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Actualizado: hace 24 min 44 seg

El ascenso de China a potencia mundial

20 April, 2019 - 00:00

Ashley Smith

El rápido ascenso de China como nuevo centro de acumulación de capital le ha llevado a entrar en conflicto creciente con EE UU. Ashley Smith, de International Socialist Review, ha entrevistado al activista y estudioso Au Loong Yu sobre la naturaleza de la transformación de China en una nueva potencia imperial y su impacto en el sistema mundial.

Uno de los fenómenos más importantes ocurridos en el sistema mundial en las últimas décadas ha sido el ascenso de China como nueva potencia global. ¿Cómo ha sucedido esto?

El ascenso de China es el resultado de una combinación de factores desde que optó por producir dentro del capitalismo mundial en los años ochenta. En primer lugar, en contraste con el bloque soviético, China encontró una manera de sacar provecho –en un irónico giro de la historia– de su legado colonial. Gran Bretaña controlaba Hong Kong hasta 1997, Portugal controlaba Macao hasta 1999 y EE UU sigue usando a Taiwán como protectorado.

Estas colonias y protectorados conectaron a China con la economía mundial incluso antes de su pleno ingreso en el sistema mundial. En la era de Mao, Hong Kong proporcionaba aproximadamente un tercio de las divisas extranjeras de China. Sin Hong Kong, China no habría podido importar tanta tecnología. Después del final de la guerra fría, durante el gobierno de Deng Xiaoping, Hong Kong fue muy importante para la modernización de China. Deng utilizó Hong Kong para obtener aún más acceso a divisas extranjeras a fin de importar todo tipo de cosas, incluida la alta tecnología, y aprovechar su mano de obra cualificada, como los profesionales de la gestión empresarial.

China utilizó Macao por primera vez como un lugar ideal para el contrabando de mercancías hacia China continental, aprovechando la notoria relación laxa de la isla con la legalidad. Y luego China usó la Casino City como una plataforma ideal para la importación y exportación de capitales. Taiwán fue muy importante no solo en términos de inversiones de capital, sino que lo más importante a largo plazo fue su transferencia de tecnología, en primer lugar en la industria de semiconductores. Los inversionistas de Hong Kong y Taiwán también fueron una de las razones fundamentales del rápido crecimiento de las provincias chinas de Jiangsu, Fujian y Guangdong.

En segundo lugar, China poseía lo que el revolucionario ruso León Trotsky llamó el “privilegio del atraso histórico”. El Partido Comunista de Mao se aprovechó del pasado precapitalista del país. Heredó un Estado absolutista fuerte que él actualizaría y usaría para su proyecto de desarrollo económico nacional. También se aprovechó de un campesinado precapitalista atomizado, que se había acostumbrado al absolutismo durante dos mil años, para exprimir su trabajo en aras a la llamada acumulación primitiva desde 1949 hasta la década de 1970.

Más tarde, a partir de la década de 1980, el Estado chino reclutó esta fuerza de trabajo del campo y la trasladó a las grandes ciudades para trabajar como mano de obra barata en las zonas de producción para la exportación. Hicieron que casi 300 millones de migrantes rurales trabajaran como esclavos en fábricas en pésimas condiciones. Por lo tanto, el atraso del Estado absolutista de China y las relaciones de clase ofrecieron a la clase dirigente china ventajas para desarrollar tanto el capitalismo estatal como el privado.

El atraso de China también le permitió saltar etapas de desarrollo al reemplazar los medios y métodos de desarrollo arcaicos por otros capitalistas más avanzados. Un buen ejemplo de esto es la adopción por parte de China de alta tecnología en las telecomunicaciones. En lugar de seguir cada paso de las sociedades capitalistas más avanzadas, comenzando primero con el uso de líneas telefónicas para la comunicación en línea, instaló cables de fibra óptica en todo el país casi de una tacada.

La dirección china estaba muy interesada en modernizar su economía. Por un lado, por razones defensivas, quería asegurarse de que el país no fuera invadido y colonizado como lo había sido cien años antes. Por otro lado, por razones ofensivas, el Partido Comunista quiere recuperar su condición de gran potencia, reanudando su llamada dinastía celestial. A resultas de todos estos factores, China ha logrado una modernización capitalista que en otros países llevó todo un siglo.

China es ahora la segunda economía más grande del mundo. Pero es un proceso contradictorio: por un lado, muchas multinacionales son responsables de su crecimiento, ya sea directamente o a través de la subcontratación de empresas taiwanesas y chinas, y por otro, China está desarrollando rápidamente sus propias industrias como campeonas nacionales en el sector estatal y privado. ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?

En mi libro China's Rise (El ascenso de China) sostengo que China tiene dos dimensiones de desarrollo capitalista. Uno es lo que llamo acumulación dependiente. El capital extranjero avanzado ha invertido enormes sumas de dinero en los últimos treinta años, inicialmente en industrias que requieren mucha mano de obra y, más recientemente, en industrias intensivas en capital. Esto impulsó el desarrollo de China, pero la mantuvo en la parte inferior de la cadena de valor global, incluso en alta tecnología, como la fábrica del mundo. El capital chino recauda la parte más pequeña del beneficio, la mayor parte del cual se va a EE UU, Europa, Japón y otras potencias capitalistas avanzadas y sus multinacionales. El mejor ejemplo de esto es el teléfono móvil de Apple. China simplemente ensambla todos los componentes, que en su mayoría se diseñan y fabrican fuera del país.

Pero hay una segunda dimensión, la acumulación autónoma. Desde el principio, el Estado ha dirigido muy conscientemente la economía, financiando la investigación y desarrollo y manteniendo un control indirecto sobre el sector privado, que ahora representa más del 50 % del PIB. En las cúpulas dirigentes de la economía, el Estado mantiene el control a través de empresas estatales. Y recurre sistemáticamente a la ingeniería inversa para copiar la tecnología occidental a fin de desarrollar sus propias industrias.

China tiene otras ventajas que otros países no tienen; es enorme, no solo por la extensión de su territorio, sino también por su población. Desde la década de 1990, ha podido practicar la división del trabajo en tres partes del país. Guangdong tiene una zona de producción para la exportación, intensiva en mano de obra. El delta de Zhejiang también está orientado a la exportación, pero es mucho más intensivo en capital. Alrededor de Pekín se ha desarrollado una industria de alta tecnología, comunicaciones y aeronáutica. Esta diversificación forma parte de la estrategia consciente del Estado para desarrollarse como potencia económica.

Al mismo tiempo, China también tiene sus puntos débiles. Si nos fijamos en su PIB, es la segunda economía más grande del mundo. Pero si se mide el PIB per cápita, sigue siendo un país de renta media. Incluso vemos debilidades en sectores en los que está alcanzando a las potencias capitalistas avanzadas. Por ejemplo, el teléfono móvil Huawei, que ahora es una marca mundial, no lo desarrollaron únicamente los propios científicos chinos, sino, sobre todo, 400 científicos japoneses contratados por la empresa. Esto demuestra que China dependía y sigue dependiendo en gran medida de los recursos humanos extranjeros para la investigación y desarrollo.

Otro ejemplo de debilidad se reveló cuando la empresa china de telecomunicaciones ZTE fue acusada por el gobierno de Trump de violar sus sanciones comerciales contra Irán y Corea del Norte. Trump impuso una prohibición comercial a la compañía, negándole el acceso a programas y componentes de alta tecnología diseñados en EE UU, amenazando a la compañía con el colapso de la noche a la mañana. Xi y Trump llegaron finalmente a un acuerdo para salvar la empresa, pero la crisis que sufrió ZTE demuestra que el desarrollo dependiente de China sigue siendo un problema real.

Este es el problema que China está tratando de superar. Pero incluso en alta tecnología, donde su intención es ponerse al día, su tecnología de semiconductores se halla dos o tres generaciones por detrás de la de EE UU. Está tratando de superar este retraso con un aumento espectacular de la inversión en investigación y desarrollo, pero si observamos detenidamente el gran número de patentes chinas, en su mayoría aún no corresponden a la alta tecnología, sino a otros sectores. Por lo tanto, China todavía sufre de debilidad tecnológica indígena. Donde está reduciendo distancias muy rápidamente es en inteligencia artificial, y esta es un área que a EE UU le preocupa mucho, no solo en términos de competencia económica, sino también militar, donde la inteligencia artificial desempeña un papel cada vez más central.

Encima de estas debilidades económicas, China tiene puntos débiles políticos. China no tiene un sistema de gobierno que garantice la sucesión pacífica del poder de un gobernante a otro. Deng Xiaoping había establecido un sistema de limitación de mandatos de la dirección colectiva que comenzó a resolver este problema sucesorio. Xi ha abolido este sistema y ha restablecido la regla de la autocracia sin limitación de mandatos. Esto podría dar pie a más luchas entre facciones por la sucesión, desestabilizando el régimen y comprometiendo potencialmente su ascenso económico.

Xi ha cambiado radicalmente de estrategia de China dentro del sistema mundial, prescindiendo del enfoque prudente defendido por Deng Xiaoping y sus sucesores. ¿Por qué procede Xi de esta manera y cuál es su programa para afirmar a China como gran potencia?

Lo primero que hay que entender es la tensión existente en el seno del Partido Comunista Chino (PCC) en torno a su proyecto en el mundo. El PCC es una gran contradicción. Por un lado, es una fuerza favorable a la modernización económica. Por otro lado, ha heredado un componente muy fuerte de la cultura política premoderna. Esto ha sentado las bases de los conflictos entre camarillas dentro del régimen.

A principios de la década de 1990 hubo un debate en la cúpula de la burocracia sobre qué camarilla de gobernantes debería tener el poder. Una de ellas es la que llaman los de sangre azul, los hijos de los burócratas que gobernaron el Estado después de 1949: la segunda generación roja de burócratas. Son fundamentalmente reaccionarios. Desde que Xi llegó al poder, la prensa habla del regreso a “nuestra sangre”, lo que significa que la sangre de la antigua dirección se ha reencarnado en la segunda generación.

La otra camarilla es la de los nuevos mandarines. Sus padres y madres no fueron dirigentes revolucionarios. Eran intelectuales o personas que culminaron una buena educación y que ascendieron en la jerarquía. Por lo general, su ascenso pasa a través de la Liga de Jóvenes Comunistas. No es casual que el liderazgo del partido de Xi haya humillado repetida y públicamente a la Liga en los últimos años. El conflicto entre los nobles de sangre azul y los mandarines es una nueva versión de un viejo patrón; estas dos camarillas han estado en tensión durante dos mil años de absolutismo y gobierno burocrático.

Entre los mandarines hay algunos que provienen de orígenes más humildes –como Wen Jiabao, que gobernó China de 2003 a 2013– y que son un poco más liberales. Al final de su mandato, Wen dijo que China debería aprender de la democracia representativa de Occidente, argumentando que ideas occidentales como los derechos humanos encerraban algún tipo de universalidad. Por supuesto, esto tenía sobre todo un carácter retórico, pero es muy diferente de Xi, que trata la democracia y los llamados valores occidentales con desprecio. Acabó ganando en esta lucha contra los mandarines, consolidó su poder y ahora promete que los nobles de sangre azul gobernarán para siempre. Su programa es fortalecer la naturaleza autocrática del Estado en el país, convertir China en una gran potencia en el extranjero y afirmar su poder en el mundo, a veces desafiando a EE UU.

Sin embargo, después de la crisis de ZTE, Xi llevó a cabo cierta retirada táctica porque esa crisis expuso las debilidades persistentes de China y el peligro de presentarse demasiado pronto como una gran potencia. De hecho, hubo un alud de críticas a uno de los asesores de Xi, un economista llamado Hu Angang, que había argumentado que China ya era un rival económico y militar de EE UU y que, por lo tanto, podía desafiar a Washington por el liderazgo en el mundo. ZTE demostró que simplemente no es cierto que China esté al mismo nivel que EE UU. Desde entonces, muchos liberales salieron a criticar a Hu. A otro erudito liberal conocido, Zhang Weiying, cuyos escritos fueron vetados el año pasado, se le permitió publicar oficialmente su discurso en línea.

Por entonces ya había un encendido debate entre los expertos en diplomacia. Los partidarios de la línea dura abogaban por una posición más dura en relación con EE UU. Los liberales, sin embargo, argumentaron que el orden internacional es un templo y que mientras pueda acomodar el ascenso de China, Pekín debería ayudar a construir este templo en lugar de demolerlo y construir uno nuevo. Esta ala diplomática fue marginada cuando Xi optó por apoyar la línea dura, pero recientemente vuelve a escucharse su voz. Desde el conflicto en torno a ZTE y la guerra comercial, Xi ha hecho algunos ajustes tácticos y se ha distanciado un poco de su anterior declaración descarada sobre la condición de gran potencia de China.

¿Hasta qué punto se trata de una retirada temporal? Asimismo, ¿cómo encajan los proyectos China 2025 y Nueva Ruta de la Seda en la perspectiva a más largo plazo de Xi de alcanzar la condición de gran potencia?

Permíteme decir claramente que Xi es un sangre azul reaccionario. Él y el resto de su camarilla están decididos a restaurar la hegemonía del pasado imperial de China y reconstruir la llamada dinastía celestial. El Estado de Xi, la academia china y los medios de comunicación han producido una gran cantidad de ensayos, disertaciones y artículos que glorifican este pasado imperial para justificar su proyecto de convertirse en una gran potencia. No renunciarán fácilmente a su estrategia a largo plazo.

La camarilla de Xi también es consciente de que, antes de que China pueda alcanzar su ambición imperial, tiene que eliminar su legado colonial, es decir, apoderarse de Taiwán y cumplir primero la tarea histórica del PCC de la unificación nacional. Pero esto le enfrentará necesariamente a EE UU, tarde o temprano. Por lo tanto, el problema de Taiwán contiene al mismo tiempo la dimensión de autodefensa de China (incluso EE UU reconoce que Taiwán es parte de China) y una rivalidad interimperialista. Para unificarse con Taiwán, por no hablar de una ambición global, Pekín tiene que superar primero las debilidades persistentes de China, especialmente en su tecnología, su economía y su falta de aliados internacionales.

Ahí es donde entran en juego los proyectos China 2025 y Nueva Ruta de la Seda. A través de China 2025 pretenden desarrollar su capacidad tecnológica independiente y ascender en la cadena de valor global. Quieren usar la Nueva Ruta de la Seda para construir infraestructuras en toda Eurasia en línea con los intereses chinos. Al mismo tiempo, debemos dejar claro que la Nueva Ruta de la Seda también es un síntoma de los problemas de sobreproducción y sobrecapacidad de China. Están utilizándola para absorber todo este excedente de capacidad. Pero de todos modos, ambos proyectos son centrales en el proyecto imperialista chino.

Ha habido un gran debate en la izquierda internacional sobre cómo entender el ascenso de China. Algunos han argumentado que es un modelo y un aliado para el desarrollo del tercer mundo. Otros ven a China como un Estado subordinado dentro de un imperio informal estadounidense que gobierna el capitalismo neoliberal mundial. Otros lo ven como un poder imperial en ascenso. ¿Cuál es tu punto de vista?

China no puede ser un modelo para los países en desarrollo. Su ascenso es el resultado de factores muy singulares que he mencionado antes y que otros países del tercer mundo no poseen. No creo que sea incorrecto decir que China forma parte del neoliberalismo mundial, especialmente cuando vemos que da un paso al frente y dice que está dispuesta a reemplazar a EE UU como guardiana de la globalización del libre comercio.

Pero decir que China forma parte del capitalismo neoliberal no refleja el cuadro completo. China es una potencia singular de capitalismo de Estado y expansionista que no está dispuesta a ser un socio de segunda clase de EE UU. Forma parte, por lo tanto, del neoliberalismo global y es también una potencia capitalista de Estado que ocupa un lugar propio. Esta combinación peculiar significa que se beneficia del orden neoliberal y al mismo tiempo representa un desafío para él y para el Estado norteamericano que lo supervisa.

Irónicamente, el capital occidental es responsable de esta situación. Sus Estados y sus capitales entendieron demasiado tarde el desafío que suponía China. Afluyeron masivamente para invertir en el sector privado o en empresas conjuntas con las empresas estatales chinas. Pero no se dieron cuenta del todo de que el Estado chino siempre está detrás de empresas aparentemente privadas. En China, incluso si una empresa es realmente privada, debe rendirse a las exigencias que le impone el Estado.

El Estado chino ha utilizado esta inversión privada para desarrollar su propia capacidad estatal y privada y comenzar a desafiar al capital estadounidense, japonés y europeo. Por lo tanto, es ingenuo acusar al Estado chino y al capital privado de robar propiedad intelectual. Eso es lo que planeaban hacer desde el principio. De este modo, los Estados capitalistas avanzados y las empresas multinacionales facilitaron la aparición de China como una potencia imperial en ascenso. Su peculiar naturaleza capitalista de Estado hace que sea particularmente agresiva y trate de reducir distancias y desafiar a las potencias que invirtieron en ella.

En EE UU, ambos partidos capitalistas están cada vez más de acuerdo en que China es una amenaza para el poder imperial estadounidense. Y tanto EE UU como China están agitando el nacionalismo contra el adversario. ¿Cómo caracterizarías la rivalidad entre EE UU y China?

Hace algunos años, muchos comentaristas dijeron que había un debate entre dos bandos sobre si colaborar con China o enfrentarse a ella. Lo llamaron una lucha entre “acariciadores de pandas contra cazadores de dragones”. Hoy, los cazadores de dragones ocupan el sillón del piloto de la diplomacia estadounidense. Es cierto que existe un consenso creciente entre Demócratas y Republicanos en contra de China. Incluso destacados liberales estadounidenses atacan a China en estos días. Pero antes que nada, muchos de estos políticos liberales tienen la culpa de que se haya llegado a esta situación. Recuerda que después de la masacre de Tiananmen en 1989, políticos liberales como Bill Clinton en EE UU y Tony Blair en Gran Bretaña perdonaron al Partido Comunista Chino, restablecieron las relaciones comerciales y alentaron inversiones masivas en el país.

