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Actualizado: hace 1 hora 6 min

El Covid-19 es más un problema de política económica que de salud

16 November, 2020 - 00:00

Miguel Ángel Llana

Sin una identificación inmediata de los infectados y sin la adecuada gestión de la cuarentena que garantice su aislamiento con recursos públicos, si no se dispone de medios propios, la transmisión del virus está garantizada.

Poco queda para que se cumpla el año de la aparición del virus y, hasta ahora, en nuestro mundo occidental, la solución pasa necesariamente por la vacuna. Y tal vacuna responde exactamente a lo que se puede esperar de nuestro modelo socioeconómico, neoliberal para más señas.

Ante la pandemia solo hay dos opciones, medios hay para cualquiera de las dos, se trata simplemente de determinar cuáles son las prioridades y apostar por la opción elegida, así de simple. ¿Cuál de las dos es la mejor? Todo dependerá de por qué se apueste y de para quién. Como veremos la salud no es lo prioritario, como no lo es reducir la precariedad, el paro o la brecha social que sigue aumentando.

La Unión Europea, EEUU y el resto de países afines o subordinados ha apostado clara e inequívocamente por la vacuna, y ello por dos razones. Primero porque la vacuna no deja de ser un negocio más (solo para las industrias farmacéuticas, claro) sujeta a una patente y, aunque por mucho que repitan que será gratuita, la Seguridad Social, directa o indirectamente, ha tenido que pagarla y seguirá pagando por ella. Está por ver cómo se resolverá el que otros países, por ejemplo China, pongan en el mercado otra vacuna sin ánimo de lucro.

La soñada vacuna lo resolverá todo, eso nos dicen, aunque solo resolverá una pequeña parte de la gran crisis económica, social y sanitaria que azotaba, azota y seguirá azotando a buena parte de la humanidad con o sin vacuna. En ninguna circunstancia se puede olvidar que la sanidad se está convirtiendo en un negocio y este es un problema más grave aún que cualquier pandemia. Las privatizaciones y la corrupción política van de la mano y son la causa de la escasez de medios materiales y humanos en la sanidad.

Antes de la actual pandemia originada por Covid-19, ya había penurias que asolaban a cientos de millones de personas con otras pandemias de fácil solución, además de todos los problemas de guerras y subsistencia y con muchos más muertos. Tragedias de las que nuestros gobiernos no son ajenos sino responsables directos por la explotación (robo) de recursos, por razones geoestratégicas o por invasiones militares abiertas o subvencionadas en países con regímenes no afines.

Nada ha cambiado, pero, ahora el problema se ha convertido en algo muy grave porque afecta directa y personalmente a los intocables, a los gurús del régimen neoliberal y hasta fascista, llámese Trump, Bolsonaro, Abascal, Ayuso, sin olvidar a nuestro Gobierno, cuyas soluciones en nada difieren, de hecho y en el fondo. Unos y otros han apostado simplemente por "aplanar" la curva de contagios para que no se colapsen, más todavía, los hospitales y que la pandemia no se les vaya de las manos y ellos mismos por la borda. Nunca se sabe.

Y es que otra cosa no se puede esperar de un Gobierno o de gobiernos puestos y nombrado por el poder económico. Gobiernos que no solo no tienen ningún control sobre las instituciones y sobre los sectores estratégicos del propio país sino que a ellos se deben, para ellos gobiernan y en su exclusivo interés. Gobiernos de países que ni siquiera tienen poder alguno sobre los llamados mercados financieros o sobre la moneda. ¿De quién es y quién manda en la Reserva Federal, el BCE, el FMI y las bolsas? Ellos mandan, quitan y ponen presidentes, gobiernos y dictan la política económica a seguir, pandemias aparte.

Claro que, en países "autoritarios" como a nuestros democráticos gobiernos les gusta decir, refiriéndose a China, principalmente, han podido erradicar la pandemia gracias a imponer restricciones no asumibles en nuestras democracias, dicen. Pero, en cambio, no les parece que la militarización de la situación, el toque de queda y el confinamiento suponga recorte alguno de libertades y derechos. Ni tampoco que dos tercios de las muertes se hayan producido en residencias de ancianos en condiciones infrahumanas, en bastantes casos, aislados y hasta encerrados en sus habitaciones sin contacto alguno ni con la familia ni con nadie, ni que nuestros sanitarios lideren el porcentaje de infectados por falta de los necesarios equipos de protección, más la sobrecarga de trabajo fuente inevitable de incidentes y de errores en los que se han de incluir los contagios.

Baste añadir que, en bastantes ocasiones, la cifra de muertos dada en los medios oficiales -radio y tv- tenía como fuente las funerarias. ¿Para qué entonces el certificado de defunción y el Registro Civil? Aparte del baile y falsedad manifiesta de las cifras dadas, cuando se daban, sin fecha concreta ni referencia alguna de a qué período de tiempo se refiere ni a qué tamaño de población. Una forma como otra cualquiera de mentir, no otra cosa.

No es posible hacer referencias exactas, nadie las da porque nadie las tiene, basta con atenernos el desbarajuste existente. Cuando una persona con síntomas de haberse infectado, incluso con signos inequívocos, tiene dificultades para contactar con su centro de salud y tardan dos o tres días -fines de semana no incluidos- en hacerle el test correspondiente y otros tantos en darle el resultado ¿qué se puede esperar de la no propagación de la infección? Más aún, conocido el resultado positivo del test, comienza un itinerario similar para las personas convivientes. Y, por último, tampoco se ha dispuesto de medio alguno para facilitar el alojamiento de la persona que teniendo que guardar la preceptiva cuarentena carezca de recursos. Se trata de un problema que afecta al conjunto de la sociedad, la solidaridad individual es necesaria, pero cuando ni puede ni tiene medios, el problema revierte inevitablemente al resto de la sociedad.

¿Alguien puede llegar a pensar que así se puede erradicar una pandemia cuando el Gobierno ni siquiera tiene intención de controlarla?

El número de afectados por Covid-19 es de lo más variable, es decir, la pandemia se mueve, tanto en cifras como a nivel de comunidades de modo aleatorio. Esta inexplicable evolución sugiere la falta de control y de medios por parte del Gobierno, algo que es inseparable de la falta de previsión y de liderazgo, más allá de repetirse hasta la saciedad en los informativos que más confunden que orientan.

En resumen.

Sin una identificación inmediata de los infectados y sin la adecuada gestión de la cuarentena que garantice su aislamiento con recursos públicos, si no se dispone de medios propios, la transmisión del virus está garantizada, sin olvidar que una buena parte de la población está sumida en la precariedad y hasta en manos de la caridad para comer, mientras el Gobierno (progresista) todavía titubea con el Ingreso Mínimo Vital.

La opción de no tomar medidas de control de los infectados implica que el nivel de infecciones subirá y bajará sin que tengamos idea de por qué, ni cómo ni hasta cuándo. La Vacuna es tanto la respuesta como la apuesta de la política económica del Gobierno y del resto de los gobiernos, mientras, una buena parte de la población pagará con su salud, y hasta con su vida, esta solución neoliberal impuesta.

www.asturbulla.org

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Narcotráfico, milicias y resiliencia: El Guerguerat, la frontera del Sáhara Occidental invadida por Marruecos

15 November, 2020 - 00:00

David Bollero

Desde el pasado 21 de octubre un nutrido grupo de civiles saharauis bloquea el paso fronterizo de El Guerguerat que comunica el Sáhara Occidental con Mauritania. El objetivo del bloqueo es doble, por un lado, volver a llamar la atención internacional sobre la dramática situación que vive el pueblo saharaui desde hace 45 años y, por otro, frenar el tráfico ilegal de mercancías –incluido el narcotráfico- que tiene lugar en este paso fronterizo que, según el Frente Polisario, incumple los acuerdos alcanzados en el marco de la ONU.

El Guerguerat, como sucede con el resto del Sáhara Occidental, no pertenece legalmente a Marruecos. La diferencia, además, reside en que ni siquiera el reino alauita lo asume suyo, puesto que según los acuerdos militares a los que llegaron ambas partes la región se encuentra en la llamada zona de separación. De hecho, dichos acuerdos únicamente establecen cuatro puntos en los que se puede pasar de un lado a otro del llamado "Muro de la Vergüenza" y El Guerguerat no es uno de ellos, tal y como ha recordado estos días el Frente Polisario al jefe de la MINURSO (Misión de la ONU para el Referéndum en el Sáhara Occidental, Colin Stewart.

A pesar de ello, este paso fronterizo se ha convertido en una ruta habitual que utilizan, incluso, los pesqueros españoles que descargan sus capturas en la ciudad mauritana de Nuadibú y desde allí la transportan en camiones por todo el Sáhara Occidental y Marruecos hasta la península. Según las autoridades saharauis, el tráfico de mercancías, muchas de ellos fruto del expolio ilegal al que está siendo sometido el Sáhara Occidental, no pasa ningún tipo de control ni inspección aduanera ante la pasividad internacional y el interés del Gobierno marroquí.

El pasado 6 de septiembre se cumplieron 29 años de la firma de alto al fuego que ponía fin a 16 años de guerra entre el Frente Polisario y Marruecos. Pese a que en 1991 el "Muro de la Vergüenza" de 2.700 kilómetros de longitud ya partía en dos el Sáhara Occidental, con más de siete millones de minas antipersona en sus aledaños, cuando entró en vigor el alto el fuego, esta región continuaba siendo legalmente un territorio unificado. El mantenimiento del muro se adoptó como una mera medida de separación entre ambos ejércitos en espera de la celebración del referéndum de autodeterminación. De aquello han pasado casi tres décadas y 45 años desde que el pueblo saharaui fue despojado de su tierra.

Un extremo que ha venido siendo ratificado en posteriores encuentros, como es el caso de la tercera ronda de conversaciones directas celebradas en Lisboa, Portugal, el 29 de agosto de 1997, en la que se subraya que "el presente acuerdo en modo alguno cambiará, afectará o alterará de ninguna manera las fronteras del Sáhara Occidental reconocidas internacionalmente y no servirá de precedente para aducir que ha habido cambios o alteraciones en ellas". A pesar de ello, periódicamente Marruecos intenta extender sus dominios hacia el sur.

Dos décadas de provocación

La polémica con este paso no es nueva. En el recuerdo más reciente, se encuentran las movilizaciones que tuvieron lugar en 2016, cuando Marruecos intentó asfaltar en este punto la pista de tierra que se adentra hacia Mauritania. El Frente Polisario denunció entonces la violación del alto el fuego, circunstancia que en un principio negaron tanto Marruecos como la MINURSO, hasta que la agencia de noticias Associated Press filtró un documento confidencial de la ONU en el que se destapaba que, efectivamente, Marruecos había cometido tal infracción.

Con todo, no fue hasta febrero de 2017 cuando Marruecos decidió retirar sus tropas, apagándose así los tambores de guerra. Dos meses después, en la resolución 2351 de 28 de abril el Consejo de Seguridad, afirmaba que "la reciente crisis en la zona de separación de Guerguerat plantea cuestiones fundamentales relacionadas con el acuerdo de alto el fuego".

Sin embargo, la intención por parte de Marruecos de construir una carretera no comenzó en 2016. Es preciso remontarse casi dos décadas atrás, al 2001, cuando tal y como se detalla en el informe del secretario general Kofi Annan S/2001/398, "el 15 de marzo de 2001, las autoridades militares marroquíes informaron a la MINURSO de sus planes de comenzar a construir una carretera asfaltada en el ángulo sudoccidental del Sáhara Occidental, a través de la zona de separación de 5 kilómetros, hasta penetrar en Mauritania cerca de Nouadhibou".

Violación del acuerdo militar

Según señala aquel informe, el representante especial de entonces, William Eagleton, así como el responsable de la MINURSO, el general Claude Buze, "advirtieron a sus contactos civiles y militares marroquíes de que la propuesta construcción de la carretera planteaba cuestiones difíciles y entrañaba actividades que podrían constituir violaciones del acuerdo de cesación del fuego".

Desde entonces, el Frente Polisario denuncia que no sólo se viola el acuerdo del alto al fuego que entró en vigor el 6 de septiembre de 1991 (se acaban de cumplir 29 años) y con el que se ponía fin a 16 años de guerra, sino también el Acuerdo Militar número 1. Este último documento, suscrito entre el Frente Polisario y la MINURSO en diciembre de 1997 y entre Marruecos y la MINURSO en enero de 1998, viene a complementar el del alto el fuego.

Los acuerdos militares dividen el Sáhara Occidental en cinco zonas: dos zonas restringidas (25 kilómetros al este del Muro de la Vergüenza y 30 kilómetros al oeste del mismo), otras dos zonas de restricción parcial que abarcan el resto del Sáhara Occidental y una zona de separación de 5 kilómetros de ancho al este del Muro, en la que se encuentra El Guerguerat, donde la que la entrada de personal o equipo del Real Ejército de Marruecos se considera una violación de los acuerdos.

El Frente Polisario denuncia ahora el despliegue de un contingente de la Gendarmería Real marroquí vestidos como civiles, así como la presencia en la zona de altos mandos militares del reino alauita, lo que supone otro grave incumplimiento del alto el fuego y abre todavía más la posibilidad de "una nueva guerra total en la región", según el representante legítimo del pueblo saharaui.

Los hechos recuerdan dramáticamente a otra trágica efeméride que tiene lugar este mes de noviembre: los diez años de la masacre de Gdeim Izik, el desmantelamiento del campamento de protesta pacífica levantado a las fueras de El Aaiún, que dejó tras de sí la muerte del saharaui de 14 años Nayem Elgarhi, además de una larga lista de presos políticos que se enfrentan a penas de prisión de 20 y 30 años y de cadena perpetua, y torturas a manos de Marruecos.

De crispación en crispación

Los grandes enfrentamientos en El Guerguerat han venido siempre asociados a polémicas paralelas al conflicto central, esto es, el incumplimiento del Derecho Internacional por parte de Marruecos que continúa ocupando ilegalmente un territorio que no le pertenece.

En 2016, el clima entonces ya estaba crispado, no sólo porque a principios de año los soldados marroquíes hubieran matado a tiros a Ashmad Djuli, un pastor saharaui que reunía a su ganado en las inmediaciones del "Muro de la Vergüenza", sino porque el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, decidió visitar el Sáhara Occidental antes de finalizar su mandato. Esta visita y el haber calificado de "ocupación" la presencia de Marruecos en esta región propiciaron que Marruecos expulsara a 73 miembros de la MINURSO.

El término "ocupación" crispó a Mohamed VI a pesar de que, en plena guerra y aún con su padre Hassan II al frente del reino, la Asamblea de la ONU se pronunciaba en estos mismos términos. En su Resolución 34/37 de 21 de noviembre de 1979 y "habiendo examinado a fondo la cuestión del Sáhara Occidental", la ONU reafirmaba "el derecho inalienable del pueblo del Sáhara Occidental a la libre determinación", reconociendo la "legitimidad de la lucha que libra para lograr el ejercicio de ese derecho conforme a lo previsto en las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas y de la Organización de la Unidad Africana". Además, la resolución también deploraba profundamente "la agravación de la situación, como consecuencia de la persistente ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos y de la ampliación de esa ocupación al territorio recientemente evacuado por Mauritania".

