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Actualizado: hace 1 hora 37 min

Yásnaya Aguilar: La defensora de lenguas que imagina un mundo sin estados

13 June, 2020 - 00:00

Eugenia Coppel

En febrero de 2019, Yásnaya Elena Aguilar Gil subió a una de las tribunas más importantes del país y dio un discurso en mixe, o ayuujk, su lengua natal, con motivo de la celebración del Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Advirtió que cada tres meses muere una lengua en el mundo, y que esta pérdida cultural acelerada es resultado de las prácticas y políticas nacionalistas de los Estados, en general, y de México, en particular. Sus oyentes en la sala eran los diputados del Congreso de la Unión, uno de los pilares de esa entidad abstracta que llamamos Estado mexicano.

“Fue México quien nos quitó nuestras lenguas, el agua de su nombre nos borra y nos silencia”, pronunció Yásnaya en su idioma. “Nuestras lenguas continúan siendo discriminadas dentro del sistema educativo, dentro del sistema judicial y dentro del sistema de salud. Nuestras lenguas no mueren solas, a nuestras lenguas las matan”.

De acuerdo con los datos presentados por la lingüista originaria de Ayutla Mixe (Oaxaca), en 1820, 65 por ciento de quienes habitaban el recién creado territorio mexicano hablaba una lengua indígena. En la actualidad, dos siglos más tarde, esa proporción se redujo a 6.5 por ciento de la población. “Se quitó el valor a nuestras lenguas en favor de una lengua única, el español. Con el fin de hacer desaparecer nuestras lenguas, a nuestros antepasados se les golpeó, se les regañó y se les discriminó por el hecho de hablarlas”, continuó Yásnaya, quien advierte que, de mantenerse la tendencia, en cien años sólo 0.5 por ciento de los mexicanos se considerarán a sí mismos indígenas.

La desaparición de la diversidad lingüística es una de las mayores preocupaciones de Aguilar Gil, y por eso trata el tema desde distintos ángulos en buena parte de sus ensayos. Sus ideas pueden encontrarse en diversas publicaciones colectivas e individuales, como la antología de autoras mexicanas que escriben sobre feminismo en Tsunami (Sexo Piso, 2018); o el libro breve Un Nosotrxs sin Estado (OnA Ediciones, 2018), donde la autora se pregunta si “necesitamos al Estado para nombrarnos o podemos gobernarnos nosotrxs mismxs”.

Su voz se vuelve cada vez más relevante en un país enfrentado con su propio racismo, y en el que las comunidades indígenas aún son despojadas de sus territorios por gobiernos y empresas con proyectos extractivistas. A Yásnaya se le escucha en conferencias y en ferias de libros; en los medios de comunicación y en Twitter, la red que amplifica sus reflexiones, sus demandas y sus historias de Ayutla.

¿Cómo llega una lingüista mixe, nacida y criada en la sierra norte de Oaxaca, a plantear un debate sobre la deseable —aunque improbable en el corto plazo— desaparición de los Estados? La propia Aguilar Gil describe su recorrido intelectual en una entrevista telefónica. Cuando cursaba la licenciatura de Literaturas Hispánicas, en la UNAM, la estudiante descubrió su pasión por la gramática, y pronto se dio cuenta de que no conocía la descripción gramatical del mixe. No sabía cómo escribir su propia lengua materna. Por eso, ella y uno de sus amigos se propusieron analizarla.

“Empezamos a transcribir un casete de mi abuela para tratar de entender la fonología y el funcionamiento de la lengua. Muchos de mis trabajos fueron sobre ese tema y así me conecté, por fin, con el movimiento que estaba escribiendo el mixe desde hacía más de veinte años”, cuenta la escritora, quien más tarde cursó la Maestría en Lingüística en la misma universidad. También, de esa forma, Yásnaya entró en contacto con aquellos con quienes después fundaría el Colmix, un colectivo de jóvenes que realiza actividades de investigación y difusión de la lengua, la historia y la cultura mixes (colmix.org).

En los periodos vacacionales, cuando regresaba a su pueblo desde Ciudad de México, Aguilar Gil comenzó a notar un proceso de pérdida lingüística en su comunidad: “Veía diferencias respecto a la época en la que yo era una niña; cada vez escuchaba menos hablantes de mixe y esto me empezó a preocupar”. Aunque es verdad que para un observador externo puede parecer una lengua muy viva, hablada por más de 80 por ciento de la población mixe, también es cierto que la tendencia a perder hablantes es la misma en todas las lenguas no oficiales del mundo.

El foco de atención de Yásnaya se centró entonces en la pérdida de las lenguas indígenas, y su primer objetivo fue buscar el porqué. “La respuesta que encontré, y que hoy me parece evidente —aunque no me lo parecía entonces—, es que el fenómeno tiene que ver con la conformación de los Estados”, dice. En otro de sus ensayos, titulado “Lo lingüístico es político” (2019), Aguilar Gil hace una distinción “entre las lenguas de Estado y las lenguas a pesar del Estado”.

Como lingüista, analiza el origen y la carga simbólica de las palabras. Indio viene del sánscrito, sindhu, y su uso por los colonizadores españoles fue, como se sabe, el resultado de una confusión geográfica. La autora explica que la palabra indígena comenzó a utilizarse varios siglos después, tras la creación del Estado mexicano, y que, contrario a lo que se cree, ambos términos no tienen una relación etimológica. Indígena viene del latín indi (“de allí”) y gen (“nacido”), y significa “nacido allí” u “originario”. Hoy usamos esta palabra indistintamente para referirnos a las más de 68 naciones y las 12 familias lingüísticas que coexisten en territorio mexicano, aunque haya diferencias radicales entre ellas.

Por eso, Aguilar Gil sostiene, como una de sus tesis principales, que “la categoría indígena es una categoría política, no una categoría cultural ni una categoría racial (aunque ciertamente ha sido racializada)”. Indígenas, propone, son las más de siete mil naciones en el mundo que no conformaron Estados, tales como “el pueblo ainú en Japón, el pueblo sami en Noruega y el pueblo mixe en Oaxaca”.

El problema radica en que los cerca de 200 Estados modernos suelen negar o combatir la existencia misma de otras naciones con lengua, territorio y un pasado común propios. Estas naciones son la negación del proyecto de Estado, dice la lingüista, ya que dicho proyecto se fundamenta en una supuesta identidad homogénea, con una sola lengua, una bandera, un himno, una historia, unas fiestas y un territorio. “El nacionalismo mexicano es la narrativa que justifica la violencia racista que han padecido los pueblos indígenas de México”, afirma en su ensayo.

Pero la autora también nos recuerda que tal división política del mundo funciona apenas desde hace un par de siglos —de los nueve mil años de historia mesoamericana—, y que no tiene por qué ser eterna. En un mundo sin Estados, deduce Aguilar Gil, ella dejaría de ser indígena para ser sólo mixe, y lo mismo pasaría con los ainú, los sami, los mapuche, los rarámuri o los wixaritari. El gran reto es imaginar cómo podría funcionar un mundo así.

Las primeras lecturas

Yásnaya Elena Aguilar Gil es parte de la segunda generación en su familia que terminó la educación primaria y la primera en obtener el grado de maestría. En un breve ensayo titulado “Los actos de lectura están inmersos en una red tejida por el colonialismo”, cuenta que su abuelo estudió hasta el segundo grado y que aun así trabajó como escribano, campesino y albañil: “Ayudaba con la correspondencia de las personas, leía las cartas a los destinatarios de mi comunidad cuando así se lo pedían, les traducía al mixe, escuchaba la respuesta, la traducía de nuevo al español, y por fin escribía la contestación con una hermosa letra que nunca he podido lograr”.

Las letras siguieron presentes en la casa familiar. Los tíos de Yásnaya pudieron salir de Ayutla en la década de 1970 para estudiar la preparatoria y la universidad, y a su regreso se convirtieron en mentores de lectura para la futura escritora. Pero Aguilar confiesa que no siempre disfrutó leer, pues en los inicios tuvo que lidiar con textos complejos sin entender demasiado el español. Sus tíos se habían enfrentado a contextos de discriminación y querían evitar que ella pasara por lo mismo. La solución que idearon fue enseñarla a leer el castellano antes de entrar a la escuela, para eliminar su acento de mixehablante.

Yásnaya describe la alfabetización que el Estado mexicano llevó a cabo en las comunidades indígenas como “un proyecto castellanizador belicoso y amedrentante”. Sucedió sobre todo a partir de la primera mitad del siglo XX, con el objetivo, afirma, de desaparecer las lenguas indígenas. “Alfabetizar significaba hacer triunfar la llamada lengua ‘nacional' sobre dialectos que significaban pobreza y atraso en los discursos de educadores rurales oficiales como Rafael Ramírez” (quien colaboró con la reforma educativa impulsada por José Vasconcelos).

Algunos de los textos con los que Aguilar Gil aprendió a pronunciar las palabras del nuevo idioma, sin entender su significado, provenían de ejemplares traducidos de la revista soviética Sputnik y del Libro Rojo, de Mao Tse-Tung. Los tíos de la autora estaban entusiasmados con el comunismo y con la urss, y gracias a esas lecturas se enteraban de la existencia de lugares “donde los obreros podían asistir a clases de Física o talleres de arte y donde todas las personas eran iguales”. De hecho, Yásnaya se llama así gracias a esa filia por lo ruso que existía en su familia. Su primer nombre lo eligió el mayor de sus tíos a partir de un sitio particular: Yásnaia Poliana, una finca rural a unos 200 kilómetros al sur de Moscú donde nació, vivió y fue enterrado el novelista León Tolstoi.

“Con el paso del tiempo, conforme fui aprendiendo castellano, los edificios sonoros comenzaron a tomar sentido. Islas de significado iban emergiendo entre los textos del libro Español Lecturas que nos repartían en la escuela”, narra la lingüista. Sus tíos le dejaron una indicación muy concreta antes de tener que emigrar de Ayutla: elegir los libros que estuvieran clasificados como clásicos. Así fue como Yásnaya leyó adaptaciones infantiles de Las mil y una noches, La Ilíada o La Odisea. Y fue gracias a estas historias que comenzó a amar la lectura.

Agua para Ayutla

Además de su activismo por la diversidad lingüística, la escritora afirma que su otra gran lucha es por devolverle el agua a su comunidad. Ella ha denunciado una y otra vez, en distintos foros, que, desde junio de 2017, los habitantes de San Pedro y San Pablo Ayutla no tienen acceso al agua potable. Las autoridades estatales lo han llamado un conflicto agrario entre este municipio y su vecino, Tamazulápam del Espíritu Santo. Pero es más que eso, pues los habitantes de este último están respaldados por un grupo armado presuntamente ligado a la siembra de amapola.

Aguilar Gil habló de este problema en su discurso ante los diputados: “Por medio de armas y de balas nos despojaron del manantial, por medio de armas tomaron y callaron la fuente de agua para nosotros. A pesar de que las leyes dicen que el agua es un derecho humano, ya el agua no llega desde hace dos años a nuestras casas y esto afecta, sobre todo, a ancianos y niños”.

El día en que su sistema de agua potable fue dinamitado, la comunidad de Ayutla también perdió a uno de sus miembros —Luis Juan Guadalupe, quien fue asesinado—, debió atender a más de seis heridos y sufrió la ausencia temporal de cuatro compañeras que fueron secuestradas y torturadas. En más de dos años y medio, las autoridades responsables no han hecho justicia ni han sido capaces de devolver el servicio básico a un poblado de más de tres mil habitantes.

La lingüista no duda que el Estado es parte del problema al solapar las violencias cometidas contra su pueblo. “Hay una impunidad activa, voluntaria, que no entiendo. Hay una complicidad, incluso, un dejar hacer”, lamenta.

A pesar de las enormes dificultades que supone la carencia de agua potable, la comunidad continúa su vida colectiva en Ayutla. Aguilar Gil regresó al pueblo cuando la asamblea comunitaria —el máximo órgano de decisión— la nombró secretaria del presidente municipal y guardiana del archivo. Ahora, explica, se encuentra en un periodo de descanso al que tienen derecho todos los servidores públicos de este sistema normativo propio —conocido como “usos y costumbres”—, gracias al cual algunos pueblos indígenas ejercen un grado de autonomía establecido en la ley.

En la asamblea comunitaria están obligados a participar todos los ciudadanos mayores de 18 años, excepto los estudiantes, los mayores de 70 o quienes hayan cumplido ya con todos sus cargos. El presidente municipal es nombrado por la asamblea y no puede hacer nada sin consultarla; a escala local no hay partidos políticos ni elecciones tradicionales y las autoridades municipales no cobran sueldos. Por el contrario, un cargo público supone un desgaste económico para quien lo asume.

Aunque actualmente Yásnaya no tiene un cargo oficial, la asamblea le ha conferido un encargo: acompañar la interlocución con el Estado en el problema del agua. Por eso, el pasado 13 de enero, Aguilar Gil acudió, junto a las responsables de bienes comunales, a interpelar, una vez más, al gobernador de Oaxaca. Alejandro Murat hablaba en el Foro Estatal Hacia una Nueva Ley General de Aguas sobre el derecho humano de acceso a este recurso, cuando la lingüista y sus compañeras se pusieron de pie para mostrar una cartulina con la leyenda: “Agua para Ayutla”.

La otra gran razón por la que Yásnaya decidió regresar a la vida rural fue su abuela, la persona con la que se crió. Quienes siguen a la lingüista en las redes (su cuenta en Twitter es @yasnayae) saben de su amor incondicional por ella, y lo difícil que ha sido su duelo tras perderla. “Ahora estoy tratando de continuar con todo lo que ella hacía; estoy concentrada en mantener todo vivo: la siembra, sus animales, sus plantas”, cuenta. Esto también la ha obligado a bajar el ritmo en la escritura. Mientras se acopla a sus nuevas labores, dice, escribe sólo cuando tiene un encargo o cuando aterriza alguna nueva idea.

La organización comunitaria como alternativa

El pasado 13 de diciembre, la Banda Filarmónica de Ayutla sufrió el robo de la mitad de sus instrumentos musicales, que estaban resguardados en la escoleta municipal. De inmediato, figuras como el alcalde, el presidente de la banda y la lingüista Yásnaya Aguilar Gil denunciaron el hecho y pidieron ayuda para recuperar los instrumentos que, en su mayoría, son tocados por niños y niñas de entre seis y 13 años. El mensaje se difundió rápidamente. Tanto, que en pocos días la Secretaría de Cultura de Oaxaca resarció parte de los daños al entregar, de manos del gobernador, 36 instrumentos nuevos a los jóvenes músicos.

El pueblo entero y algunos de sus vecinos se movilizaron para recuperar cuanto antes “el corazón de la comunidad”, como nombró Yásnaya a la agrupación musical. También tuvo un efecto significativo el llamado de la escritora vía su cuenta de Twitter, donde tiene más de 23 mil seguidores. Algunos de ellos hicieron donaciones que se convirtieron en tres flautas transversales, un saxofón alto, un clarinete, un violín, una trompeta, un arpa pequeña, una flauta alto y un atril. El 26 de diciembre, después de que la banda realizara los rituales de agradecimiento, la música en Ayutla volvió a sonar.

También la lingüista ha puesto a discusión con sus interlocutores tuiteros su idea utópica de la desaparición de los Estados, llamando a aportar ideas sobre posibles formas de autogestión. Aguilar cuenta que, en efecto, ha recibido propuestas interesantes, pero, sobre todo, una lluvia de comentarios que expresan preocupación. “Resulta casi imposible pensar el mundo sin estas divisiones que se asumen como existentes desde siempre”, escribe en Un Nosotrxs sin Estado. Y en la entrevista agrega: “Yo les digo que no se preocupen, no creo que lo lleguemos a ver en esta vida; pero, ¿por qué no podemos imaginarlo? Hay incluso una colonización de la imaginación”.

Lo que ella imagina “es una diversidad de sistemas políticos; una confederación o alianzas libres de unidades mucho más pequeñas y autogestivas que no dependan del famoso monopolio del uso legítimo de la violencia del Estado”. También señala que, en este ejercicio imaginativo, es importante no caer en la tentación de replicar el modelo de opresión al que siempre han resistido los pueblos indígenas: “Los Estados administran un sistema colonialista, capitalista y patriarcal, ¿por qué habríamos de replicarlo?”.

Hacia el final de su ensayo, Yásnaya esboza algunas propuestas concretas para este mundo imaginario, relacionadas con la seguridad, la educación, la salud y la impartición de justicia. Además, deja abierta una invitación generalizada: arrebatar cada vez más funciones al Estado. Lo anterior ya se hace, en cierta medida, en Ayutla y otros municipios de Oaxaca, donde las asambleas de comuneros han cooptado la institución municipal.

Pero el primer gran paso, sostiene Aguilar, sería declarar la existencia de territorios indígenas autónomos en los que el Estado no pueda concesionar proyectos extractivos que atenten contra la salud y la calidad de vida de las personas. “A nuestras lenguas las matan cuando no se respetan nuestros territorios, cuando venden y hacen concesiones con nuestras tierras”, pronunció Yásnaya en mixe durante su discurso en la Cámara de Diputados. “Es la tierra, el agua, los árboles los que nutren la existencia de nuestras lenguas. Bajo el ataque constante de nuestro territorio, ¿cómo se puede revitalizar nuestra lengua?”. .

Fuente: https://magis.iteso.mx/content/y%C3...

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Objeción fiscal en la vida cotidiana I

12 June, 2020 - 00:00

Campaña por la Objeción Fiscal al Gasto Militar del Grup Antimilitarista Tortuga

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Indígenas cristianos queman vivo a un guía espiritual y médico maya en Guatemala

12 June, 2020 - 00:00

El pasado 6 de junio del presente año, en la Aldea Chimay, Municipio de San Luis, Petén, a 230 Km al norte de la ciudad de Guatemala, un numeroso grupo de personas quemaron vivo a Don Domingo Choc, acusándolo de “brujo”, como consta en un video que inmediatamente subieron a las redes sociodigitales.

Chimay es una Aldea maya q'echí empobrecida, conformada por un aproximado de 250 familias (el idioma es q'echí y castellano). La última vez que visité la zona, contabilicé cerca de 6 iglesias evangélicas en dicha Aldea, aparte de la imponente capilla católica. Hay más iglesias que escuelas.

En el video se mira que el asesinato se produce en el centro poblado, en presencia de varias personas corriendo en diferentes direcciones. Se miran equipos de celulares tomando fotos o gravando video del hecho. La víctima, envuelta en llamas, corre varios metros hacia las viviendas, mientras varios hombres intentan impedir cualquier tipo de ayuda. Al final la víctima cae… El video lo publican con el título: “Lo quemaron por brujo”.

Un día después, una colega de Don Domingo Choc, publica una nota narrando que: Don Domingo Choc era un Guía Espiritual, Médico Maya. Integrante de equipos de investigación científica sobre plantas medicinales. Además, detalla que Don Domingo, junto a otros guías y médicos, redactaba un libro sobre medicina ancestral.

¿Por qué quemaron vivo a Don Domingo?

Los asesinos son genéticamente maya q'echis, pero espiritualmente cristianos. Lo matan por “brujo”. Es decir, por practicar su espiritualidad maya, y por promover su conexión con la Madre Tierra en defensa de la Vida.

En toda Abya Yala, y Chimay no es la excepción, los principales culturicidas en los últimos tiempos son y fueron los cristianos pentecostales (evangélicos y católicos). Incluso, el genocidio cometido por militares, en Guatemala, en la década de los 80 del pasado siglo, tenía móvil religioso pentecostal (indios idólatras deben morir para salvar Guatemala para Cristo, era la consigna para el militar evangélico pentecostal E. Ríos Montt)

Si bien, las teologías católicas progresistas incorporaron en su narrativa el concepto de la inculturación, a finales del pasado siglo, e incluso en los últimos tiempos hablan de la interculturalidad religiosa, en las teologías pentecostales (bibliólatras) no existe ninguna posibilidad para el reconocimiento o diálogo con el “Otro” diferente (llámese espiritualidades indígenas).

