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Actualizado: hace 6 min 3 seg

Sobre el funeral de Salvatore Ricciardi. Despedirse de un amigo y un compañero, volver a ocupar el espacio público

20 April, 2020 - 00:01

Tener que respetar una norma ilógica, irracional, es el ejercicio de obediencia y sumisión por antonomasia. Nunca será «demasiado pronto» para rebelarse a esa obligación. Hay que hacerlo ahora, para que después no sea demasiado tarde.

Wu Ming

De entre las medidas tomadas durante esta emergencia, la prohibición de asistir a funerales es una de las más deshumanizantes.

¿En nombre de qué idea de «vida» se han tomado estas medidas? En la retórica dominante de estas semanas, la vida se ha reducido casi enteramente a la supervivencia del cuerpo, en detrimento de cualquier otra dimensión de éste. En esto hay una fortísima connotación tanatofóbica (del griego Thanatos, muerte), de un enfermizo miedo a morir.

La tanatofobia permea nuestra sociedad desde hace décadas. Ya en 1975, el historiador Phillipe Ariès, en su fundamental Historia de la muerte en occidente, constataba que la muerte, en las sociedades capitalistas, había sido «domesticada», burocratizada, en parte desritualizada y separada lo más posible de la categoría de los vivos, para «evitar […] a la sociedad el desasosiego y la emoción demasiado fuertes» de morir, y mantener la idea de que la vida «siempre es feliz o debe al menos parecerlo».

Para llegar a ese punto, proseguía, había sido estratégico «el cambio del lugar en el que se muere. Ya no se muere en casa, entre los familiares. Se muere en el hospital, solos […], porque se ha vuelto inapropiado morir en casa». La sociedad, sostenía, debe «darse cuenta lo menos posible de que la muerte ha pasado». He aquí por qué muchos rituales ligados a la muerte se consideraban ya impropios y en fase de dimisión.

La última despedida a Salvo, cantando Su, comunisti della capitale! «Questa città ribelle e mai domata / dalle rovine e dai bombardamenti…» [¡Arriba, comunistas de la capital! «Esta ciudad rebelde y jamás domada / por las ruinas y los bombardeos…»]

Ya antes del estado de emergencia que estamos viviendo, la ritualidad ligada a la muerte se había reducido al mínimo. Por ese motivo, nos han impresionado desde siempre las expresiones de su resurgimiento. Basta pensar en el éxito mundial de una película como Las invasiones bárbaras de Denys Arcand.

Hace cuarenta y cinco años, Ariès escribía: «Ya nadie tiene la fuerza o la paciencia de esperar durante semanas un momento [la muerte] que ha perdido parte de su significado.» ¿Y de qué habla la película canadiense del 2003 si no de un grupo de personas que espera durante semanas –en un contexto de convivialidad y ritualidad laica– la muerte de un amigo?

Hace ocho años nos esforzamos, junto a otras muchas personas, por construir un ámbito de convivialidad y ritualidad laica en torno a un querido amigo y compañero, Stefano Tassinari, en las semanas que precedieron y en la ceremonia que sucedió a su muerte. Muchas de nuestras reflexiones sobre este tema se remontan a entonces.

Si la ritualidad ligada a la muerte se había reducido ya al mínimo, con la prohibición de asistir al funeral de un ser querido ha sido aniquilada.

Ya el pasado 25 de marzo, difundimos la hermosa carta de un párroco de la región de Romaña, Paolo Tondelli, consternado por las escenas a las que le tocaba asistir:

«Y así me encuentro delante del cementerio, con los tres hijos de una madre viuda que ha muerto sola en el hospital, porque la situación actual no permite asistir a los enfermos. Y ahora ellos no pueden entrar en el cementerio, las medidas en vigor no se lo permiten. Y lloran: no han podido despedirse de la madre cuando ha dejado de vivir y no pueden despedirse de ella ni siquiera ahora mientras la entierran. Nos paramos ante la verja del cementerio, en la calle; me siento amargado y enfadado, me viene a la cabeza un intenso pensamiento: ni siquiera a un perro se le lleva así a la sepultura. Creo que se ha exagerado un poco en la aplicación de este tipo de normas, asistimos a una deshumanización de momentos imprescindibles de la vida de cualquier persona. Como cristiano, como ciudadano, no puedo callarme […] Me digo a mí mismo: estamos intentando defender la vida, pero nos estamos arriesgando a no salvaguardar el misterio que se une a ella.»

«Misterio» que no es una prerrogativa de la fe cristina o de una sensibilidad religiosa, que no coincide con la fuerza y con el creer en un alma inmortal, y sobre el que nos hacemos preguntas todos y todas: ¿qué significa vivir? Y, añadimos, ¿qué distingue el vivir del simple tirar pa'lante o del simple no-morir?

Dicho esto, quien es creyente y practicante ha vivido la suspensión de las ceremonias ligadas al culto –misas fúnebres incluidas– como un ataque a la propia forma de vida. No por casualidad, entre los ejemplos de organización clandestina de los que hemos hablado estos días, hemos incluido la persecución catacúmbica de la vida pública cristiana.

Para recuperar los libros de primaria, una maestra fue al centro, se llevó los libros escondidos en un carro de la compra y se los entregó a dos padres resto de padres y madres pudieran ir a recogerlos

Tenemos testimonios directos que cuentan que en muchas parroquias los fieles han seguido yendo a misa, a pesar de que los carteles sobre las puertas de las iglesias dijeran que habían sido suspendidas. El “núcleo duro” de la parroquia se reúne a pesar de todo, en el comedor del convento, en la casa del cura, en la sacristía y, en algunos casos, en la misma iglesia. Veinte, treinta personas, que quedaban a través del boca a boca. En especial el jueves pasado, para la misa de Jueves Santo.

Lo mismo se puede decir de los funerales. También en este caso tenemos testimonios directos de curas que han oficiado pequeños ritos, con los familiares cercanos, sin publicidad.

En los últimos días, hemos identificado tres tipologías de desobediencia a los aspectos más estúpidos e inhumanos del lockdown [distanciamiento social, N. del T.].

Desobediencias individuales

El gesto individual es a menudo invisible, pero en ocasiones resulta vistoso, como en el caso del corredor de la playa desierta de Pescara, acosado por los policías sin un mínimo fundamento epidemiológico. Un vídeo que se ha hecho viral, y que ha tenido el mérito de mostrar lo absurdo de ciertas normas y de su obtusa aplicación.

Seguir saliendo a correr ha sido, objetivamente y en su resultado, una performance muy eficaz, una acción de resistencia y de “teatro conflictual”. El hecho de haber seguido saliendo a correr distingue cualitativamente ese episodio de otros muchos que hemos publicado en Giap, que son “solo” testimonios de represión. Como ha escrito Luigi Chiarella «Yamunin», el vídeo recuerda «a un pasaje de Masa y poder de Elias Canetti respecto al acto de agarrar, el cual es, sí, un gesto de la mano, pero también y sobre todo el “acto decisivo en que el poder se manifiesta, de la forma más evidente y desde los tiempos más remotos, entre animales y entre personas”. Más adelante, dice –y aquí llega la parte pertinente al episodio del runner– que “existe, no obstante, un segundo acto de poder, no tan vistoso pero no por ello menos esencial. A veces se olvida, bajo la gran conmoción que suscita el hecho de agarrar, la existencia de una acción paralela y prácticamente igual de importante: el no dejarse agarrar”. El vídeo […] me ha recordado lo potente y liberatorio que es no dejarse agarrar. No olvido que, si se huye, se huye para volver con nuevas armas, aunque mientras tanto lo importante es no dejarse agarrar.»

Desobediencias clandestinas en grupo

Se trata de aquellas practicadas, como decíamos, por los parroquianos que se organizan para ir a misa a escondidas, por los familiares de un ser querido que ya no está y que se ponen de acuerdo con el párroco para oficiar aun así un rito fúnebre… Pero se trata también de colectivos que siguen, de una forma u otra, celebrando sus reuniones, de los grupos que siguen ensayando, y de los padres y madres que se organizan junto a una profesora para recuperar los libros del colegio de sus hijos. Éste último es un episodio, ocurrido en una ciudad de la región de Emilia, que contamos hace unos días.

Para recuperar los libros de primaria que llevaban un mes abandonados en el colegio, una maestra fue al centro, se llevó los libros escondidos en un carro de la compra y se los entregó a dos padres que vivían respectivamente cerca de una panadería y de una tienda de ultramarinos, de forma que el resto de padres y madres pudieran ir a recogerlos con la “tapadera” de comprar productos alimentarios, evitando así posibles multas. Los libros fueron entregados a los padres y madres bajándolos con una cuerda desde una terraza e introducidos en las bolsas de la compra o entre las barras de pan, como si fueran bombas de mano para la Resistencia. De esta forma sus hijos podrán, por lo menos, seguir el programa académico a través del libro junto con la maestra en vía telemática, y los padres podrán tener un apoyo al inevitable homeschooling.

Tras una fase de shock en la que prevalecían la obediencia incondicionada y la culpabilización recíproca, algunos sectores de la sociedad civil –e incluso “interzona” entre instituciones y sociedad civil– han empezado a reorganizarse «en clandestinidad». Dentro de esa reorganización resulta obligado considerar incongruentes, irracionales e indiscriminadamente punitivas algunas de las restricciones impuestas.

Por otro lado, al inicio de la emergencia, los chats de padres y madres se encontraban, en general, entre los peores focos de pánico, de cultura de la sospecha, llenos de mensajes de voz tóxicos e invitaciones a la delación. El hecho de que ahora algunos de esos chats se hayan usado para saltarse prohibiciones delirantes –¿por qué motivo una maestra no debería poder recoger los libros de texto que se han quedado en la clase? ¿Por qué para recuperar esos mismos libros una madre o un padre tienen que recurrir a subterfugios, manipular el formulario de autocertificación, etc.?– es la enésima demostración de que el mood ha cambiado.

Desobediencias provocadoras en grupo

Entra en esta casuística, por ahora escasa, la performance del trío de Rimini –un hombre y dos mujeres– que practicaban sexo en lugares públicos y colgaban sus vídeos en internet, aliñados con insultos a las fuerzas del orden.

Éstas últimas se lo han tomado especialmente mal, tanto que han considerado necesario señalar el execrable caso en sus redes sociales oficiales.

¿Y qué faltaba, en este catálogo? Faltaba…

…la desobediencia reivindicada en grupo

Una desobediencia colectiva visible, no ya solo clandestina.

Por un momento, temíamos que los primeros en ponerla en práctica fueran los fascistas. Precisamente usando la consternación de los creyentes ante la perspectiva de una Pascua “a puerta cerrada” y sin Vía Crucis, Forza Nuova [partido neofascista sucesor del Movimiento Social Italiano, N. del T.] intentó forzar la situación, distribuyendo panfletos en Roma en los que convocaba una procesión hasta la basílica de San Pedro el 12 de abril. Todo ello acompañado por eslóganes como «In hoc signo Vinces [con este signo Vencerás]» y «Roma no conocerá una Pascua sin Cristo».

Pero no han sido los fascistas los que han realizado finalmente este tipo de desobediencia. Han sido las compañeras y compañeros de Radio Onda Rossa y de los movimientos romanos en general, en el barrio de San Lorenzo, que han despedido a Salvatore Ricciardi con la que es, de facto, la primera manifestación política en la calle desde el inicio de la emergencia.

Barrio de San Lorenzo, Roma, 11 de abril de 2020. Un enorme despliegue policial bloquea las calles del barrio para identificar a los participantes del funeral de Salvatore Ricciardi.

Salvatore Ricciardi, de 80 años, era un pilar de la izquierda antagonista romana. Expreso político, durante muchísimos años se ha ocupado del tema carcelario, de las luchas en las cárceles y las condiciones de los presos. Lo ha hecho en algunos libros y en innumerables retransmisiones en Radio Onda Rossa –que ayer le dedicó un conmovedor directo de cuatro horas–, y ha seguido haciéndolo, hasta hace pocos días, en su blog Contromaelstrom, escribiendo de encarcelamiento y coronavirus.

Sobre los eventos de esta mañana se leen ya titulares de condena en la prensa mainstream. En esta llamada telefónica de una redactora de Radio Onda Rossa se puede escuchar [en italiano] una crónica más ajustada a la realidad, y acompañada por importantes valoraciones.

Entre otras cosas, la compañera señala que «tenemos filas kilométricas delante de las carnicerías todos los días, ¿y ni siquiera se puede despedir a los muertos? […] Estamos al aire libre, había pocas personas, en Roma no es obligatorio llevar mascarilla y aún así muchas la llevaban…». Y, a pesar de todo, la policía ha amenazado con utilizar los cañones de agua para disolver el rito fúnebre. La parte del barrio en el que se ha desarrollado la sediciosa concentración ha sido acordonada y todos los presentes han sido identificados.

Durante esta emergencia hemos visto muchas escenas surreales –por poner solo un ejemplo, hoy mismo un helicóptero ha alzado el vuelo, derrochando dinero público a raudales, para echar de una playa siciliana a un solo ciudadano que paseaba–, pero el nivel de esta mañana todavía no se había alcanzado.

Por nuestra parte, solo podemos decir chapó y expresar nuestra solidaridad a quienes han corrido y corren aún graves riesgos por reivindicar su derecho a vivir juntos –en el espacio público que han atravesado desde siempre con sus cuerpos y que han llenado con sus vidas–, junto con el dolor y el luto por la pérdida de Salvo, pero también la felicidad de haberlo tenido como amigo y compañero.

«Porque los cuerpos volverán a ocupar las calles.
Porque sin los cuerpos no hay Liberación.»

Esto escribíamos ayer, publicando el Canto del campo di el-‘Aqila. Repetimos nuestra convicción: sucederá. Y lo teme también el gobierno: ¿será casualidad que precisamente hoy Lamorgese [ministra del Interior, N. del T.], se ponga en guardia contra los «focos de expresión extremista»? En su llamada, la redactora de Radio Onda Rossa dice que la actual situación durará, grosso modo, un año y medio. Quien está en el poder querría que durante ese año y medio no existiera la posibilidad de protestar. Están preparados para usar instrumentalmente las normas sanitarias con el objetivo de impedir protestas y luchas colectivas. Gestionar la recesión con los derechos civiles sub judice representa un ideal para quien gobierna.

Desobedecer normas absurdas es legítimo

Señalamos una vez más que, mientras se mantiene a una población en arresto domiciliario, se impiden funerales, se prohíbe de iure o de facto tomar una bocanada de aire –un caso casi único en todo Occidente, a excepción de España– y se culpabilizan conductas como correr, salir «sin motivo», hacer la compra «demasiadas veces»; mientras se tiene en pie ese espectáculo de tres al cuarto, Italia sigue siendo el país con la mayor mortalidad por COVID-19 de Europa. A pesar de todos los que se han llenado la boca de un «modelo Italia» que el resto de los países querría imitar. ¿Quiénes son los responsables de tal destrozo? Responder no es tan difícil: quienes no han establecido a tiempo un cordón sanitario en Alzano y Nembro [pueblos de la provincia de Bérgamo identificados como focos iniciales de la epidemia, N. del T.] porque la patronal no quería; quienes han infectado los hospitales mediante una serie impresionante de errores; quienes han transformado las residencias de ancianos en lugares de muerte en masa por Coronavirus. Y también quienes, mientras todo eso sucedía, han desviado la atención hacían auténticas tonterías y comportamientos inocuos, utilizando multitud de chivos expiatorios. Esas sí son conductas culpables, criminales.

En todo el mundo la emergencia del Coronavirus resulta una ocasión de oro para restringir los espacios de libertad, ajustar cuentas con los movimientos sociales molestos, extraer beneficios de los comportamientos a los que la población se ve obligada, realizar restructuraciones en detrimento de los más débiles, etc.

En Italia, como suele suceder, a todo eso se le añade un extra de delirios.

