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RNtv 48. Antimilitarismo

20 March, 2020 - 00:00
Categorías: Tortuga Antimilitar

"Cuestiones de ante-guerra"

19 March, 2020 - 00:05

Juan Carlos Rois
Tortuga

Indagando entre los empolvados libros que guardo en casa, me salta, como si quisiera hablarnos, uno que viene al pelo para preguntarnos por la mentalidad militarista que explica el redundante gusto de nuestra milicia por exhibirse como solución a problemas que no le competen y la indecorosa preferencia de nuestros políticos por exhibir a los militares cada vez que tienen oportunidad de ello.

Me refiero al libro del por entonces General de Brigada Don Carlos Martínez de Campos y Serrano, publicado en 1942 por la Editora Nacional con el título de «Cuestiones de Ante-guerra».

El autor tiene su enjundia porque fue uno de los militares vencedores de la guerra desencadenada contra la república y, para más, Jefe del Estado Mayor Central del Ejército de Franco en el tiempo en que publicó el libro. Pero no solo. Era nieto del General Serrano y fue preceptor más tarde del príncipe Juan Carlos de Borbón, luego rey y número uno de la jerarquía militar española, desde 1955 a 1969, aspecto este último que le concede una actualidad, siquiera como referente del susodicho.

EL libro es una exaltación, como no podía ser menos por el autor y la época, de las teorías caudillistas y fascistas de la posguerra, pero refleja muy bien la mentalidad militarista que ha acompañado a nuestros militares de carrera antes y después y que se ha impregnado en la sociedad, aspecto que hoy sufrimos con cierta naturalidad, como si no implicase nada. Luego volveré sobre este tema.

Dice Don Carlos en el capítulo 3 de su libro que el soldado ofrece un gran tesoro a sus compatriotas (antes no se hablaba de ciudadanos, sino de españoles buenos y malos) y que a ellos debemos la «libertad de acción, sus esperanzas, el derecho a la existencia y el hogar», nada menos.

Para forjar tan valeroso salvador se necesita «instrucción premilitar», que «ayudará a formarlo» y a hacerle parte de un batallón de iguales que marcha en masa para ganar la guerra y asegurar la paz.

El general insiste más adelante en la necesidad de que el que luego será recluta (recordemos que el modelo de reclutamiento era de leva forzosa y el ejército era uno de los principales brazos ejecutores de la política de venganza del franquismo, si hacemos caso a Preston) haya «recibido de antemano una preparación para el servicio en filas» que incluya educación moral e instrucción física; para lo que conviene además «inculcar a todo ciudadano -a partir de su tierna infancia- la idea de patriotismo y el sentimiento del honor», razón por la que «hoy, en todas partes, se procura conseguir que el niño adquiera instinto de dignidad. En la escuela se le inculca lo preciso para que oriente sus ideas hacia el amor a la Nación. En los deportes y en los juegos, se aprovecha la ocasión para lograr que el patriotismo impere. En los descansos, se ponen a su alcance libros de historia que recuerdan las grandezas de la patria» y otras mil diabluras para lo que podíamos llamar una hiperventilación cerebral ad hoc.

Sigue proponiendo esta escuela de formación militar a lo largo de la vida de los adolescentes (a los que aconseja la participación en instituciones juveniles fundadas en enseñanzas militares y un entrenamiento premilitar, para luego entrar a formar parte del servicio militar, que «es un honor» y no, como pensaba la mayoría de la gente con sentido común, un sarampión que era mejor pasar con el menor número de magulladuras físicas y morales posible.

Pasando de largo el período de reclutamiento, en el que primorosos oficiales se encargaban sobre todo de la formación moral de la entusiasta tropa (la formación técnica era innecesaria porque el ejército de franco estaba concebido como una fuerza política y represiva de sustento del régimen) concibe la formación militar como un continuo desde la cuna a la tumba de cada parroquiano.

Para las mujeres y los reservistas también proponía lo suyo. A los segundos les encomendaba mantenerlos en condiciones de servir, para lo que proponía unos períodos de entrenamiento militar posteriores y otros medios de adoctrinamiento y propaganda nada sutiles.

Y había que tener presente a la mujer, retórica incluida: «Ella pacienta largos meses para dar vida a nuevos seres, que en su día reforzarán las filas de los ejércitos nacionales. Ella educa a la generación futura, en la que van a florecer nuevas virtudes, para así sobrellevar el tremendo peso de la guerra» y un largo etcétera que mi ordenador se niega a escribir a estas horas de la mañana. Ella trabaja sin asomo de protesta en pro del bienestar del guerrero.

Y, para colmo, el señor Duque (se me olvidó decir que este espadón era, además, III Duque de la Torre, un grande de España) proponía que el servicio militar no fuera únicamente un período entre los 20 y 45 años de edad, sino toda una vida, en un servicio que denomina «totalitario». Totalitarismo que no se refería a la mentalidad fascista que impregna tal pensamiento, sino a que todo dios estaba pringado de por vida, «y la mujer es la primera cuando el oficio está a su alcance».

Si me he permitido esta larga explicación es porque me parece que muestra en parte la mentalidad militarista que sigue hoy vigente, siquiera de forma latente, en nuestra élite variopinta. Los militares son la solución para todo y les debemos cuanto somos. La preparación «moral» de la población desde la cuna para hacer de la sociedad un gran cuartel, ha de llevarse a cabo con la propaganda y la socialización de los valores militares desde la tierna infancia, en las casa, en los libros, en las escuelas-cuarteles, en el deporte y los juegos, en las organizaciones sociales … y por supuesto reconociendo el papel abnegado y maternal de las mujeres, a las que también hay que tener presentes y militantes.

El señor Martínez de Campos, como un poco más tarde el también jefe del Estado mayor Jorge Vigón con el libro «Hay un estilo militar de vida» (este último publicado en 1953, cuando era Ministro de Educación el más tarde defensor del pueblo de la democracia, Joaquín Ruiz Jiménez, y formaban parte del gobierno los generales golpistas Muñoz Grandes, ministro del ejército y Luis Carrero Blanco, ministro de Presidencia, con otros tres ministros militares más) ampararon una solución militarista para resolver los males sociales, la cual impregnó todos los valores sociales y que tiene continuidad hasta nuestros días.

El militarismo expansivo es parte de la genética de nuestro ejército. Los generales que dirigieron las academias militares de las que salió la oficialidad de la transición pertenecieron al abrumador cuerpo de alféreces provisionales (muchos de ellos falangistas incorporados a la guerra por su ideología ultramilitarista) que quedaron reenganchada al ejército cuando acabó la contienda y no quiso el régimen dar solución a su desmesura.

La Academia General Militar (que en su día dirigió Franco y fue uno de los semilleros de la oficialidad golpista) fue restablecida en 1940, y la Escuela Naval Militar y la Academia General del Aire se crearon en 1943 y 1945 respectivamente, en el período en que el general Martínez de Campos dirigía el ejército español. La lectura de los estatutos de estas instituciones refleja que la formación que allí recibían los cadetes no era técnica, sino sobre todo moral, religiosa y social, basada en el expansivo ideal militarista que hemos expresado. Justo lo que propugnaba el susodicho III Duque de la Torre.

El propio general fue preceptor del rey Juan Carlos I, primer militar hasta su abdicación renqueante y formado en las mismas academias puestas en marcho por aquel.

La «escuela de formación» que supuso el trauma del servicio militar cumplió a la perfección el papel de transmisor de estos valores, tan interiorizados en la sumisión social desde entonces. Cuarenta años de dictadura vengativa y militarista no son un chisgarabís.

Nuestros políticos y gobernantes de hoy en día, incluso el vicepresidente Iglesias que al parecer se declaró en su día objetor (aunque yo no acabo de creérmelo y que en una entrevista que leí hace tiempo y ahora no encuentro vino a decir que se arrepentía de ello) se han formado en este ambiente y han sido repeinados por la mentalidad militarista y la doctrina de la verdad del ejército, ahora menos ofuscada pero igual de militante.

Incluso nuestro Congreso de los diputados tiene varios generales de aquella larga tradición (en VOX) y cuenta con otros ex militares entre los diputados y esta vez no sólo en partidos de derechas. ¿qué otra explicación tiene que la Comisión de Defensa sea en realidad una comisión de aplausos y siestas?

Las proclamas de militares, principalmente retirados, pero también en activo, afirmando los valores militaristas o enalteciendo el derecho de los militares a salvarnos ante lo que consideran los principales enemigos de su visión visionaria, son frecuentes, y no siempre cuando se trata del tema soberanista.

Por dos veces se ha activado el estado de alarma, las dos bajo gobiernos del PSOE, y militarizando aspectos sociales que no son principalmente motivo de seguridad militar, sino de seguridad humana.

La expansión militarista se observa en otros muchos aspectos de nuestra sociedad, y hasta para apagar incendios o acudir a las catástrofes de cualquier naturaleza hace falta escenificar el despliegue de medios de la UME, hiperdotada en recursos en detrimento de los medios civiles que deberían cuidarse para este tipo de supuestos (y por cierto, con el reproche de los medios civiles que se la juegan en las crisis y ven como aparentan los otros).

Lo militar y la industria militar están exentos de pago de determinados impuestos y cánones, gozan del parabién de los alcaldes cuando quieren montar un desfile o les cede espacios para sus actos de promoción. Nuestras calles están impregnadas de nombres de sus generales y mitologías. Poseen el segundo patrimonio del Estado. Nadie le pone coto.

Es asombroso que la única unidad de tratamiento médico ante agresiones NBQ sea propiedad del ejército y, sin embargo, los hospitales no cuenten con recursos ante agresiones bacteriológicas o similares.

Entre las medidas diseñadas para resolver el inconmensurable problema de gigantismo de nuestras fuerzas armadas (130.000 efectivos y un mando por cada 1,7 soldados, sin contar con la Guardia Civil, cuerpo igualmente militar) no hay ninguna que pase por reducir su volumen y hasta el ruido militar de los mayores de 45 años que se resisten a dejar de vivir de la milicia, consigue privilegiar salidas de estos a funcionariado civil, como si nos hiciera falta poner un militar más en nuestras vidas.

Contamos con una base antártica aparentemente científica pero que, ¡oh sorpresa! también es militar.

Debemos aceptar sin rechistar que los militares hagan maniobras por ejemplo en Doñana sin pedir permiso ni comunicarlo a las autoridades civiles.

Soportamos una deuda militar de mas de 30.000 millones de euros por compra de armas que no se necesitan y que han sido adquiridas en nuestro nombre por puertaagiratorias entre la industria militar y el ministerio de defensa o los ejércitos.

Farmacia militar, centros deportivos y recreativos (por cierto bastante elitistas) militares, escuelas dentro de cuarteles, prerrogativas sobre el territorio por “interés de la defensa”, bases militares donde se entrena el bombardeo aéreo dentro de un parque natural reserva de la biosfera, islas y parajes de especial valor ecológico reservados a los militares, accionariado militar en industrias, producción de armas inservibles … y hasta una catedral adquirida desde el ministerio de defensa para prestar a los militares el servicio religioso católico que se supone indisociable de nuestro militarismo patrio.

El presupuesto que consume nuestro gasto militar es escandaloso, pero no menos que el hecho de que una gran parte del mismo se encuentre disfrazado en partidas de ministerios civiles o de otros organismos aparentemente ajenos al mismo, o que la actividad más importante de nuestro descomunal ejército, al margen de cobrar sueldos, sea tener desplazados soldados en 13 conflictos y escenarios de guerra mundiales (más de 90 intervenciones militares en el período desde la transición hasta la fecha). O que mantengamos una reserva de oficiales innecesarios que nos cuesta al año más de 500 millones de euros en sueldos y que les permite trabajar en otra cosa además.

Pero eso no es todo. La militancia “militarista” se expande a medios de comunicación, a periodistas pagados y mimados desde defensa, a centros educativos, universidades con las que se suscriben convenios desde lo militar, a alianzas con sectores como el energético, el bancario y otros oligopolios y reductos de los poderes fácticos... e incluso se atreve a imponer la inclusión en el currículo escolar de la visión militar de la historia.

El miedo asociado (y alimentado) a la crisis sistémica del capitalismo vigente ha provocado también una expansión de la mentalidad militarista al abordaje de cualquier problema humano, con el incremento de políticas securitizadoras para tratar cualquier clase de problema social o ecológico y la cada vez más apabullante implementación de leyes restrictivas de derechos, disciplinarias, represoras de la protesta social y autoritarias.

El militarismo, lejos de ser un desbordamiento de lo militar fuera de su teórico cauce, se nos presenta más bien como algo mucho más complejo, oculto y estructural y, aunque mucha gente cree que no nos afecta, es la camisa de fuerza que nos ata tanto o más que cuando nos imponían el servicio militar y otras obligaciones de la dictadura.

Paradógicamente, hoy sabemos del militarismo mucho más que en otras épocas, pero la capacidad de desencadenar una lucha social es muy inferior que en nuestros mejores momentos.

Ahora la crisis vírica también tiene un tratamiento militar y los militares patrullan las calles, con rango de “autoridad” (lo que significa multas y penas de prisión para quienes los desobedezcan) mientras nos mantenemos, unos por responsabilidad y solidaridad y otros por confinamiento legal, en nuestras casas y poco faltará si a algún descerebrado no le da por pedir un aplauso para el abnegado papel de estos.

Y mientras esto ocurre de forma tan perturbadora, los déficit sobre las prioridades sanitarias y sobre la movilización de la solidaridad social saltan a la vista, sin que la élite claudicante o la masa crítica (que queda) se atreva a levantar el dedo para criticar el enfoque militar y poco competente con el que se quiere poner la venda donde no está la herida.

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Seguridad y Defensa

19 March, 2020 - 00:00

Son bien conocidas las habilidades militares para el camuflaje, el engaño y la apropiación indebida. Esto sucede también con las palabras seguridad y defensa, dos necesidades humanas que han monopolizado los ejércitos y con las que quieren justificar su existencia y hasta sus fechorías.

Ovidio Bustillo García
Yay@flautas-Madrid

Sorprende que esta apropiación apenas sea contestada por partidos, sindicatos, jueces, religiones, buena parte de ONG y demás instituciones y personas de bien. A pesar de que el gasto militar mundial ha superado en 2018 los 1,82 billones de dólares según el SIPRI (Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo) y el español, los 32.000 millones de euros (https://www.grupotortuga.com/Otros-...), no recuerdo ningún debate de importancia en Parlamento alguno sobre la necesidad de tan sangrante esfuerzo más allá de algunas arengas patrióticas, hipócritas llamamientos a la paz y apelaciones al secreto militar.

Tenemos derecho a debatir cuáles son las amenazas reales, quién nos amenaza, quién es el enemigo, qué es lo que nos da seguridad, qué tenemos que defender y de quién... Tenemos el deber de preguntarnos cómo podemos defender lo que nos da seguridad y nos hace mirar al futuro con optimismo. ¿Nos dan seguridad los ejércitos?
¿Nos defienden?

La función teórica de los ejércitos ha sido históricamente la de defender el territorio y la población de posibles ataques exteriores. Como bien explica Pere Ortega (http://www.centredelas.org/es/publi...) los ejércitos han perdido la función para la que fueron creados, las guerras entre Estados han desaparecido para dar paso a las guerras internacionales y con objetivos bien alejados de su función inicial.

Lo que nos da seguridad es saber que si caemos enfermas tendremos una red sanitaria que vele por nuestra salud sin que nos suponga una ruina económica.

Frente a la visión obsoleta y engañosa de la seguridad militar surge, tras la Guerra Fría, el concepto “Seguridad humana”, un concepto unido al desarrollo humano integral, a las preocupaciones de la población, a la satisfacción de las necesidades básicas y a la seguridad de poder mirar el futuro con optimismo sabiendo que podremos realizarnos como personas, en comunidad, en armonía con la naturaleza y con una vida digna.

Efectivamente, lo que nos da seguridad es saber que si caemos enfermas tendremos una red sanitaria que vele por nuestra salud sin que nos suponga una ruina económica. Nos da seguridad saber que en nuestra vejez tendremos unas pensiones públicas que nos permitirán vivir con dignidad los últimos años de nuestra vida. Nos da seguridad saber que nuestras hijas e hijos, nuestras nietas y nietos tendrán acceso a la educación, a una alimentación sana, a un desarrollo en paz, a la vivienda, al trabajo… que podrán ejercer libremente sus derechos y afrontar sus proyectos vitales.

Desde Latinoamérica a Europa ha sido la sociedad civil quien se ha tenido que organizar para defender los servicios sociales, los derechos colectivos, la naturaleza y la tierra. Ha sido la sociedad civil quien ha tenido que organizar la defensa de los derechos humanos, de las libertades, el derecho a la vivienda o a una pensión digna, a veces con verdadero heroísmo, asumiendo el riesgo de exponer sus cuerpos ante unas fuerzas del orden dispuestas a todo y en ocasiones hasta de los ejércitos que dicen defendernos.

Ninguno de los objetivos de la agenda 2030 de la ONU ni de las necesidades de seguridad humana es defendida por los ejércitos. Sin embargo, su misma existencia es ya una amenaza para lograrlos, por el despilfarro de recursos que supone. Lejos de defender a la población el intervencionismo militar ahoga las posibilidades de una vida digna. Lo estamos viendo abiertamente en países de América del Sur, como Bolivia, Chile o Brasil, puestos al servicio de las minorías que ostentan el poder político y económico.

Es muy evidente este papel de los ejércitos, no sólo en las dictaduras que ellos imponen y lideran, sino también en gobiernos autoritarios y hasta en las “democracias consolidadas” que, con la excusa de la lucha contra el terrorismo o cualquier otra elaboración del enemigo, facilitan la implantación de políticas securitizadoras que impiden la protesta social o militarizan las fronteras.