Una MINURSO ineficaz

Por otro lado, este clima de crispación en modo alguno se ha visto rebajado con la última renovación del mandato de la MINURSO, el pasado 30 de octubre. En dicha renovación, ni siquiera se hace mención al referéndum de autodeterminación que, como su propio nombre indica, es para lo que fue creada esta misión de paz. Además, continúa siendo la única misión de paz de la ONU que, pese a las solicitudes reiteradas del Frente Polisario, no contempla garantizar el respeto de los Derechos Humanos.

A medida que han pasado los años, la pasividad de las Naciones Unidas con esta cuestión ha provocado el desaliento del pueblo saharaui, al que ya no le satisface que el organismo internacional exprese su "profunda preocupación por las constantes penurias que padecen los refugiados saharauis y su dependencia de la asistencia humanitaria externa". Hechos denunciados repetidamente, como que los mismos vehículos de la MINURSO lleven matrículas marroquíes no sugieren imparcialidad, según quedó reflejado en el informe del secretario general Ban Ki-moon sobre la situación relativa al Sáhara Occidental S/2015/246, en el que se indica que "la percepción de la imparcialidad de la MINURSO y de las Naciones Unidas sigue viéndose afectada por el hecho de que los vehículos de la MINURSO circulen con placas de matrícula marroquíes al oeste de la berma [el Muro]". Un hecho que, incluso, se ha podido ver estos días en El Guerguerat, pese a que el compromiso de Marruecos con la MINURSO para cambiar todas estas placas por las de la ONU data de 2014.

Han quedado muy atrás informes, anteriores incluso a la resolución 690 del Consejo de Seguridad que estableció definitivamente la MINURSO, como los del secretario general Javier Pérez de Cuéllar, el S/22464 y el S/21360, ambos de 1990, en los que ya definía el cometido de esta misión de paz y las fases del referéndum con el que "el pueblo del Sáhara Occidental elegirá libre y democráticamente entre la independencia y la integración con Marruecos" o, incluso, se detallaba el modo en que había de realizarse el censo, teniendo "derecho de voto todos los naturales del Sáhara Occidental, de 18 años de edad o más, que estén inscritos en el censo efectuado por las autoridades españolas en 1974 y que se encuentren actualmente en el Territorio o fuera de 61 en carácter de refugiados o por otra razón", concediendo a los presos "una amnistía general y completa".

En la actualidad y pese a las continuas denuncias de organismos internacionales como Amnistía Internacional o Democracy Now!, Marruecos viola los derechos humanos en el Sáhara Occidental y expulsa a activistas y periodistas que tratan de documentar tales abusos.

Público

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La juez militar propone archivar la causa por los 127 kilos de cocaína del 'Juan Sebastián Elcano'

15 November, 2020 - 00:00

La juez togada militar ha propuesto al tribunal archivar el caso por tráfico de drogas a bordo del buque-escuela de la Armada española 'Juan Sebatián Elcano', donde se hallaron 127 kilos de cocaína en 2014. La juez no ha encontrado indicios de la participación de los acusados.

NAIZ

La juez togada militar territorial número 12 propone al Tribunal Militar Territorial Primero el archivo de la causa de tráfico de drogas a bordo del buque-escuela de la Armada española 'Juan Sebastián Elcano' en 2014, que investigaba la introducción en la goleta de 127 kilos de cocaína que fueron hallados en uno de sus compartimentos en un registro realizado en el puerto de Cádiz.

El auto señala que se han practicado «cuantas diligencias se han estimado necesarias para determinar la naturaleza y circunstancias» de los hechos investigados, resultando «indubitado» que 127 kilos de cocaína fueron encontrados en un habitáculo que se hallaba ubicado en un compartimento de cables dentro del pañol de contramaestre del buque.

Sin embargo, sostiene que no existen indicios que sostengan la participación de los investigados en este procedimiento, ni de cualquier otro, en el embarque y transporte de dicha droga, por lo que se accede al sobreseimiento solicitado por una de las defensas ejercida por el letrado Fernando Pamos de la Hoz.

La juez ya propuso el sobreseimiento de este caso en junio de 2018 pero el Tribunal Militar no lo aceptó y obligó a realizar varias diligencias solicitadas por la Fiscalía, tras lo cual la juez sigue sin encontrar indicios suficientes para un procesamiento y se vuelve a proponer el archivo.

El caso se remonta a abril de 2014, cuando 'Elcano' hizo una escala en el puerto colombiano de Cartagena de Indias. En los cinco días que el barco estuvo allí atracado, se introdujeron presuntamente más de 150 de kilos de cocaína que les entregó un grupo de narcotraficantes.

En la siguiente escala, en Nueva York, los militares entregaron supuestamente unos 26 kilos a otros traficantes, un caso que fue investigado por las autoridades estadounidenses y que desembocó en la detención de seis marineros y el cocinero del buque.

Se trata de un brigada, un cabo primero y tres marineros, dos de ellos ya procesados en la pieza principal por delitos de tráfico de estupefacientes en relación con el episodio en la ciudad estadounidense

Todos ellos negaron su participación en el asunto y aseguraron desconocer quién podía haberla escondido ahí.

Tras meses enn los que el caso ha estado parado, la juez ha comprobado que no consta en la documentación del buque que se produjera dicho embarque de café presuntamente utilizado como tapadera, si bien las testificales no aportaron suficiente concreción para establecer si dicha carga de cajas de cartón se produjo realmente, desde dónde y en qué circunstancias.

Del mismo modo, en el caso de que la droga efectivamente se hubiera embarcado de dicha forma, no ve tampoco ningún indicio de cómo llegaron al pañol de cables en el que fueron encontradas.

Fuente: https://www.naiz.eus/eu/actualidad/...

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Frase de Cantinflas

15 November, 2020 - 00:00

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Abren expediente a siete funcionarios de la cárcel de Estremera por malos tratos

14 November, 2020 - 00:00

Siete funcionarios de la cárcel de Estremera se enfrentan a un expediente disciplinario por acusaciones de malos tratos a los presos. El Gobierno español reconoció en una respuesta al diputado de EH Bildu Jon Iñarritu la existencia de numerosas denuncias en esta y otras cárceles del Estado que afectan a la población encarcelada en general.

NAIZ

Instituciones Penitenciarias ha abierto expediente disciplinario a siete funcionarios de la prisión madrileña de Estremera en el marco de una investigación tras acusaciones casos de malos tratos a presos durante este año, según informa el diario ‘El País'. La cuestión se refiere al conjunto de los presos de esta cárcel y no exclusivamente a los cuatro presos políticos vascos que están en esta prisión según el listado de Etxerat.

La información de ‘El País' hace referencia a que en una reciente respuesta del Gobierno español al diputado de EH Bildu Jon Iñarritua –a la que NAIZ ha tenido acceso– se reconocía que hay investigaciones sobre malos tratos en varias prisiones, entre las que se encuentra Estremera (Madrid VII).

Según la información facilitada por el Gobierno a Iñarritu, en Estremera se han abierto en 2019 siete procedimientos por malos tratos. En 2018 fueron seis, en 2017 trece, en 2016 nueve y en 2015 seis. En un informe de setiembre de 2019, el Defensor del Pueblo ya alertó de la alta incidencia de este tipo de episodios en esta prisión.

Las otras cárceles en las que más procedimientos de este tipo se han abierto en los últimos años son Castelló II, Puerto III, Huelva, Sevilla II.

En setiembre de 2019, un preso denunció haber recibido una paliza, unos hechos que se encuentran, según señala el Ejecutivo en la respuesta, en manos del juzgado de instrucción número uno de Arganda del Rey y de la Subdirección General de Análisis e Inspección.

A la preocupación de Iñarritu de que la cárcel de Estremera es una de las cárceles que más denuncias acumula -más de 40 sobre torturas en los últimos cinco años-, el Gobierno español asegura «puede estar motivado» por ser uno de las cárceles que más presos alberga y el perfil de los mismos.

Y añade que, al tratarse de un «centro tipo», concentra a internos con perfiles de conflictividad y peligrosidad «más altos».

«Algunas de las denuncias por malos tratos están fundamentadas en que la ubicación del centro hace dificultosa la frecuencia de visitas a la población reclusa», atribuye también como causa esta mayor incidencia de denuncias de malos tratos en esta prisión.

https://www.naiz.eus/eu/actualidad/...

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Judith Butler: La “noviolencia” no es pasividad

14 November, 2020 - 00:00

Tamara Tenenbaum

Es un momento extraño para publicar un libro como La fuerza de la no violencia (Editorial Paidós), el más reciente ensayo de Judith Butler que salió en su versión original en febrero de 2020 y llega a la Argentina en estos días, en traducción de Marcos Pablo Mayer. Siete meses no suele ser suficiente para que un libro se sienta de otra época: este año, sin embargo, es difícil pensarlo de otro modo. La fuerza de la no violencia no solamente se escribió antes de la pandemia; también, y quizás esto es más importante, se gestó antes del asesinato de George Floyd en Minneapolis a manos de la policía que desembocó en el estallido antirracista más importante en décadas de historia estadounidense. Es importante tener en cuenta este dato para comprender que el destinatario de esta especie de manifiesto de Butler contra la violencia política no tiene ninguna relación con la discusión sobre las consecuencias materiales de las protestas que varios meses después sigue rondando en el debate público de Estados Unidos (y que volvió con todo hace pocos días, a partir de la publicación de In Defense of Looting, el polémico libro de la activista Vicky Osterweil cuyo título podría traducirse como “en defensa de los saqueos”). De hecho, Butler –que desde el principio del libro aclara que no disputa que la violencia puede ser necesaria en algunos contextos– propone al movimiento Black Lives Matter justamente como un ejemplo de la fuerza que puede tener la no violencia cuando se opone a la violencia del aparato estatal. Hay que pensar, entonces, que este libro no viene a intervenir en una discusión coyuntural sino que se inscribe en una búsqueda de más largo aliento en la que Butler se embarcó hace ya casi dos décadas, al menos, desde su libro Vida precaria. El poder del duelo y la violencia (2004): una investigación en torno de los conceptos de precariedad y vulnerabilidad pensados, desde la vulnerabilidad de los cuerpos y sobre todo desde las implicancias políticas de la presencia de esos cuerpos (que son heridos, que se enferman, que mueren) en el espacio público.

Todos estos conceptos, entonces, reaparecen una y otra vez en La fuerza de la no violencia. Butler argumenta contra la idea de abrazar la violencia por razones estratégicas, y es especialmente lúcida –y relevante– cuando muestra las falencias del pensamiento político “pragmático” o “realista” que cree que es posible, parafraseando a Audre Lorde, tomar prestadas las herramientas del amo y utilizar por un rato para destruir su casa. Butler no cita a Lorde sino a Walter Benjamin, para disputar la idea de que la lógica instrumentalista, según el cual los medios y los fines pueden distinguirse con claridad en una práctica política, es la forma adecuada de preguntarse por la violencia política. “Si solo pensamos en la violencia dentro del marco de su justificación posible o su falta de justificación, ¿no determinamos el fenómeno de la violencia, de antemano, dentro de ese marco?”, se pregunta Butler, y sigue, apenas más adelante: “¿Es posible pensar en la violencia y la no violencia más allá del marco instrumentalista? ¿Qué nuevas posibilidades de pensamiento crítico surgen de esa apertura para abordar la ética y la política?”. En esta última pregunta aparece también otro de los nodos claves del libro, la crítica a la posibilidad de un pensamiento político divorciado de la ética; aquí puede leerse un cuestionamiento a gran parte del pensamiento político contemporáneo, sobre todo ese que se propone neutral y “técnico” (siguiendo con esta idea que Butler reitera varias veces en el texto de que el pensamiento de la técnica olvida que las herramientas pueden usar usuarios).

Butler va muy atrás en la tradición de la filosofía política para pensar en los orígenes de este divorcio entre la ética y la política y se detiene en un análisis del pensamiento contractualista clásico: el mismo concepto de “estado de naturaleza”, dice Butler –en un planteo que retoma las críticas feministas a los pensadores contractualistas supone que antes que la dependencia viene la independencia, que las personas llegan al mundo sin ayuda de nadie, como si Hobbes y Locke hubieran nacido como Adán, adultos independientes y autosuficientes. Una filosofía política que borra la condición originaria de la vulnerabilidad puede pensar que solo la violencia del Estado puede contener la violencia de las personas: sin esencializar ninguna condición, Butler se propone entender críticamente las consecuencias de este punto de partida. “Mi deseo no es reemplazar la fantasía por la realidad”, escribe, “sino entender cómo leer esa fantasía como una forma de alcanzar perspectivas claves en la estructura y la dinámica de las organizaciones de poder y violencia históricamente constituidas, tal como se vinculan con la vida y la muerte”.

Pero a Butler no le interesa hacer una reivindicación ingenua de la posibilidad de la gente de vivir en paz como en una utopía pacifista: por eso también suma la otra pata conceptual del libro, el psicoanálisis. A esta lectura de la filosofía política moderna Butler suma una investigación psicoanalítica que se propone preguntarse por el rol que la violencia cumple en el lazo social: Butler no va a afirmar que, a diferencia de lo que piensan los contractualistas, las personas vienen al mundo en plena dependencia y por eso están predestinadas a amarse (como en una idealización hippie de la naturaleza según la cual la violencia no aparece sino a partir de la emergencia de la civilización). Por el contrario, Butler utiliza conceptos psicoanalíticos como la pulsión de muerte para preguntarse por la relación más atávica de la humanidad con la violencia, y así intentar entender cómo podríamos moderar estas pulsiones. Freud, dice Butler, pensó que el mecanismo era “fortalecer el superyó y sus crueles y severas exigencias de renuncia”; “una respuesta freudiana a esta pregunta”, dice Butler, “es que esa renuncia es lo mejor que podemos esperar, aunque paguemos el costo psíquico”. Sin embargo, ella parece creer que en los trabajos de Melanie Klein hay otra clave para pensar pensar la dinámica del amor y el odio, en términos del vínculo paternal y sobre todo de la posibilidad de que el lazo social venga a reparar aquello que allí estuvo (accidental o esencialmente) roto. “Cuando Klein concluye su análisis sosteniendo que «hacer una reparación» es fundamental para el amor”, dice Butler, “nos ofrece otro camino para pensar la simpatía”.

El concepto de reparación trae otro nombre que Butler solo cita una vez, pero que no deja de resonar en las páginas de este texto: el de Hanna Arendt, autora a quien Butler ha leído muy bien y que escribió su propio manifiesto contra la violencia en 1970 (Sobre la violencia, el texto que cita Butler la única vez que la nombra), en un momento histórico en el que la izquierda discutía la violencia como estrategia con mucho más ardor que en nuestro presente. Los contextos son muy distintos, pero los puntos de contacto son múltiples: el más importante, quizás, sea el objetivo de escribir sobre la violencia política desarmando el binomio violencia/poder. Arendt escribió en 1970 que la violencia y el poder están lejos de ser lo mismo, sino que la primera tiende a fortalecerse cuando el segundo se debilita. Butler cita justamente ese pasaje hablando de otra cosa, pero podríamos trazar una relación muy clara entre esta ideas y una de las tesis fundamentales de este libro, quizás uno de los aportes más emotivos y poderosos de Butler en esta ocasión: la idea de que una ética la no violencia no es una renuncia ni un abrazo de la pasividad, sino que por el contrario, puede ser agresiva (literalmente la palabra que ella usa), y debe serlo; no es renunciar a defenderse sino, sobre todo, una forma de autodefensa.

Tamara Tenenbaum es licenciada en Filosofía, autora del ensayo El fin del amor, querer y coger y los cuentos Nadie vive tan cerca de nadie.

