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Actualizado: hace 1 hora 35 min

Máquinas de paz en días de guerra

21 June, 2020 - 00:00

Un soldado alemán pedalea sobre una improvisada bicicleta estática, insuflando energía al generador que alumbra las trincheras. En otra imagen, bersaglieris desfilan sobre sus monturas de hierro entre las brumas en paralelo a la orilla de un río. Durante la Primera Guerra Mundial, que comenzó hace cien años, la bicicleta era un transporte esencial.

Eran otros tiempos: los motores de los coches eran muy poco fiables, el caballo decaía como arma de guerra y hacer viajar la información entre el frente y la retaguardia era un reto para valientes. Por eso, la bicicleta vivió una época dorada: era un medio barato y rápido de movilizar tropas, hacer llegar el correo, salvar los accidentes del terreno… y hasta sostener telescopios.

El uso de la bicicleta en teatros bélicos es anterior a la Gran Guerra. Casi medio siglo antes ya había sido probada en la guerra franco-prusiana (1870), aunque no fue hasta 1899, en la segunda guerra Anglo-Bóer, cuando su uso se generalizó para el transporte de material o la vigilancia de las vías del ferrocarril. Un estreno prometedor para una industria ávida de nuevas máquinas y técnicas.

En el s.XIX surgieron también los primeros batallones ciclistas. Francia introdujo la bicicleta en el Ejército en 1887, e Inglaterra y Alemania no tardaron en hacer lo mismo. Al impulso militar le acompañaron los progresos técnicos: la bicicleta fue un laboratorio sobre dos ruedas, donde los prototipos oscilaban entre la dudosa sofisticación (bicis con armas incorporadas) y las ingeniosas soluciones que vencieron al tiempo (la bici plegable).

La bicicleta sobrevivió a la Gran Guerra, aunque poco a poco fueron sustituidas por regimientos motorizados. A pesar de su lenta agonía, durante la Segunda Guerra Mundial las bicicletas, perfeccionadas y más ligeras, desempeñaron un papel importante, sobrevivieron durante todo el siglo e, incluso, más allá: el último batallón en desaparecer fue el suizo a principios del s.XXI.

El legado de aquellas bicicletas sobrevive, pese a los contratiempos, en algunos de los diseños actuales. La primera bici plegable fabricada en serie, ampliamente usada durante la Gran Guerra, es la abuela de muchas de las actuales. Y el modelo diseñado por Bianchi en 1912 para las tropas italianas, que incluía suspensión trasera, es un antepasado más que honroso de las mountain bike de hoy.

Del frente a la retaguardia

Nadie sabe con exactitud cuántas bicicletas se usaron durante la contienda, pero los especialistas hablan de cientos de miles. Una cifra extraordinaria, más todavía teniendo en cuenta la escasa presencia numérica de tecnologías militares de vanguardia –como aviones o carros de combate– que sí perviven en el imaginario del aquella guerra.

El uso de la bicicleta en el frente –frentes inmóviles, donde la desorientación y el cansancio por hastío eran frecuentes– fue muy variado. Era un medio ligero, rápido y sobre todo silencioso. Jim Fitzpatrick, autor de una documentada historia militar de la bici, relata cómo un grupo de soldados ciclistas aliados abatieron a dos mensajeros germanos que circulaban en moto. La ventaja del silencio.

La bicicleta fue un objeto omnipresente. En batallas célebres, como en Galípoli, pero también en la retaguardia, donde la población, que malvivía en plena economía de guerra, no solo sufría el desabastecimiento de alimentos sino también de combustibles. Además, la bici constituyó un reclamo para el reclutamiento, sobre todo tras las primeras matanzas. “¿Eres aficionado a montar en bicicleta? ¿Por qué no pedalear para el rey? Se buscan reclutas. Incluye bicicleta”, rezaba un cartel británico de la época.

Una industria feroz y competitiva

En los 30 años anteriores al estallido de la guerra, un conflicto en el que murieron 10 millones de personas, la bicicleta saltó de invento extravagante a medio cotidiano entre los obreros de las ciudades y los habitantes del campo. También para los militares. En 1908, un capitán británico alababa con detalle en un documento oficial la “potencia de la bicicleta como factor estratégico y táctico”.

El papel de los batallones ciclistas cambió con el transcurso de la contienda. Durante los primeros meses, la guerra de movimientos facilitó su trabajo (el primer soldado británico muerto fue un explorador ciclista, el 21 de agosto de 1914), pero cuando las líneas se convirtieron en frentes estáticos y la guerra de posiciones tomo el relevo, los cuerpos de ciclistas tuvieron que resignarse a funciones de mera infantería.

El primer soldado británico muerto fue un explorador ciclista

La Gran Guerra se decidió en las trincheras, en el aire, en el mar y en los periódicos. Fue una guerra total. Pero también –y las cancillerías de los Estados lo sabían– el papel de la tecnología y del comercio fue un asunto vital para lograr la victoria. Reino Unido y Alemania se disputaban entonces la supremacía en el mercado mundial en general, y en el de la producción de bicicletas en particular.

Dinamarca, Japón, Argentina… El comercio de bicis era global. Ambas potencias económicas vendían sus manufacturas a tres continentes. Por supuesto, los británicos pensaban que sus bicicletas eran las mejores, y los alemanes lo contrario. Una refriega más, la de la propaganda, que infectó el espíritu de la época. Ni la bici, objeto humilde e incruento como nunca lo sería un tanque, estuvo a salvo de ella.

La última voluntad del soldado

La bicicleta fue una fuente indirecta de anécdotas de guerra. Hubo soldados que murieron sobre ellas y soldados que mataron subidos en uno de aquellos sillines, duros como lápidas. Muchos, además, se salvaron gracias a la rapidez de las ambulancias-bicicleta, especie de tándems en paralelo donde se insertaba una camilla para los heridos.

No tenemos acceso a la mente de los soldados, pero sí a sus cartas, que les sobrevivieron. Una entre cientos de miles fue la de Joseph Ditchburn, británico del segundo batallón de Durham. Era agosto de 1914 y la contienda acaba de comenzar. Ditchburn escribía a su madre para decirle que pronto entraría en combate. Lo hizo, y muy poco después murió. Entre sus últimas voluntades estaba el deseo de que arreglaran su bicicleta: “Es una máquina muy buena y lo vale”.

LAS BICIS DEL OCTUBRE ROJO

En 1917, un año antes de que acabase la Gran Guerra, Rusia vivió su propia convulsión interna: diez días que conmovieron al mundo y en los que tomó parte activa un batallón ciclista que defendía el Gobierno provisional de la amenaza bolchevique. Durante el asalto al Palacio de Invierno de San Petersburgo, los partidarios de Lenin y Trotsky se toparon con una resistencia variopinta. Entre los opositores, además de un batallón de mujeres, el citado grupo de soldados ciclistas, que tras los primeros titubeos, desertaron y se pasaron a las fuerzas rojas. La Revolución de Octubre comenzaba a triunfar.

Fuente: https://www.ciclosfera.com/biciclet...

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España gastará en armas 3.000 millones de euros este año, lo mismo que en el Ingreso Mínimo Vital

20 June, 2020 - 00:00

El gasto militar este año superará los 20.000 millones de euros. Un informe denuncia la factura que los programas especiales de armamento sigue acarreando a los presupuestos generales del Estado.

Redacción El Salto

El Centre Delàs d'Estudis per la Pau denuncia que, una vez más, los presupuestos de gato militar se esconden en dos partidas, la oficial asigna un total de 10.199 millones al Ministerio de Defensa, pero el gasto total buceando entre las partidas “escondidas” en otros Ministerios será de 20.000 millones, una cifra que se da en plena pandemia del covid-19 y que es más de seis veces la partida destinada al Ingreso Mínimo Vital, la medida estrella del Gobierno de Coalición para paliar los efectos de la crisis económica.

El informe Crítica a la razón del gasto militar, elaborado por Pere Ortega, del Centre Delàs, ahonda en el rechazo a unos presupuestos que siguen manteniendo un elevado nivel de gasto en armamento a través de los programas especiales (PEA), con los que el PSOE se ha comprometido, y que acarreará un gasto de 13.356 millones en distintos programas de armas que se deben fabricar entre 2019 y 2032.

En 2020 se prevé una partida de 3.059 millones para inversiones en adquisición de armas e infraestructuras en Defensa, indica el informe de Pere Ortega. 1.873 millones son para hacer frente al pago de la anualidad de los PEA, mientras que 1.186 millones se destinarán a la adquisición de armamentos de uso, como municiones, explosivos, torpedos, misiles y vehículos de transporte. Esos 3.000 millones son el equivalente a lo que el Ministerio de Seguridad Social tiene previsto destinar al Ingreso Mínimo Vital.

Ortega defiende en el informe que si ese ingente gasto militar de más de 20.000 millones anuales “destinados (según los gobiernos) a proporcionar seguridad, se hubiera destinado al ámbito de la salud y de los servicios sociales a buen seguro hubieran proporcionado una mayor seguridad a la ciudadanía”.


Fuente: https://www.elsaltodiario.com/indus...

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Objeción fiscal en el trabajo III

19 June, 2020 - 00:00

Campaña de Objeción Fiscal al Gasto Militar del Grup Antimilitarista Tortuga.

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La retirada militar de EEUU de Alemania abre la puerta a la ampliación de Rota

19 June, 2020 - 00:00

Diego Crescente

Estados Unidos retirará casi 10.000 efectivos de los 35.000 que tiene desplegados en Alemania. La noticia no ha sentado bien en las convulsas aguas de las cancillerías europeas. Las mismas que empiezan a darse cuenta de que, en materia de política exterior, la presidencia americana no conoce de medias tintas.

La medida se enmarca dentro de la decisión de Donald Trump de hacer que "los europeos paguen por su seguridad". Una máxima que ha repetido en cada cumbre de la OTAN desde que llegó al poder. Desde el cambio de juego geopolítico de Europa a Asia, la pretensión estadounidense ha pasado por hacer ver a los socios europeos que deberían comenzar a pensar en su propia defensa. Un argumento reforzado por la evidencia de que siempre es Washington el que corre con la gran factura de la protección europea.

En términos presupuestarios, la retirada de casi un tercio de las tropas americanas supondrá una reducción significativa de los 480 millones anuales que cuesta su presencia en Alemania. Una cifra que, casi en su totalidad, sufraga la Administración estadounidense. Esta cuestión siempre ha sido el gran escollo de la relación entre aliados, compartiendo protagonismo con el compromiso de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar. Una cifra que gran parte de países, entre ellos España y Alemania, no cumplen por el momento.

Desde el punto de vista táctico, como era de esperar, la alarma se ha encendido en gran parte de las capitales de Europa oriental, un territorio en el que la percepción de la posibilidad de un enfrentamiento bélico no está tan alejada como en el suroeste. Este movimiento no ha pasado desapercibido para el International Centre for Defence and Security con sede en Estonia.