Pese a la insistencia en la imperiosa necesidad de tener un buen ejército, existen en el mundo más de una decena de países que no lo tienen, sin que ello suponga una merma de su soberanía. El hecho de que la mayoría sean países muy pequeños desmiente la creencia de que sin ejército seríamos invadidos por nuestros vecinos.

Si analizamos con sentido crítico las grandes amenazas y retos que tiene hoy el planeta nos damos cuenta que lejos de aportar soluciones, los ejércitos son parte fundamental del problema. Comencemos con el reto más mediático actualmente:

1. Emergencia climática y colapso ecosocial

En tiempo de paz, las maniobras militares y el día a día de los ejércitos suponen un gasto ingente de combustibles fósiles y recursos. Sólo en 2017 el ejército de los EE.UU compró unos 269.230 barriles de petróleo al día y emitió más de 25.000 kilotoneladas de dióxido de carbono con la quema de esos combustibles (https://es.gizmodo.com/un-informe-r...). Para hacernos una idea más cercana, un avión B-52 consume unos 12.600 litros de combustible a la hora. Los pesados artefactos de los ejércitos circulando por tierra, mar y aire suponen una considerable contribución al calentamiento global que el secreto militar y el desinterés de los estados hace difícil cuantificar. Habría que añadir las considerables emisiones del complejo militar-industrial. En caso de conflicto bélico es bien conocida la capacidad de los ejércitos para la destrucción del medio y de las comunidades humanas. El uso de agentes químicos, biológicos o nucleares deja igualmente secuelas permanentes sobre los territorios y la vida.

Los pesados artefactos de los ejércitos circulando por tierra, mar y aire suponen una considerable contribución al calentamiento global que el secreto militar y el desinterés de los estados hace difícil cuantificar

Los ejércitos son responsables del actual Desorden Mundial, pues van por delante cuando gobiernos o pueblos se resisten a formar parte del gran mercado depredador de recursos y explotador de las personas. Recordemos invasiones como Afganistán o Irak, y la amenaza de los diversos militarismos a las distintas comunidades de América Latina. Superar el actual sistema de producción y consumo supondrá también tener que prescindir de los ejércitos si no queremos dejar la puerta abierta a las soluciones militares, autoritarias, impuestas y al servicio de unos pocos.

Amortiguar el calentamiento global implica romper la espiral de la lógica militar que hace que su intervención contribuya al calentamiento que provoca desplazamientos de la población, generando conflictos por la supervivencia y los recursos, y que, a su vez, tratan de solucionarse militarmente… y así sucesivamente. Romper esta espiral sólo es posible superando el militarismo con resoluciones justas y pacíficas de los conflictos, con más solidaridad, más conciencia de ciudadanía del mundo y menos patriotismo. Sólo tenemos un planeta y nos toca cuidarlo a todas.

2. La amenaza nuclear

Que no se hable de ella no quiere decir que no exista. Según ICAN (Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares) hay nueve países que poseen más de 17.000 armas nucleares (http://es.icanw.org/the-facts/nucle...). EE.UU y Rusia mantienen en estado de alta alerta unas 2.000, listas para lanzarse a los pocos minutos de una advertencia.

Si Hitler hubiera tenido la bomba atómica la habría usado, y nadie nos garantiza una mejor salud mental a algunos de nuestros dirigentes

Cuanto más se tarde en su total prohibición y destrucción, mayor será el riesgo de una catástrofe mundial por accidente, por error humano, técnico… o simplemente una locura mental transitoria de alguno de los responsables políticos o militares de las grandes potencias. Si Hitler hubiera tenido la bomba atómica la habría usado, y nadie nos garantiza una mejor salud mental a algunos de nuestros dirigentes.

En este caso son los ejércitos la máxima amenaza directa a toda la vida del planeta. Lejos de defendernos nos convierten en sus rehenes. Una sola bomba sobre una gran ciudad podría matar a millones de personas inocentes, que habían puesto su confianza en el ejército.

3. Superar el hambre y las desigualdades

Es otro de los grandes retos que tiene la humanidad para las próximas décadas. El saqueo de los recursos del Sur por el Norte Global suele ir acompañado de generosas colaboraciones de “seguridad” hacia los impuestos gobiernos títere. Si esto no es posible, no se descarta la desestabilización a través de la financiación de grupos armados o la abierta ocupación militar. Paralelamente se establece una militarización de las fronteras para controlar cuántos, quiénes y cómo pueden dar el salto a una esperanza de vida mejor. Si estas personas migrantes tienen la suerte de sobrevivir al intento, les esperan años con el miedo a la deportación, sin derechos, con la seguridad de ser explotados y convertidos en mano de obra esclava para mantener nuestro “Estado de Bienestar”.

Los ejércitos, regulares o irregulares, están implicados en las situaciones de pobreza, hambre, migraciones y desigualdad en el Sur Global. La existencia en el Norte de un complejo político-militar-industrial encuentra en el comercio de armas un próspero negocio que fomenta conflictos y obliga a países empobrecidos a gastar en armas lo que la población necesita para sobrevivir. En estos países, lejos de aportar seguridad, los ejércitos garantizan situaciones de violencia estructural, pobreza y hambre que fuerzan a la huida, a la migración o a la miseria. Los mismos que se beneficiaron del comercio de armas se enriquecen ahora de nuevo con la construcción de muros y la instalación de sistemas de control.

4. La esperanza feminista

La esperanza de poder hacer frente a este empeño del militarismo en defendernos, siendo nuestra principal amenaza, nos viene de la creciente rebeldía de la mitad de la población del planeta: el feminismo. Machismo y militarismo son las dos caras de la misma moneda, el patriarcado. Violencia machista y guerra responden al mismo paradigma de conquista, dominación, sometimiento y uso de la violencia para mantener el poder y los privilegios.

Como el feminismo, hemos de proclamar que no necesitamos ejércitos que nos defiendan, que bastaría con que no nos atacaran y dilapidaran nuestros recursos. “Ni las mujeres ni los pueblos somos objeto de conquista”. Feminismo y antimilitarismo se niegan a justificar y legitimar las relaciones de sometimiento y el uso de la violencia. Lo mismo que debemos desaprender los valores, roles y comportamientos machistas que nos asignó el patriarcado tenemos que desaprender la historia militar que nos contaron los vencedores y dejar de considerar héroes y grandes personajes de la historia a tantos conquistadores que arrasaron a sangre y fuego las culturas que se encontraron en su camino. Debemos sospechar que detrás de los señuelos de patrias, banderas y orgullos varios se esconden intereses espúreos, formas emocionales de control y estrategias de dominación.

Apostar por la seguridad humana supone un cambio de modelo de valores incompatible con el militarismo. El modelo patriarcal, explotador, jerárquico, violento, competitivo, nos ha llevado al colapso tras acabar con otros modelos y otras culturas a través de la conquista y la violencia, imponiendo su propìo relato de la historia. Frente a este modelo necesitamos incrementar un modelo basado en la cooperación, el apoyo mutuo, la solidaridad, la horizontalidad, lo comunitario, el respeto a la diversidad, la unión con la naturaleza y, sobre todo, la resolución noviolenta de los conflictos, que surgen en toda relación humana.

Si hacemos caso a los teóricos del militarismo y a su justificación favorita: “Si quieres la paz, prepara la guerra”, deberíamos estar ya disfrutando de la más placentera de las paces. Lejos de ello, tenemos sociedades con crecientes desigualdades, permanentes conflictos internacionales, una creciente militarización y control de la sociedad civil con tecnología en manos militares y una delirante carrera por nuevas formas de dominación, muerte y destrucción, con drones y robots asesinos, guerra espacial y otros ingenios que la inteligencia militar nos irá desvelando. La política de disuasión militar, en su lógica infernal y su obsesión por la seguridad, nos ha llevado a lo que llaman la estrategia de la “Destrucción Mutua Asegurada”, nos viene a decir duerman ustedes tranquilos, si el enemigo se atreve a destruirnos, será también destruido. Triste consuelo y triste final para una especie que se autodenominó “Homo Sapiens”. Si verdaderamente quieren a su patria, que no nos expongan a ser aniquiladas. Es urgente considerar a los ejércitos como lo que son: máquinas trituradoras de Derechos Humanos. La gran traición de los ejércitos es que en tiempo de paz nos esquilman y en tiempos de guerra nos aniquilan.

Afrontar los retos del futuro será imposible mientras permanezcan los ejércitos, por su coste económico, por su modelo de sociedad y por su capacidad de condicionar la economía, la política y la vida social. Dejemos de soñar con ejércitos al servicio del pueblo y aprendamos a defendernos de quienes nos defienden, a organizar la defensa de lo que verdaderamente importa a todas. Nadie nos va a salvar.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/plane...

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Cómo desinfectarnos del virus militarista

19 March, 2020 - 00:00

CÓMO DESINFECTARNOS DEL VIRUS MILITARISTA

EN ÉPOCAS DE CORONAVIRUS: # quedenseensucasamilitaresypolicias

Diez pasos,

LAVAR NUESTROS PRESUPUESTOS DE GASTO MILITAR, en España, es siete veces el de Sanidad, 11 veces el de Educación, 8,7 veces el de Servicios Sociales y promoción social, 46 veces el de vivienda, 33 veces el de cultura. El gasto militar quita recursos para invertir en lo importante, lo que sí nos da seguridad. Por ello es urgente dedicar el dinero de lo público a garantizar, respetar y proteger los derechos y las libertades. Todo lo común para lo común.

QUEDARSE EN CASA LAS PERSONAS QUE SON PARTE DEL EJÉRCITO ESPAÑOL y aprovechar a reconvertir sus puestos de empleo, para que dejen de contagiar el virus mortal del militarismo, que invade de la lógica violenta a todas las dimensiones de la vida y no permite solucionar los conflictos de la convivencia buscando alternativas noviolentas.

SUSPENDER TODAS LAS MANIOBRAS MILITARES, no solo en este periodo sino siempre. Son ensayos de guerra o de maquillaje del verdadero papel del ejército, que es defender los intereses de los ricos y reprimir la disidencia de quienes buscan alternativas diferentes.

INVITAR A LA DESERCIÓN A LOS MILITARES Y POLICÍAS , reconvirtiendo todos estos empleos de ataque a la vida para ponerse al servicio de oficios socialmente útiles y de cuidado de la vida, de las personas y nuestro planeta.

EMERGENCIAS Y ATENCIONES A LAS PERSONAS DESDE INSTITUCIONES Y ENTIDADES DE RESPONSABILIDAD PÚBLICA Y CIVIL, sin militares que laven y busquen legitimar su verdadero papel que es ejercer la violencia para defender intereses del capital.

APERTURA DE FRONTERAS, las de los territorios y la revisión de otros privilegios que oprimen por cuestiones de clase, sexo, edad, raza, identidades disidentes...Por tanto cierre definitivo de los CIES, apertura de rutas seguras, abolición de las vallas y demás muros terrestres, marítimos y digitales.

RETIRAR TODO EL DINERO DE LOS BANCOS VINCULADOS AL NEGOCIO DE LAS GUERRAS, para que no se sostenga la financiación de la muerte con nuestro dinero, invirtiendo y compartiendo nuestros dineros en procesos comunitarios y entidades éticas, como Fiare y otras.

RECONVERTIR LA INDUSTRIA MILITAR Y LA I+D+I MILITAR hacia el objetivo de la sostenibilidad de la vida y a la del planeta en su conjunto.

ACABAR CON LA VENTA Y COMERCIO DE ARMAS, que busca hacer negocio a costa de hacer crecer la muerte, el dolor, la tortura de millones de personas; con ello cerrar todas las ferias de armas y demás instrumentos esperpénticos que buscan lucrarse con la sangre de las mayorías empobrecidas.

CRECER EN DESOBEDIENCIA CIVIL, EN APOYO MUTUO, EN CAPACIDAD DE DIÁLOGO, EN JUSTICIA SOCIAL, EN VIDA COMUNITARIA, EN APOYO A LO COMÚN Y A LA GESTIÓN COMUNAL, EN REPARTO DE LA RIQUEZA, PROPIEDADES,PODER , EN ORGANIZACIÓN Y AUTOGESTIÓN, EN COLECTIVIZAR LOS CUIDADOS... todo aquello que nos hace más humanas y más libres con justicia para todas, pero todas, todas y en PAZ.

Que la violencia y los ejércitos sean del pasado, como una pesadilla para la vida, que es lo que son.

Con este virus también podemos acabar. Hagámoslo posible… tu papel es muy importante.

# quedenseensucasamilitaresypolicias

ADNV(Acción Directa Noviolenta) y Alternativa antimilitarista.moc y ADNV

En Canarias a 15 de Marzo de 2020

http://canariasporlapaz.blogspot.co...

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La naturaleza

19 March, 2020 - 00:00

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Coronavirus, teorías conspiranoicas y la Vulgata

18 March, 2020 - 00:05

Hola, Pablo:

He leído tu artículo “Tenemos que pensar un par de cosas o tres” sobre el lío del coronavirus en la web del Grupo Tortuga (1).

Me refiero al párrafo: "Las y los seguidores de teorías que plantean permanentes y coordinadas acciones ocultas de misteriosas élites..."

Estoy de acuerdo contigo y las razones son obvias.

Admites que no sabes de virus, así que empiezo por admitir que yo sé menos que tú, especialmente en estos tiempos en los que, como dijo Einstein, “cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo mucho que no sé”, eso sin contar con que no sé si lo dijo de verdad o es otro bulo más.

Al mismo tiempo hay que seguir atento a lo que hacen los que sí saben pero callan (en su propio beneficio) al menos hasta que llegue el apocalipsis, cuando ya sea igual de inútil para unos y otros saber nada de nada.

Mientras tanto queda algún que otro recurso para buscar la verdad sin tener que aceptar esas teorías.

Uno de ellos es la experiencia, otro el estudio de pasado, porque éste es demasiado largo comparado con la experiencia vital de un individuo. Una y otro nos dicen que algunos seres humanos tienen una tendencia irrefrenable a hacer lo que sueñan, desean y planifican. Con otras palabras: no es imposible que cualquier burrada que se pueda hacer se lleve a cabo algún día, habitualmente más pronto que tarde.

Si alguien sueña con pasar a la posteridad mediante una selfi haciendo el pino en lo alto de la torre Burj Khalifa, lo intentará, aparentemente sin que le importe perder la vida, aunque siempre queda la probabilidad de que llegando al suelo se arrepienta, claro que sin ninguna consecuencia para el resultado de su acción.

Estados Unidos ha demostrado que llegará a cualquier extremo para mantener su dominio sobre el resto del mundo. Cierto que no es ni el primero ni el único país del mundo que lo ha hecho en la historia. Sin embargo es obvio que hoy lo sigue haciendo, en los últimos años causando enormes destrozos y espantosas matanzas en Oriente Medio, pero en general actuando en contra de la ONU (o secuestrándola de diversas maneras), la ley internacional y el resto de países, sus aliados incluidos.

Según explicaba El País el 30 de abril de 2015, “los estadounidenses se valieron de las instalaciones del BND —los servicios secretos alemanes— para espiar a altos funcionarios de instituciones tan relevantes como la Presidencia de la República Francesa, el Ministerio de Asuntos Exteriores francés o la Comisión Europea.”

No me entretengo ahora en que en los últimos años esa parte del mundo (mayoritariamente árabe y musulmán) ha sido meramente su campo de batalla contra enemigos mayores, igual que durante la guerra fría Estados Unidos luchaba en África y Latinoamérica contra la Unión Soviética.

Pero, atención, no se trata tampoco de un simple cambio de campo de batalla, de ninguna manera Nicaragua o El Salvador, Mozambique o Angola, eran enemigos de peso para Estados Unidos en aquellos años como tampoco lo han sido Afganistán o Somalia después.

La guerra en curso es contra China, por todos los medios, pero el mundo hoy ya no da más de sí: lo que no se conquiste ahora y se pueda mantener por la fuerza lejos de las manos de los competidores más poderosos, se puede dar por perdido.

Estados Unidos necesita controlar los recursos en el siglo XXI más aún que como en el XX.

El “America First” de Trump es sencillamente, aunque nada menos, la verbalización de la única y constante Weltpolitik (política mundial) de Estados Unidos en su historia.

Hace más de cincuenta años el presidente Lyndon B. Johnson afirmó que “El primer imperativo -constante desde la presidencia de Truman hasta la mía- es éste: los Estados Unidos de América debe permanecer como la nación más poderosa de todo el mundo”.(Public Papers of the Presidents of the United States, L.B.J., 10 de Septiembre de 1968, página 937).

El fin último de los presidentes estadounidenses no es otro que controlar los más valiosos recursos naturales de la tierra, de forma que la población de Estados Unidos, un cinco por ciento de la población total del mundo, pueda mantener el “American way of life” a costa de todos los demás.

Esto es lógico, aunque desalmado. Basta con tener presente unos pocos datos que definen el país y muestran un poder enorme muy superior al del resto de naciones.
Además sabe perfectamente que su competidor en solitario camina casi a la par y a buen ritmo y que en alianza con otros países constituyen una fuerza que solamente podría derrotar provocando un desastre mundial, el cual le alcanzaría a sí mismo.

La población de Estados Unidos no llega al cinco por ciento de la población total del planeta, pero:

En el año 2019 “muy pocos países, entre los que se están Australia, Estados Unidos, Argentina, Brasil y Nueva Zelanda” consumen entre 100 y 120 kilos de carne al año por persona.

http//es.statista.com/grafico/17150/consumo-anual-de-carne-por-persona/

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, en África este consumo es diez veces menor:

www.fao.org/3/a-BT089s.pdf

Si se considera el consumo de agua, más importante, en Estados Unidos cada habitante disfruta de 5.134 litros por día, en África de 685, mientras que la media mundial está en 1.800.

www.ambientum.com/enciclopedia_medi...