Por supuesto, se trataba de llenar los libros de contabilidad de las multinacionales occidentales, que obtuvieron grandes beneficios gracias a la explotación de la mano de obra barata en las fábricas chinas. Pero también creyeron de veras, aunque ingenuamente, que una mayor inversión llevaría a China a aceptar la condición de Estado subordinado dentro del capitalismo neoliberal mundial, y que se democratizaría a imagen de Occidente. Esta estrategia ha fracasado, permitiendo el ascenso de China como rival.

Los dos bandos de acariciadores de pandas y cazadores de dragones también cuentan con sus teóricos en la academia. Hay tres escuelas principales en el ámbitgo de la política exterior. Además, las tres escuelas tienen sus propios acariciadores de pandas y cazadores de dragones, que también podrían llamarse optimistas y pesimistas. Dentro del campo optimista, diferentes escuelas argumentan diferentes perspectivas. Mientras que los internacionalistas liberales pensaban que el comercio democratizaría a China, en cambio, los realistas creían que por mucho que China tuviera sus propias ambiciones estatales para desafiar a EE UU, todavía era demasiado débil para hacerlo. La tercera escuela es el constructivismo social; creen que las relaciones internacionales son el resultado de ideas y valores y de la interacción social, y al igual que los liberales, opinan que la participación económica y social transformaría a China.

En el pasado, la mayoría de la clase política estadounidense profesaba la visión de los liberales optimistas. Los liberales estaban cegados por su creencia de que el comercio podría convertir a China en un país democrático. El ascenso de China ha hecho que todas las visiones optimistas entraran en crisis debido a que sus predicciones han resultado ser erróneas. China se ha convertido en una potencia creciente que ha comenzado a reducir distancias y desafiar a EE UU.

Ahora es el bando pesimista de estas tres escuelas el que está ganando terreno. Los liberales pesimistas creen ahora que el nacionalismo chino es mucho más fuerte que la influencia positiva del comercio y la inversión. Los realistas pesimistas creen que China se está fortaleciendo rápidamente y que nunca aceptará un compromiso con respecto a Taiwán. Los constructivistas sociales pesimistas creen que China es inflexible con sus propios valores y se negará a cambiar.

Sin embargo, si bien la escuela pesimista ha demostrado que tenía razón, también adolece de una gran debilidad: asume que la hegemonía de EE UU está justificada y es correcta, no se da cuenta del hecho de que EE UU es en realidad cómplice del gobierno autoritario de China y su régimen de explotación y, por supuesto, nunca analiza cómo la colaboración y rivalidad entre EE UU y China ocurren dentro de una forma profundamente contradictoria y volátil del capitalismo mundial y, en relación con esto, dentro de todo un conjunto de relaciones de clase globales. Esto no debería sorprendernos; los pesimistas son ideólogos de la clase dominante estadounidense y su imperialismo.

China está siguiendo una trayectoria imperialista. Estoy en contra de la dictadura del PCC, de su aspiración a convertirse en una gran potencia y sus demandas en el mar del Sur de China. Pero no creo que sea correcto pensar que China y EE UU se hallan en el mismo plano. China es un caso especial en este momento; su ascenso tiene dos caras. Una es lo que tienen en común ambos países: son capitalistas e imperialistas.

La otra cara es que China es el primer país imperialista que previamente había sido un país semicolonial. Eso es muy diferente de EE UU o cualquier otro país imperialista. Conviene tener esto en cuenta en nuestro análisis para comprender cómo funciona China en el mundo. Para China siempre existen dos niveles de cuestiones. Uno de ellos es la legítima defensa de un antiguo país colonial según el Derecho internacional. No debemos olvidar que en los años noventa unos aviones de combate estadounidenses sobrevolaron la frontera meridional del país y se estrellaron contra un avión chino, matando a su piloto. Este tipo de sucesos recuerdan lógicamente a los chinos su doloroso pasado colonial.

Hasta hace poco, el Reino Unido controlaba Hong Kong, y el capital internacional todavía ejerce una enorme influencia allí. Recientemente salió a la luz un ejemplo de la influencia imperialista occidental: un informe reveló que justo antes de que el Reino Unido se retirara de Hong Kong, disolvieron su policía secreta y reasignaron a sus miembros a la Comisión Independiente contra la Corrupción (ICAC). La ICAC goza de gran popularidad aquí, ya que hace de Hong Kong un lugar menos corrupto. Pero es el jefe del gobierno de Hong Kong, anteriormente nombrado desde Londres y ahora elegido desde Pekín, quien nombra al comisionado, mientras que la gente no tiene absolutamente ninguna influencia sobre él.

Pekín estaba muy preocupada de que la ICAC también pudiera servir para disciplinar al Estado chino y sus capitales. Por ejemplo, en 2005 el ICAC procesó a Liu Jinbao, el jefe del Banco de China en Hong Kong. Parece que Beijing está tratando de tomar el control de la ICAC, pero esta lucha de poder no trasciende al público. Por supuesto, deberíamos estar contentos de que la ICAC persiga a personas como Liu Jinbao, pero también debemos reconocer que el imperialismo occidental puede utilizarlo para implementar sus planes. Al mismo tiempo, la consolidación del control de Pekín beneficiará al Estado y a los capitalistas chinos, pero no servirá a los intereses de las masas trabajadoras chinas.

Existen otros remanentes del pasado colonial. EE UU básicamente mantiene a Taiwán como un protectorado. Por supuesto, deberíamos oponernos a la amenaza de China de invadir Taiwán; debemos defender el derecho de autodeterminación de Taiwán. Pero también debemos ver que EE UU usará Taiwán como herramienta para promover sus intereses. Esta es la desventaja del legado colonial que hace que el PCC se comporte a la defensiva ante el imperialismo estadounidense.

China es un país imperialista emergente, pero tiene debilidades fundamentales. Diría que el PCC tiene que superar obstáculos fundamentales antes de que China pueda convertirse en un país imperialista estable y sostenible. Es muy importante ver no solo los puntos en común entre EE UU y China como países imperialistas, sino también las particularidades de esta última.

Está claro que para los socialistas estadounidenses, nuestro principal deber es oponernos al imperialismo de EE UU y construir solidaridad con los trabajadores chinos. Eso significa que debemos oponernos a la implacable represión del Estado chino, no solo contra la derecha, sino también contra los progresistas e incluso el movimiento obrero. No debemos caer en la trampa campista de dar apoyo político al régimen chino, sino a los trabajadores del país. ¿Cómo contemplas esta situación?

Debemos combatir la mentira utilizada por la derecha estadounidense de que los trabajadores chinos han robado los puestos de trabajo a los trabajadores de EE UU. Esto no es verdad. Las personas que realmente tienen el poder de decidir no son los trabajadores chinos, sino los capitalistas estadounidenses, como Apple, que hace que sus teléfonos se ensamblen en China. Los trabajadores chinos no tienen absolutamente nada que decir sobre tales decisiones. En realidad, son víctimas, no personas a las que se deba culpar por la pérdida de empleos en EE UU.

Y como ya he dicho, Clinton, no los gobernantes ni los trabajadores chinos, fue el culpable de la exportación de esos puestos de trabajo. Fue el gobierno de Clinton el que colaboró con el régimen asesino de China después de los sucesos de la plaza de Tiananmen para permitir que las grandes empresas estadounidenses invirtieran en China a escala masiva. Y cuando se perdieron los empleos en EE UU, los que surgieron en China en realidad no eran en absoluto el mismo tipo de empleos. Los puestos de trabajo estadounidenses que se perdieron en el sector del automóvil y el acero estaban sindicados y tenían buenos salarios y prestaciones, mientras que los creados en China no son más que trabajos duros y mal pagados. Independientemente de sus conflictos actuales, los principales líderes de EE UU y China, no los trabajadores de ninguno de los dos países, pusieron en práctica el miserable orden mundial neoliberal.

Una cosa que hemos hecho aquí en EE UU es ayudar a organizar visitas a los trabajadores chinos en huelga para que podamos construir solidaridad entre los trabajadores estadounidenses y chinos. ¿Hay otras ideas e iniciativas que podamos tomar? Existe un peligro real de que el nacionalismo sirva en ambos países para enfrentar a los trabajadores de uno y otro país. Parece que evitar esto es muy importante. ¿Qué piensas?

Es importante que la izquierda en el resto del mundo reconozca que el capitalismo chino tiene un legado colonial que todavía existe en la actualidad. Entonces, cuando analizamos las relaciones entre China y EE UU, debemos distinguir aquellas partes legítimas del patriotismo de las que agita el PCC. Hay un elemento de patriotismo de sentido común entre la gente que es fruto del último siglo de intervención imperial por parte de Japón, las potencias europeas y EE UU.

Esto no significa que nos acomodemos a este patriotismo, sino que debemos distinguirlo del nacionalismo reaccionario del PCC. Y, sin duda, Xi está tratando de alentar el nacionalismo en apoyo de sus aspiraciones de gran potencia, al igual que los gobernantes estadounidenses están haciendo lo mismo para cultivar el apoyo popular al objetivo de su régimen de contener a China.

Entre la gente corriente, el nacionalismo ha estado declinando en lugar de aumentar, porque la gente desprecia al PCC, y son más quienes ahora no confían en su nacionalismo y odian su gobierno autocrático. Un ejemplo divertido de esto es un reciente sondeo de opinión que preguntó si la gente apoyaría a China en una guerra con EE UU. La respuesta de los internautas en línea fue muy interesante. Uno de ellos dijo: “Sí, apoyo la guerra de China contra EE UU, pero primero apoyamos que se envíe a luchar a los miembros del Buró Político, luego a los del Comité Central y después a todo el PCC. Y cuando ganen o pierdan, al menos seremos libres.” Los censores, por supuesto, eliminaron inmediatamente estos comentarios, pero es una indicación de la profunda insatisfacción con el régimen.

Eso significa que existe una base entre los trabajadores chinos para construir la solidaridad internacional con los trabajadores estadounidenses. Pero eso requiere que los trabajadores estadounidenses se opongan al imperialismo de su propio gobierno. Solo esa posición creará confianza entre los trabajadores chinos.

Las amenazas del imperialismo estadounidense son reales y conocidas en China. La marina de EE UU acaba de enviar dos buques de guerra a través del Estrecho de Taiwán en una clara provocación a China. La izquierda estadounidense debe oponerse a este militarismo para que el pueblo chino entienda que os oponéis al proyecto imperialista de EE UU con respecto a Taiwán, aunque también se debe reconocer el derecho de Taiwán a comprar armas a EE UU. Si el pueblo chino percibe una sólida posición antiimperialista de la izquierda estadounidense, podrá comprender nuestros intereses internacionales comunes contra el imperialismo estadounidense y chino.

Febrero de 2019

https://isreview.org/issue/112/chin...

Traducción: viento sur

Tomado de: https://vientosur.info/spip.php?art...

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Los mercenarios en tiempos del neoliberalismo y la globalización III

19 April, 2019 - 00:05

España es un caso interesante porque ha habido presión y no ha faltado colaboración. Pasaba con la dictadura y pasa con la timocracia.

“La Embajada de Estados Unidos en Madrid ha desplegado en los últimos años importantes recursos para frenar o boicotear las causas judiciales abiertas en España contra políticos y militares estadounidenses presuntamente involucrados en casos de torturas en Guantánamo, crímenes de guerra en Irak o secuestros en los vuelos de la CIA. La legación diplomática estadounidense ha dejado constancia escrita de esa actividad en algunos de sus miles de documentos secretos, clasificados o reservados a los que ha tenido acceso EL PAÍS. El propio embajador entre los años 2005 y 2009, Eduardo Aguirre, nombrado por la Administración Bush, ha dirigido personalmente muchas de las presiones ejercidas sobre el Gobierno español o las autoridades judiciales españolas, pero de los informes secretos se desprende que EE UU contó con el apoyo de importantes contactos en España. Entre estos destacan los del fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, y varios fiscales de la Audiencia Nacional, especialmente su jefe, Javier Zaragoza.”

https://elpais.com/elpais/2010/11/3...

(Enlace para esta cita y la siguiente)

¡Atención! ¿Has leído fiscal general del Estado, fiscales de la Audiencia Nacional? Sí, pero aún hay más:

“En ambos casos los informes secretos muestran que la embajada contó con buena información sobre la marcha de las causas judiciales y con la colaboración de autoridades del Gobierno, así como del fiscal general del Estado y los fiscales Javier Zaragoza y Vicente González Mota. Para conseguirlo, el embajador y colaboradores suyos presionaron a ministros y responsables de Exteriores o Justicia, visitaron a altos cargos de la Audiencia Nacional en sus propios despachos, se reunieron con jueces y utilizaron las visitas de políticos estadounidenses a España para intentar que los procedimientos judiciales naufragaran.”

El periodista se refiere al asesinato de José Couso en 2003 en Bagdad -por el cañonazo de un tanque del ejército de Estados Unidos durante la guerra contra Iraq- y a los traslados de prisioneros hechos por aquel país en sus guerras en Oriente Medio hasta Guantánamo mediante vuelos secretos que hacían escala en España.

¡Un momento! ¿Has leído hacer naufragar la justicia española con la colaboración de autoridades del gobierno y altos funcionarios del Ministerio de Justicia?

¿Por qué? ¿A cambio de qué? ¿Fue una casualidad que ese número de personas tan señaladas se pusiera a trabajar para colaborar con ese crimen? ¿No habían jurado cumplir y hacer cumplir la Constitución?

Una Constitución en cuyo Preámbulo las primeras líneas dicen:

“La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de: (…) Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos (y sus) instituciones y colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.”

https://www.boe.es/legislacion/docu...

Papel mojado, colaboración en un crimen disfrazado de razón de Estado, carreras profesionales construidas sobre la desgracia de muchos.

En todo caso es preciso tener presente en el asunto de los mercenarios que no es Blackwater por un lado, otras compañías similares por el suyo, los diferentes organismos de ‘seguridad' de los gobiernos que las contratan (sean de inteligencia, de guerra cibernética, de agentes especiales, comandos, etc.) por su parte, el gobierno de Estados Unidos por otra parte y -en este caso concreto- España pillada en el lío sin comerlo ni beberlo.

Esta división es inexistente en la realidad. No tengo ni idea de cómo en un juicio –si es que algún día se lleva a cabo- habrían de proceder los jueces, pero no tengo duda de que debería ser un proceso a una enorme organización criminal internacional destinada al control global, que tiene sus propias características por razón de su naturaleza:

que es difusa pero que obra y hace su efecto;

cuyas estructuras varían sus relaciones entre sí en función de sus objetivos y de las circunstancias;

con relaciones variables entre sus miembros y en sus posiciones en aquélla;

que tiene unos medios vastos y objetivos de enorme magnitud.

Esto hace que sea diferente, superior a cualquier otra y verdaderamente única.

A una escala mucho menor hay organizaciones similares en ámbitos más reducidos.

Esto se observa, por ejemplo, en los delitos atribuidos por la Fiscalía Anticorrupción al Comisario (perenne aunque jubilado) José Manuel Villarejo, hoy encarcelado, mañana quién sabe: “organización criminal, cohecho, blanqueo, descubrimiento y revelación de secretos, extorsión y falsedad documental.”

https://www.elmundo.es/espana/2019/...

Cuando los medios publican algo de este Relox de Policías -no por nada le han condecorado cinco veces-, aparecen citados funcionarios policiales, banqueros, constructores, periodistas, agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), jueces, magistrados, fiscales, políticos, vividores, el líder del Colectivo de Funcionarios Públicos Manos Limpias, conocido popularmente como Manos Limpias, el rey emérito, una amante, una ministra… sólo falta Prince.

En la propia Unión Europa (UE) se observa un tipo similar de organización, en este caso más centrada en el ámbito económico, concretamente el empresarial, aunque desde luego sin olvidar que ni éste ni el político ni el de seguridad/militar se pueden desmembrar salvo para diseccionar mejor el papel de cada uno dentro de la organización.

El pasado día 3 de abril, el economista Santiago González Vallejo daba la voz de alarma sobre la actuación que está llevando a cabo la UE tras la pantalla “Agenda 2030”, fórmula, como todas las usadas por esas organizaciones, que vale tanto para un roto como para un descosido.

El Ministerio de Asuntos Exteriores español la presenta pomposamente así:

“Transformar Nuestro Mundo es el lema de la Agenda 2030, la nueva agenda internacional que desgrana los objetivos de la comunidad internacional en el periodo 2016-2030 para erradicar la pobreza y favorecer un desarrollo sostenible e igualitario.”

Inmediatamente resulta empalagoso: “La agenda 2030 gira entorno a cinco ejes centrales: PLANETA, PERSONAS, PROSPERIDAD, PAZ Y ALIANZAS, denominadas en inglés, las 5 P: Planet, People, Prosperity, Peace, Partnership .”

(negritas y mayúsculas en el original)

http://www.aecid.es/ES/Paginas/Sala...

No tienen empacho en publicar esto a pesar de que hace 20 años también lanzaron los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, Lograr la enseñanza primaria universal, Promover la igualdad entre los géneros, Reducir la mortalidad infantil, Mejorar la salud materna, Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Santiago González denuncia que “la UE ha hecho un acuerdo de libre comercio con Japón y otro con Singapur. Ninguno ha suscrito las ocho convenciones fundamentales de trabajo de la Organización Internacional del Trabajo.”

www.ilo.org/

También que “la UE tiene soberanías fiscales rechazables, desde la patria de los fondos de inversión de Juncker –Luxemburgo–, hasta la del vicepresidente Timmermans –doble imposición– o la querida Irlanda de Apple.”

Añade que “no se promueve el trabajo decente, una economía baja en carbono, se potencia la competencia desleal y la desigualdad, se favorece a las multinacionales mientras se empobrece a pymes y trabajadores autónomos y por cuenta ajena.”

“Además la UE plantea excluir a los tribunales ordinarios de justicia por arbitrajes privados cuando se diriman demandas de multinacionales contra Estados”.
https://cincodias.elpais.com/cincod...

No voy a aumentar esta digresión, únicamente la he sacado a colación porque entiendo que refuerza la idea de organizaciones criminales, que están compuestas de una minoría de personas que tienen poder, dinero e información, que trabaja y conspira en el ámbito internacional para mejorar su posición de privilegio y en detrimento de lo que se conoce como el 90 o 99 ciento de la población mundial.

Como se aproximan las elecciones cabe recordar la antigua sentencia:

“los malvados difícilmente se corrigen y es infinito el número de los que no saben lo que les conviene”.