La excepcionalidad de nuestro “modelo” de gestión de la emergencia se encuentra en la completa inversión de la lógica científica. Porque una cosa es imponer –a las buenas (Suecia) o a las malas (cualquier otro país)– el distanciamiento físico, necesario para reducir la posibilidad de contagio, y otra muy distinta confinar a la población en sus viviendas e impedirla salir si no es por motivos comprobables por parte de las autoridades policiales. El salto de una cosa a la otra se ha impuesto junto a la idea –infundada– de que “en espacios cerrados” se está a salvo del virus, mientras que “al aire libre” se está amenazado.

Todo lo que sabemos de este virus nos dice exactamente lo contrario, es decir, que la probabilidad de contraerlo al aire libre es inferior y que, si se mantiene la distancia de seguridad, ésta se vuelve casi nula, en comparación con los ambientes cerrados. En base a esa obviedad, la mayor parte de los países afectados por la pandemia no solo han considerado innecesario impedir a las personas salir al aire libre –como mucho han limitado el radio de tal posibilidad, como en Francia–, sino que, en ciertos casos, incluso lo han aconsejado explícitamente.

En Italia el mencionado radio es, en la mejor de las hipótesis, de doscientos metros desde la propia vivienda, pero existen ayuntamientos y regiones que lo han reducido a cero metros. Para quien vive en una ciudad, un radio semejante equivale a media manzana de calles de asfalto que, por otro lado, son mucho más propensas a las aglomeraciones respecto a un espacio abierto fuera de la ciudad. Por otro lado, para quien vive en el campo o en áreas poco pobladas, un radio de doscientos metros resulta igualmente absurdo, puesto que la probabilidad de encontrarse con alguien y de tener que pasar cerca es infinitamente menor que en un centro urbano.

Pero no solo: hemos visto que poquísimos países han introducido la obligación de tener que justificar la propia presencia al aire libre con un formulario de autocertificación, tickets de la compra y un preciso cálculo de las distancias con Google Maps. También éste es un pasaje importante, ya que implica poner a la ciudadanía a la merced de la policía.

Hemos recogido casos de personas hipertensas con prescripciones médicas que recomendaban el movimiento cotidiano por motivos de salud ser multadas con 500 euros; o personas multadas porque paseaban con la compañera embarazada, a la que el médico había aconsejado caminar. La lista de abusos y estupideces es larga, en nuestro blog hemos coleccionado muchísimas.

La incertidumbre jurídica, el comportamiento arbitrario de la policía y la limitación ilógica de comportamientos para nada peligrosos son elementos esenciales del Estado policial.

Tener que respetar una norma ilógica, irracional, es el ejercicio de obediencia y sumisión por antonomasia.

Nunca será «demasiado pronto» para rebelarse a esa obligación.

Hay que hacerlo ahora, para que después no sea demasiado tarde.

Giap

El presente artículo es una traducción libre de Pedro Castrillo de un post publicado en el blog Giap, coordinado por el colectivo de escritores Wu Ming. La difusión de todo su contenido, incluido el presente artículo, está regulada por una licencia Creative Commons.

Fuente con enlaces: https://www.elsaltodiario.com/mapas...

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Enhebrador de aguja, ¿lo usas bien?

20 April, 2020 - 00:00

¿Te has preguntado alguna vez cómo funciona este enhebrador? Seguro te suena de haberlo visto en casa, de algún kit de costura, o de algún set de agujas (que lo suelen traer de regalo). Si eres de los que no sabe por donde cogerlo, este tutorial es para ti.

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Despilfarros militares en época de coronavirus

20 April, 2020 - 00:00

Juan Carlos Rois
Tortuga.

Cuando llevamos más de un mes de arresto domiciliario sin plazo fijo, se hace más que evidente el esperpéntico papel del militarismo en la conducción de la crisis.
Y no sólo porque se ha desenmascarado que los militares son innecesarios para cualquier tarea que tenga que ver con los cuidados que se necesitan o con el mantenimiento de un orden público, reducido por la bisoñez de nuestros mandatarios a orden callejero del peor estilo, sino, también, por lo anacrónico de enjaretarnos una especie de parte diario de la retahíla de uniformados con sus chatarreras soltándonos soflamas y chascarrillos que harían las delicias de Gila.
Pero a ello se une, y parece que ya es una cuestión asumida por la gente del común, que mientras las necesidades de sanidad y salud pública han sido maltratadas por la casta política que nos ha tocado en suerte (dice alguno que cada pueblo tiene la que se merece, lo cual habla mal de nuestra resignación tan complaciente), el gasto militar no ha dejado de crecer; y de crecer para algo que no necesitamos, hasta situarse en cifras que se encuentran anualmente entre los veintimuchos a treinta mil millones anuales, según los cálculos más creíbles (ya sea Tortuga, Utopía Contagiosa antes de parar máquinas o la Coordinadora En Pie de Paz), cifras en todo caso muy por encima de los que nos ofrecen algunos centros de paz y algunos expertos que publican en estos días en los medios más o menos oficiales (que aunque ofrecen cifras inferiores al no computar todo el gasto militar, también son igualmente inasumibles para la sociedad).

En plena campaña de objeción fiscal, además del contraste entre el enorme gasto militar y su enorme inutilidad para defender lo que realmente nos interesa y necesitamos, resulta igualmente muy criticable:

  • 1) el para qué del gasto militar, cuestión que se responde verificando nuestra política militarista e intervencionista (90 operaciones militares en el exterior desde Felipe González a Sánchez/Iglesias pasando por la retahíla de presidentes másdelomismo que llevamos consumidos; 17 operaciones militares actuales en escenarios de guerra y más de 16.000 millones de euros destinados a la guerra en el exterior desde 1989; seguimiento de la doctrina y la geopolítica de la OTAN y de sus intereses de dominación, un ejército desmesurado y privilegiado con capacidad de presionar y alterar la política estatal, una política militar que contempla el ejército como garante del estatus quo y que prevé su implicación frente a posibles «enemigos internos» y «quintacolumnas» de intereses externos; una expansiva promoción de la venta de armas, un proceso sostenido de militarización social . . . )
  • 2) Y el enorme despilfarro que comporta, amén de sus objetivos explícitos, este gasto.

Sin ir más lejos, he podido verificar hasta qué punto cuando se supone que los recursos públicos deben estar centrados a la crisis del COVID-19, la contratación del ejército ha servido, desde febrero de 2019 al 8 de abril (últimos datos de los que dispongo) entre otras cosas, para acondicionar piscinas y jardines, comprar una cinta de correr, financiar bordados para los gorros militares en una base militar o adquirir agua mineral, entre otras lindezas no menos absurdas.

De modo que quiero añadir una lista (una más) de agravios de este gasto militar insolidario y que debería ser inasumible.

a) Despilfarro en contratos menores desde 14 de febrero de 2020.

Efectivamente, amigos, he revisado los «contratos menores» que aparecen en el portal de transparencia del Gobierno referidos al Ministerio de Defensa para llegar a esta conclusión.

Desde el 14 de febrero hasta el 8 de abril constan nada menos que 58 contratos menores del Ministerio de Defensa por el total de 549.731 euros (medio millón de euros) teóricamente para necesidades de la defensa durante este período en el que la mayor prioridad estatal se suponía que era (al menos eso nos decían los voceros del gobierno, esos que nos fabrican las verdades que debemos pensar y creer) acabar con la amenaza del COVID-19.

Pero el ejército ha necesitado cerca de 20.000 euros para mantenimiento de piscinas y contrato de socorristas, labor como se sabe, de primera necesidad, o más de 7.000 euros para mantener jardines, también muy necesaria labor para luchar contra la pandemia.

¿Y qué no decir de los más de 17.000 euros necesarios para dotar a las bases militares de agua mineral y dispensadores, o de los casi 1.500 para adquirir una cinta de correr, o lo gastado en vacunas caninas o en bordar las gorras militares con un cordón rojo, entre otras cosas?

Hay ocasiones en que, asumido que debo tener un especie de perversión irremediable que me lleva a encontrar la paja en el ojo militar ajeno, no doy crédito a lo que encuentro: hasta yo mismo me asusto. ¿Me estaré engañando? ¿Se justifica este gasto de casi 550.000 euros en aspectos como los antedichos cuando nos acribillan a diario los medios de comunicación con la falta de material quirúrgico o las deficientes condiciones en que se obliga a trabajar al personal sanitario?
No me puedo resistir a poner, aunque es larga, la tabla de este gasto. No lo hago por masoquismo, sino porque empiezo a pensar que más de uno se puede creer que me lo estoy inventando en mi excentricidad. Para ver la tabla completa, y por su enorme extensión, podéis consultarla el en pdf que acompaño un poco más abajo, pero aviso que aún hay más.

b) Contratos «mayores»

Además de estos contratos menores, el Ministerio de Defensa ha comprometido otros 172,18 millones de euros desde enero hasta la fecha en otro tipo de contratos que, como poco, se nos antojan insólitos, como son contratos para seguros de responsabilidad civil sanitaria de defensa, seguridad privada para las dependencias militares o servicios de limpieza. De estos contratos ha han adjudicado una parte considerable, por valor de 140,64 millones de euros y ha comprometido (aún sin adjudicar) otros 31,54 millones más. ¿Un dinero que podría haberse recortado del gasto militar y transferido a las necesidades acuciantes y que van a desbordar la deuda pública en materia de sanidad y de protección a la sociedad?

Aportamos igualmente el cuadro de dichos contratos que, a nuestro juicio, se comentan por sí solos.

c) ¿Y eso es todo?

Con los militares me he acostumbrado a hacerme siempre esta pregunta, porque siempre queda algo más. No se caracteriza lo militar por su racionalidad (eso ya lo sabíamos) ni por su transparencia.

El ejército del Aire acaba de formalizar un nuevo contrato para el mantenimiento de 3 aviones de patrulla marítima (uno de ellos operando en la Operación Atalanta) por importe de 2,9 millones de euros. La idea de la reparación es extender su vida útil hasta que tengan presupuesto para comprar tres aviones C.290 de Airbus de reemplazo (el precio por cada uno de estos nuevos aviones supera los 30 millones de euros), lo que implica que, por esta curiosa fórmula, acaban de asegurarse al menos otros 90 millones de euros más en compra de material militar, lo que demuestra que la «pandemia» y la cortina de humo que supone centrar todo el eco comunicacional en ella está siendo muy provechosa para el desmesurado gasto militar español, pero muy insolidaria, a la vez, con lo que realmente interesa a la sociedad.

Por otra parte, el último Consejo de Ministros (14 de abril) también aprovechó para autorizar más compromiso de gasto destinado a lo militar y adoptar otras medidas «sutilmente» militarizadoras. Veámoslo.

  • a) Para la continuidad de los contratos de sistemas informáticos del Ministerio de Defensa, otros 727.000 euros de compromiso de gasto.
  • b) Se declaran de interés para la defensa los terrenos circundantes a la base militar de El Goloso (Madrid) para hacer un parking militar.
  • c) Se autoriza a que una empresa contratista de defensa pase a manos de capital francés.

d) El capítulo de convenios del Ministerio de Defensa

También febrero y marzo han sido meses fructíferos para afianzar convenios de colaboración militarista.

El propio portal de transparencia del Gobierno señala la suscripción de los siguientes:

  • Convenio de 31 de marzo con el Centro Preuniversitario Más Camarena para el desarrollo de actividades mutuas en el ámbito de las emergencias, principalmente válido para la campaña de autobombo de la UME.
  • Con la Universidad de Sevilla para la realización de prácticas académicas tuteladas en centros militares y para alumnos militares.
  • Convenio del INTA y la Universidad de León para realización de prácticas y trabajos de fin de grado.
  • Con la Federación de Municipios de la Región de Murcia para la incorporación de militares al mundo laboral como policía.

e) Encomiendas de gestión

La encomienda de gestión es una técnica de nuestro derecho administrativo que permite que una competencia que tiene que desarrollar una administración la realice un tercero, supuestamente porque la administración no tiene medios técnicos para realizarla por sí misma. Lógicamente al «encomendado» se le paga por la gestión que realiza en nombre de la administración. Según nuestra ley este tipo de «encoimendas» debería ser muy excepcional y justificado, pero es una figura de la que abusan todas las administraciones para hacer funciones que le son propias y que o no quieren hacer por sí o que endosan a un tercero (generalmente a una empresa pública o a un organismo autónomo dependiente del Estado) para darle un pellizquito del presupuesto.

Hasta ahora he prestado muy poca atención a esta modalidad con la que el Ministerio de Defensa (no es el único) dota de recursos extra a sus organismos autónomos y empresas dependientes, a pesar de que tanto el Tribunal de Cuentas (que llegó a pedir en 2015 una ley que limitara esta perversión), como otros órganos fiscalizadores del Estado, han criticado la anomalía y las irregularidades de las encomiendas de gestión efectuadas por diversas administraciones.

Además de las encomiendas de gestión a los organismos autónomos militares, Defensa utiliza esta modalidad para «encomendar» la gestión de actividades propias a empresas del sector militar, particularmente a las que están participadas por Defensa, como es el caso de las que realiza Defensa (y no sólo) a favor de ISDEFE o INDRA, o una gran parte de las administraciones del Estado a favor de INDRA; HISPASAT u otras.

Normalmente, dado que localizar todas las encomiendas es un trabajo muy complicado, no suelen incluirse las partidas de encomiendas de gestión realizadas por ministerios ajenos a Defensa a favor de empresas militares participadas por Defensa o a organismos autónomos militares, aunque su montante es, a la vista de las que he ido encontrando con alcance para dos tres y hasta cuatro años, importante y forma parte del gasto disperso en otros ministerios y oculto a nuestro conocimiento.

Bien, vayamos a ilustrar estas prácticas, poniendo ejemplos de algunas de las encomiendas «vigentes» a 14 de abril según el portal de transparencia del Gobierno.
Encontramos una primera por la que la Jefatura de Sistemas de Información, Telecomunicaciones y Asistencia Técnica del Ejército de Tierra (JCISAT) encomienda a ISDEFE la gestión de actividades relacionadas con los sistemas de información y comunicaciones que teóricamente es lo que tiene que hacer el JCISAT y le da razón de ser. El monto económico, que contempla la actividad que ISDEFE para 2020 (contempla actuaciones en 2019 y en 2020), es de 735.045,55 euros, un pastuzal que Defensa inyecta a su propia empresa como quien no quiere la cosa. Así yo también sabría gestionar una empresa por manta que fuera.

También el INTA, un organismo autónomo militar, encarga a ISDEFE, cuyo presidente es el propio Secretario de Estado de Defensa, junto con , encargó en julio de 2019 para realizar desde 1 de agosto de dicho año a 31 de julio de 2020 la encomienda para realizar labores de asesoramiento en el propio objeto que constituye la razón de ser del INTA, de las cuales corresponden a 2020 otros 372.939 machacantes que le han atizado para dicho trabajito.
Otra encomienda de gestión a ISDEFE vigente hasta julio de 2020 lo es para la instalación de antenas DSS53 y DSS56 que necesita el INTA y no puede instalar por sí mismo, que para el año 2020 implica la cantidad de 75,59 milloncetes de nada que INTA inyecta a la empresa de Defensa por hacer lo que debería hacer INTA por sí y con sus medios.

Del mismo modo, el Ejército del Aire realizó otra encomienda de gestión a favor de la empresa ISDEFE por la que le soltará en 2020 la nada despreciable cantidad de 1,37 millones de euros por labores de consultoría relativos a reglamentos de vuelo y otras cosas en las que se supone que el ejército del aire es experto.
Fuera del ámbito del Ministerio de Defensa, ISDEFE también ha recibido el encargo de la Secretaría de Estado para el Avance Digital (Ministerio de Asuntos Económicos) para realizar determinadas actuaciones de apoyo a la labor de explotación, mejora continua e innovación del sistema de control y gestión de las ayudas públicas de I+D en el sector de las nuevas tecnologías. Por dicha encomienda recibirá en 2020 la cantidad de 698,593,74 euros, más otros 586.790,78 euros el año 2021.

