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Actualizado: hace 1 hora 44 min

Primer vídeo de "Desconfinando las mentes, desaprendiendo la guerra": Gasto militar y desobediencias

26 May, 2020 - 00:00

El gasto militar en el mundo y en el Estado Español, y la objeción fiscal como desobediencia. (1)

Primera sesión de las jornadas desconfinar nuestras mentes, desaprender la guerra.Con la participación de alternativa antimilitarista MOC, el Centre Delás y mujeres de negro. Jornadas organizadas por el colectivo de Acción Directa Noviolenta, con la colaboración de Ben Magec-Ecologistas en acción, Radio Guiniguada y Radio Pimienta. En esta época de confinamientos, desde ADNV proponemos un espacio para compartir y proponer otra mirada del mundo, una mirada colectiva, que ponga la vida en el centro y que denuncie el autoritarismo, y la violencia de este capitalismo patriarcal y racista que confina nuestros cuerpos y nuestras mentes.

Pinchá acá para verlo:
https://www.youtube.com/watch?v=f-W...

Tomado de: https://canariasporlapaz.blogspot.c...

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Policía y justicia

26 May, 2020 - 00:00

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Los límites de las estrategias neorrurales

26 May, 2020 - 00:00

Intervención de Marc Badal durante las jornadas de la Universidad Autónoma de Madrid: «Vivir (bien) con menos» (2015). Nótese que se trata de notas elaboradas a partir de la transcripción de una charla. Queremos remarcar que el tono del texto en el que se basa esta charla es muy distinto a como es presentado en público por el autor.

En los últimos tiempos cada vez hay mas gente que plantea que una de las soluciones a esta crisis civilizatoria es irse al campo y crear proyectos autogestionarios, relocalizar la economía, potenciar lo agrario, la agroecología, la soberanía alimentaria, etc. Esto ha llevado a que se produzca una explosión de todo lo que se ha venido a denominar otros modelos alimentarios, circuitos cortos de comercialización, grupos de consumo, nuevas experiencias de producción agraria, etc. Se ha generado, por tanto, una nueva situación en la que estos temas están más o menos de moda y en la que mucha gente se va al campo llena de ilusiones.

«Neorrurales» es una palabra con la que se suele denominar a este grupo humano que, por otro lado, es absolutamente heterogéneo. De todas formas, a pesar de esta heterogeneidad, compartiríamos la idea de que se está dando una proyección en el medio rural de una especie de construcción imaginaria que cada uno recrea a su manera, pero que, en cierto modo, es la que te alienta a dar este paso. Digamos que en el medio rural esperamos encontrar lo que la ciudad nos niega, una veces son expectativas revolucionarias, otras, encontrarse a si mismo, o buscar un empleo, o pagar un alquiler más barato, o no pagarlo porque vas a casa de un familiar que vive en un pueblo, etc.

En cualquier caso, este no es un fenómeno nuevo porque ya desde los años 60, 70 y 80 en nuestra realidad territorial hay gente que viene dedicándose a estas actividades. Se puede decir que venimos a reproducir una larga tradición, una cierta visión idealizada, o bastante dulce, de lo que es el medio rural. En este sentido, los hippies de ahora o los alternativos agroecológicos, los anticapitalistas, los okupas rurales o lo que seamos, venimos a ofrecer una nueva versión, una nueva variación de este ritornelo que se ha reproducido en divrsos momentos de la historia (antigüedad griega, romana, edad media, Al Andalus, toda una corriente de poesía inglesa del s. XVIII y XIX vinculado al Romanticismo, los naródniki rusos etc).

Mientras en los años 60, 70, 80 la vuelta al campo se había encarnado sobre todo en la figura de los hippies, de las comunidades o comunas rurares. A mediados de los 90 el monopolio de lo rural alternativo lo tomó un grupo de personas cercanas a espacios libertarios o antagonistas, para desplazarse el foco en los últimos años más hacia lo que se ha venido en llamar movimiento agroecológico, experiencias de producción y distribución en circuitos cortos, de cooperativas de consumidores y productores, redes de semillas, etc.

Por otro lado, en los últimos tiempos se ha obrado una suerte de metamorfosis en la que el campo ya no rima con trabajo extenuante, chismorreo, beatería, caciquismo. Ahora de repente el campo rima con saludable longevidad, sostenibilidad ecológica, libertad individual, expresión de uno mismo, satisfacción personal, etc. Todas las políticas de erradicación agraria, que también se suelen llamar de desarrollo rural, han favorecido áreas como el turismo rural, además de una serie de mecanismos para impulsar esta nueva imagen que corresponde muy poco a las de películas que hace unos años retrataban a los catetos que venían a la ciudad.

Sin embargo, creo que la imagen que se nos presenta o que nos hemos montado del campo tiene bastante poco que ver con lo que realmente existe en el medio rural o lo que se está imponiendo. Es decir, en el campo hace tiempo que la tierra ha dejado de ser el eje que vertebra lo económico, lo social y lo cultural. En el campo existen infraestructuras de comunicación, instalaciones que molestan en las áreas urbanas y se instalan en esos sitios «vacíos». También en algunas zonas privilegiadas el campo se ha convertido en una especie de espacio vacacional, en otras se siguen produciendo mercancías, pero que en general tienen poco que ver con la alimentación de las personas que viven más o menos cerca: se produce etanol o celulosa o piensos transgénicos. Entonces, esta realidad contrasta fuertemente con la imagen proyectada. Aun y así el mecanismo funciona porque la ruralidad se ha convertido en una especie de isla de alteridad en medio de una cultura dominante absolutamente urbana, con lo cual es automático el efecto de que lo rural se convierta en un exotismo. Es precisamente este exotismo de lo rural es el que también en cierta manera nos lleva a los más idealistas y transgresores a dar este paso.

No solo es que la realidad rural no coincida con la imagen de postal, sino que, como decía Debord, la barrera entre lo urbano y lo rural, si alguna vez ha existido, se ha desgajado por el hundimiento simultáneo de las dos realidades.

Los suburbios, ya sean de los 60, 70, 80 o los de ahora de la plena crisis, en cierto sentido representan la síntesis de este hundimiento y son el sumidero de antiguos campesinos. Somos los huérfanos del mundo campesino desaparecido hace cuatro días ante nuestras narices y la gente que estamos aquí, de primera, de segunda o de tercera generación, a no ser que descendamos de hidalgos o de altísima burguesía, todos somos hijos o nietos de campesinos. Naredo hace años ya escribía que el paisaje rural cada vez se parece mas a un híbrido entre un vertedero y un solar abandonado. Yo diría que no solo en lo ecológico, sino también en lo social. Cada vez más lo rural se ha convertido en una mala copia de lo urbano. Nos hemos quedado con lo más cutre y además –y yo creo que eso es algo común en la ciudad- con un proceso galopante de desintegración de todos los tejidos sociales.

Tópicos y nubarrones

Uno de los tópicos que se suele mencionar es que irse al campo es la hostia porque para empezar necesitas mucho menos dinero porque te abasteces de los ecosistemas locales en vez del mercado y del Estado, te conviertes en mucho más autosuficiente, menos dependiente, en cierto modo que te desconectas, pero esto no es cierto. No hay nadie, ni los que vivimos en la montaña lejos de las ciudades, ni los productores de agricultura ecológica que no dependamos entera y completamente del petróleo. En casi todos los trabajos y las tareas que realizamos en el día a día necesitamos materiales, herramientas, maquinaria, combustibles, transportes, etc. Se podría decir quizás que estamos relativamente más cerca de una situación post-petróleo, pero si el paso a hacer sería, por poner un símil, tener que cruzar un río de un salto, pues tal vez nuestro río tiene 50 metros de ancho en vez de 200 metros de ancho, pero igualmente el salto es imposible. Es decir, estamos tal vez relativamente más cerca, pero en términos absolutos nos encontramos en una encrucijada no muy diferente a la que se encontraría un productor convencional de gran escala.

Además, en el entorno aparecen ciertos nubarrones que nos hacen muy incierta la producción a medio y largo plazo, como sería la degradación ecológica galopante del entorno en el que habitamos. Ya no es solo la cuestión del cambio climático, sino la simplificación y la degradación de los ecosistemas lo que nos depara gran incertidumbre a nivel de manejo de nuestros cultivos. A ello hay que añadir el etnocidio campesino, la desaparición del campesinado europeo en la últimas décadas nos deja también desvalidos de la herramienta seguramente más importante con la que podríamos contar para una agricultura post-petróleo, que serían los conocimientos tradicionales de la producción alimentaria en una época en que no se necesitaba petróleo para producir alimentos.

Otro nubarrón podría ser seguramente el incremento del control estatal de todas nuestras actividades. Hasta ahora hemos conseguido que nuestras actividades se muevan en una especie de limbo fiscal y legal, como una cosa microscópica que no molesta a nadie y que se tolera, pero en Catalunya hace unos años ya empezaba a sonar la mosca de que la Generalitat quería empezar a hacer un censo de las iniciativas agroecológicas en el área metropolitana de Barcelona, lo que podía entenderse como un paso previo a otro tipo de medidas de control.

No solo tenemos limitaciones materiales o económicas, sino que progresivamente nos cuesta más distinguir nuestras propias experiencias de otras que cada vez se parecen más a lo que hacemos. Distinguir entre estar en una cooperativa de producción y distribución de alimentos ecológicos o ir a comprar un producto ecológico en el Carrefour es bastante sencillo. Sin embargo, cada vez es más difícil diferenciar entre proyectos que honestamente persiguen una transformación social a través de lo agroalimentario de proyectos empresariales que van adoptando el discurso y algunas prácticas similares.

Otro de los tópicos y a la vez uno seguramente el gran talón de Aquiles de nuestras experiencias es la idea de que supuestamente cuando te vas a vivir al campo ingresas en un estadio moralmente superior que te hace un poco librarte de todas las miserias, de todas las actitudes vergonzantes que nos han inculcado desde que nacimos en el quirófano, como si un cambio de escenario podría generar una especie de ser humano nuevo. Esto no solo no es cierto, sino que es el principal problema que tenemos. No únicamente la gente que vivimos en este tipo de experiencias, sino que a nivel social, nos cuesta muchísimo estar con alguien y hacer cosas con otras personas. Esta es la primera causa de abandono y de conflictos de estos proyectos.

En relación a la acción política, intentar cualquier tipo de actividad por muy subliminal que sea en el medio rural, me refiero a los que hemos llegado de fuera con ideas bastante estrafalarias, es algo sumamente delicado y que requiere de una maestría que excede nuestras capacidades. Entonces construir complicidades y tejer alianzas es muy complicado. Hay que ser consciente además de que a la mínima de cambio se pueden ir al traste, especialmente cuando hay situaciones de tensión y sobre todo cuando la gente que llegamos de fuera no movemos ni una coma para cambiar nuestras actitudes y nuestro discurso..

Para terminar, a veces tengo la sensación en algunos autores muy concretos, pero que en ciertos ambientes han sido bastante leídos, presentan la ida al campo como LA solución. En este sentido, los neorrurales podríamos pensarnos como una especie de jardineros de edenes que vamos allá e intentamos construir nuestros pequeños mundos. Por otro lado, hay otra gente que yo denominaría planificadores territoriales o urbanistas de edenes que se atreven o que tienen la pulsión de presentarnos los rasgos bastante concretos y definidos de una realidad post-capitalista, post-fósil, post-industrial, o lo que sea. Yo entiendo que puede tener cierta utilidad este tipo de ejercicios, pero a veces tengo la sensación de que existe la necesidad o exigencia por parte de la audiencia de que le ofrezcan soluciones, y a poder ser LA solución. Todos estos planes tan bien montados, tan bonitos, mezclados con una especie de optimismo compulsivo que en los entornos agroecológicos y ecologistas es bastante habitual y que desgraciadamente no comparto, generan una síntesis que en mi opinión dificulta bastante el hecho de afrontar la autocrítica y la reflexión sobre nuestros propios límites como algo que lejos de ser paralizante parece que ayuda un poco a entender de dónde venimos y dónde estamos.

Fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/2018...

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El ejército español expulsa a un cabo que criticó la monarquía y la corrupción militar

25 May, 2020 - 00:00

Margarita Robles confirma la expulsión de un militar por atacar la Constitución y al rey

Desestima el recurso de un cabo del Ejército de Tierra que hizo publicaciones en redes sociales contra Felipe VI y a favor de los CDR, y que firmó un artículo sobre la “corrupción” en las Fuerzas Armadas.

El recurso de alzada ante la ministra de Defensa no ha servido al cabo Marco Antonio Santos Soto para que se anule la sanción de resolución de compromiso que le impuso el Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) como autor de dos faltas muy graves relacionadas con la emisión de opiniones políticas.

Confidencial Digital ha podido saber que Margarita Robles firmó el 16 de marzo una resolución por la que desestimó el recurso de alzada presentado por este cabo al que el Ejército de Tierra había decidido expulsar.

El cabo recurrió ante la ministra en vía administrativa. La Asesoría Jurídica General del Ministerio de Defensa analizó el caso y concluyó que procedía desestimar el recurso, y así lo firmó hace dos meses Margarita Robles, si bien fue notificado al militar expulsado este viernes 22 de mayo.

Publicaciones contra la monarquía

Tal y como se contó en estas páginas con motivo de la resolución del JEME sobre este asunto, el Ejército de Tierra sancionó a este cabo por varias publicaciones en redes sociales, así como por un artículo publicado en la web del partido político “Republicanos”.

En esas publicaciones en su perfil en Facebook, por ejemplo, el cabo manifestaba su rechazo a la monarquía y al rey, compartiendo imágenes que tildaban a la monarquía de “pasaritaria”, afirmando que “Juan Carlos se lo lleva calentito a Suiza”...

También compartió opiniones a favor del independentismo catalán, el logo de los Comités de Defensa de la República; críticas a la bandera de España (“es heredera del franquismo y legitima su continuidad”), apoyo a los condenados por agredir a dos guardias civiles en un bar de Alsasua...

Corrupción de altos mandos

A ello se suma la publicación de un artículo, firmado por él, que con el título “Corrupción” acusaba a altos mandos militares de malversar dinero de la comida de los militares para gastarlo “seguramente en avituallamiento de licores” para ellos.
Dos faltas muy graves

A juicio del Ejército, estas publicaciones constituyeron dos faltas muy graves según la Ley Orgánica 8/2014, de 4 de diciembre, de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas.

Por un lado, el cabo habría incurrido una falta muy grave contemplada en el artículo 8.1 de dicha ley, que castiga “el incumplimiento del deber de fidelidad a la Constitución y la realización de actos irrespetuosos o la emisión pública de expresiones o manifestaciones contrarias al ordenamiento constitucional, a la Corona y a las demás instituciones y órganos constitucionalmente reconocidos, cuando sea grave o reiterado”, por todas sus publicaciones contra la monarquía, contra el rey -del que se subraya que es jefe supremo de las Fuerzas Armadas a las que pertenece el cabo-, contra la Constitución y contra distintos órganos e instituciones, como la justicia.

Además, también consideró el Ejército que el cabo Marco Antonio Santos había cometido otra falta grave, la del artículo 8.13, por “infringir reiteradamente los deberes de neutralidad política o sindical, o las limitaciones en el ejercicio de las libertades de expresión o información, de los derechos de reunión y manifestación y del derecho de asociación política o profesional”.

Defensa: libertad de expresión y de opinión

El militar se defendió asegurando que no había incumplido el deber de neutralidad política, y que sólo había hecho uso de sus derechos constitucionales de libertad de expresión y de opinión, que además vienen recogidos en la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas.
“Quiebra la neutralidad política”

Esos argumentos, sin embargo, tampoco han convencido a la Asesoría Jurídica General del Ministerio de Defensa.

En el informe que sirvió a Margarita Robles para desestimar el recurso de alzada contra la expulsión de este cabo, se corroboran las conclusiones del Ejército de Tierra en cuanto a que las publicaciones del cabo habían sobrepasado con creces los límites de la libertad de expresión y habían incurrido en injurias al rey, a la Constitución y a las Fuerzas Armadas, y por otro habían infringido el deber de neutralidad política.