Respecto de las emisiones contaminantes, “aunque en la actualidad China es el país que más toneladas de dióxido de carbono (CO2) lanza a la atmósfera, a lo largo de 160 años es Estados Unidos el mayor emisor.

Al sumar todas las contribuciones de contaminantes al planeta, los cálculos de un estudio de la Universidad de Berkeley (EE.UU.) indican que Estados Unidos es el que más contribuye al calentamiento que se ha registrado hasta el momento, con 0,151°C.”

www.bbc.com/mundo/noticias-internac...

Se puede seguir con el consumo de automóviles, vino, petróleo, joyas (43.000 millones en 2018, www.goldandtime.org/) e incluso “se estima que en este país hay cerca de 10,000 tigres en zoos y casas de particulares, cuando en estado salvaje apenas se cuentan 3,890.” www.univision.com/

Por ello no es de extrañar que Estados Unidos sea el primer consumidor del mundo de anfetaminas (casi el doble que el número dos) también de opioides, el segundo de marihuana y el tercero de cocaína.

http://elordenmundial.com/mapas/con... (2019)

En definitiva: no hay manera de mantener ese “way of life” ante más de 7.000 mil millones de seres humanos, entre ellos legiones de miserables que no pueden prosperar por la sencilla razón de que Estados Unidos (junto con sus aliados en el mundo occidental, obviamente) sabe que los recursos naturales mundiales no dan para todos esos millones si se pusieran a consumir como los gringos, motivo por el que no les deja intentarlo.

Obviamente por eso mismo Estados Unidos también tiene el mayor ejército del mundo y un presupuesto militar que anualmente supera al del resto de países juntos.

Me dirás: pero la fuerza, por muy superior que sea, no basta para hacer mal, es preciso querer hacerlo.

De acuerdo y te respondo: Estados Unidos (también el resto de países imperialistas, aunque tengan mucho menos poder) la podría haber usado en beneficio de todos los países y con la colaboración de todos.

Tras la Segunda Guerra Mundial nos dijeron que la Carta de las Naciones Unidas se trataba precisamente del uso del poder:

“Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará; la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos”

www.un.org/es/sections/un-charter/c...

Claro que, bien pensado, si tienes un presupuesto de más de 600.000 millones dólares anuales para hacer la guerra, luego no te han de quedar muchas ganas de gastarlos en alcanzar los objetivos de la ONU, si puedes cargarte con las armas a los que piensan diferente y usar al resto de la población junto con sus propiedades como mano de obra e insumos.

Estados Unidos decidió situarse en contra del mundo y dedicar su superioridad militar a eliminar a cualquiera que se encontrase en su camino, enemigos por supuesto, pero también a innumerables inocentes desafortunados al encontrarse en su línea de tiro.

¿Qué no ha hecho aún Estados Unidos para mantenerse en la cúspide del poder mundial?

Arrasar con poblaciones enteras: vietnamitas, iraquíes, afganos… sembrar el planeta de golpes de Estado, organizar asesinatos que Hollywood aprovecha para hacer taquilla, levantar centros de detención ilegales donde un detenido puede ser sometido a 183 sesiones de axfisia (waterboarding), colaborar decididamente en el genocidio a cámara lenta de palestinos en Gaza por parte de Israel, lanzar dos bombas nucleares en dos ciudades japonesas, apoyar a dictadores crueles durante años, por ejemplo a Somoza en Nicaragua durante 40 un larguísimo etc.

Si esto no te parece suficiente, repara en que Estados Unidos, (también su primer aliado, Reino Unido) experimentó su potencial militar químico con su propia población, la cual era ajena a su condición de cobaya:

“Al entrar las tropas de Hitler en Polonia, en septiembre de 1939, tanto Alemania como Estados Unidos y Reino Unido eran auténticas potencias en guerra química. Y los tres usaron a humanos en sus experimentos. Los nazis recurrieron en muchas ocasiones a prisioneros, en su mayoría judíos, rusos y polacos para sus ensayos. Pero también en Porton Down (R.U.) usaron a extranjeros. A finales de la guerra, ante la escasez de soldados disponibles, los científicos británicos utilizaron a ciudadanos de las potencias del eje que habían sido confinados al comienzo de la contienda.”

http://elpais.com/elpais/2015/08/28...

La lista de crímenes no cabe aquí y tampoco puede mostrar toda su sevicia y su infinita voluntad para causar muerte, destrozo y horror. Por tanto no es preciso decir nada más, los datos, testimonios y juicios están a la mano de quien quiera conocerlos: “Decenas de miles de personas participaron sin saberlo en pruebas de armas químicas, bacteriológicas y drogas en EE UU y Reino Unido” (ídem) (2)

Por tanto rechazo las teorías de la conspiración, pero más aún me niego a creer que una potencia con ese historial esté descartada de antemano de cualquier barbaridad que hoy sea imaginable.

Es claro que no hay información fidedigna sobre el virus, hay algunas especulaciones y cada día aparece algún indicio y datos que poco a poco se irán acumulando para construir un relato u otro, ¡quién sabe!:

“El mecánico de la RAF, Ronald Maddison, murió en 1953 tras ser expuesto al gas sarín. Su caso no se reabrió hasta 2004.” (ídem)

Mientras tanto no veo dónde está el valor de la teoría de la conspiración y la paranoia a la hora de tener en cuenta que para esa potencia:

técnicamente no parece que diseminar un virus, con el que previamente ha trabajado en laboratorio y mediante modelos por ordenador, sea algo complicado;

menos aún lo es pagar lo suficiente a algún anormal para que ejecute el plan;

el enemigo ha sido señalado públicamente numerosas veces por el presidente de esa potencia;

el Cui Bono está más claro que un ático a mediodía;

el estado mental -o moral- de sus líderes ha demostrado que no pone impedimento alguno para el logro de sus fines criminales (aunque afirme hacer lo que hace por el bien de la humanidad, etc.).

Aún quedaría la cuestión de arriesgarse a perder más que ganar con una acción como la de soltar un virus maligno, lo cual algunos precisamente emplean para decir que es imposible que suceda algo así: que diseminar un virus es una acción incontrolable y podría perjudicar a la potencia responsable.

Esto no se sostiene. Escribir de Estados Unidos, en todo caso, significa referirse a sus dueños: las grandes corporaciones y sus empleados, los congresistas y el presidente. Éstos son los conspiradores.

En su soberbia creen que con su ejército, su seguridad privada, búnkeres y aviones privados, podrán librarse del desastre que afectará al resto de la población mundial. No les afecta en absoluto que como en las demás ocasiones los jóvenes serán la carne de cañón en la guerra y los civiles recibirán el castigo de los combates, la escasez y la enfermedad.

La vanidad del que se sube a la torre citada hace que desprecie el riesgo y se mate a sí mismo, la soberbia del que tiene un enorme poder hace que se ofusque y que cause un enorme daño a los demás.

Lo cual es sabido miles de años antes de la irrupción del coronavirus: “El Rey imprudente echará a perder su pueblo” (Biblia Vulgata Latina)

(1): www.grupotortuga.com/Tenemos-que-pe...

(2) Sobre la guerra biológica contra Cuba, lo que incluye el intento de asesinato por envenenamiento de Fidel Castro (no olvidar el asesinato de Hugo Chávez) y el uso masivo del Agente Naranja en Vietnam, hay información, incluso fuentes estadounidenses: http://whowhatwhy.org/2018/05/09/jf...

Foto: http://losdivulgadores.com/blog/201...

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Soberanía en tiempos de biopolítica: Estado de alarma y derechos fundamentales

18 March, 2020 - 00:00

Jorge León Casero
Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza

Según el Instituto Nacional de Estadística, la última campaña de gripe en España causó 525.300 casos y 6.300 muertes. A escala mundial, las epidemias por gripe pueden llegar a causar hasta 5 millones de casos de enfermedades graves y unas 650.000 muertes por año. Por su parte, de los 80.000 casos de coronavirus detectados en China desde el comienzo de la crisis, más de 60.000 están curados, la mayor parte de los mismos sin un tratamiento mayor que el aplicado en un simple catarro. Por supuesto, no estamos diciendo que no se deban tomar precauciones y modificar en cierta medida aquellos comportamientos que puedan poner en riesgo a las partes más vulnerables de la población. Simplemente creemos que deberíamos preguntarnos por qué se declara el estado de alarma en el caso del coronavirus y no en el de la gripe. ¿Somos realmente conscientes de lo que supone anular algunos de nuestros derechos más fundamentales, como es el derecho de reunión pacífica recogido en el art. 21 de la Constitución Española o el derecho a circular libremente por el territorio nacional del art. 19? Y lo que es más preocupante aún, ¿somos realmente conscientes de la facilidad con la que renunciamos a nuestros derechos y otorgamos potestades soberanas al poder ejecutivo cada vez que se produce una situación de alarmismo social?

Después de que Naomi Klein mostrase en La doctrina del shock (2007) que la mayor parte de modificaciones sustanciales de los regímenes políticos acaecidas durante el último medio siglo siempre han sido precedidas de agresivas campañas propagandísticas orientadas a provocar el miedo y el alarmismo social como estrategia de aceptación de las medidas adoptadas, deberíamos plantearnos seriamente la posibilidad de que la declaración del Estado de alarma en España haya sido motivada por factores políticos y económicos ajenos a un planteamiento puramente “científico” o “biológico” de la crisis.

LA PESTE Y LA VIRUELA

Según Foucault, existen dos modelos paradigmáticos en la política de poblaciones, que derivan directamente de dos posibles formas de enfrentarse a una epidemia: el modelo disciplinar, derivado del tratamiento de la peste, y el modelo securitario, derivado del tratamiento de la viruela. Mientras que el modelo del tratamiento de la lepra se reducía a la simple expulsión de los infectados, el modelo disciplinar desarrolló grandes dispositivos de vigilancia y gestión del espacio con el objetivo de controlar la conducta de sus usuarios sanos. El objetivo ya no era excluir a los enfermos, sino regular el comportamiento de aquellos que podían infectarse. Para lograrlo, la gestión de la peste siempre se hacía mediante un control estricto de la movilidad y los hábitos de todos los ciudadanos, indicando a la población cuándo podían salir, cómo, a qué horas, qué debían hacer en sus casas, qué tipo de alimentación debían seguir, qué tipos de contacto podían tener y cuáles no, obligándoles incluso a presentarse periódicamente ante inspectores o a dejarles entrar en sus casas. En palabras del propio Foucault, el modelo disciplinar “fija los procedimientos de adiestramiento progresivo y control permanente” de cada individuo.

Es preocupante la facilidad con la que renunciamos a nuestros derechos más fundamentales y otorgamos potestades soberanas al poder ejecutivo cada vez que se produce un alarmismo social.

Por su parte, el modelo securitario no busca tanto la normalización de la conducta de cada individuo como asegurar que el conjunto de la población se mantiene dentro de unos márgenes controlados que no se alejan demasiado de la media estadística (de individuos sanos). En este sentido, el control de la viruela no limitaba en modo alguno la libertad ni la movilidad espacial de los individuos, sino que se ejercía mediante prácticas obligatorias de inoculación (vacunación), que asegurasen que siempre iba a haber un número suficiente de individuos con los anticuerpos necesarios para no desarrollar, ni por tanto contagiar y diseminar, el virus. Las muertes de una minoría de implicados eran aceptadas como algo completamente normal siempre y cuando existiese la garantía de que hay un número de personas no vulnerables a la enfermedad que impiden su propagación a escala epidémica. Concretamente, Norbert Wiener mostró hace más de medio siglo que las matemáticas con las que puede calcularse el riesgo de propagación de un virus eran prácticamente las mismas con las que se calculaba el riesgo de propagación de un incendio. En el primer caso, se trata de la proporción existente entre el número de individuos susceptibles de contagio frente al que han desarrollado los anticuerpos. En el segundo, de la proporción existente entre el número de partículas combustibles frente al de partículas incombustibles. Tal y como afirmaba Foucault, el “problema fundamental va a ser saber cuántas personas son víctimas de la viruela, a qué edad [se producen la mayor parte de los casos], con qué efectos, qué mortalidad, qué lesiones o secuelas [tiene], y qué riesgos se corren al inocularse”.

Desde este punto de vista, la gran diferencia entre la gripe y el coronavirus radica en que todas las epidemias mundiales de gripe que se suceden anualmente cuentan con rápidas y efectivas campañas de vacunación que aseguran que la epidemia no se descontrolará. En el caso del coronavirus en cambio, aún no hay vacuna, si bien cada vez son más las personas curadas que han desarrollado o se espera que desarrollen en los próximos días los anticuerpos necesarios que les permitan funcionar socialmente como un cortafuegos de la epidemia. El Estado de alarma se ha tomado como una medida preventiva para el control de contagios que funciona según el modelo disciplinar de gestión de la peste, mientras la mayor parte de infectados genera en su casa los anticuerpos necesarios que permitan volver a instaurar un modelo de gestión securitario. A nivel de gestión de epidemias esto es algo suficientemente conocido que no supone mayor problema. El problema que realmente debería preocuparnos a nivel social no es tanto el control del virus ―cosa que se va a hacer tarde o temprano―, como el origen económico de las principales presiones a las que ha sido sometido el poder ejecutivo de España para declarar el Estado de alarma, y la facilidad con la que dicha decisión ha sido obedecida por las instituciones políticas, así como socialmente aceptada (e incluso aplaudida y bienvenida) por la mayor parte de la población.

SOBERANÍA Y BIOPODER

Guste o no escucharlo, hace ya décadas que España no es un Estado soberano. La Constitución Española podrá afirmar en su primer artículo que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, si bien la práctica totalidad de las competencias que Jean Bodin o Carl Schmitt atribuían a la soberanía, como eran el poder de emitir moneda o el derecho de última instancia, ya no se encuentran entre los poderes del Estado. Del mismo modo, el principal atributo del soberano según Schmitt ―la capacidad de declarar los estados de sitio o excepción―, en nuestro caso reducido al estado de alarma, es una decisión cuyo origen último debería ser buscado más en unos poderes fácticos que tratan de dar una apariencia de dominio efectivo de la situación, ante unos posibles disturbios sociales que suman al país en “la anarquía”, que como una medida única y exclusivamente sanitaria. Lo que la declaración del estado de alarma está diciendo al mundo no es que Europa es capaz de controlar una epidemia, sino que Europa tiene un soberano que no es tanto el Parlamento o “el pueblo” como el Banco Central Europeo (BCE).

Si en el pasado el soberano era aquel capaz de declarar el estado de guerra, y por tanto de identificar al enemigo público, ello se debía a que durante la mayor parte de la historia la guerra ha sido uno de los mayores miedos de la población. En la actualidad, en cambio, si bien el terrorismo sigue siendo uno de los leitmotivs principales con los que ejercer el poder soberano en perjuicio de los derechos fundamentales de los individuos, está claro que el miedo a una pandemia es una cuestión todavía más efectiva para ejercer un poder soberano que garantice el control de la movilidad de los individuos, y ello con el pleno consentimiento de los mismos.

Lo primero que deberíamos temer no es tanto la epidemia en sí como nuestro oscuro deseo de un Leviatán que lo solucione todo “con mano firme”.

En un mundo cada vez más conectado y con una densidad poblacional nunca vista ―recordemos que desde el año 2000 más del 50% de la población mundial vive en ciudades y que el porcentaje se espera que llegue al 80% para 2050―, las crisis epidémicas a nivel mundial van a ser cada vez más habituales. A este respecto, resulta crucial tener en cuenta que el modo en que gestionemos esta crisis sanitaria va a servir como pauta y modelo para una gran cantidad de casos futuros. El coronavirus pasará, pero las decisiones políticas tomadas durante esta crisis es probable que duren mucho más. Debido a ello, deberíamos reflexionar mínimamente si el recurso inmediato al alarmismo social, el saqueo de supermercados y la gestión soberana-autoritaria de la crisis por parte de los poderes políticos, desde el momento en que el BCE dice que hay que tomar medidas drásticas, es el mejor protocolo que podemos desarrollar.

En el caso de Roma, el paso de la República al Imperio se debió a una gestión soberana del poder que pusiera fin a los disturbios y las guerras civiles. Del mismo modo, el origen de la mayor parte de los Estados y monarquías absolutas europeas a lo largo del siglo XVII fue consecuencia de las crisis y disturbios originados por las guerras de religión. En la era de la biopolítica y la movilidad tecnológica, lo más probable es que en caso de producirse un nuevo devenir autoritario de los regímenes políticos occidentales, ello sea justificado por una gestión de los disturbios sociales que pueda provocar una epidemia y/o un posible escenario de carencia de recursos. A este respecto, no deberíamos olvidar nunca que es precisamente en los casos de mayor alarmismo social cuando todo el mundo reclama un soberano que venga y lo proteja. Ante esta situación, lo primero que habría que temer no sería tanto la epidemia en sí como nuestro oscuro deseo de un Leviatán que lo solucione todo “con mano firme”. Ahora más que nunca, la primera cosa que deberíamos recordar no es otra que la primera consigna de todo auténtico revolucionario libertario. Precisamente aquella que fue negada por el Hegel más conservador en su defensa del Estado: Fiat iustitia, pereat mundus! (“Que se haga Justicia aunque perezca el mundo”).

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/el-ru...