La misma secretaría de estado realiza una encomienda parecida para el asesoramiento en el sector radioeléctrico, por la que le soplarán en 2020 la cantidad de 1.727.244,72 euros y otros 1.431.870,60 en 2021.

Una tercera de la misma secretaría de estado (y hay mucha más) también a ISDEFE para poyar las actividades del Secretario de Estado, por importe de 528.439,36 euros en 2020.

El Ministerio de Ciencia e innovación cuenta con una encomienda a favor del INTA para la observación de la atmósfera, de la que el INTA para colaborar con el CSIC, así como diversas encomiendas más con el CSIC, el Centro de Astrobiología, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas y otras instituciones similares; el Ministerio de Asuntos Exteriores múltiples encomiendas y convenios con INDRA, . . .

El IMSERSO también a iNDRA, al parecer de forma no muy ortodoxa, lo que dio lugar a la apertura de diligenciaas de investigación a finales de 2019 por parte de la Fiscalía Anticorruoción.

El suma, y sigue puede continuar. No es mi propósito desglosar por completo (tampoco tengo el tiempo y la paciencia para ello) el total de estas encomiendas, pues hay tantas, tan alambicadas y dispersas por todas las administraciones que necesitaría dos arrestos domiciliarios más para poder completar el rastreo, lo que no creo que beneficiaria mi ya deficitaria salud mental ni aportara más que una cifra más a las ya abrumadoras del derroche militar.

f) Luchar contra el gasto militar y sus implicaciones

Lo importante es destacar que mientras la economía se ralentiza, mientras los esfuerzos sociales se centran en los cuidados, mientras las prioridades son de salud pública, la ruleta militar sigue sumando, en detrimento de las necesidades sociales y generando mayor deuda, y sin que la gente acabe de conocer cómo rueda este desagüe económico y ético que nos deja secos.

Más aún en esta época en la que la urgencia social ha destapado las desnudeces y miserias del militarismo y no somos únicamente los y las antimilitaristas quienes vemos las vergüenzas de este desnudamiento.

En mi criterio la conclusión no puede ser otra que la lucha contra el gasto militar, una lucha con diversos ejes, como, por ejemplo (no necesariamente de forma consecutiva, sino, en la medida de lo posible todas a la vez):

  • Exigir transparencia y aflorar todo el gasto militar, incluyendo lo escondido, lo despistado, lo disfrazado y todo el sistema de opacidad.
  • Evaluar socialmente este gasto y las razones que aparentemente lo justifican.
  • Generar el debate social acerca de todo ello y contrastarlo con las verdaderas necesidades sociales.
  • Conseguir que los movimientos y organizaciones de perspectiva alternativa y liberadora incorporen a sus agendas específicas la preocupación por el gasto militar y su injusticia.
  • Desencadenar luchas desde abajo contra las propias industrias militares, contra las actuaciones militares y contra el soporte financiero de todo ello (banca armada, empresas involucradas, fondos de inversión, etc).
  • Provocar lucha contra la deuda militar y en pro de su declaración de deuda ilegítima e impagable.
  • Desencadenar movilización social en contra el gasto militar del mismo por medio de el repertorio de lucha usual en los movimientos alternativos, entre otros, la objeción fiscal y su pretensión de convertirse, más allá de un acto testimonial, en una verdadera desobediencia civil con capacidad de provocar cambios no queridos por el militarismo.
  • Provocar acciones efectivas y directas de quitar poder al gasto militar y empoderar las necesidades de seguridad humana.

Lograr pequeñas victorias en cada una de estas líneas permitirá posicionar mejor a la lucha por la desmilitarización social, lo que equivale también a decir lucha contra el paradigma dominación-violencia y sus prácticas sociales, base del vigente «modelo» de defensa militar y de la estructura que lo sustenta en apoyo del tipo de mundo perverso que hemos logrado construir hasta ahora.

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"Rescatadas del Olvido": Vídeo sobre ejemplos de vida y lucha política de mujeres antifranquistas

20 April, 2020 - 00:00

Dentro de la programación de conferencias previstas para este último trimestre del curso 2019-20 estaba incluida una sobre “Las vidas de mujeres antifranquistas", a cargo de Fernanda Romeu Alfaro. Esta conferencia no será posible darla en modo presencial debido a la suspensión que la situación de alarma por el coronavirus nos ha obligado a hacer de todas nuestras actividades habituales. La conferenciante, Fernanda Romeu, nos ha comunicado que la finalidad de este documento no es otra que la de ofrecer a todas las personas que se interesen por este apasionante tema, que no es otro que la lucha de las mujeres antifranquistas en dos frentes fundamentales: el del compromiso histórico y el de su particular visión de un cosmos cotidiano.

Fernanda intenta incorporar a través de la imagen y la palabra, las voces de una colectividad a la que algunos llaman “la mayoría silenciosa”. Este trabajo se presentó en el Curso de Verano de la Universidad de Castilla-La Mancha en Almagro, en 1991 y promovido por el Instituto de la Mujer Es un trabajo pionero que rompe la metodología clásica que usaba solo fuentes escritas. Se editó, por el Servicio de Publicaciones de la propia Universidad de Castilla- La Mancha y sigue vigente su consulta como nuevo método de trabajo para los Seminarios de Fuentes Orales e Investigaciones sobre la lucha antifranquista protagonizada por las Mujeres.

El vídeo tiene por título “RESCATADAS DEL OLVIDO”. Las mujeres protagonistas del vídeo nos cuentan de viva voz experiencias muy dolorosas que les tocó vivir en los años que siguieron a nuestra Guerra Civil; relatos olvidados que no recogen los libros de Historia y que quieren hacerse presentes en esta grabación, cuyas protagonistas probablemente ya no están entre nosotros.

La Universidad Popular Carmen de Michelena ha accedido a la petición de Fernanda Romeu y presenta de manera excepcional en la programación virtual de esta semana el vídeo citado que además se ha incluido entre las grabaciones de conferencias y actos que habitualmente subimos a la plataforma de YouTube. Agradecemos a Fernanda Romeu su generosidad.

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No más guerras

20 April, 2020 - 00:00

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Emma Goldman: "Minorías versus mayorías" (Fragmentos)

19 April, 2020 - 00:01

Si hubiera que juzgar sumariamente la tendencia de nuestro tiempo, diría simplemente: Cantidad. La multitud, el espíritu de la masa domina por doquier, destruyendo la calidad. Nuestra vida entera descansa sobre la cantidad, sobre lo numeroso: producción, política y educación. El trabajador, que en otro tiempo tenía el orgullo de la perfección y de la calidad de su trabajo, ha sido reemplazado por un autómata incompetente, privado de cerebro, el cual elabora enormes cantidades de cosas sin valor ninguno, y generalmente ofensivas, en su grosería y ordinariez, para la humanidad. Todas estas cantidades, en vez de hacer la vida más confortable y plácida, no han logrado otra cosa que aumentar la cifra de preocupaciones angustiosas del ser humano.

(...)

Carentes de originalidad y de valor moral, las mayorías siempre depusieron en manos ajenas sus destinos individuales, incapaces de cargar con la menor responsabilidad, siguen a sus pastores incluso cuando les conducen a la destrucción, a su aniquilamiento.

(...)

Hoy, como ayer, la opinión pública es el tirano omnipresente; hoy, como entonces, las mayorías no representan más que una masa de cobardes, prestos a seguir a aquel que encarne el espejo de su pobreza mental y espiritual. Esta es la base en la que se apoya el éxito sin precedentes de un hombre como Roosevelt (1). Entraña el peor elemento de la psicología zafia de la masa. Al político que conozca a fondo cómo funcionan las mayorías, le es indiferente tener ideales íntegros. Su principal preocupación es mantener una apariencia brillante y espectacular. Sea una exposición canina, un combate de boxeo o el linchamiento de un negro; la exhibición obscena de la carísima boda de algún heredero multimillonario o la acrobática elocuencia de algún ex presidente de la nación, cuanto más retorcidas son las contorsiones mentales, más atractivas les resultan a las masas.

(...)

Es absurdo que se quiera calificar de individualista la época presente. Eso no es más que una amarga repetición de una idéntica fenomenología desarrollada a todo lo largo de la historia. Cada esfuerzo de progreso para elevar el nivel de la vida, la ciencia, la religión, la política, la libertad económica, emanó siempre de las minorías, no de las mayorías. Hoy, como hace varios siglos, los raros, las individualidades independientes, son incomprendidas y por ende perseguidas, encarceladas, torturadas y asesinadas.

(...)

Ya no existiría la tiranía ni el acaparamiento de propiedad si la masa no estuviese dispuesta en convertirse en soldados, en policías, en carceleros y verdugos. El socialista demagogo sabe esto tan bien como yo, pero sostiene el mito de las virtudes de la mayoría, porque su verdadero aspiración es la perpetuación del poder autoritario. ¿Y este último cómo podría funcionar sin la colaboración de una gran cantidad de gente? Sí, la autoridad, la coerción y la obediencia ciega son atributos de la masa; nunca existirá en ella la libertad o el libre desarrollo de la individualidad, ni jamás podrá nacer de su seno una sociedad libre.

No es por no compartir el dolor de los oprimidos, de los desheredados de la Tierra, no es por no conocer el horror, la vergonzosa e indigna vida del pueblo, por lo que no creo en las mayorías como una fuerza creadora de bondad. ¡Oh, no, no! Lo que ocurre es que sé demasiado que, como masa compacta, jamás estuvo al lado de la justicia ni de la igualdad: Ahogó las voces humanitarias, subyugó el espíritu humano y cargó de cadenas el cuerpo. Como masa, su objetivo principal fue convertir la vida en algo uniforme, gris y monótono; en un árido desierto. Como masa será siempre la aniquiladora de la libre individualidad, de la libre iniciativa y de la originalidad. Creo, por eso, en lo que dice Emerson (2): La masa es grosera, mentalmente lisiada, perniciosa en lo que exige y en lo que pide. En vez de adulársela, es necesario fustigarla duramente. Nada deseo concederle, sino esforzarme en dividirla, romperla y extraer así de ella otras tantas individualidades. ¡Las masas! Son nada más que una gran calamidad.

(...)

En otras palabras, un verdadero bienestar social y económico no llegará a hacerse realidad, sino por el esfuerzo inteligente y el valor intrépido de las minorías poseedoras de una perfecta independencia mental, y no por obra y gracia de las masas.

Notas de Tortuga:

1- Se trata de Theodore Roosevelt, presidente de EEUU entre 1901 y 1909 (no confundir con Franklin D. Roosevelt, presidente también unas décadas más tarde). Recordado por "su personalidad de cowboy y su masculinidad ... los logros de Roosevelt como naturalista, explorador, cazador, escritor y soldado contribuyen tanto a su fama como sus cargos políticos". https://es.wikipedia.org/wiki/Theod... Su libro de 1897 "Ideales america­nos" concretaba su posición ideológica (la política se cuida con la moral; es una vocación evangélica) y revelaba asimismo su escasa profundidad intelectual, que le mereció posteriormente el título de «após­tol de lo obvio». https://www.criticadelibros.com/sin...

2- Se refiere a Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882), un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. https://es.wikipedia.org/wiki/Ralph...

Copiado y retraducido por Tortuga de "Emma Goldman. Recopilatorio de escritos". Ed. Descontrol. Barcelona 2018. El texto original es de 1910.

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Bomberos denuncian la «militarización» de las labores de protección civil y emergencias

19 April, 2020 - 00:00

Los principales sindicatos y entidades de bomberos de Euskal Herria, Galiza y Països Catalans han mostrado su rechazo a la intromisión de unidades del ejército español en tareas de protección civil y emergencias. Intervenciones con un desproporcionado alarde de personal, vehículos y material que, en su opinión, responden más a una intención política que a necesidades reales de la ciudadanía.

Por Redacción Eulixe

Según estas organizaciones de bomberos, las imágenes de militares realizando labores civiles buscan justificar las ingentes partidas económicas que el estado español destina a gastos militares, así como lavar la imagen de un ejército de dudoso talante democrático.

Estos funcionarios públicos recuerdan que, a pesar de todos los recortes que han sufrido en los últimos años, forman parte del personal que ha estado en primera línea de la lucha contra el coronavirus desde el inicio, sufriendo la falta de material de protección, sin poder acceder a test de contagios, con plantillas mermadas, doblando jornadas y turnos e, incluso, trabajando de forma voluntaria fuera de sus jornadas laborales cuando así ha sido necesario.

Resaltan, asimismo, que mientras se producía ese adelgazamiento de lo público, los gastos en Defensa aumentaban porque el ejército es herramienta de represión y control para oprimir la voluntad de libertades nacionales de los pueblos vasco, gallego y catalán, y del conjunto de la clase trabajadora.

Finalmente, estos colectivos de bomberos reivindican que los gastos militares se dediquen a gastos sociales así como “una salida civil de la crisis sanitaria, con unos servicios públicos fuertes, en la que nuestros respectivos pueblos tengan capacidad para gestionar nuestros propios recursos, sin injerencias centralizadoras a toque de cornetín cuartelero”.

Fuente: https://kaosenlared.net/bomberos-de...

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(Cast/Gal) Campaña gallega por la objeción a los Gastos Militares 2020

19 April, 2020 - 00:00

Por No ao Gasto Militar

(Castellano)

El Espacio Abierto Antimilitar colectivo vigués formado por persona que trabajan por la construcción de una sociedad mas justa y desmilitarizada, lanza un año mas la campaña gallega por la Objeción Fiscal al Gasto Militar bajo el lema: “Desinfectemos nuestro dinero de militarismo”. Defienden hacer objeción fiscal en la declaración de la renta, un acto de desobediencia civil que consiste en desviar el dinero que el Estado dedica a fines militares en proyectos de carácter social.

Dentro de esta campaña se ha lanzado la web: 2020.nonaogastomilitar.org en la que recogen toda la información: texto, gasto militar en España en 2019, información sobre como hacer OF, destinos propuestos..

Adjuntamos el texto de la campaña por la OF 2020:

Dicen que estamos en guerra.
En guerra… contra un virus.

Vemos como el comité de crisis para controlar una emergencia sanitaria esta formado por un experto de dicho ámbito, frente a tres representantes de las fuerzas de seguridad del estado (y ninguno de ellos proviniente del ámbito de la protección social). Escuchamos, cada día, un discurso bélico para hablar de una enfermedad.

De los términos destinados, atendiendo a los criterios de seguridad humana, solo una pequeña parte de los recursos para la militarización y armamento durante la última década (206.745 millones de euros desde 2008), ahora sin duda tendríamos un mejor sistema de salud pública y un sistema de salud pública. Protección social más robusta y capaz.

Durante estos últimos quince años, ha habido un empeño propagandístico que ha buscado justificar los desorbitados gastos militares, fomentar la centralización frente a las competencias de las comunidades autónomas y a fín de cuentas contribuir al control social. La Unidad Militar de Emergencias (UME) a partir de esto fue imponiendo su instrusismo profesional y sustituyendo paulatinamente los Serivicios de Protección Civil que antes eran públicos también pero civiles.

Ahora resulta que tenemos que aplaudir al ejército por hacernos el gran favor de desinfectar las residencias y aeropuertos, montar hospitales de camapaña, o hasta llevar la compra a personas ancianas, al igual que hace un par de años les tuvimos que aplaudir por, en teoría, protegernos de los fuegos en Galiza. ¿No será entonces que lo que necesitamos son buenos servicios de limpieza, sanidad, asistencia social, extinción de incendios y un largo etcétera de todos los servicios públicas que llevan años desmantelándose?