Fuente: https://www.clarin.com/revista-enie...

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Manifiesto de apoyo a los nuevos carriles bici en Elx

13 November, 2020 - 00:00

Los colectivos abajo firmantes, preocupados por la movilidad sostenible, manifestamos nuestro total apoyo a los nuevos carriles bici de la calle José María Buck, la avenida Juan Carlos I y la avenida de Alicante, así como a su implantación como ejemplo a seguir en futuras infraestructuras ciclistas. Asimismo, celebramos la ejecución del carril bici de la avenida Alcalde Ramón Pastor, que unirá la Ronda Sur con la avenida de la Libertad y facilitará otras conexiones como el futuro carril bici de la avenida Pere Joan Perpinyà.

Pese a que es necesaria una total continuidad en el nuevo carril bici de la calle José María Buck en ambos extremos, es decir, conectar esta calle con el carril bici de la avenida de la Libertad, por un lado, y con la Corredora, por el otro, así como que se agilice la continuidad del carril bici a lo largo de toda la avenida de Alicante, reconocemos el giro importante que hace el Ajuntament d'Elx hacia un modelo de carril bici que trata la bicicleta y otros vehículos de movilidad personal como un auténtico modo de desplazamiento en la ciudad.

En el caso del carril bici de José María Buck, que lleva poco más de una semana operativo, nos congratulamos de la magnífica e inmediata acogida por parte de sus usuarios, destacando el trabajo técnico realizado para ofrecernos seguridad y agilidad mediante la separación física con bolardos y otros elementos separadores, separación que los colectivos implicados venimos solicitando en este tipo de infraestructuras urbanas desde hace años.

En cuanto a Joan Carles I / avenida de Alicante, valoramos muy positivamente la valiente apuesta de suprimir uno de los dos carriles de tráfico motorizado para asignarlo a bicicletas, patines, patinetes, patinetes eléctricos y otros VMP de manera segura. Con esta actuación se erradica necesariamente la mala e ilegal praxis de aparcar a doble fila en dicha avenida y se fomenta la movilidad sostenible entre la población, incluyendo, cómo no, a la comunidad educativa cercana, para hacer de Elx un municipio más habitable.

La ocupación de parte de la calzada reduciendo el tráfico rodado para asignar un espacio amplio al carril bici en ambos sentidos con la señalización vertical, horizontal y semafórica reglamentaria es lo que llevan haciendo en los últimos años ciudades como València, referente de éxito en este tipo de infraestructuras,
que, además de ser reconocida con distinciones, cuenta con el mejor reconocimiento, que es su uso masivo por parte de la ciudadanía.

Estos carriles bici materializan algunas de las actuaciones debatidas en el proceso de participación pública de elaboración del nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible, se vienen exponiendo desde julio y, de algún modo, atienden a las voces que desde la desescalada en mayo/junio exponíamos la necesidad de espacios amplios dedicados a medios de movilidad más sostenibles (especialmente recomendados, además, por todas las administraciones y expertos en el contexto de la pandemia de COVID‐19).

Animamos y urgimos, pues, al Ajuntament d'Elx a seguir ampliando de manera ágil la red de carriles bici siguiendo este modelo, que, además, no entra en conflicto con el tránsito de peatones, que también debe ser prioritario. Asimismo, manifestamos la necesidad de seguir invirtiendo en infraestructuras ciclistas encaminadas a conectar todos los tramos de carril bici existentes que siguen inconexos. Actuaciones como estas marcan un hito en nuestro municipio y lo encaran hacia la capitalidad verde europea.

Animamos también a otros colectivos a sumarse a este manifiesto, que queda abierto a nuevas adhesiones a través del correo elx@ecologistesenaccio.org, adhesiones que se publicarán en los medios digitales de las entidades que suscribimos el presente documento.

Suscriben el manifiesto: ‐Margalló ‐ Elx en Bici ‐ Ecologistes en Acció d'Elx ‐Elche Patina ‐ Club de Patinaje Elche ‐CCOO Vinalopó‐Vega Baja ‐Asociación Ilicitana de Patinetes Eléctricos (AIPE) ‐30 Días en Bici – Elx‐Associació Veïnal Raval.

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Trump acusa al Pentágono de querer librar guerras para que las compañías ganen dinero

13 November, 2020 - 00:00

Por Europa Press

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha arremetido este lunes contra altos cargos del Pentágono, sin especificar, y les ha acusado de librar guerras para aumentar las ganancias de las empresas que se dedican a fabricar material de defensa.

"No estoy diciendo que los militares estén enamorados de mí; los soldados lo están, la gente más importante del Pentágono probablemente no lo esté porque no quieren hacer nada más que pelear guerras para que todas esas maravillosas compañías que fabrican las bombas y los aviones y todo lo demás estén felices", ha indicado Trump en una rueda de prensa, recogida por la cadena de televisión CNN.

El mismo medio ha señalado que el comentario del mandatario se ha producido después de que varios oficiales de Defensa hayan relatado a la cadena que las relaciones entre Trump y el Pentágono se están tensando.

Además, las palabras del presidente estadounidense llegan después de que se haya revelado que llamó "perdedores" e "idiotas" a los militares estadounidenses muertos durante la Segunda Guerra Mundial y enterrados en el Cementerio Estadounidense de Aisne-Marne, en Francia.

Varios oficiales de Defensa han relatado a la cadena CNN que las relaciones entre Trump y el Pentágono se están tensando.

Según un reportaje publicado en 'The Atlantic', Trump decidió no visitar el cementerio de soldados estadounidense en 2018 porque temía que la lluvia le estropeara el peinado: "¿Para qué ir a ese cementerio? Está lleno de perdedores", afirmó Trump ante sus colaboradores.

Desde la Casa Blanca han negado reiteradamente esta información que consideran "obra anónima con fines dañinos" y el propio Trump ha defendido a los "héroes caídos". "No hay nadie que los respete más que yo", ha remachado.

El Confidencial

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Seguros

13 November, 2020 - 00:00

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Indra, un laberinto de empresas que siempre termina en ERE

12 November, 2020 - 00:00

Pablo Elorduy

Fuera del horario laboral, el viernes 2 de octubre, la dirección de Indra comunicó a la plantilla de la filial Indra Soluciones el inicio de un proceso de regulación de empleo. Mañana, 28 de octubre, tiene lugar la segunda reunión de los representantes sindicales y la empresa de cara a negociar un ERE en el que la multinacional plantea el despido de 1.036 personas sobre una plantilla de aproximadamente 13.000 empleadas.

También en viernes, en esta ocasión el 16 de este mes, el presidente del grupo Fernando Abril Martorell anunciaba otro ERE en Indra Sistemas, especializada en el sector del transporte. En este caso, Abril Martorell no detalló cifras sobre un ERE que afectará a una plantilla aproximada de seis mil personas. El grupo ya llevó a cabo un despido colectivo de grandes dimensiones en 2015 en esta filial, un ERE que fue contestado por los sindicatos CGT y Co.Bas, que lo denunciaron como “injustificado” pero que el Tribunal Supremo ratificó.

De la primera reunión para el ERE de Indra Soluciones se salió con una fotografía clara de los planes de la dirección de la filial. Los mil despidos se irían a la calle con una indemnización de 20 días por año trabajado —como establece la reforma laboral del PP de 2012— y la destrucción de empleo afectaría a todos los centros de esta filial, dedicada a las tecnologías de la información.

La empresa, que pertenece al Grupo Indra, participada por el Estado a través de la SEPI, ha planteado unos despidos que afectarían en primer lugares a los llamados “desasignados”, es decir profesionales a la espera de que se les asigne un proyecto, también a trabajadores con, según la empresa, “baja empleabilidad”, profesionales con alta desviación salarial y en posiciones de dirección y gerencia. La plantilla protesta especialmente en caso de las personas “desasignadas”, ya que, según denuncia, se siguen subcontratando servicios cuando hay personal cualificado sin un proyecto asignado. Está previsto que, durante la negociación, la empresa plantee una sustitución de despidos por prejubilaciones, según publicó El Confidencial.

Daniel Domínguez, representante de CGT en Indra Soluciones denuncia un ERE que considera “injusto y desproporcionado” en una situación económica mala por la pandemia pero que aun no ha tocado al grupo tanto como pretende la dirección. “Su actividad no ha parado”, defiende Domínguez, que refiere que a finales de marzo la empresa intentó llevar a cabo un Expediente de Regulación Temporal de Empleo que retiró dejando una advertencia de que la plantilla “en el momento que sea necesario apoye las decisiones que se deban tomar".

Aquella retirada en marzo era el preámbulo de un mazazo que afecta a un global de 19.000 personas en plantilla de las dos empresas afectadas de momento ─Sistemas y Soluciones─ y que se presenta solo ocho meses después de que la matriz anunciase un beneficio de 121 millones en 2019, un 1,2% más que en el ejercicio anterior.

Para presentar los expedientes de regulación de empleo, la empresa que preside Fernando Abril Martorell ─apodado ‘Terminator' por sus políticas de maximización de beneficios a través de los ajustes de plantilla─ ha presentado datos “que se sacan de la manga”, denuncia Domínguez, que pone como ejemplo partidas de gasto que han pasado de cero a 50 millones de euros. La compañía, por su parte, se remite a una caída del 1% de la facturación y se agarra a la Reforma Laboral de 2012 para justificar el ERE por la previsión de futuras pérdidas.

A falta de nuevos detalles, que los sindicatos recibirán en la reunión del miércoles, este representante de CGT consigna que, en la actualidad, el 90% de la plantilla de Indra Soluciones está en modalidad de teletrabajo, lo que ha supuesto un ahorro a la empresa en términos de mantenimiento.

Pero la cuestión fundamental, indica este sindicalista, es que la compañía no ha perdido contratos durante la pandemia, “como mucho se han aplazado”. La actividad principal de Indra Soluciones se desarrolla en el sector de la banca, de la telefonía o la energía, sectores que no han visto una para de la actividad en estos meses de pandemia.

“Se ha valorado convocar huelga y un calendario de movilizaciones”, anticipa Daniel Domínguez antes de la reunión de mañana, miércoles 28 de octubre.

El laberinto Indra

Indra, producto de la fusión en los años 90 de la privada Ceselsa con la pública Inisel, funciona a través de cien filiales reconocidas y cuenta con una vasta cantidad de subcontratas o “cárnicas” asociadas a su actividad. Este hecho define el modelo de relaciones laborales de la compañía, que ha tratado, especialmente desde la llegada de Abril Martorell al cuadro de mandos de Indra, de restar protagonismo a la negociación colectiva.

“Los trabajadores antiguos tienen unas condiciones y los nuevos otras. Las condiciones se han mantenido, pero todos los que han entrado a Indra con posterioridad se han tenido que acoger al convenio sectorial, que tiene unas diferencias importantes a nivel salarial”, explicaba José Luis Ortiz, secretario general de CGT en Indra Sistemas Metal a El Salto en 2017. Así, frente a los 30.000 o 40.000 euros brutos anuales que puede cobrar un trabajador con antigüedad, los nuevos contratados, haciendo un trabajo parecido, tienen sueldos de 17.000 o 17.500 euros brutos anuales, o incluso de 11.500 en el caso del centro de Indra Software en Badajoz, según afirman desde su comité de empresa.

El ERE de 2015 en Indra Sistemas, que fue ratificado por los sindicatos mayoritarios en la compañía, CC OO, UGT y USO sin cumplir el compromiso de pasarlo a votación a la plantilla, dejó heridas importantes en la “unidad sindical” entre las plantillas del grupo, que tiene más de cien filiales. En aquella ocasión, el ERE terminó con 1.850 despidos y coincidió, recuerdan desde CGT, con la compra de Tecnocom ─empresa con 6.000 empleados─ y la incorporación de 2.000 becarios.

Indra pertenece en un 18% a la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), dependiente del Ministerio de Hacienda, aunque cuenta en su accionariado con la Corporación Financiera Alba, el vehículo de inversión de la familia March y otros actores del sistema financiero internacional, como el Banco de Noruega.

Unidas Podemos se ha mostrado partidaria de capitalizar a Indra para que no “pierda competitividad” en los mercados. El grupo confederal ha rechazado la presentación del ERE por parte de la dirección de Indra.

El Salto ha contactado con el Ministerio de Trabajo para recabar su postura sobre el proceso de regulación, pero la cartera que dirige Yolanda Díaz prefiere esperar a que terminen las reuniones preliminares antes de hacer valoraciones: “No estamos a favor de este ERE ni de medidas traumáticas para las personas trabajadoras, pero está en periodo de consultas, y estamos a la espera a ver cómo se resuelve”, dicen fuentes del Ministerio.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/labor...

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No lo verás en los medios ‘progres': El feminismo está impidiendo que Juan Gutiérrez, de 33 años, tenga novia

12 November, 2020 - 00:00

LA CARA OCULTA DE LA LIBERACIÓN FEMENINA

Kike García

Condenado a la soledad por culpa de las feministas. Así vive Juan Gutiérrez, un administrativo de Alicante de 33 años que no consigue que su historia sea escuchada por los medios.

¿Puede su situación ser más injusta? ¿Por qué el feminismo quiere hacerle desgraciado?

El movimiento político, cuyas raíces filosóficas podemos encontrar en el libro «Vindicación de los derechos de la mujer» de Mary Wollstonecraft, tiene como objetivo evitar que Juan encuentre pareja, conecte emocionalmente con otra persona y sea, en definitiva, feliz. Pero esto no interesa a los medios “progres” interesados en vender únicamente la cara buena del feminismo, y no la cara amarga, la que impide que Juan sea feliz.

Todas las chicas que conoce por Internet le bloquean porque el feminismo les dice que lo hagan.

«El único motivo por el que yo estoy soltero y ninguna chica habla conmigo durante más de un minuto es el feminismo. Punto», denuncia Juan.

Ningún diario progresista parece interesado en informar de su situación porque va en contra de su agenda política y demuestra la auténtica agenda del feminismo global. Todo el movimiento está impidiendo que tenga novia. En cuanto le gusta una chica y empieza a hablar con ella y parece que la cosa fluye, el feminismo se acaba interponiendo entre él y el amor.

El propio Gutiérrez quiere quitar responsabilidad a más de dos siglos de movimientos y responsabiliza especialmente al feminismo de tercera ola, que es el que parece empeñado en perjudicarle a él personalmente. «No hay que ser extremistas. Hay feminismos que no perjudican a mi vida sexual, pero hay otros que sí. No todo es blanco o negro. Que las mujeres tengan derechos y exijan dignidad está muy bien, pero no hasta el punto de que yo me quede sin novia y me sienta solo», denuncia.

«El proceso siempre es igual: conecto con alguna chica en Tinder, le digo cuatro cosas y me bloquea siempre con la misma excusa: el feminismo», explica al borde del llanto.

Cuando intenta acercarse a alguna mujer por la calle sucede exactamente lo mismo: el feminismo impide que ella le haga caso o se muestre simpática ante sus piropos.

Si no fuera por el feminismo, Juan Gutiérrez ya tendría una relación estable con una buena mujer que habría visto con buenos ojos las preciosas fotografías de su pene que envía a desconocidas, pero por culpa de la propaganda progresista este gesto de cariño cae en saco roto.

Si no fuera por el feminismo, nunca dormiría solo.