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Desaprendiendo la demencia : Preguntas que la oposición de Nicaragua debería responder

18 March, 2020 - 00:00

Tortilla con Sal

La falsa creencia occidental más fundamental, reproducida a escala industrial global, es que América del Norte y Europa son cultural y moralmente superiores al resto del mundo. Cualquiera que defienda activamente a las víctimas de la agresión de EE.UU. y sus aliados, desde Palestina e Irán hasta Cuba y Venezuela, estará familiarizado con los inquietantes síntomas de ese complejo de superioridad. Su loco prejuicio impregna prácticamente todos los medios de información y noticias norteamericanos y europeos. Sus falsas premisas convierten en irremediablemente defectuoso prácticamente cualquier informe de las instituciones occidentales gubernamentales, no gubernamentales y multilaterales de todo tipo que trate de los asuntos internacionales.

En los últimos veinte años, el progresivo declive del poder y la influencia de América del Norte y Europa en el mundo ha llevado las falsas creencias originales aceleradamente a niveles de irracionalidad sin precedentes. Más recientemente, los tipos de comportamiento demencial desplegados por los líderes políticos y económicos occidentales y sus sirvientes de los medios de comunicación promueven:

una insistencia interminable en presuposiciones absurdas como "los EE.UU. y la Unión Europea promueven la libertad, la democracia y los derechos humanos" cuando, evidentemente, los EE.UU. y la UE promueven su codicia e interés propio

el apoyo hipócrita a aliados cuestionables de EE.UU. y Europa, por ejemplo, simpatizantes nazis en Ucrania, terroristas asesinos en masa en Costa de Marfil, Libia y Siria, o bandas violentas de derecha en Venezuela, Nicaragua y Bolivia;

dependencia servil en los informes metodológicamente defectuosos de las instituciones y ONGs cooptadas por las corporaciones y los gobiernos de EE.UU. y la UE

aceptación sin crítica de informes deshonestos e incorrectos de los medios de comunicación locales partidarios de Occidente;

distorsión sistemática u omisión absoluta de fuentes de noticias e información que cuestionan esos informes falsos.

En el caso de Nicaragua, los partidarios de quienes promovieron el fallido intento de golpe de Estado de 2018 contra el gobierno sandinista de Nicaragua siguen presentando las acciones violentas de la oposición nicaragüense como "protestas pacíficas". Atribuyen prácticamente todas las muertes durante la crisis de 2018 a la policía o a los partidarios sandinistas. Aunque de hecho las pruebas en relación a algunos de los graves incidentes ocurridos en 2018 son confusas, es más que claro que los activistas de la oposición fueron responsables de muchos delitos muy graves.

Ellos y sus partidarios evitan abordar ese hecho, con la complicidad de prácticamente todos los medios de noticias e información occidentales. Esto permite a las y los representante de la oposición política en Nicaragua y sus partidarios en otros países esquivar la responsabilidad por sus crímenes atroces, confiando en el comportamiento demencial, ahora normalizado, aplicado para encubrir los crímenes de las fichas occidentales en otras partes del mundo. Una breve reseña de los incidentes que tuvieron lugar en Nicaragua durante abril-julio de 2018, muestra cómo el indiscutible testimonio de testigos presenciales confirma que la oposición de Nicaragua cometió atrocidades criminales. Con frecuencia, este testimonio de los testigos se confirma mediante vídeos autoincriminatorios publicados por los propios activistas de la oposición en los medios de comunicación social.

Los partidarios de la oposición nunca abordan estos incidentes porque son incapaces de asimilar una crítica racional basada en las normas de prueba generalmente aceptadas. Si aceptan que los activistas de la oposición efectivamente cometieron delitos de asesinato, secuestro y tortura, entonces su descripción de las protestas de la oposición como pacíficas se desmorona. Tienen el dilema adicional de quedar mal si no condenan los atroces delitos cometidos por los activistas de la oposición. Un corolario de ese dilema es que el reconocimiento de esos delitos hace insostenible la afirmación de que los autores detenidos por ellos eran "presos políticos".

He aquí diez incidentes en los que la implicación de la oposición nicaragüense en los crímenes violentos es prácticamente irrefutable:

(Leer en la fuente original)

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"Manual para entender el militarismo (y luchar por la desmilitarización)"

17 March, 2020 - 00:00

Nuestro amigo y compañero antimilitarista, y habitual colaborador de esta página, Juan Carlos Rois, nos hace llegar para su difusión este breve pero enjundioso ensayo que, no solo desgrana concienzudamente todas y cada una de las expresiones y formas que adopta el militarismo en nuestra sociedad, sino que, también, analiza el presente y el futuro de la lucha antimilitarista y sus posibles conexiones con el resto de resistencias al modelo social vigente. Estamos seguros de que su lectura será más que fructífera y supondrá un estímulo para ponerse manos a la obra cuanto antes. Nota de Tortuga.

Lo podéis descargar aquí:

INDICE

Prefacio
A modo de explicación

I Entender el militarismo
¿Qué es el militarismo?
¿Cómo funciona el militarismo?
El militarismo, uno de los macroproblemas del capitalismo global
¿Por qué es tan perjudicial el militarismo?

II Características del militarismo español
Dimensiones de nuestra estructura militar
La red de apoyo al militarismo
Las políticas de defensa
El gasto militar
El chollo de los PEAS y la deuda inmoral
Identificación ideológica: nacionalista, confesional y de derechas
Un Estado dentro del estado
El lastre del interés para la defensa
La industria militar
Valores y peligros
El gran contaminador
Principales problemas

III Luchar contra el militarismo
¿Qué es el antimilitarismo?
El antimilitarismo, una lucha inespecífica
El antimilitarismo, una lucha interconectada
El antimilitarismo, una lucha específica
¿ONG, centro de investigación, activismo social?
¿Partidos antimilitaristas?

IV Conexión del antimilitarismo con otras luchas sociales
Conexión del militarismo con otras dimensiones del colapso
Interrelación de las alternativas
¿Por qué es tan débil la respuesta al militarismo?

V Herramientas de lucha para la desmilitarización
Desarme, pacifismo institucional y antimilitarismo
¿Necesitamos una defensa alternativa al militarismo?
¿Un transarme alternativo dentro de la lucha por la desmilitarización
social?
Medios de lucha del antimilitarismo

VI Final

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Pandemia y revolución

17 March, 2020 - 00:00

Las medidas contra el coronavirus se están convirtiendo en una auténtica fiesta y borrachera de poder para todas las instituciones represivas del estado (incluido el ejército), las cuales, apoyadas en el recorte de derechos y libertades que ha decretado nuestro democrático gobierno, recorren calles y carreteras vacías recordándonos a todas horas quienes mandan y quienes han de obedecer. Nota de Tortuga.

Fernando Muñoz
Doctor en Filosofía y Sociología

Si esto no nos enseña que tomamos, en algún momento, el camino equivocado no habrá nada que pueda enseñárnoslo. Lo que no evitará, desde luego, una corrección muy severa. Alarmados por el virus demoledor que, aunque con excepciones, se cebará en nuestros mayores y enfermos, en última instancia en los humildes y menesterosos, apenas hemos reparado en los más de treinta grados que hemos “gozado” este invierno. Nuestros gobernantes esperan de la población un comportamiento ejemplar. Una población educada en siglos de individualismo expoliador o egoísmo perfecto debería hoy, por arte de no sé qué mutación, ofrecer un comportamiento entregado y generoso. En realidad, desbordado del todo el sistema sanitario – tras años de gestión rapaz – se nos pide que afrontemos en nuestra casa la enfermedad, con la ayuda de medicamentos inespecíficos y paciencia. Para eso nos regalan las compañías telemáticas megas extra y contenidos de entretenimiento que paliarán, sin duda, nuestro ocaso.

Poco acostumbrados al recogimiento será necesario el ejército para mantener una cuarentena vigilada, acostumbrados al ejercicio vano de nuestra voluntad las nuevas condiciones nos resultarán insufribles. La mayor desgracia, sin embargo, es la erosión de la institución elemental de la vida en común: la casa, el lugar del núcleo familiar. Reducido a lugar de restauración y descanso, hace siglos que ha venido perdiendo su valor de espacio sagrado de vida en común. No se trata, naturalmente, de la familia antigua – elemento de la ciudad constituida como unidad de filiación, como mostrara Fustel de Coluanges en su obra maestra – no queda ni siquiera esa esquirla que ha sido la familia nuclear – burguesa. Un concepto aberrante que concluye en la abolición de la familia por la que luchan tantos libertarios y revolucionarios de pastel. Hacen el juego, justamente, a la ideología de nuestro tiempo, a la evidencia compartida por la masa, perfectamente ajustada a nuestras formas de vida: el liberalismo político y económico, cuya última vuelta de tuerca es el llamado neoliberalismo. El liberalismo clásico vetaba todavía un espacio a la garra destructiva del Estado o del Mercado en nombre de la vida comunitaria. El liberalismo, dice Ortega, es la doctrina que pone límites a la injerencia del Estado. Eso es el liberalismo clásico que todavía tuvieron presentes Ortega o Chesterton. El nuevo liberalismo es un democratismo sulfurado que niega todo límite a la injerencia del Estado o, lo que es lo mismo, del Mercado orientados a la demolición de todos los lazos antropológicos y la creación de una masa de individuos sin naturaleza, ni constitución.

No hace falta acudir a conspiraciones intangibles cuya veracidad a nadie sorprendería porque todos sabemos quién corta el paño. Conspiraciones cuyo punto oscuro las aproxima, desde luego, a la paranoia. Pero ésta no es, al fin y al cabo, otra cosa que una hiperfetación del conocimiento.

Nuestra única salida es siempre dar marcha atrás para volver a coger velocidad posteriormente, pero deberíamos sentarnos, meditar y cambiar – con parsimonia – de dirección. Cambiar de dirección radicalmente, dar la espalda al horizonte vacío, al gran desierto al que nos conduce esta modernidad liberal del Individuo sustancial y perfecto y regresar por donde vinimos, no será el mismo el paisaje porque, en efecto, la historia no es simplemente reversible. Tan poco reversible es que pudiera resultar que para regresar – ya no conservar porque nada hay que conservar – será preciso una suerte de revolución reactiva, antiliberal o antimoderna, una revolución en nombre de la vida en común en la que la voluntad de uno no esté desvinculada de la voluntad de otros. Restaurar las condiciones de un trabajo y un consumo compartido, trabajar juntos y próximos. No a la distancia a la que ahora nos pone la situación de emergencia, sino en vecindad. No será un mundo idílico y lleno de armonía, nada que construyamos puede serlo, pero no será el infierno postindustrial de la pandemia comercial.

Fuente: https://www.elimparcial.es/noticia/...

La Unidad Militar de Emergencias se desplegará este lunes en toda España "como presencia disuasoria para aquellos que se saltan las normas"

La Unidad Militar de Emergencias, que este domingo ha comenzado a patrullar las calles de las siete ciudades españolas donde cuenta con acuartelamientos permanentes, ampliará este lunes su despliegue a otras poblaciones del territorio nacional. Según ha informado la ministra de Defensa, Margarita Robles, entre las labores de la UME estará ejercer "como presencia disuasoria para aquellos que se saltan las normas".

La UME, junto a la Policía Militar, son los únicos cuerpos militares que pueden asumir un papel de autoridad en su relación con los ciudadanos e impartir órdenes.

Robles ha explicado que la UME y el resto de las Fuerzas Armadas también colaborarán en labores sanitarias a través de los médicos militares y la farmacia catrense, así como en actividades de transporte y logística. "No vamos a regatear ningún tipo de esfuerzo en ningún lugar de este país", ha declarado la ministra.

Informa Carlos del Castillo.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/Ul...

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Medidas de aislamiento exponencial en las cárceles a causa de la situación del coronavirus

17 March, 2020 - 00:00

Por La Corda

Hoy, día 15 de Marzo de 2020, hemos visitado la prisión de Mas d'Enric a las 11.00h.

A modo descriptivo, el panorama era el siguiente: muy pocos familiares y amigxs esperaban para comunicar. Normalmente la afluencia de gente es bastante mayor en este turno de comunicaciones. Ventanillas cerradas, funcionarixs con guantes las abren mínimamente para recoger dni y dinero para el peculio. Recomiendan a lxs familiares no venir a comunicar a causa de la situación del coronavirus. Ingresar más dinero del habitual al peculio con el objetivo de no volver la próxima semana es solo un ejemplo de las sugerencias de lxs señorxs funcionarixs de la prisión de Mas d'Enric. En general, lxs visitantes asienten y hacen caso de estas indicaciones. El sentir nuestro es que la gran mayoría no vendrá a comunicar en las próximas semanas.

Según la normativa de Mas d'Enric a día de hoy, los vis a vis están suspendidos, así como visitas de abogadxs, etc. Los locutorios sí quedan habilitados en el horario habitual así como la entrada de paquetes. En cambio, nos dicen que en cualquier momento puede cambiar la dinámica, que estemos atentxs. Según ellxs, todo dependerá de las indicaciones del gobierno central.

La entrada a comunicar de una familia de 4 personas queda inhabilitada. En la misma ventanilla donde se entrega el dni una hora antes de la comunicación, la funcionaria considera que unx de ellxs no puede pasar porque está tosiendo e insta con autoridad al resto de la familia a quedarse fuera con él por ser menor de edad (en lugar de proponerles alternativas que favorezcan el bienestar del preso a quien venían a visitar). La familia al final no entra, se queda fuera.

Dos funcionarias, vestidas de uniforme y con guantes, se pasean a sus anchas por el pasillo de familiares y amigxs. Lo recorren de un extremo al otro, pasan entre nosotrxs a poca distancia, atraviesan la puerta que queda al final del pasillo y entran al otro lado de las ventanillas, es decir, al del resto de funcionarixs. El que está “aislado”, el mismo donde se reciben paquetes, donde te atienden por la ventanilla mínimamente abierta. “El supuesto virus ya podría estar dentro si cualquiera de las dos funcionarias lo portara de casa o lo hubiera trincado en el momento de pasearse entre lxs familiares”. Pasados 15 minutos, ellas dos vuelven a salir, vuelven a recorrer nuestro pasillo (ahora en sentido contrario). Nos acompañan hasta la puerta de entrada a los módulos para comunicar. Aprovechamos entonces para preguntarles “¿vosotras estáis en contacto directo con presxs?”. “Sí”, nos contestan. Nos quedamos extrañadxs, enfadados, alarmadxs. No tiene ningún sentido aplicar las medidas de aislamiento que se están llevando a cabo (anulación de vis a vis, visitas de abogadxs…). Aprovechamos la oportunidad para seguir hablando con ellas y expresarles nuestra absoluta inconformidad. Una de ellas comparte el sentir y nos incita a quejarnos al Director de la prisión Francisco Romero Beitia, quien, por cierto, les prohíbe a lxs funcionarixs (lxs mismxs que recorren los pasillos de un lado a otro) utilizar mascarillas para que no cunda el pánico.

La información que nos llega desde dentro de Mas d'Enric, información de una compañera presa, es que el resto de compañerxs están alarmadxs y expectantes. Que han suspendido las clases y los talleres y que han aislado a lxs presxs por módulos, es decir, que en este momento solo tienen contacto entre sí lxs compas dentro de cada módulo. El sentimiento general es de poca o ninguna información sobre las medidas que se van a ir tomando.

A la entrada de la comunicación… No hay jabón en el aseo habilitado. Al salir de la comunicación… No hay agua ni jabón en el aseo habilitado.

Si aumentamos un poco más la perspectiva, fuera de Mas d'Enric están sucediendo cosas que nos conviene saber urgentemente. En Murcia II, prisión Campos del Río, lxs compas que han querido comunicar hoy, domingo, han sido recibidxs por un agente de seguridad de la prisión (ni funcionario, ni otro tipo de persona con idea ni responsabilidad en las decisiones; un segurata, vaya) y les ha denegado el paso. Se ha confirmado que a partir de hoy, a las 12.00h, quedan suspendidas también todas y cada una de las comunicaciones por vidrio. La información ha sido breve, concisa e injustificada. No había nadie allí dispuestx a dar explicaciones. Tampoco está permitido pasar paquetes hasta nueva orden.

Otro caso es el de Zuera (Zaragoza). El aislamiento exponencial continúa. En esta prisión no está permitida la realización de llamadas telefónicas. Causa injustificada.

En Brians I y II: el 13 de Marzo, viernes, se comunica telefónicamente con compas en esta prisión. Se decide unilateralmente y sin explicaciones que no habrá más vis a vis. Se cambiarán por comunicaciones por vidrio de 1h y media. Al mismo tiempo, no se toman medidas de seguridad por parte de funcionarixs ni carcelerxs. Entran y salen cada día. Las represalias son nada más contra familiares, amigxs y parejas. Además, se les ha facilitado a lxs compañerxs presxs un documento informativo para evitar contagios del coronavirus pero no les han dado ni jabón, ni alcohol desinfectante, ni guantes, ni mascarillas…

Por todo esto y por lo que vendrá, se ha decidido que en Brians comienza una huelga de hambre denunciando el aislamiento, la falta de información y la incoherencia.

En Brians II: el 14 de Marzo, ayer sábado, aparece el primer caso positivo de coronavirus en un interno en una prisión catalana. Ha sido trasladado al hospital penitenciario de Terrassa. Lxs 105 internxs de su módulo han quedado confinadxs. Esto significa que pueden salir de su celda pero no del módulo.

En Brians I y II: hoy, 15 de Marzo, compas presxs siguen sin guantes ni mascarillas. Mucho miedo generalizado. En Brians I ya son 100 lxs compas en huelga de hambre.

Desde Correos, lxs trabajadorxs están dispuestxs a plantarse si no reciben material de protección durante sus jornadas laborales: https://www.lagacetadesalamanca.es/...

