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Una mirada a la génesis histórica de la Frontera Sur

22 May, 2020 - 00:00

Repasando con mirada crítica la historia de nuestra Frontera Sur, hemos de señalar que buena parte del imaginario negativo que la población española tiene sobre Marruecos y sus gentes, bebe de las fuentes interesadas del poder monárquico de la edad media.

Rafael Lara
Coordinador del área de solidaridad Internacional de la APDHA

Para entender el presente a menudo es necesario mirar al pasado. Es el caso de la dramática emergencia que se vive en la Frontera Sur: resulta conveniente intentar desvelar los procesos históricos que llevaron al Mediterráneo occidental a convertirse en la profunda falla que separa hoy a las poblaciones de ambas orillas del Estrecho, provocando incalculables muertes, dolor y sufrimiento.

A efectos prácticos, el Mediterráneo occidental empieza a constituirse como zona de frontera política y militar a finales del siglo XV, durante el proceso que lleva a la conquista de Granada en 1492, con otros hitos como la conquista de Ceuta por los portugueses en 1415 y de Melilla por la corona de Castilla en 1497.

Si bien con anterioridad hubo conflictos de envergadura que involucraron a las dos orillas, durante siglos primaron las relaciones de colaboración e intercambio de todo tipo. Incluso durante extensos períodos históricos ambas orillas del Estrecho formaron parte de los mismos reinos, imperios o dinámicas políticas. Sin ir más lejos, el imperio romano no hacía distingos entre las dos orillas del Estrecho; las dos le pertenecían y la unión de ambas facilitaba su común explotación. En esa época el Estrecho fue más bien un espacio de cohesión político-territorial.

Las dos orillas también formaron parte de unidades políticas más amplias; por ejemplo, en la época visigoda, bajo el imperio de Bizancio, durante el califato de Córdoba, con los almohades, o finalmente durante parte de la época nazarí.

Es a partir de la conquista de Granada cuando empieza a configurarse el Mediterráneo como una auténtica frontera a efectos políticos y militares. Frontera interna ante la población musulmana subyugada y frontera externa frente a los “bereberes” y “moros”. Frontera pese a los deseos de Isabel la Católica, que consideraba que España tenía derecho a continuar la llamada “(re)conquista” en África como parte de la herencia de Roma. Incluso en su lecho de muerte dicta un testamento en el que ordena “que no cesen de la conquista de África”.

Sin embargo, la dinámica expansiva de la corona de Aragón, orientada hacia el mediterráneo central y oriental, junto a los recursos destinados a la colonización y explotación del “nuevo mundo” (Abya Yala), postergaron las ansias por llevar la “(re)conquista” hasta el norte de África. La visión política de la Frontera Sur ya se había generado bajo esta concepción colonizadora y a partir de ahí se profundiza y perdura hasta la actualidad.

La corona de Castilla siempre consideró la otra orilla del Estrecho de Gibraltar como el lugar de donde podía emerger la amenaza más directa para sus ambiciones de gran potencia en el contexto mundial. Esto sucede, en gran medida, por la gran cantidad de población musulmana que cruzó de manera forzada el Mediterráneo tras la conquista de Granada. Pero muy particularmente también por la ignominiosa “expulsión de los moriscos” que constituye un capítulo en extremo vergonzoso y no reparado de nuestra memoria histórica. Toda aquella población morisca fue expulsada violenta y masivamente durante el reinado de Felipe III entre 1609 y 1613, y se asentaron, para afrontar la propia supervivencia y con un dolor incalculable a sus espaldas, en el actual Marruecos, muchos de ellos en el Rif.

La monarquía hispánica consideraba que la frontera del Estrecho era fácilmente franqueable por las “huestes musulmanas”. El objetivo de preservar las tierras peninsulares de futuros ataques magrebíes llevó pues a la monarquía castellana por un lado a la fortificación de la costa andaluza y, por otro, a la conquista de determinados enclaves plenamente justificados para ellos por razones puramente defensivas. En clave actual consideraríamos estas acciones como correspondientes al desarrollo de una guerra preventiva, al uso de lo que hemos visto en Irak o Libia.

Estas campañas de conquista estuvieron destinadas también a dinamitar los vínculos y redes existentes entre ambos territorios, utilizando un potente discurso ideológico para presentarlas ante la población como una cruzada gloriosa de “lucha contra el infiel”, “continuación de la reconquista”, “la cruz frente al islam”… Estrategia que, incluso en momentos de gran debilidad, permitía, además, —y a pesar de sus magros resultados reales— incrementar el prestigio de la monarquía de los Austrias en el contexto europeo.

Así, durante la segunda mitad del siglo XV y primera del XVI, Castilla ocuparía sucesivamente Melilla (1496), Cazaza y Mazalquivir (1505), el peñón de Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), el peñón de Argel, Bugía y Trípoli (1510), Bona, Bizerta, Túnez y La Goleta (1535), en tanto que Portugal centraba su expansión colonial en el litoral atlántico, tomando Ceuta (1415), Alcazarseguir (1458), Tánger (1471), Mazagán (1502), Agadir (1505) y Mogador (1516).

Todas estas conquistas fueron concebidas como un sistema de ocupación restringida y estratégica, sin adentrarse ni vincularse con el continente. Más que colonias estas plazas fueron siempre presidios de carácter militar, carácter que tuvieron por ejemplo Ceuta y Melilla hasta bien entrado el siglo XX. La concepción fronteriza se hace evidente en la función que cumplen estas plazas de control de una zona marítima o terrestre.

Posteriormente la aparición y consolidación progresiva del sultanato de la dinastía alauí [sobre todo durante los reinados de Ismail (1672-1727) y Mohamed III (1757-1790)] fue un factor desencadenante para la pérdida sucesiva de todas aquellas plazas. Y aunque en el siglo XVII Felipe III aún conquistaría Larache y Mámora, a comienzos del siglo XIX solo quedaban en manos españolas Ceuta, Melilla y los peñones.

Una gran preocupación de la monarquía española fue la fortificación de las costas. El gran impulso de la fortificación costera vino de la mano del rey Carlos III

Por otra parte, la otra gran preocupación de la monarquía española fue la fortificación de las costas. Aunque Felipe II ya había diseñado un amplio programa para ello, el gran impulso de la fortificación costera vino de la mano del rey Carlos III, sobre todo tras la toma de Gibraltar por Inglaterra en 1704 (formalizada en el Tratado de Utrecht de 1713), que acentuó el carácter fronterizo de todo el Estrecho con sus correlatos de militarización, contrabando e incremento de la actividad corsaria. Así, Carlos III dispuso para ello la construcción o rehabilitación de más de 60 fortificaciones a lo largo de la costa andaluza, tanto torres troncónicas, como fortines tipo pezuña o fuertes abaluartados.

La desafortunada (por racista) expresión “hay moros en la costa” tiene aquí su origen. Quien haya oído hablar del SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior) que sepa que ya fue inventado hace muchos siglos con idéntica misión.

Repasando con mirada crítica la historia de esta Frontera Sur, hemos de señalar que buena parte del imaginario negativo que la población española tiene sobre Marruecos y sus gentes, bebe de aquellas fuentes interesadas del poder monárquico de la edad media. Esta visión anacrónica y distorsionada que se mantiene aún en el presente se ha ido completando a base de prejuicios y estereotipos en los siguientes siglos, en los que continuó ampliándose y ahondándose el tremendo foso que hoy supone nuestra Frontera Sur para los derechos, las libertades y las relaciones entre los pueblos de las dos orillas.

Pero esos siglos ya podrían ser la siguiente historia, la de la agonía de un imperio corrompido y moribundo que todavía intentó jugar a ser potencia colonial en los albores del siglo XX. De nuevo acudiendo a la agresión desaforada y ahondando el foso entre dos pueblos que, sin embargo, tenemos tanto en común.

Para llegar al triste momento actual de un Mediterráneo cargado de vallas, alambradas y concertinas, patrulleras, drones y un abrumador despliegue militarizado que, como decíamos, solo provoca sufrimiento, dolor y muerte, amen de un sinnúmero de violaciones de derechos humanos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opini...

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Obediencia (Pequeños apuntes sobre Fromm y Milgram)

21 May, 2020 - 00:00

Obediencia: Acción de acatar la voluntad de la persona que manda, de lo que establece una norma o de lo que ordena la ley.

La obediencia está en la base de todo sistema social y, en consecuencia, en todo sistema de poder. Especialmente, desde que la coerción física y el sometimiento por la fuerza han pasado a un segundo plano en las actuales sociedades capitalistas. ¡Ojo! Han pasado a un segundo plano, no han desparecido. El matiz no es pequeño.
La obediencia tiene unas bases tanto individuales como sociales y consecuencias en ambos planos. En el plano individual, está la sumisión ideológica, la aceptación acrítica de la interpretación de la realidad que la autoridad (en el ámbito que sea) ofrece. Esto provoca la falta de responsabilidad personal sobre lo que se hace puesto que simplemente hacemos lo que el poder nos indica, por tanto, nada incorrecto. Probablemente, la obediencia es la conducta más reforzada durante la trayectoria vital del individuo. Es importante resaltar el principio de jerarquía, su necesidad modelada durante siglos hasta hacer prácticamente impensable un modelo social no jerarquizado. Esto entronca con las bases sociales de la obediencia. Fromm hablaba del carácter social como la estructura que caracterizaba a un grupo. Esta estructura mantiene el funcionamiento social una vez que todos los componentes del grupo han hecho suyo el deseo general (es decir, cuando los que ostentan los medios para ejercer el poder consiguen que todos hagan suyos sus deseos). En nuestro modelo social este deseo estaría representado por conceptos como consumo, crecimiento, productividad, competencia...

El propio Fromm distinguía dos tipos de obediencia. Por un lado, la Heterónoma (Sometimiento) que se da con respecto a otra persona. Por el otro, la Autónoma (Autoafirmación) que obedece los dictados de la propia conciencia, pero lo que consideramos como propio en la mayoría de las veces no es otra cosa que una extrapolación de las órdenes que emanan de la autoridad o de los principios morales que rigen en la sociedad. En ocasiones, sí existe esa conciencia libre de la lógica de premio/castigo tan característica del orden social. A este tipo de conciencia libre, Fromm la denomina humanística (frente a la autoritaria que es como denomina a la anterior) y la describe como surgida del conocimiento interior auténtico. Creo firmemente, que mayoritariamente predomina la obediencia autónoma autoritaria. Es aquello que siempre se dice de que somos esclavos sin darnos cuenta de ello porque pensamos que somos libres, que lo que hacemos es fruto de nuestra propia reflexión. Como si las elecciones que vamos realizando a lo largo de nuestra vida no estuvieran condicionadas por el entorno en el que vivimos, por la cultura predominante, por los recursos de que disponemos… pero obedecer no siempre es fácil, en ocasiones crea conflictos internos ante los que debemos desarrollar estrategias para defendernos, para sentirnos mejor. No queremos quedar fuera del grupo, ser marginados. Aunque duela es mejor eso que desobedecer porque esto sí implica irremediablemente decir adiós.

Sin duda, en el estudio de la obediencia uno de los experimentos paradigmáticos es el que realizó Stanley Milgram. Algunas de las principales enseñanzas que nos dejó este experimento son, sin duda, a tener muy en cuenta.

Lo primero que observó es que la conciencia deja de funcionar. Esto está en la base de la obediencia, se sustituye el pensamiento propio por el de la autoridad, cuando esto sucede, el pensamiento se transforma en acción. Algo parecido postulaba Fromm con su concepto de conformidad automática definida como la adaptación del sujeto a las pautas culturales para no sentirse diferente y solo. Al aceptar el pensamiento de la autoridad, automáticamente se abdica de cualquier tipo de responsabilidad. El cumplimiento de los mandatos de la autoridad hace que la responsabilidad sea para dicha autoridad. El hecho se percibe como mero espectador no como actor principal. Por tanto las consecuencias que se puedan derivar de nuestros actos no nos incumben, nosotros estamos haciendo lo correcto. Esto es fácilmente observable en el estilo de vida llevado de forma mayoritaria en las llamadas sociedades opulentas. Condenamos a hambre y muerte a medio planeta, esquilmamos los recursos del planeta y lo enfermamos sin ningún rubor, sin apenas cargo de conciencia porque simplemente estamos haciendo lo que debemos hacer (trabajar y consumir). A esto se le añade, como observó Milgram, que el alejamiento de la víctima facilita la crueldad. En los momentos actuales, la distancia se ha vuelto ley y, probablemente, esta ley ha llegado para quedarse. Pero no debemos engañarnos, llevamos años alejados, aislados, confinados en nuestras propias burbujas. No conocemos a nuestros vecinos, en la mayoría de los casos ni a los que llamamos amigos, como para no sentirnos alejados de los miles de millones de humanos que habitamos el planeta. La tecnología nos ha acostumbrado a creer que somos sociales y empáticos mientras ha ido destruyendo todo rastro de sociabilidad y empatía. También la burocracia desplegada hasta el último rincón de nuestras vidas se ha convertido en una manera de relacionarnos con el mundo, despersonalizada, aséptica, sin implicaciones. Vivimos sin necesidad de implicarnos emocionalmente en nada, esa es nuestra forma de socializar. Así es muy sencillo mantenerse alejado del resto, ser crueles sin remordimiento alguno. Pero si alguna cosa está siempre presente en nuestras vidas es la autoridad y tal y como decía Milgram, es necesaria su presencia para reforzar la obediencia. La autoridad forma parte de nuestra vida: empieza en la familia, sigue en la escuela, en el mundo laboral, está presente en los medios de comunicación, fuerzas policiales y militares, instituciones médicas… La autoridad es omnipresente y esto refuerza la obediencia. Lo saben bien.

Milgram demostró lo peligroso de la predisposición a obedecer y cómo esto nos deja sin conciencia de lo hecho y sin responsabilidad por lo realizado. Concluyó que lo peligroso no era el autoritarismo sino el principio de autoridad en sí mismo. Sabias palabras en mi opinión porque no es necesario vivir en una dictadura declarada para comprender que la desobediencia se paga cara, muy cara y en todos los aspectos de la vida de la gente.

Desobedecer no es sencillo, requiere de muchos recursos personales atreverse a dudar de la autoridad, atreverse a situarse en el otro lado, en el lado en el que estás solo y fuera del círculo social, donde la culpa por no hacer lo que se espera de ti puede llevarte a lugares no deseados, donde sobreponerse a todo eso requiere de una voluntad muy grande y donde, además, estás expuesto a las consecuencias físicas de la desobediencia que van más allá de lo que somos capaces de imaginar la mayoría de las personas. Sin embargo y, a pesar de todo, la desobediencia es más necesaria que nunca. No se me ocurre mejor explicación que estas palabras que Fromm dejó escritas en su “Sobre la desobediencia civil y otros ensayos”:

“Si la capacidad de desobediencia constituyó el comienzo de la historia humana, la obediencia podría muy bien, como he dicho, provocar el fin de la historia humana”.
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Fuente: https://quebrantandoelsilencio.blog...

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Comerç d'armes, conflictes i drets humans. Anàlisi de les exportacions d'armes europees a països en situació de conflicte armat i vulneracions de drets humans

21 May, 2020 - 00:00

Informe del Centre Delàs, la ECP i l'IDHC

"Comerç d'armes, conflictes i drets humans. Anàlisi de les exportacions d'armes europees a països en situació de conflicte armat i vulneracions de drets humans” és un informe del Centre Delàs d'Estudis per la Pau, la Escola de Cultura de Pau i el Institut de Drets Humans de Catalunya que analitza les exportacions d'armament per part d'Estats membre de la UE durant l'any 2018 (any més recent amb informació d'exportacions disponibles) a països que en aquest any es trobaven en situació de conflicte armat. L'informe analitza les exportacions d'armes a 11 països que eren escenari de conflicte armat. L'anàlisi inclou una síntesi sobre la història recent i l'evolució del conflicte en qüestió, una descripció dels fets més rellevants que van succeir durant 2018, així com una anàlisi de cadascun dels casos des de la perspectiva de les importacions d'armes i del compliment dels principals instruments de drets humans i dret internacional humanitari. A més de l'anàlisi de casos, l'informe també ofereix una mirada global sobre l'estat i l'evolució de les transferències d'armes procedents d'Estats membre de la UE, així com una perspectiva comparativa sobre les característiques de la conflictivitat armades actual.

Autores: Exportacions europees d'armament: Jordi Calvo Rufanges, Ainhoa Ruiz Benedicto. Conflictes armats: Josep Maria Royo, Jordi Urgell, Pamela Urrutia, Ana Villellas, María Villellas. Drets humans i drets internacional humanitari: Karlos Castilla

Podeu consultar i descarregar l'informe complet en català, en castellà i en anglès:
http://www.centredelas.org/ca/publi...

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Mesa redonda: "¿Armas contra un virus? La gestión militarista de la crisis sanitaria"

20 May, 2020 - 00:00

Los ponentes han sido:

Juan Carlos Rois, activista y antiguo miembro del colectivo antimilitarista Utopía Contagiosa.

Xema Moya, colaborador del SIOF y el Centre Delàs.

