupuesto que les quiera o no aprobar el poder legislativo, estarán en condiciones de estar por encima del propio poder ejecutivo, legislativo y judicial del país.

Mientras tanto, los crímenes que cometieron como Policía Federal Preventiva, como Policía Federal en el pasado, siguen impunes, y siguen siendo los mismos, no hay ni siquiera un intento de modificar de manera estructural el papel de ninguno de los cuerpos represivos, por el contrario, se les sigue fortaleciendo y el Presidente amenaza con que llegará a 200 mil efectivos, a diferencia de la Policía Federal en sus mejores momentos fueron 40 mil.

¿A alguien le queda duda de que con la Guardia Nacional avanza la militarización en México?

Florentino López Martínez. Presidente Nacional del Frente Popular Revolucionario (FPR)

Fuente: https://rebelion.org/la-guardia-nac...

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Guerra, Amor, Amor en la Guerra y Guerra en el Amor

fai 7 horas 12 min

Guerra

Hace ya demasiado tiempo que lo sabemos todo sobre la guerra. En 1929, Erich María Remarque nos lo mostró en “Sin novedad en el frente”.

Denunció el modo en que los profesores, junto a otras instancias publicitarias, empujaron a tantos jóvenes, él entre ellos, a la guerra, la primera mundial. Los representó como marionetas de los poderes que los domaban y de las instancias que querían rentabilizar sus vidas.

Vio luego que, en la guerra, los jóvenes idealistas adoctrinados en las escuelas se convertían en monstruos, en violadores, en torturadores, en asesinos.

Anotó cómo la mayoría quedaba destrozada a nivel psíquico. Que lo que tuvieron que ver y que vivir no era lo que le contaban en los centros educativos y en la prensa de La Patria. Que esa hipocresía y ese cinismo los desestructuró mentalmente y sin cura posible.

Señaló que, cuando podían regresar a su país, allí el dolor se incrementaba: no podían ser comprendidos por las masas de consumidores de la clase media, tan felices y tan gozadoras, y ellos no entendían cómo tampoco podían no comprenderlas. “Mejor no volver”, casi llega a decirnos el protagonista.

Solo le quedaba, existencialmente, la Guerra. Y regresa a los combates, que la Paz de su Patria le daba mucho más miedo que el perecer. Herido de muerte, la noticia que se comunica a los gerifaltes del ejército y de los medios de la época es esta: “Sin novedad en el frente”.

De esta temática, configurada tan pronto por Remarque, han obtenido réditos fábulosos los pseudo-creadores de la literatura mercantil y del cine mercantil. Tras el testimonio angustioso, llega el negocio de la bonachonería progresista. Que si “Patton”, que si “Apocalipsis Now”, que si “La delgada línea roja”, que si “Nacido el cuatro de Julio”, que si "Salvar al soldado Ryan", que sí... Una cacofonía comercial, y en gran parte también ideológico-política, para reiterar lo que Erich María Remarque nos dijo antes de que naciéramos, en 1929.

Amor

En un mundo donde casi todas las palabras que se escriben con mayúsculas son mentirosas, pareciera que aún quedaba, como un aliento para la dignidad, el Amor. Belleza de amar y de ser amado. Yo creo que es un privilegio, una suerte, una fortuna, un beso en los labios de la vida.

En “Gertrud”, por los años sesenta, Dreyer pone en la boca de su protagonista, una y otra vez, la misma frase: “Pero he amado”. Al final de la película, la vemos viviendo en el medio rural, humildemente, con un huerto y unos pocos alimentos sanos.
Cuando la visita un amigo, acaso el único hombre que la estimaba como persona y no tanto como “hembra”, capaz entonces de ser su amigo sin ser su amante, recapitula toda su vida. Desde el tiempo que quemó ante un “marido al uso”, frío, egoísta, muy racional, abusador, hasta los días de sus experiencias amorosas menos convencionales, rompiendo los esquemas de la época y arriesgándose. Tampoco le salío como soñaba, y quedó el consabido reguero de melancolía y depresión.
Y una tarde se despide de su amigo, su mejor amigo, acaso su único amigo, con quien nunca hizo el amor, exclamando: “Pero he amado”.

Amor en la Guerra

En la Guerra se han dado momentos sublimes del amor verdadero. A punto de matar y de morir, bajo todos los peligros y sin ocasión para el cálculo, para el proyecto, para la organización mental de la afectividad, el amor se desata como a él le gusta, sin cortapisas, sin prejuicios, sin contratos.

En medio de los bombardeos, de los ataques, de los miedos, de las rabias, de las muertes, se suelta un amor para el cual ya no se encuentran excusas con que reprimirlo. Casi como el amor de los pobres, de los niños, de los desahuciados, de los locos, de los perdidos, de los no-terrestres... En “Enemigo a la puertas”, film de Annaud, se alude, emotivamente, a ese amor que puede con la guerra y casi gracias a la guerra.

Guerra en el Amor

Pero lo más normal, a día de hoy, ya no es tanto, en la escala de nuestras vidas, la Guerra Abierta ni el Amor Pacífico. Porque los seres individualistas, crematísticos, materialistas, desalmados, estratégicos, utilitarios, económicos, asustadizos y asustadores, sistematizados, obedientes o solo revoltosos, productores y consumidores, robotizados, los seres como nosotros, no pueden ya amar sin guerrear.

De ahí las contantes separaciones, esa euforia de amores seguidos de desamores, los afectos con fecha de caducidad, la obsolescencia programada de los vínculos sentimentales...

Si a un animal herido por la lógica de la Realidad, por la estructura de Nuestro Mundo, se le encierra o se le invita a encerrarse al lado de otro animal dañado por lo mismo, solo cabe esperar la guerra. Guerra en el amor, combate entre dos seres que, siendo en ocasiones hermosos por separado, lindos en sí mismos, terminan atacando y agrediendo de un modo sádico.

Sabiendo todo esto, suscribo a Gertrud: “Pero he amado, amo y amaré siempre”.

Puñal(h)adas
www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana, donde nadie me agrede, donde nada me ofende, donde todo lo amo y todo me ama.

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Bombardeos en Yemen: Cartografía de las exportaciones de armas europeas usadas en la guerra

27 July, 2021 - 00:00

Las ventas de la industria bélica continúan a pesar de las pruebas constantes y abrumadoras de las atrocidades en Yemen vinculadas a las armas europeas.

Para ilustrar cómo las industrias armamentísticas y los gobiernos europeos siguen beneficiándose de la guerra en Yemen mediante la exportación de armas a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Forensic Architecture, en colaboración con el European Center of Contitutional and Human Rights (ECCHR), Mwatana for Human Rights, Yemeni Archive y Bellingcat, han desarrollado el mapa interactivo Bombings in Yemen (Bombardeos en Yemen).

Aplicando técnicas gráficas y cartográficas a la información obtenida a partir de una amplia investigación de campo, una investigación de código abierto y un análisis jurídico, la plataforma ilustra el impacto de las exportaciones de armas europeas en los continuos ataques contra civiles, infraestructuras civiles y lugares con patrimonio cultural. Para ello, el mapa expone las relaciones entre los ataques aéreos documentados, los restos de armas europeas encontrados y una cronología de las exportaciones de armas de los países europeos a la coalición. La plataforma muestra que estas exportaciones continuaron a pesar de las pruebas constantes y abrumadoras de las atrocidades en Yemen vinculadas a las armas europeas.

En diciembre de 2019, ECCHR, Mwatana for Human Rights y otras organizaciones europeas asociadas entre las que se encuentra el Centre Delàs d'Estudis per la Pau, pidieron a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigara las responsabilidades penales de los ejecutivos corporativos y gubernamentales de Francia, Alemania, Italia, España y el Reino Unido. Las organizaciones sostienen que, al emitir autorizaciones de exportación y exportar armas a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, estos actores europeos pueden estar contribuyendo a graves violaciones del derecho internacional humanitario en Yemen, incluidos crímenes de guerra.

«La guerra en curso en Yemen ha causado la muerte y las heridas de miles de civiles. Las autoridades fiscales internacionales y nacionales que están investigando las responsabilidades penales de los actores europeos corporativos y gubernamentales que alimentan los crímenes en Yemen pueden utilizar la plataforma como una herramienta de apoyo», explica Canelle Lavite, del ECCHR. «Sin embargo, la plataforma puede ser utilizada por todo aquel que esté interesado en saber más sobre el papel de los actores europeos en la guerra».

«Nuestra plataforma muestra que las empresas de armas europeas y los países europeos son fundamentales para que la Coalición pueda continuar su asalto a los civiles en Yemen. La plataforma también demuestra cómo su continuo comercio de armas, a pesar de la abrumadora documentación de las violaciones, hace que las empresas y los países europeos sean inexcusablemente cómplices de posibles crímenes de guerra», Omar Ferwati, Arquitectura Forense.

“Esta herramienta permite aportar datos e información de manera visual y accesible al público general sobre las exportaciones de armas, a la vez que refuerza las acciones de incidencia con un soporte visual que muestra las responsabilidades de los países europeos en el conflicto”, apunta Jordi Calvo, coordinador e investigador del Centre Delàs d'Estudis per la Pau.

La comunicación de la CPI forma parte de las acciones legales de ECCHR para ayudar a romper las injustas relaciones de poder económico, social, político y legal en todo el mundo.

Más información sobre las acciones legales en relación con los ataques aéreos llevados a cabo por la coalición liderada por Arabia Saudí y los EAU: aquí.

Fuente: https://rebelion.org/bombardeos-en-...

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Suiza y su relación con la Unión Europea

27 July, 2021 - 00:00

Interesante artículo que describe francamente bien la singularidad del sistema político suizo, uno de los modelos de democracia parlamentarista más participativos y descentralizados, así cómo su personalidad sociocultural, y cómo todo ello tiene mal encaje en una Unión Europea burocrática, centralista y orientada al beneficio de las grandes empresas. Nota de Tortuga.

Muchos de los tratados existentes firmados entre la Unión Europea y Suiza expirarán durante los próximos años y deberán ser renovados; otros deberán ser puestos al día.

Wolfgang Streeck

Director emérito del Max Planck Institute for the Study of Societies de Colonia.

El 26 de mayo el gobierno suizo puso fin a las negociaciones con la Unión Europea en torno al denominado Acuerdo Marco Institucional, que se habían prolongado durante un año y que debían consolidar y ampliar el centenar aproximado de acuerdos bilaterales vigentes en la actualidad para regular las relaciones existentes entre ambas partes.

