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Actualizado: hace 44 min 39 seg

¿Radiografiamos la indistria militar española, ese asombroso caso de éxito?

13 January, 2019 - 00:00

JCR - Amigos de Tortuga

En esta tercera entrega vamos a preguntarnos por una pequeña incomodidad, nada del otro mundo, que ensombrece el brillo y esplendor de la industria militar.
En anteriores entregas hemos insinuado que el oligopolio de la industria militar genera, junto con las apreciables ventajas que ya hemos explicado antes, algunos perjudicados que, como en toda la racionalidad capitalista, siempre aparecen como consecuencia indeseable pero necesaria del progreso en sí y por sí. Una molestia momentánea, ya decimos, para aguar la fiesta y permitir que los agoreros mantengamos en pie nuestra monserga. Un residuo indeseable y de poca monta, comparado con los indiscutibles beneficios sociales de la industria militar; residuo al que la propia mano invisible del mercado acabará, gran fe tenemos en ello, por aplacar con sus enormes beneficios, condenándolo, como insinuó aquel ministro de Defensa que lo fue del PSOE y del PP sucesivamente, al baúl de la estulticia humana, porque, si no vendemos armas nosotros, otro vendrá que lo haga.

1.- Mala calidad

La industria militar no es, que se diga, un dechado de virtudes técnicas. De hecho, la frecuencia de errores en la calidad de sus ingenios es muy superior a otros sectores de la producción industrial. Llama la atención que armas que se suponen de precisión milimétrica y que empeñan por años a los países que las compran fallen tan a menudo más que una escopeta de feria.
El caso paradigmático entre nosotros lo tiene NAVANTIA, la empresa propiedad del Estado que fabrica barcos y productos navales de guerra.

Submarinos de pandereta a precio de superlujo.

Navantia la ha cagado soberanamente, con perdón, en el diseño del submarino con el que pensaba petar el mercado internacional, el llamado S80 (que luego pasó a llamarse S81-Plus para poner borrón y cuenta nueva en la mala fama del proyecto original).
Aunque el proceso es conocido, nos vamos a explayar en una explicación que pretendemos amena y ejemplar del funcionamiento trasladable a otros casos de la industria militar.
Todo comienza cuando el presidente Aznar, Alabado sea el Altísimo, tuvo la genial idea de desvincularse del proyecto compartido con Francia por el que ambos países construían y vendían un submarino de clase Scorpène, fabricado en Cartagena pero con patente y diseño de la compañía francesa DCNS, al parecer dueña de la ingeniería del invento.
Aznar tuvo la visión, una de las suyas, de dar la patada «dans le cul» a los franceses y fabricar por nosotros mismos submarinos con los que inundar el mercado mundial y conseguir cuota de mercado propia. Así surge el proyecto de los submarinos made in Spain. Los franceses se cabrearon, como no podía ser menos, y litigaron internacionalmente con España al considerar que se había aprovechado de su diseño submarinil, llegándose a la conclusión «amistosa» de que España fabricaría por su cuenta sus submarinos pero con su «tecnología» propia, y sin hacer uso del sistema de propulsión francés, lo que equivalía a poner en un brete a la ingeniería española que hasta entonces se venía beneficiando de la «moda» francesa en el consorcio de los Scorpène.
Pelillos a la mar, que Don José María tenía claro que el carácter español y mucho español de nuestros ingenieros estaba más que cualificado para hacer unos submarinos recios cual se espera de nuestra casta e ingenio patrio. El caso es que España se embarcó en diseñar por su cuenta y riesgo su propio submarino, ahora supuestamente con tecnología de apoyo de los amigos de Lockheed Martin (que por cierto no regalan nada), y apalabró con Navantia el proyecto de hacer un prototipo y luego cuatro aparatos para cubrir las necesidades de la armada española (y todos los posibles para vender a terceros en competencia desleal con los franceses y cubrir así los costes de diseño y fabricación de los submarinos españoles).

El diseño, más los cuatro submarinos para España, se estipularon en un coste de 1.800 millones de euros, pero sucesivos problemas (el más importante que el prototipo diseñado, una vez sumergido no volvía a salir a flote) hicieron que el coste inicial fuera ascendiendo primero hasta 2.135 millones de euros, luego hasta 3.000 millones, y en la actualidad vayamos por 3.935 millones de euros al menos (por la completa fabricación del prototipos) sin poderse precisar el precio que costará cada unidad que se fabrique una vez que se consiga un submarino decentemente fiable.
El tema del deficiente diseño nos ha llevado a generar un sobrecoste del 213% sobre el precio inicial para conseguir sacar a flote el famoso S-80 «sube-baja» (y por cierto sin la tecnología de propulsión AIP inicialmente prevista, que se les instalará en alguna parada técnica posterior previo pago de su coste). El proyecto iniciado con el cesar visionario Aznar podrá materializarse, con suerte, en la entrega a la Armada de dos submarinos para, como pronto, el año 2022, pero sin poder precisarse, a estas alturas, a cuánto nos va a salir la broma por cada submarino posterior.
Otra consecuencia de estos retrasos aludidos es que, mientras tanto, han tenido que ir acondicionando los submarinos envejecidos que mantiene la Armada, lo que además ha supuesto un gasto añadido de varios cientos de millones para dicho cometido.

Pero no sólo. Como el grave problema de sobrepeso se ha solucionado usando el sentido común y las ideas del siracusano Arquímedes (alargar el engendro para hacer cumplir el inevitable principio de que empuje es igual a peso por volumen, eso sí, pagando a una compañía americana para que nos informara de tal posibilidad), para la fabricación del nuevo prototipo «flotable» han tenido que comprar más acero y, de paso, acondicionar los talleres donde se debía llevar a cabo la hazaña (con el consabido coste para ello), pues el nuevo ingenio «alargado» no cabía en los antiguos muelles de Cartagena. Y más: dado que ya se habían comprado los motores propulsores y otras máquinas necesarias (por cierto, a industrias militares de otros países que no las venden precisamente a precio de ganga) y ahora no tienen suficiente fuerza para mover el aparatito que, al ser más largo y pesado, necesita más potencia, han tenido que comprar otros sistemas nuevos y, en fin, una cadena de despropósitos que ha venido encareciendo el producto.
En el ínterin, las armadas de potenciales clientes se han amoscado un tanto, perdiendo interés por nuestro submarino de un solo uso que, consiguientemente, no tendrá mercado con el que resarcirse de las pérdidas cuando consigan, si es que lo consiguen, poner a flote los flamantes S81-Plus made in Spain.
Y un dato más: Para evitar endeudar a Navantia, pobrecita, el Estado, desde el minuto uno de puesta en marcha del proyecto, ha empezado adelantando dinero por medio de créditos a interés cero a dicha empresa. Dinero salido de los impuestos de los incautos y despreocupados bolsillos de la gente del común, que del ruinoso negocio de Navantia no saben nada.
¿Ha causado tal desaguisado algún reproche, alguna dimisión, algún cambio sustancial en Navantia o en los usos de nuestros visionarios políticos? No, que se sepa.

Mala calidad en otros “Productos” de Navantia.

¿Curioso? No. Recurrente. Porque el caso de los submarinos de Navantia es uno más de los frecuentes casos de mala calidad de la industria militar. Sin ir más lejos, Noruega reclama a España por la mala calidad de las fragatas que Navantia le suministró y por las que soltaron más de 1.000 millones de euros, y concretamente por el hundimiento por un «fallo crítico» de una de ellas. Anteriormente Australia inició otro contencioso con Navantia por la mala calidad de los portaviones que le querían vender. La lista de despropósitos se hace muy larga en Navantia, la empresa puntera de la industria militar española.

No sólo Navantia fabrica con defectos.

Pero Navantia no es la única que sufre esta plaga de chapucerismo industrial.
Los Helicópteros NH90 sufrieron igualmente problemas de diseño (turbulencias a baja altura que les dejaba inestables) que hicieron que el gobierno alemán mandara la parada de su flota. Los aviones Eurofighter cuentan con problemas de potencia por problemas de diseño y grietas en los alerones fabricados en Sevilla. Los aviones A400 también con graves problemas de diseño y accidentes mortales. Problemas de obsolescencia desacreditan a los potentes tanques Leopard alemanes (por cierto, parte de ellos fabricados en España) que han demostrado su fracaso en la lucha contra el Daesh. Los fusiles de asalto M16 estadounidenses que se recalientan ante altas temperaturas y dejan de ser fiables en el desierto, los fusiles G-36 alemanes que se encasquillan, los aviones de combate F35 americanos con defectos fatales, los defectos de fabricación del más moderno portaviones de EEUU, el CVN 78 que hace tirar por la borda cientos de millones de dólares, los Cetme españoles que pretendían endosar a Irak y que igualmente tienen defectos insalvables, … La lista es interminable, generalizable, un lugar común de la industria militar.

¿Fallos de diseño o estrategia de ventas?

Una frecuencia y una extensión a todos los sectores de la industria militar que nos hace pensar que tal vez los fallos de diseño y producción no son un problema técnico en sí, sino una estrategia de producción que, junto a la obsolescencia programada de esta carísima industria, utilizan los señores de la guerra para aumentar su cifra de resultados. ¿Con la aquiescencia de la casta política? No lo sabemos, pero es más que contundente comprobar que a estos fallos tan costosos no se les ofrece ninguna respuesta política contundente: nadie ha dimitido, nada ha cambiado. Incluso, si hacemos caso a los organismos de control españoles (existen informes específicos de la Intervención General del Estado -IGAE- sobre nuestros «Programas Especiales de Armamentos») no se piden a las empresas las penalizaciones estipuladas por el retraso en la entrega de las armas apalabradas, ni se controlan los sobrecostes, ni hay modo humano de racionalizar este mundo del despropósito.

De modo que, con este largo repaso, ya tenemos algunos perdedores descritos en el funcionamiento y negocio de la industria militar:
La eficacia y la tecnología
La decencia
El dinero público que cuestan estos abrumadores sobrecostes.

2.- Sobrecostes

Tanto en el caso español como en el de otros Estados clientes de las industrias militares los sobrecostes respecto del precio inicialmente previsto son muy frecuentes.
En parte, razona la industria militar, debido a que los encargos conllevan un ciclo muy prolongado de tiempo de fabricación, que pasa por el diseño, la fabricación de prototipos y su comprobación de fiabilidad, la producción en serie y la entrega años más tarde de los pedidos iniciales. Por esta razón variables como el alza de los precios de los materiales de fabricación, la inflación, dos de grandes y tres de chicas, etcétera, sirven para justificar los aumentos de precio. A ello se une que, precisamente por el galopante avance de la tecnología militar, a mitad de camino los «compradores» buscan incorporar las mejoras más recientes y otros caprichos no pactados, lo que implica añadidos que encarecen el producto final.
Añadamos que, para cerrar el círculo vicioso, cuando se entregan los productos, éstos ya están habitualmente obsoletos (dado el espectacular avance tecnológico que, dicen, afecta a la industria de matar) con lo que los «clientes» se ven obligados a realizar nuevos pedidos para «modernizar» su recién entregado armamento, ya obsoleto.

En el caso de España, los sobrecostes de los programas de armas (PEAS) superan el 20% sobre lo inicialmente previsto (y añadamos que la cifra de encargos actual sobrepasa los 33.000 millones de euros), con el caso de los submarinos de Navantia como paradigma del sobrecoste, con un 213% de exceso de peso económico.
Los pedidos a la industria militar que efectúa el Estado español, lo decimos como mera hipótesis conspiranoica, tal vez se apalabran a un precio inicial menor para evitar críticas, pero sabiendo que el mismo crecerá por el camino, porque una vez comprometidos desembolsos astronómicos, echarse atrás supone perder mucho dinero. ¿somos cautivos de la torpeza de una casta político-militar entonces? ¿Asistimos a un endeudamiento ilegítimo? ¿Es fruto de la improvisación y la mala suerte?
Veamos un ejemplo significativo. El Estado español lleva invertidos más de 10.600 millones de euros en desarrollar el proyecto de aviones de combate Eurofigther que desarrolla AIRBUS, con el fin de reemplazar a los aviones F18 estadounidenses que España compró en tiempos de Felipe González en el programa FACA (96 cazas y una cifra escalofriante que lastró el presupuesto de Defensa por años) del ejército del Aire.
La idea de España es la de sustituir por completo los F18 del ejército del Aire por aviones más modernos, pero, además, dotarse de aviones de combate para nuestro buque de combate LHD Juan Carlos I (un portaviones que ha costado más de 500 millones de euros) con el fin de sustituir los obsoletos Harrier de despegue vertical de los que dispone la Armada.

Cuando se planificó este enorme esfuerzo económico (¿cuántas prestaciones de rentas dignas se hubieran podido en defensa de la gente más desfavorecida, por ejemplo, con tal pastizal?) las justificaciones fueron: 1) la necesidad de esta inversión para tener tanto los aviones más modernos, 2) las necesidades ineludibles de la defensa española, al parecer gravemente amenazada por el cielo y 3) adquirir la tecnología propia para otros desarrollos de nuestra industria que podían aprovecharse del esfuerzo.
Ahora que Eurofighter está dotando de estos aviones al ejército (ya cuenta con más de 60) parece que existen dudas en la continuidad de los encargos, pues hay una opinión muy importante de los expertos militares que «prefiere» los aviones americanos F35 (cada uno de estos cuesta actualmente más de 200 millones de dólares pero se espera que se puedan conseguir por unos 120 millones y que el coste total de adquisición de un programa suficiente para España pueda superar los 6.000 millones de euros). ¿Qué pasa entonces de la adquisición tecnológica que se predicaba? ¿Qué de la modernidad que se pagaba con este programa?
Saquen conclusiones, pero no se apresuren, porque nos queda por explicar ahora la apuesta de la marina de guerra y otros chismes.
Nuestra flamante Armada exigió nuevos buques polivalentes (portaviones) para modernizarse y seguir cantando en el concierto internacional la canción del pirata con cien cañones por banda. Se hizo imprescindible contar, como se ha dicho, con el «Juan Carlos I», que costó más de 500 millones de euros. A éste acompañarán otros pedidos recientemente programados.
Una vez gastados estos 500 millones iniciales, caen en la cuenta nuestros expertos que los Eurofighter no son adecuados, porque lo que realmente necesitan son aviones de despegue vertical para sustituir a los actuales y obsoletos Harrier, y los Eurofighter no despegan verticalmente. Casualmente los F35 americanos si lo hacen.

Es curioso que cuando diseñaron el gasto para los portaviones se olvidaran de este pequeño detalle: un portaviones sin aviones es como una banda de música sin instrumentos. Detalle en el que ahora sí que caen. Se necesitan aviones F35 de despliegue vertical para que el portaviones en el que ya hemos gastado más de 500 millones de Euros (¿Cuántos hospitales hemos dejado de hacer para contar con este cachivache?) sirva para amenazar mares y costas.
¿Se sorprenden? Pues no se sienten aún, porque, además, el coste de cada F35 (o de cualquier otro sistema de armas que se les ocurra, que sigue la misma lógica) lo es por el avión «mondo y lirondo». No incluye el motor (otros 24 millones de dólares), ni el sistema informático y de control (otros 35 millones de dólares), ni las armas (depende de las que le pongan), ni el casco del piloto (400.000 dólares por unidad). Primero el avión, luego el motor, luego el sistema, luego el casco… Esperemos que en tanto ir y venir no haya que cambiar el sistema de despegue del portaviones o cualquier otra excusa. ¿hasta cuándo?
De modo que el sobrecoste, aparece como otra estrategia de privilegiar a la industria militar y a los intereses militaristas sin que el personal proteste demasiado. ¿Una estrategia que no ha hecho mosquearse a ninguna fuerza política de las que sestean en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados desde hace ya muchas legislaturas?¿o algún tipo de estrategia compartida entre patres conscripti y vendedores de armas?

3.- La deuda.

La industria militar presenta una factura elevada en todos y cada uno de los países que adquieren armas (es decir, todos).
Centrándonos en el caso de España, los contratos apalabrados por España en su primer ciclo de rearme implicaron un compromiso de pago, diferido a futuro, de aproximadamente 33.000 millones de euros, de los que faltan de pagarse cerca de 20.000. Ahora, el gobierno de Sánchez acaba de dar por válido un segundo ciclo de rearme previamente comprometido por Rajoy. Nuevo ciclo que sumará a esta cantidad al menos otros 12.000 millones de euros más (si no hay sobrecostes).
Por la curiosa manera de comprometer estos contratos armamentistas, España ha prefinanciado a las empresas militares dándose créditos «reembolsables» (es decir, que devolverán cuando entreguen sus sistemas de armas y se les paguen los pedidos). Como los créditos concedidos son a interés cero y los pagos (amén de los sobrecostes ya aludidos) a dinero corriente al momento de pago, resulta que el interés cero en realidad es un regalo que en nuestro nombre hacen los gobiernos a la industria militar, pues el interés cero no existe más que en la Biblia y en el Corán y el dinero prestado, cuando se devuelve, lo hace sin el coste del dinero, que es pagado ya saben ustedes por quién.
Así y todo, como tenemos un presupuesto de defensa altamente deficitario (por ejemplo, con el que calculó el Ministerio de Defensa para 2018 sólo daba para pagar todo el montaje de la defensa hasta mediados de mayo, y si sumamos lo escondido en otras partidas fuera del ministerio de defensa, sólo daba para llegar hasta octubre) los pagos a la industria militar se han venido haciendo por medio de créditos extraordinarios (¡y tanto!) y extra-presuestarios (hasta ahora, pero esperemos a ver los anunciados nuevos presupuestos de Sánchez para ver si también en el futuro) con cargo a deuda pública.