“No cabe ninguna duda que se quiebra la neutralidad política con publicidad cuando un miembro de las Fuerzas Armadas, utilizando internet, realiza publicaciones en la red social Facebook con un perfil público en las que critica abiertamente a ciertos partidos políticos y a sus dirigentes y apoya a otras posturas políticas, como el independentismo catalán o, particularmente, a una forma de organización del Estado como es la república”, consideran los asesores jurídicos de Defensa.

La libertad de expresión no ampara injurias

También aseguran que “las expresiones de carácter injurioso e irrespetuoso respecto de las personas, de las instituciones que las mismas representan y de los poderes públicos que ha realizado el recurrente no pueden ser amparadas por el derecho a la libertad de expresión”, ya que con su artículo “Corrupción” fue más allá de lo que se considera una crítica con mesura que puede hacer un servidor público hacia otros, según jurisprudencia del Tribunal Supremo.

Defensa asume el análisis que hizo el Ejército de Tierra de que todas estas publicaciones hechas por el cabo habían ocasionado un grave daño a la disciplina militar, al infringir deberes de los militares como es “el deber de respeto y consideración a la Corona, máxima institución del Estado y jefe supremo de sus Fuerzas Armadas, así como a la propia institución castrense” en el artículo sobre presunta corrupción en su seno, “en el que se pretende reflejar una situación de corrupción generalizada en los mandos de las Fuerzas Armadas, y todo ello amplificado por el medio utilizado, Internet”.

El castigo más duro

Ante la petición de que estas faltas muy graves no fueran castigadas con la resolución del compromiso -es decir, la expulsión-, sino con medidas menos duras, la resolución firmada por la ministra de Defensa asegura que las circunstancias del caso llevan a que “la respuesta punitiva proporcionada al injusto cometido habría de ser necesariamente la más rigurosa”.

Por todo ello, concluye que la sanción impuesta por el Ejército de Tierra fue la correcta, y la confirma.

Ante esta resolución ya sólo cabe recursos contencioso disciplinario militar ante la Sala Quinta, de lo Militar, del Tribunal Supremo.

El Confidencial

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La crisis de nuestras vidas (I)

25 May, 2020 - 00:00

Decía nuestro ínclito presidente, Pedro Sánchez, que ésta, la del coronavirus, es la crisis de nuestras vidas. No sé si será tal. Cada cual sabe cómo lleva su partitura. Tampoco sabemos si esta crisis es la última similar que vamos a vivir, o la primera de una serie de episodios más o menos parecidos. En todo caso me han propuesto escribir mis reflexiones sobre el tema para esta página web, la de Tortuga, y a ello me dispongo, haciéndolo en unos diez epígrafes, que administraré en tres o cuatro entregas. Esta es la primera.

Vicent Teulera i Punyal.

1. Yo y mi circunstancia

Empezaré diciendo que yo soy de esas personas a las que el confinamiento decretado bajo el paraguas de estado de alarma, que en realidad lo es de excepción, además de ponerme de los nervios, me ha resultado muy perjudicial. Yo no soy de esos trabajadores de la administración que en ningún momento han visto peligrar su empleo, ni han dejado de cobrar puntualmente su nómina, estando trabajando algunos, estando en casa otros haciendo, a ratos, alguna labor mediante internet. Entiendo que su situación, sobre todo la de los últimos, les ha posibilitado tomarse la cuarentena con calma, sin prisas, con sentido "cívico", e incluso aprovechar para sacar el polvo de algún armario: "¡Quédate en casa! Todo lo que haga falta".
Ni siquiera soy el empleado de una empresa, jodido y preocupado por su ERTE, pero manteniendo también, al menos de momento, un ingreso y una expectativa de reincorporación a su puesto. Yo soy un trabajador independiente "free-lance", que si no curra, no cobra. Es decir, que he pasado estos meses a cero patatero. Y no iba sobrado, precisamente. Por desgracia, ni mucho menos soy el único en esta circunstancia. Para todos nosotros, además, el futuro económico pinta gris con tonos negros.

Podría abundar también en otro tipo de circunstancias personales, familiares, habitacionales, etc. que se han visto afectadas por los decretos de confinamiento, creandome importantes perjuicios y obligándome a correr desagradables riesgos, pero bueno, dejemos el agua correr.

En todo caso, lo que quiero decir con estas líneas es que para mi la cuarentena no ha sido esa ocasión para reencontrarme conmigo mismo, con mi familia, con mis amistades (cibernéticamente), para leer, ordenar, ver series, hacer bizcochos y esas cosas. Por el contrario, ha sido una auténtica maldición; una pesadilla.

2. Los verdaderos damnificados

Y si he empezado por hablar de mis cuitas, por aquello de aterrizar, de ubicarse en lo concreto, debo decir que éstas son el chocolate del loro comparado con lo que está pasando mucha gente. Hay quien ha perdido el trabajo. Cabe pensar que no son buenos tiempos para buscar uno nuevo. ¿Hace falta recordar hasta qué punto las personas de la sociedad necesitan de su empleo para pagar el alquiler o la hipoteca, comprar ropa a sus hijos, simplemente comer...? Algunos, que no todos, cobrarán paro un tiempo, luego una ayuda familiar de casi 400 euros. Bueno. Hay quién tenía un negocio: un bar, una ferretería, un lavadero de coches, una compañía de teatro... Hay quienes acababan de empezar, invirtiendo ahorros, préstamos... Es de creer que muchos de estos emprendimientos no volverán a alzar su persiana una vez pase la situación de excepción. Algunos habrán quedado seriamente endeudados. El gobierno, para ellos, ha arbitrado una serie de pequeños pagos "compensatorios". Hay quien saca pecho diciendo que por primera vez un gobierno dio algo a las personas laboralmente autónomas. Bueno.

El progre-gobierno, además, anuncia una renta mínima, de también 400 y pico € (o más si hay hijos) para familias que no tienen otra cosa. Bueno. El estado, ahora, da limosnas de estas para que la gente no entre en la pobreza absoluta y pueda seguir consumiendo algo, que ese es el motor del sistema. Hasta Montoro y De Guindos animan a dar esas rentas. Todavía hay personas que están peor. Los "sin hogar" han estado encerrados aquí y allá en condiciones penosas y carcelarias. Muchos son enfermos mentales drogodependientes. El deambular de alguno que otro de ellos ha dado pie a anti-empáticos linchamientos virtuales en internet y en los medios de comunicación, así como a, también linchamientos, estos bien reales, bajo las porras policiales. Cabe hablar asimismo de las personas presas, confinadas dentro de su reclusión, sin derecho a permisos, visitas o vis a vis; es decir, presas dentro de la prisión.

Aunque, en nuestra sociedad, las víctimas por antonomasia de esta crisis son aquellas que han fallecido prematuramente por la acción del virus covid-19. Ellas y sus seres queridos. Como diré luego, morir debería ser un hecho, en general, más normal en muchos sentidos. A todos nos llegará nuestra hora antes o después. Pero morir así, como ha sido tónica general estas semanas; solo, sin poder estar acompañado y despedirte de los tuyos, en un hospital, entubado en una puñetera uci... no es digno. Ni humano. Y los deudos, que no han podido estar en ese irse, a quienes no les han dejado velar el cadáver, ni enterrar debidamente al finado. Cadáveres que han llegado a perderse por aquí y por allá... ¿Y qué decir de los geriátricos, convertidos en el castillo del horror? Habrá que pedir cuentas a tanto político debidamente asesorado por expertos médicos y epidemiólogos, a ver porqué, sabiendo lo que venía y cómo incidía en personas ancianas, no se tomaron medidas profilácticas prontas y eficaces para proteger debidamente a esta población.

No conviene olvidar que nuestro estado español no es, en sí, el mundo. En los países empobrecidos, los cuales, por cierto, en muchos casos, padecen pandemias harto más mortales que el propio coronavirus, las medidas de aislamiento social adoptadas por contagio de lo que se hace en otros sitios o recomendación de la OMS, o ambas cosas, han dado lugar a consecuencias ruinosas para las pequeñas economías locales de subsistencia. La gente que cada día salía a buscarse la vida para dar de comer a su familia y que hoy se ve confinada bajo la amenaza policial y carcelaria, ni siquiera tendrá acceso a una renta básica de subsistencia como las de aquí.

3. Un paréntesis sobre la represión

Quienes solo han salido de casa a por pan, tabaco y pasear al perro, quienes salen ahora en masa a corretear un poco en los horarios permitidos, seguramente, tienen una visión de las fuerzas policiales más bien positiva. Uno más de esos cuerpos funcionariales que se están currando el bienestar de todos durante la pandemia, y a los que hay que aplaudir a las ocho. Sin embargo quienes se han sentido obligados a desplazarse aquí y allá, en alguna o en numerosas ocasiones, fuera de los estrechos supuestos permitidos, han experimentado en propia piel la seria militarización que ha vivido la sociedad estos meses. Controles y más controles de todo tipo de policías, revisando explicaciones, documentaciones y equipajes. Tomando notas y haciendo fotos. Coches patrulla pasando una y otra vez por las calles, arriba y abajo. Agentes identificando a todo tipo de viandantes. La ley, en este caso, no ha sido progresiva y no ha querido hacer excepciones. Las multas se han impuesto bajo la cobertura de la denostada Ley Mordaza; esa que PSOE y Podemos iban a derogar. Sus cuantías, siendo de 600 € la mínima, han oscilado entre los mil y mil quinientos. Quizá una cantidad asumible para algún rico que se ha escapado con su coche deportivo a su segunda residencia, pero una auténtica locura para el trabajador no dado de alta que ha tenido que salir -ilegalmente- a trabajar o para el integrante de algún sector marginal que ha sido "cazado" cuando, por ejemplo, iba a visitar a algún familiar enfermo o a un velatorio. Se ha llegado a multar recurrentemente a enfermos mentales sin hogar y a drogodependientes.

El estado de excepción ha permitido a la policía, ya de por sí más que dada al empoderamiento y el abuso de autoridad, enseñorearse de las calles. Las actitudes displicentes, malcaradas y discrecionales han sido más norma que excepción. El papel de multar ha corrido como el agua, habiéndose llegado al delirante número de casi un millón de sanciones en dos meses. Se han practicado numerosísimas detenciones, jaleadas por los medios de comunicación, aplaudidas por los espectadores de balcón y de las que han sacado pecho los respectivos mandos policiales en las ruedas de prensa gubernamentales. Han sido recurrentes los testimonios de extralimitaciones, abusos, malos tratos y agresiones por parte de los agentes de unos y otros cuerpos. Como decía Molotov-, "si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger". Ni más ni menos, es lo que ha pasado. Ahora habrá que lidiar con las secuelas, porque me da que no va a ser fácil que baje sus humos más de un y una policía que le ha cogido el gusto al abuso de autoridad.

Continuará...

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Bilbao y Gasteiz reivindican este 24M Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme

24 May, 2020 - 12:59

Hoy 24 de mayo, Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, los colectivos feministas y antimilitaristas de Bilbao y Gasteiz, Armiarma Talde Feministas Antimilitarista, Emakumeok Gerraren Aurka – Mujeres Contra La Guerra, han salido a las calles para conmemorar las diversas luchas y logros de las mujeres contra la guerra y valorar el trabajo de miles de mujeres que siguen plantando cara a las guerras y a la maquinaria que las posibilita (la cercana industria armamentística de nuestro país, por ejemplo).

Nota de prensa: La crisis sanitaria en la que estamos inmersas nos está demostrando el disparate global en el que estamos asentadas, lo terriblemente vulnerables que somos, y la necesidad inaplazable de repensar el modelo de sociedad en el que vivimos.

La forma en que desde el poder se ha abordado la situación con un incremento de la presencia militar en las calles y en los medios de comunicación nos ha puesto en alerta sobre el continuo riesgo de mayor militarización de la sociedad.

Nos quieren hacer creer que los ejércitos son parte de la solución. Nos venden “seguridad” uniformada. Nos muestran imágenes de militares desinfectando residencias, aeropuertos y estaciones de trenes, obviando el trabajo de quienes ya lo hacían antes y lo seguirán haciendo sin ninguna valoración, y en condiciones precarias, en muchos casos…,

Estamos viendo que en el contexto actual la militarización, el miedo, la falta de recursos, los recortes afectan, más aún si cabe, a las vidas de los colectivos más desfavorecidos, de las mujeres y de las personas que han huido de las guerras en muchos lugares del mundo.

Como antimilitaristas y feministas que somos, frente a los ejércitos y las armas que matan, nos reafirmamos en la urgencia de poner la vida y los cuidados en el centro.

Porque entendemos las guerras como el máximo exponente de la violencia patriarcal.

Frente a las guerras colonialistas, heteropatriarcales, imperialistas, racistas, clasistas y capitalistas que se sustentan en el concepto de masculinidad asociado con la violencia y las armas, nuestros feminismos pone la vida en el centro. Una vida digna para todas las personas. Por eso mismo, nuestros feminismos están radicalmente en contra de las guerras.
Guerras que frecuentemente convierten en objetivo militar y botín de guerra el cuerpo de las mujeres.
Guerras que provocan destrucción, muerte, miseria y desplazamientos forzosos en las poblaciones afectadas.

Porque las guerras son uno de los pilares fundamentales del sistema capitalista.

Guerras producidas a causa de intereses geoestratégicos y económicos que luchan por el control y el saqueo de las materias primas y de los recursos naturales de los Pueblos.
Guerras que se llevan a cabo con la connivencia de poderosas transnacionales, élites económicas, gobiernos e instituciones de las llamadas sociedades desarrolladas.
Guerras que transcurren con la indiferencia de gran parte de la población civil, que las consideran como ajenas y distantes y de las que sin embargo, aunque sea indirectamente, se benefician.

En el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, en medio de esta crisis sanitaria global, hacemos un llamamiento a reconsiderar el modelo de sociedad que ha llevado a la Humanidad entera a esta alarmante situación.

– Urge desmilitarizar la sociedad.
– Urge suprimir los gastos militares y reinvertirlos en los servicios públicos y en el bienestar de las personas.
– Urge reconvertir la industria armamentística en producción para el uso civil, atendiendo a criterios éticos, sostenibles y solidarios.
– Urge poner límite al consumismo desenfrenado, insostenible en relación a los recursos planetarios, e incompatible con una vida buena para todas las personas.

Sabemos que sólo nos salvamos juntas, tejiendo redes de apoyo, cuidándonos, y construyendo colectivamente.

Ya es hora de acabar con las armas y la industria militar, y poner la vida en el centro de la política y del sistema.

MUJERES POR LA PAZ Y EL DESARME
SIN GUERRAS QUE NOS MATEN, NI PAZ QUE NOS OPRIMA.
GASTOS MILITARES PARA NECESIDADES SOCIALES.
LA GUERRA EMPIEZA AQUI

M24 – 2020 Bakearen eta armagabetzearen aldeko Emakumeen Nazioarteko Eguna

Gaur, maiatzaren 24a, Bakearen eta armagabetzearen aldeko Emakumeen Nazioarteko Eguna, kalera irtetzen gara emakumeek gerraren aurka egindako borroka eta lorpenak gogoratzeko eta gerrei eta horiek ahalbidetzen dituzten makinei (gure herrialdeko arma-industria hurbila, adibidez) aurre egiten jarraitzen duten milaka emakumeren lana baloratzeko.

Osasun-krisi honek erakusten digu zein zentzugabekeria globalean kokatuta gauden, zein ahulak garen eta bizi garen gizarte-eredua birpentsatzeko premia atzeraezina dugula.
Botereak egoerari heltzeko moduak gizartearen militarizazioren arriskuaz ohartarazi gaitu, kaleetan eta komunikabideetan presentzia militarraren areagotzea ikusita.

Sinetsarazi nahi digute ejerzitoak konponbidearen parte direla. «Segurtasun» uniformeduna saltzen digute. Militarren irudiak erakusten dizkigute, egoitzak, aireportuak eta tren-geltokiak desinfektatzen, lehen egiten zutenen lana alde batera uzten (kasu askotan inolako baloraziorik gabe egiten jarraituko dutenak, baldintza eskasetan gainera).

Ikusten ari gara gaur egungo testuinguruan militarizazioak, beldurrak, baliabide faltak eta murrizketek are gehiago eragiten dietela kolektibo behartsuenen, emakumeen eta munduko leku askotan gerretatik ihes egin duten pertsonen bizitzei.