Las negociaciones comenzaron en 2014 y concluyeron cuatro años más tarde, pero la oposición doméstica suiza obstaculizó su ratificación. Durante los años siguientes, Suiza quiso obtener garantías fundamentalmente respecto a cuatro áreas: el permiso para continuar prestando ayuda a su enorme y floreciente sector de la pequeña empresa; la inmigración y el derecho a limitarla a quienes fueran trabajadores o trabajadoras en vez de tener que admitir a la totalidad de los ciudadanos de los Estado miembros de la Unión Europea; la protección de los (altos) salarios vigentes en el realmente exitoso sector exportador suizo; y la jurisdicción, reclamada por la Unión Europea, del Tribunal de Justicia Europeo sobre las disputas legales sobre la interpretación de los tratados conjuntos.

Como no se verificó progreso alguno, la impresión prevaleciente en Suiza fue que el acuerdo marco era en realidad un acuerdo de dominación y como tal demasiado próximo a la pertenencia a la Unión Europea, algo que los suizos ya habían rechazado mediante el correspondiente referéndum nacional celebrado en 1992, cuando votaron contra su incorporación al espacio económico europeo.

Existen paralelismos interesantes con el Reino Unido y el Brexit. Ambos países, de modos específicamente diferentes, han desarrollado variantes de democracia caracterizadas por un profundo respeto por un determinando tipo de soberanía popular mayoritaria, que exige la soberanía nacional, lo cual hace difícil para ambos entablar relaciones externas que constriñan la formación de la voluntad colectiva de su ciudadanía.

Gran Bretaña, por supuesto, resolvió parcialmente este problema convirtiéndose en el centro de un imperio en vez de ser incluido en otro, defendiendo su soberanía nacional apropiándose de la soberanía nacional de otros, mientras que Suiza se convirtió en un país perennemente neutral dispuesto a defenderse a sí mismo, como de Gaulle había dicho respecto de Francia, tous les azimutes.

Constitucionalmente, la soberanía popular británica reside en un Parlamento que no se halla constreñido por una constitución escrita y puede, por consiguiente, decidir sobre cualquier asunto mediante una mayoría simple, sin que sea necesario disponer para ello eventualmente de mayoría alguna de dos tercios de los votos de la cámara o de cualquier otra supermayoría parlamentaria. Además, no existe un Tribunal Constitucional que pueda interponerse en el camino del Parlamento, como tampoco puede hacerlo la segunda cámara, la Cámara de los Lores.

El hecho de que un tribunal supremo como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea goce de la potestad de imponerse sobre el Parlamento británico siempre fue fundamentalmente incompatible con la idea británica de democracia popular ligada a la soberanía, convirtiéndose en la principal fuente de descontento popular con la UE, lo cual condujo al Brexit y a deshacer el Brentry.

De igual manera, que un tribunal extranjero con jueces extranjeros se hallara autorizado a desbaratar una mayoría del pueblo suizo se demostró incompatible con la idea suiza de democracia, lo cual obstaculizó el Swentry y, por consiguiente, evitó un posible futuro Swexit. Obviamente, Suiza es un país mucho más pequeño que Gran Bretaña y su Parlamento nacional no tiene prácticamente nada que decir.

Mientras que Gran Bretaña es un Estado altamente centralizado, a pesar de la descafeinada devolución asimétrica falsamente federal efectuada en favor de los tres cuasi estados existentes, Suiza, con sus 8,7 millones de habitantes, es una confederación de veintiséis cantones que disfrutan de derechos originales de autogobierno y que disponen de una poderosa voz en el ámbito federal.

Por otro lado, el gobierno suizo, en algo que es como el extremo opuesto de la democracia de Westminster, ha sido desde 1959 un Allparteienregierung, que ha incluido a los cuatro mayores partidos representados en el Parlamento, disponiendo que el presidente del gobierno rote anualmente entre ellos, razón por la cual nadie conoce el nombre del primer ministro suizo. El terminus technicus para un gobierno de este tipo es Konkordanzdemokratie (democracia consociativa). En este caso, la democracia popular se verifica mediante la práctica establecida de los plebiscitos sobre la práctica totalidad de los asuntos que se plantean a escala municipal, cantonal y nacional, los cuales son vinculantes para todo gobierno que ocupe el poder.

Añádanse a esto los ejercicios comunales de democracia directa en los que, en algunos cantones, incluso el presupuesto del gobierno local es votado en asamblea ciudadana presencial y disponemos de todo el aroma de la naturaleza popular, incluso populista, de la democracia suiza: una fuerte cultura política antijerárquica cuando se trata de los asuntos colectivos, un sentido de autonomía popular profundamente arraigado e, igualmente, una profunda sospecha ante cualquiera que afirme conocer cuál es el interés del pueblo suizo mejor que el propio pueblo suizo en su sabiduría democrática.

Y, entonces, ¿dónde entra aquí la Unión Europea? En ambos países, una extraña coalición formada por las industrias manufactureras orientadas a la exportación y por la nueva clase de la izquierda liberal, o de los liberales de izquierda, se siente atraída por la Unión Europea para permanecer o entrar en ella, respectivamente.

En Gran Bretaña, esa coalición se vio fortalecida por una parte del movimiento sindical, que confiaba en obtener protección de Bruselas contra una mayoría parlamentaria furiosamente conservadora, y ello por razones no del todo comprensibles, dada la penosa implementación por parte de la Unión Europea de sus políticas sociales.

Sentimientos como los expresados por los Verdes en Alemania durante la década de 1990 mediante su eslogan «Queridos extranjeros, no nos dejéis solos con los alemanes» se hallan profusamente extendidos en la sociedad suiza actual

En Suiza, por el contrario, y para sorpresa de aquellos que disfrutan de sus estereotipos antisuizos, los sindicatos, que en el sector del metal todavía operan en virtud del Acuerdo de Paz de 1937, disponían de suficiente poder doméstico, industrial y político, como para oponerse a la entrada en la Unión Europea, la cual, como correctamente temían, abogaría por presionar a la baja sus elevados salarios. Este hecho los convirtió en aliados del bien organizado y políticamente poderoso pequeño sector empresarial, cuya prosperidad se halla protegida por una política industrial pública —en la jerga de la Unión Europea: «ayudas del Estado»— que en buena parte sería ilegal a tenor de la legislación europea sobre la competencia.

Por otro lado, en Suiza, como en el Reino Unido, el «proyecto europeo» es objeto de predilección por parte de los liberales de izquierda, compartiendo así los partidarios de la incorporación suiza a la Unión Europea con los partidarios de la permanencia del Reino Unido en la misma una profunda sospecha ante la política mayoritaria popular.

La izquierda liberal suiza afirma que la democracia suiza es demasiado lenta, demasiado localista, demasiado provinciana ­—en otras palabras, demasiado suiza— comparada con las instituciones europeas, que se hallan protegidas contra los antojos de la participación ciudadana y firmemente en manos de una elite «cosmopolita» de expertos dotados de formación universitaria.

Obviamente, ello prescinde del hecho de que la política suiza ha producido una de las mejores infraestructuras del mundo, que cuenta con un legendario sistema de transporte público y con algunas de las mejores universidades del planeta.

La política suiza también permitió al país acometer grandes proyectos de ingeniería civil de importancia europea, como el túnel bajo de San Gotardo —aprobado por referéndum y completado en plazo y sin sobrepasar el presupuesto previsto— que forma parte de la conexión ferroviaria entre Rotterdam y Ginebra. En el mejor espíritu europeo, los suizos consignaron el túnel en cooperación internacional sin necesidad alguna de jerarquía internacional, tan solo para descubrir que la parte alemana del proyecto, la ruta ferroviaria proyectada a lo largo del Rin que conecta el puerto de Rotterdam con el túnel, sufre un retraso que se mide en décadas y ello a pesar de su pertenencia a la Unión Europea.

Si la clase media suiza desea ser gobernada por los burócratas de Bruselas antes que por sus conciudadanos y conciudadanas suizos, ello responde más a los sentimientos de culpabilidad por su prosperidad nacional o a la interiorización de los sentimientos antisuizos presentes por doquier, y entonces es probable que tal deseo tenga que ver con el hecho de que el gobierno confederal plebiscitario permite múltiples nichos y espacios para el tradicionalismo populista, una especie de «diversidad», que se halla en agudo contraste con los valores y estilos de vida «diversos» de la izquierda liberal.

En ocasiones, esto puede resultar embarazoso, como por ejemplo cuando se recuerda el hecho de que Suiza esperó hasta 1971 —y en algunos cantones todavía más tiempo— para conceder el pleno derecho al sufragio a las mujeres. Sentimientos como los expresados por los Verdes en Alemania durante la década de 1990 mediante su eslogan «Queridos extranjeros, no nos dejéis solos con los alemanes» se hallan profusamente extendidos en la sociedad suiza actual, especialmente en el sector cultural.

En realidad, un asombroso número de trabajadores culturales suizos han emigrado a lugares bohemios como Berlín, donde a diferencia de Zurich pueden encontrar un local como el Berghain, en un esfuerzo por escapar de la estrechez puritana e incluso de la xenofobia de su país de origen. Un país, por supuesto, que cuenta con aproximadamente 1,5 millones de trabajadores extranjeros presentes en todos los sectores de la economía, la cual emplea a 4,2 millones de trabajadores, incluyendo a 340.000 que cada día se desplazan a Suiza procedentes de Alemania, Francia e Italia.

En Bruselas, el dosier suizo se hallaba en la cartera de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien lo ha heredado de su predecesor, el ahora olvidado Jean-Claude Juncker. Su fracaso a la hora de hacer capitular a Suiza debilita ulteriormente su posición, poniendo en evidencia una vez más las líneas de fractura de una «unión cada vez mayor» de talla única.

Los suizos son acusados en ocasiones de querer ser demasiado listos, intentando imponer sus «predilecciones y caprichos», algo que no debe permitirse nunca hacer a los niños, que deben aprender a comer lo que se pone en la mesa

Presionada por los partidarios de la línea dura imperial-centralista presentes en el Parlamento de la Unión Europea —y debemos presumir que también por los gobiernos nacionales alemán y francés—, la Comisión está amenazando ahora a Suiza con tomarse la revancha.

Muchos de los tratados existentes firmados entre la Unión Europea y Suiza expirarán durante los próximos años y deberán ser renovados; otros deberán ser puestos al día. La burocracia europea ha advertido a los suizos que sin Acuerdo Marco, ello será difícil y en ocasiones imposible, lo cual les costará caro.

Menos diplomáticamente, los integracionistas, frustrados por el rechazo suizo a seguir la senda de la unificación imperial de «Europa» bajo la égida de la hegemonía alemana y francesa, especulan públicamente sobre si los suizos son malos o están locos: malos, dado que están egoístamente obsesionados con mantener sus riquezas para sí mismos en lugar de compartirlas con los europeos que las merecen como, por supuesto, hacen los alemanes y los franceses habitualmente (la Comisión rechazó (¡!) una oferta efectuada en el último minuto por la delegación suiza de contribuir con 1.300 millones de euros durante un periodo de diez años para ayudar a aliviar la desigualdad económica y social existente en el seno de la Unión Europea) o locos, en el sentido de que son incapaces de reconocer sus verdaderos intereses, que obviamente incluyen ser gobernados por el buen juicio de la Comisión y del Tribunal de Justicia Europeo.