De modo que la industria militar nos endosa una factura monumental, de más de 42.000 millones de euros, de deuda pública para la financiación de las armas comprometidas.
Para hacernos una idea de la magnitud de nuestra deuda militar, esta cantidad equivale a casi cuatro puntos del PIB y a casi un rescate de la banca.
¿Han consultado a alguien esta locura? ¿responde al interés prioritario de la sociedad? ¿ha sido adquirida bajo el influjo de un complejo de intereses militar-industrial, o por puertas giratorias a su favor? Preguntas que nos sirven para responder a otra más: ¿Se trata de una deuda ilegítima? Y si es así ¿Por qué nadie exige su impago?
Ahora bien, España es un Estado del Primer Mundo, lo que, amén de otros perjuicios evidentes, equivale a que dicha deuda únicamente nos empobrece y evita políticas públicas justas, lo que viene llamándose «coste de oportunidad» (del que hablaremos en extenso en otra entrega), el cual afecta negativamente en el desarrollo social y acentúa la distancia entre los de arriba y los de abajo. Pero pensemos en nuestros países clientes y principalmente los clientes del Sur donde, por ejemplo, el índice de desarrollo humano está por los suelos y la decisión de cañones o mantequilla equivale también a mayor violencia estructural, mayor pobreza generalizada, muerte prematura asegurada y se convierte, por tanto, en un coste no de oportunidad, sino de vida.

Amén de ello, la adquisición de armas por países limítrofes viene a desencadenar ciclos globales de rearme, de forma que los vecinos también adquieren armas y relegan otras necesidades perentorias, facilitando un negocio de sangre que, ya sea por sus devastadores efectos en tiempos de paz, o por los fatales si se llegan a usar estas armas, agreden a los pueblos y sus expectativas.
Debido, ya lo hemos dicho, al enorme volumen de las facturas militares, estos países han de acudir también al endeudamiento, pues no existe el dinero corriente disponible para pagar los pedidos a tocateja, para asegurar sus adquisiciones de armas. No por casualidad es la gran banca occidental (incluso cuenta con entidades financieras especializadas en ello) la principal tenedora de la deuda pública de los países que compran armas.
También la deuda pública militar, por otra parte, sirve a los países «productores» de armas para condicionar las políticas y la geoestrategia mundial, es por tanto un mecanismo de dominación hábilmente usado (si te tengo endeudado te condiciono las opciones), algo que la doctrina ya ha destacado.
De modo que, aunque parezca un coste invisible e inapreciable, ya tenemos nuevos perdedores: las sociedades en su conjunto, el desarrollo humano, y sobre todo las sociedades cautivas de este círculo vicioso.

Dejemos por el momento la presente entrega.
La próxima detallará tres aspectos más: 1) el mercado laboral y la mentira podrida que usa como chantaje y mantra esta industria para conseguir que, pobres de nosotros, pidamos más carga de trabajo, como pedían al «Rey Felón» aquellas masas de antaño más cadenas. 2) El pastizal en subvenciones que las Comunidades Autónomas ofrece a estos mercaderes e industrias (por cierto, qué bien nos vendía si alguien nos ayuda aportándonos datos fiables y fuentes concretas de este aspecto para evitarnos el meticuloso y aburrido papel de ir buscando en boletines oficiales y otros papelotes) y 3) lo que venimos llamando el «monocultivo militar» y la dependencia de comarcas y regiones de este tremendo mal.
Hasta entonces, buen provecho.

Ver también en Tortuga:

¿Radiografiamos la industria militar, ese espectacular caso de éxito? Primera parte.

¿Radiografiamos la industria militar española, ese asombroso caso de éxito? Segunda parte: Un negocio brutal.

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Palabras de Cortázar

13 January, 2019 - 00:00

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Hablemos de las violencias urbanas

13 January, 2019 - 00:00

Tica Font

Según la OMS cada año más de 1,6 millones de personas pierden la vida de manera violenta en un homicidio, tres veces más que los muertos provocados por las guerras. Estas cifras representan la punta del iceberg, puesto que otros actos violentos contra la integridad física de las personas, no son computados estadísticamente y no hay registros sobre los mismos.

América latina es la región del mundo con mayor tasa de homicidios del mundo 22,3 homicidios por cada 100.000 habitantes (Banco Mundial 2015). Por países, entre los principales en el ranquin encontramos El Salvador tiene una tasa de 82,8; Honduras 56,5; Venezuela 56,3; Jamaica 47,0; Belice 37,6; Brasil 29,5; Guatemala 27,3; Colombia 25,5; México 19,3 y Puerto Rico 18,5 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2016. La tasa en España se sitúa en 0,6.

Según datos de 2016 de Igarapé Institute, 43 de las 50 ciudades con mayor tasa de homicidio en el mundo están situadas en América Latina. La más peligrosa es San Salvador (El Salvador), con una tasa de 136,7 asesinatos por cada 100.000 habitantes, le siguen Acapulco de Juárez (México) con 108,1 y San Pedro Sula (Honduras), donde la tasa se sitúa en 104,3 muertes por cada 100.000 habitantes.

Las cifras son escalofriantes y sitúan el problema de las diversas violencias más allá de los homicidios en un primer plano. Aunque las cifran sean duras, la violencia no es inevitable ni constituye un componente intrínseco de la condición humana. La violencia es un elemento cultural, un elemento aprendido que puede desaprenderse y prevenirse con una batería de medidas diversas que vayan más allá del planteamiento “ley y orden” tan recurrente entre sectores políticos faltos de iniciativas. Al problema de la violencia nos podemos acerca desde perspectivas diversas, de salud, de educación, de convivencia de economía, de paz, en definitiva abordando los factores económicos, sociales o culturales. Entender las situaciones que subyacen y las causas que sustentan la violencia ofrece la posibilidad de intervenir para evitar los actos violentos y proporcionar a los responsables políticos una gran variedad de actuaciones o planes políticos que puedan prevenir actos violentos, incidir en cambiar los valores que legitiman el uso de las violencia y en asistir a las víctimas de dicha violencia.

Del 5 al 8 de noviembre tendrá lugar en Madrid el II Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz. Este Foro refleja la preocupación por este problema en las ciudades y refleja el compromiso de los municipios para afrontarlo.

Pero mientras que en los municipios, por la relación directa que mantienen con los ciudadanos, buscan actuar sobre las causas que los sustentan implantado planes de acción social que intentan revertir las mismas, los estados suelen inclinarse por instrumentos represivos. En Brasil, el nuevo presidente de extrema derecha J. Bolsonaro, se comprometió a relajar las leyes de control de armas. “Debemos dar a todos el derecho de llevar armas, como en EEUU”, es decir el derecho de ciudadanos a disparar contra otro ciudadano y ha anunciado que sacará a las calles al ejército para luchar contra la violencia y el crimen organizado. Si Bolsonaro lleva a cabo estas medidas, cabe esperar que se incrementara la tasa de homicidios y el número de desaparecidos tal y como ha pasado en México desde que se declaró la guerra al narcotráfico.

Existe el peligro que muchos votantes elijan opciones populistas que ofrezcan soluciones simplistas “de mano dura”, que está demostrado que no resuelven el problema, que simplemente lo van desplazando por el territorio de un lugar a otro. Para evitarlo cabe trabajar con políticas de largo plazo que actúen sobre las causas que los sustentan.

Fuente: http://www.centredelas.org/ca/cultu...

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Los ríos peninsulares que más se salinizan

12 January, 2019 - 00:00

Paolo Fava

Enumerar los riesgos que corren los ríos de España invita a la desesperanza. Está la sequía, que parece alejarse este año hidrológico pero que regresará cada vez más fuerte si los pronósticos de calentamiento global se cumplen. Camina de la mano de la sobrexplotación de los acuíferos, de las especies invasoras como el camalote en el Guadiana y la contaminación por vertidos, tanto los industriales como los que genera nuestro consumo de plástico y la filtración de aguas negras que hacen peligrar el baño en los meses de calor.

No es de extrañar que otra amenaza haya pasado relativamente desapercibida, pese al peligro inmediato que supone para los ecosistemas y la salud humana. Se trata de la salinización fluvial, a la que The Royal Society Journal dedica una edición temática con nuestro país como protagonista. Uno de cada tres ríos de la Península Ibérica está en proceso de volverse salado, según un estudio llevado a cabo por investigadores de toda España. En los puntos negros de este fenómeno, advierte el autor principal, Miguel Cañedo-Argüelles, "ya no se puede hablar de agua dulce".

Entre las señales de alarma que recoge el trabajo, que también ha contado con la colaboración de científicos de las universidades de Canberra (Australia) y Koblenz-Landau (Alemania), está el dato de que ríos de algunas cuencas en la zona del Ebro o la región de Murcia tienen una salinización superior a la del mar. "La situación es muy variable"- explica Cañedo-Arguelles, del Grupo de Investigación Freshwater Ecology, Hydrology and Management (FEHM-UB) y del Instituto del Agua de la Universidad de Barcelona (IdRA). "Pero el agua de mar tiene una concentración media de 35 gr por litro de cloruro sódico, la sal de mesa, mientras que algunos ríos presentan 95 gr".

Hay ríos en España que cuentan con salinidad natural, como el célebre caso del Tinto. ¿Pero de dónde proviene la de los demás? En el caso del torrente de Soldevila en Sallent (Barcelona), por ejemplo, de una mina que ha almacenado a cielo abierto sales de potasio. "Teóricamente, está controlado"- explica el biólogo. "Pero con las lluvias se produce un lavado que arrastra la sal consigo. Los ríos caudalosos, como el Ebro o el Llobregat, tienen una mayor capacidad para disolverla. Pero los torrentes alcanzan pronto la saturación. Las costras de sal aparecen a ojos vista".

La agricultura es otra sospechosa habitual, con la incorporación de sales a través de los fertilizantes y la problemática del regadío por exceso. "El agua se evapora, pero la sal se queda en el suelo y se filtra"- advierte Cañedo-Arguelles. Y hay otras formas de contaminación insospechadas: la crisis del agua de Flint, Michigan, fue provocada por la sal vertida para evitar la congelación de las calles, que terminó corroyendo las cañerías envejecidas y provocando un envenenamiento por metales pesados a entre 6.000 y 12.000 habitantes.

Aunque el caso estadounidense es extremo, los daños de la salinización fluvial son inmediatos, y se hacen notar primero en los habitantes del río: los insectos acuáticos y el bosque de ribera."Todos los seres vivos regulamos nuestro contenido orgánico de sal mediante ósmosis: sin equilibrio osmótico, se produce la muerte celular"- explica. "Y es un proceso muy complicado fruto de la evolución en agua dulce. Adaptarse a la salinidad requiere mucha energía para una especie, mientras que otras, como las cianobacterias tóxicas, florecen en el nuevo ambiente".

Y los efectos en la salud humana también son inmediatos: consumir un agua más salina es un factor de riesgo a la hora de desarrollar hipertensión, y está detrás de la preclancia, la tensión arterial elevada en las embarazadas. Además, se ha observado que favorece la concentración de carcinógenos en el medio acuático, como los trihalometanos hallados en aguas del Llobregat.

Otro de los trabajos que acompañan a la edición dedicada a la salinización fluvial ha trabajado con las mediciones de las estaciones de la red de alerta SAICA para la calidad del agua. Dirigido por Edurne Estévez de la Universidad de Cantabria, ha permitido situar en el mapa los puntos negros -en función de los kilómetros y el porcentaje de salinización extrema, alta, moderada o ausente- en cada una de las 33 tipologías ecológicas de ríos de España que recoge el BOE.

Distribución

Esta nomenclatura puede resultar farragosa para el recién llegado: no abarca ríos en sí, sino tramos. Y no es lo mismo un 'río mineralizado mediterráneo de baja altitud' que un 'río mineralizado de baja montaña mediterránea'. La siguiente clasificación es una recopilación simplificada de datos para facilitar la comprensión:

1) Gargantas de Gredos-Béjar: Gargantas Mayor, Garganta de los Infiernos, San Gregario y Cascarones. Tienen un 1,9% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 6,2% en alta salinidad.

2) Ríos manchegos: Algodor, Guatén. Tienen un 1,58% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 8,4% en alta salinidad.

3) Ejes mediterráneos-continentales poco mineralizados: Ebro, Ega, Arga, Aragón. Tienen un 1,3% de sus aguas en situación de extrema salinidad, aunque los resultados en alta salinidad no son concluyentes.

4) Ríos de serranías béticas húmedas. Guadacorte, Hozgarganta, Guadarranque. Tienen un 1,3% de sus aguas en situación de extrema salinidad aunque los resultados en alta salinidad no son concluyentes.

5) Ejes fluviales principales cántabro-atlánticos calcáreos. Sella, Narcea, Eo, Somiedo, Cares. Tienen un 1,2 de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 3,25% en alta salinidad.

6) Ríos de llanuras silíceas del Tajo y Guadiana: Alburrel, Jumadiel, Salor, Ayuela, Guadiloba, Tamuja, Arroyo Calzones, Arroyo la Vid, Tozo, Magasca, Arroyo Santa María, Guadyerbas. Tienen un 1,05% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 5,7% en alta salinidad.

7) Ríos costeros cántabro-atlánticos: Porcia. Tienen un 0,9% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 1,5% en alta salinidad.

8) Ríos silíceos del piedemonte de Sierra Morena. Se trata de todos los afluentes de los ríos Odiel y Tinto, excluyendo los de la depresión del Guadalquivir y los de alta montaña. Tienen un 0,6% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 3,3% en alta salinidad.

9) Ríos mineralizados mediterráneos de baja altitud: Segura, Rambla del Albujón, Guadalentín. Tienen un 0,58% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 3,9% en alta salinidad.

10) Ríos de montaña mediterránea silícea. Tirón, Glera, Najerilla y Urbión, Iregua, Leza y Cidacos. Tienen un 0,39% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 0,4% en alta salinidad.

¿Qué ocurre en el resto de España? En la zona central encontramos los ríos de baja montaña mediterránea silícea: Lozoya, Guadarrama, Eresma, Moros, Cega, Pirón y el Manzanares que atraviesa Madrid, con un 0,26% de salinidad extrema y un 1,19% de alta .

Del problema en la región de Murcia, en cambio, no solo da cuenta la situación en el Segura, sino también los ríos mineralizados de baja montaña mediterránea: Mula, Taiblilla, Pliego, Quípar, Talave, Mundo, Arroyo de Elche, Luchena, Guadalentín. Tienen un 0,15% de sus aguas en situación de extrema salinidad y un 1,7% en alta salinidad.

Por otro lado, la situación es más positiva en los ríos de montaña mediterránea calcárea: Cabriel, Campillos, Ojos de Moya, Mijares, Alcalá, Albentosa, Guadalaviar, Monterde, Alfambria, Camarena, Turia, Arcos, Júcar, Huécar, Moscas, Gritos, Arguillos. La salinidad extrema solo afecta al 0,08% de sus aguas y la alta, al 0,37%.

Este mapa, sin embargo, debe servir como herramienta de trabajo y análisis, y para implementar medidas más restrictivas según Cañedo-Arguelles. "Se puede tratar el agua por ósmosis inversa, pero es súper caro de implementar y mantener. La solución pasa por endurecer la legislación aunque afecta a sectores económicos estratégicos, seguir desarrollando nuevas técnicas y establecer criterios de control de la calidad del agua que no solo tengan en cuenta la salud humana, sino la biodiversidad".

El Español

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Parar al fascismo... ¿Votando?

12 January, 2019 - 00:00

El 42% de abstenciones en Andalucía, escuecen a la izquierda, que no entiende cómo tantísima gente pasa de echarles la papeleta en la urna. No se explican, a pesar de ser tan listos y disponer de tantíiiiisimos licenciados, por qué tanto votante considera que su voto es una mierda pinchá en un palo, y prefieren dedicarse ese día sagrado y participativo a cascársela. Y así, si uno le dice al candidato de izquierdas que no le he votado, me reprocha mi inmadurez política, y me dice que el que entre esa gentuza en el Parlamento, se debe a mi dogmática abstención, y en general, a la abstención. Y te suelta sin pensarlo demasiado, que al fascismo hay que pararle los pies votando. Y te lanza el desafío: si Hitler fuese a llegar al poder, ¿también te abstendrías?