Esto supone que la vía de comunicación con presxs mediante carta quedaría también dañada.

Es importante tener en cuenta la iniciativa de APDHA (Asociación pro derechos humanos de Andalucía). Presentarán un escrito a la SGIP (Secretaría general de instituciones penitenciarias) pidiendo, entre otras cosas, la excarcelación de personas presas mayores de 70 años y/o enfermas, la gratuidad de llamadas telefónicas o el incremento de comunicaciones orales. Se presentará el lunes 16 de Marzo y se pide la adhesión a la petición de colectivos de apoyo. Os dejamos aquí el enlace: https://docs.google.com/forms/d/1ul...

Desde La Corda queremos hacer un llamamiento a los grupos de apoyo e individualidades a mantenernos informadxs de cada nuevo caso de represión. También a no parar de buscar maneras para evitar lo que se nos está viniendo encima. Y, por último, a seguir encontrando maneras de mantenernos en contacto con el mayor número de compañerxs presxs en cualquiera de las cárceles de este estado u otro. Informarles de lo que está pasando en otras prisiones y que nos informen de qué está pasando dentro.

Estemos atentxs a los blogs, páginas, y todo tipo de redes sociales que apoyan el movimiento anticarcelario. Estemos también atentxs a la nueva publicación de esta tarde en La Directa. Intentemos mantener una red amplia de información entre nosotrxs.

Ante esta crisis del coronavirus, redes de apoyo, solidaridad, autoorganización y respuesta al confinamiento, el olvido y el aislamiento.

¡Abajo los muros de las prisiones!

Fuente: https://kaosenlared.net/medidas-de-...

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Insumisioa

17 March, 2020 - 00:00

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La balanza

16 March, 2020 - 00:05

Queridos lectores:

Algunos lectores habrán reparado en un cambio sustancial en la barra lateral de este blog, donde se enumeran las conferencias que voy a dar próximamente. Si se han fijado, habrán visto que las conferencias que tenía previsto dar durante las próximas semanas aparecen ahora con un aviso de "pospuesta". Por supuesto, todas estos actos se han aplazado con motivo de la epidemia de CoVid-19, que se está extendiendo rápidamente por toda España y ha obligado a tomar urgentes medidas de contención, medidas que sin duda se tornarán más drásticas en los próximos días, comenzando por las ya anunciadas con el decreto de estado de alarma en España.

La extensión de la epidemia de CoVid en España ha producido sustanciales cambios. De una cierta autocomplacencia contenida en los medios de comunicación se ha pasado, en menos de una semana, a una situación prácticamente de histeria, una vez que se ha comprobado que la progresión de la epidemia mostraba el típico patrón exponencial en la curva de personas infectadas. Las autoridades españolas (desde el estado a las administraciones locales) han pasado de una cierta reticencia a tomar medidas más drásticas (por miedo a las consecuencias económicas que se derivarían) a solicitarlas o ejecutar medidas aún más drásticas de las que se habían barajado hasta ahora y encima por la vía de urgencia. Y los ciudadanos españoles han pasado de hacer y enviar miles de chascarrillos y memes (bueno, esto lo han seguido haciendo) a la compra histérico-compulsiva en los supermercados (la obsesión por un producto de importancia menor como es el papel higiénico daría para mucho análisis sociológico de la disociación de la realidad que tiene la opulenta sociedad occidental) y a escapar de las grandes ciudades, contribuyendo en su inconsciencia a diseminar la enfermedad. En mi situación particular, he pasado de tener una agenda apretada de viajes, eventos y reuniones a estar prácticamente confinado en casa (el CSIC ha ordenado que todo el que pueda teletrabajar se quede en casa) y con mis hijos por aquí rondando, pues se han suspendido las clases.

¿Tiene sentido sentido este miedo al CoVid-19? Pues sí y no. Ya lo comentamos en el post anterior: esta epidemia plantea un grave problema de salud pública, y no tanto de salud individual para la mayoría de la población. La mortalidad para los menores de 50 años ronda el 0,3%, un porcentaje que no es en absoluto despreciable (y, recordemos, siempre hay personas perfectamente sanas que mueren, quizá por sobrerreacción de su sistema inmunitario), pero que está lejos de suponer el fin de la Humanidad. Sin embargo, para los mayores de 80 años la mortalidad supera el 15%, y además entre el 5% y el 10% de los infectados desarrollarán complicaciones serias que requerirán atención médica más intensa e inclusive hospitalización. Si se añade a eso que se trata de una enfermedad muy contagiosa, existe un riesgo real de colapsar el sistema sanitario (riesgo que ya se está empezando a materializar), debido a que ese 5-10% de casos complicados puede ser una cifra enorme si la infección se extiende, y en ese caso aumentaría mucho la mortalidad directa (la que causaría el CoVid en los casos complicados no tratados como se debe) y la indirecta (las que causan otras patologías, que obviamente siguen produciéndose pero que no se atenderían adecuadamente en hospitales colapsados). De ahí los esfuerzos de contención y las actuales restricciones de movimiento.

Cabe añadir aquí un mensaje a mis lectores: si Vd. tiene síntomas leves (tos, algo de fiebre) no acuda a su centro de salud o al hospital: no podrán hacer nada por Vd. (no se le puede hacer la prueba a todo el mundo, menos si no hay indicación para ello, y ya bastante atareados van ahora mismo como para centrarse en un paciente esencialmente sano) y su desplazamiento solo servirá para contagiar o ser contagiado. Quédese en casa, tal y como se está recomendando. Solamente si sus síntomas empiezan a ser serios acuda inmediatamente al hospital. Recuerde también que aproximadamente el 80% de la población infectada pasará la enfermedad con síntomas leves: razón de más para evitar todo contacto mientras dure el confinamiento. Estas simples indicaciones, de puro sentido común, chocan con la manera de hacer de una sociedad atolondrada e infantilizada, cegada y cebada en el sobreconsumo, pero es lo que hay que hacer ahora. Como dice en el meme que ahora circula: "A nuestros abuelos les pidieron que fueran a la guerra, a nosotros solo nos están pidiendo que nos quedemos en casa".

La reticencia inicial de las autoridades a actuar con más contundencia ha alimentado una cierta desconfianza de la ciudadanía, que tiene la impresión de que se le está ocultando algo. De alguna manera es cierto: no es tanto que no se haya dado la información, pero es obvio que el tono de las primeras semanas ha sido un tanto blando, y las explicaciones un tanto timoratas por el miedo a las consecuencias económicas. E inclusive ahora, que ya no se ha podido evitar adoptar las decisiones que no se querían tomar, no se dice toda la verdad por temor, aún, a las consecuencias económicas. En particular, es completamente evidente que la actual situación de paralización social y económica en España durará más de 15 días (todas las curvas que siguen las podrán encontrar, actualizadas en https://www.worldometers.info/coron...): el número de casos sigue un patrón exponencial,

carácter exponencial que se evidencia cuando se toma una escala logarítmica en el eje vertical:

Como se ve de las curvas, se está lejos de llegar a una saturación, a un pico. Si Italia es una referencia (España está siguiendo su mismo patrón, pero con 11 días de retraso), dentro de 11 días se verá una ligerísima bajada del ritmo exponencial

y con mucha suerte podríamos llegar al máximo epidémico (momento en el que el número de nuevos casos diarios deja de aumentar) dentro de 15 días. Por tanto, con mucha suerte dentro de 15 días la epidemia estaría en su apogeo, y en esas condiciones obviamente no se van a retirar las medidas de confinamiento. Siendo muy afortunados, se podría comenzar a plantear el fin del confinamiento dentro de un mes. Y si seguimos el patrón de China (país, por cierto, que tomó medidas expeditivas bastante pronto) nos faltan no menos de 50 días. Ésta es la realidad. Si se está hablando ahora de restricciones durante 15 días es porque no se quiere decir aún lo que durarán realmente, de nuevo por miedo a dañar aún más a la economía. La única cosa que podría acortar plazos es que el aumento de insolación que se va a producir durante las próximas semanas con la llegada de la primavera esterilice el ambiente y contenga eficazmente la propagación.

Pero a estas alturas es evidente que el daño para la economía, tanto la española como la mundial, es brutal. No es ya por la catastrófica caída de los índices bursátiles durante esta semana, caída que refleja una creciente desconfianza en la capacidad de las compañías de seguir aumentando sus beneficios. Las empresas, tanto las grandes como las pequeñas, se verán obligadas a deshacerse temporalmente de sus plantillas, dada la imposibilidad de continuar su actividad, en parte por las disrupciones en la cadena de suministros, en parte por la total paralización de las ventas con el cierre generalizado de comercios. En países como España, donde el turismo es la principal industria, el daño va a ser doble. De entrada, porque cuanto más dure la crisis sanitaria menos gente viajará a nuestro país, y ya de entrada la campaña de Semana Santa (muy importante para el turismo interior) se ha ido al garete. Pero, además, la contracción económica general hará que mucha gente decida no irse de vacaciones este año, simplemente porque tendrá menos dinero o inclusive porque estará en el paro (la crisis del CoVid afecta masivamente a Europa, mercado turístico principal, de España).

Por tanto, vamos a una grave crisis económica en el conjunto del mundo y a una total debacle económica en el caso de España. De una manera prácticamente inmediata se va a producir un repunte del paro, y no se va a recuperar la ocupación cuando pase la crisis sanitaria. A finales de este año se tendrán que empezar a implementar serios recortes.

Comentábamos en el post anterior que una de las necesidades de este año era encontrar una manera de domesticar una crisis económica que era ya inevitable mirando la evolución de los indicadores económicos a finales de 2019. La actual crisis sanitaria era una buena excusa para imponer ciertos ajustes que permitieran pasar rápidamente de las causas a las consecuencias finales, pero se está viendo que al final la crisis no está siendo tan domesticada como parecía: el bajón económico se nos ha ido de las manos, y estamos en una verdadera situación de decrecimiento repentino, impuesto por las circunstancias. Mostrábamos la semana pasada el brusco descenso de emisiones contaminantes en China; esta semana podemos mostrar una imagen análoga del muy polucionado norte de Italia.

Concentración de óxidos de nitrógeno troposférico sobre Italia en enero (izquierda) y marzo (derecha).

A nadie se le escapaba que las medidas necesarias para la contención del virus implicaban un descenso económico profundo, y eso explica la actitud cínica que se ha adoptado en algunos países, como Francia y EE.UU., y especialmente en el Reino Unido. En estos países se está dejando que la infección progrese sin ningún control, poniendo excusas de lo más variopinto y tomando medidas de pequeño impacto, con la idea de llegar a un punto en que ya no se pueda hacer nada. Mientras Francia y EE.UU. aún intentan, hipócritamente, disimular un poco, en el Reino Unido reconocen abiertamente su estrategia genocida, e incluso lo intentan justificar con argumentos pseudocientíficos como el de "inmunidad de manada". Pero como explica Nafeez Ahmed, no existen ninguna evidencia científica que avale ese concepto, más bien al contrario. En realidad, es un posicionamiento ideológico, y sí, hay que decirlo, es un posicionamiento ideológico psicópata y genocida. En el Reino Unido se le ha dicho a la gente que tiene que asumir que habrá muertes, y ya está. No es casualidad que las tres personas que rigen los destinos de esas tres naciones sean adeptos al liberalismo económico: simplemente han echado mano a la calculadora, y han hecho sus cuentas. Una enfermedad que al 80% de la población no le hace nada, y que se ceba en la gente mayor - que precisamente son los "económicamente improductivos" - frente a una parálisis económica de varias semanas y el desencadenamiento de una grave crisis económica. Sin embargo, estos psicópatas no se han dado cuenta de que su estrategia les puede producir una carambola inesperada, y que al final la factura de muertos sea mucho más elevada de lo que su puñetero Excel les enseña; y que los ciudadanos de esos países, cuando comparen lo que les ha pasado a ellos con lo que ha pasado en otros países como China, Italia o España, acaben exigiéndoles cuentas. Yo solo espero que todos ellos acaben en la cárcel acusados de genocidio.

Es simplemente alucinante comprobar que la lentitud inicial en nuestro país, o la directa inacción en otros países, está motivada por la obsesión de mantener el leviatán económico en marcha, siempre consumiendo y produciendo, siempre creciente. Todo el rato se pone en una balanza, de una lado la actividad económica, del otro cualquier otra consideración; pero la balanza está trucada para que una cosa pese mucho más que otra. No deja de ser significativo que, en su alocución de ayer, el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, comenzara haciendo hincapié en las medidas económicas que se tomarán para paliar los efectos de las medidas de confinamiento que se decidieron ayer, y que en realidad era lo que venía a anunciar.

Incluso sin salir de la esfera económica, la realidad que se nos viene encima no tiene nada que ver con la que se imaginan en los gabinetes ministeriales. Como avanzábamos en el post sobre los pronósticos para este año, la prolongación de los bajos precios del petróleo va a acelerar el proceso de descenso de producción que ya anticipaba la Agencia Internacional de la Energía en 2018. Ya hay quien está pidiendo al Gobierno de los EE.UU. que rescate el ruinoso sector del fracking (sector que, por cierto, siempre ha sido una ruina), pero tal medida es inútil porque es un sector condenado, y con su caída la producción de petróleo comenzará a bajar drástica e irremisiblemente. Esto no sale en los dichosos Excel del Ministerio de Economía, pero es la realidad: en la segunda mitad del año vamos a chocar contra un muro, una nueva crisis del petróleo que será muchos más intensa y más duradera (de hecho, permanente) de lo que nunca se haya visto. La inacción de años y la absoluta incomprensión de la realidad física y geológica de los recursos han cocinado la tormenta perfecta, el petrocalipsis. Tanto que dicen preocuparse por la economía y no han visto venir algo tan obvio, de lo que llevamos hablando en este blog en los últimos 10 años.

Grave como es la crisis del CoVid-19, no es, en absoluto, la más grave de las crisis que está padeciendo la Humanidad, ni siquiera los países occidentales. Y sin embargo ahora mismo ocupa todo el espacio mediático, ya no se habla de nada más. Es, verdaderamente, una crisis para esconder todas las otras, y en particular la crisis climática, que, ésta sí, puede exterminar a la Humanidad. No deja de ser curioso que hace unos meses, en el curso de la COP 25, parecía imposible reducir las emisiones de CO2, y sin embargo en el plazo de unas pocas semanas las emisiones del mundo se ha reducido drásticamente (aún poco para lo que se debería, pero mucho más de lo que se anunciaba). Se ve que sí que se podía. Porque, lo que no se decía, es que no se podían reducir las emisiones "si se quería mantener el crecimiento económico", ésa era la cláusula escondida. Ya se ha visto que es perfectamente posible hacerlo, si se quiere. De nuevo, hemos puesto en la balanza trucada de un lado el crecimiento económico y del otro la supervivencia de la Humanidad, y contrariamente al sentido común ha pesado más el primero.

Con todo, lo más interesante de estos días es el experimento decrecentista al que nos hemos visto abocados. De golpe, nos hemos visto obligados a vivir otra vida. Lo que ayer era tan importante hoy ha podido ser aplazado; lo que ayer era frenesí y necesidad hoy se percibe como algo relativo. Podemos reducir nuestro metabolismo social, consumir menos, y todo puede seguir adelante. Cierto, vamos a una gran crisis económica, y mucha gente quedará en el paro: es esto sobre lo que tenemos que trabajar. Pero es concebible hacer un esfuerzo de autcontención, algo que se nos ha repetido por activa y por pasiva que, simplemente, no se podía hacer. No era verdad: sí que se puede hacer, como estamos viendo. Queda mucho por hacer, y en particular ver cómo se relocalizan los trabajos y se reducen las redes, cómo se consigue ocupar a todo el mundo y disminuir nuestro impacto ambiental y de recursos, pero lo que muestra esta situación excepcional es que sí que hay un camino, y que si como sociedad tenemos claro hacia donde ir podemos reaccionar en tiempo récord. Por eso, más que nunca, es importante explicar que el decrecimiento es la única posibilidad de supervivencia de la Humanidad; una vez comprendido eso, ya hemos demostrado que podemos reaccionar al unísono y en la dirección adecuada (aunque faltará mucho camino por recorrer, ya lo sé, entre otras cosas para rehabilitar de tantos malos hábitos). Y es fundamental destacar un aspecto: el daño económico que se está generado hoy probablemente ya no es recuperable, dada la debilidad estructural del sistema. Durante demasiados años hemos huido hacia adelante, poniendo parches para mantener el sistema económico crecentista en marcha a pesar de su inviabilidad. Esta crisis supone una herida de muerte, de la que nunca va a poder recuperarse. El paro será elevado de manera estructural, y la energía y las materias primas comenzarán a escasear. Comenzamos ahora una nueva etapa de la Historia, y cuando antes lo comprendamos y empecemos a adaptarnos mejor nos irá.

Pase lo que pase, nuestro sistema económico está condenado. También es cierto que, pase lo que pase, al final todos moriremos. La diferencia está en que cada minuto extra de una vida humana es un tesoro, sobre todo para sus seres queridos. En cambio, cada minuto extra que dure este sistema económico continuará avanzando en su lógica destructiva y ecocida.

Tomemos una balanza justa y equilibrada, y pesemos.

Salu2.

AMT

Fuente: https://crashoil.blogspot.com/2020/...

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Frente a la violencia del coronavirus, ¡organización y lucha!

16 March, 2020 - 00:00

¿Por qué cierran todo lo publico y no lo privado?¿Por qué han creado esta alarma social?¿Por qué somos nosotras las que pagamos otra vez el pato?