Gasteizkoak . Colectivo antimilitarista coordinador de la campaña Armas Euskolabel.

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Epístola moral contra la vieja y la nueva normalidad

20 May, 2020 - 00:00

Escribe Michel Suárez en este manifiesto libertario en tres partes que «la salud está estrechamente ligada a lo que comemos, respiramos y vestimos, a cómo trabajamos, qué producimos y dónde vivimos. Cambiar estas condiciones exige una profunda reflexión de los ciudadanos sobre sí mismos y sobre la sociedad: ¿Qué vida queremos? ¿Qué bases morales deben orientarla? ¿Qué clase de trabajos son necesarios y cuáles deben ser suprimidos? ¿Por qué deberíamos confiar nuestra salud a las corporaciones y las oligarquías farmacéuticas que sólo persiguen el beneficio privado? ¿Cabe el paliativo en una civilización cuyas raíces están enfermas?».

por El Cuaderno

/ Noticias de ningún lugar / Michel Suárez /

Tampoco ignoro que el encargado de un lupanar, un envenenador de mendigos, un usurero al ciento cincuenta o al doscientos por ciento hacen honor a sus negocios cuando saldan puntualmente sus plazos. Qué queréis que os diga, esta manera tan clara de poner de manifiesto la mediocridad me saca de quicio.
Léon Bloy

(I) Éramos tan felices

Una de las consecuencias más notables de la actual crisis es la de haber alineado, por vez primera, las alertas sobre el colapso civilizador con las previsiones del capitalismo. Hasta ahora, a los agoreros catastrofistas se les despachaba con la condescendencia con la que se trata a los profetas de la desgracia. Quienes llamaban a anticiparse a lo inevitable eran acusados de recrearse en la decadencia. Este cinismo hecho a medida de un sistema perverso ha llegado a su fin. La recesión, dicen ahora los optimistas de ayer, se prevé de órdago y el futuro que se cierne ensombrece cualquier ilusión de recuperar la vieja normalidad.

Los topes biofísicos están a la vuelta de la esquina, y no lo digo yo, sino los que han devorado el planeta en nombre del beneficio privado. Tras décadas de locura desarrollista, la presión sobre los recursos, la deforestación y el extraccionismo han acumulado profundos desequilibrios ecológicos que están en el origen de la propagación de la pandemia. Aunque el nivel de realismo había descendido a mínimos históricos, esta crisis ha trazado de una pincelada un panorama que, excepto para prefieren seguir en la inopia, se presenta lúgubre.

En apenas unos meses el consumo de petróleo ha caído un treinta por cierto y la más que probable disminución de la producción presagia restricciones dramáticas; si, como parece, el precio del petróleo continúa bajo, podemos dar por segura una aguda crisis del sector. La falta de rentabilidad energética de los yacimientos petrolíferos parece abocarnos a una recesión que se situará por encima del cuarenta por ciento, un porcentaje terrorífico. Desde luego, pensar que esta situación se superará con ajustes y un nuevo ataque a los salarios es una necedad mayúscula.

La brutal destrucción de empleo, especialmente en el pequeño comercio y el turismo, monocultivo nacional, así como la caída de renta de los asalariados va a tener sin duda efectos dramáticos en el consumo; algunos pronósticos sitúan la recesión en niveles que doblarán los de 2008. Todo parece indicar que estamos a las puertas de una crisis económica, energética y climática que puede arrastrarnos al vacío, y las ayudas puntuales del Estado son un mal parche que ni siquiera rozarán el problema de fondo. Por si fuera poco, avanzamos sobre el alambre: un rebrote o la propagación de una nueva epidemia que exija confinamiento y nos hallaremos en medio de un escenario apocalíptico.

Con toda seguridad, este estado de calamidad servirá para que el poder nos haga tragar su aceite de ricino, un terrorismo económico que adoptará las fórmulas habituales. Ahora bien, ¿qué sucedería si en lugar de asumirlos como inevitables nos cuestionásemos de una vez por todas los fundamentos de la vieja normalidad? ¿Y si nos preguntásemos, por ejemplo, por el lado oscuro de nuestro fetichismo científico y tecnológico? Ya sé que en la hora del encierro doméstico esta es una cuestión escabrosa: ¿dónde están los que criticaban la tecnología, se burla Samsung en un anuncio más bien ridículo? ¿Quién se atreve ahora a alzar la voz contra ella cuando gracias a ella matamos el aburrimiento de la vida familiar, organizamos videoconferencias y seguimos a blogueros que nos dicen lo felices que volveremos a ser cuando abran las terrazas?

Naturalmente, los eufóricos comerciantes se han cuidado mucho de reconocer que el virus se ha propagado por los canales creados por la tecnología capitalista: los del dinero y el turismo. Y no olvidemos que todas las dificultades para el acopio de mascarillas tienen su origen en una división internacional del trabajo creada por el mismo sistema técnico que nos entretiene en casa.

Por todo ello, invitar al optimismo y la esperanza en este momento es desconocer la índole y la magnitud del desastre; peor aún, reivindicar el regreso a un modelo de bienestar injusto, embrutecedor y caníbal es elevarse al nivel más elevado de la irresponsabilidad. De tanto golpear los cimentos la casa amenaza ahora con desplomarse y no es momento de suspirar por lo felices que éramos (¿era usted feliz, lector?), sino de situarnos frente al espejo y preguntarnos si el negocio como único fundamento social no es la más innoble forma de suicidio colectivo. Tal vez nuestros ancianos sepan la respuesta.

(2) Urnas, cacerolas y banderas

La cuestión más relevante suscitada por la nueva normalidad es la del tipo de organización política que adoptaremos. Hay dos respuestas posibles: o seguir delegando nuestra responsabilidad política y confiar en los que saben, o conformarnos en sujeto político autónomo y crear formas genuinas de participación colectiva. Si optamos por la primera posibilidad, es decir, por ejercer nuestro derecho al voto y su nueva versión, montar ruidosas caceroladas en las ventanas, no podemos esperar otra cosa que chuflas y tomaduras de pelo.

Si algo ha puesto de manifiesto esta crisis es la incapacidad, y el desinterés, del poder para proteger a los ciudadanos. Ahora, tras décadas de criminal austeridad presupuestaria, asistimos, sin la menor sorpresa, a la defensa general de una sanidad pública que, aun maltrecha y precarizada, ha aguantado el tipo gracias a la admirable entrega de los sanitarios. En boca de los políticos que han diseñado su ruina esta preocupación resulta llamativa. Al analizar el grado de sinceridad de este discurso salta a la vista que ganarse el favor de los votantes en la era posvírica exigirá elevar aún más el listón de la hipocresía.

Veamos brevemente la verosimilitud de esta preocupación sanitaria de los partidos más votados del reino; comencemos por el Partido Socialista Obrero Español y su presunta defensa del sector público. Hagamos memoria: poco después de que se instalara el sistema de atención primaria, en 1991 el gobierno el señor Felipe González aplicó de forma sibilina e ilegal, puesto que no fueron aprobadas por el Congreso, las recomendaciones privatizadoras contenidas en el Informe Abril (Abril Martorell). Seis años más tarde, en 1997, la ley general de Sanidad 15/1997, aprobada por PSOE, PP, PNV, Coalición Canaria y CiU, subastaba la parte del león de la sanidad pública, dejando en manos del Estado aspectos «no rentables» como las UVI o los ancianos; y mientras se transfería a particulares lo más jugoso del sistema, las aseguradoras privadas se frotaban las manos con el creciente deterioro del sistema sanitario.

En un ejemplar lenguaje neo-orwelliano el PSOE afirmó que había votado a favor de la privatización de la sanidad para «cerrar el paso a la privatización de la sanidad». Los sindicatos, que también votaron a favor, no dijeron nada diferente, aunque agregaron un murmullo triunfal sobre una nueva conquista de los trabajadores. Zapatero, en su discreción, se entregó al pudor de guardar silencio cuando tuvo en su mano cambiar la ley 15/1997 e hizo mutis por el foro.

El último grito en materia de privatización en defensa de lo público es la modalidad que el PSOE e Izquierda Unida han aplicado con gran éxito en Andalucía, que consiste en convertir los centros de atención primaria en unidades de gestión clínica; gracias a este engendro, los médicos son recompensados con una cantidad de dinero nada despreciable si reducen el gasto en rubros como las pruebas diagnósticas o las bajas laborales. Nada más ético que este modelo de gestión empresarial que induce a diagnosticar a la baja: cuanto menos se invierte en mercancía humana, más se lleva el médico a los bolsillos. ¿Juramento hipocrático? ¡Es el mercado, amigos!

Con un holgado respaldo popular, al PSOE le fue fácil introducir estas reformas modernizadoras; la degradación del sistema público de salud resultaba menos dolorosa, en primer lugar, porque la negaban, y en segundo lugar, porque la pilotaba el partido del cambio, el representante de la clase media progresista. No conviene llamarse a engaño sobre una formación que en los años de la Transición supo hacerse un hueco en la mesa de los verdugos y prosperar en el subsuelo de la corrupción estatal. Con su desfile de cúpulas y crápulas el socialismo español representa el vacío y la hipocresía política más absolutos (¿qué idea nueva han ofrecido sus líderes en los últimos ciento cuarenta años?); su única preocupación es gestionar el poder haciendo lo contrario de lo que dice. ¿Se acuerda usted de aquella magnífica ocurrencia de colocar al frente de una organización militar, en la que no querían entrar, a un ministro de cultura?

Sentado a la izquierda del PSOE, tras un rosario de escisiones y de asumir sucesivamente las máscaras de pueblo, izquierda socialdemócrata, socialdemocracia nórdica y socioliberalismo, Podemos detenta la cotitularidad del poder junto a la ayer tildaban de casta irreformable. Me pregunto qué ocurriría si, por un azar, la gente volviese a ocupar la calle y, aprendiendo de la experiencia, hiciese oídos sordos a quienes le sugiriese retirarse y seguir la política por la televisión. ¿Qué harían los que ayer clamaban contra la violencia policial y hoy dan el parte junto a gerifaltes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado?¿Se harían el harakiri institucional y bajarían a las plazas u organizarían el orden? Compruebe la vigencia y aplicación de la Ley Mordaza que con tanta fanfarria prometieron derogar y no le resultará difícil dar con la respuesta.

Haciendo gala de su gran sentido de Estado, el Partido Popular ha llegado a la conclusión de que lo único que puede sacarnos de este pozo es lo que nos ha metido en él y, en consecuencia, ha reclamado la urgente vuelta al trabajo y la liberalización de suelo público. Dicho de otro modo, ha exigido que se le deje el camino libre para esquilmar la hacienda pública, socializar las perdidas, subvencionar a los ricos y financiar el sector privado de la construcción. ¿Qué otra cosa esperaba de los defensores de la iniciativa personal?

Después de haber ojeado cuatro manuales de economía neo clásica, estos bandidos por iniciativa propia o necios a cuenta del dogma siguen viviendo ajenos a la realidad. En esto son fieles a sus gurús: «Ningún tipo de experiencia podrá forzarnos jamás a descartar o modificar los teoremas establecidos a priori» porque «no derivan de la experiencia», sentencia Von Mises. Traducido quedaría así: hagan lo que hagan los individuos, lo único que cuenta es la teoría, lo no histórico. ¿Para qué preocuparse por lo que está bien o mal pudiendo seguir el dogma al pie de la letra?

«¿Qué es bueno? El conocimiento de la realidad. ¿Qué es malo? La ignorancia de la realidad», dice Séneca, un sabio español, por cierto, al que los populares no parecen frecuentar demasiado. ¿La realidad? Una fábula como cualquier otra. Para estos liberales desprendidos que no se ocupan más que sí mismos la verdad no es filia temporis, sino fruto de la doctrina.

Dejando en pañales las mistificaciones del Partido Popular, Vox, con el respaldo de tres millones y medio de probos ciudadanos, ha propuesto arrancar dinero a la Europa antiespañola y conservar la red de sanidad pública fomentando la privada. Esta coherencia está en su programa: ortodoxia liberal y una España grande y libre. Al parecer, encomendarse al espíritu nacional, lanzar una estupidez malintencionada o una mentira odiosa tras otra encapsuladas en una arenga patriótica constituye una respuesta adecuada a los enormes problemas que se plantean en esta hora; esto es lo que hay y vaya usted a entender.

La amplia recepción de estas aberraciones no resulta tan sorprendente si pensamos que su inspirador, el señor Gustavo Bueno, «uno de los mayores filósofos del siglo XX», cosechó una amplia popularidad cuando rodaba por los platós televisivos patrocinando el Imperio católico universal, la unidad indivisible de España, la pena de muerte, la energía nuclear, el negacionismo climático y al señor Rajoy. Si dirigimos la mirada a Donald Trump, modelo de los líderes de Vox, podemos hacernos una idea de lo que habrían hecho estos patriotas de haber manejado el poder: obligar a los trabajadores a permanecer en sus puestos a riesgo de su salud, abaratar el despido, dopar el libre mercado con dinero público, derogar restricciones ecológicas y beber lejía. Por aquí se habló, medio en broma medio en serio, de los anticuerpos españoles. Este grado de audacia era esperable en una esfera pública donde el relincho y la fanfarronería priman sobre el debate y la verdad. ¿Dónde está aquí la discusión política? ¿En qué medida responden estas bravuconadas nacionalistas a los acuciantes problemas a los que nos enfrentamos?

Hasta aquí, expuestas telegráficamente, las recetas para volver a la vieja normalidad. Pertenecen a la primera opción de las dos que apunté más arriba, la de los partidos y las caceroladas. Sin embargo, lector, no serán los partidos políticos los que nos sacarán de este marasmo. No velan por nuestro bien ni responden por nosotros, nunca lo hicieron: hablan por sí mismos o son la voz de sus amos.

Pese a todo, el panorama que se abre constituye una invitación al cambio: «¿Se teme al cambio?¿Y qué puede producirse sin cambio?¿Existe algo más querido y familiar a la naturaleza del conjunto universal? Es una oportunidad para la catarsis», dice Marco Aurelio. En esta hora de incertidumbres radicales, pienso que la catarsis pasa por deshacernos de lo que nos ha traído hasta aquí: el corto plazo, la posesión inmediata, el cinismo, la competición, la demagogia, la imprudencia y un talante mercenario que ha encumbrado a especuladores y dispensadores de bazofia. Puede envolver todo esto en la bandera que prefiera. Y no se olvide de que hay límites para todo, menos para nuestra estupidez. Una vez hecho todo esto, la segunda opción, la gestión común, se presenta mucho menos quimérica.

(3) Catarsis

La pregunta que debemos hacernos de inmediato es la siguiente: ¿a qué norma general debemos encomendarnos para llevar a cabo esta catarsis? ¿En qué fundar la libertad de decidir políticamente que excluye, por principio, el Estado y los partidos? En un sentido estricto, en nada. Rehenes del mito mayor del progreso hemos desatendido todas las necesidades del alma humana, en especial la primera de todas ellas, la verdadera libertad, la posibilidad de participar en la toma de decisiones, siempre ligada a la responsabilidad de nuestros actos. Pero esta ley no está escrita; marxistas, liberales y socialdemócratas pueden guardarse los apuntes: no hay ninguna exigencia de libertad inscrita ni en la historia ni en el mercado ni en el Estado. Si la queremos, será por ella misma. Ahora bien, querer la libertad es preguntarse por su contenido. Si la única libertad que reconocemos es la que proporciona el dinero, entonces no hay nada que hacer, excepto votar y aporrear una cacerola.

Y al hilo de los discursos que nos recuerdan lo terriblemente felices que supuestamente fuimos es preciso comprender que la libertad y la democracia no guardan ninguna relación con la felicidad. Si es usted infeliz porque se le ha escapado el canario o jamás bailará como Fred Astaire no culpe a nadie. La felicidad debe granjeársela usted mismo, no exigírsela a ningún gobierno, ni siquiera al auto gobierno. Un régimen democrático es aquél que favorece la libertad en la igualdad y no permite que ningún ciudadano caiga en estado de necesidad, negación absoluta de la libertad; pero garantizar la felicidad, incumbencia estrictamente privada, no está entre sus funciones.

Aunque la libertad es en última instancia una cuestión de voluntad política, a la hora de ponernos en camino saber lo que otros hicieron y cómo lo hicieron puede prestarnos una gran ayuda. ¿Y qué memoria podría iluminarnos en esta hora? Pensemos, por ejemplo, en el recuerdo extinguido del verano revolucionario de 1936, momento en que los trabajadores colectivizaron las infraestructuras disponibles y crearon una red auto gestionada de salud. Las dificultades, los errores y las negligencias fueron muchas, sin duda, pero la auto educación, el apoyo mutuo y la gestión común arrojaron resultados verdaderamente sorprendentes. Quien diría que en la experiencia autogestionada participó una UGT que por aquél entonces hacía cosas inexplicables para los que hoy estampan el sello del sindicato en las leyes de privatización en nombre de los derechos de los trabajadores. Y tampoco estará de más recordar que quien acabó con la experiencia colectivista no fueron los desolladores franquistas, sino la misma República de la que se reclama heredera una parte de la izquierda.