Antimilitarista eta feminista garen aldetik, ejerzitoen eta hiltzen dituzten armen aurrean, bizitza eta zaintzak erdigunean jartzeko premia berresten dugu.

Gerrak indarkeria patriarkalaren adierazgarri nagusitzat hartzen ditugu.

Indarkeriarekin eta armekin lotutako maskulinitatearen kontzeptuan oinarritzen diren gerra kolonialista, heteropatriarkal, inperialista, arrazista, klasista eta kapitalisten aurrean, gure feminismoek erdigunean jartzen dute bizitza. Bizitza duina aldarrikatzen dute persona guztientzat. Horregatik, gure feminismoak gerren aurka daude erabat.

Emakumeen gorputza helburu militar eta gerra-harrapakin bihurtzen duten gerrak.
Kaltetutako herrietan suntsipena, heriotza, miseria eta nahitaezko desplazamenduak eragiten dituzten gerrak.

Gerrak baitira sistema kapitalistaren oinarri.

Interes geoestrategiko eta ekonomikoen ondorioz sortutako gerrak, herrien lehengaiak eta baliabide naturalak kontrolatzeko eta arpilatzeko borrokatzen direnak.

Gerra horiek transnazional boteretsuen, elite ekonomikoen, gobernuen eta gizarte garatu deritzenen erakundeen arteko adostasunarekin gauzatzen dira, populazio zibilaren zati handi baten axolagabekeriarekin, arrotz eta urrunekotzat hartzen dituztenak, eta, hala ere, zeharka bada ere, onura ateratzen dietenak.
Bakearen eta armagabetzearen aldeko Emakumeen Nazioarteko Egunean, osasun-krisi global honen erdian, gizateria osoa egoera kezkagarri horretara eraman duen gizarteeredua berriz aztertzeko deia egiten dugu.

Premiazkoa da gizartea desmilitarizatzea.
Gastu militarrak kentzea eta zerbitzu publikoetan eta pertsonen ongizatean berriz inbertitzea premiazkoa da.
Premiazkoa da arma-industria erabilera zibilerako ekoizpen bihurtzea, irizpide etiko, iraunkor eta solidarioak kontuan hartuta.
Premiazkoa da neurriz kanpoko kontsumismoari muga jartzea, jasanezina planetabaliabideei dagokienez, eta bateraezina pertsona guztientzako bizitza on batekin.
Badakigu elkarrekin salbatzen garela, laguntza-sareak ehunduz, gu zainduz eta kolektiboki eraikiz.
Bada garaia armekin eta industria militarrarekin amaitzeko, eta bizitza politikaren eta sistemaren erdigunean jartzeko.

EMAKUMEAK BAKEAREN ETA DESARMEAREN ALDE.
EZ HILTZEN GAITUEN GERRARIK, EZ ZAPALTZEN GAITUEN BAKERIK.
GASTU MILITARRAK GIZARTE-BEHARRIZANETARAKO.
GERRA HEMEN HASTEN DA.

Fuente: https://www.ecuadoretxea.org/bilbao...

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La gripe española de 1918 y el ascenso del nazismo: Tomen nota

24 May, 2020 - 00:00

La tramoya

Juan Torres López.

Los estudios científicos que han demostrado la alta correlación existente entre el deterioro de la vida económica y el ascenso de la extrema derecha son muy abundantes.

Más concretamente, se han podido demostrar algunos hechos que deberían ser tomados muy en cuenta por nuestros políticos y gobernantes.

En primer lugar, sabemos que el ascenso de la extrema derecha no se produce como consecuencia de cualquier tipo de crisis, sino de las financieras y cuando el periodo de recesión posterior a la crisis es duradero.

También sabemos que las políticas de austeridad, los recortes en el gasto público que llevan consigo disminución de las prestaciones sociales y deterioro de los servicios públicos, están altamente correlacionadas con el ascenso del la extrema derecha. Algo que se ha podido demostrar perfectamente en el caso alemán: tras las políticas de grandes recortes que se llevaron a cabo entre 1930 y 1932, el partido nazi multiplicó su voto, pasando de tener poco más del 2% en 1928 a casi el 45% en 1933.

Desde hace unos días sabemos un poco más sobre el ascenso del nazismo en Alemania pues un economista de la Reserva Federal de Nueva York, Kristian Blickle, ha publicado un estudio, todavía en versión preliminar, en el que se demuestra la gran influencia que la pandemia de gripe española tuvo en el éxito posterior de Adolf Hitler (puede leerse aquí).

Blickle ha analizado las muertes producidas por aquella pandemia en las diferentes regiones y ciudades alemanas y ha podido comprobar que allí donde la mortalidad fue más alta se registró tiempo después un mayor apoyo electoral a los partidos de extrema derecha y particularmente al nazi.

Su análisis pone de manifiesto que las ciudades y regiones donde hubo más muertos a causa de la pandemia registraron luego más desempleo y recortes de gasto público. Estos dos factores están claramente relacionados con el ascenso de la extrema derecha, según el análisis de Blickle, aunque igualmente demuestra que ni el mayor nivel de paro ni las políticas de austeridad fueron las únicas vías por las que la pandemia terminó produciendo un aumento del voto al partido nazi. De hecho, señala que otras enfermedades, como la tuberculosis, que producían más o menos las mismas muertes que provocó la gripe española, no tuvieron el mismo efecto sobre electoral.

En su opinión, lo que ocurrió fue que aquella pandemia concentró principalmente sus efectos sobre la juventud, primero en cuanto a mortalidad se refiere y, más tarde y a consecuencia del recorte de gasto y del cambio demográfico, en la mentalidad y en las actitudes sociales. Blickle señala, por ejemplo, que los recortes afectaron a servicios disfrutados especialmente por la población más joven y que el origen foráneo del virus fomentó el resentimiento hacia los extranjeros que fueron vistos como responsables de la pandemia. De hecho, muestra que el porcentaje de votos para los extremistas de derecha aumentó particularmente en las regiones que históricamente habían culpado a las minorías de las plagas medievales.

En todo caso, el ascenso del nazismo seguramente no pueda explicarse sólo por ese tipo de razones económicas. También se ha comprobado que influyó decisivamente la enorme polarización social y política de aquel periodo. Leon Trotski retrató muy gráficamente lo que ocurría en esa Alemania donde germinaba el terror. Decía que era como una pirámide en cuyo vértice superior había una bola que la extrema derecha, por una parte, trataba de volcar hacia la izquierda para romper la espalda del movimiento obrero mientras que el partido comunista, por otra, la empujaba hacia el otro lado, para rompérsela al capitalismo.

Después de 2008 sufrimos una recesión larga y muy dura, durante unos años que han visto crecer la extrema derecha en casi todos los países del mundo, hasta el punto de que son bastantes los que están gobernados por líderes extremistas como Trump, Orban o Bolsonaro. El Royal United Service Institute, un centro de estudios inglés bastante conservador, acaba de publicar un pequeño informe en el que se indica que el nivel de amenaza del extremismo de derecha amplificado por la crisis global es alto (aquí). Por un lado, porque está extendiendo la idea de que "la reconstrucción de un orden mundial racialmente puro requiere avivar el caos mediante ataques masivos y tomar las armas para desencadenar una guerra racial"; y, por otro, por el riesgo de que un colapso económico provocado por las medidas necesarias para atajar la pandemia produzca disturbios civiles masivos que desestabilicen a los gobiernos y fuerzas de seguridad.

Hospital militar de emergencia durante la epidemia de Gripe Española, en Camp Funston (Kansas, EEUU) FOTO: Museo Nacional de Salud y Medicina

La Covid-19 no es una pandemia exactamente igual que la provocada por la gripe española, pero deberíamos tener cuidado pues sus antecedentes y la situación que se está generando tienen casi todos los ingredientes que facilitaron la llegada al poder de los nazis: el deterioro económico es evidente, los recortes ya los hemos sufrido y otros nuevos están a la vuelta de la esquina, el desprecio de la política democrática como instrumento de gestión de los asuntos públicos es extraordinario, la polarización agobiante y la xenofobia tremenda. ¿Qué se puede esperar cuando nada más y nada menos que el portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos de la primera potencia mundial, Michael Caputo, dice que la Covid-19 se produce porque "millones de chinos chupan la sangre de los murciélagos rabiosos como aperitivo y se comen el culo de los osos hormigueros", o que "los demócratas están presionando para que el virus mate a mucha gente"? (aquí).

A mi juicio, la conclusión ante estos estudios históricos y ante la situación en la que nos encontramos es bastante clara. Hay que ser muy pragmáticos porque lo mejor suele ser enemigo de lo bueno: hay que evitar, antes que cualquier otra cosa, que la economía, la situación de las empresas y las condiciones de vida de la gente se deterioren. Y, además, hay que luchar contra la polarización política y tratar de evitarla por todos los medios. Insistir hoy día en una estrategia de confrontación entre derecha e izquierda es la forma más rápida y segura de provocar un choque social de consecuencias nefastas que sufrirán en mayor medidas las clases trabajadoras y las personas menos favorecidas. Es imprescindible diseñar un proyecto político de mucha más amplia mayoría, basado en la defensa de los derechos humanos, de la democracia, de la transparencia, la libertad, la solidaridad y la justicia; un proyecto que sólo tenga enfrente a quienes se atrincheran en el bunker de sus privilegios y de su inmenso egoísmo, y no a la mitad de la sociedad.

Público

https://www.newyorkfed.org/medialib...
https://rusi.org/commentary/far-rig...
https://edition.cnn.com/2020/04/23/...

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24 de mayo

24 May, 2020 - 00:00

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La UME, un escaparate para limpiar la cara del ejército

24 May, 2020 - 00:00

Aitor Bayon

Gracias a la lucha que comenzaron los insumisos y objetores de conciencia allá por los años 70, hoy ya no se recibe la odiada carta. Fue en el año 1998 cuando por primera vez el número de objetores superó al de soldados de reemplazo. El gobierno tenía planes para terminar con la mili obligatoria a más largo plazo, pero la subida constante del número de objetores e insumisos y los porcentajes de hasta el 80% de jóvenes que tenían una opinión negativa respecto a la mili, precipitaron los acontecimientos y en 1996 el gobierno Aznar decretó su fin que se estiraría hasta 2001. El ejército se veía como un sitio embrutecedor y una pérdida de tiempo.

Con el fin de la mili, se estableció el ejército profesional mixto. Ligado a las estructuras imperialistas como la OTAN, Frontex, los cascos azules de la ONU, etc., comenzó un proceso de cambio, tanto interno como externo. Se convirtió en una salida poco atractiva, pero salida al fin y al cabo, para sectores precarizados de la juventud e inmigrantes con derecho a la doble nacionalidad. Por otra parte, comenzaron campañas publicitarias para el ingreso al ejército donde “vendían” su labor humanitaria y pacificadora. Estas campañas chocaron con el rechazo de la población a la participación del Estado español, primero en la Guerra de los Balcanes 1991-1999 y después con el rechazo a la invasión de Afganistán e Irak a partir del 2001, justo el año en que se extinguía definitivamente el Servicio Militar Obligatorio.

Es en este contexto, surge en 2005 la L.O. de la Defensa Nacional que supone una restructuración profunda de las Fuerzas Armadas, y tras ello en el 2006 se crea la UME (Unidad Militar de Emergencias). Esta Unidad nace con el objetivo de estar presente en todo el estado e intervenir en catástrofes naturales, incendios forestales y otros riesgos de naturaleza física, química o biológica. Riesgos que perfectamente se podrían asumir por unidades específicas civiles de las Comunidades Autónomas o alguna estatal ligada a sistema de protección civil. Pero no, la ley que regula la Protección Civil, también fue modificada para que la UME fuera la encargada de la intervención en los casos de emergencia a petición de Protección Civil y bajo mando del Ministerio del Interior en coordinación con Defensa. De esta forma se transforma una unidad del ejército en un cuerpo de intervención en la vida civil.

En esta crisis del Coronavirus hemos visto absolutamente presente a la UME realizando tareas propias de los servicios de limpieza, bomberos o mantenimiento. Quienes hemos visto en acción a la UME hemos podido comprobar todo el despliegue de medios (EPIs integrales y de calidad, vehículos especiales, autobombas, y un largo etcétera), medios de los que carecemos la mayoría. Ese despliegue de medios no surge de la nada, sino del aumento constante del presupuesto del Ministerio de Defensa. Se les ha dado un papel tan protagonista, tanto a la UME como a otros cuerpos militares como la Policía Militar, que hasta la propia Policía Nacional o la Guardia Civil se han quejado de la intromisión en sus competencias. Pero esto no es algo nuevo, desde que se creó la UME y al comprobar el efecto positivo que tiene esta unidad en la valoración general de la población con respecto al ejército, se está fomentando su presencia en cualquier catástrofe.

La UME se crea y desarrolla en paralelo al recorte de recursos y medios para sectores como Agentes Forestales, Bomberos, Agentes Medioambientales, etc. Por ejemplo, en el periodo 2003-2016, no se convocaron oposiciones para Agentes Forestales en la Comunidad de Madrid. También hay que destacar la precariedad que sufren algunas de esas profesiones, siendo la de Agentes Medioambientales una de las más castigadas, ya que en general han externalizado ese servicio y por tanto dependen de las condiciones que pactan las empresas con la administración, que como sabemos siempre tienden a la baja.

Es importante señalar que más allá de tener un gran cuerpo de emergencias, la cuestión de la prevención es fundamental. Esa prevención sólo se puede lograr con equipos suficientes que se dediquen al cuidado de los montes, campos e infraestructuras estratégicas que puedan suponer un riesgo para la población. Eso sólo se logra con inversión y empleo público de calidad, que es lo que vienen demandando todos los colectivos que hemos señalado, muy afectados por los recortes en los últimos años.

La UME por tanto, es fundamentalmente un cuerpo de propaganda, una unidad que pretende insertarse en la vida civil para limpiar la cara del ejército profesional y ser escaparate del mismo. Y que, además, cuenta con todos los recursos de los que carecen los cuerpos civiles de prevención y emergencia.

La Haine

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“El tiempo pondrá en su lugar a quienes persiguieron a Pasolini y revalorizará su obra”

23 May, 2020 - 00:08

Por Antonio Cuesta

Fuentes: Rebelión

Salomé Guadalupe Ingelmo es una escritora de oficio, doctorada en filosofía y letras, que ha desarrollado en los últimos años una prolífica carrera que desde la narrativa, el ensayo, la crítica literaria y cinematográfica, además de como traductora y docente, nos acerca su forma de ver el mundo. Por si eso no fuera suficiente, colabora además con múltiples publicaciones culturales y desde 2003 es coordinadora del Concurso Literario Internacional “Ángel Ganivet”, entre otras ocupaciones.

Quizá por ello en su último libro “Pasolini: pasión y muerte. Crónica de una muerte anunciada”, publicado recientemente por Ediciones Dyskolo, es capaz de desgranar y abordar de manera decidida no solo los aspectos más oscuros del asesinato sino, fundamentalmente, de la vida de uno de los intelectuales más íntegros y completos del siglo XX.

—Permíteme comenzar la entrevista con una cita que cierra tu libro, «dada la alarmante actualidad de sus temores y advertencias, volver a Pasolini y a su trágica desaparición se revela más pertinente que nunca. Porque, definitivamente, seguimos estando todos en peligro”. En tu opinión ¿qué conecta la Italia de 1975 con nuestro momento actual? ¿Cuál es el peligro que denunciaba Pasolini y que continúa amenazándonos?

La Italia del momento era terriblemente turbulenta y convulsa. La brutal violencia se manifestaba, diariamente, en las propias calles. De eso se trataba, de hecho, de generar en la sociedad inestabilidad y terror, inseguridad y psicosis: la denominada estrategia de la tensión. Sin embargo, la porquería que se escondía bajo la superficie —corrupción, uso de los aparatos del Estado en beneficio de un determinado partido, empleo del terrorismo como arma política, manipulación de los medios, pacto entre Gobierno y mafia…—, la que aún no hemos podido desenmarañar del todo y quizá no lo logremos nunca, se adivina aún peor si cabe. Se trataba de presentar, incluso a costa de la intriga y la falsedad, de minar todos los principios de una verdadera democracia y de un Estado de derecho, al oponente político como una peste, un animal sanguinario.