La crisis del corona virus está azotando Euskal Herria con mucha violencia. En menos de dos semanas, hemos visto como nuestros centros sanitarios se han colapsado y como los grandes medios de comunicación están sembrando el pánico. Se están cerrado colegios, centros de día, centros deportivos y culturales… Estamos viendo como nuestras compañeras se están enfrentando a ERTEs de un día para otro y como el cuidado de niñas y personas con dependencia cae, de nuevo, sobre las espaldas de las mujeres.

En otros lugares de Europa como en Italia, vemos como cierran ciudades, hay motines en las cárceles, cancelan vuelos a otros lugares… O como, en el caso de Ucrania, donde han llegado a apedrear a un autobus con infectados… Parecen todas sacadas de una serie de ficción a la que no tardaremos en sumar otro capítulo.

Por si eso fuera poco, desde nuestra parte, vemos la completa desmovilización de actividades del movimiento político, sindical y social de Euskal Herria ante esta coyuntura…

En la supuesta era de la información, reina la desinformación. Una vez más, el pueblo trabajador está siendo azotado por la crisis y la violencia. Una vez más, el pueblo trabajador está pagando el pato de este sistema despiadado. Estamos siendo el epicentro de un estado de shock donde cumplimos el papel de ratas de laboratorio. Ratas que estamos predestinadas a vivir o a morir según los experimentos sociales a los que nos están sometiendo. Pero en esta situación, ¿quién se atreverá a morder a quien experimenta con nosotras?

La capacidad que hemos adquirido de asumir las medidas disciplinarias, autoritarias y restrictivas (medidas económicas y de control social más allá de las políticas de salud publica) en el territorio están siendo devastadoras. El miedo y la incertidumbre nos están haciendo ser los peones de una partida de ajedrez, en el que nos pueden manipular al gusto del jugador. El control social es absoluto. Nadie escapa de esta realidad…

Mientras tanto, la crisis económica aumenta a pasos agigantados y los diferentes gobiernos se apresuran a preparar los paquetes de medidas económicas, políticas y sociales que van a producir otro saqueo a los derechos civiles, políticos y económicos del pueblo trabajador. Todo esto, sin aparente resistencia.

En esta situación alarmante, no nos queda otro remedio que volver a despertar y hacernos una serie de preguntas: ¿por qué cierran todo lo publico y no lo privado?¿Por qué han creado esta alarma social?¿Por qué somos nosotras las que pagamos otra vez el pato?

El miedo puede ser paralizante, pero también puede ser catalizador de rabia e injusticia. En esta situación, como en otra cualquiera, no podemos dejar que nos controlen sin ninguna visión crítica. Somos las que seguimos trabajando todos los días; somos las que mantenemos la producción y la reproducción de la vida. Tenemos conocimiento y medios suficientes para hacerlo mucho mejor. Pero para ello, no podemos dejar que nos dominen. No podemos dejar que cunda el pánico.

No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que pase la crisis sanitaria. Todas las medidas (económicas, políticas y sociales) que están adoptando con esta crisis vienen para quedarse. Si no actuamos ahora, luego sera demasiado tarde. Si tenemos miedo, hagámonos con formas de movilización con las que no tengamos que asumir riesgos innecesarios. Tenemos mucho que denunciar, así que denunciemoslo utilizando nuestra creatividad e imaginación para hacerlo posible como lo hemos hecho siempre. No caigamos en la frustración y en el inmovilismo. Por que si no, los gobiernos nos obligarán a asumir todas las formas de opresión a las que quieren someternos con mucha más facilidad y sin que nos demos cuenta.

No dejemos de organizarnos y luchar. Que no sea peor el remedio, que la enfermedad…

La Haine

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Más noticias sobre el gasto militar

16 March, 2020 - 00:00

Aprovechando el militarismo del lenguaje (y no solo) empleado por la retórica del poder en los últimos días y dado que nos encontramos en confinamiento sanitario merced al decreto del gobierno “socialcomunista” apoyado por la derecha extrema y la extrema derecha como medio para “luchar” contra el virus contagioso y “proteger” la salud en esta “guerra” que vamos a ganar indudablemente, no vendría mal, para distender el ambiente, repasar las últimas cifras ofrecidas por la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) referida al gasto del Ministerio de Defensa en los presupuestos de 2019.

Recordemos que el gasto del Ministerio de Defensa es un componente (uno más) del gasto militar español, que además se dispersa por los restantes ministerios (menos justicia) y en otras partidas destinadas a clases pasivas, organismos autónomos militares, etcétera.

Recordemos también que el gasto presupuestado para 2019 en la partida del ministerio de defensa era de 8.537 millones de euros en números redondos.
Y ahora es cuando viene lo bueno. En el avance mensual que ofrece la IGAE sobre la ejecución del gasto de los presupuestos generales del Estado para el mes de noviembre de 2019 (último que ha aportado) nos habla de un gasto final (a 30 de noviembre de 2019) de la nada despreciable cifra de 1.191´3 millones de euros que se han gastado “de más” sobre lo que presupuestaron en su día nuestros preclaros próceres.

El desvío parece tener explicaciones redundantes, como la necesidad de cubrir cuantiosas inversiones en funcionamiento operativo de más de 259 millones de euros de desvío, así como otras inversiones inmateriales de carácter militar por valor de algo más de 70 millones de euros, junto con inversiones en infraestructuras por encima de los 80 millones de desvío, sin contar con otros gastos extras que como siempre se explican no dando ninguna explicación.

¿Se quedan fríos? ¿Se preguntan qué diablos son inversiones inmateriales referidas a lo militar? ¿Les parece impresentable que quien haya programado los gastos de defensa haya cometido el fallo de calcular en funcionamiento operativo 259 millones menos de los que se necesitaron hasta noviembre? Pues allá ustedes, porque estas sorpresas nos las vienen ofreciendo año tras año sin que, hasta la fecha, a nadie se le haya movido una pestaña.

Dice este avance además que de todo este pastuzal de desvío que han comprometido nuestros nunca bien ponderados administradores militares, han ejecutado además el 97%, es decir, que se lo han gastado casi todo.

¿Y eso es todo?

Todo no, porque queda por cerrar el ejercicio 2019, es decir, les quedaba el mes de diciembre de 2019 para gastar y para comprometer más gasto y, como dijo aquel, todo lo pensable es posible y aquí mucho nos tememos que por la ley de la fatalidad militar (una ley sociológica que ha descubierto un servidor en estos días de aburrido confinamiento) si piensas mal acertarás.

Pero volvamos sobre las cifras. ¿Qué son 1.191 milloncetes de euros?

  • Pues para empezar, una séptima parte del presupuesto previsto para 2019 en defensa y un 14% más de lo presupuestado inicialmente.
  • O, puestos a ello, casi el 50% del presupuesto del Ministerio de Sanidad (2.392,19 millones de euros) para todo 2019.
  • O 20 veces lo presupuestado ese mismo año para prestaciones sanitarias y farmacia dentro del referido ministerio.
  • O casi 32 veces lo presupuestado para salud pública, sanidad exterior y calidad.
  • O 2,6 veces lo que se destina a “Promoción, administración y ayudas para rehabilitación y acceso a vivienda”, programa desde el que se apoyan las diversas modalidades de acceso a la vivienda y de soluciones habitacionales para personas en riesgo de exclusión, a lo que destina unos 19 millones de euros al año.
  • O … La lista de prioridades y necesidades sociales es abrumadora, su desatención proverbial, el agravio comparativo monumental y ¿la indignación de la gente? … insignificante, entre otras cosas porque mucho se cuidan en ocultar los datos y en vendernos dosis de fatalismo para que pensemos (los que aún lo hacen y no están ensimismados en su ombligo) que es irremediable.

Y acabamos. El gasto militar se ha vuelto omnipresente, tan omnipresente como la mentalidad militarista que se expande y ofrece un tratamiento desde su lógica para abordar casi todos los problemas sociales, medioambientales o del tipo que sea.
De ahí que otro gran beneficiado que se une este año a la farsa de los presupuestos hiperventilados es el ministerio del Interior, que siguiendo la práctica ya secular del de Defensa, este año lleva gastados "de más" 1.063,36 millones de euros, aplicados a la securitización y el control de nuestras vidas.

¡Que oportunidad se nos brinda, en poco tiempo, para oponernos a estos desmanes des gasto militar!. La campaña de la objeción fiscal se acerca.

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Tenemos que pensar un par de cosas o tres

15 March, 2020 - 20:25

Me siento muy perplejo por lo que ocurre y se me ocurren algunas reflexiones, o temas a dilucidar.

El coronavirus no es el ébola. En cuanto a síntomas se parece bastante a la gripe. Se contagia como con el doble o el triple de facilidad que la gripe, y causa una mortalidad superior a la gripe, pero no tremenda. La gran mayoría de personas infectadas se curan. De hecho, a cifras de hoy, cada año en nuestros países occidentales se contagia muchísima más gente de gripe que de Covid 19 y muere mucha más gente de gripe. Por no hablar de otras enfermedades muchísimo más mortíferas en cifras absolutas y relativas, especialmente en esos otros países en los que poco nos suele importar lo que pasa y deja de pasar.

Dicho lo anterior, es cierto que el Covid 19 es un patógeno nuevo, cuya etiología y capacidad de propagarse todavía se desconoce en buena parte, cuya terapia aún no está establecida y para el que no hay vacunas. Entra dentro de lo razonable que, por prudencia elemental, se le tema y se tomen ciertas medidas excepcionales para minimizar su propagación.

Pero, poniendo ambas cosas en una balanza, ¿no es desproporcionada la reacción mediática y la alarma social generada?

Las y los seguidores de teorías que plantean permanentes y coordinadas acciones ocultas de misteriosas élites en pos de conseguir un control total de las sociedades, también dicen ver dicha mano negra en este contexto. Por mi parte, a mi, que soy como Santo Tomás, si no me evidencian de forma empíricamente comprobable la relación causa-efecto entre dichas conspiraciones y los sucesos de la actualidad, no me convencen: sus afirmaciones me resultan eso, meras especulaciones abstractas: quizá sea así, quizá no, quizá todo lo contrario.

Dicho lo anterior, sí es empíricamente comprobable que, aquí y allá, con la intención sincera de frenar la epidemia o, ¿quién sabe? aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se están implementando por doquier todo tipo de medidas fuertemente autoritarias, robustecedoras de los poderes "públicos", legitimadoras de los mismos con ayuda de la tele que, lejos de ser contestadas, son aceptadas e incluso aplaudidas por la población. Tiene pinta de que alguna que otra de estas medidas excepcionales, así como el estado de ánimo social que las acepta con gusto, han llegado para quedarse. Me inquieta este asunto.

Luego está el tema de la economía. Había una desaceleración en ciernes que en el actual contexto no puede sino agravarse. Se habla ya de una inminente recesión. Y tampoco queda tan lejos la última, que se inició en 2008 y duró varios años. A mi modo de ver, todo apunta a que van a tener razón, siquiera en parte, quienes alertan de que el capitalismo está tocando fondo por agotamiento de mercados y sobresaturación de su factor productivo. ¿Seremos capaces de imaginar y construir una sociedad postcapitalista? Como mínimo habría que ir empezando a pensar en ello.

Otra cosa más: ahora que vais a tener tiempo, deberíais leer mi libro "El ladrillo de cristal. Estudio de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla", en el que se reflexiona, mucho pero mucho, sobre cómo es esta sociedad, cómo ha llegado a ser así y porqué lo es. Por ejemplo, hay un capítulo en el que se estudia la viabilidad e inviabilidad de un modelo habitacional fundamentalmente urbano. Estos días estamos viendo lo que pasa a la hora de hacer la compra cuando, simplemente, la gente anda un poco preocupada por si acaso faltan víveres en unos días. Imaginad una situación en la que el desabastecimiento sea real, permanente y lo sea por causas económicas y no de mero pánico. Ahí lo dejo.

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Lazos

15 March, 2020 - 00:00

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Malos tiempos para la muerte

15 March, 2020 - 00:00

Desde hace algunos siglos puede entreverse cómo la conciencia colectiva del concepto de "muerte" ha sufrido un menoscabo de su omnipresencia y fuerza plástica. En sus últimas etapas, este proceso se ha acelerado. Y, en el transcurso del siglo XIX, la sociedad burguesa, mediante dispositivos higiénicos y sociales, privados y públicos, produjo un efecto secundario, probablemente su verdadero objetivo inconsciente: facilitar a la gente la posibilidad de evitar la visión de los moribundos. Morir era antaño un proceso público y altamente ejemplar en la vida del individuo (piénsese en los cuadros de la Edad Media, en los que el lecho de muerte se metamorfosea en un trono ante el que se asoma apretadamente el pueblo a través de las puertas abiertas de par en par de la casa donde se recibe la muerte). En el curso de los tiempos modernos, morir es algo que se aleja cada vez más del mundo perceptible de los vivos. En otros tiempos no había casa o habitación en la que no hubiese muerto alguien alguna vez. (El medioevo experimentó también especialmente lo que, en un sentido temporal, expresó tan significativamente la inscripción de un reloj solar de Ibiza: Ultima multis -para muchos, la última-.) Hoy los ciudadanos son como pobres inquilinos de paso en una falsa eternidad, residen espacios inmaculados y sin que la muerte haya dejado en ellos su paso, hasta que, en el ocaso de sus vidas, son aparcados por sus herederos en sanatorios u hospitales.

Texto tomado de "El Narrador", artículo de Walter Benjamin incluido en "Iluminaciones". Taurus, Madrid 2018.

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El estado de excepción permanente

15 March, 2020 - 00:00

Compartimos este texto extraido de Briega y publicado por la REVISTA ETCETERA

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el que vivimos es la regla.” Walter Benjamin: “Sobre el concepto de la historia”, Tesis VIII.

El Estado y el derecho como su sistema normativo, han sido fundados por la violencia y se conservan, es decir, preservan y mantienen su poder mediante la violencia. Los protagonistas principales de esta doble función de fundar y conservar el Estado y el derecho son las fuerzas armadas, los militares, esta es la razón del militarismo. La ley no se obedece porque sea justa sino porque tiene autoridad, la fuerza de la ley se impone con la ley de la fuerza. El Estado se otorga el monopolio de la violencia y crea y organiza estas estructuras, dispositivos y aparatos necesarios para ejercer dicho monopolio. “El militarismo es la obligación del uso universal de la violencia como medio para los fines del Estado”. (W. Benjamin “Para una crítica de la violencia”).

La teoría política alemana incorporó, a partir de la Primera Guerra Mundial, el concepto de estado de excepción para denominar los períodos de anomalía en el ejercicio del gobierno en los Estados modernos. Períodos, por tanto, temporales y excepcionales que responden a una situación asimismo extraordinaria (guerra contra enemigos externos o internos).

Pero Walter Benjamin ya rebatió en aquel momento la idea de temporalidad pues, además de considerar la violencia ejercida por el Estado en su fundación y su defensa, está claro que la gran mayoría de la población, por su vulnerabilidad e indefensión frente a la opresión del poderoso, padece un estado de excepción permanente. Para él, la violencia de clase hace que la excepción sea la regla.

La ilusión democrática que envuelve y esconde la realidad de los Estados modernos nos hace creer que el cuerpo normativo (legal) y la práctica de la política que un Estado de derecho desarrolla tiene como objeto la preservación del bien común, o sea las reglas del juego que garantizan las libertades individuales, la igualdad ante la ley y la defensa frente a los abusos de poder. Pero esta ilusión esconde que esta garantía ni es para todos ni es para siempre. Todo depende de la posición que uno ocupe y del rol que juegue en el gran mercado capitalista. También de que al Estado le interese, por exigencias del Capital, en un momento dado suspender o modificar las supuestas garantías democráticas.

De hecho es lo que ha venido sucediendo ininterrumpidamente en todos los países “democráticos” de una forma u otra, principalmente en los denominados de la “periferia” donde la interpretación de las leyes suele ser ambigua y arbitraria.

Actualmente además, entre los efectos de la crisis del Capital que estamos padeciendo, vemos como van desapareciendo las pocas garantías que quedaban y como, bajo la excusa de la seguridad, se nos somete a múltiples y sofisticados sistemas de control de los que difícilmente podemos librarnos: una vigilancia y poder coercitivo a la altura del sueño de los grandes dictadores; por consiguiente, “un estado de excepción permanente”.

Si la cultura dominante es la cultura de la clase dominante, el derecho dominante, las leyes, la justicia, son parte de esta cultura y de la clase dominante. La misma violencia fundadora del derecho del Estado impone –una minoría sobre la mayoría de la población– un conjunto de preceptos y normas (leyes) a las que está sometida una sociedad y cuya observancia es exigida por la fuerza, creando un estado de excepción sobre los oprimidos que se vuelve permanente, hasta que estos puedan lograr su supresión. La paradoja hipócrita que señala al gobernante moderno es que cuando sin nombrarlo, ahonda y refuerza el estado de excepción, proclama que lo hace para defender a sus súbditos-ciudadanos y al Estado de derecho que acaba de alterar de los peligros, externos o internos, que acechan y amenazan. Nos controlan, reprimen e imponen leyes de emergencia por y para nuestra seguridad. Se nos pide cambiar control por seguridad, lo cual se hace a partir del miedo.

El miedo es el mensaje

El miedo es el mensaje, mensaje que el aparato ideológico de nuestras sociedades democráticas llamadas “avanzadas”, articula. Miedo necesario para justificar y para llevar a cabo, por parte del Estado, el control –cada vez más técnico– en aras de la seguridad de sus súbditos/ciudadanos. Miedo a la crisis, miedo a no llegar a fin de mes, miedo al terrorista, miedo al otro, miedo al migrante, miedo a los bárbaros, miedos que se acumulan hasta llegar al miedo al miedo. Miedo que vertebra nuestras sociedades militarizadas.