Pero la militarización de la sociedad no es, obivamente solo una cuestión de competencias. Lo que esta en juego es un modelo social. Un modelo de sociedad basado en la protección real de las personas y no en su control. Una sociedad de personas informadas o de soldados obedientes. Su apuesta esta clara, sobre todo de cara a los tiempos que vendrán. Pero nuestra apuesta también

Aprovechemos esta declaración de la renta para desinfectar nuestros impuestos del virus del militarismo y, continuemos luchando por una sociedad en la que podamos relacionarnos a través de otros valores: la confianza, la solidaridad, la empatía, el apoyo mutuo, la reflexión colectiva etc.

¡HAGAMOS OBJECIÓN FISCAL AL GASTO MILITAR!

(Galego)

Campaña galega pola Obxección Fiscal ao Gastos Militar 2020

O Espazo Aberto Antimilitar colectivo vigués formado por persoas que traballan pola construción dunha sociedade máis xusta e desmilitarizada lanza outro ano máis a campaña galega pola Obxección Fiscal ao Gasto Militar baixo o lema: «Desinfectemos os nosos cartos do militar». Defenden facer obxección fiscal na declaración da renda, acto de desobediencia civil que consiste en desviar os cartos que o Estado dedica a fins militares a proxectos sociais.

Dentro desta campaña lanza a web: 2020.nonaogastomilitar.org na que recollen toda a información: texto, gasto militar en España en 2019, información sobre como facer OF, destino proposto…

Achegamos o texto da campaña pola OF 2020:

Din que estamos en guerra.

En guerra… contra un virus.

Vemos como o comité de crise para controlar unha emerxencia sanitaria está formado por un experto neste ámbito, fronte a tres representantes das forzas de seguridade do estado (e ninguén do eido da protección social). Escoitamos, cada día, un discurso bélico para falar dunha enfermidade.

De termos destinado, atendendo a criterios de seguridade humana, tan só unha pequena parte dos recursos destinados á militarización e a armamento durante a última década (206.745 millóns de euros desde 2008), agora sen dúbida contaríamos cun mellor sistema público de saúde e cun sistema de protección social máis robusto e capaz.

Durante os últimos quince anos, nun empreño propagandístico para xustificar os desorbitados gastos militares, fomentar a centralización contra as competencias de comunidades autónomas e a fin de contas contribuír ao control social, a Unidade Militar de Emerxencias foi impoñendo o seu intrusismo profesional e substituíndo continuamente Servizos de Protección Civil que antes eran públicos tamén pero civís.

Temos así que aplaudir agora ao exército por facernos o gran favor de desinfectar residencias e aeroportos, montar hospitais de campaña, ata levar a compra ás anciás, ao igual que hai un par de anos tivemos que aplaudirlles por, en teoría, protexernos dos lumes en Galiza. Non será entón que o que precisamos son bos servizos de limpeza, sanidade, asistencia social, extinción de incendios e un longo etcétera de todos os servizos públicos que levan anos desmantelándose?

Pero a militarización da sociedade non é, obviamente, só unha cuestión de competencias. O que está en xogo é o modelo social. Un modelo de sociedade baseado na protección real das persoas ou no seu control. Unha sociedade de persoas informadas ou de soldados obedientes. A súa aposta está clara, sobre todo de cara aos tempos que virán. Pero a nosa aposta tamén.

Aproveitemos esta declaración da renda para desinfectar os nosos impostos do virus do militarismo, e continuemos loitando por unha sociedade na que poidamos relacionarnos a través doutros valores: a confianza, solidariedade, empatía, apoio mutuo, a reflexión colectiva, etc.

FAGAMOS OBXECCIÓN FISCAL AO GASTO MILITAR!

Tomado de: https://kaosenlared.net/cast-gal-ca...

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El CGPJ quiere impedir que los presos recurran las denegaciones de permisos

18 April, 2020 - 00:00

Aprovecha el Estado de Alarma para proponer la limitación de los recursos de apelación de los internos con el argumento de frenar un posible colapso judicial a causa de la crisis del coronavirus. Pero sería una modificación permanente.

julia pérez

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha elaborado un borrador de plan de choque ante la previsible avalancha de litigios que llegarán tras el fin del confinamiento donde pretende eliminar el derecho de los presos a recurrir en apelación contra una denegación de un permiso penitenciario.

Así figura en la propuesta que debaten actualmente los jueces españoles con este órgano de gobierno y que ha sido denunciada por la Red Jurídica de Abogad@s que lo considera “un auténtico recorte de derechos”.

El CGPJ pretende que se elimine de la ley la posibilidad que tiene un preso de quejarse o recurrir una denegación de permiso penitenciarios o actuaciones administrativas "salvo afectación de derechos fundamentales".

La propuesta se realiza con motivo de la crisis del coronavirus y del Estado de Alarma, pero supone un cambio permanente ya que habría que reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial en su disposición adicional 5, que es la que ampara este derecho de los presos.

"Eliminar el recurso de apelación contra la denegación de permisos no solo recorta el derecho a recurrir. Además, deja sin derecho a asistencia letrada a los internos, pues en las instancias anteriores no es preceptivo el uso de abogado", denuncia la Red de Abogas@s.

La pretensión del CGPJ figura dentro de las medidas destinadas a los “colectivos vulnerables en función de circunstancias sociales, económicas, étnicas y/o culturales".

Para el CGPJ, limitar el recurso de apelación ante las Audiencias Provinciales contra determinados autos de los jueces de Vigilancia Penitenciaria aligeraría la carga de trabajo y permitiría “concentrar los esfuerzos en asuntos de mayor trascendencia".
Distintos criterios en las audiencias provinciales

El CGPJ sostiene que de esta manera aumentaría la "seguridad jurídica dado que en materia de admisibilidad de recursos de apelación contra autos de los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria no existe uniformidad actual en los criterios aplicados por las diferentes Audiencias Provinciales".

El plan de choque que ha propuesto el CGPJ comprende 436 páginas y es objeto de debate entre las asociaciones de jueces y el ministerio de Justicia cuyo titular, Juan Carlos Campo, es el encargado de abordar la crisis del coronavirus en el ámbito judicial.

Real Decreto frente a la avalancha

El ministro recaba opiniones para elaborar un Real Decreto con el fin de afrontar la avalancha de asuntos que llegarán a los juzgados tras su paralización, hace más de un mes.

Por un lado, Campo debe establecer una estrategia para afrontar los asuntos que quedaron pendientes y, por el otro, adoptar medidas para agilizar los procesos ante los despidos, concursos de acreedores y reclamaciones de cantidad que llegarán.

La Unión Progresista de Fiscales ha mostrado este viernes su "sorpresa y su más absoluta indignación ante el desprecio hacia el ministerio fiscal, los fiscales y las asociaciones que los representan, por parte de ministro de Justicia" ya que Campo sólo se ha reunido con las asociaciones judiciales. "Escuchar a todos los actores que intervenimos en la Administración de Justicia es una obligación y un deber del máximo representante" de Justicia.

A su vez, Campo se ha reunido este viernes por medio de videconferencia con la presidenta del Consejo General de la Abogacía Española, Victoria Ortega; el presidente del Consejo General de los Procuradores de España, Juan Carlos Estévez y el presidente del Consejo General de Graduados Sociales de España, Ricardo Gabaldón.

El Gobierno tiene previsto aprobar dentro de quince días dicho Decreto que contendrá los ejes del plan de reactivación de la Justicia ante un previsible fin de las medidas de confinamiento.

Público

Ver en El Salto:

El plan de choque judicial en materia penitenciaria: un inaceptable recorte de derechos

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Dípticos de la campaña 2020 de Objeción Fiscal al Gasto Militar

18 April, 2020 - 00:00

Un año más volvemos a hacer campaña en contra del loco gasto militar.

Para que podáis hacer vuestra Objeción Fiscal, además de remitiros al tutorial que también un año más ponemos a vuestra disposición, os ofrecemos los dípticos en pdf que podéis descargar y compartir hasta el infinito y más allá.

¡Buena campaña!

Tortuga.

Castellano

Valencià

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La crisis sanitaria como herramienta de domesticación

18 April, 2020 - 00:00

Este texto pretende ser una aportación al debate sobre lo que está pasando. Es un intento de entender un poco mejor lo que la narrativa oficial de la epidemia nos cuenta, y lo que nos oculta, y como la están llevando a la práctica las instituciones. Se trata de contribuir a crear una perspectiva crítica, que sirva para afrontar lo que se nos viene encima.

Lo que nos están contando los medios de comunicación sobre la epidemia suena a historia de terror, lo que pasa en el vecindario, y en los hospitales parece confirmar su autenticidad. La historia oficial de esta epidemia dirige nuestra atención hacia algunos aspectos de la realidad, en cambio otros, quedan ocultos. Esta historia suena familiar, y parece que simplifica demasiado las cosas: una amenaza, unos buenos, unos malos y la promesa de un final tranquilizador. Si se siguen las indicaciones, claro. Las medidas que están tomando las instituciones estatales van en la misma línea que este relato, y están provocando situaciones graves en lo sanitario y en lo social.

En medio de la confusión, el relato oficial pone cara a los agentes que intervienen en la crisis, así aporta un sentido concreto a los acontecimientos. En él se señalan las vías para la gestión sanitaria, social y punitiva de la crisis. Conviene prestar atención a lo que dicen, lo que hacen y lo que ocultan las instituciones para comprender mejor lo que pasa. La forma literaria permite a las autoridades mezclar lo sanitario con lo policial, al enfermo con las instituciones y al virus con la indisciplina. La narrativa admite el préstamo de palabras y metáforas entre ámbitos diferentes, lo que facilita la gobernanza.

Un virus salvaje

La epidemia viene de Oriente, según los medios de comunicación, concretamente de una zona en que lo civilizado, lo avanzado, conviven con lo primitivo. Es curioso que la mayoría de relatos sobre epidemias sitúan su origen lejos de Europa y EE.UU. En ellos se presenta al virus como una manifestación de la naturaleza salvaje. Se dice de él que es feroz, astuto, egoísta, destructivo…rasgos a medio camino entre lo animal y lo humano. Curiosamente éstas son las mismas cualidades con que los romanos describían a los bárbaros. Para el Imperio romano, eran bárbaros quienes amenazaban la estabilidad de Roma desde el exterior (los pueblos vecinos) o desde el interior (plebeyos rebeldes y esclavos).

El relato oficial vincula el grado de civilización de un sitio a la fortaleza de las instituciones encargadas de la seguridad y la sanidad; un Estado fuerte sería sinónimo de civilización. Cuando los medios de comunicación señalan a un territorio como origen de la epidemia, lo que están anunciando es la imposición en esa zona de nuevas medidas de control sanitario y policial, sea a nivel estatal o internacional. La coartada más frecuente para justificar la colonización ha sido siempre el deseo de civilizar al otro.

Lo que no se cuenta, es que muchas de estas enfermedades aparecen en territorios recientemente urbanizados e industrializados. Los procesos bruscos de urbanización y hacinamiento de la población favorecen la trasmisión de patógenos. La urbanización intensiva de ecosistemas naturales arrincona a la fauna en espacios reducidos. La agro-industria hacina animales e introduce productos químicos, antivirales, antibióticos, etc. En general, la transformación brusca del hábitat humano y animal favorece la aparición de enfermedades. Buenos ejemplos de esto son la gripe porcina, la aviar, la de las vacas locas, etc. El Capitalismo necesita expandirse y colonizar territorios siempre, pero no aparecerá como responsable de ninguna epidemia, s más fácil culpar a algún pueblo con costumbres poco civilizadas.

El virus encarnado

La narrativa oficial nos sugiere que al pasar a los humanos, el virus nos transforma, pero no a todos igual. A quienes se someten a la disciplina sanitaria y al control social, estén o no enfermos, se les adjudica el papel de víctimas. A las personas indisciplinadas se las señala como cómplices del virus, por egoísmo o por irresponsabilidad, y se las convierte en chivos expiatorios. La latencia del virus facilita la aparición de la figura del portador sano, que no es consciente de su infección. La narrativa oficial centra mucha atención en la figura del portador sano, culpabilizándolo, y esto genera un ambiente de desconfianza generalizada cercana a la paranoia.

La curación, según la versión oficial, requiere del sometimiento total a las normas sanitarias, y la realización de algún tipo de sacrificio. Los sacrificios del enfermo son el aislamiento y el tratamiento médico (si tiene suerte), el sacrificio de los demás es el confinamiento. En la Biblia, cuando Jesús cura a un leproso, le recomienda que para terminar de sanarse debe expiar sus pecados con sacrificios. La relación entre enfermedad y pecado viene de lejos, hoy no se habla de redención, pero sí de un sometimiento acrítico como forma de responsabilidad social.

Esta forma moralista de presentar la epidemia culpabiliza a las personas, dejando libre de responsabilidad al negocio empresarial y la gestión estatal. Pero las enfermedades no se convierten en epidemias por culpa de una o varias personas, hace falta un entorno favorable en lo ambiental, lo social, lo económico, las infraestructuras, etc. Afrontar esto implicaría chocar con los negocios capitalistas, y eso no es lo que quieren las autoridades. Cualquier persona puede ser potencial portadora del virus, y por eso se ha decretado nuestro confinamiento en casa, en el barrio o pueblo y en el país. Las autoridades nos aseguran que es para evitar contagios, pero al sancionar a gente por salir a la calle sola, o con algún familiar con quien conviven, la explicación médica parece que deja paso al del orden público. Se nos informa mal y se nos dice, con acento patriarcal y lenguaje de colegio, que debemos quedarnos en casa por nuestro bien y el de los demás. La emergencia obliga a no cuestionar las decisiones de los técnicos, y menos aun plantearse la posibilidad de otra forma de gestión de la crisis, no hay nada que debatir. El problema es que la emergencia es, cada vez más, la norma. Además nuestra dependencia total con respecto a la sanidad estatal, la ausencia de alternativas de base, hace difícil incluso plantearse otras formas de afrontar la epidemia.

El confinamiento fomenta la sobre-exposición a los medios de comunicación y las redes sociales. La combinación de aislamiento y comunicación telemática está generando una cultura del confinamiento, cuyo principal ingrediente es el Síndrome de Estocolmo. Además se está normalizando lo virtual como sustituto higienizado de lo real y del trato cercano. Esta cultura está naturalizando el control social, empieza a percibir la calle como un espacio de riesgo, y la casa como un refugio seguro. En este contexto, el aislamiento se anuncia como una forma de higiene social, que debe completarse con la disciplina y el mantenimiento del orden. La cultura del confinamiento reproduce algunos rasgos de la cultura, los valores y los hábitos de la clase dominante. La propaganda oficial nos dice que debemos ser solidarios y quedarnos en casa, pero en cambio fomenta a todas horas una cultura del individualismo, de la indiferencia por el otro, del cálculo sin emociones, de las emociones sin reflexión, que se filtra en las casas por los medios de comunicación y las redes cibernéticas. La mayoría de la población, depende, en su día a día, de redes informales de cuidados y de ayuda mutua, asumir la cultura de la élite es no solo frustrante, sino suicida. El relato oficial de la epidemia es el principal promotor de esta cultura del confinamiento, de momento el único que se oye.

Las calles están siendo reducidas a lugar de paso para trabajadores y consumidores, la ciudad esta pacificada. Este parece el sueño hecho realidad de los primeros urbanistas del siglo XIX. El término control social se empezó a usar entonces para describir la tarea de los urbanistas, que incorporaban la lógica sanitaria a sus proyectos. La planificación urbana debía ordenar el espacio, la movilidad y la interacción entre personas para prevenir la emergencia de patologías médicas (enfermedades) o sociales (revueltas, motines, etc.). Algunas de estas transformaciones tuvieron efectos positivos para la salud del vecindario, pero a cambio aumentaron el control social. Entonces como hoy, el sometimiento y el control social son el pago a cambio de la promesa de salud. Cuando se traslada el relato oficial de la epidemia al territorio, se convierte en un mecanismo de gobernanza, que está muy relacionado con los procesos de gentrificación. Lo que oculta la versión oficial es que aislados somos más vulnerables a los efectos de cualquier crisis y del Capitalismo en general. Además, evita decir, que la verborrea médica está sirviendo de maquillaje para la domesticación sanitaria de la población.

