Historically, Australian medical schools have followed the British tradition by conferring the degrees of Bachelor of Medicine and Bachelor of Surgery (MBBS) to its graduates whilst reserving the title of Doctor of Medicine (MD) for their research training degree, analogous to the PhD, or for their honorary doctorates. A notable exception is the Bachelor of Medicine (BMed) joint program of the University of Newcastle and the University of New England. Although the majority of Australian MBBS degrees have been graduate programs since the 1990s, under the previous Australian Qualifications Framework (AQF) they remained categorised as Level 7 Bachelor degrees together with other undergraduate programs. The latest version of the AQF includes the new kamagra ireland buy kamagra category of Level 9 Master's degrees (Extended) which permits the use of the term 'Doctor' in the styling of the degree title of relevant professional programs.





Campaña Salamanca: "Gastos Militares para necesidades sociais"

27 Abr 2011

En Salamanca, as compañeiras de Asdecoba xunto a outros grupos da cidade lanzan a campaña: “Gastos militares para necesidades sociales”. Deixamos o texto do manifesto e os materiais que elaboraron de difusión:

En los años de crisis que estamos padeciendo estamos viendo como se han recortado nuestros derechos y el gasto social mediante reformas y políticas de austeridad; han hipotecado nuestra riqueza y nuestra vejez con millonarios rescates a la banca y  la reforma de las pensiones; han maltratado nuestra dignidad como personas con una reforma laboral infame y a las que se sumarán otras más.

Pero entonces, ¿en qué se gasta el Estado el dinero de nuestros impuestos?

Pues bien, un 12’5% de los presupuestos generales del Estado, uno de cada ocho euros, se destina a sostener el gasto militar. Nada menos que 23.000 millones de euros, casi 400 euros por habitante al año, se dedican a comprar armas para el ejército, así como a mantener bases militares desde las que los ejércitos de la OTAN puedan llevar la guerra a otros países; para proteger intereses políticos y económicos occidentales y a subvencionar las enormes pérdidas de las empresas armamentísticas. Mientras sus propietarios se enriquecen vendiendo armas a gobiernos criminales; a blindar nuestras fronteras para “protegernos”  de inmigrantes que, en muchos casos, vienen de países empobrecidos por las guerras y la compra de armas.

El gasto mundial militar de seis días financiaría el déficit anual de educación básica en el mundo.

En plena crisis, se sigue gastando en guerras.

Recortes sociales, reformas laborales o de las pensiones son medios que los estados e instituciones económicas utilizan para que sacrifiquemos nuestro bienestar y nos dejemos robar nuestro dinero con la finalidad de reducir el gasto público, salvar a los bancos y “reactivar la economía”. Sin embargo, para el militarismo no hay recortes: decrecen los recursos de las políticas sociales y el gasto militar y policial se incrementa.

La investigación y la industria militar también acaparan ingentes recursos. Los contratos de armas vigentes rondan los 30.000 millones de euros, lo que casi quintuplica los 6.045 millones que pretenden recortarse de la inversión pública entre 2010 y 2011.

Por lo tanto, el gasto militar es, realmente, uno de los generadores de la deuda pública que tanto se dice combatir.

No podemos permanecer apáticos, en los tiempos que corren, a los recortes de los derechos sociales que estamos sufriendo en beneficio de  los todopoderosos, de los intocables, de los enriquecidos, de los especuladores, de  los banqueros, de los evasores fiscales, de los representantes de la patronal, de la industria militar ,de estafadores acomodados y con el beneplácito y apoyo de los gobiernos de turno.

Entre aviones, carros de combate y fragatas, o pensionistas, personas jubiladas, dependientes, enfermas, paradas, excluidas socialmente,... no tenemos dudas, preferimos salir al rescate de la gente corriente.

Como declara Óscar Arias Sánchez, ex presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz (1987).  “Lo que de verdad debemos preguntarnos no es si podemos disponer de recursos para lograr la universalización de la enseñanza primaria, sino más bien si podemos permitirnos el lujo de seguir manteniendo prioridades equivocadas y aplazando el momento de convertir las bombas en libros”

Para mejorar la vida de la humanidad y preservar el planeta, hay que destinar esfuerzos y recursos a desarrollar una economía al servicio de las personas, la que tiene como finalidad mejorar la calidad de vida a través de la educación, la salud, el desarrollo, la justicia y los derechos humanos.

DENUNCIAMOS:

- El papel que los gobernantes e instituciones financieras y militares (ejércitos, cárceles, policía, bancos…) desarrollan para garantizar el “orden” mundial injusto que ha provocado y mantiene esta crisis.

- El modelo político y económico que genera una crisis tras otra en perjuicio de una gran mayoría de personas.

- Que la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades y nuestros derechos sociales para crear una sociedad más humana, más justa, más solidaria es incompatible con una economía militarista.

EXIGIMOS:

- Que el  gasto militar se invierta en gasto social.

- Ni una mujer, ni un hombre, ni un euro para la guerra.

- Sí más gasto para educación, para sanidad, para el bienestar de las personas más vulnerables, excluidas o en peligro de exclusión.

 

Salamanca 27 de abril de 2011

Firmantes : ASDECODA, CGT, Escuelas Campesinas de Salamanca, STE Salamanca, Ecologistas en Acción, FEVESA, Ateneo Libertario

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