Tuvieron que ser los descendientes de aquellos griegos que se sacaron de la manga la democracia hace veinticinco siglos quienes se asomasen a nuestra historia para sacar conclusiones. Los salvajes recortes sociales aplicados a Grecia en la última década dejaron sin cobertura sanitaria a más de dos millones y medio de personas; pero en lugar de lamentarse por lo felices que habían sido se organizaron y crearon asambleas de barrio a imagen y semejanza de los comités de barrio de la Barcelona revolucionaria, de donde surgieron consultorios sociales de solidaridad y farmacias populares.

Con la participación desinteresada de sanitarios, médicos y vecinos, esta red de salud autogestionada ofreció asistencia médica gratuita en locales ocupados a todos los excluidos por el Estado. Y no sólo se modificó la estructura organizativa: en los consultorios, tras recibir cumplida información sobre las dolencias y los posibles inconvenientes de los remedios, el paciente y el médico tomaban una decisión conjunta sobre el remedio, al margen de los protocolos burocráticos, la mentalidad funcionarial y los intereses de las farmacéuticas.

Esta experiencia puso de relieve una vez más los estrechos límites de la sanidad pública, inmensa maquinaria de despilfarro, mercantilización y expropiación de la salud. Además de denunciar la medicalización de la vida y el escándalo del negocio farmacéutico y su monopolio de patentes, cuestionó la identificación de la salud con una sanidad que se ocupa únicamente de las patologías, no de sus causas. Trátese de un burócrata, un operario de una central térmica, un vendimiador estacional o un limpiador de urinarios a tiempo completo, no hay visita al hospital que no concluya con recomendaciones sobre una vida sana. Sin embargo, la salud es indisociable de las condiciones de vida y de la organización social; en otras palabras, de la acción política.

La salud está estrechamente ligada a lo que comemos, respiramos y vestimos, a cómo trabajamos, qué producimos y dónde vivimos. Cambiar estas condiciones exige una profunda reflexión de los ciudadanos sobre sí mismos y sobre la sociedad: ¿Qué vida queremos? ¿Qué bases morales deben orientarla? ¿Qué clase de trabajos son necesarios y cuáles deben ser suprimidos? ¿Por qué deberíamos confiar nuestra salud a las corporaciones y las oligarquías farmacéuticas que sólo persiguen el beneficio privado? ¿Cabe el paliativo en una civilización cuyas raíces están enfermas?

La única respuesta a estas preguntas es política, que nunca es independiente del juicio moral. En el caso de la decencia común, en vano la procuraremos en el derecho, el mercado, la tecnología capitalista o el Estado. Brota de la voluntad de la gente por cambiar su forma de pensar, de vivir, de habitar, de trabajar, de relacionarse. Tal vez haya llegado el tiempo de guardar una distancia necesaria, no con los demás, sino con nosotros mismos, de tomarnos un tiempo que no tenemos y ver que no es hora de crecer ni de redistribuir, sino de frenar en seco e imaginar otras bases morales. ¿Indicios? Más bien ninguno. Pero de aquí sólo se sale con autoorganización, lucidez y fraternidad, una virtud que no es, como se ha dicho republicana, sino libertaria.

En la descuidada Res Publica de la letras encontraremos apoyos firmes para el aprendizaje de esta decencia común: «Como en todas las demás cosas, hay que pensar no solamente en sí, sino también en los otros», escribía Cicerón, poco antes de que Marco Antonio exhibiese su cabeza en el Senado. Consciente de que su suerte estaba echada, en lugar de poner a salvo su pellejo Cicerón se entregó a una febril actividad creadora a la que debemos obras como Sobre los deberes, admirable enumeración de preceptos morales para la vida cívica extraordinariamente valiosa para nosotros. El gran Cicerón no fue el único: «Ni existe prosperidad ni adversidad para cada uno por separado: vivimos en comunión. No puede vivir felizmente aquél que sólo se contempla a sí mismo, que lo refiere todo a su propio provecho: has de vivir para el prójimo si quieres vivir para ti», aconsejaba Séneca.

Me dirá, con razón, que usted no es Lucilio y yo un Séneca lamentable; lo sé, pero no se distraiga con esas minucias y escuche la voz de estos sabios. A través de ella podemos seguir las huellas de un derecho común del género humano que, por desgracia, no se improvisa de la noche a la mañana. Si nos decantamos por la urna, la cacerola y la bandera seguiremos legitimando a los que saben para que decidan quienes deben morir en virtud de informes técnicos ajenos a consideraciones morales. Si, por el contrario, optamos por el arte de cuidarnos los unos a los otros, como hicieron los sanitarios madrileños cuando desoyeron las caóticas directrices del gobierno y autoorganizaron los servicios de urgencias, mantendremos alejada la tentación de la docilidad y el egoísmo. Esta es una buena hora para radicalizarnos políticamente, para mirarnos en el espejo del prójimo y decidir juntos.

Michel Suárez (Pola de Siero, Asturias, 1971) es licenciado en historia por la Universidad de Oviedo, con estancia en la Faculdade de Letras de Coímbra, y máster y posteriormente doctor en historia contemporánea por la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, con estancia en París I, Panthéon-Sorbonne. Además, edita y es redactor de la revista Maldita Máquina: cuadernos de crítica social. Lo fundamental de su pensamiento fue abordado en esta entrevista para EL CUADERNO y está condensado en su ensayo El fondo de la virtud.

https://elcuadernodigital.com/2020/...

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Democracia

20 May, 2020 - 00:00

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Mazazo contra la privacidad en EEUU: Nada impide ya que el FBI pueda tener el historial de navegación de los usuarios

19 May, 2020 - 00:00

Alberto García

Estados Unidos acaba de dar un enorme mazazo contra la privacidad. El Senado tiene un año bastante movido en cuanto a privacidad e Internet se refiere, y no podrían haber empezado de peor manera estos nuevos desafíos tras aprobar una nueva ley que permite al FBI espiar a los usuarios.

Con 59 síes y 37 noes, la votación ha acabado con la aprobación de que el FBI podrá acceder al historial de navegación y búsqueda de los usuarios sin orden judicial. Ha habido intentos por parte de algunos senadores de eliminar de la revisión de la Patriot Act este aumento de poderes de las agencias de espionaje sobre los ciudadanos de Estados Unidos, pero la enmienda no se aprobó por un solo voto. Si Bernie Sanders hubiera acudido junto a otros demócratas que se ausentaron, la votación de la enmienda habría sido positiva.

La vigilancia de los usuarios en Internet no evita crímenes

Según afirman algunos senadores, esta ley es una de las peores aprobadas en el último siglo en Estados Unidos, ya que además afirma que no hay ninguna evidencia de que la vigilancia masiva de los ciudadanos haya salvado vidas. El gobierno reconoció en un informe que las medidas de vigilancia actuales han costado a los estadounidenses 100 millones de dólares, y sólo han conseguido una pista en cuatro años.

Este cambio llega a Estados Unidos en un momento donde se está usando Internet más que nunca debido al confinamiento, ya que muchos están trabajando desde casa o están usándolo para pasar las horas.

Los defensores de la privacidad llevan avisando desde hace más de una década que permitir el acceso al historial de navegación y a las búsquedas por Internet por parte de las autoridades puede hacer que se imponga censura en activistas, sindicatos o cualquier tipo de persona que el gobierno del país considere como una amenaza.

Las DNS con HTTPS fuera de EEUU serán la única manera de protegernos

Lo que esto significa es que el FBI podrá acceder cuando quiera a las búsquedas que hacen sus ciudadanos en Internet, así como conocer el historial de navegación. De momento no está claro cómo harán esto, ya que Google lleva todo nuestro tráfico a través de HTTPS, y los operadores no saben qué es lo que buscamos si utilizamos unas DNS que no son suyas, o incluso DNS por HTTPS. Es posible que la ley obligue a Google a ceder a las autoridades esos datos, lo cual es realmente peligroso, por lo que habría que recurrir a DNS que no estén radicados en Estados Unidos, y las DNS de Google lo están.

El FBI no necesitará probar ni siquiera que el usuario al que quieren espiar está relacionado con algún delito. Además, esos datos probablemente se almacenarán, por lo que tendrán una base de datos para consultar la información que quieran de los usuarios.

El nuevo Patrioct Act tiene como objetivo, por tanto, tener el amparo legal para poder espiar en todos los ciudadanos de Estados Unidos, y eso incluye a cualquiera que use una VPN en el país. Por tanto, tened mucho cuidado con las webs que visitáis cuando estéis usando un nodo situado en el país a partir de ahora.

Fuente: https://www.adslzone.net/noticias/i...

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Oxímoron. Formas de distracción en la vieja y nueva normaIidad

19 May, 2020 - 00:00

Nuestra relación cotidiana con el militarismo está cuajada de oxímoron, creados por sus principales valedores, para confundirnos y desviar la atención.

Militarismo y lenguaje

Enrique Quintanilla Alboreca
Ecologistas en acción

Hace muchos años escuché a Arcadi Oliveres decir que coleccionaba oxímoron y yo, que le admiraba y le admiro, le imité.

Antes de continuar, por si alguien no sabe lo que significa esta palabra, la definición en el DLE es: “Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador”. Hay, desde luego, muchos más ejemplos: carpintería metálica, humor serio, prohibido prohibir, instante eterno, sol de medianoche, ir a ningún sitio…

Si estuviera en otro tipo de blog hablaría de: banca ética (aunque ya existe), comida basura, crecimiento negativo, mercado libre, monarquía moderna… pero, mala suerte, esto es un blog antimilitarista y aunque no es algo, en principio, de lo que se hable cotidianamente, hay muchos oxímoron relacionados. Veamos unos cuantos:

Guerra humanitaria. Invasión humanitaria. Guerra santa. Guerra justa. Guerra preventiva. Juegos de guerra. Reglas de la guerra. Héroe de guerra. Fuego amigo. Frontera cercana.

Paz desarmada. Luchar por la paz. Fuerza de paz. Paz armada. Ataque defensivo.

Ejército pacifista. Ejército pacificador. Ejército de paz. Toma pacífica. Inteligencia militar. Armas inteligentes. Inteligencia artificial.

Estos nombres son una manera de justificar las guerras, de hacerlas vendibles a la sociedad, como cuando nos querían convencer con el aforismo si vis pacem para bellum.

De cada uno de ellos se podría escribir un artículo, pero la intención de estos párrafos solo es la de volver a recordar la inutilidad de los ejércitos, la maldad de las guerras. Porque, como vemos en algunos ejemplos, con el lenguaje, se nos quiere hacer creer otra cosa. Es un secreto a voces que no hay inteligencia militar, no hay guerras justas ni humanitarias ni preventivas, solo son guerras, sin adjetivos, guerras que matan, hieren, provocan desplazamientos, desolación, miedo. Estos nombres son una manera de justificar las guerras, de hacerlas vendibles a la sociedad, como cuando nos querían convencer con el aforismo si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra), cuando lo correcto sería “si no quieres la guerra, prepárate para la paz”.

Una de las consignas que más sentido tiene es “La guerra empieza aquí, parémosla aquí”. Esto no es un oxímoron, sino algo que tenemos que visibilizar más, ya que es la mejor manera de que acaben las guerras. La denuncia de las fábricas de armas, su venta a países en guerra, las ferias de armamento, la banca armada que financia a las empresas armamentísticas y nucleares deben ser una prioridad de las personas y organizaciones sociales.

No podemos consentir que se establezca un clamoroso silencio que tape el horror de la guerra, las armas inteligentes son la justificación para evitar responsabilidades de quien aprieta el botón, aunque pronto habrá robots inteligentes que harán esa labor.

Armas inteligentes

En algún caso se clasifica la desobediencia civil como un oxímoron. Por mi parte creo que es una de las mejores formas con las que podemos denunciar y presionar. Las acciones de desobediencia civil noviolentas han demostrado a lo largo de la historia (Mahatma Gandhi, Rosa Parks, Martin Luther King…) que consiguen sus objetivos.

En estos días de confinamiento, calma tensa y silencio ensordecedor, ha aparecido uno con mucha fuerza: nueva normalidad, que está siendo empleado tanto por quienes consideramos que hay que cambiar muchas cosas como por quienes abogan por volver a hacer lo mismo que antes de la pandemia. Sin entrar en profundidad, hay que cambiar la forma de consumir, la forma de movernos, las grandes ciudades donde vivimos, lo que comemos, las horas que trabajamos, los cuidados, las prioridades que tenemos, nuestras relaciones con la naturaleza y el medio ambiente... En cualquier caso, no debería haber normalidad de ningún tipo.

También se está imponiendo en el nuevo vocabulario distancia social, no sé si exactamente un oxímoron, pero en cualquier caso debemos intentar que este sintagma no permanezca y se nombre como “distancia física”, que sería lo adecuado. Me gustan mucho más las frases de Canarias por la paz: “desconfinar nuestras mentes” y “desaprender la guerra”.

Aunque se ha escrito bastante sobre ello, no puedo dejar de nombrar la utilización del lenguaje y parafernalia militar en este contexto actual (menos mal que se han acabado las ruedas de prensa con uniformes y medallas) pues seguimos oyendo que “esto es una guerra”, que “todos somos soldados”, “enemigo mortal” etc. Ya basta de infundirnos miedo cuando lo que hace falta es responsabilidad y dedicar los recursos económicos a la inversión en servicios públicos, como la sanidad, además de aliviar y solucionar los graves problemas sociales que una gran parte de la sociedad está sufriendo. En estos días la consigna Gastos Militares para Fines Sociales cobra más sentido que nunca.

Nota: Todos los oxímoron que aquí salen no son fruto de mi imaginación confinada, sino de listas que he ido haciendo y búsquedas en internet. Os animo a pensar en otros para mejorar el artículo.

Esto os lo cuenta un jubilado trabajador con tolerancia cero a las guerras, los ejércitos y los traficantes que únicamente buscan su beneficio económico.

Gracias y un besito muy grande.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/plane...

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Criticar a quienes critican a la izquierda (desde la izquierda)

18 May, 2020 - 00:00

No hace mucho escribí un artículo que, con el título "Criticar a la izquierda desde la izquierda", pretendía mostrar hasta qué punto lo que hoy mayoritariamente se comprende con ese término no tiene demasiado que ver con lo que se definía con la misma palabra hace unas décadas. Por cierto, mi escrito, a su vez, recibió una oportuna contestación por parte de Agustín Velloso. El caso es que como, al final del mismo, prometía que "un próximo artículo mío versará sobre criticar a quienes critican a la izquierda desde la izquierda", y como lo prometido es deuda, he aquí esa nueva reflexión.

En primer lugar cabe pensar que quienes desde una teórica posición "revolucionaria" critican a ese magma de socialdemócratas, ex-comunistas, activistas de movimientos sociales, progresistas... que suelen ser nombrados hoy con la etiqueta "la izquierda", lo hacen desde una actitud de cierto resentimiento; como si toda esa gente hubiera abandonado un día su puesto en la Guardia de la Noche de la muralla, traicionando lo jurado, para correr prestos hacia las soleadas llanuras políticas de las mayorías y los posibilismos. De esa manera, una hueste que, en su día, sin ser poderosa sí era nutrida, ha quedado diezmada. Donde antes había una posición reconocible, una voz que mantenía debates y recibía críticas, hoy hay ninguneo, cuando no abierto desprecio y ridiculización. Si el objetivo de revolcar el sistema capitalista era más que difícil entonces, hoy, por falta de operarios, casi ha quedado reducido a un absurdo imposible. Y la culpa del actual estado de ruina de la lucha revolucionaria, así se interpreta, es de toda esa caterva de remisos y desafectos que, con su huida hacia el pragmatismo, o cuanto menos hacia opciones políticas libres de complicación y señalamiento, han terminado por ser los mejores sostenedores y legitimadores del orden vigente. En tal tesitura ya no se sabe si hay que considerarles como antiguos compañeros con quienes hay que hablar para tratar de convencerles de que vuelvan a su antiguo puesto, o si son directamente el enemigo a batir. En todo caso, no es cariño y comprensión, precisamente, el sentimiento con el que se les juzga.

Y el resentimiento, la frustración de ver que se ha degenerado en minoría extrema y no encontrar compañeros de viaje con los que luchar por las mismas metas, permítaseme decirlo, no creo que sea el mejor estado posible desde el que afirmar y desarrollar una posición ideológica. Mucho menos un activismo político. Por el contrario, será la causa de que cualquier análisis de la realidad pueda estar contaminado de excesivo pesimismo y negatividad. Lo suyo, creo, es tratar de aceptar la realidad como es, con la máxima serenidad posible y, en función de ella, trazar las oportunas tácticas y estrategias, así como las pedagogías necesarias que puedan sumar más personas a la expedición. Y desde luego, para ello, la mala leche y la agresividad, poner a parir a unos y otros como alguna que otra vez, ay, hago yo sin ir más lejos, más allá de conectar con morbosos y locuaces seguidores y polemistas en internet, me parece que no funciona.