La casa es, según la narrativa oficial, un espacio seguro que sirve de refugio contra la amenaza externa. Esa lógica se desliza pronto hacia lo institucional, y así el cierre de fronteras busca inmunizar al país ante la amenaza externa, aunque éstas ya estaban cerradas para la mayoría. Este traslado de lo personal a lo estatal pretende, entre otras cosas, estimular la identidad nacional entendida como colectividad inmune. Las crisis son momentos delicados y las instituciones necesitan conservar su legitimidad. Los fenómenos biológicos no respetan límites fronterizos ni controles aduaneros, y por eso hacen visible su carácter arbitrario, artificial. Además, la falta de medios y la falta de previsión ante la probabilidad de la aparición de epidemias, muestran que el Estado no esta cumpliendo con su promesa de proteger la salud de la población. Para evitar que la legitimidad de las instituciones quede dañada se envuelve todo con la bandera nacional.

La guerra sanitaria

En estos días, la mayoría de las decisiones gubernamentales han seguido una lógica a medio camino entre lo médico y lo militar. En principio, puede parecer raro ver a médicos y militares juntos en las ruedas de prensa, pero esto tampoco es nuevo. Durante la I Guerra Mundial las epidemias solían provocar muchas bajas, eran una amenaza tan importante como los ejércitos enemigos. Los médicos militares decidieron que la patria era un cuerpo social, amenazado por enemigos humanos y microbianos. El estilo bélico en la lucha contra epidemia, tanto en el relato como en su puesta en práctica, sigue esta lógica. Lo que no se dice, es que la salud de las instituciones y la de la población son cosas diferentes. Tampoco se explica por qué la mayoría de las medidas institucionales durante y después de estas crisis, tienden a empeorar las condiciones de vida de los sectores más oprimidos y explotados.

El ambiente bélico ha convertido a los medios de comunicación y las redes sociales, en una especie de aspiradoras de atención. Cada día las aspas (médica, política, militar y policial) de la máquina se ponen a dar vueltas, y generan una corriente de estadísticas, datos y emociones que nos arrastra hacia la lógica institucional. Esta corriente estado-céntrica pretende fortalecer el vínculo entre los individuos y las instituciones, presentándose éstas como únicas mediadoras entre la población y la epidemia (o el incendio, terremoto, inundación, etc.). La guerra sanitaria tiene dos frentes principales, según sus portavoces, el microbiano de los sanitarios y científicos, y el territorial de la policía. Probablemente, la sobreactuación en el ámbito represivo, trate de disimular la debilidad de un sistema sanitario que ya estaba colapsado antes de la epidemia, y antes de los recortes. La arenga militar tampoco confiesa que son las transformaciones políticas, económicas y sociales del Capitalismo, las que propulsan las epidemias. El discurso oficial esconde que la lógica militar solo contribuye a agravar los problemas provocados por la enfermedad.

La corriente estado-céntrica tiende a debilitar los vínculos que no tienen a las instituciones como eje. Estos vínculos son necesarios para el sostenimiento de la vida, y cuanto más vulnerable es la situación de alguien, más depende de ellos. La lógica inmunitaria es un lujo que no todo el mundo puede permitirse. La sanidad estatal y la privada monopolizan la gestión de nuestra salud, y las decisiones se toman entre expertos y gestores. Teniendo en cuenta la situación de la sanidad estatal ya antes de la crisis, es probable que no hubiera muchas alternativas al confinamiento, pero de todas formas la población no está invitada a opinar. Como en otras crisis, el Estado retoma protagonismo, para gestionar las catástrofes que provoca el Capitalismo y garantizar su continuidad. La gestión estatal de esta epidemia parece que siguiera el modelo chino, sobretodo en lo represivo.

La coronación de héroes

El relato oficial funciona porque promete un final tranquilizador, la contención de la epidemia. En él se nos aclara, por anticipado, quienes serán los artífices de la victoria: héroes serán las instituciones sanitaria, científica y punitiva, y el Gobierno. En un siguiente escalón estaría la ciudadanía disciplinada, más abajo los portadores inconscientes del virus y en el infierno mismo estaría minoría indisciplinada junto al virus. Esta escala se puede reconocer si se presta atención a la forma en que los medios tratan a cada escalafón. El relato oficial distingue bien entre el papel de los héroes y el de los soldados rasos que cumplen con su deber, como las cuidadoras (remuneradas o no) y el resto de trabajadores que siguen con su labor. Además, la coronación de los héroes será solo una pausa, hasta el siguiente rebrote de este virus, o de su primo. Si lo que está provocando la aparición de estas epidemias son situaciones sociales, económicas o geopolíticas de larga duración que no se van a afrontar, entonces la siguiente crisis espera a la vuelta de la esquina.

Los héroes sirven como modelos de conducta, hacen de puente para que los súbditos confinados se puedan identificar con las autoridades al mando. Cuando a pesar de los héroes, el vínculo súbdito-Estado se debilita, aparece la crítica y la indisciplina que son la peor enfermedad para una institución.

La necesidad de un enfoque crítico

El lenguaje se utiliza para confundir a los enemigos, reunir y motivar a los amigos, y ganar el apoyo de los espectadores vacilantes, dicen los analistas militares, y añaden que la guerra es un duelo de narrativas más que de razones o datos. En esta guerra sanitaria el enemigo es, aparentemente, el virus. Este virus parece tener como aliados a los vínculos entre personas no mediados por el Estado, y a la población indisciplinada. El relato oficial genera pánico, cortocircuita la capacidad crítica y refuerza la cultura de la clase dominante. Al hacer esto influye sobre las líneas de trabajo científicas, médicas y policiales, agravando la situación ya delicada de muchas personas. El relato fomenta la sumisión acrítica a la autoridad, y estigmatiza a sectores concretos de la población. Convendría tratar de ir un poco más allá de la mampara sanitaria-militar, para poder tener una perspectiva más amplia, o sea mejor.

Crisis estructural, no excepcional

Esta epidemia no es un suceso original o repentino, ya han pasado antes otras parecidas a distinta escala. Las epidemias y la guerra dependen para su aparición de factores sociales, por eso están ligadas a las formas de dominación. La forma actual es el Capitalismo, y hace tiempo que se venía anunciando que volvería a entrar en crisis, parece que ya llegó. La epidemia está acelerando procesos económicos y de control social. Algunos de estos procesos ya se anunciaban hace tiempo, como la vuelta de la crisis económica, otros en cambio se estaban ensayando a escala más pequeña, como las tecnologías de control social. Esta puede ser la Crisis del Coronavirus, como la de 2008 fue la Crisis Financiera y antes hubo la de las Puntocom o la de Petróleo. Todas ellas son manifestaciones diversas de un Capitalismo en crisis permanente, desde hace al menos 50 años. Aunque la novedad es que esta haya llevado a la parálisis de gran parte de la economía.

El relato oficial, en el 2008, describía la crisis como una catástrofe natural, con sus terremotos financieros, su tormenta en los mercados, su sequía crediticia, etc. El Capitalismo se presentaba como un hecho natural, cuestionarlo sería como cuestionar la brisa marina. Esta crisis también se solía describir como una enfermedad que atacaba la salud de la economía, a la que se le inyectaba fluidez para sanear sus cuentas. Al representar la crisis como una patología, se ocultaba la posibilidad de otro tipo de diagnósticos, como que la enfermedad fuera el Capitalismo mismo.

Las epidemias responden a causas estructurales, ligadas al modelo social en que se desenvuelven, que en este caso es el Capitalismo. Cada crisis que vivimos, responde a las necesidades de transformación del modelo capitalista.

El relato de la epidemia que nos están contando no es nuevo, hay versiones anteriores. Si en la Biblia se relacionaba la enfermedad con el pecado, los teólogos medievales refinaron el argumento. En sus escritos acusaron a herejes, judíos, gitanos y moriscos de provocar epidemias, y de ser ellos mismos una plaga que podía contagiarse. La difusión de estas ideas fomentó el confinamiento y la persecución de poblaciones enteras.

Las crónicas de las epidemias del s XIX, acusaron a las personas migrantes de ser portadoras de enfermedades, especialmente si se resistían a perder su cultura de origen. Las primeras mujeres que lucharon contra los roles asignados por el Patriarcado, también fueron objeto de esta acusación. En su caso, se las acusaba de portar una enfermedad que amenazaba el corazón del cuerpo social, la familia. El tratamiento para ellas debía ser, una vez más, el confinamiento en el hogar. Durante la Guerra Fría los portadores se volvieron más siniestros. Disidentes y agitadores se infiltraban con disimulo entre la población, y contaminaban con sus ideas a la ciudadanía honrada. La lucha anticolonial de esos años, llevó a las metrópolis a acusar a sus colonias de ser territorios sanitariamente peligrosos, y proclives a la enfermedad comunista.

En todos estos casos, el relato de la epidemia ha tenido una estructura similar, unos héroes y unos villanos parecidos, y un final semejante. El relato terminaba con el reforzamiento de la cultura de las élites como cultura dominante, y con la criminalización de sectores enteros de población.

Un virus que cabalga el Capitalismo

Los patógenos necesitan ecosistemas favorables para reproducirse, hace falta que se dé una relación adecuada entre el virus y los procesos sociales, ambientales, tecnológicos, etc. La industrialización y la urbanización intensivas son ecosistemas favorables para el surgimiento de epidemias, como lo es cualquier transformación brusca del hábitat animal o humano. El Capitalismo es el auténtico Paciente 0, las instituciones estatales se lavan las manos sobre este asunto, y se limitan a gestionar los efectos de la epidemia.

El modelo social capitalista se basa en la competencia y la desigualdad, por eso necesita entidades que garanticen la seguridad de sus negocios, y la paz social. Durante este Estado de Alarma se están potenciando las medidas represivas que ya se aplicaban antes, y sobretodo se las está extendiendo a gran parte de la sociedad. El confinamiento es una medida que pretende evitar el contacto entre personas, y obstaculiza las redes informales de amistad y cuidados. La distancia social que nos han impuesto, no afecta igual a todo el mundo, hay quienes para poder vivir dependen totalmente de esas redes como las personas migrantes, las presas, las madres solteras, etc. Y aunque no se esté en ninguna de esas situaciones, el confinamiento agrava los malestares provocados por la explotación y la dominación que ya existían antes. Hay confinamientos y confinamientos.

La Ley Mordaza se diseñó para reprimir las protestas durante la anterior crisis, y está siendo una herramienta fundamental para castigar la indisciplina en ésta. Es probable que, como ha pasado en otros sitios, algunas de las medidas excepcionales que se tomen ahora, acaben por instalarse permanentemente en nuestras vidas. La mordaza tiene ahora un uso sanitario.

Agredir a la vida

El Capitalismo daña la vida al contaminar el medio ambiente y destruir entornos naturales. Las desigualdades y la explotación dificultan el sostenimiento de la vida colectiva. La lógica capitalista trocea la vida, dividiéndola entre el trabajo productivo y el reproductivo, y la convierte en una carrera suicida. El Estado ataca la vida con el sistema punitivo y las guerras. Además de todo esto, el Capitalismo sacrifica a una parte de la población cada cierto tiempo al fomentar la aparición de epidemias.

La estructura del relato oficial se parece a la de los viejos ritos de paso, esos que se usaban antiguamente para marcar las etapas de la vida (de la niñez a la adultez, de la soltería al emparejamiento, etc.). Esas ceremonias servían para preparar a los miembros de la comunidad para los cambios que se les avecinaban. Los ritos de paso solían pasar por tres fases, la primera era la separación con respecto al resto de la comunidad. Luego había que pasar un periodo de transformación personal. Finalmente, el individuo se reintegraba al grupo como una persona nueva.

La narrativa oficial de la epidemia y sus aplicaciones prácticas, pretenden transformar la cultura, los valores y los hábitos de la población para adaptarlos a las necesidades del Capitalismo. Para eso promocionan identidades colectivas como la del ciudadano responsable o la del patriota, y favorecen determinadas formas de relación entre las personas, y entre estas y el entorno natural. Hay aspectos de esta transformación que ya son visibles, como el uso de la casa como lugar para todo (trabajo, consumo, educación o gobernabilidad). Además, la distancia social se presenta ahora como un hábito saludable, mientras que el encuentro no mediado por las instituciones, genera sospechas.

Los procesos de transformación del Capitalismo, son situaciones delicadas para las instituciones estatales. En ellos, los Estados se juegan su legitimidad, por eso movilizan muchos recursos, y se intensifican la violencia estructural y la violencia más visible. Las consecuencias de esta forma de afrontar la crisis ya se empiezan a ver, y éste es solo el principio.

Defender la posibilidad de vivir de una manera digna, de vivir, requiere ser capaces de una crear una perspectiva crítica sobre lo que pasa, y sobre lo que la narrativa oficial de la epidemia dice que pasa. Esto se debe traducir en hechos prácticos, como por ejemplo los intentos de crear redes de apoyo mutuo. Estas redes son una respuesta coherente al ataque a los vínculos entre personas y grupos, y por eso el Estado ya esta tratando de recuperarlas como un ejemplo de ciudadanía responsable. El apoyo mutuo es una buena base desde la que partir para superar la lógica de guerra sanitaria, pero para evitar que pueda ser recuperado debe marcar la línea que separa a los bandos. Hay que sacarle la rabia al apoyo mutuo, hay que contribuir a que emerja su esencia anticapitalista.

Para poder hacer esto tenemos que cuidarnos, y a lo mejor éste es un buen momento para plantearnos que dejar alegremente en manos del Estado y del Mercado nuestra salud y nuestra seguridad, no es lo más sensato. Las redes de apoyo mutuo, las asambleas de barrio, los colectivos de apoyo a las personas migrantes y presas… podrían ser una buena base para tejer nuevos vínculos de solidaridad. Esos tejidos colectivos podrían ir arrebatando espacios de autonomía al Poder, desde los que plantar cara a sus agresiones y vivir más dignamente.

Biblioteca Social Contrabando, 3 de abril de 2020

Fuente: https://ateneullibertaricabanyal.wo...

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Un mundo

18 April, 2020 - 00:00

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Gastos de estado en España: 800 millones para misiones imperialistas, solo 432 millones para material sanitario

17 April, 2020 - 00:00

Actualmente el gasto en misiones militares del imperialismo español es de 800 millones de euros, y el gasto militar total se acerca a 15 mil millones de euros; mientras el gasto en material sanitario contra el coronavirus es de apenas 432 millones.
Jorge Calderón

Todos los días, en las ruedas de prensa oficiales que informan cómo evoluciona la crisis del coronavirus, vemos a tres oficiales (generales u otros oficiales) de la Guardia Civil, el Ejército y la Policía Nacional, con sus pechos llenos de medallas y condecoraciones, dando el “parte de guerra” sobre la aplicación de la política represiva para que nadie se salte el estado de alarma. Es decir, de cinco miembros que integran el comité de seguimiento diario de la crisis, solo hay una médica y una responsable de transporte. El resto son los que se encargan de aplicar esta política represiva.

Aquí vemos cual es la prioridad del gobierno en estas crisis. Mas ejército y policía en las calles, aunque los centros sanitarios estén saturados y con una gran falta de personal y recursos. Mas represión para que no salgamos de casa. Pero eso sí, se obliga, a partir de este lunes, a millones de trabajadores y trabajadoras a volver a su puesto de trabajo, poniendo con esto en grave riesgo su salud y la de las personas de su entorno más cercano.

El gobierno de PSOE-UP gasta el doble en defensa que en sanidad

Esta prioridad en la política represiva también se refleja en el dinero público destinado a cada cosa. El gasto en Defensa de los actuales Presupuestos Generales del Estado es de 8.401 millones (el 2,28 % del total), que sigue siendo el doble que el de Sanidad, 4.251 millones (1,15% del total presupuestario). Tan solo con el presupuesto entero de defensa podríamos comprar mascarillas y test para los 47 millones de habitantes y garantizar una “renta de cuarentena”, y aun así nos sobraría.