Al mismo tiempo, los suizos son acusados en ocasiones de querer ser demasiado listos, intentando imponer sus «predilecciones y caprichos», algo que no debe permitirse nunca hacer a los niños, que deben aprender a comer lo que se pone en la mesa, lo cual se come o se deja. Si el «proyecto europeo» ha de avanzar tal y como se halla definido por los centralistas de Bruselas, debe quedar claro a todo el mundo implicado en el mismo que la cooperación confederal, bilateral o multilateral, como alternativa a la dominación jerárquica, no es una posibilidad factible en Europa, como se dejó claro a los ingleses, para evitar que a otros países, incluidos quienes ya son miembros, no se les ocurrieran ideas estúpidas.

Por supuesto, los suizos, en sus setecientos años largos de historia, han sobrevivido a desafíos más imponentes, como lo han hecho los ingleses desde la Magna Carta, y hay buenas razones para creer que lo harán también en esta ocasión y que, en un periodo de tiempo mucho más reducido, sobrevivirán a la frankensteiniana construcción neoliberal y mercantil-tecnocrática denominada Unión Europea.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/carta...

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No al gasto

27 July, 2021 - 00:00

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Cinco claves para entender la guerra en la región etíope de Tigray

26 July, 2021 - 00:00

Javier Biosca Azcoiti

¿Por qué estalló la guerra?

Etiopía tenía previsto celebrar elecciones en agosto de 2020. Sin embargo, el primer ministro Abiy Ahmed, con la aprobación del Parlamento, retrasó todos los comicios citando la pandemia de la COVID-19. Los más críticos con el primer ministro, incluido el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) –una de las fuerzas políticas más poderosas del país– le acusaron de retener el poder de forma inconstitucional y dictatorial.

Como respuesta, en septiembre la región norteña de Tigray celebró elecciones parlamentarias sin la autorización del Gobierno central, que las calificó de "ilegales". El TPLF ganó el 100% de los escaños en juego. Entonces, el Parlamento nacional votó en octubre a favor de no entregar un paquete de financiación al Gobierno regional, lo que las autoridades locales calificaron de "declaración de guerra".

Unos días después, el 4 de noviembre, el TPLF atacó bases militares del ejército nacional en la región de Tigray. Un alto cargo del partido lo calificó de "ataque preventivo". "Se ha cruzado la última línea roja", dijo Abiy Ahmed, que ordenó entonces la ofensiva militar, dando comienzo a la guerra. "Queremos enviar un mensaje a la población de Mekele [capital de Tigray]: que se pongan a salvo de ataques de artillería y se libren de los líderes del Frente. Después no habrá piedad", declaró el portavoz del Ejército.

¿Qué ha pasado ahora?

El 28 de noviembre, tres semanas después del estallido de la guerra, el primer ministro Ahmed anunció la toma de la capital de la región de Tigray, Mekele. Sin embargo, el TPLF no se rindió y el conflicto, los bombardeos y las matanzas han continuado. "Su brutalidad solo incrementa nuestra convicción de combatir a estos invasores hasta el final", dijo el líder del grupo local, Debretsion Gebremichael.

Este lunes, el TPLF aseguró haber recuperado el control de la capital. Residentes en Mekele afirmaron ver tropas del grupo local por primera vez en meses y algunos describieron escenas de celebración en las calles, según informó Reuters. Paralelamente, el Gobierno central anunció un alto el fuego unilateral. "No seremos parte de esa broma", declaró un portavoz del TPLF a la cadena CNN. Las Fuerzas de Defensa de Tigray también tomaron otras ciudades de la región.

"El alto el fuego llega en un momento en el que la situación empezaba a ser muy mala para el ejército etíope y es significativo que sea una declaración unilateral hasta que pase la temporada de lluvias y por razones humanitarias", dice Elsa Aimé, profesora de la Universidad de Comillas especializada en la historia de Etiopía y coordinadora de África Subsahariana en la Fundación Alternativas.

"Las Fuerzas de Defensa de Tigray no se creen el alto el fuego y piensan que es una estrategia para ganar tiempo y recomponerse. El movimiento de Ahmed también le permite ganar legitimidad internacional. Si es sincero, creo que tiene que ser producto de un acuerdo".

¿Cuál es el origen de las tensiones con Tigray?

Las tensiones entre Adís Abeba y Mekele son anteriores al conflicto desencadenado por la celebración de elecciones y se dispararon con la llegada de Abiy Ahmed al poder en abril de 2018 tras la dimisión del antiguo primer ministro provocada por las continuas protestas populares.

En Etiopía gobierna desde hace 30 años el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), formado por los cuatro principales partidos étnicos del país: el Movimiento Democrático Nacional Amhara, la Organización Democrática Popular Oromo, el Movimiento Democrático Popular del Sur de Etiopía y el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF). Tradicionalmente el TPLF ha liderado la coalición y Abiy Ahmed es el primer miembro del pueblo oromo en ocupar el poder.

En noviembre de 2019, Ahmed disolvió el EPRDF y creó el Partido Prosperidad con el objetivo, según varias informaciones, de reducir el peso del componente étnico en favor de una teórica unidad nacional. Sin embargo, el TPLF, fuerza dominante de la coalición, rechazó la medida y se negó a unirse al nuevo partido, dando lugar a las tensiones actuales.

"La llegada de Abiy Ahmed en 2018 muestra que el TPLF perdía fuerza dentro de la coalición que hasta entonces había dominado. Eso se acompaña de un nuevo discurso en torno al concepto ‘medemer', que se puede traducir como sinergia y que, en efecto, parece poner en cuestión el proyecto político y económico de las últimas décadas", dice Aimé.

¿Por qué es tan poderoso el TPLF?

El TPLF nació en 1975 para defender al pueblo de Tigray frente a la junta militar que gobernó el país tras derrocar al emperador Haile Selassie. El TPLF se unió a otros grupos y comunidades del país y se alió con el Frente Popular de Liberación de Eritrea –entonces parte de Etiopía–. En 1991, la coalición liderada por el TPLF en torno al EPRDF derrotó al gobierno y el entonces presidente, Mengistu Haile Mariam, huyó del país.

El esfuerzo de transformar Etiopía en un estado federal étnico estuvo encabezado por el TPLF, que desde la derrota de Mengistu Haile Mariam ha dominado la política del país y la coalición gobernante a pesar de representar una etnia minoritaria equivalente a aproximadamente el 7% de la población del país. Muchos criticaron el nuevo federalismo étnico como una "balcanización de Etiopía".

La constitución de 1994 define el país como una federación basada en la representación étnico-cultural y cuyas regiones tienen el derecho a la autodeterminación. Esta descentralización era una demanda histórica, aunque Aimé señala que es un proceso "ficticio". "Los gobiernos de las regiones estaban dominados por los partidos de la coalición nacional o partidos satélite, entonces es un proceso de descentralización que se mantiene muy centralizado en la coalición y, en concreto, en el TPLF como fuerza dominante".

Además de liderar el cambio de régimen y de responder a una demanda histórica, Aimé indica que el TPLF "no ha tolerado proyectos políticos que cuestionen su visión y ha dificultado articular alternativas" a través de la represión.

¿Cuáles son las cifras del conflicto?

Desde el inicio del conflicto, miles de personas han muerto y 1,7 millones de personas se han visto desplazadas internamente, según cifras de la Organización Internacional de Migraciones. Por otro lado, más de 70.000 han huido a Sudán. Un informe de Naciones Unidas señala que 350.000 personas en Tigray sufren "condiciones catastróficas", equivalente al peor nivel de hambruna. "Se trata del mayor número de personas en esta categoría en un solo país en la última década", destaca el informe. Además, el 60% de la población sufre altos niveles de inseguridad alimenticia. 33.000 niños en Tigray sufren malnutrición severa y están en "alto riesgo de muerte". En los años 80, una hambruna acabó con la vida de aproximadamente un millón de personas.

La semana pasada, María Hernández, cooperante española de Médicos Sin Fronteras de 35 años fue asesinada en un ataque en Tigray junto a otros dos compañeros etíopes de la organización. A ellos tres se suman otros ochos trabajadores humanitarios asesinados en el país desde que estalló el conflicto en noviembre.

El Gobierno de Etiopía, liderado por el Nobel de la paz Abiy Ahmed, así como las otras partes en conflicto, han sido acusado de graves violaciones de derechos humanos que podrían considerarse crímenes de guerra.

"Nos siguen llegando informaciones preocupantes de violencia sexual, asesinatos extrajudiciales, destrucción y saqueos generalizados de propiedad pública y privada por parte de todas las partes en conflicto", dijo la alta comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. "Un análisis preliminar de la información recibida indica graves violaciones del derecho internacional que pueden constituir crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidas por el Ejército de Etiopía, el TPLF, las fuerzas armadas de Eritrea y las Fuerzas Regionales Amhara y la milicia afiliada".

El Diario

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Chips, mapas y armas: ¿qué tiene que ver un ERTE en Palencia con la Guerra Fría entre China y Estados Unidos?

26 July, 2021 - 00:00

La escasez de semiconductores, una pieza imprescindible en todos los dispositivos electrónicos que se utilizan en el día a día, ya ha provocado el parón de la producción de coches en muchos lugares del mundo, entre ellos València, Vitoria o Barcelona. Estas minúsculas piezas son uno de los motivos de la creciente tensión entre China y Estados Unidos, expresada a través de sus relaciones con Taiwán.

Jaume Portell Caño

Juan —llamémosle Juan— trabaja haciendo coches. Es un empleo digno, y lleva haciéndolo desde hace más de veinte años. Su padre y sus tíos habían trabajado en la misma planta hasta la jubilación. Juan es un hombre puntual y responsable y, aunque cada vez le duele más la espalda, sigue esforzándose como si el tiempo no hubiera pasado. Los nombres de las empresas de coches son tan reconocidos que la gente del entorno de las fábricas las menciona como si fueran de la familia: la Seat, la Ford, la Mercedes, la Renault. Durante una época —cada vez más lejana— decir que se trabajaba en una de ellas era sinónimo de éxito y estabilidad laboral. Desde hace unos meses, todos esos ingredientes —el esfuerzo, la puntualidad, la identificación con la empresa— sirven de poco.

Juan seguramente nunca ha estado en Taiwán o en China, pero su trabajo —su empleo, su sueldo, su salud mental, su familia, su pensión— depende de lo que suceda allí. Concretamente, de lo que salga de allí: chips con transistores 10.000 veces más pequeños que un cabello humano. Sin ellos no hay coche, y las empresas paran la producción. “La gente no es muy consciente de ello, pero ahora mismo están conduciendo un teléfono móvil con ruedas”, dice Juan. Desde Almussafes hasta Valladolid, pasando por Palencia o Barcelona, miles de trabajadores han estado, están o estarán en ERTE por el desabastecimiento de semiconductores, el nombre de esos chips. Sobre ellos baila, también, el siglo XXI.

