Historically, Australian medical schools have followed the British tradition by conferring the degrees of Bachelor of Medicine and Bachelor of Surgery (MBBS) to its graduates whilst reserving the title of Doctor of Medicine (MD) for their research training degree, analogous to the PhD, or for their honorary doctorates. A notable exception is the Bachelor of Medicine (BMed) joint program of the University of Newcastle and the University of New England. Although the majority of Australian MBBS degrees have been graduate programs since the 1990s, under the previous Australian Qualifications Framework (AQF) they remained categorised as Level 7 Bachelor degrees together with other undergraduate programs. The latest version of the AQF includes the new kamagra ireland buy kamagra category of Level 9 Master's degrees (Extended) which permits the use of the term 'Doctor' in the styling of the degree title of relevant professional programs.





Que a folga a paguen os exércitos

01 Out 2010

Podemos ler na web de Antimilitaristas este artigo de Mambrú (Colectivo de Objeción y Antimilitarismo de Zaragoza), este é o resumo do mesmo: "Gobiernos, empresarios y medios de comunicación nos emplazan a trabajar unidos para salir de la crisis de los mercados financieros, presentándola como si fuera poco más que una desgracia natural, un terremoto o un huracán. Nos intentan mostrar que estar en crisis es como hundirse en arenas movedizas; que revolverse y agitarse sólo va a conseguir hundirnos más, y lo único que debemos esperar es a que los de arriba nos saquen de ellas, aunque sea a base recortes sociales y laborales. Sin embargo en la desmilitarización de la economía podemos encontrar la solución."

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La salud, la educación, el bienestar social y el cuidado de las personas están dejando de ser aspiraciones legítimas de la gente, destinadas a humanizar y dignificar nuestras vidas y pasan a un segundo plano a favor de la avaricia de un sistema que se empeña en crecer y ampliar el beneficio por encima de quien sea, de las personas o de la naturaleza. El trabajo sigue siendo el chantaje permanente al que se ven sometidas muchas personas, para poder mantenerse y va perdiendo cualquier posibilidad de llegar a ser un medio para el disfrute y la realización personal.

La repetición machacona en los mass media de conceptos como flexibilidad laboral, productividad, déficit público o la afirmación de que la crisis es un problema de todos y que todos tenemos que contribuir a salir de la misma nos van sumergiendo en el capitalismo puro y duro y nos pueden llegar a hacer sentir culpables de la crisis y que nuestros sacrificios formarán parte de la solución. Pero la realidad es otra y las soluciones están a mano, como eliminar el derroche del gasto militar.

En medio de la crisis, seguimos gastando en guerras

Recortes sociales, reformas laborales, de las pensiones, son los medios que los estados e instituciones económicas utilizan para que sacrifiquemos nuestro bienestar y nos dejemos robar nuestro dinero para reducir el gasto público, salvar a los bancos y “reactivar la economía”. Aunque para el militarismo no hay recortes: decrecen los recursos de las políticas sociales y el gasto militar y policial se incrementa; como el despliegue militar español en la ocupación de Afganistán que supone diariamente 1 millón y medio de euros. Y es que sólo en 2009 el gobierno español se gastó 716 millones de euros en mantener tropas en otros países.

Para hacernos una idea clara, el gasto militar en el Estado Español que crece anualmente se sitúa en la actualidad en un 12’47% del presupuesto vigente: 23.115’03 millones de €. En el decenio 1999-2008 incrementó, según el SIPRI, en un 37’7%. El gasto militar por día resulta ser de casi 50 millones de euros, y supone 395€ por habitante.

La investigación y la industria militar también acaparan ingentes recursos. Los contratos de armas vigentes rondan los 30.000 millones de euros, lo que casi quintuplica los 6.045 millones que pretenden recortarse de la inversión pública entre 2010 y 2011. Las empresas armamentísticas han recibido créditos a un interés cero durante 20 años por un valor de 14.205 millones de euros, de los que no se ha devuelto ni un 1%. Simplemente con que se devolviera un 10% de estos créditos el Estado ya ingresaría los 1.500 millones de euros que va a ahorrarse congelando las pensiones en 2011. El gasto militar, de esta forma, se conforma como una de las bases generadoras de la deuda pública que tanto se dice combatir. Además, España se consolida como vendedora de armamento: es el principal exportador de munición ligera al África subsahariana, el octavo exportador mundial de este tipo de armamento y el sexto país exportador de armamento pesado.

Este derroche sin sentido, detrás de la engañosa retórica de «intervenciones humanitarias», esconde oscuros intereses políticos y económicos. Así, no es de extrañar que el despliegue español en Afganistán se sitúe en las zonas de Herat y Badghis, ricas en petróleo, gas, cobre y oro, y que recientemente se hayan situado en el conflictivo distrito de Sang Atesh, uno de los puntos de la «ruta del Litio», en referencia a los enormes yacimientos del valioso mineral descubiertos en el país. Otros ejemplos son que el Gobierno haya decidido gastar 75 millones anuales en garantizar que empresas pesqueras privadas puedan seguir saqueando las costas de Somalia; o que se permitiera que empresas armamentísticas españolas, que generalmente viven de las ayudas del Estado, exportaran a Israel armamento por un valor de 2.8 millones de euros en 2009, el año siguiente a los bombardeos de Gaza en los que el ejército israelí asesinó a 1.400 personas.