Como recogen periódicos económicos especializados, como Expansión, a estos 8 mil millones, hay que sumarle otras partidas presupuestarias, que hacen que el gasto militar total sea de 15.305 millones de euros. Nos referimos a partidas de gasto militar integradas en otros ministerios. La más cuantiosa de más de 3 mil millones corresponde al Ministerio de Hacienda y está destinada a pagar pensiones y prestaciones a familiares de militares, no funcionarios y pensiones de guerra. Los otros 4 mil millones corresponden a diversas partidas de los ministerios de Exteriores, Fomento, Empleo, Agricultura, Sanidad o Empleo.

Sin embargo, ahí no queda la cosa, ya que el gobierno español ha comprado nuevo armamento militar por valor de más de 37.000 millones de euros, una cifra equivalente al 3% del PIB. Si no se anulan o renegocian estos contratos de compraventa, esta cantidad ingente se deberá abonar a plazos, en principio hasta el año 2025.

Millones de euros para misiones imperialistas que podrían destinarse a necesidades sanitarias

El ejemplo más claro de este despilfarro militar se ve con las misiones militares españolas en el exterior. El país tiene desplegados 2.500 militares en 18 operaciones internacionales coordinadas por la OTAN, la ONU, la Unión Europea y dentro de la coalición internacional de lucha contra el “terrorismo yihadista”. En 2018 último año del que se han dado datos oficiales, las mismas tuvieron un coste anual de 800 millones de euros, según el periódico El País. Todas estas misiones, por mucho que se vendan como misiones humanitarias o de paz, son misiones imperialistas, dedicadas a mantener el control y los negocios capitalistas de las burguesías de las principales potencias económicas mundiales.

El gobierno de “progre” del PSOE, Podemos e IU, sigue manteniendo las misiones imperialistas en los principales focos de conflicto, como Oriente Próximo. Desde ya tenemos que seguir luchando por la retirada total de las misiones imperialistas en todos los países. Los 800 millones que representan el gasto total en mantener la invasión en otros países ayudarían enormemente a la crisis del coronavirus. Tan solo en Iraq con 532 tropas hay un gasto de 146,2 millones, en Afganistán con 65 tropas 10,1 millones de gasto, Somalia 20 tropas y 5,4 millones de gasto, en Líbano con 609 tropas 129,8 millones de gasto, en la República Centroafricana con 6 tropas 3,5 millones de gasto o en Mali con 278 tropas 110,1 millones de gasto.

Tan solo con la eliminación de estos gastos de la invasión a Iraq tendríamos 146,2 millones para destinarlo por completo a cubrir grandes necesidades sanitarias. Mientras tanto se siguen manteniendo los recortes en sanidad. Todo el mundo coincide en que esta crisis, se ha agravado, ante el desmantelamiento brutal que ha sufrido la sanidad pública en los últimos años.

Hay que recordar que lo primero que hizo al llegar al poder el PP de Rajoy en 2011 fue recortar más de 10.000 millones de euros del presupuesto dedicado a Sanidad y Educación. Este recorte, de más del 13%, se mantuvo constante, durante sus años de gobierno. Pero este recorte sanitario, ya fue iniciado en 2009 con Zapatero y el PSOE. Desde este año, hasta hoy el día, el porcentaje del PIB que el Estado ha invertido en la salud de los españoles ha pasado del 6,9% al 6%, lo que ha supuesto una pérdida de entre 10.000 y 15.000 millones de euros de gasto sanitario. Como vemos a la hora recortar y privatizar la sanidad pública, las diferencias entre PSOE y PP son mínimas.

Este brutal recorte en el gasto público provoco, según diversos analistas, que: “unas 180.000 personas han perdido el acceso a la atención sanitaria preventiva en España como consecuencia de los recortes presupuestarios, que han puesto en la calle a 280.000 empleados del sector público y han dejado sin ingreso ninguno a unos 600.000 españoles”.

Si en estos diez años el gasto sanitario ha caído casi un 1% del PIB, en el caso del gasto militar, esta reducción solo fue de un 0,21 % del PIB. En 2018, el gobierno central dedicó el 3,09% de su gasto público total a defensa, mientras que el año anterior había dedicado el 2,99%, cinco años antes el 2,78% y si nos remontamos diez años atrás el porcentaje fue del 3,3% del gasto público. Con estos datos vemos que una parte de lo que se recortaba en sanidad y educación iba a parar a incrementar el gasto militar.

Como vemos al hablar de gasto sanitario no solo nos referimos a lo que viene recogido en los presupuestos generales del estado, sino a lo que gastan las comunidades autónomas. Al estar transferidas las competencias sanitarias, son estos gobiernos regionales los que asumen el principal gasto sanitario. Esta realidad de recorte del gasto público sanitario, es muy diferente si hablamos del gasto militar, que no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado en estos últimos diez años.

Todo el gasto militar para sanidad y ayudas sociales

Ahora que el gobierno quiere aprobar una renta mínima puente o de emergencia para miles de personas que debido a estas crisis se han quedado en una situación económica muy precario, vemos todo lo que se podía hacer con estos inútiles gastos militares. Con estos 800 millones de euros de gasto militar exterior, se podría ponen una renta emergencia por dos meses, para medio millón de personas, o por un mes para un millón de personas.

Esto solamente si hablamos del gasto exterior. Pero ahora imaginemos la cantidad de sanitarios que se podrían contratar, de millones de mascarillas y test masivos que se podrían comprar, de ayudas sociales de todo tipo, que se podrían aprobar. Todo esto, simplemente con dedicar todos estos gastos militares, a lo que de verdad importa como es el combate sanitario contra el virus y contra la exclusión social. Solamente con anular estos contratos de compra de nuevo armamento (37.000 millones) y con el presupuesto militar de este año, (15.000 millones) ya tendríamos más de 52.000 millones de euros para todas estas necesidades básicas.

Está claro, que a no ser que la presión popular ejercida entre todos y todas les obligue, este gobierno “progresista” del PSOE y UP no va a tomar nunca estas medidas. El prefiero seguir con su política represiva basada en una constate presencia policial y militar en la calle. Si se acabara con este gasto inútil, todos esos esfuerzos presupuestarios se podrían dedicar a lo que de verdad hoy en día importa. Nos referimos, evidentemente, a que los y las sanitarias tengo los medios necesarios para combatir esta pandemia y a que la crisis social y económica, que ya se está produciendo, no vuelva a caer, como la de 20008, sobre las espaldas de la clase trabajadora.

Fuente: La Izquierda Diario http://www.laizquierdadiario.es/Gas...

Tomado de: https://kaosenlared.net/gastos-de-e...

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El confinamiento, una excusa para cuestionar la cárcel

17 April, 2020 - 00:00

La crisis sociosanitaria del COVID19 nos ha enfrentado a la soledad de nuestros hogares, pero ¿servirá para que valoremos qué significa vivir en libertad? Sea lo que sea vivir, sea lo que sea la libertad.

No puedes salir de casa. No puedes abrazar a tus amigas. Hace días que no ves a tu madre y, quién sabe, puede que tus criaturas estén lejos. Has limpiado 20 veces los cristales, has leído todas las novelas que tenías pendientes, trabajas más de lo que deberías, estás enganchada a Netflix, pones la calefacción todas las tardes un ratito, decides qué vas a comer cada día, te pones tú misma el despertador y el gel que hay en tu ducha lo elegiste tú. Tus planes preferidos no tienen nada que ver con estar confinada, pero, en el fondo, también sabes que no tienes de qué quejarte. Suena el teléfono a cualquier hora. Llamas a tu gente siempre que quieres. Compartes listas de Spotify con tu amante y, sí, el confinamiento es una mierda, pero también sabes que tienes mucha suerte. La crisis sociosanitaria del COVID19 nos ha enfrentado a la soledad de nuestros hogares, pero ¿servirá para que valoremos qué significa vivir en libertad? Sea lo que sea vivir, sea lo que sea la libertad.

Las cárceles, en palabras de Angela Davis, “están diseñadas para romper seres humanos, para convertir a la población en especímenes en un zoológico: obedientes a nuestros guardianes, pero peligrosos entre nosotros”. Escondemos, entre rejas, a todas las personas que, de alguna manera, fracasan. Un sector del movimiento feminista, como movimiento social y teoría de pensamiento que cuestiona todas las formas de opresión, le pese a quien le pese, incorpora en sus reivindicaciones la apuesta por la abolición de las prisiones. En Castellón, Dones En Lluita ha incorporado esta perspectiva en su agenda. Cada año eligen un tema para trabajar en profundidad, entre ellas y en lo público: “Este año, queremos hablar de las mujeres privadas de libertad porque es un tema feminista de primer nivel aunque esté invisibilizado”. El 1 de marzo hicieron una marcha hasta la cárcel de Castellón. Las presas estaban esperando su visita. Respondieron a sus cánticos. Fue muy emocionante. “Queremos denunciar el estigma de las mujeres privadas de libertad, esas que transgreden todos los cánones de la feminidad hegemónica y obligatoria. Y, sobre todo, queremos denunciar el populismo punitivo. Creemos que se utiliza la violencia de género como excusa y se ha instrumentalizado, en algunos casos, para impulsar políticas punitivistas”. La crisis del COVID19 ha impedido que sigan adelante con sus pretensiones. Querían ofrecerse para dar talleres en prisión. De momento, stand-by. La vida prisión, esa institución que representa el castigo y la disciplina, queda congelada hasta nuevo aviso y, dentro, la población presa sigue sufriendo el abandono social e institucional, la desidia de una sociedad que delega su responsabilidad.

La situación en las cárceles del Estado español, como espejo de la sociedad que son, cambia al mismo ritmo que cambia todo estos días. Tratar de hacer un análisis sobre cómo está viviendo la población reclusa el confinamiento es un reto muy ambicioso, pero el reclutamiento de la sociedad libre (sic) nos sirve como excusa para denunciar el abandono sistemático al que sometemos a las personas presas.

Noelia Acedo, presidenta de la asociación Familias frente a la crueldad carcelaria, espera que la sociedad tome algo de conciencia ahora que estamos recluidas y podemos empatizar, si queremos, con la situación habitual de las cárceles. Podemos hablar de las similitudes y de las diferencias, sin que parezca naif, con el único propósito de poner en cuestión un sistema, el penitenciario, que se aleja mucho de esas vidas que merecen la pena ser vividas. “La cárcel no es un hotel donde los presos viven mejor que nadie. El confinamiento que estamos viviendo ahora no es nada comparado con lo que viven en la cárcel. Los que están en primer grado pueden estar 22 o 23 horas en una habitación sin nada y un rato solos en el patio. El primer grado es una tortura, la cárcel dentro de la cárcel”, asegura Acedo. Denuncia que, a raíz de la crisis sanitaria, se ha reducido al mínimo la posibilidad de comunicarse con los y las presas. Las cartas tardan en llegar y aunque en teoría se ha aumentado el tiempo que disponen para hablar por teléfono, las comunicaciones son complicadas. Desde la asociación que preside Acedo se han puesto en contacto con varias prisiones para facilitar material sanitario. No han obtenido respuesta en la mayoría de los casos. Están acostumbradas a golpearse contra un muro.

Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior del Gobierno de España, agradeció a la población reclusa “su paciencia y capacidad de comprensión”. Un preso de la prisión de Zuera le suplicaba medidas concretas en una carta: “Decretar la libertad de todxs lxs presxs que tengan cumplidas las 3/4 partes de su condena; que la libertad alcance también a todxs lxs presxs mayores de 60, por ser la población con más riesgos, sobre todo si padecen enfermedades crónicas; una mayor asistencia a quienes desde la calle nos atienden, con protecciones adecuadas. Es imprescindible que se aumente el gasto en alimentación pues los 3,60 euros por persona son, a todas luces, insuficientes, más ahora”. Además, denunciaba que “el cambio de terminal de comunicación telefónica deja excluidos de poder comunicarnos por teléfono a todxs lxs presxs que carecemos de medios económicos, lo que sumado al corte de visitas y vis a vis, nos deja aisladxs social y familiarmente”.

Ahora, que nos sentimos frágiles y vulnerables, que echamos de menos a nuestra gente, ¿podemos mirar, de frente, al sistema penitenciario? Daniel Pont, histórico activista vinculado a la COPEL (Coordinadora de Presos Españoles en Lucha), no es optimist. La cárcel se mantiene a una distancia lo suficientemente grande de la población como para que ingnoremos lo que pasa dentro. “La cárcel y la infravida de lxs presxs se ha alejado de la vida cotidiana de la gente. Primero, a nivel arquitectónico y urbanístico: las cárceles urbanas panópticas han desaparecido casi totalmente de las ciudades. España ha implantado el modelo carcelario modular de Estados Unidos, construyendo cajones enormes de hormigón, con patios pequeños, pabellones de celdas aislados entre sí, enormes edificios de arquitectura fría muy alejados de las ciudades y pueblos. Este alejamiento ha anulado la relación ciudadana cercana (especialmente para familiares, abogados) que se tenía con la cárcel. En síntesis: esta nueva construcción modular supone dificultar la «mirada social», el foco crítico necesario, que convierte a la cárcel en algo difuso, totalmente alejado de la sociedad”.

Estibaliz de Miguel, doctora en Sociología por la Universidad del País Vasco, cree que “en la medida que pensamos en nuestros cautiverios diarios, podemos ponernos en el lugar de las personas presas aunque no se puede equipararse estar en una cárcel con estar confinada en tu propio hogar”. Eso sí, estar, de alguna manera, encerrada puede servir para que seamos conscientes del gran valor de la libertad. Todo ser humano ansía la libertad y su autodeterminación desde lo más profundo de su ser. Si nos sentimos atacadas y violentadas cuando es coartada mínimamente nuestra libertad, ¿cómo estará la gente que no está en su hogar? “Rodeadas de desconocidas, de personas enfermas, con una salud mental precaria, bajo un régimen de vigilancia que es violento. Si estamos viendo abusos policiales en la calle, podemos imaginar lo que pasa en la cárcel”, asegura De Miguel.

El Grup de Suport a Presxs de Lleida denuncia que se está dando instrucciones absurdas para mantener medidas de higiene: “Recordamos la precariedad de los lotes de higiene, y que ellxs tienen que comprar en el economato –quien puede– papel de váter, jabón y otros materiales básicos para la salud. Insultantemente se les prohíbe tener contacto con su entorno, cuando lxs carcelerxs entran y salen todos los días siguiendo controles y protocolos mínimos, van a sus casas y vuelven a la cárcel, siendo ellxs el mayor foco de contagio. Cuando ha habido posibles casos de contagio se ha metido a lxs presxs en celdas de castigo, para «aislarlxs». Se les prohíben las visitas del exterior cuando la misma estructura carcelaria es una maquinaria de muerte que imposibilita cualquier tipo de medida de seguridad ante el virus. Por ejemplo, ¿cómo van a guardar la distancia de seguridad cuando comen juntxs, cuando muchas veces se ven obligados a compartir celdas de 2×3 metros? Desde el Colectivo de Apoyo a Mujeres Presas en Aragón (CAMPA) denuncian en un comunicado que han entregado en torno a 1800 mascarillas en el Centro Penitenciario de Zuera, pero, según han podido saber a través de algunos presos y presas, no han sido entregadas: los carceleros habían interceptado y requisado las mascarillas “hasta que se necesitaran, afirmando que allí estaban bien, tranquilos y manteniendo todas las medidas de seguridad”. La madre de un preso de esa misma prisión ha denunciado una paliza que ha sufrido su hijo estos días.