Da igual que Hitler esté muerto y sus cenizas dispersas. Vamos a valorar cuánta gente hubiese tenido que votar para pararle los pies a Hitler, gracias a ese compendio de sabiduría que es la wikipedia, la cual concentra todos los resultados electorales de la República de Weimar.

En las elecciones de septiembre de 1930, votó el 81.95 % del censo. Hitler sacó el 18,25% de votos, (eliminada la abstención). En esta ocasión ganaron los socialdemócratas.

En las de julio de 1932, fue a votar el 84,10% del censo, y Hitler sacó el 37,27%. Ganó, pero no lo suficiente para gobernar en solitario.

En noviembre de 1932, bajó la participación al 80.58%. Hitler perdió votantes quedándose en el 33,09%. A mayor abstención, menos nazismo por tanto.

En cambio, en las elecciones de marzo de 1933, fue a votar el 88,74% de los hunos, y Hitler consiguió un 43,91% de sufragios. No. Nooo consiguió una mayoría absoluta. Le faltaron 36 escaños…, y aún así implantó la dictadura. A las elecciones que vinieron luego, ya solo se presentó Él.

¿Qué lecciones podemos sacar de estas operaciones matemáticas? Pues que contrariamente a lo que se piensa, Hitler nunca ganó unas elecciones democráticas de forma absoluta. Y la abstención no fue la que llevó a Hitler al poder. En Bochelandia votaba muchísima gente, siempre más del 80%, y aún así Hitler iba ganando más y más votos, salvo la vez en que hubo más abstención en noviembre de 1932, que los nazis perdieron montones de electores. De donde se puede deducir si me da la gana, que mientras más gente vota, más nazis aparecen.

En fin, que para mí lo que llevó a Hitler al poder, fue por un lado la suerte y el azar, por otro lado sus milicias de asesinos, unido al apoyo de los partidos burgueses, sin olvidar la estupidez de socialdemócratas y comunistas, que se dedicaron a hacerse la guerra en lugar de buscar pactos para gobernar y salir de la paranoia nacionalista en la que se había sumido la gran nación teutona. Y por supuesto, culpa de los votantes que creyeron en la scheißedeutschland y que pensaban que votar a los nazis, era la bomba.

Y esto lo cuento solo para sepáis, cuando os inviten a votar para parar el ascenso del fascismo, que no tienen nada que ver las elecciones y la abstención, con el crecimiento electoral de la ultraderecha. Los fachas crecen o decrecen porque electores conscientes les votan más o menos. No crecen porque abstencionistas recalcitrantes pasen de elecciones. El parlamento es un efecto. No la causa.

Por lo tanto, si te piden que votes para parar al fascismo..., en realidad lo que quieren es que les votes. Y como no saben cómo comerte la moral, recurren a Hitler, que es el comodín. A pesar de que a día de hoy, es imposible que llegue al poder ni juntando sus cenizas.... ¡Sabedlo militantes!: Hitler no llegó a Canciller gracias a la abstención, si no precisamente en ausencia de ella.

Por lo tanto, ¿yo siempre me abstendría? Bueno, yo no descarto votar si hubiese algo muy gordo en juego, como bajar a un gato de un árbol. Voy, voto, y un político sube al árbol milenario, y baja al gato, que le araña sin piedad la cara mientras desciende con el bicho pegado a su cuero cabelludo, maullando como loco entre alaridos de indescriptible sufrimiento y cara desfigurada. Joder. La hostia enjuta. ¿Quién no votaría, solo por ver a un político haciendo algo útil?

Fuente: http://www.alasbarricadas.org/notic...

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Canarias: El turismo es el problema, no la solución

11 January, 2019 - 00:05

Coincidiendo con el Día Internacional del Turismo, activistas de Ecologistas en Acción de Las Palmas de Gran Canaria, colectivo federado a Ben Magec-Ecologistas en Acción, y Un Barrio para Vivir desplegaron una pancarta a los pies del faro de Maspalomas en la que se leía: “El turismo es el problema, no la solución”. Con este contundente mensaje, las activistas criticaron el monocultivo turístico instaurado en las islas que, según sus propias palabras “basa su existencia en el crecimiento y desarrollo sin límites a costa del saqueo de los bienes comunes y de la precarización social”.

El turismo es el problema, no la solución

Desde los años 60, se impone en Canarias un modelo desarrollista basado en el binomio turismo-construcción. Desde entonces, el crecimiento exponencial y sin límites de la industria turística ha llevado a las islas a encabezar varios ranking. Entre ellos, el de visitantes: el año pasado arribaron al archipiélago 16 millones de turistas, lo que supone 8 veces la población residente. “El índice de presión humana en las islas orientales equivale a un turista por cada dos personas. Y a pesar de estas apabullantes cifras, la industria turística quiere más y más” comenta una de las activistas.

En el 2017 el gasto total derivado del turismo en las islas fue de unos 18 millones de euros, cifra mostrada como un éxito por el gobierno de canarias. Sin embargo, la realidad es que casi dos tercios de estos ingresos van a parar directamente a las arcas de touroperadoras y multinacionales turísticas.

El monocultivo turístico intensivo sigue exprimiendo el buen tiempo y los kilómetros de playas como el atractivo que, “junto a las exenciones fiscales y la mano de obra barata, hace de nuestro territorio un verdadero paraíso, pero un paraíso fiscal” matizan desde Ecologistas en Acción. Así, desde ambos colectivos comentan su preocupación ante unas cuentas que no cuadran.

Coincidiendo con el Día Internacional del Turismo, y aprovechando el emblemático faro de Maspalomas como icono de la zona turística sur de Gran Canaria, las activistas realizaron una performance en la que mostraron algunos datos que consideran fundamentales para entender y empatizar con el lema de la pancarta principal: “El turismo es el problema, no la solución”. Así, en otros mensajes, se hacía alusión al gasto público en promoción turística (900 millones de euros), frente a los 56 dedicados a la erradicación de la pobreza. “Teniendo en cuenta que la tasa de pobreza en Canarias es del 44 %, y de casi el 40 % en el caso de pobreza infantil, que se invierta dieciséis veces más en el marketing turístico que en nuestra gente es un ejemplo claro de falta de perspectiva por parte de nuestro gobierno” – apuntan desde los colectivos.

Y es que, a pesar del aumento de la rentabilidad turística, somos la tercera comunidad autónoma con más paro del país y padecemos en nuestro territorio un sobredimensionamiento de infraestructuras que generan a su vez grandes impactos ambientales. El turismo multiplica por cuatro el consumo de agua y aumenta gravemente la producción de residuos en un territorio limitado. Destruye nuestro litoral, nuestro campo, nuestra cultura y pervierte y mercantiliza nuestras vidas. Por todas estas y muchas más razones, desde Ecologistas en Acción de Las Palmas de Gran Canaria y Un Barrio para Vivir sostienen que “el turismo es el problema, no la solución”.

Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org...

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Modernos indígenas

11 January, 2019 - 00:00

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Julián Ríos: El escritor favorito de los presos españoles

10 January, 2019 - 00:00

PEDRO SIMÓN

En las bibliotecas de la prisión, es tan demandado como Ken Follett, Stephen King o Pérez-Reverte... Se llama Julián Ríos, se cartea con centenares de internos y su manual para "defenderse de la cárcel" (nueve ediciones) es el libro favorito de los reclusos

Gabriel mató a un policía durante el atraco a un banco. A causa del intercambio de disparos, se quedó en silla de ruedas. Mientras cumplía condena, comenzó el deterioro: se volvió esquizofrénico y un día se rajó el vientre. Ya fuera, cuando tenía un brote, oía voces internas que le decían que matase a sus compañeros de casa.

A Alberto lo conoció en una habitación de Traumatología del Hospital de La Paz. Tenía una cadera y algunas vértebras rotas después de haberse caído desde un quinto. Ya no volvió a robar. Ni tampoco a consumir drogas. Estuvo cinco años en la misma casa que Gabriel.

A Jesús se lo presentó el anterior. Era alegre, tocaba la guitarra y permaneció cuatro años en aquel piso. Jamás superó su adicción a la heroína. Hallaron su cuerpo junto al río.

A Rufino se lo encontró cuando salía de la cárcel de Navalcarnero. El interno estaba sin blanca y le preguntó que si le acercaba a Madrid. En el trayecto le contó su historia. Terminó en casa con los demás. A los dos años se suicidó.

Si algo tienen en común Gabriel, Alberto, Jesús y Rufino no es sólo la biografía carcelaria, sino también que un día conocieron a un profesor de Derecho Penal entusiasta, estoico, desgarbado, conciliador y llamativamente generoso llamado Julián Ríos.

Es raro el día en que no me llega una carta de una persona presa

En 25 años ha acogido en su casa a 115 personas que nadie quería, imparte docencia de la Universidad Comillas (ICADE) en Madrid, le dio clases a Pablo Ruz, ejerció varios años de abogado, trabaja como mediador penal, ha sentado a hablar a un ex etarra con la hija de una guardia civil asesinado por ETA, al hombre que vendió los explosivos del 11-M con una de las víctimas que iba en el tren y -además o quizá por todo ello- es el sexto autor más leído en las prisiones españoles.

No es porque Julián Ríos escriba novelas trepidantes o alumbre best-sellers como la Rowling. Sino porque es el autor de un mamotreto de 1.191 páginas, 600 preguntas, 110 formularios y un montón de pistas titulado Manual de ejecución penitenciaria. Defenderse de la cárcel (17.000 ejemplares distribuidos y nueve ediciones) con el que el jurista enseña a los internos españoles a velar por sus derechos dentro de prisión.

«¿Las mujeres presas que tengan hijos menores pueden ingresar en la cárcel con ellos?». «¿Cuáles son los pasos siguientes al ingreso en prisión cuando se han tomado a la persona presa todos los datos de filiación?». «¿Ante quién se recurre la denegación de un permiso?»...

En efecto, según datos de Instituciones Penitenciarias, por detrás de Alberto Vázquez Figueroa, Arturo Pérez-Reverte, Ken Follett, Stephen King y Dan Brown, en la lista de autores más leídos está este hijo de un autobusero y una costurera que estuvo durante 17 años haciéndose cargo de la defensa de los presos que se lo pedían sin cobrarles una minuta.

En un mundo (el penitenciario) en que no es extraño ver volar puentes, el profesor Ríos se dedica a tenderlos. «Hay que intervenir desde la ley con la mayor humanidad posible, cuidar a la víctima en sus necesidades más profundas y tratar de que el perpetrador tome conciencia».

Basta con estar en su casa para entender algunas cosas: el recio minimalismo de un tipo que está acostumbrado a estirar sus 3.000 euros de profesor universitario hasta con 11 compañeros de piso que no tienen ingresos.

Basta con ver el estado de su mesa en la facultad para entender otras: carpetas y carpetas con misivas de presos. Desde Alicante y desde Pontevedra, desde Granada y desde Barcelona.

¿Las contestas todas?

Imposible, pero sí las que puedo. Es raro el día en que no me llega una carta de una persona presa.

Una carta escogida a voleo, una entre cientos. El preso ha escrito la dirección en el remite: «Almacén de Seres Humanos de Sevilla II». Luego cuenta una historia muy triste.

Trashorras y una víctima

Sucedió en febrero de 2013. Julián Ríos y la abogada y mediadora Esther Pascual viajaron hasta la cárcel de El Dueso (Cantabria) para llevar a cabo un encuentro insólito. En la estación habían quedado con Jesús, una víctima del 11-M con secuelas que volvía a subirse a un tren por primera vez tras los atentados. La persona a la que iba a visitar era el ex minero Suárez Trashorras, condenado por vender a los terroristas 200 kilos de explosivos con los que volaron los trenes.

Lo cuenta en el nuevo libro que sacará en diciembre, titulado Biografía de la reconciliación (editorial Comares), donde repasa diversas experiencias de procesos restaurativos.

«Se dieron la mano sin que sus miradas se encontrasen. El encuentro duró tres horas», asegura. «Del condenado me llamó la atención que todas las noches recogía información de las víctimas y las guardaba. Porque necesitaba tener información del daño causado. De la víctima me llamó la atención lo que dijo a la vuelta: que aquella visita le había devuelto cierta serenidad».

Otro encuentro propiciado por este profesor. Más llamativo si cabe: una chica de 11 años pierde a su padre víctima de los atentados del 11-M. Un chico de 11 años se queda sin padre (terrorista) cuando este se inmola en el piso de Leganés Norte. Los dos necesitan hablar. Se sientan frente a frente. Hoy salen de vez en cuando. Son amigos.

Superviviente de Hipercor

«Cuando una persona agrede a otra, ambas quedan vinculadas, la paz se alcanza con la ruptura del vínculo. Cuanta más grave es la agresión, más intensa puede ser la vinculación; cuanto más odio y venganza, más intenso es el lazo de unión», señala Julián Ríos. Por eso, indica, los procesos restaurativos que concluyen con éxito, de algún modo, «liberan a la víctima y al perpetrador del vínculo que les une, para que cada uno haga su camino».

En el atentado de Hipercor murieron 21 personas y 45 resultaron heridas. Aquel encuentro reunió a un preso de ETA y a una superviviente de la matanza. A la salida de la cárcel de Navalcarnero, la mujer se refirió al interno que acababa de conocer: «Esta noche le llevaría a mi casa y le ofrecería una buena cena caliente».

En su libro, Julián cuenta otros episodios restaurativos.

Algunos que terminaron bien: «Tú y yo no seremos amigos, pero al menos nuestros nietos podrán jugar juntos», le dijo una persona cuyo padre fue asesinado por la banda a uno de los terroristas.

Y otros que fueron más ásperos. En iguales circunstancias, otra víctima le dijo al terrorista: «¿Tú sabes lo que es ver a tu madre desgarrada por el sufrimiento? No sólo me has privado a mí de la compañía de mi padre, también se lo has hecho a mis hijos. A ellos les has privado de disfrutar de su abuelo».
Amedo pide perdón

José Amedo, subcomisario de Policía condenado a 118 años de prisión por participar en el terrorismo de Estado de la era socialista, tuvo un encuentro con Pilar Zabala, hermana de José Ignacio Zabala, presunto miembro de ETA asesinado por los GAL.

Allí también estuvo con otro mediador Julián Ríos, quien para preparar la cita les hizo escribirse una carta.

En la misiva que Pilar le envió a Amedo se podía leer: «Esta es una carta de presentación para que te sitúes frente a mi sin juzgarme, sin reticencias ni recelos, simplemente con el corazón abierto y la esperanza de poder contribuir, en la medida que podamos o nos dejen, a mejorar las relaciones entre personas que hemos vivido experiencias psicológicamente traumáticas».

Amedo contestaba hablando del «injusto y cruel sufrimiento», decía, por el que había pasado la familia Zabala. Y decía más: «Asumo sin paliativos vuestro dolor, incluso en cierta medida me hace sentirme responsable de los terroríficos hechos que produjeron el asesinato de tu hermano y su compañero por haber estado desgraciadamente vinculado a los GAL».

Los diez autores más leídos de las cárceles

Alberto Vázquez Figueroa
Arturo Pérez Reverte
Ken Follett
Stephen King
Dan Brown
Julián Ríos
Jean M. Auel
Paulo Coelho
Frederick Forsyth
Ágatha Christie

El Mundo

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David Graeber: "Trabajos de mierda. Una teoría"

10 January, 2019 - 00:00

Traducción de Iván Barbeitos. Ariel. Barcelona, 2018. 432 páginas, 21,90 €. Ebook: 12,99 €

ALANA SEMUELS

¿Qué hacen realmente durante el día todas esas personas que se amontonan en los vagones del metro, esperan en atascos durante la hora punta y caminan por las calles de las ciudades con trajes formales? Aparentemente trabajan en algún sitio y los datos dan a entender que muchas de ellas trabajan en oficinas. Los trabajos manuales representan ahora menos de 14% del empleo total, lo que supone un descenso del 31% desde 1970. Pero entender a qué se dedican estos oficinistas requiere un poco de imaginación.

Eso se debe a que, según David Graeber (Nueva York, 1961), muchos de ellos no hacen nada en absoluto. En Trabajos de mierda, el catedrático de antropología en la London School of Economics aplica una mirada crítica al mundo laboral en Occidente, donde, afirma, las empresas pagan a las personas para realizar un abanico interminable de tareas que no aportan nada significativo a la sociedad. Graeber amplia un ensayo de 2013 que publicó en la revista Strike! y que posteriormente se hizo viral. En él, citando un famoso pronóstico del economista John Maynard Keynes, sostenía que la tecnología debería haber hecho a los trabajadores más productivos, y derivar en una semana laboral de 15 horas, pero en vez de eso se ha utilizado para hacer que las personas trabajen más, en empleos inútiles que detestan.