Fuente de la imagen de cabecera: https://www.google.com/imgres?imgur...

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Inglaterra: Detienen a 300 activistas que se manifestaban contra el cambio climático

19 April, 2019 - 00:00

Por Insurgente

En 48 horas más de 300 personas han sido arrestadas por las protestas. Incluso las autoridades señalaron que ya no hay espacio en las estaciones policiales y se han trasladado a algunos de los detenidos a las afueras de Londres.

Las y los activistas de la organización “Extinction Rebelion” planean mantener su protesta por lo menos dos semanas en Londres y otras ciudades en unos 33 países. Su lucha es declarar el “estado de emergencia climática y ecológica”, reducir las emisiones de CO2 a cero para el año 2025 y la creación de asambleas ciudadanas para tratar asuntos relacionados con el calentamiento global.

Con el objetivo de “cerrar Londres”, dos personas desplegaron una pancarta en la estación y subieron a la parte superior de un vagón, minutos después fueron detenidos por policías. Pero centenares de activistas mantienen por tercer día bloqueados el puente de Waterloo, la Plaza del Parlamento, el Arco Marble, Oxford Circus y Piccadilly Circus.

En un texto, que trascendió en la prensa local, los manifestantes señalaron: “hoy interrumpiremos una línea de tierra como parte de nuestra campaña de escalada para exigir que el gobierno actúe ahora sobre el clima y la emergencia ecológica”.

En 48 horas más de 300 personas han sido arrestadas por las protestas. Incluso las autoridades señalaron que ya no hay espacio en las estaciones policiales y se han trasladado a algunos de los detenidos a las afueras de Londres.

https://kaosenlared.net/video-ingla...

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Matar en la guerra

19 April, 2019 - 00:00

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Fedor Dostoievsky, "Crimen y Castigo"

18 April, 2019 - 19:30

No sé por qué ha de ser más glorioso lanzar bombas sobre una ciudad sitiada, que asesinar a una persona a hachazos.

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Fedor Dostoievsky, "Crimen y Castigo"

18 April, 2019 - 19:29

¿Qué significa la palabra crimen? Tengo la conciencia tranquila. Cierto que he cometido una transgresión; la ley ha sido violada y la sangre vertida; bueno, tomad mi cabeza..., ¡y basta! Pero, evidentemente, en el mismo caso se hallan gran número de bienhechores de la Humanidad, que no han heredado el poder, sino que se han apoderado de él, que habrían merecido ser enviados al suplicio desde sus primeros pasos. Sin embargo esos hombres alcanzaron su objeto y por ello han sido justificados; mientras que yo no lo he conseguido, y por tanto, no tenía derecho a permitirme dar ese paso.

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Altsasu y el odio

18 April, 2019 - 00:00

Jesús C. Aguerri

La Audiencia Nacional confirmó hace unas semanas las penas para casi todos los acusados por el caso Altsasu (para todos menos para uno). El terrorismo ha quedado fuera de la ecuación, pero, aun así, ahí quedan las condenas de hasta 13 años de prisión. Cabría preguntarse que, si finalmente no estamos ante un caso relacionado con el terrorismo, por qué lo ha juzgado la Audiencia Nacional y no la Audiencia Provincial de Navarra. Puede que este asunto de la jurisdicción esté amparado por la más estricta legalidad procesal, pero esto no es óbice para que alguien le pida a la Jueza Lamela −actualmente magistrada en el Tribunal Supremo− alguna explicación sobre dónde estaba ese terrorismo que vio en la instrucción.

En cualquier caso, aun prescindiendo del terrorismo, las penas de prisión se han mantenido, alcanzando, como ya hemos mencionado, los 13 años, de los cuales los acusados deberán cumplir 9 (al limitar nuestro ordenamiento el internamiento al triple de la pena mayor) a menos que el Tribunal Supremo dicte otra cosa. Para poner en contexto esa cifra, cabe decir que el homicidio doloso (matar a alguien con voluntad y conciencia de que se le está matando) está castigado en nuestro código penal con entre 10 y 15 años de prisión. También cabe señalar que, según los estudios de los que disponemos, 15 años es el límite máximo que una persona puede permanecer en prisión sin que las secuelas psicológicas que deja el encierro sean incurables y difícilmente conciliables con su reintegración en la vida social. Es decir, que aun aceptando que haya alguna pena de prisión que pueda no considerarse inhumana, 9 años es una pena elevadísima, y desproporcionada si atendemos a que se ha impuesto por unos delitos de lesiones.

La cuestión está en que, si finalmente no se ha apreciado ningún delito relativo al terrorismo, ¿cómo son posibles unas penas tan altas? La respuesta, como ya han comentado diversos medios, se encuentra en la aplicación del artículo 22.4 del Código Penal, en virtud del cual deben agravarse las penas de los delitos que se cometan por motivos racistas, antisemitas o discriminatorios. El citado artículo reza así:

"[Serán circunstancias agravantes] Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su discapacidad".

La aplicación de este agravante implica que, de nuevo, la Audiencia Nacional ha estimado que las lesiones causadas por los acusados a los guardias civiles y sus parejas responden a motivos discriminatorios. Como, de momento, es difícil argumentar que pertenecer a la Guardia Civil sea una raza o una etnia, el tribunal ha aplicado el agravante en su modalidad de discriminación ideológica. Es cuánto menos discutible que el motivo de la pelea en Altsasu tuviera algo que ver con una cuestión ideológica, pero, aun aceptando lo señalado por la Audiencia Nacional, la aplicación del agravante sigue siendo curiosa por dos motivos.

En primer lugar, la ley impone que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FFCCSE) deben ser neutrales, por lo que deben carecer de ideología, así que cuesta entender cómo se puede discriminar ideológicamente a unos individuos por pertenecer a un cuerpo que por imperativo legal no puede tener ideología. En segundo lugar, se debe observar, como ya habrá hecho cualquier lector avispado, que el agravante, al hacer referencia a diferentes fuentes de discriminación presentes en nuestra sociedad, está tratando de, en teoría, proteger a los grupos que sufren dicha discriminación. Éste es el elemento más relevante en todo este asunto porque nos lleva a preguntarnos ¿Son los FFCCSE un grupo discriminado? ¿Son una minoría a la que haya que brindar especial protección? La respuesta es: rotundamente no. No solo porque no hay ni una evidencia que lo señale, sino porque son los ejecutores del monopolio estatal de la violencia legítima, son parte del ente más poderoso de nuestras sociedades, del todavía mayor centro del poder, son parte del Estado. Si, como dice el jurista Luigi Ferrajoli, el Derecho debe ser la ley del más débil, esto es todo lo contrario, es la sobreprotección del más fuerte.

Este hecho es especialmente aberrante en una democracia no militante como se supone que es España. En teoría, la construcción española protege también a quien la niega o se opone frontalmente a ella. La traducción de esta idea es que se nos reconoce el derecho a oponernos al Estado, incluso se puede entender que tenemos el derecho a odiar abiertamente al Estado. Atendiendo a esto y teniendo en cuenta el inmenso poder que tiene el Estado, es tremendamente difícil justificar jurídicamente esta sobreprotección frente aquellos que lo rechazan u odian. Pueden caber rechazos morales al odio al Estado, como al odio en general, se puede incluso considerar malvados a aquellos que odian, pero aquí está el quid de la cuestión: el Derecho penal, de nuevo en teoría, no funciona por criterios de bondad o maldad, ni por asuntos netamente morales, sino por el daño o el peligro causados a bienes jurídicos.

Es tentador forzar el Derecho para que castigue aquello que uno considera malvado, de hecho, la tentación es tan grande que, a menudo, los Derechos Fundamentales, otrora escudo frente a los abusos del poder, se tornan molestos impedimentos para implementar esos castigos que se creen justos. Uno de los muchos problemas que tiene este camino es que ningún poder puede poseerse, solo puede detentarse, ejercerlo un breve tiempo antes de perderlo. Y una vez perdido, las herramientas para el castigo quedan libres y dispuestas para que las use a voluntad el nuevo inquilino del poder. Da igual que el "gran peligro" que justificaba estas herramientas desaparezca, ya sé encargará el poder de crear una nueva amenaza que justifique la excepcionalidad, la suspensión de los principios del Derecho. Es decir, mientras haya mecanismos excepcionales para el castigo, podrán encontrarse siempre casos e individuos que justifiquen el recurso a la excepcionalidad.

Una de las consecuencias de esta naturaleza del poder y la excepción son casos como el de Altsasu, en el que un agravante creado para "proteger" a colectivos socialmente discriminados se convierte en una herramienta usada para imponer un castigo ejemplar por una pelea de bar. Y ahí queda la ley, aguardando nuevos refuerzos anunciados desde todas partes, y queda el peligrosísimo precedente que permite usar la "discriminación ideológica" como argumento que permita imponer castigos desproporcionados a aquel que un tribunal considere que actuó movido por el rechazo al Estado o alguna de sus partes. Ahí queda la excepcionalidad convertida en norma.

Fuente: https://www.eldiario.es/contrapoder...

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Radiografiamos la Industria militar, ese espectacular caso de éxito (VI)

17 April, 2019 - 21:17

JCR - Amigos de Tortuga

Y aquí damos por finalizado esta radiografía.

Si la industria militar es una especie de excrecencia (y no la única) que nos ha salido en el cuerpo social, alterando para mal nuestra propia textura, y si goza de tanto mimo y arrumaco por parte de los poderes encarnados en instituciones y velados en sus entretelas, ¿no será, cual hado del destino, que no hay manera de librarnos de ella sin cortarnos un trozo vital, tal como predican sus apologetas?

La pregunta, ya tediosa en tantos años en que van impugnándonos cualquier atisbo de proponer alternativas al militarismo, tiene algo de trampa, porque parte del presupuesto de que el «suelo» desde el que se pregunta (el paradigma mismo que nosotros denominamos «dominación-violencia») es incuestionable y por tanto es de antemano imposible pensar más allá de sus fronteras.

Pero, como muestran las prácticas más audaces de la lucha feminista, o ecologista, o del bien común, alternativas, como las buenas meigas, «habelas hainas», con tal de que dichas luchas y prácticas conspiren contra el propio paradigma, le quiten poder con una mano, y construyan con la otra la novedad.

Si, como nos dicen los aguafiestas, el militarismo (y en este caso la industria militar) es parte del destino, opongámosle la conciencia y el sudor de cada día como herramientas para acabar con un destino tan desatinado y fatal.

De modo que, para dar una respuesta (si se quiere meramente tentativa y propositiva, y para nada canónica, que en el camino hay que ir haciendo las concreciones conforme acompañen las fueras y los ánimos y las oportunidades que ofrece el día a día) vamos a conjugar tres aspectos que, desde nuestro punto de vista, participan de la lucha por una alternativa desmilitarizadora (y no un mero retoque a la eficiencia del oligopolio que sustenta este engendro) a la fatal industria militar.

Con arreglo a nuestra propuesta hay que trabajar conjuntamente, a la vez, sin relegar una a otra, en los tres aspectos siguientes:

  • 1.- La lucha global contra el paradigma dominación-violencia en que se basa y el horizonte alternativo de cooperación-noviolencia (como medios y como fines a la vez) desde el que luchar (y no solo oponernos) al primero.
  • 2.- Una dinámica de quitar poder a la industria militar (con el principal énfasis puesto en la lucha, la denuncia, la desobediencia a sus apoyos obligados…)
  • 3.- Y otra dinámica de empoderar prácticas alternativas (con el principal énfasis en prácticas de contraste que «construyen» una manera diferente de producción de bienes, de intercambio de ellos, de relaciones de trabajo, de ética social…).

Recordemos que esto es un esquema de trabajo, que nos sirva para mayor claridad de nuestras apuestas, pero en la realidad los tres aspectos se dan entremezclados.

  • 1.- Horizonte global.

El primer criterio es mantener un horizonte global desmilitarizador.

Un horizonte desmilitarizador aspira a acabar con el paradigma militarista, basado en las ideas fuerza de dominación y violencia, que se nos imponen como conjunto indistinto y simultáneo de fines y de medios violentos y de dominación y, también, como despliegue de prácticas cotidianas, valores y principios de violencia y dominación directa, estructural, cultural y de la sinergia de la interrelación de todos ellos.

Dicho horizonte desmilitarizador sirve para orientar nuestros criterios y concretar nuestras opciones y para no rendirnos a meros retoques reformistas.
Pondré ejemplos.

La apabullante carrera de armamentos del siglo XX dio lugar, en un momento dado, a que tuvieran popularidad las propuestas de «desarme», por las que se intentaba que los Estados llegaran a acuerdos de reducción pactada de sus arsenales de armas para evitar el riesgo de acabar usándolas.

Estos acuerdos de desarme, por cuanto que reducían la escalada de armamentos y con ello el riesgo de guerra, y en la medida en que también reducían la producción de armas, fueron alegremente apoyados por las corrientes mayoritarias del pacifismo y la estrategia de desarme pasó a ser considerada como una estrategia pacifista.

Ahora bien, el desarme se ha mostrado como una estrategia muy poco pacifista y sí más bien una herramienta de modernización de arsenales militares y de sofisticación de las industrias bélicas. Hoy en día (al margen de lo endebles que se muestran dichos acuerdos cuando uno de los firmantes ve que puede cobrar más ventajas de incumplirlos que de respetarlos) es más que dudoso que el pacifismo deba prestar tanto apoyo al desarme.

El «desarme» que no viene acompañado de una apuesta de «desmilitarización» o de ir más allá del mero desarme hacia la superación del armamentismo y de sus apoyos, no es una estrategia pacifista. El pacifismo, y el antimilitarismo menos aún, no aspira al desarme, que acaba siendo una propuesta desde el poder y el paradigma dominación violencia, sino a la desmilitarización, al cambio de paradigma o, al «trans» (ir más allá de) «arme» (no es el momento de analizar los puntos fuertes y débiles del término y de la propuesta, que anunciamos para otra ocasión).

Si se consigue una reducción de armamentos, en un momento dado, o un pacto que limite la producción de armas o de algún tipo de ellas, o determinadas investigaciones, o cualquier otro aspecto singular, bienvenido sea, pero no es ese el propósito al que apuntar ni el punto de llegada al que destinar nuestros esfuerzos.
El desarme no es nuestra aspiración y el trabajo de lobby para conseguirlo no puede ser nuestro enfoque de trabajo, porque ese «pacifismo institucional» no incide en el cambio cultural y estructural, no quiere (o no busca eso) empoderar a la gente en otro modo de pensar y vivir, no hace interlocutor a la sociedad, sino a la élite. No desmilitariza, sino que apuntala el militarismo.

Por eso yo me desespero cada vez que el activismo antimilitarista y pacifista se obnubila ante propuestas de desarme o predica éste como nuestra aspiración. ¡Que desarmen ellos! Lo nuestro es la lucha por la desmilitarización, por el «trans-arme», por el cambio de paradigma global o como lo queramos llamar.
Precisamente contar con un horizonte alternativo, nos permitirá no hacer de ciertas apuestas o no conformarnos con ellas.

Y precisamente este horizonte es el que nos permite interconectar luchas y contextualizar la lucha contra la industria militar, junto con otras luchas:

  • 1- específicamente antimilitaristas (gasto militar, militarización cultural, educación por la paz, luchas anti-guerras, contra el reclutamiento, …) encaminadas a desmilitarizar la sociedad;
  • 2- inespecíficas (apoyo a refugiados y lucha migratoria, desahucios, renta básica, educación y sanidad garantizadas para todos, cooperativismo, …);
  • 3- encaminadas a responder a otros problemas sociales y al cambio estructural, y
  • 4- con otras causas “globales” (ecologismo, feminismo, bien común) encaminadas a superar el paradigma global caracterizado por un paradigma depredador-ecocida, patriarcal, explotador/injusto y de dominación/violencia.

De modo que (también) luchando «en feminista» (tanto como el feminismo, dándonos una lección muy de agradecer, está luchando ahora en antimilitarista por ejemplo en Euskadi), «en ecologista» (tanto como el ecologismo lo hace en antimilitarista, justo es reconocerlo), contra los desahucios, contra la xenofobia y el racismo, y un largo etcétera, luchamos contra la industria militar y contra la «preparación de la guerra» que se fabrica desde aquí.

De este modo, también luchando contra otros aspectos del militarismo, como pueda ser el gasto militar, o la obscena ocupación del territorio por el militarismo (ejemplos tenemos en Bardenas Reales, o en El Retín, o en la sierra de Aitana, o en el Teleno, por poner algunos ejemplos) o contra la militarización en las escuelas, o contra la violencia machista, o en favor de una masculinidad alternativa, o por modelos de consumo colaborativos y alternativos, o en causas de solidaridad internacional o … miles de luchas que se dan (aunque el sistema las obvia) y que harían interminable este trabajo con sólo nombrarlas, se está también luchando también contra el militarismo y contra la industria militar.

  • 2.- Quitar poder a la industria militar

Despejado este horizonte, que a la vez identifica aliados con los que compartir nuestras luchas, la lucha contra la industria militar cuenta con un primer brazo de acción enfocada a quitar poder a la misma industria militar.

Quitar poder que no se conforma con quitar un poco de poder, sino en quitarle todo (o tan poco) el que se pueda y tan rápido (o lento) como sea posible.
Como hemos explicado, la industria militar conlleva una serie de sostenes e instituciones implicadas en su apoyo y retroalimentación, de modo que la lucha contra la industria militar es, también la lucha contra todas ellas en cuanto que la nutren de apoyo.