Amador Fernández-Savater, en un artículo titulado "¿Qué es el pensamiento crítico?", ya ha realizado, harto mejor que un servidor, esa crítica a quienes critican a la izquierda desde la izquierda:

«Pensar críticamente no es juzgar o denunciar, sino escuchar lo que resiste. (...) La crítica en nuestro mundo es masiva y cotidiana, sin embargo apenas araña el estado de cosas. (...) La lucidez crítica no cambia nada porque no toca los cuerpos, sino que sólo añade "conciencia" a una impotencia. No describe funcionamientos o estrategias en un conflicto abierto, sólo leyes, determinaciones, fatalidades. (...) Se discute hoy sobre la impotencia de la izquierda. Se explica por ejemplo que se debe a la ausencia de ideales y utopías. No lo creo. Lo que hay es una desconexión del discurso con todo lo que lucha, todo lo que resiste, todo lo que no encaja y grita. Los horizontes y las alternativas vienen siempre después, primero es la resistencia. La lucidez crítica es resabiada, determinista e impotente. Al no tener contacto con las resistencias cotidianas, se apoya en la superioridad moral, siempre estéril y contraproducente.»

Debo decir, y asumo la crítica por considerarme también receptor de este señalamiento concreto, que Amador tiene razón en gran parte. No porque -es mi interpretación, claro- esas luchas y resistencias a las que se refiere tengan siempre la suficiente capacidad antagonista y apunten a metas realmente transformadoras, como por lo que afirma sobre la estéril e impotente pretensión de superioridad moral perfectamente elevada y a salvo de la realidad, del barro. Ahí nos da. Y, de hecho, creo que la crítica puede aún hacerse mayor. No es nada inhabitual, por ejemplo, que gran parte de esa izquierda "pura", emplee buena porción de sus energías, si no todas, en la expresión y divulgación de sus puntos de vista a través de internet. Así se materializa la contradicción de que quienes más critican a otros vienen a ser quienes menos hacen sobre el terreno (1). Cabe pensar que a quien dedica una proporción importante de su tiempo y sus esfuerzos, más allá de atender sus necesidades domésticas, laborales, familiares, etc., a participar en luchas confrontativas, militar en organizaciones o a tratar de materializar algún proyecto autogestionario o de asamblea popular, no le debería quedar demasiado tiempo ni tampoco especial motivación, para enredarse en denuncias y batallas dialécticas en las redes sociales, completamente estériles en su mayor parte. En realidad, este fenómeno que podríamos llamar "purismo cibernético" es la expresión adaptada a ese concreto nicho sociopolítico de la general y progresiva virtualización de la vida, que a todos afecta. A diferencia de épocas en las que para proclamar un discurso político había que arremangarse y salir a la calle a pintar paredes, colocar carteles u organizar conferencias, hoy cualquiera con un mínimo nivel cultural y capacidad creativa puede sentarse ante su ordenador o teléfono móvil y mostrar al mundo que, a diferencia de la mayoría, a él, o a ella, el sistema no se las da con queso. Permítaseme ser un poco mal pensado y considerar que detrás del activismo virtual de no pocos de estos "influencers" se esconden simples necesidades no resueltas de reconocimiento social, aplauso o, como decía Amador, pretensión de superioridad moral.

Esta dinámica de denuncia crítica desde la atalaya virtual hacia la, llamémosle, izquierda moderada, en muchas ocasiones, también, incurre en una suerte de escalada en espiral. Aumenta sin cesar el número de personajes, fuerzas políticas, ideas que dejan de encajar con la cada vez más estrecha definición de "revolución". Todo, excepto el pequeño grupo de afines en internet, parece descafeinado, cuando no connivente con los poderes del sistema, e incluso mediatizado por oscuras tramas y conspiraciones. El, cada vez mayor, alejamiento de la práxis fuera de la dimensión virtual y la fuerte retroalimentación que experimenta la teoría, provoca que el mensaje, en sí como en su forma de ser expresado, sufra una progresiva radicalización. Así las feministas acaban siendo feminazis, los políticos de Podemos fascistas de izquierda, los ecologistas y antimilitaristas marionetas de George Soros, la inmigración un fenómeno que está destruyendo los valores tradicionales populares de nuestra civilización... De tanto apretar la tuerca se llega al caso de partir la rosca, terminando por ser indistinguibles muchos de estos análisis hipercríticos hacia la izquierda, de los discursos de la propia ultraderecha.

No acaba ahí la cosa. Hay quienes, de tanto dudar de todo, van basculando poco a poco hacia esa nutrida comunidad virtual en la que no hay explicación "oficial" de nada que no sea puesta bajo sospecha, negada y confrontada con sus correspondientes teorías "alternativas"; sean temas de análisis sociopolítico y de actualidad, sean cuestiones de salud y medicina, de postulados científicos, sea cualquier otra cosa.
Otros, en cambio, terminan por dar un último paso, al que podríamos denominar "hacer un jimenezlosantos" (o un escohotado, un sanchezdragó, etc.), consistente en ultimar la vuelta al mundo (se decía antes algo así como "para este viaje no hacían falta alforjas"), al convertirse en paladines de aquellas formas de ser y pensar que son las más teóricamente opuestas a los postulados izquierdistas: el capitalismo neoliberal, el orden y la ley, la moral ultraconservadora (con, por ejemplo, su marcada aversión al feminismo, la homosexualidad, la multiculturalidad...) Incluso, en algún caso especialmente provocativo, el nacionalismo español, la religión católica; hasta la caza o los toros.
En el fondo, los dos patrones de criticismo pasado de vueltas que comento se asemejan mucho por cuanto su transición hacia estos espacios de pensamiento de carácter reaccionario comparte la misma causa: su crítica y disidencia hacia la forma izquierdista de comprender la realidad ha llegado a convertirse en desprecio absoluto, cuando no odio. Emociones que, además, se encuentran aliñadas con una visión cada vez más pesimista de la sociedad humana y del individuo, del cual, sobre todo comprendido en tanto "masa" fácilmente manipulable y sobornable por el poder, no se espera lo más mínimo. Nuevamente la superioridad moral. Dado que de esa antropología negativa emana una perfecta coartada para la inacción, se cierra también, así, el círculo de la impotencia política.

Como pueden deducir quienes me conocen o me leen a menudo, dejando a un lado las concreciones citadas más extremas, yo no soy del todo ajeno a esta forma de comprender la realidad política y, por tanto, como he sugerido un par de veces, la crítica expresada en estas líneas, siquiera en parte, es también autocrítica. Como explicaba en el citado artículo anterior "criticar a la izquierda desde la izquierda" considero que sí es pertinente y necesaria la disidencia pública con respecto a la deriva posibilista y en gran parte acomodaticia hacia las instituciones del sistema en la que se encuentra hoy el grueso de la llamada "izquierda". La coherencia personal e ideológica, y la aspiración a la utopía ante un mundo que destila daño y violencia física y estructural por todos sus poros, me parece, han de ser irrenunciables. Pero esa posición crítica ha de mantenerse desde la humildad, el respeto, la fidelidad más absoluta al análisis objetivo de la realidad y la ponderación, sobre todo emocional. En este otro escrito he tratado, brevemente, de alertar de lo complicado de mantenerse en ese difícil equilibrio y de los riesgos que acechan a quien se adentra en el tortuoso camino de la "denuncia profética".

Al igual que en el anterior texto terminaba con una hermosa reflexión musical de Lluis Llach, en este otro, a quienes, a pesar de todo lo dicho, les sigue pareciendo que no hay crítica ni improperio suficiente para valorar a la actual "izquierda" política, les quiero dejar con estas líneas escritas hace casi tres mil años:

"¡Vanidad de vanidades -dice Qohelet-; vanidad de vanidades, todo es vanidad!
¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol?
Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre está quieta. Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento. Todos los ríos caminan al mar y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan, desde allí vuelven a caminar.
Me puse a examinar la sabiduría, la locura y la necedad, y observé que la sabiduría es más provechosa que la necedad, como la luz aprovecha más que las tinieblas. El sabio lleva los ojos en la cara, el necio camina en tinieblas. Pero comprendí que una suerte común les toca a todos, y me dije: la suerte del necio será mi suerte, ¿para qué fui sabio?, ¿qué saqué en limpio?, y pensé para mí: también esto es vanidad. Pues nadie se acordará jamás del necio ni tampoco del sabio, ya que en los años venideros todo se olvidará. ¡Ay, que ha de morir el sabio como el necio."

Nota:

1- Aunque pueda resultar obvio, quiero puntualizar que la descripción del patrón que me esfuerzo en plasmar en este escrito es una generalización. Las cuestiones que en él expongo son de diferente aplicación a cada individuo, incluyéndome yo también. Naturalmente, existen personas que mantienen este tipo de punto de vista, al tiempo que dan vida a meritorios y esforzados compromisos de transformación en el ámbito social, laboral, habitacional, militante, etc.

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El gobierno reconoce más de 950 casos de tortura en cárceles españolas entre 2010 y 2019

18 May, 2020 - 00:00

César Pérez Navarro

Según el Gobierno, el número de procedimientos abiertos por malos tratos en los años indicados, esto es, entre 2010 y 2019 asciende a casi mil registrados, desde los 74 casos documentados en 2001 en la totalidad de las prisiones españolas hasta los 130 en 2019.

Entre las cárceles con mayor número de denuncias por posibles casos de tortura / malos tratos destacan Castellón II (con 75 casos registrados en esos diez años); Puerto III (67 casos); y Sevilla II (67 casos).

El pasado 24 de febrero, el senador de Compromís Carles Mulet se dirigió al Gobierno a través de una pregunta parlamentaria que hacía referencia a uno de los asuntos que tradicionalmente pasan desapercibidos para la opinión pública como consecuencia de la dejadez -intencionada o no- de los medios de comunicación de mayor difusión, tanto a escala nacional como autonómica: los casos de tortura o malos tratos registrados en las instituciones penitenciarias de todo el Estado. Más de dos meses después, con fecha 13 de mayo, la respuesta es translúcida, pues se indican todos los casos registrados por año y en cada cárcel, un total de 950 en todo el país.

Este listado no incluye las torturas documentadas en otras dependencias gestionadas por el Estado, tales como comisarías, o registradas en vehículos policiales e incluso en la misma calle. Hay cifras como la registrada por la la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, que recopiló 6.621 denuncias por malos tratos o torturas policiales entre 2004 y 2014. Solo el informe de 2017 de esta coordinadora recogió 224 situaciones en que se produjeron agresiones, torturas o malos tratos a un total de 1.014 personas por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Si ampliamos el intervalo, entre 2004 y 2017 la CPDT recoge en 14 informes presentados un total de 3.602 situaciones en las que 9.085 personas se vieron afectadas.

A continuación, la pregunta parlamentaria y respuesta del Gobierno;

Expediente: 684/005224

D. CARLES MULET GARCÍA, Senador designado por las Corts Valencianes, del GRUPO PARLAMENTARIO IZQUIERDA CONFEDERAL (ADELANTE ANDALUCÍA, MÉS PER MALLORCA, MÁS MADRID, COMPROMÍS, GEROA BAI Y CATALUNYA EN COMÚ PODEM), al amparo de lo previsto en los artículos 160 y 169 del Reglamento de la Cámara, presenta la siguiente pregunta con respuesta escrita:

¿Cuántas denuncias por posibles casos de tortura se han presentado en los últimos 10 años en las cárceles españolas, especificando a qué centros se refieren?

Firmado electrónicamente por: CARLES MULET GARCÍA

Fecha Reg: 24/02/2020 10:06 Ref.Electrónica: 97001 -
RESPUESTA DEL GOBIERNO

(684) PREGUNTA ESCRITA SENADO

684/5224

24/02/2020

8160

AUTOR/A: MULET GARCÍA, Carles (GPIC) RESPUESTA:

En el anexo que se acompaña, se recoge el número de procedimientos abiertos por malos tratos en los años indicados.

Fuente: https://www.tercerainformacion.es/a...

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Objeción ecologista

18 May, 2020 - 00:00

Categorías: Tortuga Antimilitar

Rebeldía, represión y lucha colectiva en el aislamiento de la cárcel de Villena

17 May, 2020 - 00:00

Prácticamente desde que empezó el “estado de alarma”, los presos encerrados en el departamento de primer grado de la cárcel de Villena se han estado autolesionando, cortándose con hojas de afeitar ‒uno, por ejemplo, se ha chinado todo el cuerpo, los brazos y la cara‒; tragándose las cuchillas y otros objetos, como pilas, mecheros y piezas metálicas; prendiendo fuego a los colchones, y reventando las celdas, destrozando los cristales y todo lo que se puede romper. Muchos han recibido fuertes palizas y han sometidos a “sujección mecánica” y al menos a dos de ellos se los han llevado en conducción especial. Al parecer, la tensión ha ido creciendo a causa del a privación de comunicaciones y de que casi nadie tiene dinero para llamar por teléfono a sus familiares. Había unos doce compañeros dispuestos a participar en la huelga de hambre colectiva que se inició el 1 de mayo, pero han sido dispersados, unos a otras prisiones y otros en diferentes módulos de la de Villena, fuertemente controlados y presionados. El compañero Peque, también se ha autolesionado, ha sido sacado al hospital por haberse tragado objetos y amenazado por los funcionarios. Él y un compañero rumano llamado Cristian, que se ha enfrentado varias veces a los carceleros, los cuales le han abierto la cabeza, le han dado un brutal paliza, quince contra uno, y lo han atado durante horas a la cama, han sido aislados los dos solos en una galería, privados de todos sus objetos personales. Nos han llegado el mismo día varias cartas, la mayoría con mucho retraso, donde Peque nos informa sobre la participación en la huelga de hambre colectiva y nos relata lo que está pasando en el aislamiento de Villena. Reproducimos la más reciente. Y al final ponemos también un fragmento de una carta de Alfonso Martí Aracil, donde habla de su participación en la huelga de hambre. Los dos compañeros han enviado las instancias donde comunican su postura a la autoridad carcelera.

Aislamiento de la cárcel de Villena, 30 de abril de 2020

¡Salud, compañerxs! Soy Peque y os doy las últimas noticias desde este búnker de Villena donde me encuentro secuestrado en artículo 91.3 RP, primera fase del régimen más restrictivo para presxs catalogadxs de peligrosidad extrema y aplicado el régimen FIES con la intervención de toda clase de comunicaciones.

Los medios de desinformación no hacen mención de los incidentes que están sucediendo en las cárceles y aislamientos (cárceles dentro de las cárceles) y a los reclusos que se quejan un poco cogen a cinco o seis poniéndoles de cabecillas, les aíslan y les aplican el primer grado de tratamiento. En este aislamiento, en el último mes, han sido quemadas varias celdas, cuatro internos han roto los cristales de las ventanas y los marcos de las mismas. Los mismos cuatro compañeros se han tragado mecheros, pilas, muelles y otros objetos a causa del confinamiento y de no tener dinero para llamar a sus seres queridos. Nosotros, otro compañero en lucha y yo, ya hemos echado las instancias y empezamos mañana, 1 de mayo, yo una huelga de hambre hasta el 14 de mayo y el compañero los días 1, 3, 5, 7, 9, 11, 13 y 15, o sea, ocho días sin comer. Hemos mandado los escritos al defensor de nadie y al ministro del interior Grande-Marlaska comunicándole lo que está sucediendo en las cárceles, pues a los intervenidos nos han subido de 8 a 13 las llamadas telefónicas, puro paripé, pues ¿quién puede hacer 13 o 15 llamadas semanales, costando dos euros y medio la llamada? Serían 40 euros semanales o 160 mensuales. Tenemos, los que podemos, lo justo para el té y el tabaco, y muchos ni eso, como para disponer de ese dinero mensual para llamadas. Los dos primeros meses nos dieron una tarjeta telefónica de 10 euros, justo para realizar cuatro llamadas al mes, pero, en cuanto llegaron unos teléfonos de mierda, únicamente nos permiten hacer una vídeollamada semanal ‒grabada, si estás intervenido‒ de 10 minutos, ni siquiera de 40 minutos, que es lo que correspondería a una comunicación semanal corriente por cristales.

Han prohibido los traslados, pero a los dos compañeros que intentaron escaparse de Fontcalent, hace una semana, los trajeron en una conducción especial, ya en primer grado de tratamiento. En esta jodida cárcel, solo existen, para primer grado, dos galerías de diez celdas, ocho para segunda fase y dos para primera, más la tercera galería, para “área de progresión”, donde nadie se queja por nada, y la cuarta galería, con seis celdas, una de sujeción mecánica y otras cinco para presos que la acaban de liar y están esperando que comiencen las conducciones para echarlos de esta cárcel. Casi ningún interno tenía televisor, o sea, que la manera de callarlos a todos ha sido darles a cada cual uno nuevo, con su caja. El 1 de mayo, íbamos a empezar la huelga de hambre colectiva de 15 días, con la participación de unos doce compañeros, pero alguno dio información y se los llevaron a todos a otros módulos o de conducción. Varios presos han cogido mis escritos como modelo para los suyos y llevan 15 días mandándolos al defensor de nadie y al ministro del interior.