La cárcel es sinónimo de infravivir. “Estar encerrado –dice Daniel Pont– supone no solamente la pérdida de la libertad de relacionarse con otras personas, de movimiento, de autonomía en las decisiones, de la posibilidad de ser feliz. La cárcel, con la enorme carga de castigo que supone, posibilita el sufrimiento, la violencia entre presxs y funcionarios, la alienación bloqueante del desarrollo intelectual, la dependencia absoluta de la administración de los afectos, la posibilidad de tener una alimentación equilibrada… La cárcel es una suma de prohibiciones y castigos que, en demasiadas ocasiones, pueden conducir a la muerte. En los últimos años, en las cárceles del Estado español mueren una media de unos 250 presxs. Especialmente por suicidios o sobredosis de drogas o medicamentos”. La idea de reinserción social, sigue Pont, es “un maquiavélico chiste” que sufren, generalmente, las personas pobres.

Andrea Momoitio
Periodista. En la coordinación de Pikara Magazine. Adicta a los macarrones con tomate. Extímida, incombustible e indomable. Lesbiana y feminista, en ese orden. Contacto: andreamomoitio@pikaramagazine.com

Ilustración de Julia Villarrubia Pinés (Pulgui Esmeralda)

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2020...

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Bajo la sombra de una flor

16 April, 2020 - 00:00

Helin Bölek

Bajo la sombra de una flor.

Me gusta canturrear mientras trabajo y en cierta ocasión una compañera me oyó el “Bella Ciao”. Me dijo que en Turquía era todo un himno en las manifestaciones. Me chocó mucho ya que la canción me parecía una reliquia procedente de un remoto pasado en el que existía la lucha de clases y había gente que se unía para luchar contra las injusticias, la opresión de los poderosos y por un mundo mejor; gente que no sólo luchaba por mejorar lo suyo, sino lo de todos.
Pues eso, bien por los manifestantes turcos. ¡Qué curioso! Una sonrisa y a otra cosa.

El 3 de abril falleció Helin Bölek .
No tenía ni idea de quien era. Me llegó la noticia de que la cantante del Grup Yorum había muerto tras 288 días en huelga de hambre.

Me resultó impactante tan terrible muerte, y más me sorprendió el que no hubiera noticias en la red; escasamente una breve, con origen en una agencia de prensa y que algunos periódicos y páginas repetían con la misma foto y el mismo texto remedado o no según la línea editorial de cada cual.
¿Qué empuja a una joven artista a dar su vida, dejar que se le escape de manera tan agónica?
Me ha tocado hacer una chusca investigación de hemeroteca virtual para poder aclararme un poco.
Lo primero fue encontrar al Grup Yorum. Hay amplio registro en youtube. Aluciné con el concierto que dieron en Estambul hace diez años. Y no sólo por la música, la cantidad de virtuosos y el estadio lleno de público coreando su repertorio, con alhajas de la canción protesta. Ahí estaban miles de voces cantando el “Bella Ciao”. Se respiraba lucha y hermandad.

Copio y pego de la Wikipedia:
_ “El estilo del grupo combina elementos de la música folclórica turca con el rock moderno, gozando de inmensa popularidad en Turquía. El grupo ha realizado conciertos en Alemania, Austria, Australia, Francia, Italia, Países Bajos, Dinamarca, Gran Bretaña, Grecia, Siria.
El grupo publica una revista de arte, cultura, literatura y música titulada Tavir, cuyos ejemplares están disponibles en el sitio web oficial del grupo y varios miembros del grupo administran un centro cultural en el barrio Okmeydanı de Estambul llamado İdil Kültür Merkezi. En 1985, 4 amigos en la Universidad del Mármara formaron Grup Yorum. Influenciados por el movimiento latinoamericano Nueva canción, combinaron la música popular turca y kurda y la canción tópica con una perspectiva a menudo satírica de la izquierda. Mientras que el gobierno afirma con frecuencia que el grupo está vinculado al DHKP-C, y no es raro que la audiencia en sus conciertos canten consignas del DHKP-C, Grup Yorum no está formalmente afiliado a ninguna otra organización y sus fanes representan una amplia gama de las orientaciones izquierdistas turcas y kurdas.
​La composición del grupo ha estado en un estado de cambio constante desde el inicio del grupo, y sus miembros han experimentado continuamente opresión política incluyendo más de 400 detenciones y juicios (aproximadamente 400). Sus álbumes han sido confiscados por la policía y sus conciertos prohibidos, pero a pesar de esto Grup Yorum ha sido uno de los grupos más vendidos en la historia de Turquía. La banda dio su concierto del 25 aniversario el 12 de junio de 2010 en el Estadio İnönü, sede del club deportivo Beşiktaş J.K.. El concierto contó con la asistencia de 55.000 aficionados. A partir de 2011, Grup Yorum comenzó una serie anual de conciertos gratuitos titulados Tam Bağımsız Türkiye, los dos primeros de los cuales atrajeron a 150.000 y 250.000 fanes, respectivamente. “

Fin de Wikipedia

El gobierno de Erdogán prohibió a Grup Yorum actuar en Turquía en 2016. Algún último concierto acabó con antidisturbios, botes de humo y las lecheras llenas de jóvenes asistentes.

La banda no da puntada sin hilo y todas sus canciones tienen mensaje: anticapitalista o contra el imperialismo yanki, en contra de las leyes que penalizan a los pobres, denunciando la destrucción de barrios populares para construir rascacielos, contra la gentrificación, relatando sucesos que la historia querría olvidar, comentando lo que le sucede al pueblo, hasta alguna canción en kurdo.

“Son las voces de los sin voz”.

El grupo optó por la desobediencia y siguieron haciendo de las suyas por aquí y por allá, también en Inglaterra y Alemania, y en diferentes formatos para poder seguir llevando su arte a la calle, pero no siempre con suerte. En 2018 publicaron su último disco y en la portada se ven los instrumentos rotos por la policía tras una redada en su centro cultural.

En 2018 fueron encarcelados varios miembros del grupo, entre los que estaba Helin.

Enterada de la detención del grupo, la cantante Joan Báez, que ha participado en conciertos de Grup Yorum, le dijo a los integrantes:
“...la verdadera razón de vuestro arresto es que vuestra música y vuestro trabajo toca a las personas, los moviliza y alienta, y que vuestras intenciones son justas.”

En junio de 2019, encarcelados, Helin Bölek e Ibrahim Gökçek comenzaron una huelga de hambre como protesta por la represión que el gobierno ejerce sobre el Grup Yorum, para pedir la liberación de sus compañeros y que el grupo pudiera volver a tocar.

En noviembre de 2019 Ibrahim y Helin fueron excarcelados pero no dejaron la huelga de hambre, no la dejarían hasta que el resto de la banda fuera liberada y les permitieran actuar.

Ibrahim, a día de hoy, lleva más de 300 dias en huelga de hambre.
El 11 de marzo de 2020 Bölek y Gökçek fueron llevados a la fuerza al hospital pero rechazaron cualquier tratamiento y, una semana después, los soltaron.

La Asociación por los Derechos Humanos (DHI) con sede en Ankara, se reunió con el vicepresedente de Interior de Turquía buscando alguna solución que permitiera poner fin a la huelga. El gobierno se negó a evaluar cualquier demanda hasta que no se cancelara la protesta.
Helin Bölek murió el 3 de abril en una casa de Estambul. En cuanto se supo de su muerte la gente salió a rendirle homenaje. Se quiso llevar su cuerpo a un lugar para velarla y despedirla pero la policía lo impidió.

Vuelvo al “Bella ciao” y a la pregunta que me hacía al principio, ¿por qué una joven artista deja su vida en una huelga de hambre?

Ahora veo la flor en la montaña.
Y la que yace bajo su sombra ha muerto por la LIBERTAD.

Lo siguiente es un comunicado de Grup Yorum el 11 de abril.

“ El precio de nuestras canciones siempre ha sido muy alto.
De vez en cuando pagamos con cautiverio de vez en cuando con tortura.
Nuestras cintas fueron destrozadasy recibimos amenazas de muerte.
Hoy morimos por nuestras canciones.
Pagamos el precio con la muerte.
Por eso Ibrahim ha estado en huelga de hambre durante 299 días.
Mantengamos vivo a Ibrahim no más muertes.”

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Los siervos

16 April, 2020 - 00:00

Elisa Beni

"El conocimiento absoluto que pretende el Big Data coincide con el desconocimiento absoluto. El conocimiento total de datos es un desconocimiento absoluto en el grado cero del espíritu"
Byung-Chul Han

No vengo aquí por los que tienen dudas, por los que están dispuestos a poner sobre la mesa una baza de argumentos que intente contrarrestar los que aducimos quienes no estamos dispuestos a renunciar a parte de nuestra humanidad. Vengo aquí por los que ni siquiera entienden el debate, por los que encuentran monstruosa la duda, por los que están deseando entregar su privacidad y su intimidad en aras de una falsa seguridad o como pago de una ficticia sensación de libertad, meramente ambulatoria. Vengo aquí por los siervos, por los que siempre piensan que es mejor claudicar, entregar, ceder y por los que no entienden que lo que cedas nunca te será devuelto. Vengo aquí para los que ni siquiera entienden que el debate es de calado y que nos jugamos mucho. Vengo para los que han sido sometidos por el shock y han entregado ya al miedo hasta su razón.

Hemos conocido que Google y Apple trabajan de forma conjunta para poner a disposición de los gobiernos una plataforma que permita mantener a cada país una aplicación de control de infectados. La solución aparece al constatar que en el aclamado Singapur solo un 20% de la población accedió a bajársela voluntariamente. Con esta iniciativa, al actualizar el sistema operativo de nuestros teléfonos, la app se instalaría de forma automática. No usaría geolocalización, como sucede con otras. Sería el Bluetooth el que permitiría que nuestro móvil se fueran conectando con todos los que se cruzaran con nosotros de cara a enviar un código aleatorio. Tendríamos una lista de códigos enviados y de códigos recibidos y nuestro teléfono se iría conectando a un servidor periódicamente para descubrir si alguno de los códigos recibidos corresponde a un infectado. En ese caso recibiríamos un aviso para entrar en cuarentena controlada. A pesar de que Google hable de una gran preocupación por la privacidad, el planteamiento es muy invasivo y deja muchas preguntas sin responder. ¿Será obligatorio llevar el Bluetooth y no desconectarlo? ¿Los gobiernos podrán desarrollar aplicaciones que sí impliquen el conocimiento de la localización y de la identidad?

Hay personas que ven en esta propuesta la solución a sus problemas y que se muestran ansiosas por que algo así les permita volver a hacer su vida normal. Es solo por un rato, dicen. Ya hemos dado datos para otras cosas. Mi vida es poco interesante. No me importa que me vigilen, no soy un terrorista ni un delincuente. Lo clásico de la mansedumbre acrítica. No vengo para que piensen como yo, vengo para que al menos piensen. En términos humanos y generales, porque lo cierto es que aún no sabemos si nuestro Gobierno tiene alguna intención de sucumbir a esta locura. Yo confío en que no. En ese caso los siervos se lo reprocharán pero tendrán el aplauso de los hombres libres.

La mera iniciativa supone el advenimiento de una catástrofe anunciada: la conversión de los gobiernos en proxies de las grandes tecnológicas. No entiendo por qué hay tantas personas que no reparan en que los datos cedidos, por una u otra razón, jamás nos son devueltos y que, en este caso, estamos hablando de datos que afectan al núcleo duro de nuestra intimidad como son los relativos a la salud. Es solo un poco, dicen. Es demasiado. Es asumir que nuestra privacidad y nuestra intimidad son expugnables, es sentar el precedente para poder ser diferenciados y discriminados en función de nuestro estado de salud, es asumir que vamos a ser vigilados hasta en nuestro núcleo más íntimo porque pensamos que eso nos permitirá seguir viviendo como hasta ahora lo más rápido posible. Es, en definitiva, asumir que el control de nuestra intimidad puede sustituir al civismo y a la responsabilidad, que son la forma más eficaz y democrática de controlar esta pandemia.

La intimidad forma parte de la esencia del ser humano. Como decía Desantes: "Intimidad no es solo lo que está en el interior del hombre, sino lo que está en el cogüelmo mismo de su humanidad". Por ese motivo, el debate es un debate que no afecta solo a los científicos o a los técnicos, ni siquiera a los políticos si olvidan tener a su lado a un filósofo y a un jurista que les alumbre antes de que sea demasiado tarde. No olviden que el gran hermano que vigila era una distopía, no una utopía, y que 1984 fue escrito como un grito de alerta, no como un manual de instrucciones.

Conviene reflexionar también sobre la utilidad de tal escabechina de los derechos humanos. Párense a pensar. ¿Será útil si la mayoría de la población más amenazada no utiliza ni es capaz de utilizar esas tecnologías? ¿Será útil si no devienen obligatorias cuestiones como no apagar el móvil, llevarlo encima o no ponerlo en modo avión o quitarle el Bluetooth? ¿Estamos hablando de algo que va a servir de veras o de algo que nos quieren colar como muy necesario quienes quizá están pensando en otras cosas? ¿De verdad es más útil que una autoridad superior sepa con quién nos hemos cruzado que cruzarnos todos llevando mascarilla y guardando las distancias? ¿Cuándo será la próxima vez que sea útil controlar nuestros datos? ¿Quién decidirá cuándo se produce la próxima emergencia? ¿Los gobiernos? ¿Qué gobiernos?

No pasa nada. Solo es un momento. Eso debieron pensar los marines norteamericanos cuando se colocaban su pulsera de actividad y salían a correr para relajar su tensión y mantenerse en forma. Inocente forma de ser operativos y estar entrenados: correr. Solo cuando la empresa Garmin tuvo la iniciativa comercial de hacer públicas las mejores rutas de running del mundo, las más usadas, se descubrió que había una en un lugar inhóspito en el que no debería haber mucha gente… y así se supo que Estados Unidos tenía instaladas tropas donde había dicho que no las tenía. Moraleja: nunca sabemos en qué va a derivar el conocimiento de nuestros datos más inocentes. Desde ese momento, los soldados norteamericanos tienen prohibido llevar ese tipo de pulseras en determinadas misiones.

La renuncia a la humanidad, a la individualidad, por la mera comodidad es una aberración contra la que hemos de luchar. Hay formas menos lesivas de controlar esta pandemia, más costosas, menos confortables. La libertad siempre ha tenido mártires. ¿Recuerdan cuántas vidas humanas se perdieron para mantener la libertad de occidente y frenar al nazismo? Salvar vidas es una prioridad pero no una prioridad absoluta. Hay cosas más importantes que nuestra propia vida. No estaría de más que esta pandemia catastrófica nos hiciera darnos cuenta, entre otras cosas, de que no solo somos vulnerables, sino que ninguno de nosotros en tanto que individuos es imprescindible ni, la verdad, realmente importante. Es la subsistencia de la humanidad en libertad la que es relevante.

Puedo contarles el cuento de Gómez de Ágreda, ese de las pulseras verdes de sano y las amarillas y rojas. El que explica cómo primero podrían negarse a dejarnos entrar a un establecimiento o a tomar un tren, luego quizá nos pedirían estar limpios para encontrar trabajo, más tarde… será demasiado tarde.

No vengo hoy por los que no lo tienen claro, ni por los que piensan distinto y están dispuestos a poner sobre la mesa argumentos y, también, a recogerlos cuando sean derrotados. Vengo por los que ya están vencidos y entregados, por los siervos, por los mansos, por los indolentes y los cómodos. Vengo porque a cada generación le cabe la responsabilidad de saber cuándo y cómo debe defender la libertad y la esencia del individuo y de la humanidad.

Vengo para que se den cuenta de que nos ha golpeado en plena cara nuestro momento.