Ahora, en España, la tensión es patente; pero lo latente, lo subrepticio e insidioso, me preocupa todavía más. Me alarma y asquea ver cómo ciertos políticos recurren constantemente a la violencia verbal y mienten —como se mentía entonces en Italia— sin pudor alguno; cómo cada día se vuelven incluso más atrevidos en sus declaraciones; cómo son capaces de acusaciones sin fundamento no solo torpes y repulsivas, sino de extrema gravedad, que, sin embargo, e inconcebiblemente, no generan consecuencia alguna, ni legal ni política. Como si en este país determinadas personas se pudiesen permitir manifestaciones públicas aberrantes con impunidad absoluta. Se está convirtiendo en un pernicioso hábito, un vicio degradante para todos. Casi como si se compitiese por ver quién es capaz de decir la bestialidad más gruesa. No me refiero ya a la ignorancia, que es mucha en el ámbito político español —porque, a todas luces, salvo raras excepciones, nuestros políticos no gozan de gran formación—; me refiero a la mala intención manifiesta, a la vileza, al calumniar y engañar totalmente a sabiendas y con fines torticeros.

Las reacciones que la violencia de un tipo u otro genera en los seres humanos se repiten, en ocasiones, a lo largo de la historia. En el fondo, la especie no ha cambiado tanto. No es raro que, en momentos de crisis, de crisis económica y de valores, los miembros más débiles de la comunidad, como pueden ser los jóvenes, busquen consuelo en ideologías radicales y violentas que creen la fórmula para expresan su desencanto y desacuerdo, para desahogar su rabia. Cuando alguien se siente frustrado y maltratado, en cierta medida traicionado y estafado, es capaz de las reacciones más irracionales y virulentas. Especialmente si no ha recibido una formación sólida, una educación no solo académica, sino especialmente sentimental: si nadie le ha enseñado a construirse por dentro y a desarrollar su inteligencia emocional. Por eso resurgen determinados movimientos de corte reaccionario, racista, intolerante, xenófobo, homófobo, machista y un largo etcétera de lindezas precisamente ahora.

Repasando la obra de Pasolini, siempre me conmueve la enorme y sincera ternura que mostraba en su poesía y artículos hacia los fascistas más jóvenes, hacia los muchachos abandonados por la sociedad en manos de movimientos de extrema derecha; aquellos que él, con su proverbial vocación pedagógica, parecía empeñado en rescatar y reinsertar en la comunidad, que sin embargo los daba por perdidos sin hacer grandes esfuerzos. Porque Pasolini era consciente de que aquellos que se convertían en verdugos eran, a su vez, víctimas. Y que el círculo infernal jamás se rompería si alguien no tomaba las riendas del compromiso; si alguien no ofrecía, el primero, tolerancia, comprensión y diálogo. Si alguien no abría las mentes, especialmente las jóvenes, a otras formas posibles y más satisfactorias de concebir el mundo.

Respecto al peligro del que advertía Pasolini… El humanismo queda demasiado lejos. Ya en sus tiempos pertenecía al pasado remoto, y eso es algo que él no lograba digerir. A nadie le interesa ahora el objetivo ideal de un individuo moldeado según una concepción integradora de los valores humanos. Nos hemos lanzado, con fervor, en brazos de un falso ídolo, de un presunto dios llamado progreso. Un progreso que en realidad no es tal.

Pasolini denunciaba esa pérdida de valores entre la población italiana, a cuya corrupción asistía con horror, hace más de cincuenta años. Y por ello se lo acusaba de provinciano y retrógrado. Pero si leemos bien, especialmente su poesía, lo que encontramos no es nostalgia del pasado por el pasado, no es una nostalgia irracional y absolutamente visceral. Sencillamente, él se había dado cuenta tempranamente de que nos están robando nuestro acervo cultural, que es también nuestro acervo sentimental colectivo, empobreciéndonos e insensibilizándonos. Están vaciando nuestro paisaje interior, convirtiéndonos en un páramo yermo. En definitiva, se ha homologado y cosificado al ser humano insistentemente, arrebatándole su riqueza original —que disminuye con el consumismo—.

—Hablas del consumo como una pérdida de valores que afecta a lo más profundo del ser humano.

Hemos renunciado voluntariamente a nuestros orígenes, a nuestro pasado y tradiciones, a todo lo bueno que podíamos hallar al mirar atrás. Alguien nos convenció de que eso era rancio, y en nuestra sociedad cada día cuenta más estar a la moda, seguir las tendencias generalizadas: hacer lo que un misterioso alguien, tempestivamente, ha decidido que toca. Tan habituados nos tienen a esta forma de razonar, o mejor de no razonar, que no es de extrañar la proliferación de retos estúpidos y a veces mortales difundidos a través de las redes sociales.

Nos hemos vaciado tanto por dentro que, como ya no estamos seguros de ser, tenemos una desmedida necesidad de aparentar que somos. Por eso ya únicamente nos concebimos como una marca. Somos lo que nuestras redes sociales muestran. Ninguna experiencia es real si no la documentamos mediante fotos y, sobre todo, si estas fotos no son mostradas ante un público y compartidas. Carecemos de currículum si no aparecemos en Wikipedia, experimentamos tal necesidad de reconocimiento por parte de los demás que, en el fondo, aunque ridículo, resulta al tiempo enternecedor. No obstante, no sabemos canalizar ese sentimiento ni como individuos ni como especie, y eso nos está malogrando y destruyendo,

A fuerza de consumir, nos hemos convertido nosotros mismos en objetos de consumo. Y, entre tanto, paradójicamente, en nuestro intento por dejar huella, nos hemos ido consumiendo de la forma más estéril. La verdadera huella se deja haciendo escuela —una escuela que se crea no solo desde las aulas, sino especialmente en la vida cotidiana, en nuestro trato habitual con los demás—, no colgando fotos y pulsando “me gusta” en un ordenador.

Hemos rechazado nuestros referentes, pero tampoco hemos sabido construir nuevos referentes sólidos. No se trata de vivir anclados en el pasado, sino de no emprender una loca carrera hacia un adelante que en realidad no ofrece futuro, llenos de falso triunfalismo, quemando las naves simplemente para no pensar, para no tener que reconocer nuestros temores o frustraciones.

Estamos en el siglo XXI, con la tecnología más avanzada que se haya conocido hasta el momento —que podría ponerse al servicio del hombre y la cultura—, nuestros conocimientos científicos superan con creces los del pasado, y, sin embargo, yo nos veo más ignorantes que nunca. Las personas están cada día menos habituadas a pensar. Y eso es así porque el sistema no nos educa para pensar, sino para aceptar dogmas casi de fe sin cuestionarnos su autoridad y para acatar órdenes, para obedecer. Habrá que preguntarse por qué.

Naturalmente, los intereses que hay detrás han existido siempre, en cada momento de la historia. No obstante, no creo que, en nuestro conjunto, como sociedad, hayamos sido nunca tan dóciles, tan inconscientes de nuestra condición o tan resignados. Está claro que alguien ha hecho muy bien su trabajo. Necesitamos, más que nunca, referentes como Espartaco o Pasolini. Pero yo, lamentablemente, no los veo. Si alguno hay, obviamente, a los medios de comunicación de masas, siempre al servicio del discurso oficial —a veces mediante una adulación nauseabunda y a veces, para convencer a los que todavía se muestran un poquitín más críticos, mediante la psicología inversa—, no les interesará darlos a conocer.

Sin ánimo de pintar un paisaje apocalíptico, muchos de los peligros contra los que prevenía Pasolini siguen muy activos y, de hecho, han cobrado aún mayor fuerza que en sus tiempos.

—Cómo se explica esa visión profética de un intelectual único que hizo televisión, cine, radio, tradujo, editó, escribió novela, teatro, poesía, ensayo y reportaje, realmente un bagaje inabarcable.

Creo que pudo ver e intuir lo que otros aún no advertían —lo que algunos preferían ignorar por miedo— gracias a su sensibilidad, su enorme conocimiento del ser humano y su tremenda empatía hacia este. Y creo que ese profundo conocimiento de su prójimo, que se refleja tan magistralmente en sus películas, tiene su origen, amén de su contacto con los estratos más desfavorecidos de la sociedad —surgido de su situación precaria cuando llega a Roma, pero voluntariamente cultivado con pasión hasta el final de sus días, cuando ya era muy famoso en todo el mundo y disponía de una vida más que desahogada—, precisamente en la circunstancia que mencionas. Su enorme y heterogénea producción artística es fruto de su personalidad compleja. Era un artista multidisciplinar porque era un individuo polifacético, muy completo, lleno de inquietudes de diverso tipo —entre las cuales también observar y analizar a sus semejantes y a sí mismo—. En realidad, todos los seres humanos lo somos si no nos privan de nuestra vida interior, de nuestra naturaleza más humana. Si alguien incentiva desde niños nuestra curiosidad e inteligencia, en lugar de hacer lo contrario.

El ámbito académico no debería servir solo, y Pasolini —maestro que nunca perdió su vocación pedagógica— lo sabía bien, para introducir conceptos en la cabeza de los alumnos; sino para dotarles de herramientas intelectuales y enseñarles a hacer uso de ellas. A pensar en todo momento, también y quizá especialmente en la vida cotidiana: ya esté uno afrontando un análisis sintáctico o haciendo la lista de la compra. Si alguien, la naturaleza o Dios, como cada uno prefiera, nos concedió un cerebro superior, no es derecho sino obligación el usar ese don del que otros seres carecen.

Por otro lado, un docente, con su proceder, ha de servir también como ejemplo vital, referente de coherencia y honestidad intelectual. Profesor y alumno no han de compartir necesariamente todos los puntos de vista, pero sus respectivas conductas sí han de consentir que se respeten el uno al otro y cada uno a sí mismo.

—En tu libro hablas de la posible implicación en su asesinato desde la Democracia Cristiana hasta los servicios secretos o la mafia, lo que habría arrojado tantas sospechas sobre la inacción de la judicatura y la existencia de tantos cabos sueltos ¿te dejaste cosas sin escribir, nombres o declaraciones sin confirmar?

Voluntariamente no. Peco siempre de una franqueza que probablemente me aproxima más a los niños que a los adultos. Me considero totalmente transparente, y no me da miedo reconocerlo. No obstante, nuestra sociedad actual no está preparada para la sinceridad, no es un valor al alza. Quizá no lo haya sido en ningún momento de la historia. Quizá el ser humano, en general, tolera bastante mal la verdad cuando esta no refleja lo que desea escuchar.

Pasolini era muy consciente de la antipatía que generaba hacia él su tremenda honestidad. Podría, por tato, haberla evitado, sencillamente, haciendo y diciendo lo que se esperaba de él. Sin embargo, a pesar de que, como individuo sensible que era, sufría terriblemente el rechazo, no puso remedio. Por el contrario, persistió en las actitudes que generaban rencor hacia su persona. ¿Por qué? ¿Por testarudez? ¿Por soberbia? No, por integridad. No estaba dispuesto a mentir a los demás ni a mentirse a sí mismo.

Como te decía, pues, voluntariamente no he callado u omitido nada que considerase poco juicioso o prudente decir. No obstante, estoy plenamente convencida de que nunca llegaremos a conocer toda la verdad. Una parte del escándalo ha ido saliendo a la luz lentamente; algunas sospechas se han ido, tímidamente, verificando… Pero se ha necesitado mucho tiempo para poco avance, y hay demasiados intereses por medio. ¿Cómo reconocer que la podredumbre ha corroído la democracia tan largamente, dinamitando sus principios más irrenunciables? Una democracia de la que, por otro lado, la actual es directa heredera…

Como sabes bien, en el libro se cita, entre otros, el parecer del compositor Francesco Guccini, que se ha demostrado agudo analista de la condición humana y la sociedad italiana en tantas canciones convertidas en clásicos contemporáneos. Pues bien, Guccini se reconoce muy escéptico, como tantos otros intelectuales italianos y ciudadanos en general, respecto al esclarecimiento definitivo de la strage di Bologna —la matanza del 2 de agosto de 1980—, lo que significa también que duda de que los italianos puedan saber finalmente lo que en realidad estuvo pasando durante los años de plomo y el nivel de implicación y responsabilidad que en los mismos tuvo el propio Estado. Por extensión, dado que no pocos vinculamos directamente su desaparición a estos hechos, difícilmente llegaremos a conocer todos los detalles sobre el caso Pasolini; no creo que salgan a la luz nombres y apellidos concretos jamás.

— Un intelectual indomable que se había ganado demasiados enemigos, dices en el texto, entre ellos la facción más reaccionaría de la Iglesia, pero también tuvo sus diferencias con el PCI. ¿Cómo fue su relación con la institución católica y con el partido y otros grupos de izquierda?

A todas luces, pésima. Pasolini no era hombre de instituciones, y no le importaba manifestarlo públicamente cada vez que tenía oportunidad de hacerlo. Creo que había perdido la fe totalmente en ellas, pero jamás la perdió en el ser humano. Un ser humano al que esas instituciones, en efecto, anulan y defraudan.

La intolerancia hacia quien discrepa, la inflexibilidad y el dogmatismo se revelan a menudo defectos inherentes a las instituciones. Pasolini siempre fue un grano en cierta parte de la anatomía de las instituciones, de varias. Porque su rectitud, su integridad personal, sí le permitía denunciar las incoherencias de quienes pretendía imponer arbitrariamente normas a su antojo, por encima de las conciencias ajenas.

Cada católico ha de saber qué conducta conviene a su concepto de la moral. Cada comunista ha de mantenerse fiel a su propia visión del comunismo y ha de tener todo el derecho a manifestarla, porque eso enriquece el pensamiento comunista en general. El problema surge cuando las instituciones pretenden imponer un pensamiento único, porque un pensamiento único no deja de ser una ausencia de pensamiento.

Pasolini no soportaba la hipocresía. A la Iglesia no podía perdonarle que no se opusiese al nada cristiano consumismo. Al PCI, que se hubiese perdió demasiado en lo teórico, enfrascado en sus propias disputas sobre el sexo de los ángeles, alejado de los barrios deprimidos y sus verdaderos problemas, abandonando a los proletarios y a los campesinos a su mísero destino, lanzando —en lugar de comprender, educar e integrar— a los jóvenes desfavorecido en brazos de un discurso populista, violento y de extrema derecha.

Seguramente, como hombre de izquierdas, se sentiría especialmente traicionado por el PCI. Su hermano Guido, partisano, había perdido la vida a causa de luchas intestinas cuyas responsabilidades nuca fueron convenientemente depuradas. Me refiero a la masacre de Porzus, en la que la Brigada Osoppo, de la que él formaba parte, fue masacrada. Además, el propio Pasolini, por entonces secretario de la sección comunista de San Giovanni, había sido expulsado con deshonor —por “indignidad moral y política” y “desviación ideológica”— del partido al hacerse pública de forma bestial, a finales de 1949, su homosexualidad: sometido a juicio —aunque tiempo después fuese absuelto por falta de pruebas— y acusado, tras un episodio inocente que los implicados no denunciaron, de corrupción de menores, es decir de pederastia, por no haberse dejado intimidar —ante las presiones de un párroco local y un diputado democristiano— para que abandonase la política y su activismo comunista.

Los verdaderos cristianos, los cristianos de base, por ejemplo los de la organización Pro Civitate Christiana de Asís, a quienes escribe pidiendo asesoramiento antes de iniciar el rodaje de la película El Evangelio según Mateo, parecían adorarlo; como si reconociesen en él a un igual. Pasolini no paraba de declararse públicamente ateo, pero en él observamos mucha más espiritualidad y compromiso con los valores cristianos que en la mayoría de creyentes practicantes. Le fascinaba la figura de Cristo por lo que tiene de humano, de indulgente y compasivo. De hecho, la película, presentada en la XXIV Muestra de Venecia, había recibido el premio de la Organización Católica Internacional del Cine, que la define como una “película cristiana”, un trabajo superior a cualquiera que se hubiese hecho antes sobre la vida de Jesús, clave para difundir su mensaje social.

Los jóvenes comunistas, por su parte, se mostraron más propensos al diálogo que sus mayores. En junio de 1974, con ocasión del referéndum por el divorcio, los dirigentes de la federación juvenil aceptaron incluso un debate público con Pasolini.