Mientras, en los módulos de segundo grado, según me comentan, los funcionarios siguen con el negocio de traerles droga, para que no pasen mono los chavales, a precios abusivos, y a muchos presos eso es lo único que les importa, la puta droga, les da igual ver a sus seres queridos que no. Siento hasta vergüenza ajena de tener que contar la realidad de lo que llaman prisiones y pronto “centros de reinserción”. Otros, por no alienarnos ni seguir a la manada, pasamos años y años encerrados 21 horas diarias en una celda, perdiendo la salud y en una guerra continua por no dejarnos quitar la dignidad, pues, como le he dicho hoy al director: “ya nos habéis quitado, y lo seguís haciendo día tras día, la vida, solo nos queda nuestra dignidad”. El día que acaben de matarnos, ese día, por fin, seremos libres.

Quiero recordar a una persona, a una compañera de Madrid, que acaba de realizar un acto, ella sabe cuál, por el que le estoy sumamente agradecido, lo mismo que por haberme escrito a Picassent y decirte, compañera, que te he escrito a Madrid, pero me devolvieron la carta… ya sabes los motivos. Salud y agradecido, compañera. También quiero agradecer a todos los grupos de apoyo que con vuestras cartas y movimientos visibilizando nuestros actos hacéis que nos sintamos un poco vivos. Sin todxs vosotrxs, nuestras luchas casi no tendrían luz ni sentido. Hacéis que desde la soledad y la oscuridad podamos ver un poco de luz al final dle túnel. Quizá penséis que podríais hacer más, pero eso también lo pienso yo por nuestra parte: “podríamos hacer más”. Sin embargo, sería injusto pedirles a compañerxs que hagan lo mismo que yo haría, pues cada cual tiene sus límites y no todxs tenemos las mismas condenas.

Sin más, compañerxs, me despido por hoy con un beso fraternal y un gran abrazo libertario de este vuestro compañero y, para algunxs, amigo, hermano, familia.

“Solo los que tienen libertad saben los que es perderla. Ahora, con el covid-19, viviréis algunxs en cárceles de oro, pero podéis haceros una idea de lo que es la cárcel con mayúsculas.”

Salud, ánimo y fuerza, anarquía y rebeldía.

José Ángel Martins Mendoza, miembro de COLAPSO

Villena, 20 de abril de 2020

(…) Yo voy a participar en el ayuno, el mío va a ser un poco más flojo por dolores de estómago por otras huelgas de hambre, como ya sabes, en Puerto III y en Villena.

Las reivindicaciones son por todo lo que está pasando aquí, estamos sin poder ver a la familia y amigos y, ya sabes, por todas las torturas y malos tratos.

Aquí en mi galeria ya han reventado un chabolo y rotas las ventanas y demás cosas y al chaval lo ataron en la cama y le pincharon. También han quemado un chabolo en la galería del Peke y varias personas se han tragado pilas, etc., para salir al hospital.

Mi ayuno va a ser los días 1, 3, 5, 7, 9, 11, 13 y 15 y a ver si con todos los que las hacemos podemos presionar y ganar que nos dejen volver a comunicar y lo mismo sobre la tabla reivindicativa. (…)

Alfonso Martí Aracil

Fuente: tokata.info/rebeldia-represion-y-lucha-colectiva-en-el-aislamiento-de-la-carcel-de-villena/?fbclid=IwAR3o9HsGyb4wGBnUXWAgosTvCsPbO1VSZ4ZgxA8meLzKBFH3vbNPFypKEmc

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Kirk Douglas: ¿Espartaco o Senderos de gloria?

17 May, 2020 - 00:00

Un film, hable del futuro o hable del pasado, siempre habla del presente. Pero cuando evoca hechos históricos, puede hacerlo con más o menos veracidad.

Así, Espartaco es pura invención hollywoodiense (como lo es El Cid de Mann con Charlton Heston) mientras que Senderos de gloria es muy verídica.

En efecto, ni Espartaco ni los otros esclavos luchaban contra la esclavitud. En aquel mundo, muy pocos (quizá solo alguna mente privilegiada) concebían un mundo sin ella.

Espartaco no pensaba que debiera abolirse. Se rebeló contra “su” esclavitud porque consideraba que, según las leyes romanas vigentes, él no debía ser esclavo. No le quito mérito a su atrevimiento, pero la historia es la que es.

Y los que lo siguieron, lo hicieron por desesperación, por huir de una muerte cercana y cierta (una cosa eran los esclavos domésticos y otra los que trabajaban en las minas, por ejemplo). Prefirieron morir viendo la luz del día. Pero no es creíble que concibieran un mundo sin esclavitud (salvo que procedieran de una tribu africana donde la esclavitud era desconocida). Y digo como antes, no les quito méritos, pero la historia es la historia.

Pero una mirada crítica sobre ese film nos invita a reflexionar en cómo los derechos humanos tardan siglos en abrirse paso. Y cómo hay derechos humanos que aún siguen siendo pisoteados sin que una mayoría de la población se inmute. Ocurre con la prostitución, sin ir más lejos. Frente a los que sostienen: «Siempre la hubo y siempre la habrá», conviene recordar que con la esclavitud, hasta hace cuatro días, se decía lo mismo…

Y, a propósito de prostitución, el episodio con el personaje de Jean Simmons es de crema pastelera ¿alguien imagina a los dueños de esclavos “echándoles” prostitutas a los gladiadores para que tuvieran “una alegría” antes de morir? Y, caso de hacerlo ¿pondrían a su disposición a una chica tan guapa, tan bien comida y vestida, con todos sus dientes?

La cruel realidad es que la prostitución era una de las peores formas de esclavitud. Y, cierto, Jean Simmons (su personaje) hubiera podido ser esclava prostituta, primero en casa de un rico, luego, en burdeles también para ricos, y, a medida que se fuera degradando físicamente (o sea, en poco tiempo) irían rebajando su categoría. ¿En qué estado llegaría a “puta para esclavos”?

Kirg Douglas en Senderos de Gloria

Por el contrario, Senderos de gloria sí es bastante verídica. Cierto que, cuando se rodó, solo habían pasado cuarenta años de los hechos narrados. Aún había supervivientes de la Primera Guerra Mundial.

El film, aunque se presenta como ficción, está ampliamente basado en la realidad. Y, en concreto, en la batalla del Sentier des dames .

Los hechos fueron estos: esa batalla, que duró cinco meses, fue una brutal carnicería. Por las cartas y otros testimonios de los soldados franceses, se sabe que, al empezar, muchos estaban henchidos de patriotismo. Pero, solo en 15 días (concretamente desde el 16 al 30 de abril) murieron 30.000 (sí, 30.000). Los lanzaban al ataque y caían diezmados.

Algunas compañías se rebelaron. El general Robert Nivelle (de siniestra memoria) mandó reprimirlos por las armas. Se sabe que los amotinados cantaban La internacional (recordemos la oposición de Jaurés y de Rosa Luxemburgo a la guerra).

Al final, cuando los dominaron, detuvieron a 130 y, al día siguiente, fusilaron a cinco para que los demás tomaran nota.

De hecho, durante esta batalla, los tribunales militares condenaron a 3.427 soldados de los que 554 fueron fusilados.

Se calcula que, en total, murieron más de 200 000 franceses y otros tantos alemanes.

Al cabo de cinco meses, el ejército francés consiguió el objetivo fijado por sus obcecados y desvergonzados mandos (bien guarecidos en el Estado Mayor). Pero, poco después, los alemanes volvieron a la carga y desalojaron de nuevo a los franceses … Una escena de La grande illusion de Renoir (1937) refleja esos siniestros vaivenes: tras una intensa batalla-carnicería se consigue conquistar un lugar que, luego, es de nuevo reconquistado por los alemanes. Los prisioneros franceses comentan: “Para lo que debe quedar del pueblo”…

En resumen, Senderos de gloria , sí refleja la realidad de lo ocurrido. Y nos invita a reflexionar sobre la guerra, el poder, el nacionalismo: ¿por qué se declaró? ¿a quién beneficiaba? ¿quién moría? ¿cómo se “trabajó” y se exacerbó durante meses el sentimiento nacionalista antes de llegar a la declaración de guerra? ¿cómo y por qué fueron asesinados los líderes socialistas y comunistas que se oponían a la guerra (Jaurés y Luxemburgo, citados antes)?

Y también plantea asuntos ligados a la memoria histórica. En Francia, solo muy recientemente se ha empezado a hablar de manera crítica sobre esa y otras carnicerías. La censura funcionó desde el primer momento. La chanson de Creonne ¡estuvo prohibida hasta el 76! Algo similar ocurrió durante la guerra de Argelia con Le déserteur , que Boris Vian.

Senderos de gloria contrarresta el baño de “heroicidades” violentas y brutales que habitualmente difunden los films, videojuegos y series.

Nos da una magistral clase de historia que sirve para el presente. Y ahí reside el interés de estudiar el pasado ¿no?

Pilar Aguilar Carrasco es analista y crítica de cine.

Fuente: https://blogs.publico.es/otrasmirad...

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Conversatorio sobre Objeción Fiscal

16 May, 2020 - 00:00

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Introspecciones desde el letargo

16 May, 2020 - 00:00

¿Sabemos escuchar nuestros sueños? Y en caso afirmativo, ¿somos capaces de vivir en consecuencia? Y lo más importante, ¿sabemos comprender lo hecho hasta la fecha e interpretarlo?

Son cuestiones que, a priori, parecen alejadas de nuestro funcionamiento diario. De esa rutina mecánica de la que no escapan ni esos supuestos momentos de ocio (opuestos al trabajo) en que navegamos día tras día. Las necesidades que intentamos satisfacer a diario consumen nuestras energías. Sin embargo, necesitamos recuperar estos interrogantes, necesitamos ser honestos en sus respuestas porque si fuéramos capaces de todo esto, probablemente, estaríamos muy cerca del autogobierno personal y empezaríamos a estar listos, por tanto, para no ser gobernados por otros. No es tarea grata ni breve, pero es imprescindible. Debemos comprender que no somos burbujas aisladas del mundo que nos envuelve y condiciona pero la introspección y la honestidad son lujos de los que no podemos prescindir.

Sin duda, eso sería un paso de gigante hacia nuestra rehabilitación como especie, algo que hasta la fecha parece un imposible, una utopía sólo imaginable para unos pocos que nunca se resignaron a la degradación a la que nos ha conducido el abandono del conocimiento y su capacidad creadora y su suplantación por parte de la tecnología y su capacidad reproductora, replicando eternamente una visión distorsionada del mundo.

El endiosamiento de la tecnología ha supuesto una modificación absoluta de la dirección (amén de otros efectos perversos) del pensamiento humano. El conocimiento nos animaba a mejorar como personas, a posicionarnos de forma coherente en el mundo que habitábamos. En cambio, la tecnología nos ha hecho creer que somos seres omnipotentes, por tanto, ya no necesitamos mejorar al ser humano. Ahora, simplemente, necesitamos ir aplicando la solución tecnológica adecuada a cada circunstancia. Esto da a entender que el actual orden de cosas es absolutamente maravilloso y que lo siga siendo sólo depende de tomar las decisiones acertadas tanto a nivel individual como colectivo. Ahora lo que importa es mejorar la vida según los estándares vigentes (no se sabe la de quien) independientemente de la calidad humana de esos sujetos vivientes. Ahora, más que nunca, la tecnología se ha puesto en primera línea de combate como elemento redentor de la humanidad. Si seguimos esa vía, lo pagaremos caro.

Este cambio de dirección en el pensamiento ha supuesto de facto la muerte del pensamiento, al menos de ese pensamiento crítico tan necesario para poder formularnos las cuestiones de las que parte este escrito y sus posibles respuestas. De esta forma es como todos estos interrogantes se han ido convirtiendo en abstracciones cada vez más alejadas de nuestra realidad hasta prácticamente desaparecer de nuestro horizonte intelectual y transformar sus significados en nuestro vocabulario habitual. Y como siempre sucede, lo que no se nombra no se piensa y lo que no se piensa, no existe. La necesidad del pensamiento crítico también se observa en lo imperioso de cuestionar (contrastar con otras personas) también ese conocimiento al que podemos acceder y que nos hace evolucionar/mejorar como humanos. Esto es imprescindible ante la ingente cantidad de ruido (que tratan de colar como conocimiento e información) lanzado sobre nosotros y la velocidad a la que es posible asimilar y responder todo esto. Nos han creado la ilusión de tener al alcance de la mano todo el conocimiento en el mundo.

Estamos en un momento aletargado de nuestra vida, para bien o para mal, debemos aprovecharlo. Cuando te detienes, puedes observar y reflexionar sobre ello. Sobre todo, puedes observarte y hasta tener el valor de admitir que no te reconoces en tu forma de vivir. Puedes conversar, pensar, planear, soñar, escuchar, comprender, tomar decisiones, amar… vivir. Todo acciones consideradas peligrosas para el buen funcionamiento social y por ello, imprescindibles ahora mismo.

Fuente: https://quebrantandoelsilencio.blog...?«fbclid=IwAR1_tIS4_gUpsPdd1xSQzq3yYQe6qCcxmF7cfqZt4g6OYP86K_aibDPuOK8»

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Otro error fatal de la Constitución del 78: La objeción

16 May, 2020 - 00:00

En la última década del siglo XX, un movimiento antimilitarista (noviolento, radical y desobediente) eclosionó socialmente en España y logró dar la puntilla a dos siglos de imposición del servicio militar obligatorio. No solo fue algo indeseado e inesperado para el establishment del régimen democrático surgido de la Transición, también dejó boquiabiertas las bocas de los colectivos pacifistas y de objeción de conciencia de toda Europa.

El último sorteo de quintos se celebró en España en el año 2000. Las generaciones vivas, nuestros hijos y nuestros mayores, tenemos muchos motivos para celebrar este año su vigésimo aniversario.

Se han explicado bien las razones del éxito de aquella movilización en investigaciones monográficas de sociólogos e historiadores, como Pedro Ibarra, Víctor Sampedro, Rafael Ajangiz, Cristino Barroso, Enric Prat, Carlos Ordás, entre otros, o en libros que publicaron hace años los colectivos que diseñaron, coordinaron y dinamizaron aquel movimiento (del Movimiento de Objeción de Conciencia ‒MOC‒, En legítima desobediencia y de MiliKK, Con razón, insumisión). No es difícil deducir que las campañas de objeción colectiva y de insumisión estaban bien preparadas. Pero la movilización no es un mero diseño debatido y consensuado en comisiones de trabajo y asambleas, debe construirse a lomos de unas circunstancias históricas muy concretas (entre las que, como se verá, también están las consecuencias inesperadas de las decisiones de las agencias de poder, incluyendo los eventuales errores de cálculo que pudieran cometer). Es decir, que aquello, como todo, era contingente, no estaba predeterminado. Podría haber ocurrido de otro modo y hoy por hoy estaríamos hablando de otras cosas, otras consecuencias. Podríamos seguir con la mili obligatoria, a pesar de que, con el fin de la Guerra Fría, la crisis de los sistemas de reclutamiento llegó a muchos otros países, no alcanzó a todos, y, de hecho, sigue habiendo mili en algunos pocos países democráticos. ¿Y si se hubieran tomado otras decisiones durante la Transición? ¿Y si no se hubiera sabido aprovechar los titubeos o las falsas maniobras del poder en su etapa constituyente? Para entender la importancia de lo que digo, echaré mano de un contrafactual bien conocido por los más mayores del MOC.

Hay un momento de la historia de la Transición que, a pesar de las controversias con la Constitución del 78, no suele aparecer en boca de opinadores y polemistas. Sin embargo, entre 1977 y 1978 podría haberse evitado el proceso conflictivo de la objeción y la insumisión, sobre el cual, lógicamente, nadie podía imaginar entonces un futuro tan persistente y tan prolongado.

La objeción de conciencia, que había sido recibida como un problema engorroso y subversivo por el franquismo y por los primeros gobiernos de la Transición, tampoco fue reconocida como un derecho cuando pudo serlo, es decir, cuando se redactaba la Constitución. Se despachó la cuestión de la objeción de conciencia como un motivo más de exención del Servicio Militar Obligatorio.

Despreciarla así, de aquella manera, frente a un movimiento que en aquella tesitura aún valoraba mucho la reivindicación de un estatuto legal para los objetores y quería homologar su situación con la de otros países europeos, fue un error que solo la posteridad desvelaría como error fatal para el Estado.

Sin duda alguna, aquella fue la reacción evasiva oficial a una doble presión, la que, en sentido evidentemente contrario, ejercían durante el proceso de Transición tanto el MOC (que se había constituido en enero de 1977) como los mandos militares, que hacían sonar sus sables en los cuartos de bandera para que el ruido no dejara de acompañar las discusiones de los gobernantes y los opositores. Pero, sobre todo, fue la torpe respuesta que se dio cuando, todavía subsumido en el aluvión de movilizaciones de la época (políticas, sindicales, estudiantiles, ciudadanas y contraculturales), el movimiento de objeción de conciencia aún no había profundizado demasiado en el antimilitarismo ni había perfilado las apuestas estratégicas rupturistas que más tarde iba a desarrollar a través de la desobediencia civil (la “objeción colectiva” y la insumisión).