Al referirnos a todos ellos, nos estamos refiriendo (a título de ejemplo que no excluye otras) a:

Se aporta este mismo cuadro en un pdf pinchando aquí:

La identificación de estos actores y la clarificación de su papel nos permitirá trazar campañas concretas de lucha contra uno o varios de ellos. Desde mi punto de vista nuestro principal interlocutor debe ser la sociedad (y no las élites), a la que constantemente apela el antimilitarismo como agente de cambio.
De ahí que las metodologías de esta lucha exijan varios presupuestos que deberíamos cuidar todo lo posible, como, por ejemplo:

  • 1) Necesitamos conocimiento. Y si no queremos que sea un conocimiento «prestado» que responda a otros intereses, debemos hacer el esfuerzo por generarlo también nosotros y (también) con y desde nuestros análisis. No se trata de no compartir ni dejar de agradecer los muy ricos aportes que podamos tener de toda índole y siempre valiosos, pero, y especialmente en lo que respecta a instituciones de un cierto pacifismo institucional, sin perder de vista que tienen otros intereses, que buscan otras interlocuciones y que parten de un ideario de «desarme» que no busca (o no prioritariamente) acabar con la industria militar ni en un contexto de desmilitarización global.
  • 2) Necesitamos generar contenidos y tener la capacidad pedagógica de trasladarlos a la sociedad, nuestra principal interlocutora, pues la acción antimilitarista apela al empoderamiento social y a la toma de los problemas, desde la conciencia, en manos de la sociedad como camino más eficaz para provocar cambios, mediante la acción directa y desobediente y la práctica diaria «de contraste» y alternativa de aquello por lo que luchamos.
  • 3) El énfasis principal de nuestro trabajo no debería ser crear «lobbies» de interlocución con los poderes y las élites, sino que se encuentra en apelar a la sociedad y empoderarla en metodologías de lucha social para romper con la lógica militarista.
  • 4) De ahí que en el caso de la industria militar las principales líneas de acción incorporan:
    • a. El debate e interlocución social, lo que implica destrezas de comunicación y de pedagogía y amplio trabajo hacia la sociedad (charlas, debates, talleres, encuentros, divulgación, acciones formativas …).
    • b. La apelación a la construcción de luchas desde abajo y entre todos (propuestas de acciones simbólicas y colectivas, objeción fiscal, retirada de fondos de bancos, …).
    • c. La denuncia y la acción de boicot y/o campañas de desobediencia.
    • d. La incorporación en la lucha de propuestas alternativas. No sólo queremos reducir las industrias militares. Queremos desmilitarizar la sociedad. Queremos cambiar el mundo.
    • e. La necesaria alianza con otras luchas sociales para co-incorporar nuestras luchas a las luchas globales, aprendiendo de ellas y aportando nuestra idiosincrasia.
  • 5) Sería deseable que consigamos elaborar un «hilo conductor» a esta lucha, de forma que no parezca que hacemos acciones aisladas en momentos puntuales, sino que las acciones respondan a todo un relato ordenado y plural en forma de campañas amplias y con agendas concretas.
  • 6) No perder de vista que esta lucha es específica y (también) global y buscar dejarnos afectar por las agendas globales y afectarlas en la medida de lo posible, buscando alianzas que nos potencie y las potencie.
  • 3.- Construir alternativa

Negar poder al paradigma vigente ya construye, en su reverso, alternativa. El «No» es una impugnación práctica y en toda regla al «Sí positivo»;. Por otra parte, nosotros no somos arquitectos sociales, encargados de desmontar la estantería a punto de caerse por su peso de nuestro alocado mundo, sino simple gente de a pie que luchamos, con la facultad de conciencia de que somos capaces, contra el fatalismo y la catástrofe que estamos construyendo y contra nuestra colaboración, consciente o no, en ella.

De este modo, podríamos decir que conformarnos con luchar contra la industria militar y centrarnos únicamente en la dinámica de «quitar poder» ya construye de por sí una alternativa y que no tenemos por qué especificarla en programas y actuaciones que, en buena medida, pueden ser más tarde absorbidos por el sistema y su tremenda capacidad de deglución en su propio beneficio.

De este modo estamos afirmando que la alternativa, en su globalidad, está en cambiar el paradigma y no en retocar sus instituciones e instrumentos.
Una parte de los grupos que han luchado tradicionalmente contra la industria militar desde el plano antimilitarista vienen a decir, por tanto, que a la misma no hay alternativa que valga, entendida en términos de medidas para su conversión o desmantelamiento, y que la alternativa es quitar la industria militar, sin más.
Aún en este caso, la doble dinámica quitar poder/empoderar la alternativa, sigue funcionando, en la medida en que el trabajo de quitar poder es, a la vez, construcción de alternativa.

Pero fuera de toda pretensión de construir un programa catequético de desinvención de la industria militar, que siempre puede acabar siendo una mera propuesta de reformismo que nos devuelva a la idea de «desarme» y no de «desmilitarización», es lo cierto que en la medida en que vamos «quitando poder» a esta, se va generando otra oportunidad de prácticas alternativas, que abundan en la dinámica de empoderar el paradigma cooperación-noviolencia.

Y nuestro esfuerzo debería ser ayudar a advenir estas nuevas prácticas, no sólo en lo que se refiere en la transferencia técnica de recursos o de conocimiento a sectores socialmente útiles, sino, sobre todo, en lo que pueda suponer de oportunidad para cambiar las relaciones sociales que se derivan de quitarle poder a la industria militar (respecto de los trabajadores, de las posibilidades de organización del mundo de trabajo, de las zonas que se van liberando del monocultivo militar, de los pueblos que se libran del armamentismo…).
En el campo de la industria militar se han dado diversas experiencias que, si bien no son un referente acabado y, en muchos casos no son sino un mero refuerzo del militarismo, nos pueden servir para desenmascarar el argumento de que no es posible desmantelar la industria militar porque sería una catástrofe (con apelaciones a los muchos trabajadores perjudicados, etc.).

Insisto que no son ejemplos para proponernos imitarlos, sino para apuntar con el dedo a la mentira de que no se puede hacer nada fuera de vender armas o generar parados con la industria militar. También para aprender de sus errores y puntos débiles.

En el contexto de final de la guerra fría, URSS se vio envuelta en el verdadero colapso a que le llevó una industria militar asentada en diversas repúblicas periféricas (Ucrania, Bielorrusia) de su poder central.

Una de las estrategias de salida para estas zonas (con más de tres millones de trabajadores vinculados a estas) fue la conversión de parte de esta industria, centrada en la producción de piezas mecánicas para tanques y otros ingenios militares, en fábricas para producir alimentos básicos (Espagueti, almidón alimentario, envasado de alimentos, …) o para producir vehículos destinados a la agricultura (a un modelo intensivo de agricultura que necesitaba muchos tractores). Incluso algunas de las industrias militares obsoletas fueron «reapropiadas» de forma espontánea por los trabajadores para autogestionarlas y reorientar su producción hacia otras necesidades sociales.

No queremos decir con ello que el ejemplo a seguir sea alimentar un productivismo que reordene la producción militar hacia otra de uso civil, sin cambiar el marco general, sino que, si se quiere, se puede (incluso desde una mentalidad estatista y una iniciativa industrial pública como era la URSS y es gran parte de la industria militar española dependiente del Estado y construida en torno a empresas públicas o participadas por el propio Estado) cambiar el modelo productivo hacia otro tipo de producción (¿y por qué no de modelo organizativo empresarial, la cultura empresarial y la propia “propiedad” de los medios de producción?)
Otros dos ejemplos significativos fueron las iniciativas Konver y Tacis patrocinadas por el bloque europeo en los años 90, tras la caída del Pacto de Varsovia, la reunificación de Alemania y la invasión de Irak por la operación «tormenta del desierto».

El programa Konver fue un programa financiado por la UE para la «conversión» de la industria militar en zonas de la propia Europa occidental para «diversificar» y «reconvertir» industrias militares que se preveían innecesarias en Alemania del Este, Italia, Francia y España.

El programa KONVER destinó 87,9 millones de ECUS a este propósito de reconversión y desmanteló parte de las industrias militares de los cuatro países. Al mismo se unieron otros 17 millones de euros más para la Alemania del Este.
Podemos hacer la crítica obvia a este programa. La industria militar europea no se ha reducido precisamente desde entonces. Como es lógico, un programa así y pensado «desde dentro» del paradigma militarista y el contexto de «desarme» que conlleva, no podía dar otro resultado, pero el ejemplo indica que, si se quiere, se puede provocar un cambio de modelo de desarrollo de una región vinculada al monocultivo militar hacia otro distinto. No es problema de posibilidad, sino de intereses y esa es la parte que nos sirve para nuestro propósito no de querer un programa Konver para Cádiz, pongamos por caso, sino de luchar por un modelo de desarrollo diferente y no de mera desmilitarización que, como se ha demostrado, no es cosa de dinero.

Podemos señalar que en relación a la Bahía de Cádiz, ya existen estudios tanto académicos como de la militancia ecologista que proponen modelos de desarrollo alternativos al monocultivo militar y que, gracias a los intereses combinados de Diputaciones, partidos políticos, industrias militares y sindicatos amarillistas, son constantemente ninguneados y ocultados.

Volviendo a nuestro relato, el segundo programa TACIS, también financiado por Europa con otros cerca de cinco millones de ecus, se desarrolló en Rusia, Ucrania y Bielorrusia y también se destinó a la reconversión de la industria militar ex-soviética.
Otros ejemplos, todos ellos igualmente dentro del paradigma militarista, de conversión los ha emprendido Estados Unidos a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, o los ha sufrido Japón con el desmantelamiento de su potente industria militar tras la misma guerra mundial.

También contamos con actuales estrategias, adoptadas bajo una idea de diversificación (no de alternativa) por industrias militares, como es el caso de la producción de aerogeneradores o de ingenios de energías limpias por parte de la industrias militares navales (por ejemplo, NAVANTIA en España) o hacia actividades y producción de robots u otros para la «desmilitarización» de zonas de guerra (desminado, drones de siembra de plantas, etc.).

Igualmente resulta factible, en las tecnologías de doble uso aprovechar éstas para potenciar verdaderas necesidades sociales y civiles (sanitarias, de construcción eficiente, tecnológicas, etc.).

Insistimos que todas estas medidas, en sí misma, no ofrecen una dificultad técnica pero tampoco una alternativa si no van acompañadas de un verdadero enfoque alternativo encaminado no a crear una mayor eficiencia de las industrias y su modelo depredador y dominador de negocio, sino a construir un modelo de desarrollo alternativo.

Con arreglo a todo ello, igualmente presento un cuadro que sugiere las muchas dimensiones y aspectos donde, en la construcción de alternativas, ya sea como exigencias y pretensiones, sí tenemos mucho que decir.

Lo he dividido en cuatro pasos lógicos (cuatro «R») que considero que pueden reordenar nuestras agendas de trabajo antimilitarista, y teniendo en cuenta en cada uno de ellos diversos aspectos (puede haber otros que no se me han ocurrido o que se consideren mas oportunos) que creo que tienen relevancia en el tema de la industria militar.

Veámoslo:

El mismo cuadro lo podemos encontrar en pdf pinchando aquí:

Esta «alternativa», sin duda no es un recetario de medidas para desmantelar la industria militar y apunta a muchas otras dimensiones que, necesariamente, hay que contemplar en un trabajo global que, más bien, es romper un nudo gordiano y no empeñarse en deshacerlo.

Como es evidente, abordamos dimensiones relacionadas con luchas globales que persiguen, también, romper el nudo gordiano del paradigma global vigente y responder a los múltiples problemas y males que provoca.

Y sin duda ello nos impone la necesidad de encuentro con otras dimensiones de la lucha, de las que debemos aprender tanto en sus prácticas y metodologías, como de sus fines y campañas, y a las que podemos aportar, también, nuestro granito de arena y el modesto interés en que también formen parte de sus agendas propias la lucha contra esta fatal industria militar, que pasa de ser una lucha específica del militarismo a una lucha global más a la que dedicar los esfuerzos.

El hecho de que actuaciones éticas de signo más individual, como la de Ignacio Robles, el bombero que se negó a prestarse a apoyar la venta de armas, o colectivas, como las del movimiento feminista de Euskadi contra la industria militar vasca vienen a corroborar la transversalidad y la necesidad de nuevos enfoques que tiene esta lucha común.

Todo un reto para un movimiento antimilitarista que parece salir de su letargo.

Ver también:

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (I)

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (II)

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (III)

¿Radiografiamos la industria militar, ese asombroso caso de éxito? IV

Radiografiamos la Industria Militar. Ese espectacular caso de éxito (V)

Categorías: Tortuga Antimilitar

Mesa mediterránea

17 April, 2019 - 00:00

Categorías: Tortuga Antimilitar

Tita Barahona: "Rosa Luxemburgo no fue una feminista"

17 April, 2019 - 00:00

Canarias Semanal / Tita Barahona

Al igual que ha sucedido con otros comunistas como Antonio Gramsci, la figura y el legado de la gran marxista polaca Rosa Luxemburgo ha sido, y sigue siendo, objeto de innumerables manipulaciones.

Así, aunque Luxemburgo se destacó, entre otras cosas, por su lucha sin cuartel contra el llamado "reformismo", que renunciaba al carácter revolucionario del marxismo y acabaría dando lugar a la actual socialdemocracia, hoy no son pocos los que pretenden falsificar sus análisis para justificar su propia adaptación al sistema capitalista, enfrentando artificialmente a Rosa Luxemburgo con los planteamientos de Lenin.

Del mismo modo, se ha convertido en una suerte de moda que estas corrientes socialdemócratas, hoy hegemónicas en el movimiento feminista, traten de edulcorar a Rosa, convirtiéndola en una "feminista más", defensora de los derechos "de todas las mujeres" sin importar cuál fuera su clase social.

Para acercarnos de manera rigurosa a la figura de esta revolucionaria, desmontando falsificaciones y aclarando equívocos, entrevistamos a nuestra colaboradora Tita Barahona, historiadora y feminista marxista.

- Tita, recientemente participaste en un acto de homenaje a Rosa Luxemburgo, celebrado con motivo del centenario de su asesinato. Pero la vida, la actividad política y la producción teórica de Rosa dan, más que para una charla, para escribir muchos libros y para realizar innumerables debates, por lo que suponemos que tuviste que centrarte en algunos aspectos concretos.

Efectivamente, Rosa Luxemburgo es una figura central en la historia del socialismo mundial y en la historia del siglo XX. Se puede afirmar, sin caer en ningún tipo de exageración ni en panegíricos, que fue una mujer extraordinaria. En su cuerpo menudo, "de andar patoso", como decía ella misma, anidaban una inteligencia, una voluntad y una sensibilidad de gigante. Rosa discutió de igual a igual con los grandes maestros de la teoría y praxis socialista y tanto su práctica política como su obra teórica, íntimamente ligadas en el marxismo, desbordan cualquier acercamiento sucinto.

En el acto homenaje al que te refieres hubo otro compañero que trató los aspectos más políticos de su biografía, de manera que yo centré mi intervención en la confusión que hoy existe sobre si Rosa fue feminista o no lo fue, así como en otros aspectos relacionados con su vida interior.

- Nos gustaría preguntarte por el primero de estos dos temas. ¿Rosa Luxemburgo fue feminista?

La confusión sobre este tema, a veces inocente y otras veces interesada, se está dando hoy tanto en las filas del feminismo como en las del comunismo. Por un lado, hay quienes piensan que Rosa merece un sitio en la historia del feminismo por el hecho de que fue una mujer sobresaliente, independiente y capaz de convertirse en una dirigente en pie de igualdad con sus compañeros varones. Otros opinan, por el contrario, que Rosa no era feminista, sino comunista. Lo primero es una equivocación, con matices. Lo segundo es una verdad, pero también con matices.

- ¿A qué te refieres, exactamente?

Bueno, para empezar, resulta imprescindible contextualizar el debate históricamente. En la época en que Rosa Luxemburgo vivió se llamaba "feministas" a las mujeres de la burguesía que comenzaban a organizarse por los derechos civiles, mientras que a las mujeres obreras organizadas se las llamaba socialistas. Socialistas o socialdemócratas se llamaba también a quienes luego serían comunistas. Y, seguramente, encontraríamos más términos designativos de grupos o prácticas de aquella época que ahora denominamos con otras palabras. Por ese motivo, contemporáneas de Rosa que ahora figuran en la historia del feminismo socialista, por derecho propio, como Alexandra Kollontai y Clara Zetkin, no se autodenominaban feministas, sino socialistas.

- ¿Es por eso que algunos compañeros sostienen que estas revolucionarias estaban contra las "feministas"?

Obviamente, estas revolucionarias estaban contra ese feminismo burgués y, por ejemplo, hay un célebre texto de Luxemburgo, "El voto femenino y la lucha de clases", en el que ella afirma explícitamente que lo que el Estado teme y niega es el voto de las mujeres obreras, que "acertadamente ve como una amenaza para las instituciones tradicionales de la dominación de clase". En ese mismo texto, Rosa deja meridianamente clara su opinión sobre las mujeres burguesas, como enemigas de clase de las trabajadoras y los trabajadores, muchas de las cuales votarían por "mantener la explotación y esclavitud del pueblo trabajador, del que reciben indirectamente los medios para su existencia socialmente inútil".

Dicho esto, hay que aclarar también que con el tiempo, probablemente durante los años 40-50, las mujeres socialistas y comunistas se comenzaron a llamar feministas marxistas o socialistas, y así se ha mantenido hasta hoy. Por eso, en mi opinión, no tiene mucho fundamento lo que un sector del comunismo sostiene respecto a que el feminismo es sólo un fenómeno burgués y, como Luxemburgo o Kollontai no se llamaban feministas, entonces las marxistas de ahora tampoco deberían denominarse así. Aplicando la misma lógica nominalista, quizás los comunistas deberían seguir llamándose socialdemócratas o socialistas. En cualquier caso, está bien recordar que el feminismo marxista ha hecho una enorme contribución al estudio del origen y la reproducción de la opresión y explotación femeninas, históricamente, desde una perspectiva de clase.

- ¿Entonces se podría incluir a Luxemburgo entre estas feministas marxistas?

Para formular un juicio fundado a este respecto, y no una mera opinión basada en el deseo o las simpatías de cada uno, es preciso partir de unos criterios definitorios. Si partimos de que la historia del feminismo socialista la conforman quienes han contribuido, con su teoría o con su militancia volcada a la cuestión femenina, a hacer avanzar la teoría y la praxis del movimiento, como lo hicieron Kollontai y Zetkin, entre otras, entonces Rosa no entraría aquí; porque ella volcó toda su actividad y estudio, que fue muchísimo y enormemente productivo, en temas más generales: la economía política, la acumulación de capital, la huelga, el reformismo, el militarismo. En asuntos estratégicos para la revolución socialista, causa a la que dedicó su vida y por la que fue finalmente asesinada.

- ¿Quiere decir esto que a Rosa Luxemburgo no le interesó la llamada cuestión femenina o la emancipación de las mujeres?