“El futuro de Estados Unidos depende de los semiconductores”. Ese es el eslogan principal de la página web de ‘Semiconductors in America Coalition', una organización que agrupa las principales compañías tecnológicas del sector. “Imaginen un mundo sin dispositivos electrónicos”, añaden desde la Semiconductor Industry Association. Ese mundo —casi amenazan— sería un mundo sin smartphones, televisores, radios, ordenadores, videojuegos o instrumentos médicos avanzados. Los semiconductores permiten que esos dispositivos sean más pequeños, más rápidos y más fiables. Cualquier aparato electrónico necesita un semiconductor, incluidos los elementos vinculados a la Inteligencia Artificial, los drones o las armas más sofisticadas de la industria militar. Es por eso que disponer de semiconductores se convierte en una cuestión de seguridad nacional y económica de primer orden.

En febrero de 2021, la sección de la Cámara de Comercio de Estados Unidos centrada en China publicó un informe. En él, sus autores explicaban las pérdidas que generaría en la economía estadounidense una desconexión entre Pekín y Washington en distintos sectores de la economía. En el campo de los semiconductores, criticaban al gobierno chino por ser intervencionista y favorecer a las empresas chinas en el mercado chino con subsidios y exenciones fiscales. Unas líneas después, pedían al gobierno de Estados Unidos que ayudara —subsidiara— a empresas estadounidenses para que produjeran más chips en suelo americano.

“Nuestra dependencia de la tecnología básica es nuestro mayor problema oculto”, dijo en 2016 el presidente de China, Xi Jinping. En 2019, su país importó más de 300.000 millones de dólares en semiconductores, una cifra superior a lo que gastó en petróleo. Pese a que China ha conseguido consolidar a gigantes tecnológicos como Huawei, sigue siendo dependiente del exterior: la producción nacional en 2019 solo abasteció las necesidades del 16% del mercado chino de semiconductores. Estados Unidos no quiere dejar de abastecer ese mercado; China quiere satisfacer el 70% de sus necesidades con productos nacionales en 2025.

Rumbo a Asia

La lista de las 10 grandes empresas de semiconductores por ingresos explica muchas cosas, desde la Guerra Fría hasta la globalización. Seis son de Estados Unidos, dos son de Corea del Sur y dos son de Taiwán. Ambos países —junto a Japón— son los aliados tradicionales de Washington en Asia oriental desde el final de la II Guerra Mundial. La líder, la estadounidense Intel, está seguida de cerca por la surcoreana Samsung y la taiwanesa TSMC. Las tres compiten para hacer transistores más pequeños, algo que da más eficiencia a los chips. TSMC ya ha conseguido hacer los transistores más pequeños de la historia de la humanidad: son de dos nanómetros, y tiene una posición privilegiada con respecto a los de tres nanómetros. Sin TSMC, Apple no podría mejorar sus iPhone.

La manufactura de las piezas ha seguido el camino de la globalización: la mayoría de empresas occidentales deslocalizaron su producción hacia Asia para abaratar sus costes, y mantuvieron las etapas de mayor valor añadido (diseño, creación de software) en Estados Unidos o Europa. En 1990, el 37% de los semiconductores se fabricaban en Estados Unidos. Actualmente, esa cifra es del 12%. Ahora, el avance de los competidores asiáticos en los segmentos más valiosos de la producción les podría quitar cuota de mercado.

Además, la distribución actual (más del 60% de los semiconductores se fabrican en Asia) genera una dependencia que se ha visto exagerada por el impacto de la pandemia. Por eso Estados Unidos está promocionando plantas de TSMC e Intel en Arizona. Recientemente el Senado de Estados Unidos, muy dividido en otras cuestiones, aprobó un subsidio de más de 50.000 millones de dólares para la industria local. Esta cifra podría ampliarse hasta los 200.000 millones de dólares, y la Secretaria de Comercio estadounidense, Gina Raimondo, pidió recientemente que el Congreso aprobara esta iniciativa antes de las vacaciones de agosto.

El monopolio holandés

Ninguna empresa europea está entre el top 10 de ingresos del mundo. De hecho, solamente cuatro europeas se encuentran en el top 35 mundial. Sin embargo, la primera empresa europea de la clasificación tiene un papel crucial en el sector, e incluso provocó una campaña de urgencia de la administración de Donald Trump para impedir una de sus ventas. ASML es una compañía holandesa que ostenta el monopolio de las máquinas de fotolitografía. Estas permiten la fabricación de obleas de silicio y, con ello, chips. Cada máquina cuesta 250 millones de dólares, y hay muy pocas unidades de ella en el mundo.

SMIC es la compañía estatal china de semiconductores. Pese a contar con el apoyo de Pekín, aún está lejos de los líderes en innovación: si en Taiwán producen transistores de hasta dos nanómetros, en SMIC nunca han ido más allá de los 14 nanómetros. Las máquinas de ASML permiten producir transistores de 7 nanómetros, con lo cual el gobierno chino se decidió a comprarla. El gobierno holandés concedió la licencia de exportación a su empresa, y todo parecía marchar sin problemas… hasta que apareció el gobierno de los Estados Unidos. Después de hasta cuatro rondas de reuniones entre miembros de la administración Trump y el gobierno holandés, la licencia de venta fue revocada.

Antes de esta intervención, Europa no había prestado mucha atención al campo de los semiconductores, hasta el punto que decenas de empresas europeas del sector fueron compradas por corporaciones chinas o estadounidenses entre 2015 y 2020. La compra de empresas es una manera rápida de Pekín para acceder a la alta tecnología de la que no dispone. Otras medidas han sido la contratación de ingenieros cualificados de la competencia taiwanesa o, directamente, el hackeo para obtener software, códigos y diseños de esa misma competencia. Un intelectual de la Chinese Academy of Sciences, citado en un informe del Institut Montaigne, considera que el principal obstáculo al desarrollo chino será de origen político: “Seguimos necesitando tener el control de las tecnologías básicas. Es un hecho que en la feroz competencia internacional, la tecnología básica no puede obtenerse a través del intercambio de mercado".

El poder de los mapas

El Partido Comunista Chino, liderado por Mao Zedong, llegó al poder en 1949 tras una guerra civil con los nacionalistas, liderados por Chiang Kai Shek. Los derrotados quedaron arrinconados en la isla de Taiwán, y aún hoy siguen declarándose como la China legítima. Estados Unidos, en el contexto de la Guerra Fría, decidió apoyar a los nacionalistas en su gestión de la isla. Al igual que Corea del Sur y Japón, Taiwán accedió a créditos baratos, programó una política industrial propia y se convirtió en una potencia tecnológica, tal y como atestigua hoy el dominio de TSMC. El músculo diplomático de la República Popular China, sin embargo, ha ido restando aliados a Taiwán con el paso de las décadas. En todo el mundo, solamente quince estados reconocen a Taiwán.

Antes de la guerra civil, ambos bandos estaban de acuerdo en un aspecto: tanto comunistas como nacionalistas consideraban que el siglo XIX había sido humillante para China, dominada por los diferentes imperios coloniales europeos, y que esa situación nunca debería repetirse. En esa voluntad de reconstrucción nacional tuvieron un papel importante geógrafos como Bai Meichu. Meichu consideraba que la principal motivación para aprender geografía era el amor a la patria. Durante los años 30, él hizo el mapa que consideraba que China tenía la potestad sobre el Mar de la China Meridional, en una lengua territorial que llegaba hasta las costas de Malasia.

Sus mapas tuvieron tanto éxito que son los que hoy se enseñan a los alumnos de todo el país, y se utilizan para reivindicar la soberanía china del territorio marítimo ante sus vecinos. Noventa años después, el mapa que antaño tuvo el apoyo de los nacionalistas chinos podría servir para arrinconarlos. El dominio del Mar de China Meridional es crucial para el futuro de la República Popular China por otro motivo: la mayoría de los barcos que le suministran petróleo circulan por ahí. Cualquier interrupción de esa fuente de energía paralizaría la economía china.

El arma secreta

Estados Unidos tiene la tecnología, el dinero y las armas para defender su hegemonía. China tiene el dinero, pero sabe que no es suficiente para conseguir la tecnología, y mientras tanto refuerza su ejército. La escasez de semiconductores, acentuada por la crisis del coronavirus, muestra uno de los grandes talones de Aquiles de la globalización: después de todo, las compras y ventas en los mercados siguen consistiendo en objetos trasladándose físicamente de una punta a otra del mundo. Si hay alguna interrupción en ese camino, la fragilidad de toda la cadena queda al descubierto. Por eso Estados Unidos quiere relocalizar parte de la producción más cerca de casa y la Unión Europea se plantea hacer lo mismo. La escasez actual, sin embargo, podría durar hasta mediados de 2022. El límite, de nuevo, es físico: no hay tantas plantas para satisfacer la demanda de semiconductores.

En esta partida de póquer Xi Jinping tiene un último as en la manga, y los estadounidenses lo saben. Cada año, el Servicio Geológico de Estados Unidos publica una lista de minerales cruciales para su economía. En él podemos encontrar los tres elementos imprescindibles para la fabricación de semiconductores: el germanio, el silicio y el arseniuro de galio. Desgraciadamente para Washington, más del 70% de la producción de estos minerales se encuentra en China. Y eso no es todo: una veintena de los minerales estratégicos para Estados Unidos se encuentran también en China.

Washington podrá aplicar sanciones a empresas, bloquear ventas de tecnología punta y retrasar la progresión tecnológica china, pero la realidad es tozuda: sin esos minerales no hay semiconductores, y sin esos semiconductores las grandes compañías estadounidenses se derrumbarían. Si esto fuera un spaghetti western, el presidente estadounidense Joe Biden y Xi Jinping estarían sentados cara a cara, apuntándose con sendas pistolas por debajo de la mesa: nadie puede disparar primero, pero ninguno de los dos se puede permitir perder. Y las ambiciones imperiales siguen más vivas que nunca. Después de todo, fue el mismo Joe Biden quien dijo, hace unas semanas, que Estados Unidos estaba listo para “ganar el siglo XXI”. Mientras tanto, Juan —¿se acuerdan de Juan?— intentará que todo esto no le impida llegar dignamente hasta la jubilación.

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Grafitti

25 July, 2021 - 00:00

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Una Torre Eiffel (de armas) en Arabia Saudí

25 July, 2021 - 00:00

Ina Robles
Bombero expedientado por no participar en un operativo de carga de bombas en el puerto de Bilbao con destino a Arabia Saudí

En el año 2015 Arabia Saudita se convirtió en líder absoluto del ranking mundial de compra de armas, acaparando 12% del total del mercado global, frente a un cupo del 4,3% en el quinquenio anterior. Para el Gobierno de España no deja de ser una mera coincidencia que justo aquel 2015 la coalición saudí comenzara su brutal campaña de bombardeos y asedio sobre la población civil de Yemen.