El trabajo ha experimentado un cambio fundamental en el último siglo. Mientras que antes los trabajadores fabricaban cosas, ahora la mayoría de ellos sirve a personas. El aumento de los empleos de servicios atañe no solo al tipo de trabajo que las personas desempeñan en restaurantes o tiendas de ropa; los empleados del sector servicios incluyen a administradores, asesores, contables y agentes de centralitas. Entre 1910 y 2000 en Estados Unidos, la proporción de personas en empleos profesionales, de gestión, administrativos, ventas y servicios aumentó desde una a tres cuartas partes del empleo total, según Graeber.

El autor no afirma saber qué trabajos son inútiles y cuáles no, sino que pide a los trabajadores que lo ponderen ellos mismos. Tras la publicación de su ensayo, recabó comentarios de gente que pensaba que su empleo era absurdo, y el libro se basa en varios centenares de testimonios de personas que respondieron en Twitter a sus peticiones de ejemplos de trabajos inútiles. Graeber utiliza estas respuestas para entender qué tipos de empleos innecesarios existen. Están los “esbirros”, a los que se contrata para hacer que otra gente se sienta importante, como el recepcionista de la editorial cuyas responsabilidades se limitaban a llenar la jarra de caramelos y a coger el teléfono unas cuantas veces al día; los “matones”, que agresivamente venden a la gente cosas que no necesita ni quiere, como los empleados de centralitas que venden informes de crédito caros a gente que los podría obtener gratis; y los “parcheadores”, que existen solo por un “fallo” en una organización, como la mujer que tenía que revisar los informes de investigación escritos por un estadístico que era un pésimo escritor. Graeber afirma que, posiblemente, hasta el 40% de la mano de obra de los países ricos tiene que soportar estos empleos inútiles, aunque su única prueba deriva de un sondeo de YouGov de 2015 que preguntaba a los británicos si su empleo hacía alguna “contribución relevante” al mundo; el 37% respondió que no.

Aunque la tesis de Graeber pide a gritos pruebas económicas, merece la pena cuestionarse el mercado laboral

La idea de hastío del despacho no es nueva. En 1853, Melville escribió sobre Bartleby, el escribiente que un día decidió que prefería no hacer más su trabajo. Pero Graeber sostiene que hay más trabajos de oficina inútiles que nunca. Él achaca gran parte de la culpa al auge de los sectores financiero y de la información y a lo que él llama “feudalismo administrativo”, en el que las empresas no paran de añadir supervisores y oficinistas, en vez de compartir con los obreros los frutos de su creciente productividad. Las empresas no se deshacen de estos puestos inútiles, afirma el autor, porque la política económica se basa en la premisa de que crear más empleos debe ser la máxima prioridad.

Graeber no es un economista; es un antropólogo que ha realizado trabajos de campo en las tierras altas de Madagascar y que se define como un anarquista a quien le gustaría que los gobiernos y las corporaciones tuvieran menos poder. Con todo, su argumento pide a gritos pruebas económicas más fuertes. Sobre todo porque un economista le encontraría varios fallos, entre ellos su teoría de que la automatización ha provocado el desempleo masivo, pero que las empresas “salvaron la situación añadiendo trabajos ficticios que, de hecho, son inventados”. La relación entre automatización y empleos no es tan sencilla: es posible que las máquinas hayan sustituido a algunos trabajadores, pero también los complementan, haciéndoles más productivos y creando nuevos tipos de trabajos. El aumento de la productividad es un motor clave del nivel de vida de un país; los occidentales podrían efectivamente tener semanas laborales de 15 horas si quisieran retroceder a la forma en que vivían hace un siglo. También resulta difícil creer que muchos puestos de trabajo inútiles no se hayan eliminado durante la Gran Recesión.

Esto no equivale a decir que el argumento de Graeber carezca de mérito. Durante mi propia investigación no científica, me topé con unos cuantos amigos que aseguraban que sus empleos encajaban perfectamente con la descripción de Graeber. La mirada antropológica del autor y su escepticismo hacia el capitalismo son útiles para cuestionar algunas partes de la economía que Occidente ha aceptado como normales. ¿Por qué los profesores preescolares ganan tan poco dinero, por ejemplo, mientras que a la gente que diseña anuncios publicitarios irritantes le va bastante bien? ¿Por qué se enorgullece la gente de trabajar tan arduamente cuando apenas tienen tiempo fuera del despacho? ¿Por qué tantas personas tienen que hacer hueco en su tiempo libre para las cosas que les encantan y se pasan horas interminables bajo las lámparas fluorescentes de un despacho haciendo tareas irrelevantes? Como mínimo, este libro les plantea a los lectores si no existirá una manera mejor, y más eficaz, de organizar el mundo laboral. Es una pregunta que merece la pena hacer.

Fuente: https://elcultural.com/revista/letr...

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Paulo Freire: Un reencuentro con 'Pedagogía del Oprimido'

9 January, 2019 - 00:00

Paulo Freire

Con 'Pedagogía de la Esperanza' Paulo Freire propuso un relectura de 'Pedagogía del oprimido'. En esta selección escogemos algunos de los pasajes para entender su surgimiento, el contexto de elaboración, su viaje a Chile durante los días del gobierno de Salvador Allende y su estadía en Argentina durante la presidencia de Héctor Cámpora.

En septiembre de 1970, cuando aparece la Pedagogía en Nueva York, inmediatamente comienza a ser traducida a varias lenguas, generando curiosidad y críticas, favorables unas, desfavorables otras. Hacia 1974 ya había sido traducida al español, al italiano, al francés, al alemán, al holandés y al sueco, y estaba por publicarse en Londres por Penguin Books. Esa edición hizo llegar la Pedagogía hasta África, Asia y Oceanía.

El libro apareció en una fase histórica de intensa inquietud. Los movimientos sociales en Europa, en EEUU, en América Latina, en cada espacio-tiempo con sus características propias. La lucha contra la discriminación sexual, racial, cultural, de clase, la lucha en defensa del medio ambiente, los Verdes en Europa. Los golpes de Estado, con su nueva cara en América Latina y sus gobiernos militares que se arrastraban desde la década anterior. Los golpes de Estado, ahora ideológicamente fundamentados y todos, de un modo u otro, ligados al carro-guía del Norte en el intento de hacer posible lo que les parecía que debía ser el destino capitalista del continente. Las guerrillas en América Latina, las comunidades de base, los movimientos de liberación en África, la independencia de las ex colonias portuguesas, la lucha en Namibia, Amílcar Cabral, Julius Nyerere, su liderazgo en África y su repercusión fuera de ella. La China de Mao. La Revolución Cultural. La extensión viva del significado de mayo de 1968. Las luchas político-sindicales y pedagógico-sindicales, todas obviamente políticas, principalmente en Italia. Guevara asesinado en la década anterior y su presencia como símbolo, no sólo para los movimientos revolucionarios latinoamericanos, sino también para los líderes y activistas progresistas de todo el mundo. La guerra de Vietnam y la reacción en el interior de EEUU. La lucha por los derechos civiles y el desbordamiento del clima político-cultural de los años sesenta, en aquel país, hacia los setenta.

La revolución cultural China

Éstas eran, junto a un sinnúmero de implicaciones y desdoblamientos, algunas de las tramas históricas, sociales, culturales, políticas, ideológicas, que tuvieron que ver, por un lado, con la curiosidad que el libro despertó y, por el otro, con la lectura que también se haría de él; de su aceptación, de su rechazo, de las críticas a él referidas.

Hay otro aspecto vinculado a la 'Pedagogía del oprimido' y al clima perverso, antidemocrático, del régimen militar que se abatió sobre nosotros en forma singularmente rabiosa, cruel y rencorosa, que quisiera destacar. Aun sabiendo que sería imposible editar el libro en Brasil, que su primera edición fuera en portugués, la lengua en que fue escrito originalmente, me interesaba que el texto dactilografiado llegara a las manos de Fernando Gasparian, director de la editorial Paz e Terra, que lo publicaría. El problema era cómo mandarlo sin peligro no sólo para los originales, sino también y sobre todo para el portador. A esa altura, a comienzos de los años setenta, ya vivíamos en Ginebra.

Comentando el hecho con intelectuales suizos, profesores de la Universidad de Ginebra, uno de ellos, conseilleur national además de profesor, Jean Ziegler, me ofreció llevar personalmente los originales, puesto que debía ir a Río de Janeiro por asuntos académicos. Acepté su ofrecimiento convencido de que, con su pasaporte diplomático, además de ser suizo, no le sucedería nada: pasaría por el control de pasaportes y la aduana sin preguntas ni revisiones.

Días después Gasparian, discretamente, acusaba recibo del material pidiéndome que esperase un momento más favorable para su publicación. Remití el texto a fines de 1970, cuando ya había aparecido la primera edición del libro en inglés, o a comienzos de 1971. Su publicación en Brasil su primera edición en portugués, sólo fue posible en 1975. Mientras tanto, un sinnúmero de brasileños y brasileñas lo leía en ediciones extranjeras que llegaban al país por golpes de astucia y de valentía. En esa época conocí a una joven monja estadunidense que trabajaba en el Nordeste y que me dijo que varias veces, al regresar a Brasil de sus viajes a EEUU, había llevado varios ejemplares de la Pedagogía, poniendo cubiertas de libros religiosos sobre la cubierta original. De ese modo amigos suyos que trabajaban en la periferia de ciudades nordestinas pudieron leer el libro y discutirlo aún antes de su publicación en portugués.

Fue también de aquella época una carta que me llegó a Ginebra, por mano de alguien, excelente carta de un grupo de obreros de Sao Paulo que desdichadamente perdí de vista. Habían estudiado juntos una copia del original escrito a máquina en Chile. Es una lástima que de mis archivos de Ginebra haya quedado muy poco; entre muchas cosas buenas que se perdieron estuvo esa carta. Recuerdo, sin embargo, cómo terminaba:

“Paulo -decían, más o menos-, debes continuar escribiendo pero, la próxima vez, debes cargar más las tintas en las críticas a esos intelectuales que nos visitan con aires de dueños de la verdad revolucionaria. Que nos buscan para enseñarnos que somos oprimidos y explotados y para decirnos lo que debemos hacer.”

*

Vivir la intensidad de la experiencia de la sociedad chilena, de mi experiencia dentro de esa experiencia, me hacía repensar siempre la experiencia brasileña cuya memoria viva había traído conmigo al exilio, y así escribí la 'Pedagogía del oprimido' entre 1967 y 1968. Texto que retomo ahora, en su “mayoría de edad”, para volverlo a ver, a pensar, a decir. Para decir también, puesto que lo retomo en otro texto que también tiene su discurso que, del mismo modo, habla por sí mismo, hablando de la esperanza.

En tono casi de conversación, no sólo con el lector o la lectora que busca ahora por primera vez la convivencia con ese texto, sino también con quienes lo leyeron hace veinte años y que ahora, leyendo este repensar, se aprestan a releerlo, quisiera señalar algunos puntos a través de los cuales se podría redecir mejor lo dicho.

Creo que un punto interesante sobre el cual comienzo a hablar es el de la gestación misma del libro que, en cuanto incluye la gestación de las ideas, incluye también el momento o los momentos de acción en que se fueron generando y los de ponerlas en el papel. En realidad, las ideas que es preciso defender, las que implican otras ideas, las que se repiten en varias “esquinas” de los textos a las que los autores y las autoras se sienten obligados a regresar de vez en cuando, se van gestando a lo largo de su práctica dentro de la práctica social mayor de que forman parte.

En este sentido hablé de las memorias que llevé conmigo al exilio, algunas conformadas en la infancia lejana, pero de real importancia hasta hoy en la comprensión de mi comprensión o de mi lectura del mundo. Es por eso también que hablé del ejercicio al que siempre me entregué en el exilio, dondequiera que estuviese el “contexto prestado”: el de, experimentándome en él, pensar y repensar mis relaciones con y en el contexto original.

Pero si las ideas, las posiciones que había que expresar, explicar, defender en el texto venían naciendo en la acción-reflexión- acción en que participamos, tocados por recuerdos de sucesos ocurridos en viejas tramas, el momento de escribir se constituye como un tiempo de creación y de recreación, también, de las ideas con que llegamos a nuestra mesa de trabajo. El tiempo de escribir, además, va siempre precedido por el de hablar de las ideas que después se fijarán en el papel. Por lo menos así se dio conmigo. Hablar de ellas antes de escribir sobre ellas, en conversaciones con amigos, en seminarios, en conferencias, fue también una forma no sólo de probarlas, sino de recrearlas, de parirlas nuevamente: después se pulirían mejor las aristas cuando el pensamiento adquiriera forma escrita, con otra disciplina, con otra sistemática. En ese sentido, escribir es tanto rehacer lo que se ha venido pensando en los diferentes momentos de nuestra práctica, de nuestras relaciones, es tanto redecir lo que antes se dijo en el tiempo de nuestra acción, como leer seriamente exige de quien lo hace repensar lo pensado, reescribir lo escrito y leer también lo que antes de constituir el escrito del autor o de la autora fue cierta lectura suya.

Pasé un año o más hablando de aspectos de la 'Pedagogía del oprimido'. Los hablé con amigos que me visitaban, los discutí en seminarios y cursos. Un día mi hija Magdalena llegó a llamarme la atención sobre el hecho, delicadamente. Sugirió que contuviera un poco mis ansias de hablar sobre la 'Pedagogía del oprimido', aún no escrita. No tuve fuerzas para vivir esa sugerencia: continué hablando apasionadamente del libro como si estuviera –y en realidad estaba- aprendiendo a escribirlo.

No podría olvidar, en ese tiempo de oralidad de la 'Pedagogía del oprimido', una conferencia, la primera, que pronuncié sobre el libro en Nueva York, en 1967. Era mi primera visita a EEUU, adonde me habían llevado el padre Joseph Fitzpatrick y monseñor Robert Fox, ya fallecido. Fue una visita sumamente importante para mí, sobre todo por lo que pude observar en reuniones en áreas discriminadas, de gente negra y puertorriqueña, a las que fui invitado por educadoras que trabajaban con Robert Fox. Había muchas semejanzas entre lo que ellas hacían en Nueva York y lo que yo había hecho en Brasil. El primero en percibirlas fue Iván Ilich, quien propuso entonces a Fitzpatrick y a Fax que me llevasen a Nueva York.

En mis andanzas y visitas a los diferentes centros que mantenían en distintas zonas de Nueva York, pude comprobar, rever, comportamientos que expresaban las “mañas” necesarias de los oprimidos. Vi y oí en Nueva York cosas que eran “traducciones”, no sólo lingüísticas, naturalmente, sino sobre todo emocionales, de mucho de lo que oyera en Brasil y de lo que más recientemente venía oyendo en Chile. La razón de ser del comportamiento era la misma, pero la forma, lo que yo llamo el “ropaje”, y el contenido eran otros.

Hago referencia a uno de esos casos en la 'Pedagogía del oprimido', pero no vendrá mal tratarlo ahora en forma más amplia. En una sala, participantes del grupo, negros y puertorriqueños. La educadora apoya en el brazo de una silla una foto artística de una calle, la misma en una de cuyas casas nos encontrábamos y en cuya esquina había casi una montaña de basura.

¿Qué vemos en esta foto? -preguntó la educadora.

Hubo un silencio como siempre hay, no importa dónde y cuándo hagamos la pregunta. Después, enfático, uno de ellos:

Vemos ahí una calle de América Latina.

Pero -dijo la educadora- hay anuncios en inglés… Otro silencio cortado por otra tentativa de ocultar la verdad que dolía, que hería, que lastimaba.

O es una calle de América Latina y nosotros fuimos allá y les enseñamos inglés, o puede ser una calle de África.

¿Por qué no de Nueva York? -preguntó la educadora.

Porque somos EEUU y no podemos tener eso ahí –y con el dedo señalaba la foto. Después de un silencio más prolongado otro habló y dijo, con dificultad y dolor pero como si se quitase de encima un gran peso:

Tenemos que reconocer que ésa es nuestra calle. Aquí vivimos-. Al recordar ahora aquella sesión, tan parecida a tantas otras en que participé, al recordar cómo los educandos se defendían en el análisis, en la “lectura” de la codificación (foto), procurando ocultar la verdad, vuelvo a oír lo que meses antes había oído de Erich Fromm en Cuernavaca, en México. “Una práctica educativa así -me dijo en el primer encuentro que tuvimos por mediación de Iván Ilich y en que le hablé de cómo pensaba y hacía la educación- es una especie de psicoanálisis histórico, sociocultural y político.”