No. No quiere decir eso, y de ahí que antes me refiriera a "los matices" que era necesario aportar a este respecto. Que ese no fuera el tema al que dedicó principalmente sus esfuerzos no significa que la cuestión femenina no le preocupase, ni que no tuviera interés en ser partícipe de las discusiones que en torno a ella se tenían en el seno del partido social-demócrata. Todo lo contrario.

- ¿Cómo fue esta participación?

Con la brevedad que requiere una entrevista, cabe recordar, por ejemplo, que en 1910 encontramos a Rosa en Copenhague, con motivo de dos importantes reuniones: la II Conferencia de Mujeres Socialistas (25-27 de agosto) y el VIII Congreso de la Internacional Socialista (28 de agosto-3 septiembre). Pero ya en vísperas del Congreso de Stuttgart (1907) se había reunido en dicha ciudad la I Conferencia de Mujeres Socialistas, y en ambas reuniones estuvo Rosa, junto a su camarada y amiga, Clara Zetkin.

- ¿Qué temas se trataron en esas conferencias?

En ambas conferencias se planteó como principal reivindicación el voto femenino y, en general, la equiparación de derechos laborales y políticos entre el hombre y la mujer. Pero frente a la táctica de las organizaciones "feministas", se postuló la acción reivindicativa de los derechos de la mujer dentro de las mismas organizaciones políticas y sindicales que los hombres, esto es, integrándose en el movimiento obrero sin discriminación alguna. En este sentido se configuraron dentro de los Partidos de la Internacional comisiones o secciones de mujeres más bien concebidas como entidades de estudio de una problemática específica y como instrumento de estímulo para que las mujeres se adhirieran a las organizaciones obreras.

- Antes te referiste a un célebre texto de Rosa Luxemburgo, "El voto femenino y la lucha de clases", que aunque hoy se puede conseguir fácilmente a través de Internet no parece que sea muy leído por ciertas feministas que, sin embargo, dicen ser seguidoras de su legado.

En efecto. Ni por quienes intentan blanquearla, como ese feminismo social-liberal de postureo que recurre a citas suyas para adornar sus discursos, como hizo una señora académica hace poco, respondiendo en una entrevista que "el 8-M" quería un mundo -citando a Rosa- "donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes, y totalmente libres". Un mundo, por cierto, que el discurso feminista social-liberal nunca nombra, mientras que Rosa, por el contrario, se sentía orgullosa de nombrar. Ese nombre era y es socialismo. Socialismo o barbarie.

Y ciñéndome más a tu pregunta, hay que decir que darse por entendidas o entendidos de la obra de alguien sin haber leído bien sus textos no afecta solamente a la obra de Rosa Luxemburgo, ni al movimiento feminista. Lamentablemente es muy habitual que se hable sin el mínimo conocimiento sobre los temas que se están tratando.

Intervención de Rosa Luxemburgo en Stuttgart

El texto del voto femenino y la lucha de clases es, efectivamente, muy conocido, corresponde a un discurso que da Rosa en 1912, con motivo de las II Jornadas de Mujeres Socialdemócratas, celebradas en Stuttgart. En él, se congratulaba de los avances que estaban experimentando las mujeres proletarias tanto en sus vidas personales como en el compromiso y militancia en las organizaciones obreras. Rosa las animaba a seguir luchando por el derecho al voto, y concluía, de forma contundente:

- Entonces, Tita, para finalizar, y esperando que nos perdones la simplificación, ¿era o no era feminista Rosa Luxemburgo?

Bien, si alguien se empeñara en plantear la pregunta en estos términos, sin atender a las contextualizaciones históricas y las puntualizaciones que son imprescindibles para aproximarse seriamente a cualquier tema, yo contestaría que Rosa, en puridad, no era feminista. Pero inmediatamente tendría que volver a matizar que ello no significa que no simpatizara con la causa de la emancipación femenina. Esto, en realidad, es aplicable a muchísimas mujeres. Pensemos, por ejemplo, en una contemporánea suya, también polaca, Marie Curie. Ella fue una mujer que rompió moldes en su época, pero se volcó enteramente a la ciencia, no a la militancia feminista o a la elaboración de hipótesis sobre la opresión de las mujeres. El hecho de ser mujeres no hace a Rosa o a Marie feministas, pero tampoco anti-feministas, desde luego.

Canarias-Semanal.org

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mW0

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“En América Latina la participación de las mujeres en política se criminaliza, se desacredita y es perseguida”

17 April, 2019 - 00:00

El acceso de políticas al poder siempre ha encontrado resistencias. Es una cuestión de genero que en Bolivia está siendo regulada para evitar violencia política contra más de la mitad de la población.

Lula Gómez

Las violencias contras las mujeres se deben conjugar en plural: físicas, psicológicas, económicas y también políticas, que es cuando el sistema no permite su participación como alcaldesas, diputadas o presidentas. “Hay avances, sí, pero también hay represalias para recordarles que molestan en la política”, afirmaba Elena Alfageme, de la ONG Alianza por la Solidaridad. Lo hacía en una jornada denominada “Mujeres y poder” protagonizada por cuatro lideresas latinoamericanas.

“Yo puedo constatar las barreras que existen para llegar al poder. Y es fácil de explicar porque históricamente ese espacio ha estado ocupado por hombres. El hecho de que ellos hayan gobernado siempre parece que les garantiza que lo hacen bien. En cambio, cuando llegamos nosotras, se nos cuestiona”, afirmó Verónica Gálvez, alcaldesa de Puno (Perú). La política, que durante su legislatura ha denunciado 55 casos de acoso y violencia política contra las mujeres, subrayó la importancia de la participación política de las mujeres, de su empoderamiento individual y colectivo dentro de los partidos para no ser apartadas por las estructuras de poder y de la independencia económica, un aspecto, señaló, que funciona como “poder para tomar decisiones”.

El feminicidio de la concejala boliviana Juana Quiste, asesinada en 2012 por ser mujer es un ejemplo claro de la máxima violencia de cuando ellas toman el poder. “En América Latina, la violencia de género en la política ha sido identificada como un problema preocupante, una situación que empeora cuando las mujeres son de alguna etnia no mayoritaria, tienen orientación sexual no binario y/o proceden de zonas rurales”, señalan desde Alianza por la Solidaridad.

De ser indígena, mujer y rural habló Ana Rutilia Ical, defensora de derechos medioambientales y una de las líderes queq'chí más activas en defensa de los ríos guatemaltecos: “La participación de las mujeres en política se criminaliza, se desacredita y es perseguida”, señaló contundente al tiempo que recordaba que en su país no hay ni una sola mujer en el Gobierno y que la representación de las mujeres en la política es solo del 13%, mujeres blancas, principalmente. ¿Retos?: “Romper con la exclusión, el racismo y el despojo histórico”, señaló una de las voces más firmes de su país contra las empresas transnacionales como Grupo Cobra-ACS, involucrada en la realización de una gran hidroeléctrica. En su lucha por el medio ambiente Ana Rutilia firmó el recurso de amparo ante la Corte Suprema exigiendo la paralización de la obra. “Nos dicen que somos locas, alborotadoras y que somos un atentado contra el país mientras que ellos han matado a líderes con total impunidad”, apuntó.

Isolda Dantas, diputada electa por el Partido de los Trabajadores y ex regidora del municipio de Mossoró (Estado do Rio Grande do Norte, al nordesde de Brasil), subrayó el trato injusto que recibió la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff por una cuestión de genero. La política brasileña denunció machismo y misoginia en el proceso que hubo contra la mandataria, un asunto que le costó el puesto. Del panorama actual, tras la elección de Bolsonaro y el gobierno de Temer destacó el retroceso para los derechos de las mujeres. Para la política brasileña, las herramientas que quedan ante esa marcha atrás son dos: resistencia y articulación del movimiento feminista en Brasil, y de forma global.

La ley ha permitido dar a conocer 95 casos de denuncias y renuncias de políticas

Por su parte, Irene Achacollo, secretaria General de la Federación de Mujeres Campesinas Indígenas Bartolina Sisa, denunció la discriminación de las mujeres bolivianas por ser mujeres, campesinas e indígenas en el marco familiar, comunitario, en las organizaciones políticas y en la sociedad. Su país, primero en el mundo en crear una ley específica contra la violencia política contra las mujeres y que ha servido como modelo para una norma interamericana es un claro ejemplo del avance, pero también de los muchos obstáculos que todavía persisten para alcanzar la igualdad. Por una parte, según Elena Alfageme, en 2018 la ley ha permitido dar a conocer 95 casos de denuncias y renuncias de políticas, un avance, sin duda. Pero falta, prueba de ello es la impunidad ante los asesinos de la concejala asesinada en ese mismo país por el hecho de ser mujer, señaló.

Público

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Como lobo entre corderos. Mujer y antibelicismo

16 April, 2019 - 00:00

El Ayuntamiento de Montijo ha organizado un acto de homenaje a los soldados montijanos que participaron en las Guerras de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, entre 1895 y 1898. El acto en sí pierde su virtud de verdadera honra a quienes fueran carne de cañón y paludismo cuando se convierte en un acto castrense.

Chema Álvarez Rodríguez

Según se ve o se percibe, hay en el PSOE de algunos pueblos no solo un convencido afán de memoricidio, sino también un anhelo patriotero –más que patriótico- que huele a pan de munición en tiempo electoral y a corneta de cuartel, patente en actos a celebrar como el convocado por el alcalde del Ayuntamiento de Montijo en este pueblo para mañana, 29 de marzo, consistente en un "Homenaje a los soldados montijanos que participaron en las Guerras de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, entre 1895 y 1898".

El acto en sí, que no tendría nada de peculiar y sería encomiable si fuera un acto civil, pierde su virtud de verdadera honra a quienes fueran carne de cañón y paludismo allende las últimas colonias cuando se convierte en un acto castrense, militar a la más pura usanza guerrera, viril por más señas, presidido por un general de ferralla en pecho, fajín cruzado y sable al cinto, participado por un regimiento que hace los honores al son de marchas militares y al que asiste la clase política (no sé si acudirá también el señor obispo) y demás gente de boato y postín del pueblo, ellos con traje de chaqueta y corbata, ellas de punta en blanco, como marca el protocolo y la ocasión, que además la pintan calva y caqui porque estamos en tiempos de elecciones y actos como este, en el que se rinde devoción a la patria bajo manu militari y se agita la bandera, quedan muy bien entre la ciudadanía, a falta de otros en los que se pueda inaugurar cualquier cosa que dé sustanciosos votos.

Mujeres del Distrito Centro de la Agrupación femenina Flor de Mayo, 1933. En el centro, Amalia Caviá. Foto: Biblioteca Valenciana Digital

Nada que ver este PSOE con aquel que se opuso en 1898 a la guerra de Cuba, con la consigna de “¡O todos o ninguno!”, en clara oposición al discriminatorio sistema de la redención en metálico del servicio militar, que permitía librarse del mismo al que pudiera pagar 1.500 pesetas

Nada que ver este PSOE con aquel que se opuso en 1898 a la guerra de Cuba, con la consigna de “¡O todos o ninguno!”, en clara oposición al discriminatorio sistema de la redención en metálico del servicio militar, que permitía librarse del mismo al que pudiera pagar 1.500 pesetas de las de entonces, y que se convirtió en la primera campaña no obrerista del partido liderado por Pablo Iglesias Posse. Ciento un años después, quienes dicen llamarse socialistas sin tener ni pajolera idea de lo que eso significa, invitan al lobo a festejar la carnicería que en su día hizo con las ovejas.

Porque aquello de Cuba y Filipinas que ahora el alcalde de Montijo y demás cuadrilla cuartelera dicen honrar bajo salva de fusil, fue un matadero donde iban a morir los pobres desgraciados que no tenían donde caerse muertos a mayor gloria de políticos y militares de los que ni tan siquiera habían oído hablar, prolegómeno de lo que tenemos hoy día, en su gran mayoría ignorantes de la historia de este país al que venden, cuando menos te lo esperas, por un plato de lentejas, cuando no por un puñado de votos. Basta con leer las crónicas de la época para percatarse de la hostilidad con que fueron recibidos los repatriados que sobrevivieron a tales aventuras coloniales, culpados del desastre por los mismos políticos que les enviaron al corazón de las tinieblas por ser “poco bravos”.

Ya lo dijo Blasco Ibáñez en un artículo premonitorio, publicado en 1895 bajo el título ¿A quién aprovecha la guerra de Cuba?:
“Aprovecha a los bolsistas sin conciencia, que, partidarios fanáticos de la baja, esperan con ansiedad un cataclismo nacional y hacen votos para que nuestros soldados perezcan en espantosa derrota y sean macheteados a miles para poder ellos pescar millones en el pánico que tales hecatombes producen en la Bolsa”. Por este y otros artículos al uso, Blasco Ibáñez fue condenado a dos años de prisión.

Atormentados por lo que habían vivido, a su regreso los supervivientes fueron abocados a la marginalidad, la delincuencia y al olvido, como relata Pío Baroja en su novela Mala hierba y Manuel Ciges Aparicio, testigo de todo aquello, en unas memorias publicadas en el semanario de entonces Vida Nueva. Referencias como esta y otras muy esclarecedoras se pueden encontrar en el libro La España salvaje, recién editado por la editorial La Felguera, por cuya muestra en su escaparate fue amenazada hace poco la librería La Integral de Madrid.

Extremadura también pagó su cuota de sangre con miles de extremeños muertos en la manigua bajo el filo del machete, el paludismo y la disentería. Encontramos referencias en Tropas extremeñas en la crisis colonial. La guerra de Cuba (1895-1898) , artículo publicado por Julián Cháves Palacios en el primer número de La Revista de Estudios Extremeños en 1998. En este artículo se habla de la crisis de subsistencia que sufrieron las tierras extremeñas de aquella primavera de 1898, “agravada por la evolución negativa de un conflicto armado en el exterior que requería cada vez más dinero para sufragar los cuantiosos gastos militares, y que Extremadura, pese a sus especiales circunstancias, trató de paliar, colaborando en la suscripción que se abrió, en un ámbito nacional, para el sostenimiento de la guerra”.

Postal de la paz del Comité Femenino Pacifista de Cataluña.

Fruto de ese saqueo generalizado a beneficio de quienes hacían la guerra sin oler la pólvora, se dieron los motines de subsistencia de Badajoz de mayo de 1898 de los que nos habla Martin Baumeister en su libro Campesinos sin tierra. Supervivencia y resistencia en Extremadura (1880-1923), cuando las masas populares salieron a la calle a protestar por la subida o escasez del pan, en revueltas encabezadas en buena parte por las mujeres. Las acciones iban desde el bloqueo a las exportaciones de los cereales hasta el asalto de graneros y tahonas, sin olvidar lo que Beumeister llama las “taxations populaires”, acciones contra la especulación en las que se “secuestraban” los alimentos y luego se vendían entre la población a un precio justo, devolviendo el producto de la venta a los propietarios originales. Guareña, Villar del Rey, Olivenza, Llerena, Alburquerque… fueron algunos de los pueblos por cuyas calles desfilaron masas de desheredados, pero sobre todo de desheredadas.

Las mujeres, organizadas políticamente, constituyeron el primer grupo social antimilitarista del que tenemos constancia. Se oponían a la guerra, a cualquier guerra, a la Guerra como concepto, independientemente de las partes enfrentadas, tal y como se revela en Mujeres que se opusieron a la Primera Guerra Mundial, libro editado por "Mujeres de negro contra la guerra" en la editorial y librería libertaria La Malatesta (2018).

Ahí se nos habla de la noticia recogida en la revista Redención (conocida como la revista mensual feminista, fundada por las hermanas Ana y Amalia Carvia en Valencia en septiembre de 1915) acerca de la celebración en Valencia en 1899 de una "Asamblea femenina por la paz" con el objetivo de adherirse a la Conferencia de paz de La Haya. Poco antes, en 1896, se organizó la "Conferencia de Mujeres de Berlín", que contó con la participación de mujeres como la pacifista Anita Augsberg y su pareja, Lida Gustava Heymann. Feministas y pacifistas, abogarían de forma activa por el boicot a la guerra, propusieron formas políticas para acabar con el capitalismo e idearon un matriarcado para una futura sociedad. En 1923, viéndolas venir, pidieron la expulsión de Hitler de Alemania. El nazismo las persiguió, confiscó sus propiedades y destruyó sus escritos. Ambas murieron en Zurich, con pocos meses de diferencia, en 1943. Están enterradas en el cementerio de Fluntern.

Ana Muiña hace un recuento, también, en Rebeldes periféricas del siglo XIX (editado por La linterna sorda) de todas estas mujeres que contribuyeron a crear el movimiento pacifista. Recuerda la lucha antimilitarista de las mujeres riojanas, calificándola como “una de las primeras experiencias europeas modeladas como movimiento social”. Desde 1885, las mujeres españolas hacían plantes en las zonas de embarque de los quintos reclutados, protagonizaban sentadas en las vías de las estaciones de ferrocarril de Madrid y de Barcelona, agarradas a sus niños y niñas, para impedir que marcharan los trenes, paralizando de este modo los convoyes. Rosario de Acuña, Blanca de los Ríos, Emilia Serrano, Soledad Gustavo, María Fontcubierta, Alba Ferrer, Soledad Villafranca (compañera de Ferrer i Guardia), Francisca Concha (compañera de Anselmo Lorenzo) y sus hijas Mariana y Flora, Julia Ibarra, Carmen de Burgos, Teresa Nogués, Concepción Arenal, Teresa Claramunt, Antonia Trigo, Antonia Maymón, Concha Ortiz, Natividad Rufo… y muchas otras mujeres se significaron política y activamente contra todas las guerras, desde las de la Independencia a las de Marruecos, sufriendo multas, persecución y prisión por ello. Sus nombres, a veces, son difíciles de encontrar en la historiografía oficial, como los de Doñeva de Campos o Teresa Escoriarza, corresponsal en las guerras de África, de quien se dice que dio el primer discurso feminista de la radio española, en mayo de 1924, en Radio Ibérica (Ni ofelias ni amazonas, sino seres completos: aproximación a Teresa de Escoriarza, de Marta Palenque en la revista Arbor del CSIC).