El monoteísmo y el cristocentrismo llevan al creyente a matar al “Otro” diferente

Para el cristianismo pentecostal, el indígena para ser cristiano debe de matar su espíritualidad indígena y aceptar en plenitud a Cristo como su único Dios verdadero, como el único camino de salvación. …”Las prácticas espirituales indígenas despiertan la ira inclemente del Dios castigador, celoso”…

En este sentido, el cristianismo pentecostal, al igual que el cristianismo de la cristiandad, en países multiculturales, está condenado a cometer las peores aberraciones sanguinarias como las que se cometió con el Maestro y Médico Domingo Choc. Su monoteísmo (un solo Dios) y su prepotencia cristológica (Cristo es el único camino para llegar a Dios) se constituyen en su traba y en su contradicción fulminante: predicar a Dios matando al que no profesa su fe.

Al parecer, las aberraciones cristianas encuentran sus raíces en conceptos o teologías aberrantes como el monoteísmo o el cristocentrismo. En este sentido, es imposible ser cristiano e indígena al mismo tiempo, porque el indígena que renuncia a su alma (espiritualidad cósmica) no puede ser indígena, ni puede ser cristiano quien practica simultáneamente otras espiritualidades que no sea únicamente el culto al “único Dios verdadero”. Un Dios que es macho, blanco, único… en un planeta multicolor.

¿Quiénes mataron al Maestro y Médico Domingo Choc?

En sociedades racistas, ante este dantesco suceso difundido en redes sociodigitales, se asume que son indígenas salvajes, primitivos, quienes quemaron vivo a otro indígena. Y esto no es del todo cierto.

Los asesinos, cual inquisidores (justicieros de la verdadera doctrina cristiana) lo hicieron en proclama y defensa de su fe cristiana. En ese sentido, la salvajada lo cometieron los cristianos pentecostales de habla q'echí.

El ser indígena es diferente al ser cristiano. Y desde mi perspectiva, por las dificultades del monoteísmo y cristocentrismo, es imposible ser indígena y cristiano al mismo tiempo.

El pentecostalismo cristiano, por su “salvajismo culturicida” nos tiene que motivar a repensar la permisividad indígena frente a la presencia de dichas iglesias en nuestros territorios. Jurídicamente no estamos obligados a permitir y/o aceptar la presencia de pastores, biblias, iglesias… en nuestros territorios.

Nuestro derecho colectivo a la autodeterminación y el derecho al consentimiento nos faculta a decidir si aceptamos o no a las iglesias en nuestros territorios. Porque, al parecer el fatídico caso de nuestro hermano Domingo Choc, es sólo un iceberg en un horizonte del colonialismo religioso en el que como países estamos sumidos.

Fuente: https://ollantayitzamna.com/2020/06...

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Notas provisionales sobre el 5G

12 June, 2020 - 00:00

Compartimos este artículo recibido en el buzón de Tortuga haciendo la siguiente precisión: Nuestro colectivo no tiene una opinión como tal en cuanto a las teorías que asocian las comunicaciones wifi y, concretamente, la tecnología 5G con problemas de salud. Sin embargo sí coincidimos en la preocupación por las capacidades que esta innovación tecnológica proporciona al poder para su gestión del control social y el militarismo, que es, básicamente, de lo que habla este artículo. Nota de Tortuga.

Notas provisionales sobre el 5G

Los motivos por los que oponerse a la red 5G son muchos, a menudo relegados a un segundo plano debido a la preocupación predominante (y absolutamente legítima) de una tecnología de máxima nocividad, que invadirá cuerpos y espacios con graves consecuencias desde el punto de vista de la salud y la contaminación ambiental. Cuando hablamos de 5G, no podemos tener en mente un simple avance sobre la red actual de 4G y por lo tanto una forma de navegar más rápido. Cuando hablamos de la red 5G ni siquiera podemos verla "sólo" como otra nocividad más, oponiéndonos exclusivamente en términos de seguridad para la salud de los individuos y la protección del medio ambiente. La red de 5G es sobre todo una infraestructura necesaria para los diversos actores en ese campo. Necesario para los patrones, para aumentar sus beneficios a costa de los trabajadores; necesario para los Estados: por un lado para aumentar el control social dentro de las fronteras nacionales, por otro para orquestar mejor las operaciones militares en los diversos frentes de guerra.
Veamos estos aspectos...

Otra infraestructura más en beneficio de los jefes

La red de 5g permitirá múltiples conexiones al mismo tiempo y el tránsito de datos con cero retraso. Estas características son cruciales para la explosión a gran escala de las tecnologías que utilizan la Inteligencia Artificial. Como sabemos, la Inteligencia Artificial, por definición, entra en el proceso de producción sustituyendo el trabajo humano (o al menos lo intenta). El trabajador se hace así cada vez más dependiente de un mecanismo del que a menudo no conoce el funcionamiento, estando cada vez más alienado, sucumbiendo siempre en mayor medida a los ritmos de trabajo dictados desde arriba. Su autonomía sólo puede reducirse. Se redescubre a sí mismo ya no como un protagonista, sino como el terminal de una máquina que, cuando no lo domina, es porque ya lo ha expulsado del proceso de producción, ocupando su lugar. La red de 5g responde más que a las necesidades del usuario medio (como nos quieren hacer creer), a las necesidades de los industriales. De hecho, en el modelo Industria 4.0 se prevé que las plantas industriales (fabricación, postproducción y generación de energía) se beneficiarán de los servicios realizados en la nueva red móvil.

Un buen ejemplo es la experimentación que se está llevando a cabo en el puerto de Livorno. La iniciativa forma parte de un proyecto europeo más amplio, "Corealis, puerto del futuro", que también afecta a los puertos de Valencia, El Pireo, Amberes y Haminakotka en el marco del programa Horizon 2020. La experimentación forma parte del programa 5G para Italia, una plataforma creada en 2016 por Ericsson y Tim que involucra industrias, universidades e instituciones públicas para el desarrollo de casos de uso innovadores de tecnologías de comunicación móvil de quinta generación. El programa se basa en el uso de tecnologías innovadoras como el Internet de las Cosas (IoT), sistemas de análisis de datos y de gestión de tráfico, obviamente unidos a las redes 5G. Servicios avanzados de videovigilancia y gestión de crisis con reconocimiento biométrico que identifican al personal portuario y a las personas en tránsito, boyas equipadas con dispositivos y sensores impermeables para la vigilancia ambiental de la zona portuaria, grúas de control remoto, sistemas de seguimiento en tiempo real de las operaciones logísticas e intercambio masivo de información entre las diversas infraestructuras. Y más: aceleración de las operaciones de carga y descarga, control remoto de las instalaciones logísticas de la zona, interconexión de cámaras para controlar la carga y el uso de la infraestructura. Estas son sólo algunas de las innovaciones introducidas en el puerto gracias a la red 5G. Esta red garantizará la máxima velocidad y representa la plataforma ideal para las comunicaciones estandarizadas sin interrupción, ya que no distingue entre vehículos, seres humanos y sensores implantados, ya que todos comparten la misma tecnología de acceso. El objetivo es revolucionar la logística del transporte con soluciones que permitan operaciones sin problemas. En los puertos en los que se realiza esta experimentación, se trata de crear estudios de casos reales, que a su vez sirven de modelo para otros puertos europeos, estén o no presentes en la plataforma operativa de Corealis.¹

De una cosa estamos seguros: la introducción de esta infraestructura permitirá en cada contexto de producción optimizar el tiempo, imponiendo así ritmos y cargas de trabajo cada vez más insostenibles. También permitirá un control capilar del trabajador a lo largo de la jornada laboral. Sus gestos, sus movimientos, sus tiempos serán trazables en todo momento. El 5G es también la base de apoyo para dar un mayor impulso al proceso de automatización, que causará la pérdida de miles de puestos de trabajo con el tiempo. Todo esto se propone bajo las banderas de la sostenibilidad ambiental y la seguridad de los trabajadores. Pero sabemos muy bien que el único interés de los patronos, el beneficio, siempre se persigue como fin en sí mismo y nunca para el beneficio social o para fines como la seguridad de los trabajadores y la salud del medio ambiente.

Los intereses del Estado: control social y guerra

Otro aspecto fundamental a considerar cuando se habla de la red 5G es su impacto sobre el control de los individuos. La red 5G es, de hecho, la infraestructura necesaria para el desarrollo de la Smart City: ciudades inteligentes donde, gracias a la Internet de las cosas, los objetos se conectan y comunican en tiempo real en una trama que parece inviolable. Todo esto no puede sino perjudicar la autonomía (ya muy limitada hoy en día) de los individuos, que no sólo dependerán cada vez más de los dispositivos para desenvolverse dentro de su rutina, sino que también serán controlados por ellos. En Francia, a pesar de la oposición de la población, las compañías han logrado instalar en los hogares contadores inteligentes Linky, capaces no sólo de medir el consumo, sino también de recoger información sobre los hábitos, actitudes y movimientos de los habitantes.

El control, además de llegar a la intimidad del hogar, se articula obviamente también en el espacio urbano: cámaras con tecnología biométrica de reconocimiento facial, ya en uso experimental en los aeropuertos de Roma (Fiumicino), Milán (Linate y Malpensa), drones que controlan el área urbana, miles de millones de objetos transmisores, sensores, microceldas y miles de nuevos satélites en el espacio que transmiten información sin parar.

En Génova, por ejemplo, los accesos al Puerto Viejo están vigilados por cinco cámaras de última generación compradas en el mercado por Leonardo, que permiten controlar los accesos y poner de manifiesto cualquier "anomalía". Gracias a la velocidad y rendimiento de 5G, se transfieren en tiempo real secuencias de vídeo de muy alta resolución desde las cámaras y sensores a un centro de datos, donde los algoritmos de videoanálisis basados en la inteligencia artificial permiten calcular el número de personas (People Counting) presentes dentro de un perímetro 'virtual' en el área del Puerto Antiguo, la densidad (People Density) en áreas específicas y, en definitiva, identificar situaciones y comportamientos peligrosos o anómalos.

La Ciudad Inteligente es un verdadero proyecto de ingeniería social. Estamos hablando de la ciudad-fortaleza de los ricos, donde los pobres y los indeseables se ven afectados por una guerra de baja intensidad que no les deja ningún espacio fuera de los barrios-gueto. Donde la vida se reduce a la producción y el consumo. Donde no hay intimidad porque cada aspecto de la vida es observado y registrado. Donde la sociabilidad se experimenta a través de dispositivos. Donde las posibilidades de abrir espacios de conflicto son cada vez más escasas precisamente porque se ven obstaculizadas por la nueva disposición arquitectónica, que todo lo ve y todo lo sabe.

Por último, pero no menos importante, es la aplicación de 5G en escenarios de guerra. Esta tecnología, como muchas de sus hermanas, nació en el campo militar. El tipo de ondas que utiliza esta red (milimétricas y microondas) se utilizan para localizar al enemigo (radar), además de ser una verdadera arma de guerra (Active Denial System). Los expertos militares predicen que el 5G desempeñará un papel decisivo en el uso de armas hipersónicas, es decir, misiles (también armados con cabezas nucleares) que viajan a una velocidad superior a Mach 5 (5 veces la velocidad del sonido, o 1,6 km/s). Estas armas vuelan a grandes altitudes, con trayectorias impredecibles y son capaces de evadir fácilmente los sistemas de defensa antimisiles existentes. Para orientarlos, hay que reunir, procesar y transmitir muy rápidamente enormes cantidades de datos. Por lo tanto, es necesaria la misma tecnología para activar los sistemas de defensa en caso de un ataque con tales armas. Como no hay tiempo humano para tomar una decisión, la única posibilidad es confiar en los sistemas automatizados de 5G. Esta tecnología también jugará un papel importante en el campo de batalla. De hecho, permitirá a los departamentos y a los soldados individuales la transmisión mutua, en tiempo real, de información sobre las operaciones y los contingentes en curso. El verdadero potencial de 5G será su impacto en la red de guerra del futuro. En ella se incluirán un número creciente de sistemas cada vez menos costosos, mejor conectados y con mayor resiliencia, capaces de operar en un escenario de batalla en rápida evolución. El 5G aumentará la letalidad de los drones 'killer' y los robots de guerra, dándoles la capacidad de detectar, seguir y golpear a ciertas personas basándose en el reconocimiento facial y otras características [biométricas]. La red de 5ª generación también será de suma importancia para la inteligencia y las fuerzas especiales, ya que hará posible sistemas de control y espionaje mucho más efectivos que los que se utilizan hoy en día. Las ondas milimétricas (espectro de alta frecuencia con longitud de onda corta) también serán perfectas para la creación de bases militares y puestos de mando inteligentes. Estas estructuras necesitan señales fuertes pero que al mismo tiempo no se propaguen demasiado lejos, ya que el enemigo podría interceptarlas.

Conclusiones

La propaganda del régimen nos muestra la red 5G como una oportunidad para todos nosotros. Es importante denunciar públicamente cuáles son las verdaderas aplicaciones de esta tecnología, muy lejanas a las necesidades reales de los individuos y de la sociedad. En los puestos de trabajo se muere por falta de medidas de seguridad, la sanidad es un lujo y el que no se lo puede permitir muere por un tumor en la lista de espera para una consulta. Se derrumban puentes y los responsables duermen tranquilos porque sus beneficios están garantizados. Los migrantes se ahogan en el mar y si tienen la suerte de aterrizar en tierra firme son encerrados en los campos de concentración estatales (CPR) [CIE] donde se comenten todo tipo de abusos. Las poblaciones en África y Medio Oriente mueren bajo las bombas occidentales.

Nos enfrentamos a una crisis social y medioambiental sin precedentes. Los oprimidos y explotados no entran en el mundo del 5G. Por eso es importante devolver al remitente el enésimo producto de su tan ensalzado progreso. Porque oponerse a la red 5G significa oponerse a una idea del mundo. Un mundo que vive de la explotación indiscriminada de muchos, en beneficio de pocos. Un mundo basado en la guerra, orquestada por un algoritmo. Un mundo donde el dispositivo prevalece sobre las relaciones sociales. Un mundo donde la solidaridad humana es suplantada por el egoísmo. Un mundo en el que la vida depende de mecanismos que no conocemos y no podemos controlar. Un mundo donde la autonomía es aplastada y sólo puede haber delegación.

Pisa, Enero 2020

Este documento pretende ser un primer intento de analizar la red de 5G
y sus aplicaciones y por lo tanto es absolutamente parcial.

Nota

1. En el puerto de Livorno hay otro proyecto "Logística del futuro en puertos inteligentes sostenibles" firmado por Ericsson, Tim, Fondazione ENI Enrico Mattei, Porto di Livorno, Consorzio nazionale interuniversitario delle comunicazioni (Cnit), Adsp Mar Tirreno Settentrionale y tiene por objeto reducir las emisiones de Co2 mediante el uso de la tecnología 5G.

Fuente (italiano): https://roundrobin.info

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Objeción fiscal desde el trabajo I

11 June, 2020 - 00:00

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Un libro que son muchos libros

11 June, 2020 - 00:00

Antoni Biosca i Bas

"El ladrillo de cristal. Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla".

El libro –con algo de ironía por su tamaño– toma el título de una expresión de Cortázar, así que, siguiendo con Cortázar, yo diría que este libro es, a su vez, muchos libros: es un estudio político de las formas occidentales del estado y el poder, un tratado sociológico del comportamiento actual en la era de internet, un estudio antropológico sobre parte de la historia de las religiones, un estudio politológico de la historia del marxismo, un estudio económico de la ciudad europea, una sátira de la sociedad cibernética al estilo de Juvenal, y unos cuantos libros más que el lector sabrá apreciar cuando se zambulla en sus páginas llenas de citas de autores de renombre y referencias bibliográficas que demuestran que el autor ha dedicado mucho tiempo a la redacción de este libro. Es probable que cada lector se centre en aspectos diferentes del libro –en aquellos que he citado o en otros que pueda descubrir el lector– pero esto no quita que se trate de un trabajo muy bien estructurado y ordenado, como deben ser los trabajos académicos. El texto de Pablo San José, además, tiene el mérito de combinar la metodología académica con un tono coloquial y afable que provoca que el lector se sienta cómodo frente a sus razonamientos –algo siempre de agradecer– y que, a su vez, estos razonamientos estén siempre bien asentados. No es nada fácil conseguir ese equilibrio.

Como ya se ha señalado en alguna ocasión, los textos de Pablo San José recuerdan a los de García Calvo, con quien estoy seguro de que coincidirá el autor en trabajos como ¿Qué es el Estado? o De los modos de integración del pronunciamiento estudiantil, precisamente sobre la construcción del Estado y la fagotización de las rebeldías, o con otros trabajos sobre temas más cotidianos como la televisión, el tren o las fiestas, trabajos recogidos, por ejemplo, en Avisos para el derrumbe. No debe entenderse esto como un demérito, sino como justo todo lo contrario: no es fácil establecer un discurso crítico y coherente frente a una realidad tan compleja en la que vivimos, especialmente cuando esa “realidad” ha asumido como propias las críticas a la misma para convertirlas en parte de esa realidad. Sé que parece un trabalenguas, pero es exactamente así: la cosa es tan complicada que hasta la propia definición de la cosa es complicada. La extensión del libro de Pablo demuestra que se trata una madeja enorme en la es muy difícil encontrar un hilo suelto por el que comenzar a tirar.

Muchos de los planteamientos de El ladrillo de cristal resultan especialmente interesantes por esbozar –y en ocasiones proponer de forma clara– una dialéctica novedosa en la que el materialismo histórico que planea sobre todo el libro pasa a convertirse en un conflicto entre agentes novedosos. Aunque siempre se trasluce una intención de plantear el conflicto entre libertad y poder –o justicia e injusticia si se prefiere un planteamiento más clásico– en ocasiones el choque se traslada a planteamientos valientes e interesantes como religión frente a ateísmo (o más bien maniqueísmo), o urbanismo frente a ruralidad. Quizás sea en este último punto donde, probablemente por razones personales, se ve al autor más involucrado en la defensa de uno de los miembros del conflicto, particularmente la defensa de la vida rural frente a la urbana. Esto puede sonar a ludismo o tradicionalismo político, pero no es así en absoluto. No siempre los conflictos son tan fáciles de identificar, y el autor hila muy fino para señalar cada detalle de cada una de las partes.

De todas las lecturas del libro hay una que prefiero destacar aquí por considerarla la más personal del autor. Un libro que se titula “estudio crítico de la sociedad occidental” parece contener implícitamente la forma de lucha contra esta sociedad occidental al señalar sus defectos; pero si el título completo añade “[estudio crítico] de los esfuerzos para transformarla” se entiende que esta forma de lucha es igualmente objeto de la crítica. Aunque en el libro se señala que en ningún momento se pretende desanimar al lector a buscar la forma de transformar la sociedad y que, al contrario, el libro pretende ser una especie de “manual de instrucciones” para conseguirlo, mi impresión es que la conclusión final del libro –mi conclusión– muestra que no es fácil saber qué hacer frente a la injusticia, ya que la justicia y la injusticia funcionan con mecanismos muy semejantes, e incluso, en ocasiones, idénticos. El nazismo, los jemeres rojos, el terrorismo islamista, y el larguísimo listado de “malvados” históricos que quiera uno considerar como tales, son movimientos que nacieron como lucha contra la injusticia, quizá una injusticia minoritaria, miope o muy cuestionable, pero injusticia al fin y al cabo. Y es precisamente en el planteamiento del libro en el que veo una visión propia de la madurez política que se aleja de los sencillos planteamientos juveniles –infantiles si se quiere– de “buenos” y “malos”.