No lo verás en ningún gran medio de comunicación, porque E.A.U. da cobijo al Borbón exiliado y Arabia Saudita a las grandes empresas constructoras españolas, pero los ataques liderados por estos dos países han sumido a su vecino del sur en la mayor catástrofe humanitaria del Siglo XXI. Cientos de miles de personas han sido asesinadas en Yemen desde el inicio del conflicto, la mayoría menores de edad. En su último informe, el relator de Naciones Unidas ha llegado a afirmar que, si no se toman medidas drásticas e inmediatas, morirán a causa del conflicto otros 400.000 niños y niñas menores de 5 años. Por supuesto, para el Gobierno de España estas muertes no tienen nada que ver con las armas que Arabia Saudita y E.A.U. adquieren en el mercado internacional, pese a que ninguno de estos dos países es conocido por fabricar armamento dentro de sus fronteras.

Desde el año 2015 España ha suministrado a los países de la coalición saudí todo lo que podrían desear para masacrar a la población civil de Yemen por tierra, mar y aire: armas de mano, munición, vehículos militares, cañones, proyectiles de gran calibre, patrulleras, grandes buques de guerra, torpedos, misiles, aviones, bombas "inteligentes"... Y no solo se suministra el material, sino que como parte de los contratos el ejército español instruye a los soldados, marineros y pilotos que usan estas armas. La oposición frontal a este mercado por parte de las principales organizaciones mundiales de defensa de los Derechos Humanos está más que justificada, ya que según la legislación nacional e internacional es ilegal vender armas a países que podrían usarlas contra población civil.

Pero aquí es dónde los acontecimientos dan un giro inesperado. Recientemente la Secretaria de Estado de Comercio ha comparecido para explicar que es cierto que se vende toda esa cantidad de armamento a un país que solo tiene un conflicto bélico abierto, en el que se dedica a masacrar a la población civil de un país vecino, pero seguidamente ha aclarado que justo las armas españolas no se están usando, que serán otras las que matan gente. Es decir, que cada vez que un soldado saudí instruido por el Ejército español coge un proyectil, antes de dispararlo sobre un mercado, un hospital o un colegio, se segura de que no tenga una etiqueta que ponga "made in Spain". La gran pregunta que surge tras estas declaraciones es: si no es para usarlas... ¿Para qué compra Arabia Saudí todas estas armas?

Debido a la aplicación de Ley franquista de Secretos Oficiales es imposible saber la cantidad total de armamento que se ha enviado desde España, pero organizaciones como La Guerra Empieza Aquí compensan esta falta de transparencia con un gran trabajo de campo. Esta organización en concreto ha contado, solo durante un año, y solo en el puerto de Bilbao, 430 contenedores cargados en los llamados "barcos de la muerte" saudíes (cabe recordar que el conflicto dura ya 6 años, y que se envían armas habitualmente desde los puertos de Bilbao, Santander, Motril y Sagunto). Se calcula que esos 430 contenedores albergaban en su interior unos 280.000 proyectiles de gran calibre, con un peso total de unas 11.000 toneladas. Cabe imaginar que, tras devolver los contenedores a las consignatarias, las bombas, dado que no se van a usar, se vayan apilando unas sobre otras en un gran descampado. Teniendo en cuenta el excéntrico carácter de los dirigentes de las crueles monarquías absolutas de Oriente Medio, es totalmente factible que no se estén apilando de cualquier manera, sino de alguna a la altura de su megalomanía.

La Torre Eiffel pesa unas 10.000 toneladas, 1.000 toneladas menos que las bombas que se han enviado a la coalición saudí solo desde el puerto de Bilbao y solo en un año. No sería descabellado pensar que, en algún lugar cerca de Riad, haya algo parecido a una gigantesca Torre Eiffel construida con las bombas españolas enviadas durante 6 años y desde los 4 puertos. Podría ser uno de los edificios más altos del mundo.

Eso, o el Gobierno nos miente y se están utilizando para masacrar a gente inocente.

Público

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Los Negacionistas de la Cuántica

24 July, 2021 - 00:00
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Haiti: La perfecta neocolonia bajo el fuego

24 July, 2021 - 00:00

En la calle, los paramilitares y la movilización popular se disputan el futuro.

En la madrugada del miércoles 7, un comando paramilitar ingresó a la casa del presidente de Haití, Jovenel Moïse, en Puerto Príncipe, y lo asesinó a tiros. Su esposa fue herida de gravedad. El primer ministro Claude Joseph, que estaba en la puerta de salida del gobierno (Moïse le había nombrado un reemplazante el lunes), decretó el estado de emergencia y sacó las Fuerzas Armadas a la calle. No habían comenzado todavía las investigaciones cuando empezaron a circular versiones de que los atacantes hablaban español y hubo quienes apuntaron que se trataba de venezolanos (obviamente «chavistas») y colombianos (obviamente «de las ex-FARC [Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia]»).

En la mañana del mismo miércoles, el presidente de Colombia, Iván Duque, pidió la intervención de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo Consejo Permanente fue convocado en la noche. Es un magnicidio intolerable, dijo. En algunos países de Europa y en EEUU se empezó a barajar la posibilidad de volver a enviar tropas a Haití con lo que se recrearía la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), que se mantuvo entre 2004 y 2017. En las declaraciones de algunos gobernantes, el homenaje a Moïse trascendió el recuerdo a una víctima de asesinato: hubo quienes elogiaron su gestión. Haití país ingobernable, Haití país menor de edad que no puede manejarse solo sin un padre que lo tutele: los lugares comunes de todos estos años para justificar la militarización, la sucesión de gobiernos corruptos, el hambre y la miseria como males «naturales» de una sociedad «atrasada», la presencia imperial -más o menos abierta, más o menos solapada, según convenga- volvieron a saltar a la palestra. Ya tantas veces se los ha escuchado.

***

Tal vez no se sepa en años, tal vez no se sepa nunca cómo fue realmente que murió Moïse, dijo el miércoles a la cadena Telesur Danny Shaw, un activista estadounidense que lleva varios meses residiendo en Puerto Príncipe. Tenía tantos y tantos enemigos el gobernante asesinado que los tiros pueden haber llegado casi que desde cualquier lado. Menos del campo popular. Porque si hay sectores a los que nada les conviene un escenario como el que previsiblemente se estaría armando, con un posible regreso de la Minustah o una misión de intervención equivalente, ahora o en algún tiempo, es a quienes quieren cambiar realmente las cosas. No hay luto en las calles, porque Moïse era responsable directo e indirecto de decenas de asesinatos, de unas 12 masacres colectivas en barrios populares en los últimos cuatro años, porque era cómplice de lo más rancio de la rancia oligarquía haitiana y de las pandillas, que crecen como hongos (véase «Estado mafioso», Brecha, 26-II-21), porque gobernaba como un dictador; pero tampoco hay alegría, porque su caída, en estas condiciones, está muy lejos de significar la caída del sistema del que era parte. Ojalá hubiera un Wikileaks que echara luz sobre cómo se tramó esta ejecución, dijo Shaw, y recordó que no son raros los casos de dictadores que se vuelven incómodos por impresentables, como sucedió hace 60 años en la vecina República Dominicana con Rafael Trujillo, asesinado porque convenía más un liberal que una bestia parda. Y están las pandillas, y está el narcotráfico...

***

Un día antes del asesinato de Moïse, Brecha entrevistó a Henry Boisrolin, coordinador del Comité Haití Democrático, instalado hace años en Argentina. La idea era conversar sobre lo que estaba sucediendo en su país, tan silenciado, tan acallado, tan poco presente en los medios, tan miserabilizado. Había habido una cadena de asesinatos, una más:19 personas ejecutadas a balazos en plena calle en la noche del 29 al 30 de junio, entre ellas, el periodista Diego Charles y la militante feminista Antoinette Duclaire; llamaba la atención que fuera la enésima masacre de dirigentes sociales en muy poco tiempo y que apenas trascendiera; se hablaba de la acción abierta de bandas armadas unificadas en un comando dirigido por un expolicía que se presentaba como «revolucionario», que controlaban barrios enteros de Puerto Príncipe, extorsionaban a pobres y ricos y provocaban desplazamientos de población: ¿qué era eso?; el lunes 5, Moïse nombraba a un nuevo primer ministro, el octavo desde que asumió la presidencia, en 2017, un político vinculado a la oposición liberal, lo que daba la idea del grado de decadencia del gobierno; las noticias apenas registraban las manifestaciones callejeras, algunas muy grandes, que se estaban produciendo día tras día desde hacía varios meses... Mucho tema. Boisrolin comenzó poniéndolos en contexto.

«Hay que contextualizar para no perderse entre tanto asesinato, tanto hecho delictivo, también tanta miseria, porque cuando se habla de Haití es para hablar de eso y se pierde el hilo», dijo. Y contó que la crisis que vive Haití es una crisis ininterrumpida, una película en cámara lenta del «derrumbe del sistema de dominación», un sistema que empezó a funcionar a partir de la primera ocupación militar estadounidense, en 1915. Desde entonces, el país se fue convirtiendo en una perfecta neocolonia y en el más empobrecido de las Américas. Hoy se está en una fase de descomposición de ese sistema y quienes gobiernan quieren reformularlo, con otro tipo de ordenamiento jurídico y político, para dar mayor poder al Ejecutivo y debilitar al Parlamento. La Constitución que elaboraron en secreto en el gobierno, que iba a ser sometida a plebiscito en setiembre, va por ahí.

Pero para la gente de a pie vale muy poco esa Constitución, señaló Boisrolin, como valen muy poco las elecciones presidenciales y legislativas convocadas para el mismo día del plebiscito constitucional. («No es que sean ineptos, son perversos: hacen la elección del próximo Parlamento, que constará de dos cámaras, al mismo tiempo que se plebiscita una Constitución que suprime una de esas dos cámaras, el Senado. Parece absurdo, pero demuestra lo poco que les interesa realmente esa democracia a la que dicen atenerse.»)

Como todas las elecciones que se han llevado adelante últimamente, las de este año, si se hacen, estarán marcadas por el fraude. Cualquier candidato del campo popular que se presente las puede ganar si se llevan a cabo en buena ley, cree Boisrolin. «Pero los sectores dominantes no van a dejar que eso suceda. La única elección verdaderamente libre que se llevó a cabo en el país tras la caída de la dictadura de los Duvalier la ganó un representante del campo popular, el sacerdote Jean Bertrand Aristide, en 1990. Las ganó de manera aplastante, pero lo derrocaron con un golpe de Estado promovido por EEUU.»