Sus palabras eran pertinentes, eran confirmadas por la afirmación de uno de los educandos, con que los demás concordaban:

“ésa es una calle de América Latina, fuimos allá y les enseñamos inglés”, o “es una calle de África”, “somos EEUU y no podemos tener eso ahí”. Dos noches antes había asistido a otra reunión, con otro grupo también de puertorriqueños y negros en que la discusión giró en torno a otra foto excelente. Era un montaje que representaba Nueva York en cortes. Había seis planos o más, relativos a las condiciones económicas y sociales de las diferentes zonas de la ciudad.

Después de entendida la foto, la educadora preguntó al grupo en qué plano se situaban ellos. En un análisis realista, el grupo posiblemente ocuparía la penúltima posición indicada en la foto. Hubo silencios, susurros, cambios de opinión. Finalmente vino la manifestación del grupo. Su lugar era el tercer nivel empezando de arriba …

De regreso al hotel, silencioso, al lado de la educadora que manejaba su carro, continuaba pensando en las reuniones, en la necesidad fundamental que tienen los individuos expuestos a situaciones semejantes mientras no se asumen a sí mismos como individuos y como clase, mientras no se comprometen, mientras no luchan, de negar la verdad que los humilla. Que los humilla precisamente porque introyectan la ideología dominante que los perfila como incompetentes y culpables, autores de sus fracasos cuya razón de ser se encuentra en cambio en la perversidad del sistema.

Pensaba también en algunas noches antes cuando, traducido por Carmen Hunter, una de las más competentes educadoras estadounidenses ya en aquella época, hablé por primera vez largamente sobre la 'Pedagogía del oprimido', que sólo quedaría definitivamente terminada al año siguiente. Yo omparaba las reacciones de los educandos en aquellas dos noches con las de algunos presentes en mi charla, educadores y organizadores de comunidad. El “miedo a la libertad” marcaba las reacciones en las tres reuniones. La fuga de lo real, la tentativa de domesticarlo mediante el ocultamiento de la verdad. Ahora mismo, recordando hechos y reacciones ocurridos hace tanto tiempo, me viene a la memoria algo muy parecido a ellos en que también participé. Una vez más la expresión de la ideología dominante, diría incluso -repitiendo lo dicho en la Pedagogíala expresión del opresor, “habitando” y dominando el cuerpo semivencido del oprimido.

Estábamos en pleno proceso electoral para las elecciones de gobernador del estado de Sao Paulo, en 1982. Luiz Inácio Lula da Silva, Lula, era el candidato del Partido de los Trabajadores y yo participé, como militante del partido, en algunas reuniones en áreas periféricas de la ciudad; no en grandes actos políticos, para los cuales me siento demasiado incompetente, sino en reuniones en salones de clubes recreativos o de asociaciones de barrio. En una de esas reuniones un obrero de unos 40 años habló para criticar a Lula y oponerse a su candidatura. Su argumento central era que no podía votar por alguien igual a él. “Lula :-decía el obrero convencido-, igual que yo, no sabe hablar. No tiene el portugués que se precisa para ser gobierno. Lula no tiene estudios. No tiene lecturas. Y hay más, si Lula gana qué va a ser de nosotros, qué vergüenza para todos nosotros si la reina de Inglaterra viene aquí de nuevo. La mujer de Lula no está en condiciones de recibir a la reina. No puede ser primera dama.”

En Nueva York el discurso ocultador, buscando otra geografía donde poner la basura que subrayaba la discriminación padecida por los discriminados, era un discurso de autonegación, así como de autonegación de su clase era el discurso del obrero que se negaba a ver en Lula, por ser éste obrero también, una contestación al mundo que lo negaba. En la última campaña electoral para presidente, la nordestina que trabajaba con nosotros en nuestra casa votó por Collor en el primer turno y en el segundo y nos dijo, con absoluta certeza:

“No había por quién votar”.

En el fondo debía estar de acuerdo con mucha gente elitista de este país para quienes no se puede ser presidente si se dice menas gente. En último análisis, decir menas gente revela que uno es menos gente.

*

Visité Chile dos veces durante el gobierno de la Unidad Popular y solía decir, en Europa y en EEUU, que quien quisiera tener una idea concreta de la lucha de clases, expresándose en las más variadas formas, tenía que visitar Chile. Sobre todo quien quisiera ver, casi tocar, las tácticas con que luchaban las clases dominantes, la riqueza de su imaginación para alcanzar mayor eficacia en el sentido de resolver la contradicción entre poder y gobierno. Es que el poder, como trama de relaciones, de decisiones, de fuerza, seguía estando proponderantemente en sus manos, mientras que el gobierno, gestor de políticas, estaba en manos de las fuerzas opuestas a ellas, de las fuerzas progresistas. Era preciso entonces superar la contradicción de modo que el poder y el gobierno volvieran a ellas. El golpe fue la solución.

El Movimiento Independiente Revolucionario, MIR, nace en Concepción, constituido por jóvenes revolucionarios que no estaban de acuerdo con lo que les parecía una desviación del Partido Comunista, la de “convivir” con dimensiones de la “democracia burguesa”. Fue así que, ya durante el gobierno de la Unidad Popular, el MIR desarrolló un intenso trabajo de movilización y organización, ya en sí pedagógico-político, al que se sumó una serie de proyectos educativos en las áreas populares.

En 1973 tuve oportunidad de pasar una noche con la dirigencia de la población de Nueva Habana que por el contrario, tras obtener lo que reivindicaba, sus viviendas, continuaba activa y creadora, con un sinnúmero de proyectos en el campo de la educación, la salud, la justicia, la seguridad, los deportes. Visité una serie de viejos ómnibus donados por el gobierno, cuyas carrocerías, transformadas y adaptadas, se habían convertido en bonitas y arregladas escuelas que atendían a los niños de la población. Por la noche esos ómnibus-escuela se llenaban de alfabetizandos que aprendían a leer la palabra a través de la lectura del mundo. Nueva Habana tenía futuro, aunque incierto, y por eso el clima que la envolvía y la pedagogía que en ella se experimentaba eran los de la esperanza. Hasta hoy tengo bien vivos en la memoria fragmentos de discursos de campesinos, de afirmaciones, de expresiones de legítimos deseos de mejorar, de un mundo más bonito o menos feo, menos duro, en el que se pudiese amar -el sueño también del Che Guevara.

Chile: El poder al pueblo

Me parece importante llamar la atención en este punto sobre algo en lo que hice hincapié en la 'Pedagogía del oprimido': la relación entre la claridad política de la lectura del mundo y los niveles de compromiso en el proceso de movilización y de organización para la lucha, para la defensa de los derechos, para la reivindicación de la justicia.

Los educadores y las educadoras progresistas tienen que estar atentos en relación con este dato, en su trabajo de educación popular, porque no sólo los contenidos sino las formas de abordarlos están en relación directa con los niveles de lucha mencionados más arriba. Una cosa es trabajar con grupos populares que se experimentan como lo hacían aquellos campesinos aquella noche, y otra trabajar con grupos que aún no han logrado “ver” al opresor “fuera” de ellos mismos. Este dato sigue vigente hoy. Los discursos neoliberales, llenos de “modernidad”, no tienen fuerza suficiente para acabar con las clases sociales y decretar la inexistencia de intereses diferentes entre ellas, como no tienen fuerza para acabar con los conflictos y la lucha entre ellas. Lo que ocurre es que la lucha es una categoría histórica y social. Tiene, por lo tanto, historicidad. Cambia de tiempo-espacio a tiempo-espacio. La lucha no niega la posibilidad de acuerdos, de arreglos entre las partes antagónicas. En otras palabras, los arreglos y los acuerdos son parte de la lucha, como categoría histórica y no metafísica.

Hay momentos históricos en que la supervivencia del todo social, que interesa a las clases sociales, les plantea la necesidad de entenderse, lo que no significa que estemos viviendo un tiempo lluevo, vacío de clases sociales y de conflictos.

*

En el mes de agosto de 1973 recibí una llamada de Buenos Aires. Era el jefe de gabinete del doctor Taiana, ministro de Educación. Me dijo que el propio ministro quería hablarme. “Profesor Freire -me dijo el doctor Taiana-, tendríamos mucho gusto si usted aceptase nuestra invitación de venir a Buenos Aires lo más pronto posible. Sería muy bueno, por ejemplo, entre fines de este mes y comienzos de septiembre.”

Era una época ya comprometida con unos encuentros promovidos por el Consejo Mundial de Iglesias a los que no podía faltar. La visita quedó organizada entonces para noviembre de 1973 luego que ajustáramos algunas exigencias que yo hacía para ir. No trabajar de noche era una de ellas. Aprovechar todo lo posible parte de esas noches escuchando tango era otra. El ministro cumplió lo pactado. Trabajé mucho pero escuché mucho tango en dos noches de Buenos Aires.

Mi presencia de una semana en Buenos Aires se repartió entre dos encuentros de cuatro horas cada uno con los rectores de todas las universidades públicas del país, un encuentro de un día con todos los equipos técnicos del Ministerio, una reunión con un grupo popular en una zona periférica de Buenos Aires, y finalmente una trasnochada con militantes políticos en la que discutimos lo que estaba sucediendo en el país.

Realmente me sorprendió el ímpetu innovador con que las universidades se estaban entregando al esfuerzo de reinventarse. En todos los aspectos de la experiencia de cada una de ellas había algo que observar. Tanto en la actividad docente como en la investigación, donde trataba de evitarse cualquier dicotomía que en el fondo perjudica a ambas, así como en la extensión. En gran parte de ellas, si no en todas, se buscaba igualmente innovar en la llamada extensión, que, en vez de limitarse a una visita puramente asistencial de la universidad a las zonas populares, se estaba transformando en un medio a través del cual la universidad buscaba encontrarse con los movimientos sociales y los grupos populares. Y ese encuentro se estaba dando también en la intimidad de la universidad y no sólo en las zonas populares.

Recuerdo que discutíamos bastante sobre la cuestión política, así como sobre la cuestión epistemológica involucrada en este problema. La decisión política, de carácter progresista pero que jamás debería explayarse en populismo, de colocar a la universidad también al servicio de intereses populares y la necesaria implicación -en la práctica- de una comprensión crítica sobre cómo debe relacionarse la ciencia universitaria con la conciencia de las clases populares. En el fondo, la relación entre sabiduría popular, sentido común y conocimiento científico.

No tenía dudas, como no las tengo hoy, de que cuando pensamos en términos críticos en universidad y clases populares de ningún modo estamos admitiendo que la universidad deba cerrar sus puertas a la preocupación rigurosa que debe tener con relación a la investigación y a la docencia. No forma parte de la naturaleza de su relación o de su compromiso con las clases populares la falta de rigor o la incompetencia. Por el contrario, la universidad que no lucha por un criterio más riguroso, por más seriedad en el ambiente de la investigación así como en el de la docencia -siempre indicotomizables-, no podrá aproximarse seriamente a las clases populares ni comprometerse con ellas.

En el fondo, la universidad debe girar en tomo de dos preocupaciones fundamentales de las que se derivan otras y que tienen que ver con el ciclo del conocimiento. Éste, por su lado, cuenta tan sólo con dos momentos que se relacionan permanentemente: uno es el momento en que conocemos el conocimiento existente, ya producido, y el otro es aquel en que producimos el conocimiento nuevo. Aun cuando insista en la imposibilidad de separar mecánicamente estos dos momentos, aunque enfatice que son momentos de un mismo ciclo, me parece importante destacar que el momento en que conocemos el conocimiento existente es preponderantemente el de la docencia, el de enseñar y aprender contenidos, y el otro, el de la producción del nuevo conocimiento, es preponderantemente el de la investigación.

En realidad, empero, toda docencia implica investigación y toda investigación implica docencia. No existe verdadera docencia en cuyo proceso no haya investigación como pregunta, como indagación, como curiosidad, creatividad, así como no existe investigación en cuya marcha no se aprenda necesariamente porque se conoce y no se enseñe porque se aprende.

El papel de la universidad, sea ésta progresista o conservadora, es vivir con seriedad los momentos de este ciclo. Es enseñar, es formar, es investigar. Lo que distingue a una universidad conservadora de una progresista jamás puede ser el hecho de que una enseña e investiga y la otra no hace nada. Las universidades con cuyos rectores estuve trabajando aquellas ocho horas en 1973, en Buenos Aires, estaban convencidas de esto. Ninguna de ellas estaba pretendiendo reducir su propia democratización al tratamiento simplista del saber. No era eso lo que les interesaba, sino disminuir la distancia entre la universidad o lo que en ella se hace y las clases populares, sin pérdida de la seriedad y el rigor.

Otro aspecto al que los rectores y sus asesores prestaron igual atención, en el campo de la docencia, fue la búsqueda de una comprensión interdisciplinaria y no puramente disciplinaria de la enseñanza. Departamentos de diferentes facultades ensayaban trabajos así en el intento de superar las visiones fragmentadas a las que sometemos a la realidad y en las que, no pocas veces, nos perdemos. Sin embargo, no todo eran rosas. Las reacciones obvias partían de los sectarios que, enraizados en su verdad, jamás pueden admitir nada que la haga tambalear. Sectarios de derecha o de izquierda -iguales en su capacidad de odiar lo diferente-, intolerantes, propietarios de una verdad de la que no se puede dudar siquiera ligeramente, cuanto más negar.

Este proceso con el que conviví una semana era tan bonito como frágil y amenazado. En ninguna de las reuniones en las golpe que se gestaba, tanto es así que en Chile me “tropecé” con el golpe en las esquinas de las calles, en junio de 1973. En una de las reuniones que tuve con los técnicos del Ministerio, por ejemplo, había un policía infiltrado que hasta me hizo preguntas provocativas. Luego de los trabajos, uno de los educadores me comunicó el hecho entre sorprendido e irritado. Hablé con el coordinador, que me respondió que eso no tendría ninguna consecuencia. Aun cuando lo que los educadores y las educadoras conversaban conmigo era de público conocimiento, la presencia del policía significaba más que lo que él pudiese hacer con nuestro diálogo. Su presencia revelaba el desequilibrio entre el poder y el gobierno. Al fin y al cabo, aquélla era una reunión oficial, patrocinada por el gobierno, convocada por el Ministerio de Educación, y aun así los órganos de represión tenían el poder de infiltrarse y vigilarla. Era como si y en realidad era así las fuerzas reaccionarias que comandaban el país hubiesen permitido el regreso de Perón por una razón táctica pero ejerciesen una rigurosa vigilancia sobre su gobierno.

Creo que no faltaría a la verdad si dijese, ahora que el tiempo ha pasado, que en ninguna de aquellas reuniones de trabajo en las que participé, incluyendo las que tuve con militantes políticos, no hubo nadie que concordase conmigo en ninguna de mis observaciones. A veces decían, en el mejor estilo de los chilenos en el comienzo del gobierno de la democracia cristiana, que yo aún presentaba secuelas de los traumas causados por el golpe brasileño de 1964. Cuanto más avanzaban en sus programas, respondiendo a la curiosidad popular y estimulándola, ya se tratase de programas desarrollados en las universidades o procesados en las zonas populares, tanto más se aprontaban y preparaban el desenlace final, atentas, las fuerzas del golpe.

En mis conversaciones expresé mi seria preocupación por la propia supervivencia de por lo menos parte de ellos. De aquellos y de aquellas cuya participación política fuese o estuviese siendo más visible, cuya práctica estuviese notoriamente más ligada a las que participé dejé de expresar mis preocupaciones ni de sugerir tácticas coherentes con el sueño estratégico progresista que los animaba. Siempre les decía que era necesario que fueran mañosos y astutos como las serpientes. Y ellos me miraban con ojos y caras asustadas frente a lo que les parecían advertencias infundadas.

Algunos de ellos no entendían y hasta reaccionaban molestos cuando les decía que para mí había una gran distancia entre lo que ellos hacían en el país, a nivel de educación, de cultura, de los movimientos sociales populares, del discurso, y las bases reales de su gobierno. No es que no debiesen hacer más que algo, debían hacer mucho. Pero era necesario estar con los ojos muy abiertos en relación con aquel problema.

No me parecía necesario tener la sensibilidad aguzada y la sabiduría de un buen analista político para descubrir en el aire el golpe que se gestaba, tanto es así que en Chile me “tropecé” con el golpe en las esquinas de las calles, en junio de 1973. En una de las reuniones que tuve con los técnicos del Ministerio, por ejemplo, había un policía infiltrado que hasta me hizo preguntas provocativas. Luego de los trabajos, uno de los educadores me comunicó el hecho entre sorprendido e irritado. Hablé con el coordinador, que me respondió que eso no tendría ninguna consecuencia. Aun cuando lo que los educadores y las educadoras conversaban conmigo era de público conocimiento, la presencia del policía significaba más que lo que él pudiese hacer con nuestro diálogo. Su presencia revelaba el desequilibrio entre el poder y el gobierno. Al fin y al cabo, aquélla era una reunión oficial, patrocinada por el gobierno, convocada por el Ministerio de Educación, y aun así los órganos de represión tenían el poder de infiltrarse y vigilarla. Era como si –y en realidad era así-las fuerzas reaccionarias que comandaban el país hubiesen permitido el regreso de Perón por una razón táctica pero ejerciesen una rigurosa vigilancia sobre su gobierno.