¿Qué se puede hacer, por tanto, frente a la injusticia? Bueno, nadie dijo que fuera fácil. Un punto de partida es leer y disfrutar del libro El ladrillo de cristal de Pablo San José.

Más información sobre el libro y sobre cómo conseguirlo.

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Muerte de George Floyd: El país latinoamericano donde la policía mata a más negros que en Estados Unidos

11 June, 2020 - 00:00

Arturo Wallace
BBC News Mundo

3 junio 2020

La muerte de George Floyd al momento de su arresto en Minneapolis, Estados Unidos, encendió al país y volvió a poner de manifiesto un grave problema en la nación más rica del mundo: el racismo y la brutalidad policial.

En EE.UU. unas tres personas mueren a manos de los agentes del orden todos los días y las posibilidades de perder la vida de esa manera aumentan significativamente si, como en el caso de Floyd, se tiene la piel negra.

Efectivamente, los afroestadounidenses constituyen aproximadamente el 12% de la población pero, según Fatal Force -el conteo de muertes imputables a policías en EE.UU. de The Washington Post- entre 2015 y 2019 sumaron el 26,4% de todas esas muertes.

Eso quiere decir que un ciudadano negro tienen dos veces más posibilidades de morir como resultado de la acción policial que cualquier otro estadounidense.

Y el riesgo es todavía mayor si se compara únicamente con la población blanca.

Hay, sin embargo, al menos un país latinoamericano donde la policía mata a muchos más afrodescendientes que en EE.UU., tanto en términos absolutos como proporcionalmente.

"Si uno sigue más o menos de cerca las noticias de Brasil encontraría noticias probablemente mucho peores que las que estamos leyendo sobre EE.UU.", coincide Alejandro de la Fuente, director del Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de la Universidad de Harvard (EE.UU.).

8 de cada 10

Efectivamente, según un análisis del Foro Brasileño de Seguridad Pública, casi ocho de cada 10 las víctimas fatales de la policía brasileña son afrodescendientes.

"Aunque representan el 55% de la población brasileña, los negros son el 75,4% de los muertos a manos de la policía", se lee en la edición de 2019 de su Anuario Brasileño de Seguridad Pública.

Y como la policía brasileña mata a muchas más personas que la de EE.UU., -unas 18 al día, el 10,8% de todos los homicidios del país- la diferencia en números absolutos también es notable.

"La policía en Brasil es mucho más letal. En EE.UU. la policía es responsable de unas 1.000 muertes por año y en Brasil de más de 6.000", le dice a BBC Mundo Antonio Almeida, del Observatorio de la Criminalización de la Pobreza y los Movimientos Sociales de la Universidad de Sao Paulo.

"Y esas son las cifras oficiales. Los números reales son más altos", advierte.

Así, según el conteo de The Washington Post, en EE.UU. los muertos a manos de la policía durante 2018 sumaron 998, 229 de ellos eran afroestadounidenses.

Mientras que en Brasil ese mismo año el FBSP contabilizó 6.220 fallecidos en operaciones policiales, lo que arrojaría un saldo de 4.991 afrodescendientes muertos a manos de agentes del orden: más de 21 veces el número de EE.UU.

"Paralelamente, los blancos representan el 44,2% de la población de la población (de Brasil), pero son el 24,4% de las víctimas de la letalidad policial", destaca también el anuario del FBSP.

"Imposible negar el prejuicio racial de la violencia en Brasil, el rostro más evidente del racismo en nuestro país", se lee en el documento.

"En países racistas como es Brasil y como son otros países de América Latina, las instituciones también son racistas", coincide Alcadipani.

"Y que las instituciones policiales en la región son racistas es algo sobre lo que no hay sombra de duda", le dice a BBC Mundo.

Negros y pobres

Tanto el profesor de la Fundación Getulio Vargas como su colega de la Universidad de Sao Paulo, sin embargo, insisten en que explicación de la altísima tasa de mortalidad es un poco más compleja.

"La cuestión de la raza en Brasil, claro que es un elemento muy importante. Pero también está la cuestión de pobreza", explica Alcadipani.

Almeida coincide en que el factor unificador de la inmensa mayoría de las muertes a manos de la policía brasileña es la pobreza.

"En Brasil, la mayoría de la gente que muere a manos de la policía son afrodescendientes y pobres. Pero si eres blanco y pobre también te puede matar a policía", dice el vicecoordinador del Observatorio de la Criminalización de la Pobreza y los Movimientos Sociales de la USP.

Y los dos investigadores también insisten en que para entender bien el fenómeno también hay que reparar en la lógica con la que operan las fuerzas policiales.

"En Brasil, la policía no tiene como prioridad la seguridad de la gente: aquí su principal preocupación es la protección de la propiedad, especialmente la propiedad internacional. Y en Estados Unidos pasa algo parecido", explica Almeida.

Aunque Alcadipani destaca una importante diferencia.

"La policía en Brasil tiene una lógica muy violenta, al igual que en toda América Latina, la lógica es la lógica de la confrontación. Pero además la sociedad en general cree que el buen bandido es el que está muerto", explica el profesor de la Universidad de Sao Palo.

"Entonces, hay una demanda de la sociedad para que se mate a algunas personas, y esto hace la situación mucho peor en Brasil y en América Latina", le dice a BBC Mundo.

Es precisamente ahí, sin embargo, donde el racismo explica la mayor vulnerabilidad de la población negra, alerta De la Fuente.

"El racismo no es solo una cuestión de una distribución desigual de recursos. El racismo está anclado en una distribución desigual de recursos, pero es mucho más que eso: es todo un complejo cultural", explica el profesor de Harvard.

"Así, muchas veces cuando un policía interactúa con una persona afrodescendiente, lo que ve es un criminal. ¿Por qué? Porque existe todo un cuerpo de saber producido desde fines del siglo XIX que supuestamente demuestra, supuestamente científicamente, que las personas afrodescendientes tienen una mayor propensión a la criminalidad", le dice a BBC Mundo.

La sencilla pregunta con la que una profesora pone en evidencia el racismo en EE.UU.

Un problema que empeora

Por lo demás, los tres expertos coinciden en que en el caso de Brasil el problema se ha agravado bajo el gobierno de Jair Bolsonaro.

En 2014, el promedio de muertes diarias a manos de la policía era de seis, y cuatro años más tarde ya había subido a 18.

"Esto ya era un problema con los gobiernos del Partido de los Trabajadores y los gobiernos del PT hicieron muy poco o casi nada para cambiar esta lógica de la seguridad publica en Brasil", sostiene Alcadipani.

Por qué la policía en Brasil mata a seis por día

"Pero el ápice es ahora con Bolsonaro, quien de hecho fue electo con la bandera de que la policía tiene que matar más. Bolsonaro incentiva la violencia policial y él como presidente hace que la situación sea peor", agrega.

Y los tres investigadores también destacan que en lo que a América Latina se refiere, el problema no es exclusivo de Brasil, aunque este se expresa de diferentes maneras en otros países.

No solo en Brasil

"Otro país donde la violencia racializada y la violencia racista es bastante generalizada es Colombia", alerta De la Fuente.

"Creo que es un fenómeno diferente al de Brasil, pero es un país del que tenemos información sistemática, absolutamente devastadora, de que la violencia de distintas fuerzas de seguridad recae con frecuencia sobre activistas afrodescendientes que luchan por los derechos de las comunidades, los derechos medioambientales, la protección de territorios", explica.

Para el director del Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de Harvard esas son sin embargo "formas de violencia racializadas que quizás leemos diferente a cuando tenemos a un policía uniformado".

"Pero son forma de violencia racializada que también están siendo instrumentadas desde grupos de poder y cuerpos de seguridad más o menos formales", explica.

Y Katherine Aguirre Tobón, investigadora asociada del Instituto Igarapé y de la Fundación Ideas para la Paz, advierte que en el caso colombiano una mirada nacional puede ayudar a ocultar el problema.

"La distribución de la población negra (aproximadamente un 10% de la población) no es uniforme. Pero estoy segura que si en ciudades como Cali se hace un estudio se podrían identificar patrones de victimización que muestren que los jóvenes negros son más vulnerables", le dice a BBC Mundo.

De la misma manera, la forma de definir y contar a los afrodescendientes podría estar ocultando sesgos en la violencia policial en otros países con un claro problema en ese sentido como Venezuela, que de hecho es el país de la región donde la policía es responsable por el mayor porcentaje de homicidios.

Efectivamente, según los últimos datos del Monitor de la Fuerza Letal en América Latina del Centro de investigación y Docencia Económicas de México, el 25,8% de todos los homicidios en Venezuela son imputables a las fuerzas del orden.

Esto lo coloca muy por delante de Brasil, con el 10,8%, El Salvador, donde la policía es responsable por el 10,3% de todas las muertes violentas, y Colombia, donde la cifra baja al 1,5%.

Pero como explica Roberto Briceño, director del Observatorio Venezolano de la Violencia, en Venezuela no hay estadísticas desagregadas por raza y solamente un 4% de la población del país se reconoce a sí misma como negra o afrovenezolana, aunque el porcentaje de afrodescendientes aumenta al 53% al incluir a los que se reconocen como "morenos".

"Lo que sí se puede notar es una mayor acción de la policía hacia sectores más oscuros de piel, pero que pueden ser mestizos, y están a su vez mezclados con una connotación social: son pobres y forman parte muchas veces de lo que es el estereotipo de la violencia", le dice a BBC Mundo.

"En otras palabras, la inmensa mayoría de las víctimas de la violencia policial, de la acción extrajudicial de la policía, se corresponde con violencia ejercida sobre población mestiza o negra, pero esa es la mayoría de la población del país y de la población pobre del país", agrega.

Y Briceño también destaca que, a diferencia de EE.UU., "los policías de Venezuela también son fundamentalmente mestizos, así que la atribución racial no es fácil de hacer".

Algo parecido también pasa en Brasil, donde de hecho la mayor parte de policías muertos en servicio también son afrodescendientes -el 51% de los fallecidos 2017 y 2018, siempre según el FBSP- , a pesar de constituir únicamente el 31% de la fuerza.

Y los riesgos para los jóvenes negros no se imitan a las situaciones en las que interviene la policía.

Un estudio realizado en 2017 en Rio de Janeiro -el estado con los mayores índices de violencia Brasil- encontró que a los 21 años de edad, cuando el riesgo de ser víctima de homicidio está en su punto más alto, un joven negro tiene 147% más de posibilidades de ser asesinado que los jóvenes brasileños de otras razas.

De ahí que más allá de la responsabilidad de la policía o no, algunos expertos prefieren llamar la atención sobre lo que califican de verdadero "genocidio de la juventud negra" en el país sudamericano.

Aún así, Antonio Almeida no cree que ese problema pueda desencadenar una ola de protestas en Brasil similar a la que se vive en estos momentos en EE.UU.

"El racismo es menos cuestionado aquí. Hay mucho racismo y es un problema muy profundo que apenas estamos empezando a discutir", explica.

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Ahogando

10 June, 2020 - 00:00

En EEUU y en UE...

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Un albañil de Jalisco asesinado se convierte en el símbolo contra el abuso policial en México

10 June, 2020 - 00:00

ciudad de méxico

Alberto Pradilla

Giovani López, un albañil de 30 años, fue asesinado el 4 de mayo. Aquel día, policías municipales lo arrestaron supuestamente por no llevar mascarilla para protegerse contra la covid-19. Apenas 24 horas después, cuando sus familiares fueron a recogerlo en comisaría, les dijeron que ya no estaba allí, que lo habían trasladado al hospital. Tuvieron que ser los doctores del centro médico los que les informaron de que el hombre había muerto: su cuerpo tenía múltiples contusiones y un disparo en la pierna.

El homicidio ocurrió en Ixtlahuacán de los Membrillos, Jalisco, un pequeño municipio ubicado 40 kilómetros al sur de su capital, Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México. Durante un mes, el video en el que se aprecia cómo Giovani es introducido por la fuerza en el coche patrulla entre protestas de pasó desapercibido.

Pero luego llegó el asesinato de George Floyd en Minnesota, Estados Unidos, a manos de unos policías blancos y la grabación recordó a los mexicanos que no hace falta cruzar el Río Bravo para encontrarse con abusos de tipos de uniforme.

En el video se observa a Giovanni López suplicando ayuda mientras lo suben a empujones a un vehículo policial entre insultos homófobos.

"Solo porque no trae cubrebocas", protesta una mujer. El policía al mando defiende la actuación asegurando que se estaba resistiendo. "Ustedes lo golpearon", alega la señora.

"Si lo matan ya sabemos", cierra otro hombre. Como si ya sospechase lo que iba a ocurrir. Un día después, Giovani estaba muerto, aunque tardaría más de un mes en convertirse en un escándalo a nivel nacional.

La viralización del video en el contexto de la rebelión en Estados Unidos llevó a las protestas. Aunque México se encuentra en el momento álgido de la pandemia, con casi 2.000 muertos por coronavirus registrados entre miércoles y viernes, nunca decretó toque de queda ni restringió los movimientos. Así que cientos de personas se concentraron el jueves ante el palacio municipal de Guadalajara.

Trataron de entrar por la fuerza, pero se encontraron con las puertas cerradas. Así que le prendieron fuego. Durante toda la tarde se registraron disturbios en el centro de la capital de Jalisco. Dos coches policiales resultaron calcinados, aunque la imagen que resultó más impactante fue el momento en el que un hombre encapuchado prende fuego a un agente al que previamente rociaron con líquido inflamable.

Al mismo tiempo, los antidisturbios de la Policía Estatal provocaron decenas de heridos, lanzando gas lacrimógeno y practicando 28 detenciones. Entre los arrestados se encontraba Isaí Luna, un joven al que las cámaras captaron mientras era brutalmente golpeado entre varios policías.

"Mi hijo tiene totalmente golpeado su cara y su abdomen. Trae una descalabrada en su cráneo y tuvieron que hacerle un TAC", dijo Jesús Luna, su padre. La gran paradoja de estas agresiones es que añaden leña al fuego de las protestas. Gente harta de los abusos policiales sale a manifestarse y termina convertida en víctima de los mismos abusos. Así continuó el viernes, cuando varias personas denunciaron haber sido capturados por policías que viajaban en todoterrenos sin placas y abandonados en parajes solitarios en el exterior de Guadalajara.

En México a esta práctica se llama "levantón". No todos los levantados regresan a su casa. Hablamos de un país con más de 61.000 desparecidos según el conteo del Comité Nacional de Búsqueda. Que policías salgan a cazar manifestantes y se los lleven en vehículos sin identificación es lanzar un mensaje tenebroso.
Hasta el propio gobernador, Enrique Alfaro, terminó reconociendo los abusos y prometió sanciones contra los agentes.

Actualmente hay tres agentes detenidos y acusados de la muerte de Giovani, entre ellos el comisario municipal. El gobernador Alfaro ordenó también que el ejecutivo estatal se haga con el control de la policía municipal de Ixtlahuacán de los Membrillos. Sin embargo, parece evidente que sin la viralización del caso y las protestas no se habría producido la persecución a los responsables. Según un informe de Impunidad Cero, el 99% de los crímenes quedan sin castigo en México.

Ataques a la embajada

El incremento de la represión hace previsible un aumento de las protestas. Por el momento, estas se extendieron a Ciudad de México. El viernes, decenas de jóvenes, en su mayoría encapuchadas, recorrieron diversas calles del centro de la capital arrasando todo a su paso. Lanzaron piedras y cócteles molotov contra la embajada de Estados Unidos, destrozaron locales comerciales y terminaron la protesta ante la representación del Estado de Jalisco en la Ciudad de México. Que las oficinas estén ubicadas en la acaudalada colonia de Polanco (si hiciésemos un símil con España hablaríamos del barrio de Salamanca) facilitó el caos y la destrucción. En este caso, el gobierno de la Ciudad de México mandó a la policía únicamente al final de la protesta. Tiempo suficiente para que varios agentes pateasen la cabeza de una menor de 15 años que tuvo que ser hospitalizada.

México sufre actualmente dos pandemias. Por un lado, la nueva y que se extiende por todo el planeta, la de covid-19. Con 110.026 casos y 13.170 muertos, es uno de los diez países con mayor número de fallecidos a causa del coronavirus. Por otro, la de siempre, la de violencia. Desde 2006, año en el que Felipe Calderón declaró la "guerra contra el narcotráfico", la cifra de asesinatos está disparada. En 2019, el más sangriento desde que se tienen registros, más de 35.000 mexicanos perdieron la vida en algún hecho violento y este año las cifras no se han reducido a pesar de la pandemia.

La muerte de Giovani López conjuga las enfermedades que ahora castigan a México. En este contexto, el caso se ha convertido también en el escenario de la disputa política entre el gobernador Alfaro y el presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Desde el inicio de la pandemia, Alfaro siempre defendió la imposición de un toque de queda e incluso salir a la calle sin cubrebocas es motivo de multa y arresto en Jalisco. López Obrador, por su parte, abogó por la salida no autoritaria y confió en la buena voluntad de los ciudadanos, aunque sus mensajes hayan sido en ocasiones frívolos ante la gravedad de la pandemia.

Ahora cuando se conoció el asesinato, partidarios de López Obrador responsabilizaron a Alfaro por su autoritarismo, mientras que este dijo que los disturbios habían sido orquestados por seguidores del presidente.

La reacción del gobernador es la habitual de un mandatario mexicano cuando se producen violaciones a los derechos humanos en sus dominios: culpar a otros e incluso a la propia víctima.

En un primer momento, Alfaro trató de negar que Giovani López hubiese sido detenido por no llevar cubrebocas y quiso desviar la atención asegurando que lo arrestaron por haber atacado a los policías.

Esta explicación es desmentida por el video que recoge las últimas imágenes de la víctima y por el testimonio de Cristian, su hermano. "Usted miente, miente al decir que no fue por un cubrebocas, inventado que estuvo drogado o cualquier cosa, la ley que se le aplicó fue por un cubrebocas que no traía", dijo a través de un video difundido en redes sociales.

Las nuevas revelaciones de un testigo que fue detenido con Giovani indican que este fue torturado durante al menos tres horas. Hoy lunes tendrá lugar la vista judicial de los 28 detenidos en la protesta del jueves. Cuando recuperen la libertad es previsible que se escuchen nuevos testimonios de palizas a manos de uniformados. Habrá que ver si, como en el caso de George Floyd, las protestas se extienden por todo el país o si, por el contrario, el descontento se apaga en un país acostumbrado a historias terribles protagonizadas por sus policías.

Público

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Por qué la policía de EEUU mata más que ninguna (y más si eres afroamericano)

10 June, 2020 - 00:00

Carlos Hernández-Echevarría

En EEUU la policía mata a más de 1.000 personas al año ¿Es mucho? Desde luego es más que en Alemania, donde las fuerzas de seguridad matan a 10. Una cuenta fácil nos dice que los agentes estadounidenses matan en cuatro días lo que sus compañeros alemanes en todo el año y aún les sobra algún muerto. En España, según el INE, nadie murió a manos de la policía en el último año disponible. Así que sí, se puede decir que en EEUU la policía mata mucho.

La siguiente pregunta es: ¿mata más a los negros que a los blancos? Los datos dicen que sí: un afroamericano tiene tres veces más posibilidades que un blanco de morir a manos de la policía y también es más probable que esté desarmado en el momento de su muerte. Y todo esto, ¿por qué? Veamos las cifras de ese "racismo institucional" que denuncian los manifestantes.

Más detenciones y más duras

Todos sabemos ya que George Floyd murió después de que un policía le aplastara el cuello con la rodilla durante 8 minutos, pero hay una parte muy relevante de la historia que no conviene olvidar: George Floyd fue detenido porque le acusaron de usar un billete falso de 20 dólares, esa es la razón por la que acabó tirado, esposado y con el agente encima. Los vecinos del barrio dicen que es algo que sucede habitualmente, pero que rara vez interviene la policía ¿Por qué fueron entonces cuatro agentes a detener a Floyd con semejante violencia?