¿Una actitud más abierta del legislador en 1978 hubiera dado resultados ulteriores muy diferentes que habrían equiparado la situación de los objetores españoles con la del resto de países democráticos, donde legislar sobre servicios civiles sustitutorios no era ni mucho menos difícil ni estaba socialmente cuestionado? Sin duda. Pero la prolongación de aquella tensión, la que anteponía el miedo al estamento militar frente a la reclamación de un derecho por parte de una incipiente movilización pacifista y noviolenta, ayudó objetivamente a que el fenómeno de la objeción de conciencia perdurara como problema, y a que, lejos de cerrarse y normalizarse, quedara abierto y ubicado en el campo de la conflictividad y la presión política. Qué error, qué inmenso error, pensarían los mandatarios políticos y los mandos militares a la altura de la década de 1990, cuando la conscripción se desmoronaba a ojos vista.

La respuesta

Los colectivos que se iban organizando en torno a la alternativa de la objeción de conciencia, gracias al atractivo de los discursos pacifistas y antimilitaristas, fueron acumulando una suerte de capital político que nunca desaprovecharon, ni el MOC ni los colectivos MiliKK que surgieron en los años 80, ni tampoco los partidarios de la idea de “insumisión total” (a pesar de las diferencias estratégicas respecto de la desobediencia civil), y ni siquiera las izquierdas independentistas, que rápidamente pasaron de la contrariedad a la adhesión cuando la insumisión ya volaba alto y la mayoría de jóvenes vascos y catalanes se identificaban plenamente con la idea insumisa de la desmilitarización social y la abolición de los ejércitos.

La peculiar radicalidad de los repertorios de acción del movimiento de objeción e insumisión se apoyó desde el principio hasta el final, entre 1971 y 2002, en la noviolencia y en la apuesta por la desobediencia civil, tan presentes en los nuevos movimientos sociales europeos y americanos. Aquel capital político, siempre en construcción, incidía directa e indirectamente sobre el imaginario de los jóvenes españoles que forzosamente iban a ser llamados a filas.

Error fatal

Las estructuras organizativas del movimiento, aunque no se asentaban de igual manera en todos los territorios y en todas las coyunturas, nacían y renacían de manera constante al socaire de un referente simbólico que lograba estructurarse de manera coordinada a nivel estatal, o en red, lo cual, como mínimo, aseguraba la perdurabilidad de la movilización contra la mili en España. Frente a ella, los gobiernos reaccionaron con evasivas y con medidas represivas, sin poder evitar que el movimiento de objeción de conciencia e insumisión las aprovechara en su beneficio, acentuando la impopularidad de la mili, agravando la crisis del sistema de reclutamiento y, en definitiva, acelerando el fin de la conscripción.

Los errores se pagan, señores.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/plane...

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Programa en Medellín

15 May, 2020 - 00:00

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La OTAN es el virus. Artículo en homenaje a Helena Martínez, activista antimilitarista

15 May, 2020 - 00:00

Llevamos 40 años debatiendo sobre el monstruo de la OTAN. Ya a principios de los 80, incluso dentro de prisión, cuando nos encarcelaron por acciones antimilitaristas. Entre las personas encausadas se encontraba Helena Martínez, luchadora incansable recién fallecida, a cuyos seres queridos brindamos un cariñoso homenaje.

Y después… décadas de lucha en campañas contra la guerra (¡las guerras las organizan los ricos y las pierden las pobres!), por la abolición del servicio militar, a favor de la objeción fiscal (¡menos tanques, más hospitales!), por la abolición de los ejércitos y contra la carrera de armamentos (¡un arma fabricada, una criatura asesinada!). Campañas representadas, entre otros, por el símbolo del casco de un soldado como maceta de una flor, y que, gracias a Jota, financiábamos, pues lo horneaba en forma de medallones de barro en Bakearen Etxea, la sede del MOC en Bilbao.

Mientras, el estado-guerra español, capitaneado por el PSOE y apoyado por el PNV como lugarteniente, nos obligó a permanecer en la OTAN desde 1986 mediante un referéndum apañado. Desde entonces, y durante décadas, en una guerra contra los pueblos empobrecidos, han financiado la producción y compra de horribles máquinas de asesinar con billones de euros procedentes de nuestros impuestos. Los señores de la guerra han sembrado la macabra pandemia infecta de la miseria que se cobra 100 mil víctimas al día en el mundo, tal y como apunta el manifiesto de organizaciones vascas que apoyan la campaña de internacional “Peace Bureau” demandando invertir en gastos sociales en lugar de en la militarización.

Ahora se demuestra que sus misiles nucleares no son capaces de combatir a un bicho invisible que directa o indirectamente han fabricado. Es momento de establecer prioridades: dejar de invadir países, explotar a las personas, destruir el hábitat, suspender subsidios, rentas básicas o pensiones. Todo ello, es posible eliminando los inútiles y contraproducentes gastos militares, para poder garantizar una segura subsistencia a todas las personas. La alternativa más razonable es quitarnos el lastre de la OTAN y sus ejércitos con un referéndum bajo el lema: La OTAN es el virus.

César MANZANOS BILBAO

Soziologia eta Gizarte Langintza Saila/Departamento de Sociología y Trabajo Social

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Sociología (breve) del estado de alarma

15 May, 2020 - 00:00

En la sociedad española hay un grupo especial que impone algo así como un miedo ‘dominante', un miedo más legítimo que los otros, el miedo de los ‘instalados', un colectivo que ha disfrutado de una biografía ‘más próspera'.

Emmanuel Rodríguez

Toda sociología de la crisis es una sociología del miedo: concretamente de aquellos con capacidad de imponer sus miedos sobre los del resto de la sociedad. El miedo es un afecto particular, explosivo. Su traducción política va desde las proyecciones fantasmáticas sobre el chivo expiatorio que refuerzan la autoridad en la comunidad, hasta la potencia que supera el temor a través de un proyecto colectivo y, con este, de un análisis más o menos racional.

En el caso español, aún hoy en día, cuando se discute teatralmente sobre la necesidad del estado de alarma, cabe hacer algunas consideraciones sobre miedo y confinamiento. Para ello conviene recordar en qué estábamos hace tan solo ocho semanas. Ha existido (y existe) un miedo evidente a la enfermedad, a figurar entre los tocados y quizás entre los muertos. Pero ese miedo es diferencial: puede ser sobre uno mismo, pueden preocuparnos solo los mayores cercanos, o incluso podemos sentir algo de la fragilidad de esa humanidad que deambula de una crisis a otra. También el miedo es diferente cuando quien lo experimenta es al repartidor que apura estos días para mantener su empleo o el anciano de una residencia consciente de lo que significa la enfermedad para las personas de su edad y alojadas en un lugar como ese.

Por decirlo brevemente, en la sociedad española, en la sociedad europea, hay un grupo especial que impone algo así como un miedo “dominante”, un miedo más legítimo que los otros. Su legitimidad, no se debe tanto a que sea un sector de riesgo de la enfermedad (aunque por edad pueda serlo), cuanto a que es seguramente el colectivo con mayor poder dentro esa sociedad. Si se permite la generalización, la primera definición de ese segmento es generacional y se refiere, en España, a los “instalados”, un segmento social de edad imprecisa pero bien reconocible en todas partes.

La importancia de ese grupo social apenas se puede esconder. Ningún otro colectivo ha disfrutado de una biografía “más próspera”, en la que las expectativas y las oportunidades hayan ido tan bien de la mano. Los miembros de este grupo viven mejor que sus padres y han vivido mejor que sus nietos. Entraron en el mercado laboral en plena expansión del empleo profesional y del empleo público, tras la primera gran ola “democratizadora” de la educación superior. Ocuparon posiciones de “responsabilidad” temprano. Profesores, médicos, periodistas, abogados que con poco más de treinta años, alcanzaron lo que a día de hoy no se obtiene (si se obtiene) a los cincuenta: ser altos funcionarios, directores de periódicos y, hasta hace nada, políticos profesionales.

Se habla aquí, obvio, solo de un segmento social, no de una generación propiamente dicha. La generación “instalada” se refiere solo a las llamadas “clases medias”, a los verdaderamente posicionados. Entre los “instalados” la norma fue el empleo garantizado y con derechos. Cabe decir que a los instalados apenas les importó que se perdieran derechos sociales y laborales, siempre que no fueran los suyos y siempre que los que se perdieran fueran los de quienes venían detrás. Los “instalados” se han jubilado también antes que sus padres, y desde luego antes de lo que lo harán sus hijos. Sus pensiones no son las del mileurista. Accedieron a la propiedad inmobiliaria temprano y jugaron con ella en los dos grandes ciclos de crecimiento (siempre por la vía del ladrillo) de la democracia española: de 1985 hasta los fastos del 92, y de 1995 hasta la gran depresión de 2007. Todavía, este grupo social compone el pilar de la sociedad española: sostienen en parte a sus vástagos, mantienen importantes posiciones patrimoniales (no hay rango de edad con mayor número de rentistas que aquellos entre 60 y 75 años) y, sin duda, han sido hasta hace poco (seguramente hasta 2011), el centro de la política española, de la opinión pública y de todos los sistemas de poder y representación.

Para esa generación de clase media, que es la generación del progreso, la covid ha sido algo más que un mazazo. Sin experiencia de la guerra civil, con el único “trauma” de la salida del franquismo a la democracia (por otra parte feliz) el coronavirus tiene la forma de una amenaza real y mortífera. Es la prueba de su fragilidad, no solo biológica, sino también social: la señal de que un mundo (su mundo) ha tocado a su fin, aun cuando este llevara décadas desmoronándose y aunque en términos generales esta generación apenas se diera cuenta.

Si se aceptan estas premisas, se puede aventurar una hipótesis: el miedo (o mejor sus miedos, pues son varios y contradictorios) ha sido el gran elemento de la gestión de esta crisis. En el miedo de la generación alfa de la sociedad española están contenidas muchas de las singularidades de la gestión sanitaria española. La primera: el consenso. Con el confinamiento más duro de Europa occidental, la sociedad española ha sido unánime respecto a la necesidad del encierro. Ninguna discusión, ninguna salida de tono a este respecto, al menos durante las primeras seis semanas.

Un apunte en este sentido. En la primera gestión de la crisis sanitaria, el gobierno tuvo un protagonismo nulo, prácticamente marginal. Fue un estado de opinión creciente, una ola en ascenso, lo que exigió e impuso el encierro. Lo exigió como ley marcial, con independencia de su utilidad real, con independencia de sus consecuencias económicas, que no serán pocas. Lo exigió sobre un criterio de eficacia probado en China, sin posibilidad de revisión o discusión posible. Y lo aplicó como se aplican esos consensos sociales generalizados: por medio de los policías de balcón, de los aplausos a la violencias policiales, de la anulación de toda discusión, de la aquiescencia al casi millón de multas ya emitidas. Si el gobierno en sus primeros momentos actuó por medio de la autoridad médica y la autoridad policial es porque sabía de su debilidad y porque entendió que esta era la única autoridad legítima, la única que se quería reconocer. De acuerdo con los guardianes del capitalismo de vigilancia, Google y Apple, a partir del big data de nuestros dispositivos móviles, la sociedad española ha figurado entre las más cumplidoras de su confinamiento.

Otro apunte sobre los rasgos característicos del confinamiento español, y que muestra también las escalas y las jerarquías del miedo. El encierro español ha sido el más severo de Europa, pero con particularidades: niños no, perros sí; farmacias y bancos sí, paseos no. Se podrá decir que la situación lo exigía, que la epidemia ha golpeado aquí más que en cualquier otro sitio, y que debía primar la prudencia, pero sin duda lo que ha primado ha sido la ley de una población envejecida y temerosa. Apenas se puede discutir acerca de la necesidad del distanciamiento social en una situación como esta, pero ni mucho menos el “distanciamiento social” es sinónimo de confinamiento y, obviamente, sinónimo del confinamiento español.

Otra singularidad española, también europea: la centralidad del gobierno, la vuelta al Estado protector, la vieja ficción recurrente. Pocas veces se ha deseado creer en el menos evidente de los axiomas ideológicos del Estado que la “función del gobierno es la proteger a su población”, sobre todo y especialmente de aquel segmento de población legítimo: la clase media, la generación de los instalados. También pocas veces se ha discutido con tanto ardor sobre si el gobierno ha fallado en sus labores de protección, si incluso se ha convertido en un “gobierno criminal”. Conviene recordar, como siempre, que basta un vistazo a las vallas de Ceuta y Melilla para reconocer la naturaleza criminal del Estado. En cualquier caso, el gobierno ha sido convertido en el responsable absoluto: objeto de ataque o defensa, según la lógica simplista de izquierda y derecha.

Otra elemento pertinente. Frente a la pandemia no había nada preparado y, dadas la reacciones en los sistemas sanitarios autonómicos, no lo habría habido fuera cual fuera el color del gobierno. Quienes han salvado la situación no ha sido ni el gobierno central ni los gobiernos autonómicos: han sido una multitud de trabajadores del sector sanitario y de cuidados, la mayoría mal pagados y precarizados, que han tratado de salvar la crisis sanitaria como han podido, y que lo han hecho por vocación o por servicio público. Seamos claros: estos trabajadores han actuado a pesar del gobierno, pero también a pesar de esa misma sociedad (hecha sinónimo del sector instalado) que lleva ciega a su situación desde hace décadas; y que considerando su capacidad de análisis lo seguirá siendo... allá se hunda el servicio público de salud.

El miedo es un elemento de bloqueo de cualquier pregunta con un mínimo de sentido. Aquí van algunas: ¿por qué en toda Europa, y concretamente en España, no había previsión alguna respecto de esta pandemia o frente a la posibilidad repetidamente anunciada de otra pandemia: por qué se actuó unánimemente como si el virus fuera “chino”, qué clase de recuerdo imperial hace que estas sociedades no consigan toparse con su realidad de región de segunda en este mundo globalizado? ¿Por qué, no sólo en España sino en casi todos los países europeos, las residencias de ancianos (que no son las de la generación instalada, sino las de sus inmediatos mayores) convertidas en negocio privado, subcontratadas a media docena de fondos de inversión, que apenas gastan en mantenimiento y desde luego no en cuidadores y enfermeras, se han convertido en ratoneras, en verdaderas morgues de aquellos más débiles, no solo por edad, sino por razones económicas? ¿Por qué un sistema sanitario que presumía de estar entre los cinco primeros del mundo ha caído como un castillo de naipes; por qué además el desastre es mayor en Cataluña y Madrid, los dos regiones en las que la sanidad opera como un “mercado sanitario”, en beneficio de empresas privadas que gestionan buena parte del sistema público, y en las que obviamente han faltado camas, UCIs, personal? ¿Por qué Europa ha carecido de todo, suministros, EPIs, reactivos, etc., teniéndolas que importar masivamente justamente de aquel lugar objeto de la ira: China? ¿Cómo es que Madrid, Nueva York, Milán, París, Londres, Bruselas, Barcelona han sido las ciudades más golpeadas del mundo: quizás tenga algo que ver con que todas ellas sean destinos de primer orden, dispongan de grandes aeropuertos y tengan una creciente vocación turística? ¿Qué tipo de crisis ha destapado la covid: es esta la del desgaste de los sistema públicos, de unas sociedades endeudadas y proletarizadas, que escapan cada vez más al registro de esas clases medias garantizadas? ¿Qué será de la Unión Europea, el único ámbito de gobierno económico real, y de su reparto de la deuda y el gasto público entre los países del norte y del sur: cómo van a transmitir las facturas de la crisis a la poblaciones y de qué modo van a saltar los malos parches de este “gobierno de progreso”? ¿Ha sido realmente eficaz el confinamiento total; cabían otras formas menos severas de distanciamiento social y con consecuencias económicas algo menores? ¿Cuántos nuevos Sars-Cov-2 nos esperan, considerando las tres docenas de zoonosis conocidas en las últimas tres décadas, por solo citar algunas: Nipah, Ébola Reston, hepatitis E, fiebre Q y toda la amenazante variedad de virus de la gripe que baila entre los humanos y el ganado que engorda en la masiva industria cárnica: H1N1 (gripe aviar), H1N2v, H3N2v, H5N1, H5N2, H5Nx, H6N1, H7N1, H7N3, H7N7, H7N9...?

Sin duda la covid nos habla del fin de un mundo, de un mundo de certezas y seguridades. Nos devuelve, a pesar de las promesas de una vacuna temprana, al mismo lecho de la historia, donde las catástrofes se reparten “democráticamente” entre casi todas las generaciones. Pero el espejismo de que estas certezas se puedan reconstruir en una sociedad en la que se acumulan las crisis, es seguramente la peor de las aspiraciones políticas. El miedo, especialmente el miedo de los instalados que temen por primera vez, no debería gobernarnos. No debería hacerlo ni un minuto más.

Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es '¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978'. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.

Fuente: https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/...

Categorías: Tortuga Antimilitar

La preparación de la guerra en el plano militar (II parte)

14 May, 2020 - 00:00

Habrá una tercera parte en la que daremos nuestro punto de vista sobre lo que debería de ser una política contra la guerra desde el movimiento popular en Castilla.