¿Quién se opone furibundamente a él, por tanto, en el ámbito católico como en el comunista? La vieja guardia. Los elementos más reaccionarios, intolerantes y dogmáticos, aquellos que alimentan los prejuicios y el odio, y no están dispuestos a escuchar razones ni a cambiar su —inflexible— juicio: los enemigos de la libertad y la humanidad. En definitiva, aquellos que carecen de caridad. Esa virtud esencial para Pasolini, sin la cual cualquier valor, incluso la propia integridad, siempre tan estimada por él, se desvirtúa y pierde sentido.

— A la vista de lo que recoge tu libro el asesinato parece más bien el punto final previsible —como de alguna manera recoge el subtítulo—, tras una crucifixión de continuas denuncias y juicios a los que se vio sometido Pasolini a lo largo de toda su vida.

Me alegra la oportunidad que me ofreces de aclarar este punto. No me gustaría que pareciese algo inevitable y asumido como tal por la víctima, lo que casi significaría dar la razón a quienes proponen una suerte de suicidio, una muerte buscada en otras manos de forma voluntaria. Se me hace una explicación despreciable que elude las verdaderas responsabilidades.

Sin embargo, sí es cierto que él era consciente del sino infausto que siempre se había cernido sobre su persona y, aun conociendo el origen de su tragedia, como decía hace un momento, se mantuvo firme por integridad personal y por honestidad intelectual; por responsabilidad social como individuo, como artista, como escritor y como periodista. Sobre todo, como ser humano.

En este sentido, dado que los poderes contra los que luchaba no parecían dispuestos a soltar su presa, sí estaba abocado al desastre. De alguna forma él era consciente, pues ya le habían destrozado la vida antes. Su miedo se hace patente en el artículo “Cos'è questo golpe? Io so”. Sin embargo, no creo que imaginase que pudiesen llegar tan lejos: la persecución y el descrédito, el ostracismo, los había experimentado en sus carnes; pero intuir incluso el crimen… Aunque él ya tenía sospechas más que fundadas, sospechas que probablemente precipitaron el desenlace —me refiero a los indicios que lo impulsaron a escribir su novela inconclusa Petróleo—, de que determinados intereses podían recurrir al asesinato.

— Hay tres cuestiones sobre las que me gustaría conocer tu opinión como investigadora del pensamiento de Pasolini. Cuando se refiere al “hedonismo de masas”, a “la civilización de los consumos” y a “la homologación del nuevo fascismo”, ¿tienen relación con sus tres enemigos declarados, burguesía, capitalismo y reacción?

La pregunta, desde luego, no tiene nada de inocente o fortuita.

Sí, yo también creo que todos son síntomas de un mismo mal. Una pescadilla que se muerde la cola. A una determinada élite social, lo que quiere decir económica —fruto de ese sistema concreto; pero también, al tiempo, necesaria para que el mismo sobreviva—, le ha convenido la proliferación del consumismo y la homologación, de la deshumanización y el desmembramiento social, de la pérdida de la conciencia individual y comunitaria, porque de esa forma, aislada e indefensa, la persona se cree impotente y se resigna a la suerte impuesta; se convierte en cordero sacrificial sin oponer resistencia. Una resistencia que no implica la violencia física o el uso de las armas, sino el desarrollo pleno y consciente de nuestras facultades intelectuales, nuestra espiritualidad —que no necesariamente ha de identificarse con religiosidad— y nuestra sensibilidad. Eso es lo que Pasolini quería: individuos instruidos y dotados de un juicio crítico, alerta y dispuestos a exigir sus derechos y a pedir responsabilidades. En definitiva, individuos preparados para articular una verdadera democracia.

— Para terminar, me ha llamado la atención la forma en que te acercas al pensamiento de Pasolini a través de su poesía, una dimensión ciertamente llamativa, pero certera y atrevida. ¿Consideras que puede resultar más accesible para el lector hacerlo por esa vía?

Es curioso que te hayas percatado de ello. O quizá es natural que te haya llamado la atención, especialmente siendo tú periodista. Como también lo fue Pasolini, un excelente periodista, por cierto: intuitivo y recto.

En el fondo creo que, en un primer momento, no lo hice de forma totalmente consciente; probablemente fue algo instintivo. Después, a medida que revisitaba su poesía y traducía parte de ella —pues en general he preferido emplear mis propias traducciones a ediciones en español previas. No porque las menosprecie, sino porque la lengua original ofrece matices que, de lo contrario, por muy bueno que sea el traductor, se escapan y porque además mi relación con el italiano es demasiado estrecha y me exige el contacto directo—, me percaté de que con este enfoque rendiría mayor justicia y tributo.

Ves, no se trata tanto de si así, a través de la poesía, llegaré más al lector, si conseguiré acercarle con más facilidad el pensamiento de su creador —que seguramente sí, porque la poesía facilita la conexión inmediata entre dos espíritus sin necesidad siquiera de apelar a la racionalidad—; sino de recobrar lo más puro y primigenio de Pasolini, su inclinación natural.

Pasolini, ya muy joven, de niño, empezó siendo poeta. Se consideraba escritor por encima de cualquier otra cosa, pero creo que, dentro de esta disciplina, se sentía especialmente poeta. No abandonó nunca la poesía. En algunos de sus versos asistimos a su desolación por no haber podido ser el tipo de poeta que hubiese deseado: él hubiese preferido poder escribir una poesía más pura, que respondiese a sí misma como único interés, y, sin embargo, por conciencia social, por cuanto su denuncia pudiese servir para subsanar las injusticias de su tiempo —que siguen siento, trágicamente, las injusticias de nuestro tiempo—, se vio obligado a escribir poesía reivindicativa, una poesía volcada más hacia el exterior que hacia el interior.

Por eso, recuperar su pensamiento a través, sobre todo, de esa forma pura de expresión, de la poesía que él tanto amó y a la que no pudo entregarse del modo que hubiese querido, se me antojaba un modo de hacerlo reverdecer como el árbol alimentado, tras las inclemencias del inmisericorde invierno, por la savia nueva. De contribuir a que sea él, en efecto, quien resurja victorioso en primavera.

Fuente: https://rebelion.org/el-tiempo-pond...

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Voz de un cuerpo ingobernable. Reseña de ‘Poeta Muerta', de Patricia Heras

23 May, 2020 - 00:00

El libro póstumo ‘Poeta Muerta' es un tanteo de la prosa iniciática que pudo ser, un diario de prisión, un guion cinematográfico feminista con banda sonora… y es más que eso.

Poeta Muerta, de Patricia Heras, publicado por Ediciones Capirote en 2014, es un libro póstumo y mutante, un poemario confesional, un cuaderno de bitácora terrestre. Es un tanteo de la prosa iniciática que pudo ser, un diario de prisión, un guion cinematográfico feminista con banda sonora… y es más que eso.

Patricia Heras (1974-2011), se lee en la solapa delantera del libro, “fue poeta, escritora, violinista, filóloga, multiprecaria, artista post-porno, activista queer, siniestra, superviviente de las grandes urbes, estudiosa del cómic, cineasta amateur, diletante, viajera, performer…”. Ahora es este rostro joven, afilado; ahora es esta mirada interrogante, provocativa, que me envuelve mientras leo en voz alta su poema Necros. Recuerdo cuando lo leí por primera vez. Yo acababa de trasladarme a Barcelona y no sabía de la acárida suciedad que sustenta el decorado modernista. Patricia Heras sí, ella sabía. Necros, publicado en su blog en mayo de 2008, dice así:

A la sombra se cobija el amo y señor de esta ciudad muerta.
Me mira a los ojos cuando paso, camina despacio junto a mí y me vigila.
Le traigo ofrendas.
A veces el viento arrastra el olor descompuesto, pero sólo a veces,
mientras, un millón de evolucionadas hormigas
riegan con lágrimas el cemento
y adornan con flores muertas cada pequeño altar profano.
Matar para honrar con efímera belleza el breve e irreal recuerdo
de un instante lejano que se descompone
como las flores muertas que dan color a un nombre.
Matar para alimentar un dolor extraño y ajeno que un día será mío.
Matar porque estoy muerta.

Tiempo después conocí el caso 4F, un proceso judicial cargado de detenciones injustas, racismo, torturas y corrupción, recogidos en el documental Ciutat Morta, sobrenombre perfecto para esta ciudad de abusos y persecución contra determinados colectivos: migrantes, trabajadoras sexuales, anarquistas, disidentes del neoliberalismo en general. Entonces supe que Patricia Heras y otros jóvenes habían sido detenidos por su aspecto; juzgados bajo un sinfín de irregularidades y encarcelados por los sucesos del 4 de febrero de 2006. Entonces supe que Patricia Heras se había suicidado el 26 de abril de 2011 y buscándola llegué a su blog y, por último, al libro. Un libro para abordar despacio, con la delicadeza con que el editor, Juan Camós y su prologuista, Diana J. de la Torre, nos lo ofrecen.

Portada de ‘Poeta Muerta'.

La antología recoge distintas etapas y vertientes de la creación literaria de Patricia Heras, indexadas más o menos cronológicamente. Atreviéndome a romper el índice propuesto, tracé un recorrido simultáneo para abordar la lectura. Leí ordenada y caóticamente, leí buscando aliento al filo abismal de cada acantilado, esbocé una lista de aquello que martilleaba sobre las páginas con insistencia; fue la forma que encontré de hacerlo mío. Los ejes que tracé para poseer y dejarme poseer por estas páginas fueron: Lenguaje; Geografía; Planteamientos y Relaciones. Todo cruzado, a veces mezclado, siempre vivo.

El lenguaje de Patricia Heras es corporal y sinestésico, alucinatorio, tajante, indisciplinado. Su dulce vocabulario paratecnológico habla de una electrificación permanente, orgásmica, de la digitación de un mundo que, como aquel piano de la cárcel donde vivió, quiere tocar y no puede. Su terminología tiene relieve, olor y textura. Haces de luz, plástica o natural, inundan las pupilas junto a todas las secreciones del cuerpo que aquí fluyen: lágrimas, lubricaciones vúlvicas, sudores, regla y orín. Todo ello empapado en lluvia, resecado luego por el sol abrasador de las urbes cementeriales.

De su forma de moverse alrededor del lenguaje surge mi interés en su geografía. La geografía que parte de su yo oscilante, tambaleante, espasmódico. Errático ciclista de unas urbes que no están hechas para la pequeñez de la que estamos hechas nosotras. Urbes en las que ella insiste en moverse a lomos de la pelusa espacial, en transmigraciones a bordo de nébulas, gracias a inmóviles viajes astrales. Pero no todo es volar; en los escritos de Patricia Heras habla un cuerpo terriblemente terrestre. El cuerpo carcelario, el cuerpo libertario, el cuerpo indisoluble y enemigo, ocasional, del pensamiento. Cuerpo que intenta montar la indómita bestia de la cordura, cuerpo que vive perdiendo los estribos.

El cuerpo de Patricia Heras en la calle, no me atrevería a decir en libertad, oscila y fluye, glotonea sexo y drogas, se arrima al suicidio algunas veces. El cuerpo encarcelado, no me atrevería a decir preso, sufre estreñimiento, opresión horaria, rechaza la comida del penal y saca, de algún lugar recóndito, su instinto de conservación y no se rinde.

Hay en su geografía ese nomadismo, esa deshogarización y rehogarización contemporáneas del precariado itinerante. Hay ese saludo inocente cuando aterriza en Barcelona, ese saludo reptil al sol que a veces se ausenta de su escritura y la deja toda oscura, impenetrable. Su mapa personal está marcado con los nombres propios de la gente que la acompañó, su gente, como si fueran ciudades o pequeños pueblos cálidos donde se refugiaba.

Entre sus planteamientos recurrentes está la denuncia a un macro-sistema político, económico, educativo y familiar, letal para la sensibilidad, para la libertad de pensamiento y de las auténticas formas de vida. Un sistema alienante y embrutecedor protagonizado por espectros a los que Patricia grita: “Todo lo aprendido es erróneo”. Este rasgo de su escritura es, como señala Diana J. Torres en el prólogo, anterior a la experiencia en la cárcel; aunque en Otros textos carcelarios destaque por su contundencia. Aquí hay una muestra indiscutible de su testimonio personal, político e intelectual, de lo que la realidad carcelaria supone para las no privilegiadas, mujeres sin estudios, gitanas o migrantes. No solo da cuenta del interior del dispositivo carcelario, además denuncia el paternalismo de los tratamientos psicológicos hegemónicos sobre sus pacientes-probeta en reinserción, mediante la explotación laboral y el engaño de sesiones comunitarias de flagelo y dibujo.

Insiste Patricia Heras en la música. Diríase que a veces el libro suena a canción de autor, a veces a rumba, otras a metal gótico y violín, o al piano que no le dejaron tocar en la cárcel. Suena el estruendo mudo de su cuerpo arqueado. Suenan sus pasos de baile, los crujidos de su esqueleto elegante se suceden entre las páginas de modo que esta sonoridad acompaña la lectura, y aumenta la cualidad sensorial del libro.

Conviven en sus escritos otros planteamientos oníricos, otros personajes. Ser el sueño de otra persona; ser una guerrera, una suerte de Xena mediterránea. Ser una ensartadora de imágenes en cinta o tira de cómic, como esas que esboza en Dos guiones, donde reafirma la pulsión de una sexualidad abarcadora que incluye la maternidad y habla de la feminidad heteronormativa como lo que es, una tragedia de pesos y corsés asfixiantes.

Patricia Heras habla de la muerte y habla con insistencia de la rotura. Roturas para bien y roturas para mal. El sexo la rompe, la calle la rompe, las drogas la rompen, las relaciones se rompen y de esas roturas salen a veces enjambres maravillosos y otras veces no, otras veces es dolor lo que sale.

En cuanto a las relaciones, huyendo de ubicarla en la más obvia genealogía, he preferido citar las referencias a las que me conduce de vuelta su lectura. Ella, como artista multidisciplinar –cualidad manifiesta en el libro– tiene mucho en común con César González, el escritor y cineasta argentino, que desde la cárcel escribió el poemario La venganza de un cordero atado bajo el seudónimo de Camilo Blajaquis. Su abordaje de la sexualidad y el destierro recuerdan a Reinaldo Arenas, para quien La Habana o Manhattan (igual que Madrid o Barcelona para Heras), las políticas (todas), las normatividades varias (sociales, literarias, académicas), nunca tuvieron un mínimo terruño disponible. Su Prisionera (Crónica carcelaria) remite al Diario de Prisión de Albertine Sarrazin, allí donde se vuelve socialmente crítica la escritura de la francesa. La prosa de Heras, cuando retoza adolescente revolcándose con la tribu amiga, recuerda al colombiano Andrés Caicedo, artista multifacético, también suicida y urbano. Su abismal ansiedad, su sosiego imposible, su prisa por contar lo que necesita ser contado antes de que se apague la última luz, la ubica junto a la dramaturga Sarah Kane, de quien creo que Patricia Heras se habría hecho amiga.

Y con esa idea de amistad, de amor, de juntura, que querría terminar esta reseña. Hace unos días María Galindo, integrante de Mujeres Creando, publicó el texto Desobediencia, por tu culpa voy a sobrevivir, donde proponía “repensar el contagio”. Repensarlo para hacerlo propio, comunitario, repensarlo para vencerlo porque no es ficción ni distopía, es nuestra existencia y quizás nuestra fragilidad sea demasiado frágil como para dejarla solo en manos del Estado.

Leyendo a Patricia Heras dan ganas de dejarse contagiar por su escritura. Ganas de no amoldarse y no dejarse atomizar. Ganas de amar en estos tiempos de encierro y distancia, de trabajar con fuerza por lo común mientras esto pasa y cuando haya pasado. Y es por ese contagio de belleza y fragilidad, que Poeta Muerta de Patricia Heras, es un libro redondo y complejo, transparente y duro como una roca preciosa.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2020...

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Distancias

22 May, 2020 - 00:00

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El cuerpo como práctica de libertad y de tejido social: Laboratorio de creación colectiva para una Acción Directa Noviolenta

22 May, 2020 - 00:00

En el marco de la Conferencia Internacional de Resistencias a la Guerra Antimilitarismos en movimiento, el escalamiento del conflicto en Colombia, en Latinoamérica y el mundo; así como el encuentro entre las diferentes manifestaciones de resistencia desde la sociedad civil, la Acción Directa (ADNv) continua siendo una estrategia de empoderamiento noviolento que se configura como una narrativa; entretejiendo ideas, historias y alternativas.