Tal vez por la misma razón que un negro tiene el doble de posibilidades que un blanco de que la policía le pare mientras va conduciendo y cuatro veces más de que le registren el coche. Todo aunque los estudios demuestran que los registros a conductores blancos son más "fructíferos", es decir, en ellos se encuentran más objetos ilegales. Es también curioso que a los blancos les paran más después de "pillarles" cometiendo una infracción al volante y a los negros más en controles rutinarios y "aleatorios" sin motivo previo. Otro estudio reciente también indica que cuando es de noche y es más difícil distinguir el color de piel del conductor, la policía para a más blancos.

Y después de la orden de parar, a veces llega el arresto. Un estudio ha demostrado que la tasa de detenciones de los afroamericanos por algunos delitos menores es el doble que la de los blancos. Lo mismo sucede con las drogas: en Nueva York los afroamericanos son detenidos ocho veces más que los blancos por delitos relacionados con la marihuana, aunque el uso y la venta son prácticamente iguales en ambas comunidades. Es importante tener todo esto en cuenta porque a más arrestos, más posibilidades de que una situación se salga de madre como sucedió con George Floyd. Ahora mismo, un afroamericano en EEUU tiene más miedo a ser víctima de la policía que a serlo de un criminal violento.

La policía tiene miedo

Los policías estadounidenses también están aterrados: el 84% de los agentes teme a veces por su integridad y más de la mitad cree que "en ciertos barrios" funciona mejor ser "agresivo" que ser "educado". Esto puede tener que ver con el hecho de que trabajan en un país con mucha libertad para llevar armas, de forma que cada vez que tienen que abordar a alguien en la calle han de tener en cuenta que puede ser un riesgo para su vida.

Además, es indudable que además los agentes tienen ideas bastante más conservadoras sobre las relaciones raciales que el resto de la población. Entre los policías blancos, que todavía son tres de cada cuatro, solamente el 6% cree que EEUU "debe seguir haciendo cambios para dar a los negros igualdad de derechos", una frase que en cambio comparte el 41% de los estadounidenses blancos.

En cuanto a las protestas que siguen a las muertes de jóvenes negros a manos de la policía, más de un 90% de todos los agentes creen que están motivadas sobre todo por el odio a la policía. Es curioso como el 67% de los agentes blancos creen que esas muertes son "casos aislados" mientras que el 57% de los agentes negros dicen que son "el síntoma de un problema mayor".

La impunidad

Otra posible causa del gatillo fácil contra los afroamericanos es que haya cierta sensación de que sale gratis. Aunque el 76% de los agentes dice que los grandes incidentes mediáticos sobre la muertes de afroamericano le ha hecho pensárselo más antes de usar la fuerza, la realidad es que es extremadamente raro que la justicia haga pagar a un policía por esto. En el 99% de las muertes a manos de la policía, el agente responsable no fue siquiera imputado y en menos del 0,3% fue condenado.

Incluso las quejas por conductas discriminatorias rara vez llegan a algo. A lo largo de dos años, la policía de Los Ángeles recibió 1.350 denuncias de ciudadanos que decían que les habían tratado diferente por su color de piel y el departamento desestimó todas y cada una de ellas. Un estudio en Carolina del Sur descubrió que cuando un blanco presentaba una queja de "uso excesivo de la fuerza" contra la policía, tenía siete veces más posibilidades de que llegara a algo que cuando el denunciante era negro.

Los datos dejan poco lugar a la duda. La policía es solo el primer eslabón de un sistema judicial que tiene graves problemas de racismo institucional y que trata bastante peor a los afroamericanos que a los blancos. Se les excluye de los jurados populares más que a los blancos, se piden para ellos sentencias más duras, se les exigen fianzas más altas y van más a prisión preventiva. Y el sistema no solo los discrimina como acusados, también como víctimas: aunque solo en la mitad de los asesinatos en EEUU la víctima era blanca, el 80% de los condenados a muerte lo fue por matar a una persona blanca.

El Diario

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Los parias del imperio. En EEUU existen más de 600.000 personas sin techo

9 June, 2020 - 00:00

Los parias del imperio.

Según el National Center on Family Homelessness en EEUU existen más de 600.000 personas sin techo.

Los Ángeles es una de las megalópolis más opulentas de Norteamérica y del planeta tierra. En este territorio habitaban de los indígenas Chumash y los Tongva hasta que en el siglo XVIII fue conquistado por los misioneros jesuitas y después de su expulsión, por los Franciscanos. Cuenta las crónicas que la ciudad fue fundada en 1781 por un grupo de colonos españoles (súbditos de Carlos III), mestizos, mulatos y esclavos indígenas o jenízaros procedentes de Sonora y Sinaloa. Los padres pioneros la bautizaron con el nombre de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles de la Porciúncula. Hasta que en el año de 1846 los invasores yanquis le arrebataron a los mexicanos California (la isla de la fantasía).Con el estallido de la fiebre del oro y el descubrimiento del campo petrolífero de Brea-Olinda se convertiría en uno de los estados más prósperos de la Unión Americana.

Los Ángeles con 17.000.000 millones de habitantes es la segunda mayor aglomeración después de Nueva York, una ciudad multiétnica con más de 200 nacionalidades. Aunque también hay que destacar otros centros urbanos como San Francisco, San Diego (donde está la base aeronaval de North Island que es una de las más importantes del Pacifico) Sacramento (capital), San José, San Carlos o Fresno,

El estado California se considera la quinta economía del mundo pues es un centro neurálgico de la industria aeronáutica, cinematográfica, turística y de las multinacionales de la tecnología punta más famosas con sede en el Silicon Valley (bahía de San Francisco) Google, Facebook, Amazon, Twitter, Microsoft, IBM, Adobe, Apple, Cisco, eBay, HP, Netflix, SanDisk, Tesla, Yahoo, Lockheed Martin, etc., etc. Aunque parezca mentira tan solo las ganancias anuales de Google -que rondan los 13.000 millones de dólares- equivalen al PIB de un país como México. Los sueldos de director ejecutivo de una de estas compañías multinacionales supera los 363.000 dólares anuales, la de los ejecutivos no bajan de los 16.000 dólares mensuales. De ahí que el costo de la vida se haya disparado hasta las nubes en toda el área de la bahía de San Francisco.

En el horizonte se recorta las cordillera Snowed Peaks que enmarca el valle de San Fernando donde se levanta esta mítica y súper tecnológica megalópolis del siglo XXI, Un verdadero espejismo de ensoñación con sus free way atestadas de vehículos y rascacielos que disparan rayos laser que nos obnubilan con sus efectos especiales. Nos sentimos empequeñecidos al contemplar esos penes erguidos de acero y cemento armado recubiertos de cristales de plata que intentan copular con las nubes. Símbolo de la opulencia y el poderío imperial en los bancos catedrales se adora el becerro de oro. Nos subyuga el bombardeo de anuncios publicitarios que con sus lucecitas de colores pretende engatusarnos con las más variadas ofertas y rebajas. Una marabunta de individuos con sus teléfonos celulares en la mano trotan apresurados hacia sus colmenas de trabajo; son los businnessman del time is money y el fast food cuyo primer mandamiento es elevar la productividad hasta el infinito. Prevalece la ética protestante del trabajo, es decir, disciplina, ahorro, y laboriosidad sin límites (fundamentos del capitalismo según Max Weber) Donald Trump declaró al principio de su mandato que "nunca hubo un mejor momento para vivir el sueño americano" Claro, la clase baja quiere ser clase media, la clase media sueña con ser clase alta y la clase alta desea multiplicar aún más su riqueza.

Pero detrás de todo está apoteósica y megalomaníaca escenografía nos encontramos cara a cara con una desgarradora realidad que nos sobrecoge. Como por arte de magia nos trasladamos al pútrido Tercer Mundo de las barriadas de Daca, Bombay, o Calcuta. Y es que 60 mil homeless han invadido calles, avenidas, plazas y parques del condado de los Ángeles con sus campamentos de tiendas de campaña o tugurios improvisados de cartón, madera y plástico. De ahí que esta majestuosa megalópolis del Primer Mundo se haya ganado el vergonzoso título de la capital de los homeless de Estados Unidos. Hasta en las alcantarillas o debajo de los puentes sobreviven hacinados en sus ratoneras unos faquires cadavéricos a los que sin compasión se los traga, devora y deglute el feroz capitalismo depredador.

Estamos ante una emergencia humanitaria devastadora y masacrante aunque la administración del presidente Donald Trump intente ocultarlo o ignorarlo.

Producto de sus alteraciones psíquicas muchos hablan solos por las calles repitiendo sus soliloquios incomprensibles, sobreexcitados gritan, lanzan alaridos, berrean, patalean y luchan contra un enemigo invisible como si se tratara de un dantesco teatro del absurdo. Estas tribus urbanas se dan apoyo mutuo y autoprotección. Al carecer de las más mínimas condiciones de higiene proliferan las infecciones, las plagas de parásitos, piojos, chinches, cucarachas, ratas. Una cosa es sobrevivir en la calle durante la primavera y verano y otra cuando el tiempo cambia y se viene encima el crudo invierno. Entonces, deben enterrarse vivos en cajas de cartón recubiertas de plástico o parapetarse en sus tiendas de campaña envueltos en mantas para darse calor. Es increíble pero en pleno down town traen y llevan el agua, apilan leña para hacer fuego y cocinar, empujan por las calles sus carros supermercados cargados con chatarra, cartón, plástico o latas de refresco o cerveza para luego venderlos en las recicladoras. Todos llevan grabado en la frente ese estigma de parias malolientes que les produce un hondo sentimiento de humillación y vergüenza.

La policía intenta por todos los medios impedir que sigan invadiendo el centro angelino; los reprime a palazos, se les acosa, se destruyen sus campamentos con bulldozer o se les expulsa a la fuerza hacia otros distritos marginales situados en los extrarradios. Pero las autoridades saben que si no se actúa con cautela y contención podría generarse un estallido social de impredecibles consecuencias.

¿Como puede ser posible que exista este contraste tan brutal en una de las ciudades más ricas del mundo, en uno de los estados más prósperos del mundo? Parece inconcebible por las calles avenidas plazas más céntricas vaguen sin rumbo fijo manadas de parias harapientos, zombis en estado catatónico, tullidos, reumáticos, jóvenes prematuramente envejecidos, desdentados, cojos con muletas, inválidos en sillas de ruedas, ciegos, sordos o autistas. y sin distinción racial o étnica (jóvenes hombres, mujeres, o viejos) pues están mezclados desde anglosajones 24%, afroamericanos (43%) latinoamericanos (mestizos e indígenas) el 36%, asiáticos 12,3%.

Son los que naufragaron a la orilla del oasis capitalista del esplendor y la abundancia, son los que creyeron que iban a comerse el mundo y recoger a manos llenas la cosecha de dólares bien verdecitos pero la fatalidad del destino los condujo al corredor de la muerte.

Los Ángeles se jacta de ser una ciudad respetuosa con los derechos de los animales. Así lo han declarado repetidamente los responsables políticos y por eso es que no existen perros callejeros pues la sociedad protectora de animales se encarga de recogerlos y conducirlos a los albergues municipales para entregarlos en adopción. Por lo general las mascotas despiertan entre los ciudadanos sentimientos de amor y de cariño; se les acaricia, se les abraza y se les colma de besos (el perro es el mejor amigo del hombre) pero esos desechos humanos sucios y malolientes solo inspiran asco.

los sábados y los domingos los predicadores de las sectas evangélicas se acercan a los campamentos de indigentes para leerles pasajes de la Biblia a ver si la palabra de Dios obra el milagro de redimirlos. Porque estos seres estigmatizados se merecen una segunda oportunidad y si se arrepienten de sus pecados podrán gozar de la vida eterna junto a Jesucristo nuestro señor. "Hermanos, bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos"

El fenómeno de la marginación social lo describió magistralmente el laureado autor y humanista Walt Withman que nos dejó este poema inmortal de su obra "Canto a mi Mismo" (1855) "yo no me tapo la boca, ni me pongo el dedo índice en los labios, encarno todas las tragedias la del forajido y la del loco, la del fugitivo y la del muerto de hambre, de mi garganta salen voces largamente calladas, voces de prisioneros y de vagos, de vírgenes y de prostitutas. Y solo me inclino ante los altares humildes y olvidados, solo ante los desposeídos y los que limpian las letrinas. Os juro por mi alma que jamás os negaré".

Estados Unidos es uno de los países más ricos, más poderosos y tecnológicamente avanzados del mundo, pero también es una de las sociedades más desiguales del mundo, una sociedad decadente del derroche y el consumismo extremo. 40.000.000 de sus habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza (cifras anteriores a la crisis del coronavirus) Y no solo son inmigrantes, negros o indígenas sino que en esta lista hay que incluir 8 millones de blancos pobres. Se ha estructurado una sociedad hipercapitalista donde la distribución de la riqueza e ingresos lo domina el 1% de ricos.

Esta monstruosa urbe artificial y opresiva no tiene clemencia del lumpen antisistema, los anarquistas sin dios ni patria ni ley que se niegan a cumplir las normas más elementales de convivencia. Las multas que les impone la policía por su comportamiento antisocial están diseñadas para que rápidamente se conviertan en deudas impagables y sin piedad sean condenados a penas de cárcel. Parece mentira pero hay hambre y la única opción es estirar la mano a ver si los buenos samaritanos les regalan un pedazo de pan o una monedita. En muchas ciudades de los EEUU está prohibido recoger lo que se tira en las papeleras pues es propiedad municipal.

Los defensores de derechos humanos como la Alianza de los Derechos Humanos de los Ángeles y distintas ONG levantan la voz reclamando al gobierno del estado de California y al federal un programa de reinserción social para indigentes o homeless. Algo que también exige el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU en Desigualdad y Pobreza Extrema. En todo caso también se aplica el Wellfare de asistencialismo y bienestar del gobierno, el Homeless Assistance Program y el Health Service (HHS) del Departamento de Servicios Sociales. El condado de los Ángeles administra refugios y comedores donde se entregan las donaciones procedentes de los supermercados, fundaciones, iglesias y asociaciones de beneficencia.

En los EEUU los servicios de salud están privatizados y la seguridad social exclusivamente atiende a trabajadores que cotizan mientras los millones de ciudadanos pertenecientes a los estratos más bajos de la sociedad o familias vulnerables se ven abocadas al Medicaid (salud pública gratuita) mediocre y deficitario. Muchos tienen que elegir entre comer o comprar medicamentos. Por ejemplo, el presupuesto de un tratamiento médico puede elevarse a varios miles de dólares dependiendo de la gravedad de la dolencia. Algo imposible de asumir por pacientes pauperizados. Existen altísimas tasas de desnutrición, mortalidad infantil, enfermedades crónicas. Es tal la emergencia sanitaria que las iglesias y organizaciones caritativas han instalado en muchos pueblos y ciudades hospitales de campaña para brindarles tratamientos gratuitos a los más necesitados. Al menos algunas almas compasivas dejan caer algunas migajas del gran banquete demostrando así su profundo espíritu caritativo. Donald Trump prometió que durante su mandato se reducirían drásticamente las cifras de pobreza.

Para mantener el tren de vida en esta megalópolis desquiciante es necesario tener dos o tres empleos que aseguren una sustanciosa paga mensual para asumir el pago de las deudas, los créditos bancarios, el alquiler, los servicios, los seguros, los impuestos... Los ciudadanos deben aguantar la presión insoportable de un ritmo de vida vertiginoso y desquiciante. Después de agotadoras jornadas laborales, rendidos por el estrés traumático el único escape a tantas tensiones es el alcohol, las drogas, los antidepresivos o ansiolíticos. Si se les acaba el seguro de desempleo y no tienes nada entonces eres el candidato perfecto a engrosar las filas de los homeless.

Esos vagabundos nos recuerdan lo que significa el fracaso en el mismísimo corazón de la opulenta Babilón. Nadie quiere ser un perdedor y quedarse tirados en la cuneta y por eso no les importa romperse el espinazo esclavizados de sol a sol haciendo horas extras los siete días de la semana y los 365 días del año. Todo vale con tal de mantener su estatus social y consumir manos llenas en los supermercados y grandes superficies. En este sistema perverso y competitivo solo los mejores alcanzan la cima del éxito.

Hollywood como Meca de la industria fílmica mundial es el centro obligado de peregrinación donde los amantes del séptimo arte vienen ilusionados a disfrutar del "walk of fame". En Beverly Hills glamurosos actores y actrices de renombre se pasean en limosinas Cadillac o Rolls Royce, codo a codo junto a los multimillonarios WASP de Orange Curtain, o los ejecutivos, banqueros y empresarios que son la flor y nata American Way of Life. Estamos en el mismísimo jardín de las maravillas con los shopping center de Rodeo Drive, las stores más lujosas, las afamadas boutiques de ropa de marca. Solo basta con poseer una buena cuenta corriente para disfrutar de una variada oferta gastronómica en los restaurantes de primera categoría, hoteles cinco estrellas y una electrizante vida nocturna en el Pantages Theatre o en el Kodak Theatre de los Oscar y cabarets, casinos o burdeles. Pero quizás el máximo atractivo sean las playas de Santa Mónica, Malibu Venice Beach o Long Beach.

Ciudadanos "honestos" y "honorables" que pagan puntualmente los impuestos denuncian la degradación que sufre Los Ángeles por culpa de la invasión de pordioseros. Han demonizado la pobreza y a todos los consideran unos delincuentes en potencia que atentan contra la paz y seguridad. En los vecindarios y condominios "¡the neighborhood we are watching you!" ¡Warning! las armas están cargadas y se mantienen en guardia pues muchos pertenecen la Asociación Nacional del Rifle y no dudaría en disparar al más mínimo movimiento sospechoso. Al fin y al cabo los ampara la Quinta Enmienda de la Constitución que decreta que la propiedad privada es un derecho natural de todos los ciudadanos. No quieren intrusos indeseables y por eso se levantan grandes muros y vallas electrificadas para proteger sus lujosas mansiones, No solo existe el control policial sino también guardias de seguridad que hacen sus rondas con sus pitbull o rottweiler adiestrados para devorar a esas "razas malditas" En toda la zona urbana de LA miles de cámaras de video-vigilancia monitorizan todo lo que sucede las 24 horas del día. Si por algún motivo se activan las alarmas al instante las patrullas de la policía o el sheriff del condado se lanzan a la caza de los "peligrosos criminales" que pretenden violar el orden y la ley. Muchos extremistas pro KKK preferirían que se aplicara mano dura y "fumigar esa plaga de alimañas". El racismo es uno de los principales componentes del ADN del supremacismo blanco.

Los Ángeles se ha convertido en una de las ciudades más caras de Estados Unidos. El costo de la vida es altísimo: una persona adulta soltera necesita aproximadamente 2.500 dólares mensuales (más horas extras) Por ejemplo, si hablamos de arrendamientos -según los barrios- el precio puede variar entre los 1.600 dólares por un cuarto sencillo compartido, lo más barato 10 metros cuadrados por 1.200 euros al mes y de 2.800 dólares a los 3.000 dólares por un apartamento de máximo tres habitaciones. En zonas de alto standing como Bel-Air, Berkeley Hills, Hollywood West es imposible comprar una casa o apartamento por menos de 1 millón de dólares. Los precios son onerosos porque los salarios también son muy elevados. Así que a las clases populares no les queda más remedio que alojarse en los suburbios o los guetos donde se mezclan negros, latinoamericanos, árabes o asiáticos.