En el blog del think tank, el exministro de exteriores y defensa estonio, Kaleb Stoicescu, ha advertido de que con la decisión "se ha hecho un daño político a la credibilidad de la OTAN". El argumento de Stoicescu pasa por esgrimir que la decisión amenaza directamente al sistema defensivo de la Alianza. "Toda la construcción de la defensa colectiva se debilitaría significativamente debido a una capacidad de refuerzo menos rápida desde Alemania hasta el flanco oriental de la OTAN".

Una de las bases más importantes

La teoría de juegos es muy caprichosa y suele provocar que un movimiento en una parte del mundo pueda tener su consecuencia en la otra. Estados Unidos tendrá ahora que reconfigurar su presencia militar en Europa. Si arriesga en confiar parte de la defensa oriental en efectivos propios europeos, tendrá opciones para reforzar el flanco sur y es precisamente aquí donde entra en juego España y, concretamente, Rota.

La situación de la base es una de las más estratégicas para Estados Unidos. Junto a su posición geográfica, es el elemento que permite apoyar las misiones de la potencia en el Sahel y el centro de África. Además, hace posible poder mantener sus compromisos adquiridos con España, la UE y la OTAN y es el escudo de lanza para gran parte de las misiones internacionales en Oriente Medio. Su impacto local pasa por sus gigantescas dimensiones que ocupan ya una cuarta parte del término municipal.

Al margen de la OTAN, el tratado bilateral entre España y EEUU está sujeto a una posible y nunca debatida ampliación. El actual marco regulatorio expira en mayo de 2021 y, en cualquier caso, necesitaría de una revisión para al menos contemplar la sustitución de los actuales destructores que prestan el servicio por otros más modernos y la flota de helicópteros que lleva acompañada. Debido a la situación política y legislativa este trámite parlamentario se obvió, pero la llegada de nuevos efectivos a España procedentes de Alemania necesitaría del paso inexcusable por el Congreso. Un tema en el que no está claro, ni mucho menos, el apoyo mutuo de los partidos que forman la coalición de Gobierno.

En cualquier caso, la retirada estadounidense es una clara señal de advertencia a los socios europeos: o a partir de ahora se implican presupuestariamente o la mayor potencia militar mundial comenzará a replantearse sus prioridades sobre el continente. Europa no parece ser, precisamente, una de ellas, pero África, y de rebote España y Rota, sí.

Con toda probabilidad y de hacerse efectiva la intención americana, asistiremos a una competición abierta para hacerse con las capacidades militares estadounidenses sobrantes. Nápoles, sede de la VI flota, también puede aspirar a la candidatura, aunque el acercamiento del Gobierno de Conte a Rusia y el creciente euroescepticismo italiano jugarían en contra de esta opción.

La gran baza económica de la presencia americana no es tanto la fuerza militar sino las inversiones que lleva pareja. El impacto económico de la base se cifra en 700 millones de euros, incluidos los 291 de aportación propia del Ministerio de Defensa. Una cifra que podría incrementarse exponencialmente en caso de que Rota se posicionara como candidata a ‘recoger' parte de los efectivos militares que abandonarán Alemania.

Fuente: https://www.lainformacion.com/mundo...

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Y... ¿has aprendido mucho?

18 June, 2020 - 00:00

Ya que el modelo pedagógico del instituto y de la universidad no valora el aprender, sino el aprobar (pues es lo único que mide) y favorece que seamos poco críticos con los contenidos y con el propio método de enseñanza. Así que hoy os contamos (medio en serio, medio en broma) cómo aprobar exámenes y trabajos sin estudiar.

La típica pregunta que te hace la gente sobre la carrera cuando acabas, sobre todo la gente que no ha estado en la universidad (otra gente ya sabe de qué va la vaina y prefiere preguntarte por salidas laborales). ¿Qué hago? ¿Les miento y me miento? ¿O les digo la verdad? Sí, la verdad siempre por delante: “En realidad en la universidad… he aprendido a hacer exámenes y trabajos”.

Pues sí. Si algo he aprendido en estos años de universidad es a hacer exámenes y trabajos. Que no tiene que ser lo mismo que aprender. Eso es otra cosa. La asignatura de derecho penal (por poner algún ejemplo), en cuanto la apruebo no la vuelvo a ver, porque damos mil asignaturas diferentes. Y sin embargo no me han llevado a ver un juicio de penal en toda la carrera. El 90% se me olvida en cuestión de una semana, y el otro 10% en cuestión de meses. Pero los exámenes y los trabajos... ¡de eso hay que hacer decenas cada cuatrimestre!

Primera lección que me llevé al entrar a la universidad: para los exámenes no hay que estudiar el temario sino lo que te pide el profesor/a. Al precio que están las matrículas no nos la podemos jugar. Además, es imposible recordarlo todo del tirón y encima contarlo en 50 minutos. Por supuesto la forma de evaluación no es personalizada precisamente, y los profes no se toman un minuto en conocernos ni en ver qué hemos aprendido. La educación debería ser otra cosa, pero aquí no cuenta lo que has aprendido sino si apruebas o no. Además, luego el/la profesor/a te corrige según sus propios criterios. Así que trata de portarte bien y no rebatir sus ideas. Aprende a ver cómo piensan tus profesores (conoce a tu enemigo), qué les interesa más y en qué partes del temario insisten. Esto es fun-da-men-tal.

Segunda lección: podrías pensar que si vas a clase, te conocen, participas y les haces un poco la pelotilla, mejor. Pero eso exige mucho tiempo y mucha humillación personal. Si no estás dispuesta a eso, no merece la pena. Total, hay como cincuenta personas por aula, no es la única clase que dan y es imposible que se acuerden de todas las caras. Y la participación en clase suele contar poco… Lo de generar debates en clase y cuestionar lo que dice el temario no te suele salir bien. Más bien les toca mucho los huevos. Ellos llevan repitiendo la misma clase, año tras año desde 1985, los estudiantes sólo somos figurantes que van pasando por allí, ¿quién eres tú para estropearselo? Tus compañeras también saben de qué va la vaina en la universidad, y suelen pasar de lo que digas en clase. Por eso lo recomendable es ver, oír, callar, olvidar y prepararse bien los trabajos y exámenes finales, que es el 90-100% de la nota. En resumen, aprendemos a ser funcionales, acríticos y mediocres. Hum... ¿no será esto un 'curriculum oculto'?

Bueno, al tema: para preparar trabajos primero mira qué te piden. Segundo, busca un tema que le pueda interesar al profesor/a. Lo que te interese a ti ya sabes que da igual. No te cantees y lo hagas muy obvio, porque eso tampoco les gusta. Y trata de aplicar sus teorías a tu trabajo (lo contrario se considera 'objetividad', pero cuesta mucho más). Dales a entender que te crees sus teorías, que las entiendes y sabes manejarlas. Siempre puedes pedir trabajos de otros años a conocidos, cambiar cuatro mierdas para que no te acusen de plagio, y tirar con ello. Al fin y al cabo se repiten mil veces los temas de trabajos. Recuerda: aquí el objetivo no es trabajar tu autonomía, tu creatividad o tu crítica personal, sino la repetición y aplicación del temario que te dan. Hum... ¿curriculum oculto?

Ya sabes, las partes del trabajo bien diferenciadas, aunque digas lo mismo de diferente manera en todas (como un político en su discurso) o rellenes cada parte con chorradas: primero introducción y justificación del tema, luego revisión de la literatura, después metodología empleada y al final la investigación (siempre separada por subpuntos) y un último párrafo de conclusiones. Mete muchas referencias bibliográficas, ¡eso les encanta! ¡no cuesta nada hacerles felices! aunque solo hayas leído una línea de cada libro. Hazles creer que eres muy leido y pilotas del tema. Sin fliparte tampoco, a ver si se va a notar demasiado que todo esto es postureo.

Importante: ¡No te olvides del interlineado doble! ¡Times New Roman! párrafo justificado, bibliografía con formato 'Chicago' ¡y un lenguaje ordenado y académico! Sobre todo, que se vea bonito. Esto último suele ser más de la mitad de la nota (formalismos, ya sabes), aunque rellenes las últimas tres páginas hablando del último partido del Barça. Total, igualmente a mitad de trabajo dejan de leer.

Han puesto aprobar por encima de aprender. Básicamente lo que han hecho es interrumpir la motivación que conlleva el propio aprendizaje. Han boicoteado el proceso pedagógico más básico. No valoran el pensamiento crítico, lo que necesitan es un método para calificarte. Conclusión: desciframos ese método, al final aprendemos a aprobar y nada más. Malos profesores producen malos alumnos. ¿Dónde ha quedado lo de que la educación es transmitir el amor al conocimiento?

Han puesto aprobar por encima de aprender. Básicamente lo que han hecho es interrumpir la motivación que conlleva el propio aprendizaje.

Si el trabajo es por grupos, escoged un tema que os guste a todas y sea sencillito, porque sino luego hay lío y que sea elaborado no es algo que vayan a apreciar. Y lo típico: divides las partes entre los miembros y las juntáis el día antes. Trabajo en equipo. Así ahorráis tiempo y esfuerzo. A veces esto recuerda a Homer entregando la declaración de la renta hecha una bola en el último minuto. Pero hemos venido a jugar. Eso sí, fíjate con quién te pones, que hay quien lo entrega de rebote y luego su parte es una puta mierda. Que no te la líen. Tú a lo tuyo. La universidad como una forma de aprender a practicar el mundo empresarial. Intentad mezclar un poco las partes para que no sea muy cantoso que habéis hecho copia-pega. El copia-pega, se arregla con más copia-pega. De nuevo: cuantas más referencias pongáis en bibliografía mejor, si hace falta, incluye el libro del Rubius, alguno de Mortadelo y Filemón o el María Moliner. Y quien se lo haya currado menos, que se encargue de hacer el PowerPoint para la presentación. ¡División del trabajo!

Para preparar exámenes: no merece la pena ir a clase y empollar semanalmente, salvo que te vaya la vida en ello. Porque pierdes mucho tiempo y hasta que llegue el examen se te van olvidando cosillas. Recuerda: estudiamos no para aprender sino para pasar el examen. Renta más pegarte una buena chapada la semana de antes y tenerlo fresco. Aunque mueras en el camino, tengas ansiedad y depresión, es el método más eficaz.

Pide apuntes de ese profe, todos los que puedas. Si son de empollones, aún mejor. He llegado a tener en las manos intepretaciones bien diferentes de una misma clase... a veces los apuntes cogen tintes psicoanalíticos del alumno que los escribe. Y pregunta por lo que cae y no cae, que siempre quitan algunos temas o no les da tiempo a dar todo el programa. Piensa en lo que ha hecho más hincapié en clase y en sus temas favoritos, pues es lo que más papeletas tiene. Y mira a ver si alguien de otro año tiene exámenes de de esos mismos profes. Muchas veces los repiten.