«El feminismo fomenta la mojigatería, la represión y el discurso antisexo. Y, concretamente, el discurso antisexo conmigo», lamenta Gutiérrez. Y denuncia que pocos medios quieren escucharle porque su opinión «no interesa y podría socavar los cimientos del feminismo, mostrando su auténtica cara y su auténtica agenda, que es ir en mi contra, hacerme infeliz y, posiblemente, forzarme a morir solo».

Gutiérrez se siente perseguido y se queja sobre todo de la doble moral de la izquierda, empeñada en promover el 8M pero en silenciar que él no ha hecho el amor en más de dos años por culpa de los movimientos a favor de las mujeres.

«Puedes decir lo que quieras de la cultura de la violación, pero al menos es una cultura», dice Juan, que ha aprendido algunos términos.

Juan, que se ve empujado a recurrir a los servicios de «señoritas de compañía», también denuncia «la conspiración feminista global» haya hecho que el tráfico humano, la esclavitud sexual y la cosificación de los seres humanos estén tan mal vistos.

https://www.elmundotoday.com/2020/1...

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Cine y anarquía

11 November, 2020 - 00:00

La filmoteca maldita

Aquí os dejo un primer acercamiento al cine libertario y os garantizo que la selección no os va a dejar indiferentes.

Disfrutadlo!

Peliculas que comentaré:

Cero en conducta (1933)
Jean Vigo, Francia

Vivir la utopía (1997)
Juan A. Gamero

Carne de Fieras (1936)
Armand Guerra, España

El cine libertario: cuando las películas hacen historia (2010)
Verónica Vigil, José María Almela, España

La Patagonia rebelde (1974)
Héctor Olivera, Argentina

Sacco y Vanzetti (1971)
Giuliano Montaldo, Italia

L'An 01 (1973)
Jacques Doillon, Alain Resnais, Jean Rouch, Francia

Lucio (2007)
Aitor Arregi, José Mari Goenaga, España

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Arcoiris en La Vila

11 November, 2020 - 00:00
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Frei Betto: “Es una ingenuidad total querer humanizar el capitalismo”

11 November, 2020 - 00:00

Bárbara Schijman

A su presidente lo llama Bolsonero, comparándolo con el el emperador romano que pasó a la historia por haber incendiado Roma. Señala la urgencia por construir un socialismo sólido y la necesidad de pensar estrategias frente a la narrativa hegemónica de los sectores conservadores.

Carlos Alberto Libanio Christo, más conocido como Frei Betto, es un reconocido referente progresista latinoamericano y una de las figuras principales de la Teología de la Liberación. Escritor, periodista y fraile dominico, estuvo cuatro años preso durante la dictadura militar de Brasil, a la que se opuso con cuerpo y alma. Durante su labor como fraile conoció, en las favelas de Sao Paulo, al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, de quien fue asesor, y en cuyo gobierno participó del programa Hambre Cero. Escribió más de 60 libros, entre ellos, Fidel y la religión. Conversaciones con Frei Betto (1985); Mística y espiritualidad (1997); La obra del artista. Una visión holística del universo (1999); y El oro perdido de los Arienim (2016).

-¿Qué reflexiones abre para usted este mundo en pandemia?

–Creo que la pandemia es una venganza de la naturaleza, que resulta de años de dominación y devastación por parte del ser humano. Absolutamente todo lo que venimos haciendo en los últimos 200 años, la búsqueda de ganancias y la explotación máxima de los recursos de la naturaleza sin ningún cuidado de preservación ambiental, resulta en un descontrol de la cadena de la naturaleza, que está completamente desarticulada por la intervención humana. Muchos hablan de “antropoceno”, es decir, la era de la intervención total del ser humano en la naturaleza; pero yo prefiero llamar a esta situación “capitaloceno”. Es decir, la hegemonía total del capital, de la búsqueda de lucro, de ganancia; todo esto que provoca un desequilibrio total del ambiente natural.

Todo ese proceso de devastación ambiental es fruto de la ganancia del capital privado. El problema no es el ser humano; el problema es el capitalismo neoliberal. Y hay que recordar que la naturaleza puede vivir sin nuestra incómoda presencia; nosotros no, nosotros sí necesitamos de la naturaleza.

-¿Cómo analiza la situación en Brasil?

En mi país la situación es catastrófica porque tenemos un gobierno neofascista. Yo llamo al presidente Jair Bolsonaro, “Bolsonero”, incluso le di este apodo antes de que lo hiciera la revista The Economist. Brasil está en un incendio total, en la Amazonia, y en otras zonas, y el presidente no tiene ningún interés en mejorar la situación o cambiar el rumbo de lo que estamos viviendo. Todo lo que significa muerte le conviene. Vivimos bajo un gobierno genocida y mentiroso.

Es tan descarado que en su último discurso en la ONU ha dicho que los culpables por los incendios en la Amazonia son los campesinos, los pequeños agricultores de la zona y los indígenas. Por eso no hay ninguna duda de que aquí en Brasil vivimos una situación catastrófica manejada por un gobierno neofascista, que utiliza cada vez más fundamentalismos religiosos para legitimarse. La salud le importa tan poco como la educación. Bolsonaro sabe muy bien que un pueblo educado es un pueblo que tiene un mínimo de conciencia crítica. Y entonces para él es mejor que la gente no tenga ninguna educación para que pueda continuar como guía de una masa ignorante. Por supuesto no por culpa de la propia masa, sino por las condiciones de educación que no son ofrecidas debidamente al pueblo. Como si todo esto fuera poco, ahora regresamos a un mapa de hambre, con una cantidad tremenda de gente que no tiene el mínimo necesario de los nutrientes previstos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En fin, estamos en una situación tremenda. Veremos qué sucede en las elecciones municipales de noviembre.

-¿Qué escenario vislumbra?

Creo que las elecciones serán un termómetro interesante para evaluar cómo mira nuestro pueblo. Pero la verdad es que, en esto, no soy muy optimista. La pandemia ha ayudado mucho para que Bolsonaro tenga la hegemonía de la narrativa, porque las manifestaciones públicas no existen, están prohibidas, o no convienen, entonces solamente se escucha la voz del gobierno.

-Al votar a favor del juicio político contra la expresidenta Dilma Rousseff, Bolsonaro dedicó su voto a la memoria del torturador del Ejército, el coronel Carlos Brilhante Ustra. No debiera sorprender su comportamiento. Pero, ¿qué explica que, con todo, mantenga un piso considerable de apoyo popular?

Tengo dos explicaciones para esa situación. Primero, la derecha tiene el dominio del sistema electrónico de las redes digitales, que prefiero no llamar “sociales” porque no necesariamente crean sociabilidad. Creo que mucha gente de izquierda, progresista, todavía no domina este mecanismo. Y además, como los dueños de estas plataformas son favorables a sectores cercanos al gobierno, muchos utilizan algoritmos y otros dispositivos para diseminar fake news y todo tipo de mentiras. Esto tiene mucha fuerza porque hoy la gente se entera mucho más de las noticias y de los hechos por las redes digitales que por la prensa tradicional. Este es un primer factor. El segundo factor se relaciona con la movilización que hacen de la gente más pobre las iglesias evangélicas de perfil conservador. Y entonces hay gente que ha abdicado de su libertad para buscar la seguridad. Esa es la propuesta de la derecha mundial: que cada persona abdique de su libertad a cambio de su seguridad.

-Frente a esto último, y a la narrativa hegemónica que describe, ¿qué pasa con las voces de la izquierda?

Sobre esto nosotros, los que nos sentimos de izquierda, tenemos una cierta responsabilidad porque hemos abandonado el trabajo de base. Hemos abandonado el trabajo junto a la gente más pobre de este país. En los trece años que hemos estado en el gobierno no hemos incrementado ese trabajo de base, y este espacio ha sido ocupado por esas iglesias evangélicas y algunos sectores católicos fundamentalistas conservadores. Estas iglesias han avanzado muchísimo. Y esto también tiene que ver con un proyecto de la inteligencia de Estados Unidos desde los años ‘70. En dos conferencias que se realizaron en México ya decían la CIA y el Departamento de Estado que más peligroso que el marxismo en América Latina era la Teología de la Liberación y que entonces había que hacer toda una contraofensiva. Esta contraofensiva viene de la mano de la aparición de estas iglesias electrónicas que fueron exportadas para América Latina, África, Asia, y otros lugares.

La religión es el primer sistema de sentido inventado por el ser humano. No hay otro sentido más poderoso y globalizante que la religión. Por eso hay tantos que hoy buscan el dominio de ese sistema. Y nosotros, que somos progresistas de la Teología de la Liberación, hemos hecho aquí en Brasil un intenso y muy positivo trabajo de base entre los años ‘70 durante la dictadura militar y también durante los años '90, pero después han venido dos pontificados muy conservadores, los de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Fueron 34 años de desmovilización de esa iglesia de base, de esa iglesia de las comunidades eclesiales de base; fueron 34 años de perjuicio a la Teología de la Liberación. Todo eso abrió espacio a esta contraofensiva de la derecha evangélica.

-Sostiene que “no hay futuro para la humanidad fuera del socialismo”. ¿Cómo se construye el socialismo en esta coyuntura?

–No hay que esperar que se termine el capitalismo para construir el socialismo. Tenemos que construir un socialismo dentro del sistema capitalista, o sea, empezar iniciativas populares de economía solidaria, de compartir bienes, de fortalecer bases populares. Por ahí se va empezando, no hay otra forma. No podemos volver a la concepción leninista de asalto al Palacio de Invierno. Tenemos que denunciar al sistema capitalista pero crear alternativas efectivas a este sistema, en la medida de lo posible desde las bases populares. De esa manera creo que podemos llegar a quebrar este sistema a largo plazo, pero hay que tener iniciativa y presiones y fuerzas políticas. Es un trabajo a largo plazo, imprescindible, y no veo otra vía fuera de eso en la actual coyuntura.

-¿Qué ejemplos de estas iniciativas reivindica?

Hay muchas iniciativas de sectores populares en distintos lugares. En Brasil el Movimiento de los Sin Tierra tiene iniciativas que son típicamente socialistas. Recientemente, con la subida tremenda del precio del arroz en Brasil, el MST, que es un gran productor de arroz, no ha subido sus precios y tuvo una venta espantosa. Mucha gente pudo descubrir las ventajas de su agricultura familiar, donde los servicios y las ganancias son compartidos entre las familias asentadas o acampadas. Hay pequeñas iniciativas que tenemos que fortalecer, y buscar espacios en los gobiernos de nuevo, porque es muy importante e inmensa la posibilidad de trabajar desde el gobierno, como hemos hecho durante las presidencias de Lula y Dilma.

Lamentablemente no hemos aprovechado todas las posibilidades, y sobre todo, no hemos hecho un trabajo, para mí fundamental, que tiene que ver con la alfabetización política del pueblo. Habría que haber invertido mucho más en eso. Si tenemos otra oportunidad de volver al gobierno habrá que encarar ese trabajo, que es primordial. Si de un lado los trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores promovieron muchos avances sociales en Brasil -son los mejores de nuestra historia republicana-, por otro, no hemos trabajado la alfabetización política del pueblo, el fortalecimiento de los movimientos populares, y la democratización de los medios de comunicación.

-Hay quienes sostienen que hay que humanizar al capitalismo. ¿Es posible eso?

Es una idea totalmente contradictoria. Humanizar el capitalismo es lo mismo que quitarle los dientes al tigre, pensando que así se le va a quitar su agresividad; es una ingenuidad total querer humanizar el capitalismo. No hay posibilidad de eso; el capitalismo es intrínsecamente malo. Su propio mecanismo endógeno es un mecanismo necrófilo. Es un sistema que se alimenta del que trabaja, del que consume, del pobre. Es una cuestión aritmética: si no hay tanta riqueza no hay tanta pobreza; si no hay tanta pobreza no hay tanta riqueza. Es imposible humanizar el capitalismo; es una postulación muy ingenua y lamentablemente todavía hay gente que cree en este mito.

-¿Cómo se genera conciencia democrática? ¿Cómo trabajar la democratización de la sociedad en tiempos como los actuales?

Por medio de sistemas de comunicaciones -digitales, impresos, audiovisuales, etc.-, traduciendo a lenguaje popular muchos de los conceptos divulgados en los medios masivos. La gente sencilla muchas veces no comprende conceptos como los de deuda pública, inversiones extranjeras, oscilación de cambio, engranaje del mercado. Eso exige metodología –que Paulo Freire enseña– y equipos de educación popular.

-¿Imagina a Lula nuevamente presidente de Brasil?

Quizás tenga la oportunidad porque le están revisando sus juicios y condenas, colmadas de tantos prejuicios. Ojalá tenga la posibilidad de ser candidato de nuevo; es nuestra esperanza aquí.

-¿Imagina una iglesia católica menos conservadora, atenta en los hechos a las proclamas que defiende?

Como decía, la Iglesia Católica ha pasado 34 años de pontificados conservadores que han desmovilizado mucho todo ese trabajo popular de las comunidades eclesiales de base, la materia prima de la Teología de la Liberación. Esta no viene de la cabeza de teólogos, viene de las bases. Todo esto ha sido desmovilizado. Pueden ser tiempos distintos a partir de los cambios que propone el Papa Francisco, pero todavía la jerarquía intermedia entre las bases y la gente que tiene poder en la iglesia no ha sido totalmente cambiada. Aún tenemos una gran cantidad de obispos y curas que son muy conservadores y que no quieren comprometerse en las luchas populares, tienen miedo o están en búsqueda de su confort, de su comodidad, y no quieren ponerse en riesgo. Hay todo un trabajo para hacer, pero hay sectores de la iglesia católica y de América Latina muy comprometidos con esas luchas por la defensa de los derechos de los más pobres, de los derechos humanos; esto es muy fuerte en muchos sectores.

-¿Cómo piensa el futuro inmediato?

–Creo que en el futuro inmediato va a haber una exacerbación del individualismo. La pandemia ha exigido cortar las relaciones presenciales, entonces la gente va a estar cada vez más aislada, con menos oportunidades de vincularse con el otro y de juntarse en la calles, en los sindicatos, en los movimientos sociales, al menos hasta que una vacuna venga a sacarnos de esta situación. Y acá aparece de nuevo la importancia de saber manejar las redes digitales. Nosotros, la izquierda progresista, tenemos que aprender cada vez más a manejar estas redes y a cambiarlas, porque sabemos que muchas de ellas están ahí solamente para favorecer el consumo o mismo vinculadas a servicios de espionaje, de inteligencia, de control de la gente. Hay mucha lucha que hacer alrededor de esto porque es un factor que vino para quedarse. Es muchísima la gente que se informa a través de estas redes digitales. Tenemos que crear grupos con habilidad para dominar estas redes, desmentir las fake news y diseminar la verdad, los hechos reales. Esta es la única manera de poder hacer un trabajo virtual de educación política.

-¿Hay Teología de la Liberación hoy?

Sí, claro. La Teología de la Liberación ha abierto su abanico a otros temas que no son solamente las luchas sociales, también aborda el tema de la ecología, las cuestiones de la nanotecnología, la astrofísica, la cosmología, la bioética. El problema es que hemos perdido bastante las bases populares, que eran el sustento de la Teoría de la Liberación. Estas bases se han perdido por estos 34 años de pontificados conservadores. Nuestra tarea principal es volver a las bases, volver a las villas, volver a las favelas, a las periferias, volver a la gente pobre, a los oprimidos, a los excluidos, como los negros, los indígenas, los LGBT. Todos tenemos que estar en esta lucha; por ahí es que tenemos que caminar.