El historial de los inquilinos se puede consultar para saber cuál es su credibilidad. Si no saldas tus deudas, te demandan y posiblemente te desahucian. Se cobran unos salarios tan bajos que no alcanzan para rentarse un apartamento y por eso miles de personas se ven obligadas a adaptar sus propios autos como viviendas instalándose en los parkings o en plena calle.

Los dueños de los inmuebles aumentan los alquileres cuando les parezca y si el inquilino se atrasa cinco días en el pago tienen el derecho a desalojar su vivienda. Aunque algunos les dan una semana de plazo para que se pongan al día o de lo contrario se arriesgan al desahucio. Se ha llegado a tal degradación que en algunos estados de la Unión la policía expulsa a los morosos a punta de pistola.

El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) es el responsable de garantizar a sus ciudadanos un hogar digno donde vivir -Tal y como reza en la Constitución Americana- Además hay múltiples programas de asistencia pública como el de "protección al derecho a la vivienda", el TANF (asistencia temporal para familias con necesidad) el de la Seguridad Social SSI o la Section 8 de vivienda subsidiada.

La mayoría de los homeless padecen enfermedades crónicas y traumas psicológicos graves como: esquizofrenia, oligofrenia, psicosis, neurosis, paranoias o locura. Y lo peor de todo es que no reciben tratamiento médico alguno. En un buen porcentaje pertenecen a familias desestructuradas víctimas de abandono infantil, huérfanos, hijos de padres alcohólicos, carentes de amor y sin vínculo afectivo que han sufrido violencia intrafamiliar, abusos y violaciones, otros han caído en este pozo sin fondo con la pérdida de empleos, quiebra y deudas, divorcios, viejos abandonados o expresidiarios. Dramas que los empuja a refugiarse en las sustancias psicotrópicas, adicción a los medicamentos con los que atenuar el dolor físico y mental. La única vía de escape a este tremendo suplicio son las adicciones: marihuana, crack, speed, fentanilo o "mexican oxy" (en el año 2019 murieron por este opiáceo 34.000 personas), efedrina, éxtasis, metanfetaminas, cocaína, LSD, Opana, opiáceos y ansiolíticos que al mezclarlos con alcohol lo convierte un coctel explosivo que puede llevarlos a la muerte por sobredosis o al coma etílico. Enloquecidos por el delirium tremens juegan a la ruleta rusa en busca de la libertad y la felicidad. En EEUU los consumidores de drogas se gastan 150.000 millones de dólares al año. (cifra equivalente a la de las bebidas alcohólicas) La única salida que tienen para obtener un poco de dinero es robar, el narcomenudeo, vender su sangre o prostituirse.

El National Institute on Drug Abuse ha habilitado centros de desintoxicación donde se les inyecta metadona para calmar el síndrome de abstinencia. En los bajos fondos de la marginalidad el riesgo de suicidio es un fenómeno en alza. Y lo más indignante es que aprovechándose de su estado de indefensión se les soborna con una atractiva suma de dinero para que voluntariamente testen los nuevas medicinas para el tratamiento de las enfermedades mentales. Las compañías farmacéuticas comenzaron a sacar antipsicóticos "atípicos" mejorados como el Risperdal, Zyprexa, Seroquel y Abylify. Este último fue el medicamento más vendido en EEUU en 2013 y cuyas ganancias se elevaron a más de 6.500 millones de dólares.

Esta gigantesca urbe engendra en sus entrañas un desgarradora tragedia humana. De vez en cuando aparece un cuerpo tirado en la calle que por su aspecto mugriento se le identifica como un "homeless". Nadie se detiene, nadie lo asiste, los transeúntes pasan apresurados disimulando una mueca de asco. ¿quizás ha muerto por una sobredosis o víctima de una pelea? ¿o quizás le ha dado un ataque al corazón? ¿O quizás sea un borracho? ¿Quién sabe? Pero alguien ha dado la voz de alarma y a los pocos minutos llega la patrulla de policía y como es habitual en este caso los agentes ni siquiera examina el cuerpo inerte, no quieren ensuciarse las manos y comprobar si todavía tiene signos vitales. Aunque esté vivo oficialmente ya está muerto, es un paria sin papeles de identidad así que no llaman una ambulancia sino directamente a los servicios funerarios cuyos empleados se limitan a depositarlo en un cofre de zinc para conducirlo hasta la morgue. Con el visto bueno del forense en un alto porcentaje esos cadáveres de vagabundos que nadie reclama serán donados facultades de medicina para las prácticas de los estudiantes. Una vez diseccionados en la mesa de operaciones sus restos serán incinerados en los hornos crematorios.

A partir de la pandemia del coronavirus se ha acrecentado el drama de los "homeless" pues corren el riesgo de infectarse y colapsar los hospitales creando una devastadora crisis humanitaria. No cumplen las más mínimas normas de higiene; ni siquiera tienen agua, ni jabón para lavarse las manos, ni servicios sanitarios, mascarillas o gel antibacterial. El Council o la municipalidad de los Ángeles planeó construir una especie de "campo de concentración" con el fin de aislarlos, pero hubiera supuesto una gravísima falta en contra de las garantías individuales de las personas. Los cierto es que como los refugios están saturados al final los jueces ordenaron a la administración del gobernador Gavin Newsom (Partido Demócrata) y al mayor de los Ángeles Eric Garcetti (Partido Demócrata) proporcionarles alojamiento temporal en hoteles y hostales. Y es así como surgió el "Project Roomkey" mediante el cual se pagó el alquiler de 15.000 habitaciones para enfrentar la emergencia sanitaria. Pero grupos de vecinos se han opuesto a esta medida pues consideran a los vagabundos "una molestia pública" "no somos un vertedero" Es tal la avalancha de indigentes que el Center For Diseases Control and Prevention del condado de los Ángeles ha habilitado también refugios improvisados en gimnasios o polideportivos.

Como consecuencia de la crisis del coronavirus se prevé que el desempleo en EEUU suba hasta el 20%, o sea, a unos 38.000.000 millones de estadounidenses. Para aquellos que perciban un salario anual de 75.000 o 90.000 dólares recibirán por parte de los Fondos de Ayuda 1.200 dólares mensuales, y a los padres 500 dólares por cada niño. Con las ayudas estatales y federales del Get my Payment tendrán que hacer frente al pago de sus apartamentos o habitaciones, los servicios esenciales o la canasta familiar. Para millones de ciudadanos es imposible escapar de este círculo vicioso de préstamos bancarios, las compras con tarjeras de crédito o en tiendas online. Sin duda alguna en los próximos meses deberán enfrentarse a los desahucios y a los embargos algo que provocará un exagerado aumento de la marginación social. El fantasma de la gran depresión de 1929 que condujo a millones de personas a la quiebra y la bancarrota es una amenaza latente que no se puede descartar. El capitalismo gansteril no perdona a los más débiles así que lo más seguro es que se desate un incontrolable tsunami de alcoholismo, drogadicción y los suicidios. Los sociólogos estiman que la pobreza extrema subirá en un 15% en el segundo trimestre del 2020.

Que la primera potencia del mundo sea incapaz de brindarle una vida digna a sus ciudadanos es algo que nos llena de asombro. Al parecer el gobierno federal (U.S Federal Government) tiene otras prioridades como transferir fondos multimillonarios a la industria armamentística, más miles de millones para mantener el gigantesco ejército imperial con sus 587 bases militares en todo el mundo (con un gran total de 1.300.000 soldados y gastos de 716. 000 000. 000 millones de dólares) Y como si fuera poco se ha destinado a la NASA más de 30.000 millones de dólares para financiar los viajes espaciales en los que se incluye una posible expedición a la luna e igualmente el fantasioso proyecto de la conquista de Marte.

Carlos de Urabá 2020

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Helena Maleno, una vida en muchas vidas

9 June, 2020 - 00:00

La periodista e investigadora ha presentado Mujer de frontera. Defender el derecho a la vida no es un delito, editado por Península, un libro que nace de las luchas y resistencias compartidas con las comunidades migrantes.

Pablo 'Pampa' Sainz

Las palabras de Helena Maleno Garzón (El Ejido, 1970) se han puesto durante años al servicio de los derechos de las personas migrantes, a través de informes, tuits o mensajes de apoyo a las familias. Ahora, la fundadora del colectivo Caminando Fronteras en Tánger, tiene necesidad de contar su propia historia, atravesada también por la frontera, por las vidas que ha acompañado y la acompañan a ella, con el hilo conductor del proceso judicial que la acusaba de tráfico ilegal de personas. Finalmente fue absuelta hace tan solo unos meses, en 2019.

La causa se sustanció ante la justicia marroquí, sin embargo, había sido impulsada en 2012 desde la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF Central) de la Policía Nacional española. En 2017 la investigación se trasladó al país vecino después de que la Audiencia Nacional rechazara cualquier relación con el crimen organizado.

Helena nos atiende en Madrid. El cierre fronterizo por la pandemia la encontró lejos de su hogar. Escucha cómo se habla de solidaridad, de auto-organización, de apoyo mutuo o conocerse entre vecinos, y reflexiona sobre quienes llevan estas prácticas en su ADN: las comunidades migrantes.

Al inicio del libro recuerdas tu primera visita a los asentamientos fronterizos y dices “allí la vida está por encima de todo”. Una paradoja frente a las violencias que se ejercen.

La vida se abre paso frente a la necropolítica y nosotras a veces no vemos lo que hay más allá de la violencia. Hay gente que la resiste, que sobrevive a ella, y sobrevivir no es solamente comer, sino también tener dignidad, atravesar la frontera y poder terminar el proyecto migratorio o empezar de nuevo en otro territorio. El libro está lleno todo el tiempo de dolor, de un dolor sanador, que enseña. La vida es un combate y ellos y ellas son soldados de vida que la están defendiendo en un territorio tan hostil.

Leyéndote uno descubre una mujer hecha de muchas vidas, que va configurando su identidad por esa suma de experiencias compartidas. ¿Es así?

Es verdad que mi cuerpo ha sido atravesado por la frontera, de forma física, con heridas físicas, y de forma comunitaria y terrible a través del proceso de criminalización. Pero también mi cuerpo ha sido acompañado por experiencias maravillosas, de construcciones de pensamiento tremendas, que son esos saberes migrantes del sur que no queremos escuchar, que no se les da voz. Al final soy una privilegiada. Cuando empecé a escribir una amiga guionista de cine, Blanca Andrés, me dijo “tienes que estar dos semanas colocando todo lo que quieras escribir en esto” y me da una cosa que ponía “la aventura, la llamada a la aventura”, que era así como se cuentan las historias. Me hizo ordenar todo lo que había ido aprendiendo. Y me dijo “piensa que la Helena de 2002 no es la misma de ahora, porque todas estas personas de las que tú quieres hablar te han acompañado y te han cambiado”.

Entonces es verdad que el libro quiere contar también cómo yo me rompo, cómo me acerco a otros saberes y vuelvo a los míos. Porque date cuenta que a través de las compañeras y compañeros migrantes recuerdo de dónde vengo, recuerdo las luchas jornaleras de mi abuela y de mi madre, ese sufrimiento de mi barrio, esa resistencia. Creo que en el Estado español la política de no tener memoria nos ha arrebatado toda una serie de enseñanzas. Por eso es terrible que en la pandemia haya muerto esa gente de la que tanto deberíamos haber aprendido, de las que tenían aún memoria. A partir de los años 90 había que apostar por la modernidad y esa modernidad significaba no tener memoria, no tener ancestros, significaba muchas cosas. Y yo también fui víctima de eso.

Tienes dos móviles que no paran de sonar, tus “armas”. Adama, un chico que acababa de ser deportado al desierto en la frontera con Argelia te llama y dice: “Háblame para que no me muera”. ¿Cómo se sobrevive a esos mensajes?

Se lleva llorando, siempre, hay que llorar porque como que no lloremos malamente. Y riendo, esa fuerza que son las propias estrategias de los compañeros. Yo me pregunto ¿cómo se sobrevive a la patera? ¿Cómo se sobrevive a once días en el mar y después a un centro de internamiento donde la policía en vez de preguntar y darte asistencia psicológica, constantemente te está interrogando para que digas quién era el capitán? Y tú le dices el capitán se ahogó, pero tienes que señalar a algún compañero. ¿Cómo se sobrevive a que después de ver ahogarse a tu hijo acabes en un calabozo?


Es duro, pero si has decidido estar con los compañeros y las compañeras, tienes que estar. Es muy terrible pero las conversaciones de después, las risas de después, o el ir incluso a enterrarlos, eso te compensa. Al final se sigue respondiendo al teléfono, sigues riendo, te sigues emocionando y llorando.

Gautier, Jenny, Faith, Josep… Y una frase: “Nos estábamos despidiendo para siempre, aunque ninguno de los dos sabíamos que sería la última”. En pocos lugares como en una frontera, está tan latente esa posibilidad del último saludo, ¿no?

Sí, eso lo digo con Josep, la primera Toy que nosotros tenemos reportada que desapareció en el estrecho. Yo me despedí con tanta gente que nunca más he vuelto a ver, con la que además había ya un vínculo emocional, de cariño, y eso es terrible, pero es el día a día.

La gente sabe que puede ser la última vez que esté hablando contigo y por eso esa necesidad de construir resortes de protección. De tener un teléfono o dejar tus cosas con alguien que pueda hacerlas llegar a tu familia, o de que si has desaparecido en el mar puedan reconstruir tu relato.

Un compañero me decía “yo te quería llamar, quería que tu sepas esto porque yo cuando estaba en medio del mar dije nos vamos a morir. Yo sé que tú vas a contar a mi familia estos últimos momentos”, porque él ya eso lo había vivido, había vivido cómo con otras familias habíamos reconstruido la muerte.

No solo se protegen para no morir, sino para reconstruir su memoria. Un duelo no terminado, una viuda que no es viuda, una herencia que no se puede repartir, un niño que no puede tener un apellido, es un impacto tanto legal como comunitario, date cuenta que hay naufragios donde las personas vienen del mismo pueblo y desaparecen jóvenes.

El poco esfuerzo que hacen los Estados para dejar rastro es terrible, porque es negar la humanidad incluso en la muerte y eso es lo peor, negarle a las familias un proceso de reparación. Siempre pongo Tarajal como ejemplo, hemos cambiado de gobierno y sigo esperando la valentía de pedir perdón a las familias, el tener valor de darles visados para que vengan a ver las tumbas, sería un gesto político muy fácil que abriría un camino de reparación.

“Quien salva la vida, salva la humanidad”, te dicen con una sura del Corán. Con tus llamadas a Salvamento has podido salvar muchas y sin embargo te acusan de tráfico de personas. ¿Qué se siente ante una acusación así?

Durante todo el proceso judicial yo no podía contar lo que había en ese dosier policial español, porque sobre todo era un dosier con informes de la policía de control de fronteras europeas, Frontex, todo estaba bajo secreto de sumario. ¡Dios mío, la gente tiene que saber a qué se dedica la policía de nuestro Estado! Atacaba incluso mis relaciones sentimentales y sexuales. ¿Eso que tiene que ver con si soy traficante o no? Claro, si era puta a lo mejor era peor persona (ríe).

El libro expresa cómo se construye un proceso de criminalización. No solo en el Estado español, hablando con defensoras de otros lugares del mundo me di cuenta que las estrategias de criminalización de otros estados eran iguales que las de aquí. La gente tiene que comprender que en Europa se persigue a personas que defienden sus derechos. No solo por mí.

Las personas migrantes, los jornaleros que ahora están trabajando y defienden su derecho a condiciones dignas son criminalizados diariamente a través de la Ley de Extranjería y su irregularidad. Los compañeros manteros están defendiendo su derecho al trabajo y ¡cuántas veces la policía ha dicho que eran mafias cuando simplemente les acogían y había redes de solidaridad!

Quienes hicieron ese dossier siguen trabajando en la policía, ¿estarán haciendo otros? Cuando a mí me dicen que soy inocente, cuando la Audiencia Nacional les dice que eso no es delito y en el procedimiento marroquí me absuelven, esperaba también que las autoridades españolas hicieran algo o al menos que buscaran si hay más dosieres como el de Helena. Por limpieza democrática.

La criminalización no termina nunca y por esto tengo que seguir protegiéndome, siempre estás en la picota. Hicieron un procedimiento ejemplarizante para que los compañeros y compañeras tuvieran miedo, pero al final ganamos cuando nadie se lo esperaba, y eso tampoco se perdona tan fácilmente. Fue un triunfo colectivo.

Construir un malo, muy malo, sin nada de humanidad con la que poder empatizar.

Mi trabajo más importante como investigadora ha sido en temas de trata. Y siempre dije que la UCRIF no puede ser la misma que protege a las víctimas de trata, porque su sesgo de control migratorio vincula a la trata con las migraciones y el movimiento, y la trata es un delito mucho más amplio que eso.

Además eso les ha servido para presentarla como la salvadora de las víctimas de trata cuando hay muchas sombras en los procesos de control de movimiento y de violación de los derechos humanos. Las propias compañeras que ejercían en la calle la prostitución, me llamaban en un procedimiento y me decían que ellas habían pedido ayuda porque tenían muchos problemas también con la UCRIF.

O que nos quitan el trabajo, se ha visto con la pandemia cuántos españoles con banderitas han hecho fila para recoger la fresa o la manzana en Lérida, pues nadie. ¿Cuántos han estado cuidando como internos a personas mayores?

El libro expresa cómo se construye un proceso de criminalización. La gente tiene que comprender que en Europa se persigue a personas que defienden sus derechos.

Es muy importante salir de ese maniqueísmo, entender que efecto llamada no hay, que hay un efecto salida, efecto de expulsión de los territorios y hay un derecho a no migrar, que está violentado. Son falacias detrás de las cuales hay un sistema racista y explotador que gana mucho dinero con el control del movimiento.

Claro que hay redes criminales muy malas, nosotras lo sabemos mejor que nadie porque las defensoras y las personas migrantes, somos quienes sufrimos su persecución y la de los Estados. Y esas grandes redes se han reforzado, son más grandes y más fuertes cada día. Que hagan bien su trabajo, que respeten los derechos de las personas que se mueven y persiga los verdaderos delitos.

Junto a la demanda judicial, te denegaron la renovación de la residencia. Y dices “No soy extranjera en mi casa, por más que los papeles digan lo contrario”.

¡A cuantas personas migrantes en este país le pasa lo mismo! Huy que me pongo a llorar… Cuando me dan ese papel el policía me mira hasta con pena. Bajo, empiezo a llorar y digo ¡Dios mío! Mi casa, mis hijos, el colegio, ¿sabes? Mi familia de aquí. De repente dices, con tantas historias que hemos escuchado de familias que han ido a recoger a sus hijos y se han visto en un CIE, privadas de libertad, que las mandan a un territorio lejos de su casa. Qué dolor más grande, ¿quién tiene derecho a decir si soy de aquí o de allí? Serán mis vecinos, mi familia, será lo que he construido lo que tiene derecho a decirlo.

Y dije vale, ya los entiendo, estáis usando conmigo todos los elementos de tortura que los compañeros y compañeras llevan sufriendo hace mucho tiempo. Pero ahí encontré la resistencia también. No me vas a decir a mí de dónde soy o a dónde pertenezco, porque no tienes derecho. Marruecos es mi país también. Esto me ha enseñado tanto.

Esto me estaba pasando a mí, ojo, con todos mis privilegios. Por la posición que tengo en la vida, por el tipo de pasaporte que tengo, el impacto de ese dolor lo he podido sustentar sobre una serie de derechos que tengo reconocidos y otras compañeras no, pero a pesar de eso en ese sistema de tortura, en ese momento, era cuando los compañeros y las compañeras me acompañaban a mí, estaban ahí y comprendían lo que estaba sintiendo.

El libro nos deja una duda, en un momento Olomo te pregunta si eres valiente o eres inconsciente. Y la respuesta no queda clara.