Recuerda: estudiamos no para aprender sino para pasar el examen. Renta más pegarte una buena chapada la semana de antes y tenerlo fresco. Aunque mueras en el camino, tengas ansiedad y depresión, es el método más eficaz.

Para el día del examen: si vas pillado para empollar, llévate chuletillas, que nunca están de más. Si te dejan llevar el manual de clase, mételas en medio. Ten cuidado de que el/la profesor/a no sea un paranoico que revisa uno por uno los manuales. De vez en cuando hay alguno de esos. Y ponte siempre atrás, pero no al final del todo, en un lugar estratégico, cubierto. Aunque a veces incluso es mejor delante junto a algún/a empollón/a. Sobre todo si es tipo test, que es fácil echar un ojo a quien esté al lado. Si te puedes compinchar con colegas, mejor que mejor. Intenta copiar al final, cuando la gente sale y hay jaleo, es mucho más fácil. Siempre con el otro ojo puesto en el profesor/a, aunque parezcas bizco.

En los tipo test, las respuestas largas suelen ser las correctas. Primero descarta las que no tienen sentido y desde ahí intenta llegar a la correcta. En caso de duda, llama al profe e intenta sonsacar información, siempre con sutileza para no tocarles los huevos y quieran enrollarse en ayudarte. ¡Y no te vuelvas loco/a con esas preguntas de redacción maniquea que cambian sólo una palabra o una frase entre ellas! Eso es lo que pretenden. Guarda la calma. Guarda la calma. Es sólo una pregunta.

En los exámenes de desarrollo, intenta ir al grano. Si no te acuerdas del tema, pon todas las mierdas que tengan una mínima relación con la pregunta, para demostrar que sabes cosas, aunque no vengan muy a cuento. Con suerte atribuirá tu dispersión a tu mente de poeta. Recuerda: lo importante es demostrar que sabes cosas, es un tema cuantitativo. Y habla solo lo que habéis dado en clase. Da igual lo que tú sepas o creas saber. Y más igual da lo que a ti te interese decir.

En los exámenes de desarrollo, intenta ir al grano. Si no te acuerdas del tema, pon todas las mierdas que tengan una mínima relación, para demostrar que sabes cosas, aunque no vengan muy a cuento. Con suerte atribuirá tu dispersión a tu mente de poeta.

De Derecho y Ciencia Política, que es lo que yo “he estudiado”, he aprendido poco. Pero en hacer exámenes y trabajos soy todo un experto. Es lo que mejor he aprendido en la universidad. Y aunque no valga para una mierda fuera de la uni, sí que me ha valido para aprobar. ¡Y hasta para sacarme el título! Decía un amigo que al final la universidad no nos enseña un oficio ni una disciplina, nos enseña a ser universitarios. Nos acostumbra a esa forma de vida y cuando acabamos la carrera no sabemos cual es el siguiente paso. Por eso a menudo, sin saber que hacer, cursamos un máster, como tonticos. Y luego otro. La universidad crea aquello que necesita: alumnos. Igual que las empresas crean consumidores. Nos han convertido en inútiles. Inútiles sobrecualificados (creo que Ivan Illich también decía algo de esto). Pero ¡qué más da! ¡De todas formas, tampoco hay trabajo!

No sé, quizás tengamos que empezar a pensar en crear en un camino propio, más allá del trabajo asalariado y de mendigar curro. Una cosa sí tengo clara: no quiero volver a sacarme más títulos. Estas asignaturas ya las he aprobado y para la próxima vez me gustaría aprender otras cosas. Cosas útiles, enriquecedoras, creativas, que me interesen... Cosas de verdad.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/elsac...

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Bertrand Russell, el filósofo de la paz

18 June, 2020 - 00:00

Se cumplen 50 años de la muerte de Bertrand Russell, uno de los filósofos más importantes del siglo XX . Escribió sobre una amplia gama de cuestiones y su labor intelectual fue de la mano con un activo compromiso pacifista.

Francisco Martínez Hoyos

Era un monstruo de la lógica. Se cuenta que, en cierta ocasión, Bertrand Russell (1872-1970) defendía que de una afirmación falsa se puede deducir cualquier cosa. Alguien entre el público le formuló entonces una cuestión provocativa: si dos más dos son cinco, ¿se sigue de ello que yo soy el papa? Russell aceptó el desafío y, con una agilidad mental increíble, se sacó de la manga una ingeniosa respuesta.

Si dos más dos son cinco, cuatro es igual a cinco. Si restamos tres a ambos lados de la ecuación, tenemos que uno es igual a dos. El Papa y yo somos dos. Como dos es igual a uno, entonces yo soy el Papa. Cuesta poco imaginar su sonrisa satisfecha después de desarmar así a su interlocutor.

Hijo de una familia aristocrática, nuestro protagonista era el tercer conde de Russell. Tras quedar huérfano a los seis años, su educación quedó al cargo de su abuela, lady Frances Elliot, una mujer tradicional en lo religioso pero progresista en otros aspectos, partidaria del darwinismo y del autogobierno en Irlanda. El pequeño, como era habitual entre la nobleza, no fue a la escuela ya que contaba con preceptores particulares.

Por lo que confesaría después, la estancia en prisión le resultó gratificante en muchos sentidos.

Adquirió así grandes conocimientos, pero su vida se desarrolló en un ambiente estricto que tuvo consecuencias negativas sobre su personalidad: se convirtió en un chico tímido y solitario. Prefería guardarse sus opiniones para sí porque, en aquel entorno conservador, las opiniones atrevidas provocaban escándalo con facilidad. Por eso, el futuro filósofo prefería vivir en compañía de sus libros.

Este aislamiento se acabó cuando ingresó en la Universidad de Cambridge, en la que encontró un espíritu muy distinto. Allí formó parte de una sociedad denominada Los Apóstoles, en la que se organizaban debates en los que los participantes se expresaban con total libertad, sin verse limitados por ningún prejuicio. Este periodo también fue importante en su biografía porque tuvo como profesor a Alfred North Whitehead, con el que más tarde escribiría Principia Mathematica, una de sus obras fundamentales.

Durante la Primera Guerra Mundial, Russell se opuso al enfrentamiento que devastaba el continente europeo. A los pocos días del estallido de su inicio, señaló en la revista The Nation que el conflicto invertía los valores comúnmente aceptados en tiempos de paz: “Hace un mes, Europa era un pacífico grupo de naciones; si un inglés mataba a un alemán, era ahorcado por asesinato. Ahora si un inglés mata a un alemán, o si un alemán mata a un inglés, son patriotas”.

En 1916, con una carta a The Times, se declaró autor de un panfleto contra la introducción del Servicio Militar después de que seis jóvenes fueran detenidos por repartirlo. Esta confesión les costó cara: el Trinity College, una prestigiosa institución de la Universidad de Cambridge, lo expulsó de su claustro de profesores. En el último año de la Gran Guerra, estuvo en prisión seis meses por manifestarse contrario a que Estados Unidos interviniera en la contienda.

Por lo que confesaría después, la estancia en prisión le resultó gratificante en muchos sentidos. No tenía compromisos que cumplir ni decisiones difíciles que tomar, leía mucho y tenía tiempo para escribir un libro, Introducción a la filosofía matemática, y empezar otro. No apoyaba las soluciones militares a los conflictos, a excepción de circunstancias muy especiales.

Ese tipo de situación fue la que se produjo a partir de 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El filósofo británico apoyó a los aliados porque creía que un mundo en el que dominara el fascismo sería una catástrofe sin precedentes. Durante la guerra fría, su activismo se encauzó hacia la lucha contra las armas nucleares. Tras el lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, no tardó en expresar su indignación con un artículo que era un llamamiento a la cordura: “La humanidad se enfrenta a una clara alternativa: O bien morimos todos o bien adquirimos un ligero grado de sentido común”.

Diez años después, en 1955, dio a conocer junto a Albert Einstein y otros nueve científicos e intelectuales un manifiesto contra la amenaza de una guerra atómica. Einstein, por cierto, dio su apoyo al texto solo dos días antes de morir. El texto no se andaba por las ramas: la humanidad se exponía a un peligro muy real de aniquilación si continuaba por el camino del militarismo. Con armas atómicas, ninguna de las grandes potencias podía aspirar a la victoria en una confrontación. Sucediera lo que sucediera, ambos bandos sufrirían los efectos del polvo y de la lluvia de las nubes radiactivas.

Por eso, no bastaba con un acuerdo para prohibir los arsenales nucleares que se incumpliría si llegaba a desencadenarse una contienda. Había que dar un paso más allá y erradicar la guerra en sí misma. El manifiesto no se limitaba a advertir del destino apocalíptico que esperaba al planeta si no se ponía freno al crecimiento de los arsenales no convencionales. Los firmantes proponían una reunión de científicos de todo el mundo, por encima de las adscripciones ideológicas, para abordar los problemas derivados de la proliferación nuclear.

Este fue el origen de la Conferencia Pugwash, surgida dos años después y así denominada porque tuvo lugar por primera vez en una pequeña localidad de Canadá. Desde entonces, estas reuniones se han celebrado en diversas localidades. En 1995, su labor fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz. Para alcanzar la paz, nuestro protagonista proponía que los diversos Estados se desarmaran y conservaran las fuerzas estrictamente necesarias para tareas internas.

Como entonces ninguna nación poseería ejércitos amenazadores, no habría problema en que todas ellas aceptaran una fuerza internacional en manos de una autoridad universal. Este contingente, por su pequeño tamaño, no ocasionaría grandes gastos. En los años sesenta, Russell se opuso activamente a las hostilidades en Vietnam. Creía que Estados Unidos debía ser juzgado por crímenes de guerra con las mismas leyes que habían servido, en el Juicio de Nuremberg, para procesar a los nazis.

Por eso, en 1966, impulsó la constitución de un tribunal que juzgara a los norteamericanos, aunque fuera a un nivel simbólico. La iniciativa fue secundada por algunos brillantes intelectuales, entre los que destacaba el francés Jean-Paul Sartre. En la última etapa de su vida, pese a su edad avanzada, no dejó de implicarse en las causas que le parecieron justas, por lo que era habitual verle en manifestaciones.

Era, sin duda, un hombre siempre dispuesto a luchar por aquello que le parecía justo. No obstante, también es cierto que conservó durante toda su vida un fondo de escepticismo que le impidió adherirse al cien por cien a ninguna ideología. De ahí que, en cierta ocasión, expresara su rechazo a morir por una convicción. ¿Y si estaba equivocado?

La Vanguardia

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La XVII Marxa a Aitana se aplaza a 2021

17 June, 2020 - 00:00

Desde nuestro colectivo hemos estado, como no podía ser de otro modo, pendientes de los últimos sucesos y hemos sentido en nuestras carnes y corazones como iban cayendo uno tras otro los eventos importantes, como en Elx la representación del Misteri y en Alacant las Hogueras. Por no hablar de Elx al Carrer o de las Fogueres Combatives, con su siempre hermosa bellea barbuda.