-¿Es optimista?

Yo tengo un principio: hay que guardar el pesimismo para días mejores. No podemos hacerle el juego a un sistema que lo que busca es que nos quedemos quietos, deprimidos, desanimados; hay que seguir luchando. La historia tiene muchas vueltas. He pasado por muchísimas cosas, algunas muy tremendas, otras positivas. La cárcel en la dictadura de Vargas, la fuerza de los movimientos populares, la elección de Lula, la elección de Dilma… Soy optimista, sí. No podemos considerar ningún momento histórico como definitivo.

Extractado de: https://www.pagina12.com.ar/298534-...

Nota enviada por Sergio Medina Viveros: https://sergiomedinaviveros.blogspot.com

Tomado de: https://kaosenlared.net/brasil-frei...

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Cómo protestar contra las medidas restrictivas sin que te llamen negacionista

10 November, 2020 - 00:00

El movimiento por la vivienda de Catalunya ha articulado el primer discurso contra las medidas restrictivas capaz de aglutinar malestar social y responder colectivamente a él con la mascarilla puesta, culminando unas protestas callejeras que empezaron en Bilbao convocadas por la ultraderecha y que se replicaron en todo el Estado.

Gessamí Forner

“El movimiento por la vivienda puede albergar a todo hijo de vecino. Y desde la necesidad material, que es la raíz y el catalizador del problema, podemos alcanzar su complejidad”, resume Eulàlia Castelló, miembro del colectivo de apoyo a la Casa Buenos Aires de Barcelona, desahuciada la pasada semana a petición de la congregación religiosa Pares Pauls, y cuya respuesta social fue una multitudinaria protesta.

En el centro de Barcelona, en las escalinatas de su imponente catedral, el movimiento por la vivienda de la ciudad leyó un breve pero contundente comunicado: “Nos imponen medidas restrictivas que vulneran los derechos civiles más básicos, nos encierran en casa, nos aíslan de nuestras redes comunitarias y derrumban nuestra salud emocional. Si Barcelona es la zona de guerra contra los pobres, lucharemos por la paz justa que merecemos. Una paz sin desahucios, sin control policial, sin miedo, sin dejar a nadie atrás”.

Fue la primera manifestación multitudinaria —alrededor de 4.000 personas, según el recuento de La Directa— y la primera que armó un discurso contra las medidas restrictivas desde la izquierda. Izquierda sin negacionismo, izquierda con conciencia de clase y mascarillas.

La manifestación de Barcelona fue el toque final a unas protestas que arrancaron tres noches antes en Bilbao y que se replicaron por todo el Estado: jóvenes alentados por redes sociales de la ultraderecha prendieron fuego a 25 contenedores en la plaza Indautxu del pudiente barrio del Ensanche, a dos pasos de la comisaría de la Policía Nacional. Hubo seis jóvenes detenidos, varios con antecedentes: violencia de género, tráfico de drogas, multas por saltarse el confinamiento y por no llevar mascarilla, confirmó la Ertzaintza.

Días antes de la manifestación del movimiento por la vivienda, la CUP había convocada otra, con el lema Capital o vida, para protestar contra el toque de queda y otras medidas restrictivas impuestas por la Generalitat. Pero a la movilización de la CUP se añadieron negacionistas. Los primeros coreaban eslóganes anticapitalistas, los segundos veneraban la libertad.

“El momento que vivimos está lleno de contradicciones”, resume Mikel Álvarez, que participa en Bilbao en el movimiento juvenil Eragin y también en el sindicato LAB. “Creo que la izquierda tiene un doble papel: tiene que hacer un ejercicio de responsabilidad ante la opinión pública y dejar claro que las medidas de distanciamiento y disciplina colectiva deben ser cumplidas, porque si no el virus se propaga por todos los sitios. Pero también debe canalizar esa rabia conectando con una parte de la sociedad que, en muchos casos, es la que peor lo está pasando, al ser los colectivos más vulnerables y los más sacrificados como consecuencia de esta crisis”.

En el País Vasco, la representación del movimiento por la vivienda es casi anecdótica, y reciente, pero el sindicalismo laboral tiene un amplio recorrido e incidencia. Y en la tarde de ayer, horas antes de que el Gobierno vasco decretara el cierre de la restauración durante todo el mes de noviembre, el sindicato LAB apoyó las movilizaciones convocadas por la hostelería para este sábado en Bilbao, Donostia, Gasteiz e Iruña. Un sindicato de izquierdas apoyando a patronales. “Con el compromiso de trabajos dignos”, añadían fuentes de la organización.

¿Por qué un sindicato de izquierdas se fija en la hostelería? ¿Qué podrían tener en común el trabajador de una taberna de Zarautz y una mujer desahuciada en Barcelona? La quiebra económica que ha traído la pandemia. Catalunya y Navarra van por la tercera semana del cierre de la restauración, País Vasco empezará mañana. Y la clase popular. No todos los restaurantes tienen una estrella Michelin ni los ha puesto papá. Están repletos de autónomos y precarios, negocios familiares y alguna cooperativa, aparte de esconder una economía sumergida del tamaño de un iceberg (13.000 establecimientos; 62.000 empleos oficiales).

O estás tú o está la ultraderecha

“El enfado callejero no articulado se lo va a llevar la ultraderecha”, resume la politóloga vasca Jule Goikoetxea. “En una situación polarizada, hay que articular la rabia para que sea efectiva y solucione las necesidades urgentes de la vida de quien menos tiene. Y ese discurso hay que articularlo desde los barrios y con la gente”.

Pero para hacer frente a las necesidades de la vida, “la ultraderecha tiene más dinero”, indica Goikoetxea. “¿Hay chavales quemando cosas? Dentro de nada los financiará la ultraderecha, es decir, la élite. Como pasa en Alemania y en casi todos los sitios. El problema de la izquierda es que no tenemos recursos ni para solventar las demandas más urgentes de la gente”. Pero, ¿y si los recursos se toman?

“No sé si los jóvenes que queman contenedores son más proclives a la derecha o si lo son con quienes les ofrecen más seguridad”, añade al respecto Eulàlia Castelló desde Barcelona. “A través de discursos demagógicos y populistas, quien da seguridad es la derecha, aunque no lo consigan en la práctica”. El movimiento por la vivienda ha logrado ofrecerla, dando una vuelta de tuerca casi imposible: renombrar el significado de familia.

“Hemos transformado el concepto entendiéndolo como comunidad que defiende tu casa en la puerta. Que sabemos que cuando nos necesitamos, nos tenemos. El concepto de familia es clave para romper ese espejismo de la derecha que estará por ti, cuando en realidad quien está contigo, cada día, cuando las instituciones fallan porque están desbordadas, son los movimientos de vivienda y las redes de apoyo que abastecen alimentos”, concluye Castelló.

Las redes de apoyo mutuo de Barcelona atendieron a miles de personas en el peor momento del confinamiento domiciliario, algunas incluso derivadas por Servicios Sociales.

En Catalunya, recuerda además Castelló, el movimiento por la vivienda es una organización robusta, que bebe de la tradición de lucha más reciente y del movimiento okupa de los 90. Es en Barcelona donde, en 2009, nació la Plataforma de Afectades per la Hipoteca (PAH), y es en Catalunya donde, el pasado año, el congreso del movimiento por la vivienda, pensando en clave organizativa, “pasó a ser menos movimiento y más organización”. Fruto de ello es la aprobación de la ley catalana de regulación de los alquileres del pasado mes de septiembre, y el empuje para conseguir que el Gobierno español decrete la paralización de los desahucios en este estado de alarma.

Para el experto en redes sociales y ultraderecha, Julián Macías, el dinero también es la clave de todo. “Todos los grupos negacionistas y su difusión tienen su origen en la extrema derecha, aunque su desarrollo sea más transversal. Es una guerra mediática con ingeniería comunicativa. Tienen una estructura gigante que llevan años construyendo a través de entramados de fundaciones bien alimentadas de fondos económicos de las élites, que tienen la capacidad de sacarse de la chistera un día a Ciudadanos; al siguiente, a Vox”.

Las fundaciones de ultraderecha tienen la capacidad de incidir en la pulsión social, política y económica que deseaban Jose María Aznar y Esperanza Aguirre, a través de los medios del siglo XXI y con el dinero de la élite, sostiene el investigador de redes Julián Macías. Mientras que la izquierda camina a tientas con instrumentos del siglo XX en pleno siglo XXI y con los bolsillos agujereados, añade la politóloga Jule Goikoetxea.

Los veinte vecinos desahuciados de la Casa Buenos Aires de Barcelona son originarios del barrio. “Marcharon previamente a pueblos de alrededor porque no podían permitirse quedarse en la ciudad”, explica Castelló. Una ciudad dopada de fondos buitre les expulsó y un movimiento preñado de apoyo mutuo les devolvió al barrio. Ahora transitan en alternativas habitacionales entre familiares de sangre, amigos y vecinos, una comunidad que está tramando cómo conseguir, una vez más, una solución material para un problema urgente, como es la vivienda, y que clama contra medidas restrictivas que empobrecen aún más a las clases populares.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/crisi...

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Pasolini: Hacer del mundo lumbre (y II)

10 November, 2020 - 00:00

No es la historia la que hace que los hombres del pasado sean grandes y memorables, sino los hombres grandes y memorables los que impiden a la historia que ésta los olvide y, en cierto modo, es por ellos que vive. En esta segunda publicación, Mario Colleoni repasa las ideas que movieron el pensamiento de Pasolini hacia un territorio incómodo para el poder. Declara que la aculturización, con la sociedad de consumo, había logrado lo que el fascismo no pudo conseguir: la desaparición de alternativas. El neocapitalismo ha hecho tan bien su trabajo que ahora estamos obligados a sentir vergüenza de nosotros mismos si no damos antes las gracias por ser esclavos. En segundo lugar decide echarse el mundo a los hombros y se vierte apasionadamente al destape de la corrupción política apuntando a lo más alto (“Yo sé los nombres”). Estaba firmando su sentencia de muerte que tuvo un claro móvil político aunque se le atribuyera el móvil sexual mucho más agradable para el páncreas.

Mario Colleoni

Parte III

Una sucesión de imágenes de la revolución cubana y una voz que rompe el Adagio de Albinoni: “La victoria costará sudor. Los enemigos serán nuestros propios hermanos. La victoria costará terror. Los hermanos se enfrentarán a los antiguos terrores. La victoria costará injusticia. Los hermanos inocentes mostrarán su ferocidad”. En La Rabbia (1963) Pasolini nos alertaba de dos cosas: la guerra sólo llama a la guerra y la “victoria” no conduce jamás a la paz de las naciones ni al perdón entre los pueblos. Usaba este tipo de documentales para lanzar soterrados mensajes de salvación, y también para más cosas. En Comizi d'amore (1965) quiso conocer cómo era la sexualidad en Italia y se lanzó a la calle, preguntando de viva voz, cara a cara, qué opinión tenía la gente sobre sus costumbres en pareja, la moralidad o el pudor; Le mura di Sana'a (1971) fue concebido como un simbólico SOS dirigido a la UNESCO y se convirtió en una advertencia explícita de la degradación paisajística de la entonces capital de Yemen del Norte; y en La forma della città (1974), en cambio, con todo el dolor premonitorio de la muerte, pronunció el que sería su último gran vaticinio.

Algo arrastraba en su interior para que en estos tres documentales pueda percibirse un miedo, una amenaza, un sentimiento de angustia que es el mismo: el esqueleto de la civilización informática, o en dos palabras, el futuro tecnológico. En La forma della città Pasolini escoge dos lugares: Orte (una ciudad del Lacio entre Terni y Viterbo que el poeta reverencia por su panorámica perfectamente antigua y su pasado arcaico) y Sabaudia (una ciudad costera a medio camino entre Roma y Nápoles, construida por el régimen fascista, donde reconoce indicios de una futura e inminente degradación planetaria). En ésta última, vemos a Pasolini remontar las dunas de la playa y contemplar el horizonte. Se detiene y observa, y de pronto, repentinamente, dos ideas lo paralizan. Con un viento de justicia que deja en evidencia una impertinente calvicie, explica que a pesar de haber sido creada por el fascismo, Sabaudia nada tiene de fascista; que la vida allí continúa sin un atisbo de remordimiento y que ni tan siquiera un grupo de criminales al poder ha podido hacer desaparecer esa realidad “particular” de Italia. Sin embargo, también es el signo inequívoco de algo más importante: la falsa democracia. Entonces, con los nervios visiblemente inquietos y temblorosos, casi tartamudeando, proclama que la aculturización ha logrado lo que el fascismo no pudo conseguir: la homologación de una sociedad de consumo que hace desaparecer las diferentes realidades “particulares” (periféricas, alternativas, existentes). “El verdadero fascismo es esta sociedad de consumo que está destruyendo Italia”. Y concluye: “Mirando a nuestro alrededor, tenemos la sensación de que no tenemos nada que hacer”.

Pero hay que volver a un momento clave, el epicentro del revés existencial que sufre su vida entonces. A inicios de 1970 Pasolini, que regenta en la revista Tempo una columna quincenal llamada “El Caos”, es censurado al enviar un artículo sobre la reforma de la Ley Penal en el que aparece mencionado Giuseppe Saragat (presidente de la República) y diversos cargos relevantes de la magistratura de Roma. Este viraje, deliberadamente político, lo sume aún más en sus propios fantasmas: Pasolini se convierte, ya de forma definitiva, en un intelectual declaradamente incómodo y hostil al Poder. No por casualidad los títulos que escoge para los poemas de Transhumanar y organizar (1971) son los que son: palabras como “epílogo”, “testamento” o “tradición” encabezan ahora el lugar simbólico de una poesía —el arte inconsumible— de la resistencia. Por eso, en la distancia del tiempo, sigue sorprendiendo el fichaje del Corriere della Sera en 1973. ¿Se trataba de un gesto democrático en defensa de la libertad de expresión por parte del rotativo? ¿O era una enmienda ante el agravio de la censura? Que cada cual se aventure a dar una respuesta.

Desde aquí hasta el final, su vida hiede a azufre y su obra al completo parece un presagio de muerte. Adopta posiciones extremas, se radicaliza, se vuelve sumamente agudo, incisivo, y practica un recogimiento físico y espiritual que lo aleja de todo mientras de todo más próximo se siente. Es el período natalicio del Pasolini corsario, el Pasolini luterano, el tránsito del Pasolini herético al Pasolini artificiero de bombas atómicas. Y también el de los escalofriantes atentados civiles en aquellos famosos y fatídicos “años de plomo”, cuando grupos armados de ultraderecha (Ordine Nuovo) y extrema izquierda (Brigate Rosse), libraron una batalla sanguinaria a fuego cruzado en la que también acabó involucrándose la mafia napolitana (Camorra), la siciliana (Cosa Nostra) y la calabresa (‘Ndrangheta).

Aunque sea copioso, es necesario recordar algunos: Piazza Fontana (Milán, 12 diciembre 1969: 17 muertos, 88 heridos), Piazza della Loggia (Brescia, 28 mayo 1974: 8 muertos, 102 heridos) o el del Italicus (Bolonia, 4 agosto 1974: 12 muertos, 48 heridos). Se pensaba que la del 23 de diciembre de 1984 sería la última tragedia tras quince años de terror, pero a esta explosión de un tren que causó la muerte de 16 personas y 200 heridos, le siguió otra en mitad de una autovía a la altura de Capaci (Palermo) el 23 de mayo de 1992 (5 muertos, entre ellos el juez Giovanni Falcone, y 23 heridos) y otro coche bomba la noche del 26 de mayo de 1993, que acabó saltando por los aires en Via dei Georgofili, a cinco metros de los Uffizi, en el corazón de Florencia, dejando 5 muertos (entre ellos otro notabilísimo juez antimafia, Paolo Borsellino) y 48 heridos. Por decirlo de algún modo, Italia entera creía que el pánico no cesaría nunca.