50 y 50. La valentía tiene un poco de inconsciencia, no de no saber lo que quieres o donde estás, sino la inconciencia de decir no quiero ser consciente de tu sistema, tus normas no me valen, no quiero estar ahí. Es verdad que yo me he ido construyendo la valentía, he tenido ejemplos de valentía maravillosos que me han hecho ser valiente y a través de ellos tiras para adelante. Y al final sigo siendo inconsciente y soy un poco más valiente.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/migra...

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OFGM en Navarra

9 June, 2020 - 00:00

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La crisis de nuestras vidas (III). Todos a la cárcel

8 June, 2020 - 00:00

6. La cultura de la vigilancia y la delación.

A mi modo de ver, si algo ha quedado palmariamente demostrado a lo largo de esta crisis es que el espíritu policial prepondera ampliamente en nuestra sociedad. La llamada "Gestapo" o "Stasi" de los balcones, es decir, toda esa gente que se ha sentido impelida a la colaboración ciudadana con las fuerzas policiales en la tarea de que ningún ciudadano se saltara un pelo los decretos de confinamiento, ha sido triste protagonista del periodo de cuarentena. El señalamiento y la vigilancia se ha hecho desde ventanas y balcones, a grito pelado o mediante oportuna llamada delatora al 091, así como desde las redes locales y no tan locales de internet, espacios donde se ha animado una y otra vez a la denuncia, al tiempo que se han organizado auténticos linchamientos virtuales de las personas infractoras. La propia policía ha llegado a expresar el hecho de verse superada por tanta llamada delatora que no tenía capacidad de atender. Cabe buscar también alguna clave psicológica de este comportamiento social en una suerte de envidia malsana o mezquindad: "Todos moros o todos cristianos". "Si yo me jodo y me quedo confinado, tú no vas a ser menos".

Lejos de estremecerse y escandalizarse por la presencia de patrullas militares y policiales recorriendo las calles vacías, una significativa mayoría de opinantes ha expresado, no solo su contento con tal situación, sino su público aplauso a los uniformados desplegados, a quienes, a tal fin, se ha llegado a comparar, en cuanto homenajes, con las personas trabajadoras del sector sanitario que enfrentaban la situación más complicada de la crisis en los hospitales. Ni siquiera la divulgación de recurrentes imágenes sobre abusos policiales, o el continuo goteo de decretos en el BOE facultando a la autoridad gubernamental a entrometerse en más y más espacios de la intimidad y privacidad de la ciudadanía, ha sembrado en la mente de todas estas personas la menor sombra de duda sobre lo oportuno del estado policial y militar que hemos vivido y cuyas secuelas nos siguen acompañando. Curiosamente, ironías de la vida, muchos de estos sujetos son los que en el llamado "periodo de desescalada" se manifiestan contra el gobierno por las calles y golpean cacerolas en sus balcones en defensa de "la libertad".

El sociólogo menos avispado, sin duda, tiene fácil interpretar todos estos hechos como una preocupante deriva de la población hacia formas crecientemente autoritarias de entender la dimensión política de la sociedad. Teniendo en cuenta que lo propio y natural de los poderes políticos y económicos constituidos es procurarse cada vez mayores márgenes de actuación en detrimento de los derechos y libertades individuales, esta confluencia de deseos e intereses apunta a un escenario futuro de inquietante carácter totalitario. Espero equivocarme en tal pronóstico.

7. Otra vuelta de tuerca

Es pertinente la discusión sobre si la gravedad de lo que era amenaza y luego se materializó, la pandemia del coronavirus, requería adoptar medidas de profilaxis social como las adoptadas. Si no hacían falta en absoluto o si, al menos, podían haber sido distintas, similares a las aplicadas en otros lugares del mundo, en lugar de ese duro y largo confinamiento decretado por el gobierno español. Pero, poniéndonos en el escenario de que, efectivamente, ha sido el confinamiento con su constelación de medidas de distanciamiento personal, la estrategia que ha minimizado el impacto de la epidemia sí cabe ser críticos con la forma en que éste ha sido instaurado. En primer lugar, huelga decirlo, cualquier asomo de democracia ha brillado por su ausencia. El llamado "estado de alarma" ha autofacultado al gobierno a implantar todo tipo de medidas fundamentadas en la pura coerción. No ha habido suficiente suministro de información, deliberación social o algo que se pareciera a un proceso incluyente de toma de decisión. El gobierno ha decretado medidas extremas que, sí o sí, han debido ser obedecidas sin la más mínima pregunta ni el más mínimo cuestionamiento. Y si no, multazo. Y a la segunda, detención. Y punto. Resulta irónico, por no echarse a llorar, que los súbditos de un régimen así, sigan pensando que el nombre más adecuado para él es "democracia".

Cabe pensar que la instauración de semejante estado policial, además, resultaba innecesaria. Con la debida información y la transparencia precisa para asegurar que la población conoce suficientemente el riesgo que comporta el coronavirus, es de creer que la inmensa mayoría, desde su propia decisión libre impelida por la responsabilidad y no por la coerción, hubiera colaborado a aminorar los efectos de la epidemia adoptando las medidas necesarias de distanciamiento social. Sin duda, una minoría, creo que pequeña, hubiera seguido con su vida normal comportándose con irresponsabilidad y egoísmo. Seguramente mucha gente que me lea sea de la opinión contraria: sin las prohibiciones y las multas la gran mayoría no habría hecho nada para impedir la propagación del covid. Insisto en mi opinión de que ese comportamiento insolidario e irresponsable habría sino netamente minoritario (1). De hecho, pienso que esa visión pesimista del comportamiento social forma parte de la propaganda del poder, dada su evidente capacidad de constituirse en coartada para el dirigismo y el autoritarismo. ¿Habría sido determinante esta minoría para que no se pudiera contener la epidemia? Para valorar eso se necesitaría mucha información técnica, pero viendo lo sucedido en otros países en los que se han adoptado medidas menos estrictas, puede pensarse que no.

Los palmeros de este gobierno "de izquierdas" y la propia cúpula del consejo de ministros, han parapetado sus arbitrios en una supuesta comisión de expertos asesores, procedentes del mundo de la medicina y las epidemias; de la ciencia en definitiva. Así, el discurso construido y propagandeado ha sido que las duras medidas no emanan de los gobernantes sino del imperio de la rigurosa valoración de los especialistas. Un reputado epidemiólogo, en funciones de portavoz y de recomendador de unas y otras cosas, ha sido durante todo este tiempo el encargado de dar verosimilitud a la puesta en escena. Dicha puesta en escena, por cierto, tiene su miga. El sacerdote de las verdades científicas en las que todos hemos de tener fe a diario (aunque dichas verdades -versen sobre recuentos de muertos, lo hagan sobre la eficacia y necesidad de mascarillas- sean más erráticas que las escopetas de feria), comparecía cotidianamente flanqueado por los sacerdotes de las porras y las multas, quienes llegaban verdaderamente a eclipsarle en el momento en que facilitaban las morbosas cifras diarias de ciudadanos abordados, multados, detenidos... fusilados, faltaba decir.

Ese escudarse en científicos expertos ha tenido mucho de trampa. Cabía pensar que siendo motivaciones racionales objetivas y no cálculos de tipo político el foco de donde emanaban las decisiones adoptadas, la más absoluta transparencia debía haber presidido el proceso. En realidad ha sucedido lo contrario y una cortina de espesa opacidad ha ocultado a la población el cocinado de las medidas a aplicar. No ha podido saberse qué nombres estaban en o detrás de la comisión de asesores del gobierno, si había unanimidad entre ellos, qué tipo de opciones barajaban, en base a qué criterios decidían y descartaban unas y otras cosas, porqué sus decisiones diferían de las adoptadas en otros países y un largo etcétera. Dichas decisiones -de obligado cumplimiento- se han suministrado perfectamente acabadas y sin aportar información alguna acerca de cómo se ha llegado a ellas. En definitiva, la carta de los "expertos" ha sido una perfecta coartada para hurtar a la población cualquier posibilidad de opinar y decidir.

El arresto domiciliario masivo, más allá de sus necesidades y motivaciones, ha constituido un gigantesco experimento social, inédito en la historia reciente, que, entre otras cosas, ha medido la capacidad del poder de imponer al conjunto de la población un confinamiento de duración indeterminada, así como el grado de sometimiento de dicha población a esas medidas de carácter semicarcelario, de fuerte impacto en sus vidas y economías, y sobre las cuales, como digo, no ha tenido la menor posibilidad de opinar y decidir. Las medidas decretadas, además, han tenido un carácter arbitrario y discrecional que, por no distinguir situaciones particulares e instaurar una suerte de "café para todos", en muchos casos han resultado, más que absurdas, obtusas.

El confinamiento, en unos y otros países, ha venido acompañado de un conjunto de medidas (en España implantadas mediante decretos no especialmente publicitados) que pretenden aprovechar los últimos avances de la tecnología cibernética para facilitar a la gobernación cuantos más datos personales de la población mejor. De esta forma, aprovechando la crisis del covid, se ha producido un importante avance en el proceso de desmantelamiento del derecho a la privacidad.

Todas estas realidades que acabo de enumerar, las cuales alumbran un nuevo escenario sociopolítico, han sucedido sin que se hayan dado en la práctica respuestas, contestaciones y resistencias, más allá de algún hecho muy puntual o minoritario, o de aprovechamientos partidistas y carroñeros en el proceso de desescalada. Ello me resulta más que preocupante.

Continuará...

Nota:

1-De hecho estoy por decir que muchos comportamientos individuales y grupales imprudentes como los que los medios de comunicación señalan sin cesar en el actual periodo de desescalada (los cuales siguen siendo minoritaria excepción a pesar de la propaganda que se les hace) tienen más que ver con la general infantilización de la población, acostumbrada a la disciplina y a la obediencia y nunca a valorar y ponderar las cosas por sí misma para poder actuar en consecuencia.

Ver también:

La crisis de nuestras vidas (I)

La crisis de nuestras vidas (II). Vivir y morir

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Categorías: Tortuga Antimilitar

En cualquier selva del mundo, en cualquier calle

8 June, 2020 - 00:00

Nueva Revolución

Francisco Javier López Martín

Le ha preguntado a mi sombra

a ver cómo ando, para reírme

mientras el llanto, con voz de templo

rompe en la sala regando el tiempo.

Silvio compuso la canción, La era está pariendo un corazón, pensando en el Ché (había muerto ejecutado en Bolivia, en la escuelita de La Higuera en 1967) y la grabó en 1968, acompañado por su guitarra, por el órgano de Leo Brower y la batería de Enrique Plá.

No está de moda pensar en aquellos jóvenes que recorrieron su mundo compartiendo los días y las noches con un pueblo que vivía con las venas abiertas, mientras los ricos patriotas crecían, los poderosos patriotas apoyaban golpes militares y las grandes corporaciones estadounidenses (por definición sin patria, sin fronteras, por encima del bien y del mal) acaparaban y destruían sus recursos naturales, al tiempo que reclamaban el apoyo de la CIA para aplastar cualquier foco de resistencia, armada o pacífica, daba igual, a golpe de juntas militares, secuestros, desaparecidos, torturas, asesinatos, fosas por toda América Latina.

Mi sombra dice que reírse

es ver los llantos como mi llanto

y me he callado, desesperado

y escucho entonces

la tierra llora.

Curiosamente también fue la primera canción de la llamada nueva trova que trascendió las fronteras de Cuba (cuenta el propio Silvio Rodríguez en una intervención en la Universidad de Córdoba, la Córdoba de Argentina, se entiende),

Fusil contra fusil, la segunda canción que escribí por Ernesto Guevara, la compuse sólo unos minutos después que la primera. Y es que en La Era me faltaban el nombre y el apellido de quien me había mostrado aquella forma de entender la solidaridad.

Tal vez la versión más escuchada de La Era está pariendo un corazón sea la del año 1978 del propio Silvio, en el álbum Al final de este viaje, acompañado sólo por su guitarra, aunque he escuchado versiones magníficas de Ibrahim Ferrer junto a Omara Portuondo, la de Soledad Bravo, o los Búnkers.

Le era está pariendo un corazón

no puede más, se muere de dolor

y hay que acudir corriendo

pues se cae el porvenir.

En cualquier selva del mundo,

en cualquier calle.

Hoy, al cabo de más de cinco décadas, no es menos el dolor que está provocando nuestro tiempo. El planeta entero, con sus habitantes dentro, se está muriendo de dolor y, lo más triste, es que parecemos haber dado por perdida la guerra, incluso en la izquierda nos conformamos con ganar algunas batallas. El porvenir se cae en pedazos, mientras alguien desde la lejanía nos llama a correr a las selvas y los bosques que desaparecen, se inundan, o se desertizan, allí donde los indígenas son aniquilados, o condenados al exilio, la migración hacia la pobreza en la periferia de las grandes urbes, la aniquilación de su cultura basada en el respeto a la naturaleza y la preservación del medio ambiente.

Correr a las calles donde las colas de la pobreza en busca de alimentos son cada vez más largas, donde las personas sin empleo vagan rumiando su desesperación, donde los sin techo siguen viviendo su abandono cotidiano y los jóvenes sin futuro ocupan los bancos de los parques para entretener el miedo, la desesperación acumulada, los viejos meditan en silencio y soledad su abandono y los niños ríen y juegan pese a todo, porque los niños siempre ríen y juegan, pese a todo.

Debo dejar la casa y el sillón

la madre vive hasta que muere el sol

y hay que quemar el cielo

si es preciso, por vivir.

Quisieron hacernos creer que la realidad virtual podía sustituir a la dura realidad, que las cosas son como son y no tienen remedio, hay que aceptarlas, es lo que hay, el lo que toca (alguien termina por decidir: es lo que yo quería) pero no, sólo es el fruto de un tremendo espejismo, un hechizo de torpes alquimistas, un engaño premeditado, una ofuscación que no podía durar por más tiempo. Es tiempo de dejar eso que han llamado la zona de confort y enfrentarnos (más bien encontrarnos) con la vida, con las personas.

Desmiento a los que quieren estigmatizar al revolucionario como hombre violento. La violencia a ultranza no hubiera congregado tanto mundo dispar, como hace el Ché; esto sólo es posible bajo la divisa del amor (de nuevo Silvio en la Córdoba argentina).

Por cualquier hombre del mundo,

por cualquier casa.

Los cambios brutales que se avecinan no pueden llevar la marca de la violencia porque la violencia será autodestrucción irreversible, deben llevar la huella del inconformismo radical, del eclecticismo de las culturas mestizas, del combate contra los intereses mezquinos, del jugarse el pellejo por la vida de todos, por cualquier vida del mundo, por cualquier casa.

Los valores de nuestros jóvenes de hace 50 años, los que fueron aplastados por las dictaduras y el neoliberalismo conservador y triunfante que nos ha llevado al desastre al que nos vemos abocados, deben ser los mismos valores que impregnen a nuestra juventud y a nuestra izquierda para abrazarse a la vida y salir a defenderla, la de cada ser vivo.

Por cada persona, por cada pueblo, por cada casa.

Fuente: https://nuevarevolucion.es/en-cualq...

Categorías: Tortuga Antimilitar

Policía: La militarización de nuestras vidas

7 June, 2020 - 00:00

Traemos a portada esta reflexión que el Grup Antimilitarista Tortuga realizó hace unos años y que se publicó en esta web en mayo de 2015, dada la actualidad y vigencia del debate sobre la institución policial.

3 de mayo de 2015

Compartimos de nuevo una reflexión grupal que nos ha llevado largo tiempo de estudio y debate. En este caso analizamos la institución policial como forma de militarismo cercana y cotidiana y estudiamos cuales podrían ser las posibilidades reales de superarla en una sociedad mejorada. Esperamos que sea de interés y estamos abiertas a recibir opiniones y comentarios desde cualquier perspectiva (con el debido respeto, naturalmente). Nota de Tortuga.

Repasando el inicio de un anterior documento de Tortuga “Respuestas al crimen en la sociedad actual. ¿Es posible abolir la cárcel? Visión desde el antimilitarismo noviolento” recordamos nuestra afirmación de que en un país como el reino de España sería posible abolir las fuerzas armadas de un día para otro. Una vez recolocadas laboralmente o reconvertidas las personas afectadas, la vida en términos generales seguiría igual. De hecho hay estados en el mundo que han abolido su ejército o que nunca lo han llegado a tener. En cambio la institución de la prisión pensamos que solo puede ser abolida de la mano de importantes transformaciones socioeconómicas.

Si nos fijamos en las actuales instituciones policiales la conclusión es similar. Da vértigo solo imaginar que una sociedad tan compleja, tecnologizada, llena de intereses contrapuestos y deseducada al máximo en lo axiológico pueda quedarse de golpe y porrazo sin algún tipo de arbitraje ejecutivo que gestione la conflictividad. Baste un solo botón de muestra para ilustrar este punto de vista:

"Las relaciones en un pueblo de 20 personas suponen tan solo 190 interacciones bipersonales (20 personas por 19 veces dividido por 2) . Pero en un pueblo de 2.000 personas el número de interacciones se dispara hasta 1.999.000. Cada una de estas interacciones tiene el potencial de explotar en una discusión con violencia. Cada agresión violenta (ya sea psíquica o física) suele conducir a un contraataque violento, iniciando un ciclo de violencia que puede acabar con consecuencias a menudo trágicas y que desestabilizan la sociedad. (...)
En una población en la que muchas personas son familiares próximos y todo el mundo conoce a todo el mundo por su nombre, los familiares y amigos que se tienen en común intervienen en las disputas. Pero tan buena circunstancia queda superada cuando se traspasa el umbral de varios centenares por debajo del cual es posible conocer a todo el mundo. A partir de ahí el creciente número de interrelaciones se da entre extraños no emparentados. Cuando dos extraños pelean, pocas personas presentes serán amigas o familiares de ambos adversarios a la vez, con interés personal en detener la contienda. En cambio, muchos espectadores podrían ser amigos o familiares de un solo adversario y se pondrían de parte de esta persona, haciendo que el conflicto entre dos personas pasara a ser una batalla campal. Una sociedad grande que continúe manteniendo la resolución de los conflictos en manos de todos sus miembros tiene garantizada la explosión. Este factor, por si solo, explicaría por qué las sociedades integradas por miles de miembros solo pueden existir si desarrollan una autoridad centralizada que monopolice la violencia y resuelva los conflictos."
Tomado y traducido de: “Perquè ens oposem políticament a les ciutats?”

La argumentación de la reseña atiende únicamente a una cuestión numérica pero, como decimos, hay más datos. Es evidente que una sociedad que basa su funcionamiento y la educación de sus individuos en una competición por acaparar recursos en lugar de en la cooperación va a resultar conflictiva per se. Una sociedad que a lo largo de décadas e incluso siglos ha ido construyendo y consagrando terribles desigualdades de poder y propiedad no puede sino ser violenta en grado extremo y en diferentes niveles. Incluso por muchas mejoras que pudiéramos hacer en el más hermoso sueño reformador, la conclusión es nítida: El tipo de vida de la sociedad capitalista occidental no es posible sin una institución central con capacidad coactiva.

Pero de esta conclusión podemos extraer un par de interrogantes:

Como decimos, la institución policial es básica para que el estilo de vida de las sociedades occidentales pueda pervivir. Pero, ¿qué pasa con las personas excluidas de esas sociedades? ¿Qué pasa con las poblaciones empobrecidas del Sur a costa de las cuales mantienen su nivel de vida las del Norte? Es de creer que todas esas personas perjudicadas habrían de desear el desmantelamiento de los dispositivos violentos que mantienen el desequilibrio de recursos. Por ejemplo que no existiera un cuerpo policial en las costas del estado español que dispara sobre quienes intentan llegar a ellas.