Pero no sólo miramos nuestro ombligo levantino y también nos duele que no se celebre el festival del Cerezo en Flor en Japón, la paralización de las obras de la Sagrada Familia en Barcelona, la oración del Viernes en Irán, el suspenso del festival “Potaje gitano” y el de la Feria Internacional del Ajo en Las Pedroñeras o el Oktobertfest de Baviera.

Visto lo visto, y reunidos en Soberana Asamblea on-line, el nosequé de junio de 2020, el Grup Antimilitarista Tortuga y el resto de colectivos convocantes de la misma hemos decidido posponer la gloriosa y multitudinaria “Marxa per la Desmilitarització de la serra d'Aitana" en su XVII edición para el próximo año 2021.

Nos consta el tremendo pesar y desaliento que esta decisión causa a las muchas personas que cada año participan en esta hermosa actividad ecologista y antimilitarista, así como el gozo y jolgorio que, a buen seguro, estará cundiendo en las altas esferas militares donde, es de creer, algunos se frotan las manos ante lo que tal vez interpretan como una tregua en nuestra incansable tarea para que la Serra d'Aitana se vea libre de la bota militar y de la colaboración con la guerra. Pero ni unos ni otros han de abandonarse a dichas emociones: El año que viene volveremos con más bríos.

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Objeción fiscal en la vida cotidiana II

17 June, 2020 - 00:00

Campaña por la Objeción Fiscal al Gasto Militar del Grup Antimilitarista Tortuga

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Cuidados sí, guerra no

17 June, 2020 - 00:00

El uso de terminología militar por parte de diferentes mandatarios ha sido ampliamente debatido. Lo que no ha sido tan debatido es cómo este lenguaje refuerza el imaginario patriarcal.

Ana Delso Atalaya

Asociación Trabe

El uso de terminología militar —personal sanitario en primera línea, personal médico en las trincheras, la sociedad en la retaguardia, el ejército de sanitarios, las trincheras de la sanidad—, por parte de diferentes mandatarios y responsables de administraciones públicas, ha sido ampliamente debatido desde que comenzó la respuesta institucional a la pandemia. Lo que no ha sido tan debatido es cómo este lenguaje refuerza el imaginario patriarcal de combate, lucha y competitividad, instalándonos de nuevo en lógicas de masculinidad hegemónica.

Si algo ha puesto sobre el tapete esta pandemia es la vulnerabilidad de los cuerpos y si algo ha removido es la ilusión de omnipotencia occidental. El efecto de la pandemia podría habernos hecho reflexionar sobre esto: sobre la vulnerabilidad de los cuerpos, la fragilidad de las personas, la interdependencia mutua y, por tanto, la necesidad de cuidados, poniendo en el centro del debate los cuidados y cómo proveerlos de la mejor manera posible. Sin embargo, el deslizamiento hacia la batalla, la guerra, la contienda pone en evidencia que este modelo de sociedad coloca otra vez el desafío en vencer, trae de vuelta el delirio de la omnipotencia de las sociedades occidentales, la ilusión de que cualquier desafío se puede vencer.

Debemos ajustar nuestro crecimiento económico a las necesidades y pensar sistemas de cuidados, no para las crisis sanitarias, sino para que la vida sea vivible

Sin duda, las sociedades occidentales tienen mayor capacidad de respuesta ante este desafío que otras sociedades empobrecidas, pero no somos invulnerables, no podemos controlarlo todo. Esta evidencia debería ayudar a vernos a nosotros mismos desde una visión más humilde: somos una especie más en un ecosistema amplio que debemos respetar y no depredar y desde esa evidencia transformar nuestro modelo de desarrollo en dos direcciones: ajustar nuestro crecimiento económico a las necesidades y pensar sistemas de cuidados, no para las crisis sanitarias, sino para la vida, para que la vida sea vivible, como plantea Amaia Pérez Orozco en Crisis multidimensional y sostenibilidad de la vida.

La respuesta social e institucional, sin embargo, no se ha dirigido a reflexionar sobre esta vulnerabilidad y sobre las estrategias de cuidados —tanto prestados desde el ámbito público como comunitario y social—. De momento, se han activado respuestas de lucha frente al virus, no se ha pensado cómo poner los cuidados en el centro. No es casual que muchas de las personas mayores fallecidas residieran en residencias, la mayor parte de ellas de gestión privada. ¿Qué nos está diciendo esto sobre nuestro modelo de cuidados? ¿Está siendo una respuesta llevar a las personas al final de su vida a residencias de gestión privada?

El discurso militar desplaza la atención en primer ligar a un estado emocional de alerta, de frente común frente al enemigo. La mirada se desplaza al enemigo, en lugar de desplazarse hacia nosotras y nosotros como sociedad, preguntándonos sobre qué modelo de desarrollo queremos: aquel que privilegia el crecimiento por encima de todo, poniendo la reproducción y los cuidados al servicio del capital o aquel que privilegia los cuidados y pone la economía al servicio de estos.

El recurso a lo bélico saca de escena lo cotidiano, lo habitual, arrincona el gran tema de los cuidados, asumidos casi en su totalidad por mujeres, el tema de la dependencia, el tema de la reducción del consumo. En definitiva, refuerza un imaginario social de excepcionalidad, un imaginario patriarcal, que vuelve a dejar de lado aquello que no es la contienda o la competencia: los cuidados, el medio ambiente, la dependencia.

Si el lenguaje refleja una forma de representarnos la realidad, tenemos que hablar desde otros lugares, con otros lenguajes, para contrarrestar esta representación bélica de lo que no es sino una pandemia.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opini...

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Chile: Piñera faculta al ministro de Defensa para autorizar “instrucción premilitar” en organismos educacionales

16 June, 2020 - 00:00

A raíz de este polémico decreto, El Desconcierto conversó con el presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, quien señala que dentro de los recintos que implementen estas medidas – y en los que ya las tienen -, «se podría estar entregando una instrucción no regulada. Podría haber una ideologización de estudiantes jóvenes en función de mentalidades militaristas, que por supuesto no corresponde».

Este martes se publicó en el Diario Oficial la modificación de un Decreto Supremo, que permite a los ministros de Estado para firmar un documento “por orden del Presidente de la República”.

Esto, con el objetivo de facultar a quien esté encargado o encargada del Ministerio de Defensa, para utilizar este poder y así autorizar a los diferentes tipos de establecimientos educacionales del país para impartir “instrucción premilitar”, lo que estaría justificado por el gobierno bajo “razones de buen servicio”, como señala el oficio.

De esta manera, se incorpora a nuestra legislación – en el Acápite III del Ministerio de Defensa – el polémico numeral 23: “Autorización para que los institutos, escuelas y organismos educacionales impartan instrucción premilitar”.

Luego de corroborar la veracidad del documento en la página web del Diario Oficial, El Desconcierto se comunicó con el presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, quien expresa que, si bien este decreto no entrega casi ninguna novedad, va en una dirección muy preocupante para las y los educadores.

“Ese decreto en sí no establece nada muy nuevo, excepto que en vez de requerirse la firma del Presidente de la República, basta con la firma del ministro de Defensa para autorizar el funcionamiento de las escuelas premilitares”, explica el docente.

“Sin embargo, yendo al tema más de fondo, la verdad es que es bastante discutible el sentido que tienen estas escuelas premilitares, en donde se entrega toda una formación que no sabemos muy bien cuál es el control, la razón que tiene eso. Por lo tanto, creemos que es un tema pendiente, es un debate que se tiene que dar en Chile, sobre cuál es el carácter que tienen estas escuelas”, sostiene Aguilar.

En esta línea, el dirigente alerta que dentro de estos recintos “se podría estar entregando una instrucción no regulada. Podría haber una ideologización de estudiantes jóvenes en función de mentalidades militaristas, que por supuesto no corresponde”.

“Recordemos que en Chile, constitucionalmente e históricamente, el monopolio de la fuerza lo tienen únicamente las Fuerzas Armadas, por lo tanto, es bien delicado que a estudiantes jóvenes se les esté entregando educación militar. Yo diría que, derechamente, no compartimos ese enfoque y esa ‘línea' educativa”, concluye el representante de las y los profesores.

Fuente: Eldesconcierto.cl

Tomado de: https://www.resumenlatinoamericano....

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"El papel de los militares ha sido anecdótico y, sobre todo, totalmente prescindible"

16 June, 2020 - 00:00

j. fernández / bilbao

Los ejércitos no le convencen. Ni antes ni ahora. A su juicio, la presencia de militares en tareas de desinfección confirman la necesidad de repensar el gasto público.

Siempre crítico con el papel de los gobiernos y sus apoyos a la industria armamentística, Javier Fernández, miembro de Kakitzat lo tiene superclaro: "No han sido los ejércitos quienes nos han defendido del virus".

Muy buenas, tocayo. Parece que ya vemos la luz al final del túnel.

—De momento empezamos con la famosa desescalada. Estos días yo creo que nos han servido para valorar muchas cosas que antes, por tener todos los días, quizás no valorábamos lo suficiente, y no estoy hablando de cosas materiales: amigos, familia, naturaleza, relaciones sociales,... Quizás esto nos convierta en más empáticos con la gente que de repente de un día para otro pierde todas estas cosas por culpa, por ejemplo, de una guerra.

Hay que ver la que se han traído algunos con querer sacar a los militares a la calle; Lo que les gusta el caqui a algunos. Hasta le han puesto nombre: 'operación Balmis'. Esto parece Hollywood ¿Cómo ha vivido todo esto? ¿Se imaginaba ver a militares por las calles?

—Yo creo que nadie imaginaba que una situación como esta nos pudiera pasar a nosotros, la Europa moderna y avanzada. Esto es algo que pasa en otros países o en las películas catastrofistas. Como bien dices, esto parece una producción de Hollywood y han copiado hasta el proceder de los norteamericanos: sacar los militares a la calle por cualquier cosa.

Sí, sí, pero

—Pero a la hora de la verdad se ha visto quiénes han sido realmente los que nos han ayudado a poder sobrevivir a esta situación, tu vecino cajero, tu primo enfermero, tu amiga la médico, el repartidor de la calle de al lado... Es decir, la gente normal y corriente. El papel de los militares ha sido anecdótico y sobre todo totalmente prescindible. Para ir a desinfectar una estación de tren no hace falta ir pertrechados con metralletas o tanquetas como los hemos visto por muchas ciudades.

Mucha gente dice que ha primado la labor propagandística, de escaparate. Al menos en las actuaciones militares desplegadas en territorio vasco...