¿Qué elección seria se puede hacer en las condiciones actuales, en las que la gente no irá a votar, como no ha ido a votar en las pasadas y en las anteriores, porque no tiene seguridad alguna de que se respeten los resultados, porque en una economía de subsistencia como la haitiana, en una sociedad tan brutalmente piramidal como la haitiana, ha perdido todo sentido meter un votito en una urna? «Hoy hay en mi país 6 millones de personas bajo hambruna severa, el 70 por ciento de la población activa no tiene trabajo, la esperanza de vida no llega a los 60 años», dice Boisrolin. Y apunta que para entender la crisis estructural haitiana hay que tener en cuenta su posición geopolítica: «Está en el centro del Caribe, en la ruta marítima hacia Venezuela, es el país más próximo a Cuba y, si desde la doctrina Monroe Washington considera a América Latina toda como su patio trasero, el Caribe es su primer patio. Por aquí circulan mercaderías importantes para ellos. No pueden permitir que Haití se desestabilice demasiado, deben mantener el statu quo de la forma que sea, si es necesario, sacrificando a dirigentes políticos, por más funcionales que les hayan sido».

***

Jovenel Moïse lo fue. ¿Dejó de serlo? Puede ser. Hoy existe una lucha interna entre los sectores dominantes. Hay un sector empresario que depende directamente de EEUU. Son 11, 12 familias, que son las que controlan el poder y respaldaban a Moïse, que era un gran empresario bananero. Y hay un sector todavía de muy poco peso que está haciendo un esfuerzo por elevar el nivel de desarrollo de este capitalismo tan especial. También tienen relación con el imperio, pero apuntan a un funcionamiento institucional más presentable, con cierto respeto de la legalidad, algo que los últimos gobiernos no han tenido. Moïse gobernaba por decreto desde hace un año, después que disolvió el Parlamento. Su gestión era escandalosa desde todo punto de vista. El lunes blanqueó a todos los políticos que habían sido procesados por casos de corrupción, con el objetivo de que algunos de ellos pudieran presentarse a las próximas elecciones. Solo se mantenía sobre la base de esa corrupción y sobre todo de la represión. Cuando, tras un aumento de combustibles, en 2018, estallaron enormes manifestaciones populares, la represión se acentuó. El gobierno alternó asesinatos selectivos con no selectivos. Recurrió a las masacres colectivas: 12 en cuatro años, con decenas de muertos. Y apuntó a quebrarle la espina dorsal al movimiento popular. Van a seguir apuntando a eso quienes vengan.

Y, por supuesto, el Ejecutivo se mantuvo por el sostén de las potencias, que mientras no tenían a otro lo respaldaban, le daban dinero, lo cubrían. Desde que se fue la Minustah funciona el Core group, integrado por representantes de EEUU, Canadá, Francia, España, Brasil, la OEA, la ONU [Organización de las Naciones Unidas] y la Unión Europea. Es el verdadero gobierno, y está, obviamente, bajo control de Washington.

El Core group sabe de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno de Moïse, como la Minustah sabía de las atrocidades cometidas por las gestiones anteriores. Hace poco, Moïse llamó a Luis Almagro, el secretario general de la OEA, para pedirle respaldo. Estaba acosado por las manifestaciones populares, el auge de la delincuencia lo desbordaba, se habían generalizado los secuestros extorsivos, las pandillas pululaban, algunas le molestaban y él quería que lo apoyaran. Almagro envió una misión, que hizo un largo informe en el que ni se menciona la represión política. Allí la OEA proponía una salida política que consistía en un gobierno de unión nacional con Moïse y en lo institucional solo exigió que se cambiara la composición del Consejo Electoral, en el que Moïse había colocado a amigos suyos. Menos que un cambio cosmético. La oposición lo rechazó.

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¿Quién encarna actualmente la oposición? Hay tres grandes sectores: fuerzas de derecha democrática, fuerzas socialdemócratas y la izquierda, que hace un par de años, por fin, comenzó un proceso de confluencia en el Frente Patriótico y Popular, integrado por siete partidos que se definen como socialistas, movimientos sociales, de derechos humanos, feministas. Hay un consenso entre el sector socialdemócrata y la izquierda de marchar hacia un gobierno que llamamos de transición de ruptura, en el que estarían todos los sectores de oposición, todos, y del que no formarían parte ninguno de los actuales gobernantes. Ese gobierno funcionaría por unos dos años, se encargaría de montar una nueva institucionalidad, afirmar la soberanía nacional, promover reformas sociales, juzgar los crímenes de lesa humanidad y los escándalos de corrupción de la administración actual, restaurar relaciones con todos los países, incluida Venezuela, convocar a una asamblea constituyente y después llamar a elecciones generales. No existe nadie en condiciones de conducir solo ese proceso, se necesitará de toda la actual oposición y habrá que ser creativo para ir haciendo el camino hacia una sociedad más justa. Que no nos humillen tanto como lo están haciendo ahora. Eso es lo esencial.

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Boisrolin dice que si desde 2018 las manifestaciones callejeras fueron tan numerosas, es porque hay un sustrato de rebeldía en la gente que ni la represión, ni el hambre, ni la pandemia (¿qué es una peste más en un país expuesto a todas?) han logrado amainar. Piensa que hay una larguísima tradición de lucha en este país, que protagonizó la única revuelta antiesclavista exitosa de la historia y que, de esa tradición, a pesar de todos los pesares, mucha cosa queda. Y que ahora «hay un grado de organización del campo popular mayor» al que había un tiempo atrás. Dice que no por nada el terrorismo de Estado ha llegado al paroxismo al que ha llegado bajo Moïse y que eso va a exigir que los «sectores populares aumenten su nivel de autodefensa». «Los esfuerzos de todos los gobiernos recientes por disciplinar al pueblo han fracasado», piensa Boisrolin, pero subraya que eso no quiere decir que se esté cerca de triunfo alguno. «La situación actual es altamente explosiva y es muy difícil prever hacia dónde evolucionará. La oposición está dividida sobre qué hacer. Hay quienes se juegan a una insurrección popular, otros quieren negociar con EEUU un cambio moderado. Yo, si tuviera que apostar, diría que estamos cerca de un estallido general. Quién lo conducirá no sé, pero las condiciones están dadas.»

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Uno de los signos de la extrema descomposición actual de Haití es la multiplicación de las bandas armadas y su creciente poder: de fuego, territorial, incluso político. La Comisión Nacional de Desarme, Desmantelamiento y Reinserción las calculó recientemente en 77. No les es nada difícil equiparse, porque en el país hay hoy un mercado ilegal de 500 mil armas de guerra, el doble que las que había hace menos de cinco años.

«El país está gangsterizado», dice Henry Boisrolin, y apunta que los sectores dominantes han creado sus propias pandillas, pero que estas son ya un actor político de primera importancia y que pueden llegar a molestar a algunos gobernantes. Las nueve bandas más poderosas se unificaron recientemente en un comando que se llamó primero G9 y luego fue rebautizado como Grupo Revolucionario 9. Manifiestan armados por las calles, sus líderes dan conferencias de prensa, tienen su propio canal de Youtube, logran cambiar ministros cuando no les gustan. En julio de 2020 el grupo organizó una manifestación callejera en Puerto Príncipe exigiendo su legalización.

Marchaban en el mismo tipo de blindados que los que usa la Policía. Su líder máximo es, precisamente, un exintegrante de una unidad especial de la Policía, Jimmy Cherizier, conocido como Barbecue. Lo separaron de su cargo tras un operativo en un barrio popular en 2017, en el que murieron ocho civiles y dos policías. Lautaro Rivara, un periodista y sociólogo argentino que vive en Puerto Príncipe, señaló en Rebelión.org (30-VI-21) que la federación de pandillas de Barbecue tiene relación estrecha con la administración de Moïse.

En 2020, el G9 coordinó junto con la Policía una entrega de alimentos en un distrito particularmente pobre de la capital. El grupo controla áreas centrales de Puerto Príncipe y los accesos norte y sur de la zona metropolitana, «lo que, en la singular geografía haitiana, le da una excepcional capacidad de aislar a la capital del resto del país», escribe Rivara. Son territorios superpoblados de un país superpoblado y fundamentales para controlar cualquier protesta, cualquier movilización de envergadura, «por tratarse de algunas de las zonas más radicalmente movilizadas desde los tiempos del gobierno de Aristide».

Las pandillas -las de Barbecue y las otras- han multiplicado últimamente los secuestros extorsivos aparentemente indiscriminados, porque se llevan tanto a ricos como a pobres, a empresarios como a campesinos. También han multiplicado los asesinatos. En 2020 hubo 1.270 secuestros de ese tipo y solo en junio pasado 150 homicidios, según datos de la asociación Défenseurs Plus.

Rivara cuenta que el 23 de junio Barbecue apareció en un video que rápidamente se hizo viral. «Acompañado de un pelotón de jóvenes encapuchados y armados -varios de ellos con indumentaria de la propia Policía-, anunció el comienzo de una "revolución armada", consumando un giro discursivo contra el Estado, el gobierno y la oposición política. Utilizando la simbología nacional y evocando a los héroes de la revolución de independencia, invitó a la población a armarse y a incorporarse a su organización.» Fue «inesperado», pero también «inverosímil», escribe, y dice que actualmente Haití, «con el concurso de las grandes potencias, parece despeñarse por el barranco de los proyectos paramilitares que han asolado antes a otras naciones de Centroamérica y el Caribe, promoviendo el caos organizado, la inseguridad estratégica y la desestructuración de todo el tejido social y comunitario, abriendo la puerta a una política de shock que logre desmovilizar a sus indómitas clases populares».

Brecha

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Colombia: El trasfondo de los mercenarios en Haití

23 July, 2021 - 00:00

Un episodio patético que retrata la formación militar en Colombia.

Por Luis Alfonso Mena S.

La patética escena de un grupo grande de exmilitares colombianos con el rictus de la derrota en suelo haitiano evidenciado en sus rostros refleja el desplome de la escuela militar de sello neonazi en la que han sido formados (deformados) por la cartilla gringa, la misma que han aplicado sin pudor contra el pueblo a lo largo de la historia.

Ese es el trasfondo de esta vergonzosa trama protagonizada por 26 ‘comandos' recién salidos de batallones nacionales, pensionados a temprana edad, como privilegiados del Estado, luego de aplicar en campos y ciudades las tácticas de guerra aprendidas en los cuarteles de las Fuerzas Armadas de Colombia contra campesinos, líderes populares y demás actores sociales a los que consideran sus enemigos.

Desde hace años, militares y policías, retirados y/o pensionados a los 40 años de edad y hasta menos, cuando los demás connacionales solo pueden acceder a ese derecho a los 62 años, son enrolados en ejércitos mercenarios contratados para aplicar todo lo aprendido en los laboratorios de contrainsurgencia en Colombia, laboratorios pagados con los dineros de los impuestos sacados de los bolsillos de los contribuyentes.