PRIMERA PARTE: http://izca.net/2020/04/27/preparan...

LA PREPARACIÓN DE LA GUERRA GLOBAL EN EL PLANO MILITAR (II PARTE)

INTRODUCCIÓN

Este es el 2do artículo de un conjunto de tres que estamos publicando como editoriales de IzCa. En la primera se hizo un conjunto de consideraciones sobre la realidad económica que condiciona que los EEUU se orienten hacia una política de preparación de la guerra global contra China y Rusia como salida a la profunda crisis económica y social en la que se encuentran. Esta segunda va orientada a reflexionar, de forma documentada, sobre los pasos que en el plano puramente militar se están dando en esa dirección. También se abordan algunos de los pasos que dan otros países implicados en ese proceso, como forma de defensa ante esa agresión bélica que se dibuja en el horizonte a medio plazo. Por último, habrá una tercera parte en la que daremos nuestro punto de vista sobre lo que debería de ser una política favorable a la paz y contra la guerra desde el movimiento popular en Castilla y creemos que en el resto del Estado español.

LAS GUERRAS SON UNA REALIDAD PRESENTE EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, PERO DESGRACIADAMENTE TAMBIÉN EN LA ACTUALIDAD.

Después de la II Guerra Mundial y con la conformación de un mundo bipolar, cuyos dos polos eran la URSS y EEUU, las guerras tuvieron un carácter limitado en cuanto a la amplitud de sus escenarios y a sus objetivos. La guerra de Corea (1950-53) es un buen ejemplo de lo que decimos. Estas en buena medida correspondieron a luchas antiimperialistas y de liberación nacional en Asia (China, Corea, Vietnam…), en África (Mozambique, Ángola, Guinea…); y en América (Cuba, Colombia). En todas ellas participaron la URSS (al menos de forma indirecta) y por supuesto muy directamente EEUU. En Asia, también fue un actor importante China, tal como fueron los casos de Corea y Vietnam. En estos conflictos hubo un especial cuidado en no traspasar determinadas líneas rojas que pudieran llevar a una escalada hacia la confrontación global entre las dos grandes potencias, además con uso de armamento nuclear. Ninguno de los dos grandes agentes político-militares deseaban tal cosa; esta filosofía llevó a la destitución del Jefe militar estadounidense, el General MacArthur, durante la Guerra de Corea por su pretensión de emplear armamento nuclear e incluso invadir China.

En enero de 1951 MacArthur intentó utilizar bombas atómicas para contrarrestar la ofensiva de Corea del Norte apoyada por China. El presidente Truman sustituyó a McArthur por el General Ridgway. EEUU lanzó 635.000 toneladas de explosivos sobre Corea y 32.557 toneladas de bombas de napalm. Una cantidad que superó el volumen de bombas caídas sobre el Pacífico durante la II Guerra Mundial. Entre el 12 y el 15% de la población de Corea del Norte murió en la guerra. Hubo 2.500.000 civiles fallecidos y heridos y entre 1.187.000 y 1.545.000 de muertos y heridos entre la población combatiente.

El riesgo de que una guerra acabara siendo nuclear reforzaba esa llamémosle “prudencia estratégica”; tal cosa también ocurrió con la llamada “Crisis de los misiles en Cuba”, en octubre de 1962.

La caída de la URSS (diciembre de 1991) y el establecimiento de un ‘mundo unipolar' bajo la hegemonía del imperialismo yanqui llevó a este a comportarse como el “matón de la clase”, potenciando intervenciones político/militares totalmente unilaterales y de altísimo riesgo para la paz: la criminal intervención militar en la antigua Yugoslavia en la década de los noventa del pasado siglo; la no menos criminal intervención de los EE.UU y sus aliados occidentales en Irak, primero en 1991 y posteriormente ya en la invasión plena de 2003 con la consiguiente destrucción de toda la infraestructura de ese Estado; en 2013 la intervención en Ucrania para cambiar al Gobierno, legítimamente elegido, que llevó a la guerra civil en ese país y a su disgregación territorial. Este proceso, que comienza el 1º de mayo de 2013 con las movilizaciones organizadas por la CIA y el lumpen ucraniano bajo el lema de “Levántate Ucrania” en Kiev y que llevan al derrocamiento del Presidente Yanukóvich, así como posteriormente a la proclamación de la independencia de las repúblicas, pro-rusas, de Donetsk y Lugansk, son algunos ejemplos de ese empleo de la fuerza de forma miope e irresponsable que obliga a Rusia a plantearse muy seriamente la elaboración de una nueva doctrina militar que sustituya a la elaborada después de la caída de la URSS, una doctrina que le permita garantizar su soberanía como Estado.

El espectacular desarrollo económico y comercial de China, que la ha llevado a convertirse en la fábrica del mundo, la mayor potencia en el sector industrial, con un amplio superávit comercial en general y en particular con los EEUU, y cuyo ascenso económico avanza en paralelo al declive acelerado de EEUU en los últimos años como potencia económica y especialmente como potencia industrial, ha hecho encender todas las alarmas en sectores muy significativos del poder yanqui. Estos saben perfectamente que a través de mecanismos ordinarios no van a poder revertir la situación de ventaja en el campo económico de China sobre los EEUU.

Aparición de la COVID-19 – Un Cisne Negro–

La pandemia de la COVID-19 ha servido para poner de manifiesto de forma muy cruda las brutales diferencias que tienen ambos Estados (EEUU y China) para responder a una crisis sanitaria de esa envergadura, pero también para resaltar la crisis económico-social en la que esta se enmarca y su gestión.

Al principio de la epidemia, cuando esta solo afectaba al Gigante Asiático, en Occidente se frotaban las manos pensando que iba a servir para cuestionar al Régimen chino, probablemente hasta hundirlo (el Chernobil chino, decían). Se trataba de un ejercicio de puro voluntarismo que confundía los deseos con la realidad. Fundamentalmente, lo que está ocurriendo es que los brutales déficits en todos los terrenos de la sociedad americana están quedando en evidencia, sin resistir la más elemental comparación. Ahora Trump pretende responsabilizar a China de sus propias incapacidades estructurales en una maniobra de intoxicación y manipulación, seguida por algunos de sus aliados como Australia, Francia, Reino Unido e incluso la propia UE.

En nuestro anterior editorial analizábamos como esa realidad de declive económico yanqui, en comparación con China, no se puede revertir por medios pacíficos. Esta es la base de la preparación de una nueva guerra global. Antes de seguir reflexionando sobre este tema, queremos hacer algunas consideraciones previas. La preparación de una gran guerra como a la que estamos asistiendo es un proceso largo y complejo que no se resuelve en meses, sino en años. Nadie se metería en una guerra de esas características para perderla. Y hoy, las fuerzas militares que potencialmente pueden sustentar ese conflicto, están, digamos, muy equilibradas; y sobre todo no se encuentran aún preparadas para una guerra que tendrá características muy diferentes de la I y la II Guerra Mundial. Tampoco tienen aún preparada mínimamente -especialmente en el bloque imperialista- a su opinión pública para un conflicto de esas características, que se iniciará desde ese campo. Ese es el terreno que están trabajando muy significativamente con la criminalización de China en base a la Pandemia de la COVID-19.

El primer paso que han dado las potencias principales susceptibles de verse involucradas en ella, China, Rusia y EEUU, es la elaboración de “nuevas doctrinas militares” que sean una guía para esta gran guerra en los próximos años. Esta fase se ha visto acelerada especialmente desde la llegada de Trump a la presidencia de los EEUU. Actualmente estos tres países cuentan con “nuevas doctrinas militares” ajustadas a la actualidad, cada una con las características que condicionan la naturaleza de sus Estados respectivos.

El segundo indicador de que estamos en esa fase de preparación es el incremento muy significativo de los presupuestos militares.

El tercer indicador de que estamos en tal proceso es el recrudecimiento o aparición de nuevos conflictos abiertamente bélicos en zonas que tienen especial interés para el escenario del conflicto global.

Las doctrinas militares.

La doctrina militar es la teoría que va a condicionar el tipo de recursos militares que se van a priorizar por un determinado ejército, su organización y, por tanto, el propio desarrollo y preparación de la guerra misma. Ser capaces de elaborar una doctrina militar adecuada es el primer paso para asegurar la victoria o la derrota.

Es de singular importancia en este sentido cómo adaptaron su doctrina militar Francia y Alemania, que por cierto estaba ya preparando la Segunda, en el periodo de entreguerras. Después de la I Guerra Mundial, los alemanes desarrollaron una doctrina militar de guerra de movimientos (Blitzkrieg), la “guerra relámpago”. Los alemanes crearon un nuevo ejército que fuera capaz de sustentar la doctrina militar desarrollada. Esa estrategia fue plenamente exitosa, hasta que confrontó con los ejércitos soviéticos que habían desarrollado una teoría militar moderna y superior, especialmente al incorporar al Pueblo a la guerra defensiva. Los franceses profundizaron la teoría de la Guerra de las Trincheras en la línea de la I Guerra Mundial. Esas dos concepciones teóricas se expresaron de una forma material, por ejemplo, en el diseño de los carros de combate de cada uno de los ejércitos: en Francia el Chard Bataille B-1Bis y en Alemania el PzKpwf III (más conocido como Panzer); el concepto de su uso y el papel en las batallas eran completamente diferentes. El francés se concibió como un instrumento de apoyo a la infantería, por tanto lento, muy blindado pero con limitadas prestaciones de ataque; el alemán, más rápido y con un gran potencial ofensivo, sirvió para articular las divisiones acorazadas que tuvieron un papel protagónico en las batallas, mucho más allá de un elemento auxiliar de las infanterías. Como es bien conocido, la doctrina militar francesa y sus carros de combate cosecharon unos resultados desastrosos, el ejercito alemán fue de éxito en éxito en el frente occidental.

Doctrina militar soviética

Sin duda la mayor evolución (mejor sería denominarla revolución, por su capacidad y sofisticación en la doctrina militar) fue la soviética. La dirección soviética durante el ascenso del nazismo en Alemania era plenamente consciente de que los ejércitos de Hitler antes o después atacarían a la URSS. La Unión Soviética necesitaba tiempo para poder poner en marcha un ejército con la suficiente capacidad para derrotar al ejercito nazi-alemán. Eso le llevó a establecer acuerdos transitorios que le permitieran ganar tiempo para construir y poner a punto a su ejército y a su Pueblo: el pacto de Ribbentrop–Molotov, o Tratado de no Agresión entre Alemania y la URSS, se firma en Moscú el 23 de agosto de 1939, nueve días antes de iniciarse la II Guerra Mundial. Anteriormente a la firma del Tratado de no Agresión germano-soviético, el Gobierno Soviético había intentando firmar un acuerdo de seguridad colectiva con Francia y Reino Unido frente a la Alemania nazi, a la que estos dos Estados occidentales se negaron. No sólo no les parecía mal que los ejércitos nazis invadieran la URSS, sino que estaban encantados ante tal posibilidad.

El 22 de junio de 1941 los ejércitos nazis invaden la Unión Soviética en la conocida “Operación Barbaroja” cuando aún no habían pasado dos años del tratado germano-soviético. Para frenar esa invasión los ejércitos soviéticos pusieron, entre otras cosas, en práctica de forma magistral la táctica precisamente empleada por los alemanes en la I Guerra Mundial en la Línea Hindenburg*(Línea Hindenburg del Régimen del 78 ), aunque con mejor resultado que el obtenido por los germanos algo más de dos décadas antes: asumir derrotas tácticas iniciales para garantizar la victoria estratégica final.

En la Gran Guerra Patria, como le llamaron los soviéticos a la II Guerra Mundial y le siguen llamando los rusos, se demostró la plena potencialidad de la victoria de un ejército salido del Pueblo, bien organizado y articulado con el Pueblo mismo. Hay algunos paralelismos con la guerra popular contra la invasión napoleónica en la Península Ibérica, pero una gran diferencia: el ejército oficial español traicionó al Pueblo, salvo honrosas excepciones.

El acierto en la elaboración de la doctrina militar es clave en el desarrollo del potencial conflicto para el que se ha creado. Por supuesto que una doctrina militar tiene que tener capacidad de adaptación a la aparición de circunstancias no previstas; es decir, ha de tener versatilidad, de igual modo que la teoría revolucionaria ha de ser capaz de adaptarse a las circunstancias no previstas que aparezcan en el escenario de la lucha política, tal como es el ejemplo en estos momentos de la pandemia de la COVID-19.

La versatilidad de una Fuerza Armada, como la de una organización revolucionaria, es una condición imprescindible para obtener buenos resultados. Las nuevas doctrinas militares se centran en concebir como será una III Gran Guerra y cuales serán los recursos más útiles para intervenir eficazmente en ella. Obviamente los puntos de vista ideológicos que lo sustentan son de una gran importancia.

Doctrina militar española.

Aunque su relevancia como potencia en el desarrollo de esa futura guerra global no es esencial, tiene obviamente para nosotr@s una especialísima importancia. Y por eso vamos a reflexionar sobre ella.

La Constitución española de 1978 en su artículo VIII establece que “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Es decir, defender la unidad de España y defender la supervivencia de la monarquía borbónica, el Régimen de la II Restauración. Es obvio que no defienden la soberanía de España.

En síntesis, la doctrina militar española consiste en lo fundamental en el control estratégico de la sociedad, así como en la participación de una forma absolutamente subordinada en las operaciones de la OTAN, especialmente contra Rusia. Lo demás es pura palabrería.

La Guardia Civil, especialmente por su papel interior como policía militar en primera línea del control social, es una expresión clara de lo que decimos. Cuando se crea la Guardia Civil en 1844 hay un debate a nivel europeo acerca de las bases sobre las que construir las diferentes policías. En ese momento había dos doctrinas sobre el particular: la inglesa, que consistía en organizar la policía sobre bases civiles y como un cuerpo esencialmente civil, y la francesa, que tenía como base su organización sobre bases militares y por tanto una organización y disciplina militar. Por supuesto, la monarquía Borbónica optó por la doctrina francesa.

Similar proceso ocurre con la creación de la Legión por Millán Astray en 1920, es un corta y pega de la Legión Extranjera Francesa. es bueno que aquellos que consideran a este cuerpo militar como la pura expresión de la españolidad que sepan que es la pura copia de un cuerpo militar francés.

La doctrina militar española a partir del siglo XVIII, con la llegada y ocupación de la monarquía española por los Borbones -que se consolida con la finalización de la llamada Guerra de Sucesión en 1714-, supone, además de la pérdida de las libertades de diversos pueblos de la península, la pérdida de territorios, como Gibraltar. Esta doctrina estuvo condicionada por la subordinación de los intereses españoles a los Borbones y en general a la monarquía francesa. La mayoría de las iniciativas políticas y militares que se tomaron entonces en el escenario europeo estuvieron supeditadas en lo esencial a la estrategia e intereses de Francia. El otro objetivo del Ejército español fue el mantenimiento de las colonias de Ultramar en América y Asia.

La Guerra de la Independencia contra la invasión francesa (1808-1814) pone de manifiesto la total incapacidad del ejército español de defender la soberanía e integridad del territorio peninsular frente al ejército napoleónico, pero simultáneamente se generan las circunstancias para que se organice de forma muy eficaz la guerra del Pueblo contra los invasores, a la que diferentes autores consideran la primera guerra popular exitosa; esta contienda fue inicialmente en forma de guerrillas y progresivamente lograría alcanzar un alto nivel de organización y de eficacia. Algunos de los principales líderes de ese movimiento son asesinados posteriormente por el absolutismo borbónico, una vez reintegrado este en el poder, tal como son los casos de Riego o El Empecinado. Una vez más se expresa el carácter traidor, criminal y antipatriótico de los Borbones y por extensión del bloque dominante español.

La independencia de los territorios americanos entre 1811 y 1825, excepto Cuba y Puerto Rico, además de Filipinas, las Carolinas y las Marianas en el Pacífico, conducen a una doctrina en el ejército español que, con pequeños matices y paréntesis como las interrupciones de la I y II República, se sintetizan en dos ideas clave: garantizar la supervivencia de la Monarquía borbónica como forma de estado y asegurar la integridad territorial de la “nación española”, tal como consta en la Constitución del 78.

Es muy cierto que la influencia de las corrientes revolucionarias gestadas en la Guerra de la Independencia tuvieron un reflejo muy importante en sectores del ejército que llevaron a diferentes pronunciamientos que condujeron a la reinstauración de la Constitución de Cádiz en el llamado Trienio Liberal (1820-1823) y, posteriormente, a la proclamación de la I República e incluso en alguna medida de la Segunda.

La organización militar española tuvo como modelo al francés, incluso en los años 20 del pasado siglo. Después de finalizada la II Guerra Mundial, el Ejército franquista pasó a tener una absoluta dependencia en todos los ámbitos del ejército de los EEUU: organización, recursos en general, armas… es decir, se va pasando de una dependencia a otra, sin una práctica de la soberanía en el plano militar, tampoco en otros.

Solamente entre los años 1808-1814 y entre 1936-1939 se articuló una doctrina militar propia, en el primer caso con un éxito rotundo y en el segundo con unos condicionantes que imposibilitaban la victoria por la correlación de fuerzas a nivel militar en el plano internacional.