En el vientre de aquellos años era fácil presenciar asesinatos en la calle a punta de pistola, generalmente asaltos a bocajarro, abordajes en moto a plena luz del día sobre coches en movimiento o auténticas masacres, verdaderamente espeluznantes, como la del 2 de agosto de 1980 en la estación de Bolonia (85 muertos, 200 heridos) o el secuestro de Aldo Moro el 16 de marzo de 1978 en Via Fani (Roma), que acabó con la vida de 5 personas y, finalmente, también con la del Primer Ministro, hallado en el maletero de un coche 55 días después, cosido a balazos. Moro, curiosamente, era uno de los pocos democristianos a los que Pasolini profesó un cierto reconocimiento. El tiempo también le dio la razón aquí: temido por los que preferían el terror y la sangre a las palabras, Aldo Moro fue eliminado porque representaba el intento de concordia entre Democracia Cristiana y el PCI, algo insólitamente inadmisible para el Poder. Mientras en España firmábamos nuestra Carta Magna, la historia de Italia se recrudecía aún más con el asesinato de su primer ministro. Pero esa es otra historia.

Pasolini atraviesa entonces un período de su vida en que todo le parece una expresión del Poder, un Poder cuyo afán despiadado de homologación busca estandarizar los usos y corromper las costumbres en beneficio propio. El poeta se levanta “en armas” y arroja su voz al caldero de la actualidad. Decide echarse el mundo a los hombros y se vierte apasionadamente (más por desesperación que por entusiasmo) al destape de la corrupción política. Son los años del Calderón (1973), una de las seis tragedias escritas durante aquella convalecencia, los prolegómenos de Salò o los 120 días de Sodoma (1975) y, sobre todo, el inicio de la redacción de un libro que no podrá terminar, Petróleo (1992). Sus intervenciones en prensa se vuelven provocativas, no tiene miedo de nada ni de nadie, y comienza a lanzar advertencias de forma arriesgada, como aquel artículo que debería pasar a los anales de la grandeza y el suicidio: “Io so i nomi” (Corriere della Sera, 14 noviembre 1974): “Yo sé los nombres. Yo sé los nombres de los responsables de lo que se conoce como golpe (y que en realidad se trata de una serie de golpes constituidos sistemáticamente para proteger al poder). Yo sé los nombres de los responsables de la matanza de Milán del 12 de diciembre de 1969. Yo sé los nombres de los responsables de las matanzas de Brescia y Bolonia en los primeros meses de 1974. […] Yo sé los nombres de las personas serias e importantes que están detrás de los trágicos muchachos que han escogido las suicidas atrocidades fascistas y de los malhechores comunes, sicilianos o no, que se han puesto a disposición como asesinos o sicarios. Yo sé todos estos nombres y conozco todos los hechos (atentados a las instituciones y matanzas) de los que son culpables. Lo sé. Pero no tengo pruebas. Ni tan siquiera indicios. Lo sé porque soy un intelectual, un escritor que intenta estar al corriente de todo lo que sucede, conocer todo lo que se escribe, de imaginar todo lo que no se sabe o se calla; que conecta hechos lejanos, que une fragmentos desorganizados y fragmentarios de un entero cuadro político, que restablece la lógica allí donde parece reinar la arbitrariedad, la locura y el misterio. Todo ello forma parte de mi oficio y del instinto de mi oficio”.

En junio de 1975, tras unas elecciones regionales que situaban al PCI como segunda fuerza política (más de diez millones de votantes), Italia comienza a convulsionarse de forma violenta. A finales de septiembre una noticia sacude los telediarios: en el maletero de un coche aparecen dos mujeres, una asesinada y otra con vida. Violadas y vejadas durante tres días en una villa de lujo a las afueras de Roma a manos de tres jóvenes ricos neofascistas, el cadáver de Rosario López y, sobre todo, el rostro de Donatella Colasanti, encharcado de sangre, esbozando una sonrisa siniestra (pues acababa de salvar su vida al fingir su muerte), fueron el sedimento vivo del comienzo de un mundo y el fin de otro. Usando el argumento de Accattone, que en aquellos mismos días se proyectaba por primera vez en la televisión pública, Pasolini predijo que aquello no era un simple asesinato entre ricos y pobres (como así lo creyó la opinión pública y muchos intelectuales), sino el síntoma de que tanto el proletariado como la burguesía habían perdido la capacidad moral de saber distinguir entre el bien y el mal. Era —y son sus palabras— “el fin de la piedad”. La ola de escepticismo y estupefacción que provocó esta teoría salpicó a alguno de sus amigos más próximos, como Italo Calvino o el mismo Alberto Moravia, que incluso llegaron a pronunciarse abiertamente en prensa contra él. Después vino la propuesta, no menos escandalosa, no menos revolucionaria, de acabar con la incipiente criminalidad: abolir la televisión y suspender la enseñanza obligatoria. En mitad de todo ello, de fondo, los preparativos para el estreno de Salò (previsto para el 22 de noviembre en París; se temía que Italia vetara la película, como así sucedió en 1976, en su segundo estreno póstumo) y lo que probablemente desencadenó la tragedia que estaba por llegar: Petróleo. Allá al final, como apoyada sobre sus codos en la barra de algún bar, la muerte.

Sobre su asesinato han corrido ríos de tinta, y no es precisamente una metáfora. Es imposible glosar todas las hipótesis que se han vertido en reportajes de prensa, libros o documentales. El cine tampoco fue una excepción. Desde Pasolini, un delitto italiano (1995) de Marco Tullio Giordana, tal vez la mejor de todas las películas, hasta el documental de Laura Betti, Pier Paolo Pasolini e la ragione di un sogno (2001), el homenaje más hermoso y tal vez el más emocionante por cuanto tiene de personal, íntimo y desinteresado, pasando por versiones tan indigestas como el bodrio esteticista que Abel Ferrara ensayó en Pasolini (2014) o la más reciente, La Macchinazione (2016), una no tan mala película basada en un libro donde el propio director de la película, David Grieco, demostraba que tras el asesinato se escondía un movimiento político de ajedrez diseñado por el Poder. Entre todas, una que pasó inadvertida y que aún hoy no goza de un digno —más bien valiente— distribuidor que la difunda: Pasolini. La verità nascosta (2013), de Federico Bruno. Un largometraje que, libre de retórica, reconstruye el último día de su vida sin elementos espurios y a la manera neorrealista, con actores no profesionales, encarnando así el ideal cinematográfico del propio Pier Paolo y que, a la vez, ofrece una voz hermosa y disonante que, sin embargo, dado el atrevimiento de señalar sin remilgos a los hipotéticos autores materiales de la tragedia, se vio abocada naturalmente al fracaso comercial. El MSI italiano, los servicios de inteligencia, algunas instancias del Vaticano e incluso amigos íntimos se ven salpicados en esta bella película que lamentablemente no logró reabrir el caso.

Al móvil político del asesinato, de difícil digestión, se opuso el sexual, mucho más agradable para el páncreas. Hay quien creyó que Pino Pelosi (evidente chivo expiatorio de algo mucho mayor que lo trascendía) fue capaz de cometer él solo semejante atrocidad. Hay quien sostuvo, sin embargo, que aquel crimen fue un simple ajuste de cuentas con la mafia napolitana, y hay quien opina que todo fue cierto al mismo tiempo que una burda falacia para hacernos creer lo contrario. El caso se ha hecho tan correoso que la opinión pública se ha desentendido. Y en cierto modo resulta lógico, pues llevan cuarenta años escuchando la misma cantinela: los rumores de uno, las sospechas de otro, Pino Pelosi cambió la versión de los hechos en un programa de la televisión pública, la prensa que se revela inútil e inoperante, y después los intereses políticos de quienes probablemente lo asesinaron y ahora estén organizando algunas jornadas de estudio en su nombre. Sólo unos pocos lo saben, muchos lo sospechamos, ninguno lo reconoce y, por extraño que parezca, todos sus “amigos” han callado. Sólo queda saber si la verdad, abandonada ahora en algún pasillo de los almacenes del Palacio de Justicia de aquella “ciudad de Dios”, arrinconada desde hace 43 años en una caja de cartón con todas las pruebas del homicidio, será desvelada algún día. Si es cierto lo que decía el poeta, que “el amor por la verdad acaba destruyéndolo todo, porque no hay nada verdadero”, entonces todos nosotros somos viles cómplices de un crimen que sólo la piedad podrá rendir humano bajo la luz de un llanto sincero.

Parte IV

No es la historia la que hace que los hombres del pasado sean grandes y memorables, sino los hombres grandes y memorables los que impiden a la historia que ésta los olvide y, en cierto modo, es por ellos que vive. A pesar de todo, el mundo es un trasiego de promesas incumplidas en el que rara vez hallamos satisfacción. Y aunque todavía contamos con un puñado de libros con los que desmontar este engrudo existencial al que generalmente llamamos “vida” sin avergonzarnos, los muertos, algunos de los cuales en su día no prestamos atención por desdén, prejuicio, remordimiento o triste envidia, hoy se elevan por encima de la historia y del tiempo como torres medievales postradas (así los muertos como algunos vivos) en mitad de un páramo desierto, ajadas pero majestuosas. Nosotros, autores materiales de un crimen con nombre de inocencia, seguimos oyendo sin escuchar. Pasolini es —sin el tal vez— uno de esos muertos. Por eso era necesario hablar sobre su permanencia en el presente, su legado, su vigencia, sus últimas palabras, porque en ellas anida el rayo insaciable del futuro y la lúcida promesa de la desesperanza. Ahí está todo. Un testamento reptiliano que podría resumirse de muchas formas, pero sobre todo a través de dos obras: Salò y Petróleo.

De la primera, entendida como el ensayo escatológico —el último— de un ser humano desesperado por hacerle comprender a los suyos cómo es la auténtica realidad en que viven, brota una rabia desaforada e incontrolable. La crítica lo acusó de provocación porque lo consideraba un ejercicio abominable (él se encargó de subrayar en las últimas entrevistas el derecho al escándalo y a ser escandalizado), sin embargo el tono de la película asumió desde el principio su carácter contradictorio. Si antes era la piedad y la compasión el eje gravitacional de toda su obra, ahora es el consabido remordimiento de que ya nada puede cambiar lo que impregna su entera visión de la vida. Este sentimiento no menos irascible provoca naturalmente lo que vemos en Salò, una galería de la indignidad y el horror humanos, la completa ausencia de historia, el desarraigo y la carencia identitaria de no saber ya quienes somos ni a quién nos dirigimos. Petróleo, por otro lado, es la interpretación literaria del mismo sentimiento, es decir, el grito desgarrado (a conciencia) fruto del ansia por querer desvelar la corrupción en el mundo partiendo de Italia.

El origen de la ardua investigación que Pasolini llevó a cabo sobre la industria petrolera comenzó con el hallazgo de un texto llamado “La mia patria si chiama multinazionale” (Mi patria se llama multinacional), un discurso pronunciado en 1972 en la Academia Militar de Módena por un tal Eugenio Cefis, un empresario friulano de éxito —de la misma edad que Pasolini— que entonces presidía la compañía Montedison, un lobby financiero tentacular y monstruoso que se encargaba de varias industrias como la química, la farmacéutica, la metalúrgica o la energética, y que al parecer también estuvo detrás de la muerte de Enrico Mattei (presidente del ENI, Corporación Nacional de Hidrocarburos) y del asesinato, en misteriosas circunstancias, del periodista Mauro di Mauro, que por entonces indagaba sobre el fallecimiento de aquel. Todo era de película. En una entrevista no muy lejana, David Grieco zanjaba el asunto de Petróleo afirmando que fue el descubrimiento por parte de Pasolini de la logia masónica Propaganda Due (P2), una oscura organización granada por un sinfín de personalidades influyentes del mundo ejecutivo y empresarial, entre ellas el propio Cefis (auspiciado éste por Licio Gelli, un camisa negra de Mussolini a la vez que militante de Falange Española y defensor del proyecto franquista), y que fue el centro de la diana política en la Italia de los “años de plomo”. Aunque siempre ha arrastrado el estigma criminal de la sospecha, la logia se disolvió a comienzos de los años ochenta; sin embargo, el caso sigue hoy sin resolver. Pasolini, de nuevo, volvió a adelantarse a todos.

Por eso… ¿qué pasaría ahora si dijera que fue su narcisismo el que comenzó a cavar su tumba? Porque alguien que quiere desvelar algo trascendente, a sabiendas del riesgo que eso entraña, sobre todo si hablamos, como es el caso, del negocio más especulativo y lucrativo del mundo, y además jactándose de ello, no puede ser tomado más que por un suicida. En este sentido, aceptaría de buen grado que me llamaran loco si dijese que para desmontar el negocio del petróleo, Pasolini hubiera podido sortear el asesinato cuarenta y tres años atrás si hubiera actuado en silencio y sin aspavientos mediáticos. Pero esto sólo es una suposición. Los hechos, en cambio, no necesitan retórica.

Mirad un segundo a vuestro alrededor y deteneos un momento. Observad con atención, pero no lo hagáis por mí, sino por Simone Weil, que decía que “Amar es estar atento”. Decidme. ¿Qué es lo que veis? Yo veo una masa humilde y superviviente que busca la felicidad con miedo hacia el futuro porque ha perdido su pasado. Una masa que consume sin saber por qué consume y además se siente feliz haciéndolo. Una masa informe de personas que desconoce sus verdaderas necesidades. Una masa indefinida —pero muy determinada— con la que hacer grandes sumas de dinero a través de la manipulación televisiva. Masa. También veo una sociedad complacida y complaciente con todo lo que se le ofrece en el escaparate único del presente. Una sociedad acomplejada por la dictadura de la cosmética y unos cánones estéticos de dimensiones industriales, frustrada por la irrepresentabilidad, la impasividad y la impotencia ante el hecho político. Una sociedad encandilada por su propia idiotización. Sociedad. Y también un mundo donde ya no importa la verdad, sino vender sensaciones, experiencias y viajes a lugares que nunca nadie decide conocer por voluntad —o necesidad— propia. Un mundo que busca globalizarlo todo para que no nos sintamos extraños fuera de casa, cuando en realidad lo que está consiguiendo es el efecto contrario: no sentirnos parte de nada. Un mundo —el industrial— que lo uniformiza todo y que sólo persigue absorber hasta la última moneda de una clase social desarraigada y sin raíces. Mundo. ¿No lo veis? Pasolini lo predijo todo hace medio siglo y nosotros, bueno, nosotros seguimos con la casa sin barrer.