—Y a la vez sobredimensionado en los medios de comunicación. Nos han sacado muchísimas imágenes de militares haciendo trabajos civiles. Es curioso que para lavar la cara de los militares siempre se utilicen acciones civiles o humanitarias. No nos los enseñan en acciones de guerra, que se supone que es su principal cometido. Ha sido una clara lavada de cara de una institución que en muchos sitios, y yo creo que en Euskal Herria especialmente, no cuenta con muchas simpatías.

Otras voces dicen que han contribuido a extender el estado de miedo. "Si han sacado a los militares, es porque esto es grave".

—No creo que el papel de los ejércitos en esta crisis haya sido el de infundir miedo porque se han preocupado mucho de darle un tono menos belicoso, incluso muchas veces falseando la realidad. Hemos visto militares, perfectamente pertrechados con EPI mientras el personal sanitario se cubría con bolsas de basura, desinfectando suelos, pero pisando por encima de lo que ya habían desinfectado... Es decir, puro postureo que se dice ahora.

Y la lectura de otros ha sido: si ha habido que poner militares para realizar labores sanitarias, eso quiere decir que algo no funciona. ¿Habría que revisar los presupuestos de cada área?

—Efectivamente, han estado haciendo trabajos que no les correspondían. Es una manera de justificar la ingente cantidad de nuestro dinero que se destina a gasto militar y a industria armamentística. Durante todos estos años, los servicios que estos días se han demostrado como esenciales: sanidad, educación, servicios sociales, Seguridad Social, etc. han sufrido grandísimos recortes y como consecuencia de ellos el índice de mortalidad de este virus ha aumentado muchísimo: esos recortes se han traducido en muertes.

¿Y eso de poner a uniformados a dar ruedas de prensa? Daba un poco de miedito

—Tengo entendido que es el único país donde han aparecido tal cantidad de uniformados engalanados en las ruedas de prensa. Esto nos ha sorprendido a todos, y de hecho al final han cambiado un poco la estrategia porque esta imagen ha despertado muchas críticas por distintos sectores de la sociedad. Ha sido una crisis de índole sanitaria y han utilizado un lenguaje y una parafernalia muy militar, demasiado exagerada, que no se correspondía con la situación que estamos viviendo. Por mucho que nos lo hayan repetido no estamos en una guerra.

El movimiento antimilitarista ¿entendería una renovación del Ejército para que adecuara sus funciones a los retos que plantea la globalización?

—Desde los movimientos antimilitaristas hemos abogado siempre por otro tipo de sociedad basada en los Derechos Humanos y valores como la solidaridad y el apoyo mutuo. En esta crisis hemos visto imágenes muy tristes pero también han salido a la luz grandes momentos de compañerismo entre las diferentes personas, hemos visto que solamente cuando nos juntamos y apoyamos podemos conseguir grandes cosas. En este tipo de sociedad no caben los ejércitos, de ningún tipo. Estos días deberían habernos servido para empatizar con toda esa gente que, de repente, se ve inmersa en una guerra que no han buscado y que por culpa de intereses internacionales pierden todo lo que tenían y se ven abocados a la muerte, miseria o a huir de su propia tierra.

"Quizás esto nos convierta en más empáticos con esa gente que, de repente, pierde todo por culpa de una guerra, por ejemplo"

"Ha sido una crisis de índole sanitario y han utilizado un lenguaje y una parafernalia muy militar, demasiado exagerada"

Fuente: https://www.deia.eus/actualidad/soc...

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El ejército se disculpa por encañonar a un chico de 16 años en Jaca

15 June, 2020 - 00:00

El coronel jefe del Regimiento Galicia 64, con base en Jaca, ha pedido disculpas a la madre de un menor de 16 años que fue encañonado por un soldado cuando volvía a casa a las 22:30 horas de la noche, según ha informado el diario Heraldo.

Al parecer, el joven regresaba a su domicilio cuando se cruzó con cinco militares de dicho regimiento que se encontraban realizando maniobras en el casco urbano de la localidad oscense, y al subir "unas escaleras comunitarias" uno de ellos le apuntó con un arma.

La madre del adolescente denunció los hechos en las redes sociales asegurando que "uno de los militares apuntando con el arma a mi hijo. ¡Increíble!". Un mensaje que ha llevado al alto cargo a disculparse con ambos.

La mujer ha aceptado las disculpas aunque ha dicho que "no me parece ni medio normal que hagan maniobras en el casco urbano de Jaca, de noche y encima el militar de marras no ha bajado el arma en ningún momento", según ha recogido El Mundo

Desde El Ejército han informado de que los soldados tienen que llevar el arma, aunque la instrucción es que deben portarla colgada del hombro y nunca en posición de disparo. Además, han atribuido el suceso a la falta de experiencia del militar, ya que el batallón, que se estaba trasladando desde el cuartel de San Bernardo hasta la zona de monte, donde iban a tener lugar las maniobras, estaba compuesto por "soldados de nueva incorporación", y han argumentado que "cualquiera más veterano nunca lo hubiera hecho".

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Nueva Directiva de Defensa Nacional

15 June, 2020 - 00:00

Juan Carlos Rois
Tortuga.

El 11 de junio se ha publicado la Directiva de Defensa Nacional (en adelante DDN), el máximo documento del planeamiento de la defensa en España, que define «los objetivos de la política de defensa española».

Intentemos profundizar en este documento, que consagra nuestra minoría de edad en materia de defensa y el despotismo de nuestros gobernantes, sean del signo que pinte en cada momento.

  • La DNN; un documento muy peculiar

Las peculiaridades de este documento son muchas.

La primera, que viene a ser un calco de la directiva correlativa que aprueba la OTAN cíclicamente, lo que habla de nuestra dependencia respecto del verdadero centro de decisiones geopolítico en materia de defensa del que dependemos.

La segunda, que, a pesar de definir los objetivos de la defensa (esto es, de qué hay que defenderse, cómo hay que hacerlo, quién tiene las competencias para ello y un largo etcétera condicionado a la respuesta a preguntas fundamentales) y aún cuando su trascendencia para nuestras vidas es tan evidente, su aprobación está absolutamente hurtada al debate social, a la deliberación compartida e incluso a la discusión parlamentaria, porque no pintamos nada, no sabemos nada y no tenemos opinión relevante ni derecho a ella.

Las DDN son unos documentos que se aprueban casi siempre coincidiendo con el inicio de cada legislatura. El artículo 6 de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional (por cierto, de fecha posterior a varias de estas directivas) establece que corresponde al Presidente de Gobierno «formular» la DDN. El Presidente «establecerá las líneas generales de la política de defensa y las directrices para su desarrollo» y la DDN servirá para «Definir y aprobar los grandes objetivos y planteamientos estratégicos».
Que la norma no contemple ningún tipo de cauce de debate público (ni tampoco de control parlamentario) sobre tan trascendental disposición política, es harina de otro costal ¡y qué costal!

A diferencia de las políticas sectoriales de cualquier otra materia, como pueden ser la educación, la inmigración, la ciudadanía y la integración, la transición ecológica, y un largo etcétera, no se sigue en el caso de la DDN ningún proceso de diálogo social, ni de debate público, ni siquiera de tramitación parlamentaria (sería lo mínimo), ni se llama a su discusión a ningún consenso social, sino que es elaborada por una oficina obscura de planeamiento militar, para ser luego presentada al Pleno del Consejo de Defensa Nacional (presididos por lo general por el Rey o, a falta de este, por el Presidente de Gobierno, los ministros de defensa, interior, Asuntos Exteriores, Economía y Hacienda, así como por los jefes de Estado Mayor de los ejércitos, el Director del CNI y el Director de Gabinete de Presidencia de Gobierno) y más tarde, una vez «aprobada» por el Presidente de Gobierno, es «informada» al Parlamento para que la cámara tenga conocimiento de todo ello, pero sin posibilidad de debate ni enmienda alguna.

Las DDN (10 hasta la fecha desde 1980, normalmente coincidiendo con el inicio de cada legislatura) fueron secretas hasta el año 1996, lo que nos hizo creer que contendrían algo importante. Pero la magia no existe, y cuando conocimos su contenido vimos que tanto experto para tan poca enjundia decepcionaba un poco. Cualquiera en su casa se hace una directiva de esas con la gorra, menos desatinada y más sensata sin necesidad de haber pasado por el Curso de Estado Mayor ni ningún otro centro de formación al uso.

  • Política de estado e inmovilismo de la defensa

¿Qué justifica que la política de defensa y la definición de sus objetivos no sea objeto de contraste, debate, cotejo de alternativas, participación de la sociedad, . . . ?
Si hacemos caso (no siempre conviene) a nuestra politi-casta en materia de seguridad y defensa, la opacidad y falta de participación que subyace a toda la política de seguridad y defensa tiene que ver con que la materia es un bien esencial y una «Política de Estado», que es como decir, un tabú, lo que quiere decir que incuestionable y cerrada a cualquier alternativa desde que, en el supuesto pacto constitucional y después con la entrada en la OTAN ordenada por Calvo-Sotelo y consolidada con Felipe González y su ministro (luego jefe de la OTAN) Solana, las élites poliárquicas se pusieron de acuerdo en sus líneas principales.

El mantra de las «políticas de Estado» es el subterfugio de los grandes partidos para reducir el debate acerca de determinadas materias que pudieran alterar mínimamente los encorsetados consensos de mesa-camilla que fraguaron el régimen vigente y que siguen cerrando su evolución, pero, en el caso de la política de defensa, se desborda más allá, para significar el absoluto inmovilismo, la completa ausencia de debate social y la opacidad con que se conduce esta dimensión de la política de espaldas a la ciudadanía impúber.

Ello puede observarse de la sucesión de DDN dictadas desde 1980 (1980, 1984, 1986, 1992, 1996, 2000, 2004, 2008, 2012 y la recientemente publicada), las cuales consagran un modelo de defensa militarista, enfocado al intervencionismo exterior (90 operaciones militares en el exterior desde Felipe González a la fecha y más de 16.000 millones invertidos en éstas), mantenedora de un ejército que tiene una de las ratio más altas de personal militar de nuestro entorno (2,5 militares en activo por cada 1000 habitantes, que se elevan a 4,3 si contamos a la Guardia Civil y a 67,6 si contamos los más de 3.200.000 personas que dependen mensualmente del gasto militar si añadimos las clases pasivas militares y funcionarios civiles al servicio de la defensa), con un gasto militar opaco y brutal (entre los más de 24.000 millones que afirma el moderado Centro Delás y los más de 31.000 que detectamos nosotros al año) y un descarado fomento de una industria militar y de la venta de armas (séptima potencia planetaria en la materia).