Llamativo fue también el Comité Femenino Pacifista de Catalunya (CFPC), organización antimilitarista creada en 1915 en Barcelona al que pertenecieron Carmen Karr, Dolores Monserdá de Maciá, Julia Suñer, María Grau de Haussmann, Antonia Ferreras, Carmen de Lasarte, Teresa Portolés, Mercedes Padrós… Este Comité tuvo un fuerte sentimiento internacionalista, y entre sus objetivos estaba el de unir a todas las mujeres del mundo contra la guerra. En uno de sus manifiestos se decía: “Que no se diga que nos quedamos calladas, que no pedimos el fin de la tragedia, como si no existís en tota Espanya una sola dòna amant de la Pau”.

Aquellas mujeres organizaron en noviembre de 1915 un concurso de dibujo para elaborar la Postal de la Pau, en el que participaron numerosos artistas y que después se editó y sirvió para mandarla a los gobernantes europeos pidiendo el fin de la guerra.

Aunque sé que es como predicar en el desierto de una sociedad que anda todavía alimentando odios entre lazos y banderas, trapos de colores al fin y al cabo, y que entiende la paz bajo la premisa de la preparación para la guerra y no para la defensa de una vida digna de vivir, sirva al menos este texto de desagravio de quienes murieron y penaron por la gloria y beneficio de otros (los de siempre), y ciérrese con la estrofa de aquella copla popular de principios del siglo XX con la que se les despedía a estos pobres desgraciados antes de embarcar camino del matadero:

“¡Pobrecitas madres, cuánto llorarán, al ver que sus hijos ya no volverán!”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/antim...

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Bailando el Sarri Sarri

16 April, 2019 - 00:00
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Diez propuestas antimilitaristas que los partidos obviarán en la campaña electoral

15 April, 2019 - 00:00

Una organización política cercana y amiga nos solicita diez propuestas antimilitaristas concretas para, junto con sugerencias de otras temáticas, hacérselas llegar a los partidos políticos, en estas semanas de desarrollo de sus programas electorales. En el Grup Antimilitarista Tortuga somos bastante escépticos en relación a todo lo que tiene que ver con partidos políticos, procesos electorales y gobiernos de "representación". En realidad muchos de nosotros somos apóstatas del censo electoral y alguno que otro, además, es persona objetora a la obligación de integrar mesas electorales. Sin embargo no vemos razón en negarnos a ofrecer este decálogo de buenos deseos desde la óptica antimilitarista. Incluso teniendo una más que fundada sospecha de que nuestras "sugerencias" caerán en saco roto, también en el caso de los partidos que se definen como "progresistas".

Por otra parte, en nuestro grupo, puestos a pedir, somos más de solicitar la abolición de los ejércitos, de todas las formas de militarismo, del estado y el sistema capitalista. Pero como se nos solicita concreción, ahí va un ramillete de propuestas algo más "posibilistas":

1-Supresión de todas las misiones de injerencia militar del ejército español en diversos escenarios del globo.
2-Disolución de la UME y dedicación de sus partidas presupuestarias a brigadas civiles de intervención ante contingencias naturales.
3-Cese de toda actividad de publicidad, adoctrinamiento infantil-juvenil y exhibición de tipo militarista.
4-Cese de la colaboración militar con EEUU: devolución de las bases militares de utilización conjunta, prohibición de que EEUU (ni ningún otro país) pueda utilizar el espacio aeronaval español y sus instalaciones aeroportuarias como apoyo logístico en cualquiera de sus guerras.
5-Salida de la OTAN a todos los efectos.
6-Plan de disminución anual del gasto militar con objetivos a corto, medio y largo plazo.
7-Desmantelamiento de, al menos, el 50% de las instalaciones militares y reversión de su uso a finalidades de utilidad social.
8-Cese de la guerra contra las personas migrantes en la frontera sur española: desmantelamiento de los vallados de Ceuta y Melilla. Cierre de todos los CIE.
9-Plan plurianual de disminución de todos los cuerpos policiales, estatales y autonómicos, con objetivos a corto, medio y largo plazo. Derogación de la Ley Mordaza.
10-Cese del régimen FIES en las prisiones. Cese de los malos tratos a personas presas. Mejora de la atención socio-sanitaria. Cumplimiento de la normativa para que las personas con graves enfermedades no permanezcan en la cárcel.

Quedamos a la espera de que los partidos políticos llamen a nuestra puerta para concretar y perfilar mejor estas propuestas, de cara a incorporarlas a sus respectivos programas electorales.

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Messi vs mausi

15 April, 2019 - 00:00
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El meu poble és com un ancià

15 April, 2019 - 00:00

El meu poble és com un ancià
Mala llet, cos arronsat
Segut en cadireta
Mirant la carretera
Barret de palla amb cinteta nacional

S'alça amb els peus arrosegant
Entra en la casa del davant
Sols s'en recorda de l'infància
De sa mare, de l'horta
I dels anys que passaren fam

L'home té una dona
Que va a missa a tot hora
Juga a cartes en les amigues,
Rega plantes, trenca olives
Cadernera que a la gàbia li diu llar

La dona està vella
L'home està vell
Entre ells parlen
Sense molt enteniment

Tenen un fill alt i ros
Amb mirada perduda, gros
Deixalla des dels noranta
Perill públic a tots espanta
Beu cervesa mirant futbol

Al costat viu el seu veí
Pescador, separat, fadrí
Parla molt i no sap res
Menja arròs a les tres
Sense dents pel verí

La dona està vella
L'home està vell
Ho saben els altres
Ho saben ells.

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La II República española como proyecto político al servicio del militarismo y de la burguesía

14 April, 2019 - 00:00

El 14 de abril sigue siendo una fecha de referencia para quienes conmemoran la instauración de la II República, al mismo tiempo que reivindican el legado político de aquella experiencia histórica. Sin embargo, cuanto más se conoce dicho periodo más rechazo suscita en la población, sobre todo en la medida en que aquel régimen se caracterizó por su extrema violencia y crueldad con el pueblo llano.[1] A pesar de esto se sigue sin entender el significado histórico del régimen republicano, especialmente en la medida en que esta experiencia es sustraída del marco histórico general del que forma parte, y es reducida a una simple lucha de poder entre diferentes grupos sociales y políticos.

En primer lugar hay que contextualizar el advenimiento de la II República en términos históricos e internacionales, lo que significa tomar como referencia los grandes procesos en los que se vio envuelto el Estado español en su desarrollo histórico. Esto nos obliga a considerar la influencia de los factores externos, situados en la arena internacional, en el cambio de la forma monárquica del Estado a la forma republicana.[2] En lo que a esto respecta no hay que perder de vista que los Estados europeos estaban inmersos desde hacía varios siglos en un proceso de modernización permanente, lo que era fruto de su mutua competición en la esfera internacional. Con modernización nos referimos a un movimiento histórico-político hacia formas de gobierno de carácter burocrático, racionalizado, centralizado e impersonal,[3] que supusieron la concentración, acumulación y centralización de una cantidad creciente de poder en manos del Estado para adaptar su esfera doméstica a los desafíos de la competición geopolítica internacional. La modernización constituye, desde esta perspectiva política e internacional, parte del proceso de construcción del Estado territorial y soberano.

En la medida en que los Estados no existen en el vacío, sino que por el contrario forman parte de un sistema de Estados en el que interactúan y donde impera un contexto de competición y mutua hostilidad, no puede ignorarse la influencia que el medio internacional ejerce sobre la esfera doméstica de los Estados. Así pues, en dicho medio se desarrollan una serie de relaciones de las que de un modo espontáneo y no intencionado se forma una estructura de poder fruto de la desigual distribución de capacidades internas de los Estados.[4] Esta circunstancia es la que hace que la estructura de poder presione sobre el interior de los Estados y afecte no sólo a su comportamiento en el ámbito internacional, sino también a su constitución interna.[5] La modernización como tal no es sino el efecto no premeditado de la competición geopolítica de los Estados, y en la que la guerra ha desempeñado un papel central como impulsora del cambio político en la esfera doméstica.[6] De este modo la modernización es el proceso de permanente adaptación del ámbito interior de los Estados a los constantes desafíos presentados por la esfera internacional.

El Estado español había ostentado una posición dominante en el sistema internacional hasta el s. XVII, y a partir de entonces declinó como gran potencia en la medida en que otros Estados le tomaron la delantera como fueron los casos de Francia e Inglaterra. España sólo conservó cierta relevancia internacional gracias a sus posesiones coloniales en América hasta el s. XVIII, siendo para entonces una potencia de segunda fila. Tanto Francia como Inglaterra desarrollaron una serie de cambios en sus respectivas esferas domésticas que les permitieron aumentar sus capacidades nacionales, y con ello maximizar su poder tanto a nivel interno como a nivel externo en su competición por la hegemonía internacional. Esto fue muy evidente en el transcurso de las guerras napoleónicas, debido sobre todo a que la preeminencia de Francia se debió a los cambios que se produjeron en la constitución interna del Estado como consecuencia de la revolución. A través de la revolución Francia estableció un gobierno directo sobre la población, lo que incrementó sus capacidades organizativas para movilizar una cantidad creciente de recursos materiales, económicos, humanos, etc., con los que aumentó su poder militar y, por tanto, su poder internacional.[7] Sin embargo, en España los cambios necesarios para situar al país al mismo nivel que las restantes grandes potencias del momento no fueron llevados a cabo, y cuando estos intentaron ser puestos en práctica tras la derrota de Napoleón encontraron una fortísima oposición entre la población.

Mientras la Francia revolucionaria fue capaz de reunir una fuerza militar de casi un millón de efectivos gracias a la modernización acelerada del Estado, España se sumió en un estado de postración internacional ante la arrolladora maquinaria de guerra francesa, hasta el punto de ser invadida. Tal es así que la resistencia armada contra Napoleón fue ejecutada por el propio pueblo, mientras las élites locales rendían pleitesía a los ocupantes. Esta manifiesta posición de debilidad internacional condujo a la élite mandante española a tomar medidas enérgicas dirigidas a aumentar el poder del Estado mediante un incremento del control sobre su territorio, es decir, sobre la población y los recursos materiales, económicos, etc., disponibles. Esto supuso la imitación del modelo que representaba en aquel momento Francia, lo que dio comienzo a la revolución liberal con la promulgación de la constitución de Cádiz de 1812.[8] A partir de entonces el Estado español se sumió en un ciclo de experimentación política dirigido a modernizar sus estructuras internas con el propósito de reforzar su poder militar y recuperar el estatus de gran potencia. Fue un proceso liderado por los mandos militares, pues no olvidemos que el Estado moderno fue hasta bien entrado el s. XX una institución exclusivamente militar, y por ello una máquina para la guerra que únicamente de forma tardía desarrolló otro tipo de funciones de carácter civil.[9]

Como consecuencia del papel dominante del ejército en la política española del s. XIX algunos autores, como Daniel R. Headrick, muy acertadamente han catalogado el sistema político español de aquel entonces como un sistema pretoriano.[10] Esto conllevó la permanente experimentación de regímenes políticos diferentes que no terminaron de funcionar, y que sumieron al país en una constante guerra civil debido a la oposición popular que suscitó el crecimiento del Estado y su progresiva intromisión en una cada vez mayor cantidad de ámbitos de todo tipo.[11] Por el camino España perdió su imperio y en diferentes ocasiones, como durante la I República, el Estado estuvo a punto de desaparecer. Por tanto, el proceso de modernización del Estado español sumió al país en una profunda crisis política y social que a largo plazo impidió que lograse recuperar su antiguo estatus de gran potencia en el concierto internacional. Sin embargo, esto no hizo que los intentos de la élite mandante cesaran en la búsqueda de ese relanzamiento del Estado en la esfera internacional, lo que, como decimos, implicaba la transformación de su esfera interior y la adaptación de la sociedad a sus necesidades estratégicas en la lucha geopolítica internacional. Esto se concretaba en incrementar los recursos del Estado para poder costear un ejército moderno y más grande con el que competir con éxito frente a otras potencias. Pues no olvidemos que la modernización del ejército, tanto en el terreno organizativo como en el tecnológico, tiene efectos sobre la estructura y organización del Estado, y consecuentemente en el cambio político.[12]

Así pues, la historia de España desde el s. XIX hasta bien entrado el s. XX fue una historia de resistencia popular al crecimiento del Estado que impulsó el liberalismo, y sobre todo los mandos militares que lideraron la revolución liberal. Nos referimos a todos esos espadones que segaron la vida de quienes se les opusieron: Rafael del Riego, Baldomero Espartero, Leopoldo O'Donnell, Juan Prim, Francisco Serrano, Manuel Pavía, etc. El contexto de permanente inestabilidad social y política derivada de la impopularidad de las élites mandantes y sus estructuras de poder político, condujo a una progresiva descomposición de España como proyecto imperial que se evidenció tras la derrota frente a EEUU en el control de sus últimas colonias de ultramar. Esta situación generó la determinación en las élites de reforzar la posición del Estado frente a la sociedad, sobre todo para afirmar su autoridad y aumentar su poder militar. Así, la modernización del Estado alcanzó un punto crítico en la etapa posterior a la Gran Guerra debido al desarrollo económico que España vivió gracias a su neutralidad. En un contexto de conflictividad social creciente, unido a fracasos tan sonoros como el del Annual, y el cambio en la situación internacional debido a que las grandes potencias industriales recuperaron rápidamente los mercados que habían cedido a España durante la contienda, condujeron a la instauración de una dictadura militar de inspiración fascista bajo el mando del general Miguel Primo de Rivera y con el beneplácito de Alfonso XIII.

La dictadura de Primo de Rivera sirvió para reestabilizar el sistema de dominación y modernizar el Estado en ámbitos como el financiero, fiscal, administrativo e industrial, al mismo tiempo que aumentó su tamaño y con ello incrementó su contacto con la sociedad que lo recibió con especial rechazo.[13] Esto se inscribió en el marco de una política exterior más agresiva y de signo expansionista en el norte de África, de lo que el desembarco de Alhucemas es una clara muestra. La centralización, concentración y acumulación de poderes en manos del Estado supuso un importante desgaste político para el régimen establecido, lo que aumentó su inestabilidad a pesar de haber logrado cooptar temporalmente a ciertos sectores políticos y sociales, como PSOE-UGT, con la formación de un directorio civil. A lo que cabe añadir la milenaria tradición antimilitarista de las clases populares y su resistencia a colaborar en las aventuras imperialistas de la élite dominante.

En este contexto histórico y sociopolítico en el que el grado de agitación social era creciente, así como el descrédito de la dictadura y del monarca que la apoyó, la instauración de la II República se entiende como el comienzo de un nuevo ciclo de modernización del Estado. En lo que a esto se refiere la proclamación de la República fue antes que nada una imposición de los mandos militares, muy al contrario de lo que la historiografía oficial ha hecho creer. En las elecciones de 1931 las candidaturas republicanas en conjunto sólo lograron 5.875 concejales, mientras que las candidaturas monárquicas obtuvieron 22.150, todo lo cual no impidió la proclamación de la República.[14] Esto no hace sino demostrar que esta proclamación supuso la imposición de un nuevo régimen político llevada a cabo por las altas esferas del poder constituido con el ejército a la cabeza. Entre los mandos militares que participaron en la conspiración que facilitó el advenimiento de la II República destacaron el general Goded, Queipo de Llano, Mola y muchos otros.[15] Basta con señalar que el monarca únicamente se decidió a abandonar el país en su flamante hispano-suiza cuando el general Sanjurjo, director general de la guardia civil, le informó de que no podía garantizar su seguridad personal.[16]

A tenor de todo lo hasta ahora dicho puede afirmarse que la instauración de la II República fue una revolución desde arriba para, así, evitar una revolución desde abajo que con el paso del tiempo se hacía más probable dada la agitación popular y la propagación de planteamientos revolucionarios entre amplios sectores de la sociedad.[17] De esta manera las ansias de libertad de la población intentaron ser apaciguadas y reencauzadas mediante este cambio de régimen, con el propósito de crear una nueva legitimidad que facilitase el relanzamiento del proyecto de modernización del Estado, y consecuentemente el incremento de sus poderes con vistas a recuperar un papel relevante en el concierto de las naciones europeas. El crecimiento del aparato represivo,[18] los intentos de modernizar el ejército, el aumento de las cargas fiscales sobre la población, el impulso dado a los negocios de las clases acaudaladas con la expansión del trabajo asalariado, el sector financiero, etc.,[19] generaron una fuerte oposición popular que recrudeció la represión como respuesta de las élites.

En general la II República puso en marcha una serie de medidas dirigidas a movilizar los recursos disponibles en el país para aumentar las capacidades nacionales con las que apuntalar un crecido poder militar, y de esta forma jugar un papel relevante en el ámbito internacional de cara a garantizar a España una esfera de poder propia en el norte de África. Esto es lo que explica la implementación de un conjunto de políticas dirigidas a establecer un capitalismo más agresivo, adaptado a las exigencias de las clases más pudientes y a las crecientes necesidades industrializadoras. Para conseguir este objetivo, y aumentar la base tributaria del Estado, fue necesario reforzar a este último como así lo hizo el nuevo ordenamiento constitucional. A lo que le acompañó la creación de nuevos cuerpos represivos como la guardia de asalto, además de diferentes leyes que restringieron las garantías y libertades formales. Nos referimos, por ejemplo, al artículo 42 de la constitución para la suspensión de dichas garantías y libertades si lo exigía el bien del Estado; el artículo 76 d que dotaba al presidente de la República de poderes exorbitantes; diferentes leyes como la ley de Defensa de la República del 21 de octubre de 1931;[20] o la ley de Orden Público del 28 de julio de 1933 que fue promulgada con Manuel Azaña como presidente del gobierno, y que fue mantenida en vigor por el franquismo hasta 1959; o la ley de fugas que se saldó por lo menos 3.900 muertes, lo que en la práctica fueron ejecuciones extrajudiciales bajo el pretexto de fuga;[21] o la ley de vagos y maleantes del 4 de agosto de 1933, mantenida por el franquismo, y que fue introducida en el código penal para reprimir fundamentalmente a trabajadores en el paro, vagabundos y nómadas, así como a todos aquellos que no fueran del gusto de la autoridad competente, todo lo cual permitió la creación de campos de concentración para desempleados.[22]

En definitiva, la instauración del régimen republicano obedeció no tanto a razones de orden interno como a una necesidad exterior derivada de la competición geopolítica internacional, y que presionó sobre la esfera interior hasta el punto de transformar la constitución interna del Estado español. De este modo las presiones externas operaron a través de las condiciones internas que originaron la II República, la cual no fue otra cosa que una imposición de los militares que más tarde, en 1936, le pusieron fin. Sin embargo, este régimen que trató de maximizar su poder tanto hacia dentro como hacia fuera encontró una fuerte resistencia popular, aún a pesar de haber sido un intento consciente de las élites mandantes de impedir el estallido de una revolución desde abajo.[23] Por tanto, a nivel doméstico la II República fue un régimen extremadamente represivo que intentó meter en cintura a las clases populares, y que con ello pretendía crear las condiciones propicias para relanzar la política exterior española en clave imperialista. Finalmente nada de esto ocurrió, el régimen republicano fracasó estrepitosamente al encontrar una oposición frontal de la población que condujo a los mandos militares a alzarse en armas contra el pueblo para impedir la revolución. Así las cosas, quienes celebran el 14 de abril en conmemoración de la proclamación de la II República consciente o inconscientemente celebran, también, un régimen impuesto por los militares, al servicio del militarismo y de la burguesía. Un régimen que, además de haber sido tremendamente represivo con el pueblo, constituye un jalón más en el proceso modernizador del Estado español, y por tanto de su crecimiento y expansión.