Yo sé, porque también lo veo y lo vivo, que para muchos la máxima preocupación en la vida pasa por garantizar el “bienestar” de su familia, proteger a los suyos o pagar sus facturas. De algún modo tendremos que vivir aunque tampoco hayamos elegido hacerlo. Yo, que soy un energúmeno, siento que hemos perdido el sentido de la vida en algún oscuro recoveco de este sistema alienante y productivo en el que confundimos “desarrollo” con “progreso” y donde todo parece tejido de “eufemismos” y nunca de “significados”. De las 8.760 horas que tiene un año, invertimos más de 2.000 en trabajar: 125.000 minutos —parecen pocos— en los que una mayoría elige estar supeditada (en el mejor de los casos) a un “oficio” que merma en potencia su libertad. Y todo eso suponiendo, también en su mejor versión, que tenemos la “fortuna” de tener un trabajo a jornada completa, que a este lado menesteroso del planeta corresponde a 40 horas semanales, las mismas que deberíamos destinar al sueño. El neocapitalismo ha hecho tan bien su trabajo que ahora estamos obligados a sentir vergüenza de nosotros mismos si no damos antes las gracias por ser esclavos. Hemos perdido el centro de gravedad de nuestra naturaleza, las raíces, lo que hace que pertenezcamos a una familia y no a otra, lo que hace que seamos nosotros y no otros, o viceversa, y lo que al fin y al cabo es lo que nos diferencia del resto, que no es más que la “realidad particular” de la que hablaba Pasolini. El feminismo actual, con sus mil testuces, no ayuda a lo contrario, pues no hemos perdido la fuerza para luchar, sino la dirección común a la que deberíamos dirigirnos. Tal vez hay que decirlo con furia: mientras exista la globalización —y aquí la palabra esperanza sólo es un producto de marketing— no podrá existir la vida, pues todo acaba siendo un simulacro como el que vemos en el escaparate de unos grandes almacenes, en una revista de tendencias, en un restaurante hipster o en un anuncio publicitario de moda. Vida sin ser vida, sin ser nada. Y de ello vivimos, creyendo vivir. Pero la vida no es un titular de prensa, ni un escándalo político, ni una mujer sexualizada en la página de una revista, ni un modelo semidesnudo que anuncia un perfume tumbado en una cama redonda, ni tampoco un café en cuya espuma se ensaya un corazón estúpido. Hay que decirlo todavía una vez más: como la verdad o la belleza, la vida está más lejos y más cerca, porque con ella no podemos jugar a maquillarnos la cara, ponernos unas plataformas de diez centímetros para sortear nuestra estatura o posponer el ejercicio de la cordura para el año que viene (un año de dietas disciplinarias que generalmente nunca cumplimos). Mientras que el ejercicio de vivir sólo tiene un tiempo, y éste es ahora, tenemos la sensación de que todo puede ser pospuesto. Por eso yo digo: o paramos esta máquina productiva de la indecencia humana o la única prima de riesgo que no llegará a los telediarios será nuestra extinción sobre la tierra (a la que por cierto estaría encantado de asistir en primera fila sólo por ver arder a los míos, y yo con ellos, en irrepetible hermandad, siendo pasto de las cenizas y de esa segunda verdad del mundo que yo llamo muerte). “Aquí, o se construye Italia o se muere”, dice la tradición que decía Garibaldi. Tal vez haya llegado la hora de hacerse cargo del mundo (al estilo del Fuenteovejuna de Lope).

En una conversación que he tenido con él estos días, Enrique Irazoqui, el actor que encarnaba a Cristo en Il Vangelo secondo Matteo (1964), me explicaba cómo era la vida de Pier Paolo fuera del round mediático de las cámaras, los sinsabores tras su asesinato y las traiciones de las que fue víctima aun después de muerto. Recuerda aquel tiempo en que un grupo de amigos se reunían para buscar la verdad, un tiempo en el que se hacía una película sobre Jesucristo porque era la belleza absoluta, o un tiempo en que se luchaba por el bien absoluto contra el mal absoluto. Esos tiempos no volverán, pero fueron hermosos. Le pregunté entonces por algo que recordara de Pier Paolo, algo inherente a su personalidad, incontrolable, honesto, una constante vital. Su respuesta fue sencilla, hermosísima: “La intensidad”. Y yo me pregunto si los míos reconocen hoy el entusiasmo en las personas anónimas con las que se cruzan día tras día. Quién, dónde, cuándo. Querría saberlo. Vivimos en un estado neurótico sin tiempo para casi nada, sin tiempo para escuchar a quien nos habla, sin tiempo para responder a quien nos pregunta, sin tiempo para corresponder a quien nos ama. Por eso, si me preguntaran qué es el punk, diría que hoy la revolución es detenerse, el régimen pausado de la vida, escuchar Radio Clásica, leer las cartelas de los museos, pensar dos segundos antes de responder, paladear la mirada del otro o sencillamente decir NO ante tanta oferta, tanto producto, tanta opinión y tanta palabrería.

A lo mejor el mundo comenzó a declinar desde el momento en que una persona dijo estar emocionada sin apenas una lágrima en su rostro. Pero yo no quiero ni pretendo instrumentalizar nada ni a nadie; lo que estoy diciendo, por activa y por pasiva, es que si las palabras tienen algún significado, es el movimiento del alma que las impulsa, y no la boca que las pronuncia, lo que da sentido no sólo a las palabras, sino también al género humano. Pasolini luchó denodadamente contra esto, insistiendo hasta la exasperación, arriesgando su propia vida frente a un enemigo gigantesco que no tenía cara pero sí presencia. Tal vez aquí la imagen de un David contra Goliath no sería ningún eufemismo, pero como la resistencia nunca fue rentable en términos económicos, nosotros seguimos sordos de información.

Mientras, Finlandia, Alemania, Dinamarca, Francia, Suecia, Grecia, Hungría, Croacia, Letonia, Lituania, Polonia, Italia y España se arrellanan en un mapa de Europa que hoy hiede a ultraderecha. Todos, alarmados, nos preguntamos qué está pasando, qué sucede en el mundo, en qué piensa toda esa gente que concibe, contempla y acoge un mensaje excluyente, racista y disuasorio para garantizar el bienestar en Occidente. Puede que las emociones mal canalizadas sean el motivo por el que las clases medias han acunado esta especie de “extremismo moderado” (lo de moderado lo digo por entrar en los parlamentos y no como los ejércitos cristianos en Constantinopla en 1204). Puede que las blandas izquierdas, de frente a una realidad predatoria, estén obligadas a reinventarse o extinguirse, o que sean directamente responsables de la participación negativa, la abstención o la indiferencia supina de la gente hacia el voto; o puede que también hayan pecado de acríticas, de lastimeras o de vergüenza ajena. Pasolini, que vio cómo una horda infernal de fauces de fuego se aproximaba al umbral de lo humano, le asignó un nombre (lo diré, una vez más, como lo enunciaría William Blake): Consumismo, reconociendo en ello la mutación política y antropológica —Marx la llamó “genocidio” con una lucidez aplastante por dolorosa— que hizo posible que el fascismo cediera el testigo de su desdicha a un vástago mucho más temible que resultó ser su padre, la falsa democracia, o su mejor lubricante, de nuevo el Consumismo. Parecía inconcebible que pudiera pasar, pero algunas profecías tienen nombre propio.

Volviendo al hombre, porque a estas alturas insistir en el profeta sería redundante, hay que recordar que Pasolini, aun siendo aprendiz, siempre fue maestro. Tuvo la audacia (o crueldad) de poner en pantalla a sus amigos, su madre o sus amantes. Así, no veremos muchas más veces actuar en una misma película —Il Vangelo secondo Matteo— a Susanna Colussi, Ninetto Davoli, Natalia Ginzburg, Giorgio Agamben, Rodolfo Wilcock o Enzo Siciliano (que después, por cierto, se convertiría en su biógrafo). Había lugar para todos en la vida de Pier Paolo, incluso para un jovencísimo Bernardo Bertolucci como ayudante de dirección en Accattone. En verdad, su inesperada muerte lo empañó todo, y no faltó quien sostuvo la “normalidad” de aquel asesinato (como lo son todos) inhumano. Un ayudante dijo que en los años 70, pasearse con esa “Alfetta” —un Alfa Romeo GT 2000, deslumbrante, de un gris cromo que parecía pulido en el cielo— en busca de muchachos efébicos por el Pignetto o las borgate romanas, era como estar firmando una declaración de muerte. Y todo un Primer Ministro como Giulio Andreotti llegó a zanjar el asesinato, en directo en la televisión pública, con un lacónico, irreverente y anodino “se lo estaba buscando”.

Sin embargo, ese muchacho nacido en “una ciudad llena de pórticos”, no fue precoz más que en la voluntad. “Un poeta de siete años, como Rimbaud, pero sólo en la vida”. En 1966 dijo que lo más importante de su vida había sido su madre, pero si la sospecha de muerte era sólo eso, una sospecha, fue así hasta que (maldita sea, esta vez sí) se consumó de la peor manera posible. Después existe otro acontecimiento que suele pasar desapercibido. En una carta fechada el 26 de agosto de 1971, apenas seis meses después del aquel embarazoso desencuentro con la revista Tempo, a Pasolini se le viene encima una noticia tan crucial como el despido político del semanario: Ninetto Davoli anuncia su matrimonio. Éstas son las palabras con que Pasolini se dirigió por carta al amigo Volponi: “He perdido el sentido de la vida. Pienso solamente en morirme o cosas parecidas. Todo se me ha venido encima […] soy incapaz de aceptar esta horrenda realidad que no sólo me arruina el presente, sino que deja un rastro de dolor en estos años que yo creía de felicidad, al menos por la presencia alegre e inalterable de él. Te ruego que no hables de esto con nadie. No quiero que se hable de ello”. Es evidente que este hecho lo arrastró a algo no menos trágico: la resignación erótica.

Pero Pier Paolo fue siempre un hombre de recursos, y aunque discrepase de Dostoievski cuando éste hablaba de la salvación por la belleza, puede decirse que el arte ciertamente lo protegió del dolor. Algo, por cierto, que se omite en todas las representaciones que se hacen de él; sólo la película de Federico Bruno, Pasolini. La verità nascosta (2013), refleja ese rayo continuo que lo atravesaba día y noche, ese afán creativo que no lo dejaba descansar o esa fuerza constante de la que no desperdiciaba ni un sólo minuto. Pintaba, dibujaba, esbozada, manchaba páginas en blanco. Sentía una especie de ingenuo “horror vacui” que lo empujaba a la actividad artística. Fue un artista total, pero no a la manera wagneriana, sino como un artesano que vive postrado ante la maldición de su necesidad.

En algún pasaje de su ingente producción escrita (os he dejado por aquí una pequeña bibliografía), Pasolini afirmaba que la infelicidad no es un crimen menor. El problema es que hoy el sentido de la felicidad también ha mutado. El sistema de vida que llevamos practicando durante los últimos cincuenta años es prácticamente insalvable. Nos hemos acostumbrado al engaño para salir a flote, a pisarle la cabeza al vecino para vivir mejor, a vender cosas innecesarias a gente que no tiene dinero para subsistir, a mentir día y noche para no morir de hambre. Si no hubiéramos perdido de vista al destinatario, nada de lo que sucede hoy tendría sentido; pero como no hemos sido nosotros quienes lo hemos perdido sino otros los que nos han obligado a perderlo, esto nos empuja a sentirnos inocentes de un crimen que, al igual que la infelicidad, tampoco es menor. Ese crimen, basado en la banalidad del mal de la inocencia, es la incapacidad para asumir responsabilidades. El mundo es como es porque, al fin y al cabo, nadie ha asumido su parte de culpabilidad en este embrollo. Lo vemos todos los días en política, cultura e incluso en nuestra cotidianidad. Aunque ellos lo llamen generalmente “trabajo” o “ganarse la vida”, nos han programado para cometer “crímenes”. Crímenes sin importancia, nos inculcan, que no tendrán ninguna repercusión en el futuro de la especie mientras prosigamos con nuestra vida. Pero ¿qué es la vida si para conseguir algo tenemos que cercenar la honestidad que nos hace humanos? Tal vez no estamos capacitados para aguantar el horror en el que hemos participado, tal vez no podamos aguantar tanta verdad, y esa es, tal vez también, la razón de nuestra sinrazón.

Por eso este verano fui al Idroscalo de Ostia, a peregrinar sobre el monumento conmemorativo a Pier Paolo, a preguntarle, a escucharle una vez más. El pulso vital de aquel lugar, antaño un racimo de barracas y chabolas de uralita, y hoy sólo circundado por insectos y mosquitos, es tan emocionante como desolador. Desolador porque arrastra la pátina letal del olvido (apenas uno puede hacerse a la idea de cómo era aquella explanada donde lo mataron), y emocionante porque no hay un ápice de retórica (allí se condensa toda la verdad de la existencia, que no es más que el polvo, la dejadez, el silencio y la desmemoria). Como dice elocuentemente Juanma Agulles en Los límites de la conciencia (Ediciones del Salmón, 2014): “Quizá no decir nada, contemplar en silencio cómo el emperador pasa ante nosotros con su séquito [sabiendo que no lleva ningún traje, que está desnudo], sea la forma de sobrevivir a este tiempo por la que muchos han optado. Pero entonces habrá que preguntarse si vivir así merece la pena”. Pasolini, que creía que la mayor obra de arte era el silencio de un ermitaño que no escribía, se contradijo yendo en contra de sus preceptos. A lo mejor ha llegado el momento de recoger ese testigo y contradecir nuestra forma de vida para alumbrar otra más honesta, más sabia y, sobre todo, más humana.

Fuente: «Dossier Pasolini»

https://www.ajoblanco.org/blog/doss...

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Portada: foto incluida en la portada del libro de José Mª García López Pasolini o la noche de las luciérnagas

Ilustraciones: Conversación sobre la Historia

Fuente con fotografías: https://conversacionsobrehistoria.i...

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«El gobierno debe reducir el presupuesto militar 2021 y destinar estos recursos a la crisis sanitaria de la COVID-19»

9 November, 2020 - 00:00

Por Centre Delas d Estudis per a la Pau

El Gobierno español ha realizado una propuesta de PGE en materia militar que reflejan la perpetuación de uno de los principales males de la evolución de los gastos militares en España, la justificación de buena parte de los mismos para la creación de puestos de trabajo en la industria armamentista.

Es falso que las inversiones militares generan empleo

En primer lugar señalamos que las inversiones públicas deben regirse por la eficiencia y la eficacia, y si la mejor manera de crear empleo es invertir en empresas de armas, debería cuanto menos estar probado científicamente. El Watson Institute de la Brown University lo ha hecho y demuestra en un informe de 2014 que el gasto militar genera un 50% menos de puestos de trabajo que el gasto en educación o en la producción de energías renovables.

Destacan en este sentido, por especialmente controvertidos e inapropiados, los gastos destinados a la adquisición futura de los Programas Especiales de Armamento con un aumento del 44,68% de los créditos a la I+D militar que alcanza los 676 millones de € para financiar a través de estas ayudas a las empresas de armas que los están fabricando. Para el mismo fin destaca una elevada partida de inversiones militares, 3.266 millones de euros, de los cuales se destinan 2.341 millones a pagar estos grandes programas de armamento de más que dudosa utilidad en cuanto a su contribución a la seguridad y paz del país, y de nefasto impacto en la economía nacional, desviando ingentes recursos al enriquecimiento de unas pocas empresas de armas.