El militarismo es la ideología de esta sociedad militarizada; consiste en un sistema de valores que se nos impone fundamentado en el miedo al enemigo, y por tanto tiene necesidad de inventar y de alimentar, desde la violencia mantenedora del derecho, nuevos enemigos que nunca acaban de llegar y siempre están llegando, como en el poema de Kavafis Esperando a los bárbaros (Etcétera nº 33), bárbaros que si no existieran, el Estado tendría que inventarlos. El militarismo es la ideología que justifica y promueve la violencia como medio para los fines del Estado.

A partir del miedo creado y en aras de la seguridad se nos pide abdicar de nuestra libertad. Transitar de la libertad a la seguridad, recorrido magistralmente narrado por Dostoiewski en La Leyenda del Gran Inquisidor, poema oral que Iván Karamazov cuenta a su hermano Aliocha y en el que el cardenal inquisidor va hilvanando el porqué de su poder: “Les persuadiremos que no serán libres más que abdicando de su libertad a nuestro favor”, “Cómo solo sometiéndose a nuestro poder serán libres”, “Nosotros cargaremos con el peso de su libertad”.

En nuestras sociedades militarizadas, a cambio de nuestra libertad se crea pues un estado de vigilancia que ejerce un control ilimitado que nos venden como un beneficio: la seguridad, (“Para su seguridad esta estación está dotada de cámaras de video vigilancia”, se nos anuncia repetidamente, por ejemplo, en las estaciones de metro).

Ante el miedo pues, dos caminos: abdicar de la libertad en aras de la seguridad, o enfrentar al miedo la osadía de una vida libre, propia y común, hacia la construcción de otra sociedad, de otra relación social no mercantil. En la actual relación social capitalista, libertad y seguridad se excluyen, no se pueden dar juntas (no se puede nadar y guardar la ropa), solo en otra relación social no mercantil, no capitalista podrán ir juntas, haciendo posible una sociedad de iguales.

Es evidente que en lo que se lleva transcurrido del siglo XXI, en la actual etapa de dominación capitalista (del llamado neoliberalismo), este estado de excepción se ha hecho más visible y patente. Numerosas leyes de fuerte carácter represivo han sido aprobadas por los Estados, el ejército patrulla por las calles de las ciudades del llamado mundo libre, se levantan elevados muros altamente tecnificados que dividen territorios y aíslan a las personas, innumerables dispositivos de control nos vigilan y rastrean día y noche, enormes guetos concentracionarios: territorios vallados y militarmente ocupados se levantan por todos los continentes. Para imponer y persistir en este estado de excepción los gobernantes del Estado se apoyan en el ejército y toman como excusa cualquier crisis, inventada o real. La amenaza puede ser económica, militar o social: bonos basura, desplome de la bolsa, terrorismo, estado de guerra, refugiados, epidemias sanitarias, hambrunas y otros cataclismos, todo apoyado por el discurso del miedo. Aprovechando el estado de consternación de un pueblo en estado de shock ante una situación catastrófica que no entiende y que no sabe de dónde y porque surge y cuya amenaza siempre puede ir a más, es decir, a peor, los gobernantes legislan e imponen las leyes represivas y restrictivas que consideran necesarias para blindar la fortaleza del Estado del Capital y del sistema capitalista que representan.

Pacificar con las armas

Asimismo, tras desestabilizar a los países, se crea un reguero de guerras en nombre de la paz y los militares que matan, torturan o violan, forman ejércitos pacificadores. La guerra se presenta como una contingencia necesaria e inevitable, la mayoría de ellas son justificadas por este enemigo ideal e inidentificable que es el terrorismo o las armas químicas de destrucción masiva que jamás aparecen; entonces se bombardean e invaden países que curiosamente son depositarios de grandes riquezas y bienes estratégicos o que tienen una posición geoestratégica determinada. Se impone la situación de estar siempre en pie de guerra, preparados para la intervención inmediata, exterior o interior, lo que genera una militarización social.

Los súbditos-ciudadanos deben estar en constante movilización propagandística para mantenerse permanentemente inmóviles: la movilización total para la acedia perpetua, ocupados en cualquier cosa o futilidad que no sean sus cosas, interesados en cualquier interés que no tenga nada que ver con sus propios intereses. Y como la guerra considerada más importante por el Estado es siempre la interior, le asignan los máximos recursos, y como en todas, se trata de destruir al enemigo y administrar el territorio, es decir, derrotar al trabajador y a los oprimidos en general y obligarles a aceptar la ley impuesta, la sumisión y precarización constante y permanente. No se permite más, y cada vez leyes más duras se encargan represivamente de ello, que ejercer la gestión política de lo que hay desde dentro del aparato e instituciones del Estado por políticos profesionales, partidos, sindicatos y asociaciones subvencionadas e institucionales. Todo lo que sea la intervención de los oprimidos con nuestros propios medios, creados desde nuestro campo, organizándonos según las circunstancias, sin intermediarios, ni representantes, queda bajo la amenaza de la policía y del juez, la ley no deja márgenes. Excluidos pero controlados e integrados, nos quieren reducidos al papel de espectadores públicamente callados que solo nos movilicemos cuando y para lo que nos indiquen (generalmente desde las pantallas, principalmente de la televisión), esta es la función que se espera de la mayoría que ha de ser siempre silenciosa y disciplinada; la ley y las fuerzas armadas se encargan manifiestamente de recordarnos este papel.

Sin embargo, la militarización social que se impone en el mundo no es una cosa que surja en el siglo XXI tras los atentados de Nueva York y las guerras de Irak y Afganistán y todas las demás que les han seguido. A lo largo del siglo XX, se dieron las guerras más brutales que jamás pudiera haber imaginado la humanidad. La técnica lo permite y por ello el progreso técnico evoluciona a la par que la barbarie. De hecho la Segunda Guerra Mundial terminó con el lanzamiento de las bombas atómicas, cuyo poder mortal y de destrucción consternó al mundo entero. En un mundo dividido en dos mundos, aparentemente antagónicos, con dos formas de entender el Estado del Capital, la del capitalismo de Estado frente a la del capitalismo liberal, la amenaza nuclear y la guerra fría, por sí mismas ya creaban un estado de excepción permanente de carácter mundial, con sus respectivas diferencias a ambos lados del Telón de Acero. El complejo industrial-militar, término aplicado por primera vez en 1936 por Daniel Guérin en su libro Fascismo y grandes negocios, se reveló como la fuerza determinante en las decisiones de dominio político-militar de los EEUU y de los demás Estados aliados o enfrentados y define exactamente la actuación de la élite de poder que los dominan.

Control y sociedad de consumo

Por otra parte, con esta nueva militarización total de una gran parte del mundo y la dinámica destrucción-reconstrucción producida por la Segunda Guerra Mundial, tan desmedida como devastadora (aún más de lo que había sido la Primera y ya era difícil imaginar mayor barbarie), el capitalismo superó la larga crisis iniciada con el crack de la Bolsa de Nueva York del 29. Una vez superado el estado de choque en el que había quedado la humanidad al finalizar esta guerra, empezó la etapa que los economistas occidentales han llamado “los treinta años gloriosos” que van de 1945 hasta 1973/75, conducidos fundamentalmente por el estado keynesiano, dando lugar a la conocida sociedad de consumo que finalmente se ha impuesto en el mundo entero. Esta provocó una serie de cambios en la vida social y cultural en aquellos países donde se había desarrollado originariamente, para después, y de manera paulatina, ir imponiéndose en el resto, aunque la sociedad de consumo y la ley del mercado no estén establecidas en el mismo grado en todos los países. Los Estados del mundo occidental se vieron obligados a conceder un aumento formal de las libertades. En esta época de casi pleno empleo, con un economía que generaba inmensos beneficios a las empresas y una estructura productiva que aparentemente no parecía enfrentarse a ningún obstáculo, el Estado se hizo cargo del “bienestar” –salud, educación, vacaciones, estabilidad económica– de sus “ciudadanos”. El poder biopolítico prefiere llamar “ciudadanos” a sus súbditos1 y como tal los considera, por ejemplo, al haber aprovechado estas medidas “sociales” para convertirlas en dispositivos y mecanismos de control. La función política de estos ciudadanos solo ha de consistir en su movilización total en el momento electoral determinado y en la posibilidad de elección entre dos o tres variantes de lo mismo. La sociedad del consumo se presenta, a partir de entonces, como “la sociedad de la libertad, la mejor de las sociedades posibles” y el Estado pasó a denominarse: “Estado del bienestar”, cuando en realidad sigue siendo un Estado de Control.

Guerra preventiva permanente

Ya sabemos que las guerras y el aparato militar que las sustenta han sido siempre fuente de innovaciones técnicas que el Capital y la industria civil mercantiliza para el consumo de los ciudadanos o los utiliza para el control y la represión siempre necesaria para el sistema.

Asimismo, en el terreno de los conceptos también existe la creación de nuevos paradigmas que avalen las estrategias militares, desde las normas relacionadas con el honor militar y las buenas artes de la guerra como principios inspiradores de los ejércitos modernos tras la Revolución Francesa hasta que se hicieron saltar por los aires en la Segunda Guerra Mundial con el bombardeo masivo de pueblos y ciudades, imponiendo las estrategias militares su lógica del todo vale. En los últimos tiempos, con motivo de la Segunda Guerra de Irak, se ha incorporado otro concepto estratégico: la guerra preventiva. Es, según la define Rafael Sánchez Ferlosio, como: “La prefiguración de otro concepto de guerra que desborda incluso los términos de ‘guerra preventiva' y sería más apropiado designar como ‘guerra por-si-acaso'” 2.

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial tuvieron lugar una verdadera sucesión de luchas coloniales contra los ejércitos de ocupación europeos en los territorios de África y Asia que derivaron en enfrentamientos de carácter militar. Cuando la situación social se dilucida entre ejércitos (el ocupante una máquina firmemente establecida, regular y potente y el libertador un proyecto en ciernes pero también militarizado) el proceso y sus experiencias de cambio social siempre salen perdiendo.

En África y Asia, los países surgidos de las luchas y procesos anticolonialistas pronto vieron como, por medio de los servicios secretos de las potencias coloniales y de sus aliados se imponían las dictaduras de sus más corruptos militares, creando guerras y asesinando a todos aquellos que fueran sospechosos de no colaborar adecuadamente con los intereses económicos y políticos de los EEUU y las potencias europeas.

En un buen número de países de América Latina, impulsados, diseñados, planificados y directamente ejecutados por los EEUU, como potencia militar dominante, se dieron numerosos golpes de estado imponiendo crueles y corruptas dictaduras militares que asesinaron a miles y miles de personas, que torturaron y ejercieron el terrorismo sobre poblaciones enteras. También el ejército de EEUU intervino contra otros países, en la guerra de Corea, en Guatemala, en Panamá, en la República Dominicana, en la larga guerra de Vietnam donde saldría derrotado.

En las últimas décadas del pasado siglo y más desde los atentados de Nueva York de 2001, en el que el terrorismo islamista fue espectacularmente proclamado enemigo público mundial, el estado de guerra se ha impuesto extendiéndose por amplias zonas de África y Asia. Una multitud de guerras asola y destruye numerosos países: Afganistán, Irak, Yemen, Siria, Libia, Somalia, Sudan… Generar un caos organizado mediante un permanente estado de guerras. Desestabilizar, condenar y caotizar interesada y sistemáticamente amplias zonas y regiones mediante un archipiélago de guerras focalizadas y prolongadas.

También en el terreno de las estrategias, al igual que ocurre en el de la innovación técnica, los nuevos conceptos de guerra son aplicados por el Estado policial y de control. La represión preventiva o por-si-acaso se está introduciendo como técnica para abortar movilizaciones sociales de distinta índole. Un ejemplo muy próximo ha sido la desproporcionada represión desatada por el Estado francés contra los ocupantes del ZAD en la región de Las Landas, 2.500 gendarmes, apoyados por helicópteros y drones, granadas de todo tipo, de humo hasta paralizantes, contra 250 campesinos. La justificación dada por Macron fue: “esta gente está fuera de la ley y hay que actuar antes de que la ilegalidad se perpetúe”. Ilegalidad consistente en cultivar terrenos abandonados destinados a la construcción de un aeropuerto que nunca se va a construir.

Un estado de excepción económico permanente

Actualmente, en una situación de crisis sistémica como la que vivimos, la crisis económica se vuelve una amenaza permanente. El ciclo de las crisis se acorta tanto que unas se suceden a otras, en un mundo del Capital interconectado y, por tanto, globalizado, en el que se ha impuesto como única ley la del mercado. A partir de la retirada del patrón oro y de la crisis del petróleo (1973), las amenazas críticas son continuas: crisis de la libra, de la bolsa de Nueva York en 1987, la del peso mexicano, la del rublo, la crisis del Sudeste asiático, el corralito en Argentina, la del puntocom… etc., hasta llegar a la gran recesión del 2007 en la que aún nos hallamos inmersos. A ellas debemos añadir las guerras constantes, también en Europa (Balcanes). Pero cuando hablamos de crisis, siempre lo hacemos a partir de nuestro punto de vista y situación occidental. En África y muchas partes de Asia el drama de guerra, como ya hemos señalado, de refugiados, hambrunas, saqueo y explotación sin límites es una tragedia constante.

En este estado de amenaza permanente y gracias a las innovaciones técnicas, automatización, robotización y aplicación de las tecnologías de información y comunicación, el sistema productivo capitalista ha realizado una importante reestructuración y ha encontrado en el sistema financiero una fuente de beneficios, sin importarle más consecuencias que los rendimientos inmediatos obtenidos. En la guerra de clases, el Capital ha tomado ventaja. Para los trabajadores y oprimidos en general se ha profundizado la crisis en la que permanentemente nos mantiene el sistema capitalista: paro, peores condiciones laborales, reducción de salarios, carestía de la vida… etc., mientras los Estados están legislando continuamente un sin fin de leyes civiles y laborales de gran efecto represivo, como la ley mordaza o la modificación del Código Penal. En el mundo del Capital, el sistema financiero, a caballo del crédito y de las innovaciones técnicas, ha tomado un desmesurado protagonismo; la deuda afecta sobre todo a los Estados, a todos los niveles de su jerarquizada estructura y para poder pagarla se pide más deuda, una deuda que genera más deuda, como un engranaje sin fin.

Los políticos del Estado nos venden todas estas leyes y decisiones económicas que nos imponen y que tanto nos afectan en nuestro cotidiano sobrevivir, generando tantos temores e incertidumbres como efectos de una lógica financiera y del mercado, como algo inevitable, de carácter “neutral”. El mercado y su ley se convierten en una cuestión de fe y se sitúan más allá del bien y del mal. Cuando la mentira política y su corrupción es una evidencia manifiesta, solo queda la economía –la gran corrompedora– y su lógica del máximo beneficio como única ideología a salvar. La fe en la ley del mercado y la creencia que vivimos en el mejor y único mundo posible, se imponen como primer principio ideológico a respetar. Que no hay otros posibles mundos ni modos de vivir y que este en el que sobrevivimos es el mejor que hay y no hay otro, se ha vuelto una cuestión de fe. La economía es la única ideología a salvaguardar y defender.

Es posible que a partir de ahora la amenaza de una crisis económica esté siempre presente pues el funcionamiento del sistema capitalista así lo exige, el miedo continuará siendo el mensaje. Frases como “una nueva recuperación” se pronuncian rápido y como de pasada, pues es importante que no se pierda la esperanza, nuestra necesidad de consuelo es insaciable, para mencionar siempre a continuación uno o más peligros, como por ejemplo la deuda o la restricción del crédito. A la gran mayoría, a los oprimidos, se nos exigen sacrificios, disciplina, una obediencia ilimitada que es en sí misma sumisión. Parece ser que nos quedaremos en este estado de excepción permanente, en este limbo perfecto para el Capital, entre una promesa de recuperación y una amenaza permanente de colapso.

La militarización de la sociedad: una estrategia para…

La tentación del uso y la aplicación de lo militar es grande cuando un país mantiene un inmenso aparato con una fuerza destructiva terrible, sustentada con ingentes cantidades de dinero y movida por millares de personas, muchas de ellas hoy en día dotadas de un alto nivel tecnológico como ingenieros, físicos, médicos, sicólogos, informáticos, topógrafos, etc. El cuerpo militar en España está integrado por 130.000 efectivos, del que un 12,5% son mujeres. Nada más absurdo que este gigantesco esfuerzo, siempre en crecimiento, en proceso de modernización y en pie de guerra.

La caída en la tentación de lo militar se ha dado incluso en personajes como Kropotkin –aunque duela– en los inicios y durante la Primera Guerra. Creyó que la destrucción del Imperio alemán por los aliados permitiría la expansión del anarquismo en Centroeuropa e incluso en Rusia; fue contrario a las grandes manifestaciones que se oponían a la contienda; también Grave apoyó a Kropotkin; en cambio Emma Goldman, Rudolph Rocker, Malatesta, Liebknecht, condenaron el inmenso fratricidio.