Creo que no faltaría a la verdad si dijese, ahora que el tiempo ha pasado, que en ninguna de aquellas reuniones de trabajo en las que participé, incluyendo las que tuve con militantes políticos, no hubo nadie que concordase conmigo en ninguna de mis observaciones. A veces decían, en el mejor estilo de los chilenos en el comienzo del gobierno de la democracia cristiana, que yo aún presentaba secuelas de los traumas causados por el golpe brasileño de 1964. Cuanto más avanzaban en sus programas, respondiendo a la curiosidad popular y estimulándola, ya se tratase de programas desarrollados en las universidades o procesados en las zonas populares, tanto más se aprontaban y preparaban el desenlace final, atentas, las fuerzas del golpe. En mis conversaciones expresé mi seria preocupación por la propia supervivencia de por lo menos parte de ellos. De aquellos y de aquellas cuya participación política fuese o estuviese siendo más visible, cuya práctica estuviese notoriamente más ligada a las clases populares o a aquellos y aquellas de quienes el servicio represivo estuviese creando un perfil con trazos más cargados. Lamentablemente mis advertencias tenían una razón de ser.

El golpe vino luego de la muerte de Perón, violento, malvado, y algunos de los amigos que no creían válidos mis análisis tuvieron que dejar el país a toda prisa y a escondidas mientras que otros, desgraciadamente, desaparecieron para siempre.

A ellos y a ellas, y a todos los que en América Latina, en América Central, en el Caribe y en África, cayeron en la pelea justa, presento mi homenaje respetuoso y amoroso en esta Pedagogía de la esperanza en la que revivo la 'Pedagogía del oprimido'.

contrahegemoniaweb.com.ar

Texto completo en: https://www.lahaine.org/bK5z

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Pintada en París

9 January, 2019 - 00:00

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La obediencia

9 January, 2019 - 00:00

Félix Carrasquer

Solemos suponer que el concepto antitético de la libertad es la tiranía, lo que no es descabellado, pero no podría haber tiranía ni autoridad en su amplísima gama sin la actitud resignada de obediencia. Obedecer no es solamente actuar al dictado de otro; implica además renunciar de la propia iniciativa y un sometimiento que nos acostumbra a la pereza mental y a un cierto grado de amorfismo, en consecuencia. Analizado el hábito de obedecer desde esta perspectiva se nos presenta como un ademán de funestísimas consecuencias, puesto que hace al sujeto siervo de una voluntad ajena en lamentable detrimento de la formación de su propia personalidad.

Sin embargo, se nos dirá: ¿Los que no obedecen, en la infancia muy especialmente, no acabarán siendo unos díscolos o inadaptados? Desgraciadamente así piensan demasiadas personas moldeadas por la costumbre y el autoritarismo imperante. Si obedecer implica sumisión y actuar sin intervención del yo inteligente, las actividades o gestos del sujeto son meramente automáticos, y exentos, por ello, de la motivación que estimula y les proporciona interés. Y si obedecer dificulta la estructuración de la personalidad y hace al individuo proclive a la indiferencia y la pereza, la obediencia será mucho más nociva para los jóvenes que están en el delicado período de organizar su mente y vitalizar su sentido crítico, que es lo más valioso que los seres humanos atesoramos para distinguir lo conveniente de lo morboso y lo exacto de lo erróneo. Nunca es beneficioso obedecer; pero cuando el sometimiento hace más daño es durante la infancia.

Al argumentar de este modo se nos replica que los niños vienen al mundo ignorándolo todo y que, por lo mismo, tienen que aprender cuanto el estatuto de su grupo practica: idioma, higiene elemental, trato con los demás, intercambio en dar y tomar afectos, cosas, etc. Nada más exacto, aunque ninguna de esas actitudes o aprendizajes precisa del rígido mandato de los mayores ni la servil obediencia de los pequeños para ser aprendidas. El idioma, por ejemplo, una de las adquisiciones más difíciles y que es indubitablemente lo más peculiar de los humanos, lo vienen enseñando las madres desde el paleolítico con la naturalidad más amable y sencilla. En esa práctica ancestral tenemos el mejor paradigma para darnos cuenta de que todo puede lograrse por el diálogo espontáneo y por el amor. Los niños, en tres o cuatro años, aprenden miles de palabras para adaptarse a su cultura y lo hacen motivados por su curiosidad, repitiendo lo que les dicen y contentos de poder ir asimilando el vehículo instrumental que utilizan los mayores. En ese actuar de asimilación imitativa no hay obediencia, sino interés y ganas auténticas de superar estadios.

Examinemos otra adquisición que se logra simultáneamente al lenguaje: la higiene, primaria y elemental.

Si la madre o quien se ocupe del bebé le enseña a controlar sus micciones con explicaciones sencillas y cariñosas, el pequeño aprende a inhibirse en edad adecuada y en la alegría de haberlo conseguido reside su afán de ir remontando otras adaptaciones. Por el contrario, si la madre es ansiógena y, subconscientemente, autoritaria, pueden ocurrir dos cosas: que el hijo aprenda por repetición impositiva, adicionando a su carácter funestos nerviosismos y rebeldías, que pueden dejar huella para toda la vida, o que el disgusto que va almacenando por la imposición, lo vuelvan testarudo y no logre el dominio de sus esfínteres hasta edad retrasada, lo que es muy corriente, siendo estos malos hábitos los que dejan en la persona vestigios de inadaptación. El abandono, sin embargo, es asimismo nocivo; lo que significa que, si la obediencia es perjudicial para organizar el carácter, no es menos malo el abandono que lleva implícito el desafecto y la irresponsabilidad de los mayores.

Todos los otros intercambios entre los niños de cualquier edad y la comunidad en que se mueven, pueden hacerse con la misma espontánea cordialidad que la que hemos señalado para la adquisición del lenguaje; aunque en este prolongado período, el lugar central y el que más influye en la formación de los jóvenes es la escuela, desde el jardín de infancia hasta la universidad. Considerando a los niños seres menguados que tienen que aprender aquello que los profesores les dicten, la escuela reclama en primer término la disciplina, sea, obligar a los chicos a que hagan lo que no les interesa o a menudo rechazan. En tal actitud hay una buena parte de rutina y otra de miedo a la juventud dispuesta siempre a eliminar barreras y a introducir alentadoras innovaciones. Por ese temor que viene de muy lejos, las prácticas de las iniciaciones arcaicas y la disciplina de las escuelas modernas se han planificado y calculado expresamente para matar la curiosidad infantil e ir socavando su sentido crítico. Cuanto representa esta praxis secular es difícil de imaginar; aunque a ello supone frenar el progreso científico y sobremanera el psicosocial, retrasando así el valor ético de los individuos y la solidaridad entre los pueblos.

Las repeticiones estereotipadas de la rutina nos dicen que sin disciplina ni autoridad los muchachos no harían nada y sólo lograríamos fomentar el gamberrismo y el caos social. Todos sabemos que es cierto el proverbio «más se alcanza con miel que con hiel» y, no obstante, por pereza mental seguimos uncidos al marchamo cansino de una supina tradición. Desde Pestalozzi, Decroly, Ferriere, Tolstoy, Ferrer, Dewey, Freinet y tantos otros, sabemos experimentalmente que la autoridad escolar es además de innecesaria, nociva, y que a mayor libertad en los centros educativos, mayor rendimiento en el aprendizaje, y algo que es muchísimo más importante, más alegría y cooperación entre los alumnos.

No nos sustraemos a recordar positivas realizaciones producidas en un período tan esperanzador, aun dentro de los horrores de la guerra, como los ensayos revolucionarios, educativos y económicos realizados de 1936 a 1939, en la zona antifascista.

Tanto en la Escuela instalada en la ciudad, como en el Internado para adolescentes, en zona rural, no había el menor indicio de autoridad; los muchachos opinaban, discutían y decidían responsablemente. Insisto en lo de la responsabilidad, porque en el internado se desarrollaban diferentes trabajos que eran realizados con igual satisfacción e interés que la parte didáctica. Y si aquellos niños, en la ciudad, y los jóvenes en las zonas rurales, pudieron desenvolverse con libertad y eficacia en un modelo de autogestión, lo mismo podrían hacer todos los niños de la Tierra, si padres y maestros supieran sacudirse el influjo de la rutina, y comprendiesen que la libertad y el respeto mutuo son el mejor camino para educar y propi-ciar el bienestar de los pueblos.

Deliberadamente, y puesto que ahondar en ejemplos y evidencias que apoyarían nuestros argumentos merecería un espacio del que no disponemos, solo es oportuno señalar los bien recientes, dramáticos y brutales episodios del Golfo Pérsico, y aún de otras áreas geográficas, donde la ambición, el afán de dominio y sometimiento, por la vía de la disciplina y la obediencia, han situado a los considerados dirigentes políticos, económicos y espirituales del mundo en niveles de tal brutalidad, de la que los seres más feroces y primarios de la escala zoológica se sentirían avergonzados.

Es innegable que en el influjo de la jerarquización está el motor de la discordia humana, que los fantasmas de las religiones fomentarán el miedo, pero también es cierto que en el mecanismo reiterado del obedecer radica la praxis que sostiene todo régimen despótico y su prolongación en el tiempo. ¿Quién iría a la guerra, tanto para asesinar como para ser asesinado, sin un previo entrenamiento de resignación y ciega obediencia?

Por esa actitud de obedecer toda orden exponemos la vida absurdamente, aceptamos la explotación más o menos encubierta, y renunciamos a la auténtica cultura y al placer de vivir y convivir en un mundo proyectado a propiciar la felicidad de todos los seres, y a garantizar, al menos, su sustento, su educación y su libertad.

Publicado en Polémica, n.º 45, abril-mayo 1991

Fuente: https://revistapolemica.wordpress.c...

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Sudán del Sur es hoy el mayor desastre político y humanitario de África. Y podría ir a peor

8 January, 2019 - 00:00

The Conversation

Sudán del Sur es posiblemente el estado más inestable del mundo: la falta de un legado institucional (su creación se remonta al año 2011) hace que todos los indicadores políticos, de seguridad, económicos y sociales se hayan deteriorado en medio de un conflicto civil. Con el desgaste de la legitimidad del estado, el número de grupos armados y milicias tribales ha aumentado rápidamente y ya existen más de 40 grupos de este tipo.

Una consecuencia del conflicto prolongado es que Sudán del Sur (un país con más de 13 millones de habitantes) ha pasado a ser una de las mayores fuentes de refugiados del mundo en la actualidad. Hay aproximadamente 2,5 millones de personas buscando refugio en los países colindantes y otras 1,85 millones de personas desplazadas dentro del país. Casi 7 millones de personas (el 60% de la población antes de la crisis) están en peligro de hambruna e inseguridad alimentaria grave.

La economía casi ha colapsado con una inflación anual que fluctúa entre el 100 y el 150%. Los conflictos entre las diferentes comunidades han creado una ruptura social y han acabado con la cohesión social. Muchas comunidades se han replegado en grupos étnicos cerrados, algo que amenaza la unidad nacional y que cada día va a más por culpa de los conflictos.

Sin embargo, el fracaso de la élite que gobierna el país a la hora de aceptar la diversidad del país y de separar el poder y los recursos también tiene parte de la culpa.

Para conseguir reorientar el país hacia la paz y la unidad, es necesario resucitar el Acuerdo para la Resolución del Conflicto en Sudán del Sur firmado en 2015. La firma del acuerdo de paz revitalizado en septiembre de 2018 da nuevas esperanzas para devolver la paz a Sudán del Sur aunque sigue habiendo serias dudas sobre su viabilidad. A esto hay que añadir la finalización de la creación de las fuerzas de protección regionales.

La inestabilidad todo lo domina

Sudán del Sur tiene que hacer frente a muchos problemas graves que son la causa de su inestabilidad. El problema más serio es la permanente insurgencia en la que ninguna de las partes involucradas en el conflicto puede imponer su voluntad de forma militar.

En medio de todo esto existe una hambruna provocada por las consecuencias de estas acciones y el colapso de la producción alimentaria y económica que ha tenido como resultado desplazamientos en masa de población dentro y fuera de las fronteras del país. Otra consecuencia del conflicto es la violación de los derechos humanos, incluyendo crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

La desintegración de las instituciones de seguridad ha hecho que el país se vea imposibilitado de proteger las vidas y las propiedades humanas. No solo eso, sino que ha pasado a ser un origen clave de violencia e inestabilidad. La degradación de la presencia del gobierno en las zonas rurales y su retirada a Juba, la capital del país, ha hecho que muchos críticos opinen que Sudán del Sur ha pasado a ser una mera ciudad-estado.

Esta retirada ha creado amplias zonas sin gobierno en las que los insurgentes, la milicia y lo que queda de las fuerzas armadas miden sus fuerzas de forma constante. Durante el proceso, los civiles se han convertido en las víctimas, sobre todo por motivos étnicos.

Pero este "conflicto nacional" es el resultado de una cornucopia de conflictos preexistentes entre los que se incluyen conflictos sobre recursos naturales como tierras, pastizales, agua y ganado. Además, la cultura de venganza violenta ha reemplazado al sistema retributivo tradicional y muchas veces los niños son el blanco de dichas venganzas.

Estamos ante un gran número de retos devastadores que juegan en contra de la estabilidad en el país y de los esfuerzos por la paz y nos ofrecen una imagen muy poco alentadora de lo que le espera en el futuro a la gente de Sudán del Sur. Las malas noticias es que la situación podría empeorar si el reciente acuerdo de paz sufre el mismo destino que el acuerdo de paz de 2015.

Así están empeorando las cosas

Existe una amenaza real de que Sudán del Sur pueda volver a ser una entidad sin estado si el acuerdo de paz actual vuelve a fracasar. A esto le seguiría un periodo de muertes masivas por la hambruna y conflictos. El amplio territorio sin gobierno también supondría un vació en cuanto a seguridad regional.

El país podría desintegrarse en una anarquía permanente caracterizada por:

Degeneración del status quo en caos, anarquía, falta de leyes, oclocracia o gobierno de la turba. A esto le acompañaría la constante fragmentación de los grupos políticos y étnicos y la supervivencia dependería totalmente de la fuerza de cada uno. Las comunidades más débiles se verían obligadas a huir o serían eliminadas.

Incapacidad de pagar los salarios de los funcionarios, jueces y otros organismos conciliadores, lo que tendría como resultado un cierre completo del gobierno.

Posibilidad de que los poderes regionales intervengan en las fuerzas militares a favor de una o varias facciones, lo que aumentaría la intensidad, el alcance y la duración de la violencia. Todo esto haría que la guerra fuera irresoluble.

Desintegración de la situación económica haciendo que el comercio, la transferencia de capitales y el mantenimiento de las infraestructuras sean inviables. Como resultado, la milicia y el resto de fuerzas de seguridad incrementarían sus prácticas de extorsión.

La solución de cara al futuro

Existen varias soluciones posibles y la sociedad de Sudán del Sur puede estabilizarse. Sin embargo, esto requeriría un gran esfuerzo por parte de muchos frentes diferentes.

Primero hace falta un alto al fuego. El nuevo acuerdo de paz de 2018 ofrece un marco y unas condiciones mínimas para que ocurra. En este acuerdo sale ganando el gobierno con una oposición debilitada, fraccionada y con una fuerte sensación de inseguridad. Sin embargo, su éxito depende de la aparición de una nueva generación de líderes capaces de transformar este acuerdo en una oportunidad para crear un espacio cívico libre de violencia.

El despliegue de los 4.000 miembros de las Fuerzas de Protección Regionales sería una parte esencial de dichos esfuerzos y puede que sea necesario aumentar el tamaño de las fuerzas. Esta externalización temporal de las fuerzas de seguridad puede crear un ambiente que permita el éxito de otros aspectos de la estabilización.

Los esfuerzos de estabilización también requerirán una dirección estratégica desde lo más alto. Si el nuevo acuerdo de división de poderes bajo el liderazgo conjunto de Salva Kiir y Riek Machar vuelve a fracasar en su intento de facilitar la transición a la democracia, el gobierno perdería su legitimidad. Por lo tanto, la instalación de una autoridad política generalizada y de carácter público sería crítica para promover la estabilidad y sentar las bases para una transición democrática.

Estos acuerdos deberían estar acompañados de una estrategia de salida negociada de los actuales líderes políticos.

Teniendo en cuenta las deficiencias de capacidad y la falta de confianza en secciones de la clase política de Sudán del Sur, un acuerdo híbrido podría ser la ruta preferida a seguir. Dicha agenda estaría compuesta por tecnócratas de Sudán del Sur libres de corrupción y la mediación conjunta de la Unión Africana y las Naciones Unidas para gestionar Sudán del Sur hacia una transición democrática viable.