El Diario

Categorías: Tortuga Antimilitar

Manicomio

16 April, 2020 - 00:00

Categorías: Tortuga Antimilitar

El Estado con mascarilla

15 April, 2020 - 00:00

Ahí va un texto de Miguel Amorós sobre el actual estado de excepción, con una lúcida síntesis del momento, una visión de conjunto, muy útil para situarse sin ilusiones ante la prepotencia mal disfrazada de insultante paternalismo con la que el Estado se presenta como nuestro salvador, mientras intenta administrar y explotar al máximo las consecuencias nocivas de la dictadura desarrollista del Capital que es su verdadera razón de ser. El compañero se permite gritar que el rey está desnudo, señalando el núcleo totalitario de lo que llaman “democracia” y desmintiendo el hipócrita y amenazador catastrofismo con el que los servidores del régimen de dominación pretenden convertir en sumisión absoluta los sentimientos de impotencia causados por la desnudez en que ha quedado también la abyecta dependencia que parece vincularnos irremediablemente al vampirismo capitalista. Su intención declarada es intensificar el control social y el aislamiento por medio de la digitalización social, de la manipulación del Big Data y de la extensión del idiotismo tecnodependiente. Nos queda la desobediencia, la acción directa, el apoyo mutuo, el diálogo abierto y la creatividad colectiva para intentar desmasificarnos, sustituir la falsa comunidad con que nos hipnotiza el Espectáculo por otra más auténtica, que no puede surgir más que del desplazamiento de la alienación estatal y mercantil por el planteamiento de todos los problemas sociales a través de la libre asociación de las personas afectadas. Para escapar de la sociedad-cárcel tenemos que atrevernos a ser libres, es decir, a buscar por nosotros mismos la satisfacción de nuestras necesidades y deseos recurriendo lo menos posible a nuestros interesados y violentos protectores.

Tokata

El Estado con mascarilla

La actual crisis ha significado unas cuantas vueltas de tuerca en el control social por parte del Estado. Lo principal en esa materia ya estaba bastante bien implantado porque las condiciones económicas y sociales que hoy imperan así lo exigían; la crisis no ha hecho más que acelerar el proceso. Estamos participando a la fuerza como masa de maniobra en un ensayo general de defensa del orden dominante frente a una amenaza global. El coronavirus 19 ha sido el motivo para el rearme de la dominación, pero igual hubiera servido una catástrofe nuclear, un impasse climático, un movimiento migratorio imparable, una revuelta persistente o una burbuja financiera difícil de manejar. No obstante la causa no es lo de menos, y la más verídica es la tendencia mundial a la concentración de capitales, aquello a lo que los dirigentes llaman indistintamente mundialización o progreso. Dicha tendencia halla su correlato en la tendencia a la concentración de poder, así pues, al refuerzo de los aparatos de contención, desinformación y represión estatales. Si el capital es la sustancia de tal huevo, el Estado es la cáscara. Una crisis que ponga en peligro la economía globalizada, una crisis sistémica como dicen ahora, provoca una reacción defensiva casi automática y pone en marcha mecanismos disciplinarios y punitivos de antemano ya preparados. El capital pasa a segundo plano y entonces es cuando el Estado aparece en toda su plenitud. Las leyes eternas del mercado pueden tomarse unas vacaciones sin que su vigencia quede alterada.

El Estado pretende mostrarse como la tabla salvadora a la que la población debe de agarrarse cuando el mercado se pone a dormir en la madriguera bancaria y bursátil. Mientras se trabaja en el retorno al orden de antes, o sea, como dicen los informáticos, mientras se intenta crear un punto de restauración del sistema, el Estado interpreta el papel de protagonista protector, aunque en la realidad este se asemeje más al de bufón macarra. A pesar de todo, y por más que lo diga, el Estado no interviene en defensa de la población, ni siquiera de las instituciones políticas, sino en defensa de la economía capitalista, y por lo tanto, en defensa del trabajo dependiente y del consumo inducido que caracterizan el modo de vida determinado por aquella. De alguna forma, se protege de una posible crisis social fruto de otra sanitaria, es decir, se defiende de la población. La seguridad que realmente cuenta para él no es la de las personas, sino la del sistema económico, esa a la que suelen referirse como seguridad “nacional”. En consecuencia, la vuelta a la normalidad no será otra cosa que la vuelta al capitalismo: a los bloques colmena y a las segundas residencias, al ruido del tráfico, a la comida industrial, al trasporte privado, al turismo de masas, al panem et circenses… Las formas extremas de control como el confinamiento y la distancia interindividual terminarán, pero el control continuará. Nada es transitorio: un Estado no se desarma por propia voluntad, ni prescinde gustosamente de las prerrogativas que la crisis le ha otorgado. Simplemente, “hibernará” las menos populares, tal como ha hecho siempre. Tengamos en cuenta que la población no ha sido movilizada, sino inmovilizada, por lo que es lógico pensar que el Estado del capital, más en guerra contra ella que contra el coronavirus, trata de curarse en salud imponiéndole condiciones cada vez más antinaturales de supervivencia.

El enemigo público designado por el sistema es el individuo desobediente, el indisciplinado que hace caso omiso de las órdenes unilaterales de arriba y rechaza el confinamiento, se niega a permanecer en los hospitales y no guarda las distancias. El que no comulga con la versión oficial y no se cree sus cifras. Evidentemente, nadie señalará a los responsables de dejar a los sanitarios y cuidadores sin equipos de protección y a los hospitales sin camas ni unidades de cuidados intensivos suficientes, a los mandamases culpables de la falta de tests de diagnóstico y respiradores, o a los jerarcas administrativos que se despreocuparon de los ancianos de las residencias. Tampoco apuntará el dedo informativo a expertos desinformadores, a empresarios que especulan con los cierres, a los fondos buitre, a los que se beneficiaron con el desmantelamiento de la sanidad pública, a quienes comercian con la salud o a las multinacionales farmacéuticas… La atención estará siempre dirigida, o mejor teledirigida, a cualquier otro lado, a la interpretación optimista de las estadísticas, al disimulo de las contradicciones, a los mensajes paternalistas gubernamentales, a la incitación sonriente a la docilidad de las figuras mediáticas, al comentario chistoso de las banalidades que circulan por las redes sociales, al papel higiénico, etc. El objetivo es que la crisis sanitaria se compense con un grado mayor de domesticación. Que no se cuestione un ápice la labor de los dirigentes. Que se soporte el mal y que se ignore a los causantes.

La pandemia no tiene nada de natural; es un fenómeno típico de la forma insalubre de vida impuesta por el turbocapitalismo. No es el primero, ni será el último. Las víctimas son menos del virus que de la privatización de la sanidad, la desregulación laboral, el despilfarro de recursos, la polución creciente, la urbanización desbocada, la hipermovilidad, el hacinamiento concentracionario metropolitano y la alimentación industrial, particularmente la que deriva de las macrogranjas, lugares donde los virus encuentran su inmejorable hogar reproductor. Condiciones todas ellas idóneas para las pandemias. La vida que deriva de un modelo industrializador donde los mercados mandan es aislada de por sí, pulverizada, estabulada, tecnodependiente y propensa a la neurosis, cualidades todas que favorecen la resignación, la sumisión y el ciudadanismo “responsable”. Si bien estamos gobernados por inútiles, ineptos e incapaces, el árbol de la estupidez gobernante no ha de impedirnos ver el bosque de la servidumbre ciudadana, la masa impotente dispuesta a someterse incondicionalmente y encerrarse en pos de la seguridad aparente que le promete la autoridad estatal. Esta, en cambio, no suele premiar la fidelidad, sino guardarse de los infieles. Y, para ella, en potencia, infieles lo somos todos.

En cierto modo, la pandemia es una consecuencia del empuje del capitalismo de estado chino en el mercado mundial. La aportación oriental a la política consiste sobre todo en la capacidad de reforzar la autoridad estatal hasta límites insospechados mediante el control absoluto de las personas por la vía de la digitalización total. A esa clase de virtud burocrático-policial podría añadirse la habilidad de la burocracia china en poner la misma pandemia al servicio de la economía. El régimen chino es todo un ejemplo de capitalismo tutelado, autoritario y ultradesarrollista al que se llega tras la militarización de la sociedad. En China la dominación tendrá su futura edad de oro. Siempre hay pusilánimes retardados que lamentarán el retroceso de la “democracia” que el modelo chino conlleva, como si lo que ellos denominan así fuera otra cosa que la forma política de un periodo obsoleto, el que correspondía a la partitocracia consentida en la que ellos participaban gustosamente hasta ayer. Pues bien, si el parlamentarismo empieza a ser impopular y maloliente para los dirigidos en su mayoría, y por consiguiente, resulta cada vez menos eficaz como herramienta de domesticación política, en gran parte es debido a la preponderancia que ha adquirido en los nuevos tiempos el control policial y la censura sobre el malabarismo de los partidos. Los gobiernos tienden a utilizar los estados de alarma como herramienta habitual de gobierno, pues las medidas que implican son las únicas que funcionan correctamente para la dominación en los momentos críticos. Ocultan la debilidad real del Estado, la vitalidad que contiene la sociedad civil y el hecho de que al sistema no le sostiene su fuerza, sino la atomización de sus súbditos descontentos. En una fase política donde el miedo, el chantaje emocional y los big data son fundamentales para gobernar, los partidos políticos son mucho menos útiles que los técnicos, los comunicadores, los jueces o la policía.

Lo que más debe de preocuparnos ahora es que la pandemia no solo culmine algunos procesos que vienen de antiguo, como por ejemplo, el de la producción industrial estandardizada de alimentos, el de la medicalización social y el de la regimentación de la vida cotidiana, sino que avance considerablemente en el proceso de la digitalización social. Si la comida basura como dieta mundial, el uso generalizado de remedios farmacológicos y la coerción institucional constituyen los ingredientes básicos del pastel de la cotidianidad posmoderna, la vigilancia digital (la coordinación técnica de las videocámaras, el reconocimiento facial y el rastreo de los teléfonos móviles) viene a ser la guinda. De aquellos polvos, estos lodos. Cuando pase la crisis casi todo será como antes, pero la sensación de fragilidad y desasosiego permanecerá más de lo que la clase dominante desearía. Ese malestar de la conciencia restará credibilidad a los partes de victoria de los ministros y portavoces, pero está por ver si por sí solo puede echarlos de la silla en la que se han aposentado. En caso contrario, o sea, si conservaran su poltrona, el porvenir del género humano seguiría en manos de impostores, pues una sociedad capaz de hacerse cargo de su propio destino no podrá formarse nunca dentro del capitalismo y en el marco de un Estado. La vida de la gente no empezará a caminar por senderos de justicia, autonomía y libertad sin desprenderse del fetichismo de la mercancía, apostatar de la religión estatista y vaciar sus grandes superficies y sus iglesias.

Miguel Amorós

Confinado en su casa muy a su pesar, el 7 de abril de 2020

Fuente: http://tokata.info/el-estado-con-ma...

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Larken Rose: "The Jones Plantation"

15 April, 2020 - 00:00
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Con lo que cuesta un tanque y un avión se pueden construir 20 centros de salud en España

14 April, 2020 - 00:00

José Antequera

Un tanque Leopard le cuesta a España 11 millones de euros. Un Eurofighter, el avión más moderno del Ejército del Aire, vale 90 millones, a los que hay que sumar el mantenimiento (15 millones más por aparato al año) y el gasto en combustible cada vez que despega en maniobras militares, que ronda los 44.000 euros por cada hora de vuelo. Por su parte, un centro de salud de tamaño medio como el que se acaba de licitar hace menos de un mes en el barrio de El Ejido, León, cuesta 5 millones de euros. Es decir, con el dinero invertido en un tanque y un avión podríamos construir 20 ambulatorios dotados del más moderno equipamiento.

El debate sobre el excesivo gasto militar de nuestro país en un momento en que todos los recursos deberían ser destinados a la Sanidad pública para combatir el coronavirus está abierto. El presupuesto en Defensa del Estado español se sitúa en más de 16.000 millones de euros anuales. El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián, ha denunciado esta semana que estamos gastando demasiado en soldados, cuarteles y material bélico mientras los hospitales no dan abasto en la guerra contra el covid-19. Aunque España sigue destinando la mayor parte de su inversión pública a Sanidad −un 7,91% en 2018 hasta alcanzar los 75.435 millones de euros, el 15,14 por ciento del total y el 6,24 del PIB− la terrible pandemia de coronavirus obligará a replantear la distribución de unos recursos siempre limitados para un país de riqueza media como es el nuestro.

Parece algo ilógico que, tal como ha denunciado Rufián en el Congreso de los Diputados, haya “más tanques que respiradores de oxígeno” o más balas de fusiles de asalto que mascarillas y trajes protectores para el personal sanitario que cada día se juega la vida con miles de pacientes contagiados. De esta pandemia vamos a tener que extraer importantes conclusiones: la primera de ellas que con total seguridad habrá que reducir el presupuesto en Defensa y aumentar el gasto sanitario por habitante. Todos los expertos epidemiólogos coinciden en que, con mucho esfuerzo, el germen mortal será vencido. El problema es que, sin duda, vendrán otros entes biológicos tan o más letales que este y solo aquellos países que consigan aumentar la inversión en prevención sanitaria lograrán adaptarse a la nueva situación y reducir el impacto de las pandemias que están por llegar. No solo nos harán falta más y más grandes hospitales, sino más centros de Atención Primaria y mejor dotados como primera línea de combate. Si algo hemos aprendido de la crisis del coronavirus es que nuestras unidades de Urgencias y UCIS no estaban preparadas para una avalancha de enfermos críticos de grandes proporciones. Por eso tendremos que invertir más dinero en centros de salud que permitirán descongestionar a los hospitales en la medida de lo posible. También será preciso construir “arcas de Noé”, centros al estilo del recinto ferial de Ifema, que se han revelado como una estrategia de primer orden para aislar a los contagiados más leves. Esas arcas estarán preparadas en cada comunidad autónoma y listas para ser abiertas cuando estalle una crisis grave.

Pero no solo eso. El Estado español tendrá que hacer un importante esfuerzo en contratación de personal. Harán falta miles de nuevos médicos y enfermeros, así como empleados de la limpieza, celadores, cocineros, expertos en mantenimiento y administrativos. Por supuesto, a partir de ahora España necesitará hacer acopio de mascarillas, trajes especiales y respiradores de oxígeno en cantidades importantes. El caos de los hospitales, donde médicos y enfermeras se han visto obligados a recurrir a bolsas de basura y gafas de buzo como vestuario quirúrgico, es inadmisible y no puede volver a repetirse. También aprenderemos de ese inmenso error. Prestigiosas empresas privadas ya se han puesto manos a la obra en la fabricación en serie y en los próximos meses no necesitaremos recurrir al mercado exterior porque el sistema contará con suficiente estocaje.

Todo eso va a costar monstruosas cantidades de dinero que habrá que detraer de otros departamentos del Estado. No parece una buena idea recortar en Educación, como demostraron los años de políticas austericidas de Mariano Rajoy, de modo que el recorte en Defensa parece una alternativa inevitable de cara al futuro.

Estos días estamos viendo cómo militares de alta graduación ofrecen ruedas de prensa para dar el parte de guerra contra el coronavirus. Sin embargo, no vivimos realmente un conflicto bélico, sino un grave problema de salud pública que se resuelve con más inversión sanitaria. La participación de la UME (la Unidad Militar de Emergencias especializada en grandes catástrofes formada por unos 5.000 efectivos) está siendo decisiva en la desinfección de residencias de ancianos y calles y avenidas, pero más allá de esa misión poco más pueden hacer contra el virus los 120.000 soldados que forman los contingentes de los tres ejércitos españoles. No cabe duda de que la experiencia de oenegés como Médicos Sin Fronteras, que llevan años trabajando en países del Tercer Mundo afectados por grandes plagas y epidemias, puede ser mucho más útil que la aportada por el Estado Mayor de la Defensa. No obstante, toda ayuda es bienvenida en estos momentos, también la militar.

Con todo, de cara al futuro los recursos públicos deberán ser reorganizados. Si queremos sobrevivir como país frente a la amenaza invisible de los coronavirus y otros entes microbianos que están todavía por llegar tendremos que cerrar algunos cuarteles y abrir mejores hospitales. Otra consecuencia directa del derrumbamiento del viejo mundo y del nacimiento de uno nuevo que ha llegado sin avisar.

Fuente: https://diario16.com/con-lo-que-cue...

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