Articulando lo ético, lo político, lo estético, lo corporal y lo comunicativo, la acción noviolenta activa busca resonar en las conciencias humanas para despertar sensibilidades y construir transformaciones desde abajo. Involucrando a las personas en la construcción comunitaria de soluciones ante situaciones de opresión; en afirmación de la vida y en el intercambio de experiencias que solidariamente transformen la injusticia social.

Por ello, con el objetivo de fortalecer el diálogo sobre la importancia de generar acciones y prácticas colectivas noviolentas que brinden un primer escenario de análisis acerca de la militarización de las sociedades y posibilite articulaciones y acciones conjuntas transfronterizas; Cuerpo Con-siente[1] y ACOOC[2] planteó un Laboratorio de creación colectiva con el propósito de explorar lo anteriormente enunciado durante dos meses y poder, como afirma Estefanía (fundadora de Cuerpo Con-siente): “volver al cuerpo para tomar consciencia de nuestras acciones en correspondencia con nuestro pensamiento y emociones, que a su vez encarnan nuestras apuestas políticas y sociales” (Gómez. E. 2019).

A continuación enunciaré algunos elementos que considero están presentes en el desarrollo de un laboratorio creativo para construir una ADNv y los cuales, afirman mi lugar como objetora de conciencia y compromiso pedagógico con espacios de transformación relacional y de potencia transformadora en el contexto reciente de lucha popular decidida, sostenida y necesaria.

COMO EXPERIENCIA PERSONAL Y DE APRENDIZAJE VITAL

Inicia el laboratorio, los encuentros no esperan… las miradas aparecen, las manos se estrechan, los brazos de sienten mientras entrelazados nos recuerdan el abrazo. Y así, uno a una, llegan al espacio donde intentaremos el reto de crear colectivamente, de volvernos masita con-siente. Ansiosos(as) un poco, con el corazón exaltado de poder enlazar las vidas, los recuerdos personales, las subjetividades políticas, la sensibilidad humana, los miedos más profundos, las esperanzas que nos habitan, la indignación encarnada, vital impulso para no quedarnos quietos ni quietas… así damos comienzo al laboratorio de creación.

Un espacio que implicó el compromiso de permanecer, de escuchar, de proponer, de potenciar y articular las propuestas, las ideas, los sentires en una construcción escénica, estética, sonora, sensible. Que nos permitiera alzar la voz y manifestar-nos.

Porque:

Seguimos en pie para arrancar a las guerras y al silencio su pretensión por gobernar nuestra rebeldía. Honramos a quienes resisten al patriarcado, a las fronteras, a los ejércitos, al extractivismo, el olvido, la desaparición forzada, al despojo, a la muerte y a quienes aún en su ausencia nos siguen inspirando, porque sus luchas son nuestras luchas y aquí nos sostienen.

Que la sangre que se riega sea la potencia de nuestras venas, de la vida y el amor, en nuestras acciones y territorios, agitando la esperanza. Que vengan las libertades, el brillo en las miradas, las resistencias y desobediencias sin condición; Que venga nuestra rabia organizada latiendo ancho, al ritmo del palpitar de nuestros sueños y utopías.

¿Cómo curar el dolor y la guerra? Dicen que con el tiempo y la distancia, pero estamos Aquí y Ahora.

Me moviliza ver tus ojos, sentir tu vida. Cúrame y te curo, curémonos las dos, las tres, sin fin. Porque aunque vivamos a kilómetros de distancia somos cuerpos que aman y resisten.

Que vengan las libertades, los gritos y cantos en la desobediencia y la defensa de la vida, los territorios, las diferencias y los encuentros para confirmar que somos más[3]

El laboratorio de creación de una ADNv, significa un espacio para encontrar otras maneras de mirar la vida a través del arte y el movimiento. Un espacio de restauración del cuerpo y del ser en el cuerpo, un imperativo categórico de resistencia ante los tiempos neoliberales, un espacio exploratorio y trasgresor que compromete. Un poderoso afán de redescubriendo sobre sí mism@ para aprender a estar con Otres. Pues, es en el movimiento que recuerdo la inmensa potencia de la interacción del cuerpo individual con el cuerpo colectivo, descubriendo los lugares de enunciación del pensamiento en el cuerpo, del cuerpo en acción.

COMO EXPERIENCIA PEDAGÓGICA y DE RESISTENCIA

Como educadora y desde la apuesta metodológica de Cuerpo Con-siente (LA MAR) considero el laboratorio creativo como alternativa pedagógica que subyace al interés de subvertir las formas establecidas de relación consigo mismo, con los demás y con el mundo. Una estrategia que se propone abrir un espacio de subjetivación[4] en el que los participantes puedan compartir sus conocimientos, sentires y vivencias a partir de ejercicios que involucran el cuerpo y la imagen, el movimiento, el canto, la escritura, la relación con el espacio, la construcción de nuevas nociones colectivas que posibilitan comprender y experimentar la vida desde las potencias corporales y sensitivas en articulación con diferentes ámbitos relacionales. Como bien afirma Leonardo Boff: “[…] medidas de tipo pedagógico que desborden el ámbito académico y penetren no sólo en las instituciones, sino también en las conciencias.” (Álamo Santos. 2011. P. 249). El trabajo corporal y creativo dota de sentido la acción pedagógica, articulándose con el diálogo de saberes, la negociación cultural, la participación y la cooperación como principios relevantes para el proceso de construcción colectiva.

Planteando sesiones en las que no existen formas correctas de movimientos o fraseos únicos (coreografías) ni evaluación de la conjugación cuerpo – ritmo. Se plantea entonces un espacio para el descubrimiento entre movimiento y movimiento, el goce de la incertidumbre durante el proceso de construcción creativa, mediante el trabajo corporal como posibilitador de transformaciones individuales y colectivas en las dimensiones de “lo íntimo”, “lo público - privado”, “lo político”, “lo social”. Construyendo una Acción Directa Noviolenta como resultado del proceso de liberación y de configuración del cuerpo como canal comunicativo, “entendido como el tejido de intenciones, acciones y experiencias de los individuos que, a través del movimiento, crean sentidos y significados para entablar un diálogo (Gómez. E. 2019)

De manera que, el laboratorio se convierte en un soma de vínculos, una composición de cuerpos plurales que traen consigo los contenidos de su experiencia como aglutinamiento sonoro, táctil, racional y sensible, subjetividades encarnadas que componen las identidades colectivas. Se va configurando como un territorio susceptible de ser habitado, en el que se exploran las posibilidades de acción comunicativa verbal y no verbal; así como la reflexión sobre lo que comunicamos. Un intercambio, un poner en común del universo simbólico que reconfiguran mensajes y acciones concretas para denunciar, visibilizar y sensibilizar.

Porque el “cuerpo como experiencia” dota de particularidad ese pensar compartido alrededor de la geopolítica, de las violencias, del capitalismo, del ejercicio de poder militarista que hoy se da como un fenómeno global con localidades y temporalidades; explica los límites y las posibilidades ontológicas y humanas; surte una especie de experiencia de sí en la que el sujeto invisibilizado surge como proposición de sí mismo.

Y en ese contexto, el laboratorio creativo de ADNv se convierte en espacio de subversión del régimen disciplinario, que regula el desarrollo de ciertas relaciones entre los seres humanos y que les integra al sistema socio-político mediante prácticas culturales incorporadas en el cuerpo (cuerpo como producto cultural) y procesos normalizadores del pensamiento como estrategia gubernamental para establecer un modelo de funcionamiento social particular. Por lo tanto, es a través del cuerpo como narración de la acción que ésta subversión ocurre, en la oportunidad de enunciar los sentidos de la acción misma (ADNv) para la organización social y la lucha por la desmilitarización de los cuerpos, las mentes y los territorios.

[1] Colectivo de investigación pedagógica y creación colectiva encaminada hacia la transformación social y la construcción de paz. (https://www.facebook.com/pg/CuerpoC...)

[2] Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia. organización sin ánimo de lucro, que trabaja por el libre ejercicio y el reconocimiento del derecho a rehusarnos a participar directa e indirectamente en cualquier ejército militar o guerra. (http://www.acooc.indesigncolombia.com/)

[3] Manifiesto Antimilitarista para sanar los corazones: escrito a varias manos y sentires, con Ana, Laura, María Camila, Silvia, Estefanía, Diego y Leonardo.

[4] Refiero con ésta palabra, los procesos y prácticas mediante las cuales le es posible a los individuos alcanzar cierta independencia de los sistemas de sujeción, como actos de resistencia a los regímenes de saber y las estrategias de poder que estructuran el sistema social; reafirmando la fuerza propia del sujeto, creando nuevas formas de ser y estar. Lo anterior, acogiéndome a los planteamientos de Michael Foucault.

Información del autor

Paola Castaño Antolinez

Miembro del Colectivo Cuerpo Con-siente
Msc. En Desarrollo Educativo y Social
Lic. en Psicología y Pedagogía.
Florencia, Caquetá. Colombia

Fuente: https://wri-irg.org/es/articulo/201...

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Una mirada a la génesis histórica de la Frontera Sur

22 May, 2020 - 00:00

Repasando con mirada crítica la historia de nuestra Frontera Sur, hemos de señalar que buena parte del imaginario negativo que la población española tiene sobre Marruecos y sus gentes, bebe de las fuentes interesadas del poder monárquico de la edad media.

Rafael Lara
Coordinador del área de solidaridad Internacional de la APDHA

Para entender el presente a menudo es necesario mirar al pasado. Es el caso de la dramática emergencia que se vive en la Frontera Sur: resulta conveniente intentar desvelar los procesos históricos que llevaron al Mediterráneo occidental a convertirse en la profunda falla que separa hoy a las poblaciones de ambas orillas del Estrecho, provocando incalculables muertes, dolor y sufrimiento.

A efectos prácticos, el Mediterráneo occidental empieza a constituirse como zona de frontera política y militar a finales del siglo XV, durante el proceso que lleva a la conquista de Granada en 1492, con otros hitos como la conquista de Ceuta por los portugueses en 1415 y de Melilla por la corona de Castilla en 1497.

Si bien con anterioridad hubo conflictos de envergadura que involucraron a las dos orillas, durante siglos primaron las relaciones de colaboración e intercambio de todo tipo. Incluso durante extensos períodos históricos ambas orillas del Estrecho formaron parte de los mismos reinos, imperios o dinámicas políticas. Sin ir más lejos, el imperio romano no hacía distingos entre las dos orillas del Estrecho; las dos le pertenecían y la unión de ambas facilitaba su común explotación. En esa época el Estrecho fue más bien un espacio de cohesión político-territorial.

Las dos orillas también formaron parte de unidades políticas más amplias; por ejemplo, en la época visigoda, bajo el imperio de Bizancio, durante el califato de Córdoba, con los almohades, o finalmente durante parte de la época nazarí.

Es a partir de la conquista de Granada cuando empieza a configurarse el Mediterráneo como una auténtica frontera a efectos políticos y militares. Frontera interna ante la población musulmana subyugada y frontera externa frente a los “bereberes” y “moros”. Frontera pese a los deseos de Isabel la Católica, que consideraba que España tenía derecho a continuar la llamada “(re)conquista” en África como parte de la herencia de Roma. Incluso en su lecho de muerte dicta un testamento en el que ordena “que no cesen de la conquista de África”.

Sin embargo, la dinámica expansiva de la corona de Aragón, orientada hacia el mediterráneo central y oriental, junto a los recursos destinados a la colonización y explotación del “nuevo mundo” (Abya Yala), postergaron las ansias por llevar la “(re)conquista” hasta el norte de África. La visión política de la Frontera Sur ya se había generado bajo esta concepción colonizadora y a partir de ahí se profundiza y perdura hasta la actualidad.

La corona de Castilla siempre consideró la otra orilla del Estrecho de Gibraltar como el lugar de donde podía emerger la amenaza más directa para sus ambiciones de gran potencia en el contexto mundial. Esto sucede, en gran medida, por la gran cantidad de población musulmana que cruzó de manera forzada el Mediterráneo tras la conquista de Granada. Pero muy particularmente también por la ignominiosa “expulsión de los moriscos” que constituye un capítulo en extremo vergonzoso y no reparado de nuestra memoria histórica. Toda aquella población morisca fue expulsada violenta y masivamente durante el reinado de Felipe III entre 1609 y 1613, y se asentaron, para afrontar la propia supervivencia y con un dolor incalculable a sus espaldas, en el actual Marruecos, muchos de ellos en el Rif.

La monarquía hispánica consideraba que la frontera del Estrecho era fácilmente franqueable por las “huestes musulmanas”. El objetivo de preservar las tierras peninsulares de futuros ataques magrebíes llevó pues a la monarquía castellana por un lado a la fortificación de la costa andaluza y, por otro, a la conquista de determinados enclaves plenamente justificados para ellos por razones puramente defensivas. En clave actual consideraríamos estas acciones como correspondientes al desarrollo de una guerra preventiva, al uso de lo que hemos visto en Irak o Libia.

Estas campañas de conquista estuvieron destinadas también a dinamitar los vínculos y redes existentes entre ambos territorios, utilizando un potente discurso ideológico para presentarlas ante la población como una cruzada gloriosa de “lucha contra el infiel”, “continuación de la reconquista”, “la cruz frente al islam”… Estrategia que, incluso en momentos de gran debilidad, permitía, además, —y a pesar de sus magros resultados reales— incrementar el prestigio de la monarquía de los Austrias en el contexto europeo.

Así, durante la segunda mitad del siglo XV y primera del XVI, Castilla ocuparía sucesivamente Melilla (1496), Cazaza y Mazalquivir (1505), el peñón de Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), el peñón de Argel, Bugía y Trípoli (1510), Bona, Bizerta, Túnez y La Goleta (1535), en tanto que Portugal centraba su expansión colonial en el litoral atlántico, tomando Ceuta (1415), Alcazarseguir (1458), Tánger (1471), Mazagán (1502), Agadir (1505) y Mogador (1516).

Todas estas conquistas fueron concebidas como un sistema de ocupación restringida y estratégica, sin adentrarse ni vincularse con el continente. Más que colonias estas plazas fueron siempre presidios de carácter militar, carácter que tuvieron por ejemplo Ceuta y Melilla hasta bien entrado el siglo XX. La concepción fronteriza se hace evidente en la función que cumplen estas plazas de control de una zona marítima o terrestre.

Posteriormente la aparición y consolidación progresiva del sultanato de la dinastía alauí [sobre todo durante los reinados de Ismail (1672-1727) y Mohamed III (1757-1790)] fue un factor desencadenante para la pérdida sucesiva de todas aquellas plazas. Y aunque en el siglo XVII Felipe III aún conquistaría Larache y Mámora, a comienzos del siglo XIX solo quedaban en manos españolas Ceuta, Melilla y los peñones.

Una gran preocupación de la monarquía española fue la fortificación de las costas. El gran impulso de la fortificación costera vino de la mano del rey Carlos III

Por otra parte, la otra gran preocupación de la monarquía española fue la fortificación de las costas. Aunque Felipe II ya había diseñado un amplio programa para ello, el gran impulso de la fortificación costera vino de la mano del rey Carlos III, sobre todo tras la toma de Gibraltar por Inglaterra en 1704 (formalizada en el Tratado de Utrecht de 1713), que acentuó el carácter fronterizo de todo el Estrecho con sus correlatos de militarización, contrabando e incremento de la actividad corsaria. Así, Carlos III dispuso para ello la construcción o rehabilitación de más de 60 fortificaciones a lo largo de la costa andaluza, tanto torres troncónicas, como fortines tipo pezuña o fuertes abaluartados.

La desafortunada (por racista) expresión “hay moros en la costa” tiene aquí su origen. Quien haya oído hablar del SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior) que sepa que ya fue inventado hace muchos siglos con idéntica misión.