Sudán del Sur podría aprender de las experiencias en Liberia y Burundi en cuanto a sus esfuerzos para rediseñar y transformar las instituciones de seguridad. En Liberia, fuerzas de seguridad extranjeras fueron invitadas a gestionar el sector de la seguridad mientras se establecían las instituciones locales. Mientras que en Burundi, se introdujeron cuotas basadas en las diferentes etnias en las fuerzas de seguridad.

Con el predominio de una fuerte sensación de inseguridad en Sudán del Sur, la transición a la democracia será más fácil de obtener a base de controles y balances institucionales. Un fortalecimiento del profesionalismo, especialmente en el sector de la seguridad, también es vital. Con estas medidas se podría crear un ambiente de seguridad más propicio para fomentar el civismo en el gobierno y estabilizar Sudán del Sur mediante el estado de derecho.

También harían falta esfuerzos paralelos que se centren en salvar vidas y devolver la dignidad a la población. Además del profesionalismo en el sector de la seguridad, se deberían hacer esfuerzos enfocados a crear nuevos contratos sociales para restaurar la confianza en las instituciones públicas y fomentar la cohesión social.

The Conversation

Imagen: worldhumanitariansummit/Flickr

*Autor: Luka Kuol, profesor del Africa Center for Strategic Studies.***

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí: https://theconversation.com/why-sou...

Traducido por Silvestre Urbón.

Tomado de: https://magnet.xataka.com/en-diez-m...

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Historia sangrienta del paramilitarismo colombiano en Venezuela: Vacunas, secuestros y salvajes asesinatos

8 January, 2019 - 00:00

La guerra colombiana lleva casi 70 años, y pese al anuncio de pacificación del país, hay paces que no basta con decretarlas para que se materialicen. Son muchas las tragedias que contar en tantos años de violencia y sus vecinos venezolanos han sido salpicados por demasiadas. Una de ellas es el paramilitarismo, que nace a finales de los 70 como una organización de extrema derecha que combatirá con armas y estrategias de guerra, a la guerrilla de izquierda en la nación neogranadina.

Con el pasar de los años, los diferentes grupos paramilitares fundados en muchos casos por exmilitares y expolicías, se agruparon bajo un comando único denominado Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que equipados con armamento de última tecnología, motosierra en mano y alimentados por el dinero del narcotráfico, protagonizaron la más grande y sangrienta ola de desplazados en la historia de Suramérica. Se calcula que entre ocho y diez millones de colombianos fueron desplazados por la violencia en su país, según cifras de ACNUR.

La incursión de paramilitares en territorio venezolano era cuestión de tiempo, y en una frontera donde los ciudadanos y el territorio fue abandonado a su suerte por los gobiernos que han pasado por la Casa de Nariño, la violencia paramilitar se enseñoreó de varias regiones fronterizas y comenzó a practicar sus atrocidades en suelo venezolano.

Primeras incursiones

A finales de los 90 Venezuela comenzó a sufrir en carne propia los horrores del paramilitarismo. Muchos gobiernos venezolanos ya habían protagonizado combates con grupos irregulares que se escondían de su lado de la frontera, pero hasta ahora las prácticas paramilitares eran ajenas a la zona. El cobro de “vacuna” (pagar a cambio de seguridad), los secuestros, las amenazas y los salvajes asesinatos, comenzaron a ocurrir cada vez con mayor frecuencia.

Para finales del siglo XX, ya muchos paramilitares extorsionaban a terratenientes venezolanos y en algunos casos, mantenían vínculos estrechos de colaboración. Carlos Castaño, fallecido jefe de las AUC, señaló en 1997 que sostuvo reuniones con más de 140 empresarios ganaderos de los fronterizos estados Táchira, Barinas y Zulia.

Ya comenzado el siglo XXI, Venezuela vive el escandaloso caso del secuestro del empresario Richard Boulton, quien fue raptado junto a su esposa en una hacienda del central estado Carabobo y llevado a Colombia en su propia aeronave para quedar plagiado durante dos años por las AUC. El propio Carlos Castaño reveló en un mensaje la mediación que sobre el caso tuvo el delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja, George Comninos, quien recibió el aval del gobierno colombiano para la liberación del empresario. Finalmente la familia Boulton agradeció la mediación del presidente Hugo Chávez ante el gobierno del vecino país.

Guerra paramilitar contra Venezuela

En 2003 comienza a recrudecer el enfrentamiento de tropas paramilitares con efectivos de la Fuerza Armada Venezolana. Los fronterizos estados Táchira, Apure y Zulia, son los escenarios favoritos de las AUC que ven en los empresarios agropecuarios venezolanos, un botín nada despreciable. Es recordado el saqueo al pueblo “La Escuelita”, en Perijá, Zulia, donde cientos de paramilitares vestidos con insignias de tropas colombianas, arrasaron con todo a su paso.

Ese mismo año, se registraron varios enfrentamientos en la frontera entre paramilitares y soldados venezolanos, con bajas de lado y lado. Varios pueblos de Táchira fueron virtualmente tomados por las costumbres terroristas de grupos paramilitares. Tras los choques armados, los paramilitares entendieron que otra forma de agredir al gobierno venezolano, era penetrar en el propio territorio del país caribeño y sembrar el terror desde adentro.

El propio Castaño reveló que desde las AUC, se comenzó la formación de personal venezolano que se estaba armando contra el gobierno de su país. “Tenemos gente dictando instrucción en territorio venezolano. Mantenemos comunicación. Es un proceso de gestación”, dijo Carlos Castaño en una ocasión.

Finca Daktari

En un operativo sin precedentes en la historia reciente de Venezuela, la madrugada del 9 de mayo de 2004, organismos de seguridad del Estado dieron con el paradero de 150 paramilitares colombianos que se habían logrado infiltrar hasta el centro del país para matar al presidente de la República. El lugar de refugio y entrenamiento, era la Finca Daktari, propiedad de Robert Alonso, un opositor radical al gobierno de Hugo Chávez, que prestó su propiedad para tales propósitos.

Tras la captura y la confesión de muchos de los detenidos, se conoció que entre ellos se encontraban al menos tres reconocidos criminales que habían ganado fama por la práctica del sangriento “corte de corbata”, cruel método de persuasión que costó muchas vidas en Colombia.

Además del dueño de la finca, las investigaciones salpicaron a renombrados políticos venezolanos como Pedro Carmona Estanga, quien sumió el Golpe de Estado contra Chávez en 2002, el diputado Rafael Marín de Acción Democrática, Gustavo Ziig Machado, empresario encargado de la logística con los paramilitares y tiempo después se conoció que el jefe del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia, Rafael García, también estaba en conocimiento de la acción terrorista, tras descubrirse sus nexos con el paramilitarismo, que alcanzó al propio ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe.

Paramilitarismo en Caracas

“Y aunque a medio mundo le robó la plata, todos lo comentan, nadie lo delata”, dice una estrofa de la canción “Juanito Alimaña” inmortalizada por el cantante boricua, Héctor Lavoe. La frase puede emplearse perfectamente a la presencia, acción y consolidación de grupos paramilitares en diferentes barriadas caraqueñas, cuya presencia es un secreto a voces. Tras la desaparición forzada de las AUC y la muerte de Carlos Castaño, los grupos paramilitares se transformaron en bandas peligrosamente armadas (BACRIM) que controlan la actividad criminal, no sólo en Colombia, sino que también son material de exportación para Venezuela.

Sectores de la capital venezolana como Petare, El Valle, Antímano y El Cementerio, han sido tomados por el paramilitarismo que se ha dedicado, además de controlar el negocio de la droga y el crimen organizado, en bandas de choque que operan contra líderes de izquierda que caen asesinados selectivamente y que son adjudicados al hampa común.

El paramilitarismo sigue cobrando vidas de campesinos y luchadores por la tierra en suelo venezolano, se le ha vinculado con la muerte del joven diputado Robert Serra en 2014 y tiene sus manos metidas, según el gobierno de Venezuela, en los entrenamientos recibidos por quienes atentaron contra la vida del presidente Nicolás Maduro el 4 de agosto de 2018. Una que nuevamente cobra la vida de militares venezolanos con la reciente incursión de paramilitares en suelo venezolano el pasado 4 de octubre.

Fuente: https://prensarural.org/spip/spip.p...

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FMI: 73 años al servicio del capital

7 January, 2019 - 00:00

Se acaban de cumplir 73 años de la creación del Fondo Monetario Internacional, creado el 27 de diciembre de 1945, un año después de la creación de otro de los grandes monstruos del capitalismo económico, el Banco Mundial. Estas dos instituciones junto a la Organización Mundial del Comercio forman la santísima trinidad de la dominación capitalista en el plano económico.

El Fondo Monetario Internacional nació de los acuerdos de Breton Woods tras la II Guerra Mundial con el objetivo de crear un fondo de ayuda a los países participantes. Para ello propusieron facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional, impulsando la cooperación entre países y fomentando la estabilidad cambiaria. Qué bonito sonaba entonces cuando todos se las prometían muy felices. Sin embargo, el resultado hasta la fecha ha sido absolutamente devastador. Sólo con mirar el resultado de las actuaciones del FMI en países africanos (millones de personas muriendo literalmente de hambre), latinoamericanos (que se lo pregunten a Argentina o Bolivia por ejemplo) y asiáticos, sin olvidarnos de algunas naciones de Europa oriental (Lituania aún no ha levantado cabeza) y no tan oriental como Grecia, para darse cuenta de que esto no es lo que prometieron. En España no necesitan intervenir directamente, somos tan dóciles que acatamos sus recomendaciones a las primeras de cambio, sin más. Como todo órgano de dominación económica que se precie, la corrupción forma parte de su ADN y sólo hay que ver la retahíla de escándalos que se suceden entre sus directivos (los que se conocen claro) como nuestro insigne Rodrigo Rato a la cabeza. Además de los negocios entre dictaduras y directivos del FMI como los trapicheos que tenía montados Youssef Butros-Ghali, cuya vida laboral ha ido oscilando entre el FMI y el gobierno de Mubarak. Fruto de este sacrificado trabajo fue condenado por corrupción a treinta años de cárcel. Por supuesto, tras la caída de Mubarak, nada ha cambiado en Egipto y continúan bajo el yugo, renovado año tras año, del FMI.

Pero volvamos a nuestra historia. Rápidamente el FMI se convirtió en lo que es hoy en día: un potente instrumento de la dominación mundial de los Estados Unidos y, en consecuencia, de sus multinacionales y entidades financieras. La razón es muy sencilla, las decisiones en este organismo se realizan a través de votaciones de sus estados miembros (182 en total) y la cantidad de votos que cada país tiene va en función de su capacidad económica y sus aportaciones al fondo. ¿Parece lógico verdad? Siguiendo estos criterios EEUU tiene el 16.4% de los votos, países como Francia e Inglaterra poseen el 4.85% y España el 1.38% (esto representa nuestro poder real en la toma de decisiones en el organismo que regula el mundo económicamente hablando). Pero, ¿dónde está la trampa? Bien, cualquier decisión necesita un mínimo del 85% de los votos para ser aceptada esto implica que es imposible tomar una decisión sin los Estados Unidos. De ahí que lo que ellos dicen es lo que se hace.

La manera de actuar del FMI es a través de sus programas de ajuste, diseñados para lograr los objetivos arriba mencionados, no obstante, en los últimos cuarenta años la única cosa que han logrado (realmente es la única que querían lograr) es que los países del Sur sean solventes para seguir pagando su deuda externa y se vayan creando las condiciones adecuadas para que las grandes corporaciones los colonicen y expriman a sus anchas.

¿Cómo lo hacen?

Acuden al rescate de los países pobres con grandes sumas de dinero que ponen a su disposición a cambio de seguir unas normas que ellos estiman adecuadas para convertirlos en países prósperos. Podemos resumir esas normas de la siguiente manera:

Saneamiento del gasto público. Esto es muy fácil de conseguir, basta con reducir a la mínima expresión el gasto social total gracias al FMI no lo van a necesitar porque les va a hacer ricos.
Eliminación de subsidios productivos y reducción de aranceles. Esto es: no se puede subvencionar la producción autóctona (igualito que los EEUU o la UE) y no se debe gravar la importación. La consecuencia directa es la eliminación total de la economía local porque no puede competir con la extranjera.
Aumentar la presión fiscal. Tan sencillo como crear nuevos impuestos. La lógica es simple: como van a ser ricos tendrán que contribuir más.
Eliminación de barreras cambiarias. Así podemos sacar todas las divisas del país sin mayores problemas.
Estructura de libre mercado. Del libre mercado mejor ni hablamos, ya sabemos como acaba: monopolio total por parte de las multinacionales.
Desregulación del mercado de trabajo. Adiós a los derechos laborales, adiós al sindicalismo, adiós al empleo estable y de calidad.

Con todo esto se consigue que los países intervenidos por el Fondo Monetario Internacional se conviertan proveedores de mano de obra y materias primas a precio de ganga. Porque, al fin y al cabo, de eso se trata. De dominar. Las fachadas de principios que este tipo de instituciones se construyen de cara a la galería, caen por si solas casi tan rápido como se crean. A día de hoy, nadie cabal puede dudar del daño hecho por el FMI. Sin duda, culpable directo de la muerte de millones de personas y de la pobreza de muchísimos millones más.

Fuente: https://quebrantandoelsilencio.blog...

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Cambio de coche

7 January, 2019 - 00:00

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Sujeto político y estrategia en el movimiento de mujeres

7 January, 2019 - 00:00

Por un feminismo que no hable sólo de feminismo

Por Julia Cámara

Durante los últimos días, quienes participamos de los espacios del movimiento feminista y seguimos los debates teóricos de eso que viene a llamarse izquierda nos hemos visto asediadas por toda una serie de artículos y publicaciones que tratan de desentrañar cuál sería el sujeto político del feminismo. Aún con diferencias obvias, una no puede menos que señalar el irónico e irritante parecido que este conflicto tiene con el que nos ocupaba hace algunas semanas, a saber: la búsqueda, al más puro estilo Indiana Jones –épica, viril y heroica–, del sujeto político de la lucha de clases. Un apunte general debería ser válido para ambas polémicas: los sujetos precisan de la praxis, se constituyen en la lucha conjunta y a partir de las experiencias concretas compartidas. No existe identidad esencial alguna que reclamar sin la materialidad de las prácticas.

Varios de los argumentos esgrimidos en el debate sobre sujeto político son, en mi opinión, reduccionistas y problemáticos, y obvian muchos de los debates necesarios e incluso ya presentes en el movimiento (como la descolonización de nuestro feminismo o la articulación de alianzas con sectores laborales feminizados en lucha) para limitarlo todo a una o dos problemáticas. Plantean quizá ideas elementales que pueden encajar con presupuestos ideológicos de muchas mujeres, pero a costa de reducir planteamientos teóricos ricos y complejos en un par de frases tuiteables descargadas de todo potencial de comprensión y movilizatorio. Por el contrario, creo que debemos entender este debate como indisolublemente ligado al momento actual de crisis global y cambio sistémico, y al modo en que funciona y se reproduce la opresión patriarcal realmente existente. Sólo así lograremos comprender el papel que juega el movimiento feminista internacional y adoptar tácticas y estrategias coherentes que nos incluyan a todas.

Algunas trazas para el análisis

A lo largo de los próximos párrafos voy a tratar de justificar que, en el actual periodo de acumulación por desposesión, las mujeres constituimos un sector estratégico de la clase. O, dicho de otro modo, que nos encontramos en disposición de ser un sujeto político estratégico en la lucha contra el Capitalismo [1]. Esto no es así por una suerte de mal entendida acumulación de opresiones ni por ninguna identidad original dada por el Capitalismo ni, mucho menos, por la biología, sino que responde a una combinación de factores diversos que nos colocan en una posición estratégica a desplegar en la actual fase de expansión capitalista neoliberal. Trataré de explicarlo y de ver qué implicaciones tiene esto para las prácticas y discursos del movimiento feminista.

La contradicción Capital/vida, acentuada en los últimos años con el renovado recurso a la acumulación por desposesión tras la quiebra de 2007/2008, pone a las mujeres en una situación especialmente complicada. Las políticas de ajustes estructural que destrozan los precarios Estados del Bienestar de la periferia europea y que ya antes asolaron los países del Sur Global nos ponen en condiciones de hablar de una crisis de la reproducción social, que afecta a todos los aspectos de nuestras vidas y ataca a todos aquellos reductos que todavía no han sido incorporados a la lógica del beneficio. Las principales afectadas por esto somos aquellas cuyo rol es precisamente el reproductivo en un sentido económico amplio: las mujeres. En este contexto, las resistencias femeninas (no necesariamente articuladas como feministas en el plano consciente) se revelan como fuertes palancas de transición. Para explicar esto me apoyaré en un concepto que considero especialmente útil: el de conciencia femenina.