Denunciamos este derroche no sólo porque se produzca en un contexto de recortes sociales, sino por su absoluta negación de la ética, porque defiende los intereses o negocios de unos pocos privilegiados para reproducir el modelo económico del capitalismo, mientras se matan entre si (y nos matan también a la población civil) personas empobrecidas que difícilmente se beneficiaran de todo ese juego criminal. En este sentido, urge colaborar contra el servicio militar profesional o llamar a la deserción a reclutas inmigrantes y a otras personas desfavorecidas que buscan en las fuerzas armadas una salida frente a la crisis. El hecho de que personas humildes sean utilizadas como carne de cañón para las guerras (los inmigrantes son el 7% de la tropa y el 43% de los fallecidos en combate, y los menores de 22 años son el 10.5% de la tropa y el 57% de los fallecidos) nos hace pensar que el paro y la pobreza fortalecen las filas del ejército, convirtiéndose en gran beneficiario de la crisis y no podemos permanece pasivos también ante esa realidad.

La guerra también se prepara en Zaragoza

No hace falta ir muy lejos para comprobar cómo el mismo dinero que se recorta del gasto social se utiliza para preparar la guerra; la guerra empieza al lado de nuestras casas. Las armas y las tropas salen de bases aéreas como la de Zaragoza y los soldados se entrenan en campos de maniobras como el de San Gregorio antes de llegar a la zona de guerra. De hecho, podemos ver cómo Zaragoza se convierte en un nodo cada vez más importante del entramado militar estatal y global.

Durante junio de 2010, el campo de maniobras de San Gregorio, junto a Jaca y Agoncillo, fue escenario del mayor ejercicio de entrenamiento de helicópteros militares de Europa, ya que se trata del escenario europeo más parecido al de operaciones militares como las de Afganistán o Somalia. La importancia de estos entrenamientos se debe al importante papel que juegan las unidades de helicópteros en la guerra de Afganistán, razón por la cual el Gobierno español desplegará por primera vez en 2011 helicópteros de ataque.

También en 2011 Zaragoza, se convertirá en el centro de todas las unidades logísticas de las Fuerzas Armadas, centralizando el apoyo prestado a las desplegadas en el exterior, como las destinadas a Líbano o Afganistán, con el objetivo de potenciar "un Ejército con una clara vocación expedicionaria y de alta disponibilidad”.

Por otra parte, en nuestra universidad, durante el año pasado se firmó un convenio con la Academia General Militar, según el cual durante este curso se ofrecerán estudios militares que tendrán validez universitaria. Estos estudios no sólo serán gratuitos, sino que quienes cursen una carrera militar recibirán un sueldo de unos 600 euros al mes, obteniendo al finalizar un título en Ingeniería en Organización Industrial; mientras el resto de estudiantes tienen que sufrir el Plan Bolonia.

Actuar ahora contra la militarización de la economía

El capitalismo es guerra, y la guerra nos empobrece; estas políticas antisociales de las que forma parte el militarismo exigen nuestra respuesta crítica y reivindicativa desde las políticas globales, a las cotidianas. En el movimiento antimilitarista actuamos por el recorte drástico del gasto militar y la abolición de los ejércitos; reclamamos una política económica que reconozca que nuestras vidas y derechos valen más que los beneficios de los grandes capitales financieros. Para ello reivindicamos una cultura de paz y noviolencia: el desarme y desmilitarización, la democracia, el desarrollo y los derechos humanos, y llamamos a la desobediencia contra el militarismo y sus causas, que son también las de la crisis.

Desde Mambrú, el Colectivo de Objeción y Antimilitarismo de Zaragoza, llamamos a la desobediencia social frente a las instituciones militares que precarizan y amenazan nuestras vidas para fabricar la guerra. Cuando un crimen como la guerra y su preparación se ampara en la ley y el secreto, es legítimo desobedecer para denunciarlo y sacarlo a la luz pública. Y es por ello que animamos a la participación civil en la Huelga General del 29S y en cuantas acciones populares similares se produzcan. Porque queremos denunciar el papel que los gobernantes e instituciones financieras y militares (ejércitos, cárceles, policía...) desarrollan en nuestros propios países para garantizar el desorden mundial injusto que ha provocado y mantiene esta crisis.

No estamos hablando de realidades que surjan desde fuera para añadir un tema más a las reivindicaciones de la huelga, sino que pretendemos contribuir a la denuncia de un modelo político y económico que genera una crisis tras otra en perjuicio de una gran mayoría de personas. Y es que sabemos que la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades y de llegar a cumplir nuestros sueños es incompatible con una economía militarista.

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