Historically, Australian medical schools have followed the British tradition by conferring the degrees of Bachelor of Medicine and Bachelor of Surgery (MBBS) to its graduates whilst reserving the title of Doctor of Medicine (MD) for their research training degree, analogous to the PhD, or for their honorary doctorates. A notable exception is the Bachelor of Medicine (BMed) joint program of the University of Newcastle and the University of New England. Although the majority of Australian MBBS degrees have been graduate programs since the 1990s, under the previous Australian Qualifications Framework (AQF) they remained categorised as Level 7 Bachelor degrees together with other undergraduate programs. The latest version of the AQF includes the new kamagra ireland buy kamagra category of Level 9 Master's degrees (Extended) which permits the use of the term 'Doctor' in the styling of the degree title of relevant professional programs.




Salamanca

En Salamanca, as compañeiras de Asdecoba xunto a outros grupos da cidade lanzan a campaña: “Gastos militares para necesidades sociales”. Deixamos o texto do manifesto e os materiais que elaboraron de difusión:

En los años de crisis que estamos padeciendo estamos viendo como se han recortado nuestros derechos y el gasto social mediante reformas y políticas de austeridad; han hipotecado nuestra riqueza y nuestra vejez con millonarios rescates a la banca y  la reforma de las pensiones; han maltratado nuestra dignidad como personas con una reforma laboral infame y a las que se sumarán otras más.

Pero entonces, ¿en qué se gasta el Estado el dinero de nuestros impuestos?

Pues bien, un 12’5% de los presupuestos generales del Estado, uno de cada ocho euros, se destina a sostener el gasto militar. Nada menos que 23.000 millones de euros, casi 400 euros por habitante al año, se dedican a comprar armas para el ejército, así como a mantener bases militares desde las que los ejércitos de la OTAN puedan llevar la guerra a otros países; para proteger intereses políticos y económicos occidentales y a subvencionar las enormes pérdidas de las empresas armamentísticas. Mientras sus propietarios se enriquecen vendiendo armas a gobiernos criminales; a blindar nuestras fronteras para “protegernos”  de inmigrantes que, en muchos casos, vienen de países empobrecidos por las guerras y la compra de armas.

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