Por ello, desde el Centre Delàs denunciamos la voluntad política de los presupuestos militares españoles de 2021 de optar por desviar dinero público hacia la industria militar fruto de la aprobación de inversiones en armas del Consejo de Ministros del 14/12/2018 para siete nuevos Programas Especiales de Armas (PEA) con un coste de cerca de 14.000 millones €, para ser fabricados entre 2019 y 2032 que hipotecarán de nuevo las cuentas públicas generando mayor déficit y deuda pública. Las armas que el gobierno está pagando son las siguientes: cinco fragatas F-110 por un importe de 4.325 M€; 248 blindados 8×8 Dragón de un coste de 2.100 M€; actualización del avión F-2000 con una aportación de 906 M€; 1.172 M€ para el submarino S-80, para subsanar los defectos de ingeniería que impedían que flotara; 1.451 M€ para los helicópteros militares NH-90; 1.200 M€ para modernizar los helicópteros Chinook; y 1.617 M€ para dos satélites de comunicación militar.

No es cierto que más armas den más seguridad

Así que, si no hay justificación económica que sostenga la decisión política de invertir en armamento, ¿por qué en España se gasta tanto dinero público en la adquisición constante de nuevas y costosas armas? ¿Depende la seguridad nacional de ello? La actual crisis sanitaria demuestra lo contrario, ya que ha quedado demostrado que la principal amenaza a la seguridad –a la vida– de los habitantes del país, con cerca de 40.000 víctimas mortales en tan solo ocho meses, no ha sido resuelta con las decenas de miles de millones de € invertidos en armas las anteriores dos décadas. ¿De qué han servido estos meses los aviones de combate, los buques de guerra, los blindados, los misiles…? De nada.

No es demagogia decir que no es momento para gastar en armas, es urgente y prioritario invertir en salud y en crear empleo. La expansión y letalidad de la segunda ola de la Covid-19 en todo el Estado vuelve a demostrar que no se está haciendo lo necesario para garantizar la seguridad en España.

El gasto militar real es el doble del que anuncia el Gobierno

Por otra parte, un año más el debate en el Congreso de los Diputados sobre el presupuesto de defensa está sustentado en cálculos incorrectos. Es como hacerse trampas al solitario. No hay quien en la Comunidad Internacional, utilice únicamente el presupuesto del Ministerio de Defensa para referirse a los gastos en Defensa o Militares. Desde la OTAN hasta el SIPRI incorporan en sus cálculos los gastos militares en otros ministerios. En el Centre Delàs hacemos el cálculo anual para el caso español. El Gobierno propone realmente como gasto militar para el año que entra 21.618 millones de €, más del doble de lo anunciado y que es objeto de debate parlamentario. El gasto militar supone el 1,8% del PIB. Cabría preguntarse si la ciudadanía aprobaría que, dada la situación actual, el Gobierno dedique 456 euros por habitante a cuestiones militares.

En conclusión, de seguir adelante con estos presupuestos militares, el Gobierno debe explicar a la opinión pública en qué parámetros de eficiencia económica y beneficio social se ha basado la decisión de destinar miles de millones de € en los presupuestos de 2021 para la financiación y adquisición de grandes programas de armamento. Quisiéramos saber si sigue este Gobierno la estela de su predecesor y basa su seguridad en un obsoleto enfoque de la defensa centrada en la carrera armamentista, la militarización de las relaciones internacionales y la guerra. ¿De qué amenazas y riesgos a la seguridad nos protege la adquisición de los nuevos programas de armamento? ¿Qué diferencia en la seguridad y la paz en España y en el mundo existe entre comprar estas armas o no hacerlo? ¿Son los nuevos programas de armamento una prioridad para la seguridad nacional? ¿De qué manera las armas adquiridas y pagadas ya en estos presupuestos van a contribuir a la seguridad de la ciudadanía española y qué valor añadido van a tener sobre hacerlo en sanidad?

En conclusión:

1) El optimismo del Gobierno en el presupuesto de 2021 también alcanza al Ministerio de Defensa que aumenta un 6,3% respecto a 2020

2) Es muy preocupante que prosigan con los Programas Especiales de Armamentos que para los próximos diez años representan 14.000 millones de €, aparte de ese proyecto de avión de combate europeo FCAS, y que para 2021 se hayan presupuestado en I+D para ayudas a las empresas que los producen 676 millones.

3) Empresas que realizan los Proyectos PEAS que recibirán en 2021 la importante cifra de 2.341 millones. ¿Cuándo se piensa parar un gasto desmedido en armamentos bajo el supuesto que nos defienden de amenazas que no existen?

Tomado de: https://kaosenlared.net/el-gobierno...

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Todo lo que rodea al rey es artificio: Su naturaleza es militar y su destino el del IBEX

9 November, 2020 - 00:00

Me ha tocado leer la Constitución Española CE varias veces, pero no me he quedado con ningún artículo. Pura bazofia. Un trauma. Hay que saber leerla. Ese ladrillo infumable está lleno de sorpresas, golpes, llaves, fintas, quiebros, patadas y puñaladas por la espalda. También hachazos.

Tal vez el más famoso lockdown que la convierte en una pesadilla legal sea la relación Rey-Ejército. En la Constitución viene articulado de la siguiente manera, pero lo expondremos en orden inverso para su mejor comprensión:

articulo 62. Corresponde al Rey: h) El mando supremo de las Fuerzas Armadas.

articulo 8.1 Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Prácticamente el resto de Constitución es hojarasca, aterezzo.

La formación de un ejército es un mandato constitucional. Su función es mantener la constitución, es decir, así mismo. El mando militar es una capacidad única e individual que recae en el rey. La militar es la única capacidad autónoma del rey. Cuya misión es mantener el mandato constitucional. Y así entramos en bucle. Su naturaleza es por fuerza, por ley, por historia, por política, militar y no política.

Por la falta de renovación y evidente delación en el mando, el ejército actual se dispone a imagen y semejanza del gerente anterior, el rey: obsoleto, corrupto, arbitrario, caprichoso, indolente y negligente. Y lo peor, irreformable, ni por ley orgánica ni por las malas. La tropa, lejos de ser considerada mercenariado útil, es la carne de cañón de los campos napoleónicos con capacidades propias de esclavos algodoneros. Tiene todo los ingredientes para el fracaso operativo. Y peor, luchan por su rey contra su pueblo, sus propia familias, por lo que lucharán desmoralizados. Veremos deserciones.

Este anclaje en el pasado y el cerrojo institucional explica el por qué sin embargo de la floreciente industria armamentística y la complicidad de bancos e instituciones en su desarrollo. Una industria opaca que ni si quiera es controlada por el Ministerio de Defensa, sino a la casa real. Si el dinero va a el mando y no rinde cuentas el mando hará lo posible por hacer se con el dinero. Las armas fueron la principal fuente de ingresos e influencia nacional e internacional para Juan Carlos I, la llave que le abrió todas las puertas. Lo serán para Felipe VI.

El régimen no da más de sí. Las actividades ilícitas refrendadas por décadas de privilegios e impunidad van a explotar a muchos en las manos. Peces gordos, oligarcas locales y arribistas se verán desplumados. Un ejemplo. Desde que explotó la burbuja inmobiliaria en 2008 y el sector construcción quedó arrasado, ni turismo ni tecnológicas pudieron suplir el flujo de sobornos. Los agraviados, los resentidos, los excluidos de su sistema de pagos, se resistieron a perder su 3%, denunciaron y comenzaron a rodar cabezas en forma de políticos en la cárcel. Fue la única manera de meter a 1000 políticos en la cárcel, aunque fuese por breve. El régimen del 78 quebró en forma de fin del bipartidismo en 2014. El mismo año quebró la figura del rey en forma de abdicación. Tal vez veámos desfilar por el patíbulo a algún expresidente del gobierno, últimos responsables de las actividades del rey.

Desde entonces podemos destacar tres aspectos:
La naturaleza claramente militar del rey, no política, de hecho muy distanciada.
El uso político de la figura del rey.
El creciente flujo de capitales al ejército y fuerzas de seguridad a pesar de las distintas crisis.

Vemos en los medios cómo el rey está siendo usado por derecha e izquierda.

La derecha lo asume como propio, convirtiéndolo en jefe de un ejército en contra de la voluntad de parte de su pueblo. Comprenden su naturaleza pero no la lógica que subyace. Esta imposición transforma al ejército en un ejército de ocupación, porque la función de este rey en concreto no es política, sino militar.

La izquierda pide a este rey que realice funciones fuera de sus atribuciones, básicamente políticas. Lo que consigue es ponerlo en evidencia pidiendo cosas fuera de su alcance; y con ello a sus rivales políticos. Comprenden la lógica pero no su naturaleza. Porque la naturaleza del rey no es política, sino militar.

La única misión del Rey es Mandar al ejército, y "garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". Es decir, mantener el funcionamiento del país tal cuál es, colisionando constantemente con las reacomodaciones capitalistas en cada crisis.

El ejército trabaja para alguien, para quienes lo dirigen, lo usan y lo pertrechan. Que fueron los mismos que lo han hecho desde 1936. Y anteriormente para los de 1874 con la Restauración. Podríamos seguir. Los capitales establecidos entonces se mantienen hasta ahora con muy pocas bajas gracias a la protección militar. Aunque amigos de la puñalada trapera son más de morir en la cama. La misión del Rey, que es la del ejército montado por el IBEX es básicamente Mantener al IBEX en todos sus aspectos.

Todavía no hemos visto la magnitud, pero en 2020 quiebra otro de los puntales del Régimen del 78, el Sector Servicios que aún mantenía el tejido económico y varios chiringuitos. Y la paz social. Tras la pandemia del covid19 no se libra nadie, ni obreros, ni pequeña ni gran empresa, mega corporaciones ni bancos. La corona va a sufrir, porque su destino es el del IBEX.

En 2021 parte de la inversión va a ser redirigida a la economía real y a servicios funcionales, alejándose de las estratosféricas comisiones, sangre del sistema de satrapías españistano. Alejándolos de los sobornos habituales. Similar a lo que ocurrió en 2008, otra Reacomodación Capitalista incompatible con los anteriores intereses seculares. Colisionará con los nuevos intereses, poniendo a prueba las fuerzas de la reacción. Se pondrá en duda su utilidad. Se cuestionará. Se acentuará aún más la naturaleza Invasiva de esta reacción Conservadora y su naturaleza militar.

3 escenarios, casi 4

El escenario-1 Prosperidad fue idílico. Es el que vivió su padre de 1982 al 2008. No volverá.

El escenario-2 Ruina es un hecho. El rescate de la UE y el BCE es su confirmación. España se convertirá en un campo de batalla por los despojos. No quedan beneficios que rascar, ya nada da dinero y flaquean las ayudas. Millones de liquidaciones empresariales. Las fusiones serán primero voluntarias, después obligatorias, introduciendo monopolios extranjeros.

La lucha por los despojos no será agradable, porque nos coge a todas en el medio. Los contendientes, se atacarán con todas sus armas, políticas, económicas y sociales. Todo lo que dañe a los otros. Se arrojarán tanto nacionalismos como separatismos y centralismos; el feminismo y el machismo; racismo y antirracismo, laicismo y cultismo. Y sobre todo fascismo, muuucho fascismo. Polarización y crispación, agitación... Después bang! ¿Adivináis a quién atrapará el fuego cruzado? A una institución sin sentido que tendrán que disolver si quieren solucionar algo. Felipe VI recibirá golpes de todos, amén del pueblo, con quien siempre estuvo en liza. Sin recambio posible The Man in the Middle se quemará. Y eso jugando bien sus cartas, y teniendo suerte.

Lo cual nos lleva al escanario-3, el preferido por lo borbones, le espera su padre en Abu Dabi pasando por Suiza por efectivo: Exilio.

El escenario-4 expropiamos al IBEX, nos confederamos y le damos matarile al Borbón, aunque idílico, todavía queda fuera de radar.

Esta nueva vieja normalidad es la que se legitima si no se otorga a un sistema la posibilidad de cambio porque un ejército tiene el mandato de que no se produzca.

Todo lo que rodea al Borbón es puro artificio. Lo que realmente es, es lo que es, un líder militar cuya próxima guerra parece será en el territorio que ocupa.

https://youtu.be/Sa_OUum5ra4 vía Loam

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Caballo de libertad

9 November, 2020 - 00:00

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Familiares de las personas presas en Andalucía son multadas cuando van a realizar las visitas a prisión

8 November, 2020 - 00:00

Por APDHA Andalucía

Reclaman a la Junta de Andalucía que introduzca las visitas como causa justificada de movilidad en el decreto que regula el estado de alarma.

“Las comunicaciones son un derecho fundamental que no puede verse privado por una norma que no tenga rango de ley orgánica”.

Un total de 17 organizaciones de derechos humanos han solicitado a la Secretaria de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior que emita una orden interna a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado “en la que se aclare que no son motivo de sanción los desplazamientos que se producen con el objeto de comunicar con sus familiares o seres queridos que se encuentran en prisión, sea entre provincias de una misma comunidad autónoma o entre comunidades autónomas diferentes, en tanto que dicho desplazamiento constituye una causa justificada de movilidad”.

Las organizaciones firmantes (APDHA, Red Jurídica Cooperativa, Federación provincial Liberación, Federación andaluza ENLACE, CAMPA, OSPDH, ALAZ, ALA, Comisión Legal Sol, Salhaketa Araba, Salhaketa Nafarroa, Etxerat, Irídia, EsCulCa, Derechos Civiles 15M Zgz, Oteando, Comisión de Asesoramento Xurídico Penitenciario de Ourense del Ilustre Colexio da Avogacía de Ourense) apuntan que mayoritariamente las sanciones se están interponiendo contra personas que residen en la misma provincia donde se encuentra en el centro penitenciario “por considerar que se encuentran fuera de su domicilio sin causa justificada”.

Sin embargo, las organizaciones recuerdan que “en la actualidad la mayoría de los centros penitenciarios, con las adecuadas medidas de protección, están permitiendo las visitas a las personas privadas de libertad por lo que, dado que las comunicaciones son un derecho fundamental, no puede verse privado por una norma que no tenga rango de ley orgánica”. También consideran que tanto el real decreto de estado de alarma aprobado por el Gobierno como la norma aprobada por el Ejecutivo andaluz, donde se están produciendo numerosas sanciones, permiten en líneas generales realizar ese tipo de desplazamientos, ya que contemplan la posibilidad de desplazarse “por causa de fuerza mayor o situación de necesidad” o “cualquier otra actividad de análoga naturaleza, debidamente acreditada”.

A pesar de ello, estas entidades han constatado que se están interponiendo multas por realizar desplazamientos a prisión. Afirman que hay casos en los que la sanción “no se impone a la salida del municipio de residencia, sino a la llegada al centro penitenciario”.

Por su parte, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), la Federación provincial Liberación y la Federación andaluza ENLACE han solicitado al presidente de la Junta de Andalucía que, “dado que tiene competencia para modificar las excepciones de movilidad dentro de la comunidad autónoma”, “modifique el decreto que regula el estado de alarma de tal manera que se introduzca una nueva causa de justificación que permita la movilidad a aquellas personas que residan en provincias y localidades confinadas, para que puedan visitar a sus familiares o seres queridos que se encuentren privados de libertad en algún centro penitenciario situado en la comunidad autónoma”.

“Andalucía tiene el mayor número de personas privadas de libertad de todo el Estado”, recuerdan desde APDHA. En el escrito remitido al presidente de la Junta, señalan que en septiembre había un total de 11.973 personas en los centros penitenciarios radicados en la comunidad autónoma, “de las cuales 3.173, es decir, algo más del 25% de todas las personas privadas de libertad en Andalucía, cumplen condena en una provincia diferente a la de su lugar de procedencia. De ellas, 2.175, esto es, un 18%, son de Andalucía”.

Fuente: https://kaosenlared.net/familiares-...

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