Por otra parte nos podemos preguntar como personas habitantes de una sociedad occidental, que como tales nos beneficiamos de forma directa e intensa de la acumulación de recursos que aquí se da gracias al esfuerzo de colonialismos militares y económicos y a las fronteras defendidas policialmente, si nos conformamos con este orden de cosas o si deseamos su superación radical. Como se puede leer en más de un sitio (por ejemplo: http://www.grupotortuga.com/Nosotro...), el capitalismo somos nosotros mismos/as; quienes le damos cuerpo instalando la práctica totalidad de nuestras vidas en su seno.

La policía como militarismo

Hagamos una abstracción y pensemos en una sociedad determinada en la que una minoría de sus miembros ha logrado hacerse con una parte principal de la riqueza y los medios para producirla y del poder político (idea que tomamos de aquí: http://www.grupotortuga.com/Que-es-...). La mayoría queda desposeída en grado importante de lo que venía siendo suyo y que en algún momento anterior estaba repartido de forma más o menos igualitaria.

En principio entendemos, siempre dentro de esa abstracción, que la resignación a toda costa no suele ser lo propio de los seres humanos. Lo normal es que los desposeídos traten de recuperar lo suyo. Y lo lógico podría ser también que si la minoría acaparadora no devuelve de buen grado lo que tomó de forma ilegítima, que la mayoría lo expropie por la fuerza aprovechando su superioridad numérica. ¿Qué puede hacer la minoría en el poder para defender su conquista y aún aumentarla? Pues puede, por ejemplo, desarrollar algún mecanismo adoctrinante para convencer a la mayoría de que las cosas inexorablemente han de ser así. Pero eso en todo caso suele requerir mucho tiempo, generaciones incluso. La solución obvia e inmediata es la de dotarse de algún sistema de violencia que supere a la que puede ejercer la mayoría excluida. Esos sistemas de violencia que el poder (económico y político) implementa para perpetuarse como tal son el militarismo. Desde esta óptica pensamos que no hay diferencia esencial entre un ejército y una policía (y la institución carcelaria que es epígono de la anterior). Ejército, policía y cárcel (junto a otros sistemas coactivos de menor entidad e instituciones auxiliares de las anteriores como el sistema judicial) son expresiones hermanas de violencia organizada que dan respuesta a diferentes necesidades de quienes dominan cada sociedad. Es por ello que cuando cada año el movimiento antimilitarista propone la campaña de Objeción Fiscal al Gasto Militar la cifra total calculada de dicho gasto incluye a las tres instituciones citadas.

Centrándonos en institución militar e institución policial y simplificando un poco el tema para que pueda comprenderse mejor, podríamos decir que la primera es una forma de militarismo que tiene como principal función el despojo y la defensa del botín frente a personas que viven lejos. La segunda, la policía, complementando la anterior, es una forma de militarismo que se dedica a mantener bajo control a quienes viven más cerca del propio poder.

El militarismo castrense, el ejército, podríamos decir que desde su origen no va más allá de ser la capacidad violenta en forma de personal y armamento que un grupo de malhechores autolegitimados socialmente logra reunir para robar a terceros. Si, por poner un ejemplo, nos remontamos a la Edad Media, época de fronteras difusas en la que no había naciones ni estados tal como los conocemos hoy, la razón principal para la guerra era el pillaje. En la península ibérica era habitual cada verano la asociación de algunos nobles -es decir malhechores- presididos por un rey que no solía ser mucho más que un primus inter pares, quienes ponían en pie un ejército para realizar una “campaña” militar en la frontera más cercana o más desguarnecida con el fin principal de lograr un buen botín y asegurar el cobro de tributos por parte de las poblaciones civiles asaltadas. Hoy en día, haciendo las correspondientes traslaciones, los ejércitos de los países del primer mundo siguen teniendo la misma función: hacer la guerra en fronteras difusas y lugares remotos a fin de asegurar a las clases dominantes de los países occidentales un acceso privilegiado a materias primas, fuentes de energía, rutas de transporte, control comercial de determinadas zonas etc. Ello sin nombrar a la industria militar y el comercio de armamento, inseparable de la institución castrense y gran agente de negocios y desigualdades. Todo ello se traduce en un aumento siempre creciente de la riqueza y poder que acaparan. Dicha riqueza no deja de redundar de alguna forma, como decíamos arriba, en la capacidad de consumo de los habitantes medios de los estados donde se afinca el poder mundial. No en balde la famosa lucha de clases lo es hoy fundamentalmente en forma de población de países ricos versus población de países empobrecidos (http://www.grupotortuga.com/Vosotro...).

Por su parte el militarismo policial es también la capacidad violenta en forma de personal y armamento que un grupo de malhechores autolegitimados socialmente logra reunir para robar a terceros y defenderse de ellos tras el robo. La diferencia con la forma de militarismo anterior es que en este caso esos terceros son sus propios conciudadanos.

Podemos romper una lanza para pensar que la policía no es una institución tan irrenunciable como la percibimos en nuestro imaginario y a tenor de los datos antes expuestos. La institución policial (y la cárcel como lugar donde cumplir condenas judiciales) son una creación relativamente reciente. En otros tiempos lo más parecido a una policía eran los soldados o alguaciles a sueldo de algún poder nobiliario o regio, encargados de custodiar edificios de su empleador, hacer cumplir algunos decretos y sentencias en los aledaños de su sede y recaudar tributos. De la misma forma lo más parecido a una prisión eran los calabozos o mazmorras en algún castillo o fortaleza en los que mantener a algún miembro rival de la misma nobleza, o poder recluir temporalmente a cualquier individuo sobre el que el poder judicial o eclesiástico local tuviera algún interés. No existía en lugar alguno una institución policial como la actual, entendida como un despliegue de funcionarios que abarcan todo el territorio administrado e intervienen en las relaciones sociales monopolizando el uso de la violencia según el arbitrio del poder central. De hecho la palabra “policía” no surge hasta el siglo XVIII, en Francia. La primera policía propiamente dicha en territorio español no se crea hasta 1844, año de la fundación de la Guardia Civil, la cual tardaría aún décadas en desplegarse de forma efectiva por todo el territorio del estado.

La creación de policías, de hecho, en todas partes camina pareja de la implementación de los modernos estados-nación en manos de la floreciente burguesía decimonónica. Son estos nuevos detentadores de poder y riqueza propulsados por las posibilidades tecnológicas tras la revolución industrial quienes van a iniciar el robo a gran escala de sus propios vecinos proletarizando en sus industrias al campesinado. El más que estudiado expolio masivo de plusvalía que sucede en tales momentos va a dar lugar al movimiento obrerista obligando a la clase en el poder a dotarse de un potente sistema policial para defenderse de sus propios gobernados/empleados. De hecho, como bien explica Paul Lafargue en el ilustrativo párrafo que copiamos a continuación, en ese primer momento la burguesía industrial utiliza a la institución castrense, al ejército, para desempeñar las funciones represivas contra el proletariado que pronto serán propias de la forma especializada y evolucionada de militarismo que denominamos policía.

“Ya no se puede conservar la ilusión sobre el carácter de los ejércitos modernos. Ellos son mantenidos en forma permanente sólo para reprimir al "enemigo interno"; es así que los fuertes de París y de Lyon no fueron construidos para defender la ciudad contra el extranjero, sino para aplastar una revuelta. Y si fuera necesario un ejemplo irrefutable, podemos mencionar al ejército de Bélgica, ese paraíso del capitalismo; su neutralidad está garantizada por las potencias europeas, y sin embargo su ejército es uno de los más fuertes en proporción a la población. Los gloriosos campos de batalla del valiente ejército belga son las planicies de Borinage y de Charleroi; es en la sangre de los mineros y de los obreros desarmados donde los oficiales belgas templan sus espadas y aumentan sus charreteras. Las naciones europeas no tienen ejércitos nacionales, sino ejércitos mercenarios, que protegen a los capitalistas contra la furia popular que quisiera condenarlos a diez horas de trabajo en las minas o en el hilado.”
Paul Lafargue, “El derecho a la pereza”. 1883

Asimismo el militarismo policial recién creado irá acompañado de la puesta en marcha de otros métodos de control y persuasión de más lento -pero no menos eficaz- recorrido. Por ejemplo, la escuela obligatoria se instaura en España en 1857.

Desde los tiempos de los esbirros y alguaciles a la actualidad las diversas policías al servicio del poder económico acantonado en el centro y alrededores de la institución del estado han expoliado a los gobernados. Los impuestos, sobre cuya instauración solo el poder decide, ayer y hoy se pagan bajo coacción. No solo eso: como decimos, la policía es garante de que ningún movimiento organizado de obreros vaya a poner en peligro la cuenta de beneficios que el patrón obtiene de la explotación de sus asalariados.

Igual que se defiende el expolio se defiende la dictadura. La policía pone su capacidad de violencia al servicio de quienes detentan la concentración de poder gobernando la sociedad desde su torre de marfil. El obrerismo más decidido de hace una centuria tanto como el más moderno y “civilizado” ciudadanismo, ayer y hoy, se topan con los agentes uniformados cada vez que se reclama una mayor cota de participación, de democracia, más allá de la que el propio poder concede por su propio pie de forma preventiva para evitarse males mayores.

En cuanto a la metodología empleada, ésta consiste en el uso de la violencia a gran escala. Es uno de los rasgos definitorios de “militarismo”. No se ha dado progreso “civilizador” con respecto a culturas anteriores en las que el uso de la violencia como autodefensa personal y colectiva era algo no cuestionado. El único avance que se nos pregona radica en el monopolio que ha constituido el poder para seguir ejerciendo esas violencias al tiempo que se prohíbe y persigue cualquier otro uso particular no bendecido por la propia gobernación. La desventaja evidente con respecto a lo que había antes se encuentra en la pérdida de decisión y control por parte de los gobernados sobre el uso de la violencia institucional y en el blindaje y perfeccionamiento que el propio poder consigue con ello. Esta realidad se complementa con la inyección de mensajes en el proceso educativo de la infancia y en los mass media según los cuales la violencia es algo inmoral, censurable y siempre reprimible (precisamente con violencia) al tiempo que se loa a las instituciones violentas del estado, llamadas eufemísticamente “cuerpos y fuerzas de seguridad”, y se las salvaguarda de toda crítica moral o de legitimidad. La incongruencia llega a ser aceptada con naturalidad por la gran mayoría de la sociedad. Así no es de extrañar que en un colegio de primaria se adorne el patio con globos y palomas de la paz en el Día Escolar por la Paz y la Noviolencia, y al mes siguiente las niñas y niños reciban la visita de algún cuerpo policial o militar y asistan en el mismo patio a una demostración de metodologías violentas y uso de armamento.

Evidentemente desde el antimilitarismo noviolento no es posible aceptar ningún tipo de violencia, sea legal o sea ilegal, sea institucional o sea particular, sea sistémica o sea insurgente. El único avance social que se puede proponer en tal sentido se encuentra en la superación de la violencia como método para abordar conflictos y su sustitución por otro tipo de herramientas igualmente útiles pero más respetuosas con todos los seres humanos y su integridad personal a cualquier nivel.

La necesidad de la policía hoy

Una vez aclarada cual es la génesis y razón de ser de la institución policial, hay que decir que hoy, además de la defensa de los intereses del propio poder, las diferentes policías ejercen funciones necesarias para garantizar unos mínimos de convivencia en el actual contexto social. Sería pertinente plantearnos si muchas o algunas de esas funciones podrían ser resueltas directamente por la propia sociedad o por algún otro tipo de policía que no actuase con violencia. Pero, en cualquier caso, no son asuntos que puedan ni deban quedar desatendidos.

Como se sugería al principio, las colectividades pequeñas independientes eran capaces de gestionar su conflictividad interna, la criminalidad ocasional e incluso alguna agresión externa sin la necesidad de liberar trabajadores especializados en la coacción. (Ver por ejemplo, la resolución de homicidios entre los nuer con su “jefe de la piel de leopardo” de la que hablábamos en el documento sobre las cárceles citado arriba). En colectividades algo mayores se dan ejemplos de instituciones de mediación y salvaguarda basadas en la autoridad moral o en el respaldo de la colectividad y no en la violencia. Un ejemplo contemporáneo que nos gusta mucho en tal sentido es el de la Guardia Indígena en Colombia , un cuerpo policial desarmado, popular, que media y protege a los suyos sin usar la violencia incluso en mitad de una guerra.

Sin embargo no vivimos en una de esas sociedades. En el mundo capitalista y urbano de occidente la autoridad moral no tiene ya vigencia y la presión social hacia los posibles infractores de normas y consensos no sucede, ya que no existe la colectividad organizada. Cualquier función que en su día hubiera sido autogestionada por dichas colectividades hoy se encuentra en las manos del capital-estado. No hace falta redundar, imaginamos, en las consecuencias nocivas del mundo en que vivimos: la exigencia de competitividad darwinista por el éxito social, el alejamiento de la naturaleza, la evolución vertiginosa de tecnología, cultura y organización social, a mayor velocidad de la que la mayoría de los individuos y toda sociedad es capaz de asimilar sin conflicto y ruptura, la pérdida de importancia de los valores morales colectivos, el triunfo del individualismo materialista, las desigualdades sociales y económicas, la delegación de casi cualquier cosa en los funcionarios del estado, la preeminencia del trabajo asalariado con sus consecuencias de vulnerabilidad económica y tantas otras cosas son datos que configuran un mundo terriblemente desequilbrado. En esta sociedad el modelo de persona resulta desarmónico y conflictivo. Todo ello incide en un tipo y magnitud de criminalidad muy distinta a la de las sociedades de las que hablábamos antes.

Incluso existiendo nutridos cuerpos policiales en el estado español, el crimen, no solo espontáneo sino también organizado, no cesa. Mucho habría que reflexionar sobre las causas de esa criminalidad amenazadora: la pobreza, la injusticia y desigualdad, la educación, la segregación tienen mucho que ver. Ello sin nombrar lo bien que al poder le viene nuestro miedo para poder reforzar sus aparatos de violencia (sin hablar del dinero que mueve el negocio carcelario). No en balde ese miedo se alimenta sin pudor a diario desde los medios de comunicación, los cuales exageran los valores reales de la amenaza todo lo que pueden. No obstante, como venimos diciendo todo el rato, la sociedad es la que es y, sea cual sea la causa de la criminalidad, mientras seguimos viviendo en ella algo tenemos que hacer para protegernos.

Dice César Manzanos: “El problema que tenemos no es decir que podemos funcionar en esta sociedad sin policía. No, no, la utopía que estamos viviendo y que vive la gente es que podemos funcionar en sociedad a pesar de la policía. Y si no hacemos esta reflexión, creo que estamos equivocados. Porque la policía o las policías, o las cárceles, o los ejércitos, son los que están generando los grandes y graves problemas de seguridad que tenemos en el planeta. Sin ninguna duda.” (http://www.bideahelburu.org/que-tip...)
Sin embargo en nuestra “maravillosa” sociedad de consumo y espectáculo necesitamos personal armado que impida que nuestras casas sean asaltadas, que nuestros coches sean robados, que nuestros cuerpos sean violados o agredidos de otras formas. No deseamos la situación de una Honduras o una Guatemala, por ejemplo, estados en los que es frecuente el acto de matar primero para robar después. Llegamos hasta a necesitar agentes uniformados que multen a conductores temerarios en las carreteras o que ordenen bajar el volumen de la música en el pub de abajo. Así caemos en la paradoja de reclamar como solución de esos males a una institución, la policía, que, por defender el poder que defiende, como bien sugiere Manzanos, a su vez es cooperante necesario para que las cosas sean como son. La policía viene a ser tanto solución del problema que pretende resolver como parte de la causa.

El consolidado poder económico y político de los estados nación del siglo XXI (coordinados a su vez en un “Occidente global”) no solo controla a sus gobernados por la fuerza amenazante y ejecutiva de la violencia. Como decíamos arriba lo hace también por la persuasión. De la mano de poderosos aparatos adoctrinantes el ciudadano medio de los actuales estados occidentales vive conforme en términos generales con el status quo en el que reside. Una de las fórmulas que el poder emplea para obtener la aquiescencia ampliamente mayoritaria es el haberse constituido en un provisor de servicios. Que sea la institución estatal quien ponga escuelas, sistemas de salud, seguros de desempleo y jubilaciones, infraestructuras y servicios básicos al abasto de las clases populares, además de destruir paulatinamente cualquier vínculo organizativo autogestionado que pudiera haber habido antes y convertir a cada habitante del estado en un dependiente del mismo a perpetuidad, logra hacer creer a la gran mayoría que el poder es una suerte de ente benéfico creado por contrato social. Ahora el estado ya no es el estado y se convierte en “lo público”. Es en esta clave cuya máxima expresión es lo que se conoce como estado de bienestar donde se ubica el “servicio policial”, el cual es comprendido y colocado a la misma altura que cualquier otro de los dispositivos asistenciales que el estado pone generosamente a disposición de sus súbditos para asegurarse su apoyo y la “paz social”. No en vano el “que pongan más policías en las calles” suele ser una reivindicación de gran base popular.

El estado de derecho

Se define estado de derecho como “aquel que se rige por un sistema de leyes e instituciones ordenado en torno de una constitución, la cual es el fundamento jurídico de las autoridades y funcionarios, que se someten a las normas de ésta. Cualquier medida o acción debe estar sujeta o ser referida a una norma jurídica escrita.” Y es bien cierto que las autoridades cuando se dirigen a la ciudadanía enarbolan con fuerza el discurso de “la ley”, la cual es de obligado cumplimiento y es igual para todos. Siempre olvidan recordar que son ellos, los poderosos, quienes la hacen y modifican a su antojo. Ésta, junto con el turbio sistema de partidos y elecciones que pretenden disfrazar de democracia, es una de las exitosas falacias que legitima el estado de dominación y dependencia.

A poca gente escapa que no se exige ni se va a exigir el mismo grado de cumplimiento legal a un ciudadano medio que a un preboste o a un funcionario policial o carcelario. En la persecución de la delincuencia común como en la represión de la disidencia política es ancha la manga que los funcionarios policiales utilizan para forzar los límites legales, cuando no para pulverizarlos por completo en sus actuaciones.

Podríamos hacer una inacabable lista de desmanes policiales habituales (alguno que otro sufrido en propias carnes). Desde la prepotencia con la que tantos funcionarios policiales se relacionan con la ciudadanía hasta terribles torturas, ni mucho menos infrecuentes, e incluso asesinatos probados de personas bajo custodia policial. Pasando por todos los grados intermedios (Ver artículo: “Cómplices necesarios: Las fuerzas del orden” ). Tales actuaciones, gravemente atentatorias contra el propio “estado de derecho” que se supone que estos cuerpos están para defender y garantizar, suceden con sorprendente normalidad y cotidianeidad amparadas por la impunidad que les proporciona el poder. Comenzando por las dificultades para identificar a un policía infringiendo la ley en un operativo, continuando con las amplísimas facilidades procesales exculpatorias que dichos agentes encuentran en caso de que alguna denuncia contra ellos prospere y terminando con frecuentes y ominosos indultos por parte del gobierno (Ver artículo: “¿Por qué hay tan pocos policías españoles cumpliendo condena por torturas?” ). Por el descaro con el que todo esto ocurre, pareciera que el poder desea que a la ciudadanía le quede claro el mensaje de que si osa desafiarle no solo va a tener que enfrentarse a la legalidad vigente, sino también a la paralegalidad policial y judicial también vigente, teniendo en todos los casos las de perder.

En el momento actual asistimos a un proceso de ampliación de las facultades policiales, de la mano de un neto recorte de lo que se entendían como “derechos ciudadanos”. No solo continuos endurecimientos del Código Penal y creación de leyes para ampliar las prerrogativas de los agentes al tiempo que se ponen trabas a las actividades políticas en la vía pública, como la nueva Ley de Seguridad Ciudadana (noten lo irónico del nombre), llamada popularmente “Ley Mordaza”. También crece el apoyo del poder a la actuación policial de tipo brutal. Son elocuentes hechos como la condecoración de los mandos de un operativo de antidisturbios que había causado heridos de gran consideración por lanzamiento de bolas de goma. Dichos mandos incluso habían sido denunciados por los propios agentes por la saña e ilegalidad del dispositivo.