Llama la atención, si hacemos un repaso de la oferta en materia de defensa que ofrecen en sus programas políticos los diversos partidos, nuevos y viejos, la repetición de lugares comunes y la ausencia de una verdadera alternativa a la política de defensa inamovible que nos amordaza: ningún planteamiento para abordar los múltiples problemas endémicos de nuestro militarismo (luego me referiré a ellos); ninguna apuesta por la seguridad humana; ninguna crítica a la visión estratégica y geopolítica que nos hace partícipes de la OTAN y de su estrategia global de dominación-violencia; ninguna pretensión de transarme para desmilitarizar la seguridad y la sociedad, ni para transferir a las necesidades sociales el enorme esfuerzo destinado a mantener el sistema militar actual; ninguna participación social para definir nuestra mayoría de edad en materia de seguridad y para que la sociedad pueda debatir y deliberar qué queremos defender, cómo queremos hacerlo y quiénes deben ser los «sujetos» de tal defensa.

Y ¿Qué decir de la deprimente batería de enmiendas que éstos mismos hacen cuando se tramitan los presupuestos generales del Estado? ¿o de la no menos deprimente política de control que se desarrolla en la anodina y sesteante (son por la tarde a primera hora) Comisión de Defensa del Congreso?

Ejemplos todos ellos de que en materia de militarismo, todo está atado y bien atado y las personitas de a pie no pintamos nada, salvo pagar y agradecer.

  • Lo que dice en sí la actual directiva

Aún cuando la DDN debe definir la política de defensa, lo cierto es que es un documento de carácter más bien propagandístico y repleto de lugares comunes, cuyas principales argumentaciones tienen la virtud de usar muchas palabras para no decir nada, o al menos nada que valga la pena.

Porque lo que se dice en la realidad de los hechos, se dice de forma opaca y por otros medios más desapercibidos (por ejemplo, con las constantes ampliaciones de créditos para compra de armas o para inflar el presupuesto año tras año del Ministerio de Defensa, promocionando con las altas magistraturas del Estado la venta de armas a países indecentes u ocultando partidas de gasto y actividades militares bajo los presupuestos de otros ministerios ajenos al militar o de otras instituciones tan poco sospechosas como el CSIC, AEMET o los barcos que financia para operaciones militares el Instituto Social de la Marina o el Ministerio de Agricultura, pesca y la retahíla de atributos de su nomenclatura).

a) escenario cambiante y peligroso

Así y todo nuestra actual directiva (puede consultarse aquí) define (como han venido haciendo las anteriores) un escenario «múltiple y cambiante» de amenazas de carácter «complejo», «transnacional» y «global» (le ha faltado decir ubicuo y perfecto para definir al dios de los filósofos), dentro del cual nuestro país es un «socio responsable y solidario, plenamente comprometido con la paz y la estabilidad global» hasta el punto de ser hoy en día un «proveedor de seguridad con un modelo propio y definido» con, entre otros, «la experiencia de más de treinta años de participación de nuestras fuerzas armadas en operaciones fuera del territorio nacional».

El escenario internacional así de difuso se concreta en una «erosión notable del orden internacional y en un protagonismo inusitado del recurso a la fuerza», que ha amplificado los retos, «que proceden ahora tanto de actores estatales en competición como de otros no estatales (terrorismo y crimen organizado) con una gran capilaridad entre todos ellos, especialmente evidente en las acciones de desinformación y las agresiones en el ciberespacio».

También entran entre nuestros riesgos precisados de enfoque militar «el cambio climático o, incluso, las pandemias» (afortunadamente no parece que la invasión por los marcianos o la epidemia fascista vayan a causar de momento problemas) y, en todo caso, «los ciudadanos exigen que se protejan sus valores, intereses y estilo de vida» presentes y futuros.

Seguramente esta descripción vale tanto para una mala novela distópica, como para arreglar un roto o remendar un descosido, porque es puro humo y malamente puede describir las prioridades y las necesidades globales (la mayoría de naturaleza no militar, ni nacionalista, ni relacionadas con los ejércitos a no ser que los contemplemos como un peligro añadido), y menos aún para ofrecer un enfoque militar y militarista de solución, pero sirve a nuestro gobierno para definir la justificación de mantener nuestro sistema de defensa militar, proporcionando «capacidades, especialización y disponibilidad únicas» (¿qué pensarán los personales sanitarios, educativos, los reponedores y trabajadores del sector alimentario, el sector científico y la sociedad en su conjunto de tan arrogante esencia de lo militar?) y para que, a pesar de que es evidente que no existen en la mayoría de los escenarios problemas de «defensa», la defensa «forma parte de la solución a cualquier problema de seguridad» (póngase usted malo y lo curará a este paso un sargento Arencibia o un capitán Vitorino vestido de ignífugo de la UME).

b) Deseos de nuestro despotismo «hilustrado» (con hache).

En dicho escenario «queremos mantenernos en el grupo de cabeza de los estados miembros (de la UE) comprometidos con el desarrollo de los instrumentos del Tratado de la Unión relativos a Seguridad y Defensa» y «. . . aumentar y modernizar las capacidades militares, y fortalecer la base industrial y tecnológica europea».
También queremos «reforzar las capacidades de la Alianza Atlántica» porque «creemos en una OTAN sólida» y «eficaz ante desafíos a la ciudadanía (no sabemos si planetaria, europea, atlántica o modestamente española) en cualquier dirección».
Y respaldamos además a la ONU (de hecho somos uno de sus principales contribuyentes en materia de tropas desplegadas por doquier)

c) Líneas generales

Pasando del cuento a las cuentas, el documento aborda las que llama «líneas generales y objetivos de la política de defensa», que resumimos:

1) Proteger a España y los españoles, manu militari, de acuerdo con el (muy controvertido porque otorga un peso al ejército abrumador y que no aparece en ninguno de los textos constitucionales de nuestro entorno) artículo 8 de la Constitución.

2) Contribuir a la paz internacional en el marco de los compromisos adquiridos por España (es decir, contribuir más bien al estatus quo caracterizado por su injusticia y su inviabilidad).

3) Mantener un sistema de defensa creíble de carácter disuasivo, tanto hacia el interior, como de cara al exterior y con arreglo a nuestro peso internacional.

4) Hacer uso hacia dentro del propio Estado (se ha visto en la pandemia) de las fuerzas armadas como parte de la gestión de crisis y emergencias interiores, continuar con las labores tradicionales de «defensa territorial» de los ejércitos y mantener, hacia fuera, el actual intervencionismo, ya sea bajo las banderas OTAN, UE, ONU o propias, ya participando en coaliciones militares «ad-hoc».

5) Amplificar nuestra «diplomacia de la defensa» (que ha conseguido nuestra participación militar en diversas zonas del planeta y ha consolidado nuestra política de «fronteras de seguridad avanzada» básicamente para situar nuestra «frontera militar» en el amplio espacio que va desde el golfo de guinea hasta el índico pasando por todo el Sahel)

7) Reforzar el papel militar del CNI, de la UME y de la nueva moda de la «cibereguridad».

8) Reforzar la industria militar.

9) Impulsar una «cultura de la defensa» pensada más bien como adoctrinamiento que como participación democrática.

10) mejorando las condiciones de los militares.

Estos diez mandamientos se concretan en dos mantras que implican un enorme esfuerzo económico y de recursos: modernizar las fuerzas armadas (que nunca acaban de estar todo lo modernizadas que se requiere) y profesionalizar las fuerzas armadas (que nunca acaban de conseguir la profesionalización y reconocimiento que precisan) para poder seguir haciendo de éstas el ariete político, económico y de intereses compartidos que la élite necesita para postularse en el exterior y mantenernos a raya en el interior.

¿Está, amable lector, de acuerdo con todo esto? ¿Le han pedido su opinión al respecto? ¿No? Pues espere sentado, porque la exclusión de este debate forma parte de las reglas de juego y su opinión no cuenta para nada, como ocurre con otras esencias del tarro, como la monarquía, el papel de la Iglesia y otras grandes palabras que nos acompañan con su color de ala de mosca desde hace tantos lustros.

  • ¿Para qué sirve esta directiva?

Muy sencillamente, para tres cosas:

  • Consolidar un modelo de defensa militarista , caracterizado por el sobredimensionamiento de nuestra estructura militar, el sobrepeso de los ejércitos, el intervencionismo interior (ya sea frente a un difuso e indefinido enemigo interno o encomendando a los ejércitos un papel relevante en cualquier tipo de problema o crisis) y exterior (90 operaciones militares en el exterior desde los años 80, más de 16.000 millones de euros gastados en ellas y más de 120.000 efectivos participando de las mismas) del mismo, la sumisión a la política de la OTAN y al creciente militarismo de la UE, el fomento de la industria militar, la venta de armas y el negocio de la guerra (con un creciente trato de favor a los señores de la guerra, la consolidación de las puertas giratorias y de un oligopolio militar-industrial y la puesta a disposición de la venta de armas de recursos significativos del Estado, incluyendo la promoción del mismo por parte de ministros, altos cargos y ex altos cargos y las principales magistraturas del Estado), el abrumador gasto militar que mueve todo ello, una deuda ilegítima y salvaje por compra de armas innecesarias, una nefasta transversalidad del militarismo a todos los espacios políticos y sociales (gasto militar oculto en casi todos los ministerios, exenciones de impuestos y tasas para actividades de toda índole relacionadas con el militarismo, apoyo institucional, subvenciones y ayudas en todos los niveles administrativos, desde ayuntamientos a Comunidades autónomas, pasando por diputaciones, empresas públicas, instituciones, organismos autónomos y entes de todo nivel) y una pervivencia, cuando no fomento desde el poder, de un militarismo sociológico de signo autoritario, ultranacionalista, conservador y confesional que es el caldo de cultivo para la minoría de edad de la sociedad en materia de seguridad.
  • Cronificar los males endémicos de nuestro militarismo, que, autocitándome en el libro que se puede descargar gratuitamente «Manual para entender el militarismo» resumo en:
  1. Gigantismo
  2. Opacidad y falta de transparencia
  3. Clientelismo
  4. Sumisión a la OTAN y ausencia de soberanía
  5. Política intervencionista
  6. Despilfarro
  7. Gasto desmesurado e insostenible
  8. Deuda ilegítima y Programas de Armas innecesarios
  9. Ineficiencia
  10. Especulación y puertagiratorismo
  11. Venta de armas (y conflictividad)
  12. Garante de las esencias (unidad territorial y enemigo interno)
  13. Confesionalidad y militarismo sociológico
  14. Militarismo cultural, sociológico y organizacional
  15. Gran contaminador
  16. Que no defiende la seguridad humana
  • Cerrar cualquier debate sobre una alternativa (lo que no es lo mismo que un cambio cosmético) global a éste modelo, basado en la seguridad humana; precisamente cuando lo vivido en la pandemia que seguimos padeciendo nos ha mostrado la enorme distancia entre nuestras necesidades y problemas de seguridad y el modelo de defensa que tenemos, que no está pensado para responder a nada de ello, así como la ineficacia, incompetencia y abrasadora peligrosidad de meter a los militares hasta en la sopa. Cuando nuestra sociedad clama por más inversiones sociales y menos gastos militares, la DNN recientemente firmada, elude el debate. Cierra la posibilidad de cambio y no propone ninguna medida para la participación social en las grandes definiciones de la política de defensa, porque seguimos siendo, para nuestra élite diluviana menores de edad en materia de defensa y nos basta con obedecer y pagar sin rechistar la cuenta del festín.