A finales de los años 80, durante el periodo de auge de la historiografía feminista y de la Historia de las Mujeres, la hispanista Temma Kaplan encontró que las explicaciones marxistas y feministas clásicas no le eran útiles para comprender los repertorios de acción colectiva adoptados por mujeres en determinados contextos de conflicto social. Es entonces cuando desarrolla el concepto de conciencia femenina, que hace referencia a la asunción por parte de las mujeres del deber de cumplir con nuestro rol social [2]. La conciencia femenina crea un sentimiento colectivo de derechos y obligaciones, fruto de la interiorización del papel de las mujeres en la división sexual del trabajo. El resultado es la identificación generalizada de las propias mujeres con el trabajo reproductivo que les ha sido asignado y la asunción colectiva del deber de preservar la vida.

La conciencia femenina es por tanto, en origen, una conciencia conservadora, puesto que no busca la transformación de la sociedad ni de las relaciones de género sino la ejecución de las tareas que se derivan de éstas. Al aceptar dichas tareas, sin embargo, las mujeres con conciencia femenina reclaman los derechos que sus obligaciones llevan consigo, y el impulso colectivo necesario para asegurar estos derechos puede llegar a desarrollar una fuerza que acabe politizando las redes de relaciones de la vida cotidiana. Cuando parece que está en juego la supervivencia de la comunidad, las mujeres activan sus redes de relaciones para combatir a aquellos o aquello que creen que interfiere en su deber de conservar la vida como saben. Al colocar la necesidad humana por encima de otras exigencias sociales y políticas, y la vida por encima de la propiedad, los beneficios privados e incluso los derechos individuales, la conciencia femenina crea la visión de una sociedad que todavía no ha hecho su aparición. Es, por tanto, una conciencia de transición, con implicaciones políticas radicales y capaz de hacer dar saltos de conciencia a amplias capas de mujeres.

En el curso de la lucha por llevar a cabo el papel que la sociedad les ha encomendado, algunas mujeres chocan frontalmente con un sistema, el capitalista, que es radicalmente contrario a la vida. Esto no es algo transversal ni inherente a la identidad individual de mujer, puesto que no todas las mujeres se ven atravesadas en la misma medida por la experiencia de la desposesión: son las mujeres de las clases subalternas las que más dificultades encuentran para reproducir la vida y, por tanto, las que más a menudo se ven abocadas hacia repertorios de acción radicales. El recurso por parte de las clases altas a nodrizas, niñeras, amas de leche y otras figuras similares ha descargado históricamente a las mujeres pudientes de las responsabilidades del trabajo reproductivo y de cuidados, articulando mecanismos distintos para su construcción social como mujeres. El mercado privado actual de compra-venta de servicios, junto con la feminización de las redes migratorias y las denominadas cadenas globales de cuidados, responsabilizan no a las mujeres como clase o grupo social homogéneo, sino a determinados sectores de mujeres, del mantenimiento global de la vida.

La colisión de la conciencia femenina de las mujeres de determinada extracción de clase con la sociedad realmente existente hace que su lucha por llevar a cabo el trabajo reproductivo y de cuidados, generalmente enmarcado al ámbito doméstico y de las relaciones privadas, irrumpa en el espacio público, dotando de un sentido político a las redes de reproducción.

¿Qué implicaciones tiene esto para el movimiento feminista?

En su reciente libro Dos siglos de feminismo, Cinzia Arruzza y Lidia Cirilo apuntan una idea interesante: las mujeres no existimos como sujeto político permanente, sino que este sujeto se constituye puntualmente en aquellos momentos en que la condición social mujer es percibida por quienes la ejercen como causa principal de opresión y discriminación [3]. Nos encontramos en uno de esos momentos.

Tomando las palabras de Nancy Fraser, “en la actual ola de fermento feminista, muchas que antes habíamos sido mujeres de un modo establecido nos convertimos ahora en mujeres en el sentido muy distinto de colectividad política discursivamente autoconstruida” [4] Es en cierto modo un proceso de autoenunciación colectiva, en el que las mujeres nos encontramos, nos juntamos y nos reconocemos las unas en las otras a partir de la pretendida transversalidad de la opresión compartida.

De manera sintomática, las reivindicaciones que articulan este fenómeno son dos: el derecho al propio cuerpo (protestas por el derecho al aborto en el Estado Español, en Polonia, en Irlanda o en Argentina) y contra la violencia sexual y los feminicidios. Es decir, violencias que nos afectan, aunque con materializaciones diversas, a todas las mujeres. Quizá el ejemplo más obvio sea el de la campaña internacional #MeToo, que aunque en Francia permitió revitalizar puntualmente el feminismo de base y a nivel general ha supuesto una herramienta para dar voz a miles de mujeres, surge inicialmente de macroestrellas del mundo de Hollywood.

Hay aquí dos riesgos profundamente ligados entre sí, que voy a tratar de desglosar:

1. Existe un cierto redescubrimiento de algunos de los postulados del feminismo radical de los 70, en lo respectivo a la violencia sexual y bajo el eslogan es una guerra (de los hombres contra las mujeres, a la que las mujeres debemos responder). Esto, aparte de la simplificación que implica, tiene el peligro de derivar en respuestas punitivistas y de corte represivo-autoritario, en un feminismo legalista que busque castigar el delito en vez de transformar las bases estructurales de las violencias. La forma en que se ha articulado la respuesta social a los casos más mediáticos de violencia sexual parece advertirnos en este sentido. Quizá el caso más evidente sea el de las movilizaciones espontáneas y masivas contra la libertad provisional de los cinco autores de la violación en grupo de San Fermines, donde la crítica a la judicatura y a las consideraciones machistas del auto confluía con sectores movilizados contra la figura misma de la libertad provisional y por un endurecimiento legal de las condenas.

2. La articulación de un discurso que privilegie y totalice la vivencia individual del ser mujer por encima de otras realidades sociales diversas, negando la complejidad de las experiencias de opresión e imponiendo el mito de la hermandad universal de mujeres (de la sororidad como sentimiento primario [5] en favor de aquellas que ya tienen ganado el acceso al espacio público y a los círculos de poder. Esto es: una elitización del feminismo, autocentrado en la identidad y en las luchas por la representación, que no dé respuesta a los problemas de las mujeres migrantes, racializadas, trabajadoras, o procedentes del Sur Global, todas aquellas que no tenemos acceso a la autopromoción individual ni al ascenso social, cuyas condiciones de vida sólo pueden mejorar mediante políticas que defiendan la reproducción social, aseguren la justicia reproductiva y mejoren las condiciones laborales.

Esto no significa que estos movimientos no sean importantes, pero tenemos que ser capaces de movernos en un equilibrio entre la creación y promoción de nuevos modelos de representación, con la entrada en el escenario de mujeres fuertes y capaces de constituirse como referentes culturales (porque la representación sí importa) y un programa que nos incluya a todas. En este sentido, la decisión tomada por la Comisión 8M en el encuentro estatal celebrado recientemente en Gijón, de dedicar una parte importante del próximo encuentro al debate programático –o de reivindicaciones y contenidos– parece apuntar en el buen sentido. Porque este ponernos a las mujeres en el centro, este Now the women y The future is female tiene necesariamente que pasar por un empoderamiento colectivo enfrentado y radicalmente distinto a la idea de empoderamiento individual a través del éxito personal que nos vende el neoliberalismo y que sólo es posible a costa de la subordinación de otras mujeres.

¿Cuáles es, entonces, la clave?

El feminismo global ha desempeñado otras veces un papel compensatorio o de distracción para el neoliberalismo, que despliega estrategias de purple washing o de reconocimiento formal de derechos que esconden un aumento de la desigualdad económica en el mundo. Reconocer que los antagonismos de género, en vez de constituir una división primaria, están insertos en las dinámicas de la reproducción social y que forman parte de un sistema global donde se articulan y combinan con otros factores, puede ayudar a dar luz sobre las relaciones opresivas entre mujeres y las diferencias entre nosotras, algo para lo que el feminismo radical no proporciona una explicación adecuada.

Nos encontramos no sólo en un momento de irrupción del movimiento feminista mundial, sino también de lo que podríamos llamar una feminización de la protesta. Desde el movimiento Stop Desahucios y las PAHs en el Estado Español, las movilizaciones contra Trump en Estados Unidos y contra Bolsonaro en Brasil, las ocupaciones ecologistas en Francia o Alemania, o las luchas por la soberanía alimentaria y la defensa del territorio en América Latina y el sudeste asiático, los ataques sistemáticos contra el mantenimiento de la vida están abocando a las mujeres a enfrentarse colectivamente a autoridades políticas, económicas o incluso físicas (como la policía y el ejército), impulsadas por el origen legítimo de sus demandas y avanzando a partir de la experiencia hacia niveles de conciencia política más desarrollada.

El uso de la conciencia femenina como herramienta analítica nos permite comprender el papel de las mujeres como vanguardia estratégica en luchas de un enorme potencial transformador a lo largo de todo el mundo. Y esto pasa mientras, paralelamente, el movimiento feminista se consolida como vector movilizador fundamental en muchos países, capaz de irrumpir en momentos de fuerte reflujo y de disolución de los vínculos sociales portando intuiciones profundamente anticapitalistas.

He aquí, por tanto, la clave: construir un feminismo que no hable sólo de feminismo, que ponga la reproducción de la vida en el centro y que lleve el lema nuestras vidas valen más que sus beneficios hasta sus últimas consecuencias. La campaña internacional por la huelga feminista para el 8 de Marzo nos ha descubierto a las mujeres el enorme valor (en el sentido más estrictamente económico) que nuestra sola existencia genera. Durante los últimos meses, el movimiento internacional de mujeres se ha ganado el mérito de no ser más un cúmulo de reivindicaciones sectoriales, dotándose de una dimensión estratégica y de un cierto horizonte de ruptura. Hay, por supuesto, muchas otras cosas. Las luchas por la redefinición de las identidades y por el acceso a los espacios simbólicos de poder son importantes en tanto que garantes de visibilidad y potenciadoras de un trato justo, pero reducir el movimiento feminista a esto sería negar el potencial transformador del mismo.

Ésta es la potencialidad que encierra actualmente el movimiento feminista: la de enfrentarlo todo. Que estas potencias lleguen o no a desarrollarse, constituyéndose como elementos de ruptura del normal funcionamiento de las cosas, dependerá entre otros factores de nuestra capacidad para empujar en ese sentido.

[1] Laia FACET: “Mujeres: sujeto estratégico”, Viento Sur, 11/08/2017, https://vientosur.info/spip.php?art...

[2] Temma KAPLAN: “Conciencia femenina y acción colectiva: el caso de Barcelona, 1910-1918”, en James S. AMELANG y Mary NASH (eds.): Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea, 1990.

[3] Cinzia ARRUZZA y Lidia CIRILO: Dos siglos de feminismo, Sylone, 2018

[4] Nancy FRASER: Fortunas del feminismo, Traficantes de Sueños, 2015.

[5] Julia CÁMARA: “Sororidad y conciencia femenina: qué hermandad de mujeres para qué propuesta política”, Viento Sur, 09/08/2017, https://vientosur.info/spip.php?art...

Fuente: https://www.vientosur.info/spip.php...

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400.000 fascistas en Andalucía

6 January, 2019 - 00:00

“Las decisiones de cada persona en una elección tienen influencia directa sobre la vida propia y ajena”, sostiene el autor.

Antonio Maestre

Hannah Arendt no hacía prisioneros a la hora de referirse a aquellos votantes de ultraderecha que se veían atraídos por los cantos de sirena de los totalitarismos. Los definía como The mob –la chusma o el populacho–, y los unía a la élite en una extraña alianza nacionalista. No los exculpaba, no los justificaba, los estudiaba y culpaba con dureza por sus decisiones. Todas sus conclusiones se encuentran en Los orígenes del totalitarismo y no caía en ese paternalismo que trata como menores de edad a quienes eligen cuál es su opción política.

Existe una corriente exculpatoria en la opinión pública sobre las decisiones libres y soberanas de la ciudadanía que votó a VOX en Andalucía. Un argumento que considera tóxica la ideología de la extrema derecha de VOX pero no a quienes les dan apoyo y les eligen para llevarla a cabo, como si tuvieran alguna tara que les impidiera escoger de manera adecuada a quién otorgar su voto. “No hay 400.000 fascistas en Andalucía”, repiten de manera mecánica quienes intentan comprender el ascenso de la antidemocrática ideología de Santiago Abascal. Como si la gente naciera fascista. Como si un fascista fuera un monstruo con la esvástica grabada en una nalga al nacer como la marca de satán. ¿Había 17.277.180 nazis en marzo de 1933 en Alemania? Había 17.277.180 personas que votaron al partido nazi e hicieron posible que llegara al poder para imponer su ideario genocida. Habría quien no supiera lo que el partido nazi haría, quien no se preocupó en saberlo o no le importó, y también algunos tan criminales como quienes lo ejcutaron. Pero nada de eso les exonera de su responsabilidad individual en aquellos crímenes.

No hay 400.000 fascistas en Andalucía. O sí puede haberlos. Claro que sí, ni que en España no hubiéramos convivido con un franquismo incardinado en lo más profundo de nuestro sistema de partidos y en la hegemonía imperante. No sabemos cuál es la ideología de cada uno de ellos. No sabemos si lo son. Ni siquiera importa si VOX es fascista o no, o si calificarlos así es la mejor manera para que no consigan más notoriedad. Pero no puede exonerarse de su responsabilidad a aquellas personas que deciden dar su apoyo a quien tiene un ideario que busca eliminar derechos conquistados e ir contra los más débiles. Cuando decides libremente dar tu voto a un partido que quiere deportar a gente humilde que solo viene a mejorar su vida, importa poco lo que seas, importa lo que haces y lo que tus decisiones implican en la vida de otras personas.

Existen argumentaciones que tienden a infantilizar las decisiones de los ciudadanos con derecho a voto como si no tuvieran capacidad para leerse un programa con solo cien medidas y que no deja lugar a dudas sobre cuál es la línea ideológica de un partido como VOX ni qué pretenden. Habrá quien lo haya leído y esté de acuerdo, y también quien no sepa ni lo que es un programa electoral y solo haya votado con la entraña y la emoción, con solo tres claves o usando el voto como protesta. Todos son igualmente responsables de sus decisiones y de la influencia que ahora puede tener ese voto sobre la vida concreta y material de a quienes el programa de VOX señala como enemigos del pueblo.

Franz Six fue condenado a 20 años de cárcel en los juicios a los Eisantzgrupen de Nuremberg por su participación en los crímenes en la Unión Soviética. El caso de Six es narrado por Cristian Ingrao en Creer y destruir: Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS., donde explica cómo funciona el apoyo a un partido como el nazi. Franz Albert Six era doctor en Filosofía por la Universidad de Heidelberg y profesor de Periodismo en la Universidad de Königsberg. A pesar de ser culto, letrado y de gran nivel intelectual, Sixt justificaba del siguiente modo su método para elegir: “En esos años, para mí y para toda mi generación, el programa del NSDAP significaba nada o poca cosa”.

Naturalmente que no todos los alemanes que votaron a Adolf Hitler se habían leído Mein Kampf para poder desencriptar cuál era el plan criminal del nacionalsocialismo. Pero eso no significa que no supieran que estaban votando a un partido antisemita, a un partido antidemocrático y con grupos paramilitares terroristas. Y si alguno no lo sabía, era responsable de no haberse enterado. Peter Frietszche explicaba brevemente qué eran lo que buscaban los alemanes en los años 30: “Los burgueses y algunos trabajadores buscaban un movimiento político desembozadamente nacionalista, con la mirada puesta en el futuro, abierto a todos los estratos de la sociedad, y que reconociese los reclamos de los ciudadanos sin volver a dividirlos por gremios u ocupaciones”. En ningún caso aquellos 17 millones de votantes eligieron a un partido para que exterminara a once millones de personas, eligieron al NSDAP por tres claves vacías que ignoraban el verdadero alma del partido que ya en 1933 estaba a la vista de todos.

Las decisiones de cada ciudadano en una elección tienen influencia directa sobre la vida propia y ajena. Sobre el colectivo. Sobre la vida de tus vecinos y vecinas. No hay ninguna excusa ni justificación para aquellos y aquellas que con toda la información a su disposición eligen que la víscera, o el pleno uso de la razón, decida cuál es el voto que eleve a capacidad ejecutiva el odio que fomenta una ideología. El votante fascista puede ser el camarero que te sirve el café, el empresario que emplea a cientos de inmigrantes bajo unos plásticos, el abuelo que pasa el día con sus amigos charlando en la plaza del pueblo, tu tía con la que cenas en Navidad o la pediatra que da una piruleta a tu bebé cuando acaba la consulta. Y todos ellos serán responsables de cualquier medida lesiva que afecte a la vida de cada enemigo de VOX. Sea o no sea un fascista.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/12/26/...

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