En teoría no serían necesarias estas políticas que alientan la extralimitación policial si la actuación de la institución se limitase exclusivamente a la función social de perseguir la delincuencia común de la que hablábamos antes. Pero también en este caso, como en tantos otros, el pragmatismo inyectado en vena ha superado a la ética y mucha, demasiada, gente no ve mal que se maltrate y torture a determinados delincuentes durante la detención y en los interrogatorios policiales. De la misma manera que hay estados de opinión cada vez más favorables a la cadena perpetua y aún a la pena de muerte. Es el típico “si torturan a un terrorista para sacarle información, yo miro para otro lado”. Y aún podemos dar gracias porque en otros lugares, por ejemplo Israel, la tortura policial en los interrogatorios es perfectamente legal. El caso es que ese mirar hacia otro lado consagra una práctica que es tristemente habitual en las comisarías y cárceles españolas y que ha sido denunciada hasta la extenuación -siempre de forma estéril- por entidades de derechos humanos de dentro y fuera de las fronteras del estado.

Los agentes de policía; personas como nosotros

Al igual que sucede con las personas pertenecientes al ejército y al cuerpo funcionarial de carceleros/as, quienes prestan sus vidas para integrar la institución policial, como afirma Galeano, no son monstruos extraordinarios. En general son gente normal y corriente, educada en esta sociedad. Gente que principalmente entiende el formar parte de la policía como una manera de resolver la vida accediendo a un trabajo seguro y bien remunerado. No pensamos que en la mayoría de los casos haya una opción ideológica previa de tipo ultraderechista (si bien sí de da en cierta medida) a la hora de decidir optar a esta ocupación laboral. Más bien una falta de criterios ideológicos profundizados o una interiorización de los valores puestos en circulación por el propio poder. El deseo de optar a un jugoso trabajo asalariado como respetable funcionario se encuentra y se funde en promiscuidad con la ideología de que el policía viene a ser un heroico y abnegado defensor de la sociedad. El propio poder se encarga de promover este pensamiento. Baste como ejemplo pensar en cuantos oficios no militaristas reciben del poder premios y distinciones honoríficas tales como condecoraciones, exhibiciones públicas o funerales distinguidos en caso de “caer en acto de servicio”.

Dicho lo anterior, también reseñar que por ahora no cualquier integrante de esta sociedad se presta a defender los intereses del poder pistola en mano. “El que vale vale, y el que no guardia civil”, afirma el dicho. Y ya se sabe que el refranero popular es sabio. Aunque los actuales cuerpos policiales del estado español lleguen incluso a tener sindicatos (corporativistas como no puede ser menos) y a algunos de sus miembros confesando votar a opciones socialdemócratas y ciudadanistas en los diferentes comicios, es de creer que una persona mínimamente consciente de cómo funcionan las cosas en esta sociedad y dotada de unos mínimos criterios éticos va a preferir no integrarse en tales filas. A pesar de lo dicho arriba, partimos pues de una cierta escora ideológica a la hora de optar a formar parte del personal de los cuerpos policiales. Esa escora se irá haciendo más y más grande a medida que la persona en cuestión se someta a los protocolos formativos y jerárquicos de la institución, mame de las inercias corporativas autorreferenciales y autolegitimadoras en las que se va a sumergir y aprenda primero a mirar para otro lado ante las extralimitaciones y vicios inveterados de la profesión, para después participar de ellos directamente. Ver artículo: http://www.grupotortuga.com/Psicolo...

Decía un psiquiatra militar que sin los psicópatas no es posible concebir la existencia de determinados cuerpos del ejército. Lo mismo podríamos decir de algunas unidades policiales especializadas. Se llevan la palma los antidisturbios, conocidos en el estado como UIP, pero en ocasiones de forma igualmente brutal se comportan cuerpos de policías autonómicas (el caso de los Mossos d'Esquadra en Catalunya es digno de estudio), unidades de la Guardia Civil, policías municipales y otros cuerpos “de élite” de la propia Policía Nacional. Todas estas unidades tienen en común entre sus miembros su regusto por la violencia, su deseo morboso de aplicarla, su incapacidad de discernimiento moral, su feroz corporativismo, su modus operandi acentuadamente militar y el manto de protección, también de carácter especial, que el poder tiende para dotar de impunidad a sus actuaciones. Nadie mejor que estos elementos da cuerpo al símil de ser los perros de presa del poder. Como si de la Divina Comedia de Dante se tratara, constituye toda una aventura vivencial descender a los foros de internet en los que miembros de estos cuerpos policiales dan rienda suelta a sus opiniones y propuestas. La sed de violencia y de ejercicio abusivo de autoridad de tantos policías, y el desprecio por la integridad personal de sus víctimas, a menudo retroalimentado por mecanismos de carácter colectivo, les convierte en el paradigma de subproducto del sistema. El ejemplo de ser humano perfectamente destruido como tal por el adoctrinamiento del poder en pro de su interés.

¿Abolicionismo o garantismo?

En la misma mesa redonda que hemos reseñado arriba decía el activista antimilitarista vasco Antonio Escalante: “Con esa misma idea utópica e idealista, yo defiendo una Euskal Herria sin ejércitos, ni policías, ni defensa, ni cárceles, ni política de seguridad. La forma pedagógica en la que intentemos llegar a unos o a otros nos la tenemos que trabajar. Pero nuestro discurso no debe de renunciar a su radicalidad en ese sentido. Y, además, es bueno que se oigan esas cosas porque en el contexto en el que estamos parece que empieza a ser imposible; es decir, parece que empiezan a obviarse determinados debates y esos discursos si dejan de presentarse, terminan por no existir, terminan por omitirse del todo.”

En los párrafos precedentes hemos venido desgranando cómo el militarismo es algo consustancial al tipo de sociedad en la que vivimos. Dicho de otra manera, no hay forma de superar el militarismo si el modelo socioeconómico y político no varía profundamente. En el mejor de los casos podemos atemperar sus consecuencias más nocivas, pero no es posible su desaparición. Incluso algunos pequeños países que carecen de ejército o han llegado a abolirlo, mantienen por lo general, a cambio, una institución policial sobredimensionada. Es decir, el militarismo puede cambiar de rostro y variar, de motu proprio o por la presión social, pero no desaparecer. Por tanto quienes, como Escalante, aspiramos a su superación, a su abolición radical, entre otras, por imperiosas razones éticas, políticas y sociales, no tenemos otro camino que el de trabajar activamente por la superación del actual modelo social, político y económico.

Dicho lo anterior, teniendo en cuenta que ese cambio social planteado parece lejano, mientras trabajamos en pos de su consecución, como personas sensibles que somos no podemos desentendernos de la realidad que nos rodea. Todo militarismo debe ser denunciado y debe ser exigida su abolición radical. Pero, sin perder de vista ese horizonte utópico (entiéndase lo de utópico en el sentido de “lo que no tiene lugar”, lo cual no quiere decir que no lo pueda tener en un futuro), se hace necesario trabajar en la mitigación inmediata de sus efectos más sangrantes.

Al principio de este escrito recordábamos que la abolición de las fuerzas armadas es algo perfectamente posible. De hecho, como decimos por tercera vez, hay estados en el mundo que han dado ese paso. Por ello nos parece pertinente mantener un discurso abolicionista en esta cuestión. Por contra, nos resultan estratégicamente más arriesgadas las propuestas supuestamente posibilistas -por ejemplo exigir recortes del gasto militar o garantías en materia laboral al personal del ejército-, por lo que puedan tener de legitimación de la propia institución en caso de no ser manejadas con cuidado.

En cambio, y al igual que concluíamos en nuestro análisis de la institución carcelaria, dado que la abolición de la policía no es posible en el presente, mientras nos esforzamos en construir un mejor mundo futuro que abra la puerta a esa posibilidad -la cual debe ser irrenunciable-, hay que trabajar para defender a la actual sociedad del uso y abuso de la función policial.

Las principales herramientas para acometer esa tarea son las mismas que para otras: pedagogía (educación, concienciación, contrainformación...), confrontación (acción directa, desobediencia civil...) y formulación-negociación de propuestas alternativas llamémoslas “de transición”. A la hora de generar esas propuestas se puede dejar volar la imaginación: policías desarmadas que medien noviolentamente en los conflictos, policías sometidas a control y vigilancia popular, retirada de determinadas técnicas, protocolos y armas, disolución de algunos cuerpos, reformas del código penal y del cuerpo legislativo en general que recuperen derechos ciudadanos, participación popular en la gestión del orden de sus comunidades etc. Como decíamos para el tema de la prisión, un paso de primerísimo orden para que la policía perdiera parte de su actual perfil monstruoso sería algo tan simple como que los propios agentes actuaran siempre dentro de los límites legales.

En cualquier caso esta necesaria tarea de orientación garantista no debe perder nunca de vista el horizonte y el discurso de la abolición. Los seres humanos nos merecemos y podemos vivir en una sociedad sin vigilantes armados. Hagámosla posible.

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El monstruo de la represión

7 June, 2020 - 00:00

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Crítica de Friedrich Engels a la despersonalización de la vida en el Londres de 1840

7 June, 2020 - 00:00

"Una ciudad como Londres, en la que se puede caminar durante horas enteras sin llegar siquiera al comienzo del fin y sin topar con el mínimo signo que permita deducir la cercanía de un terreno abierto, es cosa muy peculiar. Esa centralización colosal, ese amontonamiento de tres millones y medio de seres humanos en un solo punto, ha centuplicado su fuerza (...). Pero solo después se descubren las víctimas que ha costado. Cuando se ha vagado durante un par de días por las calles principales adoquinadas es cuando se advierte que esos londinenses han tenido que sacrificar la mejor parte de su humanidad para consumar todas las maravillas de la civilización de las que su ciudad rebosa; se advierte también que cientos de fuerzas, que dormitaban en ellos, han permanecido inactivas y han sido reprimidas (...). Ya el hormigueo de las calles tiene algo de repugnante, algo en contra de lo cual se indigna la naturaleza humana. Esos cientos, miles, que se apretujan unos con otros, ¿no son todos ellos hombres y mujeres con las mismas propiedades y capacidades y con el mismo interés por ser felices? Y, sin embargo, corren dándose de lado, como si nada tuviesen en común, como si nada tuviesen que hacer los unos con los otros, con un único acuerdo tácito entre ellos, el de que cada uno se mantenga en el lado de la acera que está a su derecha para que las dos corrientes de la multitud, que se disparan en uno y otro sentido, no se obstaculicen el paso; nadie se digna ni tan siquiera a echarle una sola mirada a su vecino. La indiferencia brutal, el aislamiento insensible de cada uno sumergido en sus intereses privados, se hacen tanto más repelentes, tanto más hirientes, cuanto más apretujados están todos en su pequeño espacio".(33)

Nota 33. Friedrich Engels, "La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra", Madrid, Akal, 1976, p. 55. [Escrito en 1845]

Texto de Engels extractado por Walter Benjamín en su artículo "Sobre algunos temas en Baudelaire", incluido en "Iluminaciones". Taurus, Madrid 2018.

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La triste historia del Santana Aníbal, el coche de la UME

6 June, 2020 - 00:00

Vicente Cano

Calificar de triste la historia del Santana Aníbal, uno de los coches del despliegue de la UME, sería decir poco, especialmente si vives en Linares, Jaén, localidad andaluza en donde se fabricó el que fue vehículo ligero oficial del Ejército Español. Entones, corría el año 2005 e incluso una revista de motor británica lo llegó a nombrar el mejor todoterreno de campo del mundo.

Y lo cierto es que cualidades off road nunca le faltaron al Aníbal de Santana, así como tampoco carecía Linares de un buen ganado prestigio montando todoterrenos. Sin embargo, el buen nombre de la factoría Santana Motor se acabó liquidar con el proyecto de este coche ideado y desarrollado desde 2001 para servir de vehículo de campo y que se adaptó posteriormente para concursar en convocatorias públicas.
VÍDEO: La conducción 'KAMIKAZE' de un Hummer del ejército en un pueblo de IRAQ

Pero para entender la historia del Santana Aníbal, hay que retroceder una década atrás, aunque si tienes más de 30 años o has vivido en Andalucía, probablemente habrás conocido desde siempre los famosos Land Rover Santana. Tal era la asociación entre la marca Land Rover y la fábrica de Linares donde se montaban los Defender bajo licencia desde 1969, que los coches se comercializaban bajo esta marca 'híbrida' hispano-británica.

Cuando, en 1989, Land Rover cerró su participación en Santana por problemas económicos, la firma andaluza siguió montando su famoso Santana Land Rover 2500. Con frenos de disco delanteros y dirección asistida como únicas mejoras sobre el Defender, además de las estéticas. Aún así, este todoterreno que en autopista no sobrepasaba los 90 km/h fue muy popular en la España de comienzos de los años 90.

En esa década, Santana Motor lograba sobrevivir gracias a la licencia de fabricación de modelos de Suzuki y aunque los japoneses liquidaron su presencia en 1995 por la baja productividad de la planta, el Vitara se siguió ensamblando allí, a bajo la propiedad de la Junta de Andalucía, hasta el año 2005. Por el camino, cada año la cifra de ventas caía y las pérdidas alcanzaban los cientos de millones de euros por ejercicio (3001 millones en 2001).

Como en otras ciudades que habían visto tiempos mejores durante el desarrollismo de los años 60 y 70, los vecinos de Linares comenzaron a movilizarse para reclamar la viabilidad de la fábrica que todo el mundo veía peligrar. Recomiendo este fantástico artículo de La Contra de Jaén para quien quiera profundizar en el tema. En este clima de tensión social en la ciudad jienense se comenzó a desarrollar el Aníbal a comienzo de los años 2000, aunque para entonces los resultados de Santana eran tan malos que ya solo un enorme éxito del todoterreno podría enjuagar las pérdidas.

El resultado llegó hacia finales de 2002, cuando el Santana Aníbal se presentó. La idea es que absorbiera la demanda de todoterrenos rurales que el Land Rover hecho en Linares ya no podía cubrir, pero la necesidad del fabricante andaluz era mayor. Y en la era previa al dominio de los SUV, la única manera de vender muchas más unidades de las 6.000 del mercado natural del Aníbal era colocándolas en concursos públicos.

Para entonces la Junta de Andalucía había invertido decenas de millones de euros del ICO (Instituto de Crédito Oficial) en el desarrollo del Aníbal, que básicamente era el Santana 2500 con un motor Iveco de 2800 cc, inyección directa por raíl común y 125 CV. Con suspensión de ballestas y consumos que raramente bajaban de los 12 l/100 km, además de ser un coche incómodo para hacer viajes por carretera, la única opción de sobresalir en los pliegos de condiciones de los concursos públicos era tirar los precios hacia abajo.

Con las ventas del Aníbal en su primer año en mínimos, llegó en 2003 la convocatoria del Ejército para la compra de 750 unidades de un vehículo ligero. Dos contendientes parecían los más destacados: por un lado, Santana Motor y, por el otro, Urovesa, una empresa gallega que fabricaba el Vamtac, una suerte de Hummer español que, de largo, ofrecía mejores cualidades todoterreno y además estaba de inicio adaptado para su uso militar.

Sin embargo, en Santana Motor se apresuraron para añadir al Aníbal todo lo necesario: antenas, soporte para armas pesadas, etc, mientras preparaban una oferta que sabían debía ser inferior a la Urovesa. Lo consiguieron al asegurar que podían fabricar los vehículos casi 3.000 euros más baratos, aunque a 26.384 euros la unidad, tampoco es que parezcan baratos.

Pero la verdadera ventaja de la empresa de Linares no era técnica, ni económica, sino política. Por entonces, la Xunta de Galicia estaba presidida por Manuel Fraga, mientras que la Junta de Andalucía estaba encabezada por Manuel Chaves y, casualmente, al frente del Ministerio de Defensa estaba otro de los barones del PSOE desde los años 90: José Bono. En aquella época, el rumor era que había llamadas cada día desde Sevilla a Madrid para preguntar por 'el asunto'.

"Que las Fuerzas Armadas tengan este vehículo puede ser un buen acicate para que otros países puedan contratar el Aníbal. No es producto de la casualidad, sino del esfuerzo tecnológico y profesional que se ha hecho desde la empresa", aseguró en Jaén el presidente andaluz al anunciar la elección del Santana Aníbal.

Así, llegamos a 2005, un año en el que, casualmente, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decidió crear la UME, Unidad Militar de Emergencias del Ejército Español con sede en Torrejón de Ardoz y que para 2008 debía tener 4.000 integrantes entre oficiales y tropa. Entre los vehículos de los que se dotó a la UME desde el inicio había 225 unidades del Santana Aníbal.

Los años siguientes dejarían en evidencia que la decisión no fue la acertada. Y no solo por por la larga lista de deficiencias de los Aníbal que Santana iba entregando al Ejército y que provocaron la publicación de informes técnicos desfavorables que indicaban problemas tan llamativos con fallos en los travesaños, ganchos desviados, fatiga en los bulones que sujetan las ballestas y un largo etcétera que en muchos casos afectaba a la seguridad de los ocupantes.

Mientras los contratos se extendían y el Ejército se hacía con una cifra de Aníbal mucho más alta de la prevista -hoy quedan algo menos de 1.000 unidades operativas-, se hacía evidente que además de un coche peligroso para circular, su elección no se hizo con arreglo a criterios militares ya que no disponía, por ejemplo, de ningún tipo de blindaje.

Los accidentes con el Santana Aníbal no tardaron en empezar a sucederse, accidentes que, no hay más que hacer una búsqueda en Google, todavía siguen sufriendo a día de hoy los miembros de las Fuerzas Armadas al volante de este coche. Por desgracia, pronto hubo también que lamentar fallecimientos: dos soldados que estaban desplegados en Kosovo y cuyo Santana Aníbal volcó empotrándose contra una gasolinera que se incendió en 2008.

El Aníbal, coche de la UME

Sin embargo, en Santana Motor ya no estaban ni para hacer frente a los pedidos, ni para remediar los problemas técnicos que sufría el Aníbal del Ejército. Por entonces, el Confidencial llego a publicar que algunas de las reparaciones se llevaban a cabo con pegamento y quien escribe, que ha seguido la historia del Aníbal desde su inicio, jamás ha conocido un militar que hablara bien de este vehículo. "Se rompen cada 5.000 km", es casi lo mejor que he escuchado de él.

La situación llegó a tal punto que, en octubre de 2008, el Ejército decidió inmobilizar toda su flota de Santana Aníbal y repatriar a los vehículos desplegados en el extranjero. Los que tenía en España solo se podían usar dentro de las bases y a una velocidad máxima de 20 km/h. Sin embargo, Defensa sigue hoy gastando millones de euros al año solo en los recambios que necesita este coche.

A pesar del fiasco del Santana Aníbal de la UME y otros cuerpos del ejército, el modelo no fue un completo fracaso, pues se estuvo montando hasta el año 2011 y se comercializó fuera de España bajo el nombre Santana PS10 o como el Iveco Masiff, aunque con una carrocería diseñada por Italdesign.

Y por si crees que la historia triste del Santana Aníbal es cosa del pasado o de la era Zapatero-Bono, por desgracia no es así, otras convocatorias de material para el Ejército Español no están exentas de polémicas, como sucedió hace cinco años bajo la administración de Rajoy con el blindado que se adjudicó al consorcio Santa Bárbara-Iveco y que levantó las suspicacias entre las empresas rivales como reflejó entonces el diario Expansión.

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