Repasando con mirada crítica la historia de esta Frontera Sur, hemos de señalar que buena parte del imaginario negativo que la población española tiene sobre Marruecos y sus gentes, bebe de aquellas fuentes interesadas del poder monárquico de la edad media. Esta visión anacrónica y distorsionada que se mantiene aún en el presente se ha ido completando a base de prejuicios y estereotipos en los siguientes siglos, en los que continuó ampliándose y ahondándose el tremendo foso que hoy supone nuestra Frontera Sur para los derechos, las libertades y las relaciones entre los pueblos de las dos orillas.

Pero esos siglos ya podrían ser la siguiente historia, la de la agonía de un imperio corrompido y moribundo que todavía intentó jugar a ser potencia colonial en los albores del siglo XX. De nuevo acudiendo a la agresión desaforada y ahondando el foso entre dos pueblos que, sin embargo, tenemos tanto en común.

Para llegar al triste momento actual de un Mediterráneo cargado de vallas, alambradas y concertinas, patrulleras, drones y un abrumador despliegue militarizado que, como decíamos, solo provoca sufrimiento, dolor y muerte, amen de un sinnúmero de violaciones de derechos humanos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opini...

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Obediencia (Pequeños apuntes sobre Fromm y Milgram)

21 May, 2020 - 00:00

Obediencia: Acción de acatar la voluntad de la persona que manda, de lo que establece una norma o de lo que ordena la ley.

La obediencia está en la base de todo sistema social y, en consecuencia, en todo sistema de poder. Especialmente, desde que la coerción física y el sometimiento por la fuerza han pasado a un segundo plano en las actuales sociedades capitalistas. ¡Ojo! Han pasado a un segundo plano, no han desparecido. El matiz no es pequeño.
La obediencia tiene unas bases tanto individuales como sociales y consecuencias en ambos planos. En el plano individual, está la sumisión ideológica, la aceptación acrítica de la interpretación de la realidad que la autoridad (en el ámbito que sea) ofrece. Esto provoca la falta de responsabilidad personal sobre lo que se hace puesto que simplemente hacemos lo que el poder nos indica, por tanto, nada incorrecto. Probablemente, la obediencia es la conducta más reforzada durante la trayectoria vital del individuo. Es importante resaltar el principio de jerarquía, su necesidad modelada durante siglos hasta hacer prácticamente impensable un modelo social no jerarquizado. Esto entronca con las bases sociales de la obediencia. Fromm hablaba del carácter social como la estructura que caracterizaba a un grupo. Esta estructura mantiene el funcionamiento social una vez que todos los componentes del grupo han hecho suyo el deseo general (es decir, cuando los que ostentan los medios para ejercer el poder consiguen que todos hagan suyos sus deseos). En nuestro modelo social este deseo estaría representado por conceptos como consumo, crecimiento, productividad, competencia...

El propio Fromm distinguía dos tipos de obediencia. Por un lado, la Heterónoma (Sometimiento) que se da con respecto a otra persona. Por el otro, la Autónoma (Autoafirmación) que obedece los dictados de la propia conciencia, pero lo que consideramos como propio en la mayoría de las veces no es otra cosa que una extrapolación de las órdenes que emanan de la autoridad o de los principios morales que rigen en la sociedad. En ocasiones, sí existe esa conciencia libre de la lógica de premio/castigo tan característica del orden social. A este tipo de conciencia libre, Fromm la denomina humanística (frente a la autoritaria que es como denomina a la anterior) y la describe como surgida del conocimiento interior auténtico. Creo firmemente, que mayoritariamente predomina la obediencia autónoma autoritaria. Es aquello que siempre se dice de que somos esclavos sin darnos cuenta de ello porque pensamos que somos libres, que lo que hacemos es fruto de nuestra propia reflexión. Como si las elecciones que vamos realizando a lo largo de nuestra vida no estuvieran condicionadas por el entorno en el que vivimos, por la cultura predominante, por los recursos de que disponemos… pero obedecer no siempre es fácil, en ocasiones crea conflictos internos ante los que debemos desarrollar estrategias para defendernos, para sentirnos mejor. No queremos quedar fuera del grupo, ser marginados. Aunque duela es mejor eso que desobedecer porque esto sí implica irremediablemente decir adiós.

Sin duda, en el estudio de la obediencia uno de los experimentos paradigmáticos es el que realizó Stanley Milgram. Algunas de las principales enseñanzas que nos dejó este experimento son, sin duda, a tener muy en cuenta.

Lo primero que observó es que la conciencia deja de funcionar. Esto está en la base de la obediencia, se sustituye el pensamiento propio por el de la autoridad, cuando esto sucede, el pensamiento se transforma en acción. Algo parecido postulaba Fromm con su concepto de conformidad automática definida como la adaptación del sujeto a las pautas culturales para no sentirse diferente y solo. Al aceptar el pensamiento de la autoridad, automáticamente se abdica de cualquier tipo de responsabilidad. El cumplimiento de los mandatos de la autoridad hace que la responsabilidad sea para dicha autoridad. El hecho se percibe como mero espectador no como actor principal. Por tanto las consecuencias que se puedan derivar de nuestros actos no nos incumben, nosotros estamos haciendo lo correcto. Esto es fácilmente observable en el estilo de vida llevado de forma mayoritaria en las llamadas sociedades opulentas. Condenamos a hambre y muerte a medio planeta, esquilmamos los recursos del planeta y lo enfermamos sin ningún rubor, sin apenas cargo de conciencia porque simplemente estamos haciendo lo que debemos hacer (trabajar y consumir). A esto se le añade, como observó Milgram, que el alejamiento de la víctima facilita la crueldad. En los momentos actuales, la distancia se ha vuelto ley y, probablemente, esta ley ha llegado para quedarse. Pero no debemos engañarnos, llevamos años alejados, aislados, confinados en nuestras propias burbujas. No conocemos a nuestros vecinos, en la mayoría de los casos ni a los que llamamos amigos, como para no sentirnos alejados de los miles de millones de humanos que habitamos el planeta. La tecnología nos ha acostumbrado a creer que somos sociales y empáticos mientras ha ido destruyendo todo rastro de sociabilidad y empatía. También la burocracia desplegada hasta el último rincón de nuestras vidas se ha convertido en una manera de relacionarnos con el mundo, despersonalizada, aséptica, sin implicaciones. Vivimos sin necesidad de implicarnos emocionalmente en nada, esa es nuestra forma de socializar. Así es muy sencillo mantenerse alejado del resto, ser crueles sin remordimiento alguno. Pero si alguna cosa está siempre presente en nuestras vidas es la autoridad y tal y como decía Milgram, es necesaria su presencia para reforzar la obediencia. La autoridad forma parte de nuestra vida: empieza en la familia, sigue en la escuela, en el mundo laboral, está presente en los medios de comunicación, fuerzas policiales y militares, instituciones médicas… La autoridad es omnipresente y esto refuerza la obediencia. Lo saben bien.

Milgram demostró lo peligroso de la predisposición a obedecer y cómo esto nos deja sin conciencia de lo hecho y sin responsabilidad por lo realizado. Concluyó que lo peligroso no era el autoritarismo sino el principio de autoridad en sí mismo. Sabias palabras en mi opinión porque no es necesario vivir en una dictadura declarada para comprender que la desobediencia se paga cara, muy cara y en todos los aspectos de la vida de la gente.

Desobedecer no es sencillo, requiere de muchos recursos personales atreverse a dudar de la autoridad, atreverse a situarse en el otro lado, en el lado en el que estás solo y fuera del círculo social, donde la culpa por no hacer lo que se espera de ti puede llevarte a lugares no deseados, donde sobreponerse a todo eso requiere de una voluntad muy grande y donde, además, estás expuesto a las consecuencias físicas de la desobediencia que van más allá de lo que somos capaces de imaginar la mayoría de las personas. Sin embargo y, a pesar de todo, la desobediencia es más necesaria que nunca. No se me ocurre mejor explicación que estas palabras que Fromm dejó escritas en su “Sobre la desobediencia civil y otros ensayos”:

“Si la capacidad de desobediencia constituyó el comienzo de la historia humana, la obediencia podría muy bien, como he dicho, provocar el fin de la historia humana”.
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Fuente: https://quebrantandoelsilencio.blog...

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Comerç d'armes, conflictes i drets humans. Anàlisi de les exportacions d'armes europees a països en situació de conflicte armat i vulneracions de drets humans

21 May, 2020 - 00:00

Informe del Centre Delàs, la ECP i l'IDHC

"Comerç d'armes, conflictes i drets humans. Anàlisi de les exportacions d'armes europees a països en situació de conflicte armat i vulneracions de drets humans” és un informe del Centre Delàs d'Estudis per la Pau, la Escola de Cultura de Pau i el Institut de Drets Humans de Catalunya que analitza les exportacions d'armament per part d'Estats membre de la UE durant l'any 2018 (any més recent amb informació d'exportacions disponibles) a països que en aquest any es trobaven en situació de conflicte armat. L'informe analitza les exportacions d'armes a 11 països que eren escenari de conflicte armat. L'anàlisi inclou una síntesi sobre la història recent i l'evolució del conflicte en qüestió, una descripció dels fets més rellevants que van succeir durant 2018, així com una anàlisi de cadascun dels casos des de la perspectiva de les importacions d'armes i del compliment dels principals instruments de drets humans i dret internacional humanitari. A més de l'anàlisi de casos, l'informe també ofereix una mirada global sobre l'estat i l'evolució de les transferències d'armes procedents d'Estats membre de la UE, així com una perspectiva comparativa sobre les característiques de la conflictivitat armades actual.

Autores: Exportacions europees d'armament: Jordi Calvo Rufanges, Ainhoa Ruiz Benedicto. Conflictes armats: Josep Maria Royo, Jordi Urgell, Pamela Urrutia, Ana Villellas, María Villellas. Drets humans i drets internacional humanitari: Karlos Castilla

Podeu consultar i descarregar l'informe complet en català, en castellà i en anglès:
http://www.centredelas.org/ca/publi...

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Mesa redonda: "¿Armas contra un virus? La gestión militarista de la crisis sanitaria"

20 May, 2020 - 00:00

Los ponentes han sido:

Juan Carlos Rois, activista y antiguo miembro del colectivo antimilitarista Utopía Contagiosa.

Xema Moya, colaborador del SIOF y el Centre Delàs.

Gasteizkoak . Colectivo antimilitarista coordinador de la campaña Armas Euskolabel.

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Epístola moral contra la vieja y la nueva normalidad

20 May, 2020 - 00:00

Escribe Michel Suárez en este manifiesto libertario en tres partes que «la salud está estrechamente ligada a lo que comemos, respiramos y vestimos, a cómo trabajamos, qué producimos y dónde vivimos. Cambiar estas condiciones exige una profunda reflexión de los ciudadanos sobre sí mismos y sobre la sociedad: ¿Qué vida queremos? ¿Qué bases morales deben orientarla? ¿Qué clase de trabajos son necesarios y cuáles deben ser suprimidos? ¿Por qué deberíamos confiar nuestra salud a las corporaciones y las oligarquías farmacéuticas que sólo persiguen el beneficio privado? ¿Cabe el paliativo en una civilización cuyas raíces están enfermas?».

por El Cuaderno

/ Noticias de ningún lugar / Michel Suárez /

Tampoco ignoro que el encargado de un lupanar, un envenenador de mendigos, un usurero al ciento cincuenta o al doscientos por ciento hacen honor a sus negocios cuando saldan puntualmente sus plazos. Qué queréis que os diga, esta manera tan clara de poner de manifiesto la mediocridad me saca de quicio.
Léon Bloy

(I) Éramos tan felices

Una de las consecuencias más notables de la actual crisis es la de haber alineado, por vez primera, las alertas sobre el colapso civilizador con las previsiones del capitalismo. Hasta ahora, a los agoreros catastrofistas se les despachaba con la condescendencia con la que se trata a los profetas de la desgracia. Quienes llamaban a anticiparse a lo inevitable eran acusados de recrearse en la decadencia. Este cinismo hecho a medida de un sistema perverso ha llegado a su fin. La recesión, dicen ahora los optimistas de ayer, se prevé de órdago y el futuro que se cierne ensombrece cualquier ilusión de recuperar la vieja normalidad.

Los topes biofísicos están a la vuelta de la esquina, y no lo digo yo, sino los que han devorado el planeta en nombre del beneficio privado. Tras décadas de locura desarrollista, la presión sobre los recursos, la deforestación y el extraccionismo han acumulado profundos desequilibrios ecológicos que están en el origen de la propagación de la pandemia. Aunque el nivel de realismo había descendido a mínimos históricos, esta crisis ha trazado de una pincelada un panorama que, excepto para prefieren seguir en la inopia, se presenta lúgubre.

En apenas unos meses el consumo de petróleo ha caído un treinta por cierto y la más que probable disminución de la producción presagia restricciones dramáticas; si, como parece, el precio del petróleo continúa bajo, podemos dar por segura una aguda crisis del sector. La falta de rentabilidad energética de los yacimientos petrolíferos parece abocarnos a una recesión que se situará por encima del cuarenta por ciento, un porcentaje terrorífico. Desde luego, pensar que esta situación se superará con ajustes y un nuevo ataque a los salarios es una necedad mayúscula.

La brutal destrucción de empleo, especialmente en el pequeño comercio y el turismo, monocultivo nacional, así como la caída de renta de los asalariados va a tener sin duda efectos dramáticos en el consumo; algunos pronósticos sitúan la recesión en niveles que doblarán los de 2008. Todo parece indicar que estamos a las puertas de una crisis económica, energética y climática que puede arrastrarnos al vacío, y las ayudas puntuales del Estado son un mal parche que ni siquiera rozarán el problema de fondo. Por si fuera poco, avanzamos sobre el alambre: un rebrote o la propagación de una nueva epidemia que exija confinamiento y nos hallaremos en medio de un escenario apocalíptico.

Con toda seguridad, este estado de calamidad servirá para que el poder nos haga tragar su aceite de ricino, un terrorismo económico que adoptará las fórmulas habituales. Ahora bien, ¿qué sucedería si en lugar de asumirlos como inevitables nos cuestionásemos de una vez por todas los fundamentos de la vieja normalidad? ¿Y si nos preguntásemos, por ejemplo, por el lado oscuro de nuestro fetichismo científico y tecnológico? Ya sé que en la hora del encierro doméstico esta es una cuestión escabrosa: ¿dónde están los que criticaban la tecnología, se burla Samsung en un anuncio más bien ridículo? ¿Quién se atreve ahora a alzar la voz contra ella cuando gracias a ella matamos el aburrimiento de la vida familiar, organizamos videoconferencias y seguimos a blogueros que nos dicen lo felices que volveremos a ser cuando abran las terrazas?

Naturalmente, los eufóricos comerciantes se han cuidado mucho de reconocer que el virus se ha propagado por los canales creados por la tecnología capitalista: los del dinero y el turismo. Y no olvidemos que todas las dificultades para el acopio de mascarillas tienen su origen en una división internacional del trabajo creada por el mismo sistema técnico que nos entretiene en casa.

Por todo ello, invitar al optimismo y la esperanza en este momento es desconocer la índole y la magnitud del desastre; peor aún, reivindicar el regreso a un modelo de bienestar injusto, embrutecedor y caníbal es elevarse al nivel más elevado de la irresponsabilidad. De tanto golpear los cimentos la casa amenaza ahora con desplomarse y no es momento de suspirar por lo felices que éramos (¿era usted feliz, lector?), sino de situarnos frente al espejo y preguntarnos si el negocio como único fundamento social no es la más innoble forma de suicidio colectivo. Tal vez nuestros ancianos sepan la respuesta.

(2) Urnas, cacerolas y banderas

La cuestión más relevante suscitada por la nueva normalidad es la del tipo de organización política que adoptaremos. Hay dos respuestas posibles: o seguir delegando nuestra responsabilidad política y confiar en los que saben, o conformarnos en sujeto político autónomo y crear formas genuinas de participación colectiva. Si optamos por la primera posibilidad, es decir, por ejercer nuestro derecho al voto y su nueva versión, montar ruidosas caceroladas en las ventanas, no podemos esperar otra cosa que chuflas y tomaduras de pelo.