Esteban Vidal

Por Portal Oaca

Notas:

[1] A este respecto son bastante elocuentes los datos recopilados por Eduardo González Calleja quien pone de manifiesto que la mayor parte de la violencia que se produjo en la II República fue del Estado contra la sociedad. González Calleja, Eduardo, Cifras cruentas: las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República española (1931-1936), Granada, Comares, 2015. Sobre esta dimensión represiva de la II República también es recomendable lo comentado en Rodrigo Mora, Félix, “14 de abril: La república del máuser” http://esfuerzoyservicio.blogspot.c...

[2] En este punto concordamos con lo sostenido por Otto Hintze, quien destacó que la rivalidad entre potencias tiene tanta importancia como las rivalidades entre grupos sociales en el moldeamiento de la estructura del Estado. Hintze, Otto, Historia de las formas políticas, Madrid, Editorial Revista de Occidente, 1968

[3] Porter, Bruce D., War and the Rise of the State: The Military Foundations of Modern Politics, Nueva York, The Free Press, 1994, p. xiv

[4] Sobre el punto de vista estructuralista acerca de la realidad internacional consultar: Waltz, Kenneth N., Teoría de la política internacional, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988

[5] Esta perspectiva está presente en las investigaciones de diferentes autores. Spruyt, Hendrik, The Sovereign State and Its Competitors, Princeton, Princeton University Press, 1996. Rasler, Karen A. y William R. Thompson, War and State Making: The Shaping of the Global Powers, Londres, Unwin Hyman, 1989. Mann, Michael, Las fuentes del poder social, Madrid, Alianza, Vol. 1 y 2, 1991-1997. Hintze, Otto, Feudalismo – Capitalismo, Barcelona, Editorial Alfa, 1987. Ertman, Thomas, Birth of the Leviathan: Building States and Regimes in Medieval and Early Modern Europe, Cambridge, Cambridge University Press, 1997

[6] Al fin y al cabo es la guerra la que crea el Estado y la que impulsa su desarrollo histórico al hacer que este intervenga en multitud de ámbitos y actividades, lo que conlleva la transformación de su carácter al hacerse más racional, organizado y centralizado a medida que aumenta su poder en el ámbito interior y, a su vez, en el ámbito exterior. Guerra y construcción del Estado van unidas debido a que la necesidad de organizar los medios para preparar y hacer la guerra origina la aparición de un aparato burocrático encargado de movilizar los recursos económicos, financieros, humanos, materiales, etc., necesarios. Sobre esto son notables las aportaciones recogidas en Roberts, Michael, “The Military Revolution, 1560-1660” en Rogers, Clifford J. (ed.), The Military Revolution Debate: Readings on the Military Transformation of Early Modern Europe, Boulder, Westview Press, 1995, pp. 13-36. Tilly, Charles, Coerción, capital y los Estados europeos 990-1990, Madrid, Alianza, 1992. Ídem, “Reflections on the History of European State-Making” en Tilly, Charles (ed.), The Formation of National States in Western Europe, Princeton, Princeton University Press, 1975, pp. 3-83. Parker, Geoffrey, La revolución militar. Las innovaciones militares y el apogeo de Occidente, 1500-1800, Barcelona, Crítica, 1990. Duffy, Michael (ed.), The Military Revolution and the State 1500-1800, Exeter, University of Exeter, 1986

[7] Una magnífica investigación que pone de manifiesto este y otros aspectos decisivos de los efectos de la revolución francesa en el relanzamiento de Francia como gran potencia, así como de otros procesos revolucionarios análogos, es Skocpol, Theda, States and Social Revolutions: A Comparative Analysis of France, Russia, and China, Nueva York, Cambridge University Press, 1979. Existe una edición en castellano: Ídem, Los Estados y las revoluciones sociales: un análisis comparativo de Francia, Rusia y China, México, Fondo de Cultura Económica, 1984

[8] Existían antecedentes previos, ya en el s. XVIII, en los que miembros de la élite mandante pusieron de relieve la necesidad de cambiar las estructuras políticas del Estado para adaptarlas al nuevo contexto internacional. Nos referimos a personajes como Floridablanca o Jovellanos. De interés son las observaciones recogidas acerca de los efectos de la implantación del orden constitucional y liberal en Rodrigo Mora, Félix, La democracia y el triunfo del Estado. Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora, Morata de Tajuña, Manuscritos, 2011, pp. 41-62

[9] Los datos sobre el carácter esencialmente militar del Estado son abrumadoramente claros, y quedan evidenciados a través de las partidas presupuestarias dirigidas a la guerra. La bibliografía a este respecto también es abundante. Rasler, Karen A. y William R. Thompson, “War Making and the State Making: Governmental Expenditures, Tax Revenues, and Global Wars” en American Political Science Review Vol. 79, Nº 2, 1985, pp. 491-507. Mann, Michael, Op. Cit., N. 5, Vol. 1, pp. 590-617. Ídem, “State and Society, 1130-1815: an Analysis of English State Finances” en Mann, Michael, States, War and Capitalism, Oxford, Basil Blackwell, 1988, pp. 73-123. Rasler, Karen A. y William R. Thompson, The Great Powers and Global Struggle, Lexington, The University Press of Kentucky, 1994

[10] Headrick, Daniel R., Ejército y política en España (1866-1898), Madrid, Tecnos, 1981

[11] Sobre la valiente resistencia que ofreció el pueblo a la introducción del liberalismo es recomendable la lectura de Rodrigo Mora, Félix, Op. Cit., N. 8, pp. 84-102

[12] Numerosos autores han desarrollado su particular línea de investigación en torno a este enfoque en el que la atención es centrada en la interrelación que se da entre la organización militar y la organización del Estado. Destaca Otto Hintze, pero juntamente con él otros autores que de un modo independiente realizaron sus particulares reflexiones. Hintze, Otto, “Organización Militar y Organización del Estado” en Revista Académica de Relaciones Internacionales Nº 5, 2007 (https://revistas.uam.es/index.php/r...). Finer, Samuel E., “State and Nation Building in Europe: The Role of the Military” en Tilly, Charles (ed.), The Formation of National States in Western Europe, Princeton, Princeton University Press, 1975, pp. 84-163. Rapoport, David C., “A Comparative Theory of Military and Political Types” en Huntington, Samuel P. (ed.), Changing Patterns of Military Politics, Nueva York, The Free Press, 1962, pp. 71-100. Andreski, Stanislav, Military Organization and Society, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1954. Corvisier, André, Armies and Societies in Europe, 1494-1789, Bloomington, Indiana University Press, 1979. Downing, Brian M., The Military Revolution and Political Change: Origins of Democracy and Autocracy in Early Modern Europe, Princeton, Princeton University Press, 1992. Antes que todos estos autores encontramos un curioso antecedente de este punto de vista en un artículo escasamente conocido de Fredrich Engels, quien prestó especial atención a cuestiones de carácter militar y su influencia en la esfera política. Engels, Friedrich, “The Armies of Europe” en Putnam's Monthly. A Magazine of Literature, Science and Art Vol. 6, Nº 33, 1855, pp. 193-206 y 306-317

[13] Para un estudio en profundidad de esta etapa de la historia del Estado español es recomendable la siguiente bibliografía: González Calleja, Eduardo, La España de Primo de Rivera. La modernización autoritaria, 1923-1930, Madrid, Alianza, 2005. Tamames, Ramón, Ni Mussolini ni Franco: la dictadura de Primo de Rivera y su tiempo, Barcelona, Planeta, 2008. Gómez Navarro, José Luis, El régimen de Primo de Rivera, Madrid, Cátedra, 1991. Ben-Ami, Shlomo, El cirujano de hierro. La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), Barcelona, RBA, 2012

[14] Alcalá Galve, Ángel, Alcalá-Zamora y la agonía de la República, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2002

[15] Sobre la trama conspiracionista que lideraron y ejecutaron los militares es interesante lo recogido en Franco, Ramón, Madrid bajo las bombas, Madrid, Zevs, 1931. Para hacerse una idea del apoyo que este régimen recibió del ejército basta con señalar que únicamente 5 militares de la escala activa y uno de la reserva rehusaron jurar fidelidad a la II República. Información sobre esta cuestión puede encontrarse en Cardona, Gabriel, El poder militar en la España contemporánea hasta la guerra civil, Madrid, Siglo XXI, 1983

[16] Pulido Pérez, Agustín M., La Guardia Civil ante el bienio azañista, 1931/33, Madrid, Almena, 2008

[17] La implantación del régimen republicano también ha sido catalogada como una revolución conservadora hecha desde arriba, lo que salvando las distancias históricas y culturales no la diferenciaría de la restauración Meiji en Japón. Rodrigo Mora, Félix, Op. Cit., N. 8, pp. 294-299

[18] La creación de la guardia de asalto es significativa en este sentido, además del crecimiento del gasto estatal en actividades represivas. A lo que hay que añadir el aumento del número de efectivos de la guardia civil, que en 1930 contaba con 27.500 hombres mientras que en 1936 disponía de 34.500, esto es un 25% más. E igualmente su presupuesto que en 1930 era de 103 millones de pesetas, mientras que ya para 1933 era de 126. El presupuesto de seguridad, por su parte, pasó por esas mismas fechas de los 62 millones a los 120 millones. En términos generales puede observarse que la monarquía, en 1930, dedicaba 165 millones de pesetas al orden público, mientras que la II República, en 1933, dedicaba 246 millones. Muñoz Bolaños, Roberto, “Fuerzas y cuerpos de seguridad en España (1900-1945)” en Serga Especial Nº 2. Romero, Luis, Tres días de julio, 18, 19 y 20 de 1936, Barcelona, Ariel, 1967. Arrarás, Joaquín, Historia de la Segunda República Española, Madrid, Editora Nacional, 1956, Vol. 2

[19] Al fin y al cabo las clases acaudaladas apoyaron decididamente a las fuerzas republicanas en las elecciones municipales de 1931, y se mantuvieron al lado de la República hasta poco antes de la sublevación militar en 1936, cuando esta era ya inevitable. El propio conde de Romanones declaró que el rey Alfonso XIII fue abandonado por todos los estamentos del poder, y que en los barrios burgueses y aristocráticos de Madrid triunfaron las candidaturas republicanas en las elecciones de 1931. Figueroa y Torres Romanones, Álvaro, Notas de una vida, Madrid, Marcial Pons, 1999

[20] Esta ley de Defensa de la República se basó para su redacción en el anteproyecto de ley de Orden Público elaborado por la Asamblea Nacional de la dictadura de Primo de Rivera. Facultaba al gobierno para establecer tres estados de excepción por decreto, sin necesidad de que las Cortes suspendieran previamente las garantías constitucionales. Más información pormenorizada sobre estas leyes puede encontrarse en Gil Pecharromán, Julio, La Segunda República. Esperanzas y frustraciones, Madrid, Historia 16, 1997, p. 70. Ballbé, Manuel, Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983), Madrid, Alianza, 1983, p. 363

[21] Fiestas Loza, Alicia, Los delitos políticos (1808-1936), Salamanca, Librería Cervantes, 1994

[22] Sobra decir que en la práctica la normalidad constitucional fue una excepción dado que todos los gobiernos republicanos recurrieron de un modo u otro a las leyes antes citadas, lo que generó una permanente suspensión de derechos y garantías como método para aplicar la represión de manera intensiva sobre la población, y muy especialmente sobre el campesinado y el movimiento obrero organizado. Todo esto contribuyó a darle al propio régimen republicano un cariz sumamente represivo y violento que desbordó considerablemente la situación previa de la dictadura militar de Primo de Rivera.

[23] Rodrigo Mora, Félix, Investigación sobre la II República española, 1931-1936, Madrid, Potlatch ediciones, 2016

Categorías: Tortuga Antimilitar

El mundo sería un lugar mejor sin ricos

14 April, 2019 - 00:00

Sam Pizzigati (Sinpermiso)

¿Necesitamos –como demanda el progreso– a las grandes fortunas privadas?

Los partidarios de las grandes fortunas suelen defender este principio. La perspectiva de volverse fenomenalmente ricos, reconocen, les da a las personas de gran talento un poderoso incentivo para hacer grandes cosas. La enorme riqueza que acumulan estos talentos, continúa el argumento, impulsa la filantropía y beneficia a las personas e instituciones que necesitan ayuda.

Incluso los ricos ociosos, como una vez insistió el santo patrón conservador Frederick Hayek, tienen un papel socialmente constructivo que desempeñar. La riqueza les da la libertad de experimentar “con nuevos estilos de vida”, nuevos “campos de pensamiento y opinión, de gustos y creencias”. Los ricos enriquecen nuestra cultura.

Estos defensores están equivocados. Los increíblemente ricos no tienen un valor social neto que les redima.

Su presencia embrutece nuestra cultura, erosiona nuestro futuro económico y disminuye nuestra democracia. Cualquier sociedad que le haga guiños a las fortunas monstruosamente grandes, que hacen a algunas personas decididamente más iguales que otras, está pidiendo problemas.

Pero los problemas que generan los ricos a menudo se ocultan. La mayoría de nosotros pasamos toda nuestra existencia sin relacionarnos nunca con personas con enormes medios. En el ajetreo diario de nuestras complicadas vidas, rara vez nos detenemos a reflexionar sobre cómo esas vidas podrían cambiar sin que los superricos estuvieran haciendo presión hacia abajo sobre nosotros. Entonces, reflexionemos.

¿por qué tantos de nosotros parece que siempre estamos apresurados? ¿Por qué nos estamos siempre exigiendo tanto?

Una pregunta inicial obvia: ¿por qué tantos de nosotros parece que siempre estamos apresurados? ¿Por qué nos estamos siempre exigiendo tanto? La respuesta que nos decimos a nosotros mismos es: estamos haciendo mucho, estamos trabajando muy duro para asegurar que nuestras familias sean cada vez más felices.

Pero todo nuestro arduo trabajo, señala Robert Frank, economista de la Universidad de Cornell, no garantiza nada de esto. Frank nos pide, para ejemplificarlo, que contemplemos la boda moderna, el día más feliz de tu vida. Lo que los estadounidenses gastan en promedio en bodas, señala, se ha triplicado en los últimos años. "Nadie cree que las parejas casadas sean más felices", observa Frank, "porque ahora nos gastemos mucho más".

Entonces, ¿por qué gastamos más? ”Porque la gente de la parte de arriba tiene mucho más”, señala. Están gastando más en sus propias celebraciones, y establecen un estándar de consumo generando lo que Frank ha denominado una “cascadas de gastos”. Las personas de cada nivel de ingresos sienten una presión cada vez mayor para alcanzar ese nivel de consumo más alto que los que están directamente sobre ellos han establecido.

A veces compramos cosas porque realmente las necesitamos. Pero las grandes concentraciones de riqueza privada, incluso en estas situaciones, terminan minando la calidad de nuestras transacciones diarias.

Los partidarios de las grandes fortunas, como era de esperar, afirman lo contrario. Todos nos beneficiamos, argumentan, cuando los ricos van de compras. Los productos nuevos y atrevidos suelen costar un dineral, y solo los consumidores ricos pueden pagarlos. Al pagar ese alto precio, los ricos le dan a los nuevos productos un lugar en el mercado. Finalmente, sostiene esta teoría del “ciclo del producto”, los precios de estos productos comenzarán a caer y todos podrán disfrutarlos.

Los economistas que examinan los patrones de consumo cuentan una historia diferente.

Mientras más se concentra la riqueza, señala Robert Frank en su clásico Fiebre del lujo de 1999, los minoristas tienden a poner su atención (y su innovación) en el mercado del lujo. Año tras año, los productos incorporan cada vez más “nuevas características más costosas”.

Pero los superricos no solo suben los precios. En las comunidades donde se congregan estos ricos, absorben la vitalidad.

Los individuos de “valor neto ultra alto” de los Estados Unidos poseen en promedio nueve hogares fuera de los Estados Unidos. La mayoría de estas casas están vacías durante la mayor parte del año. Sus calles quedan sin vida. En Londres y otras capitales del mundo, los barrios acomodados se han convertido en ciudades de lujo fantasmas.

En Manhattan, las constructoras que trabajan para los superricos se han pasado los últimos años construyendo torres “aguja” ultra-lujosas increíblemente altas y delgadas. La más estrecha de las agujas de Nueva York, que se eleva setenta y siete pisos, descansa sobre una base de solo sesenta pies de ancho.

el uno por ciento de los hogares con mayores ingresos genera tres veces más emisiones de gases de efecto invernadero que los hogares promedio

¿Por qué un perfil tan delgado? ¿Por qué tantos pisos? Las constructoras simplemente están siguiendo la “lógica del lujo”: los superricos están dispuestos a pagar una prima, de hasta 90 millones de dólares y más, por apartamentos elevados que ocupan pisos completos y ofrecen vistas espectaculares en cualquier dirección.