- Pero ¿no hay alternativa?

A juzgar por lo que dicen (y hacen) los nuevos/viejos partidos políticos, no hay alternativa, ni otro horizonte pensable, ni es posible promover la desmilitarización de la seguridad y la superación del modelo de defensa militar por otro de seguridad humana basado en los derechos y necesidades humanas.
Lo mismo, exactamente lo mismo, que decían respecto de las propuestas ecologistas, feministas o de cualquier otro signo transformador hasta que la gente con sus prácticas ha desmentido la falta de alternativas y ha puesto el dedo en la llaga: no es un problema sólo de preferencia ni de posibilidad de la alternativa, es que sin transitar hacia ella y sin abandonar el modelo vigente lo que no hay es solución, sino colapso.

Me permitiré añadir, dada la extensión de este texto, que sobre la alternativa a la defensa militar si se ha escrito. Citaré el libro del Colectivo Utopía Contagiosa «Política noviolenta y lucha social» del año 2012, editado por Libros en Acción, la editorial de Ecologistas en Acción, en el que se describe la viabilidad de una alternativa de desmilitarización y un camino para abordarla.
En la actual reclamación de seguridad humana y cuidados, nuestros partidos políticos sólo abordarán cambios sustanciales en materia de defensa cuando no hacerlo les pase factura real, lo que de momento no ocurre, y cuando las practicas sociales sean capaces de desencadenar la suficiente movilización para ello.

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Objeción fiscal en el trabajo II

15 June, 2020 - 00:00

Campaña por la Objeción Fiscal al Gasto Militar del Grup Antimilitarista Tortuga

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Anchuras, el pueblo de Ciudad Real que le ganó la batalla al ejército y los aviones

14 June, 2020 - 00:00

ANIBAL DE LA BELDAD / EFE

Anchuras, un pequeño municipio de Ciudad Real de unos 400 habitantes, recuerda este sábado como logró hace tres décadas ganar una dura batalla al Gobierno español, evitando que acabara instalando un campo de tiro en el que los aviones del Ejército pudieran realizar maniobras militares.

El pueblo, con el apoyo de muchas otras personas comprometidas con la paz y la conservación de la naturaleza, se sublevó contra la decisión del Gobierno, que en 1982 decidió instalar en España el mayor campo de tiro del ejército en Europa, para ser utilizado como campo de práctica de tiro por las fuerzas aéreas de la OTAN, aunque esta idea que se abandono finalmente en 1988.

Treinta años más tarde, los grandes protagonistas de esta hazaña histórica, del triunfo de David frente a Goliat, se han reunido en Anchuras para celebrar con numerosas actividades y actos de homenaje que fueron capaces de echar atrás la decisión del Gobierno de turno y de que Anchuras se ganase el derecho a ser considerado ejemplo de lucha colectiva.

Según recuerda Santiago Martín, al alcalde de Anchuras en 1987 y regidor aún en la actualidad, la lucha contra el campo de tiro quedó marcada en la memoria colectiva de la sociedad española y reflejada en los medios de comunicación de la época, que recogieron la desigual pelea que les enfrentó con el todo poderoso Ministerio de Defensa de la época, que en aquel entonces tenía al frente a Narcís Serra.

El Ministerio, que había desechado la idea de construir el campo de tiro en la finca Cabañeros, que fue la primera opción del Gobierno, había decidido que la instalación militar se instalara en la finca El Rosalejo, propiedad de la familia Moro, estratégicamente localizada en un lugar recóndito de la provincia de Ciudad Real, donde los aviones pudieran lanzaran sus proyectiles, lejos de las grandes zonas urbanas y pobladas.

La presión de los ecologistas dado el valor ecológico de Cabañeros desvió la vista de los militares hacía Anchuras, y el 20 de julio de 1988 la finca 'El Rosalejo' fue declarada de 'Interés para la Defensa Nacional'.

Sin embargo, ni la coacciones que sufrieron entonces, ni las cargas de los antidisturbios, frenaron el empeño de un pueblo "que se negaba a contar con una instalación militar en sus tierras", ha relatado a Efe el alcalde de Anchuras.

Asimismo, ha dicho que "de la batalla de entonces nos queda recordar que costó mucho ganarla y que hubo gente que no lo pudo celebrar cuando se ganó, y a esa memoria nos debemos".

"También nos queda que junto a nuestro pueblo, hubo otra gente que se sentían anchureños, que mantuvieron vivo un espíritu de lucha, que hoy, que nos hemos vuelto a reunir, comprobamos que se mantiene intacto", ha añadido el regidor.

De aquellos años Santiago Martín recuerda como Anchuras "fue capaz de aglutinar a lo mejor de este país, a intelectuales, gente de la política, de los sindicatos, de la iglesia y del mundo de la cultura, que con su esfuerzo lograron que las formas de hacer las cosas en este país cambiaran".

En este sentido, ha apuntado que "en el bagaje positivo de esa lucha, queda la satisfacción de que a partir de Anchuras la forma de tomar las decisiones de los gobernantes cambió, y ya no se tomaron tan a la ligera, independientemente de que si esa decisión afectaba a una gran ciudad o a un pueblo pequeño como el nuestro".

En cualquier caso, ha subrayado que el logró fundamental "fue que el campo de tiro no se hizo" y también ha valorado que "se demostrado, al contrario de lo que se decía para asustarnos, que la defensa nacional no ha peligrado, treinta años después, ni nos han invadido los ejércitos a pesar de no tener campo de tiro y que al revés de lo que nos dijeron, nuestras fuerzas armadas están ahora en misión de paz fuera de España".

Fuente: https://www.clm24.es/articulo/ciuda...

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Senderos de Gloria : "Patriotismo"

14 June, 2020 - 00:00

"El patriotismo es el último refugio de los canallas." Samuel Johnson.

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Equipo

13 June, 2020 - 00:00

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De Frantz Fanon a Albert Camus: El fin y los medios

13 June, 2020 - 00:00

Rafael Narbona

Frantz Fanon fue revolucionario, psiquiatra, filósofo y escritor. Nacido en la isla de Martinica el 20 de julio de 1925, apoyó la lucha argelina por la independencia y militó en el Frente de Liberación Nacional. Hijo de una familia con una situación relativamente desahogada, presenció los abusos cometidos por las tropas navales de la Francia de Vichy contra la población nativa. A los dieciocho años, se alistó en el ejército de la Francia libre, combatiendo en la batalla de Alsacia. Su valor le hizo ganar en 1944 la Cruz de Guerra. Cuando se aproximaba la derrota de la Alemania nazi, las autoridades aplicaron a punta de bayoneta la segregación racial al regimiento de Fanon, separando a los soldados blancos de los negros. De cara a la victoria, toda la gloria debía ser para los franceses. Después de la guerra, Fanon estudió medicina y psiquiatría en Lyon. En 1952, publicó su primer libro, Piel negra, máscaras blancas, donde se preguntaba por qué los negros luchaban en las guerras de los blancos, jugándose la vida por quienes los maltrataban y despreciaban. Ya como psiquiatra del Hospital de Blida-Joinville, Argelia, vincula las patologías mentales a las patologías sociales. Una sociedad injusta es una sociedad enferma y produce infelicidad.

Cuando en 1954 comienza la guerra de liberación de Argelia, Fanon se une a la lucha clandestina contra la dominación colonial. Por su consulta pasarán víctimas de la tortura y torturadores. Dos años más tarde, escribe una carta abierta a las autoridades, presentando su renuncia. Expulsado de Argelia, se convierte en uno de los estrategas del Frente de Liberación Nacional. Una leucemia interrumpirá su trayectoria. Aún tiene tiempo de viajar a la Unión Soviética y escribir su testamento intelectual, Los condenados de la tierra, que aparecerá póstumamente en 1961. Fallece en Estados Unidos, adonde había acudido para recibir tratamiento.

En Piel negra, máscaras blancas, Fanon anima a recuperar las señas de identidad de los pueblos colonizados. Hay que superar la tentación de asimilarse a la cultura hegemónica, pues conlleva un menosprecio de lo propio y originario. Si no se hace así, se aceptará que la humanidad se divide en naciones civilizadas y pueblos salvajes. Es necesario superar la perversa dialéctica del “amo blanco” y el “esclavo negro”. El “negro” debe dejar de ser “negro” para adquirir densidad ontológica. En ese “no ser”, que precede a la recuperación de la identidad propia, hay un potencial revolucionario que puede extenderse a todas las formas de opresión y discriminación, impulsando una profunda transformación social. En Los condenados de la tierra, un título que se refiere explícitamente al primer verso de La Internacional, Fanon afirma que el proletariado se ha asimilado al orden capitalista. Las mejoras salariales han silenciado el inconformismo. En cambio, en los campesinos aún palpita la semilla de la rebelión. Viven en las afueras de las ciudades y no participan del bienestar generado por la expansión económica. Jean Paul Sartre leyó Los condenados de la tierra y escribió un prólogo con un enorme eco, apoyando el recurso a la violencia: “Cuando los campesinos reciben los fusiles, los viejos mitos palidecen, las prohibiciones desaparecen una por una; el arma de un combatiente es su humanidad. Porque, en los primeros momentos de la rebelión, hay que matar: matar a un europeo es matar dos pájaros de un tiro, suprimir a la vez a un opresor y a un oprimido: quedan un hombre muerto y un hombre libre; el superviviente, por primera vez, siente un suelo nacional bajo la planta de los pies”.

En Los condenados de la tierra, Fanon sostiene que la prosperidad europea se ha construido “sobre las espaldas de los esclavos, se ha alimentado de la sangre de los esclavos”. Se refiere a los pueblos colonizados. Negros, árabes, indios y amarillos han sufrido los estragos del colonialismo. Ahora pueden ser el foco de un mundo nuevo, la esperanza de todos los oprimidos. No es suficiente acabar con la explotación colonial. Hay que alumbrar un nuevo concepto del hombre y la sociedad: “Decidamos no imitar a Europa y orientemos nuestros músculos y nuestros cerebros en una dirección nueva. Tratemos de inventar al hombre total que Europa ha sido incapaz de hacer triunfar. […] Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo”. La violencia puede ser catártica, terapéutica. Según Sartre, “no hay acto de ternura que pueda borrar las marcas de la violencia; solo la violencia misma puede destruirlas”. La violencia revolucionaria destruye la opresión y pone de manifiesto que el pueblo puede ser el dueño de su destino. Fanon advertía que la violencia era un medio y no un fin. Si se le rinde culto, puede desembocar en una nueva tiranía, donde las elites locales ocupan el lugar de las elites extranjeras. Por eso pedía que los países que logren la independencia no reproduzcan las estructuras de dominación de las potencias coloniales: “La humanidad espera de nosotros algo nuevo, no una imitación que sería una caricatura obscena”.