Si algo ha puesto de manifiesto esta crisis es la incapacidad, y el desinterés, del poder para proteger a los ciudadanos. Ahora, tras décadas de criminal austeridad presupuestaria, asistimos, sin la menor sorpresa, a la defensa general de una sanidad pública que, aun maltrecha y precarizada, ha aguantado el tipo gracias a la admirable entrega de los sanitarios. En boca de los políticos que han diseñado su ruina esta preocupación resulta llamativa. Al analizar el grado de sinceridad de este discurso salta a la vista que ganarse el favor de los votantes en la era posvírica exigirá elevar aún más el listón de la hipocresía.

Veamos brevemente la verosimilitud de esta preocupación sanitaria de los partidos más votados del reino; comencemos por el Partido Socialista Obrero Español y su presunta defensa del sector público. Hagamos memoria: poco después de que se instalara el sistema de atención primaria, en 1991 el gobierno el señor Felipe González aplicó de forma sibilina e ilegal, puesto que no fueron aprobadas por el Congreso, las recomendaciones privatizadoras contenidas en el Informe Abril (Abril Martorell). Seis años más tarde, en 1997, la ley general de Sanidad 15/1997, aprobada por PSOE, PP, PNV, Coalición Canaria y CiU, subastaba la parte del león de la sanidad pública, dejando en manos del Estado aspectos «no rentables» como las UVI o los ancianos; y mientras se transfería a particulares lo más jugoso del sistema, las aseguradoras privadas se frotaban las manos con el creciente deterioro del sistema sanitario.

En un ejemplar lenguaje neo-orwelliano el PSOE afirmó que había votado a favor de la privatización de la sanidad para «cerrar el paso a la privatización de la sanidad». Los sindicatos, que también votaron a favor, no dijeron nada diferente, aunque agregaron un murmullo triunfal sobre una nueva conquista de los trabajadores. Zapatero, en su discreción, se entregó al pudor de guardar silencio cuando tuvo en su mano cambiar la ley 15/1997 e hizo mutis por el foro.

El último grito en materia de privatización en defensa de lo público es la modalidad que el PSOE e Izquierda Unida han aplicado con gran éxito en Andalucía, que consiste en convertir los centros de atención primaria en unidades de gestión clínica; gracias a este engendro, los médicos son recompensados con una cantidad de dinero nada despreciable si reducen el gasto en rubros como las pruebas diagnósticas o las bajas laborales. Nada más ético que este modelo de gestión empresarial que induce a diagnosticar a la baja: cuanto menos se invierte en mercancía humana, más se lleva el médico a los bolsillos. ¿Juramento hipocrático? ¡Es el mercado, amigos!

Con un holgado respaldo popular, al PSOE le fue fácil introducir estas reformas modernizadoras; la degradación del sistema público de salud resultaba menos dolorosa, en primer lugar, porque la negaban, y en segundo lugar, porque la pilotaba el partido del cambio, el representante de la clase media progresista. No conviene llamarse a engaño sobre una formación que en los años de la Transición supo hacerse un hueco en la mesa de los verdugos y prosperar en el subsuelo de la corrupción estatal. Con su desfile de cúpulas y crápulas el socialismo español representa el vacío y la hipocresía política más absolutos (¿qué idea nueva han ofrecido sus líderes en los últimos ciento cuarenta años?); su única preocupación es gestionar el poder haciendo lo contrario de lo que dice. ¿Se acuerda usted de aquella magnífica ocurrencia de colocar al frente de una organización militar, en la que no querían entrar, a un ministro de cultura?

Sentado a la izquierda del PSOE, tras un rosario de escisiones y de asumir sucesivamente las máscaras de pueblo, izquierda socialdemócrata, socialdemocracia nórdica y socioliberalismo, Podemos detenta la cotitularidad del poder junto a la ayer tildaban de casta irreformable. Me pregunto qué ocurriría si, por un azar, la gente volviese a ocupar la calle y, aprendiendo de la experiencia, hiciese oídos sordos a quienes le sugiriese retirarse y seguir la política por la televisión. ¿Qué harían los que ayer clamaban contra la violencia policial y hoy dan el parte junto a gerifaltes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado?¿Se harían el harakiri institucional y bajarían a las plazas u organizarían el orden? Compruebe la vigencia y aplicación de la Ley Mordaza que con tanta fanfarria prometieron derogar y no le resultará difícil dar con la respuesta.

Haciendo gala de su gran sentido de Estado, el Partido Popular ha llegado a la conclusión de que lo único que puede sacarnos de este pozo es lo que nos ha metido en él y, en consecuencia, ha reclamado la urgente vuelta al trabajo y la liberalización de suelo público. Dicho de otro modo, ha exigido que se le deje el camino libre para esquilmar la hacienda pública, socializar las perdidas, subvencionar a los ricos y financiar el sector privado de la construcción. ¿Qué otra cosa esperaba de los defensores de la iniciativa personal?

Después de haber ojeado cuatro manuales de economía neo clásica, estos bandidos por iniciativa propia o necios a cuenta del dogma siguen viviendo ajenos a la realidad. En esto son fieles a sus gurús: «Ningún tipo de experiencia podrá forzarnos jamás a descartar o modificar los teoremas establecidos a priori» porque «no derivan de la experiencia», sentencia Von Mises. Traducido quedaría así: hagan lo que hagan los individuos, lo único que cuenta es la teoría, lo no histórico. ¿Para qué preocuparse por lo que está bien o mal pudiendo seguir el dogma al pie de la letra?

«¿Qué es bueno? El conocimiento de la realidad. ¿Qué es malo? La ignorancia de la realidad», dice Séneca, un sabio español, por cierto, al que los populares no parecen frecuentar demasiado. ¿La realidad? Una fábula como cualquier otra. Para estos liberales desprendidos que no se ocupan más que sí mismos la verdad no es filia temporis, sino fruto de la doctrina.

Dejando en pañales las mistificaciones del Partido Popular, Vox, con el respaldo de tres millones y medio de probos ciudadanos, ha propuesto arrancar dinero a la Europa antiespañola y conservar la red de sanidad pública fomentando la privada. Esta coherencia está en su programa: ortodoxia liberal y una España grande y libre. Al parecer, encomendarse al espíritu nacional, lanzar una estupidez malintencionada o una mentira odiosa tras otra encapsuladas en una arenga patriótica constituye una respuesta adecuada a los enormes problemas que se plantean en esta hora; esto es lo que hay y vaya usted a entender.

La amplia recepción de estas aberraciones no resulta tan sorprendente si pensamos que su inspirador, el señor Gustavo Bueno, «uno de los mayores filósofos del siglo XX», cosechó una amplia popularidad cuando rodaba por los platós televisivos patrocinando el Imperio católico universal, la unidad indivisible de España, la pena de muerte, la energía nuclear, el negacionismo climático y al señor Rajoy. Si dirigimos la mirada a Donald Trump, modelo de los líderes de Vox, podemos hacernos una idea de lo que habrían hecho estos patriotas de haber manejado el poder: obligar a los trabajadores a permanecer en sus puestos a riesgo de su salud, abaratar el despido, dopar el libre mercado con dinero público, derogar restricciones ecológicas y beber lejía. Por aquí se habló, medio en broma medio en serio, de los anticuerpos españoles. Este grado de audacia era esperable en una esfera pública donde el relincho y la fanfarronería priman sobre el debate y la verdad. ¿Dónde está aquí la discusión política? ¿En qué medida responden estas bravuconadas nacionalistas a los acuciantes problemas a los que nos enfrentamos?

Hasta aquí, expuestas telegráficamente, las recetas para volver a la vieja normalidad. Pertenecen a la primera opción de las dos que apunté más arriba, la de los partidos y las caceroladas. Sin embargo, lector, no serán los partidos políticos los que nos sacarán de este marasmo. No velan por nuestro bien ni responden por nosotros, nunca lo hicieron: hablan por sí mismos o son la voz de sus amos.

Pese a todo, el panorama que se abre constituye una invitación al cambio: «¿Se teme al cambio?¿Y qué puede producirse sin cambio?¿Existe algo más querido y familiar a la naturaleza del conjunto universal? Es una oportunidad para la catarsis», dice Marco Aurelio. En esta hora de incertidumbres radicales, pienso que la catarsis pasa por deshacernos de lo que nos ha traído hasta aquí: el corto plazo, la posesión inmediata, el cinismo, la competición, la demagogia, la imprudencia y un talante mercenario que ha encumbrado a especuladores y dispensadores de bazofia. Puede envolver todo esto en la bandera que prefiera. Y no se olvide de que hay límites para todo, menos para nuestra estupidez. Una vez hecho todo esto, la segunda opción, la gestión común, se presenta mucho menos quimérica.

(3) Catarsis

La pregunta que debemos hacernos de inmediato es la siguiente: ¿a qué norma general debemos encomendarnos para llevar a cabo esta catarsis? ¿En qué fundar la libertad de decidir políticamente que excluye, por principio, el Estado y los partidos? En un sentido estricto, en nada. Rehenes del mito mayor del progreso hemos desatendido todas las necesidades del alma humana, en especial la primera de todas ellas, la verdadera libertad, la posibilidad de participar en la toma de decisiones, siempre ligada a la responsabilidad de nuestros actos. Pero esta ley no está escrita; marxistas, liberales y socialdemócratas pueden guardarse los apuntes: no hay ninguna exigencia de libertad inscrita ni en la historia ni en el mercado ni en el Estado. Si la queremos, será por ella misma. Ahora bien, querer la libertad es preguntarse por su contenido. Si la única libertad que reconocemos es la que proporciona el dinero, entonces no hay nada que hacer, excepto votar y aporrear una cacerola.

Y al hilo de los discursos que nos recuerdan lo terriblemente felices que supuestamente fuimos es preciso comprender que la libertad y la democracia no guardan ninguna relación con la felicidad. Si es usted infeliz porque se le ha escapado el canario o jamás bailará como Fred Astaire no culpe a nadie. La felicidad debe granjeársela usted mismo, no exigírsela a ningún gobierno, ni siquiera al auto gobierno. Un régimen democrático es aquél que favorece la libertad en la igualdad y no permite que ningún ciudadano caiga en estado de necesidad, negación absoluta de la libertad; pero garantizar la felicidad, incumbencia estrictamente privada, no está entre sus funciones.

Aunque la libertad es en última instancia una cuestión de voluntad política, a la hora de ponernos en camino saber lo que otros hicieron y cómo lo hicieron puede prestarnos una gran ayuda. ¿Y qué memoria podría iluminarnos en esta hora? Pensemos, por ejemplo, en el recuerdo extinguido del verano revolucionario de 1936, momento en que los trabajadores colectivizaron las infraestructuras disponibles y crearon una red auto gestionada de salud. Las dificultades, los errores y las negligencias fueron muchas, sin duda, pero la auto educación, el apoyo mutuo y la gestión común arrojaron resultados verdaderamente sorprendentes. Quien diría que en la experiencia autogestionada participó una UGT que por aquél entonces hacía cosas inexplicables para los que hoy estampan el sello del sindicato en las leyes de privatización en nombre de los derechos de los trabajadores. Y tampoco estará de más recordar que quien acabó con la experiencia colectivista no fueron los desolladores franquistas, sino la misma República de la que se reclama heredera una parte de la izquierda.

Tuvieron que ser los descendientes de aquellos griegos que se sacaron de la manga la democracia hace veinticinco siglos quienes se asomasen a nuestra historia para sacar conclusiones. Los salvajes recortes sociales aplicados a Grecia en la última década dejaron sin cobertura sanitaria a más de dos millones y medio de personas; pero en lugar de lamentarse por lo felices que habían sido se organizaron y crearon asambleas de barrio a imagen y semejanza de los comités de barrio de la Barcelona revolucionaria, de donde surgieron consultorios sociales de solidaridad y farmacias populares.

Con la participación desinteresada de sanitarios, médicos y vecinos, esta red de salud autogestionada ofreció asistencia médica gratuita en locales ocupados a todos los excluidos por el Estado. Y no sólo se modificó la estructura organizativa: en los consultorios, tras recibir cumplida información sobre las dolencias y los posibles inconvenientes de los remedios, el paciente y el médico tomaban una decisión conjunta sobre el remedio, al margen de los protocolos burocráticos, la mentalidad funcionarial y los intereses de las farmacéuticas.

Esta experiencia puso de relieve una vez más los estrechos límites de la sanidad pública, inmensa maquinaria de despilfarro, mercantilización y expropiación de la salud. Además de denunciar la medicalización de la vida y el escándalo del negocio farmacéutico y su monopolio de patentes, cuestionó la identificación de la salud con una sanidad que se ocupa únicamente de las patologías, no de sus causas. Trátese de un burócrata, un operario de una central térmica, un vendimiador estacional o un limpiador de urinarios a tiempo completo, no hay visita al hospital que no concluya con recomendaciones sobre una vida sana. Sin embargo, la salud es indisociable de las condiciones de vida y de la organización social; en otras palabras, de la acción política.

La salud está estrechamente ligada a lo que comemos, respiramos y vestimos, a cómo trabajamos, qué producimos y dónde vivimos. Cambiar estas condiciones exige una profunda reflexión de los ciudadanos sobre sí mismos y sobre la sociedad: ¿Qué vida queremos? ¿Qué bases morales deben orientarla? ¿Qué clase de trabajos son necesarios y cuáles deben ser suprimidos? ¿Por qué deberíamos confiar nuestra salud a las corporaciones y las oligarquías farmacéuticas que sólo persiguen el beneficio privado? ¿Cabe el paliativo en una civilización cuyas raíces están enfermas?

La única respuesta a estas preguntas es política, que nunca es independiente del juicio moral. En el caso de la decencia común, en vano la procuraremos en el derecho, el mercado, la tecnología capitalista o el Estado. Brota de la voluntad de la gente por cambiar su forma de pensar, de vivir, de habitar, de trabajar, de relacionarse. Tal vez haya llegado el tiempo de guardar una distancia necesaria, no con los demás, sino con nosotros mismos, de tomarnos un tiempo que no tenemos y ver que no es hora de crecer ni de redistribuir, sino de frenar en seco e imaginar otras bases morales. ¿Indicios? Más bien ninguno. Pero de aquí sólo se sale con autoorganización, lucidez y fraternidad, una virtud que no es, como se ha dicho republicana, sino libertaria.

En la descuidada Res Publica de la letras encontraremos apoyos firmes para el aprendizaje de esta decencia común: «Como en todas las demás cosas, hay que pensar no solamente en sí, sino también en los otros», escribía Cicerón, poco antes de que Marco Antonio exhibiese su cabeza en el Senado. Consciente de que su suerte estaba echada, en lugar de poner a salvo su pellejo Cicerón se entregó a una febril actividad creadora a la que debemos obras como Sobre los deberes, admirable enumeración de preceptos morales para la vida cívica extraordinariamente valiosa para nosotros. El gran Cicerón no fue el único: «Ni existe prosperidad ni adversidad para cada uno por separado: vivimos en comunión. No puede vivir felizmente aquél que sólo se contempla a sí mismo, que lo refiere todo a su propio provecho: has de vivir para el prójimo si quieres vivir para ti», aconsejaba Séneca.

Me dirá, con razón, que usted no es Lucilio y yo un Séneca lamentable; lo sé, pero no se distraiga con esas minucias y escuche la voz de estos sabios. A través de ella podemos seguir las huellas de un derecho común del género humano que, por desgracia, no se improvisa de la noche a la mañana. Si nos decantamos por la urna, la cacerola y la bandera seguiremos legitimando a los que saben para que decidan quienes deben morir en virtud de informes técnicos ajenos a consideraciones morales. Si, por el contrario, optamos por el arte de cuidarnos los unos a los otros, como hicieron los sanitarios madrileños cuando desoyeron las caóticas directrices del gobierno y autoorganizaron los servicios de urgencias, mantendremos alejada la tentación de la docilidad y el egoísmo. Esta es una buena hora para radicalizarnos políticamente, para mirarnos en el espejo del prójimo y decidir juntos.

Michel Suárez (Pola de Siero, Asturias, 1971) es licenciado en historia por la Universidad de Oviedo, con estancia en la Faculdade de Letras de Coímbra, y máster y posteriormente doctor en historia contemporánea por la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, con estancia en París I, Panthéon-Sorbonne. Además, edita y es redactor de la revista Maldita Máquina: cuadernos de crítica social. Lo fundamental de su pensamiento fue abordado en esta entrevista para EL CUADERNO y está condensado en su ensayo El fondo de la virtud.

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Democracia

20 May, 2020 - 00:00

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