Otros fundan “empresas de seguridad” y por eso pululan las ofertas de estos “servicios”, en un lucrativo negocio que se retroalimenta con las escuelas de formación del estamento militar y aportan progresivamente a la privatización de la vigilancia y a la creciente paramilitarización de la vida social, como ha quedado demostrado con la violencia de civiles armados protegidos por la Policía contra los participantes en el Paro Nacional.

La captura de 18 colombianos y el abatimiento de otros dos, de un total de 26, luego del asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse, deja en evidencia el oscuro negocio de la exportación de ex militares –e incluso de militares activos, como se ha denunciado recientemente–, allende las fronteras de la nación.

Por eso, resulta sintomática la rapidez con la que altos mandos del Ejército y de la Policía, así como el ministro de Defensa y otros funcionarios del régimen de Iván Duque, salieron a reconocer la vinculación hasta hace poco de los mercenarios en Haití a las FF.AA. colombianas, en un afán por desmarcarse de ellos a sabiendas de las graves repercusiones internacionales de lo ocurrido.

Es más, el consejero para la Seguridad Nacional del gobierno colombiano también se apresuró a confesar que uno de los exmilitares capturados en Haití es familiar suyo…

La experiencia acumulada en la guerra contrainsurgente y la asimilación de las formas de represión más extremas enseñadas y practicadas en las escuelas y cuarteles de la Policía y de las Fuerzas Militares se ha vuelto la carta de presentación para la contratación de estos ‘comandos' por parte de regímenes de otros países o de conspiradores de ultraderecha, identificados con la política interna de defensa a ultranza de las peores lacras del sistema capitalista desarrollada por sucesivos gobiernos colombianos.

De ese comportamiento hacen parte la larga estela de violaciones de derechos humanos ocurrida con los ‘falsos positivos', estrategia de crímenes de Estado que costó la vida a 6.402 inocentes, o la política sistemática de coerción practicada contra las protestas sociales en diversas etapas de la vida nacional, como ha sucedió contra el Paro Nacional, que ha dejado más de 75 personas asesinadas por fuerzas policiales y parapoliciales.

Entre los contratantes se encuentran gobiernos como los de las ultraconservadoras monarquías árabes, lo mismo que empresas particulares de Estados Unidos, para ejecutar actos subrepticios en países invadidos, como Irak.

En el mundo, los mercenarios actúan al servicio del mejor postor, para participar en operaciones encubiertas que, por lo general, se enmarcan en la guerra sucia, en acciones en las que se pretende evitar la visibilización de las fuerzas oficiales regulares para evitar su desprestigio o deslegitimación. Y en ese actuar se convierten en asesinos por la paga.

En el caso de Haití, todo indica que los contratistas resultaron involucrados en una disputa interoligárquica que les falló y cuya madeja tiene mucho hilo por desenredar.

CON EL ESPEJO DEL INJERENCISMO

Pero la historia de los mercenarios colombianos no es distante de la política exterior servil de los gobiernos colombianos, siempre tan abyectos a los intereses del imperialismo estadounidense.

El envío de tropas colombianas en los años cincuenta del siglo XX a Corea para ponerlas al servicio del ejército invasor gringo, agredir al pueblo coreano y contribuir en su división para satisfacer los intereses de la Casa Blanca en la Guerra Fría, es otro patético episodio de la política exterior de las elites criollas en el poder.

Eso, que podríamos calificar como el ‘mercenazgo' estatal, es un antecedente que nutre la historia de los aventureros colombianos de la guerra en el exterior, que creen que su escuela progringa, enemiga de las causas populares y de los gobiernos independientes de las potencias capitalistas, se puede poner al servicio de las peores empresas en otros países.

El caso de Haití trae a la memoria la agresión contra la República Bolivariana de Venezuela hecha a través de mercenarios colombianos, auxiliados por servicios secretos, que incursionaron en 2004 contra el gobierno del presidente Hugo Chávez, contingentes paramilitares que fueron descubiertos y derrotados.

Y, más recientemente, la llamada Operación Gedeón, intento de invasión derrotado también por el pueblo y el gobierno venezolanos en mayo de 2020, una acción armada injerencista y violatoria del derecho internacional en la que tuvo participación el gobierno de Iván Duque, pues fue en Colombia, a la luz de todo el mundo, donde se entrenaron los mercenarios gringos y de la oposición de la extrema derecha venezolana que incursionaron sobre las costas del hermano país y fueron descubiertos.

De esta forma, la conspiración en Haití con la participación de exmilitares colombianos tiene más episodios por ser evidenciados, pues todo indica que Gobierno y Fuerzas Armadas saben más de lo que se han apresurado a confesar para tratar de lavarse las manos y limpiarse los camuflados, que pueden resultar más salpicados hacia el futuro.

O, ¿qué hacía en Colombia el jefe de la CIA pocos días antes del magnicidio en Haití? Que responda el Eje Bogotá-Washington, porque el imperio estadounidense y sus organismos expertos en conspiraciones, violaciones de soberanías territoriales y uso de agentes privados encubiertos para sus guerras sucias no dan puntada sin dedal.

Y en esos entramados, los mercenarios o contratistas militares o asesinos a sueldo siempre aparecen desbocados por los miles de dólares que les ofrecen para que pongan al servicio de los proditorios intereses gringos su formación de represores locales y violentos asaltantes de pueblos y territorios.

Fuente: https://kaosenlared.net/colombia-el...

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Turnos en el árbol

23 July, 2021 - 00:00

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Chicho Sánchez Ferlosio: Anónimo y precursor

22 July, 2021 - 00:00

El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres.

(Borges, 1989, p. 53)

En 1977, el aragonés Francisco Uriz reunió y lideró un equipo de la televisión pública sueca STV para dar forma a un documental que reuniría a figuras importantísimas de la cultura española, particularmente, a cantautores que compartían algo más que la propia condición artística: eran, todos ellos, figuras hasta entonces desconocidas de la resistencia a la dictadura de Franco. Entre ellos estaban el vasco Mikel Laboa, el valenciano Ramón Peleguero Sanchis —popularmente conocido como Raimon— y el madrileño Chicho Sánchez Ferlosio. Sería a partir de este documental sueco-aragonés titulado Amanece el mañana (1977) que quienes ya cantaban las canciones de Chicho —tanto dentro como fuera de España— podrían, por fin, ponerle rostro a su voz.

Habían pasado 14 años desde la difusión de sus primeras grabaciones en un vinilo titulado Canciones de la resistencia española, pero no sería sino hasta después de la muerte de Franco que se podría dar a conocer su identidad. Hoy, 50 años después de esa primera grabación, la imagen de Chicho Sánchez Ferlosio continúa siendo difusa pese a haber sido el autor de canciones ultra conocidas y reversionadas por artistas de todas partes del mundo y de haber sido el bastión inicial de toda una generación de cantautores que, en la década de los 70, encuentran en sus composiciones el comienzo de un legado que aún permanece vigente.

Resulta difícil hablar de una figura que no es encasillable en ninguna de las categorías que nos sirven a diario para pensar el mundo. Fue un poco poeta y un poco músico, pero de una forma especial, más cercana a la de los trovadores que a la de los músicos actuales. Se matriculó en filosofía, estudió matemáticas y un poco de fonética pero sin ningún tipo de formalidad académica. Trabajó de corrector lingüístico y de camarero. Cumplió con la obligación del servicio militar en el Sahara. Se casó dos veces, tuvo cuatro hijos y sufrió la trágica muerte de tres. En cualquiera de todas sus etapas estaba acompañado de su guitarra.

A pesar de que sus composiciones fueron —y son— interpretadas por artistas de talla internacional como Víctor Jara, Quilapayún, Jorge Drexler o Joaquín Sabina (y de además haber tenido la oportunidad concreta de grabar para una discográfica), Chicho ha rechazado sistemáticamente todo intento de profesionalización. Quizás por falta de necesidad, quizás por rechazo a todo lo instituido. En cualquier caso y a pesar de ello, su obra quedó revestida de la máxima cualidad a la que puede aspirar un compositor por haber alcanzado esa zona absolutamente impersonal en la cual el nombre del artista, en tanto autor, se desvanece a la luz de la propia obra por haber conseguido, sin siquiera proponérselo, que sus canciones fueran cantadas sin que se sepa quién las compuso, únicamente adjudicables, en el imaginario colectivo, al cancionero popular.

Dueño de una imagen que algunos habrán juzgado irreverente y otros como propia de quien es libre en su libertad, con sus características y enormes gafas negras de pasta, su pelo largo, su cigarro y su extrema delgadez, Chicho constituyó —incluso en el seno de su propia familia— una peculiar anomalía. Fue bautizado con cuatro nombres: José Antonio (por José Antonio Primero de Rivera), Julio (por Julio Ruiz de Alda), Onésimo (por Onésimo Redondo), los principales miembros de la Falange Española, la doctrina política de inspiración fascista fundada en 1933 y de la cual fue miembro fundador el escritor Rafael Sánchez Mazas, su padre. En una suerte de homenaje a sus referentes ideológicos y compañeros de doctrina, Sánchez Mazas decide llamar al menor de sus hijos con una condensación de nombres de resonancia falangista, probablemente sin imaginar que quedarían ocultos no solo bajo el apodo que lo acompañaría hasta morir en 2003, si no también bajo la propia ideología de Chicho. Este no solo rechazó fervientemente las ideas que su padre defendía, sino que —con mayor o menor ortodoxia— fue nutriendo un pensamiento siempre de izquierda que, sumado a su inventiva artística, lo convertiría en una figura central de la resistencia española en las décadas de los 60 y 70 y en el autor anónimo de los himnos antifranquistas más populares.

Según cuentan los diferentes testimonios reunidos en el maravilloso documental de David Trueba, Si me borrara el viento lo que yo canto (2019), Suecia ejerció un rol central en la difusión de la obra de Chicho Sánchez Ferlosio. Se trataba de un momento histórico en el cual la atención de toda Europa estaba puesta en España, no solo por perdurar como la última dictadura del continente, sino también por acontecimientos específicos como la huelga de los mineros asturianos de 1962 o el asesinato del político comunista Julián Grimau en abril de 1963. La población sueca —que había contado con la participación de brigadistas internacionales en la Guerra Civil española— estaba especialmente pendiente de la situación política de España. En ese contexto, Sköld Peter Matthis, por entonces presidente de Clarté —una asociación de solidaridad internacional— se ocupó de organizar una exposición itinerante de diferentes artistas en cuyo marco se llevaría a cabo la grabación del primer disco de Chicho Sánchez Ferlosio titulado Canciones de la resistencia española.