El resto pagamos el precio por esas vistas. Las torres de lujo de Nueva York están bloqueando el sol en Central Park, el patrimonio histórico de Manhattan. Los superricos están alterando nuestro entorno de vida para peor.

Y no solo a lo largo de los desfiladeros de Nueva York. Las vidas exuberantes de estos superricos están consumiendo los recursos de nuestro planeta a un ritmo que está acelerando la degradación de nuestro mundo natural.

Entre 1970 y 2000, el número de aviones privados en todo el mundo se multiplicó por diez. Estos aviones de lujo emiten seis veces más carbono por pasajero que los aviones comerciales normales. Los yates privados que se extienden lo equivalente a un campo de fútbol queman más de 200 galones de combustible fósil por hora. Según un estudio canadiense, el uno por ciento de los hogares con mayores ingresos genera tres veces más emisiones de gases de efecto invernadero que los hogares promedio, y el doble que el siguiente cuatro por ciento.

Los que están en el uno por ciento global, calcula Oxfam, pueden estar dejando una huella de carbono 175 veces más profunda que el diez por ciento más pobre. Otro análisis concluye que el uno por ciento más rico de los estadounidenses, singapurenses y saudíes emiten, en promedio, más de 200 toneladas de dióxido de carbono por persona al año, “2000 veces más que los más pobres de Honduras, Ruanda o Malawi”.

Nuestra crisis ambiental global, por supuesto, no se desvanecerá repentinamente si los más ricos del mundo terminan repentinamente con su consumo despilfarrador. Pero los ricos se nos presentan como el mayor obstáculo para el progreso ambiental.

Las grandes fortunas se basan en la degradación del medio ambiente y ciegan a los ricos. Los ricos, observa el Global Sustainability Institute, tienen los recursos para “aislarse del impacto del cambio climático”. Su gran fortuna también los inmuniza contra el carbono y otros impuestos ambientales que pueden afectar a las personas de escasos recursos. Los ricos, señala el Instituto, “pueden permitirse pagar para continuar contaminando”.

En un mundo de multimillonarios, todos nuestros problemas se vuelven más difíciles de abordar. Los sistemas políticos democráticos operan bajo el supuesto de que reunirse para debatir colectivamente nuestros problemas comunes generará eventualmente soluciones. Desafortunadamente, en sociedades profundamente desiguales, este supuesto no se cumple.

Los superricos viven en su propio universo separado. Ellos tienen sus propios problemas, y el resto de nosotros tenemos los nuestros. Los ricos tienen los recursos para asegurarse de que sus problemas se resuelvan. Los nuestros los mendigamos.

Tomar el trasporte por la mañana. El área de Washington, DC, uno de los centros metropolitanos con mayor desigualdad de Estados Unidos, tiene una de las peores congestiones de tráfico de los Estados Unidos. No hay coincidencia allí.

En las regiones urbanas marcadamente desiguales los ricos suben los precios de los bienes inmobiliarios cercanos y convenientemente ubicados. El aumento de los precios obliga a las familias de clase media a mudarse más lejos de los centros de trabajo para encontrar viviendas asequibles. Cuanto más lejos vive la gente de su trabajo, más tráfico hay. Los condados de Estados Unidos en los que los tiempos de viaje han aumentado más son los condados con los mayores incrementos en la desigualdad.

¿Cómo podríamos aliviar la congestión? Podríamos construir nuevas carreteras y puentes o, mejor aún, ampliar y mejorar el transporte público. Pero estas dos vías de acción generalmente implican subidas de impuestos, y los extremadamente ricos generalmente palidecen cada vez que alguien propone soluciones financiadas con impuestos, principalmente porque creen que tarde o temprano la gente querrá cobrárselos a ellos. Por lo tanto, los funcionarios en el Gran Washington y otras áreas metropolitanas desiguales, han ideado soluciones para la congestión del tráfico que evitan la necesidad de imponer nuevos impuestos.

Se introducen los “Carriles de Lujo”, tramos segregados de autopistas que se pagan por sí mismos cobrando a los conductores, subiendo los peajes a medida que aumenta el tráfico. Este sistema funciona de maravilla -para el usuario promedio. A los ricos no les importa especialmente cuánto pagan en los peajes. Solo quieren llegar adonde van lo más rápido posible. Con los carriles Lexus, lo hacen. Todos los demás se sientan y se guisan en el tráfico.

Mientras tanto, el sistema de metro de Washington - 117 millas de ferrocarril - se ha convertido en una vergüenza pública, con largos retrasos, tarifas que aumentan y problemas de seguridad persistentes. La falta de financiación crónica del sistema refleja una tendencia nacional. Las inversiones estadounidenses en infraestructura se han reducido drásticamente, de 3,3 por ciento del PIB en 1968 a 1,3 por ciento en 2011, una disminución a largo plazo que comenzó casi exactamente al mismo tiempo que la desigualdad en Estados Unidos comenzó a aumentar. Los estados de los Estados Unidos donde los ricos han ganado más a costa de la clase media se convierten en los estados que menos invierten en infraestructura.

Una explicación: las personas de clase media y trabajadora tienen un gran interés en la inversión en infraestructura. Dependen de las buenas carreteras públicas, escuelas y parques. La gente rica no lo hace. Si los servicios públicos se agotan, pueden optar por alternativas privadas.

Y cuanto más se concentra la riqueza, más se inclinan nuestros líderes políticos a los intereses de los ricos. A los ricos no les gusta pagar por los servicios públicos que no usan. Los líderes políticos no los hacen. Recortan impuestos y les niegan a los servicios públicos los fondos que necesitan para mejorar. Y así, conseguimos más carriles de “lujo” que brindan a los ricos desplazamientos rápidos, y nos recuerdan al resto de nosotros que los ricos siempre ganan en sociedades tan desiguales como la nuestra.

¿Ganaríamos el resto de nosotros más a menudo en sociedades sin superricos? Bueno, defienden los cautelosos, cualquier sociedad que arruine una gran fortuna también destruiría los miles de millones que hacen posible la filantropía. ¿Quién querría hacer eso?

La filantropía, proclama un estudio de 2013 del banco global Barclays, se ha convertido en “casi universal entre los ricos”. La mayoría de los ricos en todo el mundo, dice Barclays, comparte “un deseo de usar su riqueza” por “el bien de los demás”. Los titulares regularmente pregonan esta bondad en cada oportunidad que tienen. ¡Bill Gates lucha contra enfermedades tropicales desatendidas! ¡Bono luchando contra la pobreza! ¡Diane von Furstenberg prometiendo millones para parques!

Los publicistas de los filántropos han ocultado hábilmente los hechos centrales: los superricos como clase en realidad no dan tanto, y obtienen mucho más de lo que dan.

A primera vista, los números básicos de donaciones en los Estados Unidos parecen impresionantes. En 2015, las donaciones de 100 millones de dólares o más, por sí solas, dan un total de más de 3,3 mil millones. Pero el aura de la generosidad se desvanece en el momento en que empezamos a contemplar lo que el superrico podría estar contribuyendo. En 2013, por ejemplo, los cincuenta donantes de caridad más grandes de Estados Unidos regalaron 7,7 mil millones de dólares en donaciones caritativas, un aumento del 4 por ciento respecto al año anterior. Ese mismo año, la riqueza de la lista de multimillonarios de la revista Forbes aumentó un 17 por ciento.

Entonces, los ricos no dan todo eso a la caridad. ¿Qué obtienen a cambio de lo que dan? Para empezar, exenciones fiscales. Las costosas. La regla general: por cada tres dólares que el 1% dona en Estados Unidos, el gobierno federal pierde un dólar en ingresos fiscales.

Los más ricos de los Estados Unidos también reciben el más sincero agradecimiento de las instituciones desde muy dentro de sus corazones.

Los superricos son el punto ideal para los centros culturales. Los Ángeles pronto será el hogar del “Museo de Arte Narrativo de Lucas”, un edificio de mil millones de dólares que albergará los recuerdos de Hollywood del cineasta multimillonario que está detrás de Star Wars. Los Ángeles alberga también ya The Broad, un museo de arte contemporáneo de 140 millones de dólares financiado por el multimillonario Eli Broad que se inauguró en 2015, y la Fundación de Arte Marciano, un museo recién terminado que los multimillonarios minoristas Paul y Maurice Marciano han instalado en un gran antiguo templo masónico.

Mientras tanto, a pesar de una ley estatal que exige que las escuelas públicas de California ofrezcan música, arte, teatro y danza en todos los niveles de grado, los programas de educación artística en las escuelas públicas de Los Ángeles con su presupuesto limitado siguen siendo lamentablemente “inadecuados”. Los Angeles Times informó a finales de 2015 que miles de niños en edad escolar estaban “sin recibir ninguna instrucción artística” en absoluto. A nivel nacional, los recortes presupuestarios han dejado a millones de niños sin educación artística, especialmente en comunidades de color. En 1992, poco más de la mitad de los jóvenes adultos afroamericanos estudiaron arte en la escuela. Para el año 2008, esa participación se había reducido a poco más de un cuarto.

Millones para exhibir recuerdos de Star Wars, céntimos para ayudar a los niños pobres a crear y disfrutar del arte. Incluso a algunos multimillonarios les resulta difícil tragar este tipo de contradicciones filantrópicas. Como señala el inconformista Bill Gross de la industria financiera: “Un regalo de 30 millones de dólares para una sala de conciertos no es filantropía, es una coronación napoleónica”.

¿Qué más obtienen los superricos de su filantropía? Obtienen el control sobre el proceso de formulación de políticas públicas. Los think tanks, las instituciones y las organizaciones de los ricos supervisan su configuración y distorsionan nuestro discurso político. Definen los límites de lo que se discute y de lo que se ignora.

Las fundaciones de nuestros mega ricos dotan, señala la analista de políticas Joanne Barkan, de financiación a los investigadores “que probablemente diseñarán estudios que respalden sus ideas”. Estas fundaciones involucran a “las organizaciones sin ánimo de lucro existentes o crean unas nuevas para implementar los proyectos que ellos mismos han diseñado”. Ponen proyectos en marcha y luego “dedican recursos sustanciales a la promoción vendiendo sus ideas a los medios de comunicación, al gobierno en todos los niveles y al público”, incluso financiando directamente “periodismo y programación de medios”.

Peter Buffett entiende esta dinámica desde el interior. Dirige una fundación creada por su padre, Warren Buffett, según algunos el multimillonario con mayor espíritu público de Estados Unidos. En las reuniones filantrópicas de la élite, observa el joven Buffett, verás “a jefes de estado reuniéndose con agentes de inversión y líderes corporativos”, todos ellos “buscando respuestas con su mano derecha a problemas que otros en la sala han creado con su izquierda”. “Y sus respuestas, según Buffett, “casi siempre mantienen la estructura existente de desigualdad en su sitio”.

Peter Buffett llama a esta caricia reconfortante “lavado de conciencia”. La filantropía ayuda a los ricos a sentirse menos desolados “por acumular más de lo que cualquier persona podría necesitar”. Ellos “duermen mejor por la noche”.

A través de todo esto, la distribución del ingreso y la riqueza sigue siendo una preocupación que pocas fundaciones filantrópicas se atreven a abordar. El America's Foundation Center registró casi cuatro millones en subvenciones a la fundación en la década posterior a 2004. Solo 251 de estas estuvieron referidas a la “desigualdad”.

Algunos pesos pesados de la filantropía, la más conocida la Fundación Ford, han anunciado recientemente un compromiso para abordar la desigualdad. Pero los observadores de la filantropía se muestran escépticos acerca de si esto marcará alguna diferencia. Las sociedades más dependientes de la filantropía, señala el veterano fundador Michael Edwards, siguen siendo las más desiguales, y las naciones, principalmente en Escandinavia, que tienen los niveles más altos de igualdad y bienestar social tienen los sectores filantrópicos más pequeños.

Hace generaciones, durante la edad de oro original, el fabricante de jabones millonario Joseph Fels anunció a los estadounidenses en esos tiempos de profunda desigualdad que la filantropía solo estaba “empeorando las cosas”. Fels instó a sus compañeros millonarios a que lucharan por una nueva América que hiciera a los superricos “como tú y como yo, imposibles”.

Su consejo sigue siendo bueno. Podríamos sobrevivir sin superricos. De hecho, prosperaríamos sin ellos.

Texto previamente publicado en Sinpermiso.

Traducción de Alberto Tena.

Texto original de Jacobin Mag.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190130/Politic...

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Crisis y desigualdades educativas

13 April, 2019 - 00:00

Cuando la economía de un país se contrae, las expectativas educativas de los estudiantes que están cercanos, por edad, a la toma de decisiones cruciales sobre su continuidad en el sistema educativo se tornan menos ambiciosas, se acortan de manera generalizada

Son los que pertenecen a hogares con menos recursos –aquellos cuyos padres tienen menor nivel educativo o en situación de privación material– y los que tienen trayectorias académicas previas con más incertidumbre los que se ven afectados más negativamente.

Leire Salazar

En un artículo reciente hemos analizado cómo cómo la magnitud de la Gran Recesión ha afectado a las expectativas de los estudiantes sobre su futuro y posibilidades en el sistema educativo en 24 países (1). Se atribuye a Kennedy la frase de que una marea que sube hace que se levanten todos los barcos, y es cierto que durante la bonanza económica los estudiantes aspiran a más, mientras que la crisis acorta sus expectativas y hace que se vuelvan menos ambicioso. El problema es que esto sucede, sobre todo, en los hogares con menos recursos.

El trabajo permite extraer tres conclusiones principales sobre los efectos de la Gran Recesión.

Primera, la crisis deprimió las expectativas medias de los estudiantes de secundaria: controlando por un buen número de factores relevantes, incluyendo los recursos del hogar o el rendimiento educativo, un clima económico adverso hace que los estudiantes crean que progresarán menos en el sistema educativo, es decir, que sus trayectorias educativas serán más reducidas (que en tiempos de crecimiento económico). Aunque la correlación entre expectativas y nivel educativo final conseguido no es perfecta, se considera que en general es una buena aproximación, por lo que podemos pensar que una contracción de la economía se asocia a un logro educativo menor que en situación de bonanza.

El segundo resultado de nuestro trabajo es que la crisis aumentó las desigualdades según el origen socioeconómico, es decir, la desigualdad de oportunidades: todas las expectativas se redujeron, pero las de los estudiantes más desfavorecidos se vieron afectadas de forma especialmente marcada y los recursos –tanto materiales como culturales– de las familias se convirtieron en predictores aún más potentes de las expectativas que en tiempos de crecimiento. En el Gráfico 1 mostramos cómo se reducen las expectativas educativas de los estudiantes de secundaria en distintos escenarios: (a) ante decrecimientos de la economía de distinta magnitud, y (b) cuando el estudiante pertenece a familias con diversos niveles de recursos educativos y materiales.

Las conclusiones que pueden extraerse de este ejercicio son claras. Por una parte, la influencia adversa de la recesión parece ser proporcional a su crudeza: crisis de más magnitud –en las que, por ejemplo, se reduce el crecimiento del PIB en 5 puntos porcentuales– ejercen un efecto depresor de las expectativas mayor que una reducción más moderada. Por otra parte, las expectativas se ven sustancialmente más afectadas para los estudiantes de familias con menor recursos –todos los efectos son suficientemente grandes desde el punto de vista estadístico. Cuando sus padres tienen un nivel educativo relativamente bajo o hay insuficientes recursos materiales en el hogar, las expectativas resultan claramente menores. La diferencia entre hogares con distintos niveles socioeconómicos y su efecto en las expectativas es especialmente llamativa en el caso de los recursos educativos.

El tercer resultado que destacamos en el trabajo tiene que ver con los efectos de la Gran Recesión en estudiantes con distintos rendimientos educativos previos (en concreto, en matemáticas). Mientras los estudiantes con un rendimiento especialmente bajo y alto no parecen verse afectados, controlando por el resto de factores relevantes, por una contracción de la economía en su país, aquellos con rendimientos previos intermedios –cuyas probabilidades de éxito en las sucesivas etapas de la educación son más inciertas para ellos mismos y para sus padres y profesores– se ven muy negativamente afectados. De nuevo la crisis aumenta la desigualdad de oportunidades, esta vez según las capacidades y/o rendimientos educativos previos de los alumnos.

Recapitulando, cuando la economía de un país se contrae, las expectativas educativas de los estudiantes que están cercanos, por edad, a la toma de decisiones cruciales sobre su continuidad en el sistema educativo se tornan menos ambiciosas, se acortan de manera generalizada. La optimista frase de Kennedy se confirma parcialmente en nuestro estudio: el crecimiento económico se asocia con carreras que se conciben como más largas, mientras las crisis hacen que los estudiantes prevean que éstas se acortarán. Los barcos se hunden con la crisis, sí, pero no lo hacen todos de idéntica manera. Son los que pertenecen a hogares con menos recursos –aquellos cuyos padres tienen menor nivel educativo o bien se encuentran en situación de privación material– y los que tienen trayectorias académicas previas con más incertidumbre los que se ven afectados más negativamente. Estos hallazgos alertan sobre la necesidad de poner el foco sobre los estudiantes más vulnerables y en la conveniencia de diseñar políticas específicas para ellos.

(1) En concreto, nos interesaba aislar la influencia de la magnitud de la Gran Recesión -el (de)crecimiento de la economía controlando por el nivel de desarrollo- que tuvo lugar con timings y magnitudes diversas en distintos países, sobre las expectativas de los estudiantes de secundaria de 13 o 14 años respecto a su continuidad en el sistema educativo: qué nivel educativo creen que podrán alcanzar. Para ello construimos una base de datos con información sobre el clima económico en 24 países desarrollados y en diversos momentos del tiempo y la combinamos con datos en el nivel individual, relativos al rendimiento en matemáticas de los alumnos y a las características de sus familias, para esos mismos países, del estudio internacional TIMSS en sus ediciones de los años 2003, 2007 y 2011. Estos datos nos permitieron determinar cómo influye una contracción de la economía en las expectativas de los estudiantes de secundaria. Los estudios tradicionales sobre el tema se habían fijado fundamentalmente en el peso de factores institucionales, no tanto en los relativos al ciclo económico, y se habían limitado al estudio de un solo país.

https://www.eldiario.es/piedrasdepa...

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En patas

13 April, 2019 - 00:00

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