La entrada en la OTAN en 1981 significa adecuarse, sin autonomía alguna y de nuevo, a las directrices de esa alianza militar del imperialismo, hegemonizada por el mundo angloamericano.

En las misiones del Ejército español en el exterior participan 2.800 militares y guardias civiles desplegados en los cuatro continentes: en el Líbano, 620 y en Irak, 575 (en estos dos casos bajo la bandera de la ONU); bajo el paraguas de la OTAN en los Países Bálticos, en Turquía y como asesores en Afganistán; en misiones de la UE, en el continente africano (Malí, República Centroafricana, Somalia, Senegal y Gabón). Además hay presencia en las costas de Libia y en el Océano Índico en tareas de control de piratería y en Colombia bajo el paraguas de la ONU para supervisar los Acuerdos de Paz.

En el caso de los Países Bálticos está desplegada de forma intermitente una escuadrilla de aviación con cinco o seis aparatos y así mismo hay desplegada una batería Patriot en Turquía, en ambos casos en las cercanías de la frontera rusa. En estas operaciones auspiciadas por la OTAN el Ejercito español está en primera línea de acoso a Rusia, con los riesgos que ello implica para nuestra población civil.

Doctrina militar de China

Las Guerras del Opio (la primera en 1839-1842, del Imperio británico contra China y la segunda en 1856-1860, en la que a los británicos se suma Francia y en general los países capitalistas occidentales), fueron guerras brutales de rapiña, no solo con la intención de expoliar las riquezas chinas, sino de destruir sus bases sociales, económicas y culturales, para así impedir su reconstrucción como nación soberana. Su justificación formal fue que los británicos querían obligar a China a que aceptaran el opio como forma de pago del té importado por el Imperio. Ello llevó por tanto a imponer el consumo del opio ente la población. Los chinos, como es natural, se opusieron, y de ahí surgió una escalada militar sustentada especialmente en la flota imperial británica contra China. La II Guerra del Opio solo sirvió para profundizar en la misma cuestión. Las derrotas en estas contiendas dejaron una profudísima huella en el pueblo chino, que llamaría al XIX el “Siglo de la humillación”. Pero estas derrotas también generaron la conciencia de que era necesario un ejército lo suficientemente fuerte para defender la soberanía del país y participar de su reconstrucción.

La lucha por la reconstrucción y la soberanía tienen varios puntos de inflexión: la proclamación de la República china y la derrota de la última dinastía en la llamada Revolución de Xinhai o Revolución de 1911, que se proclama por cierto en la ciudad de Wuchang, actualmente incorporada a la archiconocida ciudad de Wuhan, cuyo primer presidente fue Sun Yat-sen; y posteriormente, en lo que podemos considerar la etapa definitiva, la proclamación de la República Popular China en 1949.

La doctrina militar china es de naturaleza esencialmente defensiva: garantizar la soberanía y la integridad nacional. Ha ido evolucionando y adaptándose a las nuevas circunstancias, y actualmente incluye la potencialidad de garantizar la integridad de las rutas comerciales, especialmente marítimas, que abastecen a China. Eso ha condicionando la potenciación de su flota, incluyendo los portaaviones, de los que tienen dos en funcionamiento y esperan llegar hasta siete en los próximos años; cuatro están en construcción y el séptimo está en fase preliminar de construcción. Se estima que para 2025 tendrán sus siete portaaviones operativos.

Desde 2012 tienen los siguientes objetivos estratégicos: ciberseguridad, bioseguridad y control de la piratería.

En lo referente a la doctrina nuclear sus principios son: Nunca ser los primeros en usar el arma nuclear; nunca usarla contra Estados que no posean armas nucleares; apoyo a su completa eliminación; no a las asociaciones militares.

Xi Jinping pidió al Ejercito Popular de Liberación en el mes de enero de 2019 que estuvieran preparados para el combate, ya que el mundo se enfrenta a una época de grandes y drásticos cambios. El 24 de julio de 2019 China hizo pública una nueva edición del “Libro Blanco de Defensa Nacional”. Afrontan el dilema de “Cambio de Era” o “Era de cambios”.

Doctrina militar de los EEUU:

En primer lugar, hay que señalar que la formación social que son los EEUU es extremadamente compleja desde muchos puntos de vista: cultural, étnica, religiosa, económicamente… No se puede ver a EEUU como un sujeto monolítico y homogéneo porque sería un tremendo error. También el entramado institucional de los EEUU es muy complejo y el conflicto de raíz que llevó a la Guerra Civil de (1861-1865) entre una propuesta confederal de su organización y una visión federal de esta (que finalmente triunfó), sigue aún vigente. Seguramente con la pérdida de influencia de EEUU a nivel mundial y su deterioro económico, este conflicto de raíz se verá incrementado; de hecho todos los indicadores nos hacen pensar eso.

Como un elemento poco conocido a nivel general, pero muy importante en la propia conformación socio-cultural de los EEUU, está la minoría conocida como los “white trash”, los pobres blancos, con una gran importancia en la historia social de los EEUU. Representan a los sectores sociales pobres de raza blanca, jornaleros de las haciendas algodoneras en la época del esclavismo, que además optaron por apoyar a los confederales y siguen en general manteniendo esa bandera. Es parte de la población que vive en caravanas, un sector social amplísimo de ese país. En general apoyan el proyecto de Trump y el flirteo de este con el ideario de los confederados. Sobre su origen hay diversas hipótesis pero en general se les sitúa en la inmigración escocesa e irlandesa llegada a los EEUU en los siglos XVII y XVIII, en contraposición con la anglosajona. Este sector social actualmente es el que se está movilizando de forma muy activa en los diferentes Estados de la Unión para exigir el final de la reclusión (en relación con la COVID-19) allí donde esta sigue teniendo un carácter obligatorio y, fueron miembros de esa minoría los que entraron armados en el Capitolio de Michigan con esa misma pretensión.

Es interesante recuperar aquí el artículo de Engels sobre la guerra civil (1861-1865) en EEUU, “La situación en el teatro de la guerra norteamericana”, incorporado a su libro sobre temas militares:

“…difícilmente puede dudarse, por cierto, que los “white trash” (“porquería blanca”), como los plantadores llaman a los “blancos pobres”, intentarán medir sus fuerzas en una guerra de guerrillas (contra los Unionistas o Federales) y en incursiones. Pero esos intentos transformarán rápidamente a los dueños de plantaciones pudientes en Unionistas. Llamarán en su ayuda inclusive a las tropas de los yanquis”

Los EEUU fueron ajustando su doctrina militar a su peso y a su papel en el escenario internacional. Después de la Guerra Civil se ocuparon en la Guerra contra México y muy especialmente en la guerra contra los pueblos indígenas de Norteamérica: un auténtico genocidio explotado por la cinematografía de Hollywood como la conquista del Oeste. La guerra contra España en 1898 fue un paso hacia adelante en su proyecto de convertirse en la potencia hegemónica del continente.

“América para los americanos” dijo el Presidente Monroe en 1823, en aquel momento esa frase tenia un carácter defensivo contra diversos intentos de recolonización europea de las Américas, pero a partir de 1850 se convierte en la base doctrinal del imperialismo yanqui. Ya posteriormente su participación, a última hora, en la Primera Guerra Mundial les hizo valer su presencia para escalar puestos hasta convertirse en una gran potencia mundial, cuestión que consiguen con la II Guerra Mundial. A partir de ahí, tal como comentábamos en otra parte de este artículo, se entra en un mundo bipolar donde los EEUU conforman una de las dos grandes potencias en el escenario de la Guerra Fría, hasta que la caída de la URSS les convierten durante un periodo en la única potencia hegemónica.

Actualmente la doctrina militar de los EEUU se ha actualizado para el proyecto de guerra contra China y Rusia. Es un proyecto en el que conciben que pueden atender militarmente a dos escenarios y medio. Es decir, a una guerra contra dos grandes potencias (China y Rusia) y una mediana que bien pudiera ser Irán. Esa es su proyección.

Piensan en un conflicto armado de alta tecnología, es decir, con aquellos que también cuentan con portaaviones, aviones no tripulados, aviones hipersónicos, armas guiadas de alta precisión, equipos de reconocimiento de largo alcance… El escenario de la guerra según sus previsiones sería el ciberespacio, la guerra electrónica, la confrontación en el espacio, el uso masivo de aviones no tripulados.

Los EEUU denominan a su sistema C4ISR (Comando, Control, Comunicación, Computación, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento)

El 18 de diciembre de 2017, Trump da un discurso sobre la nueva doctrina de Seguridad Nacional en el que señala a Rusia y a China como sus rivales. En ese discurso acusa a sus antecesores en la Presidencia de las últimas dos décadas de tener una actitud de “complacencia estratégica”

Doctrina militar de Irán

El 1 de febrero de 1979, el Ayatolá Jomeini regresa a Teherán en el contexto de la llamada “Revolución islámica”, con la caída de la monarquía y del Sha de Persia. La Monarquía persa era una estrecha aliada de los intereses imperialistas en la zona, y de hecho el Sha había sido repuesto por EEUU y Reino Unido después de la revolución de 1953.

Ante las dudas de la lealtad al nuevo Gobierno de las Fuerzas Armadas, y para poder contar con unas totalmente leales, el 5 de mayo de 1979 se forman los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica como una parte del ejército, aunque con una gran autonomía y con su propia inteligencia, fuerzas terrestres, aéreas y navales. La Guardia Revolucionaria se ha convertido con el paso de los años, seguramente, en el ejército más poderoso de la zona y el mejor entrenado por su continua participación, en general exitosa, en colaboración con milicias amigas en los conflictos de la región.

Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica fueron declarados por Trump como una fuerza terrorista en abril de 2019, cosa que ocurría por primera vez con un ejército nacional, o al menos con una parte de él.

Las milicias aliadas del CGRI en la zona son los Hutíes en Yemen y Hezbolá en el Líbano. El llamado Hezbolá irakí en Irak y Hamas en Gaza (Palestina) también, pero con bastantes matices. La colaboración con estas organizaciones político-militares de la región les otorgan una gran capacidad de intervención y un gran profundidad estratégica.

Es conveniente recordar que desde la proclamación de la República Islámica de Irán en 1979, esta ha contado siempre en su contra con la beligerancia de las potencias occidentales. Asimismo entre el 22 de septiembre de 1980 y el 20 de agosto de 1988 se desarrolló la guerra entre Irak e Irán a iniciativa de Irak; aunque finalmente acabó sin claros vencedores, al menos desde el punto de vista militar, supuso una gran destrucción destrucción económica y civil para ambos países, pero desde el punto de vista militar permitió a Irán acumular una importante experiencia.

La doctrina militar de Irán se puede formular como la “guerra asimétrica”. El objetivo de Irán es mantener y asegurar su soberanía y su integridad territorial. No tienen ambiciones expansionistas, pero saben qué lugar geoestratégico ocupan y que por parte de varios de sus vecinos hay una especial inclinación a acabar con su República.

La estrategia militar iraní se basa en cinco cuestiones principales:

Desconfianza histórica y permanente por la confrontación con los EEUU, que por cierto apoyó a Saddam Hussein en la guerra de Irak-Irán.

Autosuficiencia militar: Irán sabe que los EEUU tienen la intención permanente de cambiar el régimen a través de la presión militar, y por tanto la autosuficiencia es una necesidad vital.

Desarrollo de tecnologías militares propias y optimización de los gastos militares. Su propia situación de aislamiento y bloqueo les ha obligado a desarrollar, además de una doctrina militar muy creativa, su propia tecnología, obviamente porque tienen la potencialidad para ello.

La diferencia entre las amenazas percibidas y que objetivamente tienen y los recursos que pueden dedicar a la defensa les ha conducido a ese concepto de guerra asimétrica, que pretende no enfrentar directamente las amenazas o desafíos sino buscar los puntos débiles de sus adversarios y generar una estrategia y tecnología militar que les permita golpear con muchos puños hacia un mismo objetivo. En este sentido es muy significativo el desarrollo de los drones o de las pequeñas naves en la guerra marítima incluyendo los nanosubmarinos. Ambas cosas les permiten atacar “en enjambre”. En el caso de la guerra naval, con numerosísimas pequeñas naves ligeras pero bien armadas, llegando a utilizar hasta un centenar, en contra de objetivos navales tradicionales de gran tonelaje.

La posición geográfica en un lugar de fuerte presencia de los EEUU y otras potencias, condiciona su doctrina militar.

Describimos de una forma sintética, pero también desarrollada, la doctrina militar iraní por dos razones. La primera porque muy probablemente es el “medio escenario” en que EEUU está pensando cuando hablan de la doctrina de intervenir en “dos escenarios y medio”, y en segundo lugar, porque en una situación geoestratégica tan complicada y con una desigualdad de partida tan grande, no solo en relación con los EEUU sino con Israel, han conseguido desarrollar una estrategia militar muy exitosa. En ello influye por supuesto el fuerte sentimiento antiimperialista de la mayoría del Pueblo iraní, su capacidad tecnológica y el compromiso con la soberanía y la construcción de un futuro para su pueblo, también hay una base religiosa, Chiíta, que configura una filosofía de la vida que ideológicamente les refuerza.

Evolución de los presupuestos militares.

A partir del año 2018 el presupuesto militar de EEUU comenzó a subir de forma muy significativa: un 4,6% en 2018, lo equivalente a 39.000 millones de dólares más. Ello representa un 36% del total de gastos militares a nivel mundial. Los EEUU tienen más de 800 bases en el extranjero repartidas en una cuarentena de países. Han creado una sección del ejército dedicada a la ciberguerra. Se han retirado del “Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias” (INS, por sus siglas en inglés) y el New STAR que finaliza en 2021 no parece que vaya a renovarse. Trump exige a Europa una inversión militar a los países miembros de la OTAN de 340.000 millones de euros.

En el Estado español, la Ministra de Defensa ha anunciado en la presente legislatura que tiene la intención de ampliar la plantilla de las Fuerzas Armadas hasta 127.000 integrantes en las tres ramas. En la actualidad son 120.000. Asimismo ha anunciado una inversión de 1.200 millones de euros para la adquisición de 348 vehículos blindados.

a nivel mundial el gasto militar aumentó en un 4% en 2019. Por su parte EEUU y China tuvieron un aumento del 6,6%. El gasto militar en Asia aumentó en un 50% en la última década. en Alemania aumentó un 9,7% en el año 2019

Lugares de tensión en el mundo

El tercer indicador de que estamos en tal proceso es el recrudecimiento o aparición de nuevos conflictos abiertamente bélicos en zonas que tienen especial interés para el escenario del conflicto global. A lo largo del mundo hay espacios de tremenda tensión político-militar, pero aquellos que tienen una mayor potencialidad para incidir en el avance de una guerra global son:

El Ártico, en la medida en que se está dando un proceso de deshielo, se prefigura como una zona de primerísima importancia para el comercio internacional; se calcula que el tiempo de viaje entre Asia y Occidente se podría rebajar hasta los 20 días. Mike Pompeo considera que sería como el Canal de Suez o el Panamá del Siglo XXI. Además se considera que el Ártico tiene las reservas del 13% de petróleo y el 30% de gas natural, además de uranio, oro, diamantes… y una gran riqueza pesquera. Rusia tiene una gran presencia tradicional en la zona y desde la época de la URSS mantiene bases instaladas allí. En las últimas semanas se ha incrementado en la zona la presencia aérea y especialmente naval de las potencias occidentales: un grupo naval de la OTAN cuya fuerza principal son tres destructores de EEUU y una fragata de Reino Unido han entrado en la región.

Otro lugar con una gran potencialidad de generar chispas hacia el desencadenamiento de una gran guerra es el mar meridional de China, considerado por ese país como parte de su jurisdicción marítima, cosa que no admiten otros estados limítrofes como son Taiwán, Filipinas, Japón o Vietnam.

El tercer lugar con una gran potencialidad de desencadenar un conflicto global es el Golfo Pérsico, continuidad del océano Indico y paso obligado hacia el Mediterráneo desde el Indico y viceversa. Por el estrecho de Mandeb, de apenas 115km de ancho, pasan anualmente mas de 30.000 buques cisternas de petróleo. El 25% del total del comercio mundial pasa por allí. Recientemente los chinos han instalado una base militar en Djibuti, territorio de gran importancia estratégica porque es uno de los lugares que permiten controlar el estrecho de Mandeb.

El cuarto espacio de una gran potencialidad para el desarrollo de una guerra mundial es el Mediterráneo occidental, concretamente Siria.

En quinto lugar otro espacio de una gran potencialidad conflictiva es Venezuela y su entorno, tal como estamos comprobando en los últimos días.

En esos lugares,especialmente en los cuatro primeros, hay un incremento de la presencia militar muy significativa de las diversas grandes potencias. Además de esas cinco áreas, hay otros lugares donde existe una gran tensión y potencialidad de conflicto, como es en la zona limítrofe entre Ucrania y Rusia, Sudán…

Izquierda Castellana

Tomado de La Haine

Categorías: Tortuga Antimilitar

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