La defensa de la patria es el argumento que sustenta la existencia de tamaño organismo, sin embargo la patria no es más que una creación jurídica sustentada por una secular propaganda; ella no existe en si misma; se crea la afección a un territorio y a unos símbolos que dejan en segundo lugar a las personas con sus problemas básicos; la abstracción del concepto ‘patria' es total e ideológica. No sentirse patriota puede llevarle a uno a la cárcel, ser tildado de antisistema o de terrorista –calificativos cada vez más cercanos entre sí por los instrumentos mediáticos. Nada tan bien condensado como el Manifiesto de 1848: Los obreros no tienen patria. Se manda a luchar hasta morir por aquella entelequia creada por unos pocos. La guerra la declara un reducido grupo de personas y para ello se inventan razones y se miente hasta la saciedad para justificarla: Viet-Nam, Irak, Libia, Agfanistán o Palestina. Para llevar a cabo la guerra se implanta la excepcionalidad absoluta en la nación: negarse a ella se castiga con la ejecución inmediata bajo la acusación de alta traición a la patria; no caben apelaciones, todo se dirime en la justicia militar. Todas las comunicaciones civiles son intervenidas; la prioridad en sanidad, alimentación, presupuestos, economía, todo va al frente. Es la militarización de todos los ámbitos: sociedades, prensa, publicaciones, enseñanza, requisa de todo aquello que pueda ser útil a los ejércitos. La irracionalidad reviste formas dramáticas, aún dentro del esperpento de la sinrazón; la victoria compensará y amortizará todas las muertes. Y sin embargo, toda guerra es el más terrible de los fracasos de la humanidad.

Es preciso justificar la necesidad del ejército humano con su maquinaria; de ahí las constantes maniobras y la participación en las misiones en el extranjero, muchas de ellas llamadas hoy humanitarias o también preventivas, en otro tiempo santas o de reconquista.

Es apabullante la cinematografía dedicada a las guerras, pero casi lo es más la influencia de la industria de los videojuegos que exigen una actitud activa que puede llegar a anular la distancia entre la ficción y la realidad, por lo que el ejecutor de un ataque real (por ejemplo con drones) que causa miles de muertos desde la distancia, puede sentirse tan alejado de sus consecuencias como el jugador en la ficción delante de la pantalla de su casa. Aparte del beneficio comercial, ayuda a crear tanta simpatía y proximidad con los buenos como condena y rechazo de los malos. Lo más importante es la justificación del belicismo; también las bandas de música militar, los desfiles o paradas, las banderas cuanto más grandes mejor, las ferias con su presencia, las visitas de escuelas a instalaciones, todo ello constituye una dinámica hacia la asimilación e interiorización del hecho militar en la sociedad.

España está bien dotada de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado: Guardia Civil, Policía Nacional y Policía local. Además están las policías autonómicas de Canarias, Catalunya, Navarra y Euzkadi, con un total de 250.000 empleados armados a los que hay que añadir 100.000 auxiliares de las empresas privadas de seguridad. En conjunto forman una masa de medio millón de personas3.

Este medio millón de empleos dedicados en términos económicos a la no producción de bienes y sí a la destrucción y/o al control y a la represión social, alivia la tasa de desempleo de manera muy significativa y a la misma población activa. Los costes, ya los conocemos.

Los agentes de la autoridad operan en el control y la sumisión de la ciudadanía, son auxiliares del ejército, muy cercanos a él; cuando los diversos cuerpos de policía son insuficientes, entonces se acude al estamento militar, es el caso actual de Francia, Bélgica o EEUU cuando se decreta el estado de emergencia en un Estado y se moviliza la Guardia Nacional (motines tras asesinatos raciales, saqueos tras el paso de huracanes, insurrecciones, etc. (La Guardia Nacional USA es una fuerza de reserva integrada por voluntarios; actualmente cuenta con más de medio millón de militares).

Nada tan excluyente como el militarismo: con él se asiste siempre a la vigilia de la muerte, y ésta llega si se alcanza la guerra que justifica la existencia de lo militar.

La Península Ibérica, excepción permanente

En la Península Ibérica para detener el movimiento revolucionario de los oprimidos en el primer tercio del siglo XX, los dos Estados que la componen (Portugal y España), implantaron dos cruentas dictaduras militares que duraron 50 y 40 años respectivamente. Las dictaduras militares representan una vuelta de tuerca más sobre los oprimidos: un estado de excepción sobre el estado de excepción.

La intervención militar y las dictaduras de los generales han sido una constante en la historia política del Estado español. Cuando una dictadura militar dura cuarenta años y se impone asesinando y se mantiene matando, fusilando, torturando y encarcelando y el dictador muere en la cama mandando asesinar y fusilar hasta el último momento, el estado de excepción se vuelve permanente.

Tras la muerte del dictador vino su continuación monárquica, el rey Borbón fue nombrado por Franco, con los gobiernos de sus epígonos que continuaron con el estado de excepción por otros medios, el disfraz democrático, el bipartidismo corrupto, permitió continuar con la violencia institucional. Entre 1975 y 1982 el número de asesinados como consecuencia de la violencia del Estado se eleva a 2484. “Quienes dominan en cada caso son los herederos de los que vencieron alguna vez. Por consiguiente la empatía con el vencedor resulta en cada caso favorable para el dominador del momento”, (Walter Benjamin, Tesis VII).

Después de 40 años de dictadura militar que hizo del miedo y el terror el medio para someter, silenciar y paralizar a la población, no es extraño que muchos temores calaran en el fondo de la porosidad social. Asimismo el franquismo institucionalizó la corrupción como una manera de controlar las contradicciones internas del régimen, por lo tanto no puede sorprender que sus epígonos continuaran con el mismo método de corrupción institucional, solo que al circular un mayor flujo dinerario esta ha alcanzado mayores dimensiones.

Cuarenta años es tiempo más que suficiente para que en todas las estructuras del Estado, principalmente en las represivas, una generación enseñe a la siguiente y se transmitan unas maneras de hacer y de pensar que quedan establecidas. Como Franco ya había impuesto la continuación en la monarquía, todas las estructuras represivas continuaron ocupadas por los mismos individuos que se formaron y ejercieron en la dictadura, por lo tanto enseñaron y adiestraron a los siguientes que han entrado en estos organismos estatales durante estos 43 años “democráticos”, continuando con métodos similares a cubierto de un discurso ligeramente diferente, por lo tanto, sin temor a equivocarse, se puede emplear la expresión: los mismos perros con distintos collares. Así por ejemplo, el Tribunal de Orden Público que reprimía conductas (el siniestro TOP) cambió de nombre por Audiencia Nacional pero siguieron los mismos burócratas instruyendo, juzgando y condenando causas “políticas”; por eso no puede extrañarnos que igual que condenaban con penas de cárcel por decir “me cago en Franco” (1963), ahora se condene por escribir en twitter que “Kissinger le regaló a Carrero un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella”, o por cantar en un rap “Puta policía, puta monarquía”. La policía, la guardia civil siguió en manos de los mismos torturadores. En el ejército, en los servicios secretos, continuaron los mismos nombres y familias franquistas al mando. En un ámbito tan cerrado y hermético, tan corporativista, como son las burocracias represivas es muy difícil cambiar inercias y comportamientos y más cuando esto ni se busca ni se pretende.

Sería interesante seguir la línea que se alarga desde la ley de orden público de 1959, pasando por la formación del TOP en 1963 y continuando por la Audiencia Nacional (1977), con puntos referenciales como la ley Corcuera de la patada a la puerta del PSOE –ley sobre la protección de la seguridad ciudadana de 1992–, o la ley mordaza o de seguridad ciudadana del PP del 2015. Mediante el mantenimiento de un sistema represivo duro y severamente restrictivo, el Estado pretende de manera obsesiva un control totalitario de la población, una defensa a ultranza del orden constituido. Por ello el Código Penal pretende reprimir cualquier disidencia y refuerza y blinda la actuación, cualesquiera que sea, de los cuerpos y fuerzas armadas del Estado.

No podemos, entonces extrañarnos que la ministra de Defensa y el ministro de Educación aprueben por ley e impongan el “Plan General de Cultura y concienciación de Defensa” a partir del cual se impartirán asignaturas que ensalcen los valores militares en los colegios de Educación Primaria; según un periódico o medio de propaganda institucional: “Los estudiantes de 6 a 12 años aprenderán marchas militares, harán pins de la bandera y desfiles de plastilina”. En esta sociedad del espectáculo se impone el esperpento y lo hace gritando histéricamente: ¡Viva la muerte!

En contra de este militarismo en que nos pretenden adoctrinar surgió en España el movimiento antimilitarista y la lucha por la abolición del servicio militar obligatorio que adquirió elevadas cotas de movilización y enfrentamiento con el Estado. Cuando el gobierno pepero de Aznar promulgó el fin del servicio militar obligatorio, la gente lo interiorizó como una victoria del movimiento insumiso y una derrota del militarismo rampante en un ejército pretoriano con estructuras guerracivilistas que se desmoronaban entre ruidos de sables. El paso a un ejército de mercenarios integrado en la estructura de la OTAN ofrecía a los altos mandos mejores posibilidades de progreso profesional, cursos en centros de formación militar en EEUU, incremento cuantitativo y cualitativo del material de guerra, salarios más altos… Estos estímulos neutralizaron el detritus de militares con ensoñaciones golpistas y dieron paso a un ejército llamado profesional.

Lo que hoy el Estado de las democracias dice a los ciudadanos es lo siguiente: “No os preocupéis, quedaos tranquilamente en vuestras casas, relevados de tener que servir bajo las armas; el ejército contratará a particulares que lo hagan por vosotros, y, al ser profesionales, más eficazmente. En cualquier forma, ya que tenéis el voto en vuestras manos, las armas de la nación nunca acometerán otras empresas que las que vosotros mismos implícita y medianamente aprobadas por medio de vuestros representantes elegidos”.5

Este viejo nuevo ejército se presenta ante los votantes como un ejército pacifista que colabora en misiones internacionales de “paz” para proteger la seguridad de la ciudadanía, derrotar a los terroristas e implantar la democracia en los países en conflicto. Nada se dice de la imbricación del ejército patrio en operaciones de desestabilización de regiones enteras por intereses geoestratégicos del Capital, bajo la batuta de los EEUU.

Otra forma de maquillaje del ejército franquista español ha sido la de poner al frente del Ministerio de Defensa a mujeres. Los mandos y soldados que entonan “El novio de la muerte” como himno de exaltación machista-guerrera, obedecen a la voz de mando de una mujer. No hay que ser muy perspicaz para adivinar las aviesas intenciones de los planificadores de la propaganda militarista, con un mensaje de confianza de género hacia las mujeres votantes y una imagen de modernidad para el vulgo en general.

Telón de fondo

Un buen número de revueltas sacudieron el mundo central del Capital. Sin distinciones saltaron el “inexpugnable” Telón de Acero e hicieron que se levantaran los adoquines de Hungría a París y toda Francia, de Praga a México. En Washington y otras ciudades de EE.UU. la Guardia Nacional disparó contra los manifestantes, en Italia las luchas sociales se alargaron durante la década de los 70, otras les han seguido, como la revuelta zapatista o las primaveras árabes. En noviembre y diciembre de 1999 con los cinco días de revuelta en Seattle contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que hizo fracasar la llamada Ronda del Milenio, se inició un movimiento contra el dominio económico, globalizado y militarizado, que tendría su continuación en Praga, en los tres días de insurrección contra la cumbre del G 8 en Génova (julio 2001) después, hasta llegar a las grandes manifestaciones de Hamburgo contra la cumbre del G 20, en una ciudad tomada militarmente, con la zona donde se reunían los representantes del Capital acordonada con barreras de alambre de espino, perros y policías, los manifestantes les gritaban mientras levantaban barricadas: ¡Bienvenidos al infierno! En todas estas situaciones, así como en las otras que les seguirán, momentáneamente se interrumpió “el cortejo triunfal de los dominadores”.

Los militares han gobernado y gobiernan o tutelan directamente sin mucho disimulo la mayoría de gobiernos del mundo, por lo tanto llevaba razón Walter Benjamin cuando señalaba que para “los oprimidos el estado de excepción en que vivimos es la regla”. Pero también deberíamos terminar con el párrafo que escribió: “El concepto de la historia al que lleguemos ha de ser coherente con ello. Promover el verdadero estado de excepción se nos presenta entonces como nuestra tarea…” (“Sobre el concepto de la historia”; Tesis VIII), es decir, crear un verdadero estado de excepción para el Capital que abolirá su dominio y la sociedad de clases.

Etcétera, junio 2018

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Notas:

1. “Tener esclavos no es lo más horrendo, lo horrendo es tener esclavos llamándoles ciudadanos” (Diderot).

2. Rafael Sánchez Ferlosio, “Babel contra Babel”.

3. Ejército, 130.000; Guardia Civil, Policia Nal., P. Local, P Auton.: 250.000; guardias de seguridad, 110.000. Total: 490.000

4. Baby, Sophie: Estado y violencia en la Transición española. Según el historiador J. Andrade: “el miedo fue el éter de la Transición”.

5. Rafael Sánchez Ferlosio: Babel contra Babel.

Tomado de: https://www.algranoextremadura.org/...

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Comparación entre Gastos Militares y Necesidades Sociales

14 March, 2020 - 00:10

Recuperamos este estudio de Tortuga, publicado en mayo de 2007, porque ahora, con la crisis del coronavirus parece que va a hacer falta mucho dinero para reforzar la sanidad, evitar que se hunda la pequeña economía y necesidades similares. Es solo por dar alguna idea sobre cuales son las partidas de gasto estatal perfectamente prescindibles de las que se podría sacar el dinero. Nota de Tortuga.

Grup Antimilitarista Tortuga

Navegando por Internet hemos recopilado datos sobre lo que cuesta poner en marcha determinados servicios básicos que se juzgan de gran utilidad por parte de la ciudadanía, y hemos establecido la comparación con el coste de algunos artefactos bélicos de esos que se utilizan para matar personas.

El coste de unos y otros está redondeado, ya que según unas páginas u otras hay pequeñas variaciones. Decir que el coste de la maquinaria bélica lo hemos obtenido de páginas relacionadas con empresas de armamento o foros de entendidos en esta cuestión nada sospechosos de simpatizar con nuestras ideas antimilitaristas.

Llama la atención el descomunal precio de algunos armamentos, y más si se tiene en cuenta todo lo que podría hacerse en la sociedad si se eliminara este inútil gasto. Por ejemplo, si se dedicara a la investigación contra el cáncer sólo la mitad de lo que se invierte en investigación militar, es de prever que la lucha contra esta enfermedad estaría muy desarrollada. De la misma manera, si no malgastáramos el erario público en estos costosos aparatos, es tremenda la cantidad de nuevos hospitales, centros deportivos, educativos etc. que podríamos tener.

Esta lista es escasa e incompleta. Rogamos a quien tenga datos sobre lo que cuestan estas cosas que nos los vaya remitiendo a ver si entre todas creamos una buena base de datos. Muchas gracias.

Cuartilla divulgativa para comparar gasto militar y necesidades sociales

Información sobre Objeción Fiscal al Gasto Militar

El gasto militar español 2007 según Pere Ortega

¿Qué valen las siguientes cosas?


Necesidades sociales

Un colegio de primaria con todas sus dotaciones: 4.800.000 €

Una escuela infantil: 1.500.000 €

Un hospital: 35.000.000 €

Un centro cultural: 800.000 €

Un pabellón polideportivo: 484.000 €

Atención social durante un año a 3.000 personas en necesidad extrema: 1.200.000 €

Caprichos de los militares

Un misil Tomahawck 1.000.000 €

Un cazabombardero Eurofighter Typhoon: 25.000.000 €

Un cazabombardero F-16: 23.000.000 €

Un cazabombardero F-22 (sin armamento): 110.000.000 €

Un avión “invisible” B-2: 1.900.000.000 € (mil novecientos millones; es el avión más caro del mundo)

Un helicóptero Eurocopter Tigre: 12.000.000 €

Un helicóptero Apache: 13.000.000 €

Un tanque Leopard 2-A4: 1.200.000 € (son una ganga comparados con lo que cuestan los tanques yankis)

Un tanque M1 A1 Abrams 4.300.000 €

Una fragata F-100: 600.000.000 €

Un portaviones con propulsión nuclear: 3.200.000.000 €

Un submarino S-80: 450.000.000 €

Y ya con la calculadora en la mano, por ejemplo nos salen estas comparaciones:

Un misil Tomahawck equivale a 0'20 ESCUELAS DE PRIMARIA PERFECTAMENTE DOTADAS (5 misiles = 1 escuela)
Un tanque M1 A1 Abrams a 0'89 escuelas (casi una)
Un helicóptero Eurocopter Tigre a 2'50 escuelas
Un cazabombardero Eurofighter Typhoon equivale a 5'20 escuelas
Un submarino S-80 a 94 escuelas
Una fragata F-100 a 125 escuelas
Un avión “invisible” B-2 a 396 escuelas
Un portaviones con propulsión nuclear a 667 escuelas

Un misil Tomahawck equivale a 0'02 HOSPITALES (35 misiles = un hospital)
Un tanque M1 A1 Abrams a casi 0'12 hospitales (8 tanques = 1 hospital)
Un helicóptero Eurocopter Tigre a 0'34 hospitales (3 helicópteros = 1 hospital)
Un cazabombardero Eurofighter Typhoon equivale a 0'71 hospitales (3 cazas = 2 hospitales)
Un submarino S-80 a 13 hospitales
Una fragata F-100 a 17 hospitales
Un avión “invisible” B-2 a 54 hospitales
Un portaviones con propulsión nuclear a 91'5 hospitales

Un misil Tomahawck equivale a LA ALIMENTACIÓN DE 2.500 PERSONAS EN NECESIDAD EXTREMA DURANTE UN AÑO
Un tanque M1 A1 Abrams a la de 10.750 personas
Un helicóptero Eurocopter Tigre a la de 30.000 personas
Un cazabombardero Eurofighter Typhoon equivale a la de 62.500 personas
Un submarino S-80 a la de 1.125.000 personas
Una fragata F-100 a la de 1.500.000 personas
Un avión “invisible” B-2 a la de 4.750.000 personas
Un portaviones con propulsión nuclear a la de 8.000.000 personas

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