En el verano de 1963, Matthis, su esposa y compañía viajan desde Estocolmo hasta Madrid en un Renault 4 que ocultaba de la policía un magnetófono gigante de última generación con el cual grabarían las canciones —a voz y guitarra— en el baño de la casa de Chicho. El resultado material de esta empresa representa, hoy por hoy, todo un objeto de culto: un vinilo compuesto por las canciones que Chicho componía por pura afición y lucidez política, sin ningún tipo de voluntad comercial; entre ellas se encuentran «Los dos gallos» y «Canción de Grimau». El vinilo estaba envuelto en una portada con grabados de José Ortega, máximo representante del Realismo Socialista de la postguerra española. El resultado artístico de esta iniciativa obtuvo, además, una deriva simbólica particular que convirtió a Chicho Sánchez Ferlosio en uno de los autores más versionados aunque injustamente desconocido. Para esquivar la censura y la persecución franquistas y, tal como se señala en la galleta del disco, el nombre del autor quedó oculto por motivos de seguridad y se publicó de forma anónima bajo el título de Canciones de la resistencia española.

Así circuló durante años hasta que, en 1977, las circunstancias políticas de España hicieron posible que se pudiera dar a conocer su autoría. Este período de anonimato absoluto marcaría para siempre la obra de Sánchez Ferlosio privándolo de cierto reconocimiento por parte del público, pero dando lugar a algo quizá mucho más grande y verdadero, una cualidad que comparte con el argentino Atahualpa Yupanqui, a quien admiraba especialmente: la idea de que sus composiciones no tienen un autor porque pertenecen a la cultural popular y son parte de ese saber sutilmente filtrado en el imaginario colectivo, dueño de una fuerza no solo capaz de sobrevivir al paso de tiempo, sino también de seguir teniendo vigencia al calor de otras luchas y reivindicaciones. Quizás porque como él mismo sostuvo en una entrevista concedida a la televisión gallega en 1991, «ninguna revolución ha terminado debidamente».

No podríamos asegurar que las miles y miles de mujeres sabían que eso que cantaban durante la huelga feminista del 8M en Bilbao era, en realidad, una versión de «A la huelga» de Chicho Sánchez Ferlosio, ni que todas las personas que escuchan alguna de las múltiples versiones de «Los dos gallos» sean conscientes de quién fue su autor original. Tampoco podemos afirmar que los admiradores de Javier Krahe o de La Mandrágora reconozcan que Chicho fue quien plantó esa semilla. Pero sí podemos estar seguros de que, en su caso, el acto de creación, como sostiene Deleuze, es «un acto de resistencia» (1987, p. 6) y que la figura de Sánchez Ferlosio constituye, sin habérselo propuesto, la figura de un precursor, también en el sentido borgeano del término. El éxito de Chicho no podría nunca medirse con los parámetros habituales de un músico porque estos dependen de la industria y de cierto grado de profesionalización y Chicho no formó parte de ninguna de ellas. Nunca ganó dinero con sus canciones o, al menos, nunca ha vivido de ello. No obstante, la escena musical española —especialmente, la canción de autor y de protesta— no habría sido la misma sin su presencia. Su figura es atemporal, inclasificable, es la de un trovador, quizás el último que hayamos conocido.

Notas

Deleuze, G. (1987). ¿Qué es el acto de creación?. Conferencia pronunciada en la fundación FEMIS.
Borges, J. L. (1989). «Kafka y sus precursores». En Otras inquisiciones. Madrid: Alianza.
Trueba, D. (Director). (2009). Si me borrara el viento lo que yo canto. España: Buenavida producciones.
Uriz, F. (Director). (1977). Amanece el mañana. Suecia: Inger Etzler.

Virginia Serra
Argentina residente en Barcelona. Profesora en Letras y estudiante de Licenciatura con una tesis sobre el acceso a nuevos discursos por parte de alumnos de la escuela secundaria.

Fuente: https://wsimag.com/es/espectaculos/...

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Parábola de Buda sobre la casa en llamas

22 July, 2021 - 00:00

Gautama, el Buda, enseñaba la doctrina de la Rueda de los Deseos,
a la que estamos sujetos, y nos aconsejaba
liberarnos de todos los deseos para así,
ya sin pasiones, hundirnos en la Nada, a la que llamaba Nirvana.
Un día sus discípulos le preguntaron:
«¿Cómo es esa Nada, Maestro? Todos quisiéramos
liberarnos de nuestros apetitos, según aconsejas, pero explícanos
si esa Nada en la que entraremos
es algo semejante a esa fusión con todo lo creado
que se siente cuando, al mediodía, yace el cuerpo en el agua,
casi sin pensamientos, indolentemente; o si es como cuando,
apenas ya sin conciencia para cubrirnos con la manta,
nos hundimos de pronto en el sueño; dinos, pues, si se trata
de una Nada buena y alegre o si esa Nada tuya
no es sino una Nada fría, vacía, sin sentido.»
Buda calló largo rato. Luego dijo con indiferencia:
«Ninguna respuesta hay para vuestra pregunta.»
Pero a la noche, cuando se hubieron ido,
Buda, sentado todavía bajo el árbol del pan, a los que no le
habían preguntado
les narró la siguiente parábola:
«No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo
era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí
que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité
que el techo estaba ardiendo, incitándoles
a que salieran rápidamente.
Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó,
mientras el fuego le chamuscaba las cejas,
qué tiempo hacía fuera, si llovía,
si no hacía viento, si existía otra casa,
y otras cosas parecidas. Sin responder,
volví a salir. Esta gente, pensé,
tiene que arder antes que acabe con sus preguntas.
Verdaderamente, amigos,
a quien el suelo no le queme en los pies hasta el punto de
desear gustosamente
cambiarse de sitio, nada tengo que decirle.»
Así hablaba Gautama, el Buda.
Pero también nosotros, que ya no cultivamos el arte de la paciencia
sino, más bien, el arte de la impaciencia;
nosotros, que con consejos de carácter bien terreno
incitamos al hombre a sacudirse sus tormentos; nosotros
pensamos, asimismo, que a quienes,
viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo,
aún siguen preguntando cómo solucionaremos tal o cual cosa
y qué será de sus huchas y de sus pantalones domingueros
después de una revolución,
a ésos poco tenemos que decirles.

Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898 – Berlín, 1956), Historias de al­manaque. 1939.

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La Caravana Abriendo Fronteras vierte 150 kilos de estiércol en las oficinas de Frontex en Las Palmas de Gran Canaria y exige su cierre

21 July, 2021 - 00:01

"No se trata de reformar o mejorar Frontex", dice el comunicado de la asociación, sino que el trabajo se centra en "desmantelar el complejo industrial de las fronteras y construir una sociedad en las que las personas puedan desplazarse y vivir libremente"

Efe

Un grupo de participantes en la denominada Caravana Abriendo Fronteras ha esparcido esta tarde 150 kilos de estiércol a la entrada de las oficinas que utiliza Frontex en Las Palmas de Gran Canaria para exigir el cierre de la Agencia Europea de Fronteras.

Más de 30 personas han participado de esta iniciativa, que ha tenido lugar a la entrada del Centro de Coordinación Regional de Canarias, el edificio de la Guardia Civil desde donde se centraliza toda la información de que disponen las fuerzas de seguridad españolas sobre el movimiento de pateras y cayucos en esta zona del Atlántico.

Los protagonistas de esta protesta han desplegado ante la puerta principal del centro una alfombra roja que luego han cubierto con excrementos de caballo, mientras mostraban una pancarta con el lema "Frontex, estáis de -estiércol- hasta el cuello".

Varios portavoces de la Caravana Abriendo Fronteras han leído un manifiesto en el que piden la desaparición de Frontex, agencia europea a la que atribuyen violaciones sistemáticas de los derechos humanos, participación en las deportaciones, cooperación con terceros países y el fortalecimiento de las fronteras. Según un informe del Parlamento Europeo, Frontex se ha puesto de perfil ante múltiples actuaciones contrarias a los derechos humanos de países como Hungría, Croacia o Grecia.

Además, han denunciado que las políticas fronterizas de la Unión Europea son "intrínsecamente racistas" y "refuerzan las estructuras de poder coloniales y capitalistas", por lo que piden "abolir Frontex y lo que representa".
Un grupo de participantes en la denominada Caravana Abriendo Fronteras ha esparcido este lunes 150 kilos de estiércol a la entrada de las oficinas que utiliza Frontex en Las Palmas de Gran Canaria

También han reclamado regularizar los inmigrantes, acabar con todas las deportaciones, poner fin a las detenciones, acabar con la militarización de las fronteras y con la vigilancia de quienes se desplazan, y potenciar la solidaridad.

Del mismo modo, reclaman poner fin a las políticas que obligan a la gente a migrar, la libertad de circulación para todas las personas y acabar con el régimen fronterizo de la Unión Europea.

"No se trata de reformar o mejorar Frontex", dice el comunicado de Caravana Abriendo Fronteras, sino que el trabajo se centra en "desmantelar el complejo industrial de las fronteras y construir una sociedad en las que las personas puedan desplazarse y vivir libremente".

En la acción, tapándose la nariz con los dedos, han gritado "Frontex apesta", o "ninguna persona es ilegal", y "Frontex, CIEs, redadas y fronteras, así se construye la riqueza europea".

Esta protesta se suma al conjunto de acciones que que la Caravana Abriendo Fronteras ha desarrollado este lunes en Gran Canaria, con concentraciones ante el campamento de acogida de inmigrantes Canarias 50, la Base Naval de Las Palmas, las propias oficinas de Frontex (unas horas antes de llenar su entrada de estiércol) y continuará en el CIE Barranco Seco y la Delegación del Gobierno.

En la primera de las acciones han colgado de la fachada de este mismo centro los nombres de las 40.555 personas que han fallecido intentando llegar a Europa, que incluye los muertos ahogados en trayectos en patera, muertos a disparos de las fuerzas de seguridad fronteriza de diferentes países, detenidos, torturados o que se han suicidado tras la deportación.

También han advertido que la Unión Europea ha incrementado el presupuesto del Frontex desde 2005, y entre 2021 y 2027 se reservaron 5.600 millones para la agencia. Además, alertan de que ha crecido el número de guardas fronterizos y que está previsto lleguen a los 10.000 efectivos en 2027.

El Diario

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Reclutamiento forzado

21 July, 2021 - 00:00

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Análisis de "Abre la puerta", de Triana

21 July, 2021 - 00:00

SHAUNTRACK ME RETA A ANALIZAR «ABRE LA PUERTA», DEL GRUPO ESPAÑOL TRIANA. AQUÍ ESTÁ MI ANÁLISIS.

Alejandro Marcovich

Esta canción viene en el primer álbum del grupo (1975), llamado por el público «El patio» por el dibujo de la portada, que retrata a los tres integrantes en el patio de una casa.

GRABACIÓN AUDIO Y VIDEO, EDICIÓN, POSTPRODUCCIÓN Y DIRECCIÓN: HÉCTOR VALDÉS.

UNA PRODUCCIÓN DE ALEJANDRO MARCOVICH Y HÉCTOR VALDÉS. D.R.2019

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