En los años 70 del pasado siglo brotaron bandas terroristas de extrema izquierda en el corazón de Europa: las Brigadas Rojas, la Baader-Meinhof, el GRAPO. La mayoría esgrimían los mismos argumentos que Fanon y Sartre. Solo con la violencia podría extirparse la explotación capitalista, engendrando una sociedad más humana y solidaria. A estas alturas, solo un insensato suscribe este planteamiento, pero eso no significa que haya finalizado el debate entre los medios y los fines. Las perspectivas de una nueva recesión mundial rescatarán del desván de la historia los viejos demonios. La exaltación de la violencia puede nacer del oportunismo o la irresponsabilidad, pero en muchas ocasiones procede de una comprensible indignación moral. Cuando se cree que una ideología puede terminar definitivamente con el sufrimiento de los más vulnerables, se puede llegar a transigir con el crimen. Muchos filósofos han justificado el tiranicidio. ¿Por qué rechazar la violencia, “partera de la historia”, según Hegel y Marx, cuando puede arrancar de cuajo la iniquidad? Bertolt Bretch justificó la violencia revolucionaria, alegando que “hay muchas maneras de matar. Se le puede clavar a alguien un puñal en la barriga, quitarle el pan, no curarlo de una enfermedad, recluirlo en un tugurio, hacerlo trabajar hasta que reviente, empujarlo al suicidio, llevarlo a la guerra, etc. Sólo unas pocas están prohibidas en nuestra Estado”. En la misma línea, Ulrike Meinhof declaró que “la actividad revolucionaria siempre será repudiada por los medios de comunicación al servicio del poder, pero constituye el primer paso hacia la liberación”. Ulrike Meinhof no repara en que no es posible construir nada digno, humano y hermoso, cuando aniquilar una vida se considera un medio legítimo. Una idea no es sagrada; un hombre, sí.

Albert Camus, una de las conciencias más exigentes de su tiempo, analizó la violencia revolucionaria en Los justos, una obra teatral estrenada en 1949. Ambientada en la Rusia de los zares, relata los conflictos morales de un grupo de revolucionarios que ha planeado el asesinato de un gran duque, símbolo de la opresión feudal. Stepan Fedorov es el más resuelto e implacable. No alberga dudas. Considera que ningún hombre será libre mientras haya un solo hombre esclavizado. Después de pasar por la cárcel, ha comprendido la importancia de la disciplina. Annenkov, algo menos apasionado pero con idénticas convicciones, sostiene que el terror será necesario hasta que todos los bienes de la tierra pertenezcan al pueblo. Kaliayev es un idealista. Piensa que la poesía es revolucionaria y que puede contribuir a cambiar el mundo. Stepan se burla de esa idea. La revolución solo se materializará a base bombas. Si es necesario, está dispuesto a reducir Moscú a ruinas. Kaliayev acepta matar, pero aún cree en la belleza y la alegría. Dora, también revolucionaria, le escucha con agrado. Aún no se ha deshumanizado por completo. Todos, a pesar de sus diferencias, han asumido morir por la revolución. Presumen que serán ahorcados antes o después. Su disposición al sacrificio aligera sus sentimientos de culpa. Para Stepan, morir es más sencillo, pues no se quiere a sí mismo. Lo sabe y no le molesta. Un verdadero revolucionario no tiene derecho a quererse. El sentimentalismo es un vicio burgués. “No estamos aquí para admirarnos”, comenta. “Estamos aquí para triunfar”. Es inevitable pensar en las palabras de Fidel Castro: “Patria o muerte. ¡Venceremos!”. Stepan desconfía de Kaliayev porque escribe versos y ama la vida. “Yo no amo la vida –proclama—, sino la justicia, que está por encima de la vida”. Ingenuamente, Kaliayev objeta que la revolución traerá felicidad y belleza. Se mata al opresor para que nunca más haya violencia y los inocentes cubran la tierra. Kaliayev ha sido escogido para arrojar la bomba a la carroza del gran duque. Dora le advierte que matará a un hombre, que verá sus ojos y su sonrisa. Kaliayev se estremece al pensar en los días que transcurren entre un atentado y el cadalso: “hay toda una eternidad, quizá la única, para el hombre”.

Dora lamenta que el fervor revolucionario deshumanice hasta el extremo de matar el apego a placeres como pasear, reír o beber vino. Es el primer paso para acabar exaltando el uso indiscriminado del terror. “Cuando decidamos olvidar a los niños —afirma Stepan—, ese día seremos los amos del mundo y la revolución triunfará”. “Ese día —contesta Dora—, la revolución será odiada por la humanidad entera”. “Qué importa —replica Stepan— si nosotros la amamos con la fuerza suficiente para imponerla a la humanidad entera y salvarla de sí misma y de su esclavitud”. Más adelante, añade: “Nada de lo que puede servir a nuestra causa está prohibido”. Stepan desprecia la caridad, que solo alivia el mal de cada día. La revolución curará todos los males, presentes y futuros. Kaliayev interviene: “He aceptado matar para acabar con el despotismo. Pero detrás de lo que dices veo anunciarse un despotismo que, si alguna vez logra triunfar, hará de mí un asesino, cuando yo trato de ser un justiciero”. Acosado por su conciencia, Kaliayev advierte que si la revolución se aparta del honor, dejará de luchar por ella. “El honor es un lujo reservado para los que tienen calesas”, escupe Stepan.

Kaliayev no arroja la bomba a la carroza del gran duque porque va acompañado por unos niños. Habla con Dora y se lamenta de haberse apartado del amor y la alegría para abrazar la revolución. Desearía vivir lejos del odio. Dora le pide que asuma su destino: “No somos de este mundo, somos justos. Hay un calor que no es para nosotros”. Kaliayev conserva una sensibilidad religiosa. Stepan no cree en Dios, pero sí en la justicia. Sin esa fe ciega, reconoce que caería en la desesperación. Kaliayev por fin lanza la bomba y mata al gran duque. Condenado a muerte, habla con Foka, otro preso que hace funciones de verdugo y será el encargado de ahorcarlo. Foka dice que alivia su pesar con vodka. Kaliayev le habla de la revolución, del nuevo mundo que nacerá de las cenizas de la Rusia zarista: “Seremos hermanos y la justicia hará transparentes nuestros corazones. ¿Sabes de qué hablo?”. “Sí”, contesta Foka, “eso es el reino de Dios”. La gran duquesa, muy religiosa, visita a Kaliayev en su celda. El revolucionario le dice que no pretendía matar a un hombre, sino a la tiranía que representaba. La gran duquesa le contesta que habla igual que su difunto marido: “Todos los hombres adoptan el mismo tono para hablar de la justicia”. Después le comenta que es joven y que no puede ser malo. “No he tenido tiempo de ser joven”, replica el revolucionario y le confiesa que odia a los de su raza porque obligan a otros a matar. “Yo no estaba hecho para matar”, lamenta, pero la injusticia le forzó a adoptar el camino de la violencia. La gran duquesa le invita a buscar a Dios, pero Kaliayev responde: “No en esta tierra. Y yo tengo mis citas en esta tierra”. “Es la cita de los perros”, responde ella, “con el hocico pegado al suelo, siempre olfateando, siempre decepcionados”.

Kaliayev es ejecutado y Dora, desolada, se pregunta si su lucha merece la pena: “Si la única solución es la muerte, no estamos en el buen camino. El buen camino es el que lleva a la vida, al sol. No se puede tener frío siempre…”. Dora admite que escogió la lucha revolucionaria con alegría y ahora tiene el corazón triste. Se siente prisionera de un ideal que tal vez no sirva para construir un mundo mejor. “¡Qué horrible gusto tiene a veces la fraternidad!”, se lamenta. “Nunca más seremos niños —continúa Dora—. Con el primer crimen, la infancia huye”. Con Los justos, Albert Camus escribió el alegato más concluyente contra el terrorismo. Incluso cuando la violencia está justificada, como es el caso de la Resistencia contra la ocupación nazi, los que arrojan las bombas y disparan destruyen parte de su humanidad, pues no es posible matar sin perder la inocencia. Los medios cruentos no alumbran un mañana ético, sino una época sombría. En la Segunda Guerra Mundial, la victoria de los aliados fue un acontecimiento feliz y necesario, pero la violencia del conflicto propagó durante décadas el odio y el rencor. En Continente salvaje, Keith Lowe muestra con elocuencia el clima de venganza que reinó durante la posguerra. Los horribles crímenes de los nazis movilizaron el ansia de revancha de los que habían soportado bombardeos, torturas, deportaciones y asesinatos de sus seres queridos. Puede que haya guerras necesarias o justas, pero su cosecha siempre es espantosa. Muchos excombatientes y civiles arrastraron durante el resto de sus vidas gravísimos traumas. Nada volvió a ser igual. En el caso del terrorismo de extrema izquierda, Camus habla de la lucha contra la Rusia feudal, pero sus reflexiones podrían extenderse a los “años de plomo” de la década de los setenta, cuando las Brigadas Rojas, la Baader-Meinhof, el IRA Provisional, ETA, el GRAPO y otros grupos afines se lanzaron a una ofensiva sangrienta. Sería injusto no mencionar el terrorismo de extrema derecha o incluso el terrorismo de Estado, pero en ese caso no había un ideal que sirviera de justificación, sino una lucha sorda contra la modernidad y el progreso o una urgencia desesperada por desactivar el desafío contra las instituciones. Las bandas terroristas de extrema izquierda enarbolaban la bandera del socialismo, como los justos de Camus. Su objetivo era crear un mundo igualitario, sin clases sociales ni propiedad privada. Las organizaciones independentistas añadían un componente nacional y, a veces, racial. Su utopía parecía moderna, pero en el fondo era regresiva, pues invocaba un pasado donde supuestamente reinó una especie de comunismo primitivo. Lejos de la realidad, sacrificaban los hechos a las ensoñaciones. Algunos se arrepintieron; otros, disueltas las organizaciones, siguen reivindicando su legado. La crisis de 2008 revitalizó la marea revolucionaria. Algunos nos dejamos llevar, rescatando viejos sueños del pasado. Es fácil ser un revolucionario de salón, pero cuando desciendes al mundo de los hechos compruebas que la violencia no es épica, sino cruel y rastrera. Me avergüenza haber creído en la praxis revolucionaria del marxismo, pero también me avergonzaría haber pasado por la vida contemplando con indiferencia la injusticia. Afortunadamente, Martin Luther King nos legó una lección imperecedera: las injusticias pueden ser combatidas sin violencia. Se puede luchar humanamente. Albert Camus murió antes de que surgiera el movimiento por los derechos civiles, pero estoy seguro de que habría caminado al lado del pastor bautista, feliz de avanzar por el lado más ético de la historia.

Fuente: https://elcultural.com/